viernes, octubre 10, 2008

El aparatito de Lumiere - TROPIC THUNDER


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Una divertida y bastante entretenida cinta burlesco-paródica dirigida y protagonizada por el ingenioso Ben Stiller, cineasta que tanto en su faceta como director como en la de actor ha conseguido familiarizar al público medio norteamericano con lo políticamente incorrecto. Autor de una película de efímero (e incomprensible) culto en los 90, Reality Bites (1994), no hay mucho que destacar en una no muy extensa carrera como director, aunque, eso sí, sigue siendo uno de los comediantes con mayor carisma y reputación en EEUU, status que ha adquirido por mérito propio. Este es su filme más ambicioso hasta la fecha, concebido como una comedia-superproducción destinada a hacer una buena taquilla. Y la verdad es que la premisa argumental se las promete: parte del equipo de rodaje de una carísima superproducción sobre la guerra de Vietnam perdido en la jungla camboyana donde ruedan el magno filme, confundiendo lo que los actores creen un rodaje con cámaras ocultas para captar la espontaneidad interpretativa, con una situación: el ataque de un grupo guerrillero asiático que secuestra a los actores protagonistas y a otros miembros del equipo. La película se mofa de las superproducciones bélicas yankis, particularmente de las de la guerra de Vietnam (contienda que siempre ha resultado un auténtico filón cinematográfico), se burla de la industria de Hollywood y sus estrellas, y crítica el patriotismo estadounidense y su culto a lo militar: y aunque lo consigue, a veces de manera desternillante y/o ingeniosa, toda la película esta tan trazado con lápiz grueso que muchas veces no deja de ser una entrañable patochada.


Con buenas escenas de acción y de catástrofe (presentadas siempre de forma caricaturesca), la película aprovecha bien los dólares invertidos y además sabe exponer un guión entretenido y con diálogos chispeantes. Un esforzado reparto logra aportar un genial toque de comedia: el propio Stiller en el papel de un actor de acción en capa caída que busca redimirse tras un desafortunado paso por el cine dramático, Jack Balck como un escatológico actor de comedia politoxicómano cuya mayor obsesión en el accidentado “rodaje” es obtener una nueva dosis cuanto antes, Robert Downey Jr. como una reputado actor australiano “ennegrecido” por una operación quirúrgica par interpretar a un sargento afroamericano, Nick Nolte como el tullido veterano de guerra autor del libro en que se inspira la película ficticia, Matthew McConaughey como el jeta agente de Speedman (Stiller), un irreconocible Tom Cruise como el cabroncete productor millonario de la peli, Steve Coogan como el director inglés y otros dos emnos conocidos, Jay Baruchel y Brandon T. Jackson como los otros dos actores que acompañan a Speedman, Lazarus (Downey) y Portnoy (Black) en la accidentada aventura selvática. El recurso del cine dentro del cine sirve para que los intérpretes se esfuercen por transmitir fina ironía y dualidad de registros y eso la peli lo agradece.


Son muchas las películas parodiadas (Platoon, Apocalipse Now, la saga Rambo, la saga Bradock), aparecen no pocas figuras interpretándose a si mismas, hay abundancia de diálogos cinéfilo-frikis, los gags ingeniosos no son escasos, pero a al película le falta más ironía, algo más de inteligencia y menos risotada. No se puede decir que sea una sátira inteligente, teniendo en cuenta además que la temática bélica es muy rica en cuanto a exposición crítica, algo que la película no sabe aprovechar. Da la impresión de que queriendo hacer un filme políticamente incorrecto han hecho uno políticamente correcto, una especie de episodio de Los Simpson extendido. Además, tampoco resulta muy oportuno que uno de los momentos pretendidamente mas gamberretes del filme se pasen un pelín, como es el tratamiento que hace a la discapacidad psíquica con la película ficticia Simple Jack, que interpreta el personaje de Stiller (aunque tiene su gracia, todo hay que decirlo). Una película divertida que no alcanza los mínimos requisitos de una gran parodia. Y mira que había elementos de sobra.

domingo, octubre 05, 2008

¿QUE FUE DEL BRAT PACK?

The Outsiders (1983). De pie:Tom Cruise, Ralph Macchio, Emilio Estevez, Rob Lowe, Patrick Swayze y C. Thomas Howell. Agachado, Matt Dillon


En la primera mitad de la década de los 80 surgió en Hollywood una camada de jóvenes actores, muchos aún en la adolescencia, la mayoría alrededor de los veinte años, cuya popularidad gracias su intervención en filmes dirigidos principalmente al público juvenil les convirtió en estrellas durante esa década. Pese a la discutible calidad de muchas de las cintas que protagonizaron en aquella época, la crítica nunca dejo de alabar sus aptitudes interpretativas y su condición de prometedoras figuras. El destino, sin embargo, no fue muy generoso con ellos, salvo algunas y muy honrosas excepciones. 25 años después de su explosión con el filme Outsiders (Rebeldes) de Francis Ford Coppola, se ha visto que aquel llamado Brat Pack (Hatajo de Mocosos) al final no cumplió las expectativas en al mayoría de los casos, pero dejaron tras de si algunas curiosidades cinematográficas, el nacimiento del cine juvenil norteamericano y algunas estrellas del Hollywood de hoy.



Sangre nueva para el viejo star system


Pocas veces, por no decir ninguna, una generación de actores y actrices nacidos en una zona de fechas concreta fueron agrupados con tanta unanimidad en una generación artística. Tras una década de los 70 en donde había brillado un star system que aún iba dar mucha guerra en la década siguiente y que no precisaba de un relevo inmediato, los 80 traían nuevos temas a tratar por la industria fílmica norteamericana, como eran los conflictos intergeneracionales entre los chavales nacidos en los 60 (un década muy prolífica en USA) y sus padres, la rebeldía juvenil de la generación post-Vietnam y la cultura del dinero y el éxito; todo ello pasado por el prisma mercantilista de una industria cinematográfica dispuesta a sacar la mayor rentabilidad una vez concluida la crisis económica de la década anterior y consolidado el concepto de cine-negocio. Había un nuevo público target: infancia y adolescencia. Y con el paso del tiempo, además, no había que olvidar que esos niños y adolescentes serían jóvenes adultos. Tanto para unos, como para otros, el cine norteamericano comenzó a remozar su oferta cinematográfica.


Pero lo que en realidad supuso un espaldarazo para el nacimiento de una especie de género cinematográfico menor como fue el cine juvenil USA de los 80 (en su mayoría comedia), fue al irrupción desde principios de una década de la joven generación actoral de chicos y chicas nacidos entre 1958 y 1968 (alguno hubo que nació antes, ojo) y que, sin bien sin grandes estridencias y siendo ignorados muchas veces por el gran público hasta al segunda mitad de los 80, confirmaron el primer star system juvenil consolidado de la historia, sirviendo sus huestes de ejemplo para futuras nuevas generaciones interpretativas que irán apareciendo en diferentes épocas posteriores. El Brat Pack, el Atajo de Mocosos, sirvió de lanzamiento para algunas estrellas actuales: Tom Cruise, Matt Dillon, Robert Downey Jr., Andie McDowell, Sean Penn, Demi Moore y otros. Pero otras muchas se quedaron en el camino, pese a en no pocos casos mostrarse como totales e irrefutables promesas: Rob Lowe, Emilio Estevez, Charlie Sheen, Ralph Macchio, Andrew McCarthy, Molly Ringwald. Es cierto que otros actores nortemericanos nacidos en los años antes citados y que comenzaron o consolidaron su andadura artística por aquellos años (1981-1984) nunca fueron incluidos por la crítica en el Brat Pack (veáse Michael J. Fox, Eric Stoltz, Jodie Foster, Jim Carrey, Daryl Hannah, Timothy Hutton), por lo que no podemos considerar al Brat Pack como un total estandarte generacional, pero que duda cabe que este grupo de actores y actrices supusieron un soplo de aire fresco en las temáticas de los filmes norteamericanos en los 80 y por ello merece ser considerado un grupo generacional en toda regla, coincidiendo además bastantes de sus miembros en varios títulos, muchos de ellos de alguna manera emblemáticos en el cine ochentista.


Rumble Fish (1983). En primer término Nicolas Cage, Matt Dillon y Chris Penn


Cuando en 1982 un arruinado Francis Ford Coppola decidió volver a sus orígenes de cine de bajo presupuesto tras el monumental fracaso de One At Heart (Corazonada) (1980) y el cierre (aún vigente) de sus estudios Zoetrope, una exitosa novela juvenil de los años 60 The Outsiders, de Susan E.Hilton se interpuso en su camino. Decidió adaptarla y para encarnar al elenco de adolescentes greasers delincuentes románticos de la obra convocó a algunos de los actores postadoelscentes más prometedores del momento: Matt Dillon (1964), que ya tenía desde adolescente a finales de 70 una prolífica carrera y era un ídolo de quinceañeras, Rob Lowe (1964), C. Thomas Howell (1966), que había intervenido como unos de los amigos de Elliot en E.T, Ralph Macchio (1961), el Jeremy de la serie Con ocho basta, Emilio Estevez (1962), hijo de Martin Sheen y Tom Cruise (1962), que había intervenido con éxito en Taps, mas allá del honor (1981). También había una chica en el reparto que mostraba muy buenas maneras, Diane Lane (1965), y para un rol de veinteañero se contó con un ex bailarín y sólidoa spirante a actor que a partir de ese momento iría ligado anticoetáneamente con el Brat Pack, Patrick Swayze (1952). Copplola sabía lo que tenía y muchos aquellos jóvenes, en pocos años, llegarían al estrellato. Lo malo es que su reinado, en no pocas ocasiones, será efímero.


Esta generación Outsider coppoliana es para muchos críticos y periodistas el elenco seminal y básico del Brat Pack, más que nada por el renombre que varios de sus miembros consiguió conservar bastantes años después. Pero para muchos otros, el Brat Pack básico irrumpió en 1984, con el filme The Breackfast Club (El Club de los Cinco), de John Hugues. Así lo entendió el periodista David Blum en las páginas de la revista New York en junio de 1985, quien citaba este filme como detonador del fenómeno Brat Pack Aquel Club de los Cinco, que se ah convertido en toda una película juvenil de culto, estaba formado además de por el rebelde Emilio Estevez, por Ally Sheedy (1962), Judd Nelson (1959), Anthony Michaell Hall (1968), y Molly Ringwald (1968); todos ellos coincidentes con varios miembros del BP en años posteriores. El término Brat Pack viene del Rat Pack (el hatajo de ratas), el nombre por el que se conocía en Las vegas a Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr. y compañía.



Los chicos del momento


Los jóvenes protagonistas de Outsiders comienzan a prodigarse en la pantalla, aunque tardarían algunos años en consolidarse. Los más guapitos, como Rob Lowe y Tom Cruise, pronto serían pasto del público femenino en edad de merecer: sus respectivos filmes subsiguientes Class y Risky Bussiness, ambos de 1983, son el pistoletazo de salida para su condición de superestrellas teen de los 80, algo que les restó credibilidad durante varios años y que en general supuso un estigma para la fracción del BP descubierta por Coppola: Veáse sino el tardío arranque definitivo de Patrick Swayze y su encasillamiento en papeles de adolescente con casi 35 años. Coppola siguió confiando en lso talentos veinteañeros de Hollywood en su siguiente filme Rumble Fish (La Ley de al calle, 1984), de nuevo con Matt Dillon en el papel de un adolescente rebelde, con Daine Lane, y con otros nuevos pipiolos: Nicolas Cage (1964), el sobrino de Coppola, Chris Penn (1965-2006), y Laurence (por entonces Larry) Fishburne (1961), que ya había sido descubierto en 1979 por Coppola en Apocalipse Now. Puede que al principio el público y la crítica no les hiciera al principio mucho caso, pero el nuevo Hollywood estaba allí: chicos y chicas que encarnaban a coetáneos con ínfulas de rebeldes, héroes de clase obrera y luchadores intergeneracionales. Otro ejemplo Racing with the Moon (1983), con Cage y Sean Penn (1960), uno de los mas revoltosos del BP: Muchos chavales comenzaron a verse identificados en los roles que encarnaba en la pantalla los miembros del BP y la idolatría empezó a desatarse. Los años 1984-1985 fueron calve para la consolidación de muchos de los miembros del clan.


Claro que no todo era rebeldía y espíritu supuestamente contestatario en las huestes de la nueva hornada. La administración Reagan estaba al acecho y pronto el rumbo se corrigió. The Breackfast Club , la historia de cinco alumnos de instituto representantes de diversos arquetipos del mundillo de las High School americanas que permaneciendo castigados largo tiempo en un aula desnudan su alma y conciencia, fue un relativo éxito comercial y supuso la consolidación de la generación BP, además de el ascenso del director John Hughes (1950), que ya había dirigido a Molly Ringwald en Sixteen Candles (1984), como filmaker oficial de la adolescencia y juventud americana de los 80. A partir de ese momento, los miembros del BP, a los que se irán uniendo efectivos hasta 1985, estarán identificados con el melodrama y la comedia, preferentemente en ambientes juveniles. Y si había que había que hacer productos tan fascistas y patrióticos como la impresentable Red Dawn (Amanecer Rojo, 1984, de John Milius), en donde el BP se enfrenta a los comunistas malos, pues se hacían: hay estaban los coppolianos Swayze y Howell, a los que su unieron Charlie Sheen (1965), Lea Thompson (1961), y Jennifer Grey (1960), además de otros jóvenes e ignotos nombres que no llegaron a prosperar.



Muchos los llamados…pocos los elegidos


El Club de los Cinco (1984)

A mediados de los 80 era tal la saturación de jóvenes actores ya actrices USA que iban debutando en el cine que la saturación se hizo inevitable. Aunque en realidad había diferentes perfiles interpretativos y registros de todo tipo, a la industria le interesaba promocionar a los más guapos y guapas, especialmente a los primeros, debido a lo rentable que siempre ha resultado para la industria del espectáculo la admiración femenina. El apolíneo Rob Lowe se convirtió en la estrella teen USA de mediados de los 80, aunque eso sí, sin ningún filme memorable; en El Hotel New Hampshire (1984), compartió protagonismo con dos chicas con la cabeza mas amueblada que muchos del BP, Jodie Foster y Natassja Kinski; en Oxford Blues (1984) departe con la encantadora compañera de generación Ally Sheedy, y en Que pasó anoche (1986), consolida su condición de ídolo de féminas cortejando a una de las actrices jóvenes mas prometedoras del momento: Demi Moore (1962). Dillon continuaba como galán, pero sus películas de mediados de los 80 son horrendas y para colmo fracasos comerciales; a Cruise le cuesta arrancar pese a contar con el apoyo de directores de prestigio como Ridley Scott (Legend, 1985), y cuando lo hace (Top Gun, 1986 de Tony Scott y The Colour of the Money, 1986 de Scorsese), el show Business se esfuerza más en distribuir su imagen en posters que en proporcionarle pelis de fuste. A parte de los guaperas oficiales (a los que hay que sumar a Patrick Swayze, compañero de reparto de Lowe en Youngblood (1986)), había actores muy aptos para la comedia, como Matthew Broderick (1962), que encandiló al mundo como el chaval inadaptado genio de los ordenadores en War Games (1983) y ofreció su vena mas histriónica en la alocada Todo en un día (1986), del inefable John Hugues. Sean Penn, Kieffer Sutherland (1966) y Rober Downey Jr. (1965) ya empezaban a mostrar sus cartas de versatilidad. Un actor de corte teóricamnte más dramático Ralph Macchio, con su eterna pinta de quinceañero aún cuando ya rondaba la treintena, fue protagonista del taquillazo, Karate Kid (1984) de John G. Advilsen y sus secuelas, pero su carrera fue de las primeras en pufar, pese a las expectativas puestas. Y no sería el único.


Las películas que cruzaron a los miembros del BP por aquellos años son en su mayoría olvidables, y el hecho de que muchos de los actores señeros de la generación, como Judd Nelson, Anthony Michael Hall, o Andrew McCarthy (1962) como casos paradigmáticos, se encasillasen en el cine dirigido a adolescentes y jóvenes, terminó por arruinar sus carreras. Weird Science (La Mujer Explosiva, 1985) y Pretty in Pink (La Chica de Rosa, 1986), ambas con guión de John Hughes terminaron además con explotar el género de la comedia juvenil costumbrista americana. No obstante, gran parte de la crítica coincide en otorgar a St. Elmo´s Fire (1985) de Joel Schumacher, conocida entre nosotros como St. Elmo punto de encuentro un lugar preeminente como catalizadora del BP, además de reflejar con honestidad las preocupaciones de la juventud norteamericana de mediados de los 80 y a la que el BP intentaba representar. Estevez, Rob Lowe, Demi Moore, Andrew McCarthy, Judd Nelson, Ally Sheedy, Mare Winningham (1959), y Andie Mac Dowell (1958) protagonizaron la cinta.



¿Que pasó anoche? (1986)




¿Qué pasó después?


A finales de los 80 la suerte de los miembros del BP se estaba mostrando muy desigual. Ya triunfaban los que poseían mayores argumentos interpretativos, como Tom Cruise, que superando su imagen de ídolo de quinceañeras tras Cocktail (1988) gana prestigio con Rain Man (1988) y se dirige como un cohete hacia el estrellato. Matt Dillon, tras unos años de capa caída se redime en el cine independiente con Drugstore Cowboy (1989) de Gus Van Sant. Charlie Sheen, otro de los más capacitados, fue junto con Cruise de los primeros en hacer cine de fuste, de la mano de Oliver Stone (con Platoon y Wall Street ), pero sus intepretaciones pronto empezarán a languidecer y a mediados de los 90, problemas personales varios terminaron por no consolidar una carrera que parecía sólida. Curiosamente fueron actores de la terna menos vistos los que una mas consistente carrera han tenido, bastante mejor que la de muchos de sus coetáneos: ahí están los casos de Sean Penn, Nicolas Cage, Robert Downey Jr. o Andie MacDowell.


Los chicos del San Elmo. Arriba: M. Winningham, D. Moore y A. Sheedy; abajo: A. McCarthty, E. Estevez, J. Nelson y R. Lowe



Por el contrario, en el camino se quedaron los ya citados Hall, Nelson y McCarthy (este una de las cabezas visibles del grupo) y otros y otras como Molly Ringwald (la chica guapa del BP), Ally Sheedy, Ralph Macchio, C. Thomas Howell. Hay que señalar que no todos ellos eran buenos actores, sino gente que estuvo en el lugar y en el momento precisos, por lo que hasta cierto punto no debería de extrañar su situación actual. Emilio Estevez tuvo hasta principio de los 90 una carrera aceptable, pero tras dar el pego unos años finalmente se destapó como lo que era: un actor mediocre. En la actualidad el mayor de los Estevez - Sheen (es hermano de Charlie) se descubre como un director competente (Bobby, 2006). El caso de Rob Lowe es ejemplarizante de todo lo que no debe de hacer un actor prometedor: elegir sus películas con nulo criterio, dejarse encasillar como sex symbol, y generar un escándalo sexual con menores por medio, como el que creó a finales de los 80. Su carrera ha sido sencillamente mediocre. Y Patrick Swayze, por su parte, ha experimentado demasiados altibajos en su trayectoria, debidos a sus no demasiado elevadas aptitudes interpretativas.

El Brat Pack no fue tan maravilloso como parecía. No faltaron buenos momentos en muchas de su películas y se sigue recordando con cariño a esa generación de actores norteamericanos que si algo interesante aportaron fue que hicieron ver a todo el mundo que las campañas de promoción y el encumbramiento efímero no eran suficientes para conseguir llegar y mantenerse en la mas alta cima.



FILMOGRAFÍA BÁSICA DEL BRAT PACK



Taps (1981) de Harold Becker

The Outsiders (1983) de Francis Ford Coppola

Rumble Fish (1983) de Francis Ford Coppola

Class (1983) de Lewis John Carlino

WarGames (1983) de John Badham

Risky Business (1983) de Paul Brickman

Sixteen Candles (1984) de John Hughes

Red Dawn (1984) de John Milius

The Karate Kid (1984) de John G. Avildsen

Oxford Blues (1984) de Robert Boris

The Breakfast Club (1984) de John Hughes

St. Elmo's Fire (1985) de Joel Schumacher

Pretty in Pink (1986) de Howard Deutch

Top Gun (1986) de Tony Scott

About Last Night... (1986) de Edward Zwick

Ferris Bueller's Day Off (1986) de John Hughes

Blue City (1986) de Michelle Manning

Young Guns (1988) de Christopher Cain

martes, septiembre 30, 2008

El aparatito de Lumiere - VICKY CRISTINA BARCELONA


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La tan esperada por estos lares “película española” de Woody Allen, si la despojamos de el revuelo mediático patrio que supone el protagonismo de los actores españoles de mayor fama internacional, Javier Bardem y Penélope Cruz, en un filme de uno de los directores vivos mas prestigiosos y todo el morbo del romance entre ambos (además del tímido morreo que se marca la Cruz con Scarlett Johansson), resulta una comedia dramática de lo más convincente, aunque, eso si, no excesivamente woodyallenesca y desde luego que no de lo más brillante de la obra del prolífico realizados neoyorquino.


El hecho de haber recibido hace algunos años el Premio Príncipe de Asturias de las Artes parece que metió a Woody en un compromiso de rodar un filme en España (el mero hecho de que ruede fuera de NYC ya es una noticia), y con la mayor parte del personal técnico español rodó en la capital de al ciudad condal y en diversas y bucólicas localidades asturianas este entretenido pero demasiado esquemático filme en el que Allen juega una vez más a ser un director europeo, latino en esta ocasión (si entendemos este termino en su auténtica acepción europea, es decir, francés, italiano o español) ofreciendo a la sazón ciertos manierismos y tics de Almodóvar, Fellini, Dino Risi o Vittorio De Sica pobremente asumidos. Una visión española totalmente turística no ayuda a otorgar credibilidad en un experimento extranjero de este calibre, y por ello sobran las manidas postales barcelonesas (Gaudí, Parc Guell, Montjuic; Sagrada Familia), una presencia constante de la guitarra española, incluidos conciertos de maestros y el Entre dos aguas de Paco de Lucía que se escucha hasta la saciedad, y mas tópicos del verde paisaje asturiano en su vertiente más rural y ensoñadora.


De todas formas, Vicky Cristina Barcelona no funciona nada mal como película; esta fundamentada en dos personajes femeninos que dan nombre a la película, dos jóvenes americanas de paso por Barcelona, una Vicky (Rebecca Hall), prudente y fiel a sus principios y otras Cristina (Scarlett Johansson), inmadura, coqueta y devorahombres. El encuentro con Juan Antonio, un seductor artista catalán de origen asturiano que quiere literalmente darse el lote con las dos, provocará un conflicto en ambas mujeres que les mostrará caras ocultas de si mismas y les hará replantear (sobre todo en la sensata Vicky), su idea sobre el amor y las relaciones de pareja. La irrupción de la neurótica ex mujer de Juan Antonio, Maria Elena (Penélope Cruz) complicará aún más las cosas, especialmente para Cristina.


Los cuatro intérpretes principales se esfuerzan enormemente por dotar de credibilidad a sus interpretaciones, pero el personaje de Javier Bardem es tan tópico (artista catalán de arte moderno y latin lover) y la Pé esta tan en plan acaparador, que al final terminas deseando que a estos dos les vaya como el culo en su (supuesta) relación en la vida real. Un Woody Allen muy comedido y muy poco arriesgado en el plano guionístico en una película amable pero sin garra.

domingo, septiembre 28, 2008

ADIÓS A PAUL NEWMAN


Paul Newman nos dejó ayer. Uno de los más grandes actores de la historia. Rayos C, como blog cinéfilo, se suma al duelo que vive el mundo del séptimo arte y de la interpretación por al pérdida de este gram maestro y esta persona ejemplar, de la que muchos famosos y personalidades públicas deberían tomar ejemplo.

Se nos ha ido un grande.

martes, septiembre 23, 2008

El aparatito de Lumiere - EL REY DE LA MONTAÑA



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Agradable sorpresa laque produce esta película española que tuvo una muy buena acogida en el festival de Sundance y que confirma la valía del joven director Gonzalo López-Gallego. El Rey de la Montaña es un thriller inusual y enigmático, rodado al aire libre y en plana naturaleza, con un reparto muy breve encabezado por el argentino habitual en el cine español Leonardo Sbaraglia y la jovencísima María Valverde. Unos valles y campos de la provincia de Soria - localización inusual para una película de estas características- son el escenario de esta mezcla de cine de acción y thriller psicológico con una inquietante y kafkiana premisa argumental. Qim, un joven del que apenas sabemos nada es robado en una estación de servicio en la autopista por una chiquita con al que tuvo minutos antes un fugacísimo encuentro sexual. Siguiendo su rastro en coche, Qim llega a la carretera de una abandonada zona rural y montuna donde halla a Bea, al joven, pero ambos son atacados por los disparos de unos supuestos cazadores que al parecer van a por ellos, sin conocerse el motivo. Ambos inician entonces una huida monte a través y recorriendo inquietantes pueblos abandonados tratando de huir de los disparos de sus misteriosos perseguidores.

La película en un momento dado experimenta un cambio de protagonismo y da cierto vuelco conceptual y de punto de vista, y es ahí donde el relato se vuelve más apasionante. La historia reflexiona sobre la violencia y su avasalladora presencia en la vida cotidiana, y, sin llegar a grandes conclusiones, ofrece un punto de vista final bastante estremecedor. La película, pese a su carencia de medios, utiliza muy bien elementos del western, del cine de acción y del thriller, sin renunciar al drama, a la reflexión psicosocial y a cierto componente antropológico. Hay escenas muy bien rodadas, las secuencias están excelentemente montadas y en todo el metraje se consigue excelentemente la sensación de huída desesperada de los protagonistas. Debe resultar difícil rodar un filme así, en plena naturaleza y en donde fotograma a fotograma a penas se repiten escenarios. El regusto final que deja es algo amargo, aunque tal vez sea necesario pro parte del espectador dar vueltas al tarro sobre las motivaciones y comportamientos de los protagonistas, ejercicio este que no siempre es fácil. Es una buena noticia que en el cine español se hagan películas así. Innovando un poco se saldrá de la paupérrima situación que vive en la actualidad

domingo, septiembre 21, 2008

LITTLE NEMO IN SLUMBERLAND: Y EL CÓMIC SE HIZO ARTE

Han pasado ya más de 100 años desde que se publicase en el New York Herald Little Nemo in Slumberland del visionario Winsor McCay, el cómic mas maravilloso de la historia y la primera gran obra maestra del noveno arte. Desde 1905 hasta 1911 y posteriormente durante 1924 y 1927, el pequeño Nemo ofreció a los lectores de los diarios donde aparecían sus historietas un sus surrealistas y freudianas aventuras en el País de los Sueños, Slumberland, al que accedía todas las noches en sus sueños y en el que seres y mundos fantásticos, ensoñaciones del inconsciente, y sorprendentes situaciones que abordaban el surrelismo, parecián plasmados en bellísimas y artísticas viñetas entre al art-decó y el modernismo: el cómic se hizo arte por primera vez. Amado por los amantes y estudiosos de la historieta y admirado por expertos en arte, Little Nemo es ya todo un patrimonio de la humanidad.



Los sueños de Winsor McCay


Little Nemo in Slumberland no fue un éxito en su época (1905-1913, 1924-1927). A principios del siglo XX, el cómic estaba aún en pañales, aunque en países como EEUU (la verdadera cuna del noveno arte), todos los periódicos que se preciasen incluían tiras o palncahs enteras de diversos personajes o series, orientados al público infantil pero muy degustados por adultos: Mutt and Jeff, Buster Brown, The Katzenjammer Kids. Todos estos comics eran de tono humorístico, pero Little Nemo combinaba humor, aventuras infantiles y fantasía desbordada, en el estilo de El Mago de Oz o Alicia en el País de las Maravillas. Unas viñetas meticulosamente elaboradas en formato de plancha en lugar de tira (que era lo habitual en las historietas publicadas en la época) en color y con profusión de detalles en los personajes y escenarios era algo a lo que el público no estaba acostumbrado, y Little Nemo tuvo un éxito menor. Años después, comienza a ser reivindicado como uno de los grandes comics de las historia y hoy dia no hay enciclopedia o libro sobre la historia del comic que no cite esta serie como una obra sumamente influyente no ya solo en el mundo de al viñeta sino en el mundo de la arte y la cultura en general. Preciosismo gráfico de inspiración modernista en maravillosas y hermosas viñetas en donde el mundo de los sueños y el subconsciente aparecía gráficamente representados en las aventuras que transcurrían en el cerebro y al imaginación del Pequeño Nemo, un niño burgués norteamericano de principios del siglo XX que en cada historieta tenía un sueño diferente que le transportaba a Slumberland, un reino mágico fabricado con conceptos freudianos y del mundo onírico que aún sigue sorprendiendo por su derroche de imaginación exacerbada y total derroche de encantadora fantasía.


Nemo era un niño moreno y de rasgos angelicales de unos siete u ocho años; todas las historietas estaban basadas en sus sueños nocturnos y por ello casi siempre aparecía ataviado con sus pijamas, blancos o estampados, aunque muchas veces llevaba ropa al efecto del lugar o la situación donde se encontraba. Las aventuras comenzaban la mayoría de las veces con Nemo ya situado en el mundo onírico fantástico, aunque solo algunas veces en “País de los Sueños”, reino maravilloso al que siempre trataba de acceder (y al que llegará), pero terminan casi siempre con el niño despertado tras el sueño en su enorme cama o caído de la misma, muchas veces atendido por los criados de la casa o con la voz en off de sus padres exclamando que el pequeño ya se había despertado o caído. Las historietas de Little Nemo, dentro de su desaforada temática fantástica, tenían un carácter muchas veces cruel e incluso terrorífico para la mentalidad infantil, ya que Nemo, sobre todo en su intención de llegar a Slumberland, se encontraba ante situaciones al borde de la muerte o con visos de tener un catastrófico o trágico final: ataque de criaturas, caídas aparatosas, envejecimiento acelerado del protagonista, transformaciones grotescas. Eran las pesadillas de Nemo, ni más ni menos y que terminaban, claro está, cuando se despertaba, casi siempre alegremente.


Winsor McCay (1867-1934), el creador de Little Nemo in Slumberland, como se puuede deducir al crear tan singular obra, era todo un genio. Nos e sabe a ciencia cierta donde nació, y ni tan siquiera su año de nacimiento parece seguro. A finales de la década de 1880 comienza a recibir formación artística y en 1889 se instala en Chicago para estudiar en el Art Institute of Chicago, mientras trabaja como creador de carteles y postres. En 1891 se traslada a Cicinnati, Ohio y comienza una carrear de artista profesional sin ningún éxito. Tuvo que esperar al comienzo del siglo XX y a la adopción de un nuevo medio que daba sus primeros pasos, el comic, para obtener sus primeros éxitos profesionales. Por aquel entonces la prensa diaria era prácticamente el único emdio de distribución y difusión del tebeo, y en periódico Cicinnati Enquirer publicó McCay durnate 1903 Tales of the Jungle Imps by Felix Fiddle (Cuentos de los Diablos de la Selva por Felix Fiddle) , protagonizado por diferentes animales y criaturas de la jungla. En 1904 comienza series como Little Sammy Sneeze o Dreams of a Rarebit Fiend, esta última, al igual que Little Nemo basada en el mundo de los sueños y de todo lo que percibimos en la experiencia onírica: escenarios cambiantes, personajes astrfalarios, situaciones sin sentido. Un año después Little Nemo hace su aparición en el todopoderoso diario New York Herald.



A parte del campo del cómic, Winsor McCay fue un pionero del cine de animación, debutando precisamente en 1911 con una perdida adaptación de Little Nemo. McCay realizó un total de 13 cortometrajes de dibujos animados entre 1911 y 1922, en donde se encontraban también adaptaciones de Dreams of a Rarebit Fiend. Estos filmes, en blanco y negro, estaban hechos y animados a mano y concebidos muchas veces para que el propio artista, quien los presentaba en varias giras y espectáculos por todo EEUU, interactuase con ellos en carne y hueso y propia presencia hacia la pantalla. Su creación mas memorable en dibujos animados fue Gertie the Dinosaur (1914) (el Dinosaurio Gertie), cortometraje que revolucionó el mundo de la animación por su sorprendente calidad.


Winsor McCay tenía el mejor y mas cuidado estilo gráfico del cómic de su época, siendo considerado el mejor dibujante de la época anterior a la I Guerra Mundial. Dibujos muy detallados aunque caricaturescos, el artista llevaba a cabo una utilización del color como hasta entonces no se había hecho en la historieta, casi siempre en blanco y negro. Realizaba las historietas mas largas publicadas en prensa, ocupando media página cuando las páginas de los diarios eran prácticamente el doble que las de los actuales. McCay, además de ser un gran dibujante, tenía una sólida formación artística y pictórica que plasmó en sus cómics, especialmente en Little Nemo in Slumberland, su obra maestra.



¡Despierta, Nemo!


Las planchas de Little Nemo, que se publicaban en el periódico semanalmente, presentaban historias independientes entre si. En las primeras historietas, Nemo, en sus sueños pretendía llegar a Slumberland, propósito este que le hacía pasar por una serie de desventuras a menudo catastróficas. En realidad, “El País de los Sueños” al que hace referencia el título de la serie no solo es el reino al que Nemo trata de llegar, sino el país sin nombre al que el niño accede en sus sueños y que sirve de paso para Slumberland: ambos escenarios son, lógicamente el mismo, el estado onírico en el que se encuentra Nemo, todo es Slumberland. No obstante, en sus sueños Nemo viajará también a la luna, Marte y en no pocas ocasiones el mundo real de su dormitorio se confundirá e interactuará con personajes y situaciones de Slumberland.




Nemo había sido emplazado por el Rey Morfeo, soberano de Slumberland, para que una vez se encuentre en su reino sea compañero de juegos de su hija, la Princesa. En una de las historietas a principios de 1906, Nemo llega por fin a Slumberland, aunque no conseguirá ver a al princesa hasta semanas mas tarde. Su principal problema en el país de los sueños será el genio Flip, el personaje de mayor peso específico del comic tras el protagonista. Flip, una especie de enano con rostro de clown verde y nariz roja, chistera, chalina y siempre con su sempiterno puro en la boca, intenta en sus primeras apariciones que Nemo no pueda ver a la Princesa, despertándole con su sola aparición, ya que aparece la palbra “Despierta”, escrita en su sombrero. Mas tarde, Flip competirá con Nemo por la atención de la Princesa y le hará continuas jugarretas al protagonista. Maestro del engaño y de al estira, de ser el rival de Nemo con el paso del tiempo se convertirá en un aliado del niño parar ciertos casos y mas adelante en su mejor amigo en Slumberland, aunque no siempre sus ideas sean precisamente acertadas. A Nemo y Flip se unirá en sus aventuras El Salvaje, un negrito de tribu africana (inspirado en los que dibujó el propio McCay para Tales of The Jungle Imps) de estereotipado comportamiento primitivo y hablar chapurreado que junto a Flip constituye la pareja cómica de las historietas. El Profesor Genius, también conocido como el Dr. Píldora, un excéntrico científico hombre de confianza del Rey Morfeo y la Princesa, es otro de los personajes recurrentes. La Princesa acompañará a nuestro protagonista en algunas de sus breves aventuras ensoñadoras y los dos críos tendrán una inocente aventura amorosa.




McCay construyó el mundo de Slumberland con muy diversas fuentes y elementos: el mundod e la decoración art noveau y art-decó (notese que esas eran corrientes artísticas de vanguardia en 1900) añadiendo además unos vestuarios barrocos en los personajes y una alucinante y vistosa arquitectura fantástica en edificios y escenarios, mitología griega, mitología germánica, el mundo de los cuentos de hadas (los hermanos Grimm, especialmente), Lewis Caroll, el cartelismo y el grafismo de principios del siglo XX y ciertos símbolos y elementos del psicoanálisis, además de una cierta anticipación del surrealismo artístico (y es que tanto Little Nemo como el surrealismo partían de una misma premisa, la exploración del subconsciente).. Realmente Little Nemo es uno de los comics intelectualmente mas elaborados de la historia, pese a su apariencia de aventuras infantiles.




Viñetas de museo


Little Nemo supuso una gran renovación en el mundo del cómic en relación a todo lo que se estaba haciendo en ese momento. La acción era muy rápida y se empleaban muchas viñetas, en contraste con lo que se estilaba en los primitivos cómics de principios del XX. El uso de al perspectiva en los dibujos, sigue siendo sorprendente en un cómic incluso hoy en día, y además se consiguió por primera vez una sensación de movimiento en el cómic de gran realismo. Si a ellos sumamos que narrativamente se mostraba un desborde total de fantasía que no ha cesado de dejar con la boca abierta a lectores de varias generaciones, y un perfeccionismo artístico inusual en el noveno arte a lo largo de la historia, con una enorme variedad de escenarios y personajes, tenemos definitivamente algo mas que un cómic, una auténtica obra de arte. Lamentablemente, solo tras la muerte de Winsor McCay, Little Nemo alcanzará el éxito y el reconocimiento merecido.


Entre las muchas historietas de Little Nemo in Slumberland memorables se encuentra la conocida como La noche de las casas vivientes, que llegó a formar parte de la colección del Louvre, La Sala Encandiladora, un pequeño clásico de la historia del cómic en donde las proporciones y la perspectiva se subvierten, y especialmente La cama caminante y sus inmortales viñetas de la cama de patas largas y pedestres. Las desventuras de Nemo, Flip y El Salvaje, en el mundo de los sueños muchas veces no eran más que deformaciones grotescas del mundo real, donde objetos inertes y cotidianos tomaban vida, o aparecían personajes históricos como George Washington o Cristóbal Colón transgrediendo las leyes espacio-temporales. Aparte de con sus amigos de Slumberland, Nemo se verá muchas veces acompañado en sus aventuras por otros niños y amigos del mundo de la vigilia. A pesar de lucir en al mayoría de las planchas sus impagables pijamas y camisones novecentistas y de los años 10, Nemo y ssu amigos llevarán en sus sueños muchas veces ropa casuall o trajes al efecto de la aventura, muchas veces fantasiosos.


A pesar de no muy grande éxito en su época, Little Nemo fue el primer cómic que disfruto de merchandising; ya en 1906, un año después de su irrupción, el propio McCay diseño postales sobre los personajes y se comercializaron libros de cuentos y juguetes sobre la serie. En 1908 se estrenó en el Teatro New Amsterdam de Broadway una opereta basada en el personaje, escrita por Victor Herbert, que fue representa entre el 20 de octubre de 1908 y el 23 de enero de 1909. El 8 de abril de 1911 se estrenó el corto de animación del propio Winsor McCay basado en Little Nemo, siendo la primera vez en la historia que un personaje de cómic llega al cine. Aunque se conoció popularmente como Little Nemo, el titulo completo del filme era Winsor McCay, the Famous Cartoonist of the N.Y. Herald and his Moving Comics. Poco se sabe de esta película, al parecer perdida. Estas pioneras adaptaciones de un cómic a otros medios, demuestran que ya Little Nemo era una obra singular.



Es un sueño


El 23 de abril de 1911 fue el último día que Little Nemo in Slumberland apareció en el New York Herald, ya que McCay fue fichado por William Randolph Hearst para el New York American, uno de los muchos diarios propiedad del legendario magnate. En uno de los diarios nortemericanos más influyentes, McCay continuó las aventuras del pequeño Nemo, desde el 30 de abril de 1911 hasta finales de 1913 con el título de In the Land of Wonderful Dreams (En el País de los Sueños Maravillosos), ya que los derechos de la anterior denominación seguían perteneciendo al Herald. En 1914 McCay abandona el American y Little Nemo deja de publicarse durante varios años. En 1924, 11 años después de su desaparición, McCay vuelve a dibujar cómics de Little Nemo para el New York American, pero en 1927 el Nemo de Winsor McCay desaparece definitivamente. El dibujante fallece siete años mas tarde. Intentos de su hijo Robert McCay por resucitar el personaje en breves periodos a finales de los 30 y mediados de los 40 fueron decepcionantes y las nuevas historietas no se mantendrían mucho tiempo.



Especialmente a partir de los años 40, se empieza a valorar en su justa medida Little Nemo y ya se considera como uno de los mejores cómics de la historia. Con el paso del tiempo la admiración a al obre de McCay no decrece y son muchos los dibujantes y críticos que declaran las maravillas de este cómic. Por ello, las reediciones no se hacen esperar y en los 40 el editor Woody Gelman reimprime con gran éxito muchas de las planchas de las dos primeras etapas de Little Nemo en formato comic book. Esta misma editorial publicará otras muchas historietas más que aún no habían aparecido reimpresas. En 1966, el MOMA hace que Little Nemo y el resto de cómcs de Winsor McCay entren en la historia al ser la primera vez que unos cómics se exhibe en un museo. Años después, planchas de Little Nemo serán expuestas en el Museo del Louvre en parís.


No obstante, la publicación completa y ordenada del catálogo de Little Nemo no se efectuará hasta finales de los 70. La editorial norteamericana Fantagraphics publicará en los 80 y 90 en diversos volúmenes la obra completa sobre el personaje. En 1993 esta compañía completa la publicación de la compilación definitiva de Little Nemo, consistente en 6 volúmenes. Aunque durante su vida editorial Little Nemo no fue traducido a ningún otro idioma a parte del inglés, a partir de los 60 se suceden volúmenes recopilatorios en todo el mundo sobre las aventuras del personaje, que en vida no fue publicado fuera de USA. En España, la editorial vasca Tarttalo publicó en la década de los 80 varios volúmenes recopilatorios en castellano. La editorial alemana Taschen publica en 2000 un amplio volumen con toda la etapa clásica: Little Nemo 1905-1914 (la etapa de los 20 aún no puede tener copyright fuera de EEUU). En 2005, 70 años después de la muerte de Winsor McCay, toda la obra de Little Nemo pasa a ser de dominio público.




Más que un tebeo


A parte de la adaptación de 1911, Little Nemo ya tuvo en 1989 una nueva adaptación en dibujos animados, esta vez en largometraje: la coproducción americano-japonesa Little Nemo: Adventures in Slumberland dirigida por Masami Hata, Masanori Hata y William T. Hurtz . La película solo fue estrenada en 1989 en Japón, y no llegaría a EEUU hasta 1992, y al resto de países años mas tarde. El filme respeta ele spíritu de al historia pero en un tono más edulcorado y amable y más cercano a los productos Disney, lo que no hace ningún favor a la fuente original. Tampoco se sigue el singular e irrepetible estilo visual del cómic a favor de un hirsuto híbrido entre el anime nipón y al animación tradicional americana. El proyecto inicial, que databa de 1982, fue mas ambiciosos, pero diversos problemas en un largo y polémico proceso de producción redujeron las ambiciones artísticas del filme, que pese a todo tiene calidad técnica. Creadores de la talla del escritor Ray Bradbury como guionista, y del dibujante Moebius como asesor artístico estuvieron en el proyecto inicial, pero abandonaron. Anteriormente, en 1984 se estrenó una poco conocida adaptación libre en imagen real, la coproducción británicocanadiense Dream One, también conocida como Nemo, producida por John Boorman, que apenas presentaba similitudes con la obra original.


Tras la muerte de McCay, se publicaron libros de cuentos sobre Little Nemo, como al de 1941, un versión de los comics para ver en 3D de en 1987, y en general, en als eguna mitad del siglo XX, Little Nemo se convierte en un icono y un referente cultural y artístico: diversos comics de culto, como Miracleman de Alan Moore o The Sandman harán referencia a Nemo; novelas infantiles con influencia de las aventuras del personaje (Night Kitchen, Santa Calls); parodias eróticas como Little Ego de Vittorio Giardino; referencias musicales como la canción Scenes From a Night´s Dream de los británicos Genesis o el video de Runnin´down a Dream del americano Tom Petty, videojuegos como Little Nemo: The Dream Master (1990)…


Little Nemo in Slumberland es una de las más grandes maravillas del cómic de todos los tiempos. Un delirio de belleza, imaginación, sentido artístico. No se ahrá nunca la suficiente justicia a este cómic, no tan conocido como Superman, Popeye, Flash Gordon, El Principe Valiente, Tintín, Asterix o Batman pero tanto o más influyente que estos. Historieta y arte, fantasía onírica, sueños dibujados. Subconsciente y fantasía íntimamente unidos. Con Little Nemo el cómic se hizo arte, dejando un listón tan alto que nadie aún en el mundo del noveno arte lo ha vuelto a alcanzar. Irrepetible.