miércoles, julio 22, 2009

El aparatito de Lumiere - TRES DIAS CON LA FAMILIA


*** y 1/2


Dentro de las películas españolas estrenadas en los últimos meses se “ha colado” esta grata sorpresilla, una prometedora ópera prima de una jovencísima directora catalana de 28 años, Mar Coll. Tres días con la familia, es una película que integra el proyecto Opera Prima, surgido en la Escuela Superior de Cine de Catalunya para promocionar a los mejores autores y técnicos surgidos en ella. La oportunidad ha sido muy bien aprovechada, y Mar Coll muestra sus amplios argumentos en una historia intimista y amarga con una joven de 21 años como protagonista y en donde el trabajo de los actores supone el principal sustento de la película.


Tres días con la familia es la crónica de las miserias de las relaciones familiares, vistas a los ojos de Léa (Nausicaa Bonnín), quien ve con amargura el hipócrita juego de apariencias y la impostada red de lugares comunes y conductas preestablecidas de su familia, los Vich, pertenecientes a alta burguesía gerundense. La familia, repleta de problemas paralelos, se reúne tras la muerte del abuelo, lo que trae de vuela a Léa desde Francia, donde realiza sus estudios universitarios. Allí, junto a sus padres separados, sus tíos y sus primos asiste a un espectáculo del que a veces se avergüenza, aunque no puede evitar sentirse parte de ese grupo humano. La película es pues un disección un tanto despiadada de la situación familiar, desprovista de mala uva o de un análisis sesudo y más escorada a la observación costumbrista crítica. Situaciones, frases, diálogos y gestos son claves para entender los entresijos de este filme y disfrutarlo al máximo.


Mar Coll se revela como una muy buena directora de actores y una cineasta con sensibilidad. La joven intérprete Nausicaa Bonnín cumple muy bien en el papel de una chica escéptica y atormentada con su situación personal/familiar. En el reparto, formado casi exclusivamente por actores y actrices catalanes, se encuentran actores del peso de Eduard Fernandez, como Josep Maria, el padre de Léa o Ramón Fontseré, que interpreta al prepotente tío Pere. Se echa en falta que los personajes están más dibujados y que las relaciones entre ellos se nos presenten más nítidas, pero todo no se puede pedir en una película en dond las interpretaciones brillan bastante, por cierto. Una película muy recomendable.

martes, julio 21, 2009

HACE 40 AÑOS ESTUVIMOS EN LA LUNA




Fue uno de los hitos en la historia de la humanidad. El hombre, lógicamente, no pintaba nada en el satélite de selenio y nada útil se podía extrer de allí, pero llegar a la luna era algo que lleveba anhelando desde el comienzo de los tiempos y debía de estar allí.

Ya todo esto suena un poco viejuno, pero por lo menos, nos convencimos de que podíamos hacer cosas que en otros tiempos críamos totalmente impensables

domingo, julio 19, 2009

“HISTORIA DE AQUÍ” (1980-81) DE FORGES: LA HISTORIA DE ESPAÑA COMO DEBERÍA HABERSE CONTADO TALMENTE (PAÍS…)


De entre las obras monográficas que el dibujante humorístico Antonio Fraguas De Pablo “Forges” (Madrid, 1942), ha realizado durante más de 30 años, sin duda, Historia de Aquí, es su obra maestra. Su núcleo lo forman 3 tomos que, entregados por fascículos, se completaron en 1981. Posteriormente durante la década de los 80 y hasta principios de los 90 la colección de fascículos se reeditó varias veces, convirtiéndose esta obra en la más popular de cuantas ha realizado el dibujante madrileño. En la actualidad, estos tres tomos más cinco más añadidos (correspondientes a Historia Forgesporánea (1984) y a otros realizados ex profeso en los 2000), se pueden encontrar en muchos librerías, sin necesidad de haber hecho la colección de fascículos (algo muy en boga en los 80 y a lo que Forges recurrió en varias ocasiones para publicar sus libros gráficos)


¿Qué contaba Historia de Aquí? Pues la historia de España, esa crónica tan apasionante, interesante como a veces cruel y absurda, que todos tuvimos ocasión de conocer en nuestros años escolares y de la que posteriormente algunos hemos tenido la oportunidad de ir profundizando. Este era (y sigue siendo) el proyecto más ambicioso de Forges, quien desde Comiciclos (1974), y paralelamente llevaba a cabo su labor como dibujante de chistes diversos periódicos y revistas, publicó en fascículos diferentes obras monográficas en las cuales aplicaba la ilustración y el cómic para explicar de una manera amena y divertida, temas “serios” como la historia de España en el Franquismo (Los Forrenta Años, 1977, ver el artículo “Los Forrenta Años (1977)” de Forges en este blog) o la por entonces recientemente aprobada Constitución española (La Constitución, 1978). En ellas los textos (en el de Los Forrenta escritos por el propio Forges) iban acompañados cada uno de chistes de una viñeta que ilustraba lo allí escrito, siempre con el estilo característico e inconfundible del humor de Forges, ya a finales de los 70 el mejor humorista gráfico de España. Su legión de seguidores y los múltiples premios conseguidos por mérito propio le hacían situarse en un lugar privilegiado dentro de la ilustración española y ya eran conocidos por todo el mundo sus Marianos Romerales, sus Conchas orondas e indeseables, los náufragos, los Blasillos (también conocidos como Blasillo y Cosme). Tras el éxito de sus dos obras antes mencionadas, que se editaron es fascículos encuadernables, en 1980 Forges encarará un nuevo reto, un reto muy ambicioso y sin precedentes en el mundo editorial español: contar la historia de España con viñetas humorísticas.



Forges, que estudió la vetusta carera de Ciencias sociales, ya demostró sus habilidades de “historiador” en sus célebres Forrenta Años, pero si allí abarcó con gran detalle funestos 40 años de la historia de España, en esta ocasión iba a acometer miles de años, desde la prehistoria. El mismo dibujante desvela el orígen del proyecto en el prefacio en el primer capítulo – fascículo de la obra: “Cuando el Padre José Ramón me tuvo dos horas de cara a la pared por preguntar si era verdad que Fernando el Católico se casó otra vez cuando palmó Isabel, me juré divulgar la auténtica y verdadera Historia de Aquí, profundo e irreversible juramento que repetí varias veces a la largo de mi vida”. La ambición de la empresa era clara en todos los sentidos, como luego relataremos. Acostumbrado a trabajar normalmente en solitario, para este proyecto - que ocupó más de un año-, Antonio Fraguas se dotó de varios colaboradores en diversas funciones

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Abajo: publicidad en prensa de Historia de Aquí

La editorial que publicó la edición original de Historia de Aquí fue uno de los principales grupos editoriales españoles del momento, Editorial Bruguera, además la auténtica superpotencia en la península en cuanto a edición de cómics, como bien se conoce. Se producía pues el primer y único encuentro entre unos de los principales dibujantes españoles (aunque no adscrito al mundo del cómic propiamente dicho) y la editorial de tebeos por excelencia, que además tenía otras publicaciones editoriales para cualquier público y era también especialista en edición de fascículos coleccionables de todo tipo. Bruguera, que económicamente andaba muy bien, era pues la mejor opción con la que Forges se pudo encontrara para una publicación de aquellas características. Inicialmente, la idea era lanzar 56 fascículos que se recogerían en 4 tomos que abarcarían 14 fascículos cada uno, y así se recogió en la publicidad de la colección. A lo largo de la publicación de los capítulos, se modificó la intención y se eliminó el último todo, con lo que la colección se redujo a 42 capítulos y tres tomos. El último iba a ser el dedicado a la época contemporánea después de la Guerra de la Independencia; esta fase de la historia fue retomada años después en una nueva colección, continuación natural a Historia de Aquí: Historia Forgesporánea.


En septiembre de 1980 se publicó el primer fascículo de Historia de Aquí y en junio de 1981 el último. Los fascículos tenían una periodicidad semanal y estaban compuestos por 19 páginas, de modo que cada tomo consta de 280 páginas. El formato de Historia de Aquí era similar al de otras publicaciones de Forges: tres viñetas (en ocasiones dos) acompañadas de un texto, redactado por el propio auto, quien en esta ocasión combinaba rigurosidad histórica, precisión periodística, ironía y humor fino en textos muy bien escritos y más entretenidos, concisos y amenos que muchos libros de historia. Las viñetas humorísticas que iban junto a los textos hacían gala del más puro estilo Forges, narrando la historia de España con sus protagonistas (Trajano, Recaredo, Abderramán III, Los Reyes Católicos, Felipe II, José Bonaparte) satirizados y convertidos en narigones personajes forgesdianos. Las diversas épocas históricas no se libraban del mordaz lápiz del dibujante madrileño y cada viñeta suponía un gag “histórico” hilarante y conseguido, una interpretación satírica de al historia que no se libraba de la crítica y que también intentaba ser didáctica. Forges, pese a ese insólito viaje al pasado en su carrera, no dejó de utilizar su peculiar lenguaje y sus recursos cómicos más conocidos, muchas veces utilizando el anacronismo burlesco o las referencias a al sociedad del momento.


El tomo 1 de Historia de Aquí abarca desde la prehistoria hasta el inicio de la reconquista, el tomo 2 desde el final de la reconquista hasta el comienzo del reinado de Carlos I, y el tercero desde el fin del reinado de Carlos I hasta la Guerra de la Independencia. Técnicamente este proyecto suponía un reto, como fácil es suponerse; en los dibujos tenía que haber un mínimo de rigor histórico en escenarios, edificios, vestimentas, armas, costumbres. Eso originaba que los dibujos fuesen más elaborados que en cualquier ilustración de Forges, y además muchas veces se precisaban de muchos personajes, fondos más o menos trabajados, y conocimiento de la fisonomía de personajes históricos. El hecho de que cada dibujo tuviese que estar coloreado aumentaba la calidad técnica final que se consiguió. Lo cierto es que gráficamente tal vez este sea el mejor trabajo realizado por Forges en toda su carrera, lo que requirió de un complejo proceso de documentación (aunque los dibujos fuesen caricaturescos) y de varios colaboradores. Además, obviamente tuvo que realizarse un laborioso trabajo de documentación histórica para textos y dibujos, que Forges y sus colaboradores cumplieron con éxito.


Portada de fascículo

El equipo que colaboró con Forges en el año que duró la publicación de Historia de Aquí se distribuyó con acierto las funciones. En el asesoramiento e investigación histórica estuvieron Antonio Baena, Luis Alonso, la hermana de Forges María Fraguas, su mujer Pilar Garrido, Cristina Torres, José Langarón y Julia Abad. En la obra se incluían también cuadros, retratos y grabados de las épocas y fotografías de obras de arte, que generalmente se presentaban ocupando dos o tres páginas de capa capítulo a manera de mini sección y a parte de las páginas con las viñetas, aunque muchas veces se incluían también en estas. Este procedimiento era una ventana a la imagen de la historia “real”, lo cual suponía un recurso bastante oportuno. Las imágenes procedían de la agencia Oronoz, el archivo de Bruguera y de fotografías sacadas ex profeso por Forges y sus colaboradores, quienes se desplazaron a museos y ciudades con monumentos para aportar imágenes a esta obra. En el capítulo de los dibujos, Forges contó con la colaboración en labores de entintado, coloreado y elaboración de fondos de Tony Abbot, Antonio González y Alfonso Azpiri, futura estrella de la ilustración y el cómic.


En los primeros capítulos, Forges en las viñetas siguió el formato de Forrenta y La Constitución, tres dibujos por página acompañados por su texto de forma rectangular y con el texto precediendo al dibujo, aunque a partir del capítulo VII comienza a utilizar variaciones y cambia la forma de las viñetas de dibujos y de los cuadros del texto, a veces de forma cuadrada, alargada en vertical, redondeada, atravesando la página de abajo a arriba en lugar de izquierda a derecha…Esta variedad de formas terminarán por dar mas juego a la riqueza gráfica de las viñetas. En algunas ocasiones hay dos viñetas por página. A parte de este formato de texto-correspondiente dibujo, también Forges realizó ilustraciones de una página completa para mostrar-ilustrar monográficos sobre algún personaje o acontecimiento o dar fondo a textos explicativos largos, árboles genealógicos o cronologías. A parte de estas páginas completas con ilustración de Forges, como hemos dicho antes, también se incluían páginas con imágenes reales acompañadas de textos de diferente magnitud. En bastantes ocasiones, las pinturas, grabados o fotografías aparecen entre las viñetas, muchas veces “tuneadas” o rotuladas por la pluma de Forges. Cada capítulo comienza con una enorme viñeta que hace de “miniportada”.



Forges convirtió a una de sus creaciones más queridas, Blasillo (la expresión gráfica de sus pensamientos) en maestro de ceremonias de la obra, ofreciendo comentarios que complementaban lo dicho en el texto explicativo o simplemente introducían una explicación nueva. También son frecuentes las viñetas en donde personajes (los Blasillos u otros) se dirigen al lector ofreciendo comentarios, muchas veces con ilustraciones explicativas complementarias o esquemas gráficos de todo tipo. En definitiva, la obra cumplía perfectamente su función didáctica.


Forges utilizó muy bien el humor como purgante de no pocos episodios vergonzosos (la inquisición, las guerras en Países Bajos con los Austrias, la decadencia de los Habsburgo, los desmanes en las Américas, barrabasadas bélicas varias) y procedió a desmitificar a muchos personajes de manera a veces tierna y cariñosa y otras despiadada: Los Reyes Católicos, con una Isabel marimandona y un Fernando calzonazos y con ganas de destacar sobre su esposa de la manera más ridícula, un Cristobal Colón chulito y narcisista, una Juana la Loca irreversiblemente pirada, un Felipe II cómicamente déspota, Abderramán III y sus problemas con el tinte capilar, Abd-Al-Aziz como un eterno bebé, Godoy y la reina María Luisa enrollados a espaldas de Carlos IV. Forges no obvio el potencia cómico de personajes como el infante Don Carlos, el hijo trastornado de Felipe II, o Carlos II (llamado aquí “el Pupas”) tratados de forma un tanto despiadada. Por otra parte, el tratamiento que se da a los franceses en esta obra peca de bastante políticamente incorrecto, puestos siempre como eternos antagonistas de los españoles y como villanos de opereta, mostrándoles además siempre como mariquitas locas (esto llega a su culmen en los capítulos sobre la Guerra de la Independencia). En alguna ocasión incluso se les llega a insultar; no obstante, con toda seguridad Forges se arrepintió del trato que dio a nuestros vecinos en estos libros.


El derroche de imaginación que tuvo que hacer gala el dibujante para rear varios chistes semanales sobre todos y cada uno de los episodios de la historia de España se adivina enorme, lo que unido al trabajo de documentación y redacción, hace de esta obra todo una obra magna, además de un divertido libro de historia, historiográficamente ameno y desde el punto de vista del cómic y del dibujo humorístico, una auténtica delicia. Los capítulos llevan nombres tan sugerentes como “Los primeros nosotros” (sobre el hombre prehistórico en la península), “Hispania Cañi” (Hispania, provincia del Imperio romano), “El Califlato” (el Califato de Córdoba), “¡Que viene la peste!” (la vida en la España de los siglos X-XI), “América, América” (los conquistadores del Nuevo Mundo)”Un siglo de Oro”, “.. “y el otro siglo de oro” (la cultura, pensamiento y literatura españolas en los siglos XV y XVI, respectivamente) “..y contra el viento” (la decadencia y fin de los Austrias), Charli 3º (el reinado de Carlos III) y así hasta 42. Como se ve, no solos e hacía crónica política sino artística, cultural y social, como corresponde a una buena crónica histórica sobre cualquier país. Por la gran magnitud de al empresa, tanto Antonio Fraguas como al editorial dieron por terminada su Historia de Aquí antes de tiempo, suprimiendo el cuarto tomo. En 1984 Historia Forgesporánea, editado pro ediciones Zinco, fue la continuación de Historia de Aquí, contando la historia de España desde el reinado de Fernando VII hasta la llegada del gobierno socialista, en 3 tomos, con lo que finalmente resultó mas completa que el proyecto inicial del único tomo 4 de Historia de Aquí, que iba a a barcar esa época. Curiosamente, Historia Forgesporánea no tuvo tanto éxito como Historia de aquí, cuyos fascículos fueron reeditados varias veces. Ediciones B se encargó de hacerlo en las últimas ocasiones, una vez desaparecida Bruguera, no en vano esta editorial fue la heredera de la mítica editora del gato negro.



Unánimemente la crítica considera a Historia de Aquí como la obra maestra de Forges en lo que a libros se refiere. Fue un trabajo difícil de superar, junto con el de su continuación Historia Forgesporánea, tal vez no tan brillante técnicamente. Entre 2006-2007 Forges quiso dar fin definitivo a la Historia de aquí con tres nuevos volúmenes (esta vez no se comercializaron en fascículos) publicados por la editorial Espejo de Tinta, que en su mayor parte recogen los fascículos de Historia Forgesporánea: La Guerra Incivil (2006), que comprende casi todo el tomo II de la Forgesporánea con los dos capítulos finales del I y que abarca desde el desastre del 98 hasta el fin de la Guerra Civil, 1939-1978: La posguerra, el franquismo y la libertad (2006), que abarca capítulos de los tomos II y III de la Forgesporánea, sobre el franquismo y la transición; y 1978 -1982: La Consti y la Transi (2007), con la obra completa de La Constitución, los 2 últimos capítulos de Forgesporánea y parte de Historia de la transición, que Forges publicó por entregas en la revista Interviú en 1996. Decir que Historia Forgesporánea, aunque volvía a tocar el tema de la historia de España en el franquismo como hacía Los Forrenta Años , la distancia temporal permitió afilar el contenido y complementar los aspectos tratados en esa obra. Esos capítulos de la Historia Forgesporánea / Historia de Aquí 1939-1978, pueden considerarse como una reelaboración o remake corregido y aumentado (aunque el contenido es diferente) de los Forrenta.


Historia Forgesporánea: volviendo a narrar el Franquismo tras Los Forrenta Años



Finalmente, se publica en 2008, por fin, la Historia de Aquí completa, en 8 tomos: los tres primeros tomos originales de 1980-81 y el tomo I de Historia Forgesporánea (que hasta al fecha nunca se habían vendido como volúmenes), más los dos tomos restantes de Historia Forgesporánea (en su formato original); La Constitución e Historia de la Transición completa. La cubierta de los 8 tomos será completamente en su diseño con respecto a los volúmenes originales.



Antonio Fraguas, Forges, ha tenido la generosidad de volvernos a contar una historia que nos han narrado de mil maneras, pero ninguna de manera tan peculiar y entrañable como el lo hizo. Su Historia de Aquí, es una nueva manera de aproximarnos a la Historia de España, esa crónica tan rica y contradictoria a la que es inevitable recurrir en muchos momentos para calibrar todas nuestras tribulaciones actuales.

martes, julio 14, 2009

El aparatito de Lumiere - PAGAFANTAS


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El debut del donostiarra Borja Cobeaga en el largo no ha respondido a las expectativas, ni tan siquiera en la empresa de hacer un filme mínimamente pasable. El responsable de cortometrajes tan interesantes como Éramos pocos (nominado al Oscar de mejor cortometraje) y antiguo realizador televisivo de Gran Hermano y Vaya Semanita, ha optado por la comedia costumbrista en una historietilla rodada en Bilbao con el que fuera actor de Vaya semanita y (amigo del director), Gorka Otxoa, en el papel estelar. Tomando como punto de partida la comedia de enredos sentimentales, Cobeaga trata de contar las tribulaciones y penurias de aquellos jóvenes varones conocidos por algunos foros de internet (según palabras del propio director), como “pagafantas”, enamorados de chicas que les consideran su mejor amigo, pero nada más, aunque el pagafantas en cuestión desearía algo más. Otxoa interpreta a Txema, un chico enamorado de Claudia (Sabrina Graciarena) una atractiva y simpática argentina que reside en la capital vizcaína sin papeles, y que, por supuesto, solo le considera amigo. El espectador, con un elenco de personajes simpáticos y botarates como el que nos presenta el filme (además de los dos protagonistas, una madre viuda sobreprotectora y su novio, un perdedor con ínfulas; un amigo friki y patético; y una exnovia de armas tomar), esperaría al menos una película divertida y entretenida, pero la risa es con ganas en muy contadas ocasiones y la historia hace aguas por todas partes, algo que ya es lamentable en una comedia mas o menos alocada.


Cobeaga no sabe que tono dar a esta comedia: si surrealista, caricaturesco, cotidiano, crítico, juvenil… El recurso a la metáfora burlesca (escenas fuera de la historia que reproducen un falso documental “zoológico” sobre los pagafantas), suena como algo ya muy visto (propio de Vaya Semanita, vaya), y ni tan siquiera alguna audacia puntual (las escenas que preceden a las elipsis temporales provocadas por los desmanes etílicos de Txema), logra salvar de la más absoluta mediocridad a una película solo entretenida y divertida en puntualísimos momentos. Los protagonistas ponen empeño, aunque Gorka Otxoa es un actor muy limitado y casi se ve superado en protagonismo por la encantadora presencia de Sabrina Graciarena, una preciosidad. El hecho de que lapelícula tome de referencia (torpemente) a la comedia madrileña de los 80 es sin duda la razón de la presencia de los veteranos Kity Manver y Oscar Ladoire (curiosamente el personaje que encarna Gorka Otxoa recuerda algunos de los que interpretó el actor madrileño a principios de los 80). En fin, esperemos que para la próxima Cobeaga haya aprendido de los errores.

martes, julio 07, 2009

El aparatito de Lumiere - LA CAJA DE PANDORA (PANDORANIN KUTUSU)


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Brillante drama turco centrado en un tema tan complicado como son las relaciones familiares (complicadas), con el trasfondo de un conflicto omnipresente y el de la enfermedad de Alzheimer. Esta claro que con esta premisa la película no es precisamente la alegría de la huerta, pero su visionado bien merece la pena. La Caja de Pandora, Concha de Oro en el festival de Donostia, 2008, pone de manifiesto una vez más que el cine turco es capaz de competir en cuanto a calidad con otras cinematografías europeas, ya que no faltan temas interesantes, medios técnicos y cineastas competentes, como es el caso de la directora de esta película, Yesim Ustaoglu. La historia comienza cuando tres hermanos entre 40 y 50 años, dos mujeres y un hombre, viajan desde Estambul hasta una aldea perdida en las montañas para buscar a su madre de 90 años, al cual ha desaparecido del pueblo sin dejar rastro. Tras encontrarla, se le diagnóstica Alzheimer y sus tres hijos deciden llevarla a al ciudad, aunque no tienen muy claro con quien vivirá y como cuidarla. La estancia de la viejilla con sus vástagos será difícil y hará que salgan a la luz en toda su crudeza todos los problemas de los tres hijos: la delicada situación matrimonial de la hija mayor y sus problemas con su único hijo, un joven universitario metido en mil problemas, la soledad sentimental de la mediana, una profesional de éxito sin tiempo para nada, y la falta de rumbo del pequeño, un cuarentón desempleado y contracultural. También saldrá a la luz el pasado de la anciana, clave para entender toda la situación familiar.


La película cuenta un problema que es extensible a cualquier país o cultura y que va más allá de los percances de la vejez para mostrarnos situaciones desesperadas de gente de diferentes generaciones. Al final, la curiosa complicidad que se establece entre abuela y nieto es señal de que no hay mucha diferencia en determinadas situaciones. Tsilla Chelton, la actriz francesa que da vida a la madre del clan, ganó la Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián, premio muy merecido. Emocionante drama hecho con inteligencia, sensibilidad y buen hacer que en este momento es de lo mejor que se puede ver en al cartelera.

domingo, julio 05, 2009

LAS ASOMBROSAS AVENTURAS DE VICENTE BLANCO, EL METALÚRGICO QUE CORRIÓ EL TOUR


¿Quién fue Vicente Blanco “El Cojo”?, el primer ciclista nacido en el Estado Español que corrió el Tour de Francia, en 1910? Su curiosa leyenda, moralizante fábula del triunfo de la voluntad de un sencillo muchachote bilbaíno, currela en varios empleos y aquejado de una discapacidad en los dos pies, que llegó a ganarse la vida en varios deportes destacando especialmente en el ciclismo, es una incompleta y un tanto desordenada miscelánea de anécdotas, donde falta bastante información, hecho que ha dado lugar muchas veces a la fabulación sobre el personaje. Este era Vicente Blanco, “El Cojo” (1884-1957)



Un superhéroe en Deusto


El barrio bilbaíno de Deusto vio nacer a Vicente Blanco (se desconoce su segundo apellido). Como un personaje de Charles Dickens comenzó a trabajar en su adolescencia para huir de la pobreza. El sector naval fue el primero que conoció cuando con 13 o 14 años comenzó a trabajar de pinche de cocina en un Barco. Más tarde ejercería de palero en embarcaciones, cometido que le proporcionó un físico fornido al tiempo que, cual marino nacido de la pluma de Joseph Conrad, conocía mundo y se quedaba prendado de las bicicletas que veía en los puertos, vehículo que tiene oportunidad de probar cada vez que pisa tierra firme. Eran los primeros años del siglo XX, Vicente aún no era El Cojo y aún no tenía 20 años.


Fue precisamente en 1904, cuando nuestro protagonista tenía 20 años, cuando el destino le brindó a Vicente una oportunidad al principio con máscara de desgracia, y que le permitió entre otras cosas utilizar la bicicleta como una auténtica prolongación de si mismo, ni más ni menos. Vicente entró a trabajar aquel año en la siderúrgica, La Basconia, en Basauri, Bizkaia, ya que se había cansado de la errante vida en la mar. Tras una aparatosa caída desde el último piso de una construcción al poco tiempo de comenzar a trabajar como metalúrgico, de la que salió ileso, sufrió un escalofriante accidente laboral al seccionarse literalmente el pie izquierdo desde el talón hasta los dedos, al entrarle una barra de metal incandescente en el pie. Los músculos quedaron seccionados, con su pie agujereado, pero él siguió trabajando pasado un tiempo de recuperación. Unos dos años más tarde, Vicente Blanco se encuentra en otra empresa vizcaína del metal, la Euskalduna, donde sufre otro desagradable accidente en el pie derecho, el cual perdería todos los dedos de dicho pié. A partir de ese momento, fue conocido como El Cojo y tuvo que abandonar Euskalduna por incapacidad para aquel trabajo. Con dos pies prácticamente inútiles, el muchacho tenía dificultades obvias para desplazarse o pasear, por lo que empezó a usar el vehículo con el alcanzaría la gloria, la bicicleta. Estos acontecimientos que cambiaron para bien y para mal la condición física de Vicente, parecen sacados del origen de algún superhéroe del cómic.



El sportman cojo del muelle


Vicente “El Cojo”, con 22 años era pese a su desgracia un chaval animoso que decidió practicar deporte para superar su discapacidad. Bilbao, a finales de la década de 1900, era una de las localidades de España más avanzadas en esta cosa que habían traído los ingleses hacía unos años y que era el Sport. Ya tenía el mejor equipo de Football de la península del momento, el Athletic Club, y en la capital vizcaína y alrededores se practicaba con fruición -además de deportes autóctonos como pelota, remo, o juegos rurales- cosas como el golf, boxeo, la gimnasia, la natación, el atletismo y las carreras de bicicletas, el ciclismo. Este último sport, era más de franceses que de ingleses, pero una sociedad anglófila como era la bilbaína a principios del XX no hacía ningún asco a un deporte que comenzaba atraer a numerosos jóvenes, entre ellos a Vicente. Sobre su primera bicicleta en propiedad, la cual comenzó a usar una vez abandonase el sector siderúrgico, hay diferentes versiones: se dice que la halló en un basurero, abandonada y desvencijada, y que la reparó él mismo con mimo y esmero, como un Gepetto convirtiendo un pedazo de madera en Pinocho; pero también se cuenta que la compró de segunda mano (también desvencijada y oxidada) a una trapera y que estuvo varios meses intentándola reparar. Sea como fuere, ambas versiones coinciden en que la destartalada bici carecía de neumáticos, y que a falta de medios económicos para comprarlos, Vicente colocó unas cuerdas gruesas de amarrar barcos.


En aquella época, la minusvalía no impidió a nuestro protagonista abandonar la actividad laboral y se empleó como pescador de angulas y como botero transbordador de personas, en el bilbaíno muelle de Olaveaga. Se dice que Vicente montó en aquel bote un minigaraje donde reparó su bicicleta, que se había convertido en la sustituta de sus maltrechos pies. No obstante, aquellos empleos no daban económicamente para mucho. Vicente se entrenaba a diario en su bicicleta y se había convertido en un sportman contumaz, capos incluso de correr a pata a gran velocidad a pesar de su cojera de dos piernas, y de nadar a gran velocidad. Por entonces ya había deportistas “profesionales”, que vivían de las ganancias en apuestas, aunque fuese esta actividad deportiva profesional poco más que una loca aventura propia de jóvenes tarambanas, puesto que para la mayor parte de los deportistas de principios del S. XX el deporte debía de ser Amateur. El Cojo, pese a todo, quiso ser deportista profesional, el era un aventurero, un joven y humilde obrero que buscaba ganarse la vida como fuese, y si era realizando su actividad favorita, el deporte, mejor que mejor.


Sea como fuere, antes de decantarse definitivamente por las carreras ciclistas, Vicente probó suerte con la natación y fue campeón de alguna que otra competición. Siguiendo su vocación marina bogó en regatas de bateles y según las crónicas también quedó campeón. Nos e sabe si es del todo cierto, pero pese a su brutal cojera compitió en carreras pedestres, quedando una vez subcampeón y ya con al condición de federado, gracias a la Federación Atlética Vizcaína, el organismo que en la década 1900 agrupaba prácticamente a todos los deportes existentes, sin distinción. Al parecer, incluso hizo pinitos boxísticos, aunque no se sabe si esto fue cierto o no. En todo caso, su triunfo con la bicicleta aún no había llegado.



El ciclista que “volvió de la muerte”


Los triunfos de El Cojo en las carreras pedestres debieron dejar boquiabiertos a los mandatarios de la Federación Atlética Vizcaína (FAV), que no se explicaban como aquel “semi inválido” podía correr tanto, ser tan resistente y pedalear con tanto ahínco aquel simulacro de bicicleta que se había agenciado. Posiblemente fuese hacia 1906, con 22 años, cuando solicitó a la FAV federarse y participar en carreras “a pie” y ciclistas que al Federación organizaba. Al principio, no se tomaban en serio a aquel joven que aparentemente se movía con dificultad, pero cuentan que era capaz de ejecutar acrobáticos bailes con los que quiso demostrar a los directivos de la FAV que no era ningún inútil. A estos les cayó simpático aquel muchacho extrovertido y muy “echao p´alante” (al mas puro estilo bilbaíno), y tras federarle le propusieron apuntarse a las carreras pedestres (que abandonaría pronto) y ciclistas que se celebraban en Bilbao. Compitió en ciclismo por vez primera en una prueba en el viejo velódromo improvisado de la bilbaína Plaza Elíptica, pero con su cabra con neumáticos de cuerda no fue muy lejos que digamos, como fácil es suponerse. Tampoco disponía de equitación adecuada y al no tener pantalón corto, quiso competir en calzoncillos. Al año siguiente, la FVA le procuró una bicicleta de verdad y corrió por primera vez el Campeonato de España de ciclismo que se celebró en Bilbao, quedando décimo. El Cojo empezaba a mostrar sus aptitudes. Con 125 pesetas que ganó por quedar tercero en una carrera en Vitoria, Vicente organizó una boda por todo lo alto con su novia y se retiró del ciclismo durante un breve periodo de tiempo durante aquel 1907. No se dejaba ver y corrieron todo tipo de rumores sobre su estado de salud, hasta el punto de decirse que había muerto, fruto de sus excesos juerguistas y alcohólicos (no se sabe a ciencia cierto si fueron en realidad de tanta magnitud). Hasta la FAV se tragó durante unos días dicha Urban Legend, hasta que en la concentración anual de la Federación, que en 1907 se celebró en el Castillo de Butrón, Vicente resucitó para mayúscula sorpresa de los asistentes cuando apareció sorpresivamente en su bicicleta tocando la flauta al mismo tiempo, cual dios Pan.


Vicente (con la bici) en una prueba ciclista

Vicente fue cuarto en el campeonato de Bizkaia de 1907 y segundo en el de 1908. Aquel año ganó su primera prueba, una carrera en pista en Bilbao de un día. La FAV le envía al campeonato de España en pista en Gijón y se proclama campeón, pese a que un día antes le atacó una diarrea fruto de una pantagruélica jamada de chuletas. Ya por entonces Vicente contaba con una bici de la marca Armor, una de las mejores de la época. Varios triunfos en 1909 consolidan a Vicente Blanco como el mejor ciclista español de la época (también fue campeón de España en pista). El cojo, torpe para andar, volaba sobre su Armor y dejaba a todo el mundo con al boca abierta. Ese mismo año vuelve a ser campeón de España, esta vez en Valencia. El periodista Manuel Aranaz Castellanos dedica elogios al joven ciclista vizcaíno y se convierte en su principal valedor. Vicente comienza 1910 con triunfos (la Irún-Pamplona_Irún, el más sonado) y comienza a plantearse un reto que ningún otro ciclista de la península ibérica había llevado a cabo: correr el Tour de Francia.



Operación Tour


En aquel tiempo, el Tour era ya la principal competición ciclista del mundo, pero aún a años luz de su actual status popular, mediático y comercial. Creada en 1903, la Grande Bouclé era la carrera soñada por todos los ciclistas del mundo, con sus más de 4.000 km. y su condición de competición poco más que extrema, repleta de caminos sin asfaltar, baches, calor, sed, lipotimias, alimentación insuficiente. Era prácticamente el Paris-Dakar de la Belle Epoque, aún más bestia. A nuestro protagonista, las dantescas leyendas sobre el Tour le llenaron de coraje y decidió participar en aquel 1910 en al ronda gala. Blanco era ya una celebridad en Bizkaia, el deportista no futbolista más popular, y sus recibimientos tras los campeonatos de España no tenían nada que envidiar a los que por aquel tiempo recibía el Athletic. Es por ello que la aún pequeña familia ciclista vizcaína recibiera con entusiasmo y orgullo el anuncio de Vicente Blanco de correr el Tour, otra cosa era ya que el apoyase económicamente, ya que no había tanto dinero en la institución como para apadrinar la participación de su mejor ciclista en la mejor competición del mundo. Aranaz Castellanos, que había accedido a la presidencia de la FAV solo pudo facilitarle una carta de presentación para Monsieur Desgrange, el organizador del Tour. No hubo ni tan siquiera medio de transporte para viajar a Francia, y Vicente no podía costeárselo. Por ello, decidió llegar París, donde comenzaba la carrera, en su bicicleta, con escasas provisiones y muy poco dinero. El Tour había empezado antes para Vicente Blanco.


El tour en 1910


Por aquel entonces, no existía el sistema de equipos en el Tour tal y como lo conocemos ahora, aunque ya en 1910 los ciclistas que utilizaban una determinada marca de neumáticos eran agrupados en un mismo equipo, apoyado por dicha marca. Los que no tenían esa suerte iban sin equipo; años después ya empezarán a hacerse equipos por países. Vicente en el Tour 1910 pretendía integrase en algún equipo una vez llegase a parís desde Bilbao, si bien la empresa madrileña Continental le había proveído de neumáticos y finalmente le prometiese seis reales por cada kilómetro que corriese en la competición. No solo no era suficiente para todos los gastos del viaje hasta el inicio de al carrera sino que tampoco facilitaba la integración en ningún equipo, ya que Vicente iba a ser el único corredor financiado por la empresa española. Vicente llegó el 2 de julio a París, exhausto, casi sin comer y medio enfermo, aunque con tiempo sobrado para inscribirse, dotarse de una mejor bicicleta (la suya tenía las gomas destrozadas) y conseguir mejores financiadores. Se fue a al fábrica de bicicletas Alcyon, que había proveído a François Faber, el último campeón del Tour. No le ayudaron nada pero allí conoció a Joaquín Rubio, un mecánico español que le proporcionó una bicicleta y el acompañó a inscribirse en la sede del periódico organizador de la ronda, L´Auto. Finalmente, Vicente se inscribió como corredor sin equipo.


Vicente Blanco comenzó la carrera en bastante malas condiciones físicas fruto del penoso viaje hasta Francia. No era de extrañar que no durase nada, concretamente solo tres etapas. Quedó noveno en la primera, que discurría entre París y Roubaix y que ganó el holandés Vanhowaert. Nada mal, si tenemos en cuenta que nuestro protagonista pocos días antes estaba que no se tenía. Disputó la siguiente, que llegó a Metz, pero en el transcurso de la tercera, que concluía en Belfort, completamente exhausto, abandonaría. Años mas tarde declararía: “Me retiré porque la aventura más peligrosa era marchar en solitario. Las carreteras eran estrechas, y no solamente había que ir sorteando los baches, salvando las piedras que se cruzaban, sino que había que guardarse mucho del polvo que levantaba el corredor de delante, impidiendo ver las cunetas”. Así terminaba la aventura en Francia del dorsal 55 del Tour 1910, el mejor ciclista de España en un país que aún estaba lejísimos en cuanto a apoyo social al deporte del ciclismo, en comparación con lugares como Francia o los Países Bajos.



Las últimas pedaladas del Cojo


Vicente no volvió a correr el Tour, pero siguió como ciclista hasta 1916, con 32 años. Siguió cosechando triunfos hasta 1912, como campeonatos vasconavarros o pruebas de un día, además de ser tercero en la primera Volta a Catalunya en 1912. Seguía siendo juerguista y glotón, pero siempre un ser humanamente excepcional. Tras su retirada se dedicó al transporte de mercancías. No se sabe muy bien, pero después se metió en otros negocios los cuales resultaron ruinosos y le terminaron por llevar a al pobreza. Su fecha de fallecimiento esta datada el 24 de mayo de 1957 en Bilbao, aunque esto se ha podido cerificar hasta hace relativamente poco. Muy poco se sabe de la actividad de Vicente Blanco en los últimos años de su vida. Un juguete roto más, que murió olvidado y en la miseria.


Vicente Blanco, “El Cojo”, atleta legendario, personaje extraño y contradictorio, el primer gran deportista de la historia que hoy daríamos en llamar paralímpico. Ejemplo de lucha y de voluntad cuya crónica de modo alguno debe olvidarse

lunes, junio 29, 2009

El aparatito de Lumiere - TETRO


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La década de 2000 no ha sido precisamente muy prolífica para el gran Francis Ford Coppola, bastante desencantado con al industria de Hollywood y mas centrado en los últimos años en sus negocios vinícolas y hosteleros. Su anterior y esperiemental película Juventud sin Juventud (2005) no fue estrenada en muchos países, ocho años después de que firmase la anterior, Legítima defensa (1997). Lo cierto es que el genial creador de obras maestras del séptimo arte de la talla de El Padrino (1972) y secuelas, La Conversación (1974), Apocalipse Now (1979), Corazonada (1980) o La ley de la calle (1983), ya no parece querer saber mucho de su propio país a la hora de rodar y últimamnte le ah dado por embarcarse en coproducciones con distintos países, como ene esta Tetro , aceptable película en régimen de coproducción entre EEUU, Italia, España y Argentina y filmada en este último país, con la mayoría del personal técnico de la tierra de los gauchos. Con guión del propio Coppola, la película esta lejos de sus mejores filmes, por no decir ya de obras maestras tan indiscutibles como El Padrino o Apocalipse Now, lo que lleva a pensar que todos esos años sabáticos que el de Detroit se ha pasado han sido, cuanto menos, algo contraproducentes.


Tetro cuenta la historia del reencuentro de dos hermanos tras 10 años de separación en la ciudad de Buenos Aires. Allí vive Angelo, más conocido como tetro (Vincent Gallo), italoargentino de 38 años de edad criado buena pate de su vida en EEUU y que en ese momento es un escritor frustrado y amargado; allí recibe la visita de su hermano Bennie (Alden Ehrenreich), 20 años más joven que el y que ha residido estos en Nueva York junto a su padre, un reputado músico (Klaus Maria Brandauer). La búsqueda de respuestas por parte del joven Bennie sobre la razón por la cual Tetro les abandonó (inicialmente para tomarse un año sabático e iniciar una novela) y un intento lleno de obstáculos para reestablecer la relación con su difícil hermano, servirán para desenterrar fantasmas del pasado y sentimientos de culpa, con la omnipresente sombra de un conflicto familiar mas grave de lo que aparenta. El descubrimiento de un manuscrito inacabado de Tetro por parte de su hermano, llevará al muchacho al desafío de terminar dicha obra, de tinte autobiográfico. La verdad es que la historia tiene mimbres, muchos elementos de interés y esta muy bien traída, pero a la película le falta más convicción en si misma. Rodada en su mayor parte en un bello blanco y negro obra de Mihai Malaimare Jr., que nos remite a filmes de Coppola tan míticos como La Ley de la calle (donde se contaba también la relación entre dos hermanos) y con muy buenas imágenes como solo un maestro sabe conseguirlas, Tetro peca sin embargo de ser una película demasiado encorsetada, a veces un poco pretenciosamente estilística -la inclusión de varios bailes y coreografías no siempre resulta oportuna pese a su pretendido valor simbólico, cosa que no se puede decir del acertador recurso de mostrar algunos recuerdos y otros momentos en color- y además en su esfuerzo por atrapar la esencia de los barrios con más solera de Buenos Aires y el espíritu creativo argentino, con homenajes al tango y algunos mas soterrados a Cortazar, no siempre sale bien. Si que es cierto que Coppola no ha hecho ninguna postal turística de Buenos Aires (otros directores lo harían), peros situar el clímax de al película en la Patagonia suena a un recurso bastante tramposo.


Rodada en inglés y castellano, además de sus dos protagonistas norteamericanos, un Vincent Gallo (actor y director con fama de broncas, pasota y polémico) realmente inmenso y un Ehrenreich verdaderamente prometedor, la mayor parte del reparto es argentino, aunque estos sean meros comparsas, destacando tal vez Rodrigo de la Serna, Mike Amigorena y Leticia Brédice. Maribel Verdúa y Carmen Maura ponen la nota española, la primera como la sufrida e inteligente novia de Tetro, Miranda (esta espléndida), y la segunda como una influyente crítica de arte argentina, en un papel demasiado almodovariano. El gran Klaus Maria Brandauer, borda el papel del padre de los protagonistas, un personaje ambiguo, inquietante y esquivo, el verdadero motor de la película En el doblaje al castellano de la peli, viva la chapuza. Todo el diálogo original en castellano de los actores argentinos desaparece, ya que han sido doblados por actores de doblaje españoles, que eso sí, se esfuerzan por imitar el acento argentino. Carmen Maura se dobla a si misma, pero no Verdú.


Nadie puede reprochar a Coppola no saber contar una interesante historia de luchas y conflictos que trata de mostrar la verdadera naturaleza de la dominación, que es el poder del más fuerte, y lo que origina todo conflicto, adornado con oportunos homenajes a la Olimpia de Hoffman (y su adaptación en ballet Coppellia). El juego de apariencias, la codicia, la culpa, la envidia, van sirviendo el sorprendente desenlace el cual se prolonga tal vez más de lo necesario. Película estimulante, pero sin todo el genio suponible en un gran maestro.