**** y 1/2
Vuelve
el cine experimental para grandes salas. A la espera de la inminente Boyhood, de la que ya tendremos tiempo
de hablar, Locke es el primer filme
más o menos revolucionario que nos llega en esta nueva temporada
cinematográfica en donde parece ser que veremos bastantes cosas curiosas. Esta
insólita producción británica que nos ocupa dirigida por Steven Kinght es un
drama con un solo personaje con presencia física, el Locke del título
interpretado por Tom Hardy (Origen, El
Topo, El caballero oscuro: la Leyenda
Renace) y un solo escenario aunque eso si “itinerante”: el interior de un
coche. Y la historia, lejos de ser una road movie, es un drama psicológico, y
bastante logrado precisamente por lo peculiar de la puesta en escena. Una película
de sentimientos personales (los de su protagonista) que van tejiendo una
historia “en off” que nosotros vamos oyendo en boca de Ivan Locke y las
personas con las que habla por teléfono (manos libres, claro) en un trayecto
nocturno de más de dos horas- levemente
resumido en el filme en hora y media-
por una carretera del sur de Inglaterra rumbo a Londres. Un ejercicio
arriesgado el de esta película cuyo resultado no solo ha sido convincente sino
que ha sido también espectacular. Solo con las imágenes de Tom Hardy en el
asiento de su coche el espectador se puede quedar cautivado con el viaje del
protagonista, rodeado de luces de coches por la autopista por la noche,
visionado desde diferentes planos, mostrando con su voz y con su rostro todo el
dramatismo de la complicada situación personal que nos describe la historia…un
fenomenal trabajo el de Tom Hardy que consciente de que la película solo puede
triunfar en su propósito con su labor interpretativa y ha echado toda la carne
en el asador. Magistral
Ivan Locke, un capataz de obra de cuarenta y tantos
años ha tomado el coche súbitamente abandonando su puesto trabajo y se dirige a
Londres. Comunica por teléfono a su esposa y sus hijos adolescentes que llegará
a casa muy tarde y a sus compañeros de trabajo y jefes que no acudirá a la
mañana siguiente a un importante compromiso laboral. Después averiguamos que la
razón de todo esto está en una llamada que ha recibido antes de empezar la
trama y que en pocos segundos ha cambiado su vida totalmente, tanto en el plano
familiar, como en el laboral y el personal: ya nada será lo mismo para Locke,
su vida amenaza con derrumbarse y el es consciente de ello. Realistas e
intensos diálogos entre el protagonista y sus interlocutores (su mujer, sus
compañeros de trabajo, sus hijos, amigos, etc) que escenifican literalmente una
historia que no estamos viendo pero que percibimos como si se materializase
delante de nuestros ojos. El doblaje impide apreciar el punto de la intensidad
de las interpretaciones vocales de los actores que interpretan a los
interlocutores de Locke, pero hay que decir que el doblaje al castellano está
bastante logrado. Al final, al espectador le queda la sensación de haber
asistido a un espectáculo cinematográfico y narrativo único tal vez lastrado por
una sensación de desubicación temporal (la película parece más larga de lo que
en realidad es) fruto posiblemente de el hecho de ver siempre el mismo
escenario. Una película imprescindible que nos dice que el cine más arriesgado
es artística y comercialmente posible.
Completamente de acuerdo. ¡Extraordinaria! ¿Se podría acercar a "obra maestra", jefe?
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