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Últimamente
se echaban falta en las pantallas dramas verosímiles y creíbles, y burla
burlando ha llegado este estupendo filme francés que con un minimalismo
narrativo y escénico bastante notable, una historia sugerente y a su manera
tremenda sobre todo y grandes dosis de introspección psicológica y humana tanto
desde su vertiente más pesimista como esperanzadora, ha logrado una película
sugerente y extrañamente conmovedora que demuestra que detrás de los pirineos
se encuentran grandes orfebres del drama como el director Benôit Jacquot, un
veterano que domina la narración en imágenes como nadie incluso metiéndose en
extraños vericuetos estilísticos.
Apoyada
por un reparto eficaz, la película se sustenta en sus personajes para contar
una extraña relación a dos bandas que se sucede durante varios años, surgida
por azar y con un final que se antoja incierto. El belga Benôit Poelvoorde, uno
de los más solicitados actores de lengua francesa de los últimos años, encarna
con una total solvencia a un personaje dubitativo e incierto que se mueve entre
lo patético y lo sublime: Marc, un inspector de hacienda con problemas del
corazón que tras ver esfumarse accidentalmente lo que podía ser la cita de su
vida con Sylvie (Charlotte Gainsbourg) una joven lastrada por sus problemas
emocionales y de matrimonio, emprende poco después una relación con Sophie
(Chiara Mastroiani) una mujer también casada que termina dejando a su marido y
que es la hermana de Sylvie sin que Marc -durante bastante tiempo aún con el
recuerdo de ella- lo sepa. Una historia sobre casualidades, fatalidades,
oportunidades perdidas e intercambio de roles (el destino de las hermanas
termina siendo intercambiado) todo bajo el poderoso influjo de los sentimientos
y el corazón, que en el caso de Marc se encuentra enfermo en el sentido literal
de la palabra. Gainsbourg y Mastroiani demuestran ser bastante más que dos
“hijas de” (curiosamente la mítica Catherine Deneuve, madre de Chiara -junto
con Marcello Mastroiani- interpreta a la madre de las chicas) y componen
magistralmente sus papeles de dos hermanas a las que la fortuna les ha deparado
una suerte dispar por causa indirecta del mismo hombre, viviéndolo de manera extrema
y descarnada. Con algún apunte de comedia, momentos de puesta en escena un
tanto simbólica y utilización de recursos casi descontextualizados (la voz en
off que narra algunos pasajes de la historia en los momentos más tensos) 3 Coeurs se postula como una película
que pese a su amargura formal, se deja ver y mucho.
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