miércoles, noviembre 02, 2011

El aparatito Lumiere LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO (ADVENTURES OF TINTIN)

 
  
****

Por fin llegó. Mucho se ha estado hablando en los últimos años de la esperada adaptación de Tintín al celuloide por parte de Steven Spielberg y Peter Jackson y se esperaba con ansiedad esta traslación realizada en formato animación digital con la técnica motion capture, tanto por parte de seguidores acérrimos del personaje de cómic creado por el gran Georges Remi Hergé en 1929 como por amantes del cine de aventuras y de evasión, de los cómics en general, y como no, de los fans de la obra del eterno rey midas del séptimo arte, Steven Spielberg y de los de su aventajado discípulo, el neozelandes Peter Jackson (saga El Señor de los Anillos, King Kong). Un maridaje artístico interesante el de Spielberg y Jackson (director y productor de este filme, respectivamente) ya que salvando las distancias Peter Jackson podría ser considerado en muchos aspectos el sucesor de Spielberg. Y Tintín, uno de los personajes más leídos y míticos del noveno arte comiquero y todo un icono cultural europeo se merecía un tándem profesional de ese calibre y una adaptación al cine tan digna como la que estos dos cineastas nos ofrecen: más de 100 minutos de cine de evasión al cien por cien con acción, aventura y humor para dar y tomar respetando y homenajeando además todo el universo del inmortal personaje de tinta china. Los fans irredentos y estudiosos de Tintín (denominados “tintinólogos”) pocas pegas o ninguna encontrarán a esta adaptación que -aunque tomándose algunas licencias hollywoodienses y comerciales-  resulta bastante fiel a los álbumes de Tintín y su espíritu entre épico, naïf, irónico, cosmopolita, exótico y repleto de enseñanzas morales y éticas en un contexto de aventura “de toda la vida”: ha sido un acierto hacer una adaptación animada 3D infográfica en lugar de una con actores de carne y hueso permanentemente en la pantalla (los hay en esta película, pero prestando solo sus movimientos y voz a los personajes), tanto acción, personajes y escenarios ofrecen un espectáculo visual de primer orden que con métodos tradicionales no hubiese hecho justicia al cómic original. Es cierto que una animación 3D puede resultar chocante para adaptar un tebeo de la escuela europea llamada “Línea Clara”, basada en trazos muy marcados y concretos y volúmenes y colores simples, pero el resultado final no chirría en ningún momento. Unas imágenes muy bellas en definitiva con un diseño de  personajes que combinan magistralmente el realismo con lo caricaturesco respetando al máximo posible la apariencia de los personajes en las viñetas (Tintín es en esta película precisamente el personaje con rostro más realista)

Spielberg tenía los derechos cinematográficos sobre el personaje desde 1983, pero debido a al dificultad del proyecto lo fue apartando en años sucesivos hasta convencerse que había llegado el momento principalmente debido a los avances tecnológicos en el mundo del celuloide. Tal y como al parecer dijo el propio Hergé tras ver En busca del Arca Perdida, Steven Spielberg era el director ideal para llevar a Tintín la cine y así ha sido. El adolescente reportero belga ya había tenido dos olvidables adaptaciones francesas en carne y hueso en los sesenta no basadas en ninguna aventura del personaje, un par de series de animación para televisión, dos pelis de dibujos animados para la pantalla grande y hasta una casi perdida película con muñecos stop motion en los años 40, pero se puede decir que su momento cinematográfico ha llegado por fin de la mano de este filme, el primero de una trilogía planeada por Spielberg y Jackson y de la que evidentemente penderá siempre  la sombra de la serie Indiana Jones, que guarda no pocas similitudes con las aventuras de Tintín. Para esta supuesta primera película de una nueva serie, se ha optado por adaptar tres de los mejores álbumes de Tintín: El Secreto del Unicornio (1943) (sobre el que esta basado el grueso argumental del filme), El Tesoro de Rackhman el Rojo (1944) (solo el principio), y El cangrejo de las Pinzas de Oro (1941) (que sirve para incluir el primer encuentro entre Tintín y el borracho e incorregible Capitán Haddock), una buena introducción ya que dichos álbumes concentran gran parte del espíritu tintinesco: búsqueda de algo valioso, localizaciones exóticas, villanos de opereta, situaciones al límite y un sin fin de aventuras y desventuras. El guión que firman Steven Moffat, Edgar Wright y Joe Cornish ha sabido conciliar el concepto actual del cine de evasión con la aventura tintinesca y resultará atractivo para cualquier público, independientemente de que haya leído o no cómics del personaje y siempre que tenga un espíritu infantil-adolescente (como es recomendable tener ante este tipo de cine) y este desprovisto de prejuicios. Resulta una delicia seguir al siempre avispado y marisabidillo Tintín junto con el descacharrante Capitán Haddock (que en este filme no olvida sus inmortales y rebuscados insultos ni su afición por el whisky) en su búsqueda de los pergaminos que contienen las pistas para hallar un fabuloso tesoro hundido en un barco del siglo XVII cuyo capitán era un bravo antepasado del perdedor y desmañado Haddock, con el pérfido Sakharine al acecho, los patosos policías Hernández y Fernández haciendo el canelo y el perrito Milú sacando a los protagonistas de apuros como de costumbre. Spielberg demuestra haberse adaptado magistralmente al Motion Capture y ofrece unos personajes cuidadosamente presentados y con enorme realismo infográfico y unos escenarios currados hasta el más mínimo detalle: como muestra, el espectacular realismo de la ciudad marroquí de Bagghar, las dunas del Sahara  o la travesía oceánica del Karaboudjan. Y en cuanto a escenas, es de mencionar la super adrenalina que desprenden los espectacularmente vertiginosos planos-secuencia de la persecución en Bagghar o la deslumbrante batalla naval en el flashback de la historia de Francisco de Haddocke contra el temible  Rackhman el Rojo: colosal. Y eso, solo por citar algunos ejemplos.

Una buena parte de lo bien que funciona el filme no sería posible sin las interpretaciones (con sensores de movimiento) de Jamie Bell, como un más que convincente Tintín, Andy Serkis (el Gollum de El Señor de los Anillos) como el capitán Haddock -increíble, ¡Haddock vive y es Andy Serkis!- Daniel Craig como Ivan Ivanovich Sakharine y Simon Pegg y Nick Frost como  Hernández y Fernández. En la peli también aparecen personajes tan significativos en el universo de Tintín como el carterista Aristides Silk (Toby Jones), el jeque Omar Ben Salaad (Gad Elmaleh) y la cómicamente altiva  diva operística Bianca Castafiore (Kim Stengel) quien tiene un momento crucial en el filme. Habrá que esperar a las próximas entregas para ver al Profesor Tornasol y al malvado Rastapopoulos. Momentos dados extraídos de varias aventuras de Tintín, guiños fugaces a álbumes míticos del personaje, un directo homenaje a Hergé al principio del filme, autorreferencias spielberganias y unos excelentes títulos de crédito iniciales ponen de manifiesto que esta película quiere no solo ser una adaptación al cine sino un más que merecido homenaje a Tintín y al mundo del cómic con mayúsculas. Una muestra de cómo se puede hacer una gran película desde el entretenimiento y con un máximo aprovechamiento de las nuevas tecnologías.                

martes, noviembre 01, 2011

Mis 50 discos que te cagas (36): DAVID BOWIE – SCARY MONSTERS (1980)



Una nueva década empezaba para David Bowie en 1980 y también empezaba para él una nueva etapa, de nuevo en el Reino Unido tras tres años en Alemania en los cuales alumbró la llamada trilogía berlinesa tres innovadores e influyentes álbumes de pop rock electrónico y ambient experimental (Low, 1977; Heroes, 1977 y Lodger, 1979) que sentaron las bases del tecno pop y el electro de muchos grupos y artistas en los años siguientes. Sin Brian Eno, coartífice musical y co-compositor de muchos temas de la magistral triada, pero aún con el co productor (y amigo) Tony Visconti y algunos de los músicos que participaron en aquellos álbumes, el ya considerado camaleón del rock y una de las principales estrellas musicales del momento por derecho propio quiso hacer un LP más accesible que los de la etapa de Berlín pero sin renunciar al tono vanguardista y experimental de aquellos. El resultado fue un álbum espectacular, sobrecogedor y verdaderamente fascinante que demostró que David Bowie era sencillamente el músico con mayor capacidad de adaptación de cuantos existían en el mundillo del pop rock, capaz de avanzar y a su manera diseñar  y crear sonidos y ritmos (aunque, eso sí, en base a ideas previas que él tomaba generosamente prestadas de otros músicos de distinto pelaje)  que en poco tiempo serán asumidos por otros artistas y bandas incluso más jóvenes que él. Esto fue lo que ocurrió con Scary Monsters con un Bowie que seguía con su afán de sorprender musical y estéticamente creando una obra inscrita dentro de los parámetros de la nueva ola  musical pero en su vertiente más avanzada e innovadora ahora que empezaba a emerger una rama de la new wave, estilizada, posmoderna, cultureta y gualdrapas que idolatraba a Bowie por encima de todas las cosas y que el Delgado Duque Blanco no tardará en adoptar estilística y conceptualmente: los new romantics. Rock vanguardista de primera calidad pero asequible que aumentó aún más el prestigio del polifacético  David Bowie y lo convirtió aún más si cabe en estrella. Número uno en las listas británicas de LPs después de 6 años (Diamond Dogs de 1974 fue el último) y con singles en lo más alto de las radiofórmulas, Scary Monsters además de un éxito comercial fue la última obra maestra de Bowie. Se acabaron a partir de este disco los álbumes con cinco estrellas, pero no eso importa

Bowie estaba convencido de que había que enterrar los cocainómanos años de Berlín (en los cuales se le iba la olla con frecuencia con declaraciones en las que llegaba a elogiar a Hitler, fruto de posiblemente de sus sobredosis con los polvos blancos)  al menos desde su vertiente estética y en la carpeta del disco Bowie nos presenta a su nuevo personaje, un inquietante clown blanco postmoderno que explotará en el vídeo del primer single Ashes to Ashes. Precisamente este magnífico tema es el mejor y el más emblemático de Scary Monsters, un siniestro himno de pop electrónico en el cual recuperó al mítico Comandante Tom, el protagonista de su Space Oddity,  en donde se dejaba clara la simbología del comandante y de aquella canción: “sabemos que el Comandante Tom es un yonki”. Una curiosa desmitificación de la idolatría pop y del propio universo de Bowie ofrecida en un suntuoso envoltorio de sonidos electrónicos servidos principalmente por el sintetizador de guitarra de Chuck Hammer y su inolvidable y fascinante riff electrónico minimalista que realmente creó escuela en el tecno y el synth pop de los primeros ochenta. Un espectacular y delicioso tema que además de llegar al nº 1 en listas se considera ya como  una de las mejores canciones del David Bowie, por no hablar de su fascinante y revolucionario video rodado con imagen solarizada  y con la participación de algunos de los primeros “discípulos” de Bowie new romantics, entre ellos Steve Strange, el futuro líder de Visage.   

El disco en su totalidad en realidad es variado en cuanto a estilos y propuestas, aunque siempre con ese barniz vanguardista-experimental servido principalmente por los sintetizadores de Chuck Hammer y Andy Clarck y la guitarra afilada e imprevisible del omnipresente Robert Fripp, fundamental en temas como Fashion, Scary Monsters (and Super Creeps) y It´s No Game. Roy Bittan, pianista de la E Street Band de Springsteen y Pete Townshend de The Who, también se asoman con acierto a este álbum. Hay heavy electrónico-experimental como It´s No Game (Nº 1) con un Bowie forzando su garganta al máximo -el Nº2, el último corte del disco contiene la mismamelodía con un tempo más de pop rock nuevaolero y una interpretación vocal más contenida-; piezas aptas para pistas de baile pero con un tono excéntrico y vanguardista como Fashion (otro single de éxito) y sus curiosos juegos guitarreros y de coros; pop rock épico y efectivo como Because You´re Young o arrebatador pop liviano electro-acústico como Up the Hill Backwards con una rica covertura vocal en donde David comparte protagonismo con Tony Visconti y los coristas Lynn Maitland y Chris Porter. Scary Monsters (and Super Creeps) pone una nota hard y afectada con la voz de Bowie cuasi distorsionada en medio de un atrayente y veloz marasmo rítmico. Hasta una versión como Kingdom Come de Tom Verlaine, líder de la banda punk neoyoquina Television suena como un genuino tema Bowie y recordando mucho además a la épica de Heroes.    

Como venía siendo habitual, al voz de David Bowie sonaba tan versátil, variada e impresionante como siempre, teniendo en este disco sus puntos álgidos en Ashes to Ashes, las dos It´s no Game, Kingdom Come, Scary Monsters y Teenage Wildlife.  David Bowie seguía demostrando que era de los más grandes, pero por desgracia este álbum marcará un antes y un después: jamás volvería ha vuelto a hacer un disco excelente. Pese a que con Let´s Dance (1983) venderá más discos que nunca y ampliará notablemente su público, David Bowie jamás volverá a ser el mismo, aunque hasta el momento actual será capaz de hacer una mayoría de discos aceptables. Tras la gira de Scary Monsters, Bowie vio aumentados sus problemas con las drogas y no publicará un nuevo LP hasta 3 años después. Pero tribulaciones y líos a parte, Scary Monsters merece una consideración de obra maestra que la crítica a menudo le niega. Su influencia en el pop new romantic, el tecno pop y algunas vanguardias musicales posteriores fue decisiva. 


FICHA TÉCNICA

Géneros: Art Rock, Pop-Rock de Vanguardia, New Wave, Pop Electrónico, Rock Experimental,
Publicación: septiembre 1980
Sello original: RCA
Producción: David Bowie y Tony Visconti
Duración: 45:08
Músicos:
David Bowie: voz, teclados, saxo
Carlos Alomar: guitarras
Robert Fripp: guitarra
George Murray: bajo
Dennis Davies: percusión
Andy Clarck: sintetizador
Roy Bittan: piano en Teenage Wildlife, Ashes to Ashes y Up the Hill Backwards
Chuck Hammer: sintetizador de guitarra en Ashes to Ashes y Teenage Wildlife
Pete Townshend: guitarra en Because You´re Young
Tony Visconti: guitarra acústica en Up the Hill Backwards y Scary Monsters, coros
Lynn Maitland, Chris Porter: coros
Michi Kirota: recitado en japones en It´s No Game (Nº1)


Track listing

1- It´s No Game (Nº1)
2- Up the Hill Backwards
3- Scary Monsters (and Super Creeps)
4- Ashes to Ashes
5- Fashion
6- Teenage Wildlife
7- Scream Like a Baby
8- Kingdom Come
9- Because You´re Ypung
10- It´s No Game (Nº2)

miércoles, octubre 26, 2011

El aparatito Lumiere NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS




***

Un nuevo e interesante thriller del bilbaino Enrique Urbizu, que se ha convertido en todo un especialista hispano en el género desde que con La caja 507 (2002) lograra sorprender a propios y extraños y consiguiese enderezar una trayectoria que hasta ese momentos se había mostrado errática e irregular pese a unos comienzos prometedores. De nuevo con el versátil José Coronado como actor protagonista, No habrá paz para los malvados es una película muy interesante de seguir y estructurada como un western (hasta el título parece propio del género, en su vertiente spaggetti) en donde las acciones de un solo personaje mueven toda la trama de la película, la cual parece tiene bastantes trasfondos y subtramas pero que al final no resultan ser tan importantes ya que la historia es en realidad un juego de falsas apariencias. Santos Trinidad, un inspector de policía alcohólico, desaliñado, violento, en horas bajas profesionales y personales y con muchos aspectos turbios en su expediente se en envuelto en una oscuro caso que se inicia con un tiroteo en el que mueren varias personas. A partir de allí, una espada de Damocles parece cernirse sobre su cabeza desde el mismo momento en que un una ambiciosa y avispada jueza (Helena Miguel)  y un intachable inspector antiguo compañero de Trinidad (Juanjo Artero) comienzan una investigación en donde se concitan varios turbios asuntos y en donde desfilan todo tipo de personajes (policías, comisarios, soplones, empresarios de la noche, narcotraficantes) cada uno de ellos con extraña ambigüedad moral: hay mucho que ocultar.

El guión escrito por Urbizu y Michel Gaztambide esta genialmente logrado por la razón de que no se nos da apenas información sobre los entresijos de la trama y ni sobre el personaje de Santos Trinidad y pese a ser así desde el principio hasta el final de la película, todo queda explicado por los hechos y por el interesante desenlace del filme. Un personaje realmente bombón el de Trinidad al que José Coronado da vida con convicción y entrega: una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha (¿para el Goya, quizás?). No hay excesiva violencia (la justa) y no se abusa de tópicos y recursos fáciles del género policial, resultando por ello bastante creíble. Su mensaje final de “homenaje al antihéroe” tiene su aquel y da que pensar especialmente en lo concerniente al tema de la importancia de los prejuicios. Una muestra de cómo planteando inteligentemente una película el resultado es casi siempre bueno.    

martes, octubre 25, 2011

PEARY Y COOK A LA CONQUISTA DEL ÁRTICO: UNA HISTORIA DE DUDAS Y ENGAÑOS

 


El explorador norteamericano Robert Peary (1856-1920) es el hombre al que se atribuye la hazaña de ser el primer ser humano en pisar el polo norte. De acuerdo con el diario de su expedición, esto fue el 6 de abril de 1909. No obstante, tras regresar a Estados Unidos, Mr.Peary se encontró con que gran parte de la comunidad científica y exploradora no se creía que hubiese llegado al polo norte, ya que los datos que aportaba en su diario estaban llenos de inexactitudes. Para colmo, otro explorador, el médico Frederick A. Cook (1865-1940) (que participó en una expedición de Peary en 1892) a la llegada de Peary afirmó haber arribado un año antes al polo norte (la expedición de  Peary comenzó en julio de 1908). Hoy en día incluso muchos siguen poniendo en duda que Robert Peary llegase aquel día al polo norte, aunque esta comúnmente aceptado que el Dr. Cook jamás llegó al polo. En todo caso, tanto Peary como Cook, genios y figuran tuvieron en común una cosa: fueron dos perfectos mentirosos. Aunque casi seguramente Peary fue el primer hombre en el polo norte, algunas de sus exploraciones anteriores tuvieron algo de fraude, sin restarle ningún merito como gran conquistador del Ártico y enorme innovador de las técnicas de exploraciones en zonas heladas y en general. No se pueden tener tan buenas palabras con su rival Cook, cuyos logros fueron un total camelo premeditado.   

A finales del siglo XIX, los dos extremos de la tierra, el polo norte y el polo sur eran dos tierras totalmente desconocidas para el hombre. Nadie había llegado hasta allí y estaba claro que en los siglos del XV al XIX nadie en su sano juicio se hubiese atrevido a navegar hacia los confines de la tierra,  esos paisajes misterioso y helados en donde cualquier mortal (salvo los aborígenes “salvajes” de los polos, aclimatados, y acostumbrados a vestir ropajes de pieles de semidesconocidos animales de las nieves) perecería de frío. Esto se acabó con la llegada de Peary al polo norte. Pero ¿fue Peary el primer hombre en llegar al polo norte? ¿Mintió? (“¡El polo al fin! El precio de tres siglos, mi sueño y mi ambición durante 23 años. Mío al fin”  escribió Peary en su diario el 7 de abril. ¿Realmente llegó Cook antes? ¿O fue él también un impostor? ¿No llegó ninguno? Aunque en todas las enciclopedias y libros de historia Robert Peary figura como el primer explorador del polo norte, aún muchos historiadores y científicos lo niegan aportando pruebas. No obstante, desde el primer momento la reclamación de Cook fue desechada por expertos y el Congreso de EEUU otorgó a Peary un reconocimiento oficial y en los años siguientes a la hazaña, el explorador fue objeto de numerosos homenajes y premios. Se retiró en 1911, dos años después de la conquista del polo y falleció en 1920.      

Para entender el alcance de la expedición de Robert Peary al polo norte, es necesario detenernos en la biografía del personaje. Peary nació en Cresson, Pennsylvania en 1856. En 1886 comienza a hacer expediciones al ártico, concretamente aquel año exploró Groenlandia en trineo tirado por perros. Entre 1890 y 1891 efectuará varios viajes y expediciones por Groenlandia y se convierte en un gran conocedor geográfico de la isla así como comienza a conocer la cultura de los esquimales y su habilidad para desplazarse recorriendo millas y millas por las gélidas tierras árticas. Peary no tardará en adoptar a los esquimales como sus sherpas del polo norte en expediciones posteriores al tiempo que empieza a fraguar su gran ambición: llegar al polo norte geográfico, un inhóspito desierto de mar helado al norte de Groenlandia a la que aún ningún ser humano había llegado. Peary utilizó también el modo de vida esquimal que había aprendido para sobrevivir en el polo norte (construcción de iglús, utilización de trajes de pieles) y creó un sistema de exploración para el ártico a base de la utilización de varios equipos y de apoyos varios que será utilizado por diferentes exploradores en años siguientes. Entre 1898 y 1902 realizó una serie de nuevas expediciones por Groenlandia por las que consiguió enorme fama. En 1900 descubrió el Cabo Jesup en el norte de Groenlandia (lo más al norte de la tierra que un hombre había llegado jamás) y dos años mas tarde aún llegó mas lejos al llegar a la isla de Ellesmere, al norte de Canadá.

Antes de llevar a cabo la expedición de 1908-1909 en la cual llegó supuestamente al polo norte geográfico, Peary organizó un viaje más allá de la isla de Ellesmere a bordo de un barco (el Roosevelt) que debería de abrirse peso a través del hielo. Fue la expedición de 1905-1906. Tras emplear el Roosevelt, llegó un  momento en que los trineos eran necesarios y entonces Peary y sus hombres atravesaron las aguas heladas del Océano Glacial Ártico desde el norte de Ellesmere. Las inclemencias meteorológicas, el hielo fundiéndose y la poca pericia de los expedicionarios hicieron que en teoría no pudiesen avanzar más allá de los 86º30´ de latitud al norte: el aseguró haber avanzado algo más al día siguiente, pero esto no parece que fue cierto. Peary empezaba a ganarse una fama de “farolero”, exagerado e incluso de embustero entre algunos de sus colegas exploradores y entre geógrafos, pero también es cierto que su habilidad en el cálculo matemático para calcular rumbos, latitudes y coordenadas y su pericia técnica eran sencillamente magistrales e inexistentes en ningún otro explorador, lo que también suscitó enormes admiraciones. En el viaje de vuelta a bordo del Roosevelt, Peary aseguró haber llevado a cabo una serie de exploraciones y descubrimientos geográficos cuanto menos dudosos: la cima del Cabo Colgate (no se tiene certeza si Peary la alcanzó, aunque si que descubrió el cabo) y la llamada  Tierra de Crocker, un paraje que en 1914 se descubrió que no existía. No obstante, la National Geographic Society creyó firmemente en todos los últimos descubrimientos de Peary y por sus méritos acumulados desde finales del siglo XIX (sin contar con esta última  extraña expedición, ya eran dignos de admiración y de una gran importancia geográficamente hablando), le concedió la medalla de oro.  


La siguiente expedición (1908-09) fue la del asalto al polo y Peary partió con 23 hombres a bordo del Roosevelt el 6 de julio de 1908. El 6 de abril de 1909, Peary  y solo cinco de sus 23 hombres (cuatro de ellos esquimales), consiguieron poner fin a la expedición alcanzando el polo norte. ¿Llegó? ¿Llegó Cook antes que él? Lo cierto es que entre los argumentos de los que (aún hoy día) defienden que Peary jamás llegó al polo norte se encuentran estos:  
- Peary omitió en sus diarios de viaje bastante información sobre coordenadas y longitudes y de las que figuran muchas parecen inconsistentes. Ninguno de sus cinco coexpedicionarios en la conquista final del polo norte pudo confirmar la exactitud de estos datos ya que no tenían conocimientos sobre navegación (la mayoría, recordemos, eran nativos del ártico). Además, por razones desconocidas, Peary no redactó nada referente al viaje de vuelta en su diario de bitácora una vez alcanzado el polo.
- Hay datos inconsistentes en cuanto a la velocidad del barco, que en un momento dado (giro hacia el sur desde el llamado en honor al capitán del Roossevelt Campamento Barlett) aumenta considerablemente, algo que contradice el testimonio de Henderson, el segundo de abordo en la expedición, quien aseguraba que ese tramo fue tortuoso y difícil. Un dato significativo es que después de la expedición, Peary y Henderson dejaron de hablarse y rompieron todo contacto sin que nadie supiese la razón.  
- Un argumento altamente defendido por los detractores de Peary tras llevar a cabo su viaje es que dicho viaje fue certificado y validado por la National Geographic Society, patrocinadora de la expedición. La American Goegraphical Society y sociedades escandinavas reconocieron nunca el viaje de Peary. Este rechazo fue más bien debido a disputas internas entre las sociedades que a datos objetivos, no obstante.
- Las fotografías que Peary tomó del polo norte, una vez analizadas en 1989, muestran que el océano que allí aparece se situaría en realidad a 8 km  del polo. No obstante, posteriormente se ha podido comprobar que esta aparente inexactitud es fruto del análisis de una foto antigua tomada con una cámara con lentes rudimentarias que captaban deficientemente las imágenes y las proporciones.  

Algunos análisis posteriores han demostrado con todo que la velocidad de la expedición de Peary posiblemente fuese cierta, especialmente en lo concerniente a sus avances en los tramos que recorrió en trineo de perros, ya que Peary se convirtió en todo un experto en este medio de locomoción bien ayudado por sus “maestros” esquimales. Además, sus diarios de abordo (publicados en 1986) no muestran ninguna tachadura ni sobreescritura que haya podido alterar datos, tal y como los detractores del explorador alegan. De todas formas, el hecho de si Peary llegó o no al polo norte, aún continua en el aire para muchos.


 La expedición contemporánea de Frederick Cook se puede decir a día de hoy que fue claramente fraudulenta en su alegación de haber llegado al polo norte un año antes que la de Peary. Y es que Cook no fue precisamente un hombre de honor que digamos. Su controversia con Peary pronto se tornó en contra de él y el médico y explorador norteamericano pronto cayó en descrédito aunque tuvo sus apoyos iniciales.Nacido en Hortonville, Nueva York en 1865, Frederick Albert Cook fue un médico metido a aventurero y explorador - una de sus primeras expediciones fue precisamente como galeno de la expedición al Ártico  de Peary en 1891-92, que pronto empezó a ser sospechoso de ser un maestro del timo y del engaño. Tras participar en la expedición belga al Antártico (en la que también tomó parte el futuro conquistador de la Antártida, el noruego Roald Amundsen) y explorar la Tierra de Fuego en Argentina, en 1903 organizó una expedición hacia el techo de Norteamerica, el McKinley, en Alaska. No lo ascendió, pero tres años más tarde lidero una nueva expedición con el fin de llegar a su cima, a la que nadie había llegado. En septiembre de 1906 Cook y otro miembro de su expedición indicaron el ascenso y aseguraron después haber hecho cima, con escasa credibilidad por parte del resto del equipo, pero a su regreso a EEUU, la ascensión fue considerada como cierta, ya que el médico y explorador aportó un fotografía de la cima.

Tras la aparentemente exitosa empresa del McKinley, a finales de 1907 Cook decidió llegar al polo norte antes de que Peary, quien también se había ganado fama de contador de hazañas de existencia más que dudosa (en su expedición anterior al Ártico muchos de sus descubrimientos se descubrió finalmente que eran patrañas). Cook aseguró haber llegado al polo norte el 22 de abril de 1908. El viaje de vuelta fue eterno (14 meses), y según Cook, bastante penoso. En su regreso, se encontraron bastantes contradicciones en las descripciones y  testimonios de Cook sobre el viaje y las características del polo y los de algunos de sus compañeros de expedición. El testimonio de Cook fue fundamentalmente post expedición ya que no presentó en su regreso ningún diario ni anotación hacha durante el viaje alegando que había dejado en su base de Annatouk (Groenlandia) las cajas que contenían los diarios de viaje, junto con otras pertenencias al cuidado de un antiguo compañero de expedición de Peary, el aventurero  Harry Whitney. Pese a todo, las cajas nunca se encontraron y jamás se pudo disponer del supuesto diario de Cook. Se daba además la circunstancia de que  Robert Peary, poco después de la llegada de Cook, regresó de su expedición asegurando haber llegado al polo norte durante en viaje de vuelta de Cook, y pese a que el relato de Cook fue inicialmente creído, pronto surgieron las dudas, apoyadas por la falta de testimonio escrito de la expedición y por las contradicciones entre diversos miembros de la misma. Comenzó entonces una polémica entre Cook y Peary sobre quien había llegado al polo norte antes: los partidarios de Peary esgrimieron las alegaciones antes descritas y los de Cook las inconsistencias e inexactitudes sobre el viaje plasmadas en la bitácora de Peary. No obstante, los partidarios de Peary pronto pondrían en evidencia el carácter de farsante del médico cuando trataron de demostrar que no había ascendido el McKinley y que la foto presentada no se correspondería al pico en cuestión sino a otra cima de Alaska: Ed Barrill, el hombre que supuestamente ascendió con Cook confesó que no habían ascendido a la cima del McKinley, aunque sobornado por los partidarios de Peary. Pocos años después y tras exploraciones por al zona y cálculos varios se supo que, efectivamente, Cook jamás había llegado a la cima y que el pico de la foto pertenecía a otra montaña. Sin embargo, la refriega sobre el polo norte continuaba y se organizó una campaña de descrédito contra Peary que fue infructuosa: se reconoció a Peary como el primer conquistador del polo norte gracias a las investigaciones de la National Geographic Society, que echaron por tierra las inconsistencias en la descripción de su viaje y de los datos de navegación allí descritos sin dar demasiadas explicaciones. Por el contrario, las contradicciones en los testimonios de los diferentes acompañantes en la expedición de Cook (especialmente las de los nativos) y el hecho de que no existía ningún documento escrito sobre el viaje, fueron suficientes para determinar que la supuesta conquista de Cook fue fraudulenta

 Se ha llegado a asegurar que la descripción de Cook sobre su ruta (y la de sus acompañantes) se había basado en la de la novela de Julio Verne El inglés en el polo norte, así como que la descripción del polo que ofreció se corresponde la que el escrito francés hizo sobre los polos de frío. Lo cierto es que tras expediciones inmediatamente posteriores, se pudo confirmar que el “polo norte” era ficticio. En definitiva, Cook era lector de Verne y le echó mucha jeta. Además, cuando en 1911 lo quiso arreglar aportando copias de datos del sextante, estos contenían datos imposibles e inexactos.  Cook se ganó entonces fama y reputación de embustero y farsante y aunque en años sucesivos trató de convencer a la comunidad internacional de que había llegado al polo norte, jamás lo consiguió. Dejó la exploración, y en los años 20 dejó se metió en el negocio del petróleo en Texas pero en 1923 fue encarcelado por fraudes varios y se pasó 17 años en la sombra, amnistiado finalmente por Franklin D. Roosevelt, poco después fallecería, en agosto de 1940.  


Dos exploradores controvertidos y bastante tramposos pero con una importante diferencia entre ambos: mientras que Peary fue un gran explorador y muy posiblemente fuese él el primer hombre en llegar al polo norte, Cook no fue más que un aventurero animoso con bastantes ansias de gloria y con muy pocos escrúpulos que no dudaba en presentar pruebas falsas, algo que Peary no hizo.  Muchos autores sostienen que Peary no llegó nunca al polo norte pese a que creía firmemente que lo había hecho, pero es más lícito pensar, por todo lo que se descubrió posteriormente, que  efectivamente, llegó. A principios del siglo XX La conquista del Ártico fue una aventura controvertida y polémica, pero puso de relieve la muchas veces desmedida ambición del ser humano por alcanzar la gloria.

sábado, octubre 22, 2011

Y LLEGÓ UN DÍA


Han sido más de cuarenta años de sufrimiento, desesperación, miedo e incertumbre. Pero por fin se acabado. Parecía que esto nunca iba a suceder y que nos tendríamos que acostumbrar a vivir con ello, pero tal y como se venía vislumbrando desde hace algunos años, al final ha sucedido y ETA ha dejado de matar. Ya solo queda su disolución definitiva y la entrega de las armas.
  

Esto debe ser motivo de alegría para todos más allá de cualquier escepticismo infundado. Las más de 800 vidas que ETA ha segado nunca deberán permanecer en el olvido y nunca los asesinos y todos aquellos que un dia les apoyaron nunca deberán creer que han ganado: ha vencido la paz y la razón frente a cualquier intento de imposición bárbara y violenta. Se darán cuenta algún dia que el daño que hicieron fue inutil y cruel.

Ahora solo queda que la sociedad este a la altura de las circunstancias y que los ciudadanos sepamos administrar este nuevo tiempo de paz para Euskadi y España, y que la clase política sepa gobernar este nueva era. Que los que hiceron tanto daño pidan perdon y se renieguen de todos estos años de destrucción, que cualquier vestigio de odio, intolerancia y revanchismo desaparezca, que nadie olvide lo sucedido en estos funestos años, que todos aprendamos de la expereincia y que la paz por fin se consolide



miércoles, octubre 19, 2011

El aparatito Lumiere SOMEWHERE


 
***
 
No parece que esta película vaya a estar mucho tiempo en las carteleras y el hecho es que merece la pena verla, aún sin no ser nada del otro jueves. Sofia Coppola, la “hijísima” de un mito viviente del séptimo arte, con su cuarta película vuelve a demostrar que es una realizadora competente aunque no esté tan inspirada como en sus dos primeros filmes, Las vírgenes suicidas (1999) y Lost in translation (2003). Habrá que esperar aún para ver si es capaz de dirigir una obra maestra, porque talento no le falta en absoluto. Esta Somewhere precisamente recuerda bastante a Lost in translation en cuanto que su protagonista es también un actor norteamericano desorientado en un entorno que le es extraño, aunque aquí la star hollywoodiense retratada en el filme es más joven que el protagonista de Lost in translation y al contrario que el personaje que interpretaba en aquella cinta Bill Murray, este Johnny Marco que se nos presenta en esta película está a en el cénit de su carrera y disfrutando de los laureles de la fama…aparentemente. Sin una historia definida  y con al sensación en la mayor parte del metraje de que nunca pasa nada, al película- escrita por la propia Coppola- pretende reflexionar sobre la soledad del triunfador, ya que el personaje de Johnny, un hombre rondando la cuarentena, no es más que un ser superado por un matrimonio fracasado, sin nadie de verdadera confianza a su lado y terriblemente solo. Sus líos amorosos y caprichitos de niño rico y estrella excéntrica no son capaces de mitigar una sensación de pequeñez que solo empieza a superarla cuando Cleo, su inteligente hija de 11 años, pasa una temporada junto a él. Solo ene se momento Johnny parece alcanzar la felicidad.          

La película, rodada en gran parte en Italia, se desarrolla de una manera un tanto lenta y no abunda mucho en diálogos, lo cual puede exasperar al espectador además de no suponer plato para todos los gustos, pero si se sigue con paciencia puede llegar ser incluso disfrutable. Stephen Dorff, una joven promesa de los 90 que se quedó en nada, interpreta con total credibilidad a un personaje más complejo de lo que parece y con bastantes buenos momentos: puede ser el comienzo de su un tanto tardía explosión. Por su parte, la jovencísima Elle Fanning, vista en Super 8, se come la cámara en no pocos momentos con su presencia: mejor actriz que su un tanto cargante hermana Dakota. Una película de planteamiento sencillo pero con mucha miga en su mensaje que demuestra el buen hacer de Sofia Coppola como guionista y su habilidad para sintetizar las historias al máximo sin que dejen de ser totalmente sugerentes. 

martes, octubre 18, 2011

Mis 50 discos que te cagas (35): PETER GABRIEL – PETER GABRIEL (3) (1980)


La evolución musical de Peter Gabriel desde que abandonó Genesis tuvo un punto de inflexión con su tercer LP, considerado como su obra maestra. Si en sus dos discos en solitario anteriores (publicados en 1977 y 1978) Gabriel demostró ser un músico capaz de reinventar el lenguaje del pop y el rock en base a un rock vanguardista con retazos de experimentación inspirado en el rock progresivo que cultivo con Genesis y llevado a un sorprendente grado de preciosismo y perfeccionismo artístico, en su tercer álbum (sin título ni número como los dos anteriores y el siguiente), se consolidó como uno de los artistas de rock de mayor envergadura de aquel momento. Sin abandonar cierto tono experimental pero consiguiendo un sonido más atractivo y solvente (que no comercial), Peter Gabriel consiguió un álbum apasionante, fascinante y disfrutable que además certificó lo viable que resultaba en aquellos primeros ochenta para veteranos del prog rock como él la conversión de los ya anticuados sonidos progresivos en Art Rock virtuosista, ecléctico, melodramático, pionero la World Music contemporánea y con concomitancias estilísticas acordes con los triunfantes Tecno Pop, Nueva Ola, y por que no, Postpunk. Pese a que mucha gente considera a So (1986) la obra cumbre de Gabriel, jamás Peter Gabriel estuvo tan inspirado como en este tercer álbum.       

El hecho de que en los primeros años de su carrera en solitario Peter Gabriel no quisiese titular sus discos traía de cabeza a su compañía discográfica y a la prensa musical, por lo que pronto empezarían a surgir titulos oficiosos para sus cuatro primeros trabajos. Así, a este disco además de conocérsele extraoficialmente como Peter Gabriel 3 también se le conoce como Melt, en referencia a la imagen de la portada, en al cual un retrato de Gabriel se “derrite” parcialmente. También la industria discográfica pondría en un aprieto la distribución del disco en EEUU: Atlantic Records, que editó los dos primeros discos de Gabriel en Norteamérica, estuvo insistiendo al músico para que hiciese un LP de rock adulto al gusto estadounidense y al hacer el bueno de Peter caso omiso se negó a distribuirlo dando oportunidad a Mercury Records para mover el LP por tierras yankis. Editado en el RU por Charisma, el álbum fue el de mejores ventas de Peter Gabriel hasta el momento en todo el mundo. Gabriel logró componer diez sorprendentes temas de muy alto nivel empoderados por una excelente instrumentación, una producción elaborada y sesuda a cargo del joven Steve Lillywhite y una solvente y excepcional plantilla de músicos dende se incluyeron las colaboraciones de gente como el gran Robert Fripp -guitarrista y líder de King Crimson y colaborador habitual de Gabriel en solitario-, su ex camarada de Genesis Phil Collins poniendo sus “tambores” y percusiones en varios temas, y jovenzuelos verdaderamente fuera de serie como Paul Weller, el líder y guitarrista de The Jam, y la fascinante Kate Bush, cuya propuesta musical era similar a la de Gabriel; además de músicos  todoterreno como Tony Levin, David Rhodes o Jerry Marotta.  Sonido oscuro, ambiental, envolvente, cavernoso y sugerente a partes iguales  para un disco que roza la obra de arte.           

Cada uno de los cortes de Peter Gabriel 3 fascina por su capacidad para ofrecer sonidos exuberantes y extraños. Así, Intruder, el tema que abre el LP, con la batería “encerrada” de Phil Collins (efecto creado por el ingeniero de sonido Hugh Padham y que Collins y otros baterías  utilizarán en lo sucesivo) marcando el hipnótico y agresivo ritmo donde surge la inquietante y minimalista melodía que arropa la voz susurrante de Gabriel, era un tema fascinante y arty que conseguía un efecto dramático y muy visual. Más comercial y concreto es el rock  visceral y sinuoso de I Don´t Remeber con los estupendos juegos de cambio de voz de Gabriel y su cavernoso sonido. And Through The Wire pone un toque guitarrero cuasi punky (cortesía de Paul Weller) suavizado por el perfecto cambio de tempo y su extraordinaria melodía escuela Genesis. Games Withot Frontiers se convirtió en el single de mayor éxito para Peter en solitario, con los coros de Kate Bush y su irónica letra anti belicista: un raro caso de triunfo del riesgo.

La temática de Games… era no obstante una menudencia comparada con la de Family Snapshot, inspirada en la novela Diario de un asesino, narrando la crónica de un intento de asesinato y  con un sonido entre la balada, el soul, el prog rock y la experimentación sonora. No Self Control, otro de los singles,  es otra muestra del delirante y excéntrico  art rock  parido por Gabriel aquellos años que ya empezaba a mostrar ramalazos étnicos y exóticos sobre todo en su rítmica. Y cerrando el álbum, uno de los temas más célebres del músico, Biko, que constituye su primera gran muestra de etnopop: más de siete minutos de canción protesta contemporánea en memoria del activista anti apartheid sudafricano Steven Biko con una contundente percusión de inspiración africana y vibrante estribillo; todo un himno que Gabriel volverá a Grabar en single en 1987 y que se ha convertido en el momento culminante en sus directos. Con su tercer LP, Peter Gabriel demostró ser un músico fuera de serie y un auténtico genio y comunicador musical. Lástima que su carrera hasta hoy en día haya sido tan espaciada en el tiempo, aunque lo cierto es que en los años siguientes a este LP cada trabajo de Gabriel fue esperado y saludado con devoción, aunque jamás hay podido superar la fascinante calidad este álbum.
 

FICHA TÉCNICA

Géneros: Art Rock, Rock Progresivo, Rock de Vanguardia, Rock Experimental, Etnopop
Publicación: mayo 1980
Sello original: Charisma
Producción: Steve Lillywhite
Duración: 45:32
Músicos:
Peter Gabriel: voz, piano, sintetizador, bajo sintetizado, percusión
David Rhodes: guitarra, coros
Larry Fast: sintetizador, bajo sintetizado
Dave Gregory: guitarra
John Giblin: bajo
Jerry Marotta: batería, percusión
Robert Fripp: guitarra
Tony Levin: Chapman stick en I Don´t Remember
Phil Collins: batería en Intruder y No Sef Control, batería metálica en Family Snapshot, surdo en Biko
Paul Weller: guitarra en And Through the Fire
Morris Pert: percusión
Kate Bush: coros
Dave Ferguson: efectos sonoros
 
Track listing

1- Intruder
2- No Self Control
3- Start
4- I Don´t Remeber
5- Family Snapshot
6- And Through the Wire
7- Games Without Frontiers
8- Not One of Us
9- Lead a Normal Life
10- Biko

lunes, octubre 10, 2011

El aparatito de Lumiere - EL CAPITÁN TRUENO Y EL SANTO GRIAL



*

La espera de años y años para que al fin el proyecto de llevar al Capitán Trueno a las pantallas se materializase no ha merecido la pena en absoluto; una total decepción en la adaptación de uno de los más celebres personajes del cómic español, el creado en los años 50 por el guionista Víctor Mora y el dibujante Ambrós. Antonio Hernández (Lisboa, En la ciudad sin límites, Los Borgia), un director correcto pero nada del otro mundo y que nunca ha terminado de despegar, no ha sido capaz de llevar a buen puerto un proyecto largamente deseado en el cine el español y ha hecho una adaptación de las aventuras del Capitán Trueno desmañada, torpe, previsible, fofa y con nada de gancho. No es que sea un total despropósito pero la verdad es que no alcanza lo mínimamente aceptable para un film de aventuras ni de palo. Un guión, el firmado por Hernández y Pau Vergara totalmente mejorable, unas interpretaciones desiguales y una puesta en escena pobre y sin convicción terminan por condenar una película en la que se había invertido una talegada, algo que por otra parte no se aprecia en casi ningún momento del filme salvo en algunos efectos digitales de andar por casa (porque lo que es diseño de producción…)

Es una pena pero el pobre Capitán Trueno parece gafado en lo que es llevar al cine o a la televisión sus aventuras: por un motivo u otro durante varios años el proyecto de hacer un film sobre el inmortal personaje del caballero medieval español de la melena morena y el escudo de la Corona de Aragón en su pecho se ha ido frustrando durante casi 30 años. En 1984 el fallecido Juan Piquer Simón proyecto llevar al Capitán al cine con un guión del propio Víctor Mora y la colaboración de una ignota compañía estadounidense de cine fantástico, pero al final los yankis se rajaron (tampoco tenía mucha tela esa productora) y no pudimos ver al norteamericano Michael Paré (El Experimento Filadelfia) como el Capitán Trueno y menos mal. Un año después TVE pensó en hacer una miniserie pero se echó para atrás. A principios de los 90 una productora donostiarra de cine de animación comenzó a hacer una adaptación del Capitán Trueno en dibujos animados pero quebró en mitad de la realización (se dice que incluso completaron algunas secuencias que vete a saber donde están ahora). Y bueno, en los 90 Bajo Ulloa con Filmax por detrás quiso hacer un Capitán Trueno oscuro a lo Tim Burton y no hubo manera durante 2 o 3 años y después cogieron el testigo sucesivamente Alejandro Toledo y Daniel Calparsoro, rodando incluso teasers que se pueden ver por Youtube. Un baile de proyectos y nombres, en definitiva, para un producto final claramente deficiente. La historia es morosa en mostrar el origen y el desarrollo de los personajes principales, y así figuras tan carismáticas como el fortachón Goliath, son meros comparsas sin trascendencia en el desarrollo de la historia y otros que  podrían ser un filón como la princesa Sigrid, parecen más propios de los tebeos del franquismo en su condición de personajes femeninos hijos de su tiempo, bien podían haber sido sometidos a una oportuna revisión contemporánea de la mujer como heroína de acción (aunque esta Sigrid es más belicosa e independiente que la de los cómics, eso sí). Las interpretaciones son también muy poco convincentes: Sergio Peris- Mencheta se esfuerza con su personaje pero este Capitán Trueno de carne y hueso tal y como lo ha reconcebido Antonio Hernández es monocromo y totalmente previsible como personaje de capa y espada a la antigua usanza; la bella actriz ucraniana Natasha Yarovenko (Habitación en Roma) como Sigrid no transmite convicción, Gary Piquer esta malamente histriónico como el pérfido Sir Black, el villano principal de la función, Jennifer Rope no parece creerse su personaje de la malvada hechicera Ariadna y el fornido y polifacético lanzador de peso  leonés Manuel Martinez como Goliath pone voluntad pero se le ve enormemente perdido. No obstante algunos secundarios como Roberto Alvarez, Asier Etxeandia, Ramón Langa y el joven Adrián Lomana como Crispín ponen algunas dosis de buen hacer como pueden en medio de una dirección de actores claramente mejorable (dicho sea de paso, que insistencia en la ficción actual con que personajes de la edad media tengan que hablar como la gente que oyes en el metro)

Es cierto que la fotografía es a ratos buena (aunque otros no tanto), en que hay aceptables escenas de acción (aunque todas rodadas de manera rutinaria) y que algún efecto especial que otro este a la altura de las circunstancias, pero todo en su conjunto esta sobrado de caspa y de una sensación de dejadez. El guión no encandila en ningún momento pese a oportunos guiños a la saga Indiana Jones, a la fantasía épica de Tolkien o a la intriga ocultista. El McGuffin del Santo Grial, pues que quieres que te diga: esta totalmente manido. Y por no hablar de la falta de imaginación para la música que se oye en los títulos de crédito: una nueva versión del célebre tema sobre el Capitán Trueno de de Asfalto, a cargo de sus creadores. En definitiva, que el mundo del capitán trueno está del revé

viernes, octubre 07, 2011

Mis 50 discos que te cagas (34): PINK FLOYD – THE WALL (1979)

 

Con unos 25 millones de copias vendidas en todo el mundo y la estimación de Roger Waters de que incluso en la actualidad produce cuatro millones al año (de libras, se supone), The Wall de Pink Floyd continua siendo el LP de la mítica banda británica más conocido para el gran público (que no el mejor, ya que The Piper at Gates of Dawn (1967), The Dark Side of The Moon (1973) y Wish You Were Here (1975) le superan) y ha creado a su alrededor todo un mito que ha terminado trascendiendo lo meramente musical ya que a la larga se ha convertido en algo más que un álbum de culto: en todo un genuino reflejo cultural de las últimas décadas del siglo XX. El hecho de tratarse de un disco conceptual sobre la incomunicación, la alienación personal y el peligro del descontrol de las masas enseguida encendió el integres y el entusiasmo de crítica y público y el fervor no se hizo esperar, eso si con el principal argumento de su enorme calidad musical, que es lo que ha hecho de de este LP uno de los mejores álbumes de la historia.

Realmente, en The Wall  Pink Floyd no parecían Pink Floyd. En lugar de las habituales piezas largas y/o instrumentales o las canciones sin interrupción a modo de suite, The Wall es un doble álbum con 26 canciones (entrelazadas, eso sí) teatral, melodramático, interpretado histriónicamente a veces y algo faraónico. Si bien se trataba de un LP conceptual como los tres anteriores de la banda, en esta ocasión el concepto era por primera vez para Pink Floyd una historia narrativa ideada por Roger Waters, quien desde Animals (1977) se había convertido en el líder absoluto del grupo reduciendo drásticamente  las aportaciones creativas de David Gilmour (residuales en este LP) y de Richard Wright (inexistentes en The Wall). Basándose en una negativa experiencia en la gira de Animals, Waters ideó una opera rock sobre la sensación de soledad de las estrellas del rock y la dificultad de establecer una comunicación real con el público, pero la cosa fue más allá y al final se extendió a una cruda parábola sobre la alienación y la incomunicación del hombre contemporáneo fruto de las vivencias desagradables que a uno de toca vivir. Con bastantes elementos autobiográficos de Waters (y alguno de Syd Barret, el primer líder del grupo), The Wall esta centrado en el personaje de Pink, una músico de rock marcado por un padre al que nunca conoció, una educación represiva al estilo británico, una madre posesiva, una esposa infiel y una adicción a las sustancias estupefacientes que terminan introduciéndole en un estado catatónico y semi autista, un muro aislante que le impide cualquier comunicación exterior. A través de un delirio ocasionado por las drogas, Pink se desdoblará en un dictador fascista de una siniestra Gran Bretaña alternativa: única, cobarde y vil manera de superar su penoso estado real, ocasionando el mal y el despotismo. Waters escribió todas las letras y casi toda la música, encargó al famoso  dibujante Gerald Scarfe los alucinantes diseños de la carpeta y de los personajes del disco y decidió contratar a productores externos (Bob Ezrin y James Guthrie) para coordinar las sesiones de grabación. El disco se grabó en Francia principalmente (el grupo estaba residiendo allí durante por problemas fiscales) durante diez meses, periodo en el cual las tensiones afloraron, básicamente por el papel predominante que Roger Waters estaba adquiriendo dentro de la banda y que terminó con el despido en el mes de agosto de Richard Wright, con problemas personales  y muy poco implicado por ello en el proyecto. Las aportaciones instrumentales de Nick Mason también fueron muy escasas en el resultado final, ya que Waters optó en no pocos temas por utilizar otros baterías, como Jeff Porcaro de Toto. Bruce Johnston, de Beach Boys, fue la estrella invitada del disco con sus armonías vocales en algún corte.    

El ambicioso concepto de The Wall tiene su reflejo en la música, un ambicioso surtido de diferentes presentaciones del rock progresivo (ya bien sea en formato balada, ambiental, virtuosista o incluso vocal) aderezadas con retales de rock adulto, art rock, rock duro y musical de Broadway y ambiciosos arreglos orquestales cortesía de Michael Kamen. Con numerosos efectos sonoros y sonidos de todo tipo pregrabados - como era habitual en Pink Floyd- estaba claro que Roger Waters pretendía hacer algo así como unos Pink Floyd en cinerama y en plan superproducción tratando de sorprender al público con un disco diferente y en donde la historia allí contada fuese a la postre lo más recordado por el oyente. Pero pese a su desmedida ambición, al final The Wall termina siendo un disco emocionante y apasionante. Desde los compases iniciales de In the Flesh?, la espectacular obertura casi heavy del LP, el oyente sabe que todo lo que va a oír en los 75 minutos siguientes es monumental y algo salido de madre (la melodía de este tema prácticamente se repite en su corte “gemelo” posterior, In the Flesh, para reforzar el efecto dramático del disco). Hay temas que se escoran a la balada rockista como la escalofriante pero apacible Mother, la melódica y majestuosa Goodbye Blue Sky (con una de las escasas interpretaciones vocales solistas de David Gilmour en un tema completo) la intensa Hey You y la muy de obra musical Nobody Home; pero también hay temas más revientadirectos y próximos a los Pink Floyd de toda la vida como Run Like Hell (con una oportuna en aquella época cadencia bailable) y la inquietante Confortably Numb, uno de los tres temas compuestos a pachas entre Waters y Gilmour, con un melódicamente inspirado falso estribillo que en la voz de Gilmour pone los pelos de punta. Este tema a partir de este momento se convertirá en obligatorio en los directos de Pink Floyd                   

Pero si hay un tema célebre en The Wall, ese es Another Brick in the Wall (Part 2) su primer y único nº 1 en singles, una denuncia al agresivo sistema educativo británico que se ha convertido todo un himno anti represión y en un estándar de la música popular, con la lúgubre interpretación vocal de Roger Waters y Dave Gilmour perfectamente acoplada, su ritmo de pop bailable y las antológicas voces (dramáticamente airadas de los niños del Colegio Islington Green.  Temas como Bring the Boys Back Home recuerdan la filiación operística del proyecto, por no hablar del sorprendente The Trial, tema que Waters coescribió con el productor Bob Ezrin y que es el más teatral y “Broadwayano” del álbum, con un histriónico Roger Waters interpretando a varios personajes en el momento crucial del juicio al desdichado Pink.    

Hablar de The Wall es hablar del símbolo de los martillos, de los ladrillos blancos del muro, del profesor-marioneta o de los aviones-águila, elementos todos ellos diseñados por Gerald Scarfe y que se han convertido en iconos de la cultura pop en mucha parte debido a su inclusión en la versión cinematográfica del LP que en 1982 rodó Alan Parker y que fue escrita por Roger Waters y producida por este y David Gilmour, quienes arreglaron y regrabaron muchos de los temas del álbum. Para entonces, Pink Floyd no era otra cosa que la prolongación de Waters, una vez Wright hubo abandonado y Mason y Gilmour se resignaban a cumplir a rajatabla las órdenes de Waters (tras The Final Cut, de 1983, Pink Floyd anunció su disolución). La gira de apoyo a The Wall (1980-81), solo en cuatro ciudades pero con varios conciertos, fue un fracaso económico por lo costosísimo del espectáculo que incluía grandes pantallas con animaciones de Scarfe, hinchables gigantes y la construcción de un muro artificial durante el concierto. Wright participó en la gira como músico de apoyo y por ese motivo fue el único del cuarteto que no obtuvo pérdidas económicas en la gira. Puede que con tantos problemas Pink Floyd no fuesen conscientes en aquel momento que habían hecho un LP que de un modo u otro siempre ha estado presente en la cultura musical de los últimos 30 años. 


FICHA TÉCNICA

Géneros: Rock Progresivo, Art Rock, Had Rock, Rock Sinfónico
Publicación: noviembre 1979
Sello original: Harvest / EMI
Producción: Bob Ezrin, David Gilmour, James Guthrie y Roger Waters
Duración: 81:09 (Doble LP)
Músicos:
David Gilmour: guitarras, voz, sintetizador, clavinet, efectos sonoros
Nick Mason: percusión
Roger Waters: voz, guitarras, sintetizador, efectos sonoros
Richard Wright: órgano, piano, piano eléctrico, sintetizador, bajo de pedales
Bob Ezrin: arreglos orquestales, órgano, piano, sintetizador, coros
Michael Kamen: arreglos orquestales
James Guthrie: percusión, sintetizador, efectos sonoros
Bruce Johnston, Toni Tennille, Joe Chemay, Jon Joyce, “Vicky & Clare”: coros
Coro de Islington Green School: coro infantil
Jeff Porcaro: batería
Joe Porcaro, Blue Ocean: percusión
Lee Ritenour: guitarras
Ron di Blasi: guitarra clásica
Fred Mandel: Hammond
Bobbye Hall: congas, bongos
Frank Marrocco: concertina
Larry Williams: clarinete
Trevor Veitch: mandolina
New York Orchrestra: orquesta
New York Opera: coral
Trudy Young, Crish Fritzmorris, Harry Waters: voces dramáticas


Track listing

1- In The Flesh?
2- The Thin Ice
3- Another Brick in The Wall Part 1
4- The Happiest Days of Our Lives
5- Another Brick in The Wall Part 2
6- Mother
7- Goodbye Blue Sky
8- Empty Spaces
9- Young Lust
10- One of My Turns
11- Don´t Leave Me Now
12- Another Brick in The Wall Part 3
13- Goodbye Cruel World
14- Hey You
15- Is There Anybody Out There?
16- Nobody Home
17- Vera
18- Bring the Boys Back Home
19- Confortably Numb
20- The Show Must Go On
21- In The Flesh
22- Run Like Hell
23- Waiting for The Worms
24- Stop
25- The Trial
26- Outside the Wall