lunes, octubre 07, 2019

MIENTRAS DURE LA GUERRA


***



Aunque a priori no prometía demasiado una película sobre la historia contemporánea española firmada por un director irregular, embaucador y efectista como Alejandro Amenabar lo cierto es que esta crónica de los prolegómenos de la Guerra Civil española no esta del todo mal aunque este repleta de concesiones y varias irregularidades. En palabras del director madrileño se ha pretendido hacer una cierta reflexión sobre los males congénitos de la política y de la sociedad española (enfrentamiento irreconciliable entre izquierda y derecha, envidias, recelos, enfrentamientos, corrupción de la clase política) y mostrar el origen y apoteosis de ese problema aún no resuelto de las dos Españas, pero mientras que el segundo objetivo se cumple sin más (por que al fin es algo que ha aparecido a lo largo del tiempo en obras de todo tipo) el primero, tal vez algo ambicioso, se le queda corto a un director de recursos limitados para el drama como es Amenabar. Es cierto que se ha acertado  de pleno en la elección del momento, el espacio y los acontecimientos históricos concretos (los primeros compases de la sublevación militar del ejercito nacional en verano de 1936 y su profunda repercusión en la Salamanca universitaria) así como en el personaje central, el filósofo y escritor bilbaino Miguel de Unamuno (1868-1936) a la sazón rector de la Universidad de Salamanca y cuya figura y biografía daría para una película exclusivamente centrada en el, pero todo se presenta de manera demasiado convencional, con un ritmo narrativo propio de telefilme y una tensión dramática insuficiente para una historia de estas características. A su favor no obstante se encuentra una cuidad puesta en escena (magistral reconstrucción de la salamanca de 1936), una ambientación meticulosa y varios personajes muy bien presentados, aunque otros bastante menos y con bastantes fallos de bulto. Es evidente que Amenabar no es tan buen director como gran parte del público y bastantes críticos piensan sino que se trata de un hábil realizador de cine comercial cuyo principal fuerte fue el cine de género fantástico pero que ha debilitado su reputación con dudosas superproducciones o filmes de terror del montón. Aquí pese a todo se ha redimido a medias con una producción creíble y sensata que al final resulta más bien una película histórica esforzada más que la profunda reflexión ideológica que prometía.



Aunque Unamuno es el personaje alrededor del cual pivota la historia y sus últimos días marcan el corsé narrativo del filme, se ah querido dar importancia a otros personajes claves de aquel momento inicial de la contienda civil española y en el batiburrillo de la deriva ideológica que marcó las injusticias del franquismo: Franco, Salvador Vila-Hernández y sobre todo Millán-Astray tienen su significación en la historia aunque a veces se eche en falta mayor relieve y cierta coherencia dramática. Unamuno aparece muy bien retratado en sus perennes contradicciones ideológicas que en sus últimos años a partir de la proclamación de la República se acentuaron hasta el paroxismo: de ser republicano acérrimo pasó a repudiar la república española por su antirreligiosidad y sus incoherencias políticas para luego financiar y apoyar la sublevación militar derechista de 1936 aunque finalmente se arrepentirá ante su carácter irracional y fascista. Así, aunque Karra Elejalde – muy bien caracterizado aunque decididamente su físico y su voz no son nada unamunianos- hace un estupendo trabajo como el pensador vasco este Unamuno no deja de ser el típio personaje de biopic y la verdad es que le falta ese punto atormentado que siempre se ha asociado a este escritor lo que no impide interesantes momentos de intensidad dramática en algunas de sus secuencias. El resto del reparto cumple muy bien aunque los personajes son muchas veces un quiero y no puedo: Eduard Fernández (un Millán-Astray cabroncete y sibilino), Patricia López Arnáiz (María, la hija de Unamuno, un personaje presentado de manera muy convencional), Luis Zahera (el pastor protestante en Salamanca Atilano Coco, amigo de Don Miguel), Santi Prego (un Francisco Franco muy manido), Mireia Rey (Carmen Polo), Luis Bermejo (Nicolás Franco) o Carlos Serrano-Clarck (un descubrimiento este actor que interpreta al discípulo rebelde e izquierdista de Unamuno Salvador Vila Hernández). Los momentos de denuncia histórica más o menos logrados se alternan con prescindibles instantes de sensiblería que lastran la coherencia de la película, y en ese sentido el momento culminante, el del famoso discurso en el paraninfo de la Universidad (más o menso como lo hemos leído en los libros de historia independientemente de su exactitud o no) es intenso y emotivo pero no aporta las aristas que se suponen a una gran película y mucho menos con sus pretensiones. De momento es uno de los filmes españoles mas taquilleros del año, al menos a ver si sirve para que se conozca un poco mejor la historia española del siglo XX.

miércoles, octubre 02, 2019

BLINDED BY THE LIGHT





****

Pequeña sorpresa la de esta película británica que burla burlando ha conseguido encandilar a crítica y público (aunque este último a mediana escala) con su curiosa mezcla de drama social y la música de Bruce Springsteeen, ahora que están tan de moda los musicales con canciones preexistentes y los homenajes cinematográficos a estrellas del rock. Este inusual encuentro entre el primer Stephen Frears (o ya si me apuras Ken Loach, aunque aquí la orientación es mas bien comercial) dentro del mundo proletario del Reino Unido y  el universo iconográfico de la música del norteamericano Bruce Springsteeen repleto de caravanas habitadas, obreros de refinerías, camioneros del medio oeste y losers urbanos (lo que cinematográficamente nos remitiría a los Scorsese o Ashby setenteros) se ha saldado con una credibilidad total que pone de manifiesto varias cosas: la universalidad de las letras del Springsteen más social y urbano (aunque este profundamente adscrito a la realidad estadouinidense), el carácter conciliador y global de la música, y como las diferencias y barreras culturales pueden romperse de la manera más inesperada. Y además, Blinded by the light no se queda solo en eso, triunfa y entusiasma como un áspero pero lleno de esperanza drama social, resulta cien por cien convincente a al hora de retratar la realidad de una ciudad obrera de UK a finales de los 80, muestra con honestidad y sin cortarse un pelo la difícil situación de la minoría pakistaní en las islas británicas, es una ejemplarizante historia de superación personal y sin duda alguna hará flipar a los fans del boss con la profusión de sus canciones en el filme, todas ellas versiones originales. Esto se ha lograda principalmente porque este filme es una historia biográfica, la de su guionista, el periodista británico de origen pakistaní Sarfraz Manzoor.  

La directora angloindia Gurinder Chadha (Quiero ser como Beckham, 2002) parecía una realizadora idónea para plasmar en imágenes parte de la adolescencia de Manzoor en al ciudad de Luton y ha cumplido con las expectativas firmando su mejor película. El trasunto de Sarfraz Manzoor es este filme Javed (Viveik Kalra), un chaval de origen asiático que en 1987 no se siente nada a gusto ni con su familia, que no ha acabado de integrarse en la sociedad británica y vive apegada a las tradiciones pakistaníes detestando cualquier aculturación occidental, ni con su entorno como adolescente, despreciado por muchos por ser un Paki y temeroso, como el resto de inmigrantes y originarios asiáticos, de las acciones de los fascistas del National Front todo ello dentro de la depauperada clase trabajadora de la Gran Bretaña de Margaret Tatcher y sus abominables medidas económicas. Un amigo sij, Roops (Aaron Phagura) le presta unas cintas del boss, cantante que él apenas conoce, y con sorpresa contempla como en las letras de sus temas están las respuestas a muchos de sus miedos e inquietudes pese a la distancia cultural entre el Reino Unido y Estados Unidos y su condición de asiático en un mundo de caucásicos. Sarfraz, que aspira a ser escritor y entrar en la Universidad de Manchester, accede entonces a un nuevo mundo mientras su personalidad se empodera y vence a sus temores, empezando por la difícil relación con su familia e incluyendo la relación con la decidida Eliza (Nell Williams). Una cuidada ambientación ochentera -en donde además de canciones de Bruce hay otros temas de otros artistas de la época- y un montaje dinámico pero tal vez sobrado de golpes de efecto hacen de este filme una deliciosa experiencia cuyo pero sería una falta de riesgo y concesiones a la comercialidad. Pero realmente su visión hace subir el ánimo, palabra.    

jueves, septiembre 26, 2019

AD ASTRA




***

Propósitos ambiciosos que se quedan a medio camino de todo. Lo peor de todo que esto en una obra de ciencia ficción es sinónimo de fiasco total especialmente para los amantes del género. Desde 2001 Una Odisea del Espacio y pasando por Blade Runner el séptimo arte cuando trata de aproximarse a la ficción científica de manera más o menos ambiciosa se ha mirado en estas dos piezas maestras con mayor o menor fortuna y siempre creando debate de la oportunidad de dicho modus operandi y de cómo esa pretenciosidad ha llegado a lastrar (o no) la nueva obra en cuestión. La película que nos ocupa remite como era de esperarse tratándose de una Space Opera a 2001, pero realmente no sería oportuno calibrar la efectividad discursiva de Ad Astra mirando a este filme porque en realidad la pretensión del filme de James Gray- efectivamente filosófica y con cierto comentario social y humanista elevado muy poco convincentemente presentado- trata de escorarse a lo intimista y los psicológico individual, aspecto este si bien trabajado pero que languidece en un conjunto desigual y, obviamente, lastrado por su mencionada pretenciosidad. James Gray (Z, la ciudad perdida) demuestra ser un director con recursos y se le ve cómodo en al ciencia ficción, pero no logra elevar a Ad Astra al status de una buena película.

Brad Pitt en el papel protagonista del astronauta Roy McBride es la baza principal del filme en cuanto a conseguir uno de sus propósitos que es mostrarlos avatares y la  evolución psicológica y moral de un ser al límite emocional al que una misión épica en el espacio le redimirá y le hará replantearse a él mismo y su percepción de la vida. Si bien Pitt realiza una muy buena interpretación plagada de trascendentes monólogos- soliloquios (que terminan cansando en los compases finales cuando se ve que la película ha pinchado irremediablemente) su personaje al final decepciona por lo endeblemente que se ha tratado en toda la película. Una vez más, eln el guión ha echado mano de los clásicos para contrar una historia conocida de otra manera, y es que la historia en su premisa se puede decir que no es otra que la de la célebre El Corazón de las Tinieblas, la novela de Joseph Conrad que inspiró una obra maestra del cine como es Apocalipse Now: Kurtz es ahora el padre de McBride, el astronauta Clifford McBride (Tommy Lee Jones), perdido en una misión a Neptuno más de 20 años atrás y del que a pesar de creérsele muerto desde hace años parece ser que esta vivo y provocando desde su incierto refugio interestelar desastres espaciales que amenazan gravemente a la tierra. Su hijo en misión secreta trata de encontrarlo, como Marlowe o Willard tenían que hallar al peligroso Kurtz. Y como es de esperar tratándose de esa fuente, el discurso final de la película supuestamente es lo más trascendente, pero decididamente se falla y no por su contenido sino por su desmañado envoltorio.

Ad Astra es una película con muy buenos momentos pero por desgracia no llega a ser una obra acorde con sus pretensiones y su premisa. Una pena porque con un poco más de tino podríamos estar hablando de una obra maestra de la ciencia ficción  

lunes, septiembre 23, 2019

SORDO




***        

El cine español le va cogiendo el gustillo al cine de género con pretensiones y lo cierto es que cada vez más surgen buenas películas dentro de estos parámetros, aunque claro está estamos hablando precisamente de cintas de acción, thriller, fantásticas o históricas, estilos que independientemente de que sean o no del gusto del público mayoritario la crítica cada vez más los mira con desdén. En esta ocasión, sin embargo, se ha apostado por una hibridación de géneros que ha resultado original y sorprendentemente efectiva pese a ciertas irregularidades: la crónica histórica española contemporánea con óptica de western, género este último en el que su director, Alfonso Cortés-Cavanillas, adscribe este filme pese a no estar obviamente ambientado en el far west sino en la postguerra española. Partiendo de una estupenda novela gráfica de David Muñoz y Rayco Pulido -la verdad que es una buena noticia que cada vez más el cine español encuentre inspiración en el cómic patrio- se ha conseguido con Sordo una película que más allá de su claro homenaje al spaghetti western y al cine de acción clásico funciona perfectamente como reflexión sobre las angustias y contradicciones del ser humano en una situación límite y como la lucha por al supervivencia no entiende de moral ni de respeto a otros cuando la propia vida de uno está en juego.

La historia de un maquis que en 1944 tras haber fracasado como miembro de la Operación reconquista se refugia en el pirineo aragonés, sordo a causa de una explosión, armado con rifle y perseguido por el ejercito franquista es presentada bajo ropajes estilísticos no ya sólo del western sino también del cine bélico y de acción norteamericano: además de cierto aliento a lo Sergio Leone se puede atisbar alguna reminiscencia del cine sobre la guerra del Vietnam, y porque no y salvando las distancias, de Acorralado, el primer título de la saga Rambo. Pero que nadie se asuste porque aquí el elemento ibérico- hasta en su aspecto más costumbrista- está totalmente presente y sin él no se entendería, por desgracia, una historia repleta de traición y cainismo, elementos por otra parte bastante habituales en los western mas violentos y crepusculares y que en este filme aparecen perfectamente insertados dentro de la idiosincrasia histórica española.  Anselmo (Asier Etxandía demostrando de nuevo su increíble versatilidad) es un héroe trágico que lucha por  su vida en un entorno salvaje y embrutecido hasta la naúsea, un aspecto excelentemente mostrado en la película.

La naturaleza y el mundo rural en la que se refugian y luchas los protagonistas es un protagonista más de la historia, pero se hecha en falta que ese elemento no se haya reforzado demasiado. Aitor Luna, como un capitán del ejército, es un villano a machacamartillo que no termina de cuajar y la película lo nota como también resulta insuficiente la indefinición de muchos personajes, destacando eso si la peculiar mercenaria rusa Seergevich (Olimpia Melinte) un personaje demasiado manierista y lleno de tópicos (muy de cómic) como para ser tomado en serio así como el papel de la estupenda Marian Álvarez podía haber dado más de si. Con todo, Sordo resulta una película entretenida y recomendable, pese a que sus dosis de violencia a veces sean un tanto excesivas.

jueves, septiembre 12, 2019

QUIEN A HIERRO MATA



 
****      

Con Quien a hierro mata, Paco Plaza ha firmado su mejor película aunque se trate de un encargo en lugar de un proyecto personal con guión del propio realizador tal y como ocurrió en su última- y hasta la aparición de esta, mejor película- Verónica (2017). Un soberbio libreto de Juan Galiñanes y el inefable Jorge Gerricaechevarria consigue un thriller intenso pero asequible en donde el elemento psicológico (centrado en el protagonista) es el pivote en torno al cual gira la historia pero en modo alguno se trata del único ingrediente de una historia intrincada y solapada en varios elementos pero de ningún modo extremadamente compleja. Con este primer alejamiento del género fantástico y terrorífico en 20 años de carrera Plaza ya puede presumir de tener sus primeros  galones de excelente director de películas serias aunque este thriller en realidad debe al cine de horror clásico más de lo que aparenta: el espíritu de Dario Argento o de Stephen King planean en una historia realista de mafias y venganza donde también hallamos trazas de Scorsese, Coppola, Peckimpah y por supuesto de Hitchcock dentro de los tensos momentos de suspense de la película.

La premisa argumental es una muestra de cómo la creación de ficción española ha encontrado un inagotable filón en el mundo del narcotráfico gallego y todo su oscuro entramado. Porque este filme rodado y ambientado en Galicia y cofinanciado por la Xunta pretende dar sin ambages ni dobles falsas morales una visión atroz de cómo el mundo del tráfico de drogas en dicho territorio entre otros muchos efectos negativos hizo tambalear los cimientos morales de muchas personas durante un largo tiempo, y esto es precisamente en lo se basa el filme, más que en retratar el mundo mafioso en si: el drama moral de una persona corriente, Mario (inconmensurable como siempre Luis Tosar) jefe de enfermeros en una residencia de mayores que inesperadamente se reencuentra con el más horrible drama de su pasado cuando un viejo y enfermo capo narco, Antonio Padín (Xoan Cejudo, un tardío descubrimiento) llega a la residencia directo de la cárcel. Mario se convertirá en una persona diferente a la que él y todos sus allegado creían que era mostrando un nuevo rostro dentro de una pesadilla que proveniente del sórdido mundo del narcotráfico ha tomado control de su existencia, ilustrada por la relación con su nuevo y siniestro paciente. Amenazas, oscuros planes, chantajes, violencia y en definitiva el mal más absoluto se dan cita en una historia que muestra que como desde un contexto apacible y en apariencia funciona todo puede tornarse en un auténtico infierno (la evolución psicológica del protagonista está muy bien conseguida). Es reseñable el empleo de la violencia explícita en este filme y de diversas caras del crimen y del odio, por lo que esta cinta no se antoja para espectadores sensibles. La película además no da tregua al espectador con sus momentos de angustia máxima más sacados del cine de terror, como hemos dicho antes, que del cine negro. Estamos ante una de las mejores películas españolas del año.


domingo, septiembre 08, 2019

TU FOTOGRAFÍA (PHOTOGRAPH)






***        

Ritesh Batra, un cineasta indio de proyección internacional como ya demostró en El sentido de un final y Nosotros en la noche, ambas producciones norteamericanas de  2017 (aunque su obra maestra sigue siendo Lunchbox (2013) filmada en su país) se confirma con esta Tu fotografía como un gran narrador, especialmente como un excelente relator de crónicas cotidianas demostrando- al igual que hizo en The Lunchbox- que los sentimientos y las historias de amor son transculturales. Apuntándose de nuevo al costumbrismo y al retrato de la realidad social de la India actual, Batra nos muestra un melodrama amoroso tomando como base una relación imposible, un romance falso entre dos jóvenes indios de diferente extracción social que parece devenir en algo real pese a su origen impostado. Rafi (Nawazuddin Siddiqui), un fotógrafo de turistas que malvive de su trabajo y que duerme en un barracón con unos amigos quiere agradar a su abuela, la mujer que le crió y que va a visitarle a Bombay, diciéndole que tiene una prometida, ya para ello convence a una joven de familia con posición más acomodada a la que hizo una foto, Miloni (Sania Malhorta) que finja ser su novia. Rafi forzará encuentros con Miloni y su abuela, pero la muchacha, tímida, preocupada por sus estudios y bastante abrumada por la insistencia de sus padres de concertarla un matrimonio, no parece sentirse muy cómoda en su nuevo falso rol, al menos en un principio. Rafi, empeñado en salir de la pobreza por cualquier medio, y Miloni, que desea un futuro como mujer más libre y poder tomar las riendas de su vida dentro de la tradicional sociedad india no obstante encontrarán puntos en común en esa descabellada situación que al final podrían llevarles a algo nuevo.

Es obvio que el filme bebe de los estándares del drama occidental (se trata de una coproducción con Alemania y EEUU) a la hora de plantar una película que en realidad tiene la misma premisa que muchas producciones comerciales de Bollywood, pero aquí no solo no se siguen las pautas del cine indio sino tampoco del cine hollywoodiense mas comercial: se apuesta por los ropajes del cine europeo más intimista  a la hora de manofacturar una convincente mezcla entre el melodrama de sentimientos y la crónica más social enfocada esta vez a la realidad de un país cambiante y con muchas contradicciones como la India. Tal vez se echa en falta un mayor compromiso pero la película, aunque sin arriesgar demasiado, cumple sus propósitos.      

domingo, septiembre 01, 2019

LOLA Y SUS HERMANOS (LOLA ET SES FRÉRES)



       
***        

Ha sido un éxito de taquilla en Francia esta amable comedia sobre las relaciones familiares y las dificultades que muchas veces surgen en ellas. Lola (Ludovine Sagnier), una abogada de trentaitantos sensata y decidida pero negada para las relaciones sentimentales tiene que bregar no sólo con sus propios asuntos (una nueva pareja, sus ansias de maternidad) sino con sus dos hermanos mayores, los cuales siempre han sido para bien o para  mal una influencia para ella y que ahora se encuentran al igual que ella en momentos críticos en sus vidas que por supuesto terminarán afectándola. Benoit (Jean-Paul Rouve, también director de la película) se casa por tercera vez, pero su nueva esposa no es lo que parecía y además no termina de llevarse bien con el hermano mediano Pierre (José García), situaciones que terminan colapsándole. Pierre por su parte, divorciado, inmaduro e irresponsable se mete en un serio problema laboral que amenaza su estabilidad económica. Lola intenta ayudar a sus hermanos, pero estos no hacen sino complicar las cosas. En resumidas cuentas un  psicodrama familiar revestido de comedia costumbrista que pese a su muestrario de riñas y conflictos entre hermanos (y personales)  sabe sacar una sonrisa constante al espectador que seguramente se verá reflejado en muchas de sus situaciones.   

Si bien como comedia no aporta gran novedad, Lola y sus hermanos es un filme eficaz y muy bien planteado con un guión matizado e inteligente que apuesta por el entretenimiento con mensaje, ya que la película no se queda en lo anecdótico y va directo a la fibra del espectador y también a su conciencia gracias a una historia sencilla pero tan fuerte y real como la vida misma.  

viernes, agosto 30, 2019

ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD (ONCE UPON A TIME IN HOLLYWOOD)




 ****

Últimamente a Quentin Tarantino la salen muy bien las cosas. Lo suyo no es solo oficio, es habilidad narrativa superlativa, un dominio del arte cinematográfico lo suficientemente grande para hacer de una película un completo festival de audacias de todo tipo, una sensacional dirección de actores y lo que tampoco debe olvidarse un privilegiado don para dar con el equilibrio perfecto entre calidad y comercialidad. A estas alturas y tras casi 30 años de carrera no vamos a descubrir la grandeza de Tarantino, que una vez más ha vuelto a dar en la diana aunque este filme no supere su glorioso díptico western (Django Desencadenado y Los Odiosos Ocho), algo muy difícil, y ni tan siquiera llegue a los Niveles de Malditos Bastardos. La idea de revisar los comienzos de lo que se llamo el Nuevo Hollywood- aquella época en los 70 en la cual los directores volvieron a tomar el mando de sus obras con carácter autoral y lanzó a gente como a Coppola, Scorsese, Hopper, Spielberg, Ashby y otros- en aquel emblemático 1969, hace hoy 50 años, ha sido un acierto: el realizador de Knoxville ha dado rienda suelta a toda su sapiencia cinematográfica y toda su mitomanía pop- focalizada precisamente en los 60 y 70- para rendir un curioso homenaje a todo el maremágnum que se podía concentrar en el Hollywood de finales de los 60 y que desencadenó en un cambio en la década siguiente a la hora de concebir la industria cinematográfica norteamericana que resultó tan estimulante como efímero. Tarantino plasma con total acierto aquellos disparatados mimbres: el auge y caída del movimiento hippy, el primer reinado de la televisión, la irrupción de subgéneros cinematográficos underground, el auge del cine serie B, la globalización en los gustos del público internacional, la era dorada del Spagetti Western, el conservadurismo de la era Nixon y su cruzada contra el progresismo…y con este telón de fondo se nos muestra una comedia negra de personajes desesperados y al límite cuya historia transcurre en un contexto histórico real como fue el trágico verano californiano de 1969 en donde el hippy psicópata iluminado Charles Manson y sus seguidores (“The Family”) perpetraron un horrible crimen que puso fin a muchos ideales de los 60. Con personajes reales compartiendo pantalla con los protagonistas ficticios, la película desde la tragicomedia y la crítica despiadada más que satirizar homenajea al mundo del cine y su influencia en la gente marcándose una digresión sobre los acontecimientos reales del tipo que presentaba en Malditos Bastardos y con un mensaje similar sobre el amor al cine. Pero la película no quiere quedarse solo en eso y plantea una crónica histórico-costumbrista en donde se hace una reflexión, tan cruel y burlesca como más o menos atinada dentro de su ironía, sobre el fracaso personal, que aquí se expone como la negación a asumir cambios.

Los dos actores protagonistas, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, están excelentes como dos extriunfadores convertidos en poco tiempo en perdedores y que tratan de huir de un futuro nada halagüeño cada uno a su manera y sin aparentemente contar con el otro aunque su vida profesional y personal haya estado unida durante bastante tiempo. DiCaprio es Rick Dalton, ex estrella de la TV en blanco y negro cuya carrera en la pequeña pantalla americana parece haber terminado y tiene que dirigir su carrera al denostado circuito europeo, y Pitt es doble de acción, Clff Booth, que teme que el declive profesional de Dalton le afecte a él, un hombre con una cuenta corriente más bien modesta en contraposición a su compañero. Dalton, bipolar y enloquecido, no parece dar pie con bolo en su nueva situación dentro de un Hollywood que ya no es como él lo recordaba, y Booth parece cagarla también en el momento más inoportuno: dos personajes patéticos en un entorno que para ellos y para el resto de personajes de al industria del entretenimiento que aparecen el filme parece volverse cada vez más surrealista, artificial y absurdo. Porque Tarantino deja claro que su amor por el cine menos convencional y de culto de cualquier época no está reñido con la crítica al contexto sociológico en el que nació y todas sus circunstancias, positivas y negativas. En este sentido, la disección que se hace de los últimos 60 en USA y sus concomitancias que afectaron al mundo del espectáculo es sencillamente magistral. Es cierto que como siempre Tarantino no se toma en serio nada y que su fijación por mostrar lo más recóndito de la cultura pop lleva a veces al atragantamiento y por que no, a la trampa para el espectador, pero ver como toda situación, personaje, giro de trama o simplemente escenarios de fondo (todo sea real o imaginario) es sencillamente deslumbrante, especialmente para el espectador cinéfilo.

Jamás Tarantino ha estado tan acertado a la hora de mover y poner en escena personajes, aunque la mayoría sean reales. Puede salir -y sale- algo espectacular de una película donde aparecen Bruce Lee, Roman Polanski, las componentes femeninas de The Mamas and The Papas,  Steve McQeen,  Connie Stevens o se cita a Sergio Corbucci y las series de TV El Avispón Verde o FBI.  Mención a parte merece el personaje de Sharon Tate, interpretado por una inspirada y simpática Margot Robbie, que además de ser el personaje femenino más importante aparece en el filme como el elemento catalizador de la historia, como fue por desgracia fundamental su papel en la vida real en el final del sueño de los 60 (curioso el trampantojo simbólico en  la escena en que Tate-Robbie observa a la verdadera Tate en la película La mansión de los siete placeres), por no hablar del rol pivotal que ejerce Manson y sus acólitos en la película: aunque el célebre asesino aparece solo brevemente interpretado por Damon Herriman, sus seguidores aparecen todos cada uno s con sus nombres y con mayor y menor protagonismo, siendo Squeaky Fromme (Dakota Fanning) la que más protagonismo tiene. Son especialmente inspiradas las escenas en el rancho Spahn, a medio camino entre el western crepuscular y el cine de terror. Genial. Al Pacino, Bruce Dern, Timothy Oliphant, Emile Hirsch, Kurt Russell, la joven y prometedora Margaret Qualley y Luke Perry en uno de sus últimos papeles son algunos de los rostros más notables en el reparto coral de una película que aunque no es perfecta  resulta un nuevo acierto tarantiniano en donde tampoco faltan sus habituales diálogos ingeniosos ni su violencia desatada esta vez un tanto más comedida dentro de lo que cabe. Como comedia funciona estupendamente (tiene escenas verdaderamente tronchantes) y como homenaje al séptimo arte, pues está todo dicho. ¡Viva el cine!                                     

 

lunes, agosto 26, 2019

LA VIRGEN DE AGOSTO


 
****

Que bien que directores españoles jóvenes demuestren no ya sólo talento sino originalidad y capacidad para explorar formas narrativas poco convencionales con cierto afán experimentador y que además estas aventuras siempre arriesgadas finalicen en éxito rotundo. Porque Jonás Trueba es un director que se está ganando a pulso y por méritos propios un nombre en el panorama cinematográfico ibérico actual más allá del hecho de ser “hijo y sobrino de” y con su quinto y hasta la fecha mejor largometraje demuestra ser un nombre a tener en cuenta. Una película sin esquema planteamiento-nudo-desenlace, basada en los diálogos, en la escenificación de situaciones concretas y en mínimos arranques narrativos se revela como el vehículo perfecto para contar una historia psicológica y de sentimientos centrada en las vivencias de una joven. Y lo que se nos cuenta no es tampoco cualquier cosa, es ni más ni menos que la aventura de descubrirse a uno mismo y sus propios deseos y objetivos en la vida. Para ello, Trueba y la coguionista-actriz protagonista Itsaso Arana sitúan al personaje central (moldeado al parecer a partir de la propia Arana) en un contexto especial, que es el de Madrid en el mes de agosto, una ciudad casi fantasma donde muy pocos locales se quedan en la villa y corte y abundan turistas y castizas y anodinas verbenas madrileñas. En este curioso contexto, Eva, que acaba de cambiarse  de vivienda, intenta matar el tiempo veraniego y conoce a nuevas amigas, se reencuentra con conocidos a los que había perdidos la pista, intenta retomar la relación con una amiga con la que apenas se veía últimamente, se topa casualmente con su ex, conoce a un chico con el que podría comenzar algo y trata de probar nuevas experiencias. Muchas situaciones y emociones para una mujer que parece querer dejar atrás algo y no sabe como y que trata de encontrar un futuro lleno de esperanza donde ella cree que no había nada. Itsaso Arana se adueña de la función componiendo un personaje simbólico y con un poso poético aunque cargado de naturalismo y cotidianeidad, tal y como es la historia que se nos cuenta, una fábula urbana tan sugerente e identificable para muchos espectadores (especialmente treintañeros y cuarentañeros) como sutil en su simbología.

Trueba y Arana echan mano de Eric Rohmer y de ciertos aspectos de la Nouvelle Vogue para conseguir una película casi documental en donde los diálogos y la puesta en escena parecen improvisados por su naturalismo cuando en realidad todo está dispuesto perfectamente como un mecanismo de relojería para fascinar y conmover al espectador. Sólo con música diegética y un sonido directo con todo tipo de ruidos urbanitas de fondo, las vivencias de Eva pasan ante nosotros mostrando un proceso evolutivo emocional que finalmente lleva a una catarsis que define al personaje y sus objetivos. Un mensaje universalizable disfrazado de crónica generacional (aunque algunos puedan tildarla de tal) que muestra a las claras los propósitos del filme de establecer una visión clara de las relaciones y sentimientos humanos ante la incertidumbre. Un buen puñado de jóvenes y talentosos actores (Vito Sanz, Joe Manjón, Issabelle Stoffel, Mikele Urroz, María Herrador) ayudan a enaltecer un filme que es de lo mejor del cine español en lo que llevamos de año.