miércoles, julio 12, 2017

VERANO 1993 (ESTIU 1993)





**** y 1/2        

Gran sorpresa el debut en el largo de la joven realizadora catalana Carla Simón, una película autobiográfica sobre un episodio de la vida de la directora que le marcó profundamente y que ha tenido la gentileza de compartirlo con nosotros en forma de un encantador y más que sugerente relato de maduración y de descripción-muestrario de sentimientos con la infancia como foco central. No se puede decir que haya una historia definida en esta película ya que lo que trata de trasmitir es la situación, las vivencias, las sensaciones y los sentimientos de su pequeña protagonista, Frida (Laia Artigas), trasunto de la propia directora: una niña de 7 años que acaba de perder a su madre, víctima de, además de haber fallecido su padre unos años antes, y que ahora pasa a la tutela-adopción de su tío Esteve (David Verdaguer), hermano de su madre fallecida, y de su tía Marga (Bruna Cusí), padres de Anna (Paula Robles), de cinco años. Es el verano del año de 1993 y Carla pasa los primeros momentos de su nueva vida en la masía de un pueblo de Girona donde residen sus tíos. La niña no parece haber asumido aún el duelo por la pérdida de su madre, acaecida solo unos días antes, y trata de adaptarse a sus nuevos padres ya su nueva hermana mientras explora un entorno, el rural y campestre, que para ella resulta desconocido y fascinante y en donde el recuerdo de su madre, vivido de una forma inocente y peculiar pero sin lágrimas, está siempre presente. La difícil adaptación de Carla y los problemas que crea a sus tíos y a su primita, con la que establece desde el primer momento una curiosa relación mezcla de complicidad fraternal y dominación egoísta al más puro estilo infantil, es lo que mueve la película en su mínima línea verdaderamente argumental ya que lo que aquí importa en realidad es el sentir de Carla y su mirada ante las cosas envuelta en una circunstancia demasiado extraña para ella como para exteriorizar algo.      

El Espíritu de la Colmena parece una cierta referencia a esta película en cuanto se trata de mostrar todos los entresijos y la complejidad de la mirada infantil, aunque aquí el tono eminentemente realista hace de este filme una cosa bien diferente al mítico largometraje de Víctor Erice. Con un reparto adulto de intérpretes de los circuitos catalanes algunos de ellos debutantes y el tono casi de improvisación del filme (rodado en catalán) en un espacio bastante restringido - la inmensa mayoría del metraje se desarrolla en la masía familiar- la película es un feliz ejercicio de cine verista muy adecuado al tono intimista y de concatenación de situaciones y anécdotas de enorme realismo, esta claro  la directora se ah propuesto reproducir esa parte de su infancia al más mínimo detalle y para ello ha recurrido a recursos muy bien resueltos que abarcan una escenificación casi exacta de las relaciones familiares en situaciones desagradables y límite (todos los parientes de Carla trasmiten total credibilidad y resultan identificables como diversas tipologías de familiares), una muy fiel representación de los comportamientos de la infancia, y sobre todo un estudio de la reacción de los niños ante la pérdida y ante la desgracia. En el extraje no contemplamos casi a una Carla triste, sino a una Carla curiosa, rebelde y con sentimientos encontrados que abarcan el miedo, la ira, el atrevimiento y el escapismo, trayendo siempre de cabeza a su tíos, unos seres que definitivamente la llegada de carla pese a las esperanzas iniciales termina desnortándoles y solo en ese momento asumirán la importancia de la pérdida de la madre de la niña y sus consecuencias. El momento catárquico final, vivido por la protagonista, ilustra perfectamente el resultado del devenir de todo lo que hemos visto hasta ese momento en Carla. La niña Laia Artigas está fascinante en su debut y consigue adueñarse totalmente de la película con una madurez y naturalidad desbordantes. También es de reseñar la actuación de la muy pequeña Paula Robles, con una credibilidad fastuosa. Ha sido un acierto estrenar esta película en toda España en VO subtitulada porque no quiero ni imaginar la chapuza que hubiesen hecho doblándola y en definitiva desproveyéndola de su trabajado naturalismo en los diálogos. Una pequeña joya que demuestra que hay nuevos cineastas con mucho, mucho que decir y que además se atreven con proyectos tan difíciles como este, que es la mejor película española en lo que llevamos de año.  
  

martes, julio 11, 2017

HERMANOS DEL VIENTO (BRÜDER IM WIND)





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Gerardo Olivares, un veterano director español que ha sido capaz de plasmar toda su experiencia como director de documentales en más que interesantes filmes de ficción ha vuelto a acertar en el filme que cierra una trilogía en la que el director andaluz ha mostrado su vena naturalista (forjada en algunos de sus documentales previos) en películas como Entrelobos (2010) o la aún reciente El faro de las Orcas (2016) en donde el mundo de los animales y su relación con los humanos cumple papel central. Menos brillante sin embargo que las películas anteriores, esta Hermanos del Viento – codirigida junto con el austriaco Otmar Penker en una producción de este país- ha supuesto un esfuerzo artístico y técnico de primer orden ya que ha sido rodada durante varios años en los Alpes austriacos con un concepto más eminentemente documental y por así decirlo, científico que los filmes anteriores y centrándose en gran media en la vida de los animales protagonistas, que en este caso son las águilas reales: La vida casi completa de un águila real, desde su nacimiento hasta su madurez está plasmada con enorme detalle incluyendo impresionantes escenas de cacería o vuelo, interacción con otros animales u humanos a través de espectaculares y bellísimas imágenes en donde la majestuosidad del paisaje alpino se muestra en su esplendor y es un personaje más. Pero, claro está, lo importante aquí es la historia de relación del animal con el ser humano y en este caso nuestra águila cumplirá un papel importantísimo en la vida de un muchacho de 12 años Lukas (Manuel Camacho, el inolvidable “niño salvaje” de Entrelobos) que vive en un cabaña perdida en Los Alpes junto con su padre Keller (Tobias Moretti), con el quien por alguna razón tiene una relación tensa y casi silenciosa. Una premisa, la de la soledad y el sentimiento de culpa y la redención y hallazgo de la felicidad del ser humano por medio del amor a un animal, que se resuelve de manera demasiado simbólica y enormemente simplista y fácil en lo que la historia de las personas se refiere al establecer el corazón de la película en los devenires del águila protagonista, que a su favor hay que decir que se presentan por medio de sus hermosas imágenes captadas de la naturaleza con una puesta en escena que parece casi de ficción: como si los animales en realidad estuviesen actuando 
                                                                                                               
Pese a lo demasiado sencillo de la historia, ya solo la espectacularidad visual del filme justifica el que sea considerado como un brillante espectáculo en donde el mensaje de que la amistad verdadera es capaz de todo es el leiv mitin con el que debemos quedarnos. La película consigue transmitirnos la devoción que siente el joven Lukas por su águila Abel, la cual rescata cuando casi era un polluelo después de que su hermano la expulsase del nido y todo mediante el evocador poder de las imágenes y de la naturaleza. Su excesivo esquematismo y su morosidad a la hora de culminar una épica que al final no aparece por ninguna parte pese a ciertas esperanzas en el arranque o lo poco que aportan en realidad personajes como el guardabosques que interpreta todo un Jean Reno impide que esta sea una gran película, pero las propias condiciones del rodaje y la extremadamente difícil, arriesgada y valiente premisa técnica del filme tampoco se prestaban para demasiadas filigranas: al final el resultado valorando todo es más que digno. Para amantes de la naturaleza.

domingo, julio 02, 2017

WONDER WOMAN




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Hacía falta que el últimamente omnipresente género cinematográfico de los superhéroes tuviese por fin una película que marcase alguna diferencia -algo que las adaptaciones de los superhéroes Marvel solamente han hecho a medias y en muy contadas ocasiones (primera saga Spider-Man, primeros X- Men y Los Guardianes de la Galaxia) dentro de la basta cinematografía de esa casa, mientras que DC, que se ha unido a la fiesta del cine de gente en leotardos hace menos tiempo lo ha intentado con más esmero, pero sin demasiado éxito (Batman Vs. Superman)-  y sin que se haya logrado ninguna maravilla cinematográfica, la primera adaptación en largometraje de Wonder Woman, la superheroína por excelencia creada en 1941 por el psicólogo y guionista de cómic William Moulton Marson y que se fue uno de los primeros personajes de ficción femeninos que contribuyeron activamente en el empoderamiento de las mujeres en la sociedad occidental, resulta un filme de fantasía, aventura y acción muy bien planteado gracias a una regurgitación tan hábil como maquiavélica de diversos esquemas de la ficción de aventuras, y que aunque con alguna concesión logra avanzar bastantes metros de lo esperable en un filme de superhéroes. Y es que la editorial DC Comics tiene un legado de personajes del tebeo que ha trascendido tanto el propio universo de las viñetas (caso paradigmático, por supuesto, Superman y Batman) y que de hecho ha dado más que interesantes momentos a la historia del séptimo arte (el Superman de Richard Donner de 1978 o los Batman de Tim Burton de finales de los 80 y principios de los 90) y por ello se ha espmerado en hacer una adaptación de su tercera heroína en importancia como se merecía, aunque sin llegar a los niveles- de tono bien diferente uno de otro- de las primeras entregas de Superman y Batman: es precisamente el Superman de Richard Donner  una de las referencias claras de este filme especialmente en los primeros compases del mismo en donde se ve cierto paralelismo con los prólogos supermaneros en Krypton y Smallville, en lo tocante a mostrar un entorno espacio-temporal y conceptual totalmente diferente al resto del filme pero al mismo tiempo totalmente coherente en su temática con lo que se ve después. Dirige aportando además su punto de vista femenino Patty Jenkis, quien realiza un hábil trabajo conjuntado un cóctel tan heterogéneo como  acción, comedia, aventuras exóticas retro, cine bélico, melodrama, historia de época, fantasía épica de espada y por supuesto cine de superhéroes al uso elemento este último que a veces desequilibra el conjunto hacia lo predecible, pero sin que se caiga en los clichés cada vez más cansinos de películas de este tipo.   

Planteada como precuela de Batman Vs. Superman: el Amanecer de la Justicia (2016)- en donde la israelí Gal Gadot debutó en el rol de la Mujer Maravilla- y de la aún no estrenada La Liga de la Justicia, se nos cuenta las tribulaciones de Diana, amazona  princesa del reino perdido de Temiscira, una isla de amazonas de la  antigua Grecia que durante milenios después de la caída de los dioses del Olimpo sus habitantes esperan el momento de vengar la muerte de Zeus en manos de Ares, el dios de la guerra. El destino de Diana como la más poderosa amazona que debe destruir a Ares y ayudar a los humanos a acabar con el odio y con las guerras se cumple cuando en 1916 a la paradisiaca Temiscira llega el espía norteamericano al servicio de Reino Unido Steve Trevor (Chris Pine) quien en plena Gran Guerra ha robado a los alemanes el libro de fórmulas de un mortífero gas que puede cambiar el curso de la contienda. Esto llevará a Diana al mundo de los mortales donde combatirá en el frente francés de la Gran Guerra al lado de la Triple alianza utilizando su fuerza y agilidad sobrehumanas mientras busca a Ares para aniquilarlo y trata de ayudar a la débil raza humana cuestionándose continuamente los porqués de las contradicciones de los mortales y el extraño e insignificante rol de las mujeres en el mundo “real”. Resulta un más que interesante hallazgo el plantear las segunda parte del filme como una película bélica y de espionaje (aunque en realidad no sea tal) con una recreación de la I Guerra Mundial que nada tiene que envidiar a muchas películas bélicas de los últimos años y además con una sensación de que se toma en serio a si misma como una película de aventuras inteligente, con su tono camp y de cómic clásico (con alguna influencia también de la serie Indiana Jones), pese que el guión en si tenga bastantes agujeros y al final el climax de la lucha final entre Diana Prince-Wonder Woman y Ares sea un poco más de lo mismo en escenas de este tipo aunque con su intríngulis más de acción ochentera que actual. Gal Gadot, bellísima, está creíble como heroína de acción y mujer concienciada de armas tomar y esperemos que no se encasille en papeles de acción similares porque tiene bastante potencial dramático, mientras que en el reaprto de secundarios nos encontramos con viejos conocidos/as del calibre de Robin Wright, David Thewlis, Connie Nielsse, Ewen Bremmer, Danny Houston o la española Elena Anaya como la Doctora Maru, una de las villanas de la historia. Lo dicho, que estamos ante la mejor película de superhéroes desde Batman (1989), aunque al final tampoco eso equivalga a una obra maestra.  

viernes, junio 30, 2017

MARIE CURIE





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Una lástima que un nuevo biopic de la científica polaco-francesa Marie Curie (1867-1924), descubridora de la radioactividad y primera mujer que consiguió un Premio Nobel, no esté a la altura de las circunstancias perdiéndose en un ejercicio estilístico, tanto en imagen como en recursos narrativos, loable en su esfuerzo pero pobre y poco convincente en sus logros. Con marcado tono reivindicativo de la figura de esta mujer pionera del reconocimiento de las mujeres en el mundo de la ciencia más allá de la influencia de su marido Pierre Curie, con quien compartió el Premio Nobel de Física de 1903, este filme narra principalmente la vida de Maria Sklodowska (su nombre de nacimiento polaco) desde la muerte de su esposo hasta bien entrados los años 10 del siglo XX, con lo que tenemos más bien un retrato de la mujer en un mundo masculino que aún no estaba acostumbrado a aceptar la inteligencia en el género femenino. En este aspecto, esta cinta polaca cumple su propósito y entrega una biografía más audaz y menos convencional que lo previsible, pero sus momentos pretendidamente simbólicos y algún ramalazo bergmaniano -pero siempre con esa peculiaridad realista-costumbrista que siempre ha caracterizado al cine del este de Europa- caen en un pequeño empacho de esteticismo que resta credibilidad a la película.

Karolina Gruzska está bastante entonada como la física polaca nacionalizada francesa, una mujer entregada a su pasión por la investigación y por su familia a partes iguales que tuvo la suerte de poder equilibrar ambos espacios pero siempre luchando por su reconocimiento y por su genialidad, algo que muchos ponían en duda. Pero en un conjunto con más bajos que altos como este y un ritmo de historia incierto y a veces poco claro y aburrido, las buenas interpretaciones caen lo intrascendente. No ha tenido suerte en taquilla esta película, por cierto.

martes, junio 20, 2017

EL CASO SLOANE (MISS SLOANE)





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Siempre ha habido épocas en las que el thriller político se prestaba más por las peculariedades coyunturales de la situación internacional, y esta década de 2010 en donde la globalización ha producido muchos daños colaterales en interminables ámbitos y escalas, no es una excepción. Pero lo malo es que la creatividad cinematográfica y el sentido del riesgo en el cine actual no están en niveles excelsos que digamos  y no digamos ya cuando se puede insertar el elemento denuncia, algo que en otra época regaló no pocos thrillers políticos de este tipo más que interesantes: simplemente, se recurre al cliché de lo supuestamente políticamente correcto y ya está. De todo esto es lo que peca Miss Sloane, una película que sin embargo no debe caer en saco roto por su excelente guión, sus cuidadas interpretaciones y su tino a la hora de retratar la enorme confusión y ambigüedad ideológica y ética de cierta nueva clase política y empresarial condicionada por sus propios intereses personales y vendida a la refulgencia del dinero y siempre al servicio, directo o indirecto, consciente o inconsciente, de lobbys y grandes corporaciones. El personaje que da nombre al filme, Elizabeth Sloane, aparece un paradigma de la nueva praxis de los lobbys recurrentes en el mundo de la política en EEUU: una persona joven ambiciosa, sin límites profesionales, dispuesta a cambiar de principios y cambiar de chaqueta ideológica pisando a todo el que tenga delante y maniobrando de manera oscura e ilegal con tal de conseguir su objetivo. Si a ello añadimos que es mujer, solitaria y volcada con su trabajo tenemos ante nosotros a un personaje tan jugoso como poco empático para el público si bien  cumple con creces su rol de antiheroína del siglo XXI, algo a lo que contribuye decisivamente la esforzada interpretación de Jessica Chastain.            

John Madden, un director más efectista que otra cosa, dirige con oficio pero de manera rutinaria una película inteligente y hábil que no logra sin embargo atrapar como debiera al espectador por culpa de su poco estimulante puesta en escena. Sloane, una asesora política ambigua y con diferentes caras, se introduce en el eterno debate norteamericano de los límites la legalidad de las armas jugando a varias bandas y tocando las narices a compañeros, superiores y políticos rompiendo todos los límites de la ética, algo en lo que juega un papel fundamental el mundo de la tenencia de armas en EEUU y sus concomitancias morales y sociales. Su supuesta evolución ideológica y moral y sus consecuencias a varios niveles es lo que estructura esta película que muchas veces se pierde en unos giros e impulsos argumentales deficientemente estructurados y en una estructura narrativa de flashback que aporta más bien poco, algo que sin embargo no impide que el filme cumpla su función. Al final, da la sensación de estar ante una película esforzada y honesta pero lastrada por concesiones comerciales (un elemento thriller nada novedoso) y una falta de sentido del riesgo.

lunes, junio 12, 2017

LA PROMESA (THE PROMISE)





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El genocidio del pueblo armenio bien merecía una película honesta y con hondura dramática como esta coproducción entre USA, España y Portugal, un muy bien  narrado filme histórico que si bien se escora demasiado al melodrama más convencional en ningún momento pierde la compostura que se le presupone a una buena película y cumple con creces su misión de ilustrar y denunciar una injusticia histórica. El norirlandés Terry George, director de Hotel Ruanda (2004) y guionista de En el nombre del Padre (1994), escribe y dirige con su habitual aplomo a la hora de contar dramas históricos una película que pese a varias irregularidades se impone en todo momento con un filme más que aceptable.
                                                                                                   
Ambientada en los albores de la I Guerra Mundial, la historia arranca en el sur de un decadente un joven armenio, Mikael (Oscar Isaac) desea viajar a Constantinopla, la capital del Imperio, para estudiar medicina en medio de de un ambiente prebélico con Imperio Otomano (en una zona más o menos equivalente a la actual Armenia) en donde los turcos otomanos dispuestos a apoyar a los alemanes en una más que posible contienda europea y ansiosos de aprovechar la confusión para quitarse de en medio a minorías históricamente molestas como los armenios.  En la capital turca, hospedado en la casa de sus tíos, conocerá a Ana (Charlotte Le Bon), una institutriz armenia residente en Paría y a un avispado periodista norteamericano, Chris Myers (Christian Bale). Con el estallido del la contienda en 1914, Mikael es testigo de los arrestos, las deportaciones y los asesinatos que los turcos acometen contra la minoría armenia y ve con horror como todo su mundo se tambalea y sus seres queridos sufren, al tiempo que trata de huir desesperadamente sin poder consolidar una relación con Ana, de la que está enamorado aún estando prometido en un matrimonio de conveniencia en su aldea natal. Situaciones de auténtica angustia presentadas con realismo y crudeza con más estilismo humanista que bélico se suceden en medio de una espectacular puesta en escena con una perfecta ambientación y vestuario y una suntuosa fotografía de Javier Aguirresarobe remarcando los bellos y áridos parajes naturales montañosos de Armenia y todo el encanto del Estambul-Contantinopla de principios del siglo XX. Los momentos de nudo en la garganta, que son varios, no son en absoluto gratuitos y lo que hacen es recalcar la hondura de una injusticia. La interpretación de Oscar Isaac es excelente y supera a la de un correcto Christian Bale, que aquí representa a la imposible imparcialidad internacional tornada necesariamente en horror ante lo observado. Decir que en el reparto se encuentran varios intérpretes españoles o afincados en España en papeles secundarios o episódicos como Alicia Borrachero (como la tía del protagonista, el papel más extenso para una actriz española), Daniel Jiménez-Cacho o Abel Folk, dentro de un reparto plagado de actores procedentes de oriente medio o de origen armenio, además de otros europeos como Jean Reno, que tiene un papel anecdótico. Para amantes de dramas históricos bien contados.

martes, junio 06, 2017

DÉJAME SALIR (GET OUT)




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Ha sido un taquillazo en EEUU el debut como director del cómico afroamericano Jordan Peele- bastante célebre en su país- que en lugar de hacer una comedia como todo el mundo esperaba ha escrito y dirigido (y no aparece como actor) una curiosa cinta de terror psicológico con un punto de crítica histórico-social bastante irónico que de alguna manera supone un tirón de orejas a ciertos tópicos sobre la población afroamericana que aunque parezca mentira aún existen entre la sociedad estadounidense. El problema es que el público lamentablemente se quedará con el elemento terrorífico y de suspense- excelentemente trazado, dicho sea de paso- y a penas dará la importancia merecida a un retorcido y simbólico análisis de las relaciones  a lo largo de la historia (o en el momento actual, que prácticamente viene a ser lo mismo) entre los blancos y los negros norteamericanos y todo ese elemento de amor-odio que siempre ha subyacido. Una historia tan mordaz y crítica como turbadora y asombrosa que el director, un valor a tener en cuenta, sabe presentar como una autentica pesadilla siempre focalizándose en el personaje del protagonista, encarnado por Daniel Kaluuya, y dejando que el espectador se  meta en los zapatos del personaje viviendo su angustia, su incertidumbre  y finalmente su sentimiento cercano a la locura ante una situación verdaderamente inesperada y alucinante. Hitchcock, David Lynch o el Roman Polanski de La Semilla del Diablo son las referencias en las que se mueve esta película que pese a querer ser un filme de terror psicológico más autoral que comercial en no pocas ocasiones cae en tópicos del género de los últimos años -como los sustos fáciles- lo que de alguna manera termina lastrando las pretensiones de una película que podía llegar a ser una obra maestra del género si no fuese por esos innecesarios insertos palomiteros.

Chris (Daniel Kaluuya), fotógrafo de profesión y en alza, se dispone a pasar unos días en la mansión de la rica familia de su novia blanca, Rose (Allison Williams). Sus futuros suegros no parecen tener prejuicios raciales y parecen un matrimonio encantador, pero haya algunos detalles que a Chris le parecen inquietantes, como el hecho de que el servicio doméstico de su familia política esté formado por un hombre y una mujer negros con un comportamiento desconcertante y unos modales y aspecto  bastante anticuados y que casi todos los vecinos de la rica urbanización sean Wasps demasiado atentos con él. La hipnosis a la que le somete su futura suegra para aparentemente dejar de fumar parece tener otro propósito y pronto el joven se dará cuenta del extraño mundo en el que se ha metido. Con algunas secuencias sobrecogedoras y momentos de verdadera tensión la película cumple con creces su propósito de ofrecer terror psicológico trabajado e inteligente, más echando mano de algunas creencias del inconsciente popular (americano) que del psicoanálisis de su protagonista pero al fin y al cabo con un resultado convincente. Aunque lo mejor es que  más que ser una película para “pasar miedo” es una película para reflexionar sobre algunos aspectos de la realidad de un país.    

jueves, junio 01, 2017

ALIEN: COVENANT



 
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La resurrección de la franquicia Alien con su creador Ridley Scott como abanderado del nuevo proyecto no está resultando. Ya hace cinco años Prometheus, sin ser un filme de ciencia ficción deficiente no alcanzó los niveles que se le presuponían a una precuela de Alien, ahogada en una ridícula pretenciosidad filosófica a veces metida con calzador que en esta continuación de aquella- y de nuevo, otra precuela de la película original- curiosamente se diluye para caer malamente en un filme de terror y acción más que si bien sabe homenajear con todas sus concomitancias estilísticas, narrativas y mitológicas al siempre sugerente concepto original de la bestia extraterrestre cuyo única vía de expresión vital es la depredación, no consigue ser nada que haga justicia a aquel gran clásico del cine de terror y fantástico que fue Alien El Octavo Pasajero. Por si fuera poco, gran parte de los conceptos más originales y atractivos de Prometheus, los concernientes a los alienígenas gigantes humanoides conocidos como Ingenieros aquí apenas pasan advertidos. Ridley Scott, hiperactivo últimamente a sus 80 años, parece estar convencido de que filmando un filme tras otro su prestigio se mantiene. Pues no. Mejor no hacer memoria para no recapitular que películas de Scott de los últimos 15 años son grandes películas.

Aunque al igual que en Prometheus nos encontramos ante un descomunal esfuerzo de diseño de producción y una estética que homenajea muy bien a la iconografía del desaparecido H.R Giger, el creador visual del extraterrestre, otra vez la historia echa mano del pastiche, el autoplagio y el remix  y en ese sentido la sensación de deja vú es constante. Aunque teóricamente esta historia debería enlazar directamente con el primer Alien, da toda la sensación de que aún queda un eslabón por contar y el fan de la saga se sentirá un tanto confuso. Pese a la espectacularidad de los efectos especiales y el amplio muestrario de variaciones del alien anteriores a su legendaria encarnación- muy bien resueltas y también curiosa aunque un tanto vaga y contradictoria la ilustración de su proceso evolutivo – un guión poco apasionante y sin verdadero factor sorpresa se encarga en hacer caer a esta Alien: Covenant en la mediocridad, algo a lo que contribuye un reparto que actúa de la manera más rutinaria posible: si la tripulación del Nostromo levantase la cabeza. Solo Michael Fassbender, el único que repite de la anterior entregajunto con el fugaz Guy Pearce, se encuentra a la altura de las circunstancias esta vez como auténtico protagonista de la historia en un más que logrado doble papel como David, el androide que vimos sobrevivir en Prometheus, y Walter, una nueva versión del mismo que capitanea el viaje de hibernación de la nave Covenant, en donde 15 tripulantes, 2000 colonos de ambos sexos y varios millares de embriones se encuentran realizando un viaje de varios años para colonizar el planeta Origae-6. James Franco, Billy Crudup y Katherine Waterston como una nueva heroína femenina hacen lo que pueden como algunas de las potenciales víctimas de los xenomorfos, pero la credibilidad casi brilla por su ausencia. Como en casi toda la película.

lunes, mayo 29, 2017

Z LA CIUDAD PERDIDA (THE LOST CITY OF Z)






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Trata de parecer un intento de recuperar el cine de aventuras exóticas esta esforzada producción basada en acontecimientos reales históricos pero podemos decir que en realidad estamos ante un drama con trasfondo psicológico y épico cuyo mensaje es tan claro como poco confortante: el idealismo a veces puede ser fatal y adentrarse en lo desconocido casi siempre trae funestas consecuencias. La historia de Percy Fawcett (1867- supuestamente 1925), geógrafo y explorador británico que dedicó gran pare de su vida a buscar en la selva brasileña un supuestamente existente ciudad perdida que él llamó Z, repleta de oro y riquezas al estilo de El Dorado. El escasamente conocido Charlie Hunnan da vida con firmeza y credibilidad al explorador, un prototipo de aventurero de la época del colonialismo cuyo afán de encontrar todo tipo de riqueza en lejanas y exóticas tierras era común entre muchos geógrafos, políticos, científicos y empresarios de principios del siglo XX. Con una suntuosa fotografía que brilla especialmente en las escenas de la jungla y una puesta en escena cuidada y muy bien engarzada con el sentido de la narración que mezcla la épica y el drama personal, se perciben ecos de las epopeyas anticolonialistas de Joseph Conrad y un cierto tono de crónica antiheróica muy bien diseñada gracias al fascinante tratamiento que se hace de una figura tan inusual como al de Percy Fawcett, un hombre obcecado en su loca e imposible empresa que trataba desesperadamente de no descuidar a su familia aunque sus largas ausencias hacian de esto algo imposible.     

La segunda mitad del filme decae bastante y se echa en falta una culminación de la historia con algo más de chicha y menos desidia, ya que la caída en lugares comunes se hace demasiado evidente. La presencia en el reparto del jovencísimo Tom Holland (el inminente nuevo Spider-Man) como el hijo de Fawcett que a pesar del escepticismo termina embarcado en la larga y loca aventura de su padre y de una poco convincente Sienna Miller como la sufrida esposa del explorador aportan momentos de drama familiar desigualmente resueltos. Con todo, siempre es gratificante que hoy en día se sigan haciendo películas como esta aunque no sean especialmente memorables.