lunes, septiembre 24, 2007

Rayos Catódicos (Cuando la tele valía algo)- CHEERS: DE COPAS EN BOSTON


Sin duda alguna una de las mejores sitcoms norteamericanas de la historia de la televisión. Poseedora de records de longevidad en antena y de número de galardones para una telecomedia, esta serie ambientada, en un concurrido bar de Boston, se ha convertido en todo un entrañable estándar televisivo y en una de las comedias de situación mas recordadas de la historia. En el aire en EEUU durante once años (1982-1993), su secreto estaba en unas historias inteligentemente divertidas y creíbles y en unos personajes carismáticos encarnados por un formidable elenco de actores.


Una barra en el plató

Pocos espectadores de la NBC podían imaginar hace 25 años (el 30 de septiembre de 1982), que estaban viendo a las nueve de la noche el primer episodio de una de las series de televisión mas significativas de todos los tiempos y que con el paso del tiempo se iba a convertir en todo un referente televisivo de los 80 y 90. Y es que Cheers, producida por la CBS Paramount Television y la productora independiente televisiva Charles-Burrows-Charles Productions, aunque empezó de manera timorata en cuanto a audiencias, pronto se haría con un público fiel y cada vez más amplio hasta convertirse en uno de los programas de mayor audiencia de la época y en una de las teelcomedias mas premiadas. Once temporadas en total es lo que permaneció en antena Cheers dejando detrás millones de fans en todo el mundo y hoy en día es considerada una de las mejores series de televisión cómicas de la historia.

Arriba: Kirstey Alley (Rebecca Howe), Rhea Perlman (Carla), Woody Harrelson (Woody), John Ratzenberger (Cliff), George Wendt (Norm ). Abajo: Ted Danson (Sam Malone) y Kelsey Grammer (Dr. Frasier Crane)

Cuando se emitió por primera vez, Cheers no era una sitcom al uso, ya que sus personajes no eran miembros de una familia o un grupo de amigos (al menos en un primer momento), sino los trabajadores de un negocio y sus clientes. Un bar era también un marco inédito para una serie de este tipo (de un solo escenario), pero que duda cabe que se prestaba enormemente para una telecomedia, era un filón que aún estaba por explotar. Los productores, los hermanos Les y Glen Charles y James Burrows decidieron situar su ficticio establecimiento en uno de los entornos con mas solera, historia y tradición de EEUU, como es la ciudad de Boston, Massachussets, en donde abundan los bares elegantes, antiguos y con sabor añejo, tal y como iba a ser Cheers. El bar bostoniano Bull & Finch Pub iba ser la referencia y de allí se iban a tomar los fugaces exteriores que servirían de salto para diferentes escenas en los capítulos, Aunque los interiores se rodaron en los estudios Paramount en Los Angeles ante público, el Bull & Finch iba a ver acrecentada su popularidad durante esos años, hasta el punto de que cambió su nombre por el de Cheers, aunque su interior no fuese el mismo que el del pub televisivo.


Abajo: la primera plantilla de Cheers: Sam, Diana (Shelley Long), Carla y el Entrenador (Nicholas Colasanto)

Cheers en un principio incluía cinco personajes principales, pero temporada tras temporada irá incorporando nuevos roles hasta superar al decena en sus últimos años. El protagonista de la función era el dueño y camarero del bar, Sam Malone (Ted Danson) una ex estrella del besisbol, antiguo lanzador de los Red Sox de Boston en edad precuarentona que tras superar los problemas de alcoholismo que arruinaron su carrera deportiva adquirió el lujoso y antiguo bar (fundado en 1895, según el logo del establecimiento), al parecer poco antes del primer episodio. Junto a el trabajaban en las primeras temporadas otros camareros: Ernie Pantusso, “El Entrenador” (Nicholas Colasanto), un sexagenario antiguo entrenador de Sam, amigo y confidente suyo, que cumple eficientemente su trabajo y es un hombre encantador, pese a ser un individuo inocente y atolondrado que se toma todo al pie de la letra, Carla Tortelli (Rhea Perlman) una italoamericana divorciada y madre de familia numerosa, irascible y sin pelos en la lengua que adora a Sam, su antigua estrella deportiva, por encima de todas las cosas; y Diane Chambers (Shelley Long), quien es contratada como camarera precisamente en el primer episodio dando lugar a todo el desarrollo de la serie. Diane (o Diana, como la conocimos por estos lares) es una joven atractiva y culta, con varias carreras, intelectual y cultureta que aspira a ser escritora; su incorporación a al plantilla del bar se debe a que abandonada por su prometido, no tiene donde caerse muerta y acepta el empleo. Sam intentará cortejarla durante toda la primera temporada, pero su carácter redicho, feminista, culto y ambicioso choca con el machismo y la falta de modales de Sam Malone, un hombre con fama de mujeriego. Entre ambos se establecerá una química que sustentará toda la serie durante algún tiempo: indirectas, frases de doble sentido, dimes y diretes en una tensión romántica que dejaba en un primer momento al duda en el espectador de si ambos se gustaban o no y si terminarían liándose. Sam, pese a todo, es un hombre encantador y extrovertido, buen jefe y cumplidor como amigo, del que la locuaz y un tanto pedante pero simpática Diana no tardará en enamorarse en la segunda temporada, aunque su relación posterior no será estable ni constante.

En las primeras temporadas, Cheers, mostró sus cartas y la manera en la que iba a tratar sus historias y guiones durante más de 10 años. Sam, sus camareros y sus clientes habituales se ven envueltos en cada episodio independiente en típicas situaciones y acontecimientos cómicos y pintorescos, propios de las comedias de situación. La interacción entre los personajesy la personalidad de cada uno movían la trama de cada episodio: la afición por las mujeres y la irresponsabilidad de Sam, el afán de protagonismo y el narcisismo intelectual de Diana, el carácter extrovertido y amistoso pero faltón de Carla y las divertidas ocurrencias y frases del despistado y senil Entrenador (responsable de los momentos mas cómicos de las primeras temporadas) eran garantía para mantener el interés en el episodio desde principio a fin. Junto con al plantilla, clientes habituales completaban el entrañable mapa humano del local. Norm Peterson (George Wendt), un gordito contable cuarentón casi siempre en paro incorporó en la primera temporada al prototipo del parroquiano fijo que es conocido por todos y que se sienta siempre en el mismo sitio del bar, siendo además reflejo del americano medio. Junto a el, desde al primera temporada y hasta el final de la serie en 1993 se encontraba otro de los clientes por excelencia del local, Cliff Clavin, un cartero solterón sabelotodo e impredecible que incorporó John Ratzenberger. Este personaje en las dos primeras temporadas no era fijo en todos los episodios y no aparecía en los créditos iniciales de la cabecera, pero poco a poco fue ganando protagonismo.


Hostelería a la americana

Aunque resulte increíble, se pensó en cancelar la serie tras la primera temporada debido a las pírricas cotas de audiencia obtenidas, aunque desde el primer momento la crítica alabó la originalidad del nuevo producto. El voto de confianza de la NBC y la productora propiciaron que la serie siguiese en antena alcanzando en los años sucesivos sus mayores éxitos y varios premios Emmy. Hasta su cancelación final en 1993 Cheers fue incorporando nuevos personajes, amplió los escenarios (ya no era solo el bar) incorporando apartamentos de los personajes y otros lugares, además de exteriores, y sus guiones fueron mejorando paulatinamente. Hay que decir que el trabajo de su estupendo reparto fue clave para la aceptación de la serie.

Aunque las historias de Cheers eran independientes de un capítulo a otro, en las seis primeras temporadas (en las que estuvo presente el personaje de Diana Chambers, interpretado pro Shelley Long), los flirteos entre Sam y Diana llevaron buena parte del peso de la trama, así como sus rupturas e incluso un intento de matrimonio fallido entre la dispar pareja. En la tercera temporada (1984), además, Diana encontró un nuevo amor que la ocupará también intermitentemente hasta la salida del personaje en 1987: el dr. Frasier Crane (Kelsey Grammer), un psiquiatra estirado, snob y sosainas que de personaje intermitente pasará a convertirse en fijo en los años siguientes hasta el fin de la serie. Sobra decir que el personaje de Frasier protagonizará desde 1994 el spin off más exitoso de la historia de la televisión. La interacción de estos dos personajes durante el tiempo que coincidieron también es antológica, ya que ambos competían en intelectualismo y narcisismo.

Momento para la historia: el primer beso de Sam y Diana

La serie se esforzó por captar varios elementos y situaciones de la sociedad norteamericana con una visión entre costumbrista y crítica que potenciaba la identificación de al serie y sus personajes con el espectador USA, pero también con el público del resto del mundo, tal era su acierto al reflejar la cotidianeidad: los problemas en el trabajo, los conflictos entre las clases trabajadoras (Sam, Carla) con otro tipo de estratos sociales (Diana, Frasier), las situaciones familiares, el afán por conseguir dinero, la rivalidad entre negocios, etc.

En la segunda mitad de la ochenta, la serie alcanza su mejor época, tanto en cuanto a calidad como en éxito. Nicholas Colasanto, que encarnaba al Entrenador, uno de los personajes más carismáticos de la serie, falleció en 1985. Su personaje de ficción, como otros en otras series ante este tipo de situaciones, también murió. Por ello, para la cuarta temporada, el bar “contrató” a un nuevo barman, Woody Boyd, un joven redneck de un pueblo de Indiana que será el nuevo dispensador de paridas y el “clown” de la función, superando en simpleza a su predecesor, que ya era decir. Woody será uno de los descubrimientos de la segunda mitad, con momentos tronchantes y cómicamente antológicos que solo un rustico ingenuo en la gran ciudad podía producir. El actor que encarnó a Woody no era otro que al actual estrella hollywoodiwense Woody Harrelson, en un registro cándido e ingenuo al que no volvería en años posteriores, además de estar bastante alejado de la imagen que el actor ofrece en su vida pública. En 1987, tras la salida de Shelley Long, se incorpora un nuevo rol femenino principal, la empresaria trepa Rebecca Howe (Kirstey Alley), quien dirige el bar desde cuando Sam decide vender el establecimiento a la Lillian Corporation. De la sexta a la octava temporada, Sam, quien es ahora un barman asalariado, intentará recuperar el negocio al tiempo que intenta ligarse a la fría y calculadora Rebecca. Lo consigue (la compra) al final de la octava temporada, pero Rebecca continuará en Cheers como camarera. La peculiar relación entre tensa y con atracción mutua entre Sam Malone y Rebecca será uno de los plot de fondo de la serie hasta su final.

Personal y clientela

El reparto de la serie funcionó a las mil maravillas durante los once años de emisión, aunque solo aparecieron en todos los episodios Ted Danson (Sam), Rhea Perlman (Carla) y George Wendt (Norm Peterson ) Cheers reunió a un colectivo de excelentes actores y actrices que recibieron varios premios por sus actuaciones, probando algunos de ellos fortuna en el cine con desigual resultado.

El personaje de Sam Malone, el central y más carismático de la serie, era el prototipo del soltero cuarentón apuesto, juerguista, mujeriego y despreocupado, que es adorado por sus clientes y amigos. Diana intentará meterle en cintura mas de una vez- manteniendo o no relación- aunque rara vez triunfará en su cometido. El romance entre Sam y Diana, tortuoso y con constantes altibajos, no tendrá ningún final feliz ya que la salida de Shelley Long de la serie fue justificada por una ruptura definitiva entre la pareja. Sam, no obstante, tendrá varias aventuras amorosas durante toda la vida del serial. Este antiguo jugador de béisbol tiene su principal complicidad en sus clientes Norm y Cliff, quienes muchas veces le aconsejan sobre que será lo mejor para su negocio, aunque al propio Sam muchas de las veces se el ocurren ideas no muy acertadas como dejar su puesto de camarero durante un tiempo y convertirse relaciones públicas del local o convertir a Cheers en cualquier cosa menos un bar (una sala de cine, un local de subastas). Sam también mantiene una estrecha amistad con la incorregible camarera Carla y con toda su numerosa familia. Sin embargo, su relación mas fraternal es la que mantiene con su viejo Entrenador, y después con el sustituto de este, el paletillo Woody, el cual idolatra y respeta a Sam como si de un hermano mayor se tratase. Ted Danson, había intervenido antes de Cheers en películas de entidad como Fuego en el cuerpo o otras mas olvidables como Creepshow, pero con la serie alcanzó su mayor cota de popularidad, lo que le relanzó de nuevo a Hollywood en productos mas bien inofensivos como Made in America, Tres Hombre y un Bebé, Lago Ness, o la mini-serie de TV Los Viajes de Gulliver. Casado con la actriz oscarizada Mary Steenburgen, Danson es un excelente y versátil actor que sin embargo no ha tenido toda la suerte que merecía en el mundo del cine.

Diana Chambers fue durante los cinco primeros años la referencia de la serie junto con Sam Malone. Su personaje de mujer intelectual, sabihonda y con labia (pero sumamente vanidosa) en un entorno de bebedores y obsesionados con el deporte y las mujeres producía un curioso y cómico contraste. Diana al final cae rendida ante Sam pese a las insalvables diferencias culturales y de visión de la vida de ambos. La joven se esforzará por que Sam (y el resto de la plantilla y clientes habituales del bar) supere la mediocridad, incluso ayudándole a que se saque el graduado escolar. La entrada en la palestra en la tercera temporada de Frasier producirá en Diana un dilema al tener que elegir entre el refinamiento y al inteligencia pero total falta de pasión del psiquiatra o la vitalidad y seguridad en si mismo pero total falta de fidelidad de Sam. La relación con Frasier tampoco resultará satisfactoria, por el exceso de ego de la camarera. Shelley Long, se compenetró perfectamnte con Ted Danson y su renuncia a al serie (que fue la única en el reparto fijo en los 11 años que duró) fue sentida por todos los seguidores de al misma. En 1993 volvió a intervenir en el antológico último capítulo. Long hasta ese momento habia intervenido en alguna mediocre película, siendo la alocada comedia Cavernícola (1980), una de las mas conocidas. No tendrá mucha suerte en la pantalla grande pese a su éxito en al serie. Esta casa es un ruina (1986) es uno de sus trabajos mas recordados.

Diana Chambers, una locuaz intelectualilla metida a camarera

Rebecca Howe, el personaje sustituto de Diana a partir de 1987 como contrapunto femenino a Sam, era el prototipo de la yuppi combativa y arribista de los 80, aunque bastante negada para las relaciones sentimentales y con escasas habilidades sociales. El flirteo mutuo que mantiene con Sam es similar al que en un principio este mantuvo con Diana, aunque nos e da nunca una relación estable entre el y Rebecca. Mas feminista que Diana, su posición social baja cuando Sam recupera Cheers de la Lillian Corporation y esta pasa de ser gerente a una camarera mas, aunque agradecerá a Sam el no haberse quedad o en la calle. Kistey Alley consiguió dotar a su personaje del mismo carisma que otros más antiguos de la serie. Alley tenía ya una dilatada experiencia en televisión antes de llegar a Cheers, pero garcias a al serie su popularidad se acrecentó, interviendo en películas como las de al saga Mira quien habla, a principios de los 90. Posteriormente, con problemas de sobrepeso y de depresión, intervino en las telecomedia sVeronica´s Closet y Fat actress.

Carla Tortelli, la camarera italoamericana divorciada madre de familia numerosa histriónica, hiperactiva, faltona y deslenguada, pero sencilla y comprensiva, era uno de los personajes con mayor potencial de comedia. Y efectivamente, ese efecto se aprovechó bastante bien, presentando a un mujer de treintaitantos (cuarentaitantos al finalizar la serie) cuyo temprano matrimonio y maternidad la habían convertido en una especia de adolescente perpetua siempre con ganas de armar jaleo y de reirse de lso demás. Su relación con su jefe y amigo Sam (del que ella era fan en sus tiempos de deportista) es muy cordial, lo mismo que con el Entrenador, Woody y Norman, aunque no puede decirse lo mismo con Diana, Frasier, Rebecca o Cliff; a los tres primeros les desprecia por estirados y burgueses, mientras que al último, por razones desconocidas. Sus cometarios sarcásticos se dirigen principalmente a estos personajes. El personaje de Carla representa sin duda la Améri

ca proletaria y descontenta con su situación. En las primeras temporadas, Carla recibirá las visitas ocasionales de su indeseable exmarido Nick, y en la sexta temporada se casa por segunda vez con un jugador de hockey sobre hielo canadiense, Eddie Lebec, quien fallece años después. Rhea Perlman, esposa de Danny De Vito y comediante nata, ha intervenido como secundaria en varios filmes, algunos dirigidos por su marido como Mathilda (1994).

Si hay un personaje de Cheers que sea recordado pro el público por derecho propio ese es Norman Peterson, el contable cliente de toda la vida del pub. Su personaje, eternamente vestido con traje gris y corbata, es el protagonista de la frase por excelecia de la serie: Nooooooorm! , coreado en todos los capítulos por todo el personal y resto de clientes cuando entre en el lugar con el saludo de ¡hola a todos!. Prototipo del americano de a pie cliente de bares, Norm se implica completamente en la vida del bar, en donde se reune con sus mejores amigos. A parte de su profesión de contable, Norm ejerce en algunos capítulos pluriempleo (pintor de brocha gorda, empresario, decorador). Prototipo del gordito gracioso y campechano, Norm hace continua mofa y befa de su mujer Vera, a la que dice no soportar. Pese a todo, siempre en momentos de debilidad acaba confesando que la ama. La invisibilidad el personaje de Vera Peterson, fue siempre uno de los rasgos más curiosos de la serie, ay que parcticamente no tiene presencia física en la serie a pesar de ser mencionada constantemente; de hecho ni sus propios amigos de Cheers llegan a conocerla nunca, aunque hace su aparición de sosladillo en un par de veces (y sin verse nunca el rostro) y su voz se puede oír otras pocas en algún capítulo. George Wendt, un actor especializado en comedias, interpretó genialmente a este entrañable amante de la cerveza y de no tocar bola (casi siempre se encuentra en paro).

Sam Malone, apuesto e irresponsable (pero encanatador) propietario de Cheers

También contó con importante carisma el camarero Woody Boyd, al que Woody Harrelson incorporó a partir de 1985. Woody era el típico paleto granjero americano que pisa por primera vez la ciudad. Simple, corto de ingenio y con tendencia a tomarse todo al pie de la letra, con él las situaciones cómicas, los malentendidos y el slapstick mas disparatado se suceden uno tras otro. Su personaje era un filón muy bien aprovechado y la genial interpretación de Harrelson le lanzó a Hollywood, donde hasta el día de hoy ha mantenido una carrera más que aceptable aunque casi siempre fuera del registro cómico. Actor versátil y eficiente, su carácter díscolo y mujeriego contrasta con el personaje que lo hizo famoso. En al extensa filmografía de Woody Harrelson destacan Los blancos no la saben meter, Una proposición indecente, o su nominación al oscar de 1997 El escándalo Larry Flint, de Milos Forman.

El primer camarero ayudante de Sam Malone en la serie fue sin embargo Ernie Pantusso, El Entrenador, un antiguo entrenador de béisbol amigo de toda la vida de Sam que comparte con la aventura de llevar un bar y que se convierte en su principal confidente, pese a su simpleza y atolondramiento. Al igual que con Woody, la antología de escenas y momentos divertidos con el Entrenador es extensísima. El veterano actor Nicholas Colasanto, que había intervenido en filmes como secundario Toro Salvaje de Martin Scorsese y en varias series de TV, hizo una magnifica composición de este bondadoso papanatas, metiéndose en el bolsillo de todos los espectadores.

Cliff Clavin, el cartero cliente de Cheers, era otro personaje particularmente divertido. Típico solterón ocioso que vive con su anciana madre (a la que tiene constantemente que dar explicaciones de todo lo que hace), Cliff parece negado en su relación con el sexo opuesto pero siempre alardea de sus conquistas y de su supuesto éxito personal en todos los campos. Alardea además de tener una gran cultura, que muchas veces saca a relucir ante Diana o Frasier para obtener el halago de estos, aunque los datos incorrectos que siempre suele meter lo impiden. Es una especie de filosofo tabernario verdaderamente petético. Una de sus excéntricas aficiones es buscar parecidos a frutas y hortalizas con famosos o personajes históricos, lo que ocasiona el estupor de los demás y el desprecio de Carla, su ácida enemiga. John Ratzenberger, un actor secundario que alcanzó con Cheers su más elevada popularidad es hoy un popular presentador de televisión en EEUU y voz habitual en los filmes de dibujos animados de la Pixar.

Consideración aparte merece, claro esta, el Dr. Frasier Crane, interpretado por Kelsey Grammer, personaje que continuó existiendo con un éxito similar (o incluso superior) al de Cheers en el Spin Off Frasier. En realidad, Frasier entró en la serie en la tercera temporada (1984) como personaje secundario invitado, por el buen hacer de Grammer lo hizo fijo al año siguiente. Frasier llega a Cheers en calidad de nuevo novio de Diana con aires de superioridad en un entorno de bares y proletarios que no es el suyo. Su estiramiento y su relamido vocabulario pronto serán objeto de burlas de Sam, Norm y los demás, pero en temporadas siguientes se integrará totalmente como cliente de Cheers cultivando amistad con el resto de personajes. Frasier aparece caracterizado como el individuo al que le pasan todas las calamidades y contratiempos, por surrealistas que sean.

Cliff Clavin, el cartero filósofo de bar.

Otra incorporación tardía a la serie fue otra psiquitara, la doctora Lilith Sterlin que terminará manteniendo una relación con Frasier hasta el final de la serie. Lilith inicialmente es una mujer fría, aburrida estirada y sin pasión que desprecia el ambiente de Cheers, pero poco a poco, y a medida que conduce su relación con Frasier, mostrará su lado mas femenino y humano, pero también de mujer fatal y de sarcástica observadora. Bebe Neurwith, una actriz con bastante experiencia en musicales de Broadway, fue todo un descubrimiento en la serie. Neurwith también ha aparecido interpretando a Lilith en algunos episodios de Frasier, lo mismo que otros actores de la serie en intervenciones estelares en un capítulo.

A parte de los personajes principales, por Cheers desfilaron algunos otros que aparecieron en algunos capítulos, algunos de ellso interpretados por actores de nombre: Nick Tortelli (Dan Hedaya), el ex marido de Carla y su nueva mujer la rubia tonta Loretta (Jean Kasem); Eddie LeBec (Jay Thomas), el segundo marido de Carla ex jugador de jockey; Robin Colcord (Roger Rees) un ejecutivo ambicioso dispuesto a comprar Cheers (que en la última temporada se convertirá en personaje fijo); Harry Dedoslargos (Harry Anderson) un timador caradura que en la primera temporada siempre trata de estafar a los clientes del bar; o Evan Drake (Tom Skerrit) el director de Lllian Corporation y jefe de Rebecca. Otros personajes celebres como políticos (John Ferry, Michael Dukakais), deportistas (Kevin McHale) o presentadores de televisión (Johnny Carson, Arsenio Hall), hicieron apariciones estelares muchas veces interpretándose a ellos mismos. Los ingleses John Cleese y Emma Thomson también intervinieron como actores invitados en sendos capítulos.


Cheers en España

Cheers se comenzó a emitir en España tardiamente, en 1989, aunque hacia 1995, 2 años después de que terminase en USA, ya habían emitido todos los capítulos. TVE, por la primera cadena, fue la televisión que estrenó la serie en nuestro país (ya que entre otras cosas, era la única cadena a nivel estatal por entonces), aunque a partir de 1992 pasa a emitirse en Tele 5. Durante los años que se pasaron todos los capítulos originales, ambas cadenas repusieron capítulos antiguos varias veces, ya que el éxito de Cheers en nuestro país fue grande, si bien no se pudo mantener constante hasta el final de la serie.

TVE-1 comenzó a emitir Cheers de lunes a viernes en horario de sobremesa después del telediario, cuando esa franja horaria de las 15,30-16,00 estaba reservada para series diarias. Durante un año prácticamente pudimos ver las cuatro primeras temporadas; luego tras cambios de horario propiciados por al irrupción de las telenovelas en esa misma franja horaria, la serie se emite semanalmente en varias temporadas interrumpidas hasta pasar a Tele 5 en 1992, que también la emitirá semanalmente y al igual que las últimas emisiones en al televisión pública, en horario vespertino o nocturno.

El hecho de que la serie tardase tanto en llegar a España se debe no solo al hecho de haber una sola cadena de televisión, ya que otras telecomedias de éxito americanas tardaron muy poco en ser compradas en aquellos años (La Hora de Bill Cosby, por ejemplo). Tal vez, su humor adulto y su tono políticamente incorrecto asustaron un pco a los programadores. El caso es que al serie gozó de gran popularidad en España y tras su final ha sido repuesta a partir de al segunda mitad de los 90 por varios canales autonómicos, locales y televisiones digitales y de pago.


Where everybody knows your name

Cheers era una serie irrepetible. Un humor directo, inteligente, muy americano pero perfectamente asumible en otros entornos. Su tratamiento de la cotidianeidad era magistral, reflejando de manera crítica y ácida la vida en EEUU. Y es que un bar es el mejor entorno para reflejar el día a día de un variopinto grupo de personajes.

Sus episodios de media hora eran pequeños monumentos del humor en donde se podían encontrar todo tipo de situaciones y gags imaginables. James Borrows, uno de sus productores, dirigió muchos de los episodios y a el se debe la impronta de la serie. Los soberbios guiones fueron obra de varios guionistas, entre ellos el propio Borrows, aunque siempre destacé en el equipo de escritores David Angell.

Cheers ganó 26 premios Emmy y fue nominada en total en 117 ocasiones entre 183 y 1993. Ganó 6 Globos de Oro de 31 nominaciones. Ted Danson, Kirstey Alley, Shelley Long, Woody Harrelson, Rhea Perlman y Bebe Neurwith recibieron al menos un galardón cada uno por sus interpretaciones en la serie. El éxito de crítica fue muy grande en todo el mundo y no menos entre el público, figurando ocho temporadas en el top ten de los programas mas vistos en USA. Sus personajes y su decorado de bar son todos unos estandars de la historia de la televisión, lo mismo que su sintonía Where everybody knows your name interpretada por Gary Portnoy. Y es que ya no se hacen telecomedias así, inteligentes y creíbles. Esta serie debería de ser un ejemplo para la multitud de hacedores de sitcoms que pululan por todo el mundo manufacturando al por mayor productos insulsos y repetitivos. En fin, todo un clásico televisivo que nunca dejará de ser reivindicado.

martes, septiembre 18, 2007

El aparatito de Lumiere - HAIRSPRAY


En 1988 John Waters, director que en los 70 consiguió el estatus de cineasta de culto con sus comedias surrealistas, escatológicas y underground, rodó Hairspray, película más comercial y accesible al gran público que se ha convertido en uno de sus trabajos mas recordados a pesar de ser de lo mas light de su carrera. La película, como en toda su filmografía, estaba ambientada en la localidad natal del director, Baltimore. La historia: en 1962, Tracy Tumbald, una quinceañera gordita sueña con participar como bailarina en un popular programa local de música y bailes dirigido al público adolescente, pero la rechazan por obesa. Tracy no se da por rendida y gracias al apoyo de su también oronda madre, Edna, terminará entrando en el show. Con el paso del tiempo, la cinta se ha convertido en una película de culto que a acrecentado aún mas la leyenda de John Waters hasta el punto de que en 2002 se estrenó en Broadway un musical basado en la película que durante varios años ha obtenido un increíble éxito. En este musical se basa esta nueva versión de Hairspray, que ha conseguido grandes recaudaciones de taquilla en USA durante este verano.

Esta nueva versión musical del filme de John Waters esta rodada con más medios, grandes estrellas en el reparto, y su referente principal es la versión musical de Broadway, cuya música y canciones son obra de Marc Shaiman y Scott Wittman, pero, no obstante, respeta completamente el espíritu iconoclasta, hedonista, festivo y de exaltación de la vida y la música de principios de los 60 del filme de Waters (tal y como lo hacía al versión teatral musical). Adam Shankman, coreógrafo metido a director, es el responsable de este simpático y agradable remake que es un intento más de revitalizar el musical en el cine de Hollywood, hecho con el oficio y el mimo que requería la empresa. Tanto la versión teatral como esta adaptación son más políticamente correctas que la cinta de 1988, pero la impronta del director de Baltimore se deja ver por todos los lados. Y es que uno de los ganchos de esta nueva Hairspray es la presencia estelar de John Travolta como Edna Tumbald, la obesa madre de la no menos obesa Tracy. Este ejercicio de travestismo sigue fiel el espíritu de la fuente original, ya que en la versión de los 80 el papel de Edna fue interpretado por el carismático (y escatológico) transformista, travesti y showman Harris Milstead, Divine, mas conocido como “la vedette mas guarra del mundo”, musa de Waters en sus filmes mas underground, como Pink Flamingos, Polyester o Cosa de hembras y en donde hacía sutilezas como revolcarse en basura, comer huevos crudos hasta la nausea o incluso ingerir mierdas de perro. Tranquilidad, nada de esto sale en esta peli, en donde Travolta borda por cierto su cómico papel femenino de “mamá de la artista”, protectora, sufrida ama de casa y un tanto superada por los acontecimientos, con varios kilos de maquillaje y prótesis corporales para aparentar a una obesa cincuentona de principios de los 60. Y todo eso no le impide marcarse estupendamente unos cuantos bailes durante la película.

La película es divertida, simpática y con un punto deliberadamente naïf para presentarnos de manera un tanto manierista la alegría de la chavalería de principios de los 60 y los horteras concursos y programas musicales de la época. La película sigue el espíritu caricaturesco sixtie de la cinta de John Waters con esos peinados cardados imposibles de las féminas, el horroroso vestuario pre ye-yé, y los atractivos y lacados maromos que traen locas a las chicas del pueblo. La historia es en realidad muy simple, pero la incursión de elementos políticos como el de la lucha de igualdad entre afroamericanos y blancos en un tiempo convulso en el que la población negra aún estaba segregada en EEUU, siempre hizo del guión original una cosa bastante interesante, aunque en esta versión este elemento aparezca de manera mucho mas comedida y light, sin ese componente gamberro que ha caracterizado siempre el cine de Waters, aunque ha decir verdad, todo en esta versión es mas aséptico e inofensivo. Un reparto de estrellas ayuda bastante a llevar una historia que a causa de la naturaleza musical del producto, en no pocas veces se hace sinuosa; a parte de Travolta intervienen Michelle Pfeiffer como Velma, la insoportable productora televisiva del Show de Curny Collins, Christopher Walken como Wilbur, el padre de Tracy propietario de una surrealista tienda de artículos de broma y Queen Latifah como Motormouth Maybelle, la presentadora negra estrella de Baltimore. A parte de James Mardsen, que da vida al panoli presentador Curny Collins, se encuentra un buen plantel de jóvenes promesas como Brittany Snow, Elijah Kelley, Amanda Bynes, Zac Efron, (como Link, el príncipe azul de Tracy), y la saladísima Nikki Blonsky en el papel de la susodicha protagonista, cuya magnífica interpretación no desmerece nada a la de la inolvidable Riki Lake de la versión original. Todo el reparto esta formidable y tiene su momento para lucirse musicalmente. Travolta desde la época de Grease o Saturday Night Fever nunca había hecho un musical así, por cierto (además, ahora que me doy cuenta se han reunido los protagonistas de Grease y Grease 2, Travolta y Michelle Pfeiffer.)

Es una comedia musical alocada, dinámica y aparentemente un tanto tontorrona en cuanto a su historia (aunque el mensaje tiene su miga), con interesantes canciones que tratan de recoger los ritmos mas populares de los primeros 60 (Twist, Swing, Rock N´Roll, baladas Broadway, Soul) que se dejan oír y son pegadizas, aunque el conjunto sea irregular. Cada 10 minutos más o menos hay un número musical y eso puede agobiar a los que no estén demasiado acostumbrados a este género: aunque en la primera mitad del filme esto es más o menos llevadero en la segunda mitad todo es tan repetitivo que llega a resultar cansino. Una buena dirección artística, ingeniosos homenajes a otros filmes de John Waters (quien realiza un cameo, como Riki Lake, la Tracy original) e incluso a su amigo y admirador Almodóvar (en un detalle de decoración doméstica) y en general, una escenografía vistosa y ambiciosa dan lustre a una película evasiva y disfrutable.

martes, septiembre 11, 2007

El aparatito de Lumiere (Sesión doble)- DEATH PROOF / LA ULTIMA LEGIÓN

DEATH PROOF

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El nuevo film de Quentin Tarantino esta enmarcado en el arriesgado (y fracasado en USA) proyecto Grindhouse, en el cual, junto con Robert Rodríguez, pretendía homenajear al cine de serie B de acción y/o fantástico de los 60 y 70 presentando dos películas en sesión doble: esta y Planet Terror de Rodríguez. Como es sabido, la experiencia ha sido un fracaso en USA, lo cual es una pena porque este ultimo trabajo tarantiniano merecía en su país mucha mejor suerte: aunque sin llegar al nivel de Reservoir Dogs, Pulp Fiction o incluso Jackie Brown, este inteligente y divertido pastiche del cine de género es un una película muy lograda e inteligente, una ingeniosa broma que se ríe de las convicciones del cine convencional y que consigue reconstruir magistralmente el cine de bajo presupuesto. A años luz de la fallida Planet Terror, la película que coproducida con Robert Rodríguez completaba el proyecto, aunque ambas mantienen cierto espíritu unitario y complementario.

Por fortuna para Tarantino, el estreno de Death Proof en solitario fuera de los States ayudará a que esta película no sea un fracaso económico, algo que el realizador no se merecía. Si en Planet… Rodríguez la tomaba con el cine de terror, aquí Tarantino lleva a cabo su revisión del género de acción con persecuciones de coches mezclado con thriller de asesino en serie. Pero ojo, es mucho más que eso. Death Proof es una puesta al día del mito del asesino de doncellas en donde el falócrata ladykiller recibe una increíble lección por parte de sus victimas mostrando así un lado humano y vulnerable, que produce un efecto bastante curioso e incluso cómico. El Especialista Mike, interpretado por Kurt Russell, es un antiguo especialista de cine que recorre Texas en un inquietante coche negro con una calavera pintada. Su objetivo es liquidar a mujeres con su coche a prueba de muerte mediante aparatosos golpes, choques y accidentes de los que él, como buen especialista, siempre sale ileso. La presencia de Russell es un guiño de Quentin a las primeras películas de uno de los maestros de la serie B, John Carpenter, del que Russell era actor fetiche. Junto con el veterano actor (cuya carrera comenzó cuando era un crío) se encuentra un puñado de jóvenes y bellas actrices como Rosario Dawson, Sydney Tamiia Poitier, Vanesa Ferlito, Rose McGowan (que repite Grindhouse al haber aparecido también en Planet Terror) o la especialista Zoë Bell, que interpreta a una especialista de cine también llamada Zoë (¿ella misma?), a las que Stuntman Mike intentará liquidar. Es curiosa la división que hace Tararantino entre los grupos de heroínas: en la primera parte de la película aparecen los putones verbeneros, las cuales tiene a priori todas las papeletas para que no les toque un buen final, y en al segunda parte las friki-cineastas, un cuarteto de féminas relacionadas con el mundo del cine y del espectáculo, que Tarantino “trata” mejor que a las primeras y por las que el guión terminará decantándose. Con todo, la visión del universo femenino en el filme es la misma, tanto para un grupo como para otro: la exaltación del sentimiento de amistad y lealtad entre las mujeres frente al individualismo de los hombres, aunque el realizador y guionista se ría sanamente de muchas costumbres y convencionalismo femeninos.

El guión de la película, pese a contar una historia simplísima, es sencillamente genial, y, atención, contiene algunos de los mejores diálogos que Quentin haya escrito nunca, por increíble que parezca. La película parte con la premisa de presentar un remedo de película exploitation cutremente filmada y en copia defectuosa por innumerables pases, y Quentin trata de cumplir esto tal y como hizo Rodríguez con su parte, pero en bastante menor medida que el realizador hispano, ya que pese a haber ingenioso chistes metacinematográficos en forma de desajustes de imagen, saltos y cortes en las escenas y discutible calidad de imagen, eso solo sucede en parte; casi sin darnos cuenta ya no podemos ver en un momento dado del metraje todas esas deliberadas e irónicas imperfecciones, aunque la luz chillona y setentera de la imagen siga dominando la fotografía de la peli. Un curioso trampantojo que Tarantino completa con detalles ambiguos y de interpretación múltiple como un momento en el que la imagen es en blanco y negro (¿esta dentro del homenaje a la imperfección o aquí Quentin se ha querido largar el típico ejercicio de estilo del cine de hoy?).

La película es un claro homenaje al mundo de los especialistas de cine como no podía ser de otra manera las escenas de coches son de lo mejorcito de al película, con secuencias de pura adrenalina e impactantes, como el primer choque frontal del automóvil de Mike: increíble, acojonante; pocas veces en el cine se ha visto una escena así. Y, como era de esperar, el universo Tarantino, aparece en toda su plenitud: referencias a las hamburguesas Big Kahuna, la aparición de los entrañables personajes del Ranger Earl McGraw (Michael Parks) y su hijo Edgar (James Parks) vistos en Kill Bill y Abierto hasta el amanecer, alusiones al fetichismo pinrrelar, y la presencia del propio Tarantino, esta vez como el barman Warren, además de la aparición de personajes de Planet Terror como las gemelas Babysitter. En definitiva, un divertido y cachondo hom
enaje a diversos géneros (acción, western, thriller, road movie) que desde su jocosidad y gamberrismo inteligentemente muy planteados es una auténtica, auténtica delicia.



LA ÚLTIMA LEGIÓN

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Esta película, basada libremente en una novela de Massimo Manfredi, es un nuevo intento por relanzar el Peplum (cine de historia antigua) tras el éxito hace siete años de Gladiator, aunque en todo este tiempo no ha habido ni una sola película digna en este género, perdido en este década en excesos infográficos y historias basadas en luchas, luchas y mas luchas. Pese a que esto es lo que más o menos lo que ofrece esta ambiciosa superproducción dirigida por Doug Lefler y producida por el mítico Dino de Laurentis, nonagenario productor con más de medio siglo de carrera en el sétimo arte, hay algo de interés en una historia que fantasea en el periodo de decadencia del Imperio Romano con un emperador y un hijo de este- un niño llamado Rómulo- ficticios en plena ocupación germánica del imperio en el siglo V D.C. La Novena Legión, establecida en la isla de Gran Bretaña, es el elemento central de esta película, que nos cuenta su defensa de dicha isla ante las hordas germánicas y los usurpadores anglos al trono de los britanos celtas, desrromanizados ante la marcha de las tropas romanas a las guerras con los bárbaros. La historia fabula con la conexión- históricamente real- de las luchas de los britones en el siglo V contra invasores con el origen auténtico del mito del Rey Arturo de una manera tan sugerente como poco creíble, y por supuesto, históricamente fantaseada ya que no hay apenas información real sobre el mítico monarca, que en realidad fue un caudillo guerrero. Con una estética a veces anacrónica, especialmente en el vestuario, y con indudable vocación épica se desarrolla una película entretenida y muy solvente pero escasamente creíble. No faltan espectaculares batallas y escenas de lucha y la trama esta correctamente construida y se hace muy interesante, pero su tendencia a calcar a la saga ESDLA (incluso en algunas secuencias) y a incluir elementos propios de la fantasía épica no resulta muy apropiada.

En el reparto se encuentran actores conocidos como Ben Kingsley como el druida céltico Ambrosino (demasiado Gandalf), Colin Firth como el Comandante Aurelio y la bellísima actriz hindú Aishawayra Rai como una nada creíble guerrera india con modelitos sacados de la Pasarela Cibeles. Para pasar el rato y entretenerse.

sábado, septiembre 08, 2007

DANTEMANÍA

Increíble pero cierto. En esta década del 2000 estamos asistiendo a un redescubrimiento de la figura de Dante Alighieri (1265-1321) que va mas allá del magisterio literario que el notable autor florentino ha impartido durante siglos en la literatura universal, y que se sitúa en variados ámbitos de la cultura, incluso de la llamada cultura popular: libros best-seller, música, cine y hasta videojuegos se han alimentado en los últimos años de la obra del gran poeta italiano, generalmente de su Divina Comedia. Era impensable hace unos años que dicho autor y dicha obra llegaran a convertirse en iconos de la cultura pop, pero esta ocurriendo ahora. Dante superstar.


En mitad del camino de la vida…

Tal vez sea un ciclo que se va cumpliendo en el tiempo: algo del pasado adquiere notoriedad y reconocimiento popular según las características de tal o cual época. Ya disfrutó la obra de Dante en la segunda mitad del siglo XIX de una revalorización que acercó la Divina Comedia a las masas lectoras en plena revolución industrial y con un aumento del poder adquisitivo del pueblo y una mayor extensión de la cultura, como antes, en el Renacimiento y en la Ilustración, la lectura y el estudio de Dante fueron fundamentales en la historiografía

literaria y en el desarrollo cultural occidental. Pero en una época como es la nuestra, donde la lectura parece estar siendo arrinconada por la cultura de la imagen, la “literatura” sms y la pereza intelectual, la figura de Dante y su obra están llegando a un culto, si no popular y masivo, si lo suficientemente extendido como para penetrar en los ámbitos y espacios mas insospechados. La cumbre de la literatura medieval, otrora admirada y degustada casi exclusivamente por seguidores de las letras clásicas, devotos de la poesía, profesores y académicos y amantes en cualquier grado de la gran literatura universal, hoy parece haberse convertido en un objeto de referencia intelectual, cultural, personal e incluso social de bandas de rock, autores de cómics, diseñadores gráficos, programadores de videojuegos, guionistas destajistas de Hollywood, fabricantes de camisetas, etc.

Es cierto que la influencia de Dante en la cultura universal ha sido tal que hablar del influjo del autor de la Commedia y Il Convivio en nuestra sociedad actual, aunque no seamos conscientes de el, resulta una obviedad. Durante más de setecientos años la sobra del florentino ha estado planeando en todos los saberes de la humanidad: la poesía, la filosofía, la teología. La concepción del infierno, la imagen del paraíso, la representación poética del amor y de la mujer, la idea del pecado, lo deben todo a Dante y su Commedia. Pero no vivimos precisamente en unos años en que la cultura y la literatura con mayúsculas sean altamente populares y debidamente protegidas, y sin embargo el nombre de Dante y tanto el imaginario como el relato que el creó para su obra maestra se multiplican por doquier en novelas, cómics, películas, webs de Internet que analizan la obra de Alighieri. En el siglo XX jamás se dio tal nivel en el culto popular a Dante. ¿A que se debe esta Dantemanía que esta viviendo la cultura occidental? ¿Es realmente este momento tan poco propicio o es que no hemos advertido que existen elementos suficientes para que esto ocurra?


Descubrimiento de un enorme potencial atractivo

La sociedad de consumo resucita personajes, objetos y productos del pasado cuando le apetece o cuando le conviene. Ejemplos hay a montones. El caso es que en esta década de 2000 el redescubrimiento del potencial literario y dramático de la Divina Comedia (y por extensión de la figura de Dante Alighieri) es una total evidencia. El auge de la literatura fantástico-histórica ha convertido en best-seller a todo libro relacionado con fantasiosas especulaciones sobre diferentes enigmas o aspectos poco conocidos de la Historia (siempre en conexión con imposibles tramas histórico-conspiratorias), y la Commedia dantesca es un texto que por su simbolismo y profundo contenido poético, místico y filosófico se presta bastante bien a estos fregados. Por no hablar de lo concerniente a religión cristiana, como muy bien saben los fabricantes de literatura superventas (¿verdad, Mr. Brown?). Primero fue la alicantina Matilde Asensi, quien en lengua castellana describía una trama policiaco-religiosa ambientada en el Vaticano con el Purgatorio de Dante como McGuffin en forma de manual de claves secretas en su El Último Catón, novela en donde el poeta florentino y su mundo quedaban reducidos a un mero mapa para aventuras Indianajonesianas.

Otra novela en la estela del género literario puesto en boga últimamente por El Código Da Vinci y que utiliza el supuesto tirón comercial del nombre de Dante es La Ecuación Dante de Jane Jensen, otro thriller fantahistórico con connotaciones esotéricas y conspiratorias que se escora mas al terreno de la ciencia ficción. Aunque no he leído el libro de marras, las sinopsis de la obra a las que he podido acceder no mencionan en ningún momento al vate italiano, por lo que es presumible que su presencia en la trama y espíritu de la novela sea similar que la de Leonardo en El Código Da Vinci; es decir, nula, pese a dar el nombre al libro. Un ejercicio de discutible marketing esotérico-intelectual, visible en los clónicos títulos de los libros del ínclito subgénero.

Claro que no todo ha sido aspirantes a best-seller de intriga pseudohistórica en la prolífica incursión de Alighieri en la literatura de los últimos años. Autores como Piers Anthony (Incarnations of Inmorality) o Stephen Spignesi (Dialogues II) han recurrido a la estructura de la Comedia en sus obras actualizando el texto y personajes dantescos demostrando la transtemporalidad de la obra y la total adecuación del espíritu de Dante en nuestros días, mas allá del uso esotérico de la simbología de la Divina Comedia, bastante devaluada en las novelas que han acometido tal empresa. Pero lo no cabe duda es que mas allá del recurso de la utilización de la Divina Comedia en la literatura culta de hoy (algo que en la historia de la humanidad ha sido constante) es que la obra cumbre dantesca ha llegado hasta la literatura popular en forma de referencias en el mundo del cómic o proyectos tan curiosos como una versión de la Divina Comedia que en 2005 acometieron dos surfistas californianos metidos a escritores en donde el escenario y los personajes de la obra se trasladaban a la América contemporánea, adaptando también el tipo de lenguaje utilizado.

Y dentro de esta Dantemanía hay que citar sin lugar a dudas el excelente thriller del joven Mathew Pearl El Club Dante (2003), en donde dejando de lado la fantasía policíaca y ocultista, se nos ofrece una inteligente trama ambientada en el Boston de 1865 con el poeta Henry Wadsworth Longfellow, el primer traductor de Dante en inglés americano, y su círculo de poetas y profesores de Harvard enamorados de la obra dantesca como protagonistas. La historia cuenta como el autodenominado “Club Dante” de Longfellow, Lowell y compañía mientras trataba de acometer la traducción de la Comedia en medio de la oposición de Harvard por tratarse de un autor en lengua no clásica (acontecimientos reales históricos), es testigo de una serie de asesinatos que tienen lugar en Boston basados en los tormentos del Inferno (acontecimientos ficticios) que les lleva a pensar que alguien esta muy interesado en que dicha traducción no se lleve a cabo. Matthew Pearl (1975), un licenciado en literatura por Harvard, ganador del premio Dante de la Dante Society of America y responsable de una última edición estadounidense del Inferno, demuestra ser un enamorado y verdadero conocedor del autor, además del ambiente literario nortemericano de la época posterior a la Guerra Civil. El merecido éxito editorial y de crítica de esta novela ha terminado de consolidar el auge popular del gran poeta florentino en todo el mundo, esta vez sin recurrir a lo fácil (lo ocultista y religioso) y consiguiendo además que el nombre de Dante se popularice en un entorno tan poco propicio a las letras medievales como Estados Unidos, país que, no obstante, supera a Europa en cuanto al auge del autor en la cultura popular del momento.

Mathew Pearl

Esta popularización de Dante, como jamás se dio en el siglo XX, por obra y gracia de la sociedad de la comunicación, tiene como vemos variadas causas. Y es que se esta descubriendo que la Divina Comedia es una obra que, bien pulida y, por desgracia, desnaturalizada y simplificada, es todo un filón. Esta llena de personajes mitológicos y fantásticos (centauros, arpías, gigantes), demonios y tormentos, y conecta perfectamente con la Fantasía Épica de la saga El Señor de Los Anillos y sucedáneos. Su simbología poética es tan sugerente y perfecta que es muy difícil no resistirse a encontrar significados ocultos en muchos de sus pasajes, y si no se encuentran, se inventan: conexión con la literatura histórico-fantástica que hablamos antes. Su tono teológico y su carácter de obra cristiana son otro elemento de “comercialidad” de la obra, ahora que esta tan de moda la conspiración religiosa y todo lo relacionado con las verdades ocultas de la Iglesia. El Infierno dantesco, que ha inspirado a la humanidad durante siglos, es tan atractivo, sugerente y bien descrito (y cargado de detallitos gore) que su incursión en novelas, cómics o videojuegos supone un plus a la hora de presentar un Averno convincente y atrayente para estos medios. Un redescubrimiento tardío, si; y meramente utilitarista, también. La globalidad de información brindada por internet ha dispuesto la figura de Dante a nuevos creadores y a las masas, algo así tendría que ocurrir en una época como esta.


¿Dante vive?

Tal vez estas razones sean bastante simplistas y traicionen el espíritu de Dante, pero que duda cabe, le han colocado en la cultura popular. En una época donde la lectura y el estudio de la poesía son poco más que residuales y en donde lo intelectual se encuentra en la más ínfima de las consideraciones por parte de la sociedad, parece increíble que un autor y una obra de estas magnitudes y naturaleza haya encontrado un hueco tan preeminente en la mente de escritores de todo tipo, músicos y otros creadores. Es cierto que en nuestra sociedad de hoy, entre las muchas cosas que le faltan, se encuentran el idealismo y la búsqueda del amor y lo sublime que empapan la Divina Comedia, la búsqueda de la luz en un mundo que parece hundirse en las tinieblas de la destrucción, la injusticia, la deshumanización y el horror. Escritores como Pearl y otros, o músicos tan diferentes como Lorena McKennit, Sepultura o Mike Watt, admiradores del autor, son conscientes de que ante la mediocridad de este mundo un buen bálsamo es la Divina Comedia, y con ella la obra de Dante en extensión. En eses sentido, parece estar funcionando correctamente el influjo mutuo entre los creadores y se puede decir que todo artista, escritor o publicitario que se precie tiene que utilizar algún elemento de la Comedia, aunque, eso si, la mayor parte de las veces en el sentido lúdico y/o tremendista exaltador de lo fantástico y tenebroso al que antes aludíamos. Pero, por fortuna, no todo esta siendo así, y en las múltiples utilizaciones del mito dantesco que se están llevando a cabo de los últimos años se percibe no poca voluntad de tratar de elevar libros, discos, juegos o películas a una categoría superior artística y literariamente hablando rindiendo tributo al maestro de las letras italianas y al cautivador poder de las imágenes descritas en la Divina Comedia.

Es evidente, sin embargo, que la poderosa atracción y los múltiples niveles de lectura y comprensión de la Commedia no han sido explotados todo lo que se debiera. Tal vez, esto no se llegue a hacer nunca, porque, se quiera o no, nuestra sociedad esta aún muy lejos de poder aceptar la obra dantesca en su plenitud: no vivimos en el renacimiento, la última vez que esto ocurrió. Sin ir mas lejos, aún no se ha tocado como debiera en esta Dantemanía uno de los temas centrales de la Divina Comedia, como es el del amor, “que mueve el sol y las estrellas”, que Dante encarnaría en Beatriz. Habrá que esperar que al lumbreras de turno se le encienda la bombilla y entonces Beatrice ocupe el lugar en la cultura popular que, por significación en la obra dantesca y en la historia del pensamiento, se merece, casi parejo al de Dante.

La última edición norteamericana del Inferno, cuyo coordinador es Mathew Pearl se ha convertido en un best seller en EEUU por el influjo del éxito de The Dante Club y ha situado al autor en el mundo editorial estadounidense, cumpliéndose con casi siglo y medio de retraso el sueño de Longfellow de que la obra maestra de Dante se convirtiese en una obra popular en USA.

Si nos detenemos en las referencias a Dante Alighieri en los últimos años vemos que la lista es abrumadora. En literatura, a parte de los ejemplos citados en párrafos anteriores, nos encontramos con fantasías históricas sobre la vida y obra del personaje como In The Hand of Dante (2002) de Nick Tosches; la revisión feminista radical de Monique Witting en Virgil, Non o el infierno dantesco en la vida de los afroamericanos en Linden Hills de Gloria Naylor. El cómic Sandman de Neil Gaiman recurre al infierno de Dante con fidelidad. En música, discos que intentan reproducir la estructura trípleta de la Comedia y el espíiritu de la obra, como The Secondman´s Middle Stand (2004) de Mike Watt, The Seven Circles (2004) de Tea Party o Dante XXI (2006) de los brasileños Sepultura; por no citar canciones como Dante´s Inferno de la banda de Heavy Metal Iced Earth, o The divine wings of tragedy de los progresivos Symphony X, y sin olvidar que The Divine Comedy fue el título del primer disco de la actriz y modelo Milla Jovovich y el nombre de una de las bandas de Rock Independiente mas influyentes de los últimos años. Se pueden encontrar ilustraciones y grabados inspirados en la Divina Comedia (como las de Gustave Doré) en multitud de discos.

En el mundo del cine y la imagen, en los últimos 15 años el espíritu de Dante ha estado presente en trabajos de Peter Greenaway (una adaptación de los primeros ocho Cantos de la Comedia para la BBC en 1990); el proyecto, llevado a cabo por otros cineastas en los 2000, de Kristoph Kieslowski de realizar una trilogía basada en la Divina Comedia; o en referencias evidentes en films tan comerciales como Seven (1995) o de culto indie como Clerks (1995). En el mundo de los videojuegos, las referencias dantescas son múltiples; tan solo citar juegos como Doom, Final Fantasy o Davil May Cray como popularizadores de la obra dantiana entre la chavalería.

¿Influirá el redescubrimiento de Dante en la sociedad occidental actual en una mejora del ser humano? Parece ingenuo incluso el plantearse eso. ¿La figura de Dante se ha mercantilizado al descubrir ciertas cabezas pensantes un cierto y rebuscado tirón comercial en su obra? Es posible, pero todo lo concerniente a Dante siempre se resistirá a convertirse en un mero objeto de consumo por mucho que se intente tal cosa. Lo mejor de todo esto, sin embargo, es comprobar que Dante Alighieri vive y que siempre que le necesitemos a él, a Virgilio, a Beatriz, a los Siete Círculos y al Empíreo Fijo, siempre estarán allí.

jueves, septiembre 06, 2007

CUMPLIMOS UN AÑO

Rayos C en la Oscuridad ya tiene 1 año!!!


Este blog cumple su priemer año de andadura. Ha sido un todo un placer esta expereincia bloguera que pienso coninuar hasta que el cuerpo aguante. Muchisimas gracias a todos y todas los que habeis mandado algun comentario o habeis visitado este blog .

Seguirán brillando los Ryos C en al oscuridad por mucho tiempo, no os quepa duda

miércoles, septiembre 05, 2007

El aparatio de Lumiere (programa doble)- DOS DIAS EN PARIS / CAUTIVA

DOS DIAS EN PARÍS

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Debut como directora de la actriz francesa, aunque residente en EEUU, Julie Delpy (1970), musa de Kristoph Kiezlowsky en su Blanco (1993) y relativamente habitual en el cine norteamericano en los 90, en donde es recordada principalmente por ser la coprotagonista junto con Ethan Hawke de Antes del Amanecer. Dos dias en París es una producción francesa rodada originalmente en francés y en inglés en la ciudad de la luz. El guión, también escrito por la propia Delpy, cuenta la historia de una pareja de treintaicincoañeros, Marion, una fotógrafa francesa con un paradójico defecto congénito en la vista (Delpy) y Jack, un decorador americano (Adam Goldberg), residentes desde hace un tiempo en USA que llegan a París para pasar dos días después de unas vacaciones en Venecia, siendo la vez primera que Jack, un individuo neurótico, dubitativo y celoso, pisa suelo francés. Marion pretende enseñar a su novio su ciudad natal mientras se hospedan en el antiguo apartamento de la chica y son los invitados ocasionales de los padres de Marion. Marion se reencuentra con antiguos novios, y amigos íntimos, lo que hace aumentar la desconfianza de Jack y esta provoca una pseudocrisis en la pareja bastante surrealista.

La película trata de ser una comedia europea pero con continuos ecos de Woody Allen (no hay mas que ver al protagonista masculino), y si bien es cierto que tiene algún golpe bueno y diálogos ingeniosos, la historia es tediosa y poca emocionante. Su mensaje de la necesidad del entendimiento en las parejas esta muy manido y tal y como se presenta huele a moralina barata. No obstante, el esfuerzo de Julie Delpy en su debut es importante, aunque los resultados no sean todo lo buenos se cabria esperar. Como curiosidad, los actores que interpretan a los padres de Marion (Albert Delpy y Marie Pillet), son los verdaderos progenitores de la actriz y directora, unos pesos pesados del teatro francés. También interviene en un pequeño e insustancial papel uno de los actores europeos de moda, el germanohispano Daniel Brhül (Goodbye Lenin, Salvador), quien hasta hace poco se encontraba en Euskadi rodando.



CAUTIVA


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Estupenda película argentina que llega a las pantallas hispanas con cuatro años de retraso, y eso a pesar de haber obtenido el premio a la mejor película latinoamericana en el Festival de San Sebastián en 2003 y alguna otra distinción mas. La película, ambientada en 1995, cuenta la historia de Cristina, una adolescente bonaerense de 15 años que ha crecido feliz como hija única de un matrimonio bien posicionado, pero que un buen día en mitad de una clase en el colegio religioso al que asiste, es llamada por la monja directora del centro que le presenta a una psicóloga y un doctor que el comunican que tiene que presentarse ante el juez: una familia reclama su custodia ya que se ha probado mediante análisis de sangre que ella en realidad es hija de un matrimonio de arquitectos desaparecidos a finales de los 70, los años del salvaje régimen dictatorial de la junta militar de Videla. Sin tiempo para asimilar nada, el juez entrega a la joven a su auténtica abuela de la que en un principio huirá literalmente, aunque terminará yéndose con ella contra su voluntad. Cristina se enfrenta entonces a una nueva situación, a una nueva familia, a la separación de los que ella creía que eran sus padres biológicos y a su verdadera identidad robada, Sofía Lombardi. Pero al intentar averiguar su verdadera historia, su horror será monumental al averiguar lo que les sucedió a sus auténticos padres

Una película muy directa, honesta y emotiva que se centra en los sentimientos y circunstancias del personaje de la joven Cristina/Sofía, muy bien interpretada por Barbara Lombardo. Una muchacha perdida y desconcertada ante su crisis de identidad que aprenderá a apreciar y querer aquello que debías ser suyo (y que al principio rechaza) cuando ella misma se da cuanta que ah sido al principal víctima de una total injusticia. Una estupenda película de denuncia dirigida con pulso y sin grandes medios por Gastón Biraben, director que debuta con este film y que normalmente trabaja en Hollywood como montador de sonido.