*** y 1/2
¿Tiene el ser humano una congénita fascinación por el mal? Esta es la pregunta que parece hacerse esta película, un thriller-drama noir con elementos de acción en donde la venganza y la violencia presiden una historia de que en primera instancia parece dejar un mensaje poco reconfortante sobre la condición humana. Basada en una novela de Carlos Augusto Casas, Leones en Invierno funciona muy bien como cine de género de sabor ibérico aplicando la receta de muchos thrillers y filmes de cine negro españoles de los últimos, es decir, planteamientos genuinos del género negro internacional (y especialmente, claro está, del anglosajón) atravesados por la idiosincrasia y la realidad social españolas, jugada que esta película maneja con maestría.. Albert Pintó se desenvuelve muy bien en un trabajo más centrado en los actores y en sus disfuncionales personajes -y haciendo casi todos unas interpretaciones de aúpa- la mayor parte condicionados por el odio, la corrupción y la violencia y en donde el estudio psicológico y antropológico del origen de la violencia tiene peso principal en todo el devenir de la historia. Nocturna, cruda y urbana y con no pocas escenas truculentas y sanguinolentas, la peli no deja descanso al espectador en cuanto a drama descarnado, intriga y en cierta medida, horror, con un ritmo narrativo muy bien manejado en cuanto a tiempos pero con un devenir en al trama a veces poco creíble.
Juntar en una misma película a tres de los mejores actores de carácter de la escena española actual como son Luis Zahera, Roberto Álamo y Jordi Mollá es ya de por si un pasote y la experiencia se ha saldado con total éxito. Alejandro Hidalgo, el personaje interpretado con una total solvencia por Zahera- cada vez es mejor actor el gallego- un padre de familia de cerca de 60 años experimenta el fallecimiento por atropello de su hija adolescente, barrida por un deportivo de alta gama al perecer propiedad de un narcotraficante. Un silencio en la investigación policial, debido a que el conductor era un policia infiltrado en el submundo del narcotráfico (José Manuel Poga), enerva a Alejandro que con la ayuda de un amigo policía de dudosa catadura moral, Salva (Roberto Álamo) y un excolega yonki con contactos en ese mundillo, Joaquín (Luis Callejo) decide investigar y dar con el asesino de su hija, un poli que le ha cogido demasiado gusto a esto de la delincuencia. Un sórdido mundo de policías corruptos, soplones sin escrúpulos, propietarios de negocios dudosos y sicarios de distinta índole dispuestos a hacer de todo desfila ante nosotros en contraste con situaciones más amables como periodistas queriendo conocer la verdad y gente dispuesta a colaborar con víctimas, un combate en donde al final al fuerza saldrá ganando. Lo peor es que Hidalgo y sus amigos se reencuentran en esta situación con el recuerdo de algo terrible de su pasado y que ha hecho despertar en el despechado padre unos instintos que el había creído reprimir y controlar: un reencuentro monstruoso y escalofriante que Zahera representa y plasma de una manera alucinante (tal vez tengamos un Goya a la vista). Como hemos dichos antes, el reparto coral está de diez, interviniendo además de los citados Inma Cuesta como la decidida - y opuesta a su marido- esposa del protagonista, Ana Wagener, Antonio Durán “Morris”, Irene Escolar y la joven María Romanillos. Una pena que la trama tenga tantos personajes pululando de aquí para allá, se pierdan algunos que podían haber tenido más jugo como el de la periodista y que la historia sea a veces una tela de araña un poco liosa que para colmo en sus minutos finales plantee situaciones un tanto forzadas y que empañan algunas de las virtudes que hasta el momento había presentado el film. Pero nada puede quitar a Leones en Inverno de ser una muy buena película y una muestra de como el cine español va evolucionando de una manera muy convincente. Ojalá que la situación se siga manteniendo si nadie lo impide en los años venideros.








