**
Una pena que un ejercicio de revisión de un personaje tan significativo en la historia de la ficción occidental como Robin de Locksey, es decir, Robin Hood, haya salido tan irregular y deficiente pese a su más que interesante premisa -un Robin maduro, decadente y desposeido, retirado ya de sus andanzas que se presenta aquí como un antiguo asesino sin escrúpulos, que sufre internamente arrepentido de sus fechorías- y su muy llamativa factura visual que funde lo etnográfico con el naturalismo histórico y en definitiva una visión nada glamourosa y si totalmente desmitificadora. Michael Sarnoski, director y guionista que intenta abrirse camino como autor (Pig (2021), Un lugar tranquilo (2024)) si que presenta buenas credenciales en este filme y un buen hacer como creador de escenas, algo a lo que ayuda la excelente fotografía de este filme, pero sin embargo se muestra irregular y un tanto pretencioso como narrador llevando a esta revisión a los límites del sopor. Hugh Jackman como un barbudo y canosos Robin Hood si que se puede decir que está más que eficaz, pero su excelente trabajo interpretativo por desgracia no logra levantar todo la película
Gran parte de la narración la lleva el personaje de Robin con el de la Hermana Brigid (Jodie Comer), una joven y misterios abadesa residente en una iglesia casi en ruinas que cuida a un herido Hood tras un violento enfrentamiento: un personaje curioso pero insuficientemente explotado. Tambien aparece el fiel Little John, desencadenante de este último combate del forajido de Sherwood, interpretado por un cumplidor Bill Skarsgard, mientras que otros personajes van apareciendo sin provocar escesivo impacto. Pese a todo, resulta muy interesante toda la reflexión del personaje sobre su pasado, su figura y su leyenda- recordemos que en realidad Robin Hood fue una figura de ficción cuya historia fue adornada y embellecida sucesivamente por diferentes autores y tradiciones- otorgando buenos momentos con Huch Jackman como absoluto protagonista. El ya clásico Robin y Marian (1976) de Richard Lester sigue siendo la mejor visión de un Robin de Locksey crepuscular. Aunque no habría que restarle méritos a este filme, su resultado se antoja algo decepcionante e insuficiente.








