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El cine independiente estadounidense sigue encontrando un filón inagotable en la temática llamada Americana, una exploración de la cultura, la historia, el lore y la geografía estadounidense que muchas veces- y sobre todo en el cine- converge con el western y hace inevitable no solo la cita a John Ford sino a John Steinbeck, Walt Withman, Mark Twain, Bob Dylan o Bruce Springsteen. La Norteamérica profunda tiende también a aparecer mostrando el lado oscuro del sueño americano, tal y como ocurre con este magnífico filme dirigido por Max Walker-Silverman, un realizador al que habrá que tener en cuenta, y que recurriendo a los elementos antes citados logra narrar un pequeña epopeya de la clase baja estadounidense en forma de drama trabajado y honesto que convence y conmueve. Un canto a la esperanza, la reinvención, la lucha, los seres queridos, la amistad y las relaciones familiares que triunfa en todos sus propósitos y que deja un más que positivo sabor de boca pese a todos los infortunios que muestra.
Dusty (Josh O´Connor) un vaquero divorciado con un hija pequeña sufre la pérdida de su granja y de su rancho tras un pavoroso incendio forestal que también afecta a otros vecinos. Con una relación difícil con su exmujer Ruby (Meghann Fahy) y dispuesto a reconquistar a su hija, la pequeña Callie-Rose (Lily LaTorre). Dusty trata de superar su extrema situación trasladándose a un asentamiento de caravanas junto con otras personas que han tenido su misma mala suerte. Volver a empezar desde el principio, sin nada, es algo muy amargo pero el protagonista no se rendirá pese a los numeroso obstáculos con que él y su gente se encontrarán. Una historia muy bien contada enaltecida por una brillante fotografía al aire libre con un crepuscular oeste americano en todo su (decadente) esplendor y unos personajes entrañables en sus roles de perdedores con esperanzas. Josh O´Connor, actor británico de moda, esta muy creíble en su rol de norteamericano rural (en VO se nota su enorme esfuerzo en calcar el acento del west americano) y logra una interpretación emocionante y muy matizada, bien secundado por un reparto que hacen suyos sus papeles de hijos olvidados del American Dream, mencionando especialmente a la joven Lily LaTorre), una muestra de la inocencia de la infancia y la esperanza como muro de contención ante las situaciones más negativas y la veterana y últimamente redescubierta Amy Madigan, como la suegra del protagonista, el elemento de serenidad y experiencia que la historia requería. Un filme sensible, grandioso en su sencillez y muy efectivo que entusiasmará tanto a los aficionados al cine clásico como a los degustadores de películas con mensaje.








