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Una nueva muestra de honestidad cinematográfica y de buen hacer en todos los sentidos, desde la directora debutante, Marta Matute, hasta un reparto que echa el resto y está totalmente metido hasta el fondo y comprometido con trasmitir la gravedad del tema que el filme trata: el drama de convivir con alguien querido - un familiar- con alzhéimer y como esto afecta a todo. Basándose en la propia experiencia de la directora con su medre, el personaje central es Claudia, la menor de las dos hijas, que desde los 18 años a los 23 esta joven, individualista, poco apegada a la vida familiar y un tanto egoísta, va experimentando un cambio en su comportamiento, en su autopercepción y en la visión de todo lo que le rodea, siendo cada vez más consciente del problema de su madre, de su familia y de ella misma. Júlia Mascort hace una desgarrada e intensa interpretación como Claudia, una chica que al principio no se hace querer por el espectador pero que poco o poco mostrará una evolución a la medida de que no solo la enfermedad de su madre se agrava, sino que ella misma a fuerza de sinsabores, compromisos y obligaciones que tiene que adquirir anteponiéndolos a su propios intereses, se convertirá en una persona más madura, siempre con el drama de la nueva convivencia familiar de fondo y el hecho de que als relaciones familiares van cambiando también. Un psicodrama naturalista y verista muy bien ensamblado que anuncia una gran directora y que dentro de su crudeza y dramatismo resulta convincente, poderoso y desgarrador. Como buen filme realista, se juega con la anécdota, las notas al pie de página, las pinceladas cotidianas y personajes secundarios fugaces pero significativos de una manera muy convincente. Su estructura narrativa con varios saltos en el tiempo elípticos que hace dividir el filme en varios actos o segmentos durante los cinco años y medio en los que transcurre la historia es un recurso muy oportuno que otorga ciertos silencios que mostrados de una forma más continuo o explícita hubieran resultado tediosos.
No solo Julia Máscot está de diez, Sonia Almarcha, que da vida a la madre, esta impresionante como una mujer aquejada por al enfermedad con momentos y escenas impresionantes, Laura Weissmahr como la hermana mayor treintañera y más responsable logra un contrapunto perfecto con Máscot y Tomás del Estal como el padre superado totalmente también resulta conmovedor e intenso. Una película sincera, directa y sin cortapisas que muestra que el cine español sigue generando más que prometedores nuevos directores (y directoras) y operas primas que resultan grandes películas.
