sábado, octubre 13, 2007

EL CIRCO AMATEUR DEL CLUB DEPORTIVO DE BILBAO (1931-36): MEMORIA DE UNA EPOPEYA ROMÁNTICA

En los días de la República española, en la capital vizcaina un grupo de jóvenes de la ciudad, socios del filobritánico y tradicional Club Deportivo de Bilbao deciden canalizar su habilidad y afición por las acrobacias y las piruetas (y por el mundo del circo en general) y deciden montar una pequeña compañía circense itinerante sin carpa. Su objetivo: llevar la alegría a niños y personas necesitadas sin obtener ellos remuneración económica alguna, salvo en algunas funciones benéficas. Durante cinco años, sastres, bancarios, profesores de gimnasia, comerciantes y estudiantes se convertían en malabaristas, payasos, acróbatas, magos o contorsionistas en espectáculos que recorrieron toda Euskadi y parte de España. A parte del indudable altruismo de su empresa, artísticamente ofrecían unos números originales y sorprendentemente innovadores pese a la precariedad de los medios con los que disponían.


La comitiva del circo en Madrid (1935). a la derecha, con smokin, J.Echevarría Camarón, alma mater del CACD

En los anales de la historia del espectáculo circense no se registra otro caso parecido al del único circo cien por cien bilbaino del que se tiene constancia. Fue un circo que por tener no tenia ni carpa ni tan siquiera un lugar fijo de representación, como el Circo Price de Madrid. Nació con vocación de ser como los circos nómadas de toda la vida, pero a pequeña escala. Decidieron desde el primer momento de su fundación en los gimnasios del legendario Club Deportivo de Bilbao ser una compañía de espectáculos que trajese la ilusión a colectivos desfavorecidos, preferentemente infantiles, como discapacitados sensoriales, huérfanos, niños enfermos, ancianos…, actuando en las propias instituciones y residencias. Y sin olvidar funciones “de pago” en teatros o plazas de toros con objeto de recaudar fondos para obras benéficas o actuaciones populares gratuitas en las plazas o teatros de los pueblos a los que se iban de gira. Un buen puñado de bilbainitos anónimos amantes del circo y sin vocación inicial de profesionalizar su afición hizo posible en los años 30 un circo diferente y del que -injustamente- poco se conoce en la actualidad


¿Un circo en un Club de deportes? ¡Una bilbainada!

Polo y Nimo

El Club Deportivo de Bilbao (popularmente conocido como “el Deportivo”) nació a principios del siglo XX en la capital vizcaina como un club de deportes multidisciplinar y sin ambiciones profesionales, que primase la práctica del deporte en el ciudadano de a pie más que la alta competición, en una época en la que el deporte comenzaba a profesionalizarse y a adquirir repercusión social. Sus locales (gimnasios, piscinas, frontones) situados en el centro de Bilbao, incluían también el inevitable “club social”, que pronto se convirtió en referencia de la vida social bilbaína, en tanto que no era un club exclusivista y de niños pera si no mas bien popular, aunque por decirlo mejor, “pequeño burgués “. Eso si, la inspiración en los clubs recreativos británicos (una constante en la sociedad bilbaína en al primera mitad del XX) era palpable. Pelota, natación, atletismo, gimnasia, eran algunos de los deportes que se practicaban en los años 30 en la institución. El Club Deportivo aún existe en 2007, circunscrito casi exclusivamente al ámbito de la pelota profesional desde hace ya bastantes años y sin la estructura de club con la que se fundó, por las características federativas de dicho deporte. En 1931 ante la inminente inauguración de un nuevo local del club, un grupo de jóvenes socios y usuarios del gimnasio del Deportivo duchos en las paralelas y las anillas deciden preparar un espectáculo de acrobacias y volatines para la fiesta inaugural. El número obtiene gran éxito entre el público por la habilidad de la troupe que nada tiene que envidiar a los acróbatas circenses profesionales. Julián Echevarria Camarón, periodista, dramaturgo, autor de zarzuelas, y en definitiva, un bilbaino de pro omnipresente en todos los actos sociales que tiene lugar en al capital vizcaina hasta su muerte en los años 80, como socio destacado del club se dirige a los jóvenes que realizaron el número y les comunica que en la institución hay numerosos socios que, como a ellos (y al propio Echevarria) les encanta el circo y que tiene habilidades de sobra como para montar una compañía de circo con variados números.

Lizundia y Orue (Luci & Ero) en el sanatorio sta. Marina (Bilbao)

Echevarría capta a casi una treintena de socios del Club admiradores del mundo del espectáculo y con habilidades para el mismo y les convence para formar un circo aficionado que vaya de gira por Bizkaia sin ánimo de lucro, actando preferentemente para niños desfavorecidos y organizando funciones de recaudación benéfica para instituciones o para los fondos del Club. Existía ilusión en aquellos bilbainos (todos hombres, ya que el club no admitía a mujeres) y la atracción de mostrar sus habilidades artísticas ante el público y lo gratificante de lo altruista y benéfico de la idea harán que el Circo amateur del Club Deportivo se convierta en poco tiempo en una realidad. El circo – que no iba contar ni con carpa ni con infraestructura fija- nacía bajo los auspicios del propio Club Deportivo y fue dirigido hasta 1936, año en que la Guerra Civil acaba con ese circo tal y como se conocía, por Julián Echevarria, Camarón. El circo incluía acróbatas, gimnastas plásticos, clowns, ilusionistas. Un elenco sencillo que remitía más al mundo de los titiriteros y de los cómicos de la legua del siglo XIX que al del triunfante y grandioso espectáculo circense de los años 30, época en al que este mundo gozaba gran aceptación popular con artistas como Charlie Rivel, Grock, los Aragón, los Fratellini. Sin saberlo, el Circo Amateur del Club Deportivo devolvió al circo a sus modestos orígenes y despojó al espectáculo de parafernalia para dejarlo en su estado puro y con su propósito genuino: el de ofrecer ilusiones. Y si el público era alguien que ya la había perdido, y de ese modo se la devolvía, mejor que mejor.


Caravana de ilusiones

Durante sus cinco años de existencia, el CACD actuó en lugares como el Sanatorio infantil de Santa Marina (Bilbao), el Sanatorio de Murgia (Alava), el Colegio de Sordomudos y Ciegos de Deusto (Bilbao), etc., además de funciones para público popular en el bilbaino Teatro Arriaga, en las plazas del pueblo de diversas localidades vascas, las funciones anuales en las sedes del Club (primero en la calle Orueta y después en Alameda Mazarredo), y actuaciones en otras ciudades y provincias como Santander, Burgos, Zaragoza, Coruña, Madrid (se fue de gira la provincia de Madrid en 1935), tanto en teatros como en asilos y siempre con carácter benéfico y altruista.

El personal del circo fue cambiando e incrementándose durante esos años, siempre ofreciendo un espectáculo vistoso, genial y sorprendente a pesar del amateurismo de los artistas. Eran “currelas” que durante algún fin de semana o tarde laboral dejaban sus quehaceres para convertirse en circenses, alguno de ellos con un talento que nada tenía que envidiar a los profesionales, pese a que por motivos de sobra conocidos (recordemos los años en que estamos), vieron truncadas unas posibles carreras profesionales en el mundo del espectáculo.


El predominio en el programa del circo era de las atracciones de acrobacias o de ejercicios gimnásticos plásticos, algo lógico si se tiene en cuenta que los miembros de la compañía eran deportistas aficionados, la mayoría de ellos con horas y horas de gimnasio; pero también había payasos (muy de moda en la época), ilusionistas, y hasta cómicos monologuistas, anticipándose setenta años a la moda en el mundo del humor de comienzos del siglo XXI. Y es que algunos números tenían su impronta surreal vanguardista a lo Ramón Gómez De La Serna.

Dentro de los artistas gimnásticos destacaron sobre manera un dúo, Los Farolez, y un trío, el Trio Barmahuth. Los primeros eran dos acróbatas de saltos mortales y pino sobre los piel del otro. Felipe Fernández, el profesor de gimnasia del club, y Apolonio Hernández “Polo”, trabajador de una imprenta, eran los dos componentes. Polo era un atleta realmente ágil y habilidoso quemas tarde formó una nueva pareja artística Polo y Nimo, de carácter mas gimnástico y contorsionista. Los Barmahuth realizaban ejercicios de “estatuas humanas”, y estaban formados por tres Swartzennagers bilbainos de los años 30, Emiliano Bárcena, Sabino Mardaras y Pablo Huth. En lso últimos años delc circo el Trio Barmahuth se fusionó con los Farolez y junto con tres nuevos artistas formaron el dream team 8 White and Red 8 (llamados así por el color rojiblanco de sus maillots), centrado en los ejercicios en paralelas, una modalidad traída del mundo del deporte e inédita en el circo de entonces (el CACD, ¿precursor del Cirque del Soleil?). Hobo otros acróbatas en los programas, como los Dos Fergel o Simbad el Marino (Juan Duñabetia), un profesor de la Escuela de Náutica de Deusto que vestido de marinero daba espectaculares saltos mortales sobre una hilera de personas sentadas en sillas.

Los Barmahuth

Aunque no era acrobático, el número de Mariano Laita, si que tenia que ver también con lo físico. Era una curiosa combinación del tradicional forzudo rompedor de mesas, porcelana, loza y otros enseres con la cabeza o con las manos, y de contorsionista. Al finalizar sus actuaciones se “replegaba” y era introducido en un pequeño barril que el ayudante de turno llevaba rodando. Laita, según las crónicas, era un formidable artista que pudo llegara ser profesional de circo, pero al que la guerra se lo impidió. Fue discípulo de dos artistas de variedades profesionales que durante un tiempo “entrenaron” a algunos miembros de la troupe del CACD, concretamente un contorsionista bilbaino y un polifacético showman de origen egipcio, cuñado de este. Este último artista encontró su pupilo en Pedro Martínez, un comerciante propietario de una sastrería fascinado por el mentalismo y el fakirismo, que en el escenario mutaba en el Mago Zeny, con turbante y vestuario oriental de rigor. Martínez, con la ayuda de su asistente Zelín (Antolín Velez) efectuaba adivinación de cartas y de números, prestidigitación y un número tan impactante como el de “tragafuegos”, que tardó meses en aprender del artista egipcio.

Mariano Laita, el hombre de goma y acero

Hubo también un cuadro que mezclaba la acrobacia ciclista con el clown, como era el de Pepito Lizundia y Leonardo Orue, Luci and Ero, dos estudiantes que hicieron de su número uno de los mas populares del circo, gracias principalmente a Orue y su comicidad, caracterizado de personaje chaplinesco y haciendo gracietas inspiradas en las leyendas del cine mudo cómico con total credibilidad.

El Mago Zeny en "inquietante" foto promocional

También estaban los payasos, elemento fundamental en cualquier circo que se precie. Y los hubo de todo tipo. Los principales fueron Ponos, Quiquito y Chirlorita/Mr. Edward cuyas indumentarias, vocabulario, chistes y gags remitían a la legendaria familia Aragón (Pompoff, Teddy y Emig era la generación de los años 30) o a otros míticos clanes de payasos como los italianos Hermanos Fratellini. Ponos (Jesús Quintanal) era el payaso listo o clown de cara blanca, y Quiquito (Rafael Enrique, legendario locutor de Radio Bilbao durante muchos años) era el augusto. Junto a ellos estaba el regisseur o presentador de los payasos - figura en la actualidad desaparecida dentro del mundo del clownismo- Jose María Leguina, y otro rol extinto, el niño vestido de botones, que interpretaba Eduardo Leguina, hijo de Jose María, con el nombre alterno de Chirlorita o Mr. Edward. El pequeño Leguina, con no mas de 10 años fue el miembro mas joven del circo, cuando lo del trabajo infantil aún noe staba regulado. Otro payaso genial fue Miguel Orio, que hacía una imitación perfecta del genial payaso madrileño de la época Ramper. Su popularidad fue tan grande en el mundo del circo que el auténtico Ramper quiso compartir escenario con el en una de las visitas del legendario payaso a Bilbao, con un gran éxito entre el público que los vio actuar.

Ponos, Leguina, Chirlorita y Quiquito. Bilbao, tradición de payasos

Pero no solo actuaron payasos digamos que “tradicionales”. En el programa de actuaciones se introdujeron números cómicos que rompían con los límites del clown y se adentraban en terrenos del humor adulto o del absurdo con connotaciones incluso dadaístas, preparando terreno a… ¿Faemino y Cansado? Puede ser una bilbainada, pero ¿Quién sabe? Pepe Gansy (Jacinto Lopez) era un showman que hacía de de payaso, reggiseur , monologuista y cuentacuentos cómico. Zenón Garramendi, era la voz principal del cuarteto musicovocal Los Chimbos, grupo de bilbainadas, rancheras y canciones populares que actuaba en los cambios de escenario y tenía un alter ego de cantante humorístico y monologuista, Juan Crus Porrusale, un aldeano de Lekeitio que hablando mitad en castellano mitad en “vascuense” hacia tirarse por los suelos al respetable con sus anécdotas y sus coplas satíricas. Claro que para humor vasco estaba Ramón Varela y su personaje del aldeano vasco Seledón, que irrumpía en medio de las actuaciones como si de un espontáneo del público se tratase comentando los números o interrumpiéndolos, soltando sus monólogos repletos de vivencias del mundo rural vasco. Varela fue muchas veces amonestado por la guardia civil confundiéndole con un espontáneo de verdad, y cuentan que algunos chistes suyos eran para mayores de 18 años. Otro peculiar humorista era el popular dibujante y escritor bilbaino K-Toño Frade, quien con el sobrenombre de “El As de garabato”, tenía un número basado en el humor gráfico basado en los dibujos que hacía en un caballete colocado en el escenario.

La función no termina aún. En 1933 se incorpora un número de ventriloquia que en realidad no era tal. Pedro Martínez, el Mago Zeny, se convertirá en un proto Bergen bilbaino y su Charlie McCarthy será Kiriki, un muñeco que representaba al niño contestón y pillastre que suele traer de cabeza al ventrílocuo. Pero Kiriki no era un muñeco, sino una persona real, Rafael Enrique, el payaso Quiquito. Curioso el número. Y no solo hubo estrellas humanas, a falta de fieras y sus domadores, el CACD de conformaba con los inevitables perros amaestrados, los de Emilio Jerez. La diva canina del cuadro era la perrita Neska. Tampoco merecen ser olvidados los grupos musicales (conjuntos, que se decía entonces ) que amenizaban en los cambios de escenario como los citados Chimbos, que llegaron a hacer carrera en los años 40 dentro de la música actuando incluso en películas de Hollywood, y el Trio Olmar.

El falso ventrilocuo, Pedro martínez y el falso muñeco, Kiriki

El espectáculo debe continuar

El CACD recibió durante sus cinco años de andadura el reconocimiento y los elogios por su labor de prensa, clase política, crítica especializada y el público en general. Su altruista labor por llevar la esperanza a aquellos que mas la necesitaban puede ser vista también como percusora de la risoterapia, que esta tan de moda, y del concepto de los “payasos sin fonteras”. La compañía recibió también galardones por su actividad y elogiosas reseñas en la prensa. La Guerra Civil truncó la existencia del CACD y tras la contienda bélica el Club Deportivo tuvo que olvidarse de su circo, preocupándose más en reorganizar la estructura de la institución en los difíciles tiempos de la posguerra. Posteriormente, en los años 60, el Club Deportivo reorganizó su Circo Amateur, pero ciñéndose sus actuaciones al ámbito interno de los socios del club mas alguna actuación pública, pero todo ello de manera muy esporádica y sin ningún afán de llevar a cabo el tipo de actuaciones que llevó el circo bilbaino en los años 30. Ha mantenido su actividad de manera prácticamente anecdótica hasta la actualidad, sin que ya nada recuerde a aquellos gloriosos años. En 1974 se inauguró en el bilbaino barrio de Txurdinaga la calle Circo Amateur del Club Deportivo, en reconocimiento de la ciudad a esta peculiar e insólita institución.

Fue una pequeña gota de ilusión de al mano de unos ciudadanos que jugando a ser artistas circenses pusieron su granito de arena en la felicidad de una generación, y sobre todo de aquellos que no podían disfrutar en sus condiciones de un espectáculo semejante. Fue el sueño de unos saltimbanquis románticos que conscientes de sus limitaciones de infraestructura adaptaron el concepto de circo a una economía de medios que convirtió a este mundo en una especie de improvisación sublime e innovadora que mantenía intacto el encanto de lo que algunos llamaban “mayor espectáculo del mundo”. Una cruzada. Una cruzada sin parangón; el más difícil todavía se vivió en Bilbao en los años 30.

miércoles, octubre 10, 2007

El aparatito de Lumiere- UN CORAZÓN INVENCIBLE (A MIGHTY HEART)


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Aunque a simple vista pudiera parecer la típica película basada en una historia real de impacto internacional ocurrida recientemente, lo cierto es que esta Un corazón invencible intenta alejarse unos metros del cine comercial de este tipo, y prueba de ello es la presencia del británico Michael Winterbottom (The road to Guantanamo, 9 songs, 24 Hour Party People) en la dirección. Winterbottom, un prolífico director (a ritmo de una película por año) de unas veces cine político y de denuncia de carácter semidocumental, otras veces de experimentaciones pelín extravagantes, y otras de películas de género mas o menos independientes, entra en la industria Hollywoodiense de la mano de Angelina Jolie, productora (por medio de su marido Brad Pitt) y protagonista principal femenina de la función, contando la truculenta y conmovedora historia del periodista nortemaericano Daniel Pearl, secuestrado durante días por un jeque en Pakistán por su ascendencia judía, y su mujer francesa, la también periodista Mariane. La verdad es que el esfuerzo de Winterbottom por inocular su impronta semidocumental, perodística y minuciosamente documentada en una película encabeza en su reparto por una estrella del calibre de la Jolie, que interpreta a Mariane Pearl, es encomiable y da sus frutos en bastantes ocasiones durante el metraje, pero también es cierto que sucumbe a ratos a la comercialidad y los tópicos del drama humano cinematográfico, lo cual deja una sensación un tanto agridulce. La historia de la película, desde luego, tiene su miga y da para bastante, aunque no se aproveche siempre como es debido.

Basada en el libro autobiográfico de la verdadera Mariane Pearl sobre los sucesos que tuvieron lugar en 2002 en Pakistán y que tuvieron por principal protagonista a su marido Daniel (interpretado por Dan Futterman), responsable de la delegación en Oriente Medio del Wall Street Journal y secuestrado bajo amenaza de muerte por rebeldes islamistas, A Mighty Heart trata de ofrecer una visión lo mas completa posible del drama psicológico de Mariane en momentos de suma angustia, y de todos los tejemanejes políticos, policiales y judiciales lograr la liberación del periodista, incluidas pistas falsas, errores, y algún abuso de poder en la investigación. La película también trata de hacer denuncia de la corrupción política en los países árabes y del totalitarismo en Pakistán, aunque también se guarda ponzoñosos dardos hacia la política occidental con los países árabes y la prepotencia de USA en estos territorios. Son muchos elementos que aparecen bien retratados en una película completa, directa y que se sigue con sumo interés, si bien seria injusto obviar el empleo de algún que otro recurso propio del dramón, aunque en ningún momento el filme recurre a la lágrima y las emociones fáciles.

Buen estilo documental, perfecta credibilidad, interpretaciones aceptables, pero también falta de solidez en el guión y presencia de un ritmo demasiado rápido para la naturaleza de la historia. Resultado final, el equilibrio perfecto entre el cine de denuncia y el de Hollywood. El problema esta en que posiblemente no satisfaga completamente a los seguidores acérrimos de ambas escuelas.

domingo, septiembre 30, 2007

El aparatito de Lumiere- FRAULEIN

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Más que interesante filme alemán que sin embargo queda lastrado por su relativamente breve duración (80 minutos), hecho este que junto a otros elementos fallidos le impide alcanzar la categoría de obra maestra. El reparto de este drama realista de tintes sociales es principalmente balcánico, de hecho la película es una historia de dos mujeres inmigrantes de la antigua Yugoslavia, una serbia y otra croata, en Suiza. La película trata de hacer una disección de la situación de la amplia comunidad balcánica que vive en al actualidad en los países de habla germana, como Alemania, Austria o Suiza, que en su día huyeron de la cruenta guerra que se desató en los 90. Anna (Mirjana Karanovic) es el personaje en el cual se centra la historia, una chica croata de 22 años criada en los horrores de la guerra que desde hace tiempo vive como nómada viajando por toda Europa. Anna da a parar en Zurich donde encuentra empleo en la cocina de un restaurante, Su jefa es Ruza (Marija Skaricic), una serbia de mediana edad que llegó a Suiza más de diez años atrás. El contraste de caracteres entre Anna, joven, vitalista, despreocupada y con ansias de vivir al límite y de Ruza, amargada, enojada y fría, enseguida chocarán, pese a ser ambas hijas de la misma trágica circunstancia. La cuestión está en que cada una de ellas las ha cristalizado de forma diferente: una ha asumido que lo mejor es vivir a tope para olvidar una situación de pobreza y de necesidad, y la otra simplemente sufre en silencio su amargura y su sentimiento de pérdida canalizándolo en una carácter despótico como jefa de una plantilla de trabajadores en los que al mayoría también son balcánicos. Evidentemente, el hecho de tratarse de dos generaciones diferentes influye decisivamente en estas actitudes tan diferentes.

Fraulein es una película tal vez más psicológica que social, que trata de meterse en el pellejo de dos seres derrotados y sin rumbo aparente, en un entorno en donde la esperanza del regreso al lugar de origen es el premio a la purgatoria experiencia de la emigración, aunque circunstancias extraordinarias hagan renunciar a él, como en el caso de Anna, cuya máxima esperanza será sencillamente seguir viviendo. Una película muy directa y realista, perfectamente creíble y que no cae en ningún momento en el dramón ni en las situaciones manidas. A veces es tan sencillo su esquema que se parece una película que no dice nada, y en ese sentido puede despistar al espectador de manera un tanto peligrosa, pero en su conjunto es un filme que cumple con creces y que merece la pena verse.

lunes, septiembre 24, 2007

Rayos Catódicos (Cuando la tele valía algo)- CHEERS: DE COPAS EN BOSTON


Sin duda alguna una de las mejores sitcoms norteamericanas de la historia de la televisión. Poseedora de records de longevidad en antena y de número de galardones para una telecomedia, esta serie ambientada, en un concurrido bar de Boston, se ha convertido en todo un entrañable estándar televisivo y en una de las comedias de situación mas recordadas de la historia. En el aire en EEUU durante once años (1982-1993), su secreto estaba en unas historias inteligentemente divertidas y creíbles y en unos personajes carismáticos encarnados por un formidable elenco de actores.


Una barra en el plató

Pocos espectadores de la NBC podían imaginar hace 25 años (el 30 de septiembre de 1982), que estaban viendo a las nueve de la noche el primer episodio de una de las series de televisión mas significativas de todos los tiempos y que con el paso del tiempo se iba a convertir en todo un referente televisivo de los 80 y 90. Y es que Cheers, producida por la CBS Paramount Television y la productora independiente televisiva Charles-Burrows-Charles Productions, aunque empezó de manera timorata en cuanto a audiencias, pronto se haría con un público fiel y cada vez más amplio hasta convertirse en uno de los programas de mayor audiencia de la época y en una de las teelcomedias mas premiadas. Once temporadas en total es lo que permaneció en antena Cheers dejando detrás millones de fans en todo el mundo y hoy en día es considerada una de las mejores series de televisión cómicas de la historia.

Arriba: Kirstey Alley (Rebecca Howe), Rhea Perlman (Carla), Woody Harrelson (Woody), John Ratzenberger (Cliff), George Wendt (Norm ). Abajo: Ted Danson (Sam Malone) y Kelsey Grammer (Dr. Frasier Crane)

Cuando se emitió por primera vez, Cheers no era una sitcom al uso, ya que sus personajes no eran miembros de una familia o un grupo de amigos (al menos en un primer momento), sino los trabajadores de un negocio y sus clientes. Un bar era también un marco inédito para una serie de este tipo (de un solo escenario), pero que duda cabe que se prestaba enormemente para una telecomedia, era un filón que aún estaba por explotar. Los productores, los hermanos Les y Glen Charles y James Burrows decidieron situar su ficticio establecimiento en uno de los entornos con mas solera, historia y tradición de EEUU, como es la ciudad de Boston, Massachussets, en donde abundan los bares elegantes, antiguos y con sabor añejo, tal y como iba a ser Cheers. El bar bostoniano Bull & Finch Pub iba ser la referencia y de allí se iban a tomar los fugaces exteriores que servirían de salto para diferentes escenas en los capítulos, Aunque los interiores se rodaron en los estudios Paramount en Los Angeles ante público, el Bull & Finch iba a ver acrecentada su popularidad durante esos años, hasta el punto de que cambió su nombre por el de Cheers, aunque su interior no fuese el mismo que el del pub televisivo.


Abajo: la primera plantilla de Cheers: Sam, Diana (Shelley Long), Carla y el Entrenador (Nicholas Colasanto)

Cheers en un principio incluía cinco personajes principales, pero temporada tras temporada irá incorporando nuevos roles hasta superar al decena en sus últimos años. El protagonista de la función era el dueño y camarero del bar, Sam Malone (Ted Danson) una ex estrella del besisbol, antiguo lanzador de los Red Sox de Boston en edad precuarentona que tras superar los problemas de alcoholismo que arruinaron su carrera deportiva adquirió el lujoso y antiguo bar (fundado en 1895, según el logo del establecimiento), al parecer poco antes del primer episodio. Junto a el trabajaban en las primeras temporadas otros camareros: Ernie Pantusso, “El Entrenador” (Nicholas Colasanto), un sexagenario antiguo entrenador de Sam, amigo y confidente suyo, que cumple eficientemente su trabajo y es un hombre encantador, pese a ser un individuo inocente y atolondrado que se toma todo al pie de la letra, Carla Tortelli (Rhea Perlman) una italoamericana divorciada y madre de familia numerosa, irascible y sin pelos en la lengua que adora a Sam, su antigua estrella deportiva, por encima de todas las cosas; y Diane Chambers (Shelley Long), quien es contratada como camarera precisamente en el primer episodio dando lugar a todo el desarrollo de la serie. Diane (o Diana, como la conocimos por estos lares) es una joven atractiva y culta, con varias carreras, intelectual y cultureta que aspira a ser escritora; su incorporación a al plantilla del bar se debe a que abandonada por su prometido, no tiene donde caerse muerta y acepta el empleo. Sam intentará cortejarla durante toda la primera temporada, pero su carácter redicho, feminista, culto y ambicioso choca con el machismo y la falta de modales de Sam Malone, un hombre con fama de mujeriego. Entre ambos se establecerá una química que sustentará toda la serie durante algún tiempo: indirectas, frases de doble sentido, dimes y diretes en una tensión romántica que dejaba en un primer momento al duda en el espectador de si ambos se gustaban o no y si terminarían liándose. Sam, pese a todo, es un hombre encantador y extrovertido, buen jefe y cumplidor como amigo, del que la locuaz y un tanto pedante pero simpática Diana no tardará en enamorarse en la segunda temporada, aunque su relación posterior no será estable ni constante.

En las primeras temporadas, Cheers, mostró sus cartas y la manera en la que iba a tratar sus historias y guiones durante más de 10 años. Sam, sus camareros y sus clientes habituales se ven envueltos en cada episodio independiente en típicas situaciones y acontecimientos cómicos y pintorescos, propios de las comedias de situación. La interacción entre los personajesy la personalidad de cada uno movían la trama de cada episodio: la afición por las mujeres y la irresponsabilidad de Sam, el afán de protagonismo y el narcisismo intelectual de Diana, el carácter extrovertido y amistoso pero faltón de Carla y las divertidas ocurrencias y frases del despistado y senil Entrenador (responsable de los momentos mas cómicos de las primeras temporadas) eran garantía para mantener el interés en el episodio desde principio a fin. Junto con al plantilla, clientes habituales completaban el entrañable mapa humano del local. Norm Peterson (George Wendt), un gordito contable cuarentón casi siempre en paro incorporó en la primera temporada al prototipo del parroquiano fijo que es conocido por todos y que se sienta siempre en el mismo sitio del bar, siendo además reflejo del americano medio. Junto a el, desde al primera temporada y hasta el final de la serie en 1993 se encontraba otro de los clientes por excelencia del local, Cliff Clavin, un cartero solterón sabelotodo e impredecible que incorporó John Ratzenberger. Este personaje en las dos primeras temporadas no era fijo en todos los episodios y no aparecía en los créditos iniciales de la cabecera, pero poco a poco fue ganando protagonismo.


Hostelería a la americana

Aunque resulte increíble, se pensó en cancelar la serie tras la primera temporada debido a las pírricas cotas de audiencia obtenidas, aunque desde el primer momento la crítica alabó la originalidad del nuevo producto. El voto de confianza de la NBC y la productora propiciaron que la serie siguiese en antena alcanzando en los años sucesivos sus mayores éxitos y varios premios Emmy. Hasta su cancelación final en 1993 Cheers fue incorporando nuevos personajes, amplió los escenarios (ya no era solo el bar) incorporando apartamentos de los personajes y otros lugares, además de exteriores, y sus guiones fueron mejorando paulatinamente. Hay que decir que el trabajo de su estupendo reparto fue clave para la aceptación de la serie.

Aunque las historias de Cheers eran independientes de un capítulo a otro, en las seis primeras temporadas (en las que estuvo presente el personaje de Diana Chambers, interpretado pro Shelley Long), los flirteos entre Sam y Diana llevaron buena parte del peso de la trama, así como sus rupturas e incluso un intento de matrimonio fallido entre la dispar pareja. En la tercera temporada (1984), además, Diana encontró un nuevo amor que la ocupará también intermitentemente hasta la salida del personaje en 1987: el dr. Frasier Crane (Kelsey Grammer), un psiquiatra estirado, snob y sosainas que de personaje intermitente pasará a convertirse en fijo en los años siguientes hasta el fin de la serie. Sobra decir que el personaje de Frasier protagonizará desde 1994 el spin off más exitoso de la historia de la televisión. La interacción de estos dos personajes durante el tiempo que coincidieron también es antológica, ya que ambos competían en intelectualismo y narcisismo.

Momento para la historia: el primer beso de Sam y Diana

La serie se esforzó por captar varios elementos y situaciones de la sociedad norteamericana con una visión entre costumbrista y crítica que potenciaba la identificación de al serie y sus personajes con el espectador USA, pero también con el público del resto del mundo, tal era su acierto al reflejar la cotidianeidad: los problemas en el trabajo, los conflictos entre las clases trabajadoras (Sam, Carla) con otro tipo de estratos sociales (Diana, Frasier), las situaciones familiares, el afán por conseguir dinero, la rivalidad entre negocios, etc.

En la segunda mitad de la ochenta, la serie alcanza su mejor época, tanto en cuanto a calidad como en éxito. Nicholas Colasanto, que encarnaba al Entrenador, uno de los personajes más carismáticos de la serie, falleció en 1985. Su personaje de ficción, como otros en otras series ante este tipo de situaciones, también murió. Por ello, para la cuarta temporada, el bar “contrató” a un nuevo barman, Woody Boyd, un joven redneck de un pueblo de Indiana que será el nuevo dispensador de paridas y el “clown” de la función, superando en simpleza a su predecesor, que ya era decir. Woody será uno de los descubrimientos de la segunda mitad, con momentos tronchantes y cómicamente antológicos que solo un rustico ingenuo en la gran ciudad podía producir. El actor que encarnó a Woody no era otro que al actual estrella hollywoodiwense Woody Harrelson, en un registro cándido e ingenuo al que no volvería en años posteriores, además de estar bastante alejado de la imagen que el actor ofrece en su vida pública. En 1987, tras la salida de Shelley Long, se incorpora un nuevo rol femenino principal, la empresaria trepa Rebecca Howe (Kirstey Alley), quien dirige el bar desde cuando Sam decide vender el establecimiento a la Lillian Corporation. De la sexta a la octava temporada, Sam, quien es ahora un barman asalariado, intentará recuperar el negocio al tiempo que intenta ligarse a la fría y calculadora Rebecca. Lo consigue (la compra) al final de la octava temporada, pero Rebecca continuará en Cheers como camarera. La peculiar relación entre tensa y con atracción mutua entre Sam Malone y Rebecca será uno de los plot de fondo de la serie hasta su final.

Personal y clientela

El reparto de la serie funcionó a las mil maravillas durante los once años de emisión, aunque solo aparecieron en todos los episodios Ted Danson (Sam), Rhea Perlman (Carla) y George Wendt (Norm Peterson ) Cheers reunió a un colectivo de excelentes actores y actrices que recibieron varios premios por sus actuaciones, probando algunos de ellos fortuna en el cine con desigual resultado.

El personaje de Sam Malone, el central y más carismático de la serie, era el prototipo del soltero cuarentón apuesto, juerguista, mujeriego y despreocupado, que es adorado por sus clientes y amigos. Diana intentará meterle en cintura mas de una vez- manteniendo o no relación- aunque rara vez triunfará en su cometido. El romance entre Sam y Diana, tortuoso y con constantes altibajos, no tendrá ningún final feliz ya que la salida de Shelley Long de la serie fue justificada por una ruptura definitiva entre la pareja. Sam, no obstante, tendrá varias aventuras amorosas durante toda la vida del serial. Este antiguo jugador de béisbol tiene su principal complicidad en sus clientes Norm y Cliff, quienes muchas veces le aconsejan sobre que será lo mejor para su negocio, aunque al propio Sam muchas de las veces se el ocurren ideas no muy acertadas como dejar su puesto de camarero durante un tiempo y convertirse relaciones públicas del local o convertir a Cheers en cualquier cosa menos un bar (una sala de cine, un local de subastas). Sam también mantiene una estrecha amistad con la incorregible camarera Carla y con toda su numerosa familia. Sin embargo, su relación mas fraternal es la que mantiene con su viejo Entrenador, y después con el sustituto de este, el paletillo Woody, el cual idolatra y respeta a Sam como si de un hermano mayor se tratase. Ted Danson, había intervenido antes de Cheers en películas de entidad como Fuego en el cuerpo o otras mas olvidables como Creepshow, pero con la serie alcanzó su mayor cota de popularidad, lo que le relanzó de nuevo a Hollywood en productos mas bien inofensivos como Made in America, Tres Hombre y un Bebé, Lago Ness, o la mini-serie de TV Los Viajes de Gulliver. Casado con la actriz oscarizada Mary Steenburgen, Danson es un excelente y versátil actor que sin embargo no ha tenido toda la suerte que merecía en el mundo del cine.

Diana Chambers fue durante los cinco primeros años la referencia de la serie junto con Sam Malone. Su personaje de mujer intelectual, sabihonda y con labia (pero sumamente vanidosa) en un entorno de bebedores y obsesionados con el deporte y las mujeres producía un curioso y cómico contraste. Diana al final cae rendida ante Sam pese a las insalvables diferencias culturales y de visión de la vida de ambos. La joven se esforzará por que Sam (y el resto de la plantilla y clientes habituales del bar) supere la mediocridad, incluso ayudándole a que se saque el graduado escolar. La entrada en la palestra en la tercera temporada de Frasier producirá en Diana un dilema al tener que elegir entre el refinamiento y al inteligencia pero total falta de pasión del psiquiatra o la vitalidad y seguridad en si mismo pero total falta de fidelidad de Sam. La relación con Frasier tampoco resultará satisfactoria, por el exceso de ego de la camarera. Shelley Long, se compenetró perfectamnte con Ted Danson y su renuncia a al serie (que fue la única en el reparto fijo en los 11 años que duró) fue sentida por todos los seguidores de al misma. En 1993 volvió a intervenir en el antológico último capítulo. Long hasta ese momento habia intervenido en alguna mediocre película, siendo la alocada comedia Cavernícola (1980), una de las mas conocidas. No tendrá mucha suerte en la pantalla grande pese a su éxito en al serie. Esta casa es un ruina (1986) es uno de sus trabajos mas recordados.

Diana Chambers, una locuaz intelectualilla metida a camarera

Rebecca Howe, el personaje sustituto de Diana a partir de 1987 como contrapunto femenino a Sam, era el prototipo de la yuppi combativa y arribista de los 80, aunque bastante negada para las relaciones sentimentales y con escasas habilidades sociales. El flirteo mutuo que mantiene con Sam es similar al que en un principio este mantuvo con Diana, aunque nos e da nunca una relación estable entre el y Rebecca. Mas feminista que Diana, su posición social baja cuando Sam recupera Cheers de la Lillian Corporation y esta pasa de ser gerente a una camarera mas, aunque agradecerá a Sam el no haberse quedad o en la calle. Kistey Alley consiguió dotar a su personaje del mismo carisma que otros más antiguos de la serie. Alley tenía ya una dilatada experiencia en televisión antes de llegar a Cheers, pero garcias a al serie su popularidad se acrecentó, interviendo en películas como las de al saga Mira quien habla, a principios de los 90. Posteriormente, con problemas de sobrepeso y de depresión, intervino en las telecomedia sVeronica´s Closet y Fat actress.

Carla Tortelli, la camarera italoamericana divorciada madre de familia numerosa histriónica, hiperactiva, faltona y deslenguada, pero sencilla y comprensiva, era uno de los personajes con mayor potencial de comedia. Y efectivamente, ese efecto se aprovechó bastante bien, presentando a un mujer de treintaitantos (cuarentaitantos al finalizar la serie) cuyo temprano matrimonio y maternidad la habían convertido en una especia de adolescente perpetua siempre con ganas de armar jaleo y de reirse de lso demás. Su relación con su jefe y amigo Sam (del que ella era fan en sus tiempos de deportista) es muy cordial, lo mismo que con el Entrenador, Woody y Norman, aunque no puede decirse lo mismo con Diana, Frasier, Rebecca o Cliff; a los tres primeros les desprecia por estirados y burgueses, mientras que al último, por razones desconocidas. Sus cometarios sarcásticos se dirigen principalmente a estos personajes. El personaje de Carla representa sin duda la Améri

ca proletaria y descontenta con su situación. En las primeras temporadas, Carla recibirá las visitas ocasionales de su indeseable exmarido Nick, y en la sexta temporada se casa por segunda vez con un jugador de hockey sobre hielo canadiense, Eddie Lebec, quien fallece años después. Rhea Perlman, esposa de Danny De Vito y comediante nata, ha intervenido como secundaria en varios filmes, algunos dirigidos por su marido como Mathilda (1994).

Si hay un personaje de Cheers que sea recordado pro el público por derecho propio ese es Norman Peterson, el contable cliente de toda la vida del pub. Su personaje, eternamente vestido con traje gris y corbata, es el protagonista de la frase por excelecia de la serie: Nooooooorm! , coreado en todos los capítulos por todo el personal y resto de clientes cuando entre en el lugar con el saludo de ¡hola a todos!. Prototipo del americano de a pie cliente de bares, Norm se implica completamente en la vida del bar, en donde se reune con sus mejores amigos. A parte de su profesión de contable, Norm ejerce en algunos capítulos pluriempleo (pintor de brocha gorda, empresario, decorador). Prototipo del gordito gracioso y campechano, Norm hace continua mofa y befa de su mujer Vera, a la que dice no soportar. Pese a todo, siempre en momentos de debilidad acaba confesando que la ama. La invisibilidad el personaje de Vera Peterson, fue siempre uno de los rasgos más curiosos de la serie, ay que parcticamente no tiene presencia física en la serie a pesar de ser mencionada constantemente; de hecho ni sus propios amigos de Cheers llegan a conocerla nunca, aunque hace su aparición de sosladillo en un par de veces (y sin verse nunca el rostro) y su voz se puede oír otras pocas en algún capítulo. George Wendt, un actor especializado en comedias, interpretó genialmente a este entrañable amante de la cerveza y de no tocar bola (casi siempre se encuentra en paro).

Sam Malone, apuesto e irresponsable (pero encanatador) propietario de Cheers

También contó con importante carisma el camarero Woody Boyd, al que Woody Harrelson incorporó a partir de 1985. Woody era el típico paleto granjero americano que pisa por primera vez la ciudad. Simple, corto de ingenio y con tendencia a tomarse todo al pie de la letra, con él las situaciones cómicas, los malentendidos y el slapstick mas disparatado se suceden uno tras otro. Su personaje era un filón muy bien aprovechado y la genial interpretación de Harrelson le lanzó a Hollywood, donde hasta el día de hoy ha mantenido una carrera más que aceptable aunque casi siempre fuera del registro cómico. Actor versátil y eficiente, su carácter díscolo y mujeriego contrasta con el personaje que lo hizo famoso. En al extensa filmografía de Woody Harrelson destacan Los blancos no la saben meter, Una proposición indecente, o su nominación al oscar de 1997 El escándalo Larry Flint, de Milos Forman.

El primer camarero ayudante de Sam Malone en la serie fue sin embargo Ernie Pantusso, El Entrenador, un antiguo entrenador de béisbol amigo de toda la vida de Sam que comparte con la aventura de llevar un bar y que se convierte en su principal confidente, pese a su simpleza y atolondramiento. Al igual que con Woody, la antología de escenas y momentos divertidos con el Entrenador es extensísima. El veterano actor Nicholas Colasanto, que había intervenido en filmes como secundario Toro Salvaje de Martin Scorsese y en varias series de TV, hizo una magnifica composición de este bondadoso papanatas, metiéndose en el bolsillo de todos los espectadores.

Cliff Clavin, el cartero cliente de Cheers, era otro personaje particularmente divertido. Típico solterón ocioso que vive con su anciana madre (a la que tiene constantemente que dar explicaciones de todo lo que hace), Cliff parece negado en su relación con el sexo opuesto pero siempre alardea de sus conquistas y de su supuesto éxito personal en todos los campos. Alardea además de tener una gran cultura, que muchas veces saca a relucir ante Diana o Frasier para obtener el halago de estos, aunque los datos incorrectos que siempre suele meter lo impiden. Es una especie de filosofo tabernario verdaderamente petético. Una de sus excéntricas aficiones es buscar parecidos a frutas y hortalizas con famosos o personajes históricos, lo que ocasiona el estupor de los demás y el desprecio de Carla, su ácida enemiga. John Ratzenberger, un actor secundario que alcanzó con Cheers su más elevada popularidad es hoy un popular presentador de televisión en EEUU y voz habitual en los filmes de dibujos animados de la Pixar.

Consideración aparte merece, claro esta, el Dr. Frasier Crane, interpretado por Kelsey Grammer, personaje que continuó existiendo con un éxito similar (o incluso superior) al de Cheers en el Spin Off Frasier. En realidad, Frasier entró en la serie en la tercera temporada (1984) como personaje secundario invitado, por el buen hacer de Grammer lo hizo fijo al año siguiente. Frasier llega a Cheers en calidad de nuevo novio de Diana con aires de superioridad en un entorno de bares y proletarios que no es el suyo. Su estiramiento y su relamido vocabulario pronto serán objeto de burlas de Sam, Norm y los demás, pero en temporadas siguientes se integrará totalmente como cliente de Cheers cultivando amistad con el resto de personajes. Frasier aparece caracterizado como el individuo al que le pasan todas las calamidades y contratiempos, por surrealistas que sean.

Cliff Clavin, el cartero filósofo de bar.

Otra incorporación tardía a la serie fue otra psiquitara, la doctora Lilith Sterlin que terminará manteniendo una relación con Frasier hasta el final de la serie. Lilith inicialmente es una mujer fría, aburrida estirada y sin pasión que desprecia el ambiente de Cheers, pero poco a poco, y a medida que conduce su relación con Frasier, mostrará su lado mas femenino y humano, pero también de mujer fatal y de sarcástica observadora. Bebe Neurwith, una actriz con bastante experiencia en musicales de Broadway, fue todo un descubrimiento en la serie. Neurwith también ha aparecido interpretando a Lilith en algunos episodios de Frasier, lo mismo que otros actores de la serie en intervenciones estelares en un capítulo.

A parte de los personajes principales, por Cheers desfilaron algunos otros que aparecieron en algunos capítulos, algunos de ellso interpretados por actores de nombre: Nick Tortelli (Dan Hedaya), el ex marido de Carla y su nueva mujer la rubia tonta Loretta (Jean Kasem); Eddie LeBec (Jay Thomas), el segundo marido de Carla ex jugador de jockey; Robin Colcord (Roger Rees) un ejecutivo ambicioso dispuesto a comprar Cheers (que en la última temporada se convertirá en personaje fijo); Harry Dedoslargos (Harry Anderson) un timador caradura que en la primera temporada siempre trata de estafar a los clientes del bar; o Evan Drake (Tom Skerrit) el director de Lllian Corporation y jefe de Rebecca. Otros personajes celebres como políticos (John Ferry, Michael Dukakais), deportistas (Kevin McHale) o presentadores de televisión (Johnny Carson, Arsenio Hall), hicieron apariciones estelares muchas veces interpretándose a ellos mismos. Los ingleses John Cleese y Emma Thomson también intervinieron como actores invitados en sendos capítulos.


Cheers en España

Cheers se comenzó a emitir en España tardiamente, en 1989, aunque hacia 1995, 2 años después de que terminase en USA, ya habían emitido todos los capítulos. TVE, por la primera cadena, fue la televisión que estrenó la serie en nuestro país (ya que entre otras cosas, era la única cadena a nivel estatal por entonces), aunque a partir de 1992 pasa a emitirse en Tele 5. Durante los años que se pasaron todos los capítulos originales, ambas cadenas repusieron capítulos antiguos varias veces, ya que el éxito de Cheers en nuestro país fue grande, si bien no se pudo mantener constante hasta el final de la serie.

TVE-1 comenzó a emitir Cheers de lunes a viernes en horario de sobremesa después del telediario, cuando esa franja horaria de las 15,30-16,00 estaba reservada para series diarias. Durante un año prácticamente pudimos ver las cuatro primeras temporadas; luego tras cambios de horario propiciados por al irrupción de las telenovelas en esa misma franja horaria, la serie se emite semanalmente en varias temporadas interrumpidas hasta pasar a Tele 5 en 1992, que también la emitirá semanalmente y al igual que las últimas emisiones en al televisión pública, en horario vespertino o nocturno.

El hecho de que la serie tardase tanto en llegar a España se debe no solo al hecho de haber una sola cadena de televisión, ya que otras telecomedias de éxito americanas tardaron muy poco en ser compradas en aquellos años (La Hora de Bill Cosby, por ejemplo). Tal vez, su humor adulto y su tono políticamente incorrecto asustaron un pco a los programadores. El caso es que al serie gozó de gran popularidad en España y tras su final ha sido repuesta a partir de al segunda mitad de los 90 por varios canales autonómicos, locales y televisiones digitales y de pago.


Where everybody knows your name

Cheers era una serie irrepetible. Un humor directo, inteligente, muy americano pero perfectamente asumible en otros entornos. Su tratamiento de la cotidianeidad era magistral, reflejando de manera crítica y ácida la vida en EEUU. Y es que un bar es el mejor entorno para reflejar el día a día de un variopinto grupo de personajes.

Sus episodios de media hora eran pequeños monumentos del humor en donde se podían encontrar todo tipo de situaciones y gags imaginables. James Borrows, uno de sus productores, dirigió muchos de los episodios y a el se debe la impronta de la serie. Los soberbios guiones fueron obra de varios guionistas, entre ellos el propio Borrows, aunque siempre destacé en el equipo de escritores David Angell.

Cheers ganó 26 premios Emmy y fue nominada en total en 117 ocasiones entre 183 y 1993. Ganó 6 Globos de Oro de 31 nominaciones. Ted Danson, Kirstey Alley, Shelley Long, Woody Harrelson, Rhea Perlman y Bebe Neurwith recibieron al menos un galardón cada uno por sus interpretaciones en la serie. El éxito de crítica fue muy grande en todo el mundo y no menos entre el público, figurando ocho temporadas en el top ten de los programas mas vistos en USA. Sus personajes y su decorado de bar son todos unos estandars de la historia de la televisión, lo mismo que su sintonía Where everybody knows your name interpretada por Gary Portnoy. Y es que ya no se hacen telecomedias así, inteligentes y creíbles. Esta serie debería de ser un ejemplo para la multitud de hacedores de sitcoms que pululan por todo el mundo manufacturando al por mayor productos insulsos y repetitivos. En fin, todo un clásico televisivo que nunca dejará de ser reivindicado.

martes, septiembre 18, 2007

El aparatito de Lumiere - HAIRSPRAY


En 1988 John Waters, director que en los 70 consiguió el estatus de cineasta de culto con sus comedias surrealistas, escatológicas y underground, rodó Hairspray, película más comercial y accesible al gran público que se ha convertido en uno de sus trabajos mas recordados a pesar de ser de lo mas light de su carrera. La película, como en toda su filmografía, estaba ambientada en la localidad natal del director, Baltimore. La historia: en 1962, Tracy Tumbald, una quinceañera gordita sueña con participar como bailarina en un popular programa local de música y bailes dirigido al público adolescente, pero la rechazan por obesa. Tracy no se da por rendida y gracias al apoyo de su también oronda madre, Edna, terminará entrando en el show. Con el paso del tiempo, la cinta se ha convertido en una película de culto que a acrecentado aún mas la leyenda de John Waters hasta el punto de que en 2002 se estrenó en Broadway un musical basado en la película que durante varios años ha obtenido un increíble éxito. En este musical se basa esta nueva versión de Hairspray, que ha conseguido grandes recaudaciones de taquilla en USA durante este verano.

Esta nueva versión musical del filme de John Waters esta rodada con más medios, grandes estrellas en el reparto, y su referente principal es la versión musical de Broadway, cuya música y canciones son obra de Marc Shaiman y Scott Wittman, pero, no obstante, respeta completamente el espíritu iconoclasta, hedonista, festivo y de exaltación de la vida y la música de principios de los 60 del filme de Waters (tal y como lo hacía al versión teatral musical). Adam Shankman, coreógrafo metido a director, es el responsable de este simpático y agradable remake que es un intento más de revitalizar el musical en el cine de Hollywood, hecho con el oficio y el mimo que requería la empresa. Tanto la versión teatral como esta adaptación son más políticamente correctas que la cinta de 1988, pero la impronta del director de Baltimore se deja ver por todos los lados. Y es que uno de los ganchos de esta nueva Hairspray es la presencia estelar de John Travolta como Edna Tumbald, la obesa madre de la no menos obesa Tracy. Este ejercicio de travestismo sigue fiel el espíritu de la fuente original, ya que en la versión de los 80 el papel de Edna fue interpretado por el carismático (y escatológico) transformista, travesti y showman Harris Milstead, Divine, mas conocido como “la vedette mas guarra del mundo”, musa de Waters en sus filmes mas underground, como Pink Flamingos, Polyester o Cosa de hembras y en donde hacía sutilezas como revolcarse en basura, comer huevos crudos hasta la nausea o incluso ingerir mierdas de perro. Tranquilidad, nada de esto sale en esta peli, en donde Travolta borda por cierto su cómico papel femenino de “mamá de la artista”, protectora, sufrida ama de casa y un tanto superada por los acontecimientos, con varios kilos de maquillaje y prótesis corporales para aparentar a una obesa cincuentona de principios de los 60. Y todo eso no le impide marcarse estupendamente unos cuantos bailes durante la película.

La película es divertida, simpática y con un punto deliberadamente naïf para presentarnos de manera un tanto manierista la alegría de la chavalería de principios de los 60 y los horteras concursos y programas musicales de la época. La película sigue el espíritu caricaturesco sixtie de la cinta de John Waters con esos peinados cardados imposibles de las féminas, el horroroso vestuario pre ye-yé, y los atractivos y lacados maromos que traen locas a las chicas del pueblo. La historia es en realidad muy simple, pero la incursión de elementos políticos como el de la lucha de igualdad entre afroamericanos y blancos en un tiempo convulso en el que la población negra aún estaba segregada en EEUU, siempre hizo del guión original una cosa bastante interesante, aunque en esta versión este elemento aparezca de manera mucho mas comedida y light, sin ese componente gamberro que ha caracterizado siempre el cine de Waters, aunque ha decir verdad, todo en esta versión es mas aséptico e inofensivo. Un reparto de estrellas ayuda bastante a llevar una historia que a causa de la naturaleza musical del producto, en no pocas veces se hace sinuosa; a parte de Travolta intervienen Michelle Pfeiffer como Velma, la insoportable productora televisiva del Show de Curny Collins, Christopher Walken como Wilbur, el padre de Tracy propietario de una surrealista tienda de artículos de broma y Queen Latifah como Motormouth Maybelle, la presentadora negra estrella de Baltimore. A parte de James Mardsen, que da vida al panoli presentador Curny Collins, se encuentra un buen plantel de jóvenes promesas como Brittany Snow, Elijah Kelley, Amanda Bynes, Zac Efron, (como Link, el príncipe azul de Tracy), y la saladísima Nikki Blonsky en el papel de la susodicha protagonista, cuya magnífica interpretación no desmerece nada a la de la inolvidable Riki Lake de la versión original. Todo el reparto esta formidable y tiene su momento para lucirse musicalmente. Travolta desde la época de Grease o Saturday Night Fever nunca había hecho un musical así, por cierto (además, ahora que me doy cuenta se han reunido los protagonistas de Grease y Grease 2, Travolta y Michelle Pfeiffer.)

Es una comedia musical alocada, dinámica y aparentemente un tanto tontorrona en cuanto a su historia (aunque el mensaje tiene su miga), con interesantes canciones que tratan de recoger los ritmos mas populares de los primeros 60 (Twist, Swing, Rock N´Roll, baladas Broadway, Soul) que se dejan oír y son pegadizas, aunque el conjunto sea irregular. Cada 10 minutos más o menos hay un número musical y eso puede agobiar a los que no estén demasiado acostumbrados a este género: aunque en la primera mitad del filme esto es más o menos llevadero en la segunda mitad todo es tan repetitivo que llega a resultar cansino. Una buena dirección artística, ingeniosos homenajes a otros filmes de John Waters (quien realiza un cameo, como Riki Lake, la Tracy original) e incluso a su amigo y admirador Almodóvar (en un detalle de decoración doméstica) y en general, una escenografía vistosa y ambiciosa dan lustre a una película evasiva y disfrutable.

martes, septiembre 11, 2007

El aparatito de Lumiere (Sesión doble)- DEATH PROOF / LA ULTIMA LEGIÓN

DEATH PROOF

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El nuevo film de Quentin Tarantino esta enmarcado en el arriesgado (y fracasado en USA) proyecto Grindhouse, en el cual, junto con Robert Rodríguez, pretendía homenajear al cine de serie B de acción y/o fantástico de los 60 y 70 presentando dos películas en sesión doble: esta y Planet Terror de Rodríguez. Como es sabido, la experiencia ha sido un fracaso en USA, lo cual es una pena porque este ultimo trabajo tarantiniano merecía en su país mucha mejor suerte: aunque sin llegar al nivel de Reservoir Dogs, Pulp Fiction o incluso Jackie Brown, este inteligente y divertido pastiche del cine de género es un una película muy lograda e inteligente, una ingeniosa broma que se ríe de las convicciones del cine convencional y que consigue reconstruir magistralmente el cine de bajo presupuesto. A años luz de la fallida Planet Terror, la película que coproducida con Robert Rodríguez completaba el proyecto, aunque ambas mantienen cierto espíritu unitario y complementario.

Por fortuna para Tarantino, el estreno de Death Proof en solitario fuera de los States ayudará a que esta película no sea un fracaso económico, algo que el realizador no se merecía. Si en Planet… Rodríguez la tomaba con el cine de terror, aquí Tarantino lleva a cabo su revisión del género de acción con persecuciones de coches mezclado con thriller de asesino en serie. Pero ojo, es mucho más que eso. Death Proof es una puesta al día del mito del asesino de doncellas en donde el falócrata ladykiller recibe una increíble lección por parte de sus victimas mostrando así un lado humano y vulnerable, que produce un efecto bastante curioso e incluso cómico. El Especialista Mike, interpretado por Kurt Russell, es un antiguo especialista de cine que recorre Texas en un inquietante coche negro con una calavera pintada. Su objetivo es liquidar a mujeres con su coche a prueba de muerte mediante aparatosos golpes, choques y accidentes de los que él, como buen especialista, siempre sale ileso. La presencia de Russell es un guiño de Quentin a las primeras películas de uno de los maestros de la serie B, John Carpenter, del que Russell era actor fetiche. Junto con el veterano actor (cuya carrera comenzó cuando era un crío) se encuentra un puñado de jóvenes y bellas actrices como Rosario Dawson, Sydney Tamiia Poitier, Vanesa Ferlito, Rose McGowan (que repite Grindhouse al haber aparecido también en Planet Terror) o la especialista Zoë Bell, que interpreta a una especialista de cine también llamada Zoë (¿ella misma?), a las que Stuntman Mike intentará liquidar. Es curiosa la división que hace Tararantino entre los grupos de heroínas: en la primera parte de la película aparecen los putones verbeneros, las cuales tiene a priori todas las papeletas para que no les toque un buen final, y en al segunda parte las friki-cineastas, un cuarteto de féminas relacionadas con el mundo del cine y del espectáculo, que Tarantino “trata” mejor que a las primeras y por las que el guión terminará decantándose. Con todo, la visión del universo femenino en el filme es la misma, tanto para un grupo como para otro: la exaltación del sentimiento de amistad y lealtad entre las mujeres frente al individualismo de los hombres, aunque el realizador y guionista se ría sanamente de muchas costumbres y convencionalismo femeninos.

El guión de la película, pese a contar una historia simplísima, es sencillamente genial, y, atención, contiene algunos de los mejores diálogos que Quentin haya escrito nunca, por increíble que parezca. La película parte con la premisa de presentar un remedo de película exploitation cutremente filmada y en copia defectuosa por innumerables pases, y Quentin trata de cumplir esto tal y como hizo Rodríguez con su parte, pero en bastante menor medida que el realizador hispano, ya que pese a haber ingenioso chistes metacinematográficos en forma de desajustes de imagen, saltos y cortes en las escenas y discutible calidad de imagen, eso solo sucede en parte; casi sin darnos cuenta ya no podemos ver en un momento dado del metraje todas esas deliberadas e irónicas imperfecciones, aunque la luz chillona y setentera de la imagen siga dominando la fotografía de la peli. Un curioso trampantojo que Tarantino completa con detalles ambiguos y de interpretación múltiple como un momento en el que la imagen es en blanco y negro (¿esta dentro del homenaje a la imperfección o aquí Quentin se ha querido largar el típico ejercicio de estilo del cine de hoy?).

La película es un claro homenaje al mundo de los especialistas de cine como no podía ser de otra manera las escenas de coches son de lo mejorcito de al película, con secuencias de pura adrenalina e impactantes, como el primer choque frontal del automóvil de Mike: increíble, acojonante; pocas veces en el cine se ha visto una escena así. Y, como era de esperar, el universo Tarantino, aparece en toda su plenitud: referencias a las hamburguesas Big Kahuna, la aparición de los entrañables personajes del Ranger Earl McGraw (Michael Parks) y su hijo Edgar (James Parks) vistos en Kill Bill y Abierto hasta el amanecer, alusiones al fetichismo pinrrelar, y la presencia del propio Tarantino, esta vez como el barman Warren, además de la aparición de personajes de Planet Terror como las gemelas Babysitter. En definitiva, un divertido y cachondo hom
enaje a diversos géneros (acción, western, thriller, road movie) que desde su jocosidad y gamberrismo inteligentemente muy planteados es una auténtica, auténtica delicia.



LA ÚLTIMA LEGIÓN

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Esta película, basada libremente en una novela de Massimo Manfredi, es un nuevo intento por relanzar el Peplum (cine de historia antigua) tras el éxito hace siete años de Gladiator, aunque en todo este tiempo no ha habido ni una sola película digna en este género, perdido en este década en excesos infográficos y historias basadas en luchas, luchas y mas luchas. Pese a que esto es lo que más o menos lo que ofrece esta ambiciosa superproducción dirigida por Doug Lefler y producida por el mítico Dino de Laurentis, nonagenario productor con más de medio siglo de carrera en el sétimo arte, hay algo de interés en una historia que fantasea en el periodo de decadencia del Imperio Romano con un emperador y un hijo de este- un niño llamado Rómulo- ficticios en plena ocupación germánica del imperio en el siglo V D.C. La Novena Legión, establecida en la isla de Gran Bretaña, es el elemento central de esta película, que nos cuenta su defensa de dicha isla ante las hordas germánicas y los usurpadores anglos al trono de los britanos celtas, desrromanizados ante la marcha de las tropas romanas a las guerras con los bárbaros. La historia fabula con la conexión- históricamente real- de las luchas de los britones en el siglo V contra invasores con el origen auténtico del mito del Rey Arturo de una manera tan sugerente como poco creíble, y por supuesto, históricamente fantaseada ya que no hay apenas información real sobre el mítico monarca, que en realidad fue un caudillo guerrero. Con una estética a veces anacrónica, especialmente en el vestuario, y con indudable vocación épica se desarrolla una película entretenida y muy solvente pero escasamente creíble. No faltan espectaculares batallas y escenas de lucha y la trama esta correctamente construida y se hace muy interesante, pero su tendencia a calcar a la saga ESDLA (incluso en algunas secuencias) y a incluir elementos propios de la fantasía épica no resulta muy apropiada.

En el reparto se encuentran actores conocidos como Ben Kingsley como el druida céltico Ambrosino (demasiado Gandalf), Colin Firth como el Comandante Aurelio y la bellísima actriz hindú Aishawayra Rai como una nada creíble guerrera india con modelitos sacados de la Pasarela Cibeles. Para pasar el rato y entretenerse.