domingo, junio 15, 2008

El aparatito de Lumiere - EL INCIDENTE (THE HAPPENING)


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El nuevo filme de uno de los realizadores con más tirón del Hollywood de los últimos años, M. Night Shyalaman, confirma que, efectivamente, el americanohindú es un director de talento y un genial embaucador de audiencias, pero también demuestra que el ya identificable estilo del realizador (generalmente, suspense con elementos fantásticos insertados sorpresivamente en una trama pretendidamente realista), si bien no resulta previsible, si que es ya demasiado estándar. Este The Happening vuelve a ser un thriller fantástico con facilonas connotaciones intelectuales y existenciales, que por desgracia no termina de despegar a pesar de la muy interesante premisa argumental y los primeros y apasionantes compases de la peli. Una pena, por que con este film Shyalaman da muestras de madurez (que ya aparecían en El Bosque (2004), pero que se disipaban en la joven del agua (2006)) que hacen pensar que en un futuro inmediato el director y guionista logrará superar el autoencasillamiento al que parece estar sometiéndose. Lo que podía ser su mejor filme, se queda en una buena e inteligente película fantástica, sin más.

Recurriendo astutamente como en otros filmes suyos a elementos de Hitchcock y Spielberg, Shyalaman presenta una inquietante fábula apocalíptica que recuerda tremendamente a Los Pájaros, de uno de sus maestros. Aquí, la naturaleza (las plantas concretamente) parecen llevar a cabo una siniestra, retorcida y alucinante contra la humanidad maltratadora de la vida natural, que comienza en la Costa Este norteamericana. Primero en Nueva York y después en Philadelphia (de donde proceden los protagonistas de esta historia) una especie de epidemia se esta extendiendo entre los habitantes de las grandes ciudades y después en los de las ciudades pequeñas: en momentos dados, personas aglomeradas en parques de ciudades o zonas naturales pierden la movilidad y la orientación permaneciendo quietas, para luego expresarse incoherentemente por medio de frases apocalípticas, y finalmente todas ellas buscan su propia muerte suicidándose de la manera más alucinante que concebirse pueda. Lo que en un principio las autoridades nortemericanas atribuyen a un virus propagado por terroristas, pronto revelará su verdadera condición. Elliot (Mark Wahlberg), un joven y racional profesor de biología en un instituto de Philadelphia, su mujer Alma (Zooey Deschanel) y su amigo y también profesor de secundaria Julian (John Leguizamo) y la hija de este, Jess (Ashlyn Sánchez), son los personajes en los que se centra la trama, una huida terrorífica ante el ataque de un enemigo incierto que aparece en el momento más inesperado ante la atónita mirada de los protagonistas y de los espectadores. La historia es además una crítica a las teorías conspiratorias, a al histeria colectiva y al manejo del miedo por parte de las autoridades y de los gobiernos, con situaciones en las que mucha gente en un momento de total, total desconcierto puede verse identificada. Una estupendísima dirección de actores en escenarios casi siempre de espacios abiertos da una total credibilidad a una historia descabellada, como nunca antes Shyalaman lo había conseguido. Las escalofriantes escenas de los suicidios son de lo mejor que el cineasta ha rodado hasta la fecha.

Por desgracia, el enorme interés que el film muestra al inicio va decayendo poco a poco hasta un desenlace bastante previsible y light. No obstante, algún momento de crítica a la paranoia contra el enemigo invisible (y por ende a la mentalidad de muchos americanos) se destaca en una segunda parte del filme un tanto farragosa y sin pretensiones claras. Y es que Shyalaman a veces es un poco pedante y autocomplaciente, tal vez ni el mismo tiene claro lo que quiere decir en algún momento (por cierto, esta vez como actor tiene un papel casi de figuración). La película engancha, apasiona a veces, y aunque puede que no sea plato para todos los gustos, tiene el sello de uno de los directores que mejor saben combinar calidad y comercialidad en los últimos años.

sábado, junio 07, 2008

CUADERNO DE NOTAS DE UN PREHISTORIADOR INFANTE

La formación de la tierra, los fósiles, las cavernas, el Hombre de Cromagnon, el Pleistoceno, los pterodáctilos, los homínidos, las hachas de mano, el brontosauro, el Homo Erectus, las pinturas rupestres, mamuths…Todo esto formo parte de le educación sentimental de la infancia de este que suscribe, cuando a los 5 o 6 años descubrió aquellos albores de nuestro planeta en los que habitaban monstruosos reptiles, y en donde simios llegaron a transformarse en seres humanos cubiertos de pieles que vivían en cuevas y cazaban para subsistir. Durante esos años, muchos libros sobre el tema cayeron en mis manos y llegué a convertirme en un fanático en la materia. Aunque ha pasado el tiempo, y muchas otras cosas irrumpieron en mi vida captando mi interés, siempre me ha quedado cierta impronta paleontológica y prehistoriadora, no tan fuerte como antes, pero la suficiente como para seguir fascinándome por todo lo relacionado con la época anterior a la Historia.


Dinosaurios y cavernícolas

Hacia los cuatro años de edad, cuando ni siquiera sabía leer, descubrí en uno de los tomos de una especie de enciclopedia dirigida a la gente menuda, El Mundo de los Niños, una publicación americana editada en España por Salvat a comienzos de los 70 (y que mis padres compraron poco antes de que yo naciera), vistosos dibujos de varias especies de dinosaurios, los gigantescos lagartos que habitaban en la prehistoria. Fascinante, lagartijas del tamaño de un camión que ya no existían. En aquella infancia preescolar la Prehistoria era para mi aquella época pasada en al que los hombres iban en plan Tarzán, en taparrabos y cazaban con lanzas y garrotes, tal y como mostraban los tebeos y los dibujos animados. Era la Prehistoria un mundo fascinante para un niño que a los cinco años ya se interesaba por la Historia, a través de libros que ya empezaba a saber leer o imágenes de la televisión. Series como la francesa de animación Eráse una vez en hombre hicieron aumentar ese interés, especialmente en lo que a la Prehistoria se refiere, con aquella mítica cabecera en donde se mostraba algo alucinante: la evolución, del mono al hombre. El hombre primitivo, descubriendo el fuego y viviendo de utensilios de palos y piedras. Era la edad de piedra, cundo el hombre no sabía nada y andaba por el mundo como un recién nacido, recién aparecido en la tierra.

Poco después sabría, que al contrario que lo que decían algunas películas, cómics o dibujos animados, el hombre primitivo y los temibles dinosaurios jamás coexistieron, ya que los primeros desaparecieron mucho antes de que el hombre hiciese acto de presencia en el planeta. Pequeño desengaño, el hombre primitivo nunca cazó diplodocus a garrotazos, aunque no importaba, ya estaban los Mamuts, como, esta vez sí, objeto real de las cacerías del hombre prehistórico, y luchar contra elefantes lanudos, quieras o no, era muy impresionante. Había también por mi casa un libro sobre Prehistoria que mostraba un antiguo grabado (con el que me he vuelto a encontrare n bastantes más ocasiones) de la evolución de los primeros homínidos hasta el Homo Sapiens, que me fascinaba: efectivamente, veníamos del mono. Luego, con siete años aproximadamente recibí un regalo navideño que me marcó: un librillo infantil muy completo para críos de mi edad sobre el hombre primitivo, de la editorial SM. Allí aprendí los nombres de los primeros homínidos (Dryopithecus, Ramapithecus, Australopithecus), y de las diferentes especies que se sucedieron del género Homo (Homo Habilis, Homo Erectus, Neandertal, Cromagnon), y me familiaricé con las herramientas de piedra, las pinturas rupestres, el descubrimiento del fuego, el nacimiento de la agricultura, los primeros rituales funerarios. Ya conocía términos como paleolítico, neolítico, glaciaciones, edad de bronce, antes de darlos en la escuela.

Todo lo relacionado con el hombre prehistórico desplazó de alguna el interés por los dinosaurios como materia de la prehistoria preferida (ya conocía los nombres y las apariencias de varios de ellos), pero poco después me compraron un libro sobre dinosaurios de la misma colección que el de los hombres primitivos, mediante el cual “profundicé” en la fauna prehistórica anterior al hombre reactivando mi interés diniosáurico. Pero no solo en lo que a dinosaurios se refiere, sino también respecto a la primera fauna marina: trilobites, primeros gusanos, peces primitivos, etc. Claro que era mucho más interesante el tema de los dinos: los que eran herbívoros y los que eran carnívoros, los que podían volar, los que vivían en el mar, el tiranosaurio, el dimetrodon, el Iguanodon, el triceratops. Todo molaba.


A la caza del fósil

Otra cosa que también me atraía enormemente, era el hecho de que se encontrasen hallazgos de restos prehistóricos, tanto de homínidos u hombres primitivos, como de bestias prehistóricas, además de cuevas con pinturas rupestres, hachas de mano, monumentos megalíticos de la edad de hierro. Los restos animales y vegetales se convertían en piedra y eran los fósiles, de los que había a tutiplén en museos y que se podían hallar en aparatosas excavaciones por parte de paleontólogos, la primera profesión realmente me parecía que molaba la leche. Me quedaba obnubilado pensando como sería contemplar la osamenta petrificada completa de un dinosaurio, como las que había en el Museo de Historia Natural de Nueva York, o que se sentiría al encontrar un cráneo de Homo Erectus. Luego me di cuenta que esto de encontrar fósiles no era tan difícil como parecía, ya que a mis oídos llegaban relatos de gente más o menos cercana que aseguraba haber hallado fósiles de plantas, de helechos prehistóricos o de caracoles en excursiones campestres. Con ocho o nueve años, amigos míos tan locos con la Prehistoria como yo me enseñaban fósiles, algunos auténticos y otros más dudosos, de trilobites, conchas, arena petrificada… (pero vete a saber si serían de la Prehistoria). No, no era tan difícil encontrar fósiles de especies marinas prehistóricas si acudías al lugar adecuado, léase riberas, playas, costas.

En el patio del colegio, o en el campo, siempre había algún chaval que veía una mancha o una marca en una piedra y decía que era un fósil. Yo recuerdo haber adquirido y coleccionado, con mas o menos diez u once años, fósiles varios de especies marinas y de puntas de lanza del hombre primitivo, halladas por gente dedicada a esos menesteres de manera amateur en abrigos prehistóricos (dícese de cavidades en rocas (que no cuevas) en donde el hombre primitivo se resguardaba en algún momento de las inclemencias del tiempo o donde pasaba la noche). Hasta una vez recuerdo haber participado en una expedición “paleontológica” a lugares de este tipo en Cantabria, de donde conseguí un buen botín, por cierto.

No hice por aquel tiempo demasiadas visitas a museos arqueológicos o de prehistoria, pero guardo un grato recuerdo de ellas: ver puntas de armas, buriles de piedra, raspadores, restos de vestimenta o restos óseos de hombres primitivos y homínidos era fascinante para mí, aunque ya había visto y leído tanto del tema que casi me parecía tan normal. También hubo en mi época de escolar visitas a cuevas que fueron habitadas por hombres prehistóricos, que estimulaban tanto mi afición a la prehistoria como mi interés por las cuevas y lo relacionado con la espeleología. Pero sobre todo, eran muy especiales para mí porque me ponían en contacto con algo que siempre me fascinó y que sigue siendo una de mis debilidades en el estudio de la vida del hombre de la Prehistoria: las pinturas rupestres.


Altamira, Santimamiñe

Como muchos otros, la primera referencia del arte rupestre que tuve - por medio de libros- fueron las cuevas de Altamira, en Santillana del Mar, Cantabria. Los legendarios bisontes fueron una imagen asociada para siempre con las cuevas prehistóricas. Siempre quise visitar Altamira, pero claro está, la restringida política de visitas a la llamada capilla sextina del paleolítico impidió tal deseo. Si que estuve con 11 o 12 años en Santillana visitando el museo de las cuevas, y conociendo más a fondo la historia de Satuola, el descubridor de las cuevas, cuyas pinturas fueron descubiertas por su hija de pocos años.

Pero a falta de Altamira, en dos ocasiones visite en excursiones escolares las cuevas de Santimamiñe en Kortezubi, Bizkaia. El vivir allí hizo que las visitas a las inmediaciones de la gruta (entrando o sin entrar) fuesen relativamente habituales durante mis años de infancia. Las de Santimamiñe fueron las primeras pinturas rupestres que visité en mi vida; bisontes y caballos perfilados en negro, sin cromar, que lejanamente recordaban a los de Altamira o los animales pintados en otras cuevas. Mas tarde, se fueron sucediendo visitas a otras cuevas prehistóricas en Cantabria o en Asturias (Covalanas,Tito Bustillo), aunque todavía aguardan las cuevas levantinas y sus figuras humanas, por que no, Lascaux, el otro gran exponente del arte rupestre junto con Altamira.

Y bueno, que decir de los monumentos megalíticos. La edad de los metales no fue santa de mi devoción al principio, pero a fuerza de ver más y más imágenes de Stonehenge y su imponente y mágica estampa, el gusanillo de las culturas megalíticas y los pueblos preindoeropeos me fue picando, picando hasta explotar en mi adolescencia, superando a la afición a la edad de piedra (aunque con el tiempo se han ido equilibrando)


La eterna búsqueda del origen

Con el paso del tiempo, otras eras de la historia de la humanidad me han ido interesando más, pero la Prehistoria ha seguido ejerciendo en mí una especial fascinación. Una etapa en al que aún se siguen descubriendo más y más cosas y de la que jamás el ser humano lo conocerá todo. Multitud de publicaciones, investigaciones, artículos, programas de televisión, documentales siguen ocupándose de la Prehistoria, tal es la fascinación que esa época ejerce en todos nosotros, admitiéndolo o no e independientemente del interés por al historia que tenga cada uno. Es la emoción por ir descubriendo lo desconocido, que se hace aún mayor cuando todas esas lagunas de conocimiento nos dicen algo tan fundamental como nuestro origen, el origen de la humanidad, el origen de nuestro planeta. En definitiva, quienes somos, por que estamos aquí, por que todo lo que conocemos de la naturaleza es así. Esos interrogantes fueron los que me llevaron a ser un precoz aficionado a esa Era, y hasta hoy día, con dichos interrogantes intactos, mi amor por la Prehistoria siempre descubre algo con que reafirmarse.

martes, junio 03, 2008

El aparatito de Lumiere - -ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO (BEFORE THE DEVIL KNOWS YOU´RE DEAD)


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Es una pena que esta extraordinaria película, que esta siendo de lo mejor del año, este pasando con mas pena que gloria por las pantallas, aunque la crítica parece coincidir en sus múltiples excelencias. Sydney Lumet, legendario y octogenario director con algunos clásicos inmortales en su vastísima filmografía, del calibre de 12 hombres sin piedad (1957), ha venido desarrollando sin interrupción desde aquella su opera prima un filmografía muy variada y con títulos excelentes como Serpico (1973) o Veredicto Final (1982); en los 90, ya sin mostrar el brillo de épocas anteriores, algún titulo interesante como La noche cae sobre Manhattan (1997) o más tarde su, hasta el momento última, Declaradme culpable (2006) evidenciaba que a pesar de no estar tan en plena forma como en sus mejores días, Lumet seguía siendo en su vejez algo más que un maestro del séptimo arte. Pero es que en esta ocasión de ha ido más allá: el mítico director ha filmado uno de los mejores trabajos de su carrera.

Este filme de largo título es una magistral mixtura de cruel drama humano y thriller en donde el director de Philadelphia muestra una desenvoltura propia de cineastas más jóvenes, y echado mano de un recurso tan en boga en el cine de calidad de los últimos años como es el del puzzle temporal, ofrece un filme emotivo, intenso e interesante de principio a fin. Un espectáculo narrativo de fuerza devastadora que hace pensar y reflexionar en todo momento al espectador, más allá de lo que se ve en la película.

El excelente guión de Kelly Masterson presenta una serie de personajes de una misma familia divididos inconscientemente en dos bandos: por una parte, los que viven una vida apacible y sin sobresaltos, como son los ancianos patriarcas del clan Hanson, Charles (Albert Finney) y su esposa Nanette (Rosemary Harris), mientras que al otro lado se encuentran dos de los hijos, Andy (Philip Seymour Hoffman) y Hank (Ethan Hawke), el primero un profesional cualificado y aparentemente honrado, pero desorientado por su adicción a las drogas, y el segundo un joven irresponsable y dejado, amargado por su divorcio y sus problemas económicos. Andy y Hank, no parecen haber seguido la educación moral que les dieron sus padres; su comportamiento como personas incluye la hipocresía (Andy), y la falta total de criterio (Hank), y no dudarán en solucionar conjuntamente sus respectivos problemas de una manera tan terrible como atracar la joyería regentada por sus propios padres. Sentimientos de culpa varios, pasos en falso y concatenaciones lógicas de situaciones pintan un fresco en donde se pone en evidencia las fatales consecuencias de la falta de moral y la ambición por ir por libre sin tener en cuenta a los demás.

Una puesta en escena impecable y un sorprendente juego de planos, en donde en diferentes momento una misma escena filmada desde diferentes ángulos, sirve para ofrecernos la misma historia desde el punto de vista de Charles, Andy y Hank. Y por si fuera poco, las interpretaciones son excelentes; Albert Finney esta soberbio, como siempre, Hoffman borda su papel con una intensidad dramática desgarradora, y Hawke logra hacer uno de los mejores papeles de su carrera. Una película desasosegante, algo incómoda y dura, pero con el poder de atracción que solo las obras maestras atesoran.

lunes, mayo 26, 2008

El aparatito de Lumiere - INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALVERA DE CRISTAL (INDIAN JONES AND THE KINGDOM OF THE CRYSTAL SKULL)

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Parecía imposible, pero al final se ha hecho una nueva entrega (la cuarta) de la serie Indiana Jones, aunque se la friolera de 19 años después. El Doctor Henry Jones JR., más conocido como Indiana Jones, catedrático de arqueología y heroico cazador de reliquias en parajes exóticos y ante todo tipo de riesgos y aventuras descabelladas, se ha convertido por derecho propio en uno de los personajes de ficción mas legendarios de la historia del séptimo arte, tal vez el más famoso de los surgidos los últimos 30 años. George Lucas, productor de la saga y creador del personaje y su concepto, y Steven Spielberg, director de los cuatro filmes y responsable junto a su amigo Lucas de no pocos elementos argumentales de las historias y del personaje (pese a que los guiones siempre los han desarrollado otras personas) y de la factura visual de la serie, durante toda su larga y exitosa carrera se han visto en la obligación de rescatar al arqueólogo aventurero del sombrero fedora y el látigo en diversas ocasiones para ofrecer a un público que ya se entregó sin remisión desde En busca del arca perdida (1981), brillantes espectáculos de aventura, acción, humor, persecuciones, luchas entre buenos y malos, lugares exóticos, selvas, huidas increíbles, búsqueda de tesoros e intriga propia del folletín de aventuras. La saga Indiana Jones pretendía ser un homenaje a la “mitología” de la infancia de los sus creadores: los seriales de aventuras de los años 30, las novelitas baratas, el cine épico de David Lean, los cómics ambientados en parajes remotos, el Humphrey Bogart de El tesoro de Sierra Madre, Errol Flynn; pero al final ha conseguido ser un fenómeno cinematográfico por derecho propio, una celebración de la aventura y del cine de evasión que ha conseguido cautivar a un público de diferentes generaciones y que en los 80 consolidó el cine espectáculo, relanzando el concepto de superproducción que en aquella época parecía olvidado.

En realidad, con un Harrisond Ford de 65 años y un Spielberg con bastante miedo a atarse a una serie de películas, todo el mundo daba por finalizada la saga tras el cierre de la trilogía inicial en 1989 con Indiana Jones y la última cruzada, pero el poder de atracción del personaje sigue siendo tan gran que ni Spielberg, ni Lucas ni Ford han podido sucumbir a al tentación de volver a echar andar al aventurero por excelencia del cine. El hecho que durante el largo periodo de tiempo de ausencia de Indy en las pantallas haya proliferado multitud de videojuegos, libros, tebeos telefilmes y una serie de televisión sobre el personaje, indica hasta que punto Indiana Jones ha permanecido vivo en nuestra sociedad occidental. Así, tras varios años reintentos fallidos y guiones desechados, un Indiana Jones sexagenario pero aún en forme vuelve para hacernos vibrar y disfrutar una vez más, con un nuevo filme ambientado en los años 50 (como no podía de ser de otra forma transcurriendo las entregas anteriores en los 30), y que sin grandes alardes ni novedades cumple su cometido, que no es otro que emocionar y entusiasmar al público.

Este Reino de la Calavera de Cristal parte con la premisa de que Indy ha envejecido y que ya no es el de antes, aunque sigue en plenitud de facultades. Es más sabio y prudente y esta mas centrado en su actividad académica que en la búsqueda de reliquias por el mundo adelante. Con los rusos como malos de la función en vez de los nazis (estamos en plena guerra fría y en la paranoia nuclear), el Dr. Jones sobrevibe a un secuestro de los soviéticos en el desierto de Arizona, comandados por la pérfida agente de la KGB Irina Spalko (interpretado por una demasiado caricaturesca Cate Blanchett) y a una explosión nuclear en el prólogo del filme, aunque no logra evitar que los rusos se lleven un misterioso sarcófago que se encontraba en un almacén del gobierno USA. Un requerimiento de un joven greaser, Mutt Williams (Shia LeBouf) le vuelve a poner en acción para competir con el ejército de la URSS en la adquisición de las calaveras de cristal, unos objetos sagrados presuntamente tallados por civilizaciones precolombinas que se encuentran en el Perú y que una vez pertenecieron al mítico El Dorado. Hasta la selva del Amazonas se trasladará Indiana Jones con el joven Mutt, dispuesto a vivir una nueva y trepidante aventura en su tercera edad.

El reino de la calavera de cristal no esta a la altura de En busca del arca perdida y de El templo maldito, pero supera a La última cruzada, pese a ser un filme con menos escenarios que aquel y con más concreción de personajes. Sigue la estela de la saga de mezclar realismo, aventura desaforada, ocultismo y algunos elementos fantásticos, y en ese sentido, todo sigue igual. No hay mucho elemento sorpresa ya que cuando este intenta aparecer, resulta totalmente previsible a tenor de lo que el espectador puede deducir. Esta deja vu no logra sin embargo ensombrecer un filme Indiana Jones 100% en donde tanto los fans de al serie como los que no lo son tanto disfrutarán de lo lindo con situaciones inesperadas, sustos, lugares inquietantes, persecuciones automovilísticos y paisajes espectaculares, todo dispuesto de una manera tal vez demasiado perfecta y con poco margen a la espontaneidad. El regreso del personaje de Marion Ravenwood, interpretado por Karen Allen en En busca…es una buena noticia para los fans de Indy, ya que el personaje cumple con todas las expectativas. En caunto a nuevos personajes, hay aciertos, como el desequilibardo profesor Oxley que encarna el gran John Hurt, y fallos, como George McHale (Ray Winstone), un arqueólogo colego de Indy fatalmente desarrollado en el guión. La inclusión de elementos de ciencia ficción en al historia no debe espantar a los seguidores de al saga, ya que están bien insertados (aunque de manera muy simplona), lo que resulta en cambio poco perdonable es que el final del filme, supeditado precisamente a ese elemento, sea tan tópico y vago.

Referencias a filmes anteriores de al saga y curiosas bromas a costa de estos constituyen pequeños e inofensivos atractivos, a los que se une la presencia simbólica de las efigies de Sean Connery, como un ya fallecido profesor Henry Jones Sr, y del fallecido en la vida real Denhom Elliot, el inolvidable Marcus Brody de los filmes anteriores. No faltan tampoco referencias a la serie de Las Aventuras del joven Indiana Jones (otro guiño a fanáticos). Mención aparte merece la interpretación de un Harrison Ford que se esfuerza por seguir dotando de vitalidad al ya maduro personaje (incluso ha rodado algunas escenas de acción sin especialista). Presencia mayoritaria de efectos especiales tradicionales en detrimento de los digitales y acción y emoción por un tubo en un retorno que responde a las expectativas, minimamente, es cierto, pero que nos quiten lo bailao: Indiana Jones es un icono demasiado grande como para defraudar a nadie.

domingo, mayo 25, 2008

LA DAMA SE ESCONDE: UN DESEO SECRETO

Entre 1984 y 1994 el pop-rock español contó con un grupo francamente irrepetible, un dúo que llegó a unos extremos de elegancia, cultismo, intelectualidad y exquisito sentido artístico, que ni antes ni después el pop en castellano conocerían. Y todo ello sin perder en ningún momento el sentido de la inmediatez comercial. Nacho Goberna e Ignacio Valencia forjaron en Donostia un mito que en su momento solo tuvo un éxito mediano, aunque el grado de culto alcanzado durante y después de su existencia ha terminado poniendo en relieve la grandeza de este grupo de pop-rock electroacústico arty. ¿El mejor grupo vasco de la historia? Posiblemente. ¿Una de las mejores bandas del Estado Español de todos los tiempos? Casi seguro. Una auténtica catarsis musical y conceptual envuelta en letras de claro contendido poético-metafísico e instrumentaciones cromadas, que siempre se recordará con devoción por los amantes del rock ibérico. Amigos del amanecer y hermanos del Rey Sol. La Dama se Esconde.

Mucho se ha hablado de la tradición musical popera donostiarra, una vez, en los 80 y primeros 90, brillante y entrañable, un ecosistema único en donde habitaron especies tan únicas y singulares como 21 japonesas, M-ak, Itoiz, Le Mans, La Buena Vida, Family, capitaneadas a nivel comercial por la banda easonense mas exitosa, Duncan Dhu. Estos popularmente aceptados como los cabezas visibles de la camada musical de Donosti y como la culminación del “Donosti Sound” (algo que objetivamente nunca existió), en realidad no fueron la mejor banda donostiarra de la historia, aunque si la que mejor combinó el binomio caldiad-comercialidad. Ni por supuesto, tampoco entrarían en esta pugna los últimos productos musicales salidos de la capital guipuzcoana, de cuyo nombre prefiero no acordarme, y que ni poseen el espíritu musical de la ciudad ni, por su puesto, tienen un cuarto del talento de los mejores grupos que surgieron de allí. El mejor grupo donostiarra fue La Dama Se Esconde, un dúo que durante 10 años y a través de cinco LPs de estudio, un LP de remezclas y un EP, demostraron ser uno de los combos más singulares de la historia del pop español. Un sonido que comenzó siendo postpunk y elegantemente oscuro para pasar a un pop-rock entre sintético y acústico de fascinante afectación melodramática, y que término en un sofisticado pop eléctrico-electrónico ambiental, exuberante y cuidado. Letras a veces oscuras y rebuscadas, otras veces metafóricas y simbólicas, siempre con clara vocación lírica y literaria, rebosantes de imágenes y atesoradotas de un universo poético propio que rebasaba cualquier convencionalismo. Las singulares influencias literarias del dúo les situaron en un plano al que ningún grupo de la década de los 80 llegó jamás y al que todavía nadie ha llegado dentro del rock hispano.

Nacho F. Goberna, voz, guitarra, teclados, programaciones y compositor de casi todos los temas y e Ignacio Valencia, bajo y coros, ambos nacidos en Donosti en 1965, fueron los dos elementos de aquel extraño meteorito que a mediados de los 80 aterrizó en el panorama musical español y del que nadie en aquel entonces supo averiguar su procedencia ni su naturaleza exacta. Y hoy todavía, seguimos igual. Es que no ha habido nada como La Dama. Ni posiblemente, lo volverá a haber, sobre todo tal y como anda el panorama musical popular patrio: una banda con influencias literarias de Tolkien, Kafka y Orson Wells es algo que a día de hoy resulta muy poco digerible. Pop culto e intelectual, ¿existe eso ahora? Musicalmente, influencias de The Cure, Psichodelic Furs, New Order, los primeros U2, o Cocteau Twins forjaron un sonido brillante y rico, en donde teclados y sintetizadores habitaban en perfecta armonía con guitarras eléctricas y acústicas y líneas de bajo robustas, para cincelar un sonido elaborado y deslumbrante, puro art pop, como solo se podía hacer en los ochenta. Y por si fuera poco, la enorme voz de Nacho Goberna relatando de una forma apasionada y sentida fascinantes historias de desengañó, lucha, introspección, esperanza, vitalismo o miserias de la condición humana. Una auténtica delicia.

Fue en 1981 cuando los destinos de los dos Ignacios, Goberna y Valencia, convergieron musicalmente. A estos dos mozalbetes de 16 años estudiantes de instituto les fascinaba el sonido afterpunk de bandas británicas del momento como Joy Division, Magazine o The Cure, en una ciudad que musicalmente ya había parido en años anteriores, aunque con cuentagotas, alguna gema de la música popular como La Orquesta Mondragón o años antes el grupo matriz de el combo de Gurruchaga (aunque sin él), Brakamán. Había cantantes folk y grupos que cantaban en euskera (como Itoiz), y todo ello estaba poniendo a al capital gupuzcoana en al rampa de lanzamiento para ser considerada en pocos años como una de las ciudades punteras de la península en el mundillo del pop-rock, aunque en aquel 1981 aún estaba a años luz de otras citys como Madrid, Barcelona, Valencia o incluso Vigo. De lo que no cabía duda era que era al capital musical de Euskadi. A Nacho e Ignacio, a parte de la música de las bandas afterpunk también les gustaba lo inquietante y rebuscado de sus letras, ese elemento intelectual y filosófico-pesimista de jóvenes leídos e inteligentes y de buenas notas en el insti. Decidieron llamar a su primer grupo Agrimensor K, en referencia al protagonista de El Castillo, de Franz Kafka, uno de los escritores preferidos de ambos. La primera formación de Agrimensor K estaba compuesta por Ignacio, voz principal y guitarra, Nacho, guitarra, y José Manuel Gandasegui, batería. Entre 1981 y 1982 realizaron sus primeras actuaciones, en donde mostraron su tendencia a realizar un postpunk oscuro e inquietante (voces tenebrosas, guitarras tenues, bajos cacofónicos, ritmos minimalistas y sincopados) con las letras oscuras y siniestras de rigor (mortis, lo siento, el chiste era fácil). En 1982 la discográfica DRO, una de las compañías más dinámicas de la bullente movida madrileña les ficha para grabar un single: Principio y Fín En navidades del 82 colocan un tema en el LP colectivo de nuevos aristas de DRO Navidades Radioactivas, la thecuriana Resurrección Blanca. Hay que señalar que por entonces en Euskadi no había muchos grupos de rock siniestro como Agrimensor K, ya que se estilaba más el punk tradicional o el rock de garaje. Derribos Arias, grupo dosnostiarra-madrileño bastante reputado en aquellos primeros 80 sería la excepción dentro la pequeña escena punki-siniestra vasca, algo que era más habitual en los madriles de la mano de grupos tan significativos como Parálisis Permanente. En 1983 Gandasegui se va y el duo restante publica el último single del Agrimensor: ¿Juegas al escondite?.

Agrimensor K, a finales de 1983, decide disolverse, o mejor dicho, reinventarse. Nacho e Ignacio abandonan el nombre kafkiano y pasan a llamarse La Dama Se Esconde, otro nombre homenaje esta vez al gran Orson Welles, director de La Dama de Shangai, uno de los filmes favoritos de los jóvenes músicos. El sonido inicial de La Dama seguía siendo oscuro y tenebroso como el del Agrimensor, pero basado esta vez en las guitarras acústicas en lugar de las eléctricas y con un tempo más rápido que daba a la música de la rebautizada banda un tono abiertamente experimental y muy en consonancia con el incipiente pop rock alternativo británico de gente como Echo and The Bunnymen. La pareja artística enfoca esta etapa sin abandonar sus referencias literarias, filosóficas y estéticas anteriores (existencialismo, sabiduría oriental, simbolismo poético, Rimbaud, Kafka) añadiendo la presencia de J.R.R Tolkien y su universo de la Tierra Media: Frodo, Gollum, Gandalf el Grís y la magia épica creada por el escritor sudafricano serán omnipresentes en la primera etapa del grupo y permanecerán en mayor o menor medida durante toda la trayectoria de La Dama.

En la navidad de 1984 el sello Grabaciones Accidentales (GASA) publica el doble LP colectivo, La única alternativa, un álbum con canciones de grupos debutantes cultivadores de un sonido en teoría fuera de los circuitos comerciales del momento. Allí La Dama Se Esconde publica sus dos primeros temas, Un avestruz y El Cielo Azul, el primero de sus muchos temas que hacían referencia a la Tierra Media. En esta nueva etapa se produjo además un cambio significativo que además será clave para el devenir del grupo: Nacho pasaba a ocuparse de la voz principal, y además será él el proveedor principal de temas y el letrista e ideólogo de La Dama, mostrando su enorme talento como compositor, arreglista y cantante. Curiosamente, en aquel La única alternativa, solamente otra de las bandas participantes consiguió grabar LPs, y no eran otros que sus vecinos y amigos Duncan Dhu.

La Dama Se Esconde firma con GASA para la grabación de un EP de seis temas y se dedica en la primera mitad de 1985 a actuar por al geografía española mientras prepara su primer trabajo. La crítica que acude a verlos se quedan maravillados ante el nuevo grupo y su sonido original y novedoso, cuando ya por entonces estaban en un nuevo estadío de transformación de su música de cara a su primer EP: guitarras eléctricas y acústicas en un pop-rock épico y melodramático con temas de clara pretensión intelectual. La cadencia tecno de los temas que presentaban anunciaba un inminente recurso a los sintetizadores y las cajas de ritmos en su debut en el estudio. Emisoras como Radio 3 siguieron con entusiasmo al grupo meses previos a la publicación de su disco; no obstante, en las entrevistas que los medios lograron realizarles en aquel periodo, el dúo mostraba una total parquedad de palabras que indicaba que se estaba ante un grupo bastante difícil. Paco Trinidad, uno de los productores con mayor proyección del momento (también produjo aquel año el primer LP de Duncan Dhu) será el responsable de Avestruces, el EP de presentación de La Dama se Esconde. El trabajo aparece en marzo de 1985 ye s recibido con entusiasmo por la crítica. Pop rock postpunk en la onda de los The Cure de aquel momento, más luminosos y bailables que en sus inicios, y con un innovador recurso de sintetizadores, secuenciadores y programaciones, discurriendo entre logrados y perfeccionistas juegos de guitarras eléctricas y acústicas. La voz y la manera de interpretar de Nacho Goberna fue comparada con la de Robert Smith y el grupo pronto fue considerado por la prensa musical como los The Cure españoles, además de cómo uno de los grupos hispanos revelación del año 85.

Avestruces era un disco de seis cortes realmente excepcional: el primer single de La Dama, Un regalo, era un tema inusual para le época, una enérgica y preciosista composición con una rica instrumentación de guitarras acústicas y mandolinas y una letra pesimista y lánguida, uno de los rasgos más característicos de la banda en su primera época, además de abierta a múltiples interpretaciones. Otros temas como El Gris y Aventuras, el segundo sencillo, remitían al universo de Tolkien y El Señor de los anillos. Aunque con este primer disco estaban lejos de ser un grupo de éxito, ya eran una banda de culto entre jóvenes y adolescentes frikis de lo fantástico, universitarios de letras y amantes del postpunk o del pop-rock alternativo británico, que por entonces eran una minoría. Aunque la crítica se deshizo en elogios, no fueron pocas las voces que reprocharon la dificultad de sus letras poéticas y metafísicas y el excesivo cultismo del grupo.

Ante este positivo panorama, no era de extrañar que la discográfica se volcase en la producción del que iba a ser el primer LP grande del dúo. En 1986, en un panorama musical donostiarra (y vasco en general) que se encontraba en plena ebullición con multitud de propuestas de todo tipo (aunque al final siempre calaba más el rock radical), La Dama se Esconde estaba llamada a ocupar un papel reinante. Con Paco trinidad de nuevo como productor, Armarios y camas ve la luz en mayo de 1986. La producción es más cuidada y perfeccionista, y la pericia instrumental y vocal de los chicos ha ganado enteros. Predomina el enfoque acústico, pero sin que la electrónica (bastante avanzada para un grupo español de la época) pierda mucho terreno. Las letras reflejan una madurez conceptual que ningún grupo español de los 80 había logrado hasta entonces: líricas intrincadas, simbolistas, deslumbrantes, pero enormemente versátiles desfilaban en un disco que se postuló como uno de los mejores del rock español aquel año. Tanto para describir agridulces recuerdos de la infancia (Tarde lluviosa), como para trazar cantos al vacío de la existencia (Un error de apreciación), el grupo presentaba una lucidez literaria realmente fascinante. La temática de sus temas seguía siendo original al máximo, hacer un homenaje a la mítica colección de libros infantiles Los tres investigadores en Somos tres o el convertir una agria protesta contra el maltrato psicológico infantil en un himno pop melodramático como Amenazas era algo que proclamaba que La Dama se Esconde no era un grupo más: era una brillante rara avis, una extraña gema que cautivaba a todo aquel con un mínimo de sensibilidad intelectual o que sencillamente, buscaba un material artístico de alto, altísimo voltaje emocional. El grupo consiguió con sus actuaciones televisivas y su frecuente presencia en las radiofórmulas ser algo más conocido. Amenazas, fue el single que mejor quedó en las listas de éxitos hasta la fecha llegando al top 20, además de haberse convertido en un clásico del pop en castellano. No obstante, el mejor tema hasta el momento era Un error de apreciación, un medio tiempo lánguido y amargo pero enormemente evocador que aún sigue entusiasmando a multitud de audiencias. En el LP Armarios y camas colaboraron músicos de enorme valía como Suso Saiz o Xavier Paixariño, que aportaban arreglos de cuerda, viento y percusiones programadas.

Convertido en uno de los grupo españoles mas prestigiosos, pero aún con escaso éxito comercial, La Dama firma a principios de 1987 un contrato con al multinacional WEA en lo que supone un salto cualitativo de la banda donostiarra, ya que se abren nuevas expectativas artísticas (y comerciales) para el dúo. A finales de 1987 aparece el segundo LP de la banda, La tierra de los sueños, en donde se vuelve a hacer patente que el grupo se encuentra en plena progresión en la calidad de sus trabajos. Hay cambios sustanciales en el sonido, en donde las guitarras cobran protagonismo, se refuerza la batería y los teclados y sintetizadores dejan de ser el principal argumento rítmico (que a partir de ahora será el bajo de Ignacio Valencia) para pasar a ser un perfecto acompañamiento de fondo entre ambiental y etéreo. La tierra de los sueños era en definitiva un LP de pop-rock elegante, sofisticado y maduro, con tendencia al synth pop y a los sonidos de New Order, Simple Minds, Psichodelic Furs o Aztec Camera. Temas como el que da título al disco, todo un himno escapista, se convierten hits en aquel año, introduciendo al grupo a audiencias más amplias. Nunca he entendido a las sirenas es una de las mejores canciones del grupo y tal vez de la historia del rock español, una inquietante pero raramente bella balada de desamor envuelta en teclados ambientales y guitarras distorsionadas en donde la cada vez mas imponente voz de Goberna narra una agria historia de fracaso en la cual la incomprensión y el rechazo de la mujer amada se corresponden a la imagen poética de las mitológicas e inaccesibles sirenas (si me muevo no vienen a mi). Cuatro direcciones, por su parte, muestra que el grupo aún tiene un pronunciado afán experimentador, incorporando ritmos indígenas americanos en un tema que remite a una temática que cada vez iba tomando más fuerza en el universo conceptual de la banda, el de al naturaleza y su difícil relación con el hombre. La banda, que seguía combinando magistralmente en sus letras la visión poética de la cotidianeidad, la ironía amarga, y el vitalismo intelectual, experimenta cierto cambio en su imagen, abandonando las ropas de colores severos de sus inicios por prendas estampadas y coloristas, pero sin renunciar a los cardados y maquillaje que constituían una de sus imágenes de marca.

Nacho Goberna (en primer término) e Ignacio Valencia

El relativo éxito del LP La tierra de los sueños y de la gira subsiguiente en 1988 puso al dúo de Donostia en al primera división del pop rock español en cuanto a reconocimiento comercial y popular, aunque aún era mejor su acogida en el seno de la crítica, que ya les consideraba uno de los mejores grupos ibéricos de la década de los 80 y junto con los todopoderosos Duncan Dhu en el mejor grupo vasco del momento. Por ello, se esperaba como agua de mayo un nuevo disco de Goberna y Valencia, quienes ya tenían un grupo de fans no muy nutrido pero fiel y apasionado. En verano de 1989 aparece Coge el viento, sin duda el mejor disco de La Dama, y un auténtico clásico de la historia del rock español. Incidiendo en la línea de su álbum anterior, pero con un aún mayor potencial melodramático y una total demostración de versatilidad, ya que la pareja consiguió abordar a la perfección los ritmos sintéticos secuenciados en temas semi rockistas, el power pop acústico en temas épicos y pegadizos, y la inclusión de guitarras contundentes en tonadas semibailables. Temas como Capturado, Desafiándote, Princesa, o Coge el viento fueron singles que sonaron con frecuencia en las emisoras de radio durante toda al segunda mitad de 1989, y el disco se convierte en el mas vendido del dúo hasta la fecha. En este disco están algunas de las letras más bellas que Nacho Goberna escribió jamás, como las de la canción que da título al álbum (coge el viento en un mano y en la otra ten tu libertad / es la luna un gran amigo con el que poder hablar) o la sensual y épica Princesa, con la que el grupo rodó su primer videoclip (los videos nunca les hicieron demasiada gracia).

Tras Coge el viento, estaba claro que el grupo había tocado techo. No era uno de los grupos más conocidos ni más exitosos, pero sus seguidores les amaban y tenían a la crítica obnubilada. Es que cada nueva entrega musical suya era una agradable caja de sorpresas, una entrega de bellezas musicales que ningún grupo del momento era capaz de ofrecer. Lo que más se lamentaba es que el grupo no consiguiese más éxito, por que en realidad lo merecían, pero en aquellos finales de los 80 y primeros 90, como todos sabemos la comercialidad y la calidad en la música popular española iban tomando caminos separados. Con todos los honores, La Dama Se Esconde edita a finales de 1990 Lejos del puerto, su último disco producido por Paco Trinidad. Con un sonido aún más cuidado en donde los teclados de Nacho Goberna tomaron protagonismo, el grupo demostró tener ya un universo musical y poético propio y consolidado que además estaba influenciando a no pocas bandas noveles. El disco, no tan bueno como su predecesor, es sin embargo de lo mejor de la banda; aún así, las expectativas de superar el éxito comercial de Coge el viento fracasaron totalmente. Algo muy injusto, ya que canciones como el vibrante primer single No tienen otro sitio donde ir, un arrebatador y sombriamente bello canto ecologista presentado con un precioso videoclip, y Ciudad Fuego, eran de lo mejor escrito por La Dama. El grupo se va de gira en 1991.

A finales de 1991, La Dama Se Esconde graba en Inglaterra un disco de remezclas de temas anteriores de su etapa en WEA-Warner, De colores tu color. Peter Walsh (Peter Gabriel, Simple Minds) es el productor de este disco, en donde se revisan los clásicos del dúo donostiarra: Coge el viento, Capturado, Desafiándote, con un sonido más contundente y pleno de baterías y guitarras exuberantes. En general los temas se mejoran, como en el caso de al nueva versión de La tierra de los sueños, el single del álbum. No obstante, si el propósito era hacer justicia al grupo y su grandioso repertorio, esto no se consiguió, ya que comercialmente el disco pasó con más pena que gloria. La Dama es un grupo demasiado bueno para tirar la toalla, y en la primavera de 1993 lanza un nuevo disco Hoy, también producido por Peter Walsh, un LP maduro y con un sonido sintético y apacible donde los teclados son dueños y señores de la función. En este disco, donde los elementos étnicos y ambientales que el grupo había explorado en trabajos anteriores aparecen reforzados, brillan especialmente Coleccióname, Fugaces y Magia, este último recuperando su querida temática tolkieniana. El disco es un nuevo e injusto fracaso comercial. La banda, que decidió no realizar una gira de apoyo del álbum se empieza a replantear su continuidad en el negocio musical: son ya demasiados sinsabores en un panorama musical y cultural que parece dar la espalda a una propuesta que nunca fue entendida del todo. A principios de 1994, La Dama Se Esconde anuncia su disolución.

La desaparición de La Dama deja un hueco irrecuperable en el pop hispánico en los 90 y pronto surgen las voces de añoranza entre crítica y público. En 1996 se lanza un álbum recopilatorio que en realidad solo recogen los temas regrabados de De colores tu color mas algún otro que no se incluyó en ese disco de remezclas, pasando por alto la etapa en DRO-GASA. En 1999, se edita por fin una antología como dios manda, Lo mejor de la Dama Se Esconde, que por fin incluye canciones de su primera etapa, además de las dos rarezas de La única alternativa y un tema inédito que Nacho grabó en 1995, el atmosférico y new age A años luz. Los dos miembros de La Dama permanecieron inactivos durante algunos años hasta que en octubre de 2002 Nacho Goberna publica su primer LP en solitario, Transparente, un álbum de pop exquisito y adulto, una especie de evolución lógica de lo que podía haber sido el sonido de La Dama Se Esconde a principios de la década de 2000. Esto es hasta ahora lo último publicado por las huestes de La Dama De Ignacio Valencia, por su parte, poco se sabe. Han pasado ya casi 15 años desde la disolución del grupo y aquellos que vivieron sus años de esplendor siguen añorando aquel pop-rock de autor verdaderamente único y aquellas fascinantes letras en donde la descripción de la realidad acababa transformada en un canto escapista hacia mundos fantásticos, en donde las todas respuestas hallaban solución: Un deseo secreto, encuéntrame esta noche en la tierra de los sueños. Fantasía donde vive la realidad, el mundo soñado. También son muchos los que descubren a un grupo que incluso hoy grupo sigue siendo diferente, y que pondría en ridículo a muchos de los subproductos actuales en el pop y el rock españoles.

Durante su vida, La Dama Se Esconde no pasó de ser una banda de culto, pero hoy día lo es aún más. En los 90, su influencia se hizo notar en los también donostiarras Family o La Buena Vida (donde milita como vocalista Irantzu, la hermana pequeña de Ignacio), Sr. Chinarro, Chucho, La Habitación Roja, o incluso los exitosos Amaral. No obstante, nadie ha podido igualar a La Dama en aquel arte de convertir una canción de cuatro minutos en toda una obra artística, en una pieza de orfebrería musical de extraña y fascinante belleza.

Un regalo. Física y acción, nuevo espacio conocido. En tus palabras cien mensajes que encontrar. Un gran reino en tus manos, escondite y juego de los dos, fortaleza invencible dedicada siempre a disfrutar. Ellos mismos definían su música y su mundo de sensaciones. No habrá nunca un grupo como La Dama Se Esconde. Pero todavía nos queda su legado, hecho de sueños y belleza, y la gran felicidad de haberlos conocido.

miércoles, mayo 14, 2008

El aparatito de Lumiere - MIL AÑOS DE ORACIÓN (A THOUSAND YEARS OF GOOD PRAYERS)


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Wayne Wang, director de How Kong afincado en EEUU que a mediados de los 90 sorprendió con Smoke y su secuela Blue in the face, vuelva a dar en la diana con un filme en el que vuelve a demostrar su versatilidad y sus múltiples registros cinematográficos, esta vez con un drama muy hermético, esquivo e intimista que resulta enormemente delicioso, pese a lo un tanto lento de su desarrollo.

Wang echa mano de su propia experiencia intercultural, como asiático residente en USA que es, y centra la película en la crónica de la comunidad china en el país norteamericano, de una manera tan metafísica, sosegada y reflexiva como la filosofía oriental. La relación entre un anciano chino ingeniero espacial (Henry O) que viaja a Nueva York, y su hija (Feihong Yu), residente en la ciudad desde tiempo atrás, sirve de pretexto para mostrar las miserias morales y sentimentales de China en los últimos 60 años y la consecuencia de una política que condicionó el desarrollo moral de muchos de sus habitantes. Unas relaciones familiares complicadas en donde la sombra de una educación desacertada no tardará en revelarse como al causante de la infelicidad de sus protagonistas. Wang es muy crítico con el país Chino en al medida que denuncia abiertamente haber conducido a sus habitantes a un vacío ético bastante considerable.

Rodada parte en parte en chino y parte en inglés, la película tiene su principal baza en el personaje del señor Shi, un jubilado criado en la China comunista ala que sirvió trató de servir con fidelidad y cuyos ideales han impregnado su existencia, una vez en EEUU viendo la vida un tanto infeliz de su hija, se plante si el país norteamericno es realmente la tierra de promisión que ellos creían, o si en realidad son las personas las que de manera intrínseca o por herencia llevan la infelicidad. La interpretación de Henry O es magnífica.

Escenas antológicas (como la visita de los jóvenes mormones) y diálogos deslumbrantes (aunque sencillos) realzan este curioso y encantador drama con pinceladas de comedia que devuelve la confianza en el últimamente algo de capa caída cine independiente americano.