domingo, diciembre 21, 2008

SIEMPRE LLEGAN POR NAVIDAD


En fechas navideñas la costumbre de hacer regalos se ha extendido en todos los países que la celebran, como símbolo de generosidad, gratitud y voluntad de hacer feliz al prójimo, algunos de los valores que se promueven en estas fiestas. Las figuras que mitológicamente se encargan de la tarea de obsequiar al personal y que otorgan un halo mágico a esta acción, “ocultando” a las personas que verdaderamente hacen tal empresa, son figuras semilegendarias cuya incursión en la vida real cotidiana en estas fechas esta justificada para mantener la ilusión infantil. Los Reyes Magos en el mundo de habla hispana, Santa Claus en el mundo anglosajón primero y después prácticamente en todo el orbe occidental, y otras figuras similares “regaladoras navideñas” en otros países, pretenden dejar de ser personajes de ficción (o históricos) en navidad para convertirse en criaturas de carne y hueso, aunque, eso sí, mágicas. Repasemos como se han configurado estos diferentes mitos navideños.



El regalo de los magos de Oriente


La costumbre de hacer regalos por navidad es antigua e incierta, anterior incluso a la popularización de figuras como Santa Claus (Papá Noel) o los Reyes Magos. Se cree que en Europa, en la época inmediatamente posterior a la edad media, niños y niñas pobres o campesinos recibían presentes de señores benefactores o de instancias eclesiales. Pero claro está, al final eran los retoños de los ricos los que acababan recibiendo más. A partir de los siglos XVII, XVIIII en algunos países de Europa, del centro y el este, principalmente, comienza a crearse el mito del “Niño Jesús”, que trae presentes a los niños el día de nochebuena, inaugurándose el concepto del personaje sin existencia física (al menos en ese momento de la historia) que trae con “alevosía y nocturnidad” regalos que reflejan el espíritu de la felicidad navideña.


Si en cualquier parte del mundo se pregunta por una figura que trae regalos a las gentes en fechas navideñas, enseguida surge el viejo gordo de barba blanca vestido de rojo, conocido en el Reino Unido como Father Christmas, en USA como Santa Claus, y en Francia (y en algunos países hispanohablantes) como Papá Noél. Pero este personaje, popularizado en todo el mundo gracias al imperialismo cultural norteamericano, no es el único dado a estas tareas en nuestro planeta, aunque la “supremacía” cultural yanki que nos toca vivir en este mundo occidental este arrinconando a mitos propios de varios países o territorios. Sin ir más lejos, el mundo de habla hispana adoptó desde hace tiempo a unos personajes históricos de la tradición cristiana como personificación de la ilusión y la magia de las fiestas navideñas de cara al público infantil: los magos de oriente.


La figura de estos personajes, a penas mentados en los evangelios, es de las mas sugerentes y apasionantes que se pueden encontrar en la mitología contemporánea en todo el mundo, como también lo es el proceso de cómo se han mitificado y deificado estos personajes, que históricamente resultan enigmáticos e incluso inquietantes. La única noticia que se tiene de los magos de oriente es la que refiere Mateo: en los 13 primeros versículos del cap. 2 se menciona la historia de los magos que llegan a Jerusalén a la corte del rey Herodes, guiados por una estrella (la Estrella de Belén), preguntando por el nacimiento de un hipotético rey de los judíos recién nacido. El propósito de la visita causa sorpresa en la corte, ya que el hecho de que no existiera allí ningún nacimiento significaba que esos sabios habían conocido del nacimiento de un nuevo Mesías al que había que adorar. Herodes, enojado con el surgimiento de un competidor de su poder, encarga a los magos que averigüen donde ha nacido tal niño. De nuevo guiados por la estrella, llegan a Belén donde descubren a Jesús recién nacido en una gruta. Le adoran como a un rey y le entregan sus regalos: oro, incienso, y mirra. Herodes pretendía que los magos le comunicasen el lugar donde se encontraba el niño para darle muerte, pero estos, prevenidos por un ángel de las intenciones del monarca, se vuelven a su hogar sin decirle nada. El rey ordena ejecutar a los niños menores de 2 años, aunque José, María y Jesús ya habían emprendido una huida a Egipto.


El hecho de que los magos fueran establecidos en número de tres por la tradición cristiana se debe a que las Escrituras citan tres regalos. Dicha creencia data de tiempo inmemorial, lo mismo que los nombres de los tres magos. No obstante, no faltaron tradiciones y leyendas en los primeros siglos del cristianismo que citaron dos, cuatro, siete o doce magos. Hacia el siglo VI se aceptó comúnmente que los magos de oriente eran tres. Una de las primeras representaciones iconográficas de los personajes pertenece al mosaico del friso de la iglesia San Apolinar en Rávena, en donde tocados con gorro frigio aparecen tres hombres de vestimenta persa portando los consabidos regalos. Sobre ellos aparecen escritos sus nombres, Melchor (un sujeto anciano de barba blanca), Gaspar (un joven imberbe) y Baltasar (un hombre de mediana edad de cabello y barba negros con ciertos rasgos negroides). Parece probable que en el siglo VI se diese por sentado que los magos de oriente eran de etnia persa, pero en siglos posteriores se consideró a todos o alguno de ellos procedente de otras latitudes. Los magos aparecerán siempre en pinturas o grabados que representasen el nacimiento de Cristo, en número de tres salvo algunas excepciones primigenias y a partir del XVI siempre con un mago de raza negra, que la tradición identificó con Baltasar.


Lo que es cierto es que los magos que cita Mateo, de existir (hay teorías que afirman que la historia de la Epifanía fue una invención del evangelista), pertenecían a la religión zoroástrica, común en el actual próximo oriente en el tiempo del advenimiento de Jesucristo. Estos magos zoroástricos (tres, cuatro o el número que sea) no eran hechiceros, siguiendo la acepción actual de la palabra mago, sino sabios o científicos. Todo indica que eran astrónomos o astrólogos (interés propio del zoroastrismo), solo así pudieron avistar y estudiar la estrella. También es casi seguro que fueron persas, aunque los nombres por los que se les conoce desde el siglo VI no parecen de origen persa y tal vez sean derivaciones grecolatinas de nombres de tal origen.

Una tradición narra como tras la resurrección de Jesús en Saba (Persia) el apóstol Tomás redescubrió a los magos, los bautizó y los nombró obispos. Se dice que hacia el año 70 fueron martirizados y enterrados en un mismo sarcófago de existencia real, que hasta el siglo XII se encontró en Constantinopla. Federico I Barbarroja trasladó los supuestos restos de los magos a Colonia, donde actualmente se encuentran en la catedral. Aunque la tradición cristiana señala que en la ciudad alemana se encuentran los restos auténticos de los magos, otros templos aseguran poseer las auténticas reliquias de Melchor, Gaspar y Baltasar.



La “conversión”, de los tres magos en reyes magos se comenzó a extender a principios de la época medieval, aunque hasta el siglo XVIII no se instauró completamente en la creencia popular que Melchor, Gaspar y Baltasar eran reyes de exóticos parajes orientales. La condición real de los personajes ha sido sugerida por la rica naturaleza de los regalos que le ofrecieron a Jesús, más dignos de ser obsequiados a un rey (y por ende, solo disponibles por linajes reales) que a una humilde familia. Se ha afirmado también que esos regalos reflejaban la profecía sobre el destino de Jesucristo, o que sencillamente, dichos elementos (oro, incienso y mirra) eran presentes habituales en la cultura zoroástrica a la que al parecer pertenecían los magos. Por cierto, ¿qué ocurrió después con aquellos regalos? No lo sabemos. Lo cierto es que los tres Reyes Magos desde la baja edad media siempre irán asociados iconográficamente a los motivos navideños.


En varios países católicos, el 6 de Enero, día de la Epifanía se celebra también como la festividad de los Reyes Magos. La costumbre de que los niños (que han sido buenos) comenzasen a recibir regalos la víspera de ese día (la noche del 5 de enero) en España y otros países de habla castellana data de principios del siglo XIX, como herencia de la costumbre europea de los obsequios navideños a la infancia. En otras latitudes europeas ya existían otros personajes ficticios a los que se les atribuían los ilusionantes y esperados presentes navideños, pero mientras otros se colaban por las chimeneas, los reyes magos se especializaron en dejar regalos en los hispánicos patios y balcones.



De San Nicolás...


La globalización cultural que desde mediados del siglo XX ha vivido nuestro planeta ha universalizado la figura de Santa Claus (tal y como se ha conceptualizado desde el siglo XIX desde EEUU) como el símbolo (comercial) navideño por excelencia. Este personaje, en realidad una mixtura de tradiciones procedentes de los Países Bajos y de Escandinavia, ha terminado por imponerse en todo el mundo como el dispensador de regalos navideños por excelencia (en la noche del 24 de diciembre), provocando muchas veces el ostracismo de otros personajes de similar función de otros países, incluidas figuras en las que el propio Santa Claus esta inspirado. Lo cierto es que pese a la avasalladora presencia del gordo de traje rojo en fechas navideñas, aún se conserva la “existencia” de aquellos mitos navideños en los que SC se inspiró o incluso algunos sucedáneos locales, además de otros personajes en otros lugares que ni física ni legendariamente guardan relación alguno con el susodicho, aunque a fin de cuentas su función sea la misma. De todos ellos, San Nicolás (persona de existencia histórica real), es el personaje navideño que mayor personalidad propia posee.


Santa Claus es el nombre que se acuñó en Estados Unidos al invernal repartidor de para los niños, inspirándose en la figura de San Nicolás, principalmente, aunque también tomando elementos del Father Christmas británico y del Joulupukki nórdico. La tradición del San Nicolás regalador nació en Holanda, proveniente de la figura histórica de San Nicolás de Mira o San Nicolás de Bari (270-346), obispo de Mira, en Licia, territorio de la actual Turquía. Este obispo solía dar numerosos regalos a los pobres, niños especialmente. Sus restos se encuentran en Italia, en la catedral de Bari. Normalmente se el representa como un venerable anciano de barba blanca con ropas rojas de obispo. En Holanda, la tradición de recibir los regalos de San Nicolás data del siglo XVI y siempre en la fecha en la que se celebra la festividad del santo, el 6 de diciembre, aunque la proximidad de esa fecha con la navidad pronto acercaría a San Nicolás a dicha época del año. No obstante la tradición holandesa de San Nicolás tiene al parecer orígenes en la mitología germánica, concretamente en el personaje del dios Odín


En épocas precristianas, en los territorios de origen germánico se celebraba en invierno la fiesta de Yule, en donde se conmemoraba una legendaria cabalgata de Odín a través del cielo en un caballo de 8 patas. Incluso en la edad media, ya en época cristiana, se seguía conmemorando el Yule en diciembre en Holanda, Bélgica, Alemania y los países nórdicos, en el cual durante una noche los niños dejaban sus botas llenas de paja y azúcar para el caballo volador de Odín. Odín recompensaba la amabilidad de los niños con regalos, generalmente alimentos dulces. Nótese como esta tradición pagana guarda relación con la más cristiana y posterior de los regalos del Niño Jesús (y de la que derivan las tradiciones navideñas de los Reyes Magos y en cierto modo, del propio San Nicolás y de Santa Claus), de modo que se confirman ciertos orígenes no cristianos de estas tradiciones de recibir presentes. Los regalos de Odín pervivieron durante bastante tiempo en Holanda, Bélgica y Alemania en fechas invernales (en los países nórdicos la tradición tomó otros derroteros que luego comentaremos). En el siglo XVI los presentes de Odín son absorvidos en Holanda por el mito de San Nicolás, el santo que hacía regalos a los niños, como manera de conmemorar su festividad el 6 de diciembre. Desde entonces, los niños holandeses recibirán en sus calcetines puestos en la chimenea regalos y dulces, tal y como hacía el legendario Odín, cuyo Yule había dejado de celebrarse en los países de influencia germánica.


La tradición “moderna” de San Nicolás (Sinterklaas en holandés), celebrada en Holanda, en Bélgica y en Alemania, es en la que se inspirarán tanto Santa Claus como los Reyes Magos y otras figuras míticas navideñas. El mito de San Nicolás, aún conserva no pocos elementos paganos pese a su origen cristiano, como es el propio parecido de la representación navideña del santo con el dios germánico, y la existencia de personajes como sus ayudantes, los Zwarte Piet, provenientes de la mitología germana, a parte de hechos como los de atribuir a San Nicolás la virtud de viajar a lomos de un caballo volador, tal y como hacía Odín. A lo largo del siglo XX, en Bélgica y Alemania los regalos de San Nicolás pasaron a recibirse el del 6 de diciembre al 25 de diciembre (tal y como hacía su primo Yanki Santa Claus), mientras que en Holanda este cambio de fechas obtuvo mas resistencias hasta cambiarse finalmente por motivos comerciales. En Holanda en la actualidad, San Nicolás y SC (conocido allí como Kerstman, el hombre de navidad) son dos personajes considerados diferentes pese a tener una relación más que evidente en otros países. Por regla general, SN es el que trae regalos el 6 de diciembre y el Kerstman el 25 de diciembre



...a Santa Claus (vía nórdico-británica)


El Santa Claus originario de USA e internacionalizado en diferentes países es claramente una variación de San Nicolás, pero a la construcción de su figura se han sumado otros mitos. El más notable, el de el personaje británico de Father Christmas (Padre Navidad), una figura alegórica creada en Inglaterra en el siglo XVII que trataba de personificar la alegría de la navidad, a través de un hombre gigantesco, con barba negra, túnica verde y una guirnalda de acebo en su cabeza a modo de corona. Posteriormente, como veremos luego, el nombre de Padre Navidad se atribuirá a Santa Claus en algunos países, entre ellos el Reino Unido una vez el Father Christmas original – que nunca se utilizó como figura regaladora- cayese en el olvido. Aunque la figura principal de inspiraciónd e SC fue San Nicolás, la vestimenta actual del personaje norteamericano le debe bastante al Father Christmas británico.


Por el contrario, parece bastante farragosa la relación entre SC y su homólogo finlandés, Joulupukki, ya que no se sabe a ciencia cierta quien inspiró a quien. Es cierto, no obstante, que en los países nórdicos, antes del siglo XIX, existía una tradición de regalos navideños heredada del Yule de Odín y personificada en el personaje de la Cabra de Yule, una criatura mitad humana mitad animal se encargaba de traer obsequios en fechas navideñas. Aunque este personaje era inicialmente un ser maléfico que atemorizaba a los niños y les exigía regalos en lugar de entregárselos, la influencia del mito de Odín le convirtió en una figura amable. En Finlandia, a mediados del siglo XIX, la figura monstruosa se transformó en una figura humana: un anciano de barba blanca y prominente gordura que recordaba al SC norteamericano, ya existente, pero que también guardaba semejanzas con el gnomo danés (Tomte o Nisse) que los habitantes de Dinamarca habían adoptado hacia 1840 como sustituto de la cabra de Yule. El nuevo personaje finlandés conservaría no obstante el nombre de Joulupukki (cabra de Yule). A finales del XIX, el Tomte, figura con parecido con SC pero que también seguía los cánones de la imagen de los gnomos escandinavos, se extendió a Noruega y Suecia reemplazando la cabra de Yule. Mientras que en casi todos los de países de la Europa nórdica SC se ha terminado imponiendo, en Finlandia aún se conserva a Joulupukki, aunque su vestimenta y atribuciones son ya prácticamente las mismas que SC. No obstante, existen algunas diferencias, como el hecho de que el personaje finlandés entrega en persona los regalos (interpretado tradicionalmente por padres o familiares y actualmente por terceras personas contratadas al efecto). El hecho de que Joulupukki viaje en un trineo tirado por renos, al igual que SC, ha sido al parecer adoptado por el personaje norteamericano, aunque también se dice que la influencia ha sido inversa.


Por su parte, Santa Claus, tiene su origen comúnmente aceptado en el mito de San Nicolás, importado por los inmigrantes holandeses de EEUU que desde el siglo XVIII llegaron a lo que actualmente es Nueva York, llamado inicialmente Nuevo Ámsterdam y poblado por colonos holandeses. De hecho, el nombre de Santa Claus es una un tanto burda derivación fonética inglesa de Sinterklaas (San Nicolás). Parece ser que fue el escritor Washington Irving el creador de la americanización del nombre, quien inicialmente lo atribuyó a un personaje de origen holandés de su humorística Historia de Nueva York (1809), en la que hacía burla de los neoyorquinos de origen en los Países Bajos. La costumbre de San Nicolás (ya llamado Santa Claus en bastantes círculos), se extendió en la primera mitad del XIX de los oriundos holandeses a toda la población neoyorquina, y pronto se convirtió en un atradición genuina de al ciudad. En 1823 el mito de Santa Claus-San Nicolás comienza a extenderse por todos los EEUU gracias a un poema que apareció en el periódico Sentinel, The night Befote Christmas (la noche antes de navidad). Aquí el personaje ya se aleja de la Iconografía de Nicolás y se le representa como un viejo de barba blanca que vieja en un trineo volador llevado por ocho renos, a semejanza de Joulupukki. Ya no viste sus ropas de obispo y en su lugar lleva un traje invernal de pieles (cuyo color no se estandarizará hasta el siglo XX). Esta representación iconográfica de un personaje que ya era muy diferente al de San Nicolás de Lira, debía mucho a la del Father Christmas inglés, de sobra conocido en la cultura anglosajona. En 1863 el dibujante Thomas Nast contribuyó decisivamente a al popularización del personaje por todo el país como símbolo navideño gracias a una ilustración aparecida en el Harper´s Weekly, con una imagen bastante parecida a la actual.


A finales del XIX los regalos de Santa Claus (recibidos el 25 de diciembre) se estandarizan en al cultura norteamericana y comienza a difundirse su mito, incluída su residencia en el Polo Norte (influencia de los mitos navideños escandinavos) y su taller de juguetes. El escritor L. Frank Baum, autor de El Mago de Oz escribió en 1902 La vida y Aventuras de Santa Claus, en donde narró todos los mitos conocidos actualmente sobre el personaje, incluida su inmortalidad. La imagen actual de SC, con su traje invernal rojo y blanco, tuvo una curiosa génesis, bastante significativa: el dibujante Haddon Sundbon realizó en los años 30 un dibujo del personaje para una campaña publicitaria navideña de Coca-Cola en donde SC vestía con los colores corporativos de al empresa. Debido a al utilización del personaje en sucesivas campañas de al multinacional, SC terminará adoptando “oficialmente” dicho color en su vestimenta.



El SC norteamericano llegó a Europa a principios del siglo XX, siendo el RU el primer país que lo adaptó. Allí se fusionó con uno de sus inspiradores, el Father Christmas, y desde entonces los niños británicos reciben regalos del personaje, con todas su atribuciones nortemericanas pero conservando el nombre británico, una vez desaparecido el concepto inglés sobre el personaje alegórico de la navidad. En la época de la II Guerra Mundial, SC llega a otros países como Francia, en donde adoptará el nombre de Papá Noel (traducción francesa del nombre británico, ya que también se introdujo previamente la figura alegórica inglesa en el país galo). Papá Noel será también el nombre con el que se conozca al personaje años después en España y en otros países de habla hispana. En los países nórdicos, como hemos visto, SC desplazará a mitos locales, mientras que en los países del Este de Europa, el globalizador personaje se las verá con una (ciertamente similar) leyenda invernal eslava: Ded Moroz (el Abuelo Escarcha)



El invierno eslavo de Ded Moroz


El mito del Abuelo Escarcha es de origen ruso, aunque terminó introduciéndose en prácticamente todos los países de Europa Oriental. El Ded Moroz es un venerable anciano de barba blanca, suntuosas ropas invernales de pieles y sombrero a la manera eslava, báculo y resistentes botas. La tradición dice que su residencia se halla en el norte de Rusia y que su ayudante es Snegurochka (la Doncella de la Nieve), una joven rubia. Al igual que Joulupukki, el Abuelo Escarcha entrega los regalos en persona (interpretado por un actor o persona contratada) en actos organizados por las localidades o municipios, aunque cuando los niños son pequeños reciben los obsequios “clandestinamente”. La recepción de regalos del Ded Moroz es el día de año nuevo. Aunque el parecido con Santa Claus o San Nicolás es evidente, en realidad este personaje tiene un origen distinto, procedente de leyendas paganas eslavas. Snegurochka, un personaje tradicional de cuentos rusos, fue popularizada en Rusia en el siglo XIX por la obra de teatro Snegurochka (posteriormente convertida en ópera por Rimsky-Kosakov), aunque hasta finales de dicho siglo no se adoptó dicha figura junto con Ded Moroz como regaladoras del día de año nuevo. Este último fue prácticamente creado a finales del XIX a partir de ciertos personajes legendarios y tradiciones preexistentes, aunque puede que se utilizasen elementos de San Nicolás o Santa Claus para componer su figura.


Durante la época soviética, la celebración del Ded Moroz se extendió al resto de países del bloque comunista. De 1928 a 1935, habiéndose prohibido las celebraciones de Navidad y Año Nuevo en la URSS el Ded Moroz desapareció pero en 1935 una carta al Pravda de Pavel Postyshev terminó por reestablerlas celebraciones navideñas y al personaje. Desde entonces “gozó” incluso de recepciones oficiales en Moscú todos los primeros de año. En los países del antiguo bloque comunista la tradición se introdujo con éxito, aunque en algunos lugares con ligeras variaciones generalmente en cuanto a su vestimenta o el día que se reciben los regalos. En no pocas ocasiones el Ded Moroz tuvo que competir a cara de perro con personajes de estos países inspirados en San Nicolás o Santa Claus (introducidos poco después de la II Guerra Mundial); de hecho, durante la Guerra Fría,en países como Polonia se llegó a prohibir el Swiety Mikolaj (San Nicolás) a favor del Dziadek Mróz (Abuelo Escarcha polaco), sin que este último consiguiese popularidad. Mientras que en gran parte de la antigua Yugoslavia, en Rumania o en Chequia el Abuelo escarcha tuvo una acogida aceptable, en Croacia o Bulgaria, al igual que en Polonia siempre se prefirió la variante eslava de Santa Claus. En Croacia, en la actualidad coexisten Djed Bozicnjak (Santa Claus) y Sveti Nikola (San Nicolás), trayendo regalos en Navidad y el 6 de diciembre, respectivamente. En Rumania, donde a partir de 1949 se prohibió la anidiad, se cambió la fecha de entrega de regalos de la víspera navideña al 31 de diciembre, para luego recuperarse a finales de los 80. En la antigua RDA se creó el personaje de Väterche Frost, variante alemana del Ded Moroz con atribuciones folklóricas teutonas, que en cayó en desuso tras la caída del muro, a favor se San Nicolás y Santa Claus, celebrados en la Alemania Occidental.




La resistencia europea a la globalización: Olentzero y la Befana


Aunque en casi toda Europa el mito de Santa Claus ha terminado por imponerse, aún existen dos personajes ficticios regaladores navideños que no guardan relación con dicho personaje, a parte claro está, de los Reyes Magos. Nos referimos a Olentzero en Euskadi, y la Befana en Italia.


Olentzero es el personaje mítico que trae regalos a los niños en los territorios vascos (Euskadi, Navarra en la península ibérica y las provincias vascas del Estado Francés llamadas Iparralde) la víspera de navidad a la manera de SC y derivados, mediante el tradicional procedimiento clandestino nocturno. Olentzero, es un personaje mitológico vasco del que en al actualidad se dice que es un humilde carbonero que vive aislado de al humanidad en el monte y que cada víspera navideña viaja a las ciudades y pueblos a dejar regalos. La imagen del personaje es la de un personaje de mediana edad vestido con ropa tradicional vasca (txapela incluida), pipa y permanentemente sucio a causa del carbón. La costumbre de celebrar Olentzero de manera general en toda Euskal Herria es relativamente reciente, ya que la costumbre de dejar presentes a los niños era exclusiva de los ámbitos rurales desde el siglo XVIII hasta finales del XX. Es evidente pues que la popularización de Olentzero en el País Vasco ha sido una respuesta a la mercantilista costumbre importada en el resto de España de los regalos navideños en la persona de Papá Noél.


La leyenda de Olentzero data aproximadamente del siglo XVI y narraba vagamente la existencia de un carbonero cascarrabias que detestaba a los niños y que cuando bajaba al pueblo a vender carbón, secuestraba unos cuantos. Esta especia de coco vasco de apariencia más bien atroz y al que las madres aludían para meter miedo a sus pequeños, hacia principios del siglo XX devino en un personaje bondadoso que utilizaba la alevosía par penetrar en las chimeneas de las casas no para causar ningún mal sino para dejar regalos y comida a sus habitantes. La conexión de esta leyenda con el ancestral mito navideño de los regalos sorpresa (y con otros bien conocidos en la península como el de los Reyes Magos) convirtió a Olentzero en un mito de la ilusión navideña. El origen del nombre, presumiblemente cambiado del original en algún momento de principios del siglo XX, viene según algunas fuentes de “Onentzat aro” en euskera (época de lo bueno). Los orígenes del personaje al parecer se encuentran en Lesaka, Navarra, y existe una teoría que le emparenta con la leyenda de los jentiles, una estirpe de gigantes de los que se narra que primeros habitantes de las tierras vascas y que se autoexterminaron una vez el nacimiento de Cristo acabó con su paganismo. Olentzero sería considerado el último jentil y el único converso al cristianismo. Olentzero conserva una apariencia algo estrambótica fruto de que en un tiempo (principios del XX) se consideró un personaje risible. Existe la costumbre de que un grupo de personas pasee la noche del 24 un muñeco del personaje, que es finalmente quemado.


En Italia el personaje que trae regalos en navidad es La Befana, el único femenino dedicado a esta función. Se trata de una vieja, muchas veces representada como un bruja, la cual deja regalos a los niños la víspera del 6 de enero, festividad de la Epifanía (de hecho, su nombre viene de esa palabra. Esta tradición, que se remonta a una fecha inmemorial, en épocas antiguas consistía en que el ficticio personaje dejaba dulces a los niños que se portaban bien y carbón a los que no, aunque hoy hace regalos más estandarizados. Se dice que cada vez que llega volando en una escoba y que se cuela por las chimeneas las noches del día 5 de enero, barriendo el suelo de hogar en todos los hogares a los que accede.

La leyenda cuenta que La Befana recibió la visita de los tres magos de oriente, quienes le preguntaron por el camino hacia el lugar del nacimiento de Jesús. La Befana no lo conocía, pero invito a los magos a pasar la noche en su casa. A la mañana siguiente estos le propusieron hacer el viaje con ellos, pero ella les contestó que estaba demasiado ocupada en sus tareas domésticas. Posteriormente, La Befana se arrepintió y trato de buscar en vano a los magos y el camino hacia Belén. Desde entonces, La Befana busca al niño Jesús por todas las casas a través de la eternidad. El origen de esta leyenda (aunque hay otras versiones) y del personaje aunque data de la era cristiana tiene no pocos elementos paganos y simbólicos. Muchos sostienen que una de las raíces de esta tradición italiana proviene de una costumbre de laa ntigua Roma que tenía lugar a primeros de un nuevo año, en la cual se intercambiaban regalos. Lo que parece evidente es que l tradición de entregar carbón a los niños malos llevada a cabo en la festividad de los reyes magos y en otras tradiciones proviene del mito de La Befana.

miércoles, diciembre 10, 2008

El aparatito de Lumiere - LA OLA (DIE WELLE)


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Continúa el desfile de excelentes películas europeas en nuestras pantallas, con turno en esta ocasión para un excelente film alemán que partiendo de un inquietante interrogante ha conseguido originar un encendido debate en el país teutón (y cuyo efecto colateral ha sido convertirse en uno de los filmes alemanes mas taquilleros en los últimos tiempos): ¿es posible un nuevo régimen nazi en Alemania? ¿Pueden volver a darse las causas de la ascensión del III Reich en la sociedad alemana actual? ¿Qué es lo que origina el fanatismo y la firme obediencia en algo o alguien? Vaya por delante que Die Welle no es una película que trate de crear polémica, eso se ve desde el primer fotograma, pero está claro que su inteligente planteamiento es de los que no dejan indiferentes a nadie. El director Dennis Gassel, curiosamente se inspira a una experiencia real ocurrida en EEUU en 1967, en donde un profesor de secundaria, Ron Jones, quiso explicar a sus alumnos los regímenes fascistas mediante un experimento de varios días en donde “instauró” en el aula un movimiento totalitario para que el alumnado conociese la disciplina totalitaria y sus mecanismos, pero el experimento (bautizado como La Tercera Ola) se le fue de las manos y los adolescentes llegaron a comportarse como auténticos fanáticos paramilitares fascistas, tendiéndolo que interrumpir apresuradamente. La Ola se convirtió en debatida novela firmada por Morton Rhue a principios de los 80 y en ese texto, trasladado a al Alemania de finales de los 2000, se basa este soberbio, inteligente e inquietante filme.


En esta película, Rainer (Jürgen Vogel), un profesor de unos 40 años, izquierdista y con pasado punk y ocupa decide recurrir al mencionado experimento para explicar a los chavales del instituto donde imparte clase lo que es la autocracia. Así durante una casi semana asistimos a la gestación, desarrollo y explosión final de la Ola, el movimiento que los propios alumnos van creando siguiendo las sugerencias del profe. Uniforme (camisa blanca) para sentir la pertenencia a un grupo, saludos y símbolos exclusivos, disciplina férrea y obediencia al profesor para conocer lo que es secundar a la tiranía…La Ola consigue ser un grupo hermanado y de innegable camaradería, pero al mismo tiempo será un colectivo déspota con los que no quieren pertenecer a el y poco a poco la unidad grupal llevará a borrar las individualidades y esto a su vez llevará al fanatismo, y esto último a la irracionalidad y así hasta llegar a la violencia y el odio. Todo se cuenta de una manera muy concisa y con un pulso narrativo muy matizado que hace que el espectador nos e pierda ni un solo detalle de cómo evoluciona la historia. El tono realista viene muy bien a un filme que trata de reflejar fielmente aspectos del comportamiento adolescente y de la subcultura teen, pero al mismo tiempo no deja de ser un poco reconfortante estudio antropológico con devastadores resultados, y se lleva a su máxima expresión en los desasosegantes minutos finales, capaces de poner el pelo como escarpias.


La película huye del sensacionalismo y se escuda en cierta intención didáctica que puede resultar un poco forzada, pero no pedante en ningún modo. El muestrario de situaciones límite es antológico y la reflexión (o mejor dicho, diferentes reflexiones) no deja de aparecer en ningún momento. El espectador no deja de hacerse preguntas sobre el como está sucediendo esto, y a veces las mismas respuestas que la peli ofrece son sencillamente devastadoras. El plantel de jovencísimos actores esta genial y es perfectamente creible, con diferentes tipologías del panorama del alumnado secundaria reconocibles en cualquier país europeo…pero al final, casi todos terminarán sucumbidos ante el arrebatador “encanto” de La Ola. Una película, cruda, amarga e incómoda a veces, pero que debe verse. Una advertencia a muchos movimientos de cualquier signo ideológico que tratan de hacer piña mediante el fanatismo, la lucha contra fantasmas, el borrado de al individualidad y la inculcación del odio. Una película tan poco confortante como genial.

miércoles, diciembre 03, 2008

El aparatito de Lumiere - GOMORRA


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La polémica ha acompañado en todo momento tanto a este filme como al libro en que se inspira. El hecho de reflejar una parte del basto y tenebroso mundo de la camorra napolitana acareó una ola de amenazas y de intentos de boicot a la novela escrita por el joven periodista napolitano Roberto Saviano, que siendo buen conocedor del sórdido mundo de la camorra -la organización criminal y mafiosa mas potente del mundo y causante de mas de 4.000 muertes hasta el momento- ha querido dar su testimonio en un documento veraz y palpitante que ha sido un éxito editorial en toda Europa. Esta muy, pero que muy digna adaptación a al gran pantalla firmada por Matteo Garrone plasma en realistas imágenes un absurdo mundo en donde la violencia es el pan de cada día de una manera tan aterradoramente cotidiana como inverosímil, y en donde la mas insospechada e insignificante faceta de la vida diaria pasa termina con encontrarse con una banda mafiosa de enorme poder en Nápoles y alrededores. La novela ya le ha costado a Saviano (también adaptador del guión cinematográfico de su propio libro) el vivir con escolta permanente, y esta película continua con la valiente denuncia iniciada por el periodista y escritor.


Formada por diversas historias simultáneas y apenas compartidas en cuanto a personajes y situaciones, Gomorra apuesta por un estilo hiperrealista y sucio en un paseo por los barrios mas humildes de Nápoles y sus habitantes relacionados con la Camorra. Que nadie espere un detallado documento sobre las actividades de la camorra ni una película de acción y/o violencia destinada al gran público; Gomorra muestra diferentes historias minimalistas y anecdóticas en las que el mundo de la Camorra aparece de asomando la cabeza para mas tarde ocultarla, siempre con una sonrisa sarcástica. Personajes de los que poca cosa conocemos desfilan en una especia de danza macabra, en un mundo en donde el cinismo y el desprecio por la vida humana son absolutos. Una crónica de los extremos hasta los cuales puede llegar el egoísmo, en donde se abarcan varias realidades sin ningún golpe de efecto gratuito y sin sensacionalismo de pacotilla, simplemente contando la verdad.


Una película tensa y extraña, en donde a veces la risa se funde con el llanto y la indignación. Muy bien rodada por un cineasta que muestra su categoría, Gomorra es uno de los mejores filmes europeos del año, una película de visión obligada.

sábado, noviembre 29, 2008

CUANDO EL SPECTRUM DOMINABA LA TIERRA: LA PREHISTORIA DEL ORDENADOR PERSONAL


En la sociedad occidental hubo un antes y un después de la popularización de los PC, el acrónimo de Personal Computer que a mediados de los 80 comenzó a difundirse en todos las campos y ámbitos de la vida. Eran los primeros ordenadores personales, tal y como se conocían a los primigenios PC en España, cuya mención en el periodo 1982-84 evocaba un todo un mundo de posibilidades y de adelantos para la vida diaria que los hacia hacían deseables para todo bicho viviente: al parecer, podías hacer los deberes con ellos (no se sabía exactamente como, pero eso se creía), aprendías idiomas (había en el mercado español algún programa para aprender inglés bastante risible), te ayudaba a llevar la contabilidad del negocio, podías imprimir y guardar documentos (y era más cómodo que la Olivetti), e igual hasta se podía recoger y almacenar datos y datos en plan supercomputadora de la películas. Todo esto, y otras muchas cosas de dudosa utilidad para la vida cotidiana que si se podían hacer (como hacer dibujitos o efectos sonoros, por ejemplo), en realidad formaban parte de una idealización del ordenador personal y fueron las culpables de que el artefacto fuese un objeto de deseo consumista allá por los 1982-87 entre las capas sociales más insospechadas. Claro está, que críos y adolescentes de los 80, pese al engaño al que sometían a sus padres sobre la verdadera utilidad que le iban a dar al PC como regalo de reyes, de cumple, o por buenas notas, sabían cual iba a ser la función del ordenador en el hogar: la lúdica. En otras palabras, queríamos Home Computers simple y llanamente para jugar a los videojuegos


Eran los comienzos de la informática en el puesto de trabajo y en el hogar. En el primer aspecto, la irrupción de la informática - que se había dado en Europa en la década de los 70 aunque no se extenderá masivamente hasta los 80- estaba clara y necesariamente justificada, pero en el segundo, aún era demasiado pronto. Era pronto porque no había aún necesidad alguna de informatizar el hogar, la vida y el ocio, y además a la hora de la verdad nadie se preocupaba por buscar la verdadera utilidad al ordenador personal ni de explotar sus posibilidades: se quería el ordenata para fardar ante las amistades y para hacer gala de estar a la última en tecnología. Y luego, ni contabilidad, ni datos, ni cálculos, ni leches: a jugar todo el mundo al comecocos, al Donkey Kong, o a los juegos olímpicos, desde las aparatosas superpantallas de los PC de entonces o desde la tele conectada al ordenador


¡Quiero un Amstrad!


Los mediados de de los 80 fueron los años de los Sinclair Spectrum, Dragon 32, Lynx, Commodore 64, las diferentes gamas de Ataris y Amstrad, los primeros libros y manuales sobre informática, y la familiarización popular con términos como Basic, Hardware, Software, chips, Kilo bites (los ks), disquette (pronúnciese en castellano “disquete”), chips, silicio, y la extensión polisémica hacia el ámbito zoológico con el ratón y la tortuga. Las otrora inaccesibles “computadoras” llegaban al mercado de la electrónica del hogar y en muy poco tiempo ya eran tan populares como el vídeo, con una irrupción en el mercado tan sonada como la que estos aparatos vivieron a comienzos de los 80 en todo el mundo.


1982 fue el año de pistoletazo de salida de la informática de andar por casa con la comercialización masiva de los PC. La cantidad de memoria de estas ya piezas de museo hoy en día suena a chiste: el megapopular Sinclair ZX Spectrum iba de los 16 Kb. a los 128, mientras que el Dragon 32, su más notable rival en esos años iba desde los 32 hasta los 64 Kb. Dentro de la encarnizada competencia en la edad de piedra de la informática en el hogar, el Spectrum se caracterizaba por ser uno de los primeros ordenadores en ofrecer imagen en color: el entrañable logo del arco iris cruzando la parte derecha del negro azabache teclado (¿Sería Clive Sinclair fan de Pink Floyd?), era de los que se te quedaban garbados en la retina.


Space Invaders: o lo que es lo mismo, los marcianitos



Las impresoras de los ordenadores personales de la primera mitad de los 80 parecían más una multicopista que una impresora propiamente dicha, aunque con impresión a calor, sistema este que estará vigente durante muchos años. Tan solo acordarse en las interminables sábanas de hojas que salían como una cosa mala de las impresoras aquellas produce un ataque de ansiedad retroactiva que hace dar gracias de haber superado aquella época de naftalina silícica. Que a nadie se le ocurriese imprimir las mismas cantidades de hojas que ahora se imprimen; el sistema saltaría por los aires.


La gente, por aquellos años en realidad no tenía muy claro para que quería un ordenador personal en su casa en una época en donde no había ni internet, ni office, ni profusión de software informático (los disquetes eran aún flexibles y delicados, además de caros), ni necesidad alguna de hacer dibujitos con programas gráficos en donde el concepto de píxel era sustituido por el de cuadritos digitales que componían geométricamente cuadriculados monigotes. La sensación 25 años mas tarde es que el mercado de los PC nació demasiado apresuradamente y pronto, en una sociedad de consumo que no estaba aún puesta al día sobre los beneficios y la utilidad real de la informática. Es cierto que el mundo de la empresa, la comunicación y los negocios en aquellos años vivieron un gran impulso gracias al auge de la informática, pero la gente de a pie poco partido podía sacarle a su Amstrad, Commodore o Atari. Por cierto, en aquellos 80 las marcas y modelos de ordenadores eran tan conocidas como las de los coches, algo que en la actualidad no sucede ni por asomo. No obstante, los críos de entonces ya sabían para que querían su ordenador: para fardar de máquina, como el que tiene un reloj o unas zapatillas, y sobre todo para jugar. Muchos padres de la segunda mitad de los 80 sufrieron el engaño de sus vástagos y el ordenador se convirtió en el regalo de reyes de cumpleaños estrella.


Los juegos de ordenador de los primeros tiempos del PC merecerían un capítulo aparte. Siempre hay que empezar diciendo que la industria de los videojuegos nació en varios frentes a parte del de la informática, ya que los mismos primeros juegos podían aparecer tanto en las primeras videoconsolas, como en las entrañables máquinas de bar (que revolucionaron el concepto de las máquinas lúdicas en los bares, terreno hasta entonces copado por las máquinas tragaperras y las de petacos) y en los rudimentarios videojuegos de bolsillo, aunque casi siempre en versión digital. De hecho, los videojuegos surgidos a principios de los 80 obtuvieron su popularidad en muchos países gracias a las máquinas de los bares (juegos conocidos como “arcade games”), cuando aún las videoconsolas y los juegos de ordenador eran un preciado objeto futurista. Ya en los 70 se habían aparecido con cuentagotas juegos arcade de echar moneda como la Computer Space, con su temática de space opera precursora de todo lo que vendría después, y el entrañable Pong creado por la Atari y sus dos rayitas a los lados de la pantalla golpeando la “pelotita” en el primer juego comercializado con consola para jugar en la pantalla de televisión, allá por 1975. Los ordenadores de los primeros 80 tendrían su espacio reservado a ya míticos juegos que surgieron a en su mayoría finales de los 70 y en los que la peña se dejaba el sueldo en las máquinas de los bares: Space Invaders, Ave Fenix o Pac-Man. A estos se unirían a mediados de los 80 Donkey Kong, Frogger, Centipede, Xevious y otros muchos, disponibles tanto en videoconsola como en programa de PC, aunque hasta los últimos 80 este último formato no sería el dominante en el mundo del videojuego, desplazando a los Arcade. Con todo, ordenadores como los Atari ya disponían de una amplia gama de videojuegos para PC, no en vano esta compañía fue creadora de muchos de los primeros videojuegos de la historia. A años luz del realismo de los videojuegos actuales, bits de luz formaban daban vida a las esquemáticas naves especiales, monigotes de rudimentarios movimientos, estrellitas de puntos de luz y el compulsivo abrir y cerrar de mandíbula amarilla del legendario Pac-Man, aka Comecocos en tierras hispanas. Muchos ordenadores venían ya con sus juegos incorporados para disfrute de los pequeñajos de la casa, a los cuales sin ellos saberlo se les estaba inoculando el germen de la informaticamanía, pese a tenerlos delante de la pantalla del ordenador/televisor durante varias horas: comparando aquel tiempo que muchos pasaban de ese modo con la total videoconsoladependencia de la chavalería actual resulta hasta añorable aquel inocente enganche. En Donkey Kong, por cierto, uno de los primeros videojuegos en donde había una “historia”, hizo su presentación el ya mundialmente conocido Supermario, entonces llamado Jumpman y decidido a liberar a su chavala de las garras de un émulo de King Kong. El Spectrum venía también con su juego, Horacio y las arañas.


Dragon 32, el ordenador que vino de Gales


Bueno, ¿y que decir de la tortuga, famoso programa de ejecución de gráficos que tuvo plena vigencia hasta finales de los 89? Pues que era la estrella en las primeras clases de informática que se daban en las escuelas, ya que presentaban toda una amplia gama de posibilidades de dibujo, realizables por uno mismo: casas, árboles, muñequitos, tetas, pichas. Se empezaba a dar mal uso a la informática. Y habría que añadir programas de aprendizaje para preescolares (letras y números), hojas de cálculo arcaicas, dispositivos de sonido que no se sabía a ciencia cierta si eran tales…miles y miles de publicaciones sobre Basic (lenguaje de programación vendido como el idioma del futuro), hardware, y mantenimiento de PCs y muchos más signos de primigenia apoteósis informática. Aún Bill Gates y Microsoft no habían extendido sus zarpas en el mundo de la informática (ocurriría a partir de 1985, cuando Microsft Windows puso en jaque al sistema MS DOS creado en 1980 por Seattle Computer Products), y entonces todo empezará avanzar a pasos agigantados.


Ordenadores de 48 o 64 K, sincopados ruiditos electrónicos, brillos de colores sobre fondo negro en la pantalla, teclados de llamativa pinta, pantallas de dimensiones colosales, el molesto ruido de la impresora a calor, recalentamiento aberrante del ordenador por exceso de uso. Esa fue la prehistoria del Home Computer, la era jurásica del ordenata en casa. Se podría escribir mucho, mucho más, pero unas cuantas pinceladas ya sirven para hacerse a al idea de lo mucho que el mundo de la informática ha ido avanzando.

lunes, noviembre 24, 2008

El aparatito de Lumiere - LA BUENA NUEVA


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Resulta reconfortante que pequeñas producciones españolas consigan ser productos de calidad, mucho mejores que producciones hispanas más pretenciosas. Est es el casod el nuevo filme de la directora Navarra Helena Taberna (Yoyes, 1999) que pese a no ser como cineasta anda del otro jueves si se postula como una narradora interesante y excepcional cronista de acontecimientos reales, como ya demostró en su biopic sobre la legendaria militante etarra reinsertada. En esta ocasión, Taberna cuanta la historia de su tío, un sacerdote llamado Don Miguel que durante la Guerra Civil fue párroco de una aldea del norte de Navarra en donde triunfó el alzamiento nacional en medio de un ambiente (el del pueblo), no muy clerical que digamos. Por la sencilla razón de que Miguel pretende seguir los preceptos de moral cristiana y del evangelio, pronto su ideario chocará con la imposición fascista instaurada cuando los falangistas toman el pueblo a pocos días de la llegada del joven cura.


La película es la crónica del enfrentamiento entre los ideales amor y respeto al prójimo y la barbarie de odio y muerte de los señores de la guerra. La película, aunque centrada en la figura del cura Miguel, encarando de manera brillante por un valor en alza como Unax Ugalde, trata de ser coral y presenta a los diversos habitantes del pueblo y su posicionamiento ante al contienda y la nueva realidad del lugar: de ser una localidad roja pasa a ser un municipio fascista por la fuerza y la imposición. Requetés arribistas y chupatintas, valientes viudas de republicanos, los hijos de estas sin bautizar jóvenes falangistas de encefalograma plano, temibles capitanes falangistas, familias católicas contrarias al alzamiento de derechas, seminaristas dispuestos a empuñar las armas, nacionalistas vascos, el médico socialista… No obstante, ningún personaje ni situación esta demasiado perfilado, ya que el conjunto de la película es tan lineal y pasa todo tan rápido y sin demasiadas explicaciones que es imposible que los (interesantes) personajes den más de sí. Las interpretaciones son de recibo y eso que el reparto, formado en su inmensa mayoría por actores vascos, no es de intérpretes conocidos fuera del ámbito de Euskadi y Navarra, a excepción claro está de Ugalde, de Bárbara Goenaga, que interpreta a Margari, la viuda del médico con la que Miguel vivirá un amago de romance, y del madrileño Guillermo Toledo, que encarna precisamente al doctor del pueblo. El personaje de Margari, la maestra local, esta muy mal aprovechado, pese a los esfuerzas de la joven y prometedora Bárbara Goenaga. Como curiosidad, decir que también interviene José María Sanz Loquillo en un curioso cameo como comandante falangista.


Aunque no ha habido mucho presupuesto en esta peli, los esfuerzos en ambientación y vestuario son elogiables. La película responde a las expectativas y cumple su función, que es la de recordar una vez más un hecho infausto de la historia española en su vertiente más humana, y el posicionamiento que una parte de la iglesia católica española tuvo ante un ideario que pese a jactarse de cristiano y de “deseado por Dios”, iba en contra de los preceptos mismos del cristianismo. Ideal para que la chavalería se empape de unos acontecimientos que nunca deberán volver a repetirse.

domingo, noviembre 23, 2008

MIS RETALES FOTOGRÁFICOS (IV)

Luz final sobre el mar II (2008)



Mad Irish Man´s windmill (Quijotesca solución a una sequía) (2008)




Verde (2008)


El libro de arena (2008)