domingo, julio 05, 2009

LAS ASOMBROSAS AVENTURAS DE VICENTE BLANCO, EL METALÚRGICO QUE CORRIÓ EL TOUR


¿Quién fue Vicente Blanco “El Cojo”?, el primer ciclista nacido en el Estado Español que corrió el Tour de Francia, en 1910? Su curiosa leyenda, moralizante fábula del triunfo de la voluntad de un sencillo muchachote bilbaíno, currela en varios empleos y aquejado de una discapacidad en los dos pies, que llegó a ganarse la vida en varios deportes destacando especialmente en el ciclismo, es una incompleta y un tanto desordenada miscelánea de anécdotas, donde falta bastante información, hecho que ha dado lugar muchas veces a la fabulación sobre el personaje. Este era Vicente Blanco, “El Cojo” (1884-1957)



Un superhéroe en Deusto


El barrio bilbaíno de Deusto vio nacer a Vicente Blanco (se desconoce su segundo apellido). Como un personaje de Charles Dickens comenzó a trabajar en su adolescencia para huir de la pobreza. El sector naval fue el primero que conoció cuando con 13 o 14 años comenzó a trabajar de pinche de cocina en un Barco. Más tarde ejercería de palero en embarcaciones, cometido que le proporcionó un físico fornido al tiempo que, cual marino nacido de la pluma de Joseph Conrad, conocía mundo y se quedaba prendado de las bicicletas que veía en los puertos, vehículo que tiene oportunidad de probar cada vez que pisa tierra firme. Eran los primeros años del siglo XX, Vicente aún no era El Cojo y aún no tenía 20 años.


Fue precisamente en 1904, cuando nuestro protagonista tenía 20 años, cuando el destino le brindó a Vicente una oportunidad al principio con máscara de desgracia, y que le permitió entre otras cosas utilizar la bicicleta como una auténtica prolongación de si mismo, ni más ni menos. Vicente entró a trabajar aquel año en la siderúrgica, La Basconia, en Basauri, Bizkaia, ya que se había cansado de la errante vida en la mar. Tras una aparatosa caída desde el último piso de una construcción al poco tiempo de comenzar a trabajar como metalúrgico, de la que salió ileso, sufrió un escalofriante accidente laboral al seccionarse literalmente el pie izquierdo desde el talón hasta los dedos, al entrarle una barra de metal incandescente en el pie. Los músculos quedaron seccionados, con su pie agujereado, pero él siguió trabajando pasado un tiempo de recuperación. Unos dos años más tarde, Vicente Blanco se encuentra en otra empresa vizcaína del metal, la Euskalduna, donde sufre otro desagradable accidente en el pie derecho, el cual perdería todos los dedos de dicho pié. A partir de ese momento, fue conocido como El Cojo y tuvo que abandonar Euskalduna por incapacidad para aquel trabajo. Con dos pies prácticamente inútiles, el muchacho tenía dificultades obvias para desplazarse o pasear, por lo que empezó a usar el vehículo con el alcanzaría la gloria, la bicicleta. Estos acontecimientos que cambiaron para bien y para mal la condición física de Vicente, parecen sacados del origen de algún superhéroe del cómic.



El sportman cojo del muelle


Vicente “El Cojo”, con 22 años era pese a su desgracia un chaval animoso que decidió practicar deporte para superar su discapacidad. Bilbao, a finales de la década de 1900, era una de las localidades de España más avanzadas en esta cosa que habían traído los ingleses hacía unos años y que era el Sport. Ya tenía el mejor equipo de Football de la península del momento, el Athletic Club, y en la capital vizcaína y alrededores se practicaba con fruición -además de deportes autóctonos como pelota, remo, o juegos rurales- cosas como el golf, boxeo, la gimnasia, la natación, el atletismo y las carreras de bicicletas, el ciclismo. Este último sport, era más de franceses que de ingleses, pero una sociedad anglófila como era la bilbaína a principios del XX no hacía ningún asco a un deporte que comenzaba atraer a numerosos jóvenes, entre ellos a Vicente. Sobre su primera bicicleta en propiedad, la cual comenzó a usar una vez abandonase el sector siderúrgico, hay diferentes versiones: se dice que la halló en un basurero, abandonada y desvencijada, y que la reparó él mismo con mimo y esmero, como un Gepetto convirtiendo un pedazo de madera en Pinocho; pero también se cuenta que la compró de segunda mano (también desvencijada y oxidada) a una trapera y que estuvo varios meses intentándola reparar. Sea como fuere, ambas versiones coinciden en que la destartalada bici carecía de neumáticos, y que a falta de medios económicos para comprarlos, Vicente colocó unas cuerdas gruesas de amarrar barcos.


En aquella época, la minusvalía no impidió a nuestro protagonista abandonar la actividad laboral y se empleó como pescador de angulas y como botero transbordador de personas, en el bilbaíno muelle de Olaveaga. Se dice que Vicente montó en aquel bote un minigaraje donde reparó su bicicleta, que se había convertido en la sustituta de sus maltrechos pies. No obstante, aquellos empleos no daban económicamente para mucho. Vicente se entrenaba a diario en su bicicleta y se había convertido en un sportman contumaz, capos incluso de correr a pata a gran velocidad a pesar de su cojera de dos piernas, y de nadar a gran velocidad. Por entonces ya había deportistas “profesionales”, que vivían de las ganancias en apuestas, aunque fuese esta actividad deportiva profesional poco más que una loca aventura propia de jóvenes tarambanas, puesto que para la mayor parte de los deportistas de principios del S. XX el deporte debía de ser Amateur. El Cojo, pese a todo, quiso ser deportista profesional, el era un aventurero, un joven y humilde obrero que buscaba ganarse la vida como fuese, y si era realizando su actividad favorita, el deporte, mejor que mejor.


Sea como fuere, antes de decantarse definitivamente por las carreras ciclistas, Vicente probó suerte con la natación y fue campeón de alguna que otra competición. Siguiendo su vocación marina bogó en regatas de bateles y según las crónicas también quedó campeón. Nos e sabe si es del todo cierto, pero pese a su brutal cojera compitió en carreras pedestres, quedando una vez subcampeón y ya con al condición de federado, gracias a la Federación Atlética Vizcaína, el organismo que en la década 1900 agrupaba prácticamente a todos los deportes existentes, sin distinción. Al parecer, incluso hizo pinitos boxísticos, aunque no se sabe si esto fue cierto o no. En todo caso, su triunfo con la bicicleta aún no había llegado.



El ciclista que “volvió de la muerte”


Los triunfos de El Cojo en las carreras pedestres debieron dejar boquiabiertos a los mandatarios de la Federación Atlética Vizcaína (FAV), que no se explicaban como aquel “semi inválido” podía correr tanto, ser tan resistente y pedalear con tanto ahínco aquel simulacro de bicicleta que se había agenciado. Posiblemente fuese hacia 1906, con 22 años, cuando solicitó a la FAV federarse y participar en carreras “a pie” y ciclistas que al Federación organizaba. Al principio, no se tomaban en serio a aquel joven que aparentemente se movía con dificultad, pero cuentan que era capaz de ejecutar acrobáticos bailes con los que quiso demostrar a los directivos de la FAV que no era ningún inútil. A estos les cayó simpático aquel muchacho extrovertido y muy “echao p´alante” (al mas puro estilo bilbaíno), y tras federarle le propusieron apuntarse a las carreras pedestres (que abandonaría pronto) y ciclistas que se celebraban en Bilbao. Compitió en ciclismo por vez primera en una prueba en el viejo velódromo improvisado de la bilbaína Plaza Elíptica, pero con su cabra con neumáticos de cuerda no fue muy lejos que digamos, como fácil es suponerse. Tampoco disponía de equitación adecuada y al no tener pantalón corto, quiso competir en calzoncillos. Al año siguiente, la FVA le procuró una bicicleta de verdad y corrió por primera vez el Campeonato de España de ciclismo que se celebró en Bilbao, quedando décimo. El Cojo empezaba a mostrar sus aptitudes. Con 125 pesetas que ganó por quedar tercero en una carrera en Vitoria, Vicente organizó una boda por todo lo alto con su novia y se retiró del ciclismo durante un breve periodo de tiempo durante aquel 1907. No se dejaba ver y corrieron todo tipo de rumores sobre su estado de salud, hasta el punto de decirse que había muerto, fruto de sus excesos juerguistas y alcohólicos (no se sabe a ciencia cierto si fueron en realidad de tanta magnitud). Hasta la FAV se tragó durante unos días dicha Urban Legend, hasta que en la concentración anual de la Federación, que en 1907 se celebró en el Castillo de Butrón, Vicente resucitó para mayúscula sorpresa de los asistentes cuando apareció sorpresivamente en su bicicleta tocando la flauta al mismo tiempo, cual dios Pan.


Vicente (con la bici) en una prueba ciclista

Vicente fue cuarto en el campeonato de Bizkaia de 1907 y segundo en el de 1908. Aquel año ganó su primera prueba, una carrera en pista en Bilbao de un día. La FAV le envía al campeonato de España en pista en Gijón y se proclama campeón, pese a que un día antes le atacó una diarrea fruto de una pantagruélica jamada de chuletas. Ya por entonces Vicente contaba con una bici de la marca Armor, una de las mejores de la época. Varios triunfos en 1909 consolidan a Vicente Blanco como el mejor ciclista español de la época (también fue campeón de España en pista). El cojo, torpe para andar, volaba sobre su Armor y dejaba a todo el mundo con al boca abierta. Ese mismo año vuelve a ser campeón de España, esta vez en Valencia. El periodista Manuel Aranaz Castellanos dedica elogios al joven ciclista vizcaíno y se convierte en su principal valedor. Vicente comienza 1910 con triunfos (la Irún-Pamplona_Irún, el más sonado) y comienza a plantearse un reto que ningún otro ciclista de la península ibérica había llevado a cabo: correr el Tour de Francia.



Operación Tour


En aquel tiempo, el Tour era ya la principal competición ciclista del mundo, pero aún a años luz de su actual status popular, mediático y comercial. Creada en 1903, la Grande Bouclé era la carrera soñada por todos los ciclistas del mundo, con sus más de 4.000 km. y su condición de competición poco más que extrema, repleta de caminos sin asfaltar, baches, calor, sed, lipotimias, alimentación insuficiente. Era prácticamente el Paris-Dakar de la Belle Epoque, aún más bestia. A nuestro protagonista, las dantescas leyendas sobre el Tour le llenaron de coraje y decidió participar en aquel 1910 en al ronda gala. Blanco era ya una celebridad en Bizkaia, el deportista no futbolista más popular, y sus recibimientos tras los campeonatos de España no tenían nada que envidiar a los que por aquel tiempo recibía el Athletic. Es por ello que la aún pequeña familia ciclista vizcaína recibiera con entusiasmo y orgullo el anuncio de Vicente Blanco de correr el Tour, otra cosa era ya que el apoyase económicamente, ya que no había tanto dinero en la institución como para apadrinar la participación de su mejor ciclista en la mejor competición del mundo. Aranaz Castellanos, que había accedido a la presidencia de la FAV solo pudo facilitarle una carta de presentación para Monsieur Desgrange, el organizador del Tour. No hubo ni tan siquiera medio de transporte para viajar a Francia, y Vicente no podía costeárselo. Por ello, decidió llegar París, donde comenzaba la carrera, en su bicicleta, con escasas provisiones y muy poco dinero. El Tour había empezado antes para Vicente Blanco.


El tour en 1910


Por aquel entonces, no existía el sistema de equipos en el Tour tal y como lo conocemos ahora, aunque ya en 1910 los ciclistas que utilizaban una determinada marca de neumáticos eran agrupados en un mismo equipo, apoyado por dicha marca. Los que no tenían esa suerte iban sin equipo; años después ya empezarán a hacerse equipos por países. Vicente en el Tour 1910 pretendía integrase en algún equipo una vez llegase a parís desde Bilbao, si bien la empresa madrileña Continental le había proveído de neumáticos y finalmente le prometiese seis reales por cada kilómetro que corriese en la competición. No solo no era suficiente para todos los gastos del viaje hasta el inicio de al carrera sino que tampoco facilitaba la integración en ningún equipo, ya que Vicente iba a ser el único corredor financiado por la empresa española. Vicente llegó el 2 de julio a París, exhausto, casi sin comer y medio enfermo, aunque con tiempo sobrado para inscribirse, dotarse de una mejor bicicleta (la suya tenía las gomas destrozadas) y conseguir mejores financiadores. Se fue a al fábrica de bicicletas Alcyon, que había proveído a François Faber, el último campeón del Tour. No le ayudaron nada pero allí conoció a Joaquín Rubio, un mecánico español que le proporcionó una bicicleta y el acompañó a inscribirse en la sede del periódico organizador de la ronda, L´Auto. Finalmente, Vicente se inscribió como corredor sin equipo.


Vicente Blanco comenzó la carrera en bastante malas condiciones físicas fruto del penoso viaje hasta Francia. No era de extrañar que no durase nada, concretamente solo tres etapas. Quedó noveno en la primera, que discurría entre París y Roubaix y que ganó el holandés Vanhowaert. Nada mal, si tenemos en cuenta que nuestro protagonista pocos días antes estaba que no se tenía. Disputó la siguiente, que llegó a Metz, pero en el transcurso de la tercera, que concluía en Belfort, completamente exhausto, abandonaría. Años mas tarde declararía: “Me retiré porque la aventura más peligrosa era marchar en solitario. Las carreteras eran estrechas, y no solamente había que ir sorteando los baches, salvando las piedras que se cruzaban, sino que había que guardarse mucho del polvo que levantaba el corredor de delante, impidiendo ver las cunetas”. Así terminaba la aventura en Francia del dorsal 55 del Tour 1910, el mejor ciclista de España en un país que aún estaba lejísimos en cuanto a apoyo social al deporte del ciclismo, en comparación con lugares como Francia o los Países Bajos.



Las últimas pedaladas del Cojo


Vicente no volvió a correr el Tour, pero siguió como ciclista hasta 1916, con 32 años. Siguió cosechando triunfos hasta 1912, como campeonatos vasconavarros o pruebas de un día, además de ser tercero en la primera Volta a Catalunya en 1912. Seguía siendo juerguista y glotón, pero siempre un ser humanamente excepcional. Tras su retirada se dedicó al transporte de mercancías. No se sabe muy bien, pero después se metió en otros negocios los cuales resultaron ruinosos y le terminaron por llevar a al pobreza. Su fecha de fallecimiento esta datada el 24 de mayo de 1957 en Bilbao, aunque esto se ha podido cerificar hasta hace relativamente poco. Muy poco se sabe de la actividad de Vicente Blanco en los últimos años de su vida. Un juguete roto más, que murió olvidado y en la miseria.


Vicente Blanco, “El Cojo”, atleta legendario, personaje extraño y contradictorio, el primer gran deportista de la historia que hoy daríamos en llamar paralímpico. Ejemplo de lucha y de voluntad cuya crónica de modo alguno debe olvidarse

lunes, junio 29, 2009

El aparatito de Lumiere - TETRO


***

La década de 2000 no ha sido precisamente muy prolífica para el gran Francis Ford Coppola, bastante desencantado con al industria de Hollywood y mas centrado en los últimos años en sus negocios vinícolas y hosteleros. Su anterior y esperiemental película Juventud sin Juventud (2005) no fue estrenada en muchos países, ocho años después de que firmase la anterior, Legítima defensa (1997). Lo cierto es que el genial creador de obras maestras del séptimo arte de la talla de El Padrino (1972) y secuelas, La Conversación (1974), Apocalipse Now (1979), Corazonada (1980) o La ley de la calle (1983), ya no parece querer saber mucho de su propio país a la hora de rodar y últimamnte le ah dado por embarcarse en coproducciones con distintos países, como ene esta Tetro , aceptable película en régimen de coproducción entre EEUU, Italia, España y Argentina y filmada en este último país, con la mayoría del personal técnico de la tierra de los gauchos. Con guión del propio Coppola, la película esta lejos de sus mejores filmes, por no decir ya de obras maestras tan indiscutibles como El Padrino o Apocalipse Now, lo que lleva a pensar que todos esos años sabáticos que el de Detroit se ha pasado han sido, cuanto menos, algo contraproducentes.


Tetro cuenta la historia del reencuentro de dos hermanos tras 10 años de separación en la ciudad de Buenos Aires. Allí vive Angelo, más conocido como tetro (Vincent Gallo), italoargentino de 38 años de edad criado buena pate de su vida en EEUU y que en ese momento es un escritor frustrado y amargado; allí recibe la visita de su hermano Bennie (Alden Ehrenreich), 20 años más joven que el y que ha residido estos en Nueva York junto a su padre, un reputado músico (Klaus Maria Brandauer). La búsqueda de respuestas por parte del joven Bennie sobre la razón por la cual Tetro les abandonó (inicialmente para tomarse un año sabático e iniciar una novela) y un intento lleno de obstáculos para reestablecer la relación con su difícil hermano, servirán para desenterrar fantasmas del pasado y sentimientos de culpa, con la omnipresente sombra de un conflicto familiar mas grave de lo que aparenta. El descubrimiento de un manuscrito inacabado de Tetro por parte de su hermano, llevará al muchacho al desafío de terminar dicha obra, de tinte autobiográfico. La verdad es que la historia tiene mimbres, muchos elementos de interés y esta muy bien traída, pero a la película le falta más convicción en si misma. Rodada en su mayor parte en un bello blanco y negro obra de Mihai Malaimare Jr., que nos remite a filmes de Coppola tan míticos como La Ley de la calle (donde se contaba también la relación entre dos hermanos) y con muy buenas imágenes como solo un maestro sabe conseguirlas, Tetro peca sin embargo de ser una película demasiado encorsetada, a veces un poco pretenciosamente estilística -la inclusión de varios bailes y coreografías no siempre resulta oportuna pese a su pretendido valor simbólico, cosa que no se puede decir del acertador recurso de mostrar algunos recuerdos y otros momentos en color- y además en su esfuerzo por atrapar la esencia de los barrios con más solera de Buenos Aires y el espíritu creativo argentino, con homenajes al tango y algunos mas soterrados a Cortazar, no siempre sale bien. Si que es cierto que Coppola no ha hecho ninguna postal turística de Buenos Aires (otros directores lo harían), peros situar el clímax de al película en la Patagonia suena a un recurso bastante tramposo.


Rodada en inglés y castellano, además de sus dos protagonistas norteamericanos, un Vincent Gallo (actor y director con fama de broncas, pasota y polémico) realmente inmenso y un Ehrenreich verdaderamente prometedor, la mayor parte del reparto es argentino, aunque estos sean meros comparsas, destacando tal vez Rodrigo de la Serna, Mike Amigorena y Leticia Brédice. Maribel Verdúa y Carmen Maura ponen la nota española, la primera como la sufrida e inteligente novia de Tetro, Miranda (esta espléndida), y la segunda como una influyente crítica de arte argentina, en un papel demasiado almodovariano. El gran Klaus Maria Brandauer, borda el papel del padre de los protagonistas, un personaje ambiguo, inquietante y esquivo, el verdadero motor de la película En el doblaje al castellano de la peli, viva la chapuza. Todo el diálogo original en castellano de los actores argentinos desaparece, ya que han sido doblados por actores de doblaje españoles, que eso sí, se esfuerzan por imitar el acento argentino. Carmen Maura se dobla a si misma, pero no Verdú.


Nadie puede reprochar a Coppola no saber contar una interesante historia de luchas y conflictos que trata de mostrar la verdadera naturaleza de la dominación, que es el poder del más fuerte, y lo que origina todo conflicto, adornado con oportunos homenajes a la Olimpia de Hoffman (y su adaptación en ballet Coppellia). El juego de apariencias, la codicia, la culpa, la envidia, van sirviendo el sorprendente desenlace el cual se prolonga tal vez más de lo necesario. Película estimulante, pero sin todo el genio suponible en un gran maestro.

domingo, junio 28, 2009

JUST BEAT IT



Genial como él solo. Y también polémico, excéntrico, pirado...y pedófilo. No obstante, que duda cabe que nos ha dejado una luminaria de la música popular. ¿Quien no intentó hacer alguna vez el moonwalk?. Michael Jackson, extraño y desconcertante hasta el final. Le echaremos de menos

lunes, junio 22, 2009

El aparatoto de Lumiere - VACACIONES DE FERRAGOSTO (PRANZO DI FERRAGOSTO)


*** y 1/2


Esta teniendo bastante beuna acogida, tanto crítica como comercial, esta pequeña película italiana, amén de premios en diversos festivales. Su director (y actor protagonista), Gianni Di Gregorio, es un prestigioso guionista metido a director y actor, funciones ambas que desempeña por primera vez en este filme. Di Gregorio fue además uno de los guionistas de la excelente adaptación cinematográfica de Gomorra, cuyo director, Mateo Garrone, es el productor se esta cinta. Es esta una película original y diferente, de metraje reducido (75 minutos) y hecha artesanalmente; tanto es así que la mayor parte del reparto esta configurado por actores y actrices no profesionales, a apearte del propio Di Gregorio, y con un guión que según palabras del realizador, dejó enorme margen para la improvisación.


La historia es una anécdota mínima situada en Roma en el mes de Agosto, en donde Gianni, un solterón de mediana edad, se dispone a pasar la popular fiesta romana de Ferragosto con su anciana madre, sin saber que el administrador de su comunidad, al que debe dinero, le propondrá como trato cuidar durante la jornada festiva a su madre y a su tía, con lo que si piso correrá el peligro de convertirse en una residencia de la tercera edad. La cosa no termina allí, ya que su médico de cabecera y amigo le encarga cuidar a su madre mientras este hace guardia en el hospital. Gianni entonces se las tendrá que ingeniar para conseguir que las cuatro señoras tengan una estancia acogedora durante dos días. No hay planteamiento-nudo-desenlace claro en esta historia y no hay apenas acontecimientos de interés narrativo, pero eso ni importa. Lo que se trata es de mostrar como se va construyendo una cotidianeidad, como evoluciona la relación entre cinco personas en un margen de tiempo muy breve, y como encara una persona normal y corriente los acontecimientos inesperados que pueden suceder y que pueden afectar, aunque sea nimiamente, a su vida normal. Una película de cositas pequeñas, resaltada por sus entrañables personajes, en donde destacan las cuatro ancianas, cuatro mujeres dispuestas a hallar la felicidad con cualquier - en apariencia insignificante- experiencia vital. Una película pues con mensaje vitalista pero que no cae en el buenrrollismo fácil.


Rodada en su mayor parte en interiores, la película utiliza una cámara nerviosa y palnos rápidos de video casero que dan al filme un tono mucho más cercano. Cuando en contadas ocasiones aparecen exteriores de al capital italiana, el contraste que se produce con el “enclaustramiento” de otras imágenes, es deslumbrante. Muy bien dirigida y verdaderamente entretenida, esta película no debería pasar por las salas de manera fugaz.

domingo, junio 21, 2009

POE, CORMAN & PRICE



En el año en el que se cumplen 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe (Boston, 1809 - Baltimore, 1849), es una buena ocasión para recordar aquella legendaria iniciativa que influyó decisivamente en la historia del séptimo arte y que alió a uno de los cineastas más singulares y curiosos de todos los tiempos, Roger Corman (Detroit, 1926), con un actor tan temperamental, de raza y fascinante como Vincent Price (San Luis, 1911 - Los Angeles, 1995), con el fin de materializar la adaptación a la gran pantalla de algunas de las obras más significativas de Edgar Allan Poe:


El gran genio de las letras norteamericanas del siglo XIX, 150 años después de su trágica desaparición sigue siendo uno de los autores más leídos y admirados, además de continuar siendo fuente de inspiración para generaciones y generaciones de literatos, especialmente aquellos que cultivan el relato corto, del que Poe es uno de los grandes maestros de siempre. El mundo del cine tampoco ha sido ajeno a la magnética influencia de la obra de Poe, tanto en su vertiente romántica, como en la tenebrosa y de de horror, y en la de apología de la lógica y el raciocinio predetectivesco. Pero si hay adaptaciones cinematográficas de Poe que merecen ser recordadas en los anales del séptimo arte, estas son las que firmó Roger Corman en la década de los 60. No se trata de obras maestras de la historia del cine ni son grandísimos filmes, pero es un puñado de buenas películas de bajo presupuesto en donde la pericia de un director hábil y con ideas e imaginación suplía la falta de medios. Serie B de altísima calidad como casi todo lo que firmó Corman desde los comienzos de su carrera allá a mediados de los 50. Pero en las siete adaptaciones que el director de Detroit hizo de Edgar Allan Poe (seis de ellas protagonizadas por Vincent Price), entre 1960 y 1964, había un valioso componente que hizo de estas películas auténticos clásicos del cine fantástico y de terror y fascinantes trabajos pasto de culto entre cinéfilos: el amor del director por Edgar Allan Poe. Pocas veces un director de cine captó también la esencia y ele spíritu de un escritor y con medios tan limitados, aún ofreciendo en la mayoría de los casos versiones que se alejaban bastante de las historias originales. El cine de serie B se hizo arte gracias a la sombra inmortal de Poe y a su “encarnación” y convertidor de imágenes de sus textos en el siglo XX, Roger Corman. Y como no, gracias a al presencia de uno de los mas grandas actores de la historia, el histriónico, inquietante y elegante Vincent Price, cuyo nombre gracias a Corman estará eternamente unido al errante genio que se movió como un alma en pena entre Philadelphia y Baltimore y cuyo final no difiere mucho de lo trágico de varias de sus obras. Poe, Corman y Price, una sociedad que legó a la cultura audiovisual del siglo XX algunos de sus momentos más inolvidables. Y es que todo en donde este presente Edgar Allan Poe es totalmente atemporal e inolvidable.


Es necesario antes de nada adentrarse en la figura de Roger William Corman para comprender el sugerente sustrato en donde se desarrollaron de las cinco películas del triunvirato Poe, Corman & Price. Corman comenzó su carrera cinematográfica en 1954 tras licenciarse en ingeniería por la Universidad de Stanford. Produjo su primer filme Highway Dragnet, dirigido por Nathan Juran, un thriller de bajo presupuesto. Corman estaba atraído por el hecho de que las películas baratas podían ser muy rentables si tenían éxito, y por ello cada año se embarcaba en la producción de varios filmes de la por entonces denominada Serie B, aquella destinada a pases en pequeñas salas, sesiones dobles y matineés. Tras otros dos filmes producidos en 1954, Corman debuta en al dirección en 1955 con un filme de terror no producido por él Swamp Women (Las mujeres del pantano), en el cual muestra sus dotes innatas como narrador en el género terrorífico, su género favorito y el cual era el mas popular dentro de la serie B norteamericana. El western Five Gun West (Cinco Pistolas) (1955) es su primera película como director y productor, y el primer filme en donde muestra sus limitaciones como realizador, en realidad lo suyo eran los filmes de terror y fantástico, como lo demostrará en años posteriores. Corman, no obstante a las malas críticas, estaba convencido en al rentabilidad del negocio cinematográfico al margen de las grandes compañías de Hollywood, y durante varios años dirigirá y producirá varias películas al año, con compañías artesanales como Sunset, Malibu o Alco. Funda también su propia compañía, Roger Corman Productions, aunque hasta su desaparición (en 1968) la mayor parte de sus filmes de aquella época los produjo para otras compañías. Roger Corman dirigía y producía filmes de géneros diversos, la mayoría de ellos populares: acción, western, aventuras, fantasía, ciencia-ficción terror, cine de rock n´roll para adolescentes (fue uno de los primeros directores que comenzaron a tratar fielmente la nueva realidad de los teens norteamericanos), cine negro. Entre sus filmes como director, a parte de las adaptaciones de Poe, merecen citarse El día del fin del mundo (1955), Naked Paradise (1957), La No Muerta (1957), Las mujeres vikingo y la serpiente de mar (1957), Machine Gun Kelly (1958), La Mujer Avispa (1959), La Tienda de los Horrores (1960), La última mujer sobre la tierra (1961), El intruso (1962), La Torre de Londres (1962), El hombre con rayos X en los ojos (1964) , Los Ángeles del Infierno (1966), El Viaje (1967) o El Barón Rojo (1971). Eran películas algunas mediocres y otras buenas (dentro de ese grupo se sitúan las adaptaciones de Poe), como las ya clásicas Machine Gun Kelly, El intruso, La Torre de Londres o El hombre con rayos X en los ojos. Cuando tocaba el drama social, como en El intruso, llegaba a sorprender, lo mismo que resultaba asombrosa su capacidad de estar a al última tanto en temática como en técnica cinematográficas, tal y como demostró en filmes como Ángeles del Infierno, sobre las bandas de moteros que pululaban por los EEUU en los 60 o El Viaje y Gas-s-s-s-s (1971), con temáticas hippies y lisérgicas.


Corman concebía el cine como negocio y no invertía más de una semana para rodar (La Tienda de los horrores fue rodada en dos días). Su ritmo de trabajo como director era de una media de 4 o 5 películas al año, hasta que en 1971 decide retirase de la dirección y centrarse en su no menos prolífica faceta de productor, aunque dirigirá algunas secuencias de muchos de sus films como productor, sin acreditarse, y volverá brevemente a la dirección bajo su nombre a principios de los 90. En total Roger Corman ha dirigido, a veces sin acreditar, 56 filmes en 19 años de actividad y ha producido entre 1954 y 2009 la friolera de 387 películas, aunque en los últimos 20 años su filmografía como productor parece estar destinada directamente al vídeo o el DVD, cuando no a la televisión. La manera de rodar y producir de Corman ha sido citada como modélica por la mayor parte de quienes han trabajado con él. Tiene un gran número de discípulos: directores a los que produjo sus primeras películas, actores a los que lanzó o guionistas que dieron con él sus primeros pasos; entre ellos se encuentran Francis Ford Coppola, John Sayles, Joe Dante, Jack Nicholson, Jonathan Demme, Jonathan Kaplan, Dennis Hopper, James Cameron, Robert Towne, Ron Howard, Martin Scorsese, Peter Bodganovich, Peter Fonda, Donald G. Jackson y Robert de Niro. Todos ellos hablan con respeto y cariño de su paso por el universo Corman.


Roger Corman realizó sus 7 adaptaciones de Poe en la primera mitad de los sesenta con la productora independiente American International Pictures, que produjo su primer largometraje como director, Las mujeres del pantano, en 1955. Esos seis filmes fueron La caída de la Casa Usher (House Usher, 1960), El Péndulo de la Muerte (The Pit and the Pendulum, 1961), El Entierro Prematuro (Premature Burial, 1961), Historias de Terror (Tales of Terror, 1962), El Cuervo (The Raven, 1963), La Máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death, 1964) y La Tumba de Ligeia (The Tomb of Ligeia, 1964). En todas excepto en El Entierro Prematuro, interviene Vincent Price, un actor que parecía haber nacido para encarnar a los atormentados y un tanto siniestros personajes poenianos.


De la leyenda de Price, uno de los más geniales actores de la historia, se ha hablado muchas veces: un personaje de imponente altura, profundo tono de voz e inquietante presencia. En los años 40, Vincent Price se especializó en papeles perturbadores o de villano, como los que interpretó en Laura (1944) o La Red (1947). En los 50, Price comienza ser la estrella por excelencia del cine de terror, que a partir de esa década empieza a ponerse de moda, en títulos memorables como Los crímenes del Museo de Cera (1953), La Mosca (1958) o House on Hounted Hill (1959), que terminarán por hacerle un icono del cine de terror, pero que también le encasillarán irreversiblemente en el género. Su encuentro con Roger Corman en los 60 fue providencial y supuso un highlight en su carrera, ya que el director le brindaría la oportunidad de llevar a cabo algunas de las que son consideradas sus mejores interpretaciones. Así mismo, en ellas explotará su peculiar registro interpretativo, mezcla de elegancia, tenebrismo, comicidad e histrionismo. Sin el concurso de Price en seis de las siete películas de Roger Corman basadas en la obra de Poe, esos filmes no hubiesen sido nunca los mismos.




El ciclo de Poe a cargo de Corman y la American International Pictures contó con los guiones de Richard Matheson (1926) en la mayor parte de los fimes, un escritor de fantasía y ciencia ficción autor de Soy leyenda, la famosa novela sobre el último hombre vivo llevada al cine en infinidad de ocasiones. Todas estas adaptaciones en realidad eran en muchas ocasiones versiones libres de los textos de Poe y en otras se cambiaban muchos elementos; tomar como base relatos breves o incluso poemas (como en el caso de El Cuervo), la mayor parte de las veces no daba para mucho a la hora de ofrecer una película de hora y media (o menos), y entonces había que completar la historia necesariamente e inventar personajes, pero, eso si, respetando al máximo el espíritu y universo de Edgar Allan Poe y sus escritos. La decoración, el vestuario y en definitiva, la atmósfera conseguida, no podían ser más Edgar Allan Poe.


La primera película del triunvirato Poe-Corman-Price en 1960 estaba basada en uno de los mejores relatos del escritor (para muchos el mejor), La Caída de la Casa Usher. La historia original era una crónica de decadencia familiar y ruina de los poderosos con un inquietante trasfondo de relaciones familiares, todo ello presidido por el crimen, la locura y el influjo de los muertos. Corman y Matheson cambiaron mucho del sentido del cuento original, pero dejaron intacta su esencia. Aquí, el joven Philip Winthrop (Mark Damon) llega a la Casa Usher para casarse con su prometida Madelaine Usher (Myrna Fahey), quein vive con su hermano Roderick (Vincent Price). Roderick, un caballero de mediana edad enfermo y aparentemente demente le comunica a Philip se opone al matrimonio debido a según él una extraña maldición que aqueja a la familia Usher. Madelaine fallece repentinamente de una inexplicable enfermedad, pero al parecer la joven sufría de catalepsia: ha podido ser enterrada viva. Con un desarrollo algo diferente al del cuento original (en el relato el protagonista no tiene relación amorosa con la hermana de Usher, y si una relación de amistad con este que no aparece en al película, por ejemplo) pero con el mismo devastador final y el horripilante leiv motiv del enterramiento en vida (una constante en la obre de Poe), la película es deslumbrante y tal vez se trate de la mejor adaptación cinematográfica de Edgar Allan Poe. Price esta genial como Roderick Usher, el desconcertante propietario de la Casa Usher, haciéndose dueño y señor de la película. La Caída de la Casa Usher es todo un clásico del cine de terror y una de las mejores películas de Roger Corman.



No menos clásica es ya El Péndulo de la Muerte (1961), adaptación del relato El Pozo y el Péndulo. Esta es también otra de las obras maestras de Corman y una pequeña joya de la Serie B. Una película con una hermosa estética gótica y muy bien rodada pese a su exiguo presupuesto. El Péndulo de la Muerte es tal vez una de las películas de Corman que más ha influido en cineastas posteriores, especialmente en europeos cultivadores del cine de terror de bajo presupuesto. Esta es en realidad es mucho más que una adaptación de Poe, es más bien una historia original inspirada en un relato de Poe en el cual solo había un personaje y una desesperada historia mínima: la angustia de un condenado por la inquisición española a principios del XIX ante la amenaza de un horrible ingenio de tortura que se cierne sobre el dentro de una oscura mazmorra. Matheson tomó el concepto central del siniestro péndulo-hacha y el oscuro pozo dentro de la misma mazmorra, y conservando la alusión a la inquisición. En la película, ambientada en el siglo XVI el inglés Francis Barnard (John Kerr) viaja a España al castillo de su cuñado Nicolás Medina (Vincent Price) para recuperar el cadáver de su hermana Elisabeth (Barbara Steel) e investigar su extraña muerte. Esta muerte se descubre que se debió a la locura originada por la impresión que produjo en ella la cámara de tortura del castillo, que perteneció al padre de Nicolás, el sanguinario inquisidor Sebastián Medina. Pronto Francis descubrirá el horrible sentimiento de culpa de Nicolás por la muerte de su esposa y la traumática experiencia de su infancia cuando vio a su padre torturar a su madre, acusándola de adúltera. La posible presencia en el castillo de una Elisabeth que en realidad no ha muerto, sino que ha sido enterrada viva, o en su defecto, es su ánima, pronto empieza a ser una obsesión para Nicolás, quien comienza a enloquecer, hasta que una noche en la mazmorra de tortura se encuentra cara a cara con su amada Elisabeth, amante del Dr. León (Antony Carbone), médico y amigo de la familia. El filme fue un éxito de taquilla que animó a la AIP a encargara a Corman más adaptaciones de Poe. La película se recuerda sobre todo por la descanada interpretación de Price (en una nueva muestra de desdoblamiento de personalidad en uno de sus personajes), las alucinantes y oníricas escenas de flashbacks rodadas en negativo tintado y cámaras de movimiento rápido, el escalofriante péndulo de tortura en la escena del clímax, la apertura de la tumba de Elisabeth con su cadáver horriblemente putrefacto y sobre todo, la escalofriante aparición en los compases finales del filme de Barbara Steele, la belleza más diabólica de la historia del cine. Esta actriz británica, icono del cine de terror y suspense de los años 60, tenía una presencia realmente perturbadora. El Péndulo de la Muerte es un filme de culto que levanta pasiones entre los amantes del fantástico, aunque su calidad cinematográfica sea puesta en duda muchas veces.


Tras Premature Burial (1962), la única película de Corman basada en Poe sin Vincent Price, se rueda Historias de Terror (1962), filme compuesto por tres episodios independientes basado en cuentos de Poe, concretamente Morella, The Black Cat (El Gato Negro) y The Facts in the Case of M. Valdemar (La verdad sobre el caso del Señor Valdemar). El Gato Negro, contenía también El barril de Amontillado, otro de los cuentos de Poe. Se trata de cuatro de los mejores relatos del autor, los cuales son adaptados esta vez de manera más o menos fiel aunque con bastantes licencias dramáticas. Vincent Price interviene en los tres episodios, lo que demuestra la confianza que Poe tenía en el actor para representar el oscuro y romántico universo de Poe. Price interpreta en Morella al Sr.Locke, en El Gato Negro al sumiller Renato Luchesi (personaje en realidad de El Barril) y en El caso del Señor Valdemar al susodicho. La primera es una historia de amor intemporal y venganza de ultratumba, algo adulterada con respecto a la fuente original; el segundo episodio, cuyo protagonista es Peter Lorre, incide en el tema de la obsesión y el miedo irracional y el castigo al crimen, mientras que M. Valdemar, uno de los relatos más aterradores de Edgar Allan Poe, toca uno de los temas preferidos de Poe, la fina línea entre la vida, al muerte y su síntesis, la muerte en vida o vida en la muerte, con al hipnosis como trasfondo. El cuerpo de Valdemar, pudriéndose en su cama sin haber muerto en realidad gracias al imapasse de vida a través del sueño que la hipnosis le ha producido, es uno de los momentos más angustioso tanto de al historia de la literatura como de la historia del cine. Basil Rathbone interpretó a Carmichael, el poco escrupuloso hipnotizador. En general, la película no consigue ser de las mejores de la serie ni de la filmografía de Corman.


El Cuervo (1963) llevó a la pantalla el más célebre poema de Edgar Allan Poe, el cual tiene un mínimo desarrollo narrativo el cual en la película solo supone el 10% del argumento, ya que lo que básicamente se cuenta en el The Raven de Roger Corman es una historia original, cuyo punto de arranque es el poema de Poe. El filme es una comedia con tintes de terror, lo cual le aleja del espíritu del poema original, una de las obras líricas más filosóficas y románticas del autor. ¿Una falta de respeto a la obra Edgar Allan Poe?, nada de eso, sino una inteligente parodia del universo de Poe. En la película, el Dr. Erasmus Craven (Vincent Price), un experimentado brujo, recibe la visita de un cuervo que resulta ser otro brujo transformado, el Dr. Adolphus Bedlo (Peter Lorre). Una vez recuperada su forma original, ambos hechiceros acudir al Dr. Scarabus (Boris Karloff), para vengarse Bedlo de su transformación de la cual él es el responsable, y para contemplar Craven el fantasma de su mujer fallecida, que según Bedlo vive en el castillo de Scarabus. Allí, el siniestro mago tiene preparados a los otros dos brujos y a sus hijos, quienes les acompañan, desagradables sorpresas. El personaje de Lorre termina la película una vez más convertido en cuervo y recitando el famoso poema, con su inmortal Nevermore.


A partir de El Cuervo las adaptaciones de Poe a cargo de Corman no pasarán de ser discretos y entretenidos filmes fantásticos de bajo presupuesto, como también lo fue La Máscara de la Muerte Roja (1964), inspirada en uno de los relatos más inquietantemente bellos y poéticos de Edgar Allan Poe. La verdad es que la puesta en escena de este filme esforzada y resulta muy atractiva y deslumbrante, pese a las evidentes limitaciones que imponía al falta de medios económicos. El argumento es bastante fiel al relato original, aunque estirando convenientemente una historia bastante mínima y añadiendo tramas y personajes originales. Además se incluía otro relato de Poe, Hop-Frog, una macabra historia de venganza. En esta ocasión no fue Richard Matheson el adaptador del texto, sino Charles Beaumont y R. Wright Campbell. La historia se desarrolla en la edad media en un castillo gobernado por el príncipe Prospero, interpretado por Price. Depravado y con extrañas aficiones satánicas, Prospero esta muy preocupado por la extraña plaga que asola a su país, la Muerte Roja , y decide aislarse junto a su corte en su castillo cerrado a cal y canto mientras ejecuta a todo aquel que parece infectado por la mortal e infecciosa enfermedad. En un baile de máscaras convocado en el interior del castillo, en donde se prohíbe la vestimenta roja, Prospero y sus invitados reciben la visita de un personaje vestido precisamente de túnica roja: la muerte roja ha entrado al castillo. En el relato original, Poe incide en el color de las diferentes estancias del castillo como elemento simbólico, en esta película la simbología cromática persiste pero se cambia a las túnicas que visten varios personajes. Este usod el color como leiv motiv sirvió a Corman para filmar psicodélicas secuencias, atn sugerentes y alucinantes como solo el sabía hacerlo. En este filme, Vincent Price hace una de las mejores interpretaciones de su carrera, un personaje cínico, prepotente y desagradable en el cual volcó todas sus habilidades interpretativas.


Con La Tumba de Ligeia (1964), Corman termina sus adaptaciones de Edgar Allan Poe. Esta basada libremente en el relato Ligeia, sobre uno de los temas preferidos por el autor, como era el de la amada muerta, que en esta ocasión su recuerdo/sombra regresa de la muerte para atormentar al protagonista. La adaptación la realizó el por entonces joven Robert Towne, que con el tiempo se convertirá en uno de los guionistas más significativos de Hollywood (Bonnie and Clyde, Chinatown, Yakuza, Shampoo, Greystoke). Aquí el bueno de Mr. Price encarna a Verdon Fell, un viudo casado en segundas nupcias que tras superar aparentemente el fallecimiento de su esposa, el cual le tuvo sumido en al miseria moral, comienza a recibir al visita de ultratumba de su celosa Ligeia, a veces reencarnada en un gato. Rodado en Ingalterra, pese a ser un filme menor dentro de la serie de Corman-Poe, tiene su encanto.


Aunque Vincent Price realizó alguna película más inspirada en la obre de Poe y no dirigida por Roger Corman (La caja oblonga), es evidente que este actor encarnó como nadie los oscuros protagonistas de las obras del autor. Roger Corman no pudo tener mejor criterio al elegirle, y hoy en día resulta imposible concebir ningún recuerdo en imagen nítida de la obra de Edgar Allan Poe sin Vincent Price. Como tampoco todo aficionado al cine imagina la obra del genio de Baltimore con las bellas e impactantes imágenes de Roger Corman. Edgar Allan Poe ha llegado nosotros como un fabulador universal e inmortal, y en esta inmortalidad ha tenido mucho que ver el trabajo de dos hombres que ayudaron a que Poe sea un poquito más nuestro, de todos. Edgar Allan Poe, el escritor; Roger Corman, el cineasta; y Vincent Price, el actor. Más allá de las fronteras del tiempo, se dio la conjunción perfecta.

viernes, junio 19, 2009

Y LA VOLVIERON A HACER


Llevábamos ya unos meses sin noticias...y reaparecen.


Estamos en el principio del final, pero aún quedará por sufrir. Pero no nos rendimos, no podrán con nosotros. Somos mas, y vamos a ganar con nuestra poderosa arma: la razón




lunes, junio 15, 2009

El aparatito de Lumiere - ANGELES Y DEMONIOS (ANGELS AND DEMONDS)


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Ron Howard prosigue con las aventuras del profesor Robert Langdom, el personaje creado por Dan Brown especialmente famoso por ser protagonista de uno de los best -sellers de los 2000, El Código Da Vinci, llevado al cine por Howard en 2006. Ni aquella novela ni su adaptación eran nada del otro jueves, si bien el libro original resultaba tan entretenido e ingenioso como desmañado y torpe en su trama policial-conspiratoria-parahistórica, además de presentar varias inexactitudes históricas y reales. La novela Ángeles y Demonios, en realidad fue publicada antes de El Código, y por lo tanto esta última es secuela de aquella, aunque esta versión fílmica se presenta como una secuela de El Código Da Vinci. No he leído Ángeles y Demonios (publicada en España tras el éxito del ya clásico de la conspiranoia religiosa), pero las críticas señalaban que era aún peor que su predecesora. Y esto mismo se puede decir de esta película con respecto a su precuela fílmica. En esta ocasión, Ron Howard, que hace pocos meses estrenaba uno de sus mejores filmes, Frost contra Nixon, no se ha lucido en absoluto (como en la mayor parte de su ya larga carrera) y demuestra que lo suyo es el cine espectáculo sin más y el efectismo comercial, aunque a veces acierte en algún momento de gracia.


Tom Hanks vuelve a ser el un tanto cargante profesor Langdom, esta vez metido en el vaticano hasta las cartolas, investigando la reaparición de una misteriosa sociedad secreta del siglo XVII, los Illuminati, quienes en pleno cónclave han secuestrado a los cuatro más sólidos aspirantes a ocupar el trono de san pedro. El argumento de la historia, al igual que en El Código Da Vinci vuelve a mezclar sociedades secretas, enigmas ocultos en la historia, conspiración histórica y religión, auque en esta ocasión con un elemento policiaco y de acción mas relevante que en la anterior entrega cinematográfica basada en la obra de Brown, y en donde también hay cabida para la ciencia ficción facilona y pueril. Un reparto internacional encarna a un largísimo listado de personajes que pululan muchas veces sin tom ni son, ye n done se encuentra es sueco Stellan Skarsgard interpretando a un comandante de la Guardia Suiza y el escocés Ewan McGregor como el joven camarlengo del Papa fallecido. La escenografía, no obstante esta muy bien conseguida, hay efectos especiales espectaculares, y el ambiente vaticano esta bien captado, pero la historia es infantil, predecible y hueca, enormemente parecida además a la de El Código Da Vinci. Los mismo mimbres, en definitiva, para un película entretenida pero hueca y con muy poco interés.

domingo, junio 07, 2009

El aparatito de Lumiere - TERMINATOR SALVATION


* y 1/2


25 años después de que James Cameron firmase Terminator, pequeño clásico de la ciencia-ficción serie B y que inauguró toda una serie de filmes, llega la cuarta entrega de la franquicia, la cual, al igual que la tercera, Terminator: Rise of The machines (2003), no interviene su creador, ni tan siquiera en funciones de productor. Y, por supuesto, tampoco aparece el que fuese protagonista absoluto y principal atracción de las anteriores entregas, el excelentísimo gobernador de California Arnold Schwarzenegger, retirado desde hace de la interpretación, aunque curiosamente una virtual y rejuvenecida figura suya por obra y gracia de los efectos digitales y la infografía hace un significativo cameo. Ni la ausencia de Arnie ha sido impedimento para que la exitosa serie continuase (y, ojo, que se vislumbran posteriores entregas), lo que confirma el gran atractivo que el universo Terminator atesora para los seguidores de la ciencia ficción y del cine de acción: Sarah Connor, su hijo John Connor, los diferentes terminator, la Skynet Corporation y la guerra contra las máquinas sustentan la mitología de unas películas que, para que engañarse, hasta el momento básicamente ofrecían lo mismo. Esta Terminator Salvation, librada del cada vez más cargante personaje del Cyborg encarnado por Schwarzenegger, trata de ofrecer algo diferente; aunque el intento no colma en absoluto las expectativas. Por primera vez ambientada en la tan mencionada en los filmes anteriores guerra contra las máquinas de la Corporación Skynet, en el año 2018, era una buena oportunidad para mostrar el intríngulis de la historia, pero la película es floja y sin emoción.


McG, responsable de la adaptación cinematográfica de Los Angeles de Charlie, dirige de manera irregular una película excesivamente sustentada en aparatosas escenas de acción y multitud de maquinas, robots, naves y cachivaches que explotan y se destrozan cada dos por tres. La presencia de Christian Bale, encarnado a John Connor, el líder de la resistencia humana contra las máquinas y elemento a eliminar por los terminators en las anteriores pelis, cuando era niño, joven o simplemente un bebé aún no nacido, añade un toque de interés a una película que resultará incapaz de gustar a los no seguidores de la saga, ya que todo su argumento sienta su sustrato en torno a lo visto y oído en las otras películas. La historia intenta ser más épica y rica que el resto de la serie, con nuevos escenarios, nuevo planteamiento temporal y situacional y nuevos personajes, pero al final, el repetido y manido esquema del robot queriendo exterminar a un humano, vuelve a aparecer. A parte de con un treintañero Connor, nos volvemos a encontrar con su amada Kate, esta vez su esposa embarazada e interpretada por Bryce Dallas Howard, y con Kyle Reese, el transtemporal padre de John en la primera y mítica entrega que interpretaba en aquella Michael Biehn y en esta Anton Yelchin. El misterioso Marcus Wright (Sam Worthington), un joven que llega al Los Angeels del 2018 aparentemente “resucitado” de la muerte, es junto con Connor y Reese el otro personaje central del filme y de lo más potable de toda la función, aunque su personaje no da todo lo que pudiera dar de sí.


La película tiene una primera parte bastante tediosa en donde un cúmulo de situaciones forzadas y pésimamente resueltas enmarañadas con momentos de acción muy rutinariamente planteados no logran centrar al espectador. La segunda parte al principio promete, pero no tarda en pufar. Algún homenaje a momentos estelares de los otros filmes de la saga y leves despliegues de adrenalina consiguen divertir de vez en cuando, pero el guión tiene demasiados agujeros para ofrecer un buen entretenimiento.