lunes, junio 07, 2010

El aparatito de Lumiere - KICK-ASS


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Esta es una de esas películas que pocos se esperan que sea un filme de calidad, y al final sorprende y muy gratamente. Este explosivo cóctel de comedia gamberra, drama, parodia y cine de acción es algo más que un simple divertimento para espectadores palomiteros, es una sátira inteligente y efectiva que juega (mejor dicho, juguetea) con diferentes registros del cine comercial actual para ofrecer una historia tan peculiar como encantadora y que desde luego engancha y se mete al espectador en el bolsillo por derecho propio. Matthew Vaughn dirige con clase una más que divertida película apta, pese a su apariencia, para un público de lo más diverso (amantes de la comedia inteligente, seguidores del cine de acción, fanáticos de los superhéroes, degustadores de humor engro) aunque en ningún caso y pese a las apariencias sea una película que vaya dirigida a niños y ya si me apuras incluso a adolescentes menores de 16 años, dada su un tanto salida de madre (y surrealista) violencia.


Kick-Ass parte de una premisa que de primeras resulta no excesivamente original: el típico adolescente friki e impopular amante de los cómics de superhéroes que para superar su complejo de inferioridad decide convertirse en un enmascarado justiciero (el Kick-Ass del título) enfundado en un ridículo mono de neopreno verde y amarillo adquirido en internet. En los compases iniciales, la película parece la típica comedia de adolescentes, con cierto componente paródico (del mundo del cómic y del cine de acción) mas degustable por el público adulto, pero pronto la cosa va cambiando de tono y en poco tiempo nos encontramos ante una comedia negra y ácida a más no poder que la toma con ciertos males endémicos de nuestro tiempo: el sensacionalismo de los medios, el poder de internet para fabricar celebridades de quita y pon o el ansia por el poder y la gloria, además de presentar varias miserias humanas: el deseo de venganza, la codicia como origen del mal, lo injustificable de la violencia o las lagunas de la educación en valores. Y todo sin abandonar un tono, jocoso, exagerado y gamberro a veces que en momentos puntuales se torna en un drama bastante serio sin que tal cambio chirríe por lo repentino del cambio de registro.


Puede que no sea una peli plato de todos los gustos, pero tanto el director como los guionistas y como el verdaderamente eficaz reparto se afanan por ofrecer un espectáculo original y sorprendente. La aparición en escena de otros dos superhéroes caseros como son Hit-Girl (Chloe Moretz), una niña de 11 años de armas tomar (tal vez el personaje infantil más violento y sanguinario de la historia del cine) y su padre Big Papi (Nicholas Cage, que se últimamente se apunta a un bombardeo), los cuales se unen a Dave-Kick Ass (Aaron Johnson) suponen el momento del antes y el después en el filme. El malo de la función, en forma de un siniestro capo de la mafia lo interpreta el últimamente omnipresente Mark Strong, cada vez más encasillado en papeles malignos. Historieta divertida y entre ácida y amarga, casi una revisión moderna del mito del Quijote en donde uno no sabe si partirse a risotadas o compadecerse de la inmerecida mala fortuna de los protagonistas, un cuentillo tragicómico y perverso envuelto en engolado papel de regalo que al final no resulta ser tal. En definitiva, una inteligente deconstrucción- parodia del cine de acción que buen sabor de boca y de al que se anuncia una secuela para dentro de dos años.



lunes, mayo 31, 2010

El aparatito de Lumiere - AURORA BOREAL (SOLSTORM)

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Entre el éxito editorial y de taquilla de la saga Millenium y el acontecimiento de crítica y público que supuso el año pasado el filme sueco Déjame entrar, ha terminado por ponerse de moda en todo el mundo la ficción sueca, y generalmente con productos escorados al thriller. En este género se enmarca precisamente este interesante filme de Lef Lindblom que, dicho sea de paso, llega a las pantallas hispanas con tres años de retraso. Aurora Boreal, esta basado en la novela de la escritora Asa Larsson, todo un best seller internacional, lo que ha acarreado que esta adaptación cinematográfica haya sido todo un éxito de taquilla en Suecia. La publicidad en España cita a Solstorm como la novela que enganchó a Steig Larsson, lo cual se supone que atraerá al público a verla; si esa estrategia de marketing no se hubiese llevado a cabo (y el thriller nórdico no estuviese en este momento tan “en el candelabro”) esta película no iría a verla casi nadie, pese a sus virtudes cinematográficas.


Aurora Boreal no es una película de intriga convencional ni tampoco esta en al línea de las creaciones de Stieg Larsson (que no guarda relación ninguna con la creadora de esta historia, pese a al coincidencia en el apellido), es una lograda mixtura entre el drama y la investigación policial donde predomina lo primero sobre lo segundo y en donde no hay efectismos ni tópicos del género, sino una cuidada puesta ene escena y una interesante disección interior de los personajes y sus motivaciones. Isabella Scorupco, uno de los rostros más internacionalmente conocidos del cine sueco actual, interpreta a Rebeca, una joven abogada que regresa al gélido pueblo donde transcurrió su juventud tras conocer la muerte de su antiguo novio, un joven, exitoso y carismático pastor evangelista que había logrado crear para su comunidad religiosa todo un imperio económico y que ha aparecido brutalmente asesinado y mutilado en su propia iglesia. Con la hermana del pastor como principal sospechosa, Rebeca se empeña en conccer la verdad en un entorno que antes adoraba y que ahora le es hostil, enigmático e incluso terrorífico.


La película se escora a la crítica a los fanatismos religiosos y al poder manipulador de las sectas, pero que nadie se espere nada mordaz ni incisivo, ni tampoco un thriller explícito y truculento. Solstorm se centra tal vez demasiado en el personaje de Rebeca y los personajes secundarios se desarrollan más bien poco. Todo se desarrolla demasiado previsiblemente, aunque el desenlace tenga su cosa, por lo que es muy posible que los amantes del género policial se vean algo decepcionados. No obstante, hay momentos de buen cine y un tratamiento nada comercial que consiguen que esta película sea un producto interesante y singular, aunque, eso si, en pequeña escala.



domingo, mayo 30, 2010

ADIOS AL MOTERO TRANQUILO


Dennis Hopper nos dejó ayer. El último gran rebelde del celuloide, el hombre que con Easy Rider cambió momentáneamente la industria de Hollywood inaugurando una nueva hornada de directores (Coppolla, Scorses, Bodganovich, Ashtby, Cimino, Spielberg, Lucas) que durante un corto espacio de tiempo devolvieron al director el papel prepondarante de creador de sus películas que en las décadas anteriroes había brillado por su ausencia en el cine americano.


Contestatario,díscolo, bastante drogata y muy alcohólico, ofició con su mítica opera prima motera el maridaje entre el cine y la música rock. El Amigo Americano, Apocalipse Now, Terciopelo Azul, Hoosiers, Amor a Quemarropa... Muchos momentos míticos. Goodbye, Easy Rider!

TRAZANDO MAPAS EN EL ESPACIO


Trazando un mapa en el espacio, sin necesidad de estar dibujado en un papel. Desde un punto hasta otro, desde un lugar fijado aunque cambiante hasta un destino. Dibujando el camino en la memoria. Lo malo es cuando no sabes si el punto de llegada en el mapa es el correcto, si existen otros mejores o puede ser ese o bien demasiado cercano o bien improcedente lejano, inadecuado en definitiva para haber hecho un correcto trayecto en un momento dado.


Se puede viajar de muchas formas, y una de ellas, la más poderosa, es la imaginación. Pero tal vez no sea la mejor…o quizás sí. Con la imaginación se puede viajar a lugares donde resultaría imposible llegar de otro modo sea cual sea la razón que impida a ello. Se puede llegar a lejanas tierras, exóticos parajes, remotos países y distantes ciudades, existentes o no en el mundo. Cuando existen limitaciones de diversa índole, es entonces cuando, sin necesidad incluso de mapas de ningún tipo, la imaginación se expande y nos transporta a donde nosotros deseamos encontrarnos en ese momento. Pero la imaginación no suele servir de mucho, por desgracia; aunque la sensación que proporciona de poder huir y volar hacia otros lugares es indescriptible.


Pero volviendo a la utilidad de los mapas, esta claro que no tiene por que ser materialmente necesarios cuando pueden ser confeccionados con la propia mente; cuando los caminos, las montañas, las costas, los ríos, las cotas, las coordenadas pueden ser dibujadas en la cabeza de uno mismo. Es importante, en todo caso, elaborar un buen mapa cuando se pretende alcanzar un destino, no solamente en una vez primera, sino en sucesivas ocasiones, aún cuando se cree dominar ese camino, tan familiar e interiorizado a costa de ser repetido. Hay que tener clara la ruta en todo momento; esto no es que sea esencial ni infalible para alcanzar el destino, pero duda cabe que resulta fundamental. Porque el destino en los mapas no solo es el punto físico de llegada, es algo más: es un estado de ánimo, una fase en la vida de alguien, un sentimiento en un momento dado. Por eso en los destinos, en las llegadas, en las metas, en los puntos finales de los mapas queremos sentir simple y llanamente la felicidad. Y por eso nos afanamos en trazar los mejores mapas posibles para no solo llegar lo más fácilmente posiblemente a ese punto, sino para que el trayecto siempre sea algo único, bello e irrepetible. En los mapas, pues, el trayecto es lo que realmente tiene importancia. Hacer mapas en la vida es una bella arte, pero no siempre se sabe o se pude hacer correctamente ya que son muchas las limitaciones con las que nos podemos encontrar incluso dibujando nuestros mapas en el aire.


Cuando uno se da cuenta de que una cosa son los mapas que se desean seguir y otra cosa los mapas que algo externo se empecina en que sigas, es entonces cuando resulta necesario ir trazando mapas imaginarios fabricados de ilusión, que surcan la tierra y el aire y son capaces de atravesar el tiempo y el espacio, veloces como estrellas fugaces. La imaginación nace de la vida y de la voluntad, y la voluntad no es otra cosa que deseo. Gracias a la imaginación se puede conseguir lo que se desea y no habrá nunca barreras para ella. La vida puede llegar a ser como uno desee, puede ser trazada y dibujada según la voluntad y posibilidades propias, y aunque existan impedimentos, dificultades y desdichas, esas pueden ser superadas. Resulta muy difícil el ejercicio de superación, en ocasiones casi parece imposible, pero cuando los mapas de la vida se confeccionan a base de ilusión, de belleza, de amor y de deseo de felicidad, no habrá entonces lugar para la desesperación. No es necesario tener trazado un mapa prefijado en un momento dado, pero resulta gratificante ir dibujando- aunque solo sea muy, muy a poquitines- la cartografía de la vida, los mapas que se desean como propios y que se ve necesario seguir para haber podido transitar el mejor recorrido. Solo así se puede eludir lo negativo y conocer lo que realmente se desea. Alcanzar la felicidad.


lunes, mayo 24, 2010

El apratito de Lumiere - TWO LOVERS


*** y 1/2


Estrenada con escaso bombo y no excesivamente publicitada, pese a contar en su plantel con estrellas del momento como Joaquin Phoenix y Gwyneth Paltrow, Two Lovers, elegante y más que sugerente drama intimista narrado con clase e inteligencia y filmado sin ningún tipo de concesión a la galería melancólica, es una de las más agradables sorpresas de los últimos meses en lo que a películas se refiere. No se trata de la típica película romántica de turno ni tampoco esta concebida para el lucimiento de sus protagonistas, sino que es una emotiva y sencilla historia sobre la necesidad de todo ser humano de amar y ser amado. A través de su protagonista, Leonard (Joaquin Phoenix), un joven frágil y al borde del abismo emocional, se hace un interesante examen de la consistencia de los sentimientos en entornos personales verdaderamente adversos. Leonard, un neoyorquino treintañero con trastorno bipolar y oscuros antecedentes sentimentales, se debate en medio de una situación de sufrimiento (a penas explicada en la película) elegir entre dos amores: Sandra (Vinessa Shaw), la hija de unos amigos de la familia enamorada de el y conmovida por las desgracias del muchacho, y Michelle (Gwyneth Paltrow) una enigmática pero encantadora nueva vecina que cuenta también con una frágil situación personal y atesora además dudas y angustias muy parecidas a las de Leonard. Una situación verdaderamente embarazosa para un ser con tantas carencias como Leonard.


La película huye de sentimentalismos, moralina y de cualquier tipo de efectismo melodramático y apuesta por el realismo y por la introspección de los personajes. Phoenix realiza una gran interpretación y se adueña literalmente de la película. James Gray, el lúcido responsable de Los amos de la noche esta ganando enteros como director y todo apunto que este realizador de 41 años y con cuatro largometrajes en su haber puede llegar a ser un gran cineasta. Interiores, apartamentos, calles oscuras, atardeceres, noches, patios interiores, luces tenues, todo escenario y atmósfera está perfectamente presentado más allá de la simple localización. Una película hecha con el corazón y con la cabeza y que demuestra como es posible conjugar sencillez y matización, parquedad expresiva y emoción contenida, e inteligencia y sentimientos. Un canto al amor hecho con exquisitez de orfebre y con sólidos argumentos narrativos y cinematográficos.

domingo, mayo 23, 2010

LEOPOLDO FREGOLI, EL HOMBRE DE LAS MIL FORMAS


A finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el mundo del teatro y del espectáculo se había convertido en un fenómeno de masas, surgió en Italia la figura de un artista y actor que revolucionó el mundo del entretenimiento inaugurando un nuevo género teatral y actoral: el transformismo. Leopoldo Frégoli (1867-1936) fue un genio de la interpretación y un auténtico atleta del escenario que en los primeros compases del siglo XX se hizo mundialmente famoso por sus espectáculos en donde en cuestión de segundos cambiaba totalmente de disfraz y de complementos (pelucas, prótesis) para encarnar a distintos personajes en una misma función. Su habilidad para cambiar de voz y para imitar voces le hacían capaz de interpretar a cualquier personaje hasta el punto de que aparecía realmente imposible que esos caracteres que se iban sucediendo en el escenario a velocidad de vértigo fuesen realmente la misma persona. Pero era cierto, solo había un solo personaje cuando el telón se levantaba y ese no era otra que el rey del disfraz, Leopoldo Frégoli, el padre del transformismo y de hecho el mayor transformista que haya conocido la historia.


Eran los tiempos en que a las cosas aún se las llamaba por su nombre, y el transformismo, género teatral que Frégoli puso de moda, era el arte de disfrazarse perfectamente a gran velocidad y de aparecer cada poco tiempo ante el público con una apariencia diferente: médico, soldado romano, anciano, militar, caballero del siglo XVIII, cura…También se incluía la caracterización de celebridades a las que se trataba de imitar a la perfección: En definitiva, el transformismo era algo más que el concepto que en la actualidad se tiene de el, el de travestirse de mujer y hacer cuatro chorradas. Era todo una disciplina que Frégoli convirtió en arte.


La vida artística profesional de Frégoli transcurrió de 1887 a 1922, años en los que dio la vuelta al mundo y se convirtió en uno de los miembros de la industria del entretenimiento más famosos internacionalmente. Leopoldo Frégoli vino al mundo en Roma el 2 de julio de 1867. Poco se sabe de su infancia y adolescencia a parte de que desde temprana edad ejerció diversas profesiones y que a la edad de 15 años hizo sus pinitos como cómico con compañías de medio pelo en las que demostró variadas habilidades (ilusionismo, actuación). El joven Frégoli llegó a la conclusión de que quería ser comediante pese a las reticencias paternas que a punto estuvieron de abortarle su carrera. Su progenitor no lo vio nada claro hasta que un día se confundió a su retoña vestido de mujer y comportándose como tal con una dama. Pero no iba a ser fácil iniciarse en el escenario. En 1887, con 20 años de edad, como muchos jóvenes italianos de su quinta, se va a la lejana África colonial para realizar el servicio militar. En Abisinia pasará Frégoli varios años de su vida en una interminable mili bajo el calor sofocante del sol africano. Un servicio militar tan largo podía dar para mucho, para comenzar a aprender o ejercer una profesión, por ejemplo. Las habilidades de Frégoli le iban a llevar a ejercer por primera vez de entretainer en un entorno bien insólito e inusual para debutar en ello. Es fácil suponer que Frégoli era el típico personaje gracioso, encantador y carismático para el resto de al soldadesca, a los que entretenía con sus números de imitaciones, mímica (fue también un pionero del mimo artístico) e incluso de ilusionismo, ya que fue un consumado prestidigitador.


Según cuentan las crónicas, hacia 1890 Frégoli hizo un debut oficial por todo lo al
to como cómico de variedades cuando una compañía de comediantes que había contratado el General Baldissera para entretener a la tropa no pudo desplazarse hasta Abisinia y entonces el general pensó en Frégoli y en su habilidad para divertir a sus compañeros, como reemplazo de estos para el show que se tenía pensado montar. La actuación de Frégoli fue tan exitosa que el General Baldissera envió al joven Frégoli al teatro de Massowah, el núcleo de diversión y espectáculo de la tropa italiana en África, con una recomendación para que se convirtiese en el actor principal y en el dueño del cotarro artístico que los italianos tenían montado en el África oriental. Eran el año 1891, y Leopoldo, que había vuelto a la vida civil, no tardó en convertirse en el coordinador del teatro y el casino de Masssowah. Antes de su regreso a Italia, Frégoli ya había consolidado su especialidad interpretativa, la de la imitación y la del cambio rápido de disfraz y por ende de personaje. Se hizo con un amplio guardarropa con todo tipo de disfraces (tendero, mujer, bandido, ricachón, diablo, señor de época, etc) que irá incrementando con el paso del tiempo, y literalmente se valía y se bastaba el solo en el escenario para realizar largas actuaciones en las cuales interpretaba pequeñas obras dando vida a diversos personajes (era capaz de representar un juicio entero con juez, abogado, acusado, etc.) monologuizaba según el personaje del que fuese vestido en ese momento, o imitaba a figuras célebres.


En 1891, Leopoldo Frégoli ya se encuentra de nuevo en Italia actuando con su por entonces inusual y sorprendente espectáculo individual en teatros de Roma, Génova y Florencia. Pronto su fama se extiende por todo el país, y todo el mundo quiere ver a ese joven que es capaz de cambiarse de traje y de apariencia en un visto y no visto, y de hacer magia, cantar con diferentes voces…el primer gran showman de la historia. En 1893, para poder llevar una serie de giras que cada vez resultaban más costosas, fundó dos compañías de apoyo, la Compagnia di Varieta Internazionale y la Compagnia fin de secolo, aunque solo habría una persona en el escenario: él. Frégoli recorre toda Italia y acrecienta su fama, ya que el espectáculo era verdaderamente único en aquel tiempo: un actor que a cada instante cambia de disfraz y de personalidad, dando las sensación a veces de que podía tratarse de más de una persona, pero por supuesto, no era así.


Leopoldo Frégoli se había convertido en una celebridad en toda Italia; era una artista que verdaderamente buscaba sorprender al público en cada momento y se esforzaba por mejorar su técnica día a día, de hecho cada año que pasaba sus espectáculos eran mejores y más completos (algo poco pensable en la mayor parte de los artistas del entretenimiento actuales). Obviamente, pronto el país de la bota se le hizo pequeño y hacia 1894 decide darse a conocer internacionalmente. Entre 1894 y 1897 visita Brasil, España, obteniendo un enorme éxito pese a convertir en esta ocasión sus espectáculos en mudos, ya que no sabía ni portugués ni castellano y por lo tanto su nuevo público no era capaz de entenderle. En 1896 debuta en el Olimpia de Nueva York y viajará a Cuba y a Portugal. En 1897 en una nueva actuación en Madrid, Frégoli conoce a Alfred Moul, gerente de uno de los principales teatros londinenses, el Alhambra Theatre. Moul ya se había hecho eco del éxito norteamericano de Frégoli, y siendo en aquel tiempo el Reino Unido la meca del mundo del espectáculo en todo el mundo (antes de que EEUU le arrebatase el título a principios del siglo XX gracias principalmente a Hollywood), era deseable que Leopoldo Frégoli hiciese su aparición en el Reino Unido cuanto antes. Alfred Moul Frégoli ofreció entonces a Frégoli y a su equipo un substancioso contrato de 350 libras semanales por actuar en el Alhambra. El artista italiano aceptó y Frégoli pasó a convertirse entonces en el actor mejor pagado del momento. Frégoli debutó en Londres en marzo de 1897, semanas antes de lo previsto, ya tuvo que sustituir prácticamente última hora al espectáculo contratado para la reinauguración del Alhambra, el estreno del ballet Victoria y la Alegre Inglaterra, el cual no pudo llevarse a cabo en la fecha prevista por cuestiones técnicas. Aunque Maul calculaba que el espectáculo de Frégoli se interrumpiría el día del estreno del ballet (que según los cálculos del empresario estaría listo en dos o tres semanas), lo cierto es que fue tal el éxito del transformista italiano que su show se representó ininterrumpidamente hasta mayo, retrasando hasta esa fecha el estreno del ballet el cual ya estaba listo meses antes. Frégoli siguió representando en Londres los meses siguientes llenando el Alhambra en cada actuación.


El éxito de Frégoli en los escenarios londinenses fue sencillamente apoteósico. Colegas de la profesión interpretativa se apresuraron a ver el espectáculo del transformista italiano y se quedaron maravillados. Frégoli tampoco hablaba inglés, pero eso no fue ningún obstáculo para su triunfo, permitiéndole incluso perfeccionar sus habilidades en mímica. No obstante, el artista pudo memorizar algunas frases in inglés para imitaciones de músicos como Wagner, Verdi o Rossini, políticos como Gladstone o Bismarck, o escritores como Victor Hugo. Hubo incluso algunos escépticos que dudaron de que Frégoli fuese realmente una sola persona e insinuaron en la existencia de varios dobles. El transformista invitó entonces a varios periodistas y a otros incrédulos a ver su increíble trabajo de cambio rápido de disfraz ente bastidores


En 1897 Frégoli decide abandonar Londres y viaja a Argentina. Posteriormente actúa en Rusia (San Petesburgo), Alemania (Berlín) y Austria (Viena. Parece ser que en 1898 volvió a Londres, aunque en el periodo 1898-1900 su actividad artística en ele escenario fue escasa o al menos poco se documenta sobre esos años. Sea como fuere, Leopoldo Frégoli se convirtió en esos años en un pionero del cine: en 1898 aterriza en Francia concretamente en Lyon, donde compra un cinematógrafo Lumière, y posiblemente realizase algunas actuaciones en algunas ciudades de Francia antes de llegar a París en 1900. La adquisición de un cinematógrafo fue fundamental para el devenir artístico del italiano, ya que a partir de ese momento realizaría filmaciones de actuaciones privadas (el Fregolígrafo, lo bautizó) en donde, como era lógico de pensar, encarnó a varios personajes muchas veces compartiendo escena gracias al incipiente trucaje cinematográfico a lo Meliés. En total se conservan doce filmes cortos (consta que filmó más) realizados entre 1898 y 1899, entre los que se encuentran Maestri di musica, Fregoli illusionista o Fregoli, danza serpentina. Estos trabajos fueron muy influyentes en el incipiente cine de trucaje y fantasía y se convirtieron en objeto de culto para el futurismo y el surrealismo de principios del siglo XX, especialmente en lo tocante al aspecto visual de estas tendencias.


En 1900, Frégoli, por entonces con 33 años y con su cinematógrafo durmiendo el sueño de los justos, debuta en los teatros Trianon y Olimpia de París, otras de las mecas del teatro europeo. Durante la década de 1900, Frégoli vuelve a establecerse en Italia y realiza continuas actuaciones en su país y en Francia, donde se había convertido en todo un ídolo. En 1910, convertido en todo un mito, realiza su última actuación parisina y durante más de diez años realizará giras en Italia y en Sudamérica. Hizo varias actuaciones benéficas para la Cruz Roja y actuó para las tropas italianas en la I Guerra Mundial. En 1925, con 58 años (algunas fuentes señalan que fue en 1922), en medio de una gira brasileña, Leopoldo Frégoli decide retirarse. El artista decide instalarse en Viareggio y ve como su legado en el transformismo sigue vivo de la mano de “discípulos” como Ugo Biondi (que llegó a conocer personalmente a Frégoli) o la norteamericana Lizzie Ramsden. La fregolimanía seguía viva de la mano del teatro futurista, el cual se inspiraba en gran parte en el trabajo de Frégoli, que en su momento supuso una total revolución. Poco antes de su muerte, escribió sus memorias y colaboró en otra biografía, publicada en Francia en 1936. Ese mismo año fallece en Viareggio. En su epitafio reza “Su última transformación”


Así trascurrió la vida de un genio irrepetible, un revolucionario del mundo del teatro y de la interpretación que es convirtió en el primer gran showman de la historia y en uno de los primeros actores europeos de masiva fama internacional. Creador del concepto moderno de la imitación, maestro de la caracterización artística, sin su figura no hubiesen sido lo que fueron ni Buster Keaton, ni Lon Chaney, ni Peter Sellers. El One Man Show tampoco hubiese existido, ni los monólogos cómicos. Un artista sin límites, un personaje sin igual que para alcanzar la inmortalidad tuvo que ser mas de una persona.

lunes, mayo 17, 2010

El aparatito de Lumiere - ROBIN HOOD


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Era de esperar que, dados los mínimos bajo los que anda la imaginación de directores y productores, en cualquier momento se recuperase la figura del mítico forajido medieval Robin de Locksey, también conocido como Robin Hood, máxime si tenemos en cuenta lo rentable que es últimamente el cine de acción y aventura. Y tampoco resulta extraño que sea un director como Ridley Scott, otrora un cineasta genial, el que trate de dar con efectividad una nueva visión en 2010 de un personaje bastante mimado por el mundo del séptimo arte y que ha legado excelentes momentos de evasión en la pantalla. El caso es que este nuevo Robin Hood dirigido por Ridley Scott, si bien no es nada del otro jueves, si que es una buena película de entretenimiento hecha con cuidado y buen hacer y sin ninguna artificiosidad comercial impostada, algo que es de agradecer. La peli propone una imagen del arquero de Sherwood algo diferente a la que se ha presentado antes en otros medios. En esta película se pretende partir de bases históricas más reales que las de otros filmes sobre Robin, y se quiere hacer además un relato sobre el origen del personaje, o para ser más preciso, como llegó a convertirse en un honrado bandido fuera de la ley, durante el reinado en Inglaterra de Juan Sin Tierra. Una historia de “el comienzo”, más que una nueva visión de los pasajes más conocidos del personaje, en donde se trata de hacer un poco de historia bastante desmañada buscando los auténticos orígenes de Robert de Locksey, aunque en realidad esta figura, surgida literariamente de poemas y trovas, sea más legendaria que real. Más o menos se ha hecho el mismo ejercicio que en Rey Arturo (2004), pero aquí el resultado ha tenido un poquitín de más fuste.


El australiano Russel Crowe interpreta a un Robin cuarentón y creíble y mucho menos fantoche y pastelón que otros ya conocidos, como el mítico encarnado por Erroyl Fynn. Aquí Hood no aparece con un gorro con una pluma y solo empuña el arco en contadas ocasiones. Lady Marian, interpretada por Cate Blanchett, tiene también sus 40 años, es decidida, independiente y de fuerte carácter y hasta empuña las armas. Ricardo Corazón de León (Danny Houston) aparece por fin como lo que fue realmente, un rey dubitativo y pendenciero aunque enérgico, muy lejos de la visión idealizada que en el se hace en otros Robin Hood. Otros personajes históricos tradicionales del universo “robiniano”, como el rey sucesor de Ricardo Juan Sin Tierra (Oscar Isaacs) hacen aquí su aparición con el mismo carácter de siempre pero atribuciones mas acordes con la historia real (aquí Juan no es un usurpador, como lo es en el imaginario sobre Robin Hood), al tiempo que nos reencontramos con conocidos personajes semificticios, como unos desdibujados compañeros de correrías de Robin (sin ningún tipo de caracterización individual, salvo Fray Tuck, interpretado por Mark Addy) y otros nuevos, como el villano traidor Sir Godfrey (Mark Strong), William Marshall (William Hurt) o Sir Walter Locksey (Max Von Sydow).


La acción se desarrolla en un episodio histórico concreto, como es la invasión francesa a Gran Bretaña tras la muerte del rey Ricardo, y en donde nuestro protagonista según la película cumple un papel principal, como mercenario ex arquero al servicio del rey en las cruzadas. Muy buenas escenas de batalla (y nada farragosas sino cristalinas y gráficas, algo que se agradece) y una excepcional fotografía para una historia que resulta un tanto plana y previsible y que en muchos aspectos parece incompleta e insuficiente (como en su aparente reivindicación de la igualdad frente al feudalismo). En no pocas veces a la película se el va la olla: música anacrónica (llega a sonar Women of Ireland, mítico tema irlandés escrito en los años 50 del siglo XX), escenas en una taberna infestada en plan ligoteo de discoteca, situaciones poco afortunadas…pero al final el sentido del espectáculo y al aventura y la coherencia narrativa terminan por imponerse en un buen filme concebido en realidad para pasar bien el rato.

domingo, mayo 16, 2010

MIS RETALES FOTOGRAFICOS (VIII)

A ras de Kasko (2006)


Escaleras (2006)


Crepuscolo Romano (2010)


El Descanso (2009)

lunes, mayo 10, 2010

El aparatito de Lumiere - HABITACIÓN EN ROMA


*** y 1/2


Vuelve Julio Medem. Había expectación por ver si su nueva película iba a relanzar su un tanto tambaleante filmografía en los últimos años, en los que pese a no dirigir ninguna película mala, sus últimos títulos por un motivo u otro, no llegaron a alcanzar las expectativas deseadas por los seguidores del singular cineasta donostiarra ni en definitiva, las de los amantes del buen cine que durante la década de los 90 disfrutaron de excelentes y alucinantes filmes situados en la frontera entre la narración y la poesía, en el límite entre lo real y lo imaginario. Pues bien, en la década de 2000, con su estrella apagada tras la aún muy digna pero irregular Lucía y el Sexo (2000), el polémico pero nececesario (aunque cinematográficamente pobre) documental La pelota vasca: la piel contre la piedra (2002), y la un tanto decepcionante Caótica Ana (2007), Medem dejó de militar en la primera división del cine europeo y en este nuevo decenio da señales de querer, si no reinventarse, si tratar de superar las ya demasiado manidas señas de identidad de su cine. El hecho de dirigir un proyecto de encargo y que además es un remake de una película preexistente, la chilena, En la Habitación, señala que Julio Medem quiere transitar, al menos momentáneamente, otras vías, pero por desgracia el resultado final que ha llegado a las pantallas, no ha conseguido recuperar al mejor Medem de antaño y cada vez tenemos que seguir conformándonos con un Medem mas light, aunque todavía con ganas de seguir sorprendiendo y talento de sobra.


Habitación en Roma, no es sin embargo ninguna mala película, es un filme muy peculiar rodado con la maestría necesaria de un director, el cual, reescribiendo el guión del filme en el que se basa (curiosamente en los créditos ni se menciona a la película original), consigue un más que digno trabajo de autor que convence y gusta pese a su un tanto estrambótica premisa argumental y estilística. El filme se localiza prácticamente en solo un escenario, la habitación de un hotel en Roma, y son solo dos las actrices que ocupan el 90% del metraje: la palentina Elena Anaya y la ucraniana afincada en Barcelona Natasha Yarovenko. Ellas interpretan respectivamente a Alba, una ingeniera española de treintaitantos años que se encuentra en la capital italiana de viaje de negocios, y a Natasha, una tenista rusa de ventitantos que esta a punto de casarse. Las dos acaban una noche en la habitación del hotel donde se aloja Alba y comienzan una intensa relación amorosa basada en el descubrimiento de ellas mismas y todas sus circunstancias que les han hecho ser las mujeres que son actualmente. El espectador es entonces testigo, casi a tiempo real, de sus conversaciones y de sus relaciones sexuales, en donde ambas intentan superar su pasado y caminar precipitada y alocadamente por un futuro nuevo que empieza a abrírse, pero ¿existe realmente ese futuro?, ¿es el pasado demasiado pesado como para cambiar realmente la vida de alguien?.


Medem consigue llevar por buen derrotero el drama intimista y consigue que la claustrofóbica habitación del hotel (al parecer se trata realmente de un decorado) no restringa la intensidad dramática del filme. Las dos actrices, que rodaron gran parte de la película en inglés, están perfectas y muy creíbles, con el plus de encontrarse casi todo el filme desnudas y tener que rodar una muy explícitas escenas sexuales lésbicas en una película que también podría calificarse de erótica. Una cuidad utilización de la música y las canciones y una escenografía perfecta realzan una película que sin embargo tiene un ritmo irregular, a veces resulta un poco resabidilla, y cae en ocasiones en la tentación de lo sentimentaloide y lo malamente poético, algo que un cineasta como Medem no se puede permitir.


Esta película podrá tener sus detractores, pero a buen seguro que pocas películas españolas en este año 2010 serán tan buenas como ella. No obstante, que un cineasta que ya no se encuentra en sus horas más brillantes siga siendo de los únicos en ofrecer en España un cine estimulante, de calidad y de vocación internacional, dice mucho de del no muy alto nivel en el que se encuentra la cinematografía española actualmente. Voyeur o no, tramposa o no, Habitación en Roma es una opción totalmente recomendable para ir al cine un día de estos.