jueves, agosto 05, 2010

RASPUTIN, EL GRAN ENIGMA


Nunca sabremos quien fue realmente Grigori Yefimovich Rasputin (1869-1916). ¿Visionario? ¿Iluminado? ¿Charlatán de feria? ¿Un hombre sobrenaturalmente mágico? ¿Conspirador? A la historia a pasado como una suerte de villano enigmático cuyos fines reales y sus motivaciones jamás se han conocido. Se le atribuye intencionadamente la caída de la dinastía Romanov (en 1917) y el fin del régimen de los zares en Rusia, en los albores de la revolución ruso que llevó a la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Su figura esta aún rodeada de leyenda y de misterio y no le faltan atribuciones prodigiosas y sobrenaturales que no hacen sino añadir un halo más inquietante a su ya de por sí extraña y desconcertante historia. Rasputin, el barbudo místico ruso, el hechicero que convirtió un importante y decisivo pasaje de la historia de principios del siglo XX en un torpe cuento de brujas, el hombre que llego a fascinar y embaucar a todo un país y tal vez a la historia: señores del jurado, ante ustedes Grigori Rasputin.




El incierto origen



Lo mas notable que ha recogido la historia sobre Rasputin y el pasaje por el que ha sido identificado este personaje a través de los años, fue su decisiva influencia y “amistad” con la zarina Alejandra, esposa del zar Nicolás II, gracias al poder sanador que este santón cristiano ortodoxo demostró al tratar con éxito las dolencias del pequeño zarevich Alexei. Pero lo que se sabe sobre Rasputin antes de su llegada a la corte de San Petesburgo es más bien incierto y a menudo la realidad se funde con la leyenda. La persistencia del debate de si Rasputin tenía realmente poderes mágicos o si era un timador que utilizaba la sugestión y métodos científicos para sus supuestas acciones prodigiosas, indica que la verdad sobre el personaje, cuanto menos, tardará tiempo en ser conocida totalmente. Se sabe que Grigori Yefimovich Rasputin nació en Siberia, en la aldea de Prokovskoya el 22 de enero de 1869 (el año exacto se ha podido conocer recientemente) pero se desconoce prácticamente todo sobre su infancia. Al parecer, sus padres eran unos humildes granjeros y tuvo dos hermanos, Dimitri y María, que fallecieron de niños trágicamente. Según se cuenta, el pequeño Grigori tenía ya poderes paranormales, como el de ver acciones pasadas y averiguar la autoría de hechos. De la adolescencia de Rasputin no se conoce mucho más, pero se cree que fue en aquella etapa en donde Rasputin tuvo su primer contacto con el mundo de la religión.



La controversia de si Rasputin fue un personaje maquiavélico que trató de vivir a cuerpo de rey en la corte de los zares gracias a sus triquiñuelas y su poder de engatusamiento sobre el pueblo ruso o si fue un loco, un hombre trastornado que se creía ser realmente un santo en vida, podría hallar respuesta si se conociese a fondo su adolescencia o juventud, pero desgraciadamente, ya hemos visto que esto no es así. Lo que es evidente es que Grigori Rasputin no fue nunca trigo limpio, tal y como demuestra el hecho probado de su disoluta vida en la capital rusa. Parece ser que en su adolescencia se dedicó al hurto y que en penitencia por ello pasó tres meses recluido en el monasterio de Verkhoturia, hacia 1887. El aseguró haber tenido una visión de la Virgen María tras en su vuelta al hogar tras abandonar el monasterio, lo que le llevó (junto con su experiencia ascética monacal) a la determinación de convertirse en una especie de místico errante. Contra lo que se creyó en su momento, Rasputin jamás fue monje, sino que fue “a su bola” en cuanto al ascetismo se refiere, si bien sus contemporáneos una vez que se convirtiera en figura pública afirmaban que pertenecía a la secta conocida como los flagelantes (los khlysty), los cuales se dedicaban a alcanzar el éxtasis místico por medio de violentas penitencias y del sexo. No se ha podido comprobar si esto era cierto




Lo que si se sabe es que Rasputin tuvo un maestro. Hacia 1889 conoció a un santón ortodoxo eremita llamado Makariy. Se cree que Rasputin tomó su sabiduría y personalidad de este no menos oscuro personaje. En 1889, con 20 años, se casó con Praskovia Fyodorovna Dubrovina, con la que tuvo tres hijos. Nada se sabe de su vida de 1880 a 1901, año en el que abandona a su familia y se dedica al peregrinaje, viajando Jerusalén. En 1903 llega a San Petesburgo, por entonces la capital del convulso y decadente Imperio Ruso, gobernado por el zar Nicolás II. Por entonces, la gran Rusia era un país con grandes desigualdades económicas y cuya población estaba enormemente descontenta con un anacrónico régimen feudal y la férrea y despótica política del zar Nicolás II. Los starets o guías espirituales cristianos ortodoxos pululaban por muchas ciudades y pueblos con sus discursos y enseñanzas religiosas. Rasputin, en San Petesburgo, se convirtió en un starets más alcanzando cierta fama y reputación.




Un mago en la corte del zar



La familia real rusa en aquellos comienzos del siglo XX tenía grandes problemas y preocupaciones: a parte del gran descontento y odio de la población hacia ellos, la grave enfermedad del zarevich Alexei sumió tanta a Nicolás como a su esposa la zarina Alejandra en la más grande desesperación. El pequeño Alexei nació en 1904 y al poco tiempo se le diagnosticó hemofilia, enfermedad que había heredado de sus antepasados de la familia real británica, aunque dicha enfermedad no se hizo pública. Los médicos aseguraron a la familia real que no había ninguna cura ni posibilidad de supervivencia para el bebé, pero la zarina, que había oído hablar de Rasputin y de sus supuestos poderes sanadores, y en 1905 requirió de sus servicios. El cometido de Rasputin con el niño era el de hacerle sanar utilizando los métodos que le habían hecho famoso, que no eran otra cosa que la oración. Las oraciones ante la cuna del niño por parte del místico parecían surtir efecto ante el asombro de todos: el zarevich estaba sanando. Durante ese año, el niño recobró salud y las visitas de Rasputin al palacio fueron haciéndose cada vez más frecuentes; cada vez que Alexei tenía alguna recaída o sufría alguna herida, la zarina llamaba a Rasputin, quien con su poder sanador mediante la palabra parecía estar curando al niño. Las atenciones del santón hacia Alexei se prolongaron hasta 1912, cuando el pequeño contaba con 8 años.



Durante aquellos años como curandero oficial de la familia del zar, la fama de Rasputin aumentó considerablemente no solo en Rusia, sino en todo el mundo. Nadie sabía a ciencia cierta que era lo que hacía y si tenía realmente poderes, por lo que su imagen comenzaba a ser temida y a provocar cierta inquietud. Sus buenas relaciones con la odiada familia del zar tampoco ayudaron a que Rasputin gozara de las simpatías del pueblo e incluso de cierta clase política. Su desconocido pasado alimentó varias teorías y rumores, siendo la acusación más clara la que le relacionaba con la secta de los flagelantes. El zar, ante el peligro de escándalo público, ordenó investigar sobre el pasado de Rasputin hacia 1909, pero no se consiguió ninguna prueba que bajo el punto de vista del zar fuese razonable para apartar a Rasputin de la familia real. El supuesto místico se había convertido en un amigo personal del zar y la zarina, quienes lo consideraban un hombre santo y un profeta y le habilitaron una estancia en el palacio de San Petesburgo.




El hombre y la oscuridad



La naturaleza de los métodos empleados por Rasputin para aliviar el sufrimiento del zarevich Alexei fue durante mucho tiempo (en su vida y después de su muerte) objeto de debate. Es muy posible que emplease la hipnosis para aliviar la sintomatología de la hemofilia, y es sabido que aconsejó a su familia que los médicos le tratasen lo menos posible para que sus males transcurran naturalmente. También se ha sugerido que podía haber empleado secretamente medicamentos, como la aspirina (inventada en 1899) o incluso había podido utilizar sanguijuelas. Al fin de cuentas, Rasputin puede que no fuese tan “milagroso” como el pretendía aparecer y como la familia real rusa creía. La zarina, quien el tenía en gran estima, fue su protectora en todo momento, incluso cuando la reputación de Rasputin comenzó a oscurecerse por turbios episodios. Rasputin no era pese a todo ningún asceta sexual, y su vida ajetreada erótica pronto empezó a ser conocida por toda Rusia. Rasputin llegó a tener un hijo ilegítimo y también se le acusó de violar a una monja. Pero la principal preocupación de la clase política (y de la iglesia ortodoxa rusa) era la influencia que estaba teniendo sobre la familia real, quien muchas veces parecía actuar bajo los consejos del místico. Casi, se había convertido en una especie de mago Merlín para Nicolás y Alejandra. Pese a que la iglesia ortodoxa había condenado la disoluta vida sexual de Rasputin, esto no cambió su posición en la corte del zar. No obstante, la clase política y la prensa comenzaron a tomar cartas en el asunto y mandaron a espías a las inmediaciones del palacio para seguir los movimientos del personaje. Todos los intentos en aquel tiempo de apartar a Rasputin de la corte del zar por parte de políticos, prensa, iglesia e incluso algunos nobles, fueron infructuosos.




La disoluta vida de Rasputin (sexo y alcohol, principalmente) era fruto de su peculiar concepción de la religión y el pecado, ya que para él el pecado y el arrepentimiento eran interdependientes y se necesitaba del primero para llegar a la salvación. En los años de la Gran Guerra (de 1914 hasta su muerte en 1916) la vida crapulenta de Rasputin se disparó: relaciones masivas con damas de la alta sociedad de quienes se había erigido en su guía espiritual, aceptación de sobornos, alcoholismo, “sanciones” previo pago. Tal vez, Rasputin llegó a creerse su doctrina de alcanzar la Gracia por medio del pecado carnal, pero se lo llegase a creer o no, lo cierto es que le sacó bastante partido a su goce personal. Rasputin no hizo anda por ocultare esa mala fama, y por si fuera poco su oposición a la I Guerra Mundial le trajo bastantes más enemistades dentro de Rusia hasta llegarle a acusar de antipatriota. Lógicamente, su amistad con la familia real, totalmente desacreditada en los años previos a la Revolución Rusa, no era la mejor tarjeta de presentación y Rasputin se convierte en un enemigo público. Pero el gran “error” de Rasputin fue de órdago: en 1914 aseguró tener una visión en la que previó el fracaso del ejército ruso en la guerra, a no ser que el Gran Duque Nicolás, comandante en jefe de las tropas, primo del zar y enemigo declarado de Rasputin, cediese su puesto al propio Zar Nicolás. Así se hizo por voluntad del monarca, y en buena hora…Durante la ausencia del zar, Rasputin aumentó su influencia sobre la zarina y se convirtió en el hombre fuerte de la política rusa pese a su total falta de popularidad. Comienza a tomar decisiones políticas, a nombrar cargos y a traficar con influencias. El país, se había empobrecido a marchas forzadas a causa de la guerra, y la población, que desde hacía años estaba harta del sistema feudal ruso, comienza a hartarse de la familia real y también pide aunque sin éxito, la cabeza de Rasputin.



El 19 de noviembre de 1916, un discurso del parlamentario Vladimir Purishkevich en la Duma denunció que la zarina y Rasputin eran causantes de los males del momento en Rusia y que los ministros no eran sino burdas marionetas en manos de la monarca regente y su consejero. Poco después Purishkevich y el noble Felix Yusupov acordaron llevar a cabo un plan maestro que podía salvar a Rusia: Rasputin debía morir.




Hay que matar a Rasputin



De acuerdo con algunos historiadores, Rasputin habría sufrido desde 1914 algunos intentos de asesinato. De acuerdo con Greg King (1996) Rasputin, que pese a haber abandonado a su mujer e hijos años atrás les iba a visitar a Siberia cada cierto tiempo, sufrió en una de esas visitas un intento de asesinato con arma blanca por parte de una antigua prostituta con al que el santón al parecer mantuvo relaciones años atrás y a la que este había traicionado o perjudicado. Al parecer, la mujer actuó instigada por el monje Iliodor, un antiguo amigo de Rasputin que en ese momento se había convertido en acérrimo enemigo. En lo que respecta a los detalles del asesinato de Rasputin, todo lo que se conoce posiblemente es en su mayor parte inventado. Aquí hallamos detalles prácticamente de cuento fantástico que de alguna manera entroncan con el carácter casi legendario, tenebroso y pseudo sobrenatural de la figura de Rasputin. Se sabe que los cerebros del asesinato fueron los citados Purishkevich y Yusupov, quienes contaron con la colaboración del Gran Duque Dimitri Paulovich y la familia de Yusupov, en especial su esposa la Princesa Irina. Estos engañaron a Rasputin para que el 16 de diciembre de 1916 este se personase en la residencia de Yusupov, el palacio Moika, para atender a la princesa Irina y a unas amigas suyas. Una vez allí aquel día por la noche, le hicieron pasar al comedor donde se suponía que tenía que esperar hasta la llegada de las damas. Allí, los conspiradores le ofrecieron comida envenenada con cianuro que para sorpresa de los Yusupov y sus compinches, no le afectó lo más mínimo. No se sabe muy bien si el vino y los pasteles que Rasputin ingirió estaban realmente envenenados o si esto fue una invención fantasiosa de sus asesinos para mostrar que estaban tratando de matar a un hombre con poderes prodigiosos. Puede que incluso Rasputin fuese inmune al veneno a causa de una extraña dolencia. Preocupado ante el hecho de que Rasputin pudiese tener en el mejor de los casos algún efecto retardado con el veneno, Yusupov decidió que la mejor manera de acabar entonces con el santón era con un disparo, y así lo hizo valiéndose de un revolver. El cuerpo de Rasputin calló de un disparo por la espalda, pero según sus ejecutores, no murió en el acto.





Según se cuenta, Yusupov, Purishkevich y Paulovich abandonaron el palacio una vez el primero hubiese disparado a Rasputin, pero el noble tuvo que regresar para recoger su abrigo olvidado. Una vez allí, Yusupov fue a comprobar el cadáver de Rasputin, y este se abrió los ojos, trató de levantarse y debilmente exclamó mientras señalaba a su asesino: “Tu, ¡chico malo!”. Los otros dos conspiradores entraron entonces y dispararon sobre el monje, quien cayó de nuevo, aparentemente muerto. Se dice incluso que cuando los tres fueron a arrojar el cadáver de Rasputin al río Neva, se dieron cuenta que aún respiraba, por lo que decidieron estrangularle dándole así ¿muerte definitiva?: incluso cuando fue arrojado al helado río, Rasputin pudo al parecer librarse de las ataduras que sus asesinos le habían puesto una vez disparado por segunda vez, antes de hundirse en las aguas y desaparecer. Tres días después se encontró su cadáver y la autopsia (perdida desde la época de Stalin con la URSS ya fundada) reveló que había ingerido el veneno suficiente para encontrar la muerte… pero el agua que había en sus pulmones revelaba también que estaba vivo cuando fue arrojado al río. Realmente increíble. No obstante, doctores que tomaron parte en la autopsia llegaron a asegurar que no existió nunca cianuro en el cadáver de Rasputin.



Pero aquí no terminan los hechos extraordinarios: su cadáver, enterrado en el jardín del palacio imperial en San Petesburgo, fue profanado por un grupo de trabajadores en la Revolución de Febrero quienes decidieron quemarlo, comprobando para su horror que el cadáver en llamas se movía. Hoy se cree que esto pudo ser debido a que los tendones de Rasputin no fueron cortados antes de la cremación y esto permitió que su cuerpo se moviese y se doblase. También hay que tener en cuenta que los detalles sobre el asesinato de rasputin, aportados casi todos por Felix Yusupov, fueron cambiando y contradiciéndose año tras año hasta la muerte de este en 1967. Tampoco existe acuerdo en el número de disparos y golpes en su cadáver en diferentes crónicas históricas que supuestamente hacen referencia a la autopsia perdida, como tampoco el tipo de balas o armas de fuego que se empelaron para matar a Rasputin. Debido al supuesto uso de un revolver Webley, empleado en aquel tiempo por el ejercito británico, se ha alimentado en los últimos años la teoría de que Rasputin no fue asesinado por rusos, sino por el Servicio de Inteligencia Británico con fines estratégico-militares durante la Gran Guerra. Se sabe con certeza que en aquel momento hubo dos agentes del gobierno británico en San Petesburgo, quienes tenían además relaciones con la familia Yusupov. Pese a todo, la intervención británica en la muerte de Rasputin sigue siendo una poco probada conjetura.






Esta es la historia de Rasputin. ¿Un farsante? ¿Un loco? ¿Un hombre que actuó solo para su provecho. Su influencia sobre el zar y la zarina fue pésima para su país, ya que propició el descrédito total de los zares que culminaría con la ejecución de toda la familia Romanov en 1918 tras el triunfo de la Revolución Rusa en 1917. Su nefasta e innecesaria intervención llevó a Rusia al remate del callejón sin salida donde se había metido. Fue odiado por casi todos en la Madre Rusia, pero Nicolás y Alejandra impidieron su caída. Su hija, Maria Rasputina (1898-1977), quien consiguió nacionalidad norteamericana, retrató a su padre en la biografía escrita por ella como un autentico santo. No lo fue, pero tal vez tampoco fue el villano pérfido que la historia nos ha dejado, si no un lunático cuyas bizarras convicciones combinadas con la ineptitud de al familia real rusas tuvieron consecuencias funestas. La extraña leyenda sobre su muerte y lo desconocido de su origen y de la formación de su pensamiento, añaden un extraño atractivo sobre la figura de Grigori Rasputin. Uno de los personajes mas enigmáticos de la historia.

lunes, agosto 02, 2010

El aparatito de Lumiere - TOY STORY 3


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Una delicia. Pocas veces una saga cinematográfica tiene en su capítulo final el mejor de sus filmes, y esto es lo que ocurre en Toy Story, la franquicia de animación parida a mediados de los 90 gracias al proverbial encuentro entre la Pixar de John Lasseter y la Disney. Una coda mucho más que digna para una trilogía que ya ha hecho historia en el campo de la animación. A estas alturas, sobra decir que el primer Toy Story (1995) marcó un antes y un después al ser el primer largometraje de animación íntegramente por ordenador y que marcó la pauta del cine de cartoons que actualmente pulula por nuestras pantallas, mientras que Toy Story 2 (1999) continuó dignamente este clásico de los 90. Ahora, mas de 10 años después y con el cine de animación por ordenador en unas cotas técnicas estratosféricas, la empresa del ratoncillo ha tenido la feliz (y acertada) idea de resucitar al vaquero Woody, Buzz Lightyear, Mr. Potato, Rex y el resto de juguetes del pequeño Andy, en una nueva y tardía tercera entrega concebida en 3D: una excelente manera de conmemorar los 15 años de vida del largometraje de dibujos animados por ordenador. Pero esta entrega, dirigida por Lee Unkrich, no es ningún homenaje autocomplaciente ni destinado a los niños que crecieron con la saga (ahora jóvenes o adolescentes), sino una película con personalidad propia que entusiasmará al público de todas las edades y que de momento es uno de los mejores filmes del año 2010.


Es evidente que en un campo como el cine infografico, las películas serán mejores técnicamente conforme avanzan los años, y esto se aprecia claramente en Toy Story 3: una total sensación de realismo entonos y cada uno de sus fotogramas y en un montaje verdaderamente trabajado y perfeccionista. En ese sentido, la película sigue la estela de Wall E (2008), la última obra maestra de Pixar, que ya nos dejó a todos con la boca abierta. Ahora, la sensación de que se ha llegado al infinito y más allá en realidad no viene tanto de su (indudable) espectacularidad técnica ni del más que acertado uso de la imagen tridimensional, sino de la emoción que desprende una historia verdaderamente encantadora, humana, hecha con inteligencia y apta para todas las edades. Toy Story 3 es la historia de cómo una serie de personajes se enfrentan a su incierto destino tras vislumbrar el ocaso de sus días de gloria: no hay peor cosa que ser un juguete en desuso al que nadie hace ya caso. Woody, Buzz y compañía se enfrentan ahora a una nueva situación, con un Andy a punto de ser universitario y que ya hace tiempo dejó de jugar con ellos. Resignados a ser guardados en el desván, por error llegarán a una guardería en concepto de juguetes donados, pero lo que al principio parecía un paraíso, finalmente se revelará como todo lo contrario ¿debieron de quedarse con Andy, aunque solo fuese para estar guardados en un arcón para siempre? Un guión rico y sublime convierte la historia en una pura delicia, con estructura de parodia de cine de género (acción, aventuras, cine negro) y muchos homenajes a tópicos y lugares comunes del séptimo arte que sin duda harán las delicias de los cinéfilos adultos. Los nuevos personajes en esta entrega son todo un hallazgo: Lotso, un oso de peluche que ha conformado una especie de siniestra mafia juguetil en la guardería, un muñeco bebé que se comporta como un matón mamporrero, Ken el novio de Barbie enormemente panoli, y un oscuro y atribulado payaso de juguete son algunos de los nuevos e impagables fichajes en un filme que exhibe un disfrutable sentido del humor para todos los públicos.


Solos, en familia, con o sin niños, con amigos, esta película es perfecta para pasar una buena tarde de verano y salir del cine con una sonrisa de oreja a oreja y también con cosas que pensar de camino a casa, y también por que no, con alguna que otra lagrimita a punto de salir: el encanto de esta película es mayúsculo.



miércoles, julio 28, 2010

PROXIMA SERIE: TITULOS IMPRESCINDIBLES PARA UNA DISCOTECA QUE TE CAGAS

Hace unos pocos meses rayosc publico en un post su lista de discos favoritos. Pues bien, Rayos C en la Oscuridad anuncia que en breve comenzara una nueva seccion-serial con las criticas y la ficha tecnica de todos aquellos LPs (salvo los recopilatorios, es decir, los de estudio y los LP en vivo). No se aun como va a ser su periodicidad y su frecuencia, pero sera un fantastico viaje por los a mi juicio mejores discos del rock, el pop, y la musica popular. Rayosc os espera aqui mismo

lunes, julio 19, 2010

El aparatito de Lumiere - GAINSBOURG, VIDA DE UN HÉROE (GAINSBOROUGH (VIE HÉROÏQUE) )


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Esta película es un ejemplo de lo gratificante que resulta que las biografías cinematográficas que últimamente están llegando a las pantallas no se conformen con ser simples crónicas de la vida del personaje en cuestión y sean en muchos casos ejercicios de estilo y narrativos tan brillantes y originales como este. Muchos cineastas, como en este caso el director y dibujante de cómics francés Joann Sfar, están tomado nota de lo enormemente rico que resulta dar un enfoque entre irónico, poético, simbólico y a veces caricaturesco del personaje biografiado, y si el sujeto en cuestión es un personaje tan significativo, complejo y apasionante como Serge Gainsbourg (1928-1991), músico, compositor, cantante, pintor, director de cine y actor francés, entonces el resultado puede ser un filme sencillamente deslumbrante, como lo es Gainsbourg, vida de un héroe.


La figura y la vida de Gainsbourg la verdad es que son demasiado complejas para poder hacer un largometraje en donde se recojan la mayor parte de sus momentos significativos, por lo que este filme ha optado por un recorrido si bien lineal y meticuloso, muy rápido, condensado y en cierto modo inteligentemente tramposo. No solo se utiliza un buen número de artificios y momentos claramente dramatizados de manera impostada, sino que se recurre a la caricatura, la sátira y la complicidad con el espectador, con el fin de configurar un fresco bastante surrealista y bizarro que triunfa cuando trata de mostrar el peculiar universo de Gainsbourg y todo lo que le rodeaba (las personas con quien trató, su carrera, su peculiar filosofía sobre el amor y el sexo y sobre todo, la creación de su propia persona/personaje). Serge Gainsbourg, rebelde sin causa, genio y figura, fue (y sigue siendo) un personaje clave en la historia de la cultura francesa: de origen judío, vivió una infancia mercada por la ocupación nazi en Francia y por los deseos de agradar a su familia al convertirse en artista. Un niño precoz que en un entorno caótico devino en un artista bohemio (pianista de bar, pintor de poca monta y compositor de canciones de cabaret) pero que con el paso del tiempos en convertirá en el compositor de “música ligera” mas reputado en lengua francesa, evolucionando desde la chanson y el jazz en los 50 hasta el pop ye-ye y el rock psicodélico en los 60, para en las décadas de los 70 y 80 cultivar cosas tan variadas como el hard rock, el rock progresivo, el reagge, o el tecno pop. En el camino, multitud de mujeres (las más bellas y casi siempre mucho más jóvenes que él), problemas de salud ocasionados por su excesivo consumo de alcohol y tabaco, mucha pasta ganada, muchos escándalos sociales, políticos y sexuales, y una incapacidad manifiesta para llevar las riendas de su vida personal y de su desordenado, dejado y rebelde carácter. Todo ello aparece muy bien reflejado en esta película, con un Eric Elmosino sencillamente enorme en el papel del músico, con el que guarda un extraordinario parecido.


Escorada irremediablemente a lo simbólico, la película resulta toda una delicia desde el momento en que se nos deja claro que no hay género donde clasificarla y que está en el espectador el degustarla, interpretarla y “recomponerla” a su antojo. El drama, la comedia, el surrealismo, el romance, y por supuesto, el musical (se oye casi una veintena de temas del compositor, total o parcialmente) se dan cita en lo que es en realidad un filme coral presidido por la dual figura del Gainsbourg dubitativo y débil y su otro yo, su conciencia maligna representada por un grotesco muñecote caricaturesco, interpretado por el especialista en caracterizaciones aparatosas Doug Jones (Hellboy, El Laberinto del Fauno). Por la película desfilan los personajes de Juliette Greco (Anna Mouglaglis), France Gall, una de las célebres lolitas cantarinas de Gainsbourg (Sara Foriester), el escritor y músico Boris Vian (Philippe Katerine), su gran amor Jane Birkin (Lucy Gordon, que se suicidó antes del estreno y a ella va dedicada la película) y la mismísima Brigitte Bardot, encarnada con credibilidad y sentido del humor por otro icono erótico francés, Laetitia Casta. Otros puntos fuertes: una lograda ambientación en diferentes épocas (de 1940 hasta finales de los 80), un persistente clima de cuento o de cómic conseguido por su estética manierista e irreal y un atmósfera en ocasiones tan sensual como lo fue gran parte de su música. Hay grandes momentos como la polémica presentación de la versión reagge de La Marsellesa o el proceso de creación de su canción más célebre J´te aime…moi non plus, que como era de esperar tiene su momento crucial en la película. Un trabajo excelente que por desgracia corre el peligro de pasar fugazmente por nuestras pantallas.


domingo, julio 18, 2010

EL CORMORÁN


Un nuevo relato de ficción.



Fue en un día de mayo -un sábado por la mañana- cuando lo encontré. Yo estaba practicando footing por el paseo cerca de la playa en aquel momento desierta y decidí adentrarme en ella con la idea de llegar corriendo hasta la orilla del mar y acto seguido inaugurar un pequeño descanso. Le avisté unos seis metros a mi izquierda, casi varado en la orilla, tratando en vano de levantarse y con su ala derecha prácticamente tumbada contacto con la arena. Al principio, no supe exactamente lo que era, un animal, eso estaba claro, pero hasta que no me fijé mejor no me di cuenta que se trataba de un pájaro. Su color oscuro delataba que no se trataba de una gaviota y a medida que me acercaba al ave supuestamente herida fui apreciando su gran tamaño, su fuerte color verdoso y el hecho de que tenía su ala derecha inutilizada. Se trataba de un cormorán moñudo.


Al llegar a el me di cuenta de que su ala estaba mas grave de lo que me había parecido al principio. El ave retrocedía cuando trataba de acercarme a ella para comprobar en que estado se encontraba. Pude ver que su ala estaba casi rota, pero no parecía tener ningún otro problema de gravedad más que un enorme cansancio y la pérdida de alguna pluma. El cormorán habría hecho un aterrizaje forzoso haría relativamente poco tiempo, tal vez no más veinte minutos. Yo no sabía como se había hecho la herida y tampoco sabía que hacer con el enorme pajarraco marino en cuestión. Estaba claro que lo tenía que ver un veterinario. Mi casa no estaba cerca de la playa precisamente y tampoco tenía cerca el coche, por lo que llamé por el teléfono móvil a un amigo para cargar con el pájaro y llevarlo a mi casa, el primer lugar que se me pasó por la cabeza en donde el cormorán podría estar seguro y a salvo antes de que recibiera la adecuada atención. Aquel pájaro desprendía una mezcla de respeto y de compasión, respeto por su imponente aspecto (mediría unos 70 centímetros) y su bella estampa realzada por esas enormes alas que abiertas parecían las de un ave fénix, y compasión por el estado de indefensión en el cual se encontraba. Un ave que no puede volar ya no es más un ave, su existencia en ese estado no tiene razón alguna.


Mi amigo no entendió por que quise llevarme el cormorán a mi casa en lugar de llamar a las autoridades pertinentes dedicadas a la conservación de la avifauna. Yo quise tener durante al menos un día a aquel cormorán moñudo. Le dispuse una enorme palangana en donde pasaría el principio de su convalecencia. Había que alimentarle, y dado que la dieta de los cormoranes se constituye de peces, me ví en la obligación de proveerle de pedazos de pescado. Durante aquel sábado, me dediqué a observar al majestuoso pájaro marino, preguntándome si algún día volvería a volar. Yo mismo me respondía a esa pregunta: por supuesto que sí. Aquel día, gris, nublado y que al final de la jornada terminó con lloviznas, me lo pasé leyendo, viendo a ratos la tele y vigilando a mi nuevo inquilino de vez en cuando. Les llamé a mis amigos diciéndoles que no iba a salir y sin necesidad de decirles ninguna mentira, pues para mi era un honor tener a aquella criatura a mi cuidado. Yo ya llevaba tiempo viviendo solo, en aquel pequeño piso que mi sudor me costó encontrarlo. No había ninguna mujer en mi vida, y me preguntaba si tras una larga ristra de fracasos amorosos en el futuro la habría. Con treintaitantos años, con mis amigos con su vida hecha y mi familia viviendo en otra ciudad, mi situación, en realidad, rozaba más la soledad que otra cosa, pero eso es algo que casi nadie en una situación parecida quiere llegar a admitir.


Al día siguiente, por la mañana, me dediqué a anotar en un pequeño cuaderno todo lo que hacía el cormorán. Siempre me gustaron los animales y siempre soñé con estudiarlos a mi manera. En realidad, aquel pájaro no podía hacer mucho mas que comer, moverse, tratar de desplegar sus alas de vez en cuando (incluida su ala maltrecha) y observarme a mí, o al menos a mi eso me parecía. Por la tarde, el amigo que me ayudó a llevar al cormorán a casa me llamó: se había tomado la molestia de llamar a un veterinario, cosa que yo no había hecho. Vendría el lunes por la tarde.


Yo no había dicho nada a mis vecinos, pero estaba claro que se iban a enterar de un momento a otro. Aquel día por la noche dormí intranquilo, mi conciencia me reprochaba el no haber avisado a nadie del hallazgo de un cormorán herido en la costa. Es raro encontrar este tipo de aves en las inmediaciones de la línea costera, salvo que, como mi cormorán, se encuentren heridas. También me puse a pensar aquella noche que ocurriría si no pudiese volar nunca más; su futuro estaría entonces en un centro de recuperación de aves o de animales heridos, en calidad de inquilino a perpetuidad. Pero, no, no debía pensar en eso. El lunes por la mañana me fui a trabajar tranquilo, había rescatado del desordenado trastero una gran jaula que en su día fue propiedad de mis tíos y que albergó a un nutrido y numeroso grupo de aves cantoras. Allí metí al cormorán, a sabiendas no obstante de que no era el mejor sitio para él ya que le quedaba pelín angosta su pequeña prisión provisional. Tenía miedo de que se hiriese al tratar de levantarse y sobre todo al extender las alas, ya que la jaula no era lo suficientemente grande- y mira que lo era como para albergar el más de un metro de envergadura de sus verde alas. Cuando volví del tajo por la tarde observé tranquilo que mi amiguito se encontraba perfectamente. A las seis de la tarde esperaba la visita del veterinario.



No habían pasado más de diez minutos de la hora 18 cuando el timbre sonó. Ante mi puerta llegó la veterinaria, una joven más o menos de mi edad, unos dos o tres años más joven. Su pelo era moreno y corto, tenía unos ojos grandes y de color marrón muy claro e iba vestida con pantalón y blusa azules. Lo que más me llamó la atención era su sonrisa enorme cuando abrí la puerta, una sonrisa un tanto tímida, nerviosa y formal pero muy agradable. Su rostro me era algo familiar, pero pensé que simplemente se pareciese a alguien que yo conocía. Cuando entro en casa no pude hacer otra cosa que seguirla con la mirada, mientras la acompañaba a la cocina, donde se encontraba el cormorán enjaulado. Cuando llegó ante él, su semblante pareció iluminarse, para ella resultaba enormemente emotivo encontrarse con un ave marina de este tipo tan cerca:

- Vaya, que ejemplar…y dices que lo encontraste en la playa. ¿Cómo es que no avisaste antes?

- No pensé que estuviste grave. De hecho pensé que lo podía curar yo.


La veterinaria cambió de expresión y se puso relativamente seria. En realidad no le dije ninguna mentira, ya que había tratado de ponerle mercromina en el ala puesto que tenía algunas zonas con lo que a mi me parecía que eran heridas. Ella me miró con una mezcla de enfado e incredulidad y me pidió que le ayudase a sacar el cormorán de la jaula. Mientras lo estuvo examinando, vi que aquella simpatía que me mostró fugazmente -y muy posiblemente solo por cortesía- al abrirle la puerta, se desvanecía. Me empezó a parecer una mujer un tanto fría, borde y demasiado preocupada y estresada por sus circunstancias como para mostrar cierto atisbo de amabilidad conmigo. Pronto me di cuanta de las absurdas ilusiones que me había hecho en tan solo unos segundos.


- Me voy a tener que llevar a este cormorán a mi centro veterinario- dijo la veterinaria- Tiene el ala rota, probablemente por la acción de las redes de algún barco pesquero, mientras estaba nadando.

- ¿Crees que volverá a volar?

- Esperemos que sí- suspiró ella con preocupación

Miré a cormorán con tristeza. La veterinaria me explicó que el cartílago del ala debía soldarse colocándole un apósito. No obstante, ella temía que estos dos días de atenciones de un aficionado se le hubiese empeorado el ala. En cuanto dijo esto el cormorán alzó su enorme cuello y, en la mesa de la cocina, mostró con el ala izquierda abierta, erguido, toda su majestuosidad. Los dos le miramos silenciosos y emocionados. Yo sentía envidia de aquel animal y de su facultad de volar, pero también tenía miedo que por mi culpa ya no pudiese hacer tal cosa. Eso era casi como haberlo condenado a al muerte.

- Tu no te preocupes - dijo ella- en unos quince días estará como nuevo- y dicho esto volvió a mostrarme aquella enorme sonrisa del principio.


Bajamos al pájaro a al furgoneta de al clínica veterinaria que nos estaba esperando, con un compañero de la chica al volante. Allí el cormorán fue introducido en otra jaula.

- Muchas gracias, ya siento no haber avisado antes…tienes mi teléfono, mantenme informado. Por cierto, ¿tu Nombre?

- Laura, ¡pero si te lo he dicho antes!- y rió.

Nos despedimos. El cormorán partía hacia su salvación.



Yo sabía que el cormorán estaba en buenas manos y por ello intenté no preocuparme durante varios días. A los dos días Laura me llamó y me dijo que ya le había colocado el apósito, pero que era posible que el pájaro hubiese quedado tocado, aunque no era culpa mía, ya que la rotura en sí era bastante aparatosa. Le pedía si podía ir a la clínica veterinaria a verle y ella me dijo que eso lo veía difícil, pero que haríamos una cosa: podía verlo cuando al día siguiente con al consulta ya cerrada. Ella me dijo que eso no era algo que estuviese bien, pero que conmigo- y sin que se enterase ninguno de sus compañeros- iba a hacer una excepción. Al día siguiente, me presenté a la consulta al atardecer. Laura me recibió entre alegre y cómplice y me llevó a la jaula del ave. El cormorán parecía que tenía el ala levemente inmóvil, como escayolada.

- No se si podrá a volver a volar bien - dijo Laura- estas roturas son difíciles. Suerte que lo encontraste.

- Bueno, si no hubiese sido yo otra persona lo hubiese encontrado, aunque a decir verdad en un día nublado y casi en el extremo de la playa…

Volvimos a quedarnos mirando al cormorán moñudo. No había mucho más que hacer en aquel momento ni de que decir sobre el destino del pájaro. Entonces se me ocurrió invitar a Laura a tomar algo.


Laura me contó que estaba separada desde hacia un año. Su matrimonio solo duró año y medio. No tenía críos y tenía escasas amistades, pero su trabajo le apasionaba y ocupaba gran parte de su tiempo. Siempre el gustaron los animales y siempre soñó con curarlos, salvarlos, de volverles a la vida si era preciso. Jamás había tratado a un ave salvaje marina, por lo que ese caso era especial para ella, además de por el hecho de que su padre era un reputado biólogo y profesor universitario especializado en fauna marina que le transmitió apasionadamente su amor por el mar y sus criaturas. Ella siempre soñó en vivir en una localidad costera, y de hecho su año de matrimonio lo pasó en mi mismo pueblo: su marido y ella se hicieron con un chalet cerca de la costa con vistas al mar. Entonces fue cuando supe que casi con toda seguridad ya había visto a Laura algún día por la calle, en algún bar, en el parque, paseando. Noté tristeza cuando me contaba lo sola que se sentía a veces. No pude soportar la visión de sus bellos ojos llenándose de unas lágrimas que ella trataba de contener con todas sus fuerzas, y entonces decidía cambiar de conversación.

- Tenemos que salvar al cormorán – dije.

Laura, tras permanecer en silencio unos instantes, comenzó a mostrar una extraña inquietud.

- No se por que te he contado esto. Me gusta rumiarme mis cosas yo sola. Te tengo que dejar…y será mejor que solo nos vemos solo para lo que tenga que ver con el pájaro, ¿de acuerdo?

Yo me quedé inmóvil y confuso. Habíamos pasado cerca de hora y media muy agradable en al terraza de un bar viendo anochecer, lanzándonos miradas luminosas, regalándonos sonrisas y contándonos cosas de esas de las que esperas no arrepentirte nunca de haberlas dicho. Había sido una tarde genial, muy agradable, que ahora se truncaba inesperadamente de cuajo. No tuve más remedio que acceder a su petición, y los dos nos despedimos.


Pasé una semana muy inquieta. No podía dejar de pensar en Laura y en su expresión de tristeza en los últimos minutos en que estuvimos juntos. Tardé tres días en volver a hablar con ella, por teléfono, y me comunicó que el cormorán progresaba adecuadamente y que creía que en cuatro o cinco días estaría listo para volver a volar, aunque temía que ya no pudiese recuperar su vuelo normal. Esto me lo dijo en un tono entre triste y temeroso; no parecía que tuviese ninguna acritud conmigo, pero no mostraba tener excesivas ganas de hablar. Me había dado cuenta que había perdido el tiempo pensando en una mujer que no quería nada conmigo, y entonces decidí no volver a pensar en ella. Fue así cuando me empecé a preocupar más por el cormorán, y me dediqué a buscar y leer información sobre estas aves en libros, en internet. Me sentía con la responsabilidad de ayudarle, y me di cuenta tal vez hubiese debido llevarle a un veterinario antes. Habían pasado ya cinco días desde mi último encuentro con Laura cuando una tarde, al volver a sentirme solo, me volví a acordar en ella.


Estaba claro que Laura era como yo, un ser al que las cosas no le habían ido demasiado bien. Fui recordando las cosas que me había contado aquella tarde-noche, lo de la casa que compró junto con su ahora ex marido aquí en el pueblo, casa que no fui capaz de hallar su ubicación cuando me lo contó, pero justo en ese momento caí en la cuenta: se trataba de un chalet a casi un kilómetro del centro de la localidad, cerca de la costa y con unas hermosas vistas al mar, una casa que ahora se encontraba en venta. Pocos minutos después de recordar aquello, recibí una llamada, era ella, me dijo que el cormorán ya estaba casi recuperado, pero que esto estaba yendo algo lento. Su voz ahora era más alegre y risueña, pero no parecía expresar más que alegría por el más que posible feliz destino de nuestro cormorán, no se podía decir que su felicidad procediese del hecho de estar hablando conmigo en ese momento. Quise aprovechar aquel momento más o menos feliz para decirle algo así como a ver si nos vemos pronto, pero colgó antes que yo pudiera articular la primera sílaba de la frase. Aquella llamada, pese a todo, había encendido en mí esperanzas. En los dos días siguientes, le mandé algunos emails sobre cosas que había leído relacionadas con al recuperación de aves marinas heridas, pero no me atrevía a escribirle algo personal. Ella me contestó el segundo mensaje: me dijo que el cormorán estaba ya listo para volar y que estaban decididos a soltarle ya, pero que quería que yo estuviese en ese momento y que le dijese en que momento me venía bien a mi quedar para tal acontecimiento. Era un viernes, yo le dije que el al día siguiente.


Esa misma tarde yo había quedado con un amigo y le pregunté si conoció o se acordaba de los ausentes ocupantes de aquella casa mirando al mar. Él me dijo que sí, que era un matrimonio de nuestra edad que estuvo viviendo allí poco más de un año y que yo tenía que conocerlos de vista pues se dejaban ver por la zona y la familia de ella era originaria del pueblo. Me contó que el chalet era propiedad del los padres de Laura, él un profesor de Biología que había dado clases a su prima y que hacía unos años había estado estudiando el regreso de poblaciones de cormoranes por la zona una vez el problema de la contaminación había desaparecido de la costa. De hecho, la pareja parece ser que había rebautizado a la casa familiar como El Cormorán. Mi amigo me recordó además que una vez les vimos a los dos, manteniendo una agria discusión en mitad de la calle en la cual él, ante la aterrada sorpresa de la gente que por allí pasaba, la llegó a empujar a ella contra un coche. De pronto recordé aquella escena, que contemplé hace algo más de un año, en la cual una chica morena cayó violentamente de espaldas contra un coche y arrancó a llorar mientras su novio le profería gritos ininteligibles. También recordé como todo el mundo se quedó inmóvil sin hacer nada, y como la chica abandonó la escena apresuradamente y bañada en lágrimas, momento en cual la gente comenzó a increpar tímidamente al chico. Yo no fui capaz de actuar cuando él empujo a aquella chica morena y después intentó hacerlo de nuevo, cuando esta, temblando y gimiendo, trataba de reincorporarse. Yo recordaba haber sentido asco ante tal desagradable escena, y una infinita rabia ante aquella exhibición de prepotencia y fuerza animal que claramente estaba hiriendo a una persona, e incluso llegué a pensar en seguir a aquella chica que salió corriendo y tratar de consolarla, de darla cariño…pero pensé que aquel no era asunto mío.


Mi amigo me contó también que la pareja se había ido a vivir a diferentes ciudades cada uno y que ahora la casa estaba en venta. Aquella noche solo podía pensar en Laura y en aquel momento de sufrimiento que vivió. O quien sabe si hubo algunos momentos similares anteriormente. Yo hacía bastante tiempo, mucho tiempo, que no tenía ninguna relación y ya casi había perdido toda esperanza. Ella en realidad no deseaba tener, al menos durante un tiempo, más relaciones, no quería que nadie le volviese a hacer daño. Yo me preguntaba porque ella creía que yo también podía hacerla daño, y me di cuenta que desconfiaba de alguien que no supiese cuidar bien a un ser vivo herido. Pero, que diablos, yo intenté cuidar al cormorán lo mejor que podía, eso ella lo tenía que haber visto. Además, yo no era como ella, alguien con el don de poder devolver el vuelo a las aves.


Eran más de las tres de la mañana cuando esos pensamientos me carcomían la conciencia. Decidí levantarme y mandarle un mail. Quería que supiese lo mucho que me importaba y como una vez llegué a compartir fugazmente un momento de su propio sufrimiento. Yo quería que ella también supiese la angustia que pasé por el destino del cormorán y mi felicidad al saber que estaba ya recuperado, gracias a nosotros. Éramos sin duda dos seres parejos, heridos, ella por su desgraciada relación anterior y yo por un drama familiar con padres divorciados y cierta ausencia puntual de cariño. Ahora los dos estábamos viviendo por circunstancias una situación de soledad que temíamos que se hiciese eterna. Le mandé el mensaje, en donde no me atreví a finalizarlo con una frase que desde hacía tiempo esta tatuada en mi corazón. Decidí no volverme a la cama, y permanecí en la silla de mi escritorio dando cabezadas. Serían las tres y media cuando recibí el mensaje de respuesta de Laura y por arte de magia volvía a la más total de las vigilias. Comenzaba “menos mal que encontraste al cormorán, si no hubiese muerto. Gracias”. El resto del mensaje lo leí con una total felicidad y lágrimas en los ojos. Poco después de concluir su lectura, caí dormido sobre la mesa.


Llegó el sábado. Había quedado con Laura y otros veterinarios en un mirador frente a la costa que se encontraba sobre unos hermosos acantilados, no muy lejos de la casa El Cormorán, el antiguo hogar de Laura que desde hacía un tiempo a ella le parecía un sitio maldito. Eran las siete de la tarde en un soleado día de junio, yo llegué con mi coche al mirador y le ví a ella mirando hacia el mar con los brazos apoyados en el pequeño muro de piedra, a su izquierda estaba la jaula con el cormorán, colocada sobre el muro. A algunos metros se encontraba la furgoneta de la cínica, con dos compañeros de Laura apoyados en ella y mirándome con complicidad y media sonrisa a medida que yo me aproximaba a ella. La toqué el hombro y ella volvió la cabeza. Su sonrisa era la más dulce que le había visto desde que la conocí. No me había dado cuenta de los dulces y expresivos que eran sus ojos hasta ese momento.


Los rayos del sol se iban atenuando y el día iba a adentrarse pronto en su ocaso. Abrimos la jaula del cormorán y lo sacamos los dos con nuestras manos. Laura, ofreciendo al pájaro un pequeño arenque, se las ingenió para que el gran cormorán moñudo se posase sobre mi brazo. Sujeté su cuerpo con la otra mano, intentando aguantar su peso e intenté subir y extender el brazo hacia lo alto, de cara al mar. El cormorán parecía ahora mucho más hermoso, todo un rey verde, un señor de la mar y del aire listo para volver a sus dominios. Natalia lo acariciaba y sonreía y yo le puse el arenque ante su pico, al cual atrapó con rapidez. Observé maravillado la hermosa ave, que ahora extendía sus enormes alas oscuras que casi eclipsaban el sol que calentaba aquel punto en la costa. La tenue luz solar rojiza del atardecer iluminaba al cormorán, que miraba al horizonte. Laura y yo estábamos emocionados sin poder articular palabra. En un instante, el cormorán volvió a desplegar las alas y lanzó un graznido, yo extendí el brazo todo lo que pude y la gran ave marina despego sus patas de mi brazo y se alzó hacia los cielos. Vimos alejarse al cormorán, que cada vez tomaba más y más altura mientras que su imagen se hacía más pequeña. Cuando el cormorán hubo desaparecido, Laura y yo nos abrazamos, nos besamos y comprendimos que todo había merecido la pena.


martes, julio 13, 2010

El aparatito de Lumiere - LA VIDA PRIVADA DE PIPPA LEE (THE PRIVATE LIVES OF PIPPA LEE)


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Una comedia dramática que se mueve entre los registros de lo comercial y lo independiente y que pese a tener sus atractivos (un reparto rutilante y eficaz, principalmente), no consigue ser una buena película. Dirigida por la directora y escritora Rebecca Miller, quien plasma en imágenes su propia novela, nos cuenta la historia de Pippa Lee (Robin Wright Penn) un ama de casa cuarentona casada con Herb (Alan Arkin) un editor jubilado 30 años mayor que ella. Pippa ha llegado un punto en su vida en el cual se da cuenta que todo lo que ha hecho no ha tenido ninguna recompensa y que su pasado, especialmente condicionado por la figura de una madre excéntrica y desequilibrada (María Bello), no era el mejor punto de arranque para la vida rebelde y de éxito transgresor con la que soñaba en su juventud. Este punto de partida promete al principio, pero la película termina perdiéndose en subtramas fallidas y puntos de conexión argumentales muy débiles. Existen dos contextos argumentales principales, pero ninguno esta ni clara ni atractivamente expuesto, por un lado la rebeldía de una mujer madura contra si misma y sus extrañas circunstancias, y por el otro la crónica un tanto amarga de un fracaso personal que quiere ser redimido. Y al final, uno se queda preguntándose “vale, ¿y entonces…?”


No hay obviar, sin embargo, buenos momentos en donde es fácil identificarse y encariñarse con los personajes y en donde un tono amable y ácidamente irónico hace más digerible una historia mas bien dramática. Todo ello se consigue gracias a unas excelentes interpretaciones encabezadas por Robin Wright en su mejor interpretación hasta la fecha (que lejanos aquellos días en que era La Princesa Prometida) y el veterano Alan Arkin, en su segunda juventud profesional desde hace unos años tras haber recibido el oscar a mejora actor secundario. También intervienen Winona Ryder, Julianne Moore, Monica Bellucci, y Keanu Reeves quien interpreta con convicción al despechado vecino (y amante) de la protagonista, pese a que resulta un tanto absurdo que a sus 46 años le traten de hacer pasar por un tío de 35. Una película que podía haber dado mucho más de sí.


lunes, julio 12, 2010

EL PARQUE DE ATRACCIONES DE VIZCAYA 1974-1990 - COMPENDIO DE MEMORIAS ARQUEOLÓGICAS ( y III): PRUEBAS DE QUE EXISTIÓ (LAS FOTOS)

Una panorámica del PAV con sus pirámides, su noria, su Montaña Rusa, una niña de mediados de los 80 y unas horrorosas barandillas multicolor


El Apolo



La Montaña Rusa, a finales de los 70. Obsérvese el aldeano de la izquierda


El Tren Fantasma, con la decoración de sus útimos años (esto sería con el parque cerrado, supongo, normalmnete había unas colas del copón)



Jaulas del minizoo



Impagable estampa setentera de las minimotos



La casa encantada a principios de los 80 con licántrópica decoración, que a finales de la década se cambió por otra mas gore y sanguinolenta (verídico: aún se conserva)



Kart infantil con pequeña aprendiz de Penélope Lamour



Leones en el zoo



El Enterprise




Haciendo florituras en las camas elásticas



La casa Magnética y los Autos de Choque


Estas fotografías han sido recogidas de diversas webs en donde se solicitaban fotografías antiguas del PAV, colgadas en FLICKR. Al final, no ha sido tan dificil encontrar memoria gráfica del parque