martes, marzo 12, 2013

El Aparatito Lumiere LOS AMANTES PASAJEROS




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Últimamente el exigirle a Almodóvar una gran película es casi como pedir un deseo (por parte sobre todo de sus seguidores) que vete a saber si se cumplirá o no y con más posibilidades de que sea esto último. Su irregular filmografía en los últimos años no obstante aún no ha disipado la posibilidad de que en un momento de gracia vuelva a sorprender como ya lo hizo con Todo sobre mi Madre (1999) o Hable con Ella (2002) filmes que llegaron tras un periodo de irregularidad que resurgió tras ese último título, ya que este es un cineasta tan hábil e inteligente como también anárquico. El caso es que el retorno a la comedia cien por cien del cineasta manchego veinticinco años después de Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios (1988) ha resultado tan light como poco sorprendente con una película en la que Almodóvar sencillamente ha pretendido divertirse rodando, ofreciendo un trabajo cuya finalidad principal es buscar la complicidad con el público con una simpática gamberrada que pretende rescatar a aquel director iconoclasta y fetichista pop de los 80.  Los Amantes Pasajeros hace 30 años hubiese resultado una película interesante, degustable y muy divertida, pero hoy día solo puede ser vista como una comedia de poco alcance sujeta premeditadamente a los mas previsibles clichés almodovarianos aunque entretenida y con buenos momentos aislados.

La inserción en el guión y los diálogos de temas de candente actualidad española (corrupción, escándalos financieros) y la pretendida variedad de tipologías de personajes sin duda responden al intento de convertir a la tripulación y los pasajeros de primera clase del accidentado vuelo hacia México del avión de la ficticia compañía Península en una pequeña representación de la sociedad española de hoy, pero esto se queda solo en la caricatura a trazo grueso. La película es más interesante cuando se concibe como lo que es, una comedia coral en donde los diferentes personajes van desgranado sus historias personales (de desigual interés)  en medio de un entorno caótico y absurdo provocado por el miedo, en este caso a la muerte debido a anomalías técnicas en el avión que obligan a un aterrizaje de emergencia incierto e imprevisible en sus consecuencias. El director reivindica el sexo como respuesta catárquica al miedo a lo incierto y como manifestación vital ante una situación límite y lo hace mediante todo un muestrario de encuentros sexuales y de resoluciones sentimentales que más o menos ilustran gran parte de las obsesiones almodovarianas en dichas materias. Es decir, Almodóvar no ofrece nada nuevo y se conforma con mostrarse al público tal y como se le ha conocido siempre (y aquí es donde entra también el tema mariquitas locazas y un rollo de sexo bastorro que solo asiladamente tienen su gracia)   

El largo reparto cumple y muy bien con una puesta en escena teatral muy restringida en el espacio (aunque no todo se desarrolla en el avión) pese a que la mayor parte de los personajes sean muy forzados y algunos prescindibles: Antonio de la Torre, Javier Cámara, Cecilia Roth, José Luis Torrijo (descubrimiento importante), Raúl Arévalo, Javier Cámara, Lola Dueñas o Hugo Silva son algunos de los actores presentes en el vuelo, mientras que Paz Vega y la cada vez más prometedora Blanca Suárez protagonizan un poco convincente episodio desarrollado en Madrid y Antonio banderas y Penélope Cruz  tienen inofensivos pequeños papeles como operarios del aeropuerto. Almodovar se lo ha pasado bien, que duda cabe, pero lamentablemente el público podrá tener otra opinión.      

domingo, marzo 10, 2013

STEELEYE SPAN, LA CAMPIÑA INGLESA ELECTRIFICADA (I)


 


Uno de los más longevos grupos del Reino Unido y una banda fundamental en la historia del folk-rock inglés e internacional, Steeleye Span fueron pioneros a principios de los 70 en la ejecución del folk y la canción tradicional a la manera del pop rock y por ello su influencia en el desarrollo del género folk-rock y en bandas de todo tipo y procedencia cultivadoras de este estilo ha sido enorme. A lo largo de más de 40 años de carrera y 21 discos de estudio, Steeleye Span han grabado e interpretado en directo multitud de temas y melodías tradicionales inglesas, escocesas, irlandesas e incluso de otros países de Europa combinando instrumentación eléctrica de rock con instrumentos acústicos haciendo suyos y contemporanizando temas antiquísimos sin olvidar composiciones propias. Con formaciones enormemente cambiantes, resisten al paso de los años aunque sin el éxito comercial y de crítica que consiguieron en su periodo dorado de 1972-1976. Maddy Prior, Rick Kemp, Tim Hart, Bob Johnson y Peter Knight han sido los miembros más destacados de un grupo donde han pasado hábiles músicos y vocalistas. Toda una institución en el folk británico.




A Steeleye Span, grupo pionero del folk rock en plena era hippy, deben mucho muchas bandas que surgieron a partir de la década de los 70 fusionando los sonidos tradicionales con los rockistas. Y también han sido uno de los modelos a la hora de configurarse muchos combos de folk eléctrico en diferentes épocas, tanto cultivadores de música celta como de sonidos germánicos (ingleses, alemanes, nórdicos) o de otras latitudes europeas (mediterránea, vasca). Lo que empezó como un casi tímido proyecto de un ex miembro del grupo madre del folk rock inglés Fairport Convention en 1969, ha terminado siendo una institución en la música británica. Hoy en día continúa la revitalización de baladas, melodías y canciones británicas de siglos XVII, XVIII y XIX, tonadas tradicionales, bailes anglo-célticos e incluso canciones infantiles que en los 70 aupó al grupo al estrellato en la aún minoritaria escena folkie internacional pero con repercusión en la escena mainstream. Es cierto que han pasado muchos nombres por Steeleye Span, pero siempre será el grupo de la extraordinaria vocalista Maddy Prior, el bajista Rick Kemp, el violinista y mandolinista Peter Knight y el guitarrista Bob Johnson, los tres primeros los únicos supervivientes de la alineación mas popular y exitosa del grupo que floreció durante gran parte de los 70 y que incluía también a Tim Hart y Nigel Pegrum. Todos los músicos que han pasado por Steeleye Span han sido extraordinarios instrumentistas y esforzados arreglistas que acercaron en los 70 el folk británico (principalmente de origen anglosajón, aunque también con ritmos celtas) a la sensibilidad pop rock incluso gozando de hits en las listas pop y clasificándose en zonas nobles de las listas de ventas de LPs. Además, la inmensa mayoría de sus miembros fueron vocalistas lo que convirtió a Steeleye Span en un perfecto y equilibrado ejemplo de eficiente grupo músico-vocal que ejecutaba tanto emocionantes temas a capella polifónicos como virtuosistas instrumentales en su mayoría jigas y reels bailables. Aunque en honor a la verdad, la preciosa voz de Maddy Prior, una de las mejores vocalistas del pop todos los tiempos, siempre ha sido el rasgo más identificable de la banda. En 2013, aunque sin grabar un disco en 4 años, Steeleye Span aún no han firmado su acta de defunción.



Steeleye Span en 1975: Maddy Prior, Rick Kemp, Bob Johnson, Nigel Pegrum, Tim Hart y Peter Knight



Los comienzos (1969-1971): canciones de siempre que sonaban como nunca

 

El grupo comenzó a andar a finales de 1969 y nació indirectamente de los míticos pioneros del folk eléctrico en el Reino Unido Fairport Convention, el primer grupo que fusionó folk inglés y rock en plena era pop de los 60. Ashley Hutchings (1945), bajista de la banda liderada por Richard Thomson y Sandy Denny abandonó en 1969 desilusionado por la pérdida de interés del grupo en el material tradicional británico y su cada vez más creciente orientación rockista. Su intención era fundar un nuevo grupo en donde tuviese más preeminencia el material proveniente del cancionero tradicional y con una orientación vocal. Hutchings conoció en un club folk de Londres a un joven dúo formado por Tim Hart (1948-2009), voz, guitarra y dulcimera; y Maddy Prior (1947), vocalista, una pareja de novios de conjuntadas voces y con un bonito repertorio de canciones tradicionales que ya había editado dos ignotos LPs en 1968. Hutchings, que era toda una autoridad en la escena folk, les invitó a formar parte del grupo que quería formar y la pareja accedió. Poco después el grupo se completa con el matrimonio formado por Terry (1947) y Gay Woods (1948), él un veterano irlandés en la escena folk inglesa pese a su juventud que ya había pasado por Sweenet´s Men y que tocaba la guitarra, la mandola, la mandolina y la concertina además de ser cantante, y ella una aventajada vocalista y concertinista. El quinteto tomó el nombre de Steeley Span de un personaje de la canción popular Horkstow Grange (que el grupo no grabaría hasta 1998). En junio de 1970 el grupo publica su primer álbum Hark! The Village Waits en el sello RCA con buena acogida entre los (aún escasos) seguidores del folk rock británico, en su mayoría fans de Fairport Convention y similares. El disco, como gran parte de los siguientes, estaba conformado por temas tradicionales y había canciones a capella  como A Calling-On Song y cortes que formarían parte en lo sucesivo del repertorio en directo del grupo como The Blacksmith. En este álbum Hart toca instrumentos eléctricos como la guitarra y dulcimera eléctricas además del violín y el banjo, instrumento este último también ejecutado por Terry Woods que también tocó la guitarra eléctrica, la concertina y la mandolina. Los virtuosismos de Tim y Terry (en el banjo especialmente) fue lo que más llamó la atención en este disco, que como el resto de LPs de Steeleye Span tendrá una perfeccionista y omnipresente instrumentación. Esta primera formación fue efímera, ya que los Woods abandonaron en agosto de 1970 dejando al grupo sin gira de presentación. Los Woods grabarán en los 70 algunos discos como dúo y Terry a mediados de los 80 se convertirá en miembros de la banda quintaesencial del folk rock británico de dicha década, The Pogues.


1970: Ashley Hutchins, Terry Woods, Gay Woods, Tim Hart y Maddy Prior

Conscientes de que los miembros del grupo ya no podían seguir compartiendo vivienda como antes (lo que provocó las tensiones que llevaron a al salida de Terry y Gay), Ashley consiguió un apartamento y con Maddy y Tim se afanó en recomponer Steeley Span con vocación de supergrupo folk: Martin Carthy (1941), veterano cantante y guitarrista con cinco discos en su haber y Peter Knight (1947,) voz, violín, teclados, mandolina y aventajado y versátil músico semidesconocido fueron los nuevos miembros para el segundo álbum Please to See the King (1971), un trabajo que carecía de las baterías del disco anterior (servidas entre otros por el ex baterista de Fairport, Dave Mattacks) y que tenía a Prior como la única vocalista femenina tras la marcha de Gay Woods. Un disco que superó en calidad a su antecesor y que se antojaba también más eléctrico. La voz profunda de Carthy se complementaba perfectamente con la voz melódica y versátil de Prior en temas como Boys of Bedlam y en ese sentido el grupo había ganado con esa incorporación, aunque los cinco miembros de esa formación eran todos vocalistas como momentos para lucirse como tales en el álbum. Please to See the King obtuvo buenas críticas desde la prensa musical especializada en el rock y llegó al Nº 45 en las listas británicas, un puesto interesante para un grupo de folk en aquella época. The Man Mop, or Mr. Reservoir Butler Rides Again (1971) fue el disco siguiente y una digna continuación aunque esta vez centrado más en temas irlandeses y en aires celtas. Las voces de Carthy, Hart y sobre todo de Prior son de lo más atrayente en este LP, en donde Tim Hart cada vez iba puliendo mejor su peculiar voz y Maddy Prior dejaba constancia del poderío de su voz de soprano melódica pero enérgica. La banda en 1971 se va por primera vez de gira y entre un disco y otro Maddy Prior y Tim Hart publican un último LP como dúo, Summer Solstice (1971). Hart y Hutchings habían conseguido que sus guitarras y sus bajos eléctricos convirtiesen a Steeleye Span en un inusual primer espécimen de banda de folk tradicional escorada al rock, aunque curiosamente esa no fue la intención de este último al fundar el grupo. Ashley Hutchings precisamente dejó Steeleye Span a principios de 1972 por el giro eléctrico que el grupo estaba dando y lo mismo hizo Martin Carthy en aquella fecha por idénticos motivos. Carthy retomó su carrera en solitario y Hutchings se centrará en su proyecto paralelo The Albion Country Band y otras lides.  A partir de 1972 la banda contará con un nuevo manager, Jo Lustins, que convenció al grupo en comercializar su sonido, y con dos nuevos miembros: el bajista Rick Kemp (1941) y el guitarrista Bob Johnson (1944), ambos también vocalistas y procedentes de la escena rock y blues y que incrementarán el tono eléctrico de la banda además de hacerse con un papel preeminente en ella. Kemp había sido durante los 60 un reputado músico de sesión dentro de la escena blues rock y fue miembro provisional de King Crimson en el LP Islands (1971), mientras que Johnson se ganó la vida en jam sessions bluesísticas en clubes londinenses. Ambos aportarán a Steeleye Span sonidos aún más eléctricos y más basados en las guitarras y cierta inspiración en el rock progresivo de la época (temas largos, con diferentes secciones) además de en el jazz y el blues.
        
1971: Tim Hart, Peter Knight, Maddy Prior, Martin Carthy y Ashley Hutchins
 

Los años de gloria (1972-1976): reyes eléctricos del folk                        




Steeleye Span firmó en 1972 por un nuevo sello, Chrysalis, por entonces una discográfica semi independiente que ya tenía bajo su manto a artistas como Cat Stevens, Procol Harum o su grupo estrella, Jethro Tull, una banda de rock progresivo con ínfulas folkies que de un modo u otro convergerá con Steeleye Span en numerosas ocasiones. Con el LP Below the Salt (1972) se inaugura la mejor época de Steeleye Span, tanto desde el punto de vista artístico como comercial y con la formación más conocida (y la mejor) del grupo: Maddy Prior (voz, percusión ocasional), Tim Hart (voz, guitarras, dulcimeras, banjo), Peter Knight (voz, violín, guitarra acústica, mandolina, banjo, piano, teclados, flautín), Bob Johnson (voz, guitarras, sintetizador), Rick Kemp (voz, bajo, batería hasta 1973) y a partir de 1974 Nigel Pegrum (1949) (batería, flauta, oboe, flautín, percusión). En los discos de esta etapa se consigue una perfecta conjunción entre el folk y el rock con momentos memorables y sin dejar ni un solo momento de investigar en el cancionero tradicional de las islas británicas (y de otros países) con un enorme repertorio de temas algunos de la edad media, ballads, jigas bailables o tonadas infantiles a la par que el grupo comienza a componer temas propios dejando patente su enorme valía artística. Below the Salt, su mejor álbum hasta la fecha estaba co-producido por el grupo y Jerry Boys en detrimento de su anterior productor, Sandy Roberton, y estaba basado principalmente en melodías medievales pero modernizadas de una manera hábil y asombrosa. Destacan la plácida balada coral a capella Rosebond in June, el tema casi épico King Henry (originario de una canción infantil), el encantador tema acústico pastoril Spoted Cow, la céltica Royal Forester o la popular tonada inglesa Johnny Barleycorn, estupendamente interpretada por Tim Hart; pero fue el villancico finés en latín del XVI Gaudete la canción que puso a Steeleye Span en el mapa mainstream de la música popular llegando al número 14 en la lista de singles británica. Pese a que Steeleye Span ya había editado como sencillos temas de discos anteriores (los que eran jigas y reels, principalmente) este fue su primer éxito en singles y el tema que comenzó a suscitar atención hacia el grupo incluso en gente no aficionada al folk. Esta canción a capella es uno de los escasos temas de estas características que han llegado al top 20 de las listas británicas y durante un tiempo fue el tema más popular de la banda pese a no responder a su sonido más genuino.  Below the Salt consiguió llegar al nº 43 en la lista de LPs en UK.




Steeleye Span parecían decididos a conquistar el mercado del pop rock y con Parcel of Rogues (1973) se dispusieron a conseguir un sonido más comercial y rockista sin dejar de ser un grupo folk y no solo sin perder un ápice de calidad, sino ganándola. Este LP es uno de los mejores del grupo, con una preeminencia de canciones escocesas algunas de cierto contenido histórico-político: así nos encontramos con joyas como Allison Gross, el instrumental irlandés Robbery with Violins, The Ups and the Downs, la revisión casi glam rockera de la canción infantil The Wee Wee Man , la tonada satírica Cam Yer Oér Frae France o el imponente himno nacionalista escocés Rogues in a Nation, otro de los temas donde los miembros del grupo demostraron su perfecto acople vocal. El LP llegó al número 26 de la lista británica de LPs y tuvo cierta repercusión en los circuitos folkies norteamericanos convirtiéndose en el primer mini éxito internacional de Steeleye Span. El grupo, además de su habitual gira por UK viajó por primera vez al EEUU como teloneros de Jethro Tull. En marzo de 1974, el grupo publica su sexto LP ya convertido en una referencia de culto en la escena británica y en el grupo de folk rock con mayor éxito en el país y ya empezando a ser conocido en otros países cuando el folk británico o celta era una cosa casi desconocida fuera de las islas. Now We Are Six hace referencia a la vez a que se trata del sexto disco del grupo y el primero en donde la formación se convierte en sexteto con la incorporación del batería y multiinstrumentista Nigel Pegrum, un hombre que había estado anteriormente en célebres bandas de rock como Small Faces y Uriah Heep. Con Pegrum, el único de esta formación que no era cantante, el grupo gana en perfeccionismo instrumental y en ritmo. Ian Anderson, el lider de sus compañeros de disquera Jethro Tull es el productor del disco que más se aproximaba al rock de todos los que hasta el momento había realizado Steeleye Span. Thomas the Rhymer, una balada escocesa basada en la figura de un legendario profeta escocés del siglo XIII que vaticinó una serie de acontecimientos históricos, es el tema estrella convertido en un emocionante tema de folk rock progresivo con una estupenda Maddy Prior y en lo sucesivo será un tema obligado en el repertorio en vivo de la banda. Este tema fue single (en una versión más corta que al del álbum), lo mismo que el instrumental The Mooncion Jig , un tema que demostraba que se podía hacer una jiga celta sin violín ni flautas, ya que la canción esta fundamentada en la mandolina y el banjo de Peter Knight. La baladas Drink Down The Moon y Long-a-Growing, ambas interpretadas por Prior son pura delicatessen, lo mismo que otro single, Two Magicians una divertida y melódica canción satírica-erótica escocesa con trasfondo fantástico. Precisamente, esa fluctuación entre temas fantásticos y legendarios repletos de elfos y hechiceras y temáticas realistas, costumbristas e históricas en las canciones del grupo será uno de los rasgos principales de Steeleye en los 70, lo mismo que la combinación de temas de amor, narraciones épicas o canciones satíricas y rimas para niños. En un juego-broma, el grupo incluyó en Now We Are Six dos famosas canciones infantiles inglesas como son la canción que da título al disco y Twinkle Twinkle Little Star imitando a voces de niños con Prior como “niña solista” y haciéndose pasar por el coro del inexistente colegio de St. Eleye. Parte de la crítica y los fans no encajaron bien esta gracia, como tampoco entendieron la inclusión de una versión del clásico de Phil Spector To Know Him is To Love Him , una “broma” derivada del hecho de que en directo el grupo en aquella época solía ofrecer versiones de clásicos de finales de los 50 disfrazados de artistas cincuenteros. El mismísimo David Bowie tocó el saxo en este tema, una colaboración de lujo. Now We Are Six llegó al número 13 en la lista de álbumes y el grupo vivía un momento dulce.         




En enero de 1975 aparece Commoners Crown, el mejor LP de Steeleye Span aunque no superó el éxito comercial del álbum anterior. Al Igual que en aquel, se encuentran aquí muchos de los temas clásicos del grupo, tales son Little Sir Hugh, Demon Lover o Long Lankin. Esta última, una balada épica de casi nueve minutos de duración y elementos de rock progresivo se convirtió pronto en uno de los temas estrella del grupo, que incluyó en el disco por primera vez un tema propio – si bien ya había publicado como cara b del single de Gaudete otro villancico escrito por todos los miembros de entonces excepto Kemp- el instrumental Bach Goes to Limerick, una curiosa fusión de música barroca de cámara con un reel irlandés. Con canciones realmente bellas (Elf Call y Weart Cutters se sustentaban en la interpretación de Maddy Prior con patrones vocales que luego serían tenidos en cuenta por gente desde Enya a Mary Black) el tema realmente más curioso de Commoners Crown es el single New York Girls, una canción humorística tradicional americana en donde el actor Peter Sellers tocó el ukelele e insertó chistes hablados e imitaciones de sus personajes del mítico Goon Show de los 50. El ritmo de publicación de los discos de Steeleye Span era rapidísimo y en octubre del 75 ya tienen nuevo trabajo, su LP más vendido All Around my Hat  producido por Mike Batt, un músico muy conocido en UK por sus composiciones para la exitosa y mítica serie de TV infantil The Wombles. All Around my Hat se concibió como un disco con aspiraciones a ampliar el público de la banda y desde luego que lo consiguió llegando al 6 en las listas británicas siendo el primer y único álbum top 10 de Steeleye Span. Menos elaborado musicalmente que discos anteriores y también algo más flojo sin olvidar el virtuosismo folkie apostaba por temas bailables y lindantes con el pop comercial como Hard Times of Old England o Dance with Me, siendo el tema que titulaba al LP el mayor exponente en ese sentido: Número 5 en listas de éxitos y sin duda alguna el tema más conocido de Steeleye Span que el grupo prácticamente no dejará de interpretar en directo. Esta divertida y comercial jig con ínfulas pop-rock era uno de los dos temas propios del disco, escritos a pachas por la mayor parte de los miembros. Black Jack Davy y  Bachelors Hall son otros de los temas más memorables del único superventas de Steeleye Span, un grupo que había demostrado que el pop y el rock se podían fusionar perfectamente con el folk de las islas y que se podían interpretar canciones muy antiguas con instrumentos de rock.       



Peter Sellers, un invitado muy especial

Pese a todo, el status de Steeleye como estrellas del pop no duraría mucho ya que su siguiente LP Rocket Cottage (1976), también producido por Batt, ni siguiera entró en el top 40 pese a tener también un tono rockista y más comercial que All Around My Hat, además de ser mejor que aquel. London, otro tema propio que aspiraba a repetir el éxito del single estrella del disco anterior, ni consiguió entrar en los 40 primeros. No obstante hay buenos temas que se encuentran entre lo mejor de la producción del grupo, como los tradicionales Sir James the Rose y Orfeo/Nathan´s Reel. Por otra parte, el ritmo febril que la discográfica imponía al grupo para grabar material provocó el cansancio de miembros como Peter Kinght y Bob Johnson que durante 1976 estuvieron trabajando en un proyecto propio paralelo que Chrysalis accedió a editar con la condición de que no abandonasen el grupo hasta que Rocket Cottage estuviese terminado. El disco de ambos músicos, publicado en 1977, era un ambicioso concept album musical-dramático que adaptaba la novela fantástica de Lord Dunsany The King of Elfland´s Daughter (La Hija del Rey del País de los Elfos) pero pese a contar con las colaboraciones de lujo de gente como Alexis Korner, Mary Hopkin o Cristopher Lee como narrador (además de importantes músicos de estudio) la disquera no quiso promocionarlo y fue un rotundo fracaso comercial. Hoy en día, este curioso LP es considerado un disco de culto pese a ser muy difícil de localizar. Johnson y Knight, decepcionados, abandonaron Steeleye Span a principios de 1977.  






CONTINUARÁ


martes, marzo 05, 2013

El Aparatito Lumiere AMOR (AMOUR)




**** y 1/2

El Oscar a la mejor película extranjera ha sido merecidísimamente para el último filme de un director tan hábil, dotado, versátil, arriesgado y en definitiva grande como es el veterano austriaco Michael Haneke, un realizador cosmopolita que en esta ocasión se deja caer en el cine francés. De las muchas maneras para contar una historia de amor al límite, Haneke ha escogido la del amor en contacto con la desgracia y con la muerte, en una etapa de al vida en que esto ocurre con frecuencia como es la vejez. Y aquí no hay concesiones sensibleras ni melodrama fácil pero tampoco pesimismo y catastrofismo. Sencillamente, en este filme se ha tratado de contar las cosas de la manera mas realista posible sin olvidar que los protagonistas son dos personas de más de ochenta años que se han amado durante toda su vida y que ahora, ante una perspectiva descorazonadora y trágica, van a intentar hacer lo mismo. Una película tan sobria y bonita de ver como triste y desgarrada cuyo mensaje fundamental es que el amor nunca muere.        

El filme esta totalmente fundamentado en sus dos protagonistas, Georges (Jean-Louis Trintignat) y Emmanuelle Riva (Anne), un anciano matrimonio de profesores de música jubilados que trata de mantenerse ante la enfermedad de la mujer, situación que no será nada fácil para Georges al ver como su esposa, con daños cerebrales irreversibles, ya no es la que era. Una brillante interpretación la de la veterana pareja protagonista, especialmente la de Emmanuelle Riva totalmente creíble y sobrecogedora como una anciana fatalmente demente y enferma, desde luego que hubiese merecido el Oscar a la mejor actriz.  El filme apuesta por una puesta en escena sobria y realista matizada por la brillante fotografía Darius Khondji  y varios insertos simbólicos en momentos datos que dotan al filme de una melancólica belleza. Nada sobra ni falta en una película sin exteriores narrada casi linealmente aunque se comience por el final y en donde más que “crescendos” emocionales hay inesperados arrebatos como en la alucinante escena-clímax. Haneke ha triunfado en el propósito de mostrarnos el delicado, atormentado y temeroso universo mental interior de Georges ante estos momentos difíciles y que además el espectador sea total partícipe de ellos. Al final, la película deja un regusto agridulce pero degustable, y esto pocas películas lo logran. Como curiosidad, Merece mencionarse la presencia del actor vasco Ramón Aguirre en un pequeño papel. Una película absolutamente recomendable.       

miércoles, febrero 27, 2013

El aparatito Lumiere EL ATLAS DE LAS NUBES (CLOUD ATLAS)



 
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Cuando los experimentos en el cine -aunque sea sin salirse demasiado de coordenadas comerciales- salen bien, que bien sabe a los cinéfilos/as. La verdad es que era una misión complicada el adaptar a la pantalla una novela tan difícil como Cloud Atlas de David Mitchell y más desde el arriesgado planteamiento técnico y narrativo del triunvirato que ha plasmado en imágenes el libro, conformado por los norteamericanos hermanos Lana (antes Larry) y Andy Wachowsky (saga Matrix) y el alemán Tom Tywker (El Perfume). Seis películas en una, seis historias aparentemente muy diferentes en cuanto a géneros, estética, localizaciones, tono y épocas que al igual que en la novela se encuentran alucinantemente relacionadas al cada una de ellas ser leída, o visionada o recordad por los protagonistas de la siguiente historia cronológicamente hablando. Un viaje temporal que va desde el siglo XIX hasta un futuro postapocalíptico en donde dependiendo de cada historia se cita el drama intimista, la aventura, la comedia costumbrista, la intriga industrial, la acción, la ciencia ficción o la fantasía todo ello tratando de mostrar la teoría del eterno retorno transtemporal y que - como dice una de las protagonistas- nuestras vidas en realidad no nos pertenecen. Una historia de historias hiperbólica y narrativamente fascinante en donde el trío director ha acometido un enorme esfuerzo no ya solo en un guión adaptado espectacular y estructurado mediante un juego de muñecas rusas, sino técnico y conceptual con seis películas cuasi independientes pero en realidad una sola en donde repiten varios actores interpretando diferentes roles en cada una. Tom Hanks, Halle Berry, Jim Broadbent, Ben Wishaw, Doona Bae, Hugo Weaving, Jim Sturgess, Hugh Grant, Keith David, James D´Arcy, David Gyasi, Xun Zhou y Susan Sarandon son los omnipresentes protagonistas principales que en roles protagonistas, secundarios o de figuración aparecen por doquier en casi todos las seis segmentos (en la película “troceados” a lo largo del metraje) en un esfuerzo de primer orden tanto interpretativo como de caracterización, ya que muchas veces los intérpretes se saltan su nicho natural de edad, etnia o género para componer intervenciones memorables.                      
      
Un abogado norteamericano de regreso de un inquietante viaje a una isla del Pacífico en 1849, un joven británico con aspiraciones de convertirse en compositor que viaja a los Países Bajos para emplearse como amanuense de un viejo y enfermo gran compositor en 1936, una periodista de investigación norteamericana dispuesta a sacar a luz la siniestra  verdad sobre una central nuclear en 1973, un veterano editor inglés que vive una cómica aventura al ser engañado por su hermano millonario para ser recluido en una residencia de ancianos en 2012, una joven creada genéticamente como sirvienta-esclava de una casta de seres superiores que se revela de su condición de ser inferior y sin voluntad en la ciudad de Neo Seúl en la Corea del Sur de 2144, y finalmente una sociedad primitiva y atemorizada  en un mundo devastado en 2321: seis historias narradas, noveladas o epistoladas que son vistas por un espectador que disfrutará de la gran versatilidad en canto a géneros y situaciones en una misma película y todo con un look grandioso y efectivo, todo quizás un poco salido de madre pero que en absoluto resulta pretencioso. Conviene entregarse a la película desde el primer momento para poder saborear de sus virtudes en toda su plenitud y aunque seguir el curso de las diferentes historias y los lazos que las conectan sea a veces un poco complicado. Al final, todo encaja como un puzzle dejando una sensación es de enorme satisfacción y ese tipo de cosas las que hacen de una película una excelente obra. Más allá de su un tanto engolado discurso filosófico y de algunos excesos, Cloud Atlas es una película compleja, fascinante y emocionante que encumbra a los últimamente desorientados hermanos Wachowsky (el rollo Matrix no está envejeciendo muy bien y el parón de estos años con el esperpéntico caso protagonizado por Larry/Lana no hacía esperar nada bueno) y consolida al interesante Tom Tywker. Habrá personas a las que no convenza o les parezca una marcianada pero ahora mismo es lo mejor que hay en cartelera.       

domingo, febrero 24, 2013

SIR WALTER SCOTT: SIETE CLAVES DE UN CRONISTA ROMÁNTICO





Sir Walter Scott (Edimburgo, 1771 - Melrose, 1832), novelista y poeta británico no solo fue una de las figuras claves del movimiento literario del Romanticismo en Europa con obras como Waverley (1814), Tales of My Landlord (Historias de Mi Posadero) (1816-1832), Rob Roy (1817), The Lady of the Lake (La Dama del Lago) (1810), Marmion (1808), Quentin Duward (Quintín Duward) (1823) y sobre todo la célebre Ivanhoe (1819): fue un autor totalmente influyente e innovador en aspectos como la renovación de la concepción popular de la literatura, la creación del género de “novela histórica”, la visión romántica de la historia británica o la reinterpretación política bajo el prisma contemporáneo de ciertos pasajes históricos, pero sobre todo ha perdurado como el artífice de la construcción un tanto idealizada de la historia y concepción política de su propio país, Escocia, trazada desde premisas románticas pero con un amplio conocimiento de la historia de dicho territorio de la Gran Bretaña.



Walter Scott es además uno de los autores más leídos de todos los tiempos, todo un icono de la literatura universal que pese a que conoció el éxito entre los lectores durante su vida y después de su muerte obtuvo durante muchos años el desprecio de la crítica y de la comunidad literaria pese a que el sustrato político-intelectual de su obra (conservador y puritano) fuese respetado y alabado en bastantes sectores. Esto cambió en al segunda del siglo XX cuando Scott fue visto como algo más que un autor de literatura popular, pero lo que ha permanecido inalterable desde el siglo XIX es su legado político de marcado carácter romántico sobre la exaltación patriótica de la esencia escocesa hasta el punto de que hasta hoy en día Walter Scott es considerado un símbolo de Escocia y uno de los padres de la identidad escocesa moderna. En realidad, son muchos los aspectos y claves en los que Sir Walter Scott ha influido en la historia de la literatura y de la cultura británica y mundial y aquí trataremos de resumir los más significativos.      





1: La tradición oral y la historia de Escocia: la reinvención de la cultura escocesa



Walter Scott ambientó gran parte de su obra narrativa en su Escocia natal con historias basadas en varios pasajes de la Historia escocesa, materia de la que se interesó desde su más tierna infancia. Scott, edimburgués de pura cepa, ya en su juventud había recurrido gran parte de Escocia quedándose fascinado de las Highlands y de las áreas rurales del país así como de las costumbres de sus habitantes. Durante su estancia en la Universidad de Edimburgo (1783-1786, Scott ingresó con 12 años)  tomó contacto con los poemas y romances pseudolegendiaros del llamado Ciclo Osiánico publicados en 1760 por el poeta escocés James McPherson en los que se adaptaban a la manera romántica historias de la mitología céltica escocesa, hecho que influirá poderosamente en su pensamiento apologista escocés y en su trayectoria literaria. De hecho, su primera obra fue la recopilación de romances tradicionales angloescoceses de la zona fronteriza (border ballads) The Minstrelsy of the Scottish Border (Poemas de la Frontera Escocesa) (1802-03)




Posteriores poemas épicos de Walter Scott como Marmion (1808) recurrían a pasajes comunes de la historia inglesa y escocesa dejando claro el interés histórico del escritor por su país especialmente en la época medieval, aunque aún sin ninguna intencionalidad política y solo por motivos estéticos propios del movimiento literario romantico, como podían ser las crónicas de caballerías o los relatos de amores trágicos. Cuando Scott decidió convertirse en novelista narrativo tras sus gloriosos como poeta (era ya uno de los más reputados vates del Romanticismo en inglés) intensificó aún más su interés en la crónica histórica escocesa y en los relatos de su tradición oral que el conoció desde su infancia. Así, en 1814 publicó su primera novela Waverly -de manera anónima ya que al ser considerada la narrativa a principios del siglo XIX un género menor su reputación como poeta podía verse cercenada- una de sus obras más celebres en donde se narra las aventuras de un joven inglés que en la época del levantamiento jacobita (1745) se ha unido en Escocia al ejército liberal de la Casa Hannover y que por influencia de las mujeres que se interponen en su camino fluctúa entre la causa jacobita y la “whig”. Waverley está considerada como una de las primeras novelas históricas. Más tarde Scott comenzó a acometer la serie de novelas costumbristas escocesas Historias de mi Posadero (1816-1832), siete novelas de pura narrativa romántica que trataban de describir con cierta fidelidad (y exaltada pasión) la vida y costumbres del pasado escocés (siglos XVII y XVIII) enmarcados en diferentes acontecimientos históricos significativos en la historia del país; The Bride of Lamenoor (1819) (La Novia de Lamernoor),  The Tale of Old Mortality (1816) (Eterna Mortalidad), y The Heart of Milthodian (El Corazón de Milthodian)   (1818) son las novelas más significativas de la serie. Ambientadas en diferentes localizaciones escocesas (las Tierras Altas, la frontera con Inglaterra, Edimburgo), fueron las primeras obras literarias en donde se retrataba con detalle la historia,  la vida y costumbres  en Escocia, recurriendo tanto a la novela histórica, la crónica de aventuras o la crónica amorosa. Tanto las Historias de Mi Posadero como Waverley fueron altamente influyentes a la hora de crear a mediados del siglo XIX en Escocia una identidad nacional escocesa que Scott siempre defendió aunque él, conservador y pragmático, jamás fue partidario de la independencia del país con respecto al Reino Unido. No es exagerado decir que, parte de la obra de Walter Scott influyó decisivamente en el desarrollo del nacionalismo escocés, siempre bajo un prisma romántico, aunque él paradójicamente nunca fuese independentista y ya en vida del escritor las más altas esferas británicas vibrasen con la épica patriótica de las crónicas escocesas de Sir Walter.           





Aunque la mayor parte de las novelas de Scott ofrecían una descripción un tanto irreal e idealizada del paisaje escocés (sobre todo de la Highlands) y la reinterpretación histórica de muchos acontecimientos puede ser discutible (la batalla de Prestonpans durante el levantamiento jacobita (1745), las luchas religiosas a finales del siglo XVII) además de presentar un tufillo bastante conservador, lo cierto es que popularizó en todo el mundo - debido al éxito mundial de sus obras- a Escocia y sus costumbres y paisaje y sobre todo a la Highlands o Tierras Altas, descritas por Scott con gran belleza y que incluso en el Reino Unido eran escasamente conocidas. Antes de Scott, y sobre todo después de las revueltas jacobitas de 1745 era común en Gran Bretaña concebir a los highlanders de los siglos XVII y XVIII como unos bárbaros primitivos con tendencia al saqueo, el pillaje y la revuelta armada que vivían en una sociedad (la de los clanes) pseudomedieval y que eran unos fanáticos religiosos presbiterianos; todo esto cambió con Walter Scott en la medida que las motivaciones románticas de sus héroes de las Tierras Altas (como en la famosa novela Rob Roy,1817) eran moralmente encomiables y épicamente admirables. En cierto modo, los británicos comenzaron a sentirse más que orgullosos del pasado heroico escocés descrito por Scott (aunque los escoceses se volviesen contra Londres en numerosas ocasiones) e incluso la realeza reivindicaba con fruición su conexión con la mítica Casa Estuardo. El propio Scott mantuvo una relación de cierta amistad con el rey Jorge IV – admirador confeso suyo desde Waverley-  y fue encargado de organizar los fastos de la visita del monarca a Escocia en 1822, en los cuales simbólicamente se trato de escenificar una reconciliación entre Escocia e Inglaterra.      





2: La interpretación política contemporánea del medioevo en la historia británica: Ivanhoe

Una de las innovaciones más importantes que Walter Scott introdujo en la narrativa moderna fue el dotar a la crónica histórica novelada de una segunda interpretación política contemporánea, es decir, de una reinterpretación y sin necesidad de ser infiel a los acontecimientos históricos. Esta tendencia ha sido copiada en multitud de novelas históricas hasta nuestros días. Aunque Walter Scott no fue un autor preeminentemente político, es palpable su inclinación tory en la mayor parte de su obra aunque también es cierto que se muestra liberal en bastantes aspectos. Un claro ejemplo de la reinterpretación política en un contexto temporal diferente se encuentra en su novela más famosa y leída Ivanhoe (1819), ambientada Inglaterra en el siglo XII tras la Tercera Cruzada en el reinado de Ricardo Corazón de León y con el conflicto normando-sajón como telón de fondo.

Ivanhoe responde a la fijación de la literatura romántica con la Edad Media, pero también se trata de una novela de acción y aventura que desde el primer momento obtuvo enorme éxito popular. Scott se inspiró en fuentes históricas y en los romances del ciclo de Robin Hood, incluyendo a este personaje en la obra y siendo así uno de los primeros autores modernos en ocuparse del legendario bandido generoso de Sherwood. La intención de la obra era mostrar las injusticias de la realeza y la nobleza Normanda (representadas en la novela por el príncipe Juan Sin Tierra o Sir Brian de Bois-Guilbert) en un tiempo en el que los normandos dominaban la Gran Bretaña desposeyendo a los nobles y notables sajones. Scott traza aquí un posible origen de la Carta Magna de 1215 (redactada originalmente después de los acontecimientos descritos en la novela) en donde se limitaban los poderes de la corona y  se protegían los privilegios de los señores feudales. El tono de la obra en general es favorable a la limitación del poder y alerta sobre los peligros del despotismo y el fanatismo religioso caracterizando al siglo XII en Inglaterra como una época en la que se daban grandes abusos por parte de los poderosos, pero también resulta una suerte de alegato pro anglosajón caracterizando a los “invasores” normandos como villanos al desposeer a los sajones de tierras, bienes y privilegios: en ese sentido, Scott trata de hacer un paralelismo entre las guerras napoleónicas que trataban de introducir las ideas revolucionarias en países como el Reino Unido y la tortuosa relación anglonormanda en el siglo XII, aunque eso sí, dejando claro que se hizo bien en suprimir a principios del XIX ciertas leyes restrictivas en Gran Bretaña que soliviantarían a las masas en el país tras el contacto con las ideas de Libertad-Igualdad-Fraternidad. Este componente político no pasó inadvertido para los lectores británicos de la época que vieron en Ivanhoe un cierto canto a la efectividad de las leyes inglesas establecidas desde la Edad Media siempre y cuando no entrasen en conflicto con las nuevas ideas liberales introducidas a principios del XIX provenientes de Francia.

Paralelamente a todo esto, Ivanhoe fue una novela revolucionaria al introducir personajes judíos sin una caracterización negativa, tales son el prestamista Isaac de York y su hija la curandera Rebeca.  Y, finalmente, hay que constatar la importancia de Ivanhoe como un clásico de la literatura de todos los tiempos que más allá de una novela de aventuras es ya todo un icono de la cultura universal por el novedoso tratamiento tanto dentro del género de aventura como del de novela histórica medieval con héroes inesperados e inusuales- empezando por su protagonista, el idealista caballero sajón Wilfred de Ivanhoe - y una trama compleja más allá de lo folletinesco. A lo largo de tres siglos, sigue siendo una de las novelas más leídas de la historia cautivando a jóvenes lectores de diferentes generaciones.





3: La novela histórica y su legado





¿Fue Walter Scott creador de la novela histórica? Prácticamente se puede decir que sí. El hecho de ambientar sus novelas en trasfondos históricos concretos cuando no tomar directamente momentos de la Historia (del Reino Unido) como base de sus relatos era un hecho novedoso en la literatura narrativa que de alguna manera hizo acrecentar el interés por la Historia en Gran Bretaña y en otros países en donde el autor tuvo éxito en vida. Scott se documentó enormemente tanto en costumbres, escenarios, y vestimentas de las diferentes épocas (Edad Media, S.XVI…) para dotar de cierto rigor histórico a sus obras aunque como todo buen romántico se tomase ciertas licencias y  presentase algunas incorrecciones al tratar de idealizar el pasado (sobre todo en la Edad Media). Es digno de mencionar su estudio y conocimiento de la política y las leyes de cada época en Gran Bretaña, gracias principalmente a su formación como abogado. En ese sentido, Walter Scott otorgó al Romanticismo un carácter de rigor del que carecía, huyendo de las ensoñaciones y de la fantasía de muchos autores del movimiento como Lord Byron o los Shelley.  La influencia de Walter Scott como autor de novelas históricas es palpable en autores como Alejandro Dumas (padre), León Tolsoi, Robert Louis Stevenson, Henryk Sienkiewicz o Boleslaw Prus, que fueron de un modo u otro iniciadores de la novela histórico, un género que aún sigue de moda de la mano de autores como Ken Follet. Ivanhoe además provocó un revival del medievalismo y en el interés por el medioevo que influyó decisivamente en otros autores románticos como Víctor Hugo o Gustavo Adolfo Becquer. 





4: El autor de fama mundial





Walter Scott fue uno de los primeros escritores en lengua inglesa que gozó de éxito internacional en vida ya que su obra era traducida inmediatamente a otros idiomas. En el Reino Unido y en Escocia concretamente conoció varios honores y disfrutó de una reputación social relevante. En 1818, tras participar en la recuperación de las famosas Joyas de la Corona llamadas los “Honores de Escocia” robadas por Cromwell, le fue otorgado por el príncipe Jorge el título de baronet. Fue también presidente de la Royal Society de Edimburgo, pero toda esta fama y reconocimientos no impidieron que  en 1826, tras la quiebra del negocio de imprenta que el autor poseía en Edimburgo junto con los hermanos Ballantyne, este comenzase a pasar por estrecheces económicas y varias deudas hasta su muerte en 1832, teniendo que hipotecar su lujosa y célebre  mansión de Abbotsford. Con todo, se puede decir que Sir Walter Scott fue uno de los primeros escritores “celebrities” de la historia  además de ser uno de los escritores mas leídos de todos los tiempos.





5: La maldición de un escritor popular y un innovador de la novela




 A pesar de que Scott gozó de importante éxito en su carrera, tras su muerte y el auge del Realismo literario en la segunda mitad del XIX, la obra de Scott fue despreciada por críticos y literatos tildándola de literatura de evasión y de novela juvenil, tal era el poco aprecio que la cultura realista sentía por el Romanticismo (y aunque Scott nunca fue un autor romántico al uso) A finales del XIX y principios del XX muchos críticos afirmaban que las obras de Scott tenían tramas flojas y personajes simples, aunque conforme avanzaba el siglo XX se alababa cada vez más el hecho de que el escritor ayudase a popularizar y consolidar la novela histórica, y a partir de la segunda mitad de ese siglo comienza un proceso de recuperación de la valoración de su obra poniéndole en el lugar donde se merece. El hecho de que el autor escribiese algunas obras en la  por entonces no muy frecuente primera persona y su estilo narrativo a veces fuese discontinuo y con importantes saltos temporales, fueron unas novedades que hicieron del literato escocés un adelantado a su tiempo y así se empezó a reconocer. Aunque ha seguido teniendo sus detractores, Walter Scott ha sido mucho más que un autor de novelas infantil-juveniles o de aventuras ya que ayudó a renovar la literatura popular incrementando su calidad y la importancia de sus temas (crónica histórica, política, costumbrismo culto…) A parte de los autores citados en puntos anteriores, otros escritores influenciados por Scott han sido Emilio Salgari, Mark Twain, Virginia Woolf, Lawrence Schoonover o Alessandro Manzoni.        



6: Un autor contra las soluciones violentas




Uno de los rasgos temáticos más significativos de la obra de Walter Scott fue el tono antibélico y antiviolento de las mismas; si bien nunca rechazó las “soluciones armadas” para zanjar conflictos territoriales o políticos, siempre consideró a estas acciones como un último recurso y de ese modo los héroes de su novelas son más bien pacíficos y proclives a las soluciones dialogadas aunque el autor no dejará de reflejar el triunfo de las armas sobre la palabra, algo que siempre dejaba víctimas innecesarias.  Scott era especialmente contrario a la violencia política (como muestra en Ivanhoe o Rob Roy) y consideraba a la Revolución Francesa como un paradigma de ello (los ingleses conservadores temían horrores a que algo similar sucediese en el Reino Unido), aunque él mismo estuviese de acuerdo en varios de los postulados revolucionarios concernientes a los derechos humanos.  





7: Siempre presente en la lírica romántica




 Walter Scott fue un gran poeta épico cuya obra lírica siempre se ha visto ensombrecida por el éxito de sus novelas, relatos y en definitiva su producción narrativa. The Lay of the Last Minstrel (1805), Marmion (1808), The Lady of the Lake  (1810) fueron largos poemas épicos escritos durante la juventud del autor que pueden considerarse como genuinas muestras del la poesía romántica narrativa. Estas historias de amores trágicos, crónicas de caballerías y tragedias familiares medievales inspiradas en romances, baladas y relatos orales célticos y escoceses fueron una gran y constante fuente de inspiración para el romanticismo anglosajón y europeo. La Dama del Lago, inspirada en un relato arturiano, gozó de importante éxito y fue convertida en la ópera La Donna del Lago por Giacomo Rossini y Schubert musicó tres de los cantos del poema, uno de ellos adaptado más tarde al célebre Ave Maria. La inspiración de los compositores románticos en la obra de Walter Scott no terminó en la poesía: Gaetano Donizetti se basó en la novela The Bride of Lamernoor para su famosa y aclamada ópera Lucia di Lamernoor (1835) cuya escena con su protagonista loca es un momento culmen dentro del mundo del bel canto y un coralario en la música romántica. La obra poética de Walter Scott continua siendo admirada con el paso del tiempo.      

martes, febrero 19, 2013

El Aparatito Lumiere GANGSTER SQUAD



 
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Nuevo fallido intento de hacer cine de género “de toda la vida” fijando la mirada en los clásicos bajo una perspectiva contemporánea. El cine negro y de gangsters, en otro tiempo un filón de grandes películas, es lo que con escasa fortuna se trata de reavivar en este fallido thriller basado en una historia real sucedida en el Los Angeles de los años 40 y en donde casi todo resulta impostado e insuficiente pese al esfuerzo de su director, el joven Ruben Fleischer,  y su interesante reparto. La historia nos lleva a un grupo de policías angelinos con el poco ortodoxo sargento John O´Mara (Josh Brolin) al frente que en 1949 trató de dar caza al temible gangster Mickey Cohen (Sean Penn) saltándose todos los códigos de legalidad de la policía de Los Angeles por requerimiento de sus superiores, ya que Cohen estaba empezando a controlar a toda la ciudad y parecía imparable al menos que alguien le respondiese con sus propias armas de corrupción y violencia. Así, toda la película es un maremágnum de tiros y muertes aunque con una trama consistente e interesante que pese a todo se muestra muy irregular e imprecisa y al final Gangster Squad termina siendo un filme aburrido y sin relieve. 
   
Películas como Los Intocables de Elliot Ness o los filmes de Sam Peckimpah parecen ser el espejo en donde se mira una película voluntariosa pero poco efectiva que pierde enteros conforme avance el metraje y que a veces se asemeja a un cómic de Dick Tracy pese a tratar de reflejar con realismo el sórdido mundo gangsteril del LA de después de la II Guerra Mundial. Sean Penn en esta ocasión está muy forzado y no se le nota que se crea su personaje mientras que Josh Brolin parece a veces un clon de Kevin Costner como Elliot Ness y el emergente Ryan Gosling con un personaje supuestamente clave se encuentra sumamente desdibujado, por no hablar de otros  casi prescindibles.  Poco que sacar en una película que solo gustará a los fans más fanáticos del género negro siempre que no sean nostálgicos ni excesivamente exigentes.