sábado, marzo 15, 2014

MONTXO ARMENDARIZ, ARTESANO DE LA IMAGEN (y II)




 Historias del Kronen (1995), chicos y chicas X

Tras Las Cartas de Alou, Montxo Armendariz se tomó el hasta la fecha más largo periodo sin dirigir ninguna película, concretamente cinco años. Pese a que su reducida filmografía de tres filmes era muy apreciada entre cinéfilos a principios de los 90 en España, el realizador navarro no firmó ningún titulo en el periodo entre 1991 y 1994. El retorno de Armendariz en 1995 fue con una adaptación literaria, la primera de su carrera. Historias del Kronen, estaba basada en la novela homónima del joven escritor José Ángel Mañas, publicada en 1994 y finalista del premio Nadal aquel año. La novela versaba sobre unos ajetreados días en la vida de Carlos, un joven veinteañero madrileño irresponsable, egoísta, irascible y hedonista cuyo principal estímulo vital es la vida al límite (coqueteo con drogas incluido) y el sexo fácil y que termina convirtiéndose en un sujeto peligroso. El libro en poco tiempo se convirtió en una novela juvenil de culto en España especialmente por sus conexiones con la teoría sociológica de la irrupción de la llamada Generación X en el mundo occidental a principios de los 90, una juventud despreocupada y sin referentes morales según los postuladores de dicha generación. Elías Querejeta se hizo con los derechos de la novela y encargó a Armendariz su plasmación en imágenes.         

El guión fue escrito entre el director y el autor de la novela José Ángel Mañas con  pese a todo varios cambios con respecto a ciertos detalles de la obra original. La elección Armendariz como director del filme fue aprobada por Mañas, director admirado por el escritor dándose además la circunstancia de que 27 Horas tenía cierto paralelismo temático con Historias del Kronen, algo que no pasó tampoco inadvertido para la crítica pese a la distancia temporal y generacional de casi diez años entre ambas historias (a fin de cuentas, ambas versaban sobre una juventud al borde del abismo). Para el reparto Montxo escogió un buen ramillete de jóvenes y prometedores actores y actrices con Juan Diego Botto, por entonces una gran esperanza en la interpretación, en el papel de Carlos y otros intérpretes como Jordi Mollá, Armando del Río, Eduardo Noriega, Nuria Prims, Aitor Merino, Cayetana Guillén Cuervo o Diana Gálvez, que falleció poco antes del estreno en mayo de 1995. Entre los intérpretes veteranos, Mercedes Sampietro y Josep María Pou como los padres de Carlos. Historias del Kronen resultó una película muy irregular aunque no se tratase de un filme deficiente. La crítica se dividió entre quienes valoraron su realismo y su valor sociológico como reflejo de un sector cuanto menos poco deseable de la nueva juventud española (destacando las escenas en donde los protagonistas juegan con el riesgo y las de los instantes finales en una salvaje fiesta)  y entre los que consideraron al filme como poco valiente y con excesiva moralina, algo que por otra parte no aparece en la novela original en donde el personaje de Carlos figura como un ser egocéntrico y sin sentimiento de culpa mientras que en la película el personaje parece experimentar un arrepentimiento por sus fechorías. Con todo, hubo unanimidad en considerar que esta había sido la película mas floja de Montxo Armendariz hasta la fecha y de hecho se puede considerar como el filme menos brillante de su filmografía, ya bastante por debajo de sus cintas anteriores. Al propio autor de la novela y coguionista del filme, Historias del Kronen no le satisfizo en aspectos como el diseño de producción o el vestuario.  

Las críticas no excesivamente buenas no impidieron que la película fuese un éxito en taquilla y uno de los filmes españoles con más recaudación del año, gracias principalmente- y como era de esperar-  al público joven, que vio en este filme un retrato idealizado de la vida juvenil al límite, y claro está, estas cosas venden Armendariz, que ya tenía 46 años cuando se estrenó el filme, tal vez no fuese el director más adecuado para un filme de esas características, pero se esforzó en incluir una banda sonora con varios grupos españoles indies o urbanos del momento (Australian Blonde, El Inquilino Comunista), en ofrecer cuidadas secuencias imágenes callejeras y de conciertos y en mantener las referencia culturales de los personajes de la novela (el cine snuff, por ejemplo), pero el filme, aunque interesante y aceptable, no llega a ser en ningún momento una gran película. El tratamiento edulcorado hacia el personaje de Carlos no gustó a los lectores de la novela original y muchos en cierto modo se sintieron decepcionados con esta adaptación. Historias del Kronen consiguió pese a todo el Goya al mejor guión adaptado y durante un tiempo el status de filme de culto (más incluso que la novela) aunque después de varios años ambas hayan pasado al olvido. Muy poco acorde a la obra anterior del director- aquí el elemento antropológico-poético brilla por su ausencia así como poco se ve del personal estilo del director-  Historias del Kronen también decepcionó a los seguidores de Montxo Armendariz          


Secretos de Corazón (1997), el niño que mira


Tras el pequeño fiasco artístico de Historias del Kronen la credibilidad de Montxo Armendariz quedó ligeramente cercenada: ¿estaba el director vasconavarro en decadencia? Pronto se demostró que no, y ni mucho menos. El caso es que poco antes de embarcarse en el proyecto de Historias del Kronen, Montxo había escrito el guión para una nueva película, esta vez un drama intimista con niños como protagonistas pero con el rodaje de la adaptación de la novela de José Ángel Mañas Secretos del Corazón quedó postergada. Con ganas de hacer un filme de signo diametralmente distinto al de su anterior película, Armendáriz se puso manos a la obra poco después de Historias del Kronen, tal era el entusiasmo que le suscitaba este nuevo proyecto. El rodaje se llevó a cabo mayormente en Navarra concretamente en la zona de Baztán y en Tudela y por primera vez Elías Querejeta no se encontraba en la producción de un film de Armendariz, ya que fue producido por el director y Andrés Santana.  El presupuesto de la película, sin ser grande, fue hasta el momento el mayor en una película de Montxo Armendariz. Secretos del Corazón iba a ser básicamente la crónica del proceso fortuito de maduración de un niño de 8 años en los años 50 del siglo XX, huérfano de padre y enviado a la casa de campo familiar en donde asiste atónito al complejo mundo de los adultos tras convivir con sus familiares, todos ellos con extraños y oscuros secretos. Andoni Erburu, un pequeño gran actor navarro. dio vida a Javi, el protagonista absoluto de la historia secundado por un excepcional reparto: Carmelo Gómez (el tío), Silvia Munt (la madre), Charo López (la tía María), Vicky Peña (la tía Rosa), Joan Vallés (el abuelo) y Joan Dalmau (Benito) como personajes más o menos principales. Junto a Erburu, otros competentes actores noveles como el adolescente Álvaro Nagore (Juan, hermano de Javi) y el niño Iñigo Garcés (Carlos, amigo de Javi)      

Filmada con pulcritud y siguiendo con tiralíneas las circunstancias emocionales de su pequeño protagonista por averiguar los secretos de la casa y de su familia, Secretos del Corazón triunfa como drama intimista y como historia de aprendizaje y maduración sin desdeñar su aliento poético y simbólico y su poder emotivo. Estrenada en marzo de 1997, la crítica y el público pronto se vieron encandilados por una historia de alto octanaje emocional y medida sensibilidad que refleja excepcionalmente los miedos, deseos, anhelos y en definitiva, la visión de la infancia, dentro de un entorno tan extraño y represivo como la España franquista. Armendariz supo también captar muy bien la condición de nicho del entorno rural (la casa, principalmente) donde se desarrolla la historia ajena al mundo exterior pero inevitablemente por él influida. La cuidada fotografía de Javier Aguirresarobe, la lograda ambientación en la postguerra, la música de Bingen Mendizabal y las excepcionales interpretaciones realzan las cualidades de uno de los mejores filmes de la historia del cine español: Montxo Armendariz consiguió con esta película su obra maestra, superando incluso a Tasio, y hoy por hoy es su filme más preciado y conocido. Especialmente elogiadas fueron las interpretaciones de Andoni Erburu e Iñigo Garcés, de las mejores actuaciones infantiles que se habían visto en el cine ibérico. Andoni Erburu está sencillamente conmovedor en su papel de inocente testigo vicario de un mundo en descomposición y pese a que no haya seguido una carrera interpretativa llegado a la adolescencia y a la edad adulta, siempre será no solo el protagonista de Secretos del Corazón sino la película misma. Marcado inocentemente por la muerte de su padre y por el deseo de averiguar la verdadera causa de esta, Javi es uno de los personajes infantiles más deliciosos, complejos y fascinantes de la historia del cine en España   


Además de que comercialmente el filme fue un éxito siendo de las películas españolas más taquilleras del año, su cosecha de premios y reconocimientos internacionales fue espectacular: cuatro premios en el Festival de Cine de Cartagena (incluyendo mejor película), cinco premios del Círculo de Escritores Cinematográficos (mejor película, mejor guión  y mejor director entre ellos), dos premios de la Unión de Actores apra Charo López y Andoni Erburu, Premio Ondas a la mejor Película, Premio del público en el Festival de Chicago, mejor película europea en la Berlinale; cuatro premios Goya incluyendo mejor actriz de reparto (Charo López), mejor actor revelación (Andoni Erburu), mejor dirección artística y mejor sonido- obtuvo otras cuatro nominaciones incluyendo mejor película y mejor director-; y como colofón su nominación a la mejor película de habla no inglesa que finalmente perdió. Su carrera internacional fue también excepcional siendo estrenada en EEUU, Reino Unido, Japón y multitud de países siempre con críticas inmejorables. Montxo Armendariz consolidó- si quedaba alguna duda- su condición de uno de los mejores cineastas españoles en activo.      


Silencio Roto (2001), pasiones de resistentes

La resaca de Secretos del Corazón duró varios años y sirvió para que la comunidad cinéfila renovase su interés en la obra de Montxo Armendariz, de modo que fueron frecuentes a finales de los 90 y comienzos de los 2000 los homenajes y las retrospectivas dentro de festivales o desde instancias institucionales. Así, en 1998 el Gobierno de Navarra le concedió el premio Príncipe de Viana y ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía. Las retrospectivas tuvieron lugar a lo largo y ancho del planeta: Festival de Málaga (1998), Festival de Baiona (1998), Cinemateca de Estrasburgo (1998), Festival de La Rochelle (1998), Festival de El Cairo (1999), Festival en el Lincoln Center de Nueva York (2001). Con el fin de lograr autonomía en el cada vez más difícil mundo del cine español, Montxo decide ayudar en 1999 a la directora de produccción Navarra y colaboradora de Armendariz en sus últimos filmes Puy Oria en la creación de una compañía de producciones cinematográficas independiente y así nace Oria Fils S.L, empresa con la que realizará sus hasta el momento últimos tres filmes. 



De nuevo el realizador navarro dejó pasar un largo lapso de tiempo hasta su siguiente película, la primera producida por Oria Films. Montxo Armendariz siguió en Navarra y en el pasado en su nueva película, Silencio Roto, ambientada en la postguerra española de los años 40 y que trataba un tema fascinante y escasamente conocido de la historia española contemporánea, el de los maquis, aquellos combatientes del bando republicano en la Guerra Civil que tras terminar la contienda en 1939 y sin haber sido apresados por el nuevo régimen fascista de Franco decidieron esconderse en montes y bosques donde vivían como furtivos valiéndose del pillaje y de la ayuda de lugareños de esas zonas mientras sorteaban como podían la búsqueda y “caza” de las fuerzan del orden franquistas. Armendáriz se interesó por los maquis cuando Carmelo Gómez le hablo de ellos en el rodaje de Secretos y posteriormente el director se documentó más a fondo de este episodio mediante libros de diferentes historiadores, decidiendo finalmente hacer una película sobre el tema. Armendariz se entrevistó también con guerrilleros supervivientes y se quedó fascinado del potencial dramático de esos relatos.  


La historia, escrita de nuevo en solitario por Montxo, está situada entre los años 1944 y 1948 en una aldea del norte de la península. Allí regresa después de nueve años la joven Lucía (Lucía Jiménez). Los habitantes del pueblo, aunque con algún partidario del régimen, viven en su mayoría con resquemor la represión que un destacamento militar ejerce sobre ellos, llevada a cabo especialmente sobre aquellos sospechosos de simpatizar en su día con “los rojos” y por el hecho de que algunos antiguos vecinos son parte de la resistencia clandestina en las montañas. Cuando el ejército pretende llevarse a Manuel (Juan Diego Botto), amante de Lucía y ex soldado del bando republicano, este huye al monte con los maquis sin perder la relación con Lucía, que le ayudará en todo momento.  Dos años después, los maquis consiguen tomar el pueblo ante el regocijo de los lugareños derrotando a los soldados, pero estos contraatacan aplicando su sentido de la “justicia”. A partir de ese momento, la vida de Lucía -embarazada de Manuel, que logró huir del contraataque de los militares- se convierte en una pesadilla en un ambiente local turbio y enrarecido por traiciones, rencillas, mezquindades y muertes en donde solo su amor por Manuel parece ser lo más puro incluso por encima de luchas e ideales. Un final trágico pondrá punto y final a una historia de amor y lealtad imposible.


Estrenada a principios de 2001, tal vez esta sea la tercera mejor película de Montxo Armendariz tras Secretos del Corazón y Tasio. Un guión sólido y una historia más que sugerente donde se dan cita el amor, la amistad, la traición, la esperanza y el engaño en un muy logrado tour de force de emociones. Muy bien ambientada y con un mensaje claro sobre la inutilidad de la violencia, la película presenta a los maquis como unos guerrilleros románticos que pese a todo no eran menos violentos que las tropas franquistas y a una población civil que muchas veces verá traicionada su confianza y admiración en los guerrilleros cuando estos se ven incapaces de defenderlos para salvarse a si mismos. Las traiciones y venganzas entre vecinos y familiares tiñen de dramatismo una historia en donde la relación amorosa entre Lucía y Manuel a duras penas puede mantenerse. Armendariz volvió a demostrar su dominio de la difícil técnica de ajustar las imágenes a los vaivenes dramáticos de una historia mediante la utilización del paso del tiempo en un relato y los cambios producidos en los escenarios. Para este filme, el director contó con un largo y muy eficaz reparto que a parte de los citados incluía a Mercedes Sampietro (Teresa), María Botto (Lola), Álvaro de Luna (Don Hilario), Rubén Ochandiano (Sebas) y María Vázquez (Sole). Por primera vez, Armendariz trabajaba en una película con gran número de actores y actrices que ya estuvieron bajo sus órdenes en otros filmes. Juan Diego y María Botto, hermanos en la vida real, también lo eran en esta película.  Patxi Bisquert y Andoni Erburu, los protagonistas de las dos anteriores obras maestras de Armendariz interviene aquí en pequeños papeles  

Silencio Roto obtuvo de nuevo muy buenas críticas y consiguió relativamente una buena taquilla. Se valoró el acierto de centrar la historia en los habitantes civiles, protagonistas y víctimas reales de aquellos episodios gracias a su ayuda a los maquis y su paciencia, en lugar de en los guerrilleros, así como su sentido lírico y humanista que no desmerecía nada del de filmes como Secretos del Corazón.  Sin embargo no obtuvo demasiados premios, destacando cuatro en el Festival de Cine Español de Nantes. Con el paso del tiempo, Silencio Roto sigue siendo considerada una obra maestra del cine español de los últimos 20 años y una de las mejores películas realizadas sobre la postguerra española.  


Obaba (2005), el mundo de Bernardo Atxaga

El listón otra vez estaba muy alto para el veterano director: ya prácticamente no tenía nada que demostrar a sus más de 50 años y pese a haber dirigido solamente seis películas en 17 años. Tras dirigir el modesto documental Escenario Móvil (2004), en donde seguía el recorrido de un músico ambulante por diferentes pueblos, el director se puso a trabajar en su nuevo filme de ficción.  Para ello recurrió de nuevo a una obra literaria en la forma de una obra maestra de la narrativa de finales del siglo XX del calibre de Obabakoak de Bernardo Atxaga. Escrita y publicada originalmente en euskera en 1988, Obabakoak era una singular obra que combinaba la novela con los relatos breves en un poderoso ejercicio de metaliteratura que encandiló a la crítica y a lectores de todo el mundo ya que fue traducida a diferentes idiomas. Fue la primera novela en euskera que consiguió el Premio Nacional de Literatura y continua siendo la obra literaria en lengua vasca más conocida en el mudo. Las peculiares características de la obra (tres partes con historias diferenciadas pero con un mismo protagonista; relatos independientes dentro de la trama de la novela; flashbacks, memorias y recuerdos continuos; superposición de personajes y situaciones) hacían teóricamente imposible una adaptación cinematográfica de la misma, pero Montxo optó por un razonable e inteligente camino para conseguir esto tomando tres de las historias de la novela (más o menos concatenadas entre sí) para zurcir prácticamente una historia nueva con coherencia de planteamiento-nudo-desenlace. El esfuerzo de adaptación del cineasta navarro tuvo su recompensa en un guión ágil e interesante que estructuró una buena película que pese a todo se encontraba entre lo menos brillante de su producción hasta ese momento. Aunque se logró mantener el peculiar universo entre costumbrista, fantástico y onírico de Bernardo Atxaga ejemplificado en el ficticio pueblo de Obaba, un lugar extraño e intemporal (y eso no resultaba sencillo a priori) la película está a años luz de las excelencias del libro, y es que la empresa era demasiado ambiciosa y arriesgada.

Por tercera vez consecutiva, la Navarra rural fue el plató para una película de Montxo Armendariz. La película, al igual que la novela, se estructura a partir del personaje central-narrador de la mayor parte de la historia, con el cambio de que en esta adaptación en lugar de ser un hombre de trentaitantos (sin nombre en el libro, ya que estaba narrado en primera persona), se trata de una mujer joven de 25 años de nombre Lourdes e interpretada por una entonces desconocida Bárbara Lennie. En el filme, Lourdes, una estudiante de imagen llega al pequeño pueblo de Obaba con su videocámara para captar la vida diaria de sus gentes. El entorno de la localidad pronto se le presenta como un lugar donde sus habitantes parecen marcados por inquietantes sucesos del pasado que de alguna manera han condicionado el devenir de la historia de Obaba en los últimos años, algo que por otra parte terminará atrapando a la propia Lourdes. El guión adaptado de Armendariz convirtió a esta película -estrenada en septiembre de 2005- en una adaptación libre de la novela de Atxaga, algo que no satisfizo a los seguidores más acérrimos del libro pero tuvo su visto bueno por parte de la crítica aunque consideró a Obaba como su filme más flojo hasta el momento. Es cierto que las historias más o menos independientes están muy bien contadas -sobresale por su aparente descontextualización la del atribulado Lucas y su desconcertante experiencia en un restaurante- y que los personajes, muy, muy bien planteados siguiendo los cánones atxaguianos funcionan a las mil maravillas, pero la película se queda corta en niveles de emotividad y de elevar su potencial melodramático. Tal vez, el hecho de tocar una historia con ribetes casi fantásticos fue algo que desbordó a Montxo a la hora de dar su habitual empaque realista e inmediato a una película basada en una historia más bien de realismo mágico, tema extraño en su filmografía.    

Montxo Armendariz volvió a demostrar ser un gran director de actores en un reparto que además de Lennie incluía a Juan Diego Botto en su tercera colaboración con el director en el papel de Miguel, el cicerone de Lourdes en Obaba, Pilar López de Ayala como la sensible y superada maestra del pueblo en su juventud, Txema Blasco (Tomás), Héctor Colomé (Ismael), Lluis Homár (Esteban adulto), Peter Lohmeyer (Padre de Esteban), Ryan Lee Cameron (Esteban joven), Mercedes Sampietro (Madre de Miguel) y Eduard Fernández como Lucas. Menos premiada que otras cintas del realizador de Olleta (ganó el Goya al mejor sonido) la película pasó discretamente por taquilla en una época en donde el público ya había empezado a dar masivamente la espalda al cine español.           
 
No tengas miedo (2011), regreso a la denuncia

Llegado a los 60 años en 2009, Montxo Armendariz es ya un director sin nada que demostrar con una relativamente breve filmografía en 25 años que ha continuado suscitando admiración y alabanzas por parte de cinéfilos, ejemplarizándola como una obra coherente y honesta hecha con mimo y dedicación de una manera modesta y escueta pero deslumbrante en sus resultados. La revaloración de su figura y su filmografía en los últimos tiempos ha sido una constante que ha hecho que se le “perdone” la no excesiva brillantez de filmes como Obaba o su último trabajo hasta la fecha, No tengas miedo (2011) Pero antes de su estreno, el director recibió varios premios, homenajes  y distinciones: en 2008 recibió el Premio Cine y Valores Sociales, el Premio Ciudad de Astorga del Festival de Cine de dicha localidad, el Premio Manuel Lekuona de Eusko Ikaskuntza como personalidad relevante de la cultura vasca y el premio  4D del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro. En 2009 precisamente la sociedad de estudios vascos Eusko ikaskuntza publicó un monográfico sobre el director escrito por José Luis Rebordinos y Jesús Angulo y a finales de ese año con motivo del 25 aniversario de Tasio el Instituto Navarro de las Artes Audiovisuales y Cinematográficas organizó en Bakedano, el lugar donde se rodó el emblemático filme, un homenaje a donde acudió tanto el equipo técnico como el reparto casi en su totalidad. Una cena de confraternización entre vecinos de Bakedano y el elenco artístico-técnico del filme puso el broche de oro a los actos. Se editó también un libro conmemorativo, Tasio 25.  El carbonero de Urbasa ya es un mito.


Tras ser nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Pública de Navarra en 2010 y ceder sus primeros cortos a la Filmoteca de Navarra (Barregarien Dantza, Carboneros de Navarra…) Montxo Armendariz estrena a principios de 2011 No tengas miedo, película con la que vuelve al tiempo presente en la totalidad del metraje  (algo que no ocurría desde Historas del Kronen) y al cine de denuncia social como en 27 Horas,  Las Cartas de Alou o en cierto modo en Silencio Roto. Protagonizada por el joven valor en alza Michelle Jenner y localizada en Madrid, se trata de la historia de Silvia, una joven de 25 años marcada por una infancia de maltratos que decide rehacer su vida enfrentándose a todo lo que ocasionó su malestar. Una película áspera y honesta que volvió a convencer aunque sin llegar a ser de lo más llamativo de la filmografía del director. Lluís Homar, Belén Rueda, Nuria Gago y Rubén Ochandiano intervienen también en el filme, que pasó con bastante e inmerecida discreción por las carteleras españolas. Sin llegar a hacer ninguna obra maestra, el viejo Montxo siguió demostrando su gran oficio como narrador y excelente captador de la realidad en una película con un tema espinoso como es el de los maltratos y abusos a la infancia. La excelente interpretación de Michelle Jenner fue muy alabada por la crítica así como el acierto del cine al alejarse del morbo efectista.


Cine inmediato, historias con mayúsculas

En 2014, 30 años después de su debut con Tasio, Montxo Armendariz aún sigue en activo esperando, quien sabe si en breve, ponerse detrás de las cámaras en una nueva película. Haga lo que haga será a buen seguro algo que de un modo u otro llamará la atención, gustará  y posiblemente conmoverá. Cineasta artesanal en lo técnico pero enormemente eficiente y narrador extraordinario, Montxo posee un universo poético-metacinematográfico propio basado en el sutil uso de las imágenes y de los recursos cinematográficos narrativos (elipsis, flashbacks) que pone al servicio de grandes historias contadas con pasión. Costumbrismo, antropología social, denuncia histórica y social, poesía narrativa, intrahistoria, crónica de la vida diaria, realismo semidocumental y pulso melodramático humanista se dan cita en una de las filmografías más regularmente brillantes del cine español. Un prodigio de sencillez que consigue relatos conmovedores y excepcionales. Esta es la obra de un genial artesano de la imagen.      


martes, marzo 11, 2014

El Aparatito Lumiere JOVEN Y BONITA (JEUNE & JOLIE)






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Sin ninguna intencionalidad de denuncia, con lo justo de crítica social y con escaso afán moralizante se presenta esta película con la prostitución (la de una adolescente concretamente, espinoso tema) como tema central, filmada con calculada e inquietante gelidez y con estudiadas elipsis narrativas y conceptuales por un cineasta tan hábil como el francés François Ozon (En la casa). Un historia que si bien no tiene por que resultar nada extraña ni necesariamente inusual (una muchacha de 17 años de clase-media alta que decide ejercer por las tardes la prostitución de lujo compaginando esto con su vida de estudiante e hija adolescente) en esta película, -parca en explicaciones y abierta, por que no, a varias interpretaciones- resulta algo incómodo, kafkiano y desconcertante a veces a causa de una premeditada sencillez narrativa donde tiene perfecta cabida lo perfectamente previsible y sin que esto dañe en absoluto a una película sugerente y eficaz que pasa de moralina y que se introduce de forma directa y sin devaneos en los vaivenes de una psique adolescente que opta un buen día por transgredir las normas sin que se sepa (ni sepamos) exactamente por que. ¿Rebeldía teenager? ¿Una manera peculiar de canalizar al máximo una recién descubierta vida sexual? ¿Rebelión contra (unos hipócritas) valores familiares? 

Posiblemente el debate que generará este filme será importante, pero cinematrográficamente hablando Jeune & Jolie resulta un filme excelente, elegante y con un inteligente planteamiento que renuncia del posicionamiento y se limita a narrar una historia desde la mirada omnipresente de su protagonista, la joven Isabelle, encarnada con una increíble madurez por la debutante Marine Vatch. El descubrimiento de la actividad sexual es lo que desencadena esencialmente la historia, llevado esto a un extremo tan poco usual como inexplicable. Aquí aparecen -que si sí o que si no- temas como los peligros de las nuevas tecnologías de comunicación en manos de los niños y adolescentes, el creciente afán por el dinero fácil por parte de la juventud, los problemas familiares ocultos y sus consecuencias o el despertar sexual en la adolescencia, pero todo de una manera intencionalmente desdibujada, incompleta y ambigua. La película es su protagonista y sus circunstancias, su mirada inquietante y sus problemas por construir su identidad en un estado de total fragilidad emocional: algo que aparece de manera excepcionalmente nítida en este filme y solo por esto ya es un magistral filme, tal vez solo dañado por sus poco explícitas pretensiones. Sin demagogia, sin clichés y sin mucho morbo, un filme poliédrico que puede que  según que espectador signifique una cosa diferente

sábado, marzo 08, 2014

MONTXO ARMENDARIZ, ARTESANO DE LA IMAGEN (I)





La realidad en celuloide

Pocos directores de cine en España han generado tanta admiración unánime por parte de crítica y público (algo además harto difícil) con una filmografía tan relativamente breve como Montxo Armendariz. Su cine, todo un prodigio de sorprendente conjunción de sobriedad, poesía, humanismo y realismo verista es uno de los más personales del cine europeo en los últimos 30 años. Excelente narrador y sensible captador de imágenes casi documentales, Montxo Armendariz ha demostrado dominar totalmente el arte cinematográfico sin necesidad de aparatosidades técnicas ni de grandes presupuestos y tratado de mantener sus señas de identidad con éxito a lo largo de un amplio periodo de tiempo. Sus solo ocho largometrajes en treinta años son en su mayoría excelentes filmes que han cosechados las alabanzas de la crítica internacional e innumerables premios en todo el mundo. 30 años después de su opera prima, la magistral y ya clásica Tasio (1984), Armendariz sigue manteniendo su estatus de uno de los mejores directores de la historia del cine español. 27 Horas (1986), Las Cartas de Alou (1990), Secretos del Corazón (1997) o Silencio Roto (2001) se cotizan como algunas de las mejores películas ibéricas de la historia por derecho propio, todas obra de un cineasta con vocación de antropólogo y humanista con una gran pasión por contar historias con mayúsculas.

Juan Ramón Armendariz Barrios nació en Olleta, en la zona vascoparlante de Navarra el 27 de enero de 1949. A los seis años de edad se mudó con su familia a Pamplona, concretamente al barrio de Txantrea. Aunque Montxo Armendariz fue un cineasta de vocación tardía su pasión por el cine desde su infancia siempre fue enorme, siendo sus tardes y matinales de cine interminables: sus géneros favoritos en sus años jóvenes eran el cine negro y la comedia. En realidad, sus intereses profesionales en su adolescencia estaban orientados a la electrónica y de hecho estudió Maestría en la rama de electrónica. Desde principios de los setenta comenzó a trabajar en ese campo sin tener aún en mente el dedicarse al cine, que era su principal pasión y afición. Durante los últimos años del Franquismo, el joven Montxo se afilió en Pamplona al Movimiento Comunista de Euskadi, tal era su afinidad política con el comunismo y con la reivindicación de Navarra como parte integrante de Euskal Herria y participó en diferentes actos antifranquistas. En la transición a la democracia, Armendariz continuó su militancia política pero esta se fue atenuando paulatinamente en la mediad que empezaba a centrarse en su actividad laboral docente como profesor de electrónica en el Instituto Politécnico de Pamplona. Esta ocupación la ejercería hasta 1982.


Primeras miradas a la naturaleza (cortometrajes, 1979-1981)

El primer contacto  relevante de Montxo Armendáriz con el mundo del cine se produjo en 1977 cuando llegó a la Asociación de Cineastas Vascos en Bilbao dispuesto a aprender el oficio de cineasta aún sin haber asistido a ninguna escuela oficial de cine. Armendáriz estaba muy interesado en el incipiente movimiento del cine vasco que se estaba dando en la segunda mitad de los 70 al calor de las nuevas libertades que traía la transición para el Estado español y al resurgir del nacionalismo vasco una vez desaparecida la dictadura de Franco. Aunque apenas se habían rodado unos pocos cortometrajes en aquella época siguiendo las farragosas coordenadas conceptuales de los que debía ser el nuevo cine vasco (con un carácter más metafísico-político que práctico siguiendo las reivindicaciones propias del nacionalismo vasco) aquel debate parecía guiar totalmente los anhelos y propósitos de varios cineastas de Euskadi como uno de los principales teóricos de aquel movimiento, el guipuzcoano Fernando Larrurquet, director junto con Nestor Basterretxea del documental Ama Lur (1968) un hito en la afirmación de la cultura vasca en pleno régimen dictatorial español: precisamente fue Larruquert uno de los primeros maestros y guías de Montxo Armendáriz en la Asociación de Cineastas Vascos además de colaborados en sus primeros cortometrajes. En la ACV Montxo también conoció al futuro director de fotografía Javier Aguirresarobe. Nuestro cineasta comienza a rodar sus primeros cortometrajes dentro de la corriente simbólica-reivindicativa nacionalista de aquel intento de cine vasco como género cinematográfico que propugnaban varios cineastas a finales de los 70 aunque en el caso de Armendariz con un tono claramente izquierdista; el primero fue Barriegarrien Dantza (1979) (El Baile de lo Gracioso, en euskera), de tinte simbolista político denunciando la manipulación a la que se somete la población por parte del poder. Este cortometraje fue muy comentado en los (aún reducidos) círculos de filmakers vascos que deseaban crear una industria (además de un arte) cinematográfica vasca y consiguió en el certamen Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao el Mikeldi de Plata (segundo premio) y el Primer Premio del Cine Vasco antes de recibir el premio Especial de Calidad del Ministerio de Cultura.

Ikusmena (Mirada) (1980) otro cortometraje simbolista que denunciaba la falta de libertad que aún se vivía en la transición española consigue de nuevo el Primer Premio del Cine Vasco en el Festival de Bilbao aquel año. Sin embargo, Montxo Armendariz, que aún no se dedicaba profesionalmente al cine, no había obtenido el reconocimiento merecido en la escena española debido a lo arriesgado y poco convencional de su propuesta y al comprometido carácter político de su escasa obra hasta el momento. En 1981 dirigiría un capítulo de la serie de cortometrajes documentales sobre temas vascos Ikuska, bastante populares en Euskadi y Navarra a finales de los 70 y principios de los 80, sobre el norte de Navarra. Ese mismo año dirige un nuevo corto documental, el titulado Nafarroako Izazkiñak/Carboneros de Navarra que por fin consigue llamar unánimemente la atención de la crítica a nivel estatal por su enorme calidad. Este mini documental bilingüe en castellano y euskera producido por la Diputación Foral de Navarra recogía el día a día de la actividad de los carboneros de la Sierra de Urbasa en Navarra, un oficio en vías de desaparición pero que era practicado con devoción por sus ejecutores, hombres que vivían en pleno monte en contacto con la naturaleza. El tono antropológico documental del cortometraje con las imágenes al servicio de esa intencionalidad tanto didáctica como poética entusiasmó a una parte considerable de la crítica y además de recibir los premios de rigor del Cine Vasco y el de Calidad Cinematográfica del Ministerio de Cultura puso al director vasconavarro en boca de entendidos y críticos inquietos. Decir que este documental de 35 minutos fue de algún modo la génesis del primer largometraje de Montxo Armendariz, Tasio, ya que en su rodaje conoció al carbonero cuya vida se narra en dicho filme, Anastasio Tasio Ochoa.         


Tasio (1984), la leyenda del carbonero de Urbasa

En 1982 Montxo Armendariz deja su labor como profesor de FP de electrónica y decide dedicarse profesionalmente al cine animado por el éxito de crítica de Carboneros de Navarra y con perspectiva de dirigir su primer largometraje. El encuentro de Armendariz con Tasio Ochoa (1916-1989) en el rodaje de Carboneros… había marcado profundamente al realizador, hasta el punto de que deseaba que su ópera prima en el largo de ficción fuese la biografía del singular personaje.  Tal y como Armendariz afirmó en 2009 en el 25 aniversario del filme Tasio  Hay personas acontecimientos o hechos que modifican el rumbo de nuestras vidas (…) En la mía Tasio es uno de esos nombre ineludibles, determinantes. Primero como persona, después como película” Tasio, que residía en la aldea de Zuñiga cerca de la Sierra de Urbasa en el norte de Navarra, siguió contando con la amistad de Armendariz una vez finalizado el rodaje y durante varias visitas del director al carbonero este le contó anécdotas de su infancia que dejaron marcado a Montxo, referentes a su capacidad de memorizar las palabras de otros niños sobre lo aprendido en la escuela (él apenas fue a ella) o a sus primeros oficios como cazador furtivo de crías de pájaros para sustentar a su familia, que él ocultaba a sus vecinos. El director se quedó impresionado por la sabiduría de una persona que hizo del monte no solo su modo de vida sino su ideología y su sustrato vital,  en donde el carbonero aseguraba que “podía encontrar todo” para vivir y trabajar solo para él negándose a trabajar para los demás. Montxo Armendáriz había encontrado por fin una historia para su primera película larga y pidió permiso a Tasio para rodar un filme sobre su vida. El cineasta escribió el argumento y el guión literario de la futura película en 1982 respetando al máximo los recuerdos vitales que el carbonero le había ido narrando en distintas conversaciones. Javier Eder se encargó de escribir los diálogos del filme siguiendo el argot y expresiones en  castellano de los habitantes de la zona de la comarca de Estella-Lizarra de donde procedía Tasio Ochoa (zona no esencialmente vascófona dentro de la parte norte de Navarra) y una vez terminado el guión comenzó un infructuoso peregrinaje por varias productoras que lo rechazaron por ser ruralista y poco interesante. ¿Podía tener una película ambientada en escenarios naturales y remotamente rurales viabilidad comercial? Parecía que no, y la gran ilusión de Montxo Armendariz por llevar a la pantalla una historia tan peculiar, especial y personal se iba desvaneciendo.      


Tuvo que ser un productor con la sabiduría del gran Elías Querejeta el que diese su apoyo a un proyecto tan arriesgado e inusual como Tasio. Con un enorme olfato y su sapiencia en el mundo del séptimo arte apostó por un director novel de vocación tardía con una historia que más allá de su evidente sentido antropológico contenía un enorme interés dramático y humano: un relato de superación, amor, amistad, lucha, dificultades que pese a su sencillez y su entorno localista tenía un enorme potencial. Querejeta ya conocía el trabajo de Montxo Armendariz en sus cortometrajes, y con un pequeño (y adecuado a las circunstancias) presupuesto puso en marcha el rodaje del filme en los escenarios reales donde aconteció la vida de Tasio Ochoa: Urbasa y la comarca de Estella, y más concretamente en el pueblo de Baquedano. Para interpretar a Tasio, se escogió a Patxi Bisquert un joven actor semiprofesional guipuzcoano (se dedicaba a labores de caserío) que en los 70 había sido miembro de ETA pm y que había debutado a los 28 años sin ninguna experiencia interpretativa previa en La Fuga de Segovia (1981) de Imanol Uribe, basada en una fuga real de miembros de ETA polimilis en los 70 donde participó el propio Bisquert. El actor requería no solo al perfil físico del personaje sino casi al profesional ya que el mismo era entonces un baserritarra (labrador  y granjero vasco). Patxi Bisquert había intervenido en Akelarre (1983) de Pedro Olea, una de las primeras producciones del cine producido en la Comunidad Autónoma del País Vasco con respaldo económico del Gobierno Vasco, y se había ganado fama como sex symbol del nuevo cine de Euskadi compitiendo con otro joven galán, el vizcaíno Imanol Arias protagonista del primer gran éxito del nuevo cine vasco La Muerte de Mikel (1983) de Imanol Uribe. El reparto lo completaron actores vascos semidesconocidos o semiprofesionales como Amaia Lasa (Paulina, la mujer de Tasio) que había intervenido en La Muerte de Mikel, José María Asín (amigo de Tasio) o Paco Sagarzazu (guarda). El actor asturiano Nacho Martínez (futuro protagonista de Matador (1985) de Almodóvar) encarnó al hermano de Tasio, mientras que los jóvenes Isidro José Solano y Garikoitz Mendugutxia dieron vida a Tasio de adolescente y niño respectivamente.     



Tasio se estrenó finalmente en octubre de 1984 y contra todo pronóstico fue un éxito de crítica. Su estilo de docudrama sus hermosas imágenes filmadas con profusión de verdes y rojizos naturales por el gran José Luis Alcaine, la emocionante música de un primerizo Ángel Illarramendi y el soberbio guión escrito finalmente por Montxo Armendariz y Marisa Ibarra entusiasmaron no solo a la crítica sino también al público. Se alabó la sensibilidad poética de una película tan sobria como emocionante y la pericia del filme por captar las emociones y sentimientos humanos en su estado más puro y creíble. También fue muy elogiado el trabajo actoral de un reparto semiprofesional en donde la mayor parte de los papeles secundarios eran interpretados por actores aficionados y gentes del pueblo de Baquedano. Patxi Bisquert fue una auténtica revelación aunque el pasado del actor -que a partir de ese momento se dedicaría profesionalmente a la interpretación- despertó muchos recelos. La historia del carbonero, del hombre de monte que  desde niño  aprendió a vivir de la naturaleza para sustentar a su familia primero fabricando carbón y más tarde también como cazador furtivo sorteando prohibiciones legales y luchando por sacar adelante a él y a los suyos para finalmente quedarse a vivir para siempre en el lugar donde encontró la libertad (la montaña), también cautivó al público de todo el Estado Español pese a los temores de que se tratase de una historia excesivamente local. Un éxito de taquilla que acompañó al merecido ensalzamiento por parte de la crítica. La imagen de Tasio adulto en la carbonera fabricando lo que era el sustento de su vida con la música de Ángel Illarramendi de fondo es sin duda una de las imágenes más inolvidables y también populares del cine español. Tasio, Un emotivo canto a la libertad individual que hoy por sigue siendo la obra maestra de Montxo Arméndariz, quien logró un insólito triunfo con un filme inusual y honesto.


27 Horas (1986), generación sin esperanza 

Tras la recolección de premios de Tasio (Segundo Premio Festival de San Sebastián, Mejor Película Festival de Chicago, Fotogramas de Plata mejor película española, premios en el festival de Cartagena de Indias, premios varios para Patxi Bisquert ) y su estreno internacional en países como Francia o Alemania, Montxo Armendariz vio aumentada su reputación como autor tras haber filmado la que para muchos es una de las mejores películas españolas de la historia. Lógicamente, todos los admiradores de Tasio y la crítica esperaban con impaciencia el nuevo filme del realizador navarro. Armendariz de nuevo dirigió su mirada a la crónica de vida cotidiana pero esta vez partiendo de una historia cien por cien ficticia aunque desde luego que tomado realistas apuntes del natural de la situación social de la época. La juventud iba a ser el objeto de su siguiente filme 27 Horas (1986), concretamente la juventud vasca urbana en un entorno en donde el paro (que fue especialmente virulento en Euskadi a mediados de los 80) y la falta de perspectivas vitales había creado una generación desencantada que en muchos casos recurría a la droga como vía de escape. Así con un tono más urbano en contraste con el filme anterior pero con la misma intencionalidad semidocumentalista, Montxo acometió su segundo largometraje, rodado mayormente en Donostia-San Sebastián y con un muy pequeño presupuesto.   
 


De nuevo con el respaldo de Elías Querejeta, quien colaboró con Armendariz en el guión, 27 Horas contaba la historia de un postadolescente donostiarra, Jon (Martxelo Rubio) y sus circunstancias especialmente en los concerniente a la relación con su novia Maite (una jovencísima y desconocida Maribel Verdú) y su amigo Patxi (Jon Donosti)  Jon, que pasa de sus estudios y prefiere pequeños trabajos para costearse los bares, los futbolines y la droga, trata de conseguir junto con Maite y Patxi en las 27 horas de su vida que aparecen reflejadas en la historia una dosis de heroína, su única y principal finalidad desde que se  levanta una mañana. Este McGuffin es el que mueve una historia de viñetas, anécdotas y nihilismo vital en el que el protagonista sin olvidar su amargo objetivo interactúa como si tal cosa con su entorno, todo con un estilo narrativo muy concreto y de nuevo realista y cotidiano. La película fue en parte financiada por la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco dentro de su plan por lanzar el filme producido en la Comunidad Autónoma de Euskadi y ello conllevaba el estreno de copias dobladas al euskera. 27 Horas, al igual que Tasio, fue estrenada mundialmente  en el Festival de Cine de San Sebastián en septiembre de 1986 con muy buenas valoraciones de la crítica (que consideró unánimemente que pese a tratarse de una gran película no llegaba a la altura excelsa de Tasio) y a finales de dicho mes se estrenó comercialmente en toda España. Además los tres actores antes mencionados en el reparto se encuentran André Falcon, Michel Berasategui, Ramón Barea y un semidesconocido Antonio Banderas.


Más que una película sobre el consumo de drogas -tema muy recurrente cuando se tocaba en el cine a la juventud española en los 80-  27 Horas se trata de un filme sobre la vida diaria (en un día cualquiera) de un chaval sin rumbo que mientras busca su dosis se encuentra con las diversas personas que condicionan su vida y sus circunstancias a veces con buen resultado y otras no tanto caminando hacia un final que se antoja en todo momento dramático. Cine de nuevo honesto y sin cortapisas con un estilo sobrio y eficaz pero deslumbrante y sin el elemento claramente lírico de su anterior filme. La película obtuvo la Concha de Plata al mejor director en el Zinemaldi donostiarra, Mejor Película en el Festival de Montpellier y de nuevo excelentes críticas: estaba claro que Montxo Armendariz era uno de los mejores directores españoles del momento y tal vez de Europa además de consolidarse como un maestro en el difícil arte de hacer grandes películas con presupuestos minúsculos. En lo que respecta a la carrera comercial de 27 Horas, su  éxito de taquilla fue discreto en comparación al de Tasio, pero hoy en día se sigue considerando un filme de culto con cierto valor sociológico al reflejar el lado más sombrío y nihilista de un sector de la juventud vasca y española marcado por el hastío y el consumo de drogas y sin ser esencialmente una película sobre la temática de las drogodependencias. En el reparto, un buen puñado de desconocidos actores y actrices, en su mayoría vascos, que cumplieron con creces aunque su protagonista el guipuzcoano Martxelo Rubio solo consiguió mantener una modesta carrera. Por el contrario, una Maribel Verdú de 15 años- que tuvo con esta película su primer papel importante-  encandiló a público y crítica y forjó a partir de 27 Horas una estratosférica trayectoria llegándose a convertir en una de las más cotizadas actrices españolas. También este fue para un Antonio Banderas de 25 años- que encarnaba a Rafa, el camello-  uno de sus primeros filmes.    


Las Cartas de Alou (1990), retrato de la gente que llega

Tras 27 Horas, Montxo Armendariz pasó un paréntesis de cuatro años sin películas. Sus seguidores esperaban un nuevo filme pero este no terminaba de llegar. ¿Dificultades para encontrar una historia interesante?, ¿falta de poyo económico? El caso es que no fue hasta 1990 cuando se estrenó Las Cartas de Alou un nuevo filme inmediato y verista en donde el director navarro volvió a sacar a relucir su faceta de cronista de lo cotidiano que ya había demostrado en 27 Horas pero esta vez con un carácter más humanista e intimista y en cierto modo antropológico, conectando de ese modo con Tasio. Las Cartas de Alou contaba una historia para entonces insólita en el cine como era el día a día de un inmigrante africano en España, años antes de que el boom de la inmigración estallase en la península ibérica -aunque si bien desde hacía tiempo la inmigración desde el África subsahariana había sido algo habitual en España- De nuevo con Elías Querejeta de productor y con un guión escrito en solitario por el propio Montxo, este fue el primer largometraje del realizador vasconavarro rodado fuera de Euskal Herria y el que hasta el momento contaba con el mayor número de actores no profesionales en papeles significados. Mulie Jarju, un trabajador senegalés que llevaba poco tiempo en España sin anterior experiencia interpretativa dio vida a su compatriota Alou, un joven que llega a España clandestinamente y que trata de integrarse en la sociedad española a trancas y barrancas sufriendo muchas veces el rechazo, el racismo y la incomprensión. De Almería a Barcelona pasando por Madrid y Levante, Alou no pierde la esperanza ejerciendo diversos empleos en condiciones precarias- y algunos ilegales- mientras escribe a su familia contándoles sus vicisitudes.  Un buen puñado de inmigrantes de diversas procedencias africanas debutaron en la interpretación en un reparto en el que también se encontraba Eulalia Ramón (Ultimas tardes con Teresa, ¡Dispara!) como uno de los escasos rostros profesionales conocidos.


En este filme, Armendariz penetró tal vez en los terrenos sociales-de denuncia de directores como Ken Loach pero conservando siempre ese especial tono intimista que caracteriza su cine. Estrenada de nuevo en el Zinemaldia de Donostia-San Sebastián (los estrenos de Armendariz en este festival iban siendo ya tradicionales) no pudo tener mejor acogida con una Concha de Oro a la mejor película (el mayor premio que Montxo Armendariz había conseguido con un filme hasta el momento) y el premio al mejor actor para Mulie Jarju. Pese a que su primer premio en el Zinemaldi fue muy discutido, Las Cartas de Alou obtuvo muy buenas críticas tras su estreno comercial en septiembre de 1990 y fue uno de los primeros testimonios más o menos fidedignos (el guión estaba basado en testimonios reales de inmigrantes) de la inmigración en España, un tema hasta entonces que aún no tenía la importancia social que tendría en años posteriores. Montxo Armendariz demostró con esta película que era capaz de hacer un cine sociológico de gran solidez sin perder su especial habilidad para captar lo cotidiano en un marco de exquisitas imágenes y un dominio total del lenguaje cinematográfico. Las Cartas de Alou consiguió ganar dos premios Goya, Mejor guión original para Armendariz y mejor fotografía para Alfredo Mayo además del premio del Círculo de Escritores Cinematográficos al mejor guión original


CONTINUARÁ

lunes, marzo 03, 2014

El Aparatito Lumiere MONUMENTS MEN




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Empeñado en demostrar que es un director competente, George Clooney, que ya dejó un excelente sabor de boca con Buenas Noches y Buena Suerte (2005) y Los Idus de Marzo (2008),en esta ocasión no ha atinado con esta aventura bélica basada en hechos reales cuyo mensaje de que el arte tiene que sobrevivir frente al afán destructor del hombre si bien está muy bien expresado en esta mezcla de drama, comedia, thriller y cine bélico no consigue ser la rampa de lanzamiento que convierta a este en una buena película. Si en los dos filmes antes citados el Clooney director había triunfado con un cine crítico y con bien elaboradas y creíbles connotaciones sociopolíticas, esta incursión en un cine más del gusto de los grandes estudios de Hollywood en lo que es su primera producción de gran presupuesto es fallida: pese al interés de la historia y a un guión eficaz, carece de garra y de elementos que satisfagan a diferentes tipos de espectador, desde el que espera una convencional historia real de la II Guerra Mundial hasta el que espera un intenso drama humano con trasfondo histórico pasando por el que desea ver un emotivo y eficaz alegato a favor del arte como patrimonio e la humanidad. Y defraudar a diferentes tipos de público equivale cuanto menos a un claro fracaso.
 

Basada en una crónica histórica de Robert M. Edsel y Bret Witter, se nos narra una olvidada misión que resultó fundamental para al historia del arte: la protección por parte de un peculiar escuadrón formado por artistas, profesores universitarios, arquitectos y expertos en arte de las principales obras artísticas de Europa amenazadas por la apropiación indebida, el saqueo y el robo por parte de el régimen nazi alemán, en los compases finales de la II Guerra Mundial. El profesor y comandante Frank Stokes (George Clooney) encabeza los Monuments Men, dispuestos a sacrificar todo por conservar y recuperar obras de arte robadas por los nazis. Aunque el filme arranca bien y mantiene el interés hasta aproximadamente la mitad del metraje con elementos de espionaje e intriga (servidos principalmente por el personaje de la espía belga interpretada por Cate Blanchet), la poca pasión de su propuesta no consigue dar el relieve necesario a una historia que atesora buenos momentos y una correcta puesta en escena para un filme de estas características. El estelar elenco que interpreta a los Monuments Men pese a su esforzado trabajo no consigue transmitir la credibilidad suficiente en su intento de retratar a unos intelectuales y artistas metidos a militares por las circunstancias y tal vez sea por la presencia de veteranos comediantes ochenteros como Bill Murray o John Goodman, parece a veces una versión envejecida de El Pelotón Chiflado o los polis de Loca Academia. Por no hablar de un Matt Damon que pasa desapercibido. Clooney, pese a todo, muestra buen oficio de director y seguramente en el futuro nos sorprenda con una excelente película. Se espera con impaciencia su mejor versión.