domingo, agosto 31, 2014

HAL ASHBY, EL GENIO ANACORETA DE HOLLYWOOD (y II)




Tras Shampoo (1975) el prestigio de Hal Ashby aumentó enormemente; la crítica ya le colocaba junto con otros directores del Nuevo Hollywood que habían comenzado a finales de los 60 o principios de los 70 como Martin Scorsese, Terence Malick, Francis Ford Coppola, William Friedkin, Robert Altman o Peter Bogdanovich, realizadores todos ellos que antes de 1976 ya habían dirigido títulos emblemáticos en el cine USA como El Padrino, Malas Calles, French Conection, Malas Tierras, M.A.S.H o Nashville: No obstante el director de Utah aún no había dirigido ningún título que fuese considerado una obra maestra por parte de la crítica. Además, el carácter emocionalmente inestable de Ashby y su cada vez más habitual consumo de cocaína y marihuana hacia que el trato hacia él fuese bastante difícil por parte de productores, colaboradores o actores pero aún así seguía siendo requerido por la industria de Hollywood y su importancia dentro del mundo del celuloide (dentro del llamado “Renacimiento de Hollywood” de los 70) era mayúscula y en alza: se esperaba que de un momento a otro filmase un obra de cinco estrellas.

En 1976 poco después de terminar Shampoo Hal Ashby se puso manos a la obra con Bound for Glory (Esta tierra es mi tierra) biopic del legendario cantante protesta y folkster norteamericano Woody Guthrie (1912-1967), basado muy libremente en el libro autobiográfico del mismo título escrito por el propio cantautor en 1943 y que para la película fue adaptado por Robert Getchell. Pese a ser un proyecto de estudio, una vez más aquel fue un maridaje lógico: Guthrie inspiró el movimiento de folk americano de los 60 encabezado por Bob Dylan; Ashby era un admirador de Dylan, la canción protesta estadounidense de diferentes épocas y de Woody Guthrie; el mítico folkster fue el paradigma del cantante-vagabundo con conciencia social y ansias de libertad (ideario compartido con Ashby) y en definitiva el espíritu rebelde, libertario y contestatario de Woody Guthrie casaba perfectamente con el sustrato ideológico del cine de los “easy riders” de Hollywood, especialmente con el de un personaje como Hal Ashby que aceptó entusiasmado el reto. La pena es que Bound for Glory partía como una visión idealizada y demasiado ficcionalizada de la vida de Guthrie y esto solo puedo dar una película correcta e interesante (además de contar con una brillante factura técnica) pero falta de honestidad.     


David Carradine, famoso en aquellos años por haber protagonizado la serie de TV Kung-Fu interpretó a Woody Guthrie cantando además todas las canciones del autor en el filme. También intervinieron Ronnie Cox, Melinda Dillon y Gail Strickalnd. La película está muy bien ambientada en los años 30 en la época de la Gran Depresión en Oklahoma, concretamente en las temporadas de las tormentas de polvo que asolaron gran parte de la agricultura estadounidense y en donde Guthrie trataba en la película de guiar consolar y guiar espiritualmente con sus canciones a los granjeros de la zona. El filme cuenta además de con una gran banda sonora de canciones - como fácil es suponer- con una estupenda fotografía de Haskell Wexler (ganadora del Oscar), un excepcional diseño de producción y un vestuario muy cuidado que transportan a la foto en sepia de la America de la Gran Depresión. Fue además la primera película en usar la steadicam, empleada en algunos planos. Esta tierra es mi tierra recibió además las nominaciones de mejor vestuario, mejor guión adaptado, y por primera vez en un filme de Ashby, mejor película. La crítica la recibió con alabanzas (especialmente desde el aspecto técnico aportado por la innovadora steadicam) pero aún seguía colocando a Shampoo en la cabeza de la filmografía de Hal Ashby. Un filme muy bien narrado y sugerente pese a ser una más o menos fantaseada biografía, lo cierto es que no llega a los niveles de de The Last Detail ni de Shampoo, pero estaba claro que Ashby estaba madurando como director.

En 1978 llegaría la mejor película (y el mayor éxito comercial) de Hal Ashby, Coming Home (El Regreso). La película, al igual que la anterior, fue producida por United Artists con Jerome Hellman (Cowboy de Medianoche) como productor ejecutivo y un guión del montador Robert C. Jones y Waldo Salt a partir de un argumento que Nancy Dowd había escrito en 1972 a instancias de Jane Fonda, reconocida activista en contra de la intervención norteamericana en Vietnam. La historia tocaba un tema aún peliagudo en la sociedad USA de aquella época como era las consecuencias de la Guerra de Vietnam entre los combatientes norteamericanos en dicha guerra, tanto físicas, como psicológicas, sociales y morales. Considerada ya todo un clásico del cine de los últimos 40 años, El Regreso es una historia de amor dramática entre Sally (Jane Fonda), la esposa de un marine destinado a Vietnam en 1968 (Bruce Dern) y Luke (Jon Voight), un veterano de Vietnam parapléjico internado en un hospital de veteranos donde Sally ha decidido colaborar como voluntaria a la ausencia de su marido. Luke, traumatizado por el suicidio de un amigo también ex soldado (Robert Carradine) por sus problemas psicológicos, se convierte en un activista anti guerra al tiempo que él y Sally tratan de proseguir su relación, descubierta por Bob el marido de Sally cuando este regresa inesperadamente. El tono antibelicista de la película, contrario a un guerra que solo hacía tres años había terminado y que aún había dejado heridas sin cicatrizar en EEUU (la situación de desarraigo a todos los niveles de los veteranos de la película era la misma que muchos ex combatientes en Vietnam reales) era compartido tanto por Ashby como por la estrella femenina del filme, Jane Fonda, quien impulsó la película seis años atrás para su productora recién fundada queriendo hacer un filme sobre la guerra de Vietnam bajo el punto de vista de mujeres voluntarias en una institución de veteranos. El guión final difería significativamente del argumento que Nancy Dowd había escrito, pero fue del gusto tanto de Fonda como de Ashby y del productor Jerome Hellman. Hay que decir que Ashby no fue la primera opción para dirigir el film ya que Hellman se lo ofreció antes a John Schlesinger, el director de Cowboy de Medianoche (1969), quien no compartía la postura antibélica de la mayor parte del elenco técnico y artístico del filme. Precisamente el protagonista de aquel mítico filme de Schlesinger, Jon Voight, amigo de Fonda y también activista anti Vietnam se hizo con el papel de Luke tras haber sido rechazado por Jack Nicholson, Sylvester Stallone y Al Pacino.  


El Regreso fue un éxito de taquilla en 1978 y obtuvo excelentes críticas. A día de hoy, ha perdurado como un claro ejemplo de las nuevas temáticas a las que los directores del Nuevo Hollywood de los 70 se aventuraron y que en otro tiempo hubiesen sido irrealizables por presión de los grandes estudios: en este caso se trataba de las consecuencias de la Guerra de Vietnam en sus ex combatientes, algo que aún a finales de los 70 resultaba muy doloroso a la vez que polémico ya que esto condujo a muchos ciudadanos de EEUU (incluidas como hemos visto a celebridades) a posicionarse contra tal guerra tanto durante su transcurso como en los años inmediatamente posteriores a su finalización. Como muchos críticos e historiadores de cine han señalado, Coming Home es la última película que recoge el espíritu inconformista que inspiró a los (grandes) directores del Renacimiento de Hollywood. Ya en el plano estrictamente cinematográfico, Coming Home es un dramón con multitud de matices y temáticas (historia de amor y celos, denuncia, historia de superación personal) que sigue conmoviendo en su visionado. El trabajo actoral es fabuloso (Hal Ashby se estaba destapando como un gran director de actores) y una vez más el guión es sensacional por no hablar del montaje, en donde Ashby una vez más metió baza sin acreditar. De hecho, una de las escenas más memorables del filme, el discurso del personaje de Voight en un instituto, fue editado meticulosamente por Ashby tras darse cuenta el personal técnico del filme de que el actor- bastante decepcionado con los métodos de Ashby durante el rodaje, algo raro en sus intérpretes-  había improvisado un discurso absurdo y poco coherente. Tras el trabajo de tijeras de Ashby, el rollazo de discurso se convirtió en vibrante y fue de lo más comentado por crítica y público de la actuación de Jon Voight.  El intérprete consiguió el premio al mejor actor en el Festival de Cannes y el Oscar al mejor actor en 1978, uno de los tres Oscars que El Regreso ganó: también Jane Fonda ganó el de mejor actriz y Salt, Jones y Down al de mejor guión original. La película obtuvo otras cinco nominaciones, entre ellas mejor película y por primera (y única) vez mejor director para Hal Ashby, que perdió frente a Michael Cimino por The Deer Hunter (El cazador)  



Ashby atravesaba la mejor racha de su carrera, pero no modificó sus hábitos toxicómanos ni sus excentricidades. Su siguiente película Being There (Bienvenido Mr. Chance) (1979) fue su última gran película antes de su bajón profesional y creativo en los 80. La película tal vez sea de las más recordadas de Hal Ashby junto con El Regreso y Shampoo y posiblemente la mejor del director tras la primera citada. Alejándose del drama de sus últimos filmes, Ashby volvió a la comedia esta vez con tintes satíricos y con elementos de melodrama, comedia negra y comedia romántica trufados de cierto halo poético que hace de Being There un filme delicioso y memorable. El veterano Peter Sellers, que a finales de los 70 ya no era la superestrella que fue en los 60 y atravesaba por varios problemas personales, fue el protagonista de la cinta consiguiendo una de las mejores interpretaciones de su larga carrera en lo que fue su penúltimo filme antes de su muerte en julio de 1980. Del propio Sellers fue de quien partió la idea de adaptar la novela Being There de Jerzy Kosinski convenciendo al autor para que adaptase su propio libro y reservándose el papel protagonista de Chance el jardinero, antes de que él y Kosinski propusiesen a Hal Ashby como director del filme. La película, estrenada en diciembre de 1979, es una ácida sátira política y humana sobre un pobre hombre simple y atolondrado que por incompetencia y estupidez de la clase política y de las élites sociales y económicas de Washington DC llega a ser un personaje altamente influyente y toda una referencia política. Peter Sellers divirtió y conmovió con su Chance, un jardinero de mediana edad de Washington, inocente y bobalicón, que nunca había salido de la mansión donde trabajaba hasta la muerte de su anciano propietario y patrón. En el “mundo exterior” Chance verá cambiar su vida sin él pretenderlo cuando se encuentre por casualidad con el magnate Bend Rand (Melvyn Douglas) y su esposa Eve (Shirley MacLaine), quienes lo toman como un rico potentado por sus elegantes vestimentas y confunden sus frases sobre jardinería (su único tema de conversación) en profundas metáforas y reflexiones sobre la vida empresarial y económica.       


El filme recibió el aplauso unánime de la crítica destacando su tono entre jocoso, tierno, satírico y romántico trufado de momentos extraños y surrealistas escenas cómicamente memorables. La interpretación de Sellers, muy aclamada en su momento, desde luego que es de las que no se olvidan y con toda justicia puede decirse que fue la mejor de toda su carrera en un personaje que parecía estar hecho para él. Su química con Shirley MacLaine es total y su trabajo gestual y de voz (curioso el monótono y atolondrado modo de hablar de Chance) encomiable. Pero lo que mas llama la atención de Bienvenido Mr. Chance es ese tono entre esperpéntico y paródico que tiene su momento más significativo en los memorables últimos compases del filme cuando en el funeral de Rand presidido por el presidente de EEUU (Jack Warden), Chance -cuyo nombre ya ha salido entre los asistentes al funeral como un posible candidato a presidente- se aleja de la ceremonia y se dirige hacia un lago que él atraviesa andando por la superficie. Bienvenido Mr. Chance ganó el Globo de Oro al mejor actor de comedia y musical pero no pudo ganar el Oscar al mejor intérprete masculino de 1979. Melvyn Douglas consiguió el Oscar al mejor actor secundario.

Hal Ashby parecía estar llegando al cenit de su carrera, pero a partir de finales de 1979 su comportamiento se hizo más errático y difícil. Recluido en su casa de Malibú, el director se dejaba ver muy poco y se pasaba todo el día fumando cannabis. North Star, la compañía que había creado para producir Being There bajo los auspicios de la productora de aquel film, Lorimar, tuvo que cerrar en 1980 debido a la desocupación y pasotismo de Ashby. Los productores durante un largo periodo apenas podía tener contacto con él y pronto perdieron el interés en ofrecerle guiones, aunque durante algunos años antes de su muerte Hal Ashby, con más de 50 años y cada vez más reclusivo, se las ingenió para seguir rodando films, la mayor parte mediocres y que no recordaban al hábil e inteligente cineasta que fue en los 70. Con Being There terminó pues la época gloriosa y verdaderamente interesante de Hal Ashby, a partir de 1980 director de filmes de medio pelo.

Ashby había estado hasta finales de los 70 a la altura de los Scorsese, Bogdanovich, Malick, De Palma, Woody Allen o  de realizadores que explotaron en la segunda mitad de los 70 y que fueron la última promoción del Nuevo Hollywood como Steven Spielberg o George Lucas, pero en la nueva década las cosas empezaron a cambiar para todos. También hay que tener en cuenta que en los 80 aquella libertad creativa de la que gozaron estos directores ya no existía: el afán por lograr éxitos de taquilla hizo muchas veces claudicar el espíritu independiente y transgresor de la generación del Renacimiento de Hollywood al tiempo que algunos como Francis Ford Coppola se veían en serias dificultades económicas y otros como Lucas o Spielberg fueron tornando poco a poco a la comercialidad gracias a los bluckbusters conseguidos con sus films para todos los públicos de finales de los 70. Ya poco quedada del espíritu de los “moteros tranquilos, toros salvajes” (como los bautizó el crítico y escritor Peter Biskind) aunque casi todos los directores de aquella generación aún mantuviesen el mayor control creativo sobre sus películas y en ese sentido Hal Ashby, pese a no ser ni productor ni guionista y de rodar casi todas sus películas por encargo, se vio enormemente perdido ya que no había sitio para un singular director que daba su personal impronta a proyectos ajenos gracias fundamentalmente a su maestría en el montaje y en la peculiar dirección de actores. Fue precisamente su pericia con el montaje- que recordemos enalteció a filmes como El Regreso- la que le llevó a aceptar guiones mediocres como el de sus siguiente películas posteriores a Being There, Second-Hart Hearts y Lookin´to Get Out.  Second-Hart Hearts (1981) fue la penúltima muestra de la confianza que la compañía Lorimar tenía depositada en Ashby y se rodó inmediatamente después a Bienvenido Mr. Chance cuando el director aún estaba “sereno”. Esta comedia romántica-melodrama que cuenta los avatares de un divorciado y una viuda en un viaje para recuperar a los hijos del primero estaba protagonizada por Robert Blake y Barbara Harris y filmada a partir de un guión que George Eastman había escrito para un telefilme de 1968. El rodaje fue muy accidentado debido al cada vez más deteriorado estado mental de Ashby fruto del consumo de drogas y el resultado fue tan desastroso que no se estrenó hasta 1981 distribuido por Paramount  y solo en Los Angeles y Nueva York aunque luego tuviese una distribución en video normalizada. Impropia de un talento como el que Hal Ashby había demostrado no hace mucho antes- su peor película hasta la fecha-, Second-Hart Hearts es casi una película perdida de Ashby y la primera señal de su declive artístico. 

Ashby trató de redimirse en vano con Lookin´to Get Out (1982) otro proyecto de Lorimar con un guión mediocre que al final fue ofrecido a Ashby tal vez con intención de sacarle de su reclusión desde 1980. El realizador parecía animado con su regreso a la dirección y aunque era consciente de lo flojo del libreto estaba convencido que en la sala de montaje podía “arreglarla”. No fue así y Lookin´to Get Out fue otro filme deficiente y un fracaso en taquilla. La cinta, que contaba con la participación (de nuevo) de Jon Voight en el papel protagonista y en el también intervenían Burt Young y Ann-Margret, contaba la historia de un jugador de Nueva York que decide viajar a Las Vegas junto con un amigo también jugador para ganar en los casinos el dinero que debe a sus rivales en una partida de poker. El rodaje, que comenzó a principios de 1981, fue de nuevo turbulento con un Ashby literalmente fuera de sus cabales y con absurdas pretensiones e ideas: quería primeros planos imposibles de juegos de cartas invirtiendo tiempo excesivo para ello y se pasó meses y meses montando varias escenas, en especial una en el que los números de clubs de Las Vegas debían desarrollarse exactamente al ritmo de la canción que debía sonar de fondo en la banda sonora, Message in a Bottle de The Police y que finalmente no se empleó tras seis meses de trabajo. Lorimar consciente de los desvaríos de Ashby, del mal trato que estaba dando al personal técnico de esa película- especialmente a sus montadores, en cuyo equipo incluyó a algunas de sus amantes- y de que el director no terminaba de editar el filme se lo quitó a finales de 1982 (llevaba año y medio de montaje) para estrenarlo comercialmente con un montaje final de Robert C. Jones, colaborador de Ashby, con el visto bueno de Jon Voight y distribuido por Paramount. A la crítica no le convenció y el filme pasó sin pena ni gloria, no estrenándose en muchos países hasta bastantes años después o directamente en vídeo. A mediados de los 80 se descubrió una copia del montaje original de Hal Ashby- que se suponía perdido- que fue exhibida en la Universidad del Sur de California, dicha versión fue mas tarde editada en vídeo. Pese a ser una comedia de enredo sin ningún aliciente, Lookin´to Get Out tras diversas ediciones en vídeo y pases en televisión goza de cierto culto por parte de los admiradores más acérrimos de Hal Ashby. Como dato curioso, en este filme debutó una pequeña Angelina Jolie, hija de Jon Voight.   


Tras esta película, la carrera artística de Ashby continúa su caída libre. La productora Lorimar, muy resentida con el director, impidió que Ashby dirigiese filmes como Tootsie (1982) – fue despedido poco antes de empezar a rodar- y esto le llevó a un más si cabe acusado declive personal que incluía una delicada situación financiera. El director había acompañado en 1981 tras el rodaje de Lookin´to Get Out a su banda favorita los Rolling Stones en su gira americana con el fin de rodar un film-concierto conviviendo durante varios días con Jagger y compañía y en una noche de alcohol y droga con el grupo se inyectó una sobredosis de heroína desmayándose en el estadio de Phoenix donde estaba filmando una actuación de los Stones. Let´s Spend The Night Together se estrenó en EEUU en 1983 con muy poca distribución. Un correcto filme de conciertos con estilo cinematográfico que tras su edición en vídeo es una pieza bastante estimada por los fans de los Stones. En ese 1983 Ashby, con 54 años, estaba físicamente en las últimas y comenzó tímidamente un proceso de rehabilitación aunque no dejaría las drogas hasta dos años después. Estaba de nuevo con Joan Marshall pero había dejado de hablarse con antiguos amigos suyos como Haskell Wexler, su fiel director de fotografía. En 1984, aún sin rehabilitarse, dirigió otro film de concierto de rock aunque esta vez para el mercado del vídeo doméstico: Solo Trans, actuación de Neil Young en Ohio. Un año después se embarca en The Slugger´s Wife (1985), comedia romántica con guión del prestigioso dramaturgo y guionista Neil Simon (La Extraña Pareja) con el mundo del béisbol como telón de fondo y protagonizada por Michael O´Keefe y Rebecca de Mornay. Ashby comenzó a montar la película casi sin diálogo en la primera media hora y sin nada de lo escrito por Simon y cuando les mostró el avance del trabajo a Simon y los productores estos se horrorizaron provocando el despido del director en la posproducción y montaje del mismo. Absurda e ininteligible, The Slugger´s Wife fue de nuevo un total fracaso artístico y comercial y es la peor película de Hal Ashby aunque el montaje final fuese totalmente ajeno a su criterio.   

El realizador de Utah había tocado fondo personal y profesional. En 1985 ya nada hacía recordar a aquel director talentoso, fresco y con enorme sentido crítico. Ya a finales de aquel año Hal Ashby comienza a asegurar en público y en privado que se está limpiando y se embarca en un nuevo proyecto, esta vez a partir de un guión de Oliver Stone, todavía más conocido como guionista que como director: 8 Million Ways to Die (8 millones de maneras de morir) (1986). Robert Towne, gran amigo de Ashby, retocó el guión de Stone bajo pseudónimo en este thriller fallido y rutinario que con todo es el mejor filme de Ashby en los 80 (lo que no supone gran cosa) y tuvo una distribución internacional normalizada, algo que no ocurría desde Bienvenido Mr. Chance ya que todas sus películas posteriores apenas habían salido de EEUU. Actores del momento como Jeff Bridges, Rosanna Arquette y un Andy García en su primer papel importante intentan dar credibilidad a una historia de crímenes, secuestros, prostitución y drogas ambientado en Los Angeles con demasiado estilo televisivo (a lo Miami Vice). Una vez más, los productores le quitaron la película a Ashby antes de terminar de montarla ante tanto tiempo invertido por el maniático director en esa faceta: era la tercera vez consecutiva que esto le ocurría, lo que le indignó de tal manera que denunció al productor Stephen J. Rock ante el  sindicato de directores, obteniendo una pequeña indemnización. Ashby, pese a todo, terminó por rendirse como director. No podía entender como habiendo sido uno de los mejores montadores cinematográficos le podían quitar las películas para, precisamente, montarlas. También rompió su amistad con Robert Towne por desacuerdos creativos sobre el filme.   
En 1987 pese a las grandes decepciones profesionales Hal Ashby consiguió rehabilitarse de las drogas. Se cortó su larga melena canosa, se arregló la barba y volvió a frecuentar los saraos de Hollywood. Habló a la prensa  de sus ganas de dirigir por fin un filme “de Hal Ashby” y de que había perdido ocho años de su vida. No obstante, a sus 58 años Ashby estaba físicamente muy tocado de su época toxicómana y frecuentemente no se sentía bien. Hasta su muerte solo puedo dirigir el episodio piloto de la comedia televisiva policial Beverley Hills Buntz (1987) y otro oscuro piloto televisivo no emitido y nunca convertido en serie Jake´s Journey (1988), fallido proyecto de comedia fantástica junto con el ex Monty Python Graham Chapman, que fallecería en 1989 y por lo tanto fue también su último trabajo. En 1988 a Ashby se le diagnóstica una flebitis migratoria y poco después un cáncer de páncreas. Le es extirpado parte del hígado y del páncreas y le quedaba ya poco de vida. Enemigo de la medicina tradicional y de los hospitales, se fuga literalmente del hospital de Los Angeles donde se hallaba ingresado y vuelve a su casa donde recibía los cuidados naturalistas de su nueva compañera. Sus amigos de siempre, Warren Beatty, Haskell Wexler, Bob Jones y Jerome Hellman, sabedores de que su fallecimiento es inminente le visitan a menudo aunque él hasta el último momento no admitió su muerte. Hal Ashby murió en su casa de Malibú el 27 de diciembre de 1988 a los 59 años de edad.


Para muchos la muerte de Hal Ashby fue el fin definitivo de la generación del Nuevo Hollywood. Cierto era que desde hacía tiempo aquel espíritu de cine de autor y el ascenso del director como dueño absoluto de su obra que aquellos jóvenes y no tan jóvenes cineastas habían creado a finales de los 60 habían desaparecido y una vez más los grandes estudios dominaban Hollywood. Hal Ashby no tuvo precisamente la culpa de ello, pero su figura es paradigmática y esencial para comprender el alcance cultural y soical de aquella irrepetible camada de Hollywood con Coppola, Cimino, Hopper, Beatty, Spielberg, Scorsese, Altman o los Forman y Polanski americanos) que dio auténticas obras maestras del séptimo arte (Bonnie and Clyde, M.A.S.H, Chinatown, Easy Rider, La Última Película, Malas Tierras, la saga El Padrino, Apocalipse Now, Alicia ya no vive aquí, Taxi Driver, Toro Salvaje, El Exorcista, French Conection, Tiburón, Star Wars, Luna de Papel, La Puerta del Cielo y como no, varias películas de Ashby, entre otras) aunque jamás alcanzase el reconocimiento artístico de varios de sus compañeros de generación. Queda la duda de que hubiese ocurrido si Hal Ashby no hubiese caído en desgracia en los 80 o si no hubiese sido dependiente de las drogas durante toda su vida, llegándose a convertir en un director aún mejor de lo que fue. Pero el legado que ha dejado es tan brillante que cualquier amante del cine puede sentirse satisfecho. Como se dice en Bienvenido Mr. Chance “La vida es un estado mental”.         



FILMOGRAFÍA COMPLETA

The Landlord (El Casero) (1970)
Harold and Maude (Harold y Maude) (1971)
The Last Detail (El Último Deber) (1973)
Shampoo (1975)
Bound for Glory (Esta Tierra Es Mi Tierra) (1976)
Coming Home (El Regreso) (1978)
Being There (Bienvenido, Mr.Chance) (1979)
Second-Hand Hearts (1981)
Lookin´to Get Out (1982)
Let´s Spend the Night Together (1982)
Solo Trans (1982) (vídeo) (1984)
The Slugger´s Wife (1985)
8 Million Ways to Die (8 Millones de Maneras de Morir) (1986)

martes, agosto 26, 2014

El Aparatito Lumiere GABRIELLE



 
*** 



Pese a no ser nada del otro jueves, llama la atención por su honestidad este pequeño filme quebequés filmado con mimo por Louise Archambault con un material y premisa de partida bastante difícil pero de la que ha sacado enorme provecho. Ciertamente, la temática de las personas con discapacidad intelectual en el cine siempre es algo que debe de ser cogido con alfileres y en ese sentido y siendo el espectro de propósitos y resultados verdaderamente amplio en este campo, la pregunta que cabía hacerse antes de ver esta película es como se podía convencer al espectador con una película en donde gran parte del reparto son personas con discapacidad intelectual reales sin ninguna experiencia interpretativa anterior y en donde el verismo y la credibilidad tratan de imponerse en todo momento.  La respuesta es sencillamente volcando toda la película en su protagonista, la joven de 22 años Gabrielle (Gabrielle Marion-Rivard) y en sus circunstancias vitales en un mundo al que trata de abrirse paso reclamando su autonomía a pesar de estar aquejada del síndrome de Williams, una enfermedad que conlleva un retraso mental leve. Usando como pretexto la habilidad musical como cantantes de Gabrielle y sus compañeros de residencia también deficientes y el hecho de que la coral que forman es la vía de expresión de muchas de sus habilidades, la película trata de hacer un honesto retrato de las ansias de superación social y personal de Gabrielle y de su novio Martin (Alexandre Landry), quienes quieren vivir a toda costa una relación amorosa pese a las cortapisas que pone la madre de Martin y las propias dudas de Gabrielle, tutelada por su hermana mayor de la que toma como referencia a la hora de tratar de vivir como una persona “normal”.
La película no abusa de sensiblería ni de efectismos sentimentales ni tampoco tiene una mirada paternalista ni compasiva sobre sus protagonistas, lo que es un gran cierto.  El hecho de que la protagonista y bastantes actores sean discapacitados intelectuales reales -que actúan estupendamente se supone que prácticamente interpretándose a ellos mismos- es un aliciente que la película utiliza espléndidamente en especial en todo lo concerniente al evento musical en la que el coro de la residencia va a participar al final de al película y en el que pone todo su empeño. Así mismo Gabrielle Marion-Rivard resulta todo un descubrimiento por su realista y conmovedora interpretación (que no será muy alejada de su experiencia real), una chica deficiente con ganas de abrirse al mundo, demostrar su valía y sobre todo poder vivir su amor y sexualidad. Una beuna y diferente película que conviene no perderse.

domingo, agosto 24, 2014

HAL ASHBY, EL GENIO ANACORETA DE HOLLYWOOD (I)





Fue el director Hal Ashby (1929-1988) uno de los mas genuinos exponentes de la época del “Renacimiento de Hollywood”, aquella maravillosa camada de realizadores que desde 1968 hasta 1980 revolucionaron la meca del cine con un planteamiento totalmente autoral y una perspectiva del arte cinematográfico basada en el mejor cine europeo de después de la II Guerra Mundial y en donde dieron sus primeros pasos gente como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Michael Cimino, Terrence Malick , Steven Spielberg o George Lucas. Y fue sin duda uno de los directores más brillantes, originales y mejor dotados dicho movimiento -claramente identificado con el espíritu revolucionario y contestatario que se vivió en EEUU desde finales de los 60 y en buena parte de los 70- pero jamás llegó a la altura de Coppola, Spielberg o Scorsese y su carrera tras unos brillantes años 70 se hundió definitivamente en la década siguiente. El director de filmes clásicos de la segunda mitad del siglo XX tan originales en su época y tan estimulantes como Harold y Maude, Shampoo, Bienvenido Mr. Chance o El Regreso - títulos que ejemplifican el espíritu de aquel nuevo Hollywood transgresor y dispuesto a romper barreras de los 70- fue un personaje controvertido: huraño, maniático, adicto al trabajo y mujeriego, de trato bastante difícil con superiores y algunos colegas dentro de la industria del cine, un outsider social de inspiración hippy que además fue un hombre política y socialmente concienciado con un discurso de izquierdas. Pero su principal obstáculo a la  hora de lograr una carrera artística sólida fue su adicción a las drogas desde finales de los 60, algo que precipito su caída artística y le provocó serios problemas de salud que le llevaron a la muerte en 1988 tras haber dirigido trece largometrajes. Gran innovador en el arte del montaje cinematográfico (comenzó en el cine precisamente como editor y de forma casual), función de la que se ocupaba personalmente en sus películas de forma obsesivo-compulsiva y durante largo tiempo, Ashby ha dejado como persona cierta leyenda negra y su figura hoy a día de hoy ha caído injustamente en un cierto olvido y son mas sus problemas personales y de drogas y su errático comportamiento lo que se recuerda de él en la actualidad en los círculos cinéfilos, lo que ha obviado una carrera cinematográfica con títulos esenciales amados por los aficionados al séptimo arte que aún sigue suscitando un enorme interés.  
 
Con la actriz Ruth Gordon en el rodaje de Harold y Maude

William Hal Ashby nació el 2 de septiembre de 1929 en Ogden, Utah, en el seno de una familia mormona en el que él era el menor de cuatro hermanos. Su padre, James Thomas, regía una explotación lechera y su madre, Eilleen, trabajaba en casa. Este matrimonio resultó desastroso y la familia Ashby en consecuencia, disfuncional. Los padres de Hal Ashby se divorciaron cuando este tenía 6 años y en 1941 cuando Ashby Contaba con 12 años el padre se suicidó tras perder su negocio. El joven Hal desde el colegio fue un niño rebelde e indisciplinado que dejó los estudios cuando fue expulsado del instituto a principios de los 40. Se casó por primera vez en 1946 a los 17 años divorciándose a los pocos meses y desde que abandonó las aulas ejerció varios oficios hasta 1950, año en que decidió emigrar a California aunque sin perspectiva de ejercer allí ningún trabajo, simplemente para dedicarse al vagabundeo. No obstante, al poco de llegar a California y tras pasar penurias económicas y llegar literalmente a sentir hambre (su madre, con la que se llevaba a matar, le denegó cualquier ayuda), Hal Ashby consiguió encontrar un empleo en la industria cinematográfica. A Ashby desde su infancia le encantaba el cine como espectador pero nunca se había planteado trabajar en el. Vió que la industria de Hollywood, fabrica de sueños con sede en California, podía ser un salida y por ello pidió en la oficina de empleo un trabajo como operador de sala en un estudio, una ocupación que entonces  no requería de grandes conocimientos técnicos ni de formación cinematográfica. Fue entonces cuando a los 21 años Hal Ashby fue contratado como operador en Universal. Tras casarse y volverse a divorciar, Ashby pasó a la pequeña productora Republic en 1951 como aprendiz de montador y dos años después fue contratado por Disney como ayudante de montaje para pasar en 1956 ejerciendo tal función a Metro Goldwyn Mayer donde conoció a un joven botones del estudio con dotes de actor llamado Jack Nicholson con el que pronto trabó una gran amistad. 

Hal Ashby trabajó como ayudante de montaje para MGM hasta 1965, año en que fue ascendido a montador-editor. Durante esos años, Ashby logró una posición económica más o menos desahogada pero no olvidó sus humildes orígenes ni sus pasadas estrecheces económicas comprendiendo empáticamente a los más desfavorecidos. En aquella época, Hal Ashby comenzó a militar en el movimiento por los derechos civiles y donó dinero para los agricultores en huelga. Apoyó logísticamente a líderes campesinos y participó en multitud de manifestaciones, declarándose contrario a la intervención americana en la Guerra de Vietnam. No obstante, no le hizo ascos a los lujos y ya a principios de los 60 cuando su cuenta corriente comenzó a crecer se hizo con un Cadillac descapotable. Tras trabajar para directores como William Wyler (Horizontes de grandeza, 1958) y George Stevens  (La historia más grande jamás contada, 1965) al haber ejercido de ayudante para su montador Robert Swink, Ashby se estrena como editor en Los seres queridos (1965) dirigida por Tony Richardson. A este filme siguieron El rey del juego (1965), ¡Que vienen los rusos, que vienen los rusos! (1966), En el calor de la noche (1967) y El caso Thomas Crown (1968), todas ellas dirigidas por su principal valedor cinematográfico Norman Jewison. Con estos filmes Ashby comienza a ser considerado el mejor (y mas innovador) montador norteamericano del momento gracias al excelente ritmo narrativo que imprimía a estas películas mediante sus montajes (sin el trabajo de Ashby, estos filmes de Jewison no hubiesen sido lo que son) algo que lograba mediante un trabajo febril y obsesivo en el que invertía largas horas continuas, a veces incluso un día completo. Ashby memorizaba cada toma y sabía en que momento del metraje debía situarse esta para dar al filme el lustre narrativo y visual adecuado. El futuro director nunca descansaba ni dormía ni comía durante sus interminables sesiones de montaje y fumaba y bebía en exceso durante aquellas hasta tener problemas con el alcohol, dejando de beber en 1966. Aún así su salud no era la más óptima y aquel año comienza a consumir marihuana, sustancia que no abandonaría hasta casi 20 años más tarde. Con ¡Que vienen los rusos, que vienen los rusos!  consiguió su primera nominación al oscar al mejor montaje en 1966 y un año después lo consigue con En el calor de la noche.  

Tras el Oscar, en los planes de Hal Ashby se encontraba el convertirse en director y él consideraba que el montaje era uno de los mejores entrenamientos para ello. En mitad de su febril ritmo de trabajo y ya comenzada su adicción a ciertas sustancias, Hal Ashby contagiado por la fiebre hippy de California decide convertirse en “uno de ellos” dejando crecer su cabello y su barba y vistiendo anchas camisas, vaqueros gastados, collares, sandalias y gafas de cristal rosa, además de descuidar su aspecto físico en cuanto a limpieza del pelo y de la dentadura. Tenía cerca de 40 años pero su mentalidad era la de un hippy veinteañero vegetariano, que fumaba maría a mansalva todo el día y le gustaba la música rock especialmente los Rolling Stones. Sus mujeres y amantes en aquel tiempo no le aguantaban y le dejaban enseguida. Ashby, al igual que Mike Nichols, Arthur Penn, Dennis Hopper, Peter Bodganovich o Bob Rafelson,quería convertirse en un director con libertad creativa total, algo que ya estaban consiguiendo los anteriormente citados dentro de una industria cinematográfica norteamericana que estaba cambiando. Como esta nueva generación de directores del nuevo Hollywood de los 70, Ashby no solo quería ser autor, sino la máxima referencia en las películas que el dirigiese, por encima de los intérpretes: en otras palabras, el quería ser la estrella.

La oportunidad de debutar como director llegó para Ashby en 1970 cuando Norman Jewison le propuso dirigir la adaptación de la novela The Lanlord de Kristin Hunter, cuyo guión había comprado pero no encontraba tiempo para dirigirla. Producida por la Mirisch Company con un pequeño presupuesto y sin actores conocidos, The Landlord (El Casero) fue estrenada en mayo de 1970. Protagonizada por Beau Bridges, Lee Grant, Diana Sands y Lou Gosset Jr. esta comedia-drama contaba la historia de un joven blanco de buena familia que compra una manzana de un conflictivo y empobrecido barrio de  Brooklyn con la intención de construirse una residencia de lujo ante la hostilidad de los vecinos de dicho barrio, que llegan a convencerle de lo injusto de su indecisión hasta el punto de ayudarles a mejorar el barrio e involucrarse en su día y día además de empezar relaciones con dos vecinas afroamericanas no sin dificultades. Esta historia con claro mensaje social no obtuvo excesiva repercusión en taquilla pero obtuvo muy buenas críticas en donde se ensalzaba principalmente en saber retratar nuevas situaciones que se estaban viviendo en EEUU recién comenzados los 70 (matrimonios interraciales, luchas por los mas desfavorecidos) Sin embargo Jewison en su rol de productor y Ashby discutieron por el final del filme y dejaron de hablarse. El de Utah comenzaba entonces su carrera como director ya sin el tutelaje de su mentor.     


Al poco tiempo  Ashby, que se había casado con la actriz Joan Marshall, ya tenía otro proyecto entre manos, la comedia negra-romántica Harold y Maude (Harold and Maude, 1971) a partir de un guión escrito por un limpiador de piscinas llamado Colin Higgins a quien The Landlord le había encantado. El filme estrenado en diciembre de 1971 sorprendió a propios y extraños con su insólita premisa: un joven veinteañero obsesionado por la muerte y por quitarse la vida se enamora de una animosa octogenaria con enormes ganas de vivir que le contagia su pasión vital, algo de lo que él carece completamente. El filme, con un tono entre tierno y surrealista y unas interpretaciones de lujo en especial la de la veterana Ruth Gordon en el papel de la anciana Maude sigue sorprendiendo por su atrevida factura como cruce comedia negra-esperpéntica y comedia romántica -son especialmente memorables las ocho secuencias tragicómicas en las que el joven Harold (interpretado por Bud Cort) lleva sus truculentos “suicidios” a los que sobrevive imposiblemente- pero en el momento de su estreno llamó la atención por narrar una increíble historia de amor entre un joven y una viejecita, algo que desconcertó al público y a parte de la crítica. No obstante lo arriesgado del material la productora Paramount Pictures apostó decididamente por una comedia tan original y aceptó algunas decisiones de Ashby en la producción como la de colocar al propio Higgins -que al principio quería dirigir el filme- y a su amigo Charles Mulvehill como productores, pero comercialmente la película fue un fracaso y además obtuvo malas críticas centradas en lo repulsivo que era que un chaval se liara con una vieja; al final el filme solo estuvo en cartelera en EEUU poco más de una semana.  Ashby y Mulvehill, quienes al igual que Paramount tenían grandes esperanzas comerciales en Harold and Maude, terminaron enormemente decepcionados hasta el punto de disolver su recién creada compañía independiente, Dumb Fuck Films. Sin embargo, a partir de mediados de los 70, Harold and Maude experimentó una revalorización por parte de crítica y cinéfilos que la terminaron en convertir en película de culto, estatus que aún conserva en la actualidad. Considerada hoy como una de las mejores comedias de los 70 y como uno de los films más revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX, Harold y Maude merece un lugar preeminente en la filmografía del Renacimiento de Hollywood de los 70 en especial todo lo relacionado con la interacción intergeneracional de los puntos de vista de un joven criado en las cuitas y tribulaciones existenciales de los 60 (Guerra del Vietnam, lucha contra la autoridad) y una mujer que vivió dos guerras mundiales. Su memorable banda sonora formada por temas de Cat Stevens ha contribuido decisivamente a la estima actual al filme, en especial los dos que se escribieron exclusivamente para el filme, Don´t Be Shy y sobre todo If You Want to Sing Out, sing Out que suena en momentos clave de la película.

Tras el fracaso de Harold and Maude y el primer divorcio con su esposa Joan, Hal Ashby, quien nunca firmó un guión ni tuvo intención de hacerlo, fue contactado por Robert Towne - prestigioso revisor de guiones de que había hecho cosas tan oscuras y anónimas como colaborar sin acreditar en el guión de El Padrino (1971) o ejercer de asesor en Bonnie and Clyde (1967) y que terminará convirtiéndose en una figura crucial como guionista en la generación del Nuevo Hollywood- que le pasó un guión a instancias del productor Gerald Ayres adaptación de la novela de Darryl Ponicsan The Last Detail con el fin de que dirigiese su versión cinematográfica. Tras algunas reticencias iniciales- Ashby tenía un proyecto en mente con la MGM-  el director accede a dirigir la película con un pequeño presupuesto (los grandes estudios tampoco querían entregar a una persona tan extraña e inconstante como Ashby una gran producción). El guión de Towne sin embargo inquietaba a Columbia Pictures: se trataba de una historia de rebeldía militar protagonizada por tres marines, dos veteranos que deben escoltar a un tercer jovencísimo marinero a una prisión militar por hurto terminan por cogerle cariño al joven condenado y los tres se lo pasan pipa en el largo viaje hacia la prisión naval de Portsmouth, New Hampshire incluyendo patinaje en el Rockefeller Center en Nueva York y la perdida de virginidad del muchacho en Boston. El guión mostraba dos marines veteranos despreciando a sus superiores y mostrando una actitud bastante amoral que incluía un enorme repertorio de tacos en el guión, algo que en la novela original no aparecía, y bastante sexo, algo que tampoco era habitual en el cine de los grandes estudios hollywoodienses. En ese sentido Towne apenas modificó el guión para desesperación de la productora aunque había cambiado el final de la novela de Ponicsan significativamente: los dos marines veteranos no desertaban y al final entregan al joven marinero Meadows a la autoridad militar para ser condenado.


Para El Último Deber (The Last Detail, 1973) Ashby tuvo que esperar año y medio para iniciar el rodaje ya que su amigo Jack Nicholson que encarnaba al oficial de primera clase Billy “Badass” Buddusky aún no había terminado el rodaje de The King of Marvin Gardens y tuvo que lidiar con la desconfianza de la productora hacia su persona y hacia Robert Towne.  Finalmente, el reparto principal se completó con Otis Young como el marine afroamericano Richard “Mull” Mullhall (inicialmente fue contratado Rupert Crosse, pero a este se le diagnosticó cáncer) y Randy Quaid como el joven marinero Larry Meadows.  El realizador, asqueado con los productores que trataban de imponer su criterio a un aspirante a autor como él, tomo peculiares decisiones en el rodaje como dejar que los actores improvisasen y aportasen continuas ideas en sus papeles dándoles libertad absoluta (modus operandi que se repetirá en otras películas suyas) algo que entusiasmó a todos los intérpretes en especial a Nicholson que siempre admiró a Hal Ashby. Tras un eterno proceso de montaje en el que participó un desquiciado y cada vez más porrero Ashby junto con el montador oficial Robert C. Jones, El Último Deber se estrenó en diciembre de 1973 con meses de retraso debido a disputas para eliminar la palabra “fuck” en unas cuantas escenas, algo que finalmente no se llevó a cabo. Pese que en un principio tuvo una exhibición limitada en EEUU debido a su contenido, el hecho de que fuera presentada en Cannes ganando la Palma de Oro al mejor actor para Jack Nicholson modificó el tratamiento de Columbia con el filme estrenándolo en más salas a partir de la primavera de 1974. Aunque la taquilla fue una vez más decepcionante, las críticas en todo el mundo  fueron excelentes ensalzando el realismo de la comedia-drama, el naturalismo de situaciones y diálogos y la interpretación de un gran y por entonces escasamente conocido Jack Nicholson que enseñó sus credenciales como maravilloso actor. The Last Detail, road movie atípica, sórdida e irónica, mezcla de ternura y provocación, es en su combinación de drama, violencia, comedia, sexo, diálogos ingeniosos y apología de conductas rebeldes un claro antecedente del cine de Quentin Tarantino y una película reivindicable. Obtuvo tres nominaciones al oscar (mejor actor para Nicholson, mejor actor de reparto para Randy Quaid y mejor guión adaptado para Robert Towne) y dos nominaciones para los Globos de Oro. Hal Ashby, pese a lo problemático que resultaba para la industria norteamericana del cine, se estaba estableciendo como un director a tener en cuenta.    

El gran éxito comercial le llegó a Hal Ashby con su siguiente película tras The Last Detail, Shampoo (1975). El filme fue un proyecto gestado a principios de los 70 por una de las figuras más carismáticas e influyentes del Nuevo Hollywood, el actor y productor Warren Beatty que con Bonnie and Clyde (1967) había sentado uno de los pilares de los nuevos cineastas americanos dispuestos a controlar su propia carrera por encima de los estudios y productoras. El avispado Beatty ya tenía el guión de Robert Towne (basado en un argumento del productor) terminado y casi todo el reparto y personal técnico apalabrado cuando contrató a Hal Ashby para dirigir Shampoo y éste, con deseos de dirigir un éxito en taquilla tras sus fracasos en sus dos primeras películas y frustrado por no haber conseguido dirigir Alguien voló sobre el nido del cuco y Hair finalmente filmadas por el checo Milos Forman, aceptó inmediatamente aunque a sabiendas de que Warren Beatty iba a imponer su criterio en todo momento. Shampoo es una comedia irónica de alto contenido sexual para la época con un cierto mensaje moral pese a alabar (aparentemente) las bondades del amor libre y criticar la hipocresía de la burguesía conservadora norteamericana respecto al sexo a finales de los 60. Cuenta una historia situada en el periodo de un día en la víspera de la elección de Richard Nixon como presidente de EEUU, en donde asistimos a las tribulaciones de George Roundy (Warren Beatty) peluquero estrella de un lujoso salón de belleza que se hace pasar por homosexual mientras tiene relaciones sexuales con todo tipo de mujeres y aspira a tener su propio salón. Pasando la noche en un hotel, George se reencuentra con varias de sus amiguitas en una orgía con consecuencias imprevisibles. La película pese a su atrevimiento a mediados de los 70 fue el primer éxito en taquilla de Hal Ashby y contó con el aplauso unánime de la crítica que alabó una película verdaderamente fresca, transgresora y sin prejuicios sublimada con unos diálogos geniales y sorprendentes muchos de ellos de contenido erótico. Julie Christie, Goldie Hawn, Lee Grant, Jack Warden y Tony Bill secundaron con antológicas interpretaciones a Beatty en esta inteligente comedia que si bien no supuso el mejor filme de Hal Ashby hasta el momento- El Último Deber era mejor- si demostró la versatilidad del cineasta para adaptarse a proyectos de mayor presupuesto y de encargo, aunque fuese muy a su pesar.


Shampoo, cuarto filme más taquillero de 1975, consiguió el Oscar a la mejor actriz secundaria para Lee Grant siendo la primera vez que un filme de Hal Ashby gana un Oscar y obtuvo varias nominaciones tanto a los Oscar como a los Globos de Oro. El realizador, que tuvo varios líos de faldas durante el rodaje hasta “arrejuntarse” con la ex de Jack Nicholson Mimi Machu, pese a sentir que Shampoo era más una película de Warren Beatty que suya propia, se veía a él mismo en un buen momento de forma (pese a no cuidar nada su salud con sus toxicomanías) y poco después de terminar el rodaje de dicho filme ya tenía un nuevo proyecto entre manos.      


CONTINUARÁ



FILMOGRAFÍA COMPLETA

The Landlord (El Casero) (1970)
Harold and Maude (Harold y Maude) (1971)
The Last Detail (El Último Deber) (1973)
Shampoo (1975)
Bound for Glory (Esta Tierra Es Mi Tierra) (1976)
Coming Home (El Regreso) (1978)
Being There (Bienvenido, Mr.Chance) (1979)
Second-Hand Hearts (1981)
Lookin´to Get Out (1982)
Let´s Spend the Night Together (1982)
Solo Trans (1982) (vídeo) (1984)
The Slugger´s Wife (1985)
8 Million Ways to Die (8 Millones de Maneras de Morir) (1986)

jueves, agosto 21, 2014

El Aparatito Lumiere BEGIN AGAIN / CHEF



BEGIN AGAIN



***  y 1/2

En 2006 el director irlandés John Carney sorprendió gratamente con Once, pequeña obra maestra que a medio camino entre la ficción y el documental reinventaba el cine musical con una historia de amor sin desarrollo convencional pero muy sugerente gracias al empleo de las canciones como medio de expresión de los personajes y como mecanismo para narrar la historia. Aunque este curioso y hábil director independiente no ha podido disfrutar desde entonces de una carrera exitosa tal y como se le había aventurado, parece que con Begin Again, la primera aventura americana de Carney, se ha roto el maleficio. Heredando claramente la fórmula de Once en cuanto a hacer un filme musical alternativo en donde la música cumple un papel totalmente protagonista pero alejándose del drama social verista de aquella y adentrándose en terrenos de la comedia romántica de corte Indie, Begin Again resulta un filme sugestivo, exuberante y muy interesante de seguir gracias a su tono de fábula moral (que no moralina) que atesora momentos de enorme intensidad emocional combinada con distensión de comedia, apuntes naturalistas, crítica a la industria musical y el espectáculo y un mensaje de esperanza y de superación personal tal vez un poco manido pero honesto y efectivo.

El trasfondo amargo de los dos protagonistas, que a trancas y barrancas tratan de acabar con sus tribulaciones emocionales, amorosas y humanas por medio de la música logra un efecto dramático muy efectivo que logra pronto la complicidad del espectador y en ese sentido los elementos de comedia no hacen sino potenciar lo poderoso de una historia que envuelve hasta el final del metraje, aunque eso sí no siempre con misma intensidad. El personaje de Dan, un productor discográfico en horas bajas profesionales y personales que encuentra su tabla de salvación en una joven cantante y compositora a la que se propone apadrinar pese a las dificultades, es el verdadero catalizador de la trama y la eficiente y desgarrada interpretación de Mark Ruffalo consigue trasmitir ese caos de sentimientos que es el personaje, un ser en busca desesperada de la redención. Keira Knightley por su parte está sublime (y encantadora) como el otro vértice de la historia, Greta, una joven británica perdida en Nueva York tras romper con su pareja, un cantante de éxito con el que componía varias de las canciones de este que opta por mandar al cuerno la relación tras haber alcanzado la gloria en el show bussiness.  Con la música como vía de expresión en los casos tanto de Dan como de Greta y desde diferentes ángulos de visión- el desde el mecenazgo y asesoramiento artístico a su admirado pigmalión, ella desde el deseo de expresarse mediante la música en medio de un mundo que le ha defraudado- los dos personajes lucharán por conseguir su ideal, materializado por el objetivo de Greta de grabar un disco y siempre con enormes dificultades superadas con imaginación y espíritu de sacrificio. Y en todo momento, estupendas canciones originales de pop rock de autor compuestas en realidad por Simon Carmondy (New Radicals) e interpretadas por la propia Knightley- todo un hallazgo musical- en su mayoría y por Adam Levine, cantante de Maroon Five que interpreta a Steve, el esquivo novio músico de Greta. Begin Again no es una obra maestra, pero es un filme que demuestra que la música y el cine son dos lenguajes que cuando se combinan sabiamente y sin el piloto automático del cine musical convencional pueden producir pequeñas maravillas.  

 


CHEF


 
**

Bienintencionado pero fallido ejercicio de comedia de personajes con trasfondo temático -en este caso, el mundo de la gastronomía y los restaurantes- que bajo una engañosa etiqueta de cine independiente esconde una clara orientación mainstream hollywoodiense con desfile de estrellas en el reparto incluido. El actor y realizador Jon Favreau (saga Iron Man, Cowboys and Aliens) abandona el cine-espectáculo de efectos especiales para volver a sus inicios con películas como Made (2001) pero se nota un desmedido afán por hacer una película mas o menos taquillera y por agradar con un producto aséptico para grandes audiencias disfrazado de cierta incorrección política y echando mano de referencias contemporáneas en boga como las redes sociales de internet y toda la cultura de la información viral masiva generada alrededor de ellas. Ese este último aspecto, pese a ser tratado algo tópicamente, el que resulta más sugerente de entre todo el conglomerado de un filme que no logra convencer con una típica historia de caída y ascenso bastante poco original y con un sentido del humor generalmente ramplón y soso.

Jon Favreau interpreta Carl Casper, el prestigioso chef de un no menos prestigioso restaurante neoyorkino extremadamente receloso de su trabajo y con una situación familiar mejorable que tras un incidente con un crítico de restaurantes captado por un móvil y colgado en internet abandona su puesto y decide montar en Florida un negocio itinerante de comida rápida en una furgoneta que resulta inesperadamente exitoso. Con contados momentos en donde se impone la lucidez dentro del campo de la comedia con tintes dramáticos (la relación paternofilial del protagonista con su hijo se antoja repetitiva y pedante), la película avanza a trompicones al principio, se detiene en nimiedades y farragosidades narrativas en la segunda parte para al final ofrecer una historia sin espíritu ni chicha eso si dignificada por inteprtetaciones de buen nivel empezando por el propio Favreau, tal vez demasiado omnipresente delante de la cámara. En el largo reparto nos encontramos- a veces en papeles anecdóticos- a gente como Dustin Hoffman, John Leguizamo, Robert Downey Jr., Scarlett Johansson o Sofia Vergara, que interpreta a la ex del protagonista, sin que ninguno logre aportar ningún momento estimulante en un filme mas bien olvidable.

domingo, agosto 10, 2014

El Aparatito Lumiere VIOLETTE



 

****

Esforzada y al final verdaderamente efectiva cinta biográfica que trata de hacer justicia a una escasamente conocida escritora del siglo XX como Violette Leduc (1907-1972) una mujer inestable y atormentada cuya vida y obra estuvieron a la sombra de su admirada (y amada) Simone de Beauvior así como su condición de hija ilegítima y su extraño e infantil temperamento le hicieron llevar una vida frustrada y sentimentalmente fracasada, reflejando su vida en su obra más conocida, La Bastarda. Este biopic dirigido de manera honesta y realista por Martin Provost no trata de ser una obra amable (ni tan siquiera con la propia biografiada) pero en todo momento ensalza la figura de Leduc de la mejor manera posible: tratando de contar la verdad, o al menos eso se pretende. En esta difícil empresa, ha contado con la inestimable aportación de la actriz Emmanuelle Devos, quien realiza una desgarradora interpretación de la escritora en todos sus matices.

Cuidadosamente ambientada en los años 40 y 50, Violette retrata magistralmente el mundillo literario francés de aquellos años marcado por el existencialismo, Sartre y Camus (mencionados pero sin aparición física en esta película) del que Violette Leduc fue hija un tanto rebelde. La lucha de Violette por salir de la mediocridad y de una existencia anodina marcada por una situación de pobreza en la postguerra, matrimonios fracasados, amores no correspondidos con personas de los dos sexos y un sentimiento constante de culpa es toda epopeya psicológica que la película muestra con éxito, especialmente en lo tocante a la rebeldía de una mujer brillante a al que en un primer momento la literatura no le produce la satisfacción (económica) deseada y que lucha contra la frustración con las armas que puede, entre ellas su propia vida y lo que para ella representa plasmada en hojas de papel. También es de mención una beuna representación de su relación con su maestra y amiga Simone de Beauvior (Sandrine Kiberlain) un amor imposible que traerá muchas preocupaciones a Violette. Un drama biográfico-psicológico muy bien planteado que pese a que su pausado ritmo no sea del agrado de algunos espectadores no hay que olvidar en ningún momento que es una de las mejores películas europeas de lo que llevamos de año.

martes, julio 29, 2014

El Aparatito Lumiere MARSELLA




***

Este eficaz melodrama entre intimista y social muestra que el cine español puede jugar interesantes cartas a la hora de ofrecer una buena película sin necesidad ni de grandes alardes técnicos y ni de pretenciosidad impostada, mal endémico de muchas producciones españolas. Y es que el segundo largometraje de la realizadora eminentemente televisiva Belén Macías es un exquisito ejercicio de sobriedad narrativa aupada en una historia muy bien planteada y con altas dosis de emocionalidad muy bien dosificadas. Una historia con personajes principales en una situación límite que buscan un atisbo de esperanza pero en donde el destino parece querer jugarles una mala pasada de una forma absurda e inmerecida. Sara (María León) una joven andaluza afincada en Catalunya de 28 años de extracción humilde y con un pasado turbio ve como su vida pega un vuelco al conseguir que su hija legítima de diez años vuelva con ella tras habérsele sido retirada la custodia cuando esta tenía 4 años. De nuevos juntas, la inmadura y desnortada Sara y la pequeña e inteligente Claire (Noa Fontanals) viajan en coche hasta Marsella para reencontrarse con el olvidado padre francés de la criatura, dándose cuenta Sara que ella no esta hecha para tener una hija, y la niña de que echa en falta a al que considera su verdadera madre, Virginia (Goya Toledo), su madre adoptiva. Para complicarlo todo, Sara debe hacer un pequeño “negocio” secreto por encargo al llegar a Francia y Virginia decide reencontrarse con Claire en mitad del camino.

La película está hecha con sensibilidad y mucho tino a la hora de retratar unas relaciones personales difíciles y forzadas como son las que se establecen entre la despechada Sara y su hija Claire, pero además va más allá y ofrece un matizado melodrama de búsqueda de la felicidad tan real como la vida misma y sin ningún artificio dramático. Su estructura de road movie y la irrupción de personajes con mas peso en la historia que lo que pudiera parecer al principio (los dos camioneros interpretados por Eduard Fernández y Alex Monner) hacen de Marsella una película tan sencilla como exquisita. Y en todo ello tiene mucha culpa unas excelentes interpretaciones en donde estaca la naturalidad y credibilidad de la pequeña Noa Fontanals (y que además canta la canción de los créditos finales, en francés) y el buen hacer de María León, si bien esta chica debería variar alguna vez de registro ya que corre el riesgo de encasillarse en papeles de muchacha de barrio. Para amantes de emociones bien contadas y cine inmediato.   
 

miércoles, julio 23, 2014

El Aparatito Lumiere EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (DAWN OF THE PLANET OF THE APES)




***



Después de un inicio algo decepcionante, está remontando el vuelo la saga reboot de la franquicia El Planeta de los Simios, aquella que a finales de los 60 y principios de los 70 basándose en una novela de Pierre Boule revolucionó el cine de ciencia ficción. Tres años después de El Origen del Planeta de los Simios conocemos las nuevas andanzas del inteligente chimpancé Cesar (Andy Serkis, que como el resto de actores que interpretan a los simios ha interpretado a su personaje por motion capture) que ha creado en un bosque a las afueras de San Francisco toda una comunidad de chimpancés, gorilas y orangutanes ya con inteligencia casi humana y capaces de comunicarse con lengua de signos e incluso de articular palabras viviendo como hombres primitivos mientras la raza humana agoniza por una pandemia que ha diezmado a la población y que trata de organizarse como puede en un entorno planetario devastado por las últimas guerras humanas. Con un tono mucho más moral y filosófico que su predecesora y poca concesión a golpes de efecto fáciles, la película convence por su buen pulso narrativo y por la sobriedad de una historia interesante (aunque predecible) trufada de cuestiones morales, antropológicas y sociológicas que viene a poner en duda- aunque de manera superficial- la relación de los eres humanos con la naturaleza y consigo mismos a veces utilizando a los simios como vehículo de expresión y otras a los propios humanos, así como algunas cuestiones antropológicas como el origen de las guerras y los conflictos marcados por el odio parecen tratar de explicarse aquí con el ejemplo de una nueva e inocente sociedad primitiva, la de los simios, que trata de abrirse camino en el planeta tierra. Pese a todo, siempre hay que tener presente que la película está planteada desde el más puro entretenimiento y en ese sentido el filme de Matt Reeves cumple con creces su cometido. 



Con una buena puesta en escena, una cuidada fotografía y un uso inteligente de los efectos especiales infográficos y del motion capture, El Amanecer… plantea el conflicto entre humanos y simios (que se supone desencadenará la aniquilación total de los primeros) como una lucha en donde los propios primates aprenderán a convivir con nuevos conceptos para ellos como el odio entre semejantes, el odio al diferente, la venganza, la tiranía y la guerra. El personaje de Cesar actúa como catalizador de las diferentes opiniones y sensaciones de los simios ante la intromisión de los humanos procedentes de la colonia de supervivientes de San Francisco en su territorio, con el vengativo e impulsivo simio Koba (Toby Kebbell) como antítesis de todo lo que defiende Cesar, aunque al final el resultado que se nos muestra del conflicto sea bastante tópico. Si en su primera mitad de metraje el filme se detiene tal vez demasiado y no muy convincentemente en mostrarnos los avatares de la sociedad de los simios y de las penurias de los humanos produciendo cierta sensación de reiteración, en la segunda mitad la película retoma vuelo y muestra sus mejores cartas avanzando hacia el desenlace con momentos de cierta épica. Es de mencionar lo bien que están rodadas y presentadas las escenas de guerra entre simios y humanos rodadas como escenas de películas bélicas al uso y sin la parafernalia visual y empacho de efectos de las escenas de acción del cine-espectáculo. Una buena opción de cine de verano, evasivo pero con mensaje.

martes, julio 22, 2014

MIS RETALES FOTOGRÁFICOS (XXVII)

Izaro (2013)

  
La entrada (2013)   



Caminos del bosque (2013)

Amenaza de lluvia (2013)

Pottokak (2013)

...you´ll find a pot of gold (2013)