martes, noviembre 04, 2014

LAS AVENTURAS DE LOS HARLEM GLOBETROTTERS, EL SHOW DEL BASKET (I)




Los entretainers de la canasta

Es un equipo de baloncesto, pero rara vez ha competido. Parece deporte, pero en realidad es entretenimiento y espectáculo. Es un entrañable e imperecedero show hecho a partir del deporte del baloncesto, con casi 90 años de existencia recorriendo el mundo con sus partidos de basket-comedia. Son los Harlem Globetrotters, el equipo de deporte-exhibición más famoso del mundo y el máximo exponente del deporte (en este caso el baloncesto) aplicado al espectáculo. Pese a ser más una troupe teatral que un equipo de basket en el sentido estricto -sus partidos contra sus habituales equipos sparring contienen todo tipo de juegos con el balón, malabarismos y actos de comedia por parte de sus jugadores no admitidos en el baloncesto”real” - y estar fuera del mundo del baloncesto de competición oficial, este equipo estadounidense a su manera ha sido fundamental a la hora de hacer evolucionar el deporte de la canasta a lo largo de la historia: los mates, los tapones, las asistencias espectaculares, los rebotes y las recuperaciones imposibles, y en definitiva, todos los conceptos del basket contemporáneo que se fueron extendiendo por todo el mundo a partir de la década de los 80 (vía NBA) fueron de un modo u otro invención suya. Desde 1926, una multitud de jugadores legendarios casi todos ellos afroamericanos han vestido la camiseta azul y el pantalón a rayas verticales rojas y blancas de los Globetrotters (un uniforme inspirado como fácil puede deducirse en la bandera de EEUU), muchos jugando antes o después en la NBA o en otras ligas profesionales del mundo. Una de las primeras “empresas” norteamericanas con mayoría de trabajadores de raza negra, los Harlem Globetrotters han sido históricamente además un exponente del orgullo negro y un elemento fundamental en la aceptación de la ciudadanía afroamericana en el deporte profesional.

Multitud de giras mundiales, más 22.500 partidos disputados en 120 países (la mayoría frente a su equipo de exhibición sparring habitual, los Washington Generals) y una presencia casi constante en diversas manifestaciones de la cultura popular norteamericana (cine, series de televisión, publicidad, merchandisig), los Harlem Globetrotters siguen año tras año entreteniendo al público con sus juegos malabares con el balón, sus bufonadas, sus sketchs humorístico-teatrales, sus excentricidades entre los jugadores y sus “ballets” baloncestísticos, saltándose las reglas del baloncesto de competición para crear un espectáculo deportivo-circense-comediante que ha funcionado y triunfado durante casi un siglo. Esta es brevemente contada su historia, la de un símbolo americano.  


Los chicos de Abe (1926-1929)

Equipo de 1927
Este equipo, que lleva el nombre del barrio negro neoyorquino por excelencia, nació oficialmente en 1929 en Nueva York con el nombre de New York Harlem Globetrotters pero parece ser que tres años antes comenzó a gestarse en Chicago, Illinois, aunque los datos son inciertos. Se cuenta que en 1926 (el año no está muy claro) varios jóvenes negros del sur Chicago aficionados al basket (por entonces en pañales- fue inventado en 1891 en Springfield Massachussets por James Naismith-  y solo practicado como competición a cierta escala en USA) crearon un equipo de baloncesto cuyo nombre no consta. Se cree que este equipo está relacionado con un equipo de baloncesto que hacía exhibiciones de este deporte que actúo en la inauguración del Savoy Ballroom de Chicago bajo la denominación de Savoy Big Five y cuyo promotor era Abe Saperstein, el fundador oficial de los Globetrotters. Sea como fuere, el equipo que formaron los muchachos de color del sur de Chicago según algunas fuentes no jugó su primer partido hasta el 7 de enero de 1927 y un año más tarde se disolvería. A finales de 1928 el jugador Tommy Brookins reunió a varios de los exjugadores de aquel equipo embrión y Saperstein los convirtió en un equipo profesional -en EEUU y en contraposición con muchos países europeos en los años 20 prácticamente cualquier deporte podía ser profesional tanto individual como de equipos siempre que mediante partidos, ligas y apuestas se pudiesen garantizar unos ingresos- bajo el nombre de Chicago Globetrotters (trotamundos) con la idea de hacer una gira por el sur del estado de Illinois. En 1929 se fueron de gira por otros estados y adoptaron el nombre de New York Harlem Globetrotters pese a que los jugadores eran de Chicago. La razón era que al ser todos los jugadores afroamericanos la referencia al barrio neoyorquino de Harlem -epicentro del renacimiento de la cultura afroamericana en el primer tercio del siglo XX- era oportuna y atractiva para el público blanco estadounidense ya que pese a que en EEUU la  población negra aún estaba segregada y el racismo era todavía furibundo se miraba con curiosidad y admiración la ebullición de la cultura negra de Harlem -relacionada con el Jazz y el swing y otras manifestaciones- por parte de algunos sectores de la población blanca, especialmente los más jóvenes. Más tarde en aquel año 1929 el equipo pasa a llamarse definitivamente Harlem Globetrotters.       

Abe Saperstein
Hay que hacer un inciso en la figura del fundador y primer propietario y entrenador de los Harlem Globetrotters. Abraham M. Saperstein (1902-1966) era un inglés de Londres de origen judío que de niño emigró con su familia a Chicago. Además de fundar los Globetrotters a los 27 años fue una figura fundamental para la expansión y el desarrollo del deporte del baloncesto: fundador en 1961 de la efímera American Baske League (ABL), una liga que trataba de complementar a la NBA creada en 1949 y a otras ligas menores, instauró en la ABL el tiro de tres puntos que pronto se extendió por todas las ligas norteamericanas y fue aceptado finalmente por la FIBA (Federación Internacional de Baloncesto). Sapestein también fundó un equipo en la ABL, los Chicago Majors, pero la desaparición de dicha liga a comienzos de su segunda temporada en 1962 hizo que se volviese a centrar en los Globetrotters hasta su muerte en 1966. A el se le ocurrió el patriótico uniforme de los “Trotters” y, pro supuesto, la adopción de su equipo del tiro de tres puntos a comienzos de los 60. El atrevimiento de Saperstein de formar un equipo de afroamericanos a finales de los años 20 fue total ya que el deporte profesional prácticamente estaba vetado a la población afroamericana: en 1923 se fundó el primer equipo exclusivamente con jugadores negros, New York Renaissance –los Rens, que tampoco formaron parte de ninguna liga o asociación- y en la NBA sin ir mas lejos no hubo jugadores negros hasta 1950; en ese sentido los Globetrotters fueron durante varios años un oasis en el mundo del baloncesto norteamericano, aunque no se tratase de basket de competición. En el baloncesto en aquella época solo existía cierta estructura de equipos, partidos y competiciones (la mayor parte universitarias) en su cuna, EEUU, mientras que era inexistente en el resto del mundo (en los años 20 se estaba introduciendo en el resto del continente americano y en Europa). Precisamente en la década de los 20 surgieron en USA equipos profesionales a parte de los universitarios y de enseñanza secundaria. Estos equipos tenían en lo general vida corta y no había apenas competición oficial propiamente dicha hasta que en 1925 se conformó la primera liga profesional de baloncesto del mundo, la American Basket League (ABL) una liga diferente a la ABL de los 60 y que duró hasta 1953, cuando ya existía la NBA fruto de la fusión de la National Basket League (NBL) fundada en 1937 –y que fue la primera liga de baloncesto americana que contrató jugadores negros a principios de los 40- y la Basketball Assotiation of America (BAA). Saperstein no pretendió en ningún momento que los Trotters tomasen parte en ninguna liga profesional ya que desde el principio vio la potencialidad comercial y de entretenimiento de las exhibiciones de baloncesto en términos de espectáculo, en los primeros años ante un público que aún no se había familiarizado con el basket a nivel popular – y para el que las acrobacias y saltos baloncestísticos era algo enormemente vistoso-y después con el baloncesto ya popularizado ante una audiencia con ganas de encontrarse con un espectáculo diferente mezclando deporte de alto rendimiento y comedia.     


Revolucionarios del basket (1930-1950)

Hasta la II Guerra Mundial, los Globetrotters jugaron gran número partidos de exhibición a lo largo y ancho de la geografía estadounidense aunque sus partidos aún no eran tan numerosos como en décadas siguientes. El hecho de ser un equipo de niggers en una sociedad norteamericana aún con una política de segregación racial añadía una nota exótica que enseguida les otorgó fama y admiración a partir de los años 30. Los Trotters  durante los años 30 y 40 solían enfrentarse en las giras con equipos universitarios o amateurs y ocasionalmente ante equipos profesionales en partidos amistosos en los que el resultado era lo de menos y lo importante el display de acrobacias aéreas y saltos de los miembros del equipo, anticipándose así al basket más espectacular que a partir de la II Guerra Mundial se fue desarrollando en Estados Unidos y que terminará por hacer evolucionar al baloncesto de manera notable en cuanto la calidad de su competición. Aún sin sus números de malabarismos con el balón y sus rutinas humorísticas, los Trotters de los 30 y 40 se centraban en las asistencias imposibles, los mates (fueron los primeros jugadores en ejecutarlos) y los tiros desde la lejanía. Al igual que los equipos de las ligas profesionales norteamericanas, los Harlem Globetrotters de la etapa 1929-1949 trataban de captar a sus jugadores de entre las más firmes promesas de las High School, entre deportistas de otras disciplinas deportivas (béisbol, principalmente) y ocasionalmente de las universidades, algo más difícil ya que aún no había muchos alumnos afroamericanos en los colleges USA.  No obstante, al no jugar apenas baloncestistas de raza negra en la ABL, la NBL o la NBA en aquellos años los Globetrotters lograron contratar a los mejores jugadores afromericanos del momento y en general a atletas de raza negra que demostraron su valía en varios deportes: Nathaniel “Sweetwater” Clifton (1922-1990) fue uno de los primeros genuinos ejemplos; este pívot de 2,03 que también fue jugador de béisbol a finales de los 50, llegó en 1947 a los Globetrotters procedente del otro equipo de exhibición y giras de negros, los New York Rens y en 1950 fichó por los New York Knicks de la NBA convirtiéndose en el primer jugador afroamericano de la historia de esa liga. Otro Globetrotter notable de los años 40 fue  Reece “Goose” Tatum (1921-1967), también jugador de béisbol y creador del “gancho” en el baloncesto años antes de que lo popularizase Kareen Abdul Jabbar y el primer Trotter en hacer payasadas en cancha. Tatum abandonó el equipo en 1955 cuando ya los chicos de Abe Saperstein se habían convertido en un mundialmente famosísimo equipo de exhibición.

Sweetwater Clifton
En los años 40, paralelamente a sus giras, los Harlem Globetrotters tomaron parte en el baloncesto de competición, concretamente en el World Proffesional Basket Tourmanet, un torneo anual que entre 1939 y 1948 se disputó en Chicago y en el que tomaban parte equipos de la NBL y otras ligas además de los dos equipos profesionales de exhibición por excelencia, los Globetrotters y los New York Rens. Los Trotters participaron en siete ocasiones ganando la edición de 1940 ante Oshkosh All-Stars. Los Trotters en total disputaron 20 partidos de ese campeonato de los que ganaron 13. En 1948 los Trotters jugaron el llamado "partido del siglo" frente a los Minneapolis Lakers, campeón de la NBL y embrión de Los Angeles Lakers, ganando los de Harlem por 61-59 en un encuentro que tuvo mucho de orgullo racial. El equipo si bien ganaba casi todos sus partidos amistosos parecía encontrarse menos brillante en competición con otros equipos profesionales tal vez por lo poco habituados que estaban los Trotters a competir. Será por esta razón que en los 50 los Trotters se centren ya definitivamente en el basket como espectáculo circense y sin modificar su política de contratar casi exclusivamente a afroamericanos, siendo Bob Karstens el primer jugador no negro del equipo en su historia y el único durante muchos años. 


Trotando por el mundo (1951-1968)

Equipo de 1954

En 1952 Saperstein propuso a su amigo, el ex jugador y ex entrenador de Philadelphia Sphas de la ABL  Louis “Red”Klotz  formar un equipo de baloncesto para servir de rival de los Globetrotters en sus giras, creando a si a los Washington Generals, el no menos entrañable equipo sparring de los Trotters que aún existe a día de hoy como equipo de exhibición. En los 50 la llegada de jugadores afroamericanos a la NBA devaluó ligeramente el valor de los Trotters como rareza deportiva al estar compuesto únicamente por jugadores de raza negra, situación que se fue acentuando a partir de los años 60 cuando la mayor parte de los equipos de la NBA estaban compuestos por afroamericanos y muchos jugadores de esta raza jugaban ya en otros países, por lo que Saperstein decidió potenciar el componte de espectáculo y comediático del equipo: en el mas puro estilo de Goose Tatum, los partidos de los Trotters comenzaron a incluir paradas de partidos en los que los jugadores “protestaban” falsamente, jugadores que se subían al tablero de la canasta, bromas a los rivales (los Generals), celebraciones histriónicas de canastas o de jugadas vistosas y un sin fin de bufonadas más que se incrementarían en el tiempo, además de los consabidos malabarismos con el balón (el celebre balón girando sobre el dedo índice) y mates y tiros espectaculares. El equipo ya no solo jugaba en EEUU sino que empezó a viajar por todo el mundo: Canadá, Alemania, Italia, Francia, México, Holanda, Suecia. Siempre acompañados por los Washington Generals en sus tours, los Globetrotters ayudaron mucho a difundir internacionalmente el baloncesto y su potencialidad como espectáculo en todo el mundo durante los 50 y 60, cuando en muchos países europeos el baloncesto era despreciado por ser considerado un deporte muy técnico y “femenino” -la manera de jugar en Europa era muy diferente a al de EEUU principalmente por la diferente preparación física y el enfoque del baloncesto como un deporte de bastante trabajo en equipo y solidario, algo que no se valoraba tanto en Norteamérica- , al mismo tiempo que el equipo jugaba en su país algún partido amistoso frente a equipos universitarios.


En 1951 el equipo llega a juagr en Roma ante el papa Pio XII, el primero de los partidos que jugará ante un Sumo Pontífice. El número de partidos-exhibición de los Globetrotters comienza a aumentar con la proliferación de giras nacionales e internacionales tras la creación de los Generals en 1952. En el periodo de 1952 a 1962 los Trotters acumularon un número escandaloso de victorias ante los Generals y otros rivales universitarios ocasionales, algo que no es de extrañar ya que el “guión” de los espectáculos de los Trotters siempre ha prefijado que los Generals han de tratar de jugar un partido normal mientras que a los de Harlem les está permitido todo tipo de “trampas” (posesiones imposibles, balones que se quedan sin juego durante largo tiempo)  e infracciones reglamentarias con el fin de entretener al público. En los 50 solo perdieron una vez, frente a los Chieftains de la Universidad de Seattle en 1952. Debido a que en dicha década casi se enfrentaron exclusivamente a los Washington Generals  y apenas jugaron frente a equipos de competición los Globetrottres no se encontraron con la derrota hasta principios de los 60 ante equipos de la liga universitaria (en 1961 llegaron a perder dos partidos consecutivos). En 1962 perdieron por primera vez frente a los Generals, que solo les ganarían en tres ocasiones más hasta 2014, algo harto difícil en los partidos show de los Globetrotters.

Wilt Chamberlain
En los años 50 debutaron o se consolidaron algunos de los mejores Globetrotters de la historia, encabezados por uno de los más grandes jugadores de basket de todos los tiempos, Wilt Chamberlain (1936-1999) Chamberlain, que terminó siendo una de las más legendarias estrellas de la NBA en las filas de Philadelphia, San Francisco Warriors y Los Angeles Lakers, llegó al equipo en 1958 tras unos increíbles años en los Jayhawks de la Universidad de Kansas en los que se convirtió en una celebridad nacional por su increíble habilidad en el juego, hasta el punto de que los equipos contrincantes tenían que desarrollar tácticas muchas veces al límite del reglamento para pararle. El pívot de 2,16 dejó la universidad antes de tiempo en 1958 y por ello no pudo fichar por ningún equipo NBA ya que el organismo no admitía a jugadores que no habían completado sus estudios. Pese a que solo estuvo un año en los Trotters, Chamberlain dejó huella con su juego (un portento físico como no se había visto nunca en ningún deporte de equipo) y sus números cómicos en los que demostraba su increíble fuerza levantando a compañeros desde el suelo y lanzándolos al aire. Otros jugadores que dejaron huella aquellos años fueron Marques Haynes (1926), que introdujo el manejo artístico del balón y rechazó una suculenta oferta de los Philadelphia Warriors en 1953, año en el que formaría el equipo de exhibición Harlem Magicians -que le valió una demanda de Saperstein por uso de una marca basada en  el nombre y el slogan del equipo (los magos del baloncesto) -  volviendo en los 70 como jugador-entrenador con casi 50 años y el polifacético Meadow “Meadowlark” Lemon (1932), que permaneció en los Trotters de 1955 a 1980 en una primera etapa y tras jugar en varios equipos de exhibición y combinados all star en los 80 y principios de los 90 se retiró en los Trotters en 1994 con 62 años. Los Globetrotters comenzaron a contratar a jugadores no solo con enormes habilidades baloncestísticas y atléticas sino también con habilidades interpretetativas y comediantes; en ese sentido Haynes y Lemon fueron globetrotters que se llevaron la palma con sus gracietas y payasadas sobre la cancha que les serviría para convertirse en auténticos showman y estrellas mediáticas en los 60 y 70. El que muchos de sus jugadores llegasen a superar los 40, los 50 o incluso los 60 años indica la peculiar naturaleza del equipo.   

En 1959 Harlem Globetrotters fue el primer equipo de baloncesto norteamericano que jugó en la URSS, invitado  por el director del Estadio Central Lenin de Moscú. El Premier soviético Nikita Khrushchev les otorgó la medalla de la Orden de Lenin y el equipo sorprendió a la fría audiencia soviética con nueve de sus habituales partidos show esta vez ante un equipo sparring formado para la ocasión llamado San Francisco Chinese Basketers. En la URSS de finales de los 50 –enfrentada a USA en plena guerra fría- el baloncesto se estaba convirtiendo en un deporte popular y el país ya era la primera potencia del basket europeo. A los rusos les pareció extraño aquel espectáculo que para ellos no era baloncesto sino circo y comedia, pero se deleitaron con las habilidades atléticas de los Trotters que podían ser aplicadas al basker soviético y al de la FIBA en general. Muchos vieron aquella estancia en Moscú de los Globetrotters como el inicio de una mejora de las relaciones entre EEUU y la URSS, algo que fue una realidad durante el mandato de Khrushchev.

Meadowlark Lemon
En los años 60 las giras internacionales se hicieron cada vez más frecuentes así como el número de partidos anuales, llegando a superar los 200 por año. Los Globetrotters llegaron en esa década a varios países de Sudamérica, Reino Unido, Grecia, España, Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega, Suiza, Japón… El equipo era además una empresa muy rentable que iba obteniendo cada vez mayores ganancias. Ya a finales de los 60, en una época en la que el baloncesto había cogido un gran impulso en Europa continental aunque sin llegar a la popularidad que adquiriría en los 80,  los Harlem Globetrotters era el equipo de basket nortemericano más conocido en todo el mundo -merced a sus giras-, más que cualquier equipo NBA ya que  por entonces no existía fuera de USA el interés en la liga profesional americana que comenzó a explotar a finales de los 80. Durante esos años, además de veteranos como Meadowlark Lemon, alcanzaron notoriedad dentro del equipo gente como Connie Hawkins (1942), ala-pivot que jugó entre 1963 y 1967 y que en los 70 triunfó en la NBA en los Suns, los Lakers y los Hawks; Hubert “Geese” Ausbie (1938) que jugó 24 años entre 1961 y 1985 y que se convirtió en uno de sus jugadores franquicia más carismáticos; y el gran showman Fred “Curly” Neal (1942) pionero en afeitarse la cabeza en el basket afroamericano (se el apodaba “ricitos” con sorna) y el gran malabarista del equipo entre 1963 y 1985. No solo Saperstein llegó a sentarse en el banquillo, durante algunos años en los 50 y 60 gente como Henry "Dutch" Dehnert o Elmer Ripley dirigieron el equipo. Los Harlem Globetrotters habían ayudado además a normalizar la presencia de la población afroamericana dentro del deporte profesional y desde luego que fueron los grandes pioneros en demostrar la innata habilidad de las personas de raza negra en el basket. No obstante, debido a la comicidad a veces infantil de sus espectáculos obtuvieron muchas críticas entre la población afroamericana que les acusaba de entretener a la población blanca con gracias propias de las minstrel comedies y comportamientos estúpidos que ridiculizaban a la población negra. Así, los defensores de los Derechos Civiles en EEUU en los 60 se dividieron, por un lado algunos pensaban que los Trotters eran un grupo de negros que trabajaba para un amo blanco como Abe Saperstein, y por otro se consideraba al equipo como una buena muestra de la lucha por la integración y la equiparación de los derechos de la población afroamericana con los de la caucásica. Con todo, a finales de los 60 y principios de los 70 los Globetrotters se habían convertido en un referente para los jóvenes norteamericanos de raza negra más allá de todo aspecto deportivo o de entretenimiento.   

El 15 de mayo de 1966 fallece Abe Saperstein. El equipo continua su andadura siguiendo el legado de Abe. Los Globetrotters terminan la década de los 60 con el status de un símbolo norteamericano. Desde los 50, se produjo un fuerte merchandising del equipo que incluía posters, balones o juguetes además de rodarse dos películas sobre el equipo The Harlem Globetrotters (1951) en el que intervenían los miembros del equipo en aquella época entre ellos Haynes y Tatum y su secuela Go Man Go!  en donde aparece un joven Sidney Poitier (en ambos filmes Saperstein es interpretado por actores profesionales). Una versión silbada de 1949 de Sweet Georgia Brown, un tema clásico jazz se convierte desde los 50 en la música que acompaña las presentaciones del equipo y hasta día de hoy es el entrañable “tema de los Globetrotters”.


CONTINUARÁ

miércoles, octubre 29, 2014

El Aparatito Lumiere RELATOS SALVAJES






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Es verdaderamente elogiable el buen hacer en el cine argentino en los últimos 15 años sobre todo teniendo en cuenta las perennes dificultades económicas de este país, que de modo alguno han lastrado su creatividad cinematográfica. Pariendo todos los años títulos interesantes y que son degustados por un público fiel en la península ibérica, la cinematografía argentina no deja de sorprendernos con estupendos directores, intérpretes e historias que sin ser necesariamente obras maestras si transmiten una inmediatez y una facilidad narrativa que pronto conecta con el espectador. En este caso concreto de Relatos Salvajes no nos encontramos con una película de diez ni con una obra memorable, pero si con una cinta que al igual que con muchas otras argentinas de los últimos tiempos debería de aprender el cine español, aunque si que es cierto que en esta ocasión hay dinero español de por medio ya que Pedro Almodóvar coproduce esta película a través de su productora El Deseo. Dirigida por Damián Szifrón, director, productor y guionista que ha firmado importantes éxitos del cine y la televisión argentina en lo que llevamos de siglo (Los Simuladores, Tiempo de Valientes, Hermanos & Detectives) Relatos Salvajes es un filme de segmentos independientes, concretamente seis episodios (el primero bastante mas corto que el resto) cuyo denominador común es el humor negro y el desenlace grotesco y absurdo. Comedia negra con insertos gore, violencia, intriga y sobre una total mala uva en su faceta crítica social, ya que todas las historias son impulsadas por una nada disimulada crítica a las miserias de una sociedad occidental actual marcada por la crisis –que en el caso de Argentina es más flagrante- y con un tirón de orejas a sus responsables (políticos, empresarios, ricos) así como los aspectos más oscuros, irracionales y absurdos de la condición humana emergen en toda su (salvaje) plenitud en esta película en donde los protagonistas de cada episodio terminan por perder -en la mayoría de los casos fortuita y/o fugazmente- toda cortapisa moral para acometer auténticas barbaridades. Planteada desde el entretenimiento y desde una inocente provocación Relatos Salvajes se ve en todo momento con una sonrisa aunque lo que en realidad nos muestra es una colección de vilezas perfectamente reconocibles  llevadas a la caricatura y al extremo.



Un vuelo comercial en el que todos los pasajeros descubren tener algo en común; un bar de carretera que recibe la visita de un corrupto candidato a intendente (alcalde); dos conductores a la greña en una carretera; un ciudadano ejemplar enojado por una multa por aparcamiento y por la burocracia circundante; un adolescente de buena familia que mata a una mujer con su coche ante la desesperación de sus padres; y una boda en la que la novia descubre el secreto de su futuro esposo. Venganzas, chantajes, explosiones, planes maquiavélicos, muertes, sangre… pero sin perder el sentido del humor y el apunte costumbrista. Con bastantes elementos del cine de Tarantino y alguna inspiración en los dibujos animados (en el episodio de los conductores, principalmente), los Relatos de los inesperado de Roald Dahl  y todos las series televisivas de episodios independientes de autor que en la historia del entretenimiento han sido desde Alfred Hitchcock presenta hasta Cuentos asombrosos de Steven Spielberg, Relatos Salvajes sin ser nada del otro jueves es una película entretenida, sólida, divertida y con un inteligente mensaje. Muy buenos intérpretes con la creme de la escena argentina, ya bien sea gente sobradamente conocida por estos lares (Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Diego Peretti, Darío Grandinetti) y otros que aún no lo son tanto (Nancy Duplaá, Julieta Zylberberg, Oscar Martínez, Erica Rivas, Diego Velázquez, Rita Cortese) Un trabajo inteligente y efectivo.     


martes, octubre 21, 2014

El Aparatito Lumiere MAGICAL GIRL





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Una historia que aparece y otra que no. Una película que cuenta algo que es consecuencia de algo que no cuenta. Una historia de situaciones límite llevadas al extremo y de casualidades fatales que tejen un alucinante laberinto en donde la no explicación es lo más fascinante del devenir de una narración magistral. Magical Girl, segundo filme del madrileño Carlos Vermut, un hombre forjado en el mundo del cómic, y primer premio en el Zinemaldi de Donostia-San Sebastián ya se ha postulado como la mejor película española del año. No recaudará ni lo de Torrente 5, ni lo El Niño ni mucho menos lo de 8 Apellidos Vascos, pero a Carlos Vermut nadie le va a quitar ni el honor ni el orgullo de haber dirigido una película que será considerada todo un clásico del cine español. Así como suena. Un filme enigmático e intrigante que deconstruye el género del thriller para ofrecer una narración alucinante de engañosa simpleza pero provista de extraños e inusuales recursos conceptuales para modelar un trampantojo perverso basado en diferentes personajes cada uno en la más cruel de las derivas por diferentes circunstancias que de forma fortuita terminan abocándose en una espiral de situaciones que van desde lo dramático hasta lo inexplicable pasando por lo violento, lo enigmático, lo bizarro o lo terroríficamente percibido por el espectador. Porque este es un filme que necesita de la intuición y la imaginación del espectador para rellenar los muchos huecos que faltan (casi siempre en forma de hechos pretéritos a la narración) y así encontrar el sentido a la historia: en un momento del filme uno de los personajes no puede completar un puzzle porque le falta una última pieza, inteligente metáfora de la naturaleza de esta magistral Magical Girl.    



Sin ninguna concesión comercial y jugando genialmente con lo experimental desde el punto de vista narrativo y con un poder de atracción de las imágenes (perfectamente fotografiadas) que resulta sencillamente magistral en su intento y logro de convertir estampas domésticas, familiares y cotidianas en escenas inquietantes y provistas de cierto horror metafísico, Magical Girl no será pese a todo un film que guste y convenza a todo el mundo e incluso a muchos su visión se les hará incómoda, pero su solo existencia ya resulta una empresa loable y excepcional. La premisa argumental nos lleva a la extraña y desasosegante situación de sus dos protagonistas centrales: por un lado Luís (Luís Bermejo) un profesor de literatura en paro cuya hija de doce años, Alicia (Lucía Pollán) amante del manga y el anime japonés agoniza a consecuencia de la leucemia y que desea casi como última voluntad conseguir un exclusivo vestido cosplay de un personaje manga llamado Magical Girl, decide llevar a cabo cueste lo que cueste y a al desesperada el anhelo de su retoña; por otro lado Bárbara (Bárbara Lennie) una treintañera con evidentes desequilibrios mentales cuto matrimonio con un psiquiatra comienza ir a la deriva. El fortuito encuentro entre ambos les llevará a cotas inimaginables para ellos dos saltándose cualquier norma moral o social en una lucha encarnizada y animal tanto por la supervivencia como por los seres queridos. A partir de ese momento ya todo se mete en un confuso túnel donde parecen estar presentes Borges, Iván Zulueta, Godard o David Lynch (curioso que últimamente los cineastas españoles con pretensiones se miren tanto en Lynch) y en donde la cosa se ve a punto de estallar con la irrupción del personaje de Damián (José Sacristán, aportando todo su gran hacer de legendario veterano) el antiguo profesor de Bárbara en su etapa escolar que se antoja como la clave de muchos interrogantes. Una película de exquisita factura técnica, excelentes interpretaciones, sublime tempo narrativo y momentos memorables con excepcional manejo de lo inquietante y de la omisión. Carlos Vermut esta llamado  ser un gran cineasta, capaz de dar mil vueltas a  Amenabar y otros pseudoestetas del cine de género español. Imprescindible para todos los amantes del cine.

viernes, octubre 17, 2014

STOP ÉBOLA!



Aunque suene triste, ahora que el ébola ha llegado a Europa a ver si por lo menos la comunidad científica y las farmacéuticas se ponen las pilas para erradicarlo por fín. Empezando por Africa, en donde los muertos a cuasa de este virus se siguen contando por miles y poca cosa se ha hecho para evitarlo para vergüenza humana.

STOP ÉBOLA

martes, octubre 14, 2014

El Aparatito Lumiere PERDIDA (GONE GIRL)







*** y ½


A medio camino entre el blockbuster comercial y cierta impronta autoral, el cine del astuto pero últimamente algo irregular David Fincher (Seven, El Club de la Lucha, Zodiac, El Curioso Caso de Benjamín Button) casi siempre se ha destacado por su habilidad para provocar la atención y los sentidos del espectador y de lograr el aplauso de la crítica aunque a veces sea a costa de sutiles trampas y concesiones maquiavélicas. Tras las no muy convincentes y oportunistas La Red Social (2010) y el remake yanki de Millenium (2011) la credibilidad del realizador comenzaba a ponerse seriamente en entredicho pero- de nuevo- un inteligente golpe de efecto parece que logrará redimirle y restituirle en el olimpo de los directores norteamericanos más personales de los últimos veinte años. Gone Girl, adaptación de una novela Gillian Flynn, que además firma el guión adaptado, es una película altamente atrayente gracias al empleo de imágenes poderosas y a un guión más  efectivo que efectista al centrar la historia en la introspección psicológica de sus dos personajes principales sin concesiones a los recursos más manidos del thriller psicológico. Porque esta película es algo más que un thriller, es un drama entre social, psicológico y humano con trasfondo de historia negra que cumple y muy bien una función de multicrítica a diversos aspectos de la sociedad actual y de las relaciones humanas contemporáneas: los celos profesionales, la hipocresía de las masas, la alienación y manipulación de la opinión pública por parte de los medios de comunicación, el alto nivel de deterioro al que puede llevar una relación de pareja, el estrecho margen en el que se pueden mover los sentimientos en una sociedad cada vez más deshumanizada…y otros temas más.Las conclusiones a las que se  llega no son muy optimistas, pero la manera de contarlo puede inspirar al espectador no pocas claves que le hagan cavilar sobre ciertos temas. Pero sin comerse la cabeza, es solo una película.

El espíritu de Alfred Hitchcock sobrevuela engañosamente una historia en donde el suspense pronto se queda en nada y en donde el enigma resuelto da paso a un drama tan fascinante como intrincado en un guión lleno de recovecos que más que pistas falsas utiliza tanto la inteligencia como los sentimientos del espectador para ponerse en la piel de los dos protagonistas principales y sus alucinantes circunstancias llevadas al más increíble de los límites en esta historia en donde lo moral ocupa un lugar esencial. Por un lado se encuentra la joven esposa desaparecida, Amy (Rosamund Pike, magistral) una escritora de éxito con curioso trasfondo profesional, ambiciosa y con un extraño comportamiento narcisista que se ha esfumado repentinamente del hogar en lo que parece un caso poco claro, y por el otro a su marido Nick (Ben Affleck), inseguro y superado por una crisis personal y profesional con una relación cada vez parecía perturbarle más y que no se explica lo sucedido. Pronto la investigación policial pertinente sacará a la luz una serie de revelaciones sobre la vida matrimonial de la pareja y Nick comenzará a ser sospechoso de la desaparición de Amy. El entrecruzamiento de dos historias, desde el punto de vista de Nick y desde el punto de vista de Amy dibujará dos escenarios bien distintos el uno del otro en donde uno de ellos parece querer devorar al otro e imponerse como verdad absoluta en un interesante planteamiento narrativo servido por la naturaleza peculiar de la historia. Un alucinante juego de verdadero o falso y una desasosegante dialéctica entre el bien y el mal que producen el más inquietante horror cotidiano ya que somos testigos de cómo se puede hacer el mayor daño posible a otras personas solo con un mero ejercicio de enaltecimiento del ego.


Así, jugando con el thriller y un intrincado estudio psicosociológico, Perdida consigue mantener en todo momento la atención del espectador proponiéndole situaciones que fluctúan entre lo increíble y lo imperfecto (que es siempre lo más real y creíble) que finalmente consiguen una película envolvente pero áspera que mucho me temo que puede ser mal interpretada. Una estética entre documental y arty y una fotografía opaca pero cuidada marca de la casa Fincher realzan formalmente un filme de infinidad de matices que va subiendo enteros conforme avance el metraje aunque los últimos minutos puedan parecer pedantes e impostados aunque eso sí con su inquietante mensaje. Una buena oportunidad para que los amantes de las películas que ofrecen algo más de la habitual aunque sin salirse mucho de lo comercial de  puedan pasar una deliciosa tarde o noche.

lunes, octubre 06, 2014

El Aparatito Lumiere LA ENTREGA (THE DROP)





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Interesante primer filme americano del belga Michäel R. Roskam, responsable de Bullhead (2011) que a partir de un relato escrito por Dennis Lehane (autor de novelas que de las que han surgido grandes películas de los últimos años como Mystic River o Shutter Island) ha realizado un thriller creíble y más que correcto que trata de insertar coordenadas estilísticas del cine independiente norteamericano en una producción de grandes estudios, eso sí con un presupuesto modesto y un rodaje artesanal pero eficaz y trabajado. Una historia de clase obrera neoyorkina acosada por serios problemas con la justicia y las mafias chechenas que operan en la ciudad de los rascacielos, con dos personajes con el agua al cuello: Bob (Tom Hardy, actor que hace poco vimos en la excelente Locke ) camarero de un bar de Brooklyn y su primo y jefe Marv (el fallecido James Galdonfini en su última interpretación), quienes sufren en el bar un atraco que parece esconder una verdad y un oscuro entramado que se va agrandando por momentos dejando a Bob confuso y desnortado sobe todo en la relación con su primo. La adopción de Bob de un cachorro de pitbull que encuentra herido en una papelera se convierte además en un inesperado McGuffin que llevará a Bob a actuar de una determinada manera en todo el confuso asunto, además de permitirle conocer a su vecina Nadia (Noomi Rapace)

Con una trama muy bien construida y con aliento naturalista, la historia aunque con bastantes altibajos en su intensidad se sigue con interés y soltura pese a que a muchos espectadores les parecerá una película fría y con recovecos innecesarios en la trama, pero nada de eso: el guión está estupendamente construido con una historia oscura pero suavizada por el calor humano que desprenden sus protagonistas, personajes que pese a todo se ven incapaces de desplegar toda su humanidad debido a lo esquivo del entorno y a la necesidad de obtener bienes materiales por encima de todo aunque sea de manera más bien penosa. Con un excelente Tom Hardy que va creciendo enteros y enteros como actor y una atmósfera urbana y deprimente, The Drop no es un thriller redondo pero hará las delicias de los degustadores de historias noir con mensaje.

miércoles, octubre 01, 2014

TERROR, HUMOR Y EUFORIA: LAS ANDANZAS Y EL LEGADO DEL GRUPO PÁNICO (1960-1973) (y II)




Fando y Lis y el comienzo del cine pánico
 
A partir de 1965, el Movimiento Pánico ralentiza su actividad teatral hasta hacerla desaparecer a finales de los 60, aunque el triunvirato aún conservará el espíritu pánico hasta principios de los 70 colaborando en algunos proyectos comunes. No obstante, el distanciamiento personal se hace palpable en la medida en que Jodorowsky decide establecerse definitivamente en México en 1966 con Arrabal y Topor aún en Francia. En aquellos años Arrabal, Jodorowsky y Topor optan por trabajar en solitario aún bajo la atenta mirada del dios Pan pero aún habrá ocasión de confluir fuerzas. En 1967, Alejandro Jodorowsky, que ya había hecho sus pinitos en el cine en los 50 con el cortometraje vanguardista Les têtes inverties (1957) -que fascinó a Jean Cocteau- dirigió su primer largo Fando y Lis producido en México con un pequeño presupuesto y basado en al obra teatral homónima de Fernando Arrabal que él mismo adapto junto con Jodorowsy variando la historia original. La película, rodada en blanco y negro, puede ser considerada el más genuino (y tal vez único) largometraje pánico. Protagonizada por Diana Mariscal y Sergio Kleiner cuenta la historia de un joven llamado Fando que lleva en un carro a su novia parapléjica Lis y ambos parten en busca de la felicidad representada por la ciudad imaginaria de Tar, encontrándose en su camino por un imposible paisaje desértico en un lugar indeterminado con personajes extraños e inquietantes y situaciones absurdas. Fando, se enoja con Lis en repetidas ocasiones y la agrede y maltrata por según él ser un obstáculo para su propósito, pero no puede dejar de amarla y de arrepentirse por su conducta. Al final, Fando termina matando a Lis. La película es una cruel fábula sobre la incomunicación, la soledad y la idiotización del ser humano, que busca constantemente y en vano la felicidad en un entorno donde lo humano ya no existe. En este filme Jodorowsky y Arrabal adoptan claramente el lenguaje visual del teatro pánico con el fin de producir en el espectador el mismo efecto que trataban de conseguir con los efímeros, el de impactar en su sensibilidad rompiendo tabúes y convencionalismos. Con una estética entre miserabilista y lisérgica y una puesta en escena surreal, con un insólito barroquismo minimal y cargada de símbolos visuales, la película no se ahorró en mostrar imágenes violentas y desagradables además de desnudos y esto unido a su extraña temática para el público de entonces (en especial en un país tan conservador como México) supuso un gran escándalo cuando  fue estrenada en noviembre de 1968 en el Festival de Acapulco, siendo tachada de inmoral y ocasionando abucheos y arrojamiento de objetos a la pantalla en el momento de su estreno. Fue prohibida en México hasta 1972 y Jodorowsky recibió insultos y amenazas en aquel su país de adopción, pero con el tiempo la crítica mexicana terminó aceptando y alabando Fando y Lis así como el filme a partir de los años 70 pasa a convertirse en una película de culto en todo el mundo (Roman Polanski, que al defendió en el momento de su estreno, fue uno de sus principales valedores). Podemos decir que Fando y Lis, además de su significación en el movimiento Pánico, fue una de las primeras muestras del cine underground y contracultural de los años 60 y 70 y una obra enormemente influyente en cineastas como David Lynch.        

No fue Fando y Lis la única aproximación del Pánico al séptimo arte aunque hubo que esperar a comienzos de los 70 para encontrarnos con un nueve film cien por cien pánico. Roland Topor- que había escrito en 1964 su primera novela El Quimérico Inquilino- tampoco le hizo ascos al cine y en la primera mitad de los 60 se alió con René Laloux, genio francés de la animación y pionero de los cartoons para adultos con contenido intelectual-metafísico para dar luz a los cortometrajes Les Temps Morts (Los Tiempos Muertos, 1964) y Les Escargots (Los Caracoles, 1965) alejados del Movimiento Pánico pero con la impronta barroca de las bellas, sorprendentes y oníricas ilustraciones de Topor cuya marca inquietante de surrealismo cruel (sin el elemento salvaje y provocador del Pánico) preside la escenografía. Así, ya en las segunda mitad de los 60 se venía percibiendo un distanciamiento filosófico-práctico de los miembros del colectivo con respecto al Pánico que tal vez tuvo su punto de inflexión en el escándalo que produjo Fando y Lis): Ya Topor con su novela El Quimérico Inquilino – llevada al cine en 1976 por Roman Polanski, admirador del Pánico-  había demostrado que le interesaban más cosas que el ideario del Pánico con un calmado relato narrativo-filosófico sobre la alienación y Jodorowsky con su cómic mexicano de Las Fábulas Pánicas, pese a su título, comienza pronto a indagar en simbologías esotéricas y peculiares interpretaciones cosmogónicas mas allá del ideario que a principios de los 60 había diseñado junto con Arrabal y Topor. Fernando Arrabal da más muestras de una total fidelidad al movimiento con obras teatrales con cierta impronta pánica: El gran ceremonial (1963), El arquitecto y el emperador de Asiria (1966) o El jardín de las delicias (1967). En los años 1968-1969 el Grupo Pánico se encuentra cada uno por su lado cavilando nuevos proyectos pero con escasa voluntad de trabajar juntos. El Movimiento Pánico comienza a languidecer al tiempo que vinculados al movimiento como los artistas plásticos Alan Glass y Pedro Frideberg, que siguieron las enseñanzas de Topor cultivando pintura y escultura inspirada en los postulados del trío, se irán alejando paulatinamente de él.    


El pánico en los 70: la constatación de un fracaso
 
Y es que el espíritu pánico entrada la década de los 70 estaba languideciendo. Casi aparcada la actividad teatral a los pánicos aún les quedaba la obra gráfica de Topor y el cine, al tiempo que su filosofía, más allá del éxito y la influencia de su arte, se revelaba como algo extravagante con muy pocos seguidores que se lo tomasen en serio. Y es que ellos mismos tampoco lo veían muy practicable más allá de la predicación de su absurdamente ambicioso ideario por aquí y por allá. Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowsky animados por el éxito de culto de Fando y Lis quisieron prolongar por separado sus experiencias cinematográficas bajo el punto de vista del Movimiento Pánico aunque introduciendo en ambos casos significativas novedades que hicieron que la concepción inicial del movimiento cuanto menos cambiase y evolucionase hacia diferentes rumbos. Topor también les seguirá en breve en el séptimo arte pero ya alejándose definitivamente de los cánones pánicos.

Arrabal debutó en el cine como director en 1970 con una obra que hoy en día y al igual que Fando y Lis se considera de culto aunque sea bastante menos recodada que la anterior: Viva la Muerte, una producción franco-tunecina que se puede considerar como la última película más o menos adscrita a la filosofía del Movimiento Pánico. Con marcados tintes autobiográficos, cuenta la historia (escrita por Arrabal) del pequeño Fando (nada que ver con el protagonista de Fando y Lis, el nombre es además un anagrama del de su creador, Fernando) que busca a su padre encarcelado por las autoridades por comunista tras la denuncia de su madre fascista. El actor tunecino Madih Chaouh interpetó a Fando y al gran  actriz española Nuria Espert a su madre. Un guiñol tan inquietante como surrealista y a ratos desagradable, es pese a su falta de medios, un filme sorprendente e interesante que bebe en el Buñuel surrealista, en Pasolini y en la iconografía cristiana ibérica de una manera cruel y grotesca. En poco tiempo ganó status de película de culto y hoy en día es un claro ejemplo del cine underground de los 70 en su vertiente más intelectual. Roland Topor realizó los alucinantes dibujos de los títulos iniciales



Aunque Arrabal trató de continuar en el cine, fue Alejandro Jodorowsky quien con mayor decisión cultivó el séptimo arte en la primera mitad de los 70.  No obstante, aún siguió reincidiendo en el teatro pánico con tres obras más: Zaratrusta  (1970), El túnel que se come por la cola (1970) y El mirón convertido (1971), todas ellas ya más cercanas al barroquismo estético y el espiritualismo de las historietas de las Fábulas y que anticipan las coordenadas en las que se moverá su cine en los 70.  En 1970 dirigió su segundo filme El Topo, toda una obra de culto y cuyo éxito de crítica y entre los círculos juveniles y hippys le animó a seguir con paso decidido en el mundo del celuloide durante cinco años revelándose como un cineasta alternativo hábil y con una enorme fuerza visual poética y simbólica, algo que ya demostró en Fando y Lis. Para entonces el chileno afincado en México había dejado ligeramente de lado el ideario del Movimiento Pánico y sus postulados filosóficos y estéticos y se estaba interesando por la filosofía, el misticismo, el esoterismo, el estudio comparado de las religiones y los efectos de drogas como el LSD en su relación con estos temas, algo que ya estaba demostrando en sus viñetas de las Fábulas Pánicas. Fundamental en esos nuevos intereses fue su amistad desde finales de los 60 con el monje budista japonés afincado en México Ejo Takata que le introdujo en el budismo Zen y en la filosofía y el misticismo  orientales. El Topo, siempre reseñado por los historiadores del cine como un western lisérgico recoge las nuevas preocupaciones de Jodorowsky así como el nuevo enfoque de su filosofía vital. El filme cuenta la historia de un bandido y pistolero errante mexicano, El Topo, interpretado por el propio director que emprende un alucinante viaje por el desierto junto con su hijo (interpretado por su propio hijo Brontis) en el cual morirá y resucitará varias veces  encontrándose con extrañas escenas y personajes (tullidos, enanos) en lo que es una metáfora de un viaje espiritual en la búsqueda de la propia identidad. La película, trufada de surrealismo y escenas oníricas y psicodélicas parece heredera del Pánico en cuanto a su bizarrismo conceptual pero cae definitivamente en el simbolismo místico de corte hippy y en la simbología ácida y lisérgica haciendo la consabida analogía de un viaje místico y de búsqueda personal con el viaje fruto de consumo de drogas. El Topo -no estrenada en México por el escándalo de Fando y Lis- fue estrenado como en Estados Unidos y en Europa en los circuitos alternativos  y de arte y ensayo convirtiéndose al instante en una película de culto y en un filme enormemente influyente para gente de diferentes campos como David Lynch, Dennis Hopper, Bob Dylan, George Harrison, Peter Gabriel o John Lennon a quien El Topo le fascinó. Hoy en día es un filme que aún provoca interés y entusiasmo entre bastantes círculos cinéfilos.

El siguiente filme de Alejandro Jodorowsky, La Montaña Sagrada (1973) tal vez su obra maestra, incide en el elemento místico de El Topo en esta ocasión con bastantes toques de chamanismo -otro de los nuevos intereses del autor- y que al igual que el misticismo no le abandonaran en el resto de su carrera. El cine Pánico ya ha terminado aunque la influencia del movimiento en el cine de Jodorowsky perdurará en un nuevo filme con pretensiones más o menos pánicas el futuro. (Santa Sangre, 1989, o su frustrado proyecto de la adaptación del clásico ci-fi de Frank Herbert Dune). Dentro del cine, en 1972 Arrabal firma un nuevo filme con pretensiones más o menos pánicas J’ iriai comme un cheval Fou (Iré como un caballo loco), pero sin los logros artísticos de Viva la Muerte ni el espíritu de este filme, mientras que Topor es el responsable artístico y coguionista de Le Planéte Sauvage (Planeta Salvaje) bello filme de animación franco-checo dirigido por su amigo René Laloux considerado como una obra maestra del cine de dibujos animados de todos los tiempos pero ya sin impronta pánica.

En 1973 Fernando Arrabal publicó en Francia Le panique, con textos escritos entre 1963 y 1973 por Jodorowsky, Arrabal y Topor más escritos de otros autores que se unieron al movimiento a finales de los 60 y algún texto de autores clásicos como Baltasar Gracián. Poco después, Jodorowsky, que entendió esta publicación como una coda del Movimiento y el Grupo Pánico decidió disolver “oficialmente” el Pánico, ya con sus tres fundadores más preocupados en proyectos personales hasta finales de los 70: Jodorowsky con sus disertaciones sobre el chamanismo y la mística y centrado en el cine y pronto en el cómic, Topor con sus ilustraciones (aún con la impronta irreverente y surreal de sus inicios) y sus incursiones en el cine como actor, y Arrabal con ensayos, principalmente, además de teatro y más esporádicamente cine, listo para volver a España tras la muerte de Franco y generar escándalos políticos con artículos (Carta al General Franco) y declaraciones varias. Los tres autores, ya con escaso contacto en lo que queda de década de los 70, ya no parecen interesarse en aquella filosofía de su juventud (salvo Arrabal, aunque con actitud provocadora) que no había cumplido sus objetivos ni mediante el teatro ni en ninguna otra disciplina artística.


Residuos y Valoraciones del Movimiento Pánico

A pesar de que el Grupo Pánico quedó disuelto, sus fundadores de vez en cuando y con más mitomanía y afán publicitario que otra cosa han “resucitado” hasta la actualidad en algún momento dado el nombre de marca del Pánico, sabedores de que las nuevas generaciones empiezan a mirar con interés, curiosidad y admiración a aquel irreverente festín artístico especialmente por la significación de sus tres popes. Fernando Arrabal que en los 70 y 80 cultiva el teatro, la poesía, el ensayo, la narrativa y el medio audiovisual (para cine o televisión) a partir de la década de los 80 escribe obras teatrales que él define como pánicas: Carta de amor, La Duquesa de los quechuas y Espérame en el cielo. Roland Topor, que fallece en 1997, hasta su muerte pareció mantenerse al margen de cualquier tentación revivalista del movimiento aún cuando su obra artística siguió siempre la impronta iconoclasta del grupo con proyectos con el cineasta belga Henri Xhonneux como el film Marquis (1988), bizarra revisión de la vida del marqués de Sade con un pene parlante y actores caracterizados de animales antropomorfos, o espacios televisivos para el público infantil como la parodia de informativos Téléchat (1982-1985).      

Alejandro Jodorowsky que mantiene desde la segunda mitad de los 70 una variopinta carrera como guionista de comics, escritor, cineasta, conferenciante sanador, chamán, tarotista y por qué no, charlatán, se convierte en la década de 2000 y con más de 70 años en toda una celebridad mediática internacional gracias sus ensayos sobre psicomagia (ciencia de su invención) y sanación y sus memorias, además de sus entrevistas e intervenciones en diferentes medios. Establecido definitivamente en Francia desde 1990, en 1993 firmó Ópera Pánica, obra teatral en la que colabora su extensa familia y que según el autor es la coda definitiva del teatro pánico. A partir de los 2000 pese a su tirón mediático en determinados círculos Jodorowsky no ha sido amigo de enaltecer la etapa del Pánico, algo que si ha hecho el siempre controvertido y excéntrico Fernando Arrabal en diferentes ensayos: Diccionario pánico (2005), El Pánico: manifiesto para el tercer milenio (2006). En 2010 el joven actor y director catalán Joan Frank Charansonnet dirigió el filme Regression, película que trta de abanderar un movimiento Post-Pánico y en donde interviene Arrabal como actor, una excentricidad que parece un pastiche-homenaje de la estética de Viva la Muerte y los primeros filmes de Jodorowsky.      


Más allá de lo ambicioso y extravagante de sus pretensiones contraculturales, resulta evidente que el Movimiento Pánico logró influir en ciertas percepciones del underground en los años 70 y 80, en el teatro de vanguardia que se comenzó a desarrollar en los 70, y en el cine de autores como David Lynch, Iván Zulueta o John Waters. Resulta significativo que el  Movimiento Pánico haya sido más influyente en el séptimo arte que en la literatura o en el teatro, el medio para el cual se originó este movimiento.  El Movimiento Pánico fue hijo de su tiempo (la revolución cultural en los 60) y una vez que en los años 70 la generación del mayo del 68 y del “verano del amor” quedase desencantada tras el fracaso de muchas de sus aspiraciones ya cualquier expresión artística transgresora forjada en los sesenta quedaba totalmente fuera de lugar constatada su inutilidad. En su favor no obstante se puede decir que el Movimiento Pánico fue una de las primeras expresiones del underground cultural que abrieron camino a vanguardias varias en cine, artes escénicas, artes plásticas o cómic, desde el happening a la cultura punk pasando por el teatro de improvisación. En el nacimiento y desarrollo del Pánico, no hay que olvidarlo, convergieron en mayor o menor medida las corrientes más o menos revolucionarias y transgresoras que se gestaron y/o desarrollaron en los sesenta (o setenta) como la revolución y desinhibición sexual, la experimentación con las drogas, el auge de la espiritualidad y sobre todo el rechazo a la sociedad moderna burguesa expresada en ideas de corte izquierdista, y en ese sentido el valor sociológico del Movimiento Pánico o debe subestimarse como tampoco debe cae en saco roto desde el punto de vista cultural que este movimiento consiguió su objetivo (tal vez el único) de superar y reinventar el surrealismo de la primera mitad del siglo XX: en se sentido la obra pictórica y cinematográfica de Topor, no excesivamente conocida, ha de ser reivindicada.

El Movimiento Pánico ha terminado por postularse en una de las más fascinantes manifestaciones artísticas del siglo XX más allá de la popularidad individual de sus tres geniales creadores y el uso un tanto estrafalario que se le da últimamente en escritos varios por parte de algunos de estos. Una broma intelectual tan ambiciosa, exagerada,  e iconoclasta como honesta y un reguero de geniales ideas que más allá de sus desmedidas ambiciones intelectual-metafísicas legó momentos realmente sorprendentes e influyentes dentro del arte del siglo XX que por desgracia no pudieron desarrollarse demasiado. Bajo los designios del dios Pan muchas cosas se hicieron posibles con el Movimiento Pánico. 

lunes, septiembre 29, 2014

El Aparatito Lumiere LA ISLA MÍNIMA




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Buena racha la que llevamos últimamente en cuanto a películas españolas con pretensiones y de gran calidad; después de la magnífica El Niño tenemos la ocasión de degustar la nueva cinta de Alberto Rodríguez (7 Vírgenes, Grupo 7) un cineasta andaluz que se esta haciendo un gran nombre en el cine español y que firma su mejor película hasta el momento. Y es que La Isla Mínima es un excelente trabajo que demuestra que tanto la realidad sociológica (e histórica) y el paisaje españoles pueden ser un filón para el cine de género siempre que haya una historia sólida y un buen planteamiento detrás, algo que ocurre con creces en esta ocasión. Ambientada a principios de los 80 casi únicamente en el marco de las marismas del Guadalquivir y sus pequeños núcleos de población La Isla Mínima ofrece un thriller inquietante, sinuoso y confuso trufado de componentes de diversa índole: psicológicos, servidos por la antítesis que conforman los dos policías protagonistas; históricos-simbólicos, en donde la tardotransición en donde se enmarca la historia ejerce un efecto determinante sobre la misma aunque en un sentido mas bien alegórico; sociológicos y antropológicos en cuanto que la pobreza en la zona de las marismas en la provincia de Cádiz de la época ejemplifica una situación límite que en el filme funciona como impulsora de una parte de la trama; y, esto es más dudoso, fantásticos. Si, por que la película no renuncia a mostrarnos momentos inquietantes y desconcertantes que complican la comprensión de la trama- su final me resulta confuso- y que parecen beber de David Lynch, especialmente del de Twin Peaks o Blue Velvet y que si bien resultan deslumbrantes en su concepto con reminiscencias sobrenaturales, terminan por despistar un poco. Es por ello que esta película tal vez sea una de esas que “hay que ver dos veces” para amarrar detalles que pueden pasar desapercibidos en un primer visionado

La historia nos presenta a dos policías de 1980 bien diferentes que tiene que resolver unos complicados casos acaecidos en una remota aldea del Guadalquivir; Juan (Javier Gutiérrez) un policía de la vieja escuela franquista con métodos violentos pero eficaz y volcado con su trabajo y Pedro (Raúl Arévalo) un policía joven y de “nuevo cuño” que no aprueba gran parte del comportamiento de su compañero. Ambos investigan la desaparición de dos hermanas adolescentes en un caso que parece estar relacionado con la desaparición y el asesinato de otras dos jóvenes del pueblo a finales de los 70. En el transcurso de la investigación, el peculiar paisaje marismeño y el hermetismo de unos vecinos ansiosos con librarse de una realidad devoradora y nihilista que se ve ahora inquietantemente turbado con unos truculentos casos, termina por condicionarles en su percepción de la realidad aunque las indagaciones vayan por buen camino y así parecen adentrarse en un mundo atemporal y claustrofóbico en el que parece no haber reglas. La película funciona bien a todos los niveles, ya bien sea manejando una metáfora sobre al transición española a la democracia como mostrando un thriller puro y duro tenso, oscuro y sanguinolento a veces cuyo devenir se sigue con enorme interés pese a los detalles desconcertantes antes mencionados y el hecho de que relativamente pronto conozcamos todo el embolado. A todo ellos ayudan unas grandísimas interpretaciones: Javier Gutiérrez está de diez en su complejo papel de policía con un montón de secretos, Raúl Arévalo convence con su personaje de policía encarnación de la nueva España democrática, aquella dispuesta a dejar atrás los brutales métodos del Franquismo y Antonio de la Torre y Nerea Barros logran una perfecta y desgarradora composición como los padres de las chicas desaparecidas cada uno con sus miserias que ocultar. Salva Reina, Manuel Solo y el actor joven del momento, Jesús Castro (visto en El Niño) completan el eficaz reparto que muestra todo un deslumbrante muestrario de relaciones y sentimientos humanos.
 
Una estética entre el documental rural y el western crepuscular con cierto resabio poético y artístico (esas imágenes áreas de las marismas que convierten el escenario en una suerte de composición irreal, los inquietantes avistamientos de Juan del flamenco y del martín pescador) guía una historia extraña y con más matices de lo que parece, en donde el apartado marco de los meandros y los humedales de las marismas parecen funcionar como un universo aparte, como una metáfora de la España postfranquista apartada de la realidad del resto del mundo y refugiada en su propia isla en donde lo truculento parece ser algo inevitable y en donde el mal aún es algo demasiado cotidiano como para llamar la atención. Una película excelente, en definitiva, con varios niveles de lectura y una historia poderosa que posiblemente encumbre a Alberto Rodríguez como director.