lunes, mayo 11, 2015

El Aparatito Lumiere REGRESO A ÍTACA (RETHOUR Á ITHAQUE)




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Hubo un tiempo, allá por los 90, en los que el cine cubano se puso de moda en los países de habla hispana y en Europa…o más bien una película, Fresa y Chocolate (1993) del veterano Tomás Gutiérrez Alea junto con Rafael Tabío, excelente filme que parecía mostrar un engañoso aperturismo en la sociedad y la política cubana y que además coincidió con una especie de cubamanía que se vivió en España a mediados de los 90 y que iba entre la admiración estética de la cultura cubana a la simplista idealización de su situación sociopolítica (difícil eso sí por el injusto embargo de EEUU) y del régimen castrista, moda a la que se apuntaron hasta gente de derechas y algún oportunista que viajaba a Cuba con execrables intenciones. Pero desde el plano estrictamente cinematográfico, al final no hubo ningún resurgir del cine cubano (muy sujeto siempre a los condicionamientos del castrismo) y aquellos tabúes que parecía romper Fresa y Chocolate (relativa comprensión con quienes cuestionaban mínimamente los preceptos revolucionarios y deseaban salir de la isla) fueron un pequeño pufo. En más de 20 años las películas cubanas que han logrado alguna distribución internacional comercial o en festivales están contadas con el dedo de una mano mientras el país trata de evolucionar como puede con algunos pequeños avances y cambios. Y es que se echaba un falta desde hace años una película que reflejase la situación actual en el país caribeño y en ese sentido Regreso a Ítaca, una producción francesa rodada en la isla con reparto cubano, viene a cubrir muy, muy dignamente ese hueco gracias a un esforzado trabajo del cineasta francés Laurent Cantet (Recursos Humanos, La Clase, Foxfire) quien ha rodado en castellano en La Habana este pequeño gran filme a partir de una obra del escritor cubano Leonardo Padura (quien ah colaborado en la adaptación) con ciertas reminiscencias teatrales y en donde los diálogos y el discurso de los personajes son lo esencial en una película que carece de estructura planteamiento-nudo-desenlace. Rethour á Ithaque nunca podría haber sido una producción cubana incluso en al época actual si tenemos en cuenta que su propósito es el de realizar un retrato desencantado de una generación (los nacidos en los 50, la época de la Revolución) que ha visto como todo aquello en lo que había creído y que había sido parte de su vida, o mejor dicho, su vida misma y todo su ser, ha terminado por destruirles y hacer de ellos seres inseguros, temerosos y desdichados.     

Es esta en la realidad la segunda aproximación a Cuba de Cantet tras el filme colectivo 7 días en La Habana (2012) y en esta ocasión haciendo una magistral combinación entre la denuncia, el testimonio del fracaso y la disección de las relaciones personales y de la amistad establece un relato amargo y cruel pero veraz y honesto que llega a conmover en bastantes momentos. Cinco amigos entrañales cincuentones y pre-sesentones se reúnen en la azotea del domicilio habano de uno de ellos con motivo del regreso de Amadeo (Néstor Jiménez), un antiguo aspirante a escritor que emigró a España en los 90 y que regresa a su país. Una noche y una mañana en la azotea son testigos de las inesperadas reacciones personales que ha provocado el inesperado anuncio del amigo retornado: quiere quedarse en Cuba. A partir de allí todo un exorcismo de los demonios interiores (personales y políticosociales) de los cinco amigos, todos ellos afectados de uno u otro modo incluso en su vertiente más personal y humana por las contradicciones y las deficiencias del gobierno castrista: Gloria (Isabel Santos) una médico que fue gran amiga de Amadeo y su mujer fallecida, Rafa (Fernando Hechavarría), un frustrado pintor, Aldo (Pedro Julio Díaz Ferrán), un mecánico cuyo hijo veinteañero quiere irse de Cuba, y Eddy (Jorge Perugorría, el protagonista precisamente de Fresa y Chocolate y el más conocido por estos lares) un enriquecido pequeño empresario reflejo de la tímida nueva situación de la Cuba actual, son los otros cuatro personajes principales en un filme prácticamente circunscrito a los citados intérpretes, quienes están soberbios los cinco. Al final, cierto regusto amargo y descarnado para una película valiente y sincera que muestra como el ser humano es algo muy complejo y sus sueños a veces pueden convertirse en sus pesadillas.         

lunes, abril 27, 2015

El Aparatito Lumiere EL ÚLTIMO LOBO (LE DERNIER LOUP, 狼图腾)




 
*** y 1/2

Una buena noticia el que en las pantallas se encuentren películas como esta, una obra para todos los públicos, con un mensaje universal y con un acabado de forma y fondo más que de recibo. El francés Jean Jaques Annaud, fiel a su status autocreado de director internacional dispuesto a rodar producciones de cualquier país (aunque la mayor parte coproducciones con Francia), en cualquier territorio y en cualquier idioma y siempre abarcando temas que superan los límites culturales, históricos, geográficos y sociales dirige de nuevo su mirada a oriente tal como lo hizo (aunque de un modo bastante diferente) en El Amante (1991) y Siete Años en el Tibet (1997) fijando su atención en una más que atractiva y sugerente historia real descrita en la novela autobiográfica de Lü Jiamin Tótem Lobo (2004), uno de los libros más leídos en China. Un relato de amor a la libertad y la naturaleza tomando como punto de partida la difícil relación del hombre con los animales y con el ecosistema que venía como anillo al dedo al director de películas como El Oso (1988) y Dos Hermanos (2004) que junto con este filme viene a completar una suerte de trilogía sobre historias centradas en mamíferos carnívoros salvajes con un trasfondo ecológico y de amor al reino animal. Si en las dos películas anteriores mencionadas fueron los osos y los tigres respectivamente los protagonistas, en esta ocasión el turno es para el lobo, un mamífero con connotaciones míticas de representación del mal en diferentes culturas (especialmente en la antigüedad y en el mundo rural) pero cuyo mito negativo siempre ha terminado desmontándose. Esta coproducción franco-china, aunque tal vez algo lastrada por una historia un tanto esquemática e infantil por su trasfondo casi de fábula, constituye un nuevo acierto de Annaud, cuyos últimos filmes, artística y comercialmente, no estuvieron a la altura que se esperaba del realizador.  

Rodada en hermosos paisajes de las estepas de Mongolia, la historia nos traslada a la China de Mao en 1969 en donde dos jóvenes estudiantes de Pekín, Cheng Zen (Feng Shaofeng) y Yang Ke (Shawn Dou) son enviados por el gobierno de la República Popular a Mongolia (entonces perteneciente a China) para ayudar en los quehaceres a una familia de pastores mongoles al tiempo que tratan de enseñar a sus hijos, dentro del programa ideado por la China maoísta en los años 60. Allí los muchachos pronto se adaptarán a la forma de vida prácticamente primitiva y nómada de los mogoles y a sus curiosas costumbres y creencias religiosas. Cheng Zen esta fascinado además  los lobos de las estepas, que al mismo tiempo para los mongoles son unas alimañas ya que atacan a las ovejas y unos animales muy beneficiosos ya que hacen lo propio con las gacelas, devoradoras de la poca hierba que existe en la Estepa. Unas nuevas directrices del Gobierno chino sin embargo obligan a capturar y dar muerte a los lobeznos para provocar la extinción de los lobos con el fin de que no afecten al ganado, pero Cheng Zen desafía el mandato adoptando y criando el mismo un lobezno ante la oposición del clan de pastores mongoles y lleno de dudas y sentimientos contradictorios sobre cual debe de ser el destino de este animal y de todos los de su especie. Con preciosas imágenes servidas por la suntuosa fotografía de Jean-Marie Dreujeu captando en toda su plenitud los espectaculares escenarios naturales mongoles, una interesante partitura del gran James Horner, y una increíble puesta en escena casi documental con los lobos rodados en su medio natural, solitarios o en manadas y “actuando” perfectamente en difíciles escenas de persecuciones y estampidas (merece mencionarse la persecución con los jinetes)  muy bien coreografiadas y captadas, El Último Lobo es un filme honesto y espectacular que combinando la denuncia y el mensaje ecológico, el drama personal, el cine antropológico (algo ya muy habitual en el director) y por que no, el apunte histórico-político, consigue una historia metafórica y muy de cuento de hadas-fábula para mostrar como el ser humano tiene que aprender del reino animal en su lucha por la supervivencia, la libertad y la dignidad. Una buena opción especialmente para ir al cine con niños/as dado el valor pedagógico del filme.  

martes, abril 21, 2015

El Aparatito Lumiere FELICES 140





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Nuevo acierto de Gracia Querejeta (Siete mesas de billar francés, 15 años y un día) que demuestra ser una directora en plena forma y con una regularidad más que interesante en su filmografía en los últimos años (aunque eso si sin grandes alardes) pese a unos comienzos inciertos. En esta ocasión la hija del gran Elías Querejeta recurre una vez más al drama humano en una película con un mensaje antropológico bastante pesimista y que constituye una oportuna crítica a la hipocresía y a los intereses mezquinos en las relaciones interpersonales. Mezclando el drama psicológico con el humanista y con unas pinceladas de comedia de personajes, Felices 140 se presenta bajo los ropajes de un subgénero oficioso tan sugerente y goloso como el de “película de reunión de viejos amigos”, un tipo de filme al que se adscriben cintas como Reencuentro (1983) de Lawrence Kasdan o Los amigos de Peter (1992) de Kenneth Branagh. Sin meterse de lleno en el enredo entre los personajes ni en los detalles de las relaciones entre el grupo de amigos cuarentones y cincuentones (y alguno más joven) que protagonizan esta historia, el guión apuesta por el aspecto motivacional de los personajes en sus acciones y decisiones cada uno con un trasfondo diferente pero con un denominador común: una situación complicada y en la mayor parte de los casos un pasado angustioso. Al final, los personajes harán piña inesperadamente ante un fortuito suceso poniendo además en cuestión aspectos éticos y morales cuya discusión no parece dejarles muy bien parados. La película, pese a algunos fallos de ritmo y a algún detalle poco claro fruto de un guión tal vez un poco forzado y que trata de hacer avanzar la trama a trompicones a costa de dejarse en el tintero no pocos aspectos que serían interesantes, resulta muy interesante de ver y al final el espectador sale más que satisfecho ya que siente que lo han tratado como a una persona inteligente.

Maribel Verdú encarna a Elia, el personaje central de la historia, una mujer que acaba de cumplir 40 años y que decide celebrarlo invitando a sus parientes y amigos más entrañables, un variopinto grupo de personas entre los 40 y 50 años cada uno con diferente situación familiar, profesional y económica, a una lujosa villa costera que acaba de adquirir sin que sus amigos sepan como. La razón no es otra que a Elia le han tocado 140 millones de euros del premio del Euromillón. Sus amistades ni se lo creen, pero es así y pronto empezará el juego de intereses movido por la envidia, al codicia, y por que no, la amistad mal entendida. Son interesantes los planteamientos de esta película así como sus alucinantes e inquietantes resoluciones que muestran la ambigüedad y la doble moral del ser humano ante determinadas situaciones. Un reparto eficaz e inspirado ayuda a que los momentos más crudos de la historia se hagan digeribles e increíblemente reposados, algo a lo que contribuye la estupenda dirección de actores a la que siempre hace gala Gracia Querejeta. Puede que esta no sea una película que guste a todo el mundo pero merece la pena. 

martes, abril 14, 2015

El Aparatito Lumiere PASOLINI / LA HISTORIA DE MARIE HEURTIN (MARIE HEURTIN)



PASOLINI

 
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En noviembre de 1975 Pier Polo Pasolini, cineasta, ensayista, novelista, poeta, filósofo, columnista de prensa e intelectual italiano fue encontrado muerto en la playa romana de Ostia a los 53 años con signos de violencia. Terminaba así la sinuosa, controvertida y comprometida vida de unos de los creadores fundamentales de la historia del séptimo arte y de una de las figuras más prominentes e influyentes de la cultura europea del siglo XX. El creador de filmes tan singulares como Accatone (1961), El Evangelio según San Mateo (1964), Edipo Rey (1966), Teorema (1967). Medea (1969), la trilogía clásico erótica formada por El Decamerón (1971), Los Cuentos de Canterbury (1972) y Las mil y una noches (1974) o Saló o los 120 días de Sodoma (1975) se ve homenajeado cuarenta años después de su muerte por un curioso discípulo indirecto, el hábil director norteamericano de origen italiano Abel Ferrara, prolífico cineasta independiente con variedad de registros y géneros en donde destacan películas que marcaron el cine indie americano de los 90 como Teniente Corrupto, The Addiction o El Funeral. Ferrara se ha trasladado al país de origen de sus antepasados para rendir pleitesía al maestro boloñés con un biopic inteligente y no al uso que centrado precisamente en los últimos días de Pasolini trata de hacer un básico pero revelador retrato del ideario y de las motivaciones  intelectuales, estéticas, filosóficas y creativas del director pero sin caer en el academicismo ni en la pedantería y esforzándose en ofrecer un producto más o menos atractivo a  aquellos que no sean seguidores de Pasolini o que ni tan siquiera estén familiarizados ni con su figura ni con su obra. Lo consigue, aunque este no sea ningún filme comercial, gracias a la combinación de diferentes elementos muy bien dispuestos durante todo el metraje (narración convencional, película dentro de una película, poesía y simbología visual de clara inspiración pasoliniana, guiños y manierismos varios al universo del director italiano), y todo siguiendo esforzadamente los cánones cinematográficos del propio escritor y cineasta homenajeado (neorrealismo italiano renovado, escenas impactantes, tremendismo conceptual, conflicto tesis-antítesis en determinadas escenas, poesía visual) mientras que los intelectuales se exponen de sabia manera a lo largo de toda la película mediante recreaciones visuales de novelas y películas no realizadas del creador, recreaciones de entrevistas y sobre todo en  momentos narrativos concretos. No obstante que nadie se espere una biografía exhaustiva en el tiempo de Pasolini, ya que aunque esta daba para una película Ferrara se ha centrado en las últimas horas del autor pero eso sí, sin dejarse ninguna clave sobre su persona en el tintero.

Rodada en inglés y en italiano con un reparto internacional pero en su mayoría italiano en régimen de coproducción entre Italia, Francia y Bélgica, Pasolini triunfa gracias a su honestidad y su afán por huir del morbo fácil y del sensacionalismo, algo a lo que se prestaba inevitablemente el personaje central. El norteamericano Willem Dafoe- el vivo retrato del autor boloñés- interpreta con convicción y sobriedad al controvertido cineasta dando todo un recital desde el principio hasta el final de la cinta. Pier Paolo Pasolini, fue ante todo un hombre preocupado por la sociedad de su tiempo y por su evolución, influido siempre por su ideario comunista marxista radical y por sus convicción de que la sociedad burguesa occidental necesitaba un cambio total, una revolución social y moral, algo que siempre reflejó en su obra cinematográfica y literaria echando mano del simbolismo y la metáfora y siempre criticando a la burguesía y a la moral tradicional trasgrediendo muchas veces dicho concepto ofreciendo en sus obras situaciones y comportamientos al limite de lo permitido que le trajeron no pocos problemas y agrias polémicas. En ese sentido, su condición de homosexual le condicionó en su ideario filosófico, ético y estético y en su carácter conflictivo y rebelde, así como su un tanto peculiar visión de la sexualidad también resultó polémica y bastante influyente en el desarrollo del erotismo en el cine. Todas estas claves aparecen en esta película, un soberbio trabajo cinematográfico que brilla en momentos como la recreación cinematográfica de una novela inacabada del autor o en el  plasmación postuma apócrifa gracias a Ferrara de unos fragmentos de lo que debía de  haber sido la siguiente película de Pasolini tras la controvertida Saló, con su muso Ninetto Davoli interpretando a otro de sus actotes fetiche Eduardo De Fillipo dando vida a su vez a Epifanio, un peculiar sujeto dispuesto a encontrar el paraíso acompañado de un ángel gay interpretado en la peli recreada por el joven Ninetto Davoli de este biopic, interpretado a su vez por Ricardo Scarmacio. Especialmente recomendable para cinéfilos de pro y amantes de biografías de personajes más que significativos. 



LA HISTORIA DE MARIE HEURTIN


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Se corre de nuevo el riesgo de que una gran película pase injustamente desapercibida, tal es el caso de esta excelente cinta francesa rodada con delicadeza, buen hacer y una total credibilidad en su manejo del melodrama y la historia de superación personal. Se nos muestra una poco conocida historia real sucedida en Francia a finales del siglo XIX que remite al  tema de la educación exitosa de una persona sordociega: efectivamente, un relato que evoca inevitablemente a la conocidísima historia de la escritora y política sorda y ciega Helen Keller y al aprendizaje recibido en su infancia por su institutriz Anne Sullivan, un tema que dio lugar al filme El Milagro de Ana Sullivan (1962) de Arthur Penn. Pero la historia que nos ocupa, acaecida poco después del primer contacto de Sullivan con Keller, poco tenía que envidiar a aquel caso aunque la joven sordociega protagonista de este relato, -la Marie Heurtin del título- falleció joven y por ello no alcanzó la notoriedad de Helen Keller. Los franceses, chauvinistas que son ellos, han redescubierto el potencial dramático de este caso (pionero además en muchos aspectos de la educación de las personas sordociegas) y nos lo muestran ahora en forma de bella y sensible película circunscrita a un espacio único bastante concreto - un internado para niñas sordomudas regentado por religiosas- pero con una narración prodigiosa y verista y una fotografía pulcra y con propensión cromática al verde de los jardines y al gris y blanco de los interiores del internado. Una curiosa traslación en imágenes del naturalismo literario decimonónico pero todo contado con un lenguaje para todos los públicos.

Isabelle Carré interpreta a la hermana Marguerite, una joven monja encargada del huerto del internado para chicas sordas que enferma de tuberculosis fija su objetivo en lo poco que ella intuye que le queda de vida en que Marie (Ariana Rivoire), una adolescente de 14 años que llega al centro siendo ciega además de sorda, se convierta en una chica normal capaz de comunicarse y de expresarse. La tarea no es nada fácil y la hermana Marguerite no recibe el total apoyo del resto de monjas y de al madre superiora, pero utilizando imaginativos recursos y persistiendo logrará importantes avances en lo que una vez fue una criatura prácticamente en estado salvaje. Una puesta en escena sobria pero con bellas imágenes y un matizado detallismo descriptivo son el fondo en el que se mueven unas interpretaciones soberbias especialmente por parte de las dos protagonistas. La jovencísima Ariana Rivoire, solo sordomuda en la vida real, realiza un estupendo trabajo que llega a enamorar al espectador por su total verosimilitud y por su prestancia delante de la cámara. Una película para amantes de las historias humanas emotivas y poderosas.

lunes, abril 06, 2015

El Aparatito Lumiere PURO VICIO (INHERENT VICE)




****  y 1/2

Es una lástima que uno de los mejores filmes que hay en la actualidad en cartelera esté pasando con más pena que gloria por las salas y además con no demasiadas copias en exhibición. El nuevo filme de Paul Thomas Anderson (Boggie Nights, Magnolia, Pozos de Ambición), uno de los mejores directores que hay actualmente en EEUU, merece sin duda un mejor trato por parte de su distribuidora española ya que estamos de nuevo ante otro nuevo excepcional acierto del director que sin llegar a las cotas de obra maestra de Pozos de Ambición se marca un filme de bandera donde de nuevo la historia americana se utiliza como clave para narrar un relato lleno de significaciones. Una fábula sobre el lado mas turbio del sueño americano y sobre el fracaso de los ideales, ilustrado por la California de principios de los 70 con el Flower Power, la contracultura beat y el movimiento Hippie en plena decadencia debido a las contradicciones de muchos de sus protagonistas y la presencia constante de las drogas que terminaron por ser el fin en si mismo último para muchos hippies pasados de vueltas. En resumidas cuentas, se muestra el desengaño tras la década de los 60 representado por la presión de la administración Nixon y el refuerzo del conservadurismo estadounidense que desembocaría en poco tiempo en el neoliberalismo de la era Reagan y todo ello desde una perspectiva no solo desmitificadora de la época sino con un tono que lindando entre la comedia más gamberra y el drama más crudo utiliza intencionadamente de manera desaliñada los clichés del thriller y del cine negro para ofrecer un relato tan atroz como fascinante  con una atmósfera y tono narrativo que al igual que su protagonista podíamos definir de alucinógenos…y porreros.    

Si en Pozos de Ambición, Anderson adaptaba magistralmente a Upton Sinclair, en esta ocasión el cineasta californiano recurre a las páginas del genial y enigmático Thomas Pynchon, autor de la novela Inherent Vices en la que se basa este filme y un autor bastante difícil de trasladar su obra en imágenes, pero el director ha sabido confeccionar un guión potente y con un tono más narrativo que la novela original dando al impagable personaje central de la  historia, el detective y psiquiatra hippy y porreta Doc Sportello un carácter de antihéroe desastrado y despistado quijote cuyas dudosas perspectivas, acciones y puntos de vista condicionan el esquivo e imprevisible desarrollo de la historia. Joaquin Phoenix, cada vez más encasillado en papeles propensos al desaliño personal, borda el papel de este sabueso de pacotilla envuelto en la nube del cannabis que consume y perdido en una California costera delirante y de circo en donde el sueño indudablemente se estaba acabando. Spotello, metido en la investigación de la desaparición un magnate amante de su antigua novia Shasta (Catherine Waterston) verá como la policía le pondrá una traba tras otra por medio de su amigo-enemigo el teniente “Bigfoot” Bjorgsen (Josh Brolin) al tiempo que dudará cada vez más de la honorabilidad de los métodos de los protectores de la ley, se verá envuelto en confusas tramas de asesinatos, tráfico de drogas, asociaciones de malhechores, trata de blancas y corrupción, y se meterá inesperadamente de bruces en delirantes situaciones repletas de personajes estrafalarios que le pondrán literalmente al límite. Solo el recuerdo de su relación con Shasta parece añadirle algo de cordura pero siempre con la sospecha de que la joven se traiga algo entre manos.


La película fluctúa entre los hermanos Coen más iconoclastas, los comics underground setenteros de Robert Crumb y Gilbert Shelton (en especial los Fabulous Furry Freak Brothers de este último), la novela detectivesca de Mickey Spillaine, Raymond Chandler o Dashiell Hammet, las ocurrencias hippie-fumetas de Cheech y Chong y algún resabio tarantiniano en los diálogos, pero va mas allá al ofrecer una película con personalidad propia y perfectamente coherente con sus pretensiones de desmitificación y de crónica de un desencanto tomando como principal recurso la exageración y la caricatura. Dotada de un ritmo extraño, una narración confusa, unos diálogos  a veces enigmáticos y una fotografía difusa y casi flou con un indudable poso manierista setentero, se concluye pronto que lo que se trata de hacer es presentar las cosas tal y como las ve su protagonista, es decir, confusas, inconexas y desconcertantes fruto del consumo de ciertas sustancias: un hallazgo sencillamente genial.  Con un reparto coral que a parte de los citados incluye a Benicio del Toro, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Martin Short, Eric Roberts, la cantante Joanna Newsom o la porn star Belladonna y una estupendísima dirección de actores además de todas las cualidades antes mencionadas, Puro Vicio cumple todas als expectativas de un buen cinéfilo acostumbrado a historias tragicómicas e inusuales pero con mensaje de calado. Otro nuevo peliculón de Paul Thomas Anderson

sábado, marzo 28, 2015

El Aparatito Lumiere NEGOCIADOR




 *** y 1/2




Desde que Borja Cobeaga (Pagafantas, No controles) anunció su intención de dirigir una comedia sobre un tema tan a priori tan poco susceptible de ser tratado bajo el prisma de dicho género como el de la negociación gobierno español-ETA durante el anterior mandato socialista, la curiosidad y las reacciones de todo tipo se sucedieron. Y el éxito son precedentes en el cine español de Ocho apellidos vascos (2013) película de Álvaro Fernández Armero que contaba con guión del cineasta guipuzcoano  (junto con Diego San José) no hizo sino acrecentar las expectativas de una cinta que de nuevo se iba a adentrar en un tema espinoso y complejo como es el “conflicto vasco” y en particular en el mundo de ETA, todo ello efectuado una vez decretado el alto el fuego de la banda terrorista. No resultaba tampoco especialmente comercial ni tampoco con enorme potencial cinematográfico la premisa planteada de hacer una crónica cotidiana (y sin mucho contenido político) de las conversaciones fuera del estado español entre un representante del gobierno (que en la vida real fue el controvertido político vasco del PSE-PSOE Jesús Eguiguren) y  representantes de ETA como fueron Josu Ternera  y “Thierry” y como era de esperar hubo recelos extra artísticos de todo tipo, pero Borja Cobeaga ha superado la complicada prueba con nota y ha sido capaz de ofrecer con un notable esfuerzo creativo y cinematográfico una inteligente e inusual  comedia con tintes de drama trufada de elementos costumbristas que viene a recalcar lo absurdo de la condición humana ante situaciones con una premisa complicada en las que cualquier atisbo de razón y lógica se ha perdido y en las que solo hay espacio para la repetición de clichés, la actuación a la desesperada e inintencionadamente, a veces el ridículo. En ese sentido, sin ser intencionadamente ningún estudio psicológico ni una película intimista, Negociador resulta un estupendo retrato de los avatares de una persona (el negociador del gobierno) dispuesta a llevar a buen puerto una complicada y  trascendente misión a sabiendas de que se va encontrar ante algo (alguien) que no solo se lo va a poner nada fácil sino que su simple presencia ante él le pondrá en una situación humana tan comprometida como incómoda y por que no, apasionante a la hora de demostrar valores, sentimientos o simplemente reglas básicas de comportamiento que nos se sabe muy bien que importancia tienen en un contexto tan extraño como el que le tocará vivir. Y todo ello contado con una estética y una puesta en escena minimalista y con un estupendo guión tanto visual como de diálogos.



Borja Cobeaga optó por no colaborar con Jesús Eguiguren ni con ninguna de las personas presentes en el secreto y extraño proceso de negociación que tuvo lugar a finales de la década de 2000 entre el gobierno español y ETA y, si bien con algunos apuntes periodísticos y crónicas sobre aquellos acontecimientos a los que tuvo acceso, ha construido un guión que en realidad es una fabulación de dicho suceso y en el que ha querido recalcar muchos aspectos kafkianos y absurdos en un proceso de negociación-diálogo que experimentó no pocos altibajos y situaciones -según los que las vivieron- ridículas fruto de la visión radicalmente distinta de una realidad. La película además recurre a personajes trasuntos de los reales: Eguiguren aquí es Manu Aranguren (Ramón Barea) un político maduro y a vuelta de todo, desmañado y despistado que cuenta con la ayuda mínima gubernamental en medio de un mutismo absoluto y que se encuentra en Ginebra en la más absoluta soledad y desconcierto, esto último acrecentado tras los curiosos encuentros con los interlocutores etarras; Josu Ternera es Jokin (Josean Bengoetxea) un etarra de la vieja escuela cuyo desencuentro con Manu se combina con un conato de amistad; y Thierry es Patxi (Carlos Areces) un dirigente de ETA de cambiante carácter pero preso de su retorcida ideología. Entre ellos y un esforzado pero superado mediador internacional (Jons Pappila)  y su diligente intérprete (Melina Mathews) como desconcertados  testigos, se da una rocambolesca dialéctica que toca todos los palos de las relaciones humanas y que  demuestra como al final el ser humano logra a trancas y barrancas imponer su propia condición aunque los resultados no sean siempre los deseados. La maestría de Cobeaga en la dirección de actores es de chapó ayudado por la excelente interpretación de un Ramón Barea que pronto hace que el público empatice con un político voluntarioso y convencido en su noble causa de diálogo pero cómicamente desastrado, y por un Carlos Areces que logra su mejor interpretación hasta el momento en la piel de un terrorista tan jovial como sibilinamente siniestro. Una buena noticia además la de el aumento de registros de Areces ya que este actor parecía encasillarse sin remedio en absurdos papeles de friki. 



Puede que el encorsetamiento espacio-tiempo de este filme lastre el resultado de una película efectiva y diferente. Que nadie se espere un filme político ni una comedia de risotadas tipo Ocho apellidos vascos (aunque hay situaciones verdaderamente hilarantes) y ni tan siquiera que nadie se espere una comedia comercial. Negociador demuestra la madurez ha la que ha llegado un cineasta como Borja Cobeaga destinado a hacer grandes cosas (se espera con ansia su adaptación del cómic Superlópez que dirigirá Javier Ruiz Caldera y cuyo estreno se prevé para 2016) y que de momento nos deja una película de kilates.

jueves, marzo 26, 2015

RAYOSC SE UNE AL DOLOR


POR  LAS VICTIMAS DEL ACCIDENTE AEREO EN LOS ALPES


jueves, marzo 19, 2015

El Aparatito Lumiere CALVARY / SELMA





 CALVARY

***
Modesto y honesto drama psicológico-social que esperemos que no pase desapercibido por el público ya que merece la pena verse. Una crónica de miedo a la muerte, inquinas, chivos expiatorios, malentendidos, recelos y traumas personales en un pequeño pueblo irlandés en donde la figura de un sacerdote católico, el padre James Lavelle (Brendan Gleeson), parece ser la diana de sentimientos de rechazo por parte de algunos feligreses y vecinos sin que él ni nosotros sepamos exactamente por que al tiempo que se advierte que esos sentimientos tal vez sean infundados ya que este cura sexagenario de vocación tardía dedicado a ayudar a sus vecinos no parece ser una persona particularmente detestable. Una amenaza anónima de muerte en el confesionario por parte de un feligrés víctima cuando era niño de los abusos sexuales de un sacerdote desencadena en el Padre James una serie de sentimientos encontrados durante la semana que transcurre desde la amenaza hasta el momento en el que el asesino piensa matar al clérigo. Obsesionado en descubrir entre sus vecinos a la persona que le ha amenazado, el Padre James pronto se dará cuenta que la aldea costera irlandesa en la que reside no es el pueblo idílico en el que creía vivir y que sus habitantes viven marcados por la desesperación, el odio, los conflictos y la apatía. Un descubrimiento que hará acrecentar su terror a un fatal desenlace.


Sin grandes alardes técnicos y narrativos y sin gran pompa filosófica ni intelectual, Calvary  pretende ser un drama psicológico sencillo pero sugerente y lo consigue con creces gracias al estupendo trabajo de Brendan Gleeson y una interesante galería de personajes secundarios tan creíbles como melancólicos. No es un filme religioso sino más bien humanista que viene a demostrar como a veces la injusticia puede triunfar y como el fracaso no merecido es ineludible si tu enemigo se empeña en ello con todas sus fuerzas. Una película más amarga que dulce que da que pensar y que demuestra la enorme fuerza de las historias al límite por sencillas que algunas de estas parezcan.   



  
SELMA

*** y 1//2

Ha tardado mucho la figura de Martin Luther King en ser tratada como Dios manda por el séptimo arte y ha tenido que ser un producción independiente de mediano presupuesto la que ha recordado a EEUU y al mundo entero no solo la importancia de King en la lucha por la consecución de los derechos de la población negra en EEUU sino también uno de los más significativos y decisivos (y trágicos) acontecimientos de la historia reciente norteamericana: las marchas pacíficas civiles promovidas por King entre las localidades del estado de Alabama de Selma y Montgomery en marzo de 1965 y dentro de ellas el Domingo Sangriento del 7 de marzo que acabó con brutales cargas policiales que dejaron 67 heridos, además de varios asesinatos los días anteriores y posteriores de personas negras y blancas que apoyaban las marchas y la campaña de Martin Luther King en aquellos días por conseguir normalizar el voto negro en el por entonces racista estado sureño de Alabama, algo que en realidad era la punta de lanza para conseguir que los derechos de la población afroamericana fuesen los mismos que los de la población blanca.  La prometedora directora Ava DuVernay -la primera realizadora negra que ha conseguido colocar un filme en las nominaciones del Oscar a la mejor película- ha conseguido algo más que un fresco histórico merced a una exquisita puesta en escena y una magnífica dirección de actores, todo ello con una estupenda ambientación y un atractivo poderío visual que trata de homenajear a King y a todos aquellos (blancos y negros) que hace 50 años lucharon en EEUU por los derechos de la población afroamericana y por diferentes derechos civiles, en ese sentido es notable especialmente el cariño con el que la directora trata a sus antepasados negros y a toda su cultura basada en la religiosidad, la música soul y gospel, y la lealtad a su gente,  así como subraya con una mezcla delicadeza y de firme denuncia al humillante situación que aún vivían en un país que se las daba de padre de la democracia moderna.

Martin Luther King, interpretado aquí curiosamente por un actor afrobritánico, David Oyelowo (visto en El Mayordomo e Interestellar) aparece aquí como un infatigable luchador con su punto de debilidad basado en su temor al fracaso, la incomprensión muchas veces por parte de los suyos y en la dificultad por mantener una vida familiar normal a causa de las amenazas vividas y los sinsabores por su activismo político. Es realmente interesante el trabajo de Oyelowo dentro de un reparto coral repleto de rostros afroamericanos en alza (Carmen Ejogo- otra actriz británica, encarnando a Coretta King-, André Holland, Lorraine Toussant, Stephan James, Wendell Pierce, el rapero Common) o ya más que consolidados (Cuba Gooding Jr., Oprah Winfrey) además de una buena galería de actores blanquitos (Tom Wilkinson, Tim Roth, Giovanni Ribisi, Dylan Baker, Martin Sheen). Renunciando a cualquier estructura de epopeya fácil, la película apuesta por el realismo y la crudeza con imágenes muchas veces impactantes (la explosión de los primeros compases del filme, las cargas en el Domingo sangriento, el asesinato de Jaime Lee Jackson) y un uso eficaz de la violencia tal y como ocurrió aquellos días, todo ello bajo el prisma de un inteligente filme de memoria y denuncia histórica, especialmente cuando se trata de plasmar la repugnante actitud racista de la ciudadanía sureña con la población negra en los años 60 y el dubitativo y ambiguo papel del gobierno USA en aquellos años, presidido por Lyndon B. Johnson (interpretado por Tom Wilkinson) y empeñado inicialmente en que el FBI investigase a King como un vulgar agitador y delincuente. Una estupenda película tal vez lastrada por un ritmo narrativo incierto y un exceso de personajes pero que cumple con creces su misión de mantener viva parte de la memoria histórica norteamericana y además haciendo más que buen cine.

miércoles, marzo 18, 2015

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