martes, julio 14, 2015

El Aparatito Lumiere PROFANACIÓN: LOS CASOS DEL DEPARTAMENTO Q (FASANDREBERNE)




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Esta resultando el fenómeno tanto cinematográfico como editorial de los últimos años en Dinamarca la saga literaria ahora convertida en cinematográfica Departamento Q, serie de libros de intriga policial creada por el escritor Jussi-Adler Olssen también editada en España que desde 2013 el cineasta Mikkel Nordgaard  se ha propuesto en trasladar a la pantalla comenzando con Misericordia (2013), solo hace un mes estrenada en la península, a la que sigue este segundo título de nuevo protagonizado por los dos policías de Copenhague responsables del Departamento Q dedicado a los casos sin resolver: el alcohólico y embarullado pero perseverante y hábil inspector Carl Morck (Nikolaj Lie Kaas) y su ayudante de origen árabe Assad (Fares Fares, también visto en El Niño 44). Nordgaard, con una estética sórdida, nocturna y sucia deudora del David Fincher de Seven y ciertos aspectos conceptuales del Kubrick de La Naranja Mecánica realiza un interesante trabajo desde  el punto de vista cinematográfico con un estilo narrativo que sin echar mano del suspense fácil (en realidad el enigma del crimen que centra el argumento se sabe casi desde el principio) ni del ya repetitivo hieratismo funcional del thriller nórdico, adapta una historia interesante de principio a fin en donde ocupa un lugar central una reflexión muy inquietante sobre la maldad humana y su origen y límites así como su trivialidad que deja bastante mal cuerpo.

La investigación sobre la verdadera autoría del asesinato de dos adolescentes mellizos en un elitista internado acaecido veinte años atrás hará que Morck y Assad se topen con la cara oculta del mundo del triunfo, de la riqueza y del éxito profesional cuando los resultados de las pesquisas lleven hasta un joven e influyente magnate ex alumno de ese internado que parece tener muchas cosas que ocultar. Por supuesto la investigación no será un camino de rosas precisamente y pronto saldrán a la superficie  relaciones entre profesores y menores, bulling escolar salido de madre, violaciones, millonarios corruptos, abuso de poder, celos y planeando sobre todo esto un gusto irracional por el mal y la violencia que parece ser la mecha que ha prendido todo. Buenas interpretaciones y momentos muy logrados en un thriller tal vez rutinario pero en cierto modo sorprendente.  

martes, julio 07, 2015

El Aparatito Lumiere EL NIÑO 44 (CHILD 44) / JURASSIC WORLD



EL NIÑO 44 (CHILD 44)




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Aunque se ha logrado conjugar bastante bien la crónica-denuncia histórica, el thriller político, el terror de psicópatas y el drama psicológico, esta bien intencionada película inspirada en una novela de Tom Ron Smith a su vez vagamente basada en el célebre caso del Carnicero de Rostov – aunque se ha cambiado la temporalidad de aquella historia real acaecida en los 70 y 80 a los años 50-  peca muchas veces de insuficiente e irregular a causa de un manejo un tanto precipitado del material de partida. Dirigida con clase por el sueco de origen hispano Daniel Espinosa, esta coproducción USA-UK-Chequia-Rumania con un largo reparto internacional de británicos, checos, suecos, rusos, franceses resulta ya de por si sugerente con su cuidada ambientación de la oscura URSS de Stalin y la perfecta caracterización de su pérfido mundo burocrático y militar condicionado por un totalitarismo que caía plenamente en el terrorismo de estado y una brutal represión que convertía en enemigo del país a cualquiera mínimamente disidente con algún precepto del primer régimen soviético- lograda con una proliferación de imágenes filmadas con escasa luz y mediante un recurso frecuente a imágenes y situaciones violentas y desagradables totalmente gráficas-, pero a la hora de mostrarse narrativamente hablando el conjunto no termina de ser redondo. Y es una pena porque la premisa de partida podía prometer una gran película pero nos quedamos con un filme correcto sin más que tampoco será del gusto de todo el público. 

El británico Tom Hardy, cada vez más de moda, interpreta con total convicción a un personaje ambiguo, complejo y fascinante- desde luego, de lo mejor de la película, el agente especial del servicio secreto de la URSS Leo Demidov, un joven huérfano desde niño criado en el odio y la brutalidad stalinista y que no duda en utilizar la violencia en cualquiera de sus formas para conseguir sus propósitos, ni en ajusticiar a traidores y ni si quiera en poner en serios problemas a su prometida espía y disidente Raisa (Noomi Rapace), pero que poseedor de un férreo idealismo y de un enorme sentido del deber no dudara en enfrentarse a las temibles autoridades soviéticas de los 50 para saber toda la verdad sobre las misteriosas muertes de unas serie de niños asesinados cerca de diferentes estaciones ferroviarias de Rusia, muertes que el régimen atribuye a accidentes ya que el crimen común sencillamente “no existía” en la URSS de poco después de la II Guerra Mundial. El antihéroe Demidov comienza entonces una investigación tan opaca y tenebrosa como el propio país, un lugar en donde la violencia, la destrucción y el fanatismo campaban por sus anchas promovidos por las propias autoridades y del que el atormentado y contradictorio comportamiento de Demidov era hijo directo. Es precisamente el drama interior del protagonista- incapaz de algunos actos de humanidad básica por su educación escorada al fanatismo pero ansioso por librarse de esa insoportable atadura – lo más logrado de un filme que no debe verse como un mero filme político o histórico ni como un thriller de serial killers. Gary Oldman, Paddy Considine, Vincent Cassel, Fares Fares o Charles Dance son otros de los actores de un largo reparto que funciona con una enorme eficacia. No apta para espectadores sensibles y si recomendable para amantes de los thrillers con cabeza.
 
 

JURASSIC WORLD




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Más de lo mismo en la cuarta entrega de una saga es algo que desde luego no invita ir a ver la película en cuestión aunque se trate de una nueva entrega de una serie cinematográfica como la de Jurassic Park, cuyo primer filme homónimo estrenado en 1993 y dirigido por Steven Spielberg hizo saltar las taquillas de todo el mundo además de revolucionar los efectos especiales por ordenador. Ya lejano en el tiempo aquel boom de la dinomanía que el filme provocó a principios de los 90 y con aquella primer entrega considerada ya un clásico del cine ci-fi de los últimos años- aunque se trate de un filme muy irregular y que además no ha envejecido demasiado bien- un regreso a aquel parque zoológico-temático en donde se resucitaban dinosaurios vía genética y que terminó como el rosario de la aurora se antoja una jugada comercial más escorada a la nostalgia y el revivalismo que a reactivar con un mínimo de fuste una idea de cuya última entrega ya han pasado 14 años – las continuaciones fueron The Lost World (1996) y Jurassic Park III (2001)-  y por ello resultado final ha sido un enésimo refrito de todas las ideas previas vistas en el Jurassic  Park original. Spielberg, director de los dos primeros filmes vuelve a ejercer aquí solamente de productor ejecutivo al igual que en Jurassic Park III cediendo el rol del director al semidesconocido Colin Trevorrow quien hace lo que puede en un filme supeditado a los efectos especiales y a toda la parafernalia catastrofista originada por los dinosaurios del parque de Isla Nubla, destrozos, dentelladas y comidas humanas incluidas. Lógicamente el escritor y cineasta Michael Crichton creador de las dos novelas en las que se basaron los dos primeros Parques Jurásicos y fallecido en 2008  no tiene nada que ver en este nuevo filme y es muy dudoso que le hubiese gustado aunque todas sus (mil veces repetidas) ideas están presentes en este rutinario y predecible filme veraniego.     

Resulta significativo que este Jurassic World obvie la existencia de la segunda y la tercera entrega y se postule como una especie de segunda película tardía tratando de resetear el devenir de la saga situándose prácticamente en el mismo lugar de partida que el filme original de 1993. Ya han pasado 22 años desde los trágicos acontecimientos en el primer Jurassic Park pero pocos años mas tarde el complejo recreativo repleto de diferentes especies de dinosaurios clonadas consiguió abrir sus puertas rebautizado como Jurassic World y funcionando a pleno rendimiento. Pero ante un ligero descenso de público el nuevo propietario del parque, el empresario indio Masrani (Rifan Khan) y la ambiciosa gerente del complejo Claire (Bryce Dallas Howard) han ideado una nueva especie de dinosaurio a partir del Tiranosaurus Rex pero con significativas mejoras genéticas como nuevo reclamo para el público. El Indominus Rex sin embargo pronto empezará a hacer de las suyas justo el día en que los sobrinos de Claire, un adolescente y un niño, visitan el parque. Owen (Chris Pratt) el cachas  entrenador y cuidador de los velocirraptores se verá pronto en la tesitura de meterse en el embolado en cuanto se da cuenta de la irresponsabilidad de la empresa creando un dinosaurio más inteligente y poderoso que cualquier otro y de que tiene que proteger a los sobrinos de su jefa y a todo el personal y visitantes del parque además de, porque no, tratar de ligarse a esta. Una historia repetitiva en resumidas cuentas y en donde los golpes de efecto se hacen necesarios para mantener la atención del público en forma de gore light, acción desbocada, romance barato, villanos tópicos y una completa lista de diferentes especies de dinosaurios eso si bastante bien presentados y en donde por supuesto destaca el temible Indominus. De nuevo hay crítica a los peligros de la investigación genética y a la ambición empresarial sin medida esta vez con cierto oportuno mensaje pacifista y ecologista. Ni tan siquiera algún buen momento aislado salva a este filme de la mediocridad. No obstante puede ser una buena opción para mantener distraída a la chavalería de entre 11 y 14 años este verano.

lunes, junio 29, 2015

El Aparatito Lumiere LOS INSÓLITOS PECES GATO





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¿Se puede hacer un filme de una temática tan insólita como la autobiográfica por parte de un director o directora desconocido y ser además una gran película? La respuesta es si y el ejemplo que lo demuestra es esta sorprendente ópera prima de la joven directora mexicana Claudia Sainte-Luce que se ha lanzado a tumba abierta con una cinta que recrea con bastantes pelos y señales un episodio de su vida que le dejó profundamente marcada. Una historia que a priori posee un potencial dramático cuanto menos dudoso por la ausencia de un esquema planteamiento-nudo-desenlace propiamente dicho (el nudo prácticamente no cuenta nada) y por sus peculiares pretensiones intimistas y personales pero que termina postulándose como un más que correcto trabajo cinematográfico forjado a base de emoción, realismo y honestidad y todo siempre desde una factura formal que bebe tanto del cine independiente norteamericano como del cine europeo.

La cinematografía mexicana otrora fue capaz de ofrecer históricos filmes que se cotizan entre lo mejor de la historia del séptimo arte (Buñuel en su etapa mexicana) o que incluso gozaron de éxito internacional en taquilla (Cantinflas) pero hoy  navega en la misma indigencia que otras industrias cinematográficas latinoamericanas. No obstante, el surgimiento en los 90 y 2000 de cineastas de vocación internacional como Alejandro González Iñarritu, Guillermo del Toro o Alfonso Cuarón parece que -aunque tardíamente- ha influido en una nueva generación de jóvenes cineastas aztecas entre los que se encuentra Claudia Sainte-Luce, un nombre a tener en cuenta, que no ocultan su tendencia a una modernidad estilística y temática homologable tanto con las imperfecciones de un cine independiente con escasez de medios como con los intentos de desdibujar cinematográficamente las fronteras entre la ficción y el documental. La película nos muestra unos intensos meses en la vida de Claudia (Ximena Ayala)-el alter ego de la directora- una joven empleada de supermercado de la que poco sabemos y  con una existencia solitaria y anodina que tras un ataque de apendicitis de repente encuentra sentido a su vida tras un encuentro en el hospital con Martha (Lisa Owen) una madre de familia divorciada enferma de SIDA y con cuatro hijos de diferentes padres de edades entre los 11 y 23 años. Desorientada tras ser dada de alta, Claudia accede a la invitación de Martha y los suyos de pasar un día en su casa desarrollándose a partir de ese momento una entrañable amistad entre Claudia, una veinteañera solitaria  y su “nueva familia”, un clan que lleva como puede la enfermedad terminal de la matriarca pero que no pierde en ningún momento el buen humor y las ganas de luchar. Rodada con un tono muy verista y con una total autenticidad  en los diálogos y en los comportamientos de los hijos de Martha, se percibe totalmente que el filme ha cubierto las expectativas de su directora, que era la de mostrar con completo realismo y honestidad un episodio real que le dejó huella. Utilizando elementos tanto dramáticos como de comedia y por supuesto no pocos apuntes costumbristas, la película sabe manejar las emociones de una manera bastante honesta y desarrolla la anécdota de imbuyéndola de valor dramático. Muy bien interpretada- la actriz que interpreta a Wendy, la segunda hija, es la verdadera Wendy Guillén que conoció Claudia Sainte-Luce- destacan sobre todo los enormes trabajos tanto de Ximena Ayala como de Lisa Owen. Una película diferente, que puede resultar un poco extraña pero que cautiva con la emocionalidad naturalista de su propuesta.

sábado, junio 13, 2015

El Aparatito Lumiere NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA (WHAT WE DID ON OUR HOLIDAY)




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Sin ser ninguna obra maestra la verdad es que cumple y con creces esta curiosa comedia británica de tintes negros que con premeditadamente engañoso disfraz de película infantil – los personajes clave son tres niños-  ofrece una certera lectura de la intrincada dificultad en muchas ocasiones de las relaciones familiares y de la capital importancia de una correcta educación a los hijos e hijas, todo ello en clave ácida pero con oportunas dosis de ternura con el fin de hacer una película que al final resulta amable pese al dramatismo de la esencia de su trama. Los veteranos directores y guionistas televisivos Andy Hamilton y Gut Jenkin- creadores de varios programas,  teleseries y sitcoms de éxito, entre ellos el mítico programa humorístico de sketches Estas no son las noticias de las nueve- han conseguido un modesto y simpático filme que va más allá del humor costumbrista británico para ofrecer una original parábola sobre la visión de lo universo infantil del mundo de los adultos repleta de símbolos y guiños en donde no se esquivan temas del calibre como la relación del ser humano con la vida y la muerte.

El punto de partida es la situación límite de un joven matrimonio inglés, el formado por Abi (Rosamund Pike) y Doug (David Tennant) que recién divorciado decide viajar con sus tres hijos de entre 4 y 10 años a las Highlands de Escocia para asistir al cumpleaños del padre de Doug, Gordy (Billy Connolly) ocultando su divorcio a Gordy y el resto de familiares escoceses. El patriarca, un excéntrico ex futbolista profesional de 75 años con un cáncer terminal al que poco le queda de vida, es un hombre carismático y despreocupado al que sus nietos adoran y le ven como el único adulto que merece la pena en una familia absurdamente disfuncional y con pintorescas tribulaciones. Los críos, dos niñas y un niño, se convertirán inesperadamente en los protagonistas de una historia en donde ellos no deberían serlo por un hecho fortuito, provocando todo un curioso climax de la historia que resulta de los más inteligentemente divertido del filme. Tampoco faltan momentos de ingenua poesía, ternura,  comedia costumbrista y algún apunte gamberro en una película en la que la heterogeneidad de esos elementos tal vez lastran la solidez de un guión que aunque amable y trabajado no consigue credibilidad por su a veces impostado forzamiento y algún momento tópico de sobra. Eso, si los tres grandes pequeños actor y actrices Emilia Jones, Bobby Smallbridge y Harriet Turnbull estan que se salen con sus conmovedoras interpretaciones y sus diálogos, según los directores en su mayoría improvisados por los propios niños. Advirtiendo en todo momento que esta no es un una película infantil, el espectador sin prejuicios podrá disfrutar de una historia con cierta miga pero entretenida, de los hermosos paisajes de la costa del norte de  Escocia muy bien fotografiada por Martin Hawwkins y de la bonita música con reminiscencias celtas de Alex Heffes, complementada con canciones del gran Mike Scott y sus Waterboys.

martes, junio 02, 2015

El Aparatito Lumiere MANDARINAS (MANDARIINID)



 
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El absurdo de la guerra y su efecto devastador en el ser humano. Este es el mensaje que transmite esta estupenda película estonia nominada al Oscar 2014 a la mejor película extranjera y que además constituye una insólita muestra de una cinematografía desconocida fuera de su país, la de Estonia (aunque con participación georgiana). Una curiosa mezcla de drama intimista y cine bélico visto desde otra perspectiva, la de sus protagonistas fuera del entorno bélico propiamente dicho en un paréntesis-aparte de vivencias y sentimientos en la cotidianidad.  Pero Mandarinas no es una película de guerra, es un drama humanista visto desde la perspectiva de su personaje central, un sencillo y maduro carpintero fabricante de cajas de madera para mandarinas que en su condición de miembro de la minoría estonia en la Georgia de principios de los 90 y por lo tanto de extranjero y parte neutral observa con tristeza y desconcierto los desastres y calamidades convivenciales del comienzo de la guerra civil de Georgia que enfrentó a los georgianos y a los chechenos de Abjasia, mientras que terrible dicha situación atraviesa su drama personal. En  Abjasia  es donde vive Ivo (Lembit Ulfsak), nuestro protagonista retirado en pleno bosque en una vivienda unifamiliar cercana a donde vive su compatriota estonio y amigo Margus, dedicado al cultivo de mandarineros, con el que comparte el desarraigo del refugiado. Testigos de algunas escaramuzas y combates de la guerra que se suceden delante de sus viviendas, ambos hombres aceptan el hecho de que dos soldados heridos cada uno de un bando diferente descansen en al casa de Ivo para recuperarse de sus heridas tras salvarles. Naturalmente, la coincidencia en un espacio tan pequeño de un belicoso y autoritario chechenio y un más tranquilo pero inquinoso georgiano que se odian literalmente a muerte no será ningún camino de rosas.

Con un marco espacial muy reducido y un reparto no muy amplio, Mandarinas triunfa en su propósito de ofrecer una cruda pero contenida reflexión sobre la inutilidad de los conflictos bélicos y sobre todo aquello que los mueve y también sobre como se puede alimentar el odio y este puede ser utilizado según al convivencia personal de cada uno. El personaje de Ivo, un viejo ya sin esperanza y dedicado en cuerpo y alma a su sencillo trabajo y a su reducido mundo pero aún poseedor de firmes valores y de una visión optimista sobre la condición humana, resulta extrañamente fascinante y mueve una historia atrayente de principio a fin y en donde coexisten diferentes matices. Más allá del comentario histórico o político la película ofrece una bella reflexión que no debe ser pasada por alto. Y todo ello con una vistosa fotografía y una más que excepcional puesta en escena. Para amantes de historias sólidas y con mensaje universal.  

miércoles, mayo 27, 2015

El Aparatito Lumiere MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA (MAD MAX: FURY ROAD)





***y 1/2

Era lógico que en una época en la que el cine está demostrando estar enormemente falto de creatividad y en donde la mayor parte de los estrenos destinados a ser blockbusters (reales o potenciales) son remakes, reimaginaciones, secuelas, precuelas o remixes de filmes de éxito/culto preexistentes (y la mayoría de estas revisiones, bastante deficientes), el anuncio de un nuevo capítulo de la mítica saga futurista Mad Max fuese recibido con escepticismo y bastante desconfianza por parte de los seguidores de la saga y de los fans del cine fantástico. El hecho de que el creador de aquella trilogía que revolucionó el cine de acción y la ciencia ficción cinematográfica en los años 80, George Miller, fuese el responsable de esta nueva aproximación al mito de Mad Max era hasta cierto punto tranquilizador y visto el resultado final se puede decir con toda convicción que el veterano realizador australiano ha conseguido en este Mad Max:Fury Road, una película de acción y fantástica con personalidad propia más allá de aquellos tres filmes que entre 1979 y 1985 hicieron flipar a muchos espectadores con su estética bizarra y su excéntrica y adrenalinítica puesta en escena y lanzaron internacionalmente a un joven actor llamado Mel Gibson. No se trata de ninguna secuela de los anteriores filmes, ni es tampoco un remake propiamente dicho de ninguno de ellos- aunque estoe s algo matizable, como luego indicaremos- y tampoco es un mero pastiche-homenaje fácil. Se trata de una digamos reinvención y reseteo del universo Mad Max con nuevos personajes -aunque su protagonista, Max Rockatansky aún permanece, claro-, más medios técnicos y un nuevo argumento, pero con el mismo espíritu de aquellos filmes ochenteros australianos en donde se nos presentaban unas violentas historias con total inspiración western (clara influencia de Sergio Leone) trasladadas a un horrible futuro distópico repletas de personajes visual y comportamentalmente excéntricos (locos, tullidos, deformes, enfermos) formando una anti-sociedad caótica, destructiva, tribal y primitiva en donde la supervivencia parece el único objetivo envuelta en vestuarios y looks  atemporales y transculturales, vehículos motorizados imposibles y acción y violencia sádica. Elementos todos estos que aparecen en este nuevo filme con un tamiz estético más contemporáneo y bastante sublimados merced a un presupuesto más generoso y a mejores y más modernos efectos especiales, pero sobre todo a la madurez e inteligencia de Mr. Miller que ha sabido resituar como dios manda a su más recordada creación cinematográfica en la imaginación del siglo XXI.

El británico Tom Hardy (Drive) hereda el papel que le diera fama a Mel Gibson, el de Max Rockatansky, un ex policía convertido en héroe accidental tras un Apocalipsis mundial en donde todo tipo de energía ha desaparecido por completo, aunque en realidad en este filme Max comparte protagonismo con Imperator Furiosa, una heroína manca, decidida y belicosa a la que da vida una sorprendente Charlize Theron. Ambos son los puntales de una historia en la que George Miller ha tomado como clara referencia la segunda entrega del Mad Max clásico Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981), un filme que ya difería en su planteamiento bastante con respecto a Mad Max. Salvajes de la autopista (1979) ya que se pasaba de un futuro en crisis energética y trufado de ultraviolencia gratuita  a otro donde sencillamente el hombre había entrado en estado salvaje y cuasiprimitivo con una hecatombe nuclear por medio; no tratándose de un remake de aquel Mad Max 2 sino de una reinvención de sus elementos más significativos. En pleno desierto australiano, el viejo tirano enmascarado Inmortan Joe (Hugh Keays-Byrne, quien curiosamente fue el villano del Mad Max de 1979) rige una sociedad similar a un gigantesco hormiguero o colmena con una multitudinaria casta de acólitos -soldados (casi todos hijos suyos), reproductoras, extractoras de leche, exploradores- que se encuentra por encima de unos habitantes famélicos que acceden limitadamente al suministro de agua que él controla y diferentes prisioneros y esclavos destinados a ser literalmente explotados. Rockatansky- el personaje difiere algo en su planteamiento del que encarnó Gibson- , del que poco conocemos salvo que una vez fracasó en su propósito de salvar a seres queridos, huye de su destino como suministrador de sangre para transfusiones destinadas a Inmortan Joe y su séquito cruzándose con otra fugitiva, Imperator Furiosa, una exploradora al servicio de Inmortan Joe que desobedece una importante misión y huye con un grupo de mujeres jóvenes destinadas a dar a luz a los descendientes del tirano en busca de una mítica tierra prometida para desertores. A partir de ese momento el espíritu del western y la road movie se adueñan de la función con un espectáculo visual de primera magnitud en donde se corrige y aumenta todo el universo Mad Max de los 80 y sin caer en el autohomenaje complaciente (aunque las referencias a momentos y personajes de los tres filmes anteriores son constantes) ni en la repetición. Muy buenas escenas de acción motorizada de fuerte impacto visual- la fotografía de John Seale es grandiosa- y una puesta en acción grandiosa reforzada por cierto regusto poético en las imágenes y en la milimetrada coreografía del conjunto. Tal vez algunas escenas de acción resultan demasiado largas y la falta de diálogos lleven a muchos espectadores al hastío o al desconcierto, pero Miller sabe manejar tan aparatosa material con soltura y profesionalidad y es capaz hasta de dar cierto aliento dramático épico shakespeariano a una película de acción desatada y persecuciones deudoras de los dibujos animados y del cine mudo de coches destrozados y de tornar una historia potencialmente cargada de testosterona en un alegato feminista que de paso viene a reivindicar e reivindicar un poliédrico rol de la mujer en el cine de acción. Y todo ello, dicho sea de paso con efectos especiales en su mayoría tradicionales (maquetas, prótesis, explosiones reales) Bienvenido de nuevo Mad Max  a las salas de cine.

sábado, mayo 23, 2015

El Aparatito Lumiere LA FAMILIA BÉLIER ( LA FAMILLE BÉLIER)






** y 1/2



Ha roto las taquillas de su país esta amable comedia-drama francesa sin excesivas pretensiones y que se basa en el buen trabajo de sus intérpretes y en un simpático pero rutinario guión para todos los públicos al que le faltan unos centímetros para eludir lo predecible, algo en lo que cae sin remisión en todo el metraje. La inteligente mezcla de diferentes tipos de comedia (costumbrista, de enredo, de adolescentes, de sátira social) trufada de comercial aliento melodramático y con el doble trasfondo del retrato amable del mundo de las personas sordomudas (y su difícil integración en la sociedad) y las ansias de construcción de la adolescencia de su propio futuro, no ha resultado todo lo efectiva que se hubiese deseado y la película se queda a medio camino en su intento de ser  a partes iguales plenamente emotiva y divertida. El director Eric Lartigau ha hecho un buen trabajo especialmente en la dirección de actores y sabido insuflar a la historia un indudable estilo de comedia francesa pero la película no sabe llegar a todos los espectadores.



Utilizando como excusa y mcguffin el tan de moda en los últimos años mundo de los aspirantes a cantantes, la historia se centra principalmente en Paula, la hija mayor de los Bélier, una familia de ganaderos y fabricantes de quesos de una pequeña localidad del centro de Francia en la que esta chica de 16 años es la única miembro que no es sordomuda, ya que tanto sus padres como su hermano de 13 años lo son. Paula, muy confusa y cansada de su rol en la familia de “intérprete” y contacto con el mundo exterior de sus padres y de su hermano y llena de líos sentimentales descubre su vocación de cantante en el colegio siendo animada por su profesor de canto a presentarse a un prestigioso certamen de cantantes noveles a nivel nacional. Estimulada por un lado por el descubrimiento del amor con un esquivo chaval también muy dotado para la canción y por el otro abrumada por las reticencias de su familia que no entienden como la pasión de su vida es algo que ellos no pueden percibir, Paula se cuestionará cada vez con más fuerza lo que para ella supone su clan familiar, justo en el momento en que Rodolphe, el padre, pretende desafiar todas sus barreras personales presentándose a alcalde del pueblo. Aunque los buenos momentos no faltan en este filme y hay no pocos gags hilarantes, la cosa no llega a mayores y al final La Familia Bélier no pasa del aprobado raspado. Es de agradecer que las canciones – interpretadas en su mayoría por su joven protagonista, Louane Emera, que se antoja una firme promesa del cine europeo-  sean poquitas en esta película y que no se haya convertido en un remedo de filme musical. En lo que respecta al resto de intérpretes que encarnan a los Bélier sordos, las interpretaciones son muy meritorias ya que todos ellos son oyentes en realidad y tanto ellos como Emera tuvieron que aprender la lengua de signos para esta cinta, que por otra parte ofrece un retrato desdramatizado y revientatópicos de las personas sordomudas . La excelente actriz Karin Viard esta estupenda como la madre del clan (de lo mejor de la película) y el belga François Damiens también realiza un trabajo formidable. Esta película no llegará a gustar a todo el mundo, pero es el modelo de filme que a quien le guste le va a entusiasmar.


RAYOSC EN PERIODO DE TRANSICIÓN

Queridos amigos;

Como haberis apreciado, este blog está en los últimos meses muy pcoc activo ya que todo lo que ha publicado prácticamente en lo que va de año son las críticas cinematográficas de la sección El Aparatito Lumiere. La razón es que por diferentes circunstancias ha habido mucho menos tiempo para dedicarlo a este blog y además aún permanezco en estado de reflexión sobre la renovación del blog y sus contenidos, tal y como avencé hace un par de meses, renovación y reflexión que está durando más de la cuenta debido principlamente a causas personales. De hecho, como comprobareis, hemos renovado una vez más el formato externo de Rayos C en la Oscuridad ya que el look que habíamos estrenado en marzo daba problemas con algunos viejos posts debido al color de la letra y su legibilidad.

Teníamos nueva alguna sección anunciada aquí en rayosc que todavía esta pendiente, así como temas para monográficos que ya estaban elegidos y que aún no se podido trabajar en ellos. Espero ponerme en ahrino  con todo ello con la máxima brevedad posible.

Gracias por vuestra comprensión, y no dejeis  perder ningún momento...como lágrimas en la lluvia

Un saludo

viernes, mayo 15, 2015

El Aparatito Lumiere VENGADORES: LA ERA DE ULTRON (AVENGERS: AGE OF ULTRON)



 
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A estas alturas esperar una sorpresa en una nueva adaptación cinematográfica de un personaje superheróico de Marvel Comics es una total quimera: prácticamente todas (las ya numerosas) películas coproducidas por Marvel Studios- salvo excepciones como parte de las sagas Iron Man, X Men y Spider-Man-  siguen el mismo esquema de acción aparatosa, efectos especiales visualmente salidos de madre y guiones predecibles. Esta segunda entrega sobre el grupo de primeros espadas supedotados de la casa cuyas viñetas crearon el guionista y editor Stan Lee (que como siempre realiza el cameo de rigor como el resto de filmes producidos por/adaptados de Marvel) y el dibujante Jack Kirby a principios de los 60 tal vez resulte mejor que la primera entrega estrenada en 2012 y también dirigida por Joss Whedon, pero al fin y al cabo poco o nada aporta.  Iron Man (Robert Downey Jr., quien encarna por quinta vez al héroe de la armadura voladora contando esta saga y la del propio personaje), Hulk (Mark Ruffallo alterado infográficamente cuando Bruce Banner se torna en la masa verde), Viuda Negra (Scarlett Johannson), Capitán América (Chris Evans), Ojo de Halcón (Jeremy Renner) y Thor (Chrish Hemsworth) vuelven a involucrarse en un aparatoso tinglado esta vez relacionado con la desaparición de una poderosa y destructiva fuente de energía robada al parecer por una inteligencia artificial llamada Ultron (con los movimientos y la voz en la versión original de James Spader) que termina utilizando un cuerpo robótico para llevar a cabo su propósito, que no es otro de hacer evolucionar a la humanidad de una manera tan peculiar como provocando su extinción.

A la plantilla de los Vengadores se unen esta vez los mellizos Bruja Escarlata  (Ellisabeth Olsen, hermana menor de las denterosas gemelas Olsen) y Quicksilver (Aaron Taylor-Johnson)  y todo un clásico del universo Marvel como es La Visión (Paul Bettany). El reparto de completa con viejos conocidos de las diferentes adaptaciones de los cómics de la mítica editorial norteamericana más nuevas incorporaciones: Stellan Skarsgard, Don Cheadle, Idris Elba, Anthonie Mackie o Andy Serkis. Destrucciones a tutiplén, catástrofes varias, golpes, rayos, vuelos y explosiones por un tubo en un conjunte que pese a tener cierto sentido épico y algún momento vibrante del que la anterior entrega carecía termina cayendo en lo obvio y vacuo. Cine fast food de escaso alcance.