viernes, septiembre 18, 2015

UN DIA PERFECTO / RICKI (RICKI AND THE FLASH)



UN DIA PERFECTO




 ** y 1/2




El intento de Fernando León de Aranoa de dar un salto cualitativo hacia un cine con vocación más internacional sencillamente no ha dado el resultado esperado.  Ampliando su registro temático de la problemática social y económica española - que quedó retratada en Barrio o Los lunes al sol, cintas ya emblemáticas del cine español de los últimos años- hacia temas que sin dejar el docudrama y el apunte verista tienen un alcance geográfico más global, el realizador madrileño se ve poco atinado en Un día perfecto, una cinta española rodada en un inglés con un eficaz reparto internacional con estrellas de Hollywood incluidas y ambientada en la guerra de los Balcanes de los años 90. No parecía a estas alturas muy propicio volver la mirada a aquel funesto conflicto bélico que ya originó varios filmes pero lo cierto es que esta trata de ser algo más que una película bélica que nos cuenta una historia mil veces oída, sino un esforzado retrato de los avatares del esfuerzo humano en situaciones límite no exento eso sí de la esperable denuncia de los desastres de la guerra. Tomando como partida una novela de Paula Farias, León de Aranoa ha trazado una película irregular donde pese a que el drama se alía excelentemente con la comedia falta emoción, credibilidad, mayor desarrollo de los personajes y un retrato un poco más certero de la contienda bélica en la antigua Yugoslavia, aquí reducida a un escenario apenas explicado y eso deja cojo al filme a la hora de matizar sentimientos y motivaciones de los personajes y determinadas situaciones. Un desarrollo lineal con elementos de western y de road movie que solo a  ratos logra enganchar y en donde se suceden momentos inspirados y otros de mero relleno.  



Un pozo con un cadáver en una población en plena guerra desencadena la acción cuando un grupo de cooperantes de varios países ante la rotura de la cuerda que utilizaron previamente para sacar el cadáver deciden recorrer la zona más próxima  para ir a buscar otra cuerda en una búsqueda que será todo menos sencilla. Mambrú (Benicio del Toro), un puertorriqueño que se erige involuntariamente en jefe de la misión, B (Tim Robbins) nortemericano, Sophie (Mélanie Thierry) francesa, Katya (Olga Kurylenko) rusa, junto con el intérprete bosnio Damir (Fedka Stukan) y un niño abandonado por sus padres ansioso por recuperar su balón en la casa en donde vivió (Eldar Residovic) serán los protagonistas de una historia a ratos entretenida pero muchas veces tediosa y predecible. No hay nada que reprochar al multinacional elenco interpretativo que funciona compenetrado y entregado pero sus personajes, apenas esbozados con historias de fondo pésimamente tratadas no dan para más (hay algunos como el de Sergi López que no pintan demasiado en lo que no es poco más que un cameo del actor catalán). La puesta en escena ágil y dinámica y un potente montaje perfectamente adecuado para este tipo de películas (ayuda mucho además el poder haber transformado un agreste paisaje granadino en una árida zona de guerra en los Balcanes) no logran enderezar un filme irregular y fallido pese a sus muy buenas intenciones. Una importante revalida cinematográfica debido a la ambición económica y temática de este filme que Fernando León de Aranoa por desgracia no ha pasado y ya es su segundo traspiés desde Amador (2010). Veremos si se va recuperando.        




 

RICKI (RICKI AND THE FLASH)





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En los últimos años cada vez que Meryl Streep hace comedia nada bueno puede esperarse de la calidad de sus películas. La veterana e hipergalardonada actriz parece últimamente abonada a comedias destinadas a un público familiar tendiente a la mediana edad (es decir, a los padres y madres de las familias) en productos tan inofensivos como esta Ricki and the Flash, un vehículo para su lucimiento en donde la intérprete nos muestra sus dotes canoras interpretando a una vieja rockera que realiza bolos en bares mientras su ex marido e hijos adultos hacen sus vidas aparentemente normales y respetables al margen de la irresponsabilidad de la susodicha Ricki. Un papel que la actriz interpreta correctamente en un conjunto en donde sobre predecibilidad, moralina y chistes con poca gracia. Jonatahan Demme, en otro tiempo un director apreciable (El Silencio de los Corderos, Philadelphia) pierda el tiempo y el norte con esta nada convincente mezcla de comedia y melodrama familiar con algun leve apunte musical – un pobre reencuentro de Demme con la música después de haber dirigido multitud de videoclips en los 80 y 90 además de documentales musicales como el mítico Stop Making Sense (1984) con Talking Heads)- que solo sirve para pasar el rato.    



A Streep le secundan en este filme Kevin Kline, el televisivo ochentero y rockero Rick Springfield o su propia hija, Mamie Gummer, clavadita a su madre y con bastante madera de intérprete versátil como su progenitora. El filme es una sucesión de enredos familiares, malentendidos predecibles y un muestrario manido de los efectos del regreso de una madre peculiar y disfuncional a un hogar que aspira a la armonía pero que también tiene sus miserias. Solo para fans de Meryl Streep.  

jueves, septiembre 10, 2015

El Aparatito Lumiere OPERACIÓN U.N.C.L.E (THE MAN FROM U.N.C.L.E)




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El que se continúe haciendo adaptaciones de series de televisión célebres e históricas no es una buena señal del grado de creatividad y frescura de la industria cinematográfica pero de un modo u otro no resultan nada desdeñables las traslaciones a la gran pantalla que transmiten buen hacer, cierta originalidad y un cierto distanciamiento de la fuente catódica original, ya bien sea en clave de parodia, pastiche, reinvención o actualización. En esta ocasión el legendario serial de espinaje de la década de los 60 The Man from U.NC.L.E (conocido en España como El Agente de CIPOL) ha sido tomado por el hábil e ínclito pero últimamente bastante irregular realizador británico Guy Ritchie – en los 90 y 2000 considerado algo así como el Tarantino british con filmes como Lock and Stock o Snatch, cerdos y diamantes- convirtiendo lo que fue en su día un divertimento con el telón de fondo paranoico de la Guerra Fría y con clara influencia del auge de James Bond-007 en un filme de acción veraniego desenfadado y sin prejuicios con claro y a veces ridículamente  manierista  aire retro sesentero y que sin caer en la parodia clara se toma con ironía y cierto cachondeo la ficción de agentes y espías durante los años del conflicto entre el bloque capitalista y el comunista. El resultado es una película de acción y espionaje entretenida e inteligente que no llega a más por que tampoco lo pretende. Guy Ritchie parece haberse olvidado de sus brillantes thrillers con connotaciones sociales y parece conformarse con el cine de aventuras y entretenimiento más liviano como ya demostró con el díptico sobre Sherlock Holmes protagonizado por Robert Downey Jr., y es una pena porque este realizador tiene sobradas facultades para hacer filmes más brillantes.

Superman y el Llanero Solitario, o lo que es lo mismo Henry Cavill y Armie Hammer son los dos héroes de la película, el agente de la CIA estadounidense Napoleón Solo y el agente del KGB soviético Ilya  Kuryakin. Ambos se ven reclutados en una inusual operación conjunta de EEUU y la URSS para recuperar unas  armas nucleares robadas por un millonario playboy italiano en realidad un peligroso fascista. Una joven y bella agente de la RDA, Gaby (Alicia Vikander) les acompañará en una misión que pronto se revelará llena de secretos, trampas y trejemanejes que llevará a los protagonistas a diferentes puntos de una Europa chic sacada de un catálogo de modas y decoración de lujo de los años 60. Con diferentes dosis de acción, intriga y comedia, al final la sensación final es de estar ante un simple juguete caro con diálogos chispeantes y explotación de diferentes tópicos del más manido y clásico thriller de espías en una especie de metahomenaje tan logrado y trabajado como carente de verdadero atractivo. Un filme de evasión sin más, pero inteligentemente planteado que gustará a nostálgicos del thriller de espionaje clásico siempre que estén dispuestos a reírse de sus propios gustos cinematográficos.      

martes, septiembre 01, 2015

El Aparatito Lumiere BERNIE/ MR. HOLMES



BERNIE

*** y 1/2


 
Se agradece mucho que se haya estrenado por fin en estos lares esta curiosa comedia negra rodada hace cuatro años obra del prolífico Richard Linklater cuyo Boyhood resultó para muchos la mejor película de 2014 y cuya filmografía solo ha sido estrenada en España de modo parcial. Una nueva muestra de la nada desdeñable faceta comediática del realizador y guionista, Bernie se basa en una rocambolesca y truculenta historia real que Linklater ha tomado con un curioso estudio de los engranajes sociales y comportamentales de la América profunda y en concreto del Oeste USA y sus habitantes, todo ello con cierto atisbo de crítica y con mucho cinismo y risotada gamberra aunque el mensaje humano que deja es claramente desolador. El caso de Berni Tiede, un peculiar, polifacético y supuestamente carismático enterrador y predicador vocacional que en 1996 asesinó a su “prometida” la anciana viuda Marjorie Nugent en un pueblecito de Texas llamado Carthage, tenía elementos esperpénticos y tragicómicos por un tubo y así lo entendió el director, que ha hecho de este oscuro pero estrafalario relato una comedia original y muy degustable que fluctúa  magistralmente entre la ficción y el documental vez para mostrar como la realidad resulta a veces devastadoramente ridícula y más propia de la fabulación.

El otras veces excesivo Jack Black en su papel de Bernie se muestra muy convincente en su papel de un hipócrita caradura convertido en una especie de ídolo de provincias en un pueblo de rednecks tejanos poco proclives al escándalo y al alboroto que al final terminaron rendidos ante el encanto de un hombre con demasiados secretos en sus intenciones y acostumbrado a aparentar lo que no es: se nota que Black preparó el personaje con el verdadero Tiede, en la actualidad en prisión, ya que se nota enormemente el mimetismo con el personaje. Por su parte, un mito viviente como Shirley McLaine encarna a las mil maravillas a la vieja gruñona Marjorie, una mujer entregada pese a todo a los beneficios de una relación con un hombre más de 40 años mas joven que ella. Aunque la película pierde fuelle en los últimos 20 minutos hasta entonces se disfruta  con un curioso formato cinematográfico en el que con muy pocos actores profesionales la historia dramatizada transcurre hilarante y muy bien narrada alternándose con testimonios reales de habitantes de Carthage que conocieron a Bernie y a Marge y que nos dan su punto de vista sobre todos los aspectos del caso, además de las intervenciones (en falsa entrevista esta vez) de algunos actores y actrices interpretando a otros lugareños que cumplieron un papel relevante en la historia y que aparecen ligeramente caricaturizados: aquí nos encontramos con Matthew McConaughey en el papel del fiscal el distrito, interpretado demasiado a la manera de otros personajes suyos en otros filmes. Entre el rigor del documental y la caricatura esperpéntica y con influencias estéticas que van desde los hermanos Coen a los comics de Robert Crumb, Bernie es una película inusual y deliciosa que una vez más muestra la enorme versatilidad de Richard Linklater.

 
MR. HOLMES




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Han pasado 138 años desde su creación por parte de Arthur Conan Doyle pero aún sigue inspirando la imaginación popular y dando origen a nuevas obras de ficción como es el caso de este filme, enésima aproximación cinematográfica a la figura de Sherlock Holmes, uno de los personajes de ficción más conocidos de la historia. En esta ocasión nos encontramos ante un filme que como otros muchos sobre el personaje no toma como punto de partida ningún relato o novela de Doyle sino una historia apócrifa: en este caso la novela de Mitch Cullin en donde se fantasea con la vejez del detective de ficción más famoso de todos los tiempos. No es frecuente- al menos en el cine- la caracterización de un Sherlock Holmes anciano y retirado y por ello este filme parte con un plus de innegable atractivo sobre todo para los seguidores de Holmes. Bill Condon, un director de carrera intermitente con algún título reseñable (Dioses y Monstruos, 1998) y otros eminentemente comerciales (los primeros filmes de la saga Crepúsculo) dirige con tino un filme más que interesante y con varios niveles de lectura que logra humanizar al inmortal detective sin llegar a la desmitificación en un curioso y logrado pastiche what if del universo holmesiano tan sugerente y seguro  a veces como falto de gancho en otras. Ian McKellen, que ya trabajó con Condon en Dioses y Monstruos  da vida a un Holmes de 93 años (McKellen tiene 76) que en 1947 ya jubilado de sus quehaceres detectivescos vive en una granja de sussex al cuidado de su ama de llaves la Señora Munro (Laura Linney) y del hijo de esta, el preadolescente Roger (Milo Parker). Una muy buena interpretación la de McKellen que logra transmitir ternura y respeto por este nonagenario Sherlock que lucha contra la perdida de facultades físicas y mentales (pérdida de memoria, principalmente) y que se esfuerza en todo momento por recuperar las habilidades y la grandeza que una vez tuvo en un entorno para él cada vez más limitado por su decrepitud. Una inesperada situación le hará de nuevo reencontrarse con un antiguo caso que marcó el devenir de sus últimos años.

Sherlock Holmes se nos presenta aquí como un personaje real que inspiró todas las obras que conocemos sobre el investigador – y sus adaptaciones a diferentes medios- aunque escritas en esta adaptación no por Conan Doyle sino por su fiel ayudante y narrador de la mayor parte de sus aventuras el Doctor John H. Watson. El retiro de Holmes y la estrecha relación con el joven Roger con quien establece una vinculación de maestro-discípulo con rasgos también paternofiliales, le llevarán a  recordar un caso también novelado por Watson (inventado en esta historia) cuya feliz resolución literaria no se correspondía con su desgraciado final real. Atormentado por un inmenso sentimiento de culpa y una sensación de fracaso, Holmes tiene una oportunidad de descubrir la verdad sobre dicho caso mientras convive con sus recuerdos y sus miedos de vejez. Una curiosa parábola sobre el paso del tiempo y la redención que trata con suma delicadeza y merecido tributo a su protagonista y su universo y que deja el siempre necesario mensaje de la validez de la experiencia y del triunfo de la razón y el amor sobre cualquier mal. Buena ambientación situada en dos épocas de postguerra (1919 y 1947) y una historia dinámica que combina sabiamente ficción detectivesca y melodrama que sin embargo puede resultar irregular y fallida en algunas ocasiones. Algún curioso guiño (El protagonista visiona una película con un Sherlock Holmes cinematográfico interpretado por Nicholas Rowe, el joven Sherlock de El Secreto de la Pirámide (1986)) y bastantes referencias a los personajes creados por Arthur Conan Doyle refuerzan el carácter de homenaje de este filme, que pese a no ser nada del otro jueves sabe como ganarse al espectador.    

lunes, julio 27, 2015

El Aparatito Lumiere TERMINATOR GENESIS (TERMINATOR GENISYS) / DEL REVÉS (INSIDE OUT)



TERMINATOR GENESIS  (TERMINATOR GENISYS)



 * y 1/2

Parecía increíble la noticia de que Arnold Schwarzenegger iba a volver ser Terminator en una quinta entrega de la franquicia Terminator pero a sus 68 años el ex gobernador de California ha vuelto a encarnar a uno de los cyborgs más famosos de la historia del cine cuando ya se daba por descontado su abandono de la serie (en la entrega anterior Terminator Salvation (2009) ya no aparecía, al menos su presencia "real") aprovechándose además dicho (absurdo e improcedente) regreso para hacer una especie de reboot de la saga que al final se ha quedado en un pastiche de la misma cayendo casi en la parodia involuntaria. Si en las dos últimas entregas anteriores - que ya no estaban dirigidas por James Cameron- ya resultaba exasperante el hecho de dar vueltas sobre el mismo concepto una y otra vez y el hecho de que no despegaban en ningún momento varias ideas de las primeras entregas que podrían resultar muy interesantes para enaltecer la historia, en este visualmente espectacular pero  totalmente desmadejado Genisys aunque se pretende avanzar en el universo Terminator la sensación final es de desdén y de barullo con un guión con muchos agujeros y con una conclusión de la historia vaga y previsible que además no aclara como dios manda muchas de las situaciones (la mayor parte absurdas) que se plantean en el filme.

Alan Taylor, un realizador del montón, recoge el testigo en la dirección llevando a buen puerto eso si todo el despliegue de efectos especiales pero no aportando realmente nada de valor a la serie. A medio camino entre el reboot y la secuela, la presencia del cuasi septagenario Schwarzenegger se justifica por medio de una triquiñuela de viajes temporales propia de la saga solo que esta vez bastante necia y forzada que lo único que consigue es desvirtuar el espíritu del Terminator original. De nuevo aparecen los personajes de John Connor, Kyle Reese y Sarah Connor, esta vez con los rostros de Jason Clarke, Jai Courtney y Emilia Clarke (clavadita a Linda Hamilton, la Sarah original, pero mucho más mona) con mayor peso en la trama que el T 800 de Arnie (en realidad solo una figura simbólica y en el más negativo sentido de la palabra) pero totalmente chapuceros como personajes. Con la misma premisa que el Terminator de 1984 - John Connor, el líder de la resistencia viaja al pasado para proteger a su futura madre de un cyborg enviado por la corporación Skynet para matarla e impedir el nacimiento de John- solo que esta vez hay una ridícula alteración temporal en forma de otro Terminator envejecido que llegó a Los Angeles en 1973 para proteger a una Connor niña y que ha envejecido al tener piel humana. Y eso no es todo, aparece por ahí un T1000 cambiaformas con aspecto oriental (Byung Hun-Lee) y el Terminator de 1984 con un joven Arnie recreado por ordenador. A partir de allí una parida tras otra con acción rutinaria y un nuevo supuesto giro de guión que lo único que produce es fatiga al espectador. A priori resultaba interesante la inserción del mundo de la comunicación global en todo el entramado de la fábula de dominación de la tecnología sobre el ser humano que fundamenta la franquicia, pero la resolución es sencillamente cochambrosa. Se anuncian dos entregas más y es de suponer que el desmán será mayor, ojala cambien de opinión los productores

 

DEL REVÉS (INSIDE OUT)



 
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Pixar casi 20 años depuse de su primer largometraje no solo conserva aún su capacidad de sorprender sino que va perfeccionando aún más si cabe su capacidad para hacer obras maestras tanto temática como formalmente dentro del cada vez más rico y sorprendente campo de la animación cinematográfica. Aunque si que es cierto que en los últimos años la compañía de John Lasseter ha firmado productos de perfil medio (Cars, Ratatouille, Monsters University) también es cierto que ha ido superándose con sus proyectos bandera de cada cierto periodo de tiempo como las excepcionales Wall-E (2008), Up (2009) y Toy Story 3 (2010), hasta el momento el triunvirato cumbre de Pixar al que habría que añadir ahora Inside Out , que sin ser la mejor película de Pixar hasta el momento (lo sigue siendo Toy Story 3) le va justamente a la zaga. Una preciosa historia en la que sus creadores se atreven a indagar en el complejo y fascinante mundo de los sentimientos humanos y más concretamente en el de los sentimientos infantiles en un curioso y encantador tratado de emociones que sorprende por la insólita brillantez con la que moldea un material complejo y delicado para hacerlo comprensible y enormemente degustable para el público más joven sin olvidar al segmento adulto que también pude disfrutar con esta película todo y hay que decirlo más que la chavalería (especialmente la de corta edad)

Si en anteriores filmes de Pixar las emociones jugaban un papel fundamental y la propia compañía había manejado como nadie la inclusión de la melancolía en el cine de animación para los más pequeños, en esta ocasión la cosa va mucho más allá ya que la historia versa sobre los sentimientos de Riley, una niña de 11 años, convenientemente antropomorfizados mediante simpáticas criaturas humanoides de diferentes colores cada una  y residentes en un espacio virtual presumiblemente ubicado en el cerebro de la pequeña. Alegría (una pizpireta joven amarilla y de cabello azul), Tristeza (una gordita gafosa azul y taciturna), Ira (un ser masculino rojo con corbata y malencarado), Asco (una  muchacha verde y tiquismiquis) y Miedo (un tipo morado y filiforme) vivirán la aventura de sus once años de existencia cuando la familia de Riley decide mudarse de Minnessota a San Francisco provocando en la chiquilla una profunda crisis que la llevará a la depresión. Las cinco emociones verán su trabajo brutalmente alterado hasta el punto de que todo el universo interior, los recuerdos, las fantasías, los deseos, los afectos y los valores de la joven comienzan a desmoronarse ante su  horror. Con sus dos historias peculiarmente relacionadas- la vivencia de cambio de Riley y la inesperada aventura de las emociones consecuencia de lo anterior- la película resulta una experiencia poderosamente emotiva y de un atractivo dramático incontestable que seduce y atrapa al espectador sin darle tregua. No muy inteligible para niños y niñas menores de 8 años y tal vez más enfocada al público de 10 a 12 años, en ocasiones el filme parece una guía para padres destinada a comprender las emociones y los comportamientos de sus hijos así como en general el guiño a los adultos es más que evidente cuando se capta el mensaje claro de la historia de que los niños son pequeñas personas en proceso de aprendizaje cuyo interior hay que cuidar constantemente.

Resultan especialmente deliciosas todas las escenas desarrolladas en el mundo interior de la niña, una especie de parque temático de límites imprecisos y estética entre onírica, surrealista, trasunto de la cotidianidad y por supuesto de fantasía visual y conceptual desbordada, bebiendo tanto de la Tierra de Oz, Nunca Jamás o El País de las Maravillas como del Pepperland de Yellow Submarine , los cánones de los paisajes en los cartoons clásicos o en fin todo el metauniverso fantástico que Pixar ha llevado desarrollando durante veinte años y con algunas pinceladas de simbología psicoanalítica. Y por otra parte, todo lo desarrollado en el mundo real funciona con una enorme entidad como historia propia pese a lo aparentemente simple de su premisa (y es que el universo infantil es más complicado de lo que parece). Realmente, Pixar ha encontrado con esta película una nueva piedra angular tanto temática como técnicamente ya que las audacias visuales en Inside Out vuelven a resultar sorprendentes con nuevos matices en sus cuidados dibujos por ordenador. Pero para matices los de la propia historia -cómica, emotiva, melancólica, triste, tierna, cruel, irónica esperanzadora…- con un guión inteligente y con multiplicidad de registros que pone de manifiesto que cuando están inspirados los chicos de Pixar – capitaneados en esta peli por los directores y coguionistas Peter Docter y Ronaldo del Carmen- son unos auténticos genios. La mejor película de lo que llevamos de año


PD: un único pero: el corto precedente de rigor es estomagante.  

martes, julio 14, 2015

El Aparatito Lumiere PROFANACIÓN: LOS CASOS DEL DEPARTAMENTO Q (FASANDREBERNE)




 ***  y 1/2


Esta resultando el fenómeno tanto cinematográfico como editorial de los últimos años en Dinamarca la saga literaria ahora convertida en cinematográfica Departamento Q, serie de libros de intriga policial creada por el escritor Jussi-Adler Olssen también editada en España que desde 2013 el cineasta Mikkel Nordgaard  se ha propuesto en trasladar a la pantalla comenzando con Misericordia (2013), solo hace un mes estrenada en la península, a la que sigue este segundo título de nuevo protagonizado por los dos policías de Copenhague responsables del Departamento Q dedicado a los casos sin resolver: el alcohólico y embarullado pero perseverante y hábil inspector Carl Morck (Nikolaj Lie Kaas) y su ayudante de origen árabe Assad (Fares Fares, también visto en El Niño 44). Nordgaard, con una estética sórdida, nocturna y sucia deudora del David Fincher de Seven y ciertos aspectos conceptuales del Kubrick de La Naranja Mecánica realiza un interesante trabajo desde  el punto de vista cinematográfico con un estilo narrativo que sin echar mano del suspense fácil (en realidad el enigma del crimen que centra el argumento se sabe casi desde el principio) ni del ya repetitivo hieratismo funcional del thriller nórdico, adapta una historia interesante de principio a fin en donde ocupa un lugar central una reflexión muy inquietante sobre la maldad humana y su origen y límites así como su trivialidad que deja bastante mal cuerpo.

La investigación sobre la verdadera autoría del asesinato de dos adolescentes mellizos en un elitista internado acaecido veinte años atrás hará que Morck y Assad se topen con la cara oculta del mundo del triunfo, de la riqueza y del éxito profesional cuando los resultados de las pesquisas lleven hasta un joven e influyente magnate ex alumno de ese internado que parece tener muchas cosas que ocultar. Por supuesto la investigación no será un camino de rosas precisamente y pronto saldrán a la superficie  relaciones entre profesores y menores, bulling escolar salido de madre, violaciones, millonarios corruptos, abuso de poder, celos y planeando sobre todo esto un gusto irracional por el mal y la violencia que parece ser la mecha que ha prendido todo. Buenas interpretaciones y momentos muy logrados en un thriller tal vez rutinario pero en cierto modo sorprendente.  

martes, julio 07, 2015

El Aparatito Lumiere EL NIÑO 44 (CHILD 44) / JURASSIC WORLD



EL NIÑO 44 (CHILD 44)




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Aunque se ha logrado conjugar bastante bien la crónica-denuncia histórica, el thriller político, el terror de psicópatas y el drama psicológico, esta bien intencionada película inspirada en una novela de Tom Ron Smith a su vez vagamente basada en el célebre caso del Carnicero de Rostov – aunque se ha cambiado la temporalidad de aquella historia real acaecida en los 70 y 80 a los años 50-  peca muchas veces de insuficiente e irregular a causa de un manejo un tanto precipitado del material de partida. Dirigida con clase por el sueco de origen hispano Daniel Espinosa, esta coproducción USA-UK-Chequia-Rumania con un largo reparto internacional de británicos, checos, suecos, rusos, franceses resulta ya de por si sugerente con su cuidada ambientación de la oscura URSS de Stalin y la perfecta caracterización de su pérfido mundo burocrático y militar condicionado por un totalitarismo que caía plenamente en el terrorismo de estado y una brutal represión que convertía en enemigo del país a cualquiera mínimamente disidente con algún precepto del primer régimen soviético- lograda con una proliferación de imágenes filmadas con escasa luz y mediante un recurso frecuente a imágenes y situaciones violentas y desagradables totalmente gráficas-, pero a la hora de mostrarse narrativamente hablando el conjunto no termina de ser redondo. Y es una pena porque la premisa de partida podía prometer una gran película pero nos quedamos con un filme correcto sin más que tampoco será del gusto de todo el público. 

El británico Tom Hardy, cada vez más de moda, interpreta con total convicción a un personaje ambiguo, complejo y fascinante- desde luego, de lo mejor de la película, el agente especial del servicio secreto de la URSS Leo Demidov, un joven huérfano desde niño criado en el odio y la brutalidad stalinista y que no duda en utilizar la violencia en cualquiera de sus formas para conseguir sus propósitos, ni en ajusticiar a traidores y ni si quiera en poner en serios problemas a su prometida espía y disidente Raisa (Noomi Rapace), pero que poseedor de un férreo idealismo y de un enorme sentido del deber no dudara en enfrentarse a las temibles autoridades soviéticas de los 50 para saber toda la verdad sobre las misteriosas muertes de unas serie de niños asesinados cerca de diferentes estaciones ferroviarias de Rusia, muertes que el régimen atribuye a accidentes ya que el crimen común sencillamente “no existía” en la URSS de poco después de la II Guerra Mundial. El antihéroe Demidov comienza entonces una investigación tan opaca y tenebrosa como el propio país, un lugar en donde la violencia, la destrucción y el fanatismo campaban por sus anchas promovidos por las propias autoridades y del que el atormentado y contradictorio comportamiento de Demidov era hijo directo. Es precisamente el drama interior del protagonista- incapaz de algunos actos de humanidad básica por su educación escorada al fanatismo pero ansioso por librarse de esa insoportable atadura – lo más logrado de un filme que no debe verse como un mero filme político o histórico ni como un thriller de serial killers. Gary Oldman, Paddy Considine, Vincent Cassel, Fares Fares o Charles Dance son otros de los actores de un largo reparto que funciona con una enorme eficacia. No apta para espectadores sensibles y si recomendable para amantes de los thrillers con cabeza.
 
 

JURASSIC WORLD




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Más de lo mismo en la cuarta entrega de una saga es algo que desde luego no invita ir a ver la película en cuestión aunque se trate de una nueva entrega de una serie cinematográfica como la de Jurassic Park, cuyo primer filme homónimo estrenado en 1993 y dirigido por Steven Spielberg hizo saltar las taquillas de todo el mundo además de revolucionar los efectos especiales por ordenador. Ya lejano en el tiempo aquel boom de la dinomanía que el filme provocó a principios de los 90 y con aquella primer entrega considerada ya un clásico del cine ci-fi de los últimos años- aunque se trate de un filme muy irregular y que además no ha envejecido demasiado bien- un regreso a aquel parque zoológico-temático en donde se resucitaban dinosaurios vía genética y que terminó como el rosario de la aurora se antoja una jugada comercial más escorada a la nostalgia y el revivalismo que a reactivar con un mínimo de fuste una idea de cuya última entrega ya han pasado 14 años – las continuaciones fueron The Lost World (1996) y Jurassic Park III (2001)-  y por ello resultado final ha sido un enésimo refrito de todas las ideas previas vistas en el Jurassic  Park original. Spielberg, director de los dos primeros filmes vuelve a ejercer aquí solamente de productor ejecutivo al igual que en Jurassic Park III cediendo el rol del director al semidesconocido Colin Trevorrow quien hace lo que puede en un filme supeditado a los efectos especiales y a toda la parafernalia catastrofista originada por los dinosaurios del parque de Isla Nubla, destrozos, dentelladas y comidas humanas incluidas. Lógicamente el escritor y cineasta Michael Crichton creador de las dos novelas en las que se basaron los dos primeros Parques Jurásicos y fallecido en 2008  no tiene nada que ver en este nuevo filme y es muy dudoso que le hubiese gustado aunque todas sus (mil veces repetidas) ideas están presentes en este rutinario y predecible filme veraniego.     

Resulta significativo que este Jurassic World obvie la existencia de la segunda y la tercera entrega y se postule como una especie de segunda película tardía tratando de resetear el devenir de la saga situándose prácticamente en el mismo lugar de partida que el filme original de 1993. Ya han pasado 22 años desde los trágicos acontecimientos en el primer Jurassic Park pero pocos años mas tarde el complejo recreativo repleto de diferentes especies de dinosaurios clonadas consiguió abrir sus puertas rebautizado como Jurassic World y funcionando a pleno rendimiento. Pero ante un ligero descenso de público el nuevo propietario del parque, el empresario indio Masrani (Rifan Khan) y la ambiciosa gerente del complejo Claire (Bryce Dallas Howard) han ideado una nueva especie de dinosaurio a partir del Tiranosaurus Rex pero con significativas mejoras genéticas como nuevo reclamo para el público. El Indominus Rex sin embargo pronto empezará a hacer de las suyas justo el día en que los sobrinos de Claire, un adolescente y un niño, visitan el parque. Owen (Chris Pratt) el cachas  entrenador y cuidador de los velocirraptores se verá pronto en la tesitura de meterse en el embolado en cuanto se da cuenta de la irresponsabilidad de la empresa creando un dinosaurio más inteligente y poderoso que cualquier otro y de que tiene que proteger a los sobrinos de su jefa y a todo el personal y visitantes del parque además de, porque no, tratar de ligarse a esta. Una historia repetitiva en resumidas cuentas y en donde los golpes de efecto se hacen necesarios para mantener la atención del público en forma de gore light, acción desbocada, romance barato, villanos tópicos y una completa lista de diferentes especies de dinosaurios eso si bastante bien presentados y en donde por supuesto destaca el temible Indominus. De nuevo hay crítica a los peligros de la investigación genética y a la ambición empresarial sin medida esta vez con cierto oportuno mensaje pacifista y ecologista. Ni tan siquiera algún buen momento aislado salva a este filme de la mediocridad. No obstante puede ser una buena opción para mantener distraída a la chavalería de entre 11 y 14 años este verano.

lunes, junio 29, 2015

El Aparatito Lumiere LOS INSÓLITOS PECES GATO





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¿Se puede hacer un filme de una temática tan insólita como la autobiográfica por parte de un director o directora desconocido y ser además una gran película? La respuesta es si y el ejemplo que lo demuestra es esta sorprendente ópera prima de la joven directora mexicana Claudia Sainte-Luce que se ha lanzado a tumba abierta con una cinta que recrea con bastantes pelos y señales un episodio de su vida que le dejó profundamente marcada. Una historia que a priori posee un potencial dramático cuanto menos dudoso por la ausencia de un esquema planteamiento-nudo-desenlace propiamente dicho (el nudo prácticamente no cuenta nada) y por sus peculiares pretensiones intimistas y personales pero que termina postulándose como un más que correcto trabajo cinematográfico forjado a base de emoción, realismo y honestidad y todo siempre desde una factura formal que bebe tanto del cine independiente norteamericano como del cine europeo.

La cinematografía mexicana otrora fue capaz de ofrecer históricos filmes que se cotizan entre lo mejor de la historia del séptimo arte (Buñuel en su etapa mexicana) o que incluso gozaron de éxito internacional en taquilla (Cantinflas) pero hoy  navega en la misma indigencia que otras industrias cinematográficas latinoamericanas. No obstante, el surgimiento en los 90 y 2000 de cineastas de vocación internacional como Alejandro González Iñarritu, Guillermo del Toro o Alfonso Cuarón parece que -aunque tardíamente- ha influido en una nueva generación de jóvenes cineastas aztecas entre los que se encuentra Claudia Sainte-Luce, un nombre a tener en cuenta, que no ocultan su tendencia a una modernidad estilística y temática homologable tanto con las imperfecciones de un cine independiente con escasez de medios como con los intentos de desdibujar cinematográficamente las fronteras entre la ficción y el documental. La película nos muestra unos intensos meses en la vida de Claudia (Ximena Ayala)-el alter ego de la directora- una joven empleada de supermercado de la que poco sabemos y  con una existencia solitaria y anodina que tras un ataque de apendicitis de repente encuentra sentido a su vida tras un encuentro en el hospital con Martha (Lisa Owen) una madre de familia divorciada enferma de SIDA y con cuatro hijos de diferentes padres de edades entre los 11 y 23 años. Desorientada tras ser dada de alta, Claudia accede a la invitación de Martha y los suyos de pasar un día en su casa desarrollándose a partir de ese momento una entrañable amistad entre Claudia, una veinteañera solitaria  y su “nueva familia”, un clan que lleva como puede la enfermedad terminal de la matriarca pero que no pierde en ningún momento el buen humor y las ganas de luchar. Rodada con un tono muy verista y con una total autenticidad  en los diálogos y en los comportamientos de los hijos de Martha, se percibe totalmente que el filme ha cubierto las expectativas de su directora, que era la de mostrar con completo realismo y honestidad un episodio real que le dejó huella. Utilizando elementos tanto dramáticos como de comedia y por supuesto no pocos apuntes costumbristas, la película sabe manejar las emociones de una manera bastante honesta y desarrolla la anécdota de imbuyéndola de valor dramático. Muy bien interpretada- la actriz que interpreta a Wendy, la segunda hija, es la verdadera Wendy Guillén que conoció Claudia Sainte-Luce- destacan sobre todo los enormes trabajos tanto de Ximena Ayala como de Lisa Owen. Una película diferente, que puede resultar un poco extraña pero que cautiva con la emocionalidad naturalista de su propuesta.

sábado, junio 13, 2015

El Aparatito Lumiere NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA (WHAT WE DID ON OUR HOLIDAY)




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Sin ser ninguna obra maestra la verdad es que cumple y con creces esta curiosa comedia británica de tintes negros que con premeditadamente engañoso disfraz de película infantil – los personajes clave son tres niños-  ofrece una certera lectura de la intrincada dificultad en muchas ocasiones de las relaciones familiares y de la capital importancia de una correcta educación a los hijos e hijas, todo ello en clave ácida pero con oportunas dosis de ternura con el fin de hacer una película que al final resulta amable pese al dramatismo de la esencia de su trama. Los veteranos directores y guionistas televisivos Andy Hamilton y Gut Jenkin- creadores de varios programas,  teleseries y sitcoms de éxito, entre ellos el mítico programa humorístico de sketches Estas no son las noticias de las nueve- han conseguido un modesto y simpático filme que va más allá del humor costumbrista británico para ofrecer una original parábola sobre la visión de lo universo infantil del mundo de los adultos repleta de símbolos y guiños en donde no se esquivan temas del calibre como la relación del ser humano con la vida y la muerte.

El punto de partida es la situación límite de un joven matrimonio inglés, el formado por Abi (Rosamund Pike) y Doug (David Tennant) que recién divorciado decide viajar con sus tres hijos de entre 4 y 10 años a las Highlands de Escocia para asistir al cumpleaños del padre de Doug, Gordy (Billy Connolly) ocultando su divorcio a Gordy y el resto de familiares escoceses. El patriarca, un excéntrico ex futbolista profesional de 75 años con un cáncer terminal al que poco le queda de vida, es un hombre carismático y despreocupado al que sus nietos adoran y le ven como el único adulto que merece la pena en una familia absurdamente disfuncional y con pintorescas tribulaciones. Los críos, dos niñas y un niño, se convertirán inesperadamente en los protagonistas de una historia en donde ellos no deberían serlo por un hecho fortuito, provocando todo un curioso climax de la historia que resulta de los más inteligentemente divertido del filme. Tampoco faltan momentos de ingenua poesía, ternura,  comedia costumbrista y algún apunte gamberro en una película en la que la heterogeneidad de esos elementos tal vez lastran la solidez de un guión que aunque amable y trabajado no consigue credibilidad por su a veces impostado forzamiento y algún momento tópico de sobra. Eso, si los tres grandes pequeños actor y actrices Emilia Jones, Bobby Smallbridge y Harriet Turnbull estan que se salen con sus conmovedoras interpretaciones y sus diálogos, según los directores en su mayoría improvisados por los propios niños. Advirtiendo en todo momento que esta no es un una película infantil, el espectador sin prejuicios podrá disfrutar de una historia con cierta miga pero entretenida, de los hermosos paisajes de la costa del norte de  Escocia muy bien fotografiada por Martin Hawwkins y de la bonita música con reminiscencias celtas de Alex Heffes, complementada con canciones del gran Mike Scott y sus Waterboys.

martes, junio 02, 2015

El Aparatito Lumiere MANDARINAS (MANDARIINID)



 
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El absurdo de la guerra y su efecto devastador en el ser humano. Este es el mensaje que transmite esta estupenda película estonia nominada al Oscar 2014 a la mejor película extranjera y que además constituye una insólita muestra de una cinematografía desconocida fuera de su país, la de Estonia (aunque con participación georgiana). Una curiosa mezcla de drama intimista y cine bélico visto desde otra perspectiva, la de sus protagonistas fuera del entorno bélico propiamente dicho en un paréntesis-aparte de vivencias y sentimientos en la cotidianidad.  Pero Mandarinas no es una película de guerra, es un drama humanista visto desde la perspectiva de su personaje central, un sencillo y maduro carpintero fabricante de cajas de madera para mandarinas que en su condición de miembro de la minoría estonia en la Georgia de principios de los 90 y por lo tanto de extranjero y parte neutral observa con tristeza y desconcierto los desastres y calamidades convivenciales del comienzo de la guerra civil de Georgia que enfrentó a los georgianos y a los chechenos de Abjasia, mientras que terrible dicha situación atraviesa su drama personal. En  Abjasia  es donde vive Ivo (Lembit Ulfsak), nuestro protagonista retirado en pleno bosque en una vivienda unifamiliar cercana a donde vive su compatriota estonio y amigo Margus, dedicado al cultivo de mandarineros, con el que comparte el desarraigo del refugiado. Testigos de algunas escaramuzas y combates de la guerra que se suceden delante de sus viviendas, ambos hombres aceptan el hecho de que dos soldados heridos cada uno de un bando diferente descansen en al casa de Ivo para recuperarse de sus heridas tras salvarles. Naturalmente, la coincidencia en un espacio tan pequeño de un belicoso y autoritario chechenio y un más tranquilo pero inquinoso georgiano que se odian literalmente a muerte no será ningún camino de rosas.

Con un marco espacial muy reducido y un reparto no muy amplio, Mandarinas triunfa en su propósito de ofrecer una cruda pero contenida reflexión sobre la inutilidad de los conflictos bélicos y sobre todo aquello que los mueve y también sobre como se puede alimentar el odio y este puede ser utilizado según al convivencia personal de cada uno. El personaje de Ivo, un viejo ya sin esperanza y dedicado en cuerpo y alma a su sencillo trabajo y a su reducido mundo pero aún poseedor de firmes valores y de una visión optimista sobre la condición humana, resulta extrañamente fascinante y mueve una historia atrayente de principio a fin y en donde coexisten diferentes matices. Más allá del comentario histórico o político la película ofrece una bella reflexión que no debe ser pasada por alto. Y todo ello con una vistosa fotografía y una más que excepcional puesta en escena. Para amantes de historias sólidas y con mensaje universal.