martes, abril 19, 2016

EL HÉROE DE BERLÍN (RACE)





***

Una de los relatos más apasionantes y conocidos de la historia del deporte, el del atleta norteamericano Jesse Owens (1913-1980), aún no había tenido su visión cinematográfica (aunque si la tuvo en los 80 como miniserie de TV), y por fin su significativa historia- especialmente desde el punto de vista social, político además claro está del deportivo- llega a la pantalla grande en una modesta pero sugerente e inteligente película que pone de manifiesto especialmente el sombrío pasado que vivió la comunidad afroamericana- a la que Jesse Owens pertenecía- en buena parte del siglo XX además de hacer hincapié también en todo el esfuerzo que tuvo que hacer un deportista negro para llegar a ser y además ser reconocido como el mejor sportman de su país en una sociedad norteamericana que en los años 30 aún consideraba a las personas de raza negra como ciudadanos de segunda. Los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, en pleno auge del nazismo, y en donde Owens alcanzó la gloria en forma de cuatro medallas de oro ante la atónita mirada de Hitler y del nazismo en general, es el entorno principal en el que se desarrolla esta honesta película que fluye con versatilidad entre el drama, la crónica de superación, el testimonio socio-histórico, y pro supuesto, la épica que siempre va asociada a las historias enmarcadas en el mundo del deporte.

Muy bien ambientada tanto en el mundo universitario de Ohio de los años 30 (en donde Jesse dio sus primeros pasos serios como atleta) como en el Berlín de III Reich, el filme no abusa de los tópicos del biopic - en realidad solo asistimos a tres años de la vida de Owens, de 1933 a 1936-  y sabe retratar muy bien tanto la repercusión social de la gesta de Owens y todo lo que significó para la sociedad norteamericana y  especialmente para los afroamericanos como todo el viciado y siniestro ambiente que se vivió alrededor de unos Juegos Olímpicos diseñados para glorificar a la raza aria y ridiculizar a las “razas inferiores” y servir como estandarte propagandístico internacional del nazismo, llegando a condicionar los parámetros en los que se insertó la participación de EEUU en dichos juegos. Todos esos vergonzantes e históricos momentos están muy bien recogidos en el filme con escenas conseguidas y casi memorables como también lo resultan las escenas deportivas, muy bien filmadas y aunque se huya recurrido presumiblemente a la tecnología digital. El desconocido canadiense Stephan James está bastante creíble como Jesse Owens y el resto del reparto cumple con creces incluidas las interpretaciones de varios personajes históricos como el entonces presidente del Comité Olímpico Estadounidense y futuro presidente del COI Avery Brundage (Jeremy Irons), el otro hombre fuerte del Comité americano Jeremiah Mahoney (William Hurt), el ministro de propaganda nazi y presidente del comité organizador de los Juegos Joseph Goebbels (Barnaby Metschurat) y la ínclita cineasta oficial del nazismo Leni Riefenstahl (Carice Van Houten)- nunca tendremos claro la postura final de esta mujer ante el régimen nazi- que tiene su parcela de protagonismo en este filme. Puede que el guión adolezca de verdadera emoción y que no se haya explorado demasiado en la figura del atleta, pero escenas como la del final del filme (que vienen a ilustrar lo paradójico e hipócrita de la situación que vivió el deportista en su propio país por su condición racial) confirman que la película cumple con sus objetivos de crónica de un pasado oscuro en la historia norteamericana.  

miércoles, abril 13, 2016

HITCHCOCK/TRUFFAT




 ****

De acuerdo, se ha escrito un montón sobre Alfred Hitchcock y ya cualquier cosa nueva que nos llegue sobre él en forma de libro, artículo, documental o el estudio y análisis más sesudo sobre su obra cinematográfica y su significación en la historia del séptimo arte nos sonará siempre a algo dicho o escrito mil veces. Pero este sobrio y esforzado documental que firma Kent Jones aún es capaz de ofrecernos una, si no nueva, si curiosa perspectiva sobre el que fue llamado “el Mago del Suspense” al dejar que el tema de la cinta no sea el propio Hitchcock propiamente dicho sino precisamente el estudio por excelencia del que fue objeto el director británico afincado en EEUU: el libro El Cine según Hitchcock (1966) escrito a partir de largas y profundas entrevistas y conversaciones con el maestro por otro cineasta más que excepcional, François Truffat. 50 años después de su publicación el libro continúa siendo toda una Biblia para cinéfilos, estudiantes de cine e imagen y aficionados al séptimo arte y un ejemplo de cómo debe ser un libro sobre el arte del cine y sobre la obra de un director, con más que apasionantes datos y reflexiones como solo dos grandes directores enamorados de su profesión podían haber concebido. 

Sin pretensiones de ser ninguna completa y definitiva traslación en imágenes de dicha obra, la película cumple más que con creces en diferentes frentes: mostrarnos la génesis y el desarrollo del estudio siempre desde la perspectiva de un director como fue Truffat al igual que todos sus colegas franceses de la Nouvelle Vague empeñado en elevar el cine a la categoría de arte por medio de su metalenguaje y obsesionado con que el director tuviese un rango de artista y creador (algo que según él Hitchcock había sido el pionero); hacer un homenaje a  Alfred Hitchcock y a sus películas mediante algunos pasajes comentarios del director vertidos en el libro; y en definitiva celebrar la enorme idea de Truffat de concebir El Cine según Hitchcock, una obra que sin duda cambió para siempre la visión cine del arte cinematográfico como algo con multitud de matices y niveles de lectura siempre desde el punto de vista artístico y literario. Y de paso, claro está, homenajear como es debido a François Truffat, aquel crítico metido a director que más allá de la grandeza de su propia cinematografía fue uno de los cineastas más influyentes de las décadas posteriores gracias a su sapiencia y buen hacer en el medio, siempre bajo la influencia de su a partir de entonces amigo Hitch. Varios directores de diferentes épocas (Martin Scorsese, Richard Linklater, Arnaud Despelchin, Wes Anderson, Paul Schrader, David Fincher…) desfilan ante la cámara analizando momentos estelares en la filmografía de Hitchcock a partir de históricos comentarios que el director vertió en su entrevista con Truffat, todo ello ilustrado con fragmentos de sus filmes: Vértigo, Psicosis o La Ventana Indiscreta son películas que reciben especial atención en este documental. Así mismo, podemos oír fragmentos de la cintas con la entrevista que Truffat grabó en sus estancia en Estados Unidos con Hitchcock (que fue en 1962 aunque el libro se publicase cuatro años después) constituyendo un documento de primera magnitud y en donde oímos al británico contar con su propia voz elementos esenciales en su cine (y que por entonces nadie había reparado en ellos) como era la importancia de “manipular” al espectador, el manejo del tiempo y aspectos simbólicos como la soterrada presencia de la sexualidad en las motivaciones de muchos de sus personajes. Una película muy bien presentada y efectiva especialmente recomendada para cinéfilos de pro.     

martes, abril 05, 2016

ALTAMIRA




**

Fallido intento de hacer cine español con vocación internacional y visos de exportabilidad (rodado en inglés director y la mayor parte del reparto extranjero) con un filme que en su afán por presentar un producto que trata de dar el pego de hollywoodiense solo consigue una cinta rutinaria, previsible y desmañada no exenta de alguna virtud. La historia de Marcelino Sanz de Satuola (1831-1888) el descubridor de las pinturas de la cueva de Altamira en Santillana del Mar (Cantabria), la gran obra maestra del arte rupestre datada en el paleolítico, era a priori un punto de partida muy interesante ya que se trata de la crónica del empeño de un hombre por demostrar la veracidad de su descubrimiento (tachado en su época como una burda falsificación) ante una comunidad científica que a finales del siglo XIX consideraba  al hombre primitivo como un salvaje incapaz de crear arte- y aunque se aceptasen las teorías de la evolución de Darwin- además de tener que combatir los ataques de la iglesia católica que consideraban el estudio  de la prehistoria y más concretamente del hombre prehistórico como contrario a los dogmas de sagradas escrituras por contravenir el concepto de creación divina; pero solamente se ha conseguido una suerte de miniserie de televisión estrenada en cines con todo contado de manera muy mejorable fallando estrepitosamente en su intento de buscar aristas dramáticas de fuste en el personaje de Marcelino Satuola y la relación con su familia y rivales: solo se consiguen golpes de efecto maniqueos propios del cine comercial nortemericano o, una vez más, de un telefilme y pese a que Antonio Banderas pone todo su empeño en dar lustre interpretativo a este visionario científico aficionado del siglo XIX cuyo hallazgo revolucionó el estudio de la prehistoria. Un guión hueco y muy poco estimulante de José Luís López Linares y Olivia Hetreed y una rutinaria dirección del británico Hugo Hudson, en otros tiempos un director de primera fila mundial (Carros de Fuego, Greystoke) pero desde hace tiempo un simple destajista que no había dirigido un largometraje de ficción desde más de 15 años echan por tierra cualquier intento de hacer una buena película.


Financiada en su mayor parte por la familia Botín (descendientes de Satuola ya que Marcelino y su hija María fueron bisabuelo y abuela de Emilio Botín) y rodada casi en su integridad en bellos parajes cántabros (Santillana, Liencres, los alrededores de Altamira) la película cuenta con un reparto internacional secundando a Banderas que sencillamente se limita a cumplir el expediente con un Rupert Everett nada creíble en el papel del intolerante obispo o la iraní Golshifteh Farahani, tampoco demasiado brillante como Conchita, la esposa de Satuola. En el reparto de actores británicos y franceses también hay algún español como Javivi, Tristán Ulloa o Irene Escolar que no aportan nada memorable y si algunos de los peores momentos del filme, algo que no se puede decir de la pequeña Allegra Allen que se adueña de la función cada vez que interviene como Maria Satuola, la verdadera descubridora casual de las pinturas. No obstante sería injusto no señalar lo inspirado de algún momento (todo lo relacionado con el interés de la niña María con la ciencia y su peculiar búsqueda de la “verdad”) o el acontecimiento casual que dio origen a la acusación de falsificación, así como la vistosa y luminosa fotografía de José Luís Alcaine. Por el contrario, la música de Mark Knopfler y Evelyn Glennie solo hace constantar que el ex lider de Dire Straits solo tiene dos soundtracks que merecen la pena en toda su carrera (Un Tipo Genial y Cal) y todo lo demás ya no tiene aquel encanto céltico-rockista de aquellas. Alguna incorrección histórica y forzados detalles posiblemente fruto de la subvención del gobierno de Cantabria al filme  no son factores precisamente que puedan engrandecer a una película. Una buena oportunidad perdida por un dudoso sentido de la comercialidad. 

lunes, marzo 28, 2016

BATMAN VS. SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA (BATMAN VS. SUPERMAN: DAWN OF JUSTICE)




 ***

Todo el mundo se temía lo peor de este largamente esperado (y rumiado) crossover de los dos superhéroes más célebres del universo DC Comics -y prácticamente los superhéroes por excelencia de sociedad occidental- pero al final no ha sido para tanto: lejos de ser un truño y un producto malamente comercial, este Batman Vs. Superman, si bien no pasará a la historia del cine, es un entretenimiento muy bien planteado y con buenos momentos que harán las delicias de los fans de los personajes aunque también es posible que los seguidores más integristas de los dos justicieros de ficción verán pegas hasta debajo de las piedras. Si bien el guión del filme es endeble y todo lo predecible que se puede suponer en un producto de estas características, la película sabe rendir homenaje a la esencia de ambos personajes y del resto de superhéroes de la mítica editorial DC Comics, ya que la historia incluye a la superheroína feminista Wonder Woman como tercer vértice de la aventura, que en realidad es un prólogo- primera entrega encubierta de un próximo filme sobre la Liga de la Justicia, el grupo de los héroes DC que incluye a algunos personajes que hacen anecdóticos cameos en el filme en una de sus escenas más sugerentes.  Zak Snynder, si bien acatando todas las directrices de la productora Warner- la propietaria desde finales de los años 70 de los derechos cinematográficos de Superman y Batman- muestra su oficio como adaptador de comics (300, Watchmen o el reboot de Superman y precuela de este filme El Hombre de Acero) y le insufla un acertado tono noir y thriller aunque algo desperdiciado por su condición de típico producto de la era terrorismo-paranoica post 11 S que a veces resulta abrumador en este filme. Por fortuna, unos intérpretes adecuados y una acción más contenida que el catastrofismo barato de The Man of Steel superan lo que podía haber sido un filme de acción del montón.

Batman Vs. Superman tiene como aspecto positivo que quiere dejar claro que su rollo es diferente al de Marvel y que sus superhéroes, además de los más cinematográficos, son el paradigma del justiciero superdotado y por ello no se anda con rodeos en un tono de épica colosal aunque contenida que sin embargo a veces puede llegar a ser ridícula. Además de ser secuela del anterior y fallido filme sobre Superman la película aprovecha para  hacer un reboot del Batman de Christopher Nolan aprovechando que un nuevo intérprete (Ben Affleck) luce la mascará negra del hombre murciélago aunque el tono de este nuevo justiciero de Gotham no difiera mucho del Batman que interpretaba Cristian Bale. Affleck está se encuentra a la altura de un héroe superado y atormentado, enemistado con un Superman al que Batman/Bruce Wayne  y muchos ciudadanos consideran una amenaza para la humanidad a causa de los desmanes provocados por sus superpoderes y sus aparatosos combates, interpretado por segunda vez y de manera igual de desapasionada por el británico Henry Cavill al que Ben Affleck gana la partida interpretativa con creces.  La historia- que reposa en una un poco impostada lucha entre el hombre (Batman) y el semidios (Superman)- pese a sus limitaciones y algún punto pueril- depara curiosas sorpresas y momentos muy logrados sin necesidad de demasiados efectos especiales, aunque el trailer ya se encargó de destripar alguna secuencia y giro de la historia que debía de ser memorable. Repiten varios de los intérpretes de la anterior entrega de Superman (Laurence Fishburne como Perry Blake, Amy Admas como Lois Lane, Diane Lane como Martha Kent y Kevin costner como un “resucitado” Jonathan Kent en una de las escenas mas olvidables del filme) y se incorporan Jeremy Irons como el nuevo mayordomo de Bruce Wayne, Jesse Eisenberg  como un joven, histriónico y bufonesco Lex Luthor- que es de lo mejor de la función- y la israelí Gal Gadot como Diana Prince/Wonder Woman, que también tendrá pronto su filme propio. Una película entretenida y recomendable para olvidarse de problemas.     

jueves, marzo 24, 2016

MUSTANG




 
****

Pese a que no hubo suerte a la hora de conseguir el Oscar a la mejor película extranjera nada quita a este filme franco-turco de ser una de la más gratas sorpresas de entre los últimos estrenos en cartelera y por el momento uno de las mejores películas del año.  Un alegato contra la intolerancia, la misoginia, la represión social y el fanatismo religioso con cierto halo de esperanza que nos muestra de manera cruda y sin rodeos la situación en la que viven las mujeres en al Turquía más rural y más influenciada por el fundamentalismo islámico- y eso teniendo en cuenta que Turquía es uno de los países de religión islámica más avanzados social e ideológicamente- mediante una historia situada entre el cuento, la metáfora, la poesía y el naturalismo social todo ello sin perder un ápice de su pretensión de denuncia. Una mirada femenina tanto por el hecho de ser una mujer la directora (Deniz Gämze Ergüven) como por tener a cinco hermanas adolescentes como protagonistas: cinco muchachas que observan con terror como todos sus deseos y anhelos propios de su edad y todas sus ansias de ser mujeres de pleno derecho en el siglo XXI- al menos bajo el prisma de una cultura occidental que admiran pero que decididamente sus mayores se niegan a que vivan- se ven brutalmente destruidos por unas tradiciones que literalmente humillan a las mujeres. Lale, de 11 años, la más pequeña (y la más rebelde) de las hermanas, será el elemento central de la historia como testigo más inocente de una serie de situaciones absurdas e injusticias que caen muchas veces en la crueldad.

Con ciertos ecos lorquianos (La Casa de Bernarda Alba) y simbólicos y un engañoso tono de comedia insertado únicamente como elemento resaltador de lo absurdamente tremendo de muchas situaciones, Mustang es una crónica de rebeldía contra un orden establecido y de una lucha sin cuartel contra la represión y lo injusto de muchas tradiciones. Las cinco huérfanas adolescentes que viven en una aldea turca bajo la tutela de su abuela y su despótico y fundamentalista tío comienzan a vivir  el peor verano de su vida cuando tras tontear y jugar con unos chicos en una playa son acusadas por su familia y vecinos de impuras y toda expresión de su sexualidad comienza a ser duramente reprimida, así como prácticamente pasan a vivir en un estado de reclusión en su casa aprendiendo los quehaceres de una perfecta esposa turca tradicional. Pero esto no será lo peor ya que pronto sus mayores verán la necesidad de concertarlas matrimonios que ellas no desean. La desesperación, el incumplimiento de las normas, la esperanza por el cambio y la lucha de la modernidad contra los viejos valores serán los diferentes estadíos por los que pasan las chicas, a veces ayudadas y otras veces ellas solas ante su situación. Una película muy interesante de ver y que acerca una realidad no excesivamente conocida de un país que fluctúa malamente entre dos modelos de sociedad. Y bajo el punto de vista estrictamente cinematográfico, una pequeña joya que no debe pasar desapercibida. 

miércoles, marzo 16, 2016

CIEN AÑOS DE PERDÓN




**

Es una pena lo fallido que ha salido este loable intento de mezclar en el cine español el thriller, el drama, la acción y la crítica socio-política bajo un prisma más internacional y no sujeto a ciertos cánones cada vez que se tratan algunos temas en el cine ibérico. Un asunto tan candente como el de la corrupción política esta claro que va a dar bastante juego al cine patrio y así lo ha entendido un cineasta hábil y con oficio -aunque irregular-  como Daniel Calparsoro que ha firmado una película tan interesante como insuficiente en su resolución. Y es que una trama tal vez un tanto manida y unos personajes claramente mejorables que no logran salirse del tópico en ningún momento dan al traste un guión nada desdeñable y unas pretensiones que lejos del sensacionalismo impostado trazan un despiadado grito de repulso a la corruptela de los estamentos políticos y a la indefensión en la que vive la ciudadanía por ello. Utilizando un ilustrativo juego en el que unos delincuentes comunes al final no parecen tan malos frente a ciertos policías, militares, banqueros o políticos, la película viene a recordarnos el país de mierda en el que vivimos y como los malos casi siempre salen ganando. Pero por desgracia, el filme no atina en presentar todos los elementos como dios manda y pese a una esforzada factura de cine de género con influencias tanto del thriller europeo como del western no llega a ser en ningún momento una película mínimamente memorable. Situada dentro del siempre sugerente subgénero del cine de atracos, tampoco ayuda una estética que trata de ser torpemente anglosajona y que con un tratamiento digital de la fotografía a veces efectivo pero otras veces ridículamente pretencioso, la Valencia en la que se desarrolla la historia termina pareciéndose cutremente a Gotham City.


Una banda de atracadores casi todos uruguayos y argentinos -a excepción de El Gallego, interpretado por Luís Tosar, que últimamente parece especializado en cine de género- lleva a cabo un atraco con rehenes en un banco en Valencia cuyo real móvil es un disco duro de ordenador escondido en una caja fuerte que un político acusado de corrupción dejó allí secretamente. No todos en la banda saben la verdadera finalidad del atraco, pero el CNI y los cuerpos policiales parecen muy inquietos por el asunto. El rocambolesco y predecible juego de traiciones, trampas y conspiraciones se abre paso en la película manteniendo el  interés del espectador pero sin crear la tensión exigible. Con un buen puñado de actores argentinos (Rodrigo de la Serna- muy convincente pero excesivo como el líder de la banda- Joaquín Furriel, Luciano Cáceres) y competentes actores y actrices españoles además de Tosar (Patricia Vico, Raúl Arévalo, José Coronado, Marian Álvarez, Luís Callejo), Cien años de perdón se queda corto en casi todo y es posible que no convenza a la mayor parte del público. Por desgracia, el cine español aún no ha encontrado la manera idónea de hacer cine de género. 

domingo, marzo 13, 2016

BROOKLIN



 
***

Nick Hornby, escritor y guionista norteamericano cuya obra se ha llevado al cine en los últimos años en varias ocasiones (Alta fidelidad) cuando no ha escrito más que interesantes guiones originales (Alma Savaje) aunque algunos como el citado basados en novelas ajenas, no suele defraudar a la hora de presentar historias plasmadas en imágenes y esta vez tampoco ha sido una excepción en lo concerniente a la adaptación que ha realizado de la novela de Colm Tóibín. Un retal de la historia norteamericana e irlandesa del siglo XX que usando una historia de amor nos habla de la íntima relación entre ambos países basada en la inmigración masiva de la ciudadanía de Eire hacia los EEUU durante la mayor parte del siglo XIX y XX. Ambientada a principios de los años 50, Brooklin nos habla de forma muy sencilla pero efectiva de las ansias y las esperanzas de los inmigrantes europeos en Norteamérica y en Nueva York más concretamente (con el barrio inmigrante de Brooklin convertido en una metáfora) , expresados en la historia de la joven Eilis (una encantadora Saoirse Ronan) una irlandesa que abandona su pueblo dejando atrás a su madre viuda y a su hermana y que tras el desarraigo de los primeros días logra encontrar la estabilidad y la esperanza gracias a su relación con el joven italoamericano Tony (Emory Cohen), miembro del otro colectivo protagonista de la inmigración europea a USA. Pero el fortuito regreso temporal de Eilis a Irlanda la pondrá frente a frente con una doble cuestión: la renuncia o no al “sueño americano” y la fidelidad de sus sentimientos hacia Tony.

Con una puesta en escena muy cuidada y una fotografía vistosa aunque algo relamida, la película resulta interesante en todo momento pese a algunos altibajos y en lo un tanto forzado de su mensaje final. La historia de amor entre los protagonistas no siempre está bien tratada y el inesperado triángulo sentimental que surge en al segunda mitad del metraje a veces peca de poco creíble por el impreciso comportamiento de la protagonista. Por lo demás buena ambientación, esforzadas interpretaciones y un retrato más bien verista tanto de Brooklin y Nueva York como de la Irlanda de provincias de mediados del siglo XX no exenta de concesiones en forma de tópicos. Un filme tan bonito de ver como inofensivo que por lo menos anuncia lo gran intérprete que puede llegar a ser Saoirse Ronan: sin ella esta película hubiese sido otra.     

jueves, marzo 03, 2016

AVE CESAR (HAIL CAESAR!)




 ****

Ya no sorprenden tanto, pero siguen siendo grandes. Si, Joel y Etan Coen siguen haciendo estupendas y geniales películas después de más de 30 años de su debut con Blood Simple (1984) y continúan regalándonos diferentes emociones cinematográficas ya bien sea desde el drama o la comedia y siempre con sus peculiares señas de identidad basadas en la hibridación en mayor o menor de ambos géneros mencionados y en la hipérbole estilística y narrativa con el sempiterno poso de ironía y la presentación de personajes muy trabajados metidos en variados y rebuscados embolados. En esta ocasión, los hermanos de Minnesota vuelven la vista una vez más al pasado y en esta ocasión nos trasladan al Hollywood dorado de los años 50 para acometer su registro preferido: la comedia. Hail Caesar!, efectivamente es una comedia de personajes cercana a Quemar después de leer, Un tipo serio o incluso a Fargo o  El Gran Lebowsky con una clara intención, que no es otra que la de hacer mofa y befa de la época de las grandes superproducciones de los grandes estudios y todo el guirigay que se movía alrededor del mundillo de la industria cinematográfica estadounidense en aquellos años inmediatamente posteriores al fin de la II Guerra Mundial y en plena eclosión de la Guerra Fría. Ayudados por un reparto coral plagado de rostros conocidos, los Coen hacen un retrato de la doble moral norteamericana de aquellos años en los que se trataban de enaltecer los valores tradicionales y del American way of life por encima de todo y en donde el cine no hacía más que expresarlos y mostrarlos a la audiencia de una manera idealizada y pelín burda. El rodaje de un ficticio peplum, Ave Cesar! (con referencias inequívocas a legendarias producciones reales como Quo Vadis o Ben-Hur) género popular donde los haya en los 50, es la excusa que nos adentra en Hollywood tratado con el mismo afán desenfadado, desmitificador, irónico y caricaturesco que los Coen han mostrado en otros filmes y en donde sus protagonistas- actores, productores, directores, demás gente del cine y todos los que se movían alrededor de ellos como abogados, periodistas y agentes- se mueven de manera tan incierta y poco real como las ilusiones ficticias que trataba de transmitir el Hollywood de los años dorados.

La sátira humana, social y política está presente en la rocambolesca historia del secuestro de la estrella Baird Withlock (George Clooney, colaborador habitual de los Coen), el protagonista de Ave Cesar! que desparece  poco antes de terminar el rodaje ante la desesperación del atribulado productor del filme, Eddie Manix (Josh Brolin) un tipo duro que duda en dejar el negocio por otro “más serio” y que tiene que lidiar además con otros elementos de su estudio: el mediocre y tarugo actor de western Hobie Doyle (Alden Ehrenreich) al que le están tratando de convertir en actor dramático con desesperantes resultados pese a los esfuerzos del peculiar director Laurence Laurentz (Ralph Fiennes), la bella diva DeeAnna Moran (Scarlett Johannson) cuya futura maternidad estando soltera trae de cabeza a Manix, el apolíneo actor de musicales Burt Gurney (Channing Tatum) con unos antecedentes ideológicos dudosos o las gemelas periodistas Thora y Thessaly Thacker (Tilda Swinton) que amenazan con destapar un desliz del pasado de Withlock. Y mientras tanto, Withlock parece haber caído en manos de alguien que perece todo lo contrario de lo que Hollywood quiere representar. Como siempre, una perfecta ambientación histórica no exenta de la exageración y la caricatura marca de la casa Coen- un Hollywood y una América en definitiva tan de cartón piedra como sus propias producciones- un incontenible amor cinéfilo en donde se homenajea entre el respeto y la broma a géneros clásicos como el western, el melodrama, el musical o el ya citado peplum con descacharrantes fragmentos de películas ficticias- con bromas estilísticas merced a los usos cinematográficos de aquella época- y un sarcástico apunte sociopolítico. Trampantojos habituales de los Coen como la inserción de elementos sin ninguna relevancia real en la trama o personajes más bien anecdóticos pero que no dejan indiferente a nadie también aparecen en una película disfrutable y deliciosa que es sobre todo un chiste cinéfilo de lujo.  

viernes, febrero 26, 2016

CAROL






***y 1/2

Una muestra de cómo el trabajo de dos actrices puede aumentar la calidad de una película en gran medida. Cate Blanchet y la cada vez más en alza Rooney Mara consiguen sendas excelentes interpretaciones en esta cuidada adaptación la novela de Patricia Highsmith (alejada aquí del género del thriller) El Precio de la Sal publicada bajo pseudónimo en 1952 y que constituyó una pionera aproximación al mundo del lesbianismo en la literatura norteamericana. Todd Haynes (Velvet Goldmine, I´m not There) ofrece una película bien estructurada y narrada que no cae en los tópicos del cine gay y que se escora decididamente por el melodrama con tintes dramáticos y levemente intimistas para mostrar una historia de amor completamente prohibida en un tiempo (años 50 del siglo XX) en el que la homosexualidad era un tema tabú. Therese, una joven dependienta de unos grandes almacenes con ambiciones de convertirse en una fotógrafa profesional conoce a Carol, una clienta ama de casa cuarentañera en proceso de divorcio y con una hija pequeña, en la que ve algo especial. Pronto Therese tendrá en Carol una vía de escape de un mundo mediocre  en el que no se siente realizada y Carol tendrá en Therese una oportunidad para dejar atrás su vida anterior y poder por fin dejar patente su condición de lesbiana, algo ya conocido por su marido. Con las consabidas dificultades, la pareja inicia una relación en una América llena de prejuicios y que parece moverse en esta historia entre los valores más tradicionales y el nuevo impulso que supuso en los 50 la irrupción de jóvenes artistas y creadores adscritos a la generación beat y la pronta explosión en al década siguiente de diferentes movimientos sociales en defensa de los derechos civiles.

El tono entre melodramático y romántico no resulta en absoluto pasteloso debido a que lo más notable de al historia en la extraña y esquiva dialéctica entre las dos protagonistas, una idealista pero inocente e insegura y la otra sin prejuicios y dispuesta en dar pasos por muy descabellados que se consideren pero vulnerable y poco condescendiente. Puede que el filme en algunos momentos pierda el ritmo y que se echen en falta más detalles en la historia, pero la película prácticamente funciona en todo momento. Sin estridencias, una bastante buena película.