domingo, julio 17, 2016

MI AMIGO EL GIGANTE (THE BFG)





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Ha sido una buena idea celebrar cinematográficamente hablando el centenario del nacimiento del escritor Roald Dahl con una adaptación de uno de sus clásicos infantiles dirigida por Steven Spielberg, un director que podría haber dirigido más de una adaptación del escritor británico creador de obras como Charlie y la Fábrica de Chocolate, Mathilda o James y el Melocotón Gigante. Pese a que gran parte de la obra de Dahl ya había sido llevada al cine (Charlie y la Fábrica en dos ocasiones con la primera de ellas - Un Mundo de Fantasía (1971)- convertida en un clásico del cine familiar) la novela conocida en castellano como El Gran Gigante Bonachón (The BFG) nunca antes había tenido una adaptación para la pantalla grande. Spielberg, que últimamente atraviesa la etapa hiperactiva que le toca cada x tiempo, ha encontrado una buena excusa para volver a adentrarse en el cine para todos los públicos -especialmente dirigido a los más pequeños- y lo ha hecho si bien de una manera no excesivamente brillante ni memorable si enormemente sutil y efectiva. Aquí lo importante no era presentar una grande -aunque sencilla- historia al estilo E.T, sino tratar de recuperar ese espíritu infantil, emotivo e inocentemente humano no exento de sentido de la épica y el espectáculo que caracterizó su cine en sus comienzos: se puede decir que lo ha conseguido en parte aunque sin aquel elemento entrañable y artesano de antaño, tal vez por que el director ya es casi un septagenario curtido en mil batallas que dirige con los ojos cerrados y se cuenta con el apoyo de los más modernos efectos especiales digitales impensables hace unas décadas, a parte de que pese a lo adecuado del material de partida para estos menesteres creado por Roald Dahl la historia, tan bizarra, hiperbólica y con su punto cruel como casi toda la obra infantil del autor, no es para tirar cohetes. Es, eso si, un bello canto a la amistad y un himno al poder de los sueños y de la ilusión frente a aquellos que tratan de destruirla, que Spielberg ha entendido a la perfección. Con escenarios generados en su mayoría por ordenador y algunos personajes mixtura entre imagen real motion capture y recreación digital, Mi Amigo el Gigante sabe plasmar en imágenes la esencia de un cuento de hadas contemporáneo- el libro original fue escrito en 1982- deudor de los cuentos clásicos de los Grimm o Perraul, tal y como le gustaba a Dahl, y consigue avanzar en todo momento como historia infantil, pero su un tanto excesiva supeditación al aspecto formal- las imágenes son realmente bellas- y la simplicidad de la historia pueden resultar algo insuficiente y cansino el público adulto.

Es notable la cierta influencia de E.T en esta película y no en vano el guión adaptado lo firma Melissa Mathisson, que se reencontró 13 años después con Spielberg tras  haber escrito el libreto de la inmortal historia del extraterrestre perdido en la tierra aunque poco después del rodaje la guionista falleciese: la amistad entre un niño (en este caso una niña) y una criatura monstruosa pero bondadosa (en este caso un viejo gigante) es un canto al entendimiento y a la eliminación de barreras cuyo mensaje debe calar en los más pequeños. El británico Mark Rylance (oscarizado por El Puente de los Espías a las ordenes de Spielberg) convenientemente modificado por ordenador hace una conmovedora composición del gigante del título mientras que la pequeña Ruby Barnhill está excelente como Sofía, una huérfana británica que encuentra en el gigante vegetariano recolector de sueños que almacena en botes de cristal un aliado inesperado en un mundo devorado por la falta de ilusión y la mediocridad y ante la amenaza del miedo exterior, representado por la horda de gigantes comeniños que habitan el País de los Gigantes junto con el protagonista al cual maltratan por ser diferente a ellos. Momentos divertidos (curiosas las escenas en el palacio de Buckingham) e inteligentemente logrados aunque faltos de cierta emotividad abundan en una película que es una buena opción para llevar a las criaturas esta verano

martes, julio 12, 2016

ESPERANDO AL REY ( A HOLOGRAM FOR THE KING)





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La presencia de Tom Hanks tal vez haga pensar a muchos que estamos ante una ambiciosa producción, pero este drama con trasfondo psicológico es en realidad un filme que inspirado en una novela de éxito (Un holograma para el rey, de Dave Eggers) persigue plasmar con fidelidad una historia que refleja de manera sintetizada y casi simbólica las miserias de la sociedad actual desde el punto de vista social, cultural (en este caso los consabidos contrastes culturales entre el mundo occidental y el mundo árabe)  y especialmente económico, fijándose en este punto en el mundo de las grandes corporaciones. En fin, una cierta crítica al globalismo pero sobre todo a su nefasta influencia en las personas, con un personaje central que vive una profunda crisis personal que de algún modo es un reflejo de la crisis de valores actuales. El alemán Tom Tykwer, un director especializado en adaptaciones de novelas de escasamente fácil adaptación, se esfuerza notablemente en este filme pero no evita una sensación de irregularidad. 

Tom Hanks vuelve a interpretar con su consabida solvencia el papel que todo el mundo espera de él, el de un hombre normal y corriente, en este caso el comercial de una importante compañía informática que  trata de cerrar un muy ambicioso negocio en Arabia Saudí tratando de vender al monarca de dicho país un sistema de comunicación por hologramas. Tras de sí arrastra también un divorcio, una difícil relación con su hija universitaria, problemas de salud, un fracaso en una anterior compañía y en general una sensación de ser un hombre acabado. No parece un desértico país un entorno propicio para enderezar las cosas, al menos a priori. La historia, interesente en su mayor parte tiene demasiados altibajos especialmente a partir de la segunda mitad, cuando un tono romántico mil veces visto empieza a aparecer provocando grietas en unos cimientos cinematográficos que más o menos se habían mostrado sólidos hasta el momento. En efecto, la película logra muy bien esa sensación de forzada interculturalidad abocada en realidad (a tenor de lo que vemos) al desencuentro mediante la presentación de escenarios rebuscados, situaciones al borde del absurdo pero en realidad dramáticas y una creíble proliferación de personajes significativos, ayudado todo por un inteligente recurso al flash back y ciertos elementos propios de narraciones fantásticas en donde los sueños del protagonista se confunden con la realidad. La sombra de Kafka esta presente en esta película (especialmente su cierta similitud en algunos aspectos con El Castillo) pero también es cierto que se ve que Tom Tykwer, un director arriesgado, en esta ocasión peca de conservador y termina aplanando la película hasta caer en lo predecible. Tal vez esta haya sido una ocasión perdida de hacer una gran película, pero tal y como no desmerece nada la pena.     

martes, julio 05, 2016

TODOS QUEREMOS ALGO (EVERYBODY WANTS SOME!)






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Richard Linklater es un director que sabe ofrecer películas cada una de temática variada que ya bien desde una vertiente independiente (como en este caso) o con el respaldo de grandes estudios siempre tienen una impronta dentro de tal o cual género que las hace extrañamente singlares. Después de haber firmado con Boyhood (2014) su obra maestra, el realizador, ya un cineasta en estado de madurez, sorprende con una comedia con tintes dramáticos que como ya hiciera con Movida del 76 (Dazed and Confused) (1993) uno de sus primeros filmes, plantea un ejercicio de nostalgia ambientando la historia en el pasado reciente y haciendo de esto el espíritu del filme , en esta ocasión en septiembre de 1980, aunque, eso si, sin quedarse en la mera recreación retro apta principalmente para quienes vivieron dichas épocas que tanto se estila últimamente en la ficción audiovisual. Everybody Wants Some! Al igual que Dazed and Confused plantea la influencia de los usos, costumbres y sobre todo los ideales de una década concreta en la consciencia de la juventud de dicho momento, en este filme personificada en un grupo de universitarios masculinos a tres días de comenzar el curso académico. Con la circunstancia de que estos muchachos son los miembros del equipo de béisbol de su universidad- no olvidemos que ser deportista en las universidades yankis confiere un estatus especial a los estudiantes ya que se puede decir que ni tan siquiera están obligados a estudiar- y de que al testosterona fluye por los cuatro costados en su chalet compartido no lejano al campus, lo más fácil sería pensar en que el filme estuviese centrado en avatares amoroso-sexuales del grupete, pero si bien esto aparece (ligoteos varios en diferentes ambientes filmados por cierto con una veracidad y un cierto poso simbólico que es la bomba) aquí lo más importante es el proceso de búsqueda de si mismo del personaje destacado dentro de un reparto coral, el novato Jake (Blake Jenner) un chaval que al principio se esfuerza por integrarse con sus nuevos compañeros de equipo-uni y amigos tratándose de adaptar más bien torpemente (aunque finalmente con éxito) a todo un universo comportamental y más o menos cultural y después decidiendo que lo mejor es expandir ese un tanto desmañado y simple universo en el preciso momento que cree encontrar a la mujer de su vida, aún  a costa de temer perder su recién ganada posición y reputación dentro del colectivo. Es este filme por ello una historia de maduración a pequeña escala que no obstante no se queda solo en ello e indaga de una manera curiosa las relaciones interpersonales y los anhelos de la juventud, universales e inamovibles en todas las épocas.

La película combina magistralmente todos los elementos esperables en una comedia coral (gags ingeniosos, diálogos muy trabajados, situaciones desternillantes, algunos personajes muy cómicos) con un poso descreído y amargo que pone énfasis en lo lerda que aún era la peña a principios de los 80 sobre todo en el tema de las relaciones de pareja y en el reparto de roles masculinos y femeninos, haciendo por ello un ejercicio de curiosa presentación de amor-odio a una época del siglo XX  donde la necesidad de encasillamiento (tribus urbanas) era fundamental en el proceso de encontrarse a uno mismo aunque sea solo de cara al exterior. Una curiosa fotografía más videoclipera que ochentera firmada por Shane F. Kelly (el mismo de Boyhood) y una banda sonora con temas históricos de The Knack, Blondie, Devo, Queen y varios hits de la era Disco realzan esta perfectamente ambientada cinta que una vez más señala que la nostalgia en el cine puede ser viable si es bien trabajada.

jueves, junio 30, 2016

EL ÍDOLO (THE PROGRAM)






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Durante la década de 2000 se estuvo considerando seriamente llevar a las pantallas la vida y triunfos deportivos de Lance Armstrong, ciclista norteamericano que entre 1999 y 2005 consiguió siete Tours de Francia consecutivos tras superar un cáncer de testículos, pero años tras confirmarse años más tarde lo que todo el mundo sospechaba (Armstrong ganó sus tours gracias un sofisticado sistema de doping en el que participaban todos los miembros de su equipo) el que se había convertido en el gran héroe deportivo de los últimos años pasó a ser considerado un sucio tramposo y lógicamente cualquier proyecto de biopic deportivo de superación se fue al guano. Pero obviamente la historia del personaje no solo no ha perdido interés, sino que su azarosa vida y la sórdida verdad que se escondía tras su gloria han reforzado la magnitud de atracción del material dramático para relatar la historia del ciclista tejano y con ropajes de crónica de traición, de lucha desmedida por el éxito, de ambición y codicia sin límites y de ascenso y caída se presenta este inteligente filme anglofrancés dirigido con oficio y con mucha mala uva por el versátil veterano Stephen Frears (Mi Hermosa Lavandería, Las Amistades Peligrosas, Alta Fidelidad, The Queen) que se centra con minuciosidad en todos los engranajes y todos los movimientos que tuvo que efectuar el ciclista para conseguir el mejor método de doping posible (EPO en este caso) y con ello lograr sus triunfos en la ronda ciclista francesa, y como su condición de mentiroso y tramposo -con una oportuna coartada de triunfo del espíritu de superación tras dejar atrás una grave enfermedad- condicionó su relación con el mundo del ciclismo y con la opinión pública. Basado en del libro de periodista británico David Walsh que destapó el caso a principios de los 2010- y que aparece como personaje en este filme encarnado por Chris O´Doud- The Program tiene efectivamente cierta inspiración periodística en realidad engañosa y parece está más centrada en los avatares médicos y deportivos de la carrera de Lance Armstrong que en su vida personal (por ejemplo, no se menciona su relación con la cantante Sheryl Crow poco antes de su retirada definitiva del deporte así como la mayor parte de los aspectos más humanos sobre el personaje)  aunque en realidad esto solo sea un trampantojo semisimbólico para mostrar una especie de perverso grandgiñol donde un sórdido y dramático relato real se torna en una farsa-parodia involuntaria por el verdaderamente grueso trazo del asunto de un doping efectuado en plan casi yonky de barrio: es por ello que el tono semi-cacricaturesco y cierta aproximación a la tragicomedia presiden el desarrollo de la historia sin que por ello se reste credibilidad a una historia bastante conocida.

Ben Foster interpreta más que correctamente a un Lance Armstrong presentado como una persona convencida de que estaba haciendo lo correcto en todo momento y que no dudaba en doparse con todo su equipo (el US Postal) con EPO y trasfusiones de sangre en una época en la que el doping era generalizado en todo el pelotón ciclista y en donde existía una total permisividad por parte de las autoridades del este deporte y de sus servicios médicos, verdaderos instigadores de esta práctica. En este sentido, el personaje del médico Michele Ferrari (Gillaume Canet) aparece en esta película como un auténtico histriónico mad doctor dispuesto a experimentar hasta el límite con el ser humano. Y la caracterización a trazo grueso y pelín caricaturizada en los personajes no termina allí, el también ciclista americano Floyd Landis (Jesse Plemons) parece el contrapunto reflexivo, tradicionalista y “piadoso” (el ciclista profesa el menonismo) de Armstrong, mientras que el periodista Walsh figura tanto como cronista parcial como justiciero de todo el embolado. Por lo demás, se puede decir que el filme triunfa en su aparentemente casi inabarcable sucesión de escenarios y ambientes distintos (puede que todo el tema médico resulte a veces algo ininteligible para no conocedores de la materia) y en reproducir las míticas etapas del Tour en las que Armstrong forjó su falsa leyenda, todo con profusión de detalles incluidas equitaciones oficiales de todos los equipos con la publicidad de sus casas comerciales. Y por supuesto, todo el caso Armstrong fluye impecablemente gracias a un director con oficio y una historia trabajada y muy bien contada aunque a fin de cuentas la película no sea una obra maestra.   

lunes, junio 20, 2016

CAPITÁN KÓBLIC






La sombra del western como género cinematográfico es alargada y ni tan siquiera el paso del tiempo- ya estamos a décadas y décadas de distancia de su época dorada dentro del cine- parece disminuir su influencia y magisterio en el séptimo arte aunque sea traspasando las coordenadas espacio-temporales propias del Far West. En ese sentido, la producción argentino-española Capitán Kóblic ha encontrado en el western su clave estilística para efectuar un filme cuyo principal propósito es el de la denuncia histórica, y una vez más del oscuro pasado de Argentina en la época de la dictadura de la Junta Militar (1976-1983), una terrorífica etapa de la historia del país del cono sur que sigue dando material dramático de primer orden y no es para menos. Sebastián Boreznstein dirige con pulso impecable este drama-western contemporáneo en donde la figura del forastero de desconocido pasado/malhechor redimido que termina convulsionando la vida en su nuevo lugar de residencia es el elemento catalizador en una historia de arrepentimiento, conciencia atormentada, celos, rencillas, amor prohibido, violencia y en definitiva todo el salvajismo, la sinrazón y la barbarie que trajo consigo la dictadura militar en Argentina incluso en la vida cotidiana de las personas, algo que por cierto resuena en los parámetros argumentales y estilísticos del salvaje oeste especialmente en las históricas (re)creaciones europeas del género con Sergio Leone (una influencia fundamental en este filme) a la cabeza.   


Tomás Kóblic (Ricardo Darín, excelente como siempre), un piloto aéreo militar, da parar en una aldea rural con el fin de olvidar su participación como piloto en los “vuelos de la muerte”, unos vuelos en los que el gobierno dictatorial asesinaba a detenidos y presos políticos arrojándoles al océano. Remordido a todas horas por su conciencia, Kóblic esconde su pasado trabajando como piloto de fumigación -aunque sin apenas actividad- con la avioneta de un amigo residente en el lugar que se presta a mantener su secreto y su condición de desertor. No obstante, pronto la situación empezará a complicarse. Con diálogos escuetos pero certeros y una imponente pero inquietante dialéctica entre los diversos personajes en donde Kóblic parece enrarecerlo todo con su forzada presencia, la película apuesta por contener el drama –presentado de una manera simbólica y mas bien centrado en las vivencias interiores de su protagonista-  y focalizar con acierto las relaciones entre los personajes, con Kóblic tratando a toda costa de ocultar su secreto. En ese sentido las interpretaciones son más que de recibo, destacando también a una Inma Cuesta (que aporta la participación española)  que resulta creíble como una despechada mujer argentina de provincias y además con un perfecto acento. Puede que varios momentos del filme resulten forzados así como están de más algunos efectismos especialmente en los últimos compases. Pero esta claro que cualquier crónica de denuncia de la dictadura de la Junta Militar siempre será bien recibida, especialmente cuando se hacen películas tan esforzadas como esta.

martes, junio 14, 2016

UN DOCTOR EN LA CAMPIÑA (MÉDICIN DE CAMPAGNE)




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Cumple con creces este sólido aunque tal vez algo previsible drama francés con insertos de comedio que firma Thomas Lilti un director que ya ha tocado anteriormente el tema médico (Hipócrates, 2014) al igual que en este filme. Entre el costumbrismo y el dramón de personajes (aunque algo contenido) la película se sustenta en sus dos eficientes protagonistas, el siempre excelente François Cluzet, que desde Intocable parece haberse abonado a personajes en situaciones desesperadas, y Marianne Denicourt. Ambos encarnan a las dos caras de una misma profesión, él, Jean Pierre, el médico rural de toda la vida en una zona del norte de Francia que repentinamente precisa de ayuda en su trabajo a causa del cáncer que padece, y ella, Nathalie, una médica de vocación tardía que quiere huir de la rutina del trabajo hospitalario con su nuevo empelo, a priori más estimulante y dinámico por la oportunidad de desplazarse y conocer a gente diferente entre los habitantes de los pueblos. Pronto las diferencias entre ambos y su manera de ver el ejercicio de la medicina en un entorno rural acotado -en el que Jean Pierre está acostumbrado a actuar según su criterio- se harán irreconciliables. No obstante, entre ambos no tardará en surgir una necesaria alianza, sobre todo cuando Jean Pierre se da cuenta de que las cosas no volverán a ser lo mismo y cuando Nathalie ve la necesidad irremediable de aprender de Jean Pierre, una persona que se ha ganado a pulso el cariño de sus pacientes.

Con un ritmo narrativo conciso y un tono amable sin caer en lo edulcorado, la película tal vez peca de poco arriesgada y de perderse en situaciones no terminadas y en personajes que podían dar mucho más de si (la galería de secundarios, habitantes del pueblo cada uno con sus problemas, es de recibo), pero el excelente trabajo interpretativo de sus protagonistas consigue focalizar la película y al final el espectador se queda con un muy buen sabor de boca. Resulta también algo forzado todo lo relativo a la enfermedad de Jean Pierre (tópicos demasiado vistos) y lo poco convincente que funcionan algunos momentos supuestamente de comedia, aunque a la hora de al verdad todo esto influya más bien poco en el resultado final en una película agradable y honesta.

miércoles, junio 08, 2016

ACANTILADO






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Interesante punto de partida, factura técnica más que correcta, interpretaciones esforzadas, un loable esfuerzo por equilibrar diferentes géneros… pero al fin y al cabo una película que falla en su intento de crear un thriller dramático creíble. Partiendo de la novela de Lucía Etxeberria El Contenido del Silencio, Helena Taberna (Yoyes, La Buena Nueva) trata de hilar una un tanto confusa historia en donde el thriller y el cine negro terminan empapados por el melodrama intimista y la crítica social y humanística con pinceladas de supuestamente cine fantástico escorado a la vertiente sobrenatural. Con ciertas concomitancias con recientes grandes aciertos del cine español como Magical Girl en cuanto a una tendencia por dejar sin explicar cuestiones clave (que al contrario que en aquella película en este caso pistas hay muy pocas y enormemente confusas) la película puede resultar atractiva en su principal logro que es el de conseguir que todo un escenario natural (en este caso la isla de Gran Canaria) aporte toda su esencia para empapar a la historia y a los personajes, bien desde su aspecto enigmático y más o menos esotérico como el de la propia idiosincrasia de su paisaje. Con el tema de las sectas y su influencia en los espíritus más débiles y vulnerables como telón de fondo, Acantilado bien puede parecer en un primer momento una crítica feroz contra las sectas y su afán por engaña y destruir a la gente, ero su finalidad real no parece querer mostrarse como correspondería a una buena película y al final el resultado termina lastrado por ese motivo.

Tres personajes centrales mueven la historia; por una parte Cordelia (Ingrid García Jonson) una joven vasca confusa, asustada y sensible que termina en Gran Canaria huyendo de su hermano en donde encuentra primero el amor con su compañera de piso Helena (Juana Acosta) y después la felicidad que siempre le había faltado en forma de una inquietante secta cultivadora de sus propios alimentos y de la meditación; Gabriel (Daniel Grao), el hermano de Cordelia, un exitoso fiscal que lleva años sin ver a su hermana; y la teniente Yaiza Santana (Goya Toledo) una policía que desde hace tiempo lleva siguiendo a la secta aún a costa de arriesgarlo todo. La muerte de varios miembros del culto al suicidarse colectivamente y la desaparición de Cordelia desencadenará un torrente de emociones, recuerdos y misteriosos mensajes todo con los secretos y enigmas de los personajes como telón de fondo. Aunque como thriller la película se puede decir que funciona medianamente los altibajos en la narración son constantes y no se logra atinar en el elemento dramático debido al hecho de representar la relación entre los dos hermanos como una incógnita que el espectador tiene que despejar sin casi ninguna pista y con elementos contradictorios. No obstante, puede que el filme haga cierta carrera internacional por lo a priori atractivo de su propuesta. Otro intento fallido en el cine español de hacer una película que se salga de las coordenadas de lo previsible

martes, mayo 31, 2016

EL HOMBRE PERFECTO (UN HOMME IDEAL)







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Mentiras y fabulación. ¿Son en realidad lo mismo? Esto es más o menos lo que viene a plantear como idea central esta más que atinada cinta francesa rodada con oficio y efectividad por Yann Gozlan, una película que hace pensar sobre bastantes temas  y que no da tregua emocional al espectador a causa de su presentación de un cúmulo de situaciones límite (físicas y emocionales) en medio de una trama más bien rocambolesca en donde no falta cierto tono de fábula moral y de cuento perverso realista tomando como referencia algo tan sugerente como la metaficción.  Un Homme Ideal  comienzo como drama social y en medio de tímidos insertos de comedia se va transformando en un melodrama para terminar inesperadamente convertido en un thriller no exento de siniestros y poco edificantes aspectos psicológicos. Con una cuidada puesta en escena puramente francesa escorada a una engañosa comercialidad anglosajona (vamos a ver cuanto tiempo tardan en Hollywood en hacer un remake), el filme parece beber de fuentes tan dispares como Hitchcock, David Lynch, Kubrick, Eric Rohmer o Patricia Highsmith (su protagonista parece en ciertos aspectos un trasunto de Tom Ripley) pero sin carecer de una marcada personalidad propia basada casi totalmente en un guión sólido y espectacular.

Pierre Ninney, uno de los actores europeos más prometedores actualmente, consigue una más que excelente interpretación del joven antihéroe protagonista de esta historia, un muchacho hecho así mismo a través de un hecho fortuito que conlleva una total mentira con la que engaña a todo el mundo pero con la que consigue crearse para si mismo el personaje de un triunfador que fraudulentamente parece haberlo consigo todo antes de cumplir los 30 años. El es Mathieu, un trabajador de una empresa de mudanzas cuya ambición es la de convertirse en escritor, pero sus novelas son rechazadas una y otra vez por las editoriales hasta que descubre en la vivienda de un solitario anciano recién fallecido un diario que cuenta con enorme calidad literaria sus terribles vivencias en la guerra de Argelia a finales de los 50, y ni corto ni perezoso la envía a una editorial como obra suya. Mathieu tardará poco en convertirse en un afamado escritor, en conquistar a la mujer de sus sueños y en vivir rodeado de lujo, pero ¿hasta cuando podrá durar esa máscara, ese engaño?  El buen trabajo de Ninney hace que sigamos con pasión los avatares psicológicos y emocionales del protagonista en conservar su recién conquistada nueva vida mientras no dejamos de plantearnos inquietantes preguntas en el proceso, sobre la línea que separa lo real de lo creado. En resumidas cuentas, un trabajo narrativo y cinematográfico encomiable  en donde tal vez se flojea en un final más bien poco creíble en cuanto que el destino del protagonista parece demasiado ambiguo. Para todos aquellos que suelen prejuzgar burdamente el cine francés.  

sábado, mayo 28, 2016

MADAME BOVARY



 
** y 1/2

Las adaptaciones de clásicos universales de la literatura siempre son bienvenidas en estos tiempos que corren de mensajes simplificados en watsapps, twitts y faltas de ortografía hasta en los medios de comunicación. Madame Bovary, una de las novelas quintaesenciales del realismo literario del siglo XIX se encuentra con una nueva traslación a la pantalla grande desde luego no tan memorable como la de Vincent eMinnelli en 1949 con Jennifer Jones o el más que atinado pastiche de la historia que hizo David Lean en 1970 con Ryan´s Daughter  Esta es una producción británico-belga modesta pero sumamente cuidada en su ambientación sustentada en buenas interpretaciones y por supuesto en el poder dramático que aún sigue irradiando su inmortal historia. Así, pese a que la película consigue transmitir el espíritu de la historia de Emma Bovary -la mujer desesperada por lo anodino de su matrimonio concertado y que pese a los beneficios materiales que este le trae decide dar rienda suelta a sus sentimientos y a su pasión iniciando relaciones extramatrimoniales para alcanzar la felicidad de su espíritu y huir de los convencionalismos y de las restricciones de la época para una mujer casada- se nota un excesivo encorsertamiento  formal y una sensación de que la adaptación se ha hecho con tiralíneas y sin desde luego la pasión que requería el relato. Se eliminan varios pasajes y tramas de la novela de Gustave Flaubert aunque esto no es lo peor, lo más decepcionante es ver como momentos clave de la historia están tratados de una manera que pasan totalmente desapercibidos.

No se puede reprochar mucho a la cada vez más sólida actriz Mia Wasikowska- que parece hacer de personajes literarios legendarios del siglo XIX su especialidad- quien compone una Emma Bovary más que correcta, y tampoco el resto del reparto se encuentra desentonado. El asunto es que se ha hecho una adaptación rutinaria y muy poco estimulante pese a su más que evidente corrección formal y eso únicamente conduce a realizar una película olvidable en poco tiempo. Lo mejor será seguir leyendo el libro.