jueves, abril 05, 2018

READY PLAYER ONE




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Un homenaje al cine de evasión-espectáculo, esto es lo que ofrece el último filme de Steven Spielberg al que le toca ahora la racha de películas prácticamente seguidas a la que suele recurrir cada cierto tiempo estrenando Ready Player One sólo unos pocos meses después de Los Papeles del Pentágono y dejando constancia una vez más de su variedad de registros temáticos pues nada tiene que ver un filme con el otro. En esta ocasión, adaptando una novela de ciencia ficción de Ernest Cline de 2011 que ha sido uno de los últimos fenómenos editoriales en el género, el Rey Midas hollywoodiense hace resurgir su vena de narrador de historias épico-fantásticas trufadas de efectos especiales con un relato que en la novela original- y en este filme- es un homenaje a la cultura pop de los años 80 aún estando ambientada en un futuro distópico. Plagada de referencias a películas, canciones, videojuegos, series de TV, juguetes, libros y otros objetos de los 80 (aunque también de los 70 y 90) presentes durante todo el metraje- son tantas que algunas pueden pasar desapercibidas- esta película podría entrar en la últimamente tan abundante categoría de producto nostálgico ochentero  pero consigue sin duda ir mucho más allá y teje una perfecta y esforzada muestra de cine-entretenimiento hecha con cabeza con vistas puestas tanto en la crítica como en el público que no sólo juega como nadie con los múltiples referentes del entretenimiento que presenta sino que también consigue atrapar al espectador en su asiento con dosis de emoción, adrenalina, aventura, tensión y suspense, como el buen cine de evasión de toda la vida. Y todo ello con sentido del humor y tomándose a su misma lo justamente (pero bastante) en serio que puede tomarse un filme de estas características.

En realidad, la historia es más bien simple y con una estructura vista en mil y un  productos de ficción, pero el astuto guión que adapta la novela firmado por el propio Cline y Zak Penn consigue elevarlo todo a la máxima potencia que la premisa lo permite ayudada por una espectacular puesta en escena y efectos especiales digitales en su mayoría de Motion Capture que no resultan en absoluto fatigosos como en otras películas llenas de imagen digital, que en este caso es más de la mitad del filme. Nos encontramos en el año 2045 en un planeta tierra empobrecido y sin esperanza en donde las personas viven hacinadas en mastodónticos conglomerados de viviendas ruinosas; el principal entretenimiento de la población y su única vía de escape de la desasosegante realidad es un alucinante juego de realidad virtual llamado Oasis, que permite vivir en un mundo irreal mediante avatares fantásticos de los jugadores en donde se lucha y compite por los típicos objetivos de los videojuegos solo que esta vez de manera sofisticada y casi realista.  En Columbus, Ohio, el adolescente Wade Watts (Tye Sheridan), cuyo avatar Percival se hecho celebre por sus hazañas, está decidido a  encontrar la llevar a cabo prueba que uno de los creadores del juego, James Halliday (Mark Rylance) ha dejado tras su muerte: encontrar un easter egg en el mundo de Oasis que supondrá la propiedad de la empresa al ganador. Además de Wade/Percival, el resto de infinidad de jugadores entrarán en la competición así como la compañía IOI liderada por su maquiavélico presidente Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn) cuya finalidad con Oasis no parece nada clara. La irrupción en la búsqueda del avatar Art3mis (Olivia Cooke) pronto empieza a clarificar las cosas y la misión se convierte en una peligrosa y emocionante aventura en mundos virtuales.

Como espectáculo visual, Ready Player One es apabullante pero siempre dejando pinceladas de humanidad y romanticismo que pueden resultar en algún momento cargantes (en el más puro estilo Spielberg) pero que en ningún momento descentran el sentido del filme, que se esfuerza por mandar un épico mensaje de rebelión de las clases populares contra los poderosos y las grandes corporaciones. Entre los múltiples homenajes pop que se hacen destacan el de El  Resplandor y las referencias a los primeros videojuegos arcade como el mítico Adventure. Además de una banda sonora con clásicos del pop rock de los 70 y 80, personajes y objetos de mil pelis, cómics, juegos o libros hacen su cameo de rigor de algún modo gracias a la recurrente operación de compra masiva de derechos tal y como se hizo en una película producida por Steven Spielberg, Quien engañó a Roger Rabbitt (de bastantes referencias no se pudieron conseguir los derechos en este caso) aunque si hay un referente claro por las características de la premisa del argumento este es la novela Charlie y la Fábrica de Chocolate de Roald Dahl en donde James Hallyday viene a ser un cibertrasunto del legendario Willy Wonka. Hay que liberarse de prejuicios para ver y disfrutar este filme, toda una oda a la época dorada del entretenimiento popular (si, fueron los 80) y que además  pone de manifiesto que el sentido de la aventura y el espectáculo si son sabiamente manejados siempre traen sublimes momentos al séptimo arte.

viernes, marzo 30, 2018

EL VIAJE DE SUS VIDAS (THE LEISURE SEEKER)



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La importancia de los intérpretes principales en una película es algo crucial. Y es que posiblemente con actores de otro nivel o sencillamente diferentes tal vez estaríamos hablando de otra película a la hora de reseñar El viaje de sus vidas, una coproducción italo-americana que entre el drama y la comedia y con ropajes de road movie que cumple en su función de conmover al espectador de manera inteligente y con escasas concesiones a la sensiblería, todo gracias al excelente trabajo de Helen Mirren y Donald Sutherland. No se trata de una película excepcional, pero el despliegue interpretativo de ambos veteranos actores es sencillamente magistral.

Basada en una novela de Michael Zadoorian, el italiano Paolo Virzi presenta formalmente su candidatura a dirigir en Hollywood (aunque rodada en EEUU, en inglés y con reparto íntegramente anglosajón esta película tiene una producción mayormente italiana) con un filme que además recoge de manera más que correcta el espíritu de las road movies americanas (localizaciones de paisaje y paisanaje si bien no muy tópicas si tal vez demasiado vistas) con pareja protagonista en una historia con intríngulis y mensaje. John (Donald Sutherland) y Ella (Helen Mirren), un matrimonio de jubilados decide huir sin decir nada a sus hijos y sus amigos y conocidos con su autocaravana en un viaje sin rumbo definido y con al idea de pernoctar en campings y moteles. Ambos tratan de escapar del control de sus hijos y de los médicos y buscar una libertad desesperada pero insólitamente llena de ilusión al mismo tiempo en medio de una situación angustiosa: John parece de alzheimer y Ella tiene cáncer. Una serie de vivencias irán trayendo recuerdos, episodios olvidadazos o ignorados de la vida de ambos y una reafirmación de su propio amor. Pese que obviamente el componente melodramático en esta película es evidente, no se cae en ningún momento en lo fácil o efectista. Puede que sobren algunos momentos de indefinición de la historia o de mero relleno pero en su totalidad el filme convence. Al final, un mensaje de la importancia del trayecto vital que deja una sensación reconfortante.       

jueves, marzo 22, 2018

100 DIAS EN SOLEDAD





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El documental cinematográfico puede tener muchos estilos, finalidades, objetivos, orientaciones…Es un tipo de cine tan variado como la vida misma (porque de eso se trata, captar la realidad tal y como es) y tan rico y matizable como sus creadores quieren que llegue a ser. Con 100 días en soledad nos encontramos con un filme documental con una premisa atractiva de esas que pueden a traer a un importante número de espectadores por su orientación hacia la cotidianeidad desde un aspecto más bien insólito como es el de una selección de la filmación de 100 días seguidos de una persona viviendo apartada y aislada de todo en un entorno natural con recursos mínimos; pero también el hecho de que esas filmaciones se lleven a cabo con voluntad estético-paisajística y de documental de la naturaleza en un hermoso paraje natural de la península ibérica como es el parque natural de Redes en Asturias añade un punto de atractivo adicional debido a lo siempre fascinante que resultan este tipos de trabajos para el público. Es por ello que esta película al saber jugar muy bien con la plasmación de la grandiosidad de naturaleza y con la crónica real de superación además de ocuparse de otros palos como la relación entre el hombre y su entorno, tiene ingredientes de sobra para no defraudar y desde luego que no lo hace pese a que su propuesto a algunos les pueda parecer insípida o un tanto forzada.


El protagonista, codirector y promotor de este proyecto es José Díaz, un empresario asturiano de 50 años que decidió en 2016 poner a prueba su propia resistencia, tesón y autosuficiencia viviendo durante 100 días solo en una cabaña  en plena montaña del parque de Redes, sin móvil, radio, televisión o cualquier modo de comunicación electrónico, cultivando su propia comida y la proporcionada por animales de corral como las gallinas de su cabaña y algo de comida en conservas suministrada. Sin contacto con nadie, José, eso sí se acompaño de un sofisticado equipo de filmación en el que se incluía un dron con cámara para recoger las hermosas vistas aéreas del valle asturiano que vemos en la película. Al final de cada jornada José dejaba en un punto de recogida el disco duro de sus filmaciones que iba a ser montado por toda una luminaria del cine documental y de naturaleza de este país y codirector de este trabajo, Gerardo Olivares (Cantábrico, El Faro de las Orcas, Hermanos del Viento). El resultado es una película visualmente hermosa y muy sugerente en cuanto plasma con convicción la relación de José Díaz con el entorno natural en lo que fue un tour de force cuya significación humana se nos trasmite excepcionalmente. A ello ayuda que su protagonista, que en absoluto se quiere adueñar de la película, sabe transmitir con sus narraciones sobre sus vivencias y con sus silencios estados de ánimo singulares ante unas circunstancias insólitas. Pero lo que en realidad es principal protagonista en la película es la espectacularidad tanto de paisajes como la de las filmaciones de animales con los que José interactúa, reglando momentos entrañables y divertidos. El montaje de todo el material, a cargo de Olivares, es de recibo así como la esforzada banda sonora de Pablo Díaz, el hijo de José. Para amantes de la naturaleza y de documentales con mensaje          


sábado, marzo 17, 2018

BAJO LA PIEL DEL LOBO



 ** y 1/2

Es una pena que no hay salido bien del todo este esforzado y honesto film antropológico-naturalista presentado con un oportuno carácter minimalista en cuanto a diálogos y planteamiento de la historia. Samu Fuentes, un director curtido en documentales y en tareas de ayudante de dirección debuta en la ficción aportando apuntes interesantes aunque la película no logre finalmente llegar a cotas muy convincentes. Nos encontramos aquí con la bastante recurrida historia del hombre rudo y asilvestrado que vive aislado en la naturaleza y que en un momento dado tiene que sacar a relucir –inicialmente contra su voluntad- su lado más humano, en esta ocasión con una puesta en escena visualmente muy sugerente y en donde el paisaje natural cumple una función fundamental como la fuente vital de su protagonista, el hombre de las montañas Martinón (un engordado y convincente Mario Casas). El hecho de que la película se haya rodado en bonitos parajes de lugares tan distantes entre si como las montañas de Huesca y de Asturias da una idea del carácter universalista y aespacial de esta historia, que se podía haber desarrollado en cualquier otro punto de similares características 

A finales del siglo XIX Martinón, un cazador trampero que vive en una choza de las montañas cuyo núcleo de población más cercano y a donde él acude sólo en primavera es una pequeña aldea de escasos habitantes en la cual comercia con las pieles de los animales cazados, llega a la conclusión que necesita ayuda en sus quehaceres domésticos y accede a casarse por conveniencia con Pascuala (Ruth Díaz) la hija de uno de sus clientes como moneda de cambio por unas pieles. Martinón, que ya se desfogaba sexualmente con la mujer cada vez que bajaba al pueblo, no parece encontrar útil la compañía de Pascuala ni tampoco la de su hermana Adela (Irene Escolar), con la que se casará posteriormente. El conflicto entre ciertos brotes de humanidad de Martinón y su vocación por ser un ser libre y en cierto modo salvaje es lo que vertebra esta historia repleta de silencios y frases mínimas. Un conflicto que de algún modo tendrá que resolverse. En ese sentido, el guión- escrito por el propio director- prodiga en la relación entre Martinón y las mujeres mostrándonos un imposible de felicidad para ambas partes pero por diferentes motivos, aunque los altibajos de la historia y su parquedad narrativa finalmente no consigan transmitir un mensaje claro. Con elementos que recuerdan mucho a Montxo Armendariz o Manuel Gutierréz Aragón, Samu Fuentes muestra credenciales de que puede ser un gran director aunque en esta ocasión no le haya salido una película redonda.      

miércoles, marzo 14, 2018

EN LA SOMBRA (AUS DEM NICHTS)




 
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Cuando las películas se hacen bien hasta géneros tan plomíferos y previsibles como el cine “de juicios” pueden resultar apasionantes. Esto es lo que ha ocurrido con este filme alemán que fue nominado al Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, una excelente mixtura de thriller y drama psicológico (por supuesto con los procesos judiciales de fondo) que plantea todos los recovecos emocionales tanto del dolor por la desaparición como de la lucha por lo justo. El sentimiento de impotencia, la desesperación, la rabia y la defensa de la verdad aparecen reflejados en el personaje de Katja (Diane Kruger), una mujer a la que una bomba en el centro de Hamburgo, mata a su marido Nuri (Numan Acar) un ex traficante de drogas reformado tras su paso por prisión de origen kurdo y a su hijo de 9 años Rocco (Rafael Santana). Una pérdida que hará mella en una mujer demasiado frágil e insegura y que con el torrente de circunstancias vividas y sentimientos experimentados posteriormente parece verse abocada a una resolución traumática. Si bien esta película no plantea ningún debate como tal, parece claro que nos presenta las consecuencias extremas que puede tener una vivencia de tal tipo en el ser humano, llegando a decisiones impensables. 

El filme atesora un guión impecablemente estructurado y en donde es fácil empatizar con su protagonista, pese a tratarse de una joven llena de faltas y defectos que no llega a ser una verdadera heroína dentro de la historia pese a ser más que una luchadora. Con un enorme realismo a la hora de presentar los interrogatorios y la investigación policial así como todo lo concerniente al juicio a los acusados de matar a Nuri y Rocco, el filme sabe como manejar elementos casuales o circunstanciales para aumentar la veracidad de la historia - resultan prodigiosos muchos momentos del juicio- así como trata al espectador de una forma inteligente para hacerle partícipe de todo el proceso judicial siempre lográndole meter en la piel de Katja: pocas películas consiguen ese nivel de identificación en el manido marco de los tribunales. Y por supuesto, todo lo relacionado con la protagonista esta impecablemente dispuesto, claro que a ello ayuda mucho la excelente interpretación de Diane Kruger, una actriz todoterreno que ya ha intervenido en Hollywood en varias ocasiones (Troya, Malditos Bastardos) Los instantes finales del filme difieren significativamente del resto de al película tanto por su ubicación como  por su tratamiento, en una deliciosa mezcla de western y drama a la europea. Crítica social y política, drama puro y duro y sobre todo un estudio sobre sentimientos extremos desfilan por una película eficaz y muy recomendable.    

lunes, marzo 05, 2018

ERREMENTARI: EL HERREO Y EL DIABLO



 
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Un nuevo nombre que hay que apuntar: Paul Urkijo Alijo. Este joven realizador alavés nacido en Vitoria-Gasteiz en 1984 muestra muy buenas dotes para el género fantástico y un estilo visual que sin ser- por ahora- demasiado original dentro de las diferentes audacias del género que se nos vienen presentando en los últimos años (diseño de producción casi de ilustración fantástica, fotografía de paletas rebuscadas, postproducción digital para casi todo, efectos visuales de inteligente efectismo) parece digno de cineastas más curtidos. Tomando como referencia la mitología y la tradición oral vasca, concretamente una leyenda recogida por José Miguel Barandiaran, Erementari, rodada en euskera al igual que la triunfadora de los Goya Handia y con vocación de hacer una película que cale en el mercado internacional, Errementari sin ser nada del otro jueves es una película que cumple y con crecer su función de ofrecer entretenimiento y emociones más inteligentes que efectistas (algo que se agradece últimamente en el cine de género) con una historia fantaterrorífica de regusto de horror gótico con la consabida ambientación decimonónica, esta vez en el paisaje rural vasco inmediatamente posterior a la I Guerra Carlista. La historia del inquietante herrero Patxi, un hombre reclusivo del que se decía que había vendido su alma al diablo y cuya enorme  maldad salía a relucir cuando algún vecino de su aldea osaba entrar en sus territorios, no es que sea un relato complejo precisamente pero en su estructura narrativa de cuento oral terrorífico reside su curioso encanto. Con influencias cinematográficas y literarias  de Edgar Allan Poe, Wes Craven, Lovecraft, Terry Gillian y  Roger Corman la película sabe usar, aunque rutinariamente, recursos y temáticas más propios del cine fantástico más comercial sin que la credibilidad del filme disminuya, aunque, eso si, al final eso afecta a una irregularidad que se acrecenta en la segunda mitad del metraje.       

Una cuidada ambientación de época con abundante elemento etnológico (indumentarias y viviendas de los vascos de caserío de entonces), efectos especiales y de maquillaje vistosos y una fotografía estilizada y sugerente son bazas principales para una película que muchas veces termina por perder el tono especialmente cuando trata de agarrarse a referentes y lugares comunes del fantástico. Aunque al principio la historia parece un relato sobre la lucha entre la superstición y razón no tardamos en darnos cuenta que lo que se nos narra es una poco convincente crónica sobre los límites del bien y del mal con la sombra omnipresente del temor al infierno y sus demonios como elemento central. Kandido Uranga, que encarna al inquietante y ambiguo herrero es con mucho el mejor intérprete del filme, en donde el actor vasco del momento, Eneko Sagardoy encarna con un aparatoso (y perfectamente elaborado) maquillaje, histrionismo y algo de exceso a un patético y torpe diablo que ha sido aprisionado por el herrero tras fracasar en el propósito de llevarse su alma. Ramón Aguirre, Josean Bengoetxea y la niña Uma Bacaglia, que encarna a Usue un personaje infantil fundamental en el filme, son algunos de los intérpretes de la cinta en donde hay algún Cameo sorpresa. Película que anuncia un director interesante, aunque esta claro que eso no es garantía de nada           

viernes, marzo 02, 2018

THE FLORIDA PROJECT






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La pobreza en EEUU es algo que suele encender interés: ver el lado más desconocido y menos visualizado del país más poderoso del mundo desde luego que da que pensar y plantea muchas preguntas. Y aunque se nos muestre esa realidad por medio de una historia de ficción- que bien puede ser real- siempre estaremos ante un valioso documento sobre si se nos trata de ofrecer algo verista y honesto, como esta valiente e inteligente cinta dirigida de manera naturalista y casi documental por Sean Baker, un nuevo y sólido valor del cine independiente norteamericano. Una realidad, la de los habitantes de los moteles de las afueras de las ciudades, que viven en régimen de alquiler, que nos presenta no solo el otro lado del sueño americano sino la insuficiencia del ser humano para lograr la justicia en su sentido amplio. Un motel de Orlando cercano a Disneyworld- mostrando la paradoja de que a pocos kilómetros de un mundo idealizado paradigmático del estado de bienestar y de la felicidad- es el escenario en donde viven la joven madre soltera Halley (Bria Vinaite, una actriz primeriza no profesional descubierta por el director por sus fotos en Instagram) y su hija de seis años Moonee (Brooklynn Prince), a través de cuyos ojos vemos esta historia. Halley no tiene empleo, es inmadura e irresponsable y deja demasiadas libertades a su retoña, Moonee, que con su inocencia obvia el desolador panorama económico, familiar y de entorno y disfruta jugando con los niños de su edad de los apartamentos. El conserje del complejo, Bobby (Willem Dafoe, el rostro mainstream del filme) se desespera ante los panoramas con los que convive en el motel y en especial con Halley y Moonee, cuyas vidas terminan influenciando en la suya y en sus obligaciones hasta el punto de verse obligado a tomar cartas en el asunto.     

El filme se sustenta en una historia más formada de sucesivas situaciones y viñetas que de una narración puramente lineal aunque al final todo lleva a un esperable desenlace. Todo el elemento costumbrista esta excelentemente presentado así como diversos momentos cotidianos cada uno con su significación y su lectura más menos desalentadora y sin ahorrarse temas escabrosos. La interpretación de Brooklynn Prince y el resto de actores infantiles es sencillamente genial por su espontaneidad y su credibilidad con un mensaje claro: la alegría de la infancia casi nunca se pierde. Bria Vinaite consigue también encandilar en su primer papel y el resto del reparto- diferentes arquetipos de las clases trabajadoras más pobres americanas- transmite total credibilidad. El personaje de Dafoe merece mención aparte ya que representa el intento de sensatez en un panorama realmente complejo, una especie de justiciero de lo cotidiano. Realismo cinematográfico al cien por cien

martes, febrero 20, 2018

LA FORMA DEL AGUA (THE SHAPE OF WATER)




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Benicio del Toro ha demostrado lo que muchos negaban: que se puede hacer una obra maestra adscrita al género fantástico y siendo susceptible además de gustar y fascinar a un público no seguidor del estilo y todo combinando un componente autoral con elementos mainstream consiguiendo en definitiva un filme más que delicioso. Un emotivo y extraño cuento de hadas que bebe de diversas fuentes e influencias para ofrecer un mensaje de reivindicación de lo raro y lo diferente repleto de poesía y con un meticuloso y bien aprovechado uso de las imágenes consiguiendo un acabado plástico de curiosa belleza. Y es que Benicio del Toro no solo ha hecho su mejor película sino que ha conseguido un filme que está destinado a ser un clásico dentro del género fantástico que aunque es cierto que no se sustenta en una premisa original y que es más bien un inteligente pastiche-homenaje a diversos filmes y relatos de fantasía no es menos cierto que precisamente por su habilísima y trabajada hilbanación de referentes consigue ser un suntuoso homenaje a la imaginación. Con ropas de melodrama y de historia de amor casi imposible y ciertos elementos de thriller, resulta muy difícil no caerse rendido ante una película que sabe jugar con la sugestión y las reglas tradicionales de los cuentos para conseguir una historia con varios niveles de lectura capaz de convencer a públicos bien diferentes.     

Ambientada a principios de los años 50 en unos EEUU idílicos en apariencia pero con el (absurdamente) inquietante fantasma de la guerra fría de fondo, asistimos a la historia de amistad y amor entre Elisa (Sally Hawkins) una joven muda por extrañas circunstancias que se ha criado como huérfana y que trabaja como limpiadora en unos laboratorios del gobierno americano en Baltimore y una criatura marina capturada por el gobierno (Doug Jones, actor fetiche de del Toro abonado casi exclusivamente a las caracterizaciones monstruosas), que las instituciones mantienen en secreto sin saber que Elisa conoce su existencia. La mujer, una criatura inusual y peculiar a causa de su defecto pero sensible al mismo tiempo que decidida, parece no encajar en el mundo ni con la mayor parte de la gente, pero su amistad con el ser, que desembocará en otra cosa, la llevará a un cambio en la percepción de ella misma y de su capacidad de relación que llevará a alucinantes acontecimientos al mismo tiempo que la monstruosa criatura no tardará en mostrar una humanidad que sin llegar a ser completa (es incapaz de contener ciertos instintos) será la suficiente para conseguir lo que Elisa no había experimentado nunca: la felicidad. Giles (Richard Jenkis) un maduro vecino gay  que trabaja como ilustrador publicitario y Zelda (Octavia Spencer) compañera de trabajo afroamericana de Elisa sin pelos en la lengua serán los aliados de la joven en su protección de la criatura de las maquinaciones de Strickland (Richard Jenkis) un militar amoral pese a parecer un perfecto padre y esposo, al tiempo que el científico coordinador del proyecto de la criatura, el  Dr. Hosstletter (Michael Stuhlbarg) parece tener un secreto que terminará afectando al devenir de la historia.

El formalismo manierista, irreal e idealizado, propio de un cuento fantasioso, está conseguido con elementos temáticos y estéticos de los clásicos fantásticos de serie b de los 50, el Spielberg de E.T, el refinamiento conceptual europeo caricaturesco de Jeunet y Caro, el frikismo chic de Terry Gillian, la extravagancia romántica-fantástica de Tim Burton y un claro homenaje al espíritu idealizado del sueño americano buscado en el melodrama de Frank Capra y las ilustraciones de Norman Rockwell, aspectos estos últimos que sirven para hacer una sátira-denuncia a la hipocresía de los EEUU en los 60 presentando una imaginería americana superficial y de pega y en donde la intolerancia y los prejuicios (sociales, raciales, sexuales) eran pan de cada día en un país en realidad multicultural y multisocial. Emotividad y poesía (bello final) para rematarlo todo en una experiencia narrativa y cinematográfica de muchos kilates.

miércoles, febrero 14, 2018

DÉJATE LLEVAR (LASCIATI ANDARE)




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De la comedia italiana, tradicionalmente casi un género en si misma, siempre se espera lo mismo: optimismo, costumbrismo muy bien tratado, cierto histrionismo y algún rasgo típico de la idiosincrasia transalpina: sería muy simplista quedarse sólo en eso, de hecho en los últimos (pongamos treinta) años hemos asistido a un rango temático y estilístico en la comedia italiana que desmonta cualquier prejuicio fácil sobre lo falsamente repetitivo de este estilo en dicho país. No obstante películas como Lasciati andare demuestran que incluso descartando los clichés más manidos de la comedia italiana a lo Comencini o a lo Risi (o incluso a lo Fellini) y abrazando algunos estándares de la comedia norteamericana o incluso europea de otros países es imposible librarse al cien por cien - para bien, claro está- de esos encantadores rasgos que un día pusieron a Italia a la cabeza de la evasión cinematográfica de Europa. Y además, este inteligente aunque bastante irregular filme de Francesco Amato, logra aunque raspandamente su cometido de entretener al público con una historia tal vez no demasiado original pero si bien presentada y con su mensaje de entendimiento intergeneracional y de aceptación de las limitaciones personales bastante sugerente.  

La presencia como protagonista del cada vez más grande Toni Servillo (La Gran Belleza) es sin duda lo que da interés y salto de calidad a un filme que sin él podía haber sido otra cosa, el solito se come la película y hace entrañable el papel de Elia Venezia, un psicoanalista de Roma de cerca de 60 años, judío y cada vez más desencantado de su trabajo y de su vida que encuentra una nueva motivación con su entrenadora personal para mejorar su (descuidada) condición física, la treintañera española Claudia (Verónica Echegui), una mujer impetuosa, vitalista y algo inconsciente que siempre parece esconder algo más. La desastrosa vida personal de Elia, marcada por la convivencia forzosa con su ex mujer, parece ir por otro rumbo pero pronto se dará cuenta que Claudia también tiene un background bastante caótico que termina por afectarle de manera más bien disparatada. Momentos hilarantes y diálogos ingeniosos se suceden en una comedia sin grandes pretensiones y con escasos momentos memorables pero que se deja ver, siempre con cierto engañoso tonillo a lo Woody Allen que el buen hacer interpretativo de Servillo sabe llevar siempre a su terreno no cayendo en el mero pastiche. Verónica Echegui, bastante internacional últimamente, sabe llevar a su terreno su personaje con encanto pero sin grandes alardes. Una lástima que el final del filme, bastante caótico y malamente caricaturesco termina finalmente empañando muchos momentos de humor inteligente a lo largo del extraje. Por lo demás, una película para amantes de la comedia optimista y sobre todo de las genialidades interpretativas de Toni Servillo.