lunes, junio 28, 2010

El aparatito de Lumiere - VILLA AMALIA

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El drama en el cine no tiene por que ser siempre lo mismo, y una historia de abandono de la vida anterior y de retorno a un nuevo punto de partida, que podría ser del todo previsible (de hecho este tema en concreto es uno de los más tratados en cine y literatura) puede, por que no, ser original y estimulante. Esto es lo que ofrece este más que interesante filme francés, filmado por un director con oficio como Benoit Jacquot y protagonizado por uno de los rostros femeninos más internacionales de la interpretación gala, Isabelle Huppert. Villa Amalia es la crónica de una huida a al desesperada, la que emprende Anne, una concertista de piano en la cincuentena que tras descubrir que su pareja le es infiel y reencontrase por casualidad ese mismo día con un olvidado amigo de la infancia decide dejar atrás su vida anterior, empresa que le es extremadamente difícil y le obligará a llevar a cabo extravagantes acciones literalmente sobre la cuerda floja y tratando de esquivar un pasado que aparece y desaparece, va y viene, y siempre está presente. La huída a la nada, una solución un tanto cobarde, pronto empezará a brindar oportunidades y esperanzas, o al menos un atisbo de ellas.


Esta película tiene un devenir un tanto irregular, sinuoso e impredecible y eso es lo que constituye su principal virtud, ya que no estamos ante un cuento con moraleja clara ni ante un relato en donde el final feliz se atisbe. Hay pistas falsas, momentos de relleno que no son tales, y en general, una historia perfectamente creíble por su imperfección. Una variedad de escenarios filmados por una cámara que entrega literalmente las imágenes al espectador y un soberbio manejo de los tiempos y las pausas consiguen una película brillante y esforzada que quizás pueda pecar de ser algo desconcertante por su inusual tratamiento y su aparente frialdad, aunque su calidez humana se imponga finalmente por encima de todas las cosas.



domingo, junio 27, 2010

EL PARQUE DE ATRACCIONES DE VIZCAYA 1974-1990 - COMPENDIO DE MEMORIAS ARQUEOLÓGICAS (I): INTRODUCCIÓN A UN MITO PERDIDO


Ha sido imposible conseguir una sola imagen antigua del parque de atracciones de Vizcaya, es decir, en todo su esplendor. Nos tenemos que conformar con las deprimentes imágenes actuales. En fin…


Un parque de atracciones en las alturas de Bizkaia

Hubo un Parque de Atracciones en Bilbao. Fue cuando la actual fiebre de los modernos Parques Temáticos era algo totalmente inexistente y la sociedad occidental del bienestar se conformaba con relativamente sencillos complejos recreativos que carentes del boato glam de los parques actuales y sin estar basados en temas o conceptos específicos hacían disfrutar de lo lindo al público de todas las edades, especialmente el infantil. En una capital vizcaina que se encontraba en un álgido punto de desarrollo económico y a punto de despedir la dictadura franquista, se inauguró el Parque de Atracciones de Vizcaya, punto de referencia ineludible para la sociedad vizcaína en los años 70 y 80 y recordado con cariño 20 años después de su cierre por toda una generación de padres y niños que asistieron a él al menos una vez en aquellos 15 años.


Aunque tradicionalmente conocido como “el Parque de Arxanda”, por su proximidad con el monte bilbaíno de dicho nombre, en realidad el parque estaba situado en la cima del monde Avril, cercano al Artxanda y en el término municipal de Galdakao. Se encontraba a menos de 10 Km. de Bilbao, una distancia que hoy parece un mierdilla pero que por entonces suponía toda una odisea en cuanto a desplazamiento. El Parque de Atracciones más moderno de Euskadi (bueno, la única competencia en el ámbito local vasco era el parque de San Sebastián…y, en fin, el pequeño y vetusto parque donostiarra inaugurado en los años 40 no podía ser un digno rival, como fácil es de suponer) echó el cerrojo por falta de rentabilidad a principios del año 1990, unos meses antes, en octubre de 1989, el parque había cerrado para su pertinente descanso invernal, en un año en que la asistencia al parque fue la más baja en 15 años. Terminaba así una época en la que miles y miles de vizcainos y vizcaínas disfrutaron de atracciones por entonces tan emocionantes y sugerentes como al montaña rusa (con sus espectaculares vistas de todo Bilbao desde de su punto más alto), el mítico Gusano Loco, el Scanner, el Enterprise, el Pulpo, la Casa Magnética, el Tren Fantasma, o ya fuera de las atracciones propiamente dichas, la coqueta piscina (inaugurada a finales de los 70), la pista de karts (la primera en Bizkaia), el auditorio de actuaciones (durante su existencia el más grande de Bizkaia) y el mini zoo, dentro de su espacio de 10 hectáreas. Desde muchos puntos de Bilbao se podía ver a lo alto en el monte Artxanda-Avril la inconfundible silueta que conformaban las pirámides anaranjadas que culminaban la estructura de los edificios de hormigón que se encontraban por aquí y por allá en el recinto (la cafetería-restaurante, las salas de juegos recreativos, acuarios, aviarios y otras dependencias del zoo, oficinas administrativas), la inmensa noria y si uno se fijaba bien, las líneas curvas de la montaña rusa. Tras su cierre, las pirámides de metal con punta de cristal de este parque aún no desmantelado del todo en lo que a sus estructuras fijas se refiere (aunque las atracciones de carácter montable se quitaron en su práctica totalidad) han seguido persistiendo y continúan, descoloridas y enrroñecidas, dominando el “botxo” bilbaíno desde las alturas, cual restos arqueológicos erguidos por civilizaciones antiguas y pérdidas. Son ya 20 años sin que las instituciones (Diputación Foral de Bizkaia, Ayuntamiento de Bilbao) sepan que hacer con estos restos que hoy asemejan a un paisaje futurista pseudoapocalíptico, una feliz ciudad utópica que en algún momento fue arrasada por una lluvia ácida o por una explosión nuclear.


En los últimos años muchas iniciativas han tratado de recuperar la memoria de este estándar de la memoria sentimental vizcaína del siglo XX que fue el Parque de Atracciones de Vizcaya, mientras los mandamases de devanan los sesos para encontrar un futuro al desolado emplazamiento: proyectos de documentales, páginas web, alguna bizarrada surgida de mentes neoiluminadas… pero aún se echa en falta algún estudio o biografía completa y rigurosa sobre el complejo recreativo, algo que según parece está en camino. La intención de este artículo no es llevar a cabo tal análisis y/o historia del PAV, sino trazar las claves del parque en su época y rememorar algunos de los buenos momentos que este que suscribe tuvo en su niñez como visitante del Parque. Espero que estos recuerdos sean compartidos con muchos lectores/as vizcaínos de este blog, intentando que la memoria de este pequeño oasis de la gris sociedad vizcaína de los 70 y 80 siga manteniéndose viva.





Una historia para reír…


Principios de los años 70. La sociedad española vive inmersa en los últimos años del franquismo, con un dictador anciano y agonizante, un régimen al que no le quedaba más remedio que irse abriendo aunque sin renunciar a su autoritarismo, y una sociedad civil que demandaba el urgente cambio político y social. Bizkaia, una de las provincias más prosperas del estado español gracias a la actividad industrial (siderúrgica, principalmente) gozaba ya de un importante nivel de bienestar, por encima del de la media española, y en el periodo 1972-1974 cualquier iniciativa económica supuestamente rentable y no necesariamente relacionada con la industria iba a ser bien recibida como un plus para el desarrollo económico del territorio. Había crisis económica mundial aquellos años, sí, pero desde hacía tiempo la sociedad del bienestar y del ocio estaba plenamente consolidada en la sociedad occidental, y aunque España llegó con retraso a ella, los esfuerzos por ponerse a la altura de otros países en aquellos años previos a la transición a la democracia fueron notorios.


Ya había parques de atracciones en ciudades hispanas tan importantes como Madrid o Barcelona y resultaban muy rentables, ¿por qué no iba a haber en una ciudad del nivel económico y de las dimensiones de Bilbao? En 1972 la empresa gestora del Parque de Atracciones de Madrid en la Casa de Campo convenció a la Diputación de Vizcaya (por entonces dependiente del Gobierno Civil de Vizcaya, la institución “mandamás” en la provincia vizcaína durante el régimen de Franco) de la idoneidad de construir un complejo recreativo similar al madrileño en Bilbao, si no dentro de los límites urbanos si en emplazamientos cercanos o en las afueras, tal y como ocurría en muchos parques de atracciones de las grandes ciudades del mundo. Se creó aquel año la sociedad Parque de Atracciones de Vizcaya, compuesta por la citada empresa madrileña del parque de la Casa de Campo (la principal gestora del futuro complejo), la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, la Caja de Ahorros Vizcaína y Bankunion. El emplazamiento finalmente elegido fue el de un terreno entre montes Avril y Ganguren cerca del municipio de Galdakao (entonces Galdácano); las obras comenzaron en el mes de julio de 1973 y se prolongarían durante 14 meses. Este fue un proyecto ilusionante para la sociedad vizcaína por lo novedoso de su factura y su inauguración en septiembre se 1974 (inicialmente se previo que el parque estuviese listo en el mes de agosto) fue esperada con ansia tanto por adultos como por niños. En la fecha de inauguración del PAV, el parque estaba compuesto de las atracciones, la pista de Karting, y la mayor parte de los locales hosteleros; el auditorio no se inauguraría hasta principios de 1975 y además estaba previsto dotar al complejo en un futuro de un pequeño zoo (el primero en todo el País Vasco) y de instalaciones deportivas. Incluso se barajó la idea de dotar al Parque de un safari fotográfico, idea que finalmente no se llevó a cabo. El coste final del parque fue de 360 millones de pesetas de entonces.


Durante sus primeros 3 años de existencia (1974-1977), el PAV llegó a convertirse en la principal referencia de ocio de toda Bizkaia, y no era para menos. Había atracciones fundamentalmente para niños (tiovivos, barcas, minimotos, coches Ford T sobre raíles, fuerte y campamento indio…), otras más dirigidas a adultos (Montaña Rusa, Karting, Formula V, Tren Fantasma, Gusano Loco, “entretenimientos electrónicos”, una pista de tiro al blanco…) y el recinto estaba perfectamente equipado con su aparcamiento (para unos 1.000 vehículos), cafetería, puestos de golosinas. Gente de Bizkaia y de otras provincias limítrofes acude en masa al PAV y este vive en la década de los 70 sus mejores años. El principal handicap era que el complejo estaba demasiado alejado del casco urbano bilbaíno y su emplazamiento en el “quinto carajo” de la geografía vizcaina (en pleno monte) no era algo que resultase muy atractivo a priori para el público a la hora de decidirse a acudir, pero se solventó el tema inicialmente ampliando la frecuencia de autobuses, pese a los no pocos caos de tráfico que esto ocasionó en la época en la que las decisiones municipales eran aún más ilógicas y chapuceras que las actuales. Estaba claro que en sus primeros años de vida el PAV, siendo la gran novedad, iba a tener una mas que notable frecuencia de visitas, pero, ¿qué ocurriría cuando el efecto novedad desapareciese? En la década de los 70 el PAV estaba abierto en primavera y verano todos los días y en otoño e invierno fines de semana y festivos. En su inauguración se encontraban trabajando en él 130 personas.


El parque fue completando hasta el final de la década de los 70 lo que le faltó el primer año (zonas verdes, merendero, auditorio para 6.000 personas). Es cierto que hubo quejas por lo abusivo de los precios tanto de la entrada general como de los tickets de las atracciones (en comparación con los de los parques de Atracciones de Madrid o Barcelona, por entonces las únicas ciudades de España con recintos de este tipo), pero esto no fue un obstáculo para el éxito del PAV en sus primeros años, como tampoco la tardanza y los precios de los autobuses. Lo cierto es que el parque era una maravilla para la época (se llegó a decir incluso que unos de los mejores de Europa) y además tenía una original estética, entre Bahaus, el futurismo, Las Vegas y el neofaraonismo setentero (por algo había pirámides, ¿no?), tanto en la arquitectura de sus estructuras (metal y hormigón) obra de Ricardo del Campo como en el diseño de sus novedosas atracciones, la mayor parte de ellas (tanto las que estuvieron en el principio como las que se fueron añadiendo en los años sucesivos) calcadas de las de su hermano mayor, el parque de Atracciones de Madrid. Música a todo volumen de Boney M, Supertramp y Miguel Bosé en la megafonía, el ruido del gentío y de las atracciones colándose por los conductos auditivos de la concurrencia y una atmósfera de escapismo y alegría en la convulsa sociedad vizcaína de la transición.




En 1975 se inaugura el minizoo (lo primero que se solía ver según se entraba al parque) y tres años después la piscina, para la cual había que pagar entrada a parte. Fue durante mucho tiempo la mejor piscina de Bizkaia, aunque su lejano emplazamiento obviamente no era el más idóneo. El Zoo disfrutó de hasta principios de los 80 de una bien merecida popularidad por la variedad de animales que allí se podían encontrar, ya al final resultó ser más variado que lo que inicialmente se había pensado: había allí jaulas con tigres, leopardos (estrellas del zoo), lobos, zorros, osos, aves, monos. En el interior de un edificio se encontraban acuarios con diferentes tipos de animales acuáticos, un aviario, y otras estancias con animales más pequeños (pequeños mamíferos, reptiles)


En los primeros compases de los años 80 las cosas parecían seguir en buen camino, creándose al menos una nueva atracción por año (tónico que continuó más o menos hasta mediados de la década), pero había claros indicios de que la cosa no iba bien del todo, y esto se vio acentuado con al crisis industrial que vivió Bizkaia entre 1982-1984. El parque quiso modernizarse con la nueva década (en donde el baby boom de la década anterior en el territorio hacía presagiar un incremento importante de las visitas) y en 1981 Parque de Atracciones de Vizcaya S.A acomete una ampliación de capital de 300 millones de pesetas y el complejo trata de relanzarse, pero la crisis vizcaína impedirá una potenciación total del parque. Comienza a lo largo de la década el esperable descenso del público, si bien no había vizcaíno o vizcaína que no hubiese visitado el PAV, ahora rara era la vez que se repetía la experiencia, y el parque tuvo que aferrarse al público familiar (padres y madres con niños) movido por los deseos de los retoños que gozaban año tras año con el parque. El problema de la lejanía seguía persistiendo, lógicamente, aunque los problemas de tráfico se habían reducido. No obstante, el PAV durante la primera mitad de los 80 no perdió en ningún momento su tirón popular y su condición de referencia de ocio entre la sociedad vizcaína fue total. El plan de un día entero el parque era muy normal en aquellos años, aunque se prefiriese fundamentalmente acudir en verano y por ello en otoño o en invierno la asistencia bajase alarmantemente hasta el punto de tener que cerrar en muchos fines de semana durante esos meses. Pero el PAV estaba presente por doquier: anuncios en prensa casi todos los días (especialmente en verano), miles de cuñas de radio, publicidad en vallas. El sobrenombre-slogan de su inauguración “la ciudad de la risa” dio paso hacia 1983 a “Parque de Atracciones, ¡Que gozada!”. El logotipo del parque, la noria detrás del gran ¿abeto? (ahora mismo no me acuerdo de que especie era aquel árbol que se efectivamente se encontraba en el parque y no muy lejos de la noria) fue un auténtico icono en Bizkaia en aquella época, susceptible de encontrarse en las célebres pegatinas para coches de los 80, en multitud de anuncios, en camisetas promocionales…El parque adoptó como mascota a un Basajaun (señor de del bosque), el gigante barbudo y salvaje de la mitología vasca, y su efigie se podía ver en pegatinas y en los carteles de entrada y salida del propio parque. El PAV era un emblema de la nueva Bizkaia, aquella que había sido cimentada a base de industria, capital, trabajo y tesón, que vivió sus buenos tiempos en los compases finales del siglo XX y que tenía en el parque una de sus recompensas, pero que con la reconversión industrial de principios de los 80 (ejemplarizada por los conflictos y el cierre final años después de la empresa Euskalduna) miraba al futuro con pánico.


Mención a parte constituye el éxito que alcanzó el escenario del parque, en donde tuvieron lugar algunos de los conciertos más importantes de música popular en Bizkaia en los 70 y 80: por allí desfilaron figuras de la escena estatal como la Orquesta Mondragón, Hombres G, Alaska y Dinarama, Víctor Manuel y Ana Belén, Radio Futura y alguna que otra estrella internacional que la memoria no me alcanza a recordar. A principios-mediados de los 80, es de suponer que en muchos de los balances anuales las cuentas cuadrasen (o lo hiciesen a medias) con esos conciertos.



…y también para llorar


A partir de 1985 el descenso de público se hace imparable, y si ya en años anteriores la viabilidad económica del complejo recreativo era puesta en duda (se precisaba de una asistencia anual de al menos 1 millón de personas para que fuese rentable, algo que nunca se consiguió), en la segunda mitad de los 80 se comenzaba a especular con la desaparición del parque. No había dinero para acometer ninguna renovación significativa en el recinto, pese a que cada año se tratase de introducir atracciones y “barracas” nuevas de indudable atractivo y se introdujesen novedades tecnológicas punteras en ellas. El mini zoo fue languideciendo y poco a poco el número de animales fue menguando. En 1988 la situación es límite (ese año se recibe solo a 120.000 asistentes) y la Diputación foral de Bizkaia decide dar el golpe haciéndose con el 77% de las acciones del Parque, con lo cual pasa a ser propiedad pública. El compromiso de la institución pública rectora de la provincia de Bizkaia fue el de potenciar y ampliar el PAV.


En 1989 la DFB se gastó una pasta gansa en publicitar el parque de Artxanda, el cual ya tenía un déficit de 188 millones de pesetas. Años atrás, se había decidido que los autobuses desde Bilbao hasta el parque fuesen gratuitos, pero esto no surtió efecto a al hora de incrementar las visitas al recinto, que seguía estando en el quinto carajo pésimamente comunicado por una carretera del montón. A principios de 1990, un estudio de la DFB pone de manifiesto que el PAV no era en absoluto rentable, con lo que en la primavera de ese año se decide cerrar el complejo tras 16 años de existencia. A lo largo de ese año se fueron desmantelando las atracciones aunque perduraron los edificios e instalaciones de de hormigón. Las instituciones comienzan a pensar en el futuro del recinto y surge la idea de un área de recreo y esparcimiento, un planetario o de un campo de golf, dentro del plan de regeneración de la zona de Artxanda, pero no se llega a nada y durante toda la década de los 90 el parque, en ruinas y con sus pirámides y avenidas cubiertas de maleza, se dedica a esperar la decisión de los dirigentes de turno al tiempo que sirve de parque móvil improvisado de la DFB para vehículos precintados y sus antiguas oficinas son utilizadas como almacén provisional. La situación es durante años bastante kafkiana, ya que el mantenimiento y vigilancia de la ruina supone un enorme gasto público para Bizkaia, pero incluso el desmantelamiento total de la estructura del parque aún persistente resultaría enormemente caro y por ello aún a día de hoy no se ha procedido a al demolición total de las ruinas del recinto. En 2001 la Diputación pone el terreno en subasta pero no hay ningún comprador. En 2010 las Juntas Generales de Bizkaia deciden por fin iniciar el proceso para desmantelar, limpiar y reutilizar el área. Veremos en que queda la cosa.


El encanto del perdedor


En los últimos años varias iniciativas han tratado de resucitar la memoria del PAV: el proyecto de un documental y un libro sobre el parque (Parque de atracciones de Vizcaya: el diente del diablo) adelantado en una página web (www.parquedeatraccionesdevizcaya.com) e incluso una serie de visitas guiadas a los restos del parque en plan cool snob que te cagas. Sea lo que el futuro depare al recinto, el pasado del parque de Atracciones de Vizcaya, que recordaremos con más detalle en la siguiente parte de este artículo, es algo que sencillamente, resulta imposible de olvidar.

CONTINUARÁ

domingo, junio 20, 2010

ADIOS A JOSÉ SARAMAGO



Nos hemos quedado huérfanos de José Saramago. Jamás podremos olvidar el paso por este mundo de un ser humano excepcional del que aprendimos muchísimo. Descanse en paz

sábado, junio 19, 2010

El aparatito de Lumiere - LA ÚLTIMA ESTACIÓN (THE LAST STATION)


** y 1/2


Una película biográfica sobre un gran escritor puede resultar atractiva y comercialmente viable hoy en día pese a que las preferencias del gran público anden por otros derroteros: esto es lo que viene a demostrar este esforzado aunque irregular filme centrado en los últimos días del gran Lev Tolstoi(1828-1910), el gran maestro de las letras rusas. Pero lo malo de esta cuidada coproducción entre el Reino Unido, Alemania y Rusia y dirigida por Michael Hoffman basándose en una novela de Jay Parini es que no consigue evadirse de una cierta rigidez y de unas innecesarias dosis de frialdad y esto termina por debilitar el resultado final de una película que podía haber dado mucho más de sí. Todo esta además muy supeditado al trabajo de los actores, que si bien cumplen con creces (el reparto es más que interesante), es inevitable echar de menos una historia de fondo mucho más presente en el devenir de una trama sustentada en los vaivenes psicológicos y motivacionales de los personajes, algo que por otra parte no esta desarrollado en la película todo lo deseable. El personaje del anciano Tolstoi, magníficamente encarnado esa leyenda viva que es Cristopher Plummer, es, como fácil es suponerse, el carácter que más carisma desprende de toda la cinta: un escritor amado por su país que retirado de la literatura, de la vida pública y de los lujos que le hubiesen reportado su fama, su fortuna y su título nobiliario, se dedicó en sus últimos años (principios del siglo XX) a vivir en una comunidad de campesinos que el mismo había fundado en Yásayna Poliana, en donde inventó una especie de movimiento libertario pre-comunero, naturista, ascético y de cierto carácter anticipatorio del comunismo basado según el en los principios del amor y de la renuncia a las posesiones. Claro que una cosa era la teoría y otra muy distinta la práctica, como muy bien refleja este filme: su matrimonio con Sofya Tosltoya (una eficaz aunque un tanto forzada Helen Mirren), una mujer desquiciada por los efectos del Tolstoianismo en su vida sentimental, se resquebrajaba por momentos.


Aunque las intenciones de esta película son loables, varios errores la lastran. Primero, el manido recurso de una historia real vista a los ojos de una tercera persona, algo que hace aguas si el personaje en cuestión no está todo lo dibujado que se precisa: en ese sentido, Valentin Bulgarkov, el joven secretario de Tosltoi que encarna James McAvoy (protagonista de Expiación y frustrado Bilbo Bolsón de El Hobbit de Guillermo Del Toro), no transmite el carisma suficiente para conseguir que el espectador se identifique con él; y segundo, un tratamiento más de miniserie o de telefilme de amplio presupuesto que de película como Dios manda. Es cierto que al ambientación de época esta cuidada y que el clímax final de la muerte del escritor en la estación esta perfectamente logrado en todos sus aspectos, pero el sabor final que deja esta cinta es de algo que esta decididamente incompleto. No obstante, que nadie deje de ir a verla; se aprende mucho sobre el personaje y su entorno y desde luego que sabe transmitir de forma magistral sentimientos contradictorios, frustraciones, hipocresías y en definitiva, todo un amplio catálogo de imperfecciones humanas que ni el propio Tolstoi, pese a su empeño, pudo hacer frente. Y atentos a los títulos de crédito finales, aparecen filmaciones reales del propio Tolstoi.


jueves, junio 10, 2010

LA LINEA CLARA: LA VIÑETA EN ESTADO QUIMICAMENTE PURO


La llamada Ligne Claire (traducido literalmente del francés como Línea Clara) es una de las más famosas y ricas tendencias estilística de la historia del cómic. Creada por la escuela francobelga y con el gran Hergé como precursor, la Línea Clara- que por otra parte capitalizó el estilo gráfico de dicha escuela durante largo tiempo- es una de las más bellas y auténticas manifestaciones del Noveno Arte pese a tener desde su consolidación en los años 40 del siglo XX un nutrido grupo de detractores. Trazos continuos y gruesos, colores vivos y uniformes, tendencia a la angulosidad o al linealismo, carencia o ausencia total de sombreado, y sobre todo una total claridad y concreción tanto en el dibujo y el perfil de las viñetas como en las historias son las señas de identidad del subgénero, el cual tuvo una gran significación en el devenir del cómic no solo en Francia y en Bélgica sino en España, donde se llegó a crear un subestilo propio identificado con la postmodernidad.


¿Qué es la Línea Clara? Pues uno de los estilos artísticos del cómic que más buenos momentos ha dado al medio a lo largo de años y años, tal vez por que es precisamente un estilo muy atractivo visualmente y de clara comprensión para el lector, estilísticamente el cómic ideal para no iniciados y para el público infantil. ¿En que consiste la Línea Clara? Básicamente- los autores tampoco suelen ponerse de acuerdo- tendría estas características:

- Utilización de trazos de línea muy marcada

- Un solo tipo de línea para representar el contorno de objetos y personajes (lo que se llamó la Democracia de las Líneas)

- Empleo escaso o inexistente de sombras o cambios de tonalidad en las figuras

- A consecuencia de lo anterior, empleo del color de forma muy marcada y sin sombreados ni efectos de luz, generalmente en tonalidades muy fuertes y vistosas, aunque también puede haber cómics LC en blanco y negro o utilizando una limitada gama cromática.

- Viñetas casi siempre en recuadrado o rectángulo y con unas dimensiones uniformes

- Estilo narrativo en las viñetas claro y conciso, consecuencia de lo anterior

- Personajes caricaturescos en mayor o menor grado, nunca totalmente realistas. En muchos casos, los escenarios y objetos pueden ser realistas, pero no siempre (muchos teóricos afirman que la LC se caracteriza por tener personajes caricaturescos y entornos realistas, pero en realidad esto no siempre es así)

- Muchas veces se tiende temáticamente a las historias de aventuras, ciencia-ficción, fantásticas o policíacas, aunque también es cierto que puede tratarse de historietas humorísticas.


No se sabe muy bien cuando surgió exactamente la LC, ya que el estilo “claro y conciso” en el que se basa, ya hizo su aparición en los comienzos del cómic a principios del siglo XX de la mano de dibujantes norteamericanos como George McManus, quienes rompieron con el estilo academicista e ilustrativo de Outcaulf o McCay (también caricaturesco) para ofrecer un dibujo mucha mas simple y pulcro que influiría en algunos de los primeros dibujos animados. Visto así, se podría decir que gran parte del cómic caricaturesco de la historia fue y ha sido LC, pero esto no es así ya que McManus, sin ir más lejos tenía un estilo mucho mas depurado y singular que le convirtió en un adelantado a su tiempo y en un precursor de la LC de la 2º mitad del XX. El nacimiento de la LC lo debemos situar en Bélgica en los años cuarenta, cuando Georges Remí, Hergé, depuró su al principio un tanto torpe técnica gráfica y las aventuras Tintín mejoraron ostensiblemente en su aspecto formal: un dibujo muy simple, perfilado, clarito y (cuando llegó el color a Tintín) con vivos colores. Como en otras muchas cosas en el mundo del tebeo, Hergé y Tintín fueron pioneros de la LC, siendo el reportero del tupé una total referencia – en mayor o menor grado- en el cómic de LC de diferentes épocas. Además, Hergé también creó escuela entre los hacedores de LC al popularizar el cómic de género (aventuras, fantasía, asuntos policiales) primero en la escuela francobelga y después en el cómic de otros países. Se puede decir que Hergé, el padre de la LC, reinventó el cómic francobelga y consiguió que durante las décadas de los 40 y 50 fuese la tendencia historietista por excelencia tanto en Francia como en Bélgica, hasta tal punto que incluso hoy día se identifica a la llamada escuela francoblega con la LC, identificación no siempre exacta. Sea como fuere, la LC evolucionó mucho a partir de los años 70 (tras un periodo de crisis en los 60) experimentando un proceso de reinvención que si bien conservó los rasgos antes descritos si añadió algunas nuevas matizaciones que hicieron que en los 80 fuese uno de los estilos de cómic más vanguardistas y apasionantes sobrepasando las fronteras del 9º arte y llegando al campo del diseño. El término fue acuñado en 1977, considerando conceptualmente tanto la producción de aquel momento como la de los maestros franceses y belgas de años anteriores, la llamada Escuela de Bruselas.



La Escuela de Bruselas o la Línea Clara clásica


En los años 50 fue cuando en Bélgica- con los álbumes de Tintín como biblia- se vivió la edad de oro de la LC (aún no llamada así) en su vertiente más clásica y antes del renacimiento y reinvención que experimentaría este género en los compases finales del siglo XX. Por aquellos años, la LC se circunscribía exclusivamente al muy rico circuito Belga de la historieta, con alguna conexión con el vecino país galo. Por entonces la industria del cómic en Bélgica (y en Francia) era la más desarrollada de toda Europa y esto era algo muy notable en un país tan pequeño como el belga. La Escuela de Bruselas fue la gran heredera de Hergé y fue quien desarrollo el cómic LC en sus aspectos fundamentales. Muchos de los principales dibujantes de esta escuela fueron precisamente discípulos y colaboradores del padre de Tintín y de hecho participaron como coloreadores, fondistas o entintadores en muchos de sus álbumes manufacturados en los míticos Estudios Hergé. Los principales autores de la escuela fueron Bob de Moor (1925-1992), Roger Leloup (1933) Edgar Pierre Jacobs (1904-1987) y Jacques Martin (1921- 2010) , un cuarteto mágico y legendario del cómic de todos los tiempos. Jacobs, el más veterano, tal vez no fue un lineaclarista en el sentido estricto de la palabra, ya que su dibujo fue durante un tiempo practicamente realista, pero que duda cabe que el genial creador de Blake y Mortimer con su estilo narrativo conciso y clásico y su trazo claramente delimitado fue un inspirador del estilo y de la temática imperante en la escuela de Bruselas: historias de aventuras complejas, apasionantes y fantasiosas en la onda de Tintín. El francés Jacques Martin, el alumno favorito de Hergé, creador de Lefranc y Alix era preeminentemente realista, pero junto con Jacobs fue el gran maestro de la LC realista, si es que alguna vez existió tal etiqueta. Tanto uno como otro han sido dos de los mas grandes e influyentes creadores de cómics de todos los tiempos, tal vez detrás de Hergé los mejores en lengua francesa de la historia


Blake et Mortimer de Edgar. P. Jacobs


Bob de Moor, por su parte, también fue miembro de los Estudios Hergé, y su estilo gráfico, de corte caricaturesco, recuerda enormemente al de su maestro. Se le puede considerar junto con Jacobs el gran desarrollador de la LC o de la Escuela de Bruselas, siendo una influencia constante en años posteriores con craciones en dodne combinaba humor y aventura como Mr. Barelli. Roger Leloup, díscipulo tanto de Hergé como de Martin, y el más joven del cuarteto de oro de la escuela de Bruselas, se encargó de modernizar dicha escuela a finales de los 60 con Yoko Tsuno, deliciosa serie de álbumes de impecable factura que terminarán por convertir a la joven y encantadora aventurera japonesa protagonista de ellos en un icono del cómic francobelga. Para entonces, en los años 60 y 70, la EB había entrado en cierta decadencia no por su producción en el momento sino porque la mayor parte los nuevos guionistas y dibujantes de cómics franceses y belgas consideraban el estilo de aquel clan florecido en el semanario Tintín anticuado, si bien gente de la nueva hornada se estaba aplicando las enseñanzas de aquellos grandes maestros. El francés Jacques Tardi (1946) con un estilo no excesivamente identificado con la EB fue uno de los comiqueros que en los 70 apostó por la vuelta a los cánones estilísticos de la escuela, especialmente en los álbumes de su personaje Adele Blanc-Sec, cuando el tebeo francobelga había decidido apostar desde hacía años atrás- tanto en el estilo realista como en el caricaturesco- por la influencia anglosajona. Jacobs, Martin, y sobre todo las aventuras de Tintín seguían gustando, y en la Europa los álbumes de Hergé pese a nos ser precisamente nuevos fascinaban por su pulcra y colorista estética casi de pop art. Los artistas gráficos más modernos de la generación underground quieren expresarse de manera rompedora y comienzan a descubrir el carácter anticipatorio de la EB. La Línea clara propiamente dicha esta a punto de nacer.



La Línea Clara moderna (años 70 y 80): el estilo atómico


Abajo iz. y der.: ilustraciones de Joost Swarte

A finales de la década de los 60, Joost Swarte (Eindhoven, 1947), un joven estudiante de diseño industrial holandés admirador de Hergé comienza a publicar sus historietas para adultos en algunas publicaciones contraculturales de su país. Insólito que a estas alturas un jovenzuelo reivindicase la Escuela de Bruselas en Holanda cuando en el ámbito francófono esta estaba claramente en receso, pero lo cierto es que la mitomanía sobre Hergé y sobre la EB en general era mayúscula entre los entendidos de cómics en toda Europa y en aquella época y en el país de los tulipanes primero y en el resto del viejo continente poco después le vieron gracia al asunto: reinventar el un tanto naïf estilo Hergé para el público adulto, cuando precisamente a finales de los 60 y principios de los 70 la EB era considerada un subgénero de cómic totalmente infantil por autores y lectores de tebeos.



Swarte fundó en 1971 su propia revista, Modern Papier donde crea sus personajes e historietas con un estilo gráfico muy similar al de Hergé y de Moor pero mucho más anguloso y minimalista, fruto de su formación como diseñador y sus conocimientos de arquitectura. Aunque en sus comienzos hizo cómics para niños, ya a finales de los 70 y principios de los 80, Swarte es una celebridad internacional dentro del mundillo del cómic al revolucionar el concepto de cómic para adultos (repleto de crítica, sadismo, sexo y violencia, desde la vertiente más surrealista) superando el viejo underground hippioso yanki de Robert Crumb y Gilbert Shelton y reciclándolo para la vanguardia artística europea, el triunfo del mundo del diseño y la filosofía punk y nuevaolera. Gran número de revistas de toda Europa y de EEUU contendrán sus ilustraciones o cómics y ya en los 80 se dedica al diseño de postales, posters y portadas de discos, convirtiéndose en uno de los artistas gráficos más significativos de la modernidad New Wave de los 80 en todo el mundo. En 1977 fue cuando acuñó De Clare Lijn (pronto traducido al francés como Ligne Claire) para definir su estilo y el de sus fuentes. Pronto le llovieron imitadores por todas partes, los cuales adoptaron el término LC para definir aquel nuevo estilo de cómic nacido a finales de los 70, inspirado en la EB pero con dibujos angulosos y con trazo aún mas grueso, influencia del mundo del diseño y la arquitectura en el gran cuidado en el dibujo de edificios, objetos decorativos y cachivaches varios, y una temática adulta pero que bebía del poso naïf de la EB, casi siempre con un tono paródico.


Jacques Tardi, como hemos visto, siguiendo un estilo más tradicional y orientado al público infantil y adolescente, fue el primer lineaclarista del ámbito francófono, pero en los 80 pronto surgirá gente de la estilizada “escuela Swarte” (también conocida como atoomstijl o estilo atómico) y ya adscritos al movimiento LC dispuestos a ser los más vanguardistas y rompedores del momento: Floc´h, Ted Benoit, Yves Chaland y Serge Clerc llevaran la escuela francobelga al mundo de la avant garde más “en el rollo”. De todos ellos, Ted Benoit (Niort, 1947), es sin duda el mejor y más representativo dibujante de la LC fancesa y el principal embajador del estilo en el cómic francobelga. Tras unos exitoso y tardíos comienzos en el cómic a finales de los 70, en 1981 publico lo que se puede considerar la biblia de la LC en su vertiente más postmoderna y vanguardista, el álbum Vers La Ligne Clair,en homenajé a Hergé y Swarte y que marca una antes y un después en la historia de la LC. Para entonces ya había creado cuatro años antes a su personaje más célebre, Ray Banana, detective cool cuyo delirante universo desarrollado en varias aventuras influirá en autores de la LC española como Daniel Torres, cuyo estilo gráfico es muy similar al de Ted Benoit. Benoit introdujo las líneas casi rectas en el trazado de las formas, un rasgo muy característico de la LC de los 80.


Ray Banana por Ted Benoit


Jean Claude Floc´h (Myenne, 1953) fue otro de los autores de cómic que consiguió convertir a la LC en el estilo de cómic más moderno y vanguardista de los 80, con su dibujo entre Jacobs, Hergé y el pop art. Por su parte, Serge Clerc (Roanne, 1957) y Yves Chaland (Lyon 1957-1990) fueron la última generación de la genuina LC francesa. Chaland, sobre todo, fue un dibujante fuera de serie cultivador de un estilo humorístico que remitía a la LC de Swaarte pero también a maestros francobelgas de épocas pasadas. Creador de Adolphus Claar, Freddy Lombard y Bob Fish en las páginas de Métal Hurlant en los 80 y colaborador puntual de Moebius, su carrera se malogró tras su muerte en accidente de coche a los 33 años.


Bob Fish de Yves Chaland


La LC se iba extendiendo y ya a mediados de los 80 se convierte en el estilo de cómic más característico de la década en todo el mundo. Su carácter aún audaz y underground hizo que la mayor parte de los cómics de este estilo fuese para adultos, pese a las acusaciones de infantilismo gráfico y narrativo por parte de sus muchos detractores. En Holanda, practicamnte el país padre de la moderna LC, además de Swarte tambie´n destacó Theo Van den Bogaard (Castricum, 1948), autor de cómics de enorme carga erótica. El suizo Daniel Ceppi, el belga Alain Goffin, el italiano Vittorio Giardino y el británico Martin Hanford (creador de Where´s Wally?) fueron otros eminentes lineaclaristas europeos.


Dibujos de Floc´h


La Linea Clara en España: filias y fobias


Ilustración de Daniel Torres

En España la LC fue uno de los géneros de cómic favoritos de los lectores adultos en la década de los 80, gozando una enorme popularidad que sobrepasó al campo del cómic y se insertó en el mundo del diseño y del grafismo. La cosa empezó en 1981 con la aparición de la revista de historietas para adultos Cairo, editada por Norma Editorial en Barcelona. Por entonces el contexto del cómic en la España postfranquista era de un boom del cómic para adultos (que coexistía con el aún muy próspero panorama de los cómics para niños), originado en la transición a la democracia de la segunda mitad de los 80, el cual convocaba a antiguos lectores de tebeos infantiles que aún no había perdido el vicio por las viñetas y que estaban ávidos de las nuevas experiencias que proporcionaba la nueva situación política: sexo, sátira, violencia, droga. Cairo, editada por Rafael Martinez y Joan Navarro, aglutinó a dibujantes y guionistas admiradores de la escuela francobelga, la escuela de Bruselas y la nueva Linea Clara Europea, en un intentó de renovar y modernizar el cómic ibérico, ya que incluso el tebeo más underground tenía aún una factura técnica demasiado clásica. En Cairo, comienzan a publicar autores de innegables cualidades: Max, Mique Beltrán, Guillem Cifré, Micharmunt, Sento y sobre todo Daniel Torres (Valencia, 1958) el mejor autor español de la LC. Miguel Calatayud (Alicante, 1942), por su parte crea involuntariamente la llamada Escuela Valenciana, inspiración de los principales autores de LC españoles durante años. Ya en la primera mitad de los 80 la LC española creará escuela pero no logrará imponerse como la tendencia mayoritaria en el cómic para adultos en ese lustro, ya que tuvo que luchas encarnizadamente contra la que podíamos llamar Escuela Madrileña (propagada por al revista Madriz), y la Linea Chunga de la mítica publicación El Víbora. Tanto unas como otras esuelas fueron en el cómic el equivalente a la Movida en la música, si bien la LC española, como heredera de la LC europea, sería la tendencia más genuinamente nuevaolera, ya que la Linea Clara fue sin duda la New Wave del cómic.


Cairo, también publicaba historietas de autores extranjeros como Tardi o Chaland o de clásicos como Jacobs, duró hasta 1991, año en que el género se encontraba definitivamente de capa caída. Otras generaciones de autores lineaclaristas (dentro o fuera de dicha revista durante los 80) incluyen a Pere Joan, Miguelanxo Prado, Pere Fortuny o Roger. La LC española se caracterizaba por su querencia al surrealismo narrativo, su enfoque fantasioso, y en ocasiones cierta influencia gráfica lejana del cubismo o el Picassianismo, lo que algunas veces le daba un tono ligeramente ibérico. También fue notable la influencia de la escuela Bruguera, tanto en el humor de las historietas como en el desarrollo de personajes y situaciones.


Dentro de los principales autores de la LC española, cabría destacar- sin desmerecer a otros- a dos nombres. Francesc Capdevila Max (Barcelona, 1956), dibujante de enorme riqueza expresiva que trató de conjuntar los cánones de la LC con la escuela Bruguera o incluso Disney. Peter Pank, que vio la luz en las páginas de cairo en 1983, es su creación más conocida y uno de los mejores personajes del cómic español de los últimos 30 años. Aún continúa en activo con su estilo de dibujo evolucionando a lo largo del tiempo y sigue ofreciéndonos joyas como Bardín el superrealista (2006). Daniel Torres, por su parte, es tal vez uno de los mejores dibujantes de LC de todos los tiempos. Este antiguo estudiante de arquitectura debutó como comiquero en El Víbora, con su pájaro antropomorfo Cueco. En 1982 publica el mega álbum Opium y al año siguiente da vida a su personaje más conocido, el play boy galáctico Roco Vargas, que con el tiempo se convertirá en todo un icono del nuevo cómic español y hará de su creador el más representativo exponente del cómic español vanguardista y/o adulto. Todo lo que vino después fue un camino de rosas: múltiples premios en todo el mundo, éxito en salones y exposiciones de cómic, diseño de multitud de ilustraciones y portadas en diversos medios… Fue el ilustrador de la modernidad ochentista en España, e influyó a una genración de ilustradores, publicitarios y diseñadores gráficos españoles a finales de la década (de hecho muchos dibujos suyos formaron parte de campañas publicitarias, incluso de forma animada). Su estilo aunque estaba claramente influenciado por Ted Benoit, era personal y muy de diseño gráfico. Pese a que dicho su rol de dibujante de la modernidad lógicamente languideció al entrar en la década de los 90 y dejó de ser el ilustrador más vanguardista y contemporáneo, su estrella de gran dibujante y comiquero no se ha apagado en los años sucesivos, con interesantes trabajos incluso en el campo de la novela gráfica y colaboraciones para el mercado internacional en DC cómics y episodios de The Spirit con guión de Alan Moore. Albumes como El Misterio del susurro (1985), de la serie Roco Vargas, son considerados obras maestras del cómic español de todos los tiempos.


Roco Vargas por Daniel Torres


Pese a contar con numerosos seguidores en España, la LC ibérica no era vista con buenos ojos por todos los seguidores del cómic, especialmente entre los defensores de la escuela madrileña y de la Línea Chunga, que detestaban el estilo por considerarlo simplón e infantil, tanto en su vertiente gráfica como narrativa. La tormenta se desató en septiembre de 1984 con motivo de la exposición Tintín en Barcelona que iba a tener lugar en la Fundación Joan Miró de la ciudad condal y que iba a ser básicamente un homenaje al famoso personaje de Hergé y primer gran exponente de la LC. Un grupo de artistas, dibujantes, editores e intelectuales entre los que se encontraba Jordi Bernet, Javier Coma, Victor Mora, Román Gubern, Maruja Torres, Enric Sió o Josep Toutain publicaron en el diario El País su Manifiesto contra la exposición Tintín y Hergé , en donde arremetieron contra Tintín y la LC en general ya que según ellos una institución como la Fundación Joan Miró no podía exhibir (y menos en un país como España con escasa cultura de cómic), “una obra con destinatarios infantiles y sin el rango estético suficiente” . Sin embargo, la LC continúo teniendo sus admiradores y defensores y siguió siendo un estilo amplia mente popular entre los amantes de la historieta hasta que a principios de los 90 en todo el mundo la LC pasó de ser algo original y contemporáneo y se convirtió en un estilo menor más.


Señales de supervivencia de la Línea Clara


En los 90 y 2000, sin alcanzar con mucho la hiperpresencia de décadas anteriores, de vez en cuando han ido surgiendo cómics cuyo estilo recuerda a la Línea Clara, o bien se encuentra claramente metido en ella. Así, cabría citar al nortemericano Jason Lutes (New Jersey, 1967) que con su bellísima LC en blanco y negro ha entusiasmado a los amantes del cómic con obras como Berlín. Ciudad de Piedras (2005) y Berlín. Ciudad de Humo (2008), en los que aporta un corte de cómic clásico al estilo. El holandés Peter Van Dongen (Amsterdam, 1966) es otro de las más destacados recuperadores de la LC, con su estilo retro que remite inevitablemente a la Escuela de Bruselas. Autores de la vieja escuela como Jacques Tardi, Max o Daniel Torres continúan a pleno rendimiento, con su dibujo un tanto evolucionado.


La Línea Clara, toda una escuela en el cómic europeo, más allá de tópicos y críticas fáciles, sigue siendo una de las más deliciosas y auténticas tendencias de la historieta de todos los tiempos que todo amante del tebeo debe conocer y disfrutar. Un maremágnum de vistosidad, belleza, humor, aventura, surrealismo, vanguardia, ingenuidad y arte con una gran influencia en el mundo de las artes plásticas y el diseño y que sin duda alguna debe ser considerada como patrimonio cultural de primera orden.