miércoles, abril 13, 2011

El aparatito de Lumiere - LA VIDA SEGÚN BARNEY (BARNEY´S VERSION)



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Estrenada sin mucho bombo, esta interesante película basada en la novela de Mordecai Richler ha resultado una pequeña grata sorpresa. No es que este drama con algún elemento de comedia sea un peliculón, pero es una historia intimista, impredecible, y bastante humana, aunque al final deje su poso de amargura. Paul Giamatti, un excelente actor especializado en papeles de comedia y que parece haber hecho suyo el rol del americano medio, interpreta al Barney del titulo, un productor televisivo de origen judío de cierto éxito profesional aunque una desastrosa vida personal (que es en lo que se centra el guión de esta película) cuyo devenir en cuarenta años vamos contemplando: tres matrimonios frustrados por una u otra causa, una total dificultad para establecer relaciones personales fructíferas debido a su carácter egoísta, toda una lista de deseos y anhelos incumplidos que sin embargo el asume con resignada naturalidad, y un desagradable suceso que marcará el resto de su vida y su identidad.

El mensaje de la película pese a todo no parece muy claro,  aunque es fácil encariñarse aunque sea ligeramente con este contradictorio personaje gracias a la soberbia interpretación de Giamatti. El ritmo narrativo del filme- que abarca como hemos dicho 40 años-  no se detiene en florituras y es claro y conciso, con momentos para la comedia, otros para el drama más desatado pero siempre con un tono socarrón y descreído. El largo reparto incluye a Rosamund Pike, Minnie Driver, Mark Addy (irreconocible) y Dustin Hoffman como el peculiar padre del protagonista. Es posible que al final la película culmine mal la jugada y se meta en terrenos sensibleros de dudosa conveniencia, pero no deja de ser una historia peculiar, sencilla y muy interesante.

domingo, abril 10, 2011

Mís 50 discos que te cagas (23): MIKE OLDFIELD –TUBULAR BELLS (1973)



 
No es exagerado decir que Tubular Bells se trata de uno de los discos más famosos de la historia: año tras año (y ya son casi cuarenta) la popularidad de este álbum no ha decrecido en absoluto con millones y millones de copias vendidas en todo el mundo, aparición de diferentes fragmentos de la obra  en películas, documentales, sintonías y anuncios, y lo que es más significativo, el hecho de que su bella y célebre portada se haya convertido en todo un icono de la cultura pop que ha trascendido lo meramente musical. La ópera prima de un por entonces pipiolo compositor y multiinstrumentista originario de la ciudad de Reading de tan solo 19 años fue además responsable de la consolidación del por entonces recién nacido sello discográfico Virgin, cuya referencia primera en su catálogo fue este Tubular Bells. Al joven Mike Oldfield le costó convencer a diferentes disqueras para que le dejasen grabar aquel disco cuya maqueta, solamente instrumental, sonaba verdaderamente extraña en aquella época: una especie de suite de musica clásica interpretada con instrumentos de rock en su mayor parte y en donde se experimentaba con sonidos, repetición de notas y melodías y se insertaban de vez en cuando algunos guitarrazos de rock convencional aproximando aquel producto a los cánones del rock progresivo o sinfónico. Pero Oldfield, músico semiprofesional desde los 15 años y antiguo bajista de la banda de Kevin Ayers, quería que aquella pieza fuese algo más y así lo entendió el joven y excéntrico propietario de Virgin, Richard Branson, quien se quedó pasmado de las habilidades multiinstrumentistas del postadolescente Mike y de su genialidad como compositor.

Tubular Bells vió la luz en mayo de 1973 y aunque le costó arrancar, un año después era número uno en las listas británicas, llevando vendidas ya miles de copias y curiosamente sustituyendo en el número a su LP siguiente, Hergest Ridge. Musicalmente, el disco fue uno de los primeros exponentes del movimiento ambient (música moderna instrumental para relajar los sentidos) y que fue un claro antecedente de la música New Age. Tomando como referencia a compositores clásicos de vanguardia como Sibelius, el minimalismo de Philip Glass y Terry Riley, músicas tradicionales de diversas partes del mundo (celta, flamenca, eslava), y diversas prestancias del mundo del rock progresivo, Oldfield se marcó 49 minutos de viaje musical de primera categoría tocando el solo casi todos los instrumentos, además de coproducir el álbum. Las sesiones de grabación como era de esperar fueron muy laboriosas (desde otoño del 72 hasta primavera 73), aunque la primera parte del álbum, la mas pulcra y sencilla, solo precisó de unas pocas semanas. Los mil veces oídos compases de piano repetitivos iniciales (que fueron utilizados aquel año en el film El Exorcista) han creado escuela, siendo una de las primeras aproximaciones del minimalismo musical en el rock. Después, el resto de la primera parte del disco  fluctúa entre varios palos, desde el preciosismo melódico de los compases siguientes a la introducción hasta el guitarreo casi hard y bastante jam session, tanto del movimiento posterior como de otro instante de esta primera parte en la que Olfield muestra su innata habilidad y versatilidad con las guitarra eléctrica (como ya lo demuestra con la acústica en otros pasajes más delicados). Momentos jazzistícos, étnicos, acústicos y bucólicos se suceden antes de dar paso al final de la primera parte, otro de los momentos mas logrados (y conocidos) de TB, cuando el polifacético artista Viv Stanshall presta su voz para presentar a diferentes instrumentos que van superponiendo consecutivamente su melodía (la misma prácticamente) hasta dar paso a las “campanas tubulares”

La segunda parte de TB es aún más exuberante, comenzando por un agradable fraseo continuo  de guitarras acústicas superpuestas de regusto inequívocamente ambiental que desemboca en un apacible tema de guitarra acústica, órgano y mandolina. Los cambios de rítmo y tempo de un movimiento a otro comienzan a sucederse con las “guitarras sonando a gaitas” y su torbellino sonoro que da paso al excéntrico tema conocido como “The Caveman” o “Piltdown Man”, en el que en una base de batería tañida hasta la extenuación y unas guitarras hard a lo Jimmy Page, el propio Mike emite vocalizaciones “de cavernícola” dañando literalmente su garganta. El disco concluye con un bello penúltimo tema con un envolvente órgano Farfisa de fondo y Oldfield demostrando su poderío guitarrista. Y como coda final (añadida a posteriori en la grabación), el único tema no compuesto por Mike en este álbum, la divertida pieza naval tradicional británica Sailor´s Hornpipe  poniendo una guinda simpática, folkie y lúdica a un disco ambicioso.  

Mike Oldfield a partir de este momento mantendrá una relativamente exitosa carrera aunque bastante irregular en lo artístico, cultivando al principio el art rock, la música experimental y el ambient para pasar en los 80 a un sonido más pop y comercial (con canciones cortas y LPs no basados en suites) pero sin renunciar a las innovaciones sonoras y al concepto arty y virtuosista dentro de la música. En lo 90 vuelve a los sonidos más cercanos a las Nuevas Músicas (que él ayudó a crear) y que estaban tan de moda y se acerca a la experimentación electrónica y cibernética, algo que desarrollará en los 2000. Pero absolutamente nada de lo que ha hecho ha superado a Tubular Bells, un disco tan único, innovador y peculiar que solo pudo haber sido parido una vez. Y siempre le estaremos muy agradecidos a Mike Oldfield por ello.


FICHA TÉCNICA

Géneros: Ambient, Art Rock, Rock Sinfónico, Proto New Age
Publicación: mayo 1973
Sello original: Virgin
Producción: Mike Oldfield, Tom Newman y Simon Heyworth
Duración: 48:57
Músicos:
Mike Oldfield: guitarra acústica, guitarra eléctrica, bajo, guitarra española, órganos Hammond, Lawrey y Farfisa, guitarras distorsionadas, piano, whistle, xilófono, mandolina, piano “honky tonk” , percusiones, órgano amplificado, cascabeles, campanas tubulares, voces
Mundy Ellis: voz
Sally Olfield: voz
Steve Broughton: batería
Jon Field: flautas
Lindsay L. Cooper: contrabajo, oboe
Vivian Stanshall: maestro de ceremonias
Simon Hayworth, Tom Newman: efectos de coros varios


Track listing

1- Part One
2- Part two

martes, abril 05, 2011

El aparatito Lumiere - EN EL CENTRO DE LA TORMENTA (IN THE ELECTRIC MIST)



 

** y 1/2


Un tanto fallida incursión del excelente cineasta francés Bernard Tavernier en el cine americano, con una historia sugerente e interesante pero que termina por saber a poco, adaptación de una exitosa novela de James Lee Burke. No obstante, no faltan una premisa argumental atrayente y sólida, una puesta en escena imponente y unas interpretaciones más que correctas, pero da la sensación que al veterano director galo se le escapa algo en esta película impecablemente ambientada en la Nueva Orleans post-huracán Katrina. Planteado como un thriller con connotaciones filosóficas e incluso fantásticas, In The Electric Mist pone en acción a un detective alcohólico, veterano, cansado y un tanto amargado, interpretado con solvencia por Tommy Lee Jones, que se obsesiona con resolver unos truculentos asesinatos ocurridos no lejos de los pantanos. En su investigación hay no poco de intentos de redención personal y de ajuste de cuentas con el pasado de una ciudad -retratada como caótica (en parte a causa del huracán)  y poblada de bastantes seres despreciables- que vivió episodios funestos marcados por el racismo y la violencia irracional.

La investigación del detective Robicheaux planea por un discurrir repleto de engaños y pistas falsas y en donde por si fuera poco fantasmas (literalmente) del pasado la prestaran ayuda y consejo en mitad de una total confusión. La película resulta interesante de seguir pese a su tono deprimente y oscuro y la renuncia de cualquier épica, pero aun así la manera en que el nudo se va desenrollando resulta bastante poco convincente. Se puede decir sin embargo que Tavernier triunfa a la hora de hacer una película con una desolada Nueva Orleans como personaje colectivo: muy buena ambientación de los ambientes pantanosos, de la diferente fauna de caraduras y mafiosos que pululan por al ciudad, y en general una cuidada galería de personajes, incluido el logrado trampantojo de la película de cine cuyo rodaje se sucede en esta historia; pero esto no logra levantar definitivamente la película.

En el nutrido e interesante reparto se encuentran Mary Steenburgen, Kelly McDonald Peter sarsgaard, Ned Beautty, e incluso el director de cine John Sayles haciendo de otro director de cine y el mítico músico Levon Helm (The Band), quien por cierto ya coincidió con Tommy Lee Jones en Los tres entierros de Melquiades Estrada. Un elenco que funciona realmente bien, y es que Bernad Tavernier es un excelente director de actores. La pena es que en esta ocasión, el responsable de Capitán Conan o Hoy empieza todo no haya andado tan atinado. 

sábado, abril 02, 2011

COSAS QUE HE IDO APRENDIENDO, COSAS QUE ME ESTAN SIRVIENDO DE MUCHO




Aunque mi trabajo me ha costado, he podido ser yo

Me ha costado aceptarme, me ha costado quererme a mi mismo, pero creo que puedo decir que ya hago ambas cosas…o me gustaría poder hacerlas más aún.

Creo que las dificultades que he vivido me han hecho endurecerme. Posiblemente ya pueda con todo

Aunque soy un ser dubitativo e inseguro, me he dado cuenta que muchas de mis dudas se están superando o se pueden superar

Estoy aprendiendo cosas de mismo y de los demás que desconocía o no las conocía lo suficiente, esa sensación es muy gratificante

Me he dado cuenta que pueda aportar muchas más cosas a los demás de las que yo creía

Me he dado cuenta de que  los demás me pueden aportar a mí muchas más cosas de las que yo creía.

A medida que he ido madurando, me he dado cuenta de que amar es una de las mejores cosas que puedes ofrecer a los demás, a la gente que amas

A veces, aunque parece que es difícil encontrar a alguien a quien amar y sentirte amado, no lo es tanto; la clave es encontrar o tener a las personas idóneas  

La felicidad es más algo muy sencillo de conseguir, pero también es fácil sentirse o ser infeliz durante un periodo de tiempo. Hay que tratar siempre de ser feliz, que no es tan difícil 

Las tres manidas claves: amor por la vida, amor por los demás, amor por uno mismo. Jo, que gran verdad

En mis muchos y variados momentos de zozobra, siempre he visto la luz al final del túnel. Mira la frase de arriba.

Aquí solo estamos de paso…cada uno puede que tenga su misión en la vida. Descubrir, crear  esa misión es algo muy grande. Y muy difícil, pero hay que intentarlo

Los errores es fácil seguir comidiéndolos, yo lo sigo haciendo. Pero también es posible superarlos con perseverancia

A veces uno mismo es su peor enemigo. Conociéndose a uno mismo, esto se puede superar

Potenciando, desarrollando y mostrando  las virtudes, las potencialidades y las capacidades de uno mismo, se puede ser feliz

Hay que tratar superar las desdichas del pasado: todos hemos pasado por algunas o varias; esta es una manera de ir trazando el camino

A veces la preocupación y la desesperación aparecen cuando el final del camino es incierto u oscuro: pero aún tienes tu camino ahí delante, y puede que sea más hermoso de lo que crees.

Una de las cosas que me ha costado aprender es que lo que tienes o puedes tener depende de cómo lo vivas en el día a día. No hay que jamarse el tarro con cosas negativas, estériles, con miedos o con errores del pasado sin posibilidad de corrección ahora. Disfruta con lo que tienes, con lo que creas y con lo que ofreces. A veces muchos impedimentos están dentro de uno mismo 

Busca siempre la mano amiga; ser amigo es una de las mejores cosas que puedes ser o que puedes ser

Y hay muchísimas cosas que no me gustan de mi o que las cambiaría…pero uno siempre esta a tiempo, siempre estamos a tiempo

martes, marzo 29, 2011

El aparatito de Lumiere - NUNCA ME ABANDONES (NEVER LET ME GO)


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Una más que interesante película británica basada en una novela del escritor británico-japonés Kazuo Ishiguro -autor también de otra obra que conoció una excelente adaptación cinematográfica, Lo que queda del día- que demuestra como es posible hacer un buen melodrama con material un tanto inusual en estas lides- y bastante extraño de por sí-  cercano a la ciencia ficción. Y es que Nunca me abandones es una película tan sugerente y sensible como inquietante y descorazonadora, en donde no parece haber esperanza en el destino de unos protagonistas que no son más que el reflejo de las miserias morales de una sociedad entregada a los avances de la ciencia pero solo capaz de garantizar la felicidad de muy poca gente. La premisa inicial de la película es verdaderamente atroz: en apariencia solo se nos está mostrando un  típico internado británico para niños y niñas situado en alguna región rural inglesa a finales de los 70, pero pronto asistimos a algunos extraños (y a veces turbadores) detalles dentro de una inquietante calma cotidiana que nos indica que algo raro ocurre. Y efectivamente, pronto la historia muestra su verdadera naturaleza: un relato situado en tres décadas (años 70,80, 90) que presenta una realidad histórica alternativa en donde la ciencia en esos años se esta valiendo de niños que nunca pasarán de los ventitantos años y cuya existencia es meramente utilitarista, marcada desde el hecho de que el internado es la única realidad que han conocido. 

Pese a plantearse como una película de ciencia ficción distópica, Nunca me abandones es en realidad un drama de personajes de marcado fondo humanista. Centrado en tres personajes principales desde su infancia a su juventud, la sensible y escéptica Kathy (Carey Mulligan, el descubrimiento de An Education), el ingenuo e inseguro Tommy (Andrew Garfield) y la altiva y egocéntrica Ruth (Keira Knightley), la extraña relación entre ellos es lo que mueve la historia, vista con los ojos de Kathy. Una historia de total frustración y de a veces un tanto aterrador hermetismo al estar centrada en un mundo que trata de abstraerse y de mantenerse al margen del mundo real y en donde del que los protagonistas no pueden escapar. Los jóvenes intérpretes hacen un excelente trabajo al mostrar con todo tipo de matices su difícil desenvoltura en ese extraño universo (es especialmente mencionable la  interpretación de Mulligan) y por su parte el director el norteamericano Mark Romanek  (reputado realizador de videoclips desde Michael Jackson a David Bowie) se muestra en todo momento atinado mostrando todos los intríngulis del continuo trampantojo en el que viven los protagonistas y sus consecuencias y ofreciendo una cuidada puesta en escena en donde destaca una espectacular fotografía y una delicada atmósfera entre bucólica, irreal e inexplicablemente inquietante. Se pueden poner no obstante bastantes peros a esta película, como el de no explotar convenientemente situaciones interesantes (todo el tema relacionado con los sentimientos de los personajes y su evolución) o mostrar mayor concreción en la explicación del trasfondo de la historia, aunque el juego de silencios que presenta esta película se antoja más que interesante. Es curioso advertir que entre el público existe decepción (percibida por los comentarios que hacen) por el giro argumental de la película, presentado no obstante en sus compases iniciales. Pero no es para tanto, hay que hacerse a al idea de que se trata de un drama poco convencional y ya con eso uno está preparado para ver una película sugerente y que, por que no,  da que pensar.      

domingo, marzo 27, 2011

Mís 50 discos que te cagas (22): PINK FLOYD –DARK SIDE OF THE MOON (1973)


Los equipos y sistemas de sonido en 1973 habían avanzado que era una barbaridad: ahora existía el sonido cuadrafónico, las grabadoras de 16 pistas y uno en su casa podía tener un buen par de altavoces en estéreo, por no decir que en los conciertos, las torres de sonido eran cada vez más grandes. El rock sinfónico y el rock progresivo eran los estilos que más podían sacar partido a aquellos avances del sonido y por ello resultó lógico que en la primera mitad de los setenta las bandas progresivas fueron las que más éxito obtuvieron. Pink Floyd supo aprovechar como nadie jamás lo había hecho la nueva coyuntura técnico-musical y en marzo de 1973 publicó la obra maestra del rock progresivo de todos los tiempos: Dark Side of the Moon

Con este LP, la banda de Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason se consolidó- si no lo había hacho ya antes- como el mejor grupo del mundo. Era cierto que como instrumentistas (a excepción del teclista Wright) eran limitados en un género en donde precisamente se concentraban los mayores virtuosos del rock, pero que duda cabe que eran unos compositores muy hábiles, con ideas y con muchísima imaginación, siempre dispuestos a sorprender ye encandilar al oyente con mil y un trucos  sonoros y recursos de todo tipo (utilización de grabación de distintos sonidos, distorsión instrumental). El buen momento del grupo y las nuevas tecnologías hacían aconsejable un disco ambicioso y este llegó: desde hace casi 40 años sigue siendo uno de los más grandes álbumes de todos los tiempos. Sus millones y millones de copias vendidas (uno de los LPs más vendidos de la historia) y su presencia constante en als listas de los mejores álbumes de todos los tiempo así lo atestiguan. El caso es que Pink Floyd quiso hacer un ambicioso LP conceptual tras ocurrírsele la idea a Roger Waters bajista, compositor y uno de los cantantes de una banda que desde la marcha de su primer líder Syd Barret en 1968 optó por un trabajo compositivo a  partes iguales entre los diferentes miembros y la ausencia oficial de un frontman específico, con Waters, Glilmour y Wright compartiendo tareas vocales. Esto comenzó a cambiar a partir del álbum Meddle (1971), en donde las tesis del inteligente y un tanto egocéntrico  Waters como letrista y compositor comenzaban a destacar al tiempo que el guitarrista David Gilmour se convirtió en la voz principal en la mayor parte de los temas de la banda. A partir de DSOM el peso específico de Waters como compositor, ideólogo de la banda, cantante y en definitiva líder ira aumentando disco tras disco y de hecho este álbum salió artística, conceptual  e intelectualmente de la cabeza de Waters, autor de todas las letras y compositor principal de su música. Desde finales de 1971 hasta principios de 1972 Pink Floyd compusieron prácticamente todos los temas que conforman el álbum, pero antes de grabarlo decidieron presentar su repertorio en una gira a lo largo de 1972, de título Dark side of the Moon: A Piece for Assorted Lunatics: la idea era hacer un disco sobre todo aquello que limitaba y corrompía la condición humana (el dinero, el paso del tiempo, el consumismo, las contradicciones, la muerte) teniendo muy presente el tema del efecto de estos elementos en el deterioro de la salud mental (clara referencia a su ex compañero Syd Barret). Tras una buena acogida del repertorio en directo, la banda se encerró en Abbey Road entre junio del 72 y enero del 73 con la intención de producir ellos mismos el LP (tal y como habían hecho en los dos anteriores) con la ayuda de un habilísimo técnico de sonido que ya había trabajado con ellos en Athom Heart Mother, Alan Parsons. El joven Parsons y la discográfica EMI pusieron a disposición del cuarteto la más avanzada tecnología musical y sonora del momento con vistas a hacer el LP de mejor y más impactante sonido de cuantos se habían hecho: se utilizaron los por entonces revolucionarios sintetizadores EMS VCS3, las grabadoras de 16 pistas y el grupo aportó su pericia en los loops, efectos de cinta y grabaciones de sonidos de fuentes tales como cajas registradoras, hélices de helicópteros, risas y voces humanas hablando, todo ello insertado y mezclado rítmica y estratégicamente con la música. El hecho de que los 10 cortes estuviesen entrelazados unos con otros en todo el disco también fue una novedad importante. 

Lo pulcro del sonido estereofónico, los mil y un efectos de sonido y la imponente presencia de ecos y voces grabadas a doble pista resultaron en aquel entonces una experiencia totalmente alucinante para el oyente, y esto ayudó decisivamente al enorme éxito de critica y público del álbum, desde la primera pista, la breve pieza Speak to Me (sonidos de latido de un corazón interpretados con batería con algunos semi inaudibles otros sonidos del disco como fondo)  hasta el imponente finale de Eclipse todo era y es una catarsis sonora llevada al límite, aderezada por el detalle inquietante de las diferentes frases habladas que se oyen a lo largo del disco, pronunciadas por un grupo de personas afines a la banda que en realidad respondían a preguntas sobre la vida, la muerte, la locura, la violencia que Roger Waters les hacía enseñándoles tarjetas escritas  en el estudio de grabación. El sonido sinuoso e inquietante de Breathe es la verdadera overtura del disco con esos lánguidos toques de guitarra de Gilmour, un tema que con su relativa placidez viene a servir de lanzadera cortes después a la grandiosidad de Time, espectacular y festival de cambios de ritmo, solos de batería, coros de voces femeninas, rítmica marcada y juegos instrumentales (sensacionales solos de guitarra y teclados) precedido del sonido de una gran cantidad de relojes marcando la hora al unísono, un tema que sigue resultando sobrecogedor. En medio de Breathe y Time se encuentra el instrumental On the Run, un experimento con sintetizadores inspirado en el minimalismo y la música concreta.      

The Great Gig in the Sky uno de los dos únicos temas de todo el disco en los que Waters no participó en su composición (esta compuesto por Richard Wright, la segunda fuerza creativa en este disco en detrimento de Gilmour, que en los dos discos anteriores había tenido un peso más importante), es un sobrecogedor instrumental que evoluciona desde un piano neoclásico a un enérgico órgano con la potente garganta de la cantante de estudio Clare Torry ejecutando alucinantes vocalizaciones al limite de su voz. En la vieja cara B del disco se encontraba el tema más conocido de DSOM, Money, rythm & blues-progresivo de rica y pegadiza rítmica (inmortal riff de bajo de Waters) y perfecto saxo de Dick Parry, el “quinto Pink Floyd” a partir de este álbum. Us and Them  es una balada tan ambiental y sensual como enérgica y desgarrada merced a sus cambios de ritmo. El instrumental Any Colour You Like  pone un punto de virtuosismo progresivo satinado de psicodelia tardía de regusto hippy-ibicenco. Y para finalizar el espectacular díptico como vocalista principal de Roger Waters (los otros cuatro temas vocales están interpretados por David Gilmour,acompañado por Wright en dos de ellos): el altivo y monumental Brain Damage  y el sensacionalmente torrencial Eclipse (y todo bajo el sol está en armonía / pero el sol está eclipsado por la luna). Una traca final espectacular y total, tal y como se merece este disco.  Han pasado casi cuarenta años, pero da lo mismo: la legendaria imagen de la pirámide y el prisma sobre fondo negro de la portada y todo lo que este disco encierra es algo que aún sigue ahí, demostrándonos lo grande que puede llegar a ser la música.     


FICHA TÉCNICA

Géneros: Rock Progresivo, Art Rock, Rock Sinfónico
Publicación: marzo 1973
Sello original: Harvest
Producción: Pink Floyd
Duración: 42:59
Músicos:
David Gilmour: voz, guitarra, sintetizadores
Nick Mason: batería, percusión, efectos de cinta
Roger Waters: bajo, voz, sintetizadores, efectos de cinta
Richard Wright: teclados, voz, sintetizadores
Dick Parry: saxo
Clare Torry: voz en The Great Gig in the Sky, coros
Lesley Duncan, Barry St. John, Liza Strike, Doris Troy: coros

Track listing

1- Speak to Me
2- Breathe
3- On the Run
4- Time
5- The Great Gig in the Sky
6- Money
7- Us and Them
8- Any Colour you Like
9- Brain Damage
10- Eclipse

lunes, marzo 21, 2011

El aparatito de Lumiere - EN TIEMPO DE BRUJAS (SEASON OF THE WITCH)



**
 
La verdad es que ya aburre el hecho de que la mayoría de las películas y series de televisión  ambientadas en la edad media parezcan casi todas clónicas (pero eso, claro está, también afecta a todos los medios que tratan de hacer ficción con esta época): casi siempre se recurre a cruzados (y si no templarios), brujería, ocultismo, y batallas sangrientas y aparatosas. De esto no se libra este filme, mezcla de aventuras, fantasía y cine de terror light que pese a atesorar buenos momentos, cae al final en un innecesario y gratuito exceso de pretensiones argumentales resueltas de manera un tanto chapucera. Parece evidente que esta película opta por escorarse más a la fantasía épica tipo Conan el Bárbaro (es decir, “espada y brujería”) que al rigor histórico a la hora de tratar uno de los temas más apasionantes del Medioevo: los procesos por supuesta brujería, pero la apuesta lo único que hace es banalizar una historia que podía haber sido un poquitín más compleja e interesante sin perder capacidad de entretenimiento y sentido del espectáculo, elementos estos dos de los que esta peli, por fortuna, no está falta, aunque en ningún momento creo que llegue a entusiasmar incluso al espectador más fanático de este tipo de historias.  

El director, Dominic Sena (Operación Swordfish) demuestra tener oficio y buen sentido estético ya que la película posee una buena fotografía y un cuidado diseño de producción, pero la historia, que tiene un planteamiento bastante interesante, termina por convertirse en algo bastante ridículo especialmente en los momentos finales, cundo se supone que tenía que ser totalmente inquietante. Nicholas Cage, en la peil del cruzado desertor Behmen, se encuentra correcto pero algo perdido, lo mismo que Ron Perlman, que interpreta a otro cruzado proscrito con el que lleva a cabo una oscura misión -junto con otros personajes- consistente en llevar a una joven acusada de brujería y de traer la peste y la desolación a una rica aldea (Claire Foy) a una abadía  en donde debe ser sometida a un secreto ritual de desencantamiento. A partir de allí, algún momento inspirado y otros olvidables, siempre con un correcto sentido de la aventura  pero ausente de épica. Vistosos efectos especiales, eso sí, y alguna y facilona reflexión sobre el papel de la iglesia en las cruzadas en una película que sirve solo para pasar el rato y entretener medianamente a los amantes del terror sobrenatural.

domingo, marzo 20, 2011

Mis 50 discos que te cagas (21): LOU REED – TRANSFORMER (1972)


 
Transformer es uno de esos discos que ha lo largo del tiempo han fomentado entre las gentes del mundo el amor al rock. Eterno candidato a entrar en los primeros puestos de los mejores álbumes de la historia, este LP supuso no solo el lanzamiento al estrellato de Lou Reed, hasta entonces el oscuro ex líder de Velvet Underground, banda en aquel 1972 totalmente desconocida para el gran público a excepción de los forofos del británico Glam o del yanki Sonido Detroit, sino la consolidación de una nueva forma de entender el pop y el rock a base de poesía urbana, sonidos inmediatos y pegadizos ritmos rockistas más allá de cualquier tentación de exhibicionismo progresivo o bluesero o tópicos hard o rollingstonianos, todo ello en clave de la música del momento: el Glam rock. Esto era algo que ya había iniciado la estrella del rock de moda, David Bowie, por cierto gran admirador de Lou Reed y de la Velvet y cuyo sonido en los primeros 70 estaba en muchos matices inspirado en el de la mítica banda de culto neoyorquina; de hecho fue Bowie el productor y padre estético de este segundo álbum en solitario de Reed. Lou Reed se encontraba viviendo en Londres desde 1971 en busca de un nuevo rumbo musical tras el fin de Velvet Underground y se encontró con un mundo de jóvenes con zapatos de  plataformas, mallas de colorines y boas al cuello que se maquillaban como divas de Hollywood y probaban todos los palos sexuales. Aquello se parecía mucho al ambiente que vivió en la Factory de Andy Warhol a finales de los 60 (pero con más luz y colorido) y fue entonces cuando su discípulo británico, que triunfaba con su Ziggy Stardust entró en contacto con él y ambos trataron de superar el fiasco del primer LP inglés de Lou, publicado epónimamente a principios de 1972 con material desechado de la época de la Velvet.  Es por ello que Transformer, puede ser considerado como una secuela o complemento a Ziggy Stardust dentro del ambiente triunfante del Glam rock, pero a la larga este disco se ha convertido en una obra maestra de enorme singularidad y por derecho propio.

La mutación del atribulado cantante, compositor y guitarrista neoyorquino en superestrella del rock y apóstol glammer fue totalmente exitosa aunque efímera  y solo un año después Reed se quitó el maquillaje blanco y los trajes de fantasía para convertirse en un turbio trovado en Berlin (1973), pero esa es otra historia. El caso es que Transformer fue y sigue siendo uno de los discos más influyentes, degustables y estimulantes de la historia del rock. Con Bowie en los coros en muchas de las canciones y la decisiva colaboración en la producción del guitarrista, arreglista y productor Mick Ronson, el hacha de Bowie en los Spiders From Mars, el disco contiene algunas de las mejores partituras compuestas jamás por Lou Reed en su vasta trayectoria (cuatro de ellas ya habían sido compuestas e incluso interpretadas en directo  en la época de la VU). Y es que hablar de Transformer es hablar de Walk on the Wild Side, Satellite of Love, Vicious o Perfect Day, es decir, palabras mayores en la historia del rock. Walk…    la canción más conocida de todo el repertorio de Lou, era una irónica y retorcida crónica de los años de la Factory y de toda su fauna (Dallesandro, Candy Darling, Holly Woodlawn), plagada de referencias sexuales y de humor negro y que creó escuela con su riff de bajo (cortesía del gran Herbie Flowers), la susurrante y sensual voz de Reed (su estilo vocal verdaderamente impactó) y esa curiosa y extraña lucidez melódica reforzada con el célebre “tuturuturu..” del final de las estrofas. Vicious es también otro guiño al mundo de Warhol y con su trasegada guitarra de Mick Ronson y su insistente batería parece remitirse a los temas más salvajes de la Velvet, sin duda un tema que puso las bases del Rock urbano, estilo que Reed estaba anticipando con este disco y su peculiar forma de fusionar el Glam rock con el rock más underground y callejero.             

Satellite of Love, otro de los temas inmortales de Lou Reed es uno de los momentos más poperos de Transformer y uno de los temas que resultan mas bowieanos del mismo, con encantadores coros y juegos de voces de Bowie (sin ellos esta canción no sería la misma) y constante ambiente “espacial” (curiosamente, esta canción fue escrita en la época de la VU). Perfect Day, una de las mejores baladas de la historia, demostró la variedad de registros compositivos de Lou Reed y aun pone la carne de gallina la afectada interpretación vocal de Reed, el emocionante estribillo y los hermosos aunque algo sobrecargados arreglos orquestales de Mick Ronson. Andy´s Chest demostró que Reed podía hacer deliciosas canciones de complejidad rítmica y lírica hasta entonces insólitas (desde el medio tiempo más plácido hasta el rock más guitarrero en un mismo tema)  sin salirse de las coordenadas del rock más comercial. Otros temas como I´m so Free  aportan un sanote, comercial y encantador despiporre Glam con guitarras perfectas y estribillos pegadizos (y Bowie de fondo con sus uh, uh). No faltan los momentos de cabaret-vodevil propios del Glam rock como Goodnight Ladies, el tema que cierra el disco, una especie de canto de dandy decadente bañado en jazz con un Reed en su vertiente más irónica y cínica, y New York telephone Conversation,  minuto y medio de curioso vodevil que refuerza la variedad del disco. Aunque la sombra de David Bowie es perceptible en todito el disco, Lou Reed parió solo todos los temas (si bien se dice que la rítmica Wagon Wheel fue compuesta junto con Bowie aunque sin acreditar)

Letras ricas e irónicas, ambientes cotidianos, peculiar sentido del humor…el universo de Lou Reed se estaba creando, aunque en años posteriores jamás  volvería a gozar de la popularidad que consiguió con Transformer. El éxito de ventas del álbum (que seguirá con el paso del tiempo) y el éxito en listas de temas como Walk on the Wild Side o Perfect Day supusieron cierto lastre para Lou Reed que siempre ha asumido que este disco es algo irrenunciable pese a sus cambios estilísticos en años posteriores despojados de comercialidad. Pero, definitivamente, discos así hacen la vida más agradable


FICHA TÉCNICA

Géneros: Glam Rock, Pop Rock, Art Rock
Publicación: noviembre 1972
Sello original: RCA
Producción: David Bowie y Mick Ronson
Duración: 36:40
Músicos:
Lou Reed: voz, guitarra, teclados
Mick Ronson: guitarra principal, piano, flauta, arreglos de cuerda
Herbie Flowers: bajo, doble bajo, tuba
John Halsey: batería
Ronnie Ross: saxo barítono
David Bowie: coros, voces
The Thunderthings: coros
Klaus Voorman: bajo
Barry DeSouza: batería
Ritchie Dharma: batería
 
Track listing

1- Vicious
2- Andy´s Chest
3- Perfect Day
4- Hangin´Round
5- Walk on the Wild Side
6- Make Up
7- Satellite of Love
8- Wagon Wheel
9- New York Telephone Conversation
10- I´m So Free
11- Goodnight Ladies

martes, marzo 15, 2011

El aparatito de Lumiere - LOS CHICOS ESTAN BIEN (THE KIDS ARE ALL RIGHT)




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Annette Bening ha estado nominada al oscar a la mejor actriz secundaria por esta poco convincente comedia dramática cuya principal virtud es un planteamiento poco usual y bastante bien explotado: los problemas conyugales de un matrimonio de lesbianas cuarentañeras con dos hijos adolescentes fruto de inseminación artificial, circunstancias que salen a la luz cuando el padre donante de los chavales (un chica de 18 y un chico de 15) entra en juego por deseo expreso de sus inesperados retoños. Entre la comedia y el drama, la película esta supeditada al buen hacer de sus dos protagonistas, Annette Bening y Julianne Moore, pero se queda corta a la hora de encontrar un nudo y un desenlace con algo de mas chicha.

Aunque se trata de una película honesta y sin tópicos manidos sobre determinados colectivos, es indudable que le falta algo de concreción de temas y además el personaje de Paul (Mark Ruffallo) un pequeño empresario que de la noche a la mañana ve su vida cambiada, que se supone que debía ser el elemento impulsor y catalizador de la historia, se percibe incompleto y desdibujado. Una pena porque con todos los elementos de esta película se podía haber hecho un filme bastante más brillante. Interesantes moralejas, eso si, en una película que puede gustar por momentos pero en su totalidad deja un poco frío al espectador.