sábado, enero 05, 2013

TARTESSOS, EL REINO PERDIDO DE IBERIA




Entre los siglos XI y VI Antes de Cristo en el suroeste de la península ibérica una misteriosa civilización cuyo origen exacto aún es incierto se convirtió en una de las más ricas del mundo gracias al comercio de metales como la plata y el estaño, los cuales exportaba a otros pueblos prerromanos. Era Tartessos, un desconocido reino de comerciantes y militares del que escasos vestigios y documentación escrita ha quedado y que se extendía por las actuales provincias españolas de Sevilla, Huelva y Cádiz. Con elementos fenicios, orientales e indoeuropeos, el territorio de Tartessos fue descrito a penas someramente por historiadores clásicos y muchas veces es identificado con el legendario país bíblico de Tarsis e incluso con la Atlántida. En el siglo VI AC desapareció sin dejar rastro y por causas desconocidas, dejando como legado algunas escasas crónicas históricas y geográficas y varios restos arqueológicos. 


Más allá de las Columnas de Hércules

Tartessos es uno de esos enigmas históricos que aún no han encontrado muchas respuestas. ¿De donde surgió la civilización de Tartessos, tan avanzada en el siglo XI ac en comparación con las primitivas tribus iberas y celtas aún en la edad de bronce? ¿Como era su organización social, política y su vida cotidiana? ¿Por qué un pueblo tan rico desapareció tan abruptamente? ¿Cuál eran sus límites exactos? ¿Fue la primera civilización occidental? Muy poco se sabe de este pueblo casi mítico del que además de escasa noticia histórica han llegado varias leyendas de corte fantástico que confieren a Tartessos un carácter casi legendario en el que muchas veces la fabulación se confunde con la realidad. Durante mucho tiempo se creyó que era citada en la biblia cuando se mencionaba a Tarsis y también en la mitología e historiografía griega cuando se alude a los territorios y ciudades cercanos a las Columnas de Hércules – el fin del mundo conocido en la antigüedad-  se cree que se hace mención a Tartessos. La mayor parte de lo que se ha escrito sobre Tartessos hasta día de hoy son suposiciones o teorías.  Se sabe que el reino se extendió por el sudoeste de la península ibérica (provincias andaluzas de Sevilla, Huelva y Cádiz) influyendo sobre zonas como el Algarve portugués o Extremadura. Se cree que su civilización- la primera de cierta riqueza que se estableció en la península y de las primeras de Europa- se desarrolló en torno al río llamado Tartessos, identificado con el Guadalquivir por unos autores o por el río Tinto por otros (además de otras teorías menos probables). Tartessos, fue el nombre con el que los griegos denominaban a este territorio, se desconoce como sus propios habitantes lo nombraban.


El historiador griego Herodoto (484-425) es la fuente más antigua que alude a Tartessos. Herodoto habla del supuesto último rey tartesiano, Argantonio del que el historiador afirmaba que llegó a vivir 120 años gobernando en 80 de ellos (de 630 a  550 ac). Se describía a Argantonio como un soberano generoso y magnánimo que gobernaba sobre un reino portuario de mercaderes enormemente rico. El mismo Argantonio (Hombre de Plata) era un rey muy opulento y que poseía enormes contingentes de plata y bronce provenientes de las minas tartesianas. Grecia comerciaba en aquel tiempo con Tartessos para la consecución de dichos metales según Herodoto. De acuerdo con el autor, todo comenzó cuando un navío griego llegó un día accidentalmente a un puerto de Tartessos, territorio más allá de las míticas Columnas de Hércules y que era desconocido para los griegos; allí los asombrados marinos helenos se hicieron con un cargamento de metales que era “el mayor beneficio que haya conseguido hasta ahora ningún griego”. Fueron al parecer los griegos de Focea, en Asia Menor, con los que Tartessos comerció gran medida según Herodoto y otros autores. En crónicas posteriores, se vuelve a aludir el carácter mercantil de Tartessos con griegos o fenicios en base a metales extraídos de sus abundantes minas como plata y estaño. Se podría decir a tenor de estas crónicas que las civilizaciones griega y fenicia se nutrieron en gran medida del metal tartésico para al fabricación de monedas, armas y objetos ornamentales, y ese comerció enriqueció enormemente al reino del sur de Iberia que se encontraba más allá de las Columnas de Hércules.         
Existen otras fuentes clásicas que hablan sobre Tartessos, algunas literarias como las del poeta romano Rufo Festo Avieno (S IV ac) que describe un viaje a través de las costas mediterráneas en el cual Tartessos supuestamente aparece, otras geográficas como las de Pausanias (S II ac) en las cuales describía el río y la capital del reino, y otras más breves e imprecisas como alusiones en la obra de de Anacreonte, Plinio el Viejo, Estesícoro, Estrabón, Aristófanes, Marco Juniano Justino…En dichas crónicas aparecen algunos elementos comunes como la existencia de un río llamado Tartessos de cuyas riberas se extrae plata,  el territorio de Tartessos como centro neurálgico del comercio de plata y otros metales en el Mediterráneo y la longevidad de su monarca Argantonio. Así mismo, a tenor de estas descripciones siempre se suele considerar por parte de la ciencia histórica que Tartessos era un nombre compartido tanto por el río como por la ciudad capital y como por la región.     


La ciudad perdida

Se cree que Tartessos comenzó a crear y consolidar una civilización en donde había escritura y un poder político encabezado por un monarca en la prehistoria,  a finales de la Edad de Bronce, gracias a las riquezas generadas por el  trueque de metales como el estaño (componente básico para la obtención del bronce) producidos por otros pueblos como los primitivos habitantes de las Islas Británicas, aunque los primeros tartesianos ya extraían cobre y plata de sus minas, especialmente la de Río Tinto.  Ya a partir del siglo VIII ac los fenicios, que establecieron colonias al sur de la península ibérica, se convirtieron en los principales “clientes” de Tartessos, ya que precisaban de plata para la acuñación de sus monedas y la minas del Sinai, de las cuales se proveían en otros tiempos, habían sido dejadas a su suerte. Según los restos arqueológicos tartesianos hallados en la actual Andalucía, existió una influencia cultural y artística fenicia en Tartessos. No obstante, el origen de Tartessos es aún muy incierto existiendo dos teorías fundamentales al respecto. La primera, sostiene que la civilización tartésica se origina a partir de los pobladores de la zona en la Edad de Bronce que lograron fundar una civilización basada en el comercio, la pesca y al agricultura cuyo progreso aumentó notablemente con el contacto que estas poblaciones mantuvieron a partir del siglo VIII ac con los colonos fenicios en el sur de la península. La segunda teoría afirma que la influencia fenicia produjo un proceso de aculturación casi total que explicaría características del arte tartésico con supuestas influencias fenicias (cerámica con barniz rojo) y una religión con deidades inspiradas claramente en dioses orientales.  No se ha podido demostrar ninguna de las dos como la más aproximada a la realidad pero parece clara la influencia fenicia en la civilización tartésica: es muy posible que los fenicios estimulasen no solo la expansión tartésica por las zonas mineras y el comercio con el metal con diferentes pueblos, sino que además fueron fundamentales en la riqueza de Tartessos y en el desarrollo de su civilización debido a sus intensos tratos comerciales. No hay que olvidar además que en territorio tartésico se encontraba la principal ciudad colonial fenicia de Iberia, Gadir (la actual Cádiz)  

El rey Argantonio
 Autores como Estrabón o Pausanias coinciden en afirmar que Tartessos era el nombre del río (que Estrabón identifica como el Betis, el actual Guadalquivir) que desembocaba en dos bocas en el medio de las cuales se encontraba la ciudad del mismo nombre, supuesta capital del reino además del lago que supuestamente se encontraba en tal desembocadura, el desaparecido Lacus Ligustinus. Hoy en día, no se sabe a ciencia cierta donde se encontraba dicha ciudad y es muy posible que terminase siendo sepultada por las aguas de las marismas una vez el delta del Guadalquivir se hubiese conformado con la apariencia actual bloqueado por una barra de arena entre los actuales Sanlúcar de Barrameda y Río Tinto. No obstante, la existencia de dicha ciudad está puesta en duda principalmente por la falta de pruebas geográficas y arqueológicas. Algunas teorías hablan de una ciudad llamada Turta, cercana al Guadalquivir, como supuesta capital de Tartessos. La ubicación de la capital de dicha civilización aún sigue discutida, y a la zona antes descrita hay que unir otras posibles como la zona entre Coria del Río (Cádiz) y la comarca de Aljarafe en Sevilla. Tampoco sería descabellado pensar que la propia Gadir fenicia se tratase de Tartessos, como afirman muchos historiadores, aunque parece poco probable que se tratase de Huelva, como afirman algunos investigadores a tenor de la riqueza de muchos yacimientos arqueológicos tartesianos hallados en la provincia andaluza. Si que es cierto que allí se han encontrado restos de otras culturas (griega, fenicia) adquiridos por los tartesianos o manufacturados por ellos mismos para dichos pueblos como vasos, ánforas o cerámica (además de objetos de metal) lo que indica que al menos la provincia de Huelva fue un foco comercial e industrial importante en Tartessos, pero no hay pruebas concluyentes: ¿fue el río Tinto el verdadero río Tartessos? 


Una sociedad mercantil

Poco se sabe de la política, economía y sociedad de Tartessos. Era una monarquía absoluta sin noticia de gobiernos territoriales en donde había leyes escritas desde tiempo inmemorial. Según Estrabón fue la sociedad ibérica prerromana mas culta y avanzada de cuantas existieron. Existían ciudades como Turta, Mastia o Elibirge de las que se ignora su localización (aunque es muy probable que Mastia sea la actual Cartagena). En los primeros siglos (del XI al IX ac, aproximadamente) Tartessos pese a tener un enorme comercio exterior tendría una economía principalmente de producción doméstica. A partir del VIII ac comienza la expansión comercial tartesiana y se comienzan además a importar objetos artísticos y bienes griegos o fenicios como objeto de cambio: así lo atestigua el hallazgo de cerámica de ambas culturas en yacimientos arqueológicos en el área de influencia tartésica. Además de la extracción minera de metales como el oro, la plata y el estaño y el comercio con estos -que constituyeron la base histórica de su economía- Tartessos subsistía también de la agricultura, la ganadería y la pesca. Además de con los fenicios, Tartessos comerciaba sus metales con griegos y minoicos, convirtiéndose en el principal abastecedor de materias primas de bronce  y sus materias primas (cobre y estaño) de todo el mediterráneo.   

Había diversas clases en la sociedad de Tartessos: por debajo del rey se encontraban por este orden los príncipes, los sacerdotes, los comerciantes, los hombres libres y los esclavos. Los “hombres libres” eran el grueso de la población y se trataba de los campesinos, marineros y artesanos. Los comerciantes eran una clase privilegiada por su riqueza pero no tenían excesivo poder ya que las élites nobiliarias o militares (los príncipes) podían apropiarse del trabajo de las clases inferiores aunque en teoría no ostentasen mas poder sobre estos. Gracias a los yacimientos arqueológicos se ha sabido que en Tartessos se rendía culto religioso a divinidades fenicias y orientales como Baal o Astarté fruto de la aculturación fenicia; así mismo en la provincia de Jaén se han hallado santuarios de estilo fenicio lo que indica que en Tartessos la influencia fenicia fue total en el aspecto religioso 

El idioma tartésico es de origen desconocido y probablemente sea de origen ibero, lenguaje primitivo de la península ibérica del que apenas han quedado vestigios. Los documentos escritos en tartésico más antiguos hallados (estelas funerarias) datan de entre los siglos VII y VI ac por lo que se trata de la lengua ibérica más antigua de la que se ha encontrado escritura. No se sabe a ciencia cierta si otros documentos hallados en el sur de Portugal o en Extremadura corresponden a la lengua tartésica o a idiomas similares de origen ibero que se hablaban en el sur de Iberia en la época prerromana. No se sabe tampoco si el tartésico y el ibero eran lenguas de origen indoeuropeo y no faltan teorías que emparentan el tartésico con las lenguas célticas debido a nombres de topónimos o a los escasos nombres de personas conocidos: el nombre de Argantonio, el mítico rey que cita Herodoto y que significaría  “Hombre de Plata” derivaría del termino celta argantom (plata). Esta teoría en realidad no resulta muy sostenible ya que aparte de que los tartesianos no eran pueblo celta, no existen tampoco otras palabras salvo estos nombres propios que demuestren tal filiación. La escritura de esta lengua era la típica de la escritura peleohispánica: un alfabeto con caracteres propios inspirados al parecer en el alfabeto fenicio con elementos griegos, combinando signos que expresan silabas y letras.


Lo que nos queda de Tartessos

Tesoro de El Carambolo
Lo fragmentario de los yacimientos arqueológicos de Tartessos que se han hallado hasta el momento impide hacernos una idea exacta de cómo eran sus ciudades, sus  viviendas, sus vestimentas u otros aspectos de la vida cotidiana y hoy por hoy en muchos aspectos Tartessos continua siendo una civilización desconocida. Los yacimientos arqueológicos mas importantes son los tesoros (joyas) de Carambolo (Sevilla) y Aliseda (Cáceres), y las edificaciones de la Necrópolis de la Joya (Huelva capital), Cancho Roano (Badajoz) y Tejada la Vieja (Huelva).  El célebre Tesoro de El Carambolo fue hallado en 1958 y constituye la mejor y mas completa muestra del arte tartésico en oro, aunque estudios actuales señalan que las piezas en realidad pueden ser fenicias (las características orientales de estas joyas son innegables). Una replica de este tesoro se encuentra actualmente en el museo arqueológico de Sevilla mientras que las piezas originales se encuentran en la caja fuerte de un banco: se trata de 21 piezas de oro de 24 quilates que incluyen pulseras-brazaletes, collares, supuestos pectorales y sellos, todo de valor incalculable. El relativo buen estado de conservación de estas piezas que datan aproximadamente de entre los siglos VIII y VI ac  demuestra lo bien que trabajaban los habitantes de Tartessos en la orfebrería y en los metales preciosos.  El Tesoro de Aliseda, por su parte, también se trata de un hallazgo de orfebrería: un supuesto ajuar funerario (diadema, pendiente, pulsera, anillos…) en piezas de oro y plata

Cancho Roano
El yacimiento de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena (Badajoz) es el conjunto tartésico mejor conservado. Posiblemente data del S VI ac y esta constituido por diversos pequeños edificios, palacetes  se trata de una edificación fortificada de finalidad incierta, aunque es posible que se trate de un edificio religioso destinado a sacrificios rituales. Su planta es cuadrada y está rodeado por un foso, todo con características fenicias y orientales. Es muy posible que debido a lo tardío de su antigüedad en relación a la cronología de la existencia de Tartessos fuese en realidad posterior a la civilización tartésica ya que se sabe que fue reconstruido sobre restos de edificaciones más antiguas, estas sí tartésicas.  Tejada la Vieja, en Escacena la Vieja (Huelva) por su parte es una fortificación amurallada construida hacia el VIII ac y que estuvo en pie al menos hasta el S IV ac. En su interior se encuentran restos de cimientos de casas y calles en su interior, lo que indica que se trata de una ciudad.  A todos estos hallazgos habría que unir otros en las provincias de Jaén, Badajoz o  Huelva que datan de la Edad de Bronce pero que podrían ser de origen proto tartésico (cerámica, incensarios); así mismo la necrópolis de la Joya en Huelva sería de origen más antiguo que Tartessos, aunque allí se han encontrado piezas griegas y fenicias que indican que ambos pueblos estuvieron en contacto con el sur de la península  desde el S X ac. 

En base a las características los restos arqueológicos y su antigüedad se ha dividido la historia de Tartessos en dos posibles periodos: el periodo geométrico (1200-750 ac) y el periodo oriental (750-550 ac) en el cual la influencia fenicio-oriental se hizo más acusada.  


Mitos y leyendas de Tartessos: la Atlántida en Iberia

La ausencia de crónicas escritas detalladas sobre Tartessos ha dejado gran margen a la fabulación desde tiempo inmemorial. La propia mitología griega ya alude al territorio que conformaba Tartessos (aunque sin nombrarlo de ese modo) cuando se describe al rey Gerión, el monstruoso soberano-pastor de las tierras mas allá de las Columnas de Hércules. Gerión, un gigante con tres cuerpos de cintura para arriba fue derrotado por Hércules en una de las 12 pruebas del héroe que consistía en robar el rebaño de bueyes de Gerión. Otros reyes legendarios son protagonistas de la hermosa leyenda de Gárgoris y Hábidis, que data de la época romana y de la que se han escrito varias versiones: en ella se cuenta la historia del rey Gárgoris, inventor de la apicultura y de su hijo incestuoso Hábidis o Habis, que según la leyenda invento la agricultura y la división social de clases y del trabajo.
A Habidis, el legendario rey ficticio tartesiano, se le atribuye la invención del arado
 
Muchos autores han querido identificar un mítico lugar bíblico, Tarshish o Tarsis, con Tartessos. No hay pruebas salvo la similitud entre los nombres. Tarsis se cita, entre otros libros de la Biblia,  en el Libro de los Reyes I en referencia a naves que Salomón poseía allí y que traían exóticas riquezas, y también en Ezequiel (Tiro comerciaba con Tarsis) y en Jonás (el profeta se embarcó para Tarsis). Lo más probable es que este Tarsis se refiera a Tarso, en Anatolia.  

Resultan bastantes significativas las teorías que identifican a la mítica Atlántida descrita por Platón con Tartessos. Estas afirmaciones fueron frecuentes durante el siglo XX debido principalmente a que tanto la mítica isla como Tartessos fueron dos avanzadísimos reinos que en un momento dado se “volatilizaron” y desaparecieron sin dejar rastro (la Atlántida según Platón desapareció tras un terremoto y una inundación en un solo día y fue sumergida bajo las aguas del Atlántico), y que ambos se encontraban en el Atlántico “delante de las Columnas de Hércules” (el estrecho de Gibraltar), el fin del mundo conocido para los griegos. Esto además está ligado al hecho de que es muy posible que la ciudad de Tartessos, como hemos señalado antes, desapareciese a consecuencia de una inundación de las aguas del delta del Guadalquivir que hubiese cubierto la ciudad en su totalidad. Sosteniendo la probable teoría de que la zona actual del Parque Nacional de Doñana pudiera haber albergado la ciudad de Tartessos - ya que esta ciudad se encontraría cerca de la desembocadura del Guadalquivir- algunos arqueólogos y antropólogos, con grandes dosis de fabulación y fantasía, han llegado a asegurar que bajo Doñana puede encontrarse la Atlántida (aunque es posible que esa zona en la antigüedad hubiese sufrido un tsunami que hubiese sumergido alguna ciudad o poblado). Con todo, dado que se ha comprobado que la existencia de la Atlántida pertenece al terreno de lo legendario, cualquier debate sobre la identificación de Tartessos con Atlántida carece de sentido.


El final de un reino

La desaparición del reino de Tartessos en el S VI ac se debió probablemente a incursiones bélicas de Cartago o Fenicia tras la batalla de Alalia (535 ac), debido a la alianza de Tartessos con los griegos, encarnizados enemigos de fenicios y cartagineses. También es posible que en aquel siglo se agotasen las minas lo que privó al reino de su principal fuente de riqueza y esto además ocasionase una pérdida de poder de las élites, lo que llevó a una total inestabilidad política y social. Hay que señalar que hacia 580 ac la conquista de Tiro, capital de Fenicia, por parte de los asirios propició el fin de el comercio entre Tartessos y los fenicios de Tiro, aunque en su lugar Cartago tomó el relevo del principal cliente de oriente, algo que no duró mucho tiempo como vimos por la rivalidad con los griegos, otros aliados comerciales de Tartessos. La cuestión de si los desastres naturales (como la hipotética  inundación  de su capital) cumplieron un papel principal en la desaparición de Tartessos esta abierta a conjeturas.

Tal vez nunca se sepa exactamente donde se encontraba la ciudad de Tartessos, como eran las ciudades tartesianas, como vivían los tartesianos o que es lo que provocó la desaparición de Tartessos, pero se sabe que una vez un próspero país casi idílico existió en el sur de la península ibérica y desapareció dejándonos un exiguo testimonio de su existencia aunque suficiente para saber que fue una de las primeras grandes civilizaciones de occidente. Un reino perdido en la misma frontera entre lo real y lo mítico.

jueves, enero 03, 2013

El aparatito Lumiere ROMPE RALPH (WRECK-IT-RALPH)



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La puesta al día de Disney en el últimamente bastante cambiante mundo de la animación resulta aceptable y esforzada aunque mientras otras compañías -como Dreamworks o mas modestas incluso y/o procedentes de diversos países- parecen llevar la avanzadilla en cuanto a creatividad y diseño de nuevas propuestas en el campo de la animación por ordenador, la Disney parece haberse conformado hasta el momento con permanecer en un plano más secundario siempre y cuando la Pixar de John Lasseter no coproduce largometrajes como la saga Toy Story o Wall-E que suponen los últimos mayores hitos artísticos de la veterana productora. En esta ocasión, Disney ha querido prescindir los servicios directos de Lasseter y sus muchachos -aunque este cumpla aquí funciones de productor ejecutivo- para un nuevo largometraje de animación infográfica que cumple su función de entretenimiento navideño para los pequeños de la casa sin excesivos alardes ni técnicos ni discursivos. Dirigida por Rich Moore, un realizador salido de la cantera de The Simpsons,  Wreck It Ralph insiste en el reciclaje de la cultura pop de otras películas de animación de los últimos tiempos (algo siempre más comprensible para el público adulto) acercándose en esta ocasión al mundo de los videojuegos por medio de un homenaje a su historia. Al mismo tiempo, platea la típica historia de redención de un personaje potencialmente “malvado” gracias al descubrimiento de lo reconfortante que resulta ayudar a los demás, unido a un mensaje de crítica  la competitividad irracional y desmedida y el afán por ser siempre el mejor a cualquier precio.   

Casi todos los protagonistas son personajes de videojuegos ficticios (aunque hay varios cameos de personajes de videojuegos reales tan históricos como Pac Man, Super Mario, Mortal Kombat o Street Fighter) con pensamiento y vida autónoma que cada vez que termina la jornada en el salón de juegos recreativos en el que “residen” salen de sus máquinas de videojuego para unirse en un espacio-universo común donde estos personajes conviven. Ralph, un ogro que ejerce de villano en un legendario juego de los ochenta llamado Fix-It Felix Jr. (vagamente inspirado en el célebre Donkey Kong) lleva 30 años perdiendo en casi todas las partidas y siendo odiado por sus colegas de videojuego, por lo que decide abandonar dicho juego y adentrarse en otros para convertirse en un héroe al igual que su némesis el carismático Felix. Cuando tras varias desventuras llega a un juego de los 90 de carreras de coches ambientado en un moñas mundo de dulces antropomorfos en el que conoce a la pequeña piloto Vanellope Von Switz su destino dará un importante vuelco. Acción, planos vertiginosos y escenas con pretensión de espectacularidad no faltan en este filme, pero con tanta parafernalia vista en otros filmes de dibujos animados de los últimos años deja una sensación de deja vu constante de la que no es ajena su omnipresente tono Toy Story especialmente en lo tocante a los personajes inanimados que cobran vida en un mundo-sociedad que pretende ser como el de los humanos. La principal carta de presentación- y su atractivo central a priori- es la combinación de diferentes tipos de diseños de personajes y escenarios  en cuanto a calidad, grado de realismo, estética y tipo de animación para plasmar las diferencias entre los videojuegos de diferentes épocas, pero al final no resulta ni sorprendente ni convincente pese al esfuerzo evidente de diseño de producción y el afán entusiasta con el que se trata de tributar al ya veterano mundo del videojuego. Con homenajes no solo circunscritos a este mundillo (Los Autos Locos de Hanna Barbera, la saga Alien) y una iconografía y argot tal vez un tanto incomprensible para niños y niñas no familiarizados con el entretenimiento del joystick, la película sin ser nada del otro jueves resulta altamente entretenida y puede que haga la delicia de los pequeños en estas fechas festivas.  

martes, enero 01, 2013

El primer post del año

RAYOS C EN LA OSCURIDAD OS DESEA UN FELIZ 2013

FUCK THE CRISIS!!!

miércoles, diciembre 26, 2012

El aparatito Lumiere UNA PISTOLA EN CADA MANO



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Cesc Gay, director catalán de una filmografía interesante pero minoritaria (Krampack, En la Ciudad, Ficción) ha debido de disfrutar de lo lindo rodando esta comedia de episodios más que nada por la profesionalidad de su reparto. Basada fundamentalmente en el trabajo actoral, esta película en realidad no se trata de ninguna maravilla dentro del terreno de la comedia costumbrista española, pero tan solo por el brillante trabajo de un elenco de doce escasos intérpretes constituye un soberbio ejercicio cinematográfico a la par que interpretativo. En un filme en donde los diálogos, la naturalidad y la credibilidad cumplen un papel fundamental en una puesta en escena prácticamente teatral, los diferentes duelos interpretativos que se presentan en cada uno de los seis episodios (dos de ellos prácticamente interconectados) que conforman Una Pistola en Cada Mano funcionan a la perfección y la verdad que no se podía esperar menos de una película que en cada una de sus “viñetas” tiene a Eduard Fernández y Leonardo Sbaraglia; Javier Cámara y Clara Segura ; Ricardo Darín y Luis Tosar; Eduardo Noriega y Candela Peña; Alberto Sanjuán y Leonor Watling; y Cayetana Guillén Cuervo y Jordi Mollá. Es decir, pesos pesados de la interpretación española en los últimos años junto con algún fuera de serie venido desde Argentina.

Una Pistola en Cada Mano trata principalmente sobre el desenvolvimiento masculino en las crisis de pareja ante panoramas que incluyen el divorcio, la infidelidad, el maltrato, la impotencia, el deseo sexual machista  y en donde los  hombres en estas historias terminan haciendo el ridículo de una manera tan sutil como patética a veces. No es una comedia feminista ni desmitificadora del mito masculino, pero aquí los tíos son los “Clowns” de la función pretendiendo ser héroes, algo que todos y cada uno de los sketches reflejan correctamente. Es esta una película donde hay que seguir los diálogos con suma atención y recrearse en las excelentes interpretaciones, porque también es cierto que hay alguna historia que flojea bastante al pretender abarcar temas espinosos de una manera farragosa y pretendidamente amable sin que resulte creíble (el último, por ejemplo) y que algunos recursos de guión resultan manidos y mejorables, pero el espectador mantiene la sonrisa en casi todo momento. No se puede decir tampoco que se haya huido de tópicos y clichés en esto de las relaciones entre sexos y en ese sentido a veces la película peca a veces de simplista y malamente moralizante, pero el interesante conjunto final consigue hacer pasar por alto esos detalles. Buen cine español para terminar el año.  

lunes, diciembre 24, 2012

RAYOS C EN LA OSCURIDAD, COMO TODOS LOS AÑOS ...


Nadie mejor que unos "outsiders" como Mafalda y sus amigos para felicitar este año junto con rayosc la Navidad en un tiempo de penurias varias. Ellos a buen seguro darían un merecido repaso a más de un elemento que nos ha aguado el año, pero también compartirían con nosotros la esperanza por una época mejor. Sed felices!

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2013!

 
 

sábado, diciembre 22, 2012

SE ARMÓ EL BELEN





Belén o nacimiento, un must popular de la navidad presente en todas partes: hogares, edificios y locales institucionales, centros de trabajo, iglesias, sedes de organizaciones o empresas…en fechas navideñas cualquier lugar que tenga (y no necesariamente) cuatro paredes y un techo. Porque sin la representación plástica tridimensional del nacimiento de Jesucristo, no nos engañemos, la navidad no sería lo que es. Las diversas estatuillas y figuras que conforman ese popular conjunto figurativo (aunque de calidad artística variable) no solo son de sobra conocidas en la cultura cristiana, sino que se puede decir claramente que representan desde el punto de vista estético e iconográfico, la esencia de la navidad. En este artículo nos proponemos hacer un análisis divertido y desenfadado (aunque respetuoso en todo momento) del Belén o Nacimiento desde la perspectiva de la cultura pop, tratando de hacer un pequeño y modesto homenaje a este entrañable elemento que siempre esta presente en nuestra vida durante estas fechas de Navidad, se sea más o menos cristiano practicante o incluso creyente o no. Montemos el Belén.  



Según la RAE, “Nacimiento” en la acepción que tratamos es una “representación con figuras del nacimiento de de Jesucristo en el portal de Belén”. Al nacimiento (término más o menos oficial en castellano de esta representación) también se le conoce como belén -el término más popular en España- pesebre o portal, estas últimas denominaciones mayormente usadas en Hispanoamérica, lo mismo que nacimiento. Básicamente, todo belén que se precie debe tener obligatoriamente las figuras básicas protagonistas principales del nacimiento de Jesús de Nazaret en Belén según los evangelios: el niño Jesús recién nacido en el pesebre de paja, San José y la Virgen María. Ese sería el conjunto mínimo para cualquier belén (si no, no sería tal cosa) , aunque la mayor parte de los que existen, claro está, tiene más figuras, personajes o accesorios hasta completar auténticos dioramas entre el modelismo y el conjunto escultórico y muchas veces con objetos y elementos complementarios como paisajes (en tres dimensiones o pintados en una lámina a modo de fondo), maquetas de casas o de ciudades palestinas enteras, reproducciones a escala de campos y árboles con hierba o musgo reales en ocasiones o incluso de ríos y pozos con agua real. Además de las tres figuras antes citadas, hay otras que pocas veces faltan en un belén por minimalista que sea, como son los entrañables buey y mula, dos animalillos que siempre se representan flanqueando a la sagrada familia dentro del portal del Belén, generalmente tumbados ya que se supone (erróneamente) que ambos se encontraban en la gruta de Belén donde Jesús nació aunque nada de eso dice en ninguno de los cuatro evangelios aunque si en los apócrifos. No obstante, pese a lo que digan ahora desde las más altas instancias vaticanas sobre la conveniencia de prescindir de ambos personajes para adecuar la tradicional y estandarizada culturalmente representación figurativa del nacimiento de Cristo a la realidad, nada parece que vaya a motivar al pueblo llano a eliminar a ambos cuadrúpedos de las representaciones belenísticas, ya que su casi ancestral presencia en los nacimientos es la típica nota entrañable que ponen los animales en cualquier representación plástica con pretensiones de resultar simpática y atractiva para los más pequeños, es decir, que tiene connotaciones casi Disney. Ya fuera del rango de los personajes o figuras totalmente imprescindibles se encuentran los pastores (en número variable), los tres Reyes Magos, campesinos adoradores o en su tarea, ángeles, etc.  Y como escenario principal (al margen de otros secundarios en belenes más elaborados) el Portal de Belén, aunque no se pueda decir que sea imprescindible debido a lo engorroso que supone muchas veces el guardarlo año tras años sobre todo cuando el belén es básico: las versiones pueden ser infinitas, además de la gruta minimal y rústica existe el cobertizo de posada, el portal (propiamente dicho) de un edificio modesto, la cuadra…en realidad todo lo que la imaginación pida ya que no hay acuerdo entre los evangelistas en cual fue el tipo de lugar exacto en donde nació Jesús. Y es que, el mundo de los belenes no es canónico en cuanto las representaciones incluso en lo tocante a vestimentas, paisajes u objetos existentes, la mayoría de las veces cometiendo incorrecciones históricas fruto de la influencia de la tradición ancestral cristiana en las representaciones iconográficas religiosas que siempre tienden a plasmar a los personajes de la época de Jesucristo con ropajes grecolatinos. A parte de esto, está la costumbre en algunos lugares de añadir deliberadamente en los belenes elementos folklóricos nacionales o regionales, aunque a veces el efecto que produce es más bien ridículo.



El mundo del belenismo (el arte de configurar y construir belenes) es la verdad enormemente rico, variado y complejo como para abarcarlo en  unas cuantas líneas. Toda una ciencia para sus cultivadores, que siempre tratan de dar al nacimiento distinción artística, el belenismo nos enseña que los tipos y categorías de belenes son sencillamente infinitos ya que son muchos los ítems que conforman las diferentes clases de belenes: según su calidad artística, según su adscripción o no a temas locales, según su montaje sea  más o menos elaborado, según su perspectiva, etc. Los  materiales de las figuras del belén (que castizamente en la península ibérica se denominan “figuritas”) pueden ser también muy variados: porcelana, yeso, barro, terracota, escayola, plástico, madera, metal…prácticamente cualquier material que pueda ser moldeado o trabajado. Ojo, que las figuras del belén no tiene por que ser artificiales ya que también existe el concepto de “Belén viviente”, entendido como una representación estática de la escena del nacimiento con personas reales haciendo de “figuritas”, una cosa que la mayor parte de las veces queda bastante patética cuando los trajes de los personajes están hechos con cuatro trapos.



Se atribuye a San Francisco de Asís la invención del belén en el siglo XIII, aunque desde los comienzos del cristianismo existieron representaciones pictóricas del nacimiento de Jesucristo con todos los elementos típicos: la sagrada familia, la mula, el buey, la estrella de Belén, los adoradores e incluso los Reyes Magos. La tradición dice que en la nochebuena de 1225 en Greccio (Italia), Francesco de Assisi tuvo la genial idea de conmemorar el nacimiento del Salvador oficiando una misa junto a un pesebre vacío (el lugar donde supuestamente había nacido Jesús) custodiado por un buey y una mula tal y como figuraba en los evangelios apócrifos y en diversos cuadros y representaciones del nacimientos que se venían haciendo desde la edad antigua; en otras palabras, pretendía representar las condiciones del nacimiento de Cristo aunque esto difícilmente pueda ser considerado como un belén, pero lo cierto es que  fueron los franciscanos los encargados a partir del siglo XIV de introducir el belén figurativo (hecho con figuras de madera o barro) en la liturgia de sus órdenes y en extenderlo por todas las iglesias primero de Italia y mas tarde del resto de Europa, siendo al principio una práctica que tan solo se daba en el ámbito eclesiástico que más tarde pasaría a la nobleza, a la aristocracia y finalmente el pueblo llano. Desde el siglo XVIII, época en la cual el belén se popularizó enormemente, el belenismo se instaura en todo el mundo con diferentes variantes y atribuciones pero con su esencia inmutable. España desde el siglo XVIII es uno de los países belenistas por excelencia junto a otros europeos como Italia, Francia, Alemania, Austria, Chequia o Polonia o casi toda Sudamérica.    






No cabe duda que en navidad los belenes son algo tan habitual y tradicional año tras año que se puede decir que forman parte de nuestras existencia, pero pocas veces nos hemos parado a pensar seriamente en todo su significado iconográfico. ¿Los conocemos realmente? ¿Qué es lo que tienen los belenes? ¿Qué es lo que suponen para la gente en general las diferentes figuras? ¿Resulta conveniente llamar Belén a un intento de representación parcial de dicha localidad palestina? (ya que con ese nombre esperaríamos encontrarnos con una maqueta a escala de todo Belén, pese a los intentos de hacer belenes que reproducen casi una aldea entera)  Es lo que trataremos de abordar a continuación repasando sus principales figuras, escenarios y elementos  





San José, la Virgen y el Niño



Como hemos dicho antes,son los elementos indispensables de los belenes y los que le dan razón de ser; de hecho su imagen es la esencia misma de la navidad (la Natividad) El Niño Jesús, siempre en el medio en su cuna-pesebre flanqueado por José y María. El que ambos personajes estén a la izquierda o la derecha del Niño es algo que resulta variable. El Niño puede estar dormido, despierto, acurrucado o incluso bendiciendo con la mano, una modalidad bastante extendida en los belenes españoles cuando se trata especialmente de un Jesús de rubios cabellos que el Niño no parece un recién nacido ni de palo.  




Con respecto a José y María, su plasmación suele ser variable: de pie, sentados, arrodillados, en posición orante. El báculo de José es casi consustancial a la figura. Pocas veces veremos a estas dos figuras vestidas a la usanza israelí del siglo I - aunque en los últimos tiempos esto está cambiando- ya que por ejemplo José suele ir con túnicas romanas.  Esta escenografía básica de la natividad (complementada por el Buey y la Mula que comentaremos a continuación) casi siempre va inserta en el Portal de Belén (sea cual sea su versión, como hemos visto antes) el cual en bastantes ocasiones esta coronado por la “Estrella de Belén”, el astro errante que según la tradición guió a los Magos de Oriente hasta Belén deteniéndose justo sobre la gruta (¿era en realidad el cometa Halley?) Hay que decir que la estrella como elemento belenístico hoy en día está un poco demodé   




El Buey y la Mula, especies en peligro de extinción




Se puede prescindir de ellos cuando la representación de la natividad trata de ser minimalista y no pasar absolutamente nada, pero eso ocasionaría el berrinche de los más pequeños.  Efectivamente, la importancia que han adquirido el toro castrado y el híbrido hembra entre caballo y asno (aunque siempre parece más esto último) en la representación belenística y en general en la iconografía navideña es sencillamente monumental. Estos bichos en el Nacimiento tienen su impronta simbólica conectada con la historia de Israel según la Biblia (Profeta Isaías), pero no han faltado quienes lo consideran el símbolo de la pobreza y humildad en el portal de Belén. Sea como fuere, por su carácter entrañable, por lo bien que quedan en el conjunto o simplemente por que nos da la gana, la mula y el buey, que aparecen desde las primeras representaciones pictóricas  paleocristianas de la natividad, no deben ser nunca eliminados del belén pese a las últimas recomendaciones pontificias. ¡Podíamos llegar!  




Los Reyes Magos (y sus camellos y pajes)



Los Magos de Oriente son tal vez las figuras no esenciales más recurridas en el belenismo. Los regaladores de oro, incienso y mirra hicieron su acto de aparición en la iconografía cristiana  desde el crepúsculo de la edad antigua, cuando se les empezó a representar en número de tres y bajo los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, aunque nada se dice ni de su nombre ni de su número en el Evangelio: es más, ni siquiera fueron reyes, se les empezó a considerar así en la edad moderna en concordancia con la riqueza de sus regalos a Jesús, propios de monarcas o nobles. Se sabe también que los Magos no acudieron a Belén inmediatamente  después del nacimiento de Cristo sino después de varios días, pero el concepto tiempo en los belenes sencillamente no existe.     





Existen diferentes formas de representar a los tres Reyes Magos en un belén, la más extendida es a manera ecuestre sobre camellos dirigiéndose al portal situados a unos palmos de este (nótese que aquí aplicamos el concepto escala, lógicamente, cuando en realidad estaríamos hablando de metros o de kilómetros). En esta representación, los Magos muchas veces van acompañados de pajes (inherentes a su naturaleza real) que van andando tirando del camello produciéndose en un entorno tan poco propio para ello como es el navideño y cristiano la desagradable dualidad amo-criado. Otra representación común es los tres Reyes Magos de pie o arrodillados (sin camellos ni nada) adorando al Niño con sus tres regalos en mano. Hay que decir que muchas veces la cabalgadura de estos personajes no es el camélido sino el caballo (aunque en realidad el camello sea más bien un dromedario). Los magos de Oriente, con sus capas, coronas, tocados exóticos y demás aportan glamour al belén y por ello siempre son figuras bastante preciadas y “fan favourites” entre los belenistas     




Pastores y sus ovejas, que no falten




Los Pastores con sus pellizas de lana, sus bastones y sus ovejas son también unas figuras bastante habituales en los nacimientos. En los belenes hispánicos muchas veces se parecen por su indumentaria a los pastores de un pueblo de Castilla o Extremadura, pero siguen resultando igual de entrañables. Su número no es fijo en las representaciones belenísticas y muchas veces son el gremio con mayor representación en los belenes-diorama. Pueden aparecer adorando al Niño (la adoración de los pastores), en sus quehaceres pastoriles o reproduciendo en una esquina del nacimiento la aparición del ángel a los pastores, donde se les coloca alrededor de la hoguera adoptando manieristas aspavientos de asombro o terror dignos del peor alumno de la  escuela de arte dramático. Las ovejitas suelen ser figuras a parte, pero muchas veces el pastor o la pastora en cuestión los lleva en sus hombros (con lo fácil que sería llevarlos atados con una cuerda cual canes). También puede aparecer otro tipo de animales como vacas, gallinas, cerdos, asnos, en fin, toda una granja. 




Lavanderas




Seguimos con los oficios del pueblo llano en el Belén del año 0. Es curioso que cuando se trata de representar a personajes femeninos en los belenes, la lavandera sea el más estandarizado, por así decirlo, auque haya también pastoras, hilanderas, etc. La lavandera ha terminado por convertirse en un personaje imprescindible en todo belén que se precie, casi siempre representada arrodillada a la orilla del río ejerciendo así su labor. El personaje en sí ve aumentada su importancia cuando el río es de agua real y la figura se mueve mediante procedimientos mecánicos, convirtiéndose entonces en el centro de atención.   




Carpinteros, herreros y oficios diversos




En los belenes panorámicos podemos encontrar figuras que representan diversas ocupaciones por aquello de reproducir “fielmente” el día a día de Belén en el nacimiento de Cristo. Huelga decir que las estatuillas en cuestión están muy afanadas en sus oficios: el herrero martillando, el carpintero serrando, la campesina cavando, el leñador talando, el alfarero modelando. No suelen ser muy habituales estos personajes ya que son genuinos de los belenes panorámicos, artísticos, en diorama o mecánicos (es decir, los que salen más caros) y su función en los mismos es más o menos el equivalente a los extras de las superproducciones en el cine: hacer bulto y dar espectáculo visual. No nos engañemos, los belenes con movimiento existen principalmente para justificar la inclusión de estas figuras o viceversa, ya que son casi siempre las únicas dotadas de movimiento… aunque a decir verdad con esto consiguen robar protagonismo a la escena de la natividad.  




Soldados romanos y Herodes  (los malos malosos)





En toda representación con sustrato más o menos dramático no podían faltar los villanos. Es cierto que no es muy común en los nacimientos la presencia de los soldados romanos, pero tampoco son escasos los que los incluyen. A decir verdad no pintan nada en los belenes al aparecer casi siempre al margen de todo lo que se representa en ellos incluido el nacimiento, pero su presencia es requerida por la gente mayor por aquello de que da cierto tono peplum (muchos belenes historiados al final terminan siéndolo) que les recuerda a su infancia de matinés cinematográficas con cosas como Ben-Hur o Quo Vadis, donde los romanos eran los feroces enemigos de los cristianos. Lo de la exactitud histórica de las indumentarias de los soldados sería para hablar largo y tendido, pero no lo vamos a hacer. En algunos nacimientos también se llega a incluir la figura del Rey Herodes, el malo oficial de la navidad, en su palacio (ya cuando hablamos de belenes-mamotreto) u ordenando la matanza de los inocentes, que a veces también se escenifica. 




Ángeles




En épocas pasadas era muy común incluir a ángeles en el belén (en la visita a los pastores o coronando el portal de Belén), pero curiosamente esta figura tiende a disminuir en importancia al menos en los belenes españoles. Queda bien cuando la figura es para colocar de pie, pero el efecto super héroe que provoca cuando hay que colocarlo mediante alambres para que parezca que está volando es algo kirsch.   




Chozas y casas: modelismo para el belén




Los belenes más elaborados se suelen prodigar en todo tipo de maquetas: casas, talleres, chozas, castillos (el de Herodes, generalmente) en perspectiva. Aquí entra en juego el modalismo aplicado al belenismo y muchas veces se consiguen auténticas obras de arte. Esto es propio de los belenes de asociaciones, organizaciones, empresas, iglesias  o instituciones públicas; en belenes hogareños es más difícil hacer esto, pero hay quienes invierten horas y horas en esto con inmejorables resultados.




Ríos y pozos, cuando el agua fluye.


Es señal de distinción belenística el incluir agua real (en circuitos cerrados) ya que es un recurso que suele dejar con la boca abierta a la concurrencia cuando esta bien puesto, aunque últimamente esté ya muy visto. Los pozos son ya todo un clásico, si tienen agua dentro, mejor todavía y ya si el cubo sube y baja mecánicamente, ni te cuento. En los ríos otro tanto de obtención de categoría puede darse, si bien resulta más económico el socorrido papel albal (o cualquier material plástico) haciendo las veces de agua.