sábado, mayo 28, 2016

MADAME BOVARY



 
** y 1/2

Las adaptaciones de clásicos universales de la literatura siempre son bienvenidas en estos tiempos que corren de mensajes simplificados en watsapps, twitts y faltas de ortografía hasta en los medios de comunicación. Madame Bovary, una de las novelas quintaesenciales del realismo literario del siglo XIX se encuentra con una nueva traslación a la pantalla grande desde luego no tan memorable como la de Vincent eMinnelli en 1949 con Jennifer Jones o el más que atinado pastiche de la historia que hizo David Lean en 1970 con Ryan´s Daughter  Esta es una producción británico-belga modesta pero sumamente cuidada en su ambientación sustentada en buenas interpretaciones y por supuesto en el poder dramático que aún sigue irradiando su inmortal historia. Así, pese a que la película consigue transmitir el espíritu de la historia de Emma Bovary -la mujer desesperada por lo anodino de su matrimonio concertado y que pese a los beneficios materiales que este le trae decide dar rienda suelta a sus sentimientos y a su pasión iniciando relaciones extramatrimoniales para alcanzar la felicidad de su espíritu y huir de los convencionalismos y de las restricciones de la época para una mujer casada- se nota un excesivo encorsertamiento  formal y una sensación de que la adaptación se ha hecho con tiralíneas y sin desde luego la pasión que requería el relato. Se eliminan varios pasajes y tramas de la novela de Gustave Flaubert aunque esto no es lo peor, lo más decepcionante es ver como momentos clave de la historia están tratados de una manera que pasan totalmente desapercibidos.

No se puede reprochar mucho a la cada vez más sólida actriz Mia Wasikowska- que parece hacer de personajes literarios legendarios del siglo XIX su especialidad- quien compone una Emma Bovary más que correcta, y tampoco el resto del reparto se encuentra desentonado. El asunto es que se ha hecho una adaptación rutinaria y muy poco estimulante pese a su más que evidente corrección formal y eso únicamente conduce a realizar una película olvidable en poco tiempo. Lo mejor será seguir leyendo el libro.

miércoles, mayo 18, 2016

CORAZÓN GIGANTE (FÚSI)






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Fue la sorpresa en la Seminci, con premio al mejor actor incluido, y en el Festival de Tibeca este modesto pero sugerente melodrama con ribetes de comedia romántica pero con intríngulis psicológico y social y una extraña mezcla de esperanza y amargura. Perteneciente a una filmografía tan desconocida como la islandesa, Corazón Gigante no solo se deja ver sino que cautiva con su inmediatez y su mezcla tan caótica como contradictoria de sentimientos y de situaciones, pese a lo muchas veces duro de su contenido desde el punto de vista psicológico. Todo ello es gracias en gran medida a su actor protagonista, Gunnar Jonson, que cautiva al público con su composición de Fúsi, un cuarentañero obeso, solitario, inseguro e inmaduro que comienza a experimentar inesperadamente un cambio en su anodina existencia cuando conoce a Sjöfrn (Ilmur Kristjándóttir) una mujer que parece introducirle por fin en el amor y en definitiva en el mundo adulto pero cuya inestabilidad mental no contribuirá precisamente a aclarar la situación de ambos.        



Aunque el mensaje de la película no es cien por cien esperanzador, la sabia combinación de momentos amables y dramáticos siempre centrados en la difícil evolución personal de su protagonista convierten al filme en un más que sugerente tour de force emocional que pese a todo deja un buen sabor de boca. Fúsi, un que vive con su madre y su padrastro, trabaja en un aeropuerto donde es acosado por sus compañeros, su afición es montar y decorar dioramas sobre la II Guerra Mundial y hacer juegos de estrategia con el que a parecer es su único amigo, es en realidad un doble marginado, tanto por su inseguridad como por el encasillamiento al que se ve sometido por parte de la gente a causa de su inusual condición, algo que le ocasionará algún serio disgusto. Su extraña historia de amor le supone una aparente inflexión, pero ¿podrá salir bien o la sociedad misma se encargará de impedir que así sea? Son mucho más de los que parecen los temas que trata el filme, una cinta emotiva y genial que debe verse cuanto antes ya que probablemente no aguante mucho en cartelera

lunes, mayo 09, 2016

TRUMBO




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En Estados Unidos de vez en cuando se lleva a cabo un tirón de orejas retroactivo a los episodios más oscuros e injustos de la historia norteamericana y a veces resultan bastante significativos cuando se imbuyen en acontecimientos de años en realidad no tan lejanos. Hollywood ha sido una de las principales vías para hacer eso y de si algo se caracteriza es de cumplir correctamente dicha función siempre que se ha puesto a ello, independientemente del grado de honestidad y sinceridad con el asunto en cuestión. La figura del guionista y escritor Dalton Trumbo (1905-1976) uno de los más brillantes libretistas de la historia de Hollywood (Treinta Segundos sobre Tokio, Vacaciones en Roma, Espartaco, Éxodo) siempre ha sido un interesante objeto de medición de los devenires de la historia americana del siglo XX posterior a la II Guerra Mundial y su irrefutable fobia a las ideas que se consideraban “antiamericanas”. Trumbo, miembro destacado del Partido Comunista norteamericano- como muchos de sus colegas de la industria del cine en aquellos años- sufrió la persecución, la cárcel y el ostracismo a causa de unas ideas no toleradas en EEUU y su trayectoria y su rocambolesca situación es lo que nos viene a contar esta interesente pero algo irregular biopic firmado por Jay Roach y que cuenta con una excelente ambientación histórica y un ritmo de narración nada moroso y muy efectivo, algo que suele echarse bastante en falta en no pocas biografías llevadas al cine. Bryan Cranston (serie de TV Breacking Bad), un actor no excesivamente conocido pero enormemente versátil da vida más que eficientemente a Trumbo, un hombre tan idealista como enamorado de su profesión y de sacar en adelante a su familia, aunque su contradictorio carácter no dejó de ocasionarle numerosos problemas en diferentes ámbitos, el familiar incluido. 



El Hollywood de los 40, 50, y 60 en plena Guerra Fría fue el campo de batalla en el que se movió Trumbo , incluido en la lista negra por sus supuestas simpatías filosoviéticas y marginado de la industria teniendo que firmar muchos de sus guiones con pseudónimo (algunos ganadores de Oscar) y perseguido por personajes ultraconservadores como la crítica  Hedda Hopper (Helen Mirren), el actor John Wayne (David James Elliot) y por supuesto por el gobierno de EEUU. El filme cumple en su doble función de crítica a una situación de injusticia histórica y en el de homenaje a Trumbo, así como triunfa en su propósito de retratar las miserias de la industria del cine nortemericano en su época dorada, en donde la corrección política consonante con la Guerra Fría y el American Way of Life llevó a situaciones tan estrambóticas como la que vivió uno de sus mejores guionistas de entonces. Con un reparto eficaz en donde los actores y actrices tratan de recrear con credibilidad personajes reales de dentro y fuera del mundo de cine indpendientemente del parecido físico (Michael Stuhlbarg como el primeramente comunista y después chivato contra los Diez de Hollywood  Edgard G. Robinson, Alan Tudyck como Ian McLellean Hunter, Dean O´Gorman como Kirk Douglas, o Diane Lane como Cleo, la esposa de Trumbo) y una trabajada puesta en escena la película flojea a causa de un exceso de situaciones y un estilo muchas veces demasiado previsible y televisivo. Se echa en falta tal vez mayor riesgo en un filme en donde no faltan escenas reales de cintas míticas o recreaciones de las mismas (y de rodajes) hechas con mimo cinéfilo. Con todo, una película honesta y que se deja ver bastante.  


miércoles, mayo 04, 2016

EL LIBRO DE LA SELVA (THE JUNGLE BOOK)



 
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La tendencia desde hace algunos años de Disney de realizar versiones en imagen real de sus clásicos animados- como con 101 Dálmatas o La Bella Durmiente con resultados más bien discutibles- cada vez va apareciendo menos acertada. Los resultados son previsibles, rutinarios y con una más que evidente orientación supercomercial que lastra cualquier intento de hacer filmes familiares de calidad. Curiosamente, en esta ocasión Disney reincide en la jugada ya que en los 90 realizó dos olvidables adaptaciones (en dos partes) de uno de los títulos más recordados de la productora, El Libro de la Selva (1967) un encantador filme animado (el primer largometraje tras la muerte de Walt Disney) que adaptaba dos de los relatos de The Jungle Book (1894) de Rudyard Kipling un clásico de la literatura juvenil de todos los tiempos  que reunía diferentes relatos ambientados en las selvas de la India colonial del siglo XIX repletos de animales salvajes parlantes y enseñanzas morales. Si en aquellas dos ocasiones en 1994 (The Jungle Book) y 1998 (The Jungle Book. Mowgli´s Story) se apartó un tanto del tono festivo e infantil del clásico animado para aproximarse (muy torpemente) al espíritu de los relatos originales de Kipling y se contó con presupuestos medianos y pretensiones modestas, en esta ocasión se va a saco en la adaptación-remake del largometraje animado y con un enorme dispendio de efectos especiales que incluye increíblemente veristas animales recreados digitalmente  y la dirección de un Jon Favreau (saga Iron Man) que se limita a seguir las directrices impuestas por la todopoderosa productora con oficio pero sin pasión, este nuevo Libro de la Selva es sencillamente un producto mercadotécnico, sin originalidad con respecto a todo lo que el público supone erróneamente sobre la historia de Mowgli tal y como Disney la contó en su día (y que solo tiene que ver lo justo con los relatos de Kipling) y muy poco estimulante, aunque el público infantil disfrutará con la consabida mezcla de acción, humor, animales y el sugerente espíritu de una historia que pese a todo se ha sabido mantener. No obstante sería injusto obviar buenos momentos en el filme, principalmente a la hora de mostrar la perfecta interacción-adaptación entre los animales digitales, los paisajes y el personaje de Mowgli (Neel Sheti) prácticamente el único personaje real con peso de la película, así como la fotografía de Bill Pope resulta de recibo.         

Al igual que el largometraje de animación, el guión toma como punto de partida los relatos de la obra de Rudyard Kipling Los hermanos de Mogwli y La caza de Kaa que presentaban la infancia del protagonista, un niño perdido en la selva india y criado por una manada de lobos al que un tigre, Shere Khan, jura venganza por ser un “cachorro” de la raza humana a la que detesta. Si en aquella ocasión la historia se adulteró bastante en esta se siguen más o menos los cambios del filme de los 60 con alguna modificación que trata de dar un tono menos edulcorado y más al gusto del público infantil de hoy (luchas encarnizadas, villanos muy malotes, personajes que hablan como personas del siglo XXI) pero al fin y al cabo alejándose una vez más de la fuente original. Tal vez la supeditación del hecho de que la versión original haya recurrido a estrellas para las voces de los personajes, como Ben Kingsley (Bagheera), Bill Murray (Baloo), Scarlet Johansson (Kaa) o Christopher Walken (el rey Loui) hace que a veces los animales actúen como personajes proclives al encasillamiento. No resulta tampoco buena la idea de resucitar dos de las canciones de la fuente animada disneyana (las dos más conocidas) ya que la sensación que provocan es que sencillamente están de sobra. Por el contrario, algún hallazgo genial como el homenaje cinéfilo que se hace a Apocalipse Now en el encuentro de Mogwli con el Rey Loui resulta sencillamente de chapó, aunque la reinvención del simio como un kingkonesco “gigantopitéco” (sic) sea de juzgado de guardia.  Una película para pasar la tarde con los críos…y poco más.

martes, abril 26, 2016

JULIETA




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Voluntarioso pero limitado se ha encontrado esta vez Almodóvar ante un nuevo drama que se presentaba con ambición y que cuya premisa hacía presagiar que el realizador manchego iba a estar tras la estela de Hable con Ella.  No ha sido así y Julieta es solo un filme correcto que funciona muy bien como drama intimista pero que adolece de las limitaciones habituales de Almodóvar la mayor parte de las veces  que se enfrenta a un filme alejado de la comedia: falta de explicación convincente en el elemento dramático del filme, personajes secundarios que no terminan de ser creíbles, momentos forzados hasta el absurdo. Nada se le puede reprochar en cambio a la hora de forjar un poderoso elemento humano y psicológico que como resulta habitual de nuevo brilla con luz propia, arropado por una historia sólida y envolvente que pone en evidencia la gran habilidad de Almodóvar como narrador, que en esta ocasión ha tomado como referencia los relatos de le escritora canadiense Alice Munro. Julieta en palabras de su director pretende ser una historia sobre el silencio y lo jamás dicho, algo que preside y condiciona la vida de una persona, en este caso la protagonista del filme interpretada en dos etapas de su vida por Adriana Ugarte y Emma Suárez. Pero el tratamiento de dicho tema y toda la complejidad psicológica y vital que conlleva dista de ser el idóneo para conseguir una gran película y el manchego parece conformarse solo con unos cuantos retales dramáticos no demasiado originales y unos recursos y ritmo narrativo aunque sólidos demasiado previsibles.

Julieta, la protagonista del filme, ve su vida condicionada por un extraño e improcedente sentimiento de culpa por la muerte por suicidio de un desconocido de la que fue testigo justo el mismo día en el que conoció al amor de su vida, Xoan (Daniel Grao) un pescador gallego que la hizo llegar al norte abandonando su prometedora carrera de profesora de secundaria. Así, en periodo de tiempo que abarca de 1985 a 2015, la vida de Julieta con una hija, Antía (Priscilla Delgado / Blanca Parés) de por medio va experimentando cambios bruscos condicionados por sucesos trágicos de los que prefiere olvidar o no mencionarlos. Diferentes personas pasan por su vida dejando poderosas improntas que de un modo u otro irán afectando a su vida: Ava, la mejor amiga de su marido (Inma Cuesta), Marian, la intrigante ama de llaves en Galicia (Rossy de Palma), su madre enferma (Susi Sánchez) y su padre despreocupado (Joaquín Notario), Bea, la mejor amiga de Antía (Sara Jiménez / Michelle Jenner) o su amor de madurez, Lorenzo (Darío Grandinetti). Una vez más, los personajes y sus  interpretaciones son el plato fuerte en un filme de Almodóvar en donde todo da la sensación de estar hecho con el piloto automático pese a los no pocos buenos momentos del filme. Gustará a los seguidores del director pero es muy posible que no encuentre mucho público entre a los que la filmografía de Pedro Almodóvar les sea más o menos indiferente.         

martes, abril 19, 2016

EL HÉROE DE BERLÍN (RACE)





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Una de los relatos más apasionantes y conocidos de la historia del deporte, el del atleta norteamericano Jesse Owens (1913-1980), aún no había tenido su visión cinematográfica (aunque si la tuvo en los 80 como miniserie de TV), y por fin su significativa historia- especialmente desde el punto de vista social, político además claro está del deportivo- llega a la pantalla grande en una modesta pero sugerente e inteligente película que pone de manifiesto especialmente el sombrío pasado que vivió la comunidad afroamericana- a la que Jesse Owens pertenecía- en buena parte del siglo XX además de hacer hincapié también en todo el esfuerzo que tuvo que hacer un deportista negro para llegar a ser y además ser reconocido como el mejor sportman de su país en una sociedad norteamericana que en los años 30 aún consideraba a las personas de raza negra como ciudadanos de segunda. Los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, en pleno auge del nazismo, y en donde Owens alcanzó la gloria en forma de cuatro medallas de oro ante la atónita mirada de Hitler y del nazismo en general, es el entorno principal en el que se desarrolla esta honesta película que fluye con versatilidad entre el drama, la crónica de superación, el testimonio socio-histórico, y pro supuesto, la épica que siempre va asociada a las historias enmarcadas en el mundo del deporte.

Muy bien ambientada tanto en el mundo universitario de Ohio de los años 30 (en donde Jesse dio sus primeros pasos serios como atleta) como en el Berlín de III Reich, el filme no abusa de los tópicos del biopic - en realidad solo asistimos a tres años de la vida de Owens, de 1933 a 1936-  y sabe retratar muy bien tanto la repercusión social de la gesta de Owens y todo lo que significó para la sociedad norteamericana y  especialmente para los afroamericanos como todo el viciado y siniestro ambiente que se vivió alrededor de unos Juegos Olímpicos diseñados para glorificar a la raza aria y ridiculizar a las “razas inferiores” y servir como estandarte propagandístico internacional del nazismo, llegando a condicionar los parámetros en los que se insertó la participación de EEUU en dichos juegos. Todos esos vergonzantes e históricos momentos están muy bien recogidos en el filme con escenas conseguidas y casi memorables como también lo resultan las escenas deportivas, muy bien filmadas y aunque se huya recurrido presumiblemente a la tecnología digital. El desconocido canadiense Stephan James está bastante creíble como Jesse Owens y el resto del reparto cumple con creces incluidas las interpretaciones de varios personajes históricos como el entonces presidente del Comité Olímpico Estadounidense y futuro presidente del COI Avery Brundage (Jeremy Irons), el otro hombre fuerte del Comité americano Jeremiah Mahoney (William Hurt), el ministro de propaganda nazi y presidente del comité organizador de los Juegos Joseph Goebbels (Barnaby Metschurat) y la ínclita cineasta oficial del nazismo Leni Riefenstahl (Carice Van Houten)- nunca tendremos claro la postura final de esta mujer ante el régimen nazi- que tiene su parcela de protagonismo en este filme. Puede que el guión adolezca de verdadera emoción y que no se haya explorado demasiado en la figura del atleta, pero escenas como la del final del filme (que vienen a ilustrar lo paradójico e hipócrita de la situación que vivió el deportista en su propio país por su condición racial) confirman que la película cumple con sus objetivos de crónica de un pasado oscuro en la historia norteamericana.  

miércoles, abril 13, 2016

HITCHCOCK/TRUFFAT




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De acuerdo, se ha escrito un montón sobre Alfred Hitchcock y ya cualquier cosa nueva que nos llegue sobre él en forma de libro, artículo, documental o el estudio y análisis más sesudo sobre su obra cinematográfica y su significación en la historia del séptimo arte nos sonará siempre a algo dicho o escrito mil veces. Pero este sobrio y esforzado documental que firma Kent Jones aún es capaz de ofrecernos una, si no nueva, si curiosa perspectiva sobre el que fue llamado “el Mago del Suspense” al dejar que el tema de la cinta no sea el propio Hitchcock propiamente dicho sino precisamente el estudio por excelencia del que fue objeto el director británico afincado en EEUU: el libro El Cine según Hitchcock (1966) escrito a partir de largas y profundas entrevistas y conversaciones con el maestro por otro cineasta más que excepcional, François Truffat. 50 años después de su publicación el libro continúa siendo toda una Biblia para cinéfilos, estudiantes de cine e imagen y aficionados al séptimo arte y un ejemplo de cómo debe ser un libro sobre el arte del cine y sobre la obra de un director, con más que apasionantes datos y reflexiones como solo dos grandes directores enamorados de su profesión podían haber concebido. 

Sin pretensiones de ser ninguna completa y definitiva traslación en imágenes de dicha obra, la película cumple más que con creces en diferentes frentes: mostrarnos la génesis y el desarrollo del estudio siempre desde la perspectiva de un director como fue Truffat al igual que todos sus colegas franceses de la Nouvelle Vague empeñado en elevar el cine a la categoría de arte por medio de su metalenguaje y obsesionado con que el director tuviese un rango de artista y creador (algo que según él Hitchcock había sido el pionero); hacer un homenaje a  Alfred Hitchcock y a sus películas mediante algunos pasajes comentarios del director vertidos en el libro; y en definitiva celebrar la enorme idea de Truffat de concebir El Cine según Hitchcock, una obra que sin duda cambió para siempre la visión cine del arte cinematográfico como algo con multitud de matices y niveles de lectura siempre desde el punto de vista artístico y literario. Y de paso, claro está, homenajear como es debido a François Truffat, aquel crítico metido a director que más allá de la grandeza de su propia cinematografía fue uno de los cineastas más influyentes de las décadas posteriores gracias a su sapiencia y buen hacer en el medio, siempre bajo la influencia de su a partir de entonces amigo Hitch. Varios directores de diferentes épocas (Martin Scorsese, Richard Linklater, Arnaud Despelchin, Wes Anderson, Paul Schrader, David Fincher…) desfilan ante la cámara analizando momentos estelares en la filmografía de Hitchcock a partir de históricos comentarios que el director vertió en su entrevista con Truffat, todo ello ilustrado con fragmentos de sus filmes: Vértigo, Psicosis o La Ventana Indiscreta son películas que reciben especial atención en este documental. Así mismo, podemos oír fragmentos de la cintas con la entrevista que Truffat grabó en sus estancia en Estados Unidos con Hitchcock (que fue en 1962 aunque el libro se publicase cuatro años después) constituyendo un documento de primera magnitud y en donde oímos al británico contar con su propia voz elementos esenciales en su cine (y que por entonces nadie había reparado en ellos) como era la importancia de “manipular” al espectador, el manejo del tiempo y aspectos simbólicos como la soterrada presencia de la sexualidad en las motivaciones de muchos de sus personajes. Una película muy bien presentada y efectiva especialmente recomendada para cinéfilos de pro.     

martes, abril 05, 2016

ALTAMIRA




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Fallido intento de hacer cine español con vocación internacional y visos de exportabilidad (rodado en inglés director y la mayor parte del reparto extranjero) con un filme que en su afán por presentar un producto que trata de dar el pego de hollywoodiense solo consigue una cinta rutinaria, previsible y desmañada no exenta de alguna virtud. La historia de Marcelino Sanz de Satuola (1831-1888) el descubridor de las pinturas de la cueva de Altamira en Santillana del Mar (Cantabria), la gran obra maestra del arte rupestre datada en el paleolítico, era a priori un punto de partida muy interesante ya que se trata de la crónica del empeño de un hombre por demostrar la veracidad de su descubrimiento (tachado en su época como una burda falsificación) ante una comunidad científica que a finales del siglo XIX consideraba  al hombre primitivo como un salvaje incapaz de crear arte- y aunque se aceptasen las teorías de la evolución de Darwin- además de tener que combatir los ataques de la iglesia católica que consideraban el estudio  de la prehistoria y más concretamente del hombre prehistórico como contrario a los dogmas de sagradas escrituras por contravenir el concepto de creación divina; pero solamente se ha conseguido una suerte de miniserie de televisión estrenada en cines con todo contado de manera muy mejorable fallando estrepitosamente en su intento de buscar aristas dramáticas de fuste en el personaje de Marcelino Satuola y la relación con su familia y rivales: solo se consiguen golpes de efecto maniqueos propios del cine comercial nortemericano o, una vez más, de un telefilme y pese a que Antonio Banderas pone todo su empeño en dar lustre interpretativo a este visionario científico aficionado del siglo XIX cuyo hallazgo revolucionó el estudio de la prehistoria. Un guión hueco y muy poco estimulante de José Luís López Linares y Olivia Hetreed y una rutinaria dirección del británico Hugo Hudson, en otros tiempos un director de primera fila mundial (Carros de Fuego, Greystoke) pero desde hace tiempo un simple destajista que no había dirigido un largometraje de ficción desde más de 15 años echan por tierra cualquier intento de hacer una buena película.


Financiada en su mayor parte por la familia Botín (descendientes de Satuola ya que Marcelino y su hija María fueron bisabuelo y abuela de Emilio Botín) y rodada casi en su integridad en bellos parajes cántabros (Santillana, Liencres, los alrededores de Altamira) la película cuenta con un reparto internacional secundando a Banderas que sencillamente se limita a cumplir el expediente con un Rupert Everett nada creíble en el papel del intolerante obispo o la iraní Golshifteh Farahani, tampoco demasiado brillante como Conchita, la esposa de Satuola. En el reparto de actores británicos y franceses también hay algún español como Javivi, Tristán Ulloa o Irene Escolar que no aportan nada memorable y si algunos de los peores momentos del filme, algo que no se puede decir de la pequeña Allegra Allen que se adueña de la función cada vez que interviene como Maria Satuola, la verdadera descubridora casual de las pinturas. No obstante sería injusto no señalar lo inspirado de algún momento (todo lo relacionado con el interés de la niña María con la ciencia y su peculiar búsqueda de la “verdad”) o el acontecimiento casual que dio origen a la acusación de falsificación, así como la vistosa y luminosa fotografía de José Luís Alcaine. Por el contrario, la música de Mark Knopfler y Evelyn Glennie solo hace constantar que el ex lider de Dire Straits solo tiene dos soundtracks que merecen la pena en toda su carrera (Un Tipo Genial y Cal) y todo lo demás ya no tiene aquel encanto céltico-rockista de aquellas. Alguna incorrección histórica y forzados detalles posiblemente fruto de la subvención del gobierno de Cantabria al filme  no son factores precisamente que puedan engrandecer a una película. Una buena oportunidad perdida por un dudoso sentido de la comercialidad. 

lunes, marzo 28, 2016

BATMAN VS. SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA (BATMAN VS. SUPERMAN: DAWN OF JUSTICE)




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Todo el mundo se temía lo peor de este largamente esperado (y rumiado) crossover de los dos superhéroes más célebres del universo DC Comics -y prácticamente los superhéroes por excelencia de sociedad occidental- pero al final no ha sido para tanto: lejos de ser un truño y un producto malamente comercial, este Batman Vs. Superman, si bien no pasará a la historia del cine, es un entretenimiento muy bien planteado y con buenos momentos que harán las delicias de los fans de los personajes aunque también es posible que los seguidores más integristas de los dos justicieros de ficción verán pegas hasta debajo de las piedras. Si bien el guión del filme es endeble y todo lo predecible que se puede suponer en un producto de estas características, la película sabe rendir homenaje a la esencia de ambos personajes y del resto de superhéroes de la mítica editorial DC Comics, ya que la historia incluye a la superheroína feminista Wonder Woman como tercer vértice de la aventura, que en realidad es un prólogo- primera entrega encubierta de un próximo filme sobre la Liga de la Justicia, el grupo de los héroes DC que incluye a algunos personajes que hacen anecdóticos cameos en el filme en una de sus escenas más sugerentes.  Zak Snynder, si bien acatando todas las directrices de la productora Warner- la propietaria desde finales de los años 70 de los derechos cinematográficos de Superman y Batman- muestra su oficio como adaptador de comics (300, Watchmen o el reboot de Superman y precuela de este filme El Hombre de Acero) y le insufla un acertado tono noir y thriller aunque algo desperdiciado por su condición de típico producto de la era terrorismo-paranoica post 11 S que a veces resulta abrumador en este filme. Por fortuna, unos intérpretes adecuados y una acción más contenida que el catastrofismo barato de The Man of Steel superan lo que podía haber sido un filme de acción del montón.

Batman Vs. Superman tiene como aspecto positivo que quiere dejar claro que su rollo es diferente al de Marvel y que sus superhéroes, además de los más cinematográficos, son el paradigma del justiciero superdotado y por ello no se anda con rodeos en un tono de épica colosal aunque contenida que sin embargo a veces puede llegar a ser ridícula. Además de ser secuela del anterior y fallido filme sobre Superman la película aprovecha para  hacer un reboot del Batman de Christopher Nolan aprovechando que un nuevo intérprete (Ben Affleck) luce la mascará negra del hombre murciélago aunque el tono de este nuevo justiciero de Gotham no difiera mucho del Batman que interpretaba Cristian Bale. Affleck está se encuentra a la altura de un héroe superado y atormentado, enemistado con un Superman al que Batman/Bruce Wayne  y muchos ciudadanos consideran una amenaza para la humanidad a causa de los desmanes provocados por sus superpoderes y sus aparatosos combates, interpretado por segunda vez y de manera igual de desapasionada por el británico Henry Cavill al que Ben Affleck gana la partida interpretativa con creces.  La historia- que reposa en una un poco impostada lucha entre el hombre (Batman) y el semidios (Superman)- pese a sus limitaciones y algún punto pueril- depara curiosas sorpresas y momentos muy logrados sin necesidad de demasiados efectos especiales, aunque el trailer ya se encargó de destripar alguna secuencia y giro de la historia que debía de ser memorable. Repiten varios de los intérpretes de la anterior entrega de Superman (Laurence Fishburne como Perry Blake, Amy Admas como Lois Lane, Diane Lane como Martha Kent y Kevin costner como un “resucitado” Jonathan Kent en una de las escenas mas olvidables del filme) y se incorporan Jeremy Irons como el nuevo mayordomo de Bruce Wayne, Jesse Eisenberg  como un joven, histriónico y bufonesco Lex Luthor- que es de lo mejor de la función- y la israelí Gal Gadot como Diana Prince/Wonder Woman, que también tendrá pronto su filme propio. Una película entretenida y recomendable para olvidarse de problemas.