miércoles, enero 31, 2018

LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO (THE POST)




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El mundo del periodismo siempre es merecedor de buenas películas y de hecho hay varios ejemplos en la historia del séptimo arte, pero como casi siempre suele ocurrir si la historia que se cuenta en pantalla es real entonces la potencialidad de encontrarnos ante un peliculón - siempre y cuando esté en manos de un gran director- es enorme. Esto es lo que ha pasado con el último filme del cada vez más prolífico Steven Spielberg (en este momento tiene tres o cuatro proyectos más en la recamara) que nos lleva hasta el celebre caso de la publicación en 1971 por parte de los diarios The New York Times primero y The Washington Post después de unos documentos confidenciales del Gobierno de EEUU sustraídos directamente del Pentágono que revelaban que la Guerra de Vietnam había sido una guerra-fraude perdida de antemano y mantenida por intereses geopolíticos por sucesivos gobiernos durante varios años. Con un enfoque más de thriller periodístico que político -ha sido un error la traducción del título al castellano ya que, efectivamente, la película se centra más en los avatares vividos en el periódico Washington Post que en los archivos y su contenido- , The Post  es un filme que pese a su presuroso desarrollo temporal no se hace narrativamente precipitada en ningún momento y que gracias a la combinación de drama, thriller y los consabidos apuntes sobre las vivencias de los personajes se sigue con enorme interés. Con mucha profusión de detalles sobre los acontecimientos y su discurrir (se nota un enorme trabajo de documentación) y rindiendo un sentido homenaje no solo a al profesión del periodismo sino a aquellos que en un momento dado de la historia de USA se encararon con la todopoderosa y totalitaria maquinaria de la administración Nixon, la película sin ser del todo apasionante triunfa como una narración al más alto nivel aunque al fin de cuentas nos narre una historia conocida pero con su consabida moraleja.

El peso de la historia descansa principalmente en al relación profesional (y de amistad) entre sus dos personajes principales, el director de The Washington Post Ben Bradlee (Tom Hanks) y la propietaria del diario, Katherine Graham (Meryl Streep): él, un profesional ambicioso y comprometido con el periodismo hasta el extremo, y ella una mujer con enorme sentido del deber y la ética que buscó el equilibrio entre el respeto a su país -perteneciendo a una elite adinerada de Washington, el beneficio económico para su periódico, y el deber de informar a sus lectores, todo ello condicionado por el hecho de ser una mujer en un mundo por entonces eminentemente masculino. Dos personas que tuvieron que complementarse en un momento crítico para su periódico dejando a un lado unas diferencias que al final no eran para tanto, algo que refleja excelentemente la película. Sin abusar de elementos tópicos del thriller y sin caer en los consabidos discursos éticos de pacotilla- aunque a veces parezca que hace alguna concesión- y sin obviar elementos que en otras manos se desecharían por poco aportadores o sobrantes (toda la rivaldad con el New York Times, por ejemplo)  The Post gustará a los amantes de las intrigas con fundamento y los filmes ambientados en los convulsos primeros setenta norteamericanos; en ese sentido la ambientación de la época es inmejorable con mención especial para una trabajadísima recreación de la redacción del Washington Post. Spielberg vuelve a dar en el clavo y esperemos que aún siga teniendo cuerda para rato.   

martes, enero 23, 2018

LOVING VINCENT




 ****  y 1/2

Son contadas las ocasiones en los últimos tiempos en las que los aficionados al cine pueden ver algo diferente y más o menos revolucionario y con Living Vincent hay una ocasión de degustar una película que demás de ser un biopic esforzado y sugerente (con la ventaja creativa que supone el hecho de poder fantasear sobre algunos aspectos) es estéticamente algo innovador y con un sentido artístico que desde luego que se hecha en falta demasiado en el cine de hoy. Esta insólita coproducción entre Polonia y el Reino Unido nos cuenta los últimos días del genial Vincent Van Gogh (1853-1890), un pintor cuya tormentosa y muy cinematográfica vida ya ha sido objeto de otros filmes, algunos tan emblemáticos como El Loco del Pelo Rojo (1956), utilizando el recurso de la animación con rotoscopio- dibujo “calcado” sobre fotogramas de imagen real- una técnica tan antigua como el cine animado mismo pero con la peculariedad de que un grupo de 125 artistas han pintado en óleo a mano los fotogramas utilizando el característico estilo pictórico del holandés consiguiendo así una especie de cuadro de Van Gogh animado que nos va contando una historia, la del pintor, recreando además en imágenes y secuencias determinadas algunas de las obras más conocidas del arista: Campo de trigo con cuervos, El doctor Paul Gachet, La iglesia de Avers-Sur-Osie, El Zuavo, Anciano afligido, La Noche Estrellada y muchos otros más. Dos relativamente recien llegados, la polaca Dorota Kobiela y el británico Hugh Welchman son los directores responsables de  este reto cinematográfico que eleva el cine de animación a unas altas e innovadoras  cotas  declarando además su amor por el arte y más concretamente por la obra y vida de Vincent Van Gogh con este casi perfecto y honesto homenaje utilizando magistralmente todos los recursos de imagen y de narración que el medio cinematográfico puede ofrecer en esta ocasión aliado casi simbióticamente con el arte de la pintura, consiguiendo un ejercicio de meta-cine y de meta-narración fascinante.

Lo que se nos cuenta son los últimos años de la vida de Van Gogh, centrándose especialmente en sus últimos y enigmáticos días en Auvers (Francia) que terminaron en un aparente suicidio. El hilo conductor y en cierto modo coprotagonista de la historia es el joven Armand Roulin (Douglas Booth) el hijo del cartero Joseph Roulin (Chis O´Dowd) - miembros de la celebre familia inmortalizada por los pinceles de Vincent- quien una año después de la muerte del pintor parte de mala gana desde Arles a París para entregar una carta de Van Gogh (Robert Gulaczyck) a su hermano Theo  (Cezary Lukaszevicz), pero este también ha fallecido, por lo que al final dirigirá sus pasos a Avers-Sur-Osie el último lugar donde vivió Van Gogh para contactar con el que fuera su amigo y galeno el Dr. Gachet (Jerome Flynn) con el fin de que este le aclare todo lo ocurrido con el artista. Mientras Armand emprende una investigación casi detectivesca en la localidad que vio morir a Vincent entrevistándose con conocidos, las imágenes sobre la vida y los últimos días del pintor se suceden -en esta ocasión con rotoscopio en blanco y negro sin utilizar la pintura vangoghiana- consiguiendo una trama ágil y muy interesante adornada con un notable carácter simbólico y manierista reflejado en la recreación de los cuadros del pintor y ligado a este cierto aliento poético consiguiendo una gran emotividad de al que no es ajena la intensidad dramática de la historia y el carácter del pintor, un hombre siempre al borde de la obsesión y el colapso mental que sencillamente buscaba hallar la realización personal por medio del arte, algo que su carácter inestable y atormentado se lo impedía.   

Todo el esfuerzo invertido por los directores, actores (prestando sus imágenes como base de los dibujos), animadores, artistas, directores artísticos, etc. ha merecido la pena y se puede decir que esta es la película definitiva sobre Vincent Van Gogh. Todo su arte, su universo visual y el espíritu de su obra, incluidos sus retratos encarnados por los actores de este filme, aparece reflejado aquí. Lo mejor de todo e  que no hace falta ser un admirador de van Gogh ni ser un experto en arte para disfrutar de este filme, simplemente es preciso tener cierta sensibilidad, gusto por historias de lucha personal ante adversidades de todo tipo (incluidas las internas) y predisposición para estar ante una imágenes bellas y coloristas que terminan atrapando. Puede que no sea un filme perfecto, pero es una experiencia irrepetible.   

lunes, enero 15, 2018

TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS (THREE BILLBOARDS OUTSIDE EBBING, MISSOURI)




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El western no solo tiene señales de supervivencia, sigue siendo inspiración para grandes películas forjadas con la base de historias curiosas, emotivas, contradictorias y en definitiva, apasionantes como la que nos ofrece el director y guionista británico Martin McDonagh (Escondidos en Brujas, 2008), quien en su tercera película ha decidido probar suerte en el cine estadounidense con una historia no sólo localizada en Norteamérica sino totalmente impregnada del espíritu más subyacente de la América profunda y rural (en definitiva, el verdadero espíritu originario americano) y por supuesto con un tono totalmente deudor del western más genuino con ecos tanto de John Ford como de Sam Peckinpah. Porque Tres anuncios en las afueras (el título original es aun mas largo, como puede comprobarse), ambientada en un pequeño pueblo de Missouri en nuestros días, es una película visceral, dramática, a ratos salvaje, a otros surrealista y con un tono de mala leche que critica abiertamente los enormes prejuicios y el retraso moral e ideológico de muchos estadounidenses del oeste rural pero siempre con ese irónico tonillo de comedia que desdramatiza - si se puede decir así- muchos de los acontecimientos de esta película. En ese sentido, también nos encontramos con cierta influencia de Tarantino o los primeros hermanos Coen. Precisamente una actriz fetiche de los hermanos de Minnesota, Frances McDormand, es la protagonista de esta enorme y esforzada película haciendo una de las mejores interpretaciones que se recuerdan de esta actriz.  Aunque a decir verdad, todo el extenso reparto está excelente y cada uno de los intérpretes aporta personajes complejos e inolvidables en medio de una historia ambigua, a veces incómoda, y contradictoria que nos enseña el lado más violento e irracional del ser humano por muy nobles y justificables que sean los motivos de rebelión, así como también se hace una crítica despiadada a la corrupción, la violencia gratuita de los que tienen armas y la desidia institucional y policial  

Frances McDormand se mete en la piel de Mildred Hayes, una mujer que hace poco ha perdido a su hija adolescente Angela víctima de una violación y brutal asesinato. Ante la pasividad de la policía local por resolver el caso, en manos de Willoughby (Woody Harrelson), un sheriff perezoso pero estricto y que se lleva a matar con Mildred, la mujer decide instalar con la ayuda de una empresa de publicidad local tres grandes carteles en sendas vallas publicitarias semiabandonadas en las afueras del pueblo en donde denuncia a la policía por no haber resuelto el caso de su hija ni detenido al culpable. Pero Mildred no es solo una madre coraje, es una mujer que tal vez contagiada del ponzoñoso y violento ambiente donde se mueve toma decisiones puntuales en los que desata su lado más amoral y destructivo; en ese sentido Mildred no parece ningún ejemplo a seguir, es más bien una antiheroína dispuesta a todo. Este complejo desdibujamiento moral también se percibe en varios de sus vecinos, en el propio Willoughby, que al fin de cuentas tampoco parece tan villanesco, en el ayudante del Sheriff Dixon (Sam Rockwell) un sujeto tan racista, violento y brutal como en realidad inmaduro y que termina experimentando un curioso viraje o en Charlie (John Hawkes) el ex marido maltratador de Mildred. Un maremagnum de situaciones, emociones y dilemas morales que desfilan ante nosotros y que al final trazan un panorama poco confortante pero enormemente interesante por lo bien estructurada y presentada que está una narración tan compleja y variable que sabe combinar perfectamente la comedia con el drama más descarnado y la violencia a veces más exagerada. Tres anuncios es una película cien por cien recomendable, que no deja indiferente y cuya perfección milimétrica se extiende hasta un extraño y ambigüo final. Imprescindible.

sábado, enero 13, 2018

THE DISASTER ARTIST




 **** y 1/2

Cine dentro del cine con un curioso ejercicio de cinefilia desde su vertiente más freak y consumidora de las más llamativas rarezas del séptimo arte. Eso es lo que ofrece esta lograda y honesta película dirigida e interpretada por un pletórico James Franco (últimamente con desagradables asuntos por medio) que homenajea a su modo una película que se ha convertido en todo un filme de culto por su cochambrosa factura: The Room (2003) un largometraje que solo estuvo unos días en cartel en EEUU y que pretendiendo ser un dramón a lo Tennesse Williams en palabras de su director fue recibido casi como una comedia absurda por su nefasta y risible realización, pésimas interpretaciones e incongruente guión convirtiéndose poco después de su estreno gracias al boca a boca en todo un fenómeno de fans cinéfago con sesiones nocturnas que incluso hoy en día siguen manteniéndose llenas de seguidores dispuestos a cachondearse, echarse unas risas, recitar de memoria los diálogos y recrear escenas cual The Rocky Horror Picture Show. Un misterioso y excéntrico personaje melenudo llamado Tommy Wiseau - con fecha y lugar de nacimiento aún desconocidos- fue el director y protagonista de aquel pintoresco desaguisado cuya crónica de preparativos y rodaje nos cuenta James Franco (uno de los muchos fans famosos de The Room) con pasión, honestidad, una respetuosa mala baba (Wiseau y parte del resto de colaboradores en aquella película dieron el visto bueno al proyecto) y sobre todo ganas de contar una historia diferente con personajes insólitos y limitados en diversas facetas pero idealistas y tenaces, con ecos de epopeya contemporánea  y sobre todo estableciendo un curioso y sincero canto a la amistad y la complicidad presentado con la relación entre Tommy y su amigo, colaborador y también actor en The Room Greg Setero, que interpreta Dave Franco, el hermano de James, destapándose como un actor más que interesante: una relación quijotesco-sanchesca entre Tommy y Greg que resulta de lo más estimulante en una película deliciosa, divertida, crítica y a su modo emotiva además, claro está, de cinéfila.

Ambientada a finales de los 90 y principios de los 2000, la película también puede ser vista como la historia de maduración de Greg Sestero, el joven aspirante a actor que se traslada a Los Angeles en busca de una oportunidad que no consigue encontrar y que termina juntándose inopinadamente con Tommy Wiseau, un muchacho que se cree un actor genial y que no es más que un bocachanclas, desaliñado y listillo de saldo que convence a Greg para hacer lo que el cree el proyecto que cambiará sus vidas pero al final es el propio Greg Sestero el que encontrará sentido a todo lo que le rodea dándose cuenta de la errática personalidad de su amigo y de su incapacidad por reconocer su propia mediocridad como cineasta, actor y hombre de negocios. James Franco hace una interpretación sencillamente magistral de un sujeto realmente indescriptible tratando de copiar su curiosa forma de hablar, sus gestos y su irritante comportamiento- el propio Wiseau asesoró a Franco e incluso interviene en un cameo en una escena postcréditos- componiendo un personaje tragicómico y encantador. No obstante, lo realmente meritorio de The Disater Artist es su recreación del calamitoso rodaje (con momentos hilarantes) y sobre todo la fiel reproducción plano por plano de muchas de las escenas del filme- al final de la película se nos ofrece una comparación entre secuencias de The Room y sus “copias” en el filme que nos ocupa- , un ejercicio metacinematográfico realmente agradecido. Varios rostros conocidos del cine y la televisión – también fans de The Room-  realizan cameos y pequeñas intervenciones en esta cinta interpretándose a ellos mismos o encarnando a personajes, entre ellos Kevin Smith, Bryan Cranston, JJ Abrams, Sharon Stone, Zac Efron, Judd Apatow, Christopher Mintz-Plasse o Melanie Griffith. No es una película sobre logros y sueños, más bien un ejemplo de cómo los errores y los fracasos pueden convertirse en algo diferente siempre que se esté dispuesto a ello.

jueves, enero 04, 2018

EL GRAN SHOWMAN (THE GREATESTSHOWMAN)



 
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Una celebración de entretenimiento. Esto es lo que ofrece ni más ni menos este suntuoso y un tanto manierístico musical inspirado muy libremente en la biografía de un personaje singular, Phineas Taylor Barnum (1810-1891) empresario del espectáculo padre del concepto del circo moderno (su Barnum & Bailey Circus fue pionero) que encarna un enérgico Hugo Jackman. Canciones con efecto y algunas realmente logradas, coreografías historiadas, una ambientación del Nuez York del siglo XIX más de cuento de hadas que realista y una historia de superación y con mensaje de tolerancia (aunque un tanto simplista) envuelven a una película que cumple lo que promete, que no es otra cosa que recordarnos que el mundo del espectáculo (representado aquí por el incipiente negocio circense) es algo hecho para hacer feliz a la gente y generar ilusión. Y es que este filme, pese a que no será un musical excesivamente memorable consigue transmitir una enorme sensación de optimismo gracias principalmente al excelente trabajo de Hugh Jackman (que se reivindica en su faceta de cantante y con nota) y con un guión plácido y lineal que si bien dulcifica y fantasea demasiado con la figura real de Barnum - en realidad un oportunista y un explotador- no cae en un espectáculo excesivo ni engolado gracias precisamente a que invita al espectador no tomarse demasiado en serio este biopic ya que enseguida enseña sus cartas de cuento ilustrado y todos los recursos habituales del cine – y el teatro- musical, que como ya se sabe  precisan de la entrega del espectador, algo que esta película consigue.   

Asistimos a los primeros pasos de Barnum dentro del mundo del espectáculo con su curioso American Museum, un local en donde primero exhibía figuras de cera y rarezas disecadas y más tarde personas con “características peculiares” (siameses, enanos, mujeres barbudas) y las primeras tracciones circenses (trapecistas, acróbatas) y paralelamente su vida familiar y sentimental, rasgo este demasiado tópico en este filme y presentado junto a su condición de hombre hecho a si mismo conformando una parábola tal vez demasiado vista. Aunque tengan poca correspondencia con la historia real y algunos personajes sean inventados,la galería de secundarios, especialmente los artistas del circo, es de recibo: la mujer barbuda Leite Lutz (Keale Settle), el mítico enano General Tom Thumb (Pulgarcito) (Sam Humphrey) o la bella trapecista Anne Wheeler (la cantante Zendaya) son algunos de los miembros más prominentes de la troupe de Barnum y tienenn su momento en la película y en las canciones. Michelle Williams se dedica a cumplir con convicción como la esposa de Barnum, mientras que Rebecca Fergusson encarna demasiado rutinariamente a un personaje esencial en la biografía de Barnum como fue la cantante lírica sueca y protegida del empresario en su primera gira por EEUU Jenny Lind y Zac Efron se mete en la piel de Philip Carlyle, jóven dramaturgo metido a socio de Barnum -que es en realidad un trasunto del verdadero socio de Barnum, James Bailey- un personaje que pone una poco convincente nota romántico-amorosa en el filme. Las canciones y los números musicales del filme logran estar a la altura de las circunstancias aunque suenen algo repetitivas (aparecen las mismas varias veces), destacando alguna realmente sublime. Un homenaje al espectáculo, en definitiva, eficaz y deslumbrante.    

martes, enero 02, 2018

STAR WARS: LOS ULTIMOS JEDI (STAR WARS: THE LAST JEDI)




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Ha llegado un momento en que ya no se sabe a que atenerse ante un nuevo filme de la saga Star Wars. Lo que al principio parecía una serie que se iba a quedar en tres películas que habían dejado un recuerdo imborrable en la historia del cine y la historia de la ficción en general no tardó en convertirse en una marca que generó varias precuelas y secuelas en formato de libro, videojuego, cómic, serie de dibujos animados o juego de rol hasta desembocar en una poderosa industria del entretenimiento a raíz de la trilogía de precuelas y el lanzamiento de aún más productos de todo tipo ampliando la historia del ficticio universo galáctico, además claro está del cada vez más avasallador merchandising que siempre lo ha acompañado. Es decir, ha llegado a un punto que por si sola la franquicia Star Wars casi nada tiene que envidiar a Disney -compañía que significativamente adquirió Star Wars y Lucasfilm en 2015- con producciones con un contexto tan mercadotécnico y alejado de aquel encanto original que ya casi nada original, sorprendente o novedoso cabe esperarse, por muy diseñada que esté su estrategia de atracción hacia el público. Esta octava entrega, The Last Jedi  partía no ya solo con la comprometida misión de superar el escaso tino de la anterior película a la hora de convencer al público y sobre todo a los fans de las saga, sino de alguna manera debía de hacer recuperar la credibilidad en una serie cinematográfica que últimamente está cayendo en la inercia: se puede decir que ha cumplido ambos propósitos, aunque de manera raspada y con el mínimo esfuerzo. Rian Johnson (Looper) dirige con oficio la entrega más larga de SW pero aportando poca personalidad en una película con un tono cuya épica se acerca más al espíritu de la primera trilogía (buena noticia) con excelentes momentos de aventura, acción y el sempiterno debate metafísico (simplificado) sobre el bien y el mal que ha caracterizado a la serie presentado con fuste como todo sus seguidores se esperaban, pero en el camino se cae en los mismo errores que en las entregas de a partir de 1999 y la historia- escrita esta vez por el propio Johnson- es morosa e irregular.   

Se ha llegado a decir que esta es la mejor película Star Wars desde el Imperio Contraataca (1980) y suena a exageración, ya que para mí El Retorno del Jedi (1983) incluso con sus fallos la superaba. No obstante, no hay pocos elementos que resultan acertados en Los Últimos Jedi: las escenas de luchas de naves en el espacio mejor filmadas de la saga, lo interesante de la trama del entrenamiento de la joven Rey (Daisy Riley) con el ya venerable maestro Jedi retirado Luke Skywalker (Mark Hamill) y la relación telepática de esta con el inquietante servidor de la mavada Primera Orden Kylo Ren (Adam Diver) el hijo corrompido por el Lado Oscuro de Leia Organa (Carrie Fisher en lo que fue su último papel) y sobrino y antiguo discípulo de Luke, y sobre todo unos muy intensos instantes finales que resultarán emocionantes para los seguidores de SW. Por fortuna, ya no existe aquella sensación de Deja Vu que existía en El despertar de la Fuerza (2015) y el guión pese a su irregularidad se presenta más sólido  atando cabos habían quedado malamente en el aíre en el anterior filme y aportando incluso algún momento autoparódico. Por el lado más negativo, la historia es irregular y con giros tan fáciles como malamente efectistas y además se percibe mucho personaje de relleno, a veces supeditados al carisma de sus intérpretes: Benicio del Toro debuta encarnando a un ladrón llamado DJ clave en la trama pero reminiscente de otras actuaciones del intérprete, mientras que Laura Dern se ocupa de la vicealmirante Amilyn Holdo, un personaje un poco cargante, aunque más simple se antoja el de Rose Tico (Kelly Marie Tran), casi un papel de sitcom metido con calzador. Oscar Isaac y John Boyega también repiten con respecto a la anterior película como el bravo pero rebelde piloto Poe Dameron y el leal luchador de la Resitencia Finn respectivamente. Pese a todas las deficiencias y previsibilidades y toda la morralla de marketing circundante de las últimas películas,  la saga Star Wars demuestra seguir con tirón y poseer la varita mágica del cine de entretenimiento con una fórmula que no se agota pese a ser siempre más de lo mismo y sigue encandilando al público de diferentes generaciones. Algo digno de estudiarse.

miércoles, diciembre 27, 2017

WONDER WHEEL


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Un año sin una película de Woody Allen es algo impensable para cualquier aficionado al cine, y lejos de rutina y autocomplacencia el veterano y legendario director de 82 años sigue en plena forma y  demuestra que es capaz de hacer películas de gran calidad. Hacia tiempo que a Allen no le salía una película tan redonda pese a que Wonder Wheel no sea una obra maestra absoluta, pero sus virtudes son de nuevo destellos de un director que en su madurez sigue teniendo mucho que decir. De nuevo nos encontramos con un formato familiar en Woody: comedia-drama con ambiente retro-nostálgico narrada en primera persona por uno de los personajes y con una enorme carga simbólica en el título con respecto al sentido de la historia (la “noria maravillosa” como metáfora de las emociones humanas cambiantes con sus altibajos). En esta ocasión y pese a estar vista desde el punto de vista masculino de uno de los personajes, el centro de la narración se encuentra en los dos personajes femeninos principales: Ginny (Kate Winslet) una mujer de 40 años infelizmente casada en su segundo matrimonio que renunció a sus sueños de actriz tras un primer enlace tumultoso que vive ahora en Conny Island con un Dumpty (James Belushi) un feriante propietario de una tiovivo del parque de atracciones de la localidad, con el niño de su primer matromonio  y con un modesto trabajo de camarera en dicho parque, y carolina (Juno Temple) la hija de 26 años del primer matrimonio de Dumpty que acude a la casa paterna amenazada por la su ex marido mafioso y sus secuaces. Ambas terminan enamorándose del mismo hombre, el socorrista playero con aspiraciones de escritor Mickey (Justin Timberlake), quein ofrece a Ginny salirse de la monotonía de su existencia y a Carolina la posibilidad de un nuevo comienzo. Con una logradísima ambientación en los años 50, una genial recreación del icónico parque de atracciones de Conny Island y la siempre fascinante fotografía ocre del mítico Vittorio Storaro, Wonder Wheel resulta una sencilla pero sugerente película sobre el amor y sobre los sentimientos de las mujeres y como les condicionan estos en su visión de la vida y en su relación con otras mujeres.      


El personaje de Mickey actúa como catalizador de una trama en el que Ginny y Carolina, dos personajes que inicialmente se rechazan mutuamente ya que su encuentro es circunstancial y forzado además de estar marcadas por pasados pésimos y decisiones desacertadas, terminan convergiendo al estar - y sin saberlo- una misma persona en el centro de sus vidas como elemento salvador. Se sabe sacar muy buen partido en esta película de los impulsos narrativos que proporcionan las situaciones emocionales que viven los personajes y todo bien combinado con elementos de comedia, subtramas divertidas con fuste (el hijo pirómano de Ginny) y apuntes metatextuales que tanto gustan a Woody. El reparto está excelentemente conjuntado sobresaliendo una Kate Winslet que a un enorme recital en una de als mejores interpretaciones que se le recuerdan a la actriz británica, aunque también es de mencionar el redescubrimiento de James Belushi, un veterano actor encasillado en la comedia - y en el recuerdo de su malogrado hermano John- que hace el mejor papel de su dilatada y errática trayectoria. Encantará esta película a los fans de siempre de Woody Allen y los medianamente o no muy aficionados al realizador neoyorquino encontrarán en este filme no pocos elementos degustables.       

jueves, diciembre 14, 2017

LA LIBRERÍA (THE BOOKSHOP)



 
*** y 1/2

Que Isabel Coixet es la mas internacional de los cineastas españoles es algo que ya se sabía de sobra y que en cuanto tiene entre sus manos alguna coproducción internacional en inglés le sale su mejor cine también es conocido, pero siempre queda la sensación de que la directora catalana pudiese haber conseguido en muchas de sus películas algo más. Es el caso de esta estupenda y efectiva La Librería, un sugerente drama ambientado en el Reino Unido de principios de los 60 basado en la novela de Penélope Fritzgerald que funciona estupendamente en su mezcla de melodrama y crónica de tolerancia y lucha por la aceptación social pero que debido a unos altibajos en su ritmo y a la un tanto incompleta caracterización de algunos personajes no llega a cuajar como se presuponía al principio del metraje. Con todo, Coixet demuestra como siempre manejar con enorme maestría los entresijos del drama intimista y sabe adaptarse como nadie a la idiosincrasia espacio-temporal de la historia en cuestión dotando a la película un músculo narrativo casi perfecto. La historia de Florence (Emily Mortimer) una reciente viuda que decide abrir una librería en su pueblo de adopción, una pequeña localidad costera inglesa, es una crónica de lucha tenaz contra los prejuicios y por aquello que se cree con el trasfondo del amor a la literatura y a los libros. Florence, que decide abrir un inusual negocio para un entorno no excesivamente culto y todavía anclado en el provincianismo y con el anticuado concepto del rol de la mujer en la sociedad, ve como tras abrir su establecimiento sus intentos por normalizar este con la venta de libros en aquel tiempo tan controvertidos como Lolita de Nabokov o Ferenheit 451 de Ray Bradbury tienen que pasar por un proceso tan absurdo como farragoso y todo ello con el telón de fono de mezquinas envidias e intentos de desacreditación.     

El elemento psicológico, siempre tan presente en la directora, se encuentra aquí en la envidia y en la hipocresía social, representada por ciertos habitantes del pueblo que no toleran el progreso económico (y social) de Florence y el hecho de que su librería desestabilice el “equlibrio” de la localidad. El Sr. Brundish (Billy Nighy), el oscuro mejor cliente de la librería termina siendo crucial para el futuro del negocio y de la propia Emily, pero naturalmente nada será sencillo. Una buena dirección de actores y una cuidada ambientación en donde la librería y los ejemplares de finales de los 50 de famosos títulos se adueñan de la imagen del filme enalzan una película que sin ser de lo mejor de Isabel Coixet sabe como convencer al espectador más exigente sin necesidad de gran artificio dramático. Al final, un mensaje agridulce pero cargado de esperanza que nos muestra como las ideas geniales y rompedoras pese a las penurias que pueden costar terminan mereciendo la pena. Y mucho

domingo, diciembre 10, 2017

EL REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ (YOU WERE NEVER REALLY HERE)



 
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La cada vez más desaliñada  imagen pública y artística de Joaquin Phoenix parece supeditar su carrera y encasillarle en papeles oscuros, desastrados e inquietantes: esto ocurre en esta curiosa producción británica rodada en EEUU en donde el actor lleva prácticamente todo el peso específico de una historia oscura, violenta y de enorme contenido psicológico por otra parte nada reconfortante. Entre el thriller, el drama y la denuncia y con un trasfondo onírico de pesadilla casi lynchiano- aunque contenido- este resulta un filme tan sugerente como irregular y desde luego que no apto para un amplio público. La historia nos presenta a Joe, un antiguo soldado de oscuro pasado y evidente desequilibrio mental y emocional  que se dedica a ser una especie de mercenario y cazador de recompensas mientras los abruptos recuerdos de su infancia problemática y de ciertos espeluznantes acontecimientos de su pasado le persiguen literalmente provocándole alucinaciones en gran parte relacionadas con sus tendencias suicidas. Joe se dispone a liberar a la hija de un congresista secuestrada por una red de trata de blancas, un misión que al tiempo que parece ennoblecerle le hace proyectar su yo más violento, destructor y psicótico.

La crítica a un mundo hipócrita y corrupto representado por políticos que rozan la criminalidad y aparentes ciudadanos que en realidad se dedican a turbios asuntos aparece en este filme de una forma turbia y simbólica por medio también de recursos inusuales como flashbacks esquizoides, imágenes rápidas, tomas de vídeo de seguridad y en definitiva todo lo que habita en la atormentada mente de su protagonista, sin ahorrar imágenes impactantes, sanguinolentas o desagradables. La directora Lynn Ramsay demuestra ser una cineasta con bastante que decir y Phoenix realiza un interesante trabajo tal vez demasiado encorsetado a su ya comentada imagen. Es cierto que el filme tiene altibajos de intensidad y que sus recursos narrativos más insinuados que explícitos pueden resultar de difícil digestión a demás de resultar absurdamente pretenciosos en algunos momentos, pero el buen hacer se impone en la película en casi todo el metraje.