martes, mayo 29, 2018

EL TALLER DE ESCRITURA (l´ATELIER)



 


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El francés Laurent Cantet en 2008 asombró con La Clase, un filme en su práctica totalidad protagonizado por actores no profesionales que profundizaba en las relaciones y el feedback entre un profesor de secundaria y su alumnado, chavales de de una banda barrios marginales. En esta ocasión, Cantet, que también ha dirigido filmes como Foxfire: confesiones de chicas (2008) y Regreso a Ítaca (2014) vuelve a un esquema similar centrando el piso del filme en un reparto adolescente primerizo aunque esta vez con una actriz profesional, Marina Foïs, dando la réplica. La pobreza de perspectivas vitales de la juventud en dificultades económicas y al borde de la marginalidad y la lucha por parte de determinadas instancias y personas por cambiar su situación- una empresa casi siempre muy difícil y desesperada por mucha ilusión y medios que se tengan- es en lo que se centra esta historia de alto pulso realista y con elementos no solamente sociales sino políticos y psicológicos que deja también patente la a veces complicadísima comunicación entre adultos y adolescentes. Un taller veraniego de escritura literaria dirigido a adolescentes con problemas de integración social y coordinado por una escritora es el escenario en donde transcurre una historia que con un nudo lento, matizado y proclive a la descripción de comportamientos sociales y psicológicos bajo un prisma de realismo documental ofrece una crónica desgarrada y turbadora retrato de una parte de una juventud sin esperanza.  

Olivia Dejazet (Marina Foïs) afamada escritora de cerca de 50 años dirige el taller literario en su chalet en una localidad costera cercana a Marsella que un día fue famosa por sus prósperos astilleros, ahora ni sombra de lo que fueron. Cinco chicos y 2 chicas, algunos de origen africano tratan de escribir al alimón una novela policiaca ambientada en su pueblo bajo la mirada de Olivia y consesuadamente deciden reflejar en ella las luchas que en los años 60 llevaron a cabo los trabajadores del asitllero con el fin de que estos no se cerrasen. Todos están interesados en el propósto menos Antoine (Matthieu Lucci) un chico conflictivo, irrespetuoso y contestatario que trae de cabeza a sus compañeros y provoca el interés de Olivia por su situación vital. Antoine, en su tiempo libre se dedica a ver los videos en youtube de un arrogante líder de extrema derecha que proclama limpiar Francia de indeseables, un arrogante líder de extrema derecha que proclama limpiar Francia de indeseables, y esas opiniones parecen calar hondo en él. Los intentos de Olivia por hacerle cambiar y adentrarse en su complejo y contradictorio mundo interior resultan muy difíciles y parecen abocados al fracaso. Con un estilo sobrio y combinando el costumbrismo naturalista-  captado sobre todo en el mundo adolescente- con momentos de cine dramático, estamos ante una película compleja dentro de su sencillez pero bastante evocadora y efectiva. La literatura, como una metáfora de la comprensión y/o transformación de la realidad es a fin de cuentas que trata de decirnos este filme. y esas opiniones parecen calar hondo en él. Los intentos de Olivia por hacerle cambiar y adentrarse en su complejo y contradictorio mundo interior resultan muy difíciles y parecen abocados al fracaso. Con un estilo sobrio y combinando el costumbrismo naturalista-  captado sobre todo en el mundo adolescente- con momentos de cine dramático, estamos ante una película compleja dentro de su sencillez pero bastante evocadora y efectiva. La literatura, como una metáfora de la comprensión y/o transformación de la realidad es a fin de cuentas que trata de decirnos este filme     

miércoles, mayo 23, 2018

BORG MCENROE (BORG VS. MCENROE)


 
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El cine está encontrando últimamente un filón en los temas deportivos basado en acontecimientos reales, algo que demuestra que al menos se están buscando nuevos temas que explotar y que el mundo del deporte con su trasfondo tanto de crónicas de superación personal como de enconadas rivalidades pude ser enormemente atractivo para el público. Una muestra de este nuevo fenómeno ya lo tuvimos con Rush (2013), sobre la relación entre los ases del automovilismo James Hunt y Niki Lauda o la más reciente The Battle of the Sexes centrada en la figura femenina del tenis Billy Jean King. Precisamente uniendo elementos temáticos de estas dos películas ha emergido esta interesante aunque muy irregular Borg vs. McEnroe, sobre los avatares que rodearon la mítica final tenística de Wombledon de 1980 entre el apolíneo sueco Björn Borg (Sverrir Gudnason) y el malencarado norteamericano John McEnnroe (Shia Lebouf) en una coproducción entre Suecia, Dinamarca y Finlandia que mira al mercado internacional dotando al filme de apariencia de producción hollywoodiense aunque con algún que otro elemento europeo. El prácticamente debutante realizador danés Janus Metz Pedersen realiza un trabajo esforzado -meticulosa recreación de los partidos, buena disposición estructural narrativa con al utilización de flashbacks y otros recursos para comprender la compleja psicología de los dos protagonistas- pero no consigue que está película pueda entusiasmar a seguidores no habituales del tenis, pese a que el filme en todo momento trata de ser (torpemente) un drama psicológico.


Como toda película sobre rivalidad que se precie, nos encontramos ante dos contrincantes antagónicos: Borg, el número 1 mundial en 1980, un muchacho ex niño prodigio del tenis manejado por un codicioso entrenador, enfermizamente meticuloso, ambicioso y con la consigna de no expresar jamás sus sentimientos tanto en la cancha como en la vida pública, y McEnroe, un bocazas faltón, antideportivo, niño caprichoso y odiado por el público (al contrario que el sueco) pero que en realidad parecía esconder cierta fragilidad, justo lo contrario que Borg. Esta disparidad de caracteres, ambiciones y en definitiva visión ante el deporte y la vida está bien recogida en la película pero por alguna razón parece que se queda corta. Los dos actores protagonistas se esfuerzan con sus personajes (y ya no digamos en las escenas de tenis), pero un guión sinuoso y a veces incompleto impide logros interpretativos mayores. El momento culminante de la final de Wimblendon puede llegar a aburrir a los que no les interese el tenis, y ni tan siquiera su épico final resulta todo lo emocionante que debería si, aunque eso si, el mensaje de conclusión es nítido y claro y un buen ejemplo de como debe de ser la deportividad. En el futuro seguramente llegarán más películas de este tipo y puede resultar apasionantes y ser grandes películas, aunque no sea el caso de esta.  


martes, mayo 15, 2018

LUCKY




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La película póstuma del veteranísimo y casi mítico Harry Dean Stanton (1926-2017) ha tenido una gran virtud: mostrar una de las mejores interpretaciones de este gran actor, normalmente asociado a memorables personajes secundarios (Pat Garret y Billy the Kid, El Padrino II, Alien, Corazón Salvaje, La Milla Verde) pero también con protagonismos antológicos como Paris-Texas (1984). Y como  podía ser de otra manera el último filme del intérprete de Kentucky nos muestra a un Stanton casi interpretándose a si mismo haciendo una amalgama-homenaje de los universos fílmicos que ha llevado a cabo en su larga carrera con sus registros interpretativos correspondientes: el western, las alucinantes ocurrencias del cine de David Lynch- el propio Lynch interviene como actor con un personaje efectivamente Lynchiano- o la aridez fílmica y conceptual de Wim Wenders. Una comedia dramática sobre la vejez y el paso del tiempo que consigue conmover sin recurrir al sentimentalismo y que se sostiene principalmente con el estupendo trabajo de Harry Dean Stanton.

Dirigida de manera más que eficaz por el actor John Carroll Lynch- que nada tiene que ver con David Lynch- en el que es su prometedor debut como director, Lucky además de las ya comentadas referencias a David Lynch y Wenders contiene no pocos elementos del espíritu de aquel Hollywood de los 70  que de la mano de directores como Coppola, Scorsese, Dennis Hopper o Hal Ashby trató de reinventar el cine estadounidense aunque todo con un tamiz contemporáneo y un estilo narrativo más deudor de gente como los hermanos Coen. El Lucky del título es un nonagenario anciano de un pequeño pueblo tejano, soltero empedernido, cabezota, ácrata y cínico observador aunque respetado y querido por sus vecinos que trata de vivir sus presumilbles últimos años de manera despreocupada aunque eso no es tarea sencilla. Sus miedos vitales parecen resurgir y acentuarse pero él está decidido a no cambiar nada de su comportamiento ni de su filosofía vital. Con grandes momentos de interactuación de personajes y diálogos con chicha y sobre todo encanto la película descansa principalmente en el elemento humano representado por las circunstancias de su protagonista y  en el fino equilibrio entre lo dramático y lo cómico. También es mencionable lo bien que funciona un curioso cast de secundarios en los que aparte de David Lynch se encuentran actores de reparto televisivos de toda la vida como Barry Shabaka Henley, el también habitual secundario Ed Begley Jr., la ex estrella teen de los 50 James Darren o Tom Skerrit que se reencuentra con Stanton casi 40 años después de Alien en una curiosa secuencia. Y todo en conjunto la mejor despedida que Harry Dean Stanton podía tener. 


lunes, mayo 07, 2018

ISLA DE PERROS (ISLE OF DOGS)



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Wes Anderson es un director que, al menos hasta ahora, siempre consigue dar en la diana en cuanto a la calidad de sus películas. Ese universo suyo visualmente barroco y su peculiar estilo de comedia de sutil pero gamberra ironía puede que no consiga convencer y gustar a todo el mundo, pero que duda cabe que es un director peculiar y con un enorme sentido del riesgo como ya ha demostrado en Los Temenbaums (2001), Life Aquatic (2004), Viaje a Darjeeling (2007), Moonrise Kingdom (2012) o El Gran Hotel Budapest (2014). Esta nueva incursión en el cine de animación stop motion tradicional tras los excelentes resultados de El Fantástico Sr. Fox (2009) consigue ser una película original, con enorme mala uva y sobre todo muy divertida. Dirigido a un público adulto y con algunos insertos de animación de dibujos tradicional y por ordenador, este filme tiene como singular característica el de estar planteado en su forma como un homenaje al cine y la cultura japonesa y en especial a Akira Kurosawa, aunque dicho homenaje esta claramente previsto de parodia cierta chanza del mundo nipón que desde el país del sol naciente muchos no se han tomado muy bien. Utilizando de manera contemporánea los recursos de las fábulas con animales parlantes, el cuento de hadas y la mitología japonesa, Anderson nos plantea una tronchante y hábil sátira de la política internacional, las maquinaciones de los gobiernos y las multinacionales y la presión de los poderosos sobre el pueblo ambientada en un futuro distópico en el que en una ficticia ciudad japonesa, Megasaki, gobernada por un cruel pero ridículo alcalde dictatorial que tras una epidemia de fiebre canina decide extraditar a todos los perros de la ciudad a Isla  Basura, una insalubre isla-vertedero. Allí, un grupo de chuchos que han formado una especie de comando a las ordenes de un pendenciero perro callejero, Chief, recibe un día la inesperada visita de Atari, un huérfano de 12 años criado por su pariente el alcalde Kobayashi que busca a su perro Spots, aparentemente muerto en la isla. La búsqueda de Spots se convierte en el motor de parte de la historia que se desarrolla en la isla mientras que en Megasaki el gobierno municipal trata de neutralizar por pérfidos intereses los intentos de encontrar un antídoto para la gripe canina, las revueltas de los jóvenes estudiantes partidarios de los perros y denunciantes de las maquinaciones de Kobayashi y todo el revuelo ocasionado por la desaparición de Atari.   

Una interminable galería de pintorescos y logrados personajes, tanto humanos como perros, realza una historia que debe mucho al mundo del cómic con una calculada mezcla de manga e historieta occidental de aventuras en cuanto a su vertiente argumental atravesada totalmente por el ácido humor wesandersiano y sus referentes cinéfilos y de cultura pop, mientras que el aspecto formal, con unos conseguidos muñecos de latex animados mayormente a mano, bebe efectivamente del anime y la iconografía nipona (moderna y tradicional), las ilustraciones de los libros infantiles y el siempre presente apabullamiento visual del director y su querencia por los colores chillones y las puestas en escena aparatosas y engoladas, al mas puro estilo Ken Russell. Un montaje dinámico y un ritmo de la narración vibrante convierten a esta historia en una absoluta delicia en donde los momentos graciosos y los diálogos ingeniosos y con un descacharrante doble sentido se suceden mientras no dejamos de pensar en las similitudes de esta fábula con la vida real. Un buen puñado de conocidos actores norteamericanos y británicos prestan sus voces en la VO a la jauría de perros exiliados rebeldes: Bryan Cranston, Edward Norton, Scarlett Johannson, Liev Schriever, Bill Murray, Frances McDortmand, Tilda Swinton…De los personajes humanos japoneses, que hablan en lengua nipona en el filme, se ecargan repautadosa ctores de ese país como Ken Watanabe o Konichi Nomura, que es además uno de los guionistas del fime. Hasta la mismísima Yoko Ono interviene en el papel de una científica. Teniendo en cuenta que es una película dirigida al público adulto, Isle of Dogs es una película que se disfruta de principio a fin y nos muestra lo sano que es reírse de las miserias de nuestro mundo aunque sea por medio de un fábula fantástica