viernes, noviembre 06, 2020

EMMA

 

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A pesar de que los clásicos literarios siempre son bienvenidos a las pantallas de cine (incluso cuando de la adaptación en si sea la enésima de una obra concreta) es una pena que esto se haga principalmente por falta de ideas originales más que por un merecido homenaje. Este parece ser el lastre que lleva esta nueva revisitación del clásico de Jane Austen de 1818 -cuya última versión en la gran pantalla data de 1996, dirigida por Douglas McGrath y protagonizada por Gwyneth Paltrow- una apuesta con un engañoso riesgo formal y una estupenda dirección de actores pero que en realidad adolece de un enfoque novedoso. No se puede negar que el debut como directora de la reputada fotógrafa Autumn de Wilde se esfuerza en atraer a un público amplio y joven (no hay que olvidar la juventud de sus protagonistas y claro está del propio reparto, que cumple excelentemente) y de que trata de aplicar con éxito una estética entre pictórica y atemporal repleta de colores pastel en un marco de la Inglaterra de principios del XIX ambientado hasta el más mínimo detalle (magistral fotografía de Cristopher Blauvet), pero todo se queda flojo y desdibujado tal vez por centrar la trama demasiado en los diálogos y las interacciones dialécticas entre los personajes. La trama avanza, si, pero si una profusión de diálogos no logra profundizar en las motivaciones y psicología de sus personajes (incluido el de la propia Emma) es que algo va mal. Ni tan siquiera el atrevido para la época enfoque feminista de Jane Austen parece reforzarse ene esta adaptación, un punto negativo para conseguir una pretendida modernización de la historia.

Anya Taylor-Joy da vida a Emma, la inteligente joven de provincias dispuesta a ejercer de casamentera entre amistades y conocidos mientras trata de situar sus propios sentimientos y su situación amorosa. El trabajo de la joven actriz es encomiable, pero por desgracia da la sensación de que falta algo que realmente haga carismático al inmortal personaje. El cantante y actor Johnny Flynn da vida a Knightley, el esquivo interés amoroso de la protagonista y comodín en sus maquinaciones emparejatorias con bastante credibilidad dentro de un reparto competente en el que se  encuentran Mia Goth, encanatdora como Harriet Smith la inocente amiga de Emma y a la que esta trata de buscar marido con inciertos resultado, otros jóvenes interpretes como Josh O´Connor o Callum Turner y más veteranos como Rupert Graves o Bill Nighy como el padre de Emma. Se ha perdido una oportunidad como Dios manda de ofrecer un clásico a un nuevo público y mira que había materia prima para ello.     

jueves, octubre 29, 2020

NO MATARÁS

 

 

 

*** y 1/2                                                                                        

El cine de género sigue evolucionando positivamente en España. Ya se puede decir que se hacen buenas películas de thriller, acción o fantasía con personalidad propia y recurriendo mínimamente a clichés anglosajones aunque persistan algunos tics que parece difícil prescindir de ellos; en este sentido No Matarás es una película de suspense envolvente y apasionante, tal vez sin un ritmo constante pero con un guión sencillo aunque lo suficientemente sólido para atrapar al espectador. David Victori se estrena como director de largometrajes después de dirigir cortos y televisión (Pulsaciones) y demuestra talento con este relato cuya acción se centra en unas pocas horas y que apuesta por el drama la angustia psicológica rehuyendo de golpes de efecto y de violencia barata aunque a decir verdad esta última abunda sobre todo en la parte final del filme, sin bien su magistral tratamiento y rodaje (coreografía y escenificación al más milimétrico detalle y realismo) la convierten en todo un espectáculo para los ojos. Pero la efectividad del film no hubiese sido el mismo sin la genial interpretación de Mario Casas, que poco a poco va subiendo sus enteros como actor y nos regala su mejor actuación hasta la fecha como un joven normal que se ve súbitamente metido en un desagradable embolado con un asesinato por medio del que él es culpable casi sin quererlo.

El desquiciado retrato psicológico momentáneo del Dani, el protagonista, y su descenso a los infiernos morales e internos al verse inesperadamente como un asesino es la base del filme, al tiempo que plantea cuestiones éticas y morales por medio del personaje principal que prácticamente deja sin respuesta en lo que a él atañe, pero es precisamente esa angustia vivida por él lo que el espectador capta gracias a la interpretación de Casas y en ese sentido la película no puede resultar más brillantemente desasosegante. El thriller, que en la película es puro y duro,  en realidad es una excusa estilística para mostrarnos una inquietante narración interior que no deja indiferente. Junto con Mario Casa brilla la joven Milena Smit  como Mila, una inquietante muchacha aparentemente al borde del colapso emocional que será la provocante y catalizadora de la acción: un papel difícil que Smit sencillamente borda. Por otro lado se encuentra Laura (Elisabeth Larena), la hermana abogada de Dani que intenta socorrer a su desbordado hermano con una ingeniería legal que parece chocar con la realidad y con las consecuencias de todo lo que sucede. Rodada principalmente de noche (y con ciertas reminiscencias e algunos momentos a Blade Runner) y con un montaje a veces frenético y otras contenido, No Matarás sin ser una absoluta obra maestra muestra la madurez del cine español a la hora de conseguir productos competentes y de vocación internacional que aúnan calidad y comercialidad.

domingo, octubre 25, 2020

FALLING

 


 ****                                                                                              

El debut detrás de las cámaras de Vigo Mortensen ha resultado ser un muy grata sorpresa y el intérprete americano-argentino-danés se postula como un director competente pese a lo tardío de su estreno como realizador. La vejez, las relaciones familiares, el peso del pasado, el amor paternofilial y la pesedumbre de la decrepitud física y mental son los ejes temáticos de este competente drama que no rehúye a la crudeza y se muestra poderosamente atrayente para el espectador. Un padre octogenario con demencia senil, Willis Peterson (Lance Hendricksen) complica cada vez más la vida y los sentimientos de su hijo a su cuidado, John (Mortensen), un piloto de avión cincuentón que además de con su padre convive con su marido Eric (Terry Chen) y su hija. Willis mantiene continuas pelas con su hijo que él y su familia intentan capear con estoicismo, pero las alusiones a eventos del pasado de la familia a la situación actual de John y sobre todo a las propias dudas y remordimientos del propio Willis hacen que su hijo sienta un profundo malestar y que al relación con su padre, difícil desde su infancia, continúe agrietándose más si cabe. Por medio de flashbacks conocemos las circunstancias vitales de un joven Willis (Sverrir Gudadson) con John: un hombre estricto, machista, déspota con su mujer (de la que terminó divorciándose) y sobre todo egoísta y orgulloso. John jamás toleró las actitudes y la trayectoria vital de su padre (que apenas aceptó la homosexualidad de su hijo) pero en el ocaso de su vida siente el deber de ayudarle.

El filme refleja excelentemente los sentimientos encontrados y las dudas del personaje del hijo, un hombre condicionado por la imperfecta figura paterna; para ello los abundantes saltos atrás en el tiempo cumplen una función narrativa fundamental que la película explota con maestría yuxtaponiendo de manera casi de espejo con la línea temporal en la que se narran los hechos de la historia. La interpretación de Lance Hendricksen es impresionante y conmovedora con un Vigo Mortensen que también echa el resto en una de las mejores interpretaciones que se le recuerdan. Hay mucha tensión dramática en las escenas entre los dos personajes principales y en las de las reuniones familiares (muchas familias en situación similar probablemente se verán reflejadas) con el momento culminante de la tensa discusión final entre John y Willis. Filmada con delicadeza pero de manera firme y sin edulcorantes este es un drama auténtico muy recomendable para cualquier amante del cine como reflejo de al realidad.

viernes, octubre 16, 2020

NACIÓN CAUTIVA (CAPTIVE STATE)

 

***                                                                                                  

Intento de hacer ciencia ficción inteligente y con mensaje que se queda a medio camino de una obra redonda por culpa de un desarrollo de guión un tanto gélido y con interesantes premisas de las que no llega a explotar casi ninguna. Utilizando el recurso de la invasión extraterrestre y bajo el ropaje de política-ficción la película podría ser más interesante si estuviese disfrazada de trampantojo de serie b y lo cierto es que estamos ante una película de presupuesto limitado pero se toma demasiado en serio y para colmo ese tono no es constante ya que con facilidad se salta de la distopía política con tintes dramáticos al cine de acción (aunque aquí acción en realidad haya la justa) o al thriller bélico más tópico. Eso si, la película se esfuerza en tener su moraleja y en mostrar su parábola de lucha contra un poder dictatorial además extraño al entorno cercano (en este caso seres extraterrestres que invaden la tierra y la someten con al colaboración de un amplio sector terrícola) aunque al final no sea más que un pretexto para centrarse en una historia de los vaivenes de un movimiento de resistencia y todas sus cuitas y avatares internos tomando como referencia el personaje central del joven Gabriel Drummond  (Ashton Sanders), un muchacho de Chicago que quiere continuar el legado de su hermano mayor, el miembro de la resistencia desaparecido Rafe (Jonathan Majors) al tiempo que es tutelado y vigilado por un antiguo conocido ahora colaborador de los alienígenas, el comandante William Mulligan (John Goodman)

Las referencias históricas a la invasión nazi en Europa (especialmente en Francia) y la lucha entre colaboradores y resistentes es más que evidente, aunque en ese sentido la fuente de la analogía es tan manida que hace que todo sea más o menos previsible en el desarrollo de ciertos aspectos de la historia. Los extraterrestres, que son llamados “legisladores” y son idolatrados por los colaboracionistas viviendo un hábitat oculto subterráneo que los humanos tienen que construirles, tienen la apariencia de insectos gigantes y sus intenciones no son claramente especificadas: otro recurso tomado del lore de la ciencia ficción que no lleva a ninguna parte. Pero sería injusto no reconocer en Nación cautiva su efectivo manejo e los tiempos y el montaje, su sugerente estilo visual realista y callejero, el buen hacer de sus intérpretes, su maestría a la hora de elaborar la inquietud ante la distopía y lo efectivo de ciertos momentos, aunque se eche en falta emoción y credibilidad. El cómic y la literatura de ciencia ficción (aquí habría que citar a autores como Alan Moore o Philip K. Dick) son referencias correctamente manejadas que harán las delicias de los amantes de la ficción científica, el público que más disfrutara con este filme. El resto tendrá opiniones encontradas

 

lunes, octubre 12, 2020

RIFKIN´S FESTIVAL

 

***                                                                                                  

Woody Allen sigue en la brecha a sus 85 años y, al menos de momento, nada parece interponerse en su propósito de seguir dirigiendo una película anual, ni tan siquiera una extratemporánea campaña contra su persona. De nuevo dirigiendo en Europa en régimen de coproducción internacional (esta vez junto con productoras españolas e italianas) el Woody Allen turístico regresa sin ofrecer esta vez nada nuevo ni estimulante, más bien más de lo mismo dentro de sus coordenadas de comedia-drama. Aunque en esta ocasión no protagoniza el filme su personaje si aparece: como  en otras de sus  películas, el hombre culto, neurótico e inseguro está encarnado por otro actor, en este caso su buen amigo Wallace Shawn, personaje polifacético y genial intérprete que en una de sus escasas oportunidades de acometer un papel protagonista brilla por su carisma y buen hacer. Sin embargo la historia, una poco original crónica de enredos amorosos y encuentros-desencuentros bastante vista en la interminable filmografía del neoyorquino, no ayuda a la hora de configurar una obra de verdadero relieve aunque al fin de cuentas sea una buena película de agradable visión.

Tal vez el elemento más interesante de Rifkin´s Festival sea que Allen muestra su vertiente más cinéfila adentrándose tanto en la industria y parafernalia comercial del mundo fílmico como de su elemento artístico. Rodada en Donostia-San Sebastián en una edición del Zinemaldia Donostiarra la película es un pequeño homenaje a los festivales de Cine a todo lo que se mueve alrededor de ellos de paso haciendo el folleto turístico visual de rigor que Allen ya hizo en Vicky Cristina Barcelona o a Roma con Amor. Más allá de lo curioso que resulta ver captado por la cámara woodyallenesca el paseo de la Concha o el Peine de los Vientos, el director demuestra una vez más que sabe convertir a al ciudad escenario en un protagonista más aunque sea de la manera más tópica posible. Un reparto internacional con una nutrida presencia española responde con creces y sin muchas estridencias. Mort Rifkin, interpretado por Shawn, es un maduro escritor y antiguo profesor de cine estadounidense que  acompaña a su esposa Sue (Gina Gershon) al Festival de san Sebastián en el que ella acompaña a uno de sus representados, el joven y exitoso cineasta francés Phillipe (Louis Garrel) del que Mort siente celos por ver reflejado en él aquello que el quiso ser y no fue, además de sospechar que tiene un affair con su mujer. La relación con una doctora cuarentañera local, Joana Rojas (Elena Anaya) parece levantar el ánimo de un desorientado Rifkin, pero las cosas no le resultarán fáciles. El amor de Rifkin por el gran cine de autor de todos los tiempos (especialmente el europeo) le sirve a Allen para homenajear a algunas de sus películas favoritas en las ensoñaciones del protagonista: entonadas recreaciones paródicas de Ciudadano Kane, El Ángel Exterminador, Persona, o El Séptimo Sello entre otras se suceden y suponen de lo mejor del filme en su declaración de amor por el séptimo arte y por gente como Buñuel, Fellini o Truffaut. Pero aunque deja un buen sabor de boca, a esta película le falta más solidez y le sobran manierismos del propio Allen.    

lunes, octubre 05, 2020

ANE

 

*** y 1/2                                                                                         

Utilizando el conflicto social (y político) como metáfora se erige este drama familiar con los diálogos justos y un discurrir pausado pero repleto de matices en imágenes, secuencias y acciones. Una película que sin ser ninguna obra maestra cumple su cometido como un trabajo destinado a conmover al espectador y hacerle reflexionar sobre la dificultad de las relaciones peternofliliales cuando la confianza y la felicidad parecen tambalearse aunque el cariño y el amor permanezcan. La fuga de una hija adolescente del hogar de una madre divorciada es el arranque del filme, centrado en la figura de la madre Lide interpretada por una excelente Patricia López Arnáiz, una mujer de cuarentaitantos que reflexiona (en silencio casi siempre pero con sus sentimientos captados por el espectador debido al magnífico trabajo de la actriz) sobre su papel como madre y como persona, en medio de un contencioso que sacude a su pueblo, una localidad alavesa cercana a Vitoria donde se va construir la vía del TAV (Tren de Alta Velocidad) y cuya aceptación o rechazo parece dividir al pueblo, canalizada esta última por cierta tendencia política en la Euskadi inmediatamente anterior al final de ETA  (el filme se desarrolla en 2009).

El joven director bilbaino David Perez Sañudo ha debutado en el largo con una “ampliación” de un cortometraje suyo del mismo nombre de 2008. Al realizador el trasfondo político le sirve de encuadre y mcguffin y no pretende profundizar en él, aquí el protagonista es el drama psicológico y este está perfectamente conseguido en un guión con silencios, pausas y una narración muy bien estructurada en donde el personaje de Lide lleva todo todito el peso. La irrupción de la hija Ane (Jone Laspiur, también vista en Akelarre) cambia el devenir del filme que hasta ese momento jugaba con elementos del cine de intriga (la investigación de Lide y su ex Fernando (Mikel Losada) sobre el destino de su hija) en donde no faltan tampoco pistas falsas para adentrarse en un crescendo en donde la rebeldía adolescente se expresa en los vaivenes de Ane dentro de un mundo en que parece haberse metido por inercia y del que es víctima y lo más crudo es que ha perjudicado a su madre: obviamente el impacto brutal no tardará en producirse. Muy recomendable para padres y madres con hijos teen, esta es una película sobria pero muy sugerente que anuncia un dirctor a tener en cuenta.

miércoles, septiembre 30, 2020

AKELARRE

 

***                                                                                                  

La persecución de la brujería en la península ibérica entre los siglos XV y XVII, especialmente en el norte, es un tema históricamente apasionante y poco explotado por el cine español, principalmente por la poca habituación que ha habido en nuestra industria cinematográfica al cine de género. Dentro de esta escasa proliferación de la brujería (o falsa brujería) en la escena hispánica ya habido alguna muestra interesante como el filme “tocayo” de este que nos ocupa dirigido por Pedro Olea en 1983 pero lógicamente en el siglo XXI faltaba una visión contemporánea y adaptada a los cambios estilísticos, conceptuales, culturales  y económicos que ha habido en el cine español desde hace más de 30 años y en ese sentido este Akelarre cumple con creces ofreciendo una interesante película. Ha sido curiosamente un argentino, Pablo Agüero (Eva no duerme) quien por medio de una coproducción hspanoargentina (con una pequeña participación francesa) se ha atrevido a adentrarse en el sórdido episodio histórico de las condenas por hechicería a varias mujeres (y también algún hombre) en las provincias vascas a comienzos de una edad moderna en una España de los Austrias que tenía aún no pocas reminiscencias medievales pese a tratarse de una potencia económica y política en aquella época. Sin optar por adaptar un episodio histórico concreto, el guión de Agüero y la francesa Katell Guillou prefiere un relato ficticio (basado eso si en los documentos del inquisidor Pierre de Lancres) en donde se da rienda suelta a un tono casi de fábula o de cuento de hadas realista para narrar una historia tan impredecible y juvenil como sus protagonistas, marcada por un propósito de reivindicación feminista desde su vertiente histórica. La visión de las brujas como mujeres liberales al margen de las normas morales, sociales y religiosas en la  Europa de la edad antigua y moderna es la que se reclama en este filme, actitud esta condenada por la sociedad patriarcal y ultracristiana de la época: Meras curanderas paganas que pagaron un alto precio, tal y como ocurrió por los valles vascos en aquellos siglos.

Sin grandes alardes técnicos y con una localización muy reducida pero plena en bellos paisajes (rodada en varias zonas de Euskal Herria como la Sierra de Urbasa o las costas de Bizkaia y Gipuzkoa) en donde pese a todo los espacios cerrados son más abundantes que las escenas exteriores, la historia se centra en la terrible vivencia de seis chicas adolescentes de una innombrada aldea marinera vasca que son burdamente acusadas de brujería y blasfemia por parte de un juez inquisidor enviado por el rey e interpretado por Alex Brendemül. Las jóvenes, que gozan de la libertad que el paganismo ancestral vasco otorgó a muchos de los habitantes de los mas remotos pueblos, actúan guiadas por las pasiones de la adolescencia y viven acostumbradas a las largas ausencias de la autoridad masculina debido a que los hombres de la aldea pasan un buen tiempo en la mar, asisten primero aterradas a su acusación y encarcelamiento, luego se llenan de esperanza ante la posibilidad de una liberación y finalmente llegan a una alucinante catarsis. Es este proceso psicológico y de sentimientos en el que se basa la película muy bien reflejado por sus jóvenes protagonistas encabezadas por la prometedora Amaia Aberasturi en el papel de Ana, la lideresa de las muchachas y la que urde un plan para salir absueltas en los siniestros juicios, sin olvidar al resto: Yone Laspiur, Yune Nogueiras, Irati Saez de Urabain, Garazi Urkiola y Lorea Ibarra.  No obstante, aunque los momentos finales y culminantes de la películas sean los mejores rodados del filme da la sensación de que se cae en un simbolismo farragoso y malamente ambicioso que pese a todo no difumina el mensaje de empoderamiento femenino que trata de transmitir el filme, incluida una reivindicación de la sexualidad indómita en la mujer a la que el ambiente natural y algo antropológico del filme ayuda bastante.     

Es cierto que las jóvenes pese a sus buenos trabajos interpretativos no consiguen transmitir credibilidad a la hora de encarnar a muchachas de 1609 ya que su comportamiento corresponde más bien a adolescentes del siglo XXI y en ese sentido este cierto (y supongo que intencionado) anacronismo lastra no pocos momentos del filme, así como su ritmo y sus argumentos cinematográficos se mantienen inconstantes durante todo el metraje. Se echa también en falta más autenticidad y unos personajes secundarios más consistentes aunque si que resulta curioso su juego de trampantojos con el cine fantástico o terrorífico aún no perteneciendo a ninguno de estos géneros. Sin llegar a enganchar la historia se sigue y se degusta con interés por lo universal de su mensaje aunque seguro que habrá interpretaciones de su historia vistas desde todos sus ángulos sociopolíticos. 

miércoles, septiembre 23, 2020

PINOCHO (PINOCCHIO)

 


 

 ****                                                                                                 

Las Aventuras de Pinocho, escrito por Carlo Collodi en 1883 es para los italianos casi como el Quijote en España (con permiso de la Divina Comedia de Dante): una obra literaria que refleja la idiosincrasia de un país y un texto más o que menos conocido por sus conciudadanos. Esto, unido a la condición de esta novela infantil como una obra inmortal universal, siempre lleva a una revisión periódica en Italia de Pinocho y su historia aunque como es sabido no han sido precisamente pocas las producciones en cualquier país tanto cinematográficas como televisivas del relato. Matteo Garrone (Gomorra, Dogman), tal vez el mejor director italiano surgido en los últimos veinte años ha sido el responsable de este nuevo largometraje sobre el muñeco de madera viviente que aspira a convertirse en un niño de carne y hueso pero que para ello debe alcanzar la rectitud moral y comportarse con responsabilidad en pleno conflicto con lo que como buen niño debe hacer y lo que en realidad le apetece hacer. Cineasta versátil y con vocación internacional,  Garrone vuelve al género fantástico tras Tale of Tales (2015) de nuevo con un tono ciertamente oscuro más acorde con la novela original y que al espectador no italiano le puede parecer sorprendente e incómodo por la influencia ejercida por adaptaciones decididamente dulcificadas como la legendaria de Disney de 1940. El resultado ha sido un excelente filme tal vez degustable más por el público adulto que por el infantil y que conserva y refleja de una manera magistral la singularidad de la obra original en su mezcla de cuento de hadas, realismo costumbrista, tratado de enseñanzas morales a la infancia y relato truculento. Una vistosa puesta en escena y una soberbia fotografía obra de Nicolaj Brüel dotan al filme de imágenes espectaculares sobre todo cuando se trata de ilustrar los momentos más fantasiosos de la historia con un halo pictórico de irrealidad e impresionismo con no menos apreciables estampas veristas de la Toscana de finales del XIX, pura influencia neorrealista italiana en este caso. Y es que con un presupuesto generoso en donde hay colaboración francesa y del mítico productor británico Jeremy Thomas  unas interpretaciones más que de recibo y un guión adaptado esforzado, Matteo Garrone ha realizado un filme que poco tiene que envidiar a las producciones fantásticas hollywodienses.           

El realizador tenía desde hace tiempo en mente volver a llevar a Pinocho a al gran pantalla y se nota que ha puesto mimo en el empeño, como también es perceptible la enorme influencia de la que hasta hace poco había sido la mejor (y más fiel) adaptación audiovisual sobre las andanzas del muñeco, la miniserie de principios de los 70 de la RAI dirigida por Luigi Comencini, una joya a reivindicar que al igual que esta versión apostaba por el realismo y el tono más oscuro de la obra original. No obstante este nuevo Pinocho también refleja la fantasía desbordada de muchos de sus pasajes con buenos efectos especiales y espectaculares maquillajes y caracterizaciones capaces de convertir a muchos actores en creíbles animales antropomorfos además de transformar a su joven intérprete protagonista, el descubrimiento Federico Ielapi en una marioneta de madera (aunque algunas de sus escenas se realizaron con “maquillaje” CGI). Ielapi está perfecto en su rol aunque para algunos espectadores su aspecto puede resultar grimoso, pero lo cierto que en esta historia llena de personajes entrañables - los villanos la Zorra y el Gato, el titiritero Comefuego, el Hada de Cabellos Azules que pasa de niña a mujer, el antipático Grillo Parlante (nada que ver con la versión de Disney), el hombrecillo de los burros, el travieso Mecha-  el nutrido reparto echa el resto, destacando el ínclito Roberto Begnini como Geppetto. La algo olvidada superestrella transalpina vuelve al cine tras uso años de retiro otorgando el consabido carisma al anciano y mísero padre y creador del protagonista al que da vida con una acertada contención y sin sus habituales histrionismos: una redención también de la infumable adaptación de la historia que el mismo dirigió en 2002.  Una película muy recomendable para el público de diferentes edades (aunque no aconsejable para niños muy pequeños) que devuelve en su máximo esplendor una historia que Matteo Garrone adapta muy fielmente y sin eludir sus aspectos más controvertidos o incluso hoy en día políticamente incorrectos en un trabajo cinematográfico que sin ser del todo perfecto es de primer nivel.   

domingo, septiembre 20, 2020

TENET

 

**                                                                                                    

Una pequeña decepción es lo que ha supuesto el nuevo filme del tal vez sobrevalorado Cristopher Nolan, un director que ya empieza a mostrar demasiada orientación comercial y un cierto efectismo cada vez más pedante. De nuevo como en Origen (2010), nos encontramos con una película de ciencia ficción empachada de pretensiones y bastante estructurada en audacias técnicas visuales conseguidas por unos vistosos efectos especiales y una narración temporalmente intrincada- esta vez como en Memento- que requiere de la complicidad del espectador, aunque su presentación es  tan equívoca que este terminara en muchos casos por cansarse y desentenderse de los intríngulis propuestos. Nolan, eso si, sabe hacer mantener el interés en momentos clave y desde el principio del filme, saca muy buen partido de las pistas y de los McGuffins  y de nuevo demuestra saber coordinar espectáculos grandiosos en diversos escenarios y con profusión de personajes, pero todo esto no ha resultado suficiente para que Tenet resulte una buena película.

El concepto de la temporalidad en la ficción (viajes en el tiempo, paradojas temporales, digresiones varias) es un material que suele resultar bastante goloso y rico para trabajar y la historia que nos ocupa parte de una premisa dentro de esa idea: alguien, en un tiempo futuro, ha inventado una tecnología que permite una entropía inversa que permite a personas y objetos moverse atrás en el tiempo y esto esta siendo utilizado para sonados actos terroristas y actividades delictivas diversas y se estima que con una finalidad aún más siniestra. Un innombrado agente de la CIA (John David Washington, hijo de Denzel Washington) es contratado por una organización secreta llamada Tenet para impedir que los responsables del malévolo invento lleguen a destruir la humanidad. Todas las pistas llevan a Sator (Kenneth Branagh), un millonario ruso cuya joven esposa Kat (Elizabeth Debecki) se alía con nuestro protagonista, también ayudado por un misterioso agente llamado Neil (Robert Pattinson). Acción y violencia a raudales, intriga de thriller tradicional, excursión jamebondsiana a localizaciones europeas y de otras latitudes y momentos de cierta reflexión matemática sobre el galimatías (muy cargante lo de los algoritmos) llenan una película que llama principalmente la atención por lo vistosas que pueden resultar algunas escenas cuando la acción transcurre al revés (en el aspecto técnico esto es más que de recibo) y algún momento de inspiración de cine negro y de espionaje, pero en conjunto es todo excesivo, gratuitamente confuso y sobre todo demasiado reiterativo en cuento a las fórmulas más manidas del cine de acción, sin olvidar la influencia de rigor la saga Matrix cada vez que una película toca temas similares. Poquita chicha para una película rutinaria y poco estimulante.