martes, junio 15, 2021

UNO DE NOSOTROS (LET HIM GO)

 

 

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Ha sido una agradable sorpresa la que ha producido este drama familiar con inequívocos elementos de western basado en una novela de Larry Watson a la que Thomas Bezucha adapta siguiendo clasicistas patrones de John Ford o de William A. Wellman sin obviar hallazgos más contemporáneos y eclécticos de David Fincher o Ang Lee. Aunque se trata principalmente de una historia de lucha sin cuartel por el amor a un ser querido (un nieto) es también una crónica de odios, injusticias y de actitudes humanas ruines y mezquinas en su estadío más estremecedoramente siniestro. El drama basado en sentimientos de angustia da paso a una violencia típica de western manera casi inesperada pero en ningún momento la enorme solidez y coherencia de la historia sufre desgarro alguno. El buen hacer de su pareja protagonista, el ya veterano Kevin Costner y la injustamente infravalorada Diane Lane, eleva la película a cotas altas con excelentes momentos por parte de ambos intérpretes otorgando una total credibilidad a la madura pareja de granjeros que encarnan, unos abuelos coraje dispuestos a cualquier cosa con tal de recuperar a su pequeño nieto que ha sudo casi literalmente robado.

Ambientada en los años 60 del siglo XX, los Blackledge ven como Lorna, la viuda de su hijo y madre de su nieto de tres años Jimmy, se casa por segunda vez con un joven que no tardará en maltratar física y verbalmente a ambos. Las cosas se complican cuando el nuevo matrimonio con el niño abandonan sin avisar Montana y se trasladan a Dakota Norte con la familia del marido. La decidida Margaret (Diane Lane) aterrada ante la posibilidad de que el niño este sufriendo daño y que no puedan verle jamás convence a su a su marido el bondadoso sheriff jubilado George (Costner) de ir en busca de Lorna y Jimmy. Una vez en Dakota y en cuanto encuentran a la conflictiva e inquietante familia Weboy comprenderán que las cosas no solo son difíciles sino que pueden ser muy peligrosas.  

La puesta en escena de un variopinto muestrario de sentimientos (angustia, tristeza, ira, envidida, miedo, desprecio, desesperación) debe mucho a la más alta escuela del drama (y es que además existe cierto enfoque shakespeariano en la historia)  pero resulta evidente que todo ello está mediatizado por las conceptualizaciones propias del western dando como resultado un filme que hará las delicias de los espectadores más cinefilamente exigentes. El proceso mediante el cual un apacible matrimonio jubilado se convierte en una pareja de luchadores dispuestos a todo es verdaderamente convincente y espectacular, dejando más espacio al intimismo y a la efectividad narrativa que a la épica más predecible.  Y es que gracias a este  oportuno tipo de mutaciones y transposiciones temáticas y estilísticas, el western sigue vivo y puede seguir pariendo excelentes filmes como este


domingo, junio 06, 2021

HIJOS DEL SOL (KHORSHID)

 


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Hay países en donde para muchos la esperanza existe con cuentagotas o apenas existe. Eso se puede comprobar de diversas maneras y medios, siendo el cine uno de ellos, y en ese sentido el valor del séptimo arte como mostrador de todo tipo de realidades sigue siendo enorme. Una cinematografía como la iraní ya ha mostrado en no pocas ocasiones las contradicciones flagrantes de su sociedad y lejos de cesar en su empeño por lo contraproducente que para sus cineastas y autores esto resulta (varios han sufrido prisión por sus denuncias vertidas en los filmes) y sorteando todo tipo de impedimentos y trabas el cine persa aún sigue ofreciendo más que interesantes obras cargadas de denuncia y con un estimable valor cinematográfico que ha conseguido la admiración internacional de la crítica. Esta Hijos del Sol  dirigida por Majid Majidi no se trata de ninguna obra maestra pero alcanza el doble propósito de ofrecer una buena película con mensaje. Centrada en los penosos avatares de la situación de numerosos niños en Irán que tiene que trabajar a edad temprana la película es una parábola sobre el fin de la inocencia y la manera devastadora con la que en el país de Oriente Medio esto suele suceder. La búsqueda de un supuesto fabuloso tesoro que un grupo de chavales con diferentes problemas tiene que llevar a cargo por encargo de unos adultos que les prometen parte del botín supone una extraña epopeya existencial para los chavales, que tendrán que encarar diferentes situaciones desagradables que terminarán afectándoles.

 Ali (Roohollah Zamani), el chico de 12 años protagonista, y sus amigos, todos ellos trabajadores de un taller de reparación de automóviles, tienen que hacer las excavaciones necesarias para hallar el tesoro bajo una escuela de primaria llamada Hijos del Sol en la que deberán de matricularse para realizar cómodamente su propósito. Allí se darán de bruces con una nueva realidad, la académica, que no resulta ana fácil ni para los alumnos ni para los profesores ni el director del centro ya que el colegio se encuentra al borde del cierre y todos los problemas económicos y sociales que vive Irán repercuten claramente en el. La búsqueda de un sueño es lo que mueve desesperadamente e los pequeños protagonistas del filme y sobre todo la huída de la pobreza, algo que el cine iraní sabe retratar excepcionalmente. No obstante, el tomo de fábula mediante el cual se cuenta la historia a veces no consigue ser efectivo y por ello la película muchas veces carece de intensidad. Nada es reprochable al elenco de jóvenes intérpretes que consiguen muchas veces momentos desgarradores. Los crueles instantes finales del filme ilustran la esencia una historia que por desgracia sucede muy a menudo en muchos países.      

lunes, mayo 31, 2021

PEQUEÑO PAÍS (PETIT PAYS)

 

*** y 1/2

No es nuevo que la Historia reciente siga siendo un más que interesante filón para el cine, pero es más difícil que películas basadas en acontecimientos con como mucho treinta años de antigüedad sean obras convincentes, honestas y equilibradas; algo que por fortuna le ocurre a este filme que adapta la novela autobiográfica de Gaël Faye y que nos enfrenta con oscuras capas y configuraciones del ser humano que lamentablemente son reales y han generado destrucción y sufrimiento. Ya casi parece olvidada la Guerra Civil de Ruanda que acaeció entre 1990 y 1995 y que supuso en el año 1994 uno de los más salvajes genocidios de los últimos 50 años, pero este episodio marcó al rapero y escritor francés de origen africano Gaël Faye siendo un chaval de 12 años (aunque desde el vecino país Burundi) y decidió contar su estremecedora experiencia; poco tiempo después Eric Barbier ha plasmado en imágenes su novela -contando con la participación activa en el guión de Faye-  y ha conseguido una película tan creíble y conmovedora como cruel y descarnada en su descripción de los acontecimientos vividos desde el punto de vista del alter ego del autor, el pequeño Gabriel (Dijbril Vancoppenolle), un chaval de Burundi hijo de francés y ruandesa que asiste al odio y a la destrucción salvaje entre las dos etnias de Ruandas, los tristemente célebres Hutus y Tutsis. Un calvario para el espectador pero al fin y al cabo un excelente ejercicio cinematográfico.

Petit Pays resulta relativamente insólita por su no posicionamiento en ningún bando de entre los protagonistas del conflicto y de hecho en ningún momento hace distinciones entre héroes y villanos e incluso la familia protagonista llega a rozar y caer en actitudes y acciones cuanto menos infames: una denuncia a la maldad global y a la corrupción moral que el odio produce en el ser humano, un propósito harto difícil que el filme supera con solvencia y esa es su principal virtud. Además, el hecho de estar descrita bajo un punto de vista infantil y más concretamente desde un cambiante preadolescente añade un plus que lo hace más sugestivo, rico en amtices y también más sobrecogedor e inquietante. Gabriel, que vive en el pequeño Burundi con una familia acomodada dentro del bajo nivel de vida africano, ajeno a la realidad tanto de su país como de la vecina Ruanda -el país de su madre, un auténtico polvorín a punto de estallar-  y con la extraña condición de ser mulato de origen europeo, asiste impactado a la explosión de la lucha étnica entre Hutus y Tuttsis que también llega a su país y que amenaza con destruir todo lo que el conoce y ama empezando con su familia, que ya empezaba a tambalearse debido a la separación de sus padres. Una espiral de odio comienza a atrapar a Gabriel y cada vez le será más difícil salir de ella hasta el punto de tener que imbuirse contra su voluntad madurando forzosamente. No hay violencia excesivamente gráfica en la película (mostrar detalles del genocidio ruandés hubiese sido una experiencia muy fuerte), suplida por los conflictos morales, las discusiones al límite y la situación de angustia que viven sus protagonistas. No es esta una película perfecta pero si un excelente y necesario testimonio de unos hechos que jamás deberán caer el en olvido por la lección moral que se puede extraer de ellos.          

lunes, mayo 24, 2021

FIRST COW

 


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La tardanza de su estreno en las salas españolas no debe hacer pasar por alto esta estupenda película que conjugando el drama con la crónica histórica consigue llegar a cotas cinematográficas muy altas y sin mucha parafernalia superflua y con un presupuesto ajustado. Son muchos los filmes ambientados en los primeros años de Estados Unidos como país independiente (a principios del siglo XIX) y es que todo lo relacionado con pioneros, tramperos, comerciantes de pieles, nómadas, cazadores y nativos que comenzaban a tratar con el “hombre blanco” siempre ha sido material dramático de primer orden especialmente en el género de las aventuras y por supuesto como western pero no es este el caso de la película que nos ocupa. En First Cow nos encontramos con una hermosa historia de amistad entre dos pioneros que hacia 1820 unen sus destinos de manera casual mientras cada uno busca el incipiente Sueño Americano en las inexploradas tierras del oeste, algo para lo que tendrán que colaborar. Otis Figowitz, apodado Cookie (John Magaro), un cocinero que viaja con unos tramperos con los que no se siente identificado, aspira a ser un gran confitero en cuanto llegue a San Francisco; por su parte King-Lu (Orion Lee), un chino que huye de un homicidio involuntario y que no parece tener un objetivo claro en su vida, decide ayudar a su nuevo amigo en sus aspiraciones usando un sentido pragmático, aventuroso y un tanto osado del que su ingenuo amigo carece. En el asentamiento de Oregon en donde se establecen, deciden ordeñar clandestinamente a la única vaca del lugar propiedad de un rico terrateniente inglés (Toby Jones) para obtener la leche con la que Cookie pueda elaborar unos pasteles de su invención.  Esta acometida, que se tornará en exitosa para ambos, unirá a ambos hombres dejando patente que las diferencias culturales no deben de ser impedimento para nada y que la lucha conjunta por algo crea lazos casi imposibles de romper.       

El buen trabajo de los dos semidesconocidos actores protagonistas muestra con profusión de matices la relación entre Cookie y King-Lu, más compleja de lo que parece y en cierto modo basada en una dialéctica Don Quijote-Sancho Panza en donde los límites entre las atribuciones de ambos inmortales personajes (el idealismo y el pragmatismo, la gallardía y la inocencia) aparecen difuminados y a veces intercambiables. Pese al ritmo un tanto mortecino del filme, su exhuberancia narrativa no decae en ningún momento añadiendo que la utilización de instantes anecdóticos aparentemente de relleno (a veces rozando la comedia) y el excelente partido que se saca del hermoso paisaje natural de Oregon hacen de Fist Cow una interesante experiencia para espectadores que desean ver algo más que un melodrama de época. Su excelente ambientación y vestuario refuerzan el carácter antropológico-histórico del filme, algo de lo que no es ajena la metáfora que se hace del nacimiento de la consciencia intercultural  norteamericana. Un acierto si se desea ver una buena película en medio de una cartelera no muy estimulante. Por cierto, dirige una mujer, Kelly Reichardt; últimamente el género femenino va cobrando importancia dentro del cine.    

martes, mayo 18, 2021

QUO VADIS, AIDA?

 

***  y 1/2

 La guerra en la antigua Yugoslavia en la década de los 90 del siglo XX fue un funesto episodio de la Historia contemporánea cuya evocación aún sigue provocando escalofríos e indignación y es por ello que cualquier ejercicio de recuerdo sea cual sea el medio a través del que esto se lleve a cabo resulta una acción muy dolorosa, sobre todo si son quienes directa o indirectamente vivieron sus consecuencias quienes lo narran. El cine, que ya ha dado cuenta varias veces del conflicto balcánico, sigue siendo un vehículo perfectamente válido para denunciar las salvajadas que se cometieron y en esto no cabe más que aplaudir iniciativas como este filme, una producción bosnia que más allá de ser o no una gran película ha sabido retratar perfectamente el estado de terror y angustia de muchos ciudadanos de Bosnia Herzegovina de cualquier condición social que fueron testigos de una auténtica y atroz limpieza étnica contra su pueblo. Basada en hechos reales, Quo Vadis, Aida? apuesta por un episodio concreto centrado en unos pocos personajes y su manera de vivir y sentir los acontecimientos. Una intérprete de inglés bosnia que trabaja en Srebrenica para la ONU- concretamente con los cascos azules holandeses, la Aida del título, es el motor de la historia con su determinación a salvar a su marido a sus dos hijos veinteañeros de un más que posible trágico destino: la que iba a ser la tragedia que se vivió en dicha ciudad  bosnia en julio de 1995. Aida, que asiste en su condición de funcionaria de la ONU como su familia llega a un barracón de refugiados en el que ella trabaja como traductora, hará todo lo posible para salvar a su familia en medio de una situación angustiosa y al límite para los miles de personas allí confinadas aunque para ello tenga que enfrentarse a los mandos militares holandeses a cargo del campo de refugiados y buscar subterfugios procedimentales de todo tipo. Una mujer luchadora que sin embargo comete errores y bordea la falta de solidaridad pero que pese atodo nos convence de que su lucha y sus esfuerzos son completamente legítimos.

 La directora Jasmila Zbanic demuestra saber lo que cuenta y consigue transmitir con sus imágenes un realismo sobrecogedor aunque gran parte del grueso del metraje se desarrolle en un único escenario, el del inmundo barracón. La recreación de este lugar y de la insalubre y estremecedora situación de sus ocupantes, así como los vaivenes de los militares de diferente bando y procedencia (no hay aquí a penas escenas de viiolencia explícita y ninguna bélica), los diálogos entre los protagonistas y otros secundarios, todas las vicisitudes de los bosnios para tratar de salir indemnes de aquel angustioso momento (algo que como se sabe no consiguieron) y sobre todo la plasmación del drama personal de Aida y su familia en una lucha desesperada por la supervivencia están descritas con sumo verismo y con pocos artificios dramáticos. La interpretación de Jasna Djuricic como  una mujer valiente y desesperada ha ayudado mucha a que la película consiga su propósito: tocar el corazón del espectador. El crescendo emocional puede que no se haya sabido culminar correctamente después de un momento crucial y muy bien presentado como es el de la irrupción en escena del ejército serbio y su desconcertante actitud inicial ante la situación (los villanos más sobrecogedores son los sacados de la vida real), pero aún así la película convence plenamente gracias sobre todo a la modestia de su planteamiento y lo honesto de sus pretensiones. 

jueves, mayo 13, 2021

EL OLVIDO QUE SEREMOS

 

 


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La filmografía de Fernando Trueba puede que sea más irregular de lo que suele parecer si se lleva a cabo un frío análisis de cada una de sus películas, pero cuando el veterano realizador madrileño hace una buena película esta siempre resulta una obra excepcional en todos los sentidos. En los últimos tiempos con un pie en España y otro en las Américas, Trueba demuestra que las coordenadas geográficas y culturales no suponen ninguna barrera para él y esto bien se ve en esta coproducción hispanocolombiana que nos cuenta una historia real entroncada con la Historia reciente de Colombia tratada con mimo y cuidado por lo altamente sensible de su material de partida. Basada en la novela-recuerdo del escritor y periodista Héctor Abad Faciolince  sobre los últimos años de su padre el médico, profesor y activista social Héctor Abad Gómez, El olvido que seremos es un filme tan cálido e intimista como cruel en algunos momentos y sobre todo rotundo en su planteamiento de reivindicación de una persona injustamente tratada en su país en un momento político y social convulso en Colombia (años 70 y 80 del siglo XX) que terminó asesinada por paramilitares. Fernando Trueba como director y su hermano David como guionista han plasmado estupendamente -en palabras del autor del libro y personaje también de esta película- una historia de sentimientos de amor paternofilial (el que el joven Héctor sentía por su admirado padre), de lucha por unos ideales insipirados precisamente por el amor a las personas, y de maduración personal: la que el hijo de Héctor Abad Gómez experimente bajo la sombra de su padre y de la triste realidad de su país, algo que el personaje central de esta historia siempre quiso cambar.   

Ambientada en dos periodos diferentes de tiempo (principios de los 70 rodados en color y mediados de los 80 filmados en blanco y negro) la película desde el punto de vista narrativo transcurre impecablemente siempre bajo la visión de Abad Faciolince, primero como un niño (Nicolás Reyes) y después como un joven adulto (Juan Pablo Urrego). El doctor Abad, patriarca de una familia numerosa de Medellín más o menos acomodada, no esta muy conforme con su sueldo como profesor universitario pero trata de sacar adelante a su prole e inculcarle sus valores mientras intenta llevar a cabo proyectos de salud pública para los barrios más desfavorecidos de la ciudad y denuncia la poca atención que los pobres reciben de los poderes del estado lo que le granjea mala fama entre las esferas más conservadoras que le llegan a tachar de comunista. La figura de Abad va evolucionando en su grado de compromiso con su sociedad ante la atenta mirada del pequeño “Quiquín”, quien en un principio parece mantener sentimientos encontrados hacia su padre pero que finalmente terminarán sublimándose. La interpretación de Javier Cámara merece mención aparte ya que es notorio el esfuerzo del intérprete riojano por parecerse al médico medellinense y plasmar todos sus matices, con el esfuerzo añadido que  ha supuesto calcar el acento colombiano. Cámara se adueña de la película y ofrece momentos de emotividad nada sentimentaloides y si muy efectivos secundado por un reparto muy eficaz en su mayoría de intérpretes jóvenes como los que dan vida a los hijos del protagonista, destacando obviamente los dos actores que interpretan al joven Héctor en especial el pequeño Nicolás Reyes que atesora muy buenos momentos.

Aunque a veces a los hermanos Trueba se les va un poco la mano en cuanto a lo sentimental en algunos momentos, el guión es un buen ejemplo de cómo se puede hacer un filme intimista sin exceso de almíbar y sin rehusar a mostrar (dignamente) momentos muy trágicos, y como se puede trazar una historia de reivindicación sin caer en el panfleto. Sin renunciar a elementos poéticos e incluso artys, la película resulta creíble y cercana en todo momento y consigue la complicidad emocional del espectador desde el primer instante, algo que no es nada sencillo. El olvido que seremos es un filme que cumple sus objetivos y nos regala más de dos horas de buen cine con una historia conmovedora que resulta un bello canto al amor entre padres e hijos.

domingo, mayo 02, 2021

NADIE (NOBODY)

 

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Acostumbrados como estamos de ver violencia exacerbada en el cine puede que no resulte tan impactante el uso desmedido de este elemento en el filme que nos ocupa, pero la manera en la que está tratado y filmado (fuera incluso de coordenadas tarantinianas o de la gratuidad explicita de muchas películas actuales) consigue cuanto menos sorprendernos. Ya no se trata de efectismo sino el tratamiento de la violencia como elemento fundamental de la trama y del personaje de central y en ese sentido Nadie es un film que nos presenta a una persona cuya vida ha estado ligada a al asesinato y a la destrucción y que aunque en un momento dado haya decidido cambiar radicalmente su existencia, la persistencia del uso de la violencia como modus vivendi no consigue desaparecer ni mucho menos.

El director ruso forjado en el mundo del videoclip Ilya Naishuler debuta en Hollywood con una mezcla de thriller, drama psicológico y filme de acción que va evolucionando y cambiando de registros sorpresivamente conforma avanza la trama. El protagonista, Hutch Mansell (Bob Odenkirk, en un sorprendente registro), como el nombre del filme indica comienza la historia como un “nadie”, un hombre normal, padre de familia que trabaja en una modesta empresa de electricidad. No es sin embargo la persona que parece ya que cuenta con un pasado que al principio de la peli no se conoce pero que comenzará a aflorar tras un intento de atraco en su casa en el cual se niega a agredir para defenderse de los delincuentes. Aparentemente despreciado por su familia y por su círculo ante su falta de valentía, Hutch decide desquitarse tomando la justicia por su mano lo cual acarreará el resurgimiento de algo que llevaba dormido dentro de él y que tiene que ver con su pasado. La aparición de la violencia más extrema, filmada con profusión de planos de todo tipo y que ocupa un buen metraje sobre todo en la segunda parte del filme, no es para anda gratuita sino que nos muestra el verdadero carácter de su protagonista y su visión del mundo y de la vida y plasma también las miserias de una sociedad en donde el odio y la codicia llevan a la destrucción moral  y física del ser humano, esto representado por siniestras y sanguinarias mafias camufladas bajo aparentemente inofensivos ropajes.

Nadie combina muy bien el estudio psicológico de un personaje complejo con un juego de represión-ocultación incluido y una crítica a una sociedad en donde el crimen y la extorsión parecen necesarios para conseguir algo. No obstante, la historia - que muchas veces puede recordar a un western- no siempre consigue discurrir correctamente y muchos de sus trampantojos no funcionan, si bien es cierto que este es un filme que avanza bastante más que un thriller de acción al uso y su tono muchas veces lúgubre no resulta en absoluto incómodo, algo que no se puede decir muchas veces de su violencia explícita, que pese a todo no resulta tan indigerible. Con todo, es positivo constatar una vez más que el cine estadounidense se atreve con registros que a priori no son muy comerciales.

martes, abril 27, 2021

BAJO LAS ESTRELLAS DE PARÍS (SOUS LES ETOILES DE PARIS)

 

 


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Un buen ejercicio de cine concienciado realista sin moralina fácil ni recursos melodramáticos trillados que logra llevar a buen puerto una historia perfectamente creíble bajo el insólito punto de vista de su protagonista. Una mujer indigente de unos sesenta años que pernocta bajo los puentes del Sena en París y con evidentes signos de desequilibrio mental es la heroína de un relato que presenta dos dramas sociales del siglo XXI lamentablemente demasiado habituales: los sin techo y los emigrantes ilegales. Christine (Catherine Frot) se encuentra inesperadamente con Suli (Mahamadou Yaffa) un niño africano cuya madre, de la que tiene una foto, se encuentra en paradero desconocido. La mujer está dispuesta a ayudar al pequeño a encontrar a su progenitora por todo París pese a la desconfianza y el rechazo que su presencia genera en casi todo el mundo por su condición de indigente y pese a su delicada situación mental. En medio de una rocambolesca epopeya narrada con muchos detalles tan veristas como la vida misma y cargados de lecturas y de mensajes  presentados de manera muy sutil se establecerá una relación casi maternofilial entre ambos que supondrá para la protagonista una extraña redención.

El personaje de Christine es un más que interesante hallazgo, una mezcla entre la abstracción de la Comedia del Arte y el espíritu chaplinesco que tanto ha inspirado a la presentación de la figura del vagabundo en la ficción y al que el excelente trabajo de Catherine Frot le imbuye una buen medida emotividad que no cae en el sentimentalismo fácil, algo de lo que afortunadamente la película carece. Con escasas líneas de diálogo pero con enorme expresividad logra transmitir los avatares de su complejo personaje del que en algún momento conseguimos averiguar las trágicas  claves que le han llevado a su situación consiguiendo en ese aspecto un relato estremecedor. Es posible que el personaje del niño no esté del todo explotado y que todo lo concerniente a los africanos sin papeles sea demasiado esquemático, pero en realidad el propósito del filme en realidad es a mostrarnos lo que puede ocurrir cuando dos realidades al límite se entrecruzan y como la sociedad pasa de largo ante ellos y ese propósito se logra plenamente.

jueves, abril 22, 2021

UNA JOVEN PROMETEDORA (PROMISING YOUNG WOMAN)

 

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No se trata de un thriller en el sentido estricto ni tampoco es un drama puro. En su guión hay más discurso y reflexión que lo que en un principio puede parecer, pero tampoco estamos ante un filme denuncia al uso aunque los sea y bastante. En definitiva, Una Joven Prometedora, es un filme que no parece querer encorsetarse en ninguna convencionalidad estilística ni genérica y por ello goza de una insólita libertad y fluidez para poder contar con mucha maestría una alucinante historia que va discurriendo muy naturalmente y sin forzarse, ni con artificios narrativos ni con golpes de efecto: por ello resulta una película fascinante y muy lograda, aunque la poca credibilidad de algunos momentos en sus compases finales no la alcen como la obra maestra que podría haber sido. Pero no cabe ninguna duda de que estamos ante uno de los filmes más originales estrenados en los últimos años.

Promising Young Woman se ocupa de una premisa argumental que bien podría trasladarse a un filme de intriga del montón pero que en esta coproducción británica-estadounidense se convierte en una historia tan ingeniosa como inquietante y cruda con trasfondo de reivindicación de lucha contra ciertas dejaciones a las que por desgracia muchas veces se ve sometido el género femenino, elemento este que es su verdadero leiv motiv que aquí aparece sin ninguna connotación panfletaria y si con veracidad y honestidad. El humor negro y la ironía son utilizadas aquí como aspecto destensionador de una narración con elementos trágicos, logrando que la comedia a veces haga acto de aparición en medio del tronco dramático del filme con resultados muy esclarecedores en cuanto al discurrir de la historia del mismo modo que la intriga se abre paso de manera muy sui géneris logrando un perfecto equilibrio de ítems dispares pero que no erosionan en absoluto la insólita solidez discursiva de la película.

El hecho de que la directora, Emerald Fennell, sea una mujer añade honestidad a lo que se nos cuenta y a la manera de contarlo -por mucho que muchas situaciones parezcan exageradas – realizando además un trabajo excelso. Pero mención a parte merece la interpretación de Carey Mulligan: un papel realmente enorme el de la joven Cassie, una mujer de 30 años que tuvo que abandonar la carrera de medicina tiempo atrás por un desagradable suceso que cambió su vida y trunco un futuro que se le prometía brillante y que ahora, instalada en una aparente mediocridad personal y laboral, ha decidido actuar contra aquello que cambió su vida y propició un trágico final para su querida amiga Nina: la actitud déspota y salvaje de algunos hombres.   Mulligan compone magníficamente un personaje complejo y contradictorio con el que pese a sus más bien bizarros detalles el espectador termina empatizando cuando advierte de sus principales armas: su enorme inteligencia y la razón total que le asiste y que guía su manera de actuar. Es por todo esto y mucho más que este film es un total espectáculo narrativo para cualquier cinéfilo y ya los BAFTA han sabido reconocer sus excelencias a la espera de lo que dictamine la Academia de Hollywood, quien ya la ah provisto de unas cuantas nominaciones a los Oscar incluida la de Mejor Película.