viernes, enero 07, 2022

SEIS DÍAS CORRIENTES

 


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Una película sin actores profesionales ya demuestra un sentido del riesgo muy alto y si además lo que se cuenta es una historia casi documental y sin un desarrollo narrativo convencional estamos ya ante un filme de carácter casi experimental que debe de ofrecer mucho para ser una obra convincente. Esta  pequeña e interesante película lo consigue gracias a un planteamiento honesto y una elasticidad de narración que solo se consigue con un enfoque totalmente realista y una voluntad por trascender el medio cinematográfico para reflejar la vida tal cual es. Este filme, que puede verse como un documental ficcionado o una ficción pasada por el tamiz de la realidad, en realidad pretende salirse de ambas clasificaciones y si bien es evidente que estamos ante una película que cuenta una historia (aunque sin un esquema claro de planteamiento-nudo-desenlace) lo que se nos narra es un día a día que de por si no supone ningún relato contado con los recursos típicos de una obra de ficción. El valor se Seis Días Corrientes reside en la  total cercanía y calidez de una historia de gente corriente contada por ellos mismos. Tres empleados de una empresa de reparaciones catalana (dos fontaneros y un electricista) que se interpretan a ellos mismos durante una semana de trabajo de lunes a sábado y que nos ofrecen un buen retrato de las relaciones humanas con todos sus matices en el día a día en un entorno de cierto viciamiento como es el laboral. 

 La directora Neus Ballús ha conseguido unas excelentes interpretaciones de todo un lenco de actores amateurs que sin que sepamos exactamente sonde empiezan sus personas y sus personajes ofrecen un muestrario de reacciones psicológicas y comportamentales que ponen en relieve muchas de las deficiencias del individuo en nuestra sociedad (egoísmo, materialismo, falta de empatía) pero también virtudes (enmienda de errores, colaboración) que terminan ofreciendo un mensaje más bien de esperanza. Es notable el mérito al dirigir esta película hecha también en entornos reales especialmente cuando se advierte como todos sus esforzados intérpretes llegan hasta donde se les espera que lleguen intentando demás mostrar algo de ellos mismos en una historia situada entre el drama y la comedia. Los fontaneros Valero Escolar y Pep Sarrà y el electricista de origen árabe Moha Mellali intentan llevar a cabo el trabajo de para su empresa que se ve condicionado con la incorporación del último, un joven inmigrante que no logra caer bien al irascible Valero mientras que el veterano Pep intenta mediar entre ellos pero su personalidad no parece la más idónea para tal cometido, todo narrado bajo el punto de vista de Moha quien no logra entender muchas de las actitudes de sus compañeros Algo más que una feel good movie o una comedia costumbrista, Seis días Corrientes consigue regalar al espectador una interesante y entrañable experiencia que por su propia naturaleza justifica el arte cinematográfico como algo creado también para sorprender al espectador.


sábado, enero 01, 2022

EL CONTADOR DE CARTAS (THE CARD COUNTER)

 



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Al veterano Paul Schrader, guionista que fue de Taxi Driver y director de pequeños clásicos como Amercan Gigoló (1980) o Mishima (1985), se le daba artísticamente por muerto después de un puñado de filmes mediocres en los 2000 y 2010 pero con esta nueva cinta ha protagonizado una inesperada resurrección que nos recupera aquel cine oscuro y con mensaje (casi siempre desolador) con el que se convirtió, tanto en su faceta de guionista como en la director o compatibilizando ambas, en uno de los cineastas de culto de los 70 y 80. Este thriller-drama excelentemente construido posee muchos ingredientes de gran película: planteamiento fuera del aparente punto de partida del filme que termina adueñándose de la trama, personajes al límite que actúan de manera inesperada, un entorno más bien poco reconfortante, y ciertos giros de guión que van más allá del mero efectismo que por desgracia abunda en muchos filmes actuales. Y la verdad es que es una gran película que demuestra que Schrader sigue siendo un maestro cuya filmografía aunque irregular sobre todo en los últimos años merece mayor reconocimiento del que se le suele otorgar.

 En The Card Counter nos reencontramos con el modelo de personaje favorito del cineasta, el solitario perdedor de enigmático comportamiento y motivación que inevitablemente remite al Travis Bickle de Taxi Driver (que no se nos olvide que Scorsese produce también este filme de su amigo) y que en esta ocasión es un ex convicto militar reconvertido en tahúr profesional, Will Tell, interpretado con fuerza por ese excelente y versátil actor que es Oscar Isaac. Tell, que ha hecho del juego de cartas, el cual domina con maestría, su medio de vida recorriendo diferentes casinos se reencuentra inesperadamente con su oscuro pasado a través del joven Cirk (Ty Sheridan) quien le propone ayudarle a vengarse de un coronel retirado (Willem Dafoe) que arruinó la vida de su padre y la de su familia. El juego de moralidad entre los personajes principales incluyendo la ambigua Lalinda (Tifffany Haddish) es el nudo gordiano del filme: personas que acceden a vivir fiera de la ética sin preocuparse por sus consecuencias ya que albergan la convicción de que todo saldrá bien a no ser que otras persona haciendo lo mismo den al traste con todo. El aspecto psicológico es pues el motor de una historia de violencia, venganzas y grito desesperado contra la injusticia que también alberga denuncia politicosocial y antibélica plasmada en el sórdido mundo de los interrogatorios militares estadounidenses. Escenas impactantes y una fotografía realista con momentos plásticamente deslumbrantes ilustran una historia muy bien trazada y sorprendente. Un reencuentro con un cine crudo y comprometido que creíamos haber perdido.

sábado, diciembre 25, 2021

WEST SIDE STORY

 

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Hacer un remake de un clásico de Hollywood no es precisamente sinónimo de originalidad pero si que resulta en todos los sentidos todo un riesgo, como en el que se ha embarcado un veterano de aureola cuasi legendaria como es Steven Spielberg al llevar a cabo una nueva adaptación de West Side Story, la célebre obra musical de Leonard Bernstein (música), Stephen Sondheim (letras), Arthur Laurents (libreto) y Jerome Robbins (coreografía). Aquella historia de amor imposible inspirada en Romeo y Julieta  enmarcada en los conflictivos barrios marginales de la Nueva York de finales de los 50 con las luchas de bandas juveniles de fondo la verdad es que ha envejecido muy bien con su por entonces innovador trasfondo social (más allá de la edulcorada historia de amor) y aunque sus canciones -la mayoría se han convertidos en auténticos standards atemporales en el mundo de la música-  puede que hoy en día suenen algo pastelosas: Spielberg, sin en realidad ofrecer innovaciones de calado, ha conseguido una nueva versión de la obra de 1957 que conecta perfectamente con la sensibilidad actual y que consigue superar el concepto de remake ya que toma lo menos posible como referencia a la mítica versión cinematográfica de 1961 dirigida por Robert Wise y el propio Jerome Robbins y consigue dotar a la cinta de su impronta de gran cineasta con un vistoso y cuidado espectáculo en donde se consigue un perfecto equilibrio entre la historia, la música, las canciones, los bailes, la puesta en escena y las interpretaciones. ¿Es superior a la versión clásica? Puede que no, pero eso no resta los méritos de un filme con bastantes excelencias. Spielberg por cierto ha hecho su debut en el musical en medio siglo de carrera.  

El reparto como puede deducirse está lleno de caras jóvenes y casi desconocidas pero llenas de talento en un filme donde se precisa en casi todos los intérpretes actuar, cantar y hasta bailar. Por supuesto, se han corregido errores pretéritos: se ha contado en esta ocasión con actores de origen hispano auténticos en lugar de maquillar de oscuro a caucásicos tal y como se hizo en el filme de 1961 y sus dos actores principales Ansel Egort (Tony) y la debutante Rachel Zegler (María) cantan con sus voces al contrario que hicieron Richard Beymer y Natalie Wood, los cuales fueron doblados en sus canciones. Y la historia de rivalidad entre la banda de los jets blancos por un lado y los sharks puertorriqueños por otro con los dos miembros de sus comunidades Tony (cofundador de los jets tratando de reformarse)  y María (hermana de Bernardo, jefe de los sharks) locamente enamorados sin resultar en absoluto manida ni viejuna florece gracias a un estilo narrativo que trata de alejarse esta vez de los convencionalismos teatrales (incluso los del cine musical) para ofrecer una historia más bien escorada al drama social (la eterna lucha interétnica y las dificultades por salir de la marginalidad) y por que no al thriller. En ese sentido, la adaptación del libreto original por parte de Tony Kushner es excelente.

Además de las estupendas intervenciones de Egort y Zegler, cabe destacar dentro del extenso reparto a Ariana DeBose como Anita en una interpretación llena de fuerza latinoamericana en diferentes registros y a David Álvarez como un Bernardo más perfilado que en otras versiones; por el contrario Mike Faist, el nuevo Riff, sólo llega a convencer parcialmente. Que no se nos olvide que aquí se encuentra también la incombustible Rita Moreno, la Anita de la película de Wise, que a sus increíbles 90 años da vida a un personaje nuevo, Valentina, una anciana que simboliza la voz de la sensatez para todos los personajes en sus situaciones y que además entona la emblemática Somewhere. Tampoco debe pasarse por alto un cuidado y logrado doblaje al castellano con actores caribeños doblando a los shraks y demás hispanos. Puede que algunas revisiones resulten un tanto forzadas -sobre todo en lo concerniente a determinados personajes- y que la sucesión de números musicales no sea del gusto de todo el público, pero este nuevo West Side Story es de lo mejor estrenado en los últimos meses. De nuevo, medallita para el gran Steven Spielberg.

lunes, diciembre 20, 2021

LA VIDA ERA ESO

 

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Un debut prometedor y con mérito por lo arriesgado de su propuesta. Resulta gratificante que nuevos cineastas españoles como David Martín de los Santos opten por dramas de carácter intimista tan peculiarmente construidos y presentados para darse a conocer y que además dicho trabajo sea una buena película. La Vida era Eso, una reflexión sobre los estragos del paso del tiempo y la búsqueda de una finalidad en la vida  en cualquier época de la existencia (con el mensaje de que para eso nunca es demasiado tarde), es una obra emotiva y con vocación de llevar a la reflexión que  se vale de muy interesantes recursos cinematográficos y narrativos. Empleando significativas elipsis que dividen la historia en dos actos y una deliberada parquedad estilística y en los diálogos, el filme cuenta  la casi iniciática (aunque tardía, por supuesto) vivencia de su protagonista, María (Petra Martínez), una septuagenaria que decide por su cuenta y riesgo emprender un largo viaje como ofrenda a su nueva amiga recién fallecida, la veinteañera Verónica (Anna Castillo): un encuentro entre dos mujeres completamente diferentes que antes y después de la muerte de Verónica marcará la percepción de la vida de María de manera drástica.

Las dos actrices llevan totalmente el peso de la historia (Anna Castillo sólo en la primera parte) y las dos están espléndidas como dos seres al principio desubicados en un país que no es el natal (el principio de la historia se desarrolla en Bélgica), la madura con una vida familiar aparentemente feliz pero sin alicientes en su condición de emigrante y la muchacha huyendo de una serie de situaciones desesperantes con cierto afán impulsivo juvenil. Su encuentro casual y la posterior muerte de Verónica establecerán un inesperado vínculo en el que María tomará la decisión de hacerse cargo del destino de la joven viajando a Almería, lugar donde ella residía, sin apenas información sobre ella o su familia y viviendo allí un inesperado encuentro con ella misma. Es la parte desarrollada en Andalucía la más sorprendente de todo el filme y en donde la luz y la atmósfera del lugar impregnan en la imagen y en el desarrollo de la historia un curioso toque entre el drama europeo, Wim Wenders y el spaghetti western. A todo ello ayuda el estupendo trabajo de la veterana pero no muy conocida Petra Martínez, que echa el resto en su complejo papel. Es posible que esta película tenga altibajos y deficiencias en su transcurrir, pero resulta un trabajo dentro de su modestia  francamente sugerente.

viernes, diciembre 10, 2021

CAZAFANTASMAS. MAS ALLÁ (GHOSTBUSTERS. AFTERLIFE)

 

* y 1/2

La nostalgia fácil y la mercadotecnia excesiva ha malogrado un esforzado (y comercial, claro) intento por retomar la franquicia Cazafantasmas para la gran pantalla convirtiendo a esta tardía tercera entrega de la saga que se inició en 1984 y continuó en 1989 en un producto totalmente predecible y sin relieve. Aquel bombazo de taquilla a mediados de los 80 cautivó a una generación de jóvenes espectadores con su efectiva aunque maquiavélica mezcla de comedia disparatada y fantasía sobrenatural y su recuperación casi cuarenta años después del primer Ghostbusters dirigido por Ivan Reitman visto el resultado se antoja un ejercicio más bien orientado a los fans históricos de la saga ofreciendo todo lo que se espera aunque eso si con un planteamiento que trata de conectar con una nueva generación de espectadores habituados a la épica fantástica grandilocuente que impera en gran parte del entretenimiento de ficción actual, incluyendo nuevos protagonistas en edad preadolescente y adolescente algo que en teoría debería suponer un giro de cierto calado en cuanto al target habitual de público de estas cintas (aunque es cierto que los productos de la franquicia  Cazafantasmas en los 80 y 90 iban dirigidos a ese público), pero en realidad Ghostbusters Afterlife termina siendo un mero pastiche del universo Cazafantasmas con calcos argumentales del filme de 1984 que lo acercan a una especie de remake inconfeso. Jason Reitman, hijo de Ivan Reitman y hasta el momento con una interesante filmografía concomitante con el cine independiente, parecía el director natural para una película que debía acercar aquel totem del entretenimiento de finales del siglo XX (no olvidemos que dio lugar a series de animación y varios videojuegos) a un nuevo público, pero lejos de mostrar su capacidad como realizador se limita a firmar una cinta comercial del montón.

Con un guión irregular y con muchos agujeros la película pese a todo resulta en algunos momentos entretenida y en sus compases finales hay momentos de acción y adrenalina muy bien resueltos, pero la película no termina de encontrar su tono. No resulta coherente que con un planteamiento (aún más) infantil que las anteriores entregas aquí haya momentos incluso más terroríficos que en aquellas que no resultan aptos para los espectadores más jóvenes, como tampoco tiene justificación el que en su resolución sea un total deja vu del filme de 1984 y que un insólito elemento melodramático en esta serie se desarrolle tan torpe y previsiblemente. Reitman Jr. Eso si muestra también habilidades como director de películas de acción pero a penas hay rastro del socialmente irónico director que es. La jovencísima Mckenna Grace, que encara un rol protagonista, es la verdadera sorpresa de este filme como Phoebe, una cría de 12 años que junto con su madre Callie (Carrie Coon) y su hermano de 15 años Trevor (Finn Wolfhard) encaran en su nueva vida en una granja de Oklahoma elreto de continuar el legado de su padre y abuelo Egon Splegler, uno de los cazafantasmas originales, fallecido en extrañas circunstancias y que parecía tener para la pequeña una importante misión en el nuevo pueblo. Unos nuevos cazafantasmas teen- que además de los hermanos Sengler incluyen a un niño friki apodado Podcast (Logan Kim) y a Lucky (Celeste  O  Connor) una guapa quiceañera interés amoroso de Trevor-   entraran en acción ante una cruenta amenaza sobrenatural con los míticos bártulos de los Ghostbusters rescatados para la ocasión y en ese momento volvemos a la primera película pero con un sentido del amor más ramplón aunque con espectaculares efectos especiales. Estando Ivan Reitman involucrado como productor era esperable que los supervivientes del cast original hiciesen acto de presencia y así ha sido y podemos disfrutar del retorno de Bill Murray, Dan Ayckroyd y Ernie Hudson como los disparatados parapsicólogos en uno de los momentos cumbre de un filme lastrado por su propio afán de contentar al fandom.  

domingo, diciembre 05, 2021

EL AMOR EN SU LUGAR (LOVE GETS A ROOM)

 


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El cine español puede salirse de sus fronteras si lo que se pretende es llevar a cabo una historia universalista -ambientada o no en un lugar diferente a la península ibérica- una práctica que otras filmografías europeas han efectuado (por no hablar de las norteamericanas) y que puade dar lugar a grandes películas. Y por fortuna este ha sido el caso la nueva película de Rodrigo Cortés, aquel director que sorprendió con Buried (2007) y que desde entonces con un pie en Hollywood solo había ofrecido productos más bien rutinarios que no hacían justicia a lo prometido en Buried. Cortés ha hecho bien en esta ocasión en volver a reivindicarse como un director atrevido y semiexperimental y en salirse del género fantaterrorífico en esta curiosa producción española rodada en inglés y que inspirada en una historia real que mira al inagotable filón de la II Guerra Mundial y los horrores del nazismo navega entre el drama histórico, la historia de amor y el musical partiendo de una insólita premisa. El resultado ha sido excelente y ya podemos decir que Rodrigo Cortés ha despegado por fin y puede ser un director al tener en cuenta dentro del panorama internacional.   

Love Gets a Room (título internacional de la cinta) nos lleva a la Varsovia ocupada por los alemanes de 1942 en pleno gueto judío, en donde tiene lugar una representación teatral hecha por una pequeña troupe de actores del mismo gueto para sus conciudadanos. Más allá de servir como vía de escape y entretenimiento ante la desoladora situación de los judíos, el representar la obra parece también una especie de catarsis personal para los miembros de la compañía: la relación sentimental entre Stefcia (Clara Rugaard) y Patryck (Mark Ryder), dos de los actores de la obra, parece tambalearse cuando este último en secreto a su novia que después de la función tiene planteado huir con ella del gueto. Esto afectará al devenir de la representación hasta tal punto de que casi determina el desarrollo de la trama de la misma, en la cual también interviene Jozeck (Jack Roth) el antiguo amor de Clara. Dos peculiaridades condicionan la narración: el hecho de estar contada literalmente a tiempo real situada casi exclusivamente en el marco espacial de la sala de teatro y el la circunstancia de que nos muestra casi íntegra una obra musical teatral real que el polaco Jerzy Jurandot escribío en el gueto de Varsovia cuya música se ha perdido y ha recreado Víctor Reyes haciendo un excelente trabajo. Pero este filme es algo más que un musical y una película sobre el teatro,     

El gran triunfo de El Amor en su Lugar consiste en lograr narrar una historia de sentimientos de todo tipo (amor, desamor odio, miedo, alegría, desesperación, esperanza) en un entorno al límite con unos personajes que no están dispuestos a caer en la desesperación y que utilizan la música y la interpretación como catarsis y arma. Ayuda mucho un excelente reparto internacional que se encuentra a la altura de las circunstancias y pese a alguna irregularidad regala interpretaciones de relieve. Esta es una película que sin utilizar efectismos logra conmover al espectador aunque su ritmo narrativo debido a las singulares circunstancias y recursos  espacio-temporales de la película no sea perfecto ni amable. Rodrigo cortés ya ha hecho su mejor filme, esperemos que nos siga dando muchas más sorpresas.         

viernes, diciembre 03, 2021

LA CASA GUCCI (HOUSE OF GUCCI)

 


 

 ** y ½

Con un ritmo de películas que ni Woody Allen, Ridley Scott a sus 84 años sigue estrenando casi anualmente y por desgracia sigue haciendo añorar el buen director que fue. Cuando su anterior El Último Duelo sigue aún en algunas salas nos encontramos ahora y casi en estreno simultáneo este filme basado en acontecimientos reales que trata de demostrar con poco éxito el supuesto estilizamiento de Scott a la hora de sumergirse en temas netamente europeos. Con un enfoque entre el thriller, el biopic y la soap opera televisiva, House of Gucci no deja de ser un filme irregular pese a contar con una dirección de producción esforzada y un eficaz reparto multinacional de rostros conocidos. La historia del asesinato de Maurizio Gucci -presidente durante un tiempo de la próspera empresa familiar italiana de artículos de lujo Gucci, en 1995 instigado por su mujer- es evidente que cuenta con interés dramático así como los tejemanejes del singular clan de millonarios trasalpino, pero un guión mejorable y con un discurrir temporal bastante poco claro y unos diálogos que no llevan a ninguna parte terminan por hacer de esta película un producto meramente pasable y escaso de emoción.

No cabe reproche alguno al excelente reparto encabezado por Lady Gaga como Patrizia Reggiani, la esposa de Maurizio y Adam Driver como el interfecto ya que se ve de lejos que la preparación en sus papeles ha sido encomiable en especial el de Lady Gaga dando vida a una mujer de clase media-baja desquiciada por la ambición en el momento que pasó a formar parte de una familia próspera (la cantante puede tener una enorme carrera como actriz como ya ha demostrado en otras ocasiones) pero la manera tan vaga con la que se nos presenta todo narrativamente hablando termina sumiendo en el sopor. El resto de personajes, que incluyen al patriarca Aldo Gucci (Al Pacino), el inestable improbable heredero e hijo de Aldo Paolo (Jared Leto), el apdre de Maurizio Rodolfo (Jeremy Irons) y la cómplice de Patrizia Pina Auriemma (Salma Hayek) pese a lo convincente del trabajo actoral parecen navegar entre la caricatura y el sensacionalismo y con ello la película pierde credibilidad. No obstante tampoco habría que obviar buenas escenas y secuencias y algún excelente momento de tensión dramática, pero los intentos de Ridley Scott por hacer un calco del cine europeo continental para el consumo del público de las superproducciones hollywoodienses no resulta nada acertado a la hora de mantener una credibilidad que el realizador ha ido perdiendo con el paso de los años.       

domingo, noviembre 21, 2021

SPENCER

 

*** y 1/2

Esta claro que un biopic al uso sobre la princesa Diana de Gales no hubiese sido una idea muy original y ni tan siquiera interesante, pero hete aquí que Pablo Larrain ha conseguido gracias a una aproximación novedosa y arriesgada a dicha figura un filme que sin aspirar a ser la biografía cinematográfica definitiva de Lady Di resulta un retrato digno, sugerente y emotivo que muestra con certeza y maestría muchas claves vitales de la célebre princesa de Gales, aquella mujer que enamoró al mundo a finales del siglo XX y cuya trágica historia, con mayor o menor fortuna, ha sido mil veces contada. El cineasta chileno sigue consolidándose en Hollywood con una nueva  semblanza histórica femenina, tan o más lograda que la que consiguió con Jacqueline Kennedy en Jackie (2016), fijando la trama en un momento temporal muy concreto y recurriendo al drama psicológico no ya solo más intimista sino más psicoanalítico y sin renunciar a elementos de difícil digestión para el gran público asemejándose a una especie de monólogo-soliloquio interior de la princesa de Gales en un momento crucial de su vida y dispuesta a tomar una decisión con la que pretendía cambiar su desdichada existencia junto a su marido el príncipe y junto a los Windsor. En ese sentido, la interpretación de Kristen Stewart es magistral en un papel muy difícil y lleno de matices: suena a Oscar.

Spencer muestra desde el principio sus cartas y nos anuncia que es más que un drama y pronto aparecen momentos simbólicos, bizarros y surrealistas que sin caer en la caricatura en ningún momento cumplen con creces su función que no es otra de la de mostrar el caos mental de Diana en el momento de la cena de nochebuena de la familia real británica en 1991. Consciente del fracaso de su matrimonio, ansiosa, bipolar y con problemas de bulimia nos encontramos con una Diana al borde del colapso mental y casi rozando la locura en un entorno palaciego que para ella casi es pesadillesco. La maestría del guión firmado por Steven Knight, la dirección cuidada de Larrain y la actuación de Stewart consiguen en una historia casi de puro gótico británico (incluidas “apariciones” de Ana Bolena) que los confusos pensamientos, sentimientos y sensaciones de la protagonista, dominados por el miedo y el temor al fracaso y que nos muestran a una Lady Di capaz de los actos más extravagantes, aparezcan nítidos y totalmente transmitidos al espectador. Junto con la actriz protagonista los únicos personajes destacables son el príncipe Charles (Jack Farthing) sus dos hijos (Jack Nielen y Freddie Sprie) y dos personajes ficticios, el mayordomo Alistair Gregory (Timothy Spall) y la modista Maggie (Sally Hawkins); estos dos últimos cumplirán un papel especial en el devenir de Diana durante esos dos días.  Curiosa, excéntrica y cautivadora aunque a algunos su extraño ritmo les parecerá soporífero, Spencer es una película que como drama resulta completa ya que deja claramente abierta una puerta a al esperanza y un mensaje positivo en medio de tanto caos, algo a lo que la propia Diana Spencer se aferró y consiguió en sus últimos años.  

domingo, noviembre 07, 2021

JOSEFINA

 


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Más que interesante el debut de Javier Marco con este drama basado en insinuaciones y silencias tomando como base una historia de relaciones imposibles y de engaño. Con escaso diálogo y una historia más bien rocambolesca, Josefina pese a cierto trasfondo de melodrama amoroso e incluso de thriller es más bien una crónica sobre la soledad, la que viven sus dos personajes protagonistas: dos seres cada uno con una situación de partida de origen diferente y en realidad más dramática una que la otra pero compartiendo ambos una sensación de infelicidad existencial que tratan de mitigar con un inesperado (y claramente impostado) nuevo enfoque a sus vidas. Roberto Álamo y Emma Suárez, dos actores españoles de postín, están impecables en sus respectivos roles llevando prácticamente ellos solos el peso de una película que puede resultar esquiva y enigmática- sobre todo por un final sorprendente e inexplicado- pero que resulta una pequeña delicia por su muy bien llevada hondura dramática.   

Juan (Roberto Álamo) un reservado funcionario de prisiones en funciones de seguridad soltero que vive una existencia solitaria anodina se enamora de Berta (Emma Suárez) la madre de un joven recluso (Miguel Bernardeu) a la que observa en las pantallas de seguridad y con la que termina coincidiendo en un autobús a la prisión. Juan finge ser el padre de una  inexistente chica presa, Josefina, y con esa mentira pretende ganarse la confianza y el corazón de Berta gracias a una relación lo más equitativa posible. La falta de habilidades sociales de Juan y la realmente precaria situación personal de Berta en todos los sentidos no facilitan una historia de amor muy convencional pero Juan, afinando aún más la sutilidad del engaño adornándola con aspectos que pueden afectar emocionalmente a Berta basados en la situación de su hijo, sigue empeñado en seguir adelante aún poniendo en peligro su reputación profesional. Sin trampas melodramáticas y con un desarrollo narrativo muy escueto mostrando las vivencias de ambos personajes de una manera fríamente realista aún cuando son de enorme carga dramática y cargada de enigmas e interrogantes no resueltos, Josefina resulta pese a sus modestas pretensiones formales una película muy interesante de ver y que deja un buen sabor de boca a los espectadores más exigentes. Hacen falat muchas más películas así en el cine español.