martes, marzo 21, 2023

TODO A LA VEZ EN TODAS PARTES (EVERYTHING EVERYWHERE ALL AT ONCE)

 

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Contra todo pronóstico esta modesta producción independiente fantástica con tintes surrealistas ha sido la triunfadora de los Oscar 2022 (incluido el de mejor película), algo bastante inmerecido y excesivo habida cuenta no ya solo de los filmes con los que competía sino de que sin ser una película mediocre no se trata de una gran película que pueda clasificarse como de las mejores del año pasado. Estrenada en EEUU en abril de 2022 y en España en verano del mismo año el filme pasó por taquillas bastante discretamente y tuvo una acogida de la crítica en general positiva pero para nada entusiasta; su éxito en los Premios de la Academia ha propiciado su reestreno internacional y esta segunda oportunidad puede que haga aumentar su rentabilidad económica más allá del status de culto que ya ha alcanzado como el original filme de fantasía y ciencia ficción (con tono de comedia esperpéntica) que es. Un loable esfuerzo creativo y técnico de sus directores, Daniel Kwan y Daniel Scheinert - que ya sorprendieron con su primera película Swiss Army Man (2016)- que ha supuesto un filme bizarro e impredecible destinado a impactar y a desconcertar en donde se mezcla, centrifuga, bate, superpone y regurgita  todo lo que se pone por delante, incluida la comedia mezclada con el melodrama. Difícil a veces de seguir- y en ocasiones de comprender- conviene no solo liberarse de prejuicios para disfrutar de ella  sino ser además un tanto fricki de  la ciencia ficción y/o con tolerancia al Manga, el cine de artes marciales oriental, la ci-fi tipo Matrix y entender más o menos el rollo de los multiversos.

Un reparto protagonista de origen oriental se esfuerza en dotar de credibilidad y cierta hondura dramática (aunque sea paródica) a una historia extravagante y de imaginación desbordada: la hongkonesa Michelle Yeoh, el rostro más conocido del filme encarna a Evelyn, una emigrante china en EEUU propietaria de una lavandería junto con su inepto marido Waymond (Ke Huy Quan) que a punto de pasar una decisiva auditoria para su negocio es sorprendida por una “versión alternativa” de su marido procedente de otro universo quien la da instrucciones para salvar los múltiples universos de una amenaza global. A partir de allí Evelyn “viajará” por diferentes multiversos con otras versiones de si misma, de  Waymond, de la implacable auditora Deidre Beaurbeidre (Jamie Lee Curtis), de su hija Joy (Stephanie Hsu) y de otras personas conocidas en display de montaje adrenalínitico, acción desbocada, humor de brocha gorda, escatología, gore, delirio visual, surrealismo y un sinfín de ítems. Como es de esperar los efectos visuales y el montaje se llevan la palma, pero tampoco deben caer en saco roto un guión trabajado en su propósito de crear multihistorias y diferentes nichos narrativos (a veces en el estilo de aquellos libros de “Elige tu propia aventura”)y hecho para sorprender y unas buenas interpretaciones con Oscars para Yeoh como actriz principal (si buena interpretación pero bastante excesivo el premio), Curtis (que esta muy bien, pero tiene otras interpretaciones mejores) y Quan, aquel niño Spielberg de Indiana Jones en el Templo Maldito y Los Goonies que vuelve a la interpretación tras varios años como coordinador de especialitas de escenas de acción y que si que realiza una interpretación realmente memorable.

Aunque al historia de por si es en realidad simple y tontaina los directores-guionistas han conseguido un trampantojo de complejidad que extendido a casi todos los aspectos de la película termina por dignificarla, pero también hay que señalar que no son pocos los momentos chorras sobrantes, incluso dentro de la comedia, que dan la sensación de estar ante una cierta tomadura de pelo. Un inteligente divertimento  que solo el tiempo dirá si efectivamente seguirá siendo una obra de culto o caerá en el olvido.   

martes, marzo 14, 2023

THE QUIET GIRL

 

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Hay muchas maneras de contar dramas y muchos tipos de drama pero sin duda uno de los más ricos y fructíferos es el drama desde la perspectiva infantil. Pueden ser historias más trágicas o simplemente relatos intimistas, pero cuando el resultado es casi siempre extraordinario cuando la historia dramática en cuestión está bien contada. Estoe s lo que le sucede a The Quiet Girl, un pequeño filme irlandés que presenta de amanera desnuda y realista la difícil existencia de una niña hija de una familia desestructurada y criada en un ambiente rural muy modesto. La pequeña de 9 años, Cáit (Catherine Clinch), no conoce el afecto por parte de una madre ocupada con las tareas de la granja y en atender a sus numerosos hijos, ni de sus hermanos y hermanas ni de su padre, un sujeto egoísta que dejó a su familia tiempo a tras.  Afectada por todo esto, su carácter reservado y encerrado en si mismo. Cuando su madre va a dar a luz un nuevo hijo es enviada durante la temporada veraniega a vivir con unos primos de su madre, un matrimonio de mediana edad que vive en otro pueblo dedicados a la ganadería: con ellos Cáit experimentará por primera vez las atenciones que se deben de dar a una niña de su edad, ciertas enseñanzas educativas y cariño, iniciándose para ella una nueva e insólita experiencia.

La película esta dirigida aun público de cualquier edad pese a no ser una película infantil. La combinación de  tristeza, intimismo, inocencia y esperanza que desprende la película -y sin ningún tipo de edulcoramiento- es su principal baza dramática, manejada con sensibilidad y contundencia al mismo tiempo. El descubrimiento de un mundo nuevo en donde pese a todo no faltan obstáculos, mezquindades por parte de algunas personas, complicaciones emocionales y secretos guardados es la epopeya que vive la pequeña protagonista. Ambientada en el oeste de Irlanda a principios de los 80 y con interpretaciones realistas y creíbles (la película está rodada en gaélico, aún muy común en esa zona de Eire en aquella época)  no se cae en tentaciones turísticas (mostrar paisajes de la isla o un display del folk irlandés, aunque se poye una canción cantada por una de las protagonistas) ni tampoco se exploran lugares muy transitados del drama con niño. The Quiet Girl es un filme delicioso, emocionante y sensible que hace de su sencillez su mejor virtud cinematográfica.   

jueves, marzo 02, 2023

IRATI

 


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Un mayor atrevimiento, el desprendimiento de complejos, la disponibilidad de mayores presupuestos y en definitiva una sana ambición por romper con los encorsetamientos en cuanto a temáticas recurrentes han conseguido que el crecimiento de la calidad del cine de género en la cinematografía ibérica alcance ya cotas homologables a las mejores producciones internacionales del ramo. Irati, segundo largometraje del gasteizarra Paul Urkijo (Errementari, 2017) lo ejemplifica y ya se postula como una de las mejores películas fantásticas de la historia del cine español. Basada en la novela gráfica El Ciclo de Irati de Jon Muñoz Otaegi y Juan Luis Landa, la película parte de la sugerente y rica mitología ancestral vasca y de la Historia medieval con elementos legendarios para ofrecernos un deslumbrante y excelso espectáculo visual trufado de hermosas imágenes provistas de un halo de irrealidad de cuento antiguo y de iconografía pictórica medieval enmarcadas en preciosos parajes naturales que brillan con luz propia (el filme ha sido rodado en Álava, Navarra y el pirineo oscense) que sirven de marco para una historia de aventuras, romance, batallas y fantasía con cierto leve trasfondo ecologista y filosófico. Una película que podríamos situar en el subgénero de la Dark Fantasy y que pese a tomar un punto de partida histórico (el surgimiento del Reino de Pamplona en el siglo IX DC, la segunda batalla de Roncesvalles) es decididamente una cinta de fantasía épica pero calibrando sus referentes literarios: más Tolkien que Robert E. Howard, más Lord Dunsany que Thomas Malory, o más James MacPherson que Navarro Villoslada. Así mismo parecen claras sus referencias cinematográficas, percibidas en Excalibur de John Boorman (en general lo artúrico parece guiar este filme) y la saga adaptadora de El Señor de los Anillos, de Peter Jackson. La siempre apasionante mezcla entre lo histórico real y lo legendario esta tratada con una sutilidad de orfebre que hace que un guión-cuento en realidad simple se convierta en una epopeya, algo que es lo que siempre se le pide a una leyenda épica. Con todo, el  principal logro artístico de esta película reside indudablemente en su acabado formal, el cual supera a la historia y hace que Irati- sin desdeñar en absoluto esta última, una golosina para los amantes de la fantasía épica- sea una arrebatadora experiencia.

El hecho de que haya muy pocos decorados y que la gran mayoría de las imágenes sean tomadas en medios en plena naturaleza es insólito y es de agradecer: paisajes de Eskal Herria tan hermosos como las cuevas de Leze o Arrikrutz, el Valle de Aralar, la Selva de Irati (como no), o de Huesca como el Castillo de Loarre, lucen magnos y de leyenda, como lo que son en realidad, captados por la extraordinaria lente de Gorka Gómez Andreu. La historia nos presenta el viaje iniciático de Eneko (Eneko Sagardoy), el futuro Iñigo arista, el joven hijo y heredero del líder de un clan vascón de un valle pirenaico en lo que es hoy Navarra que debe restaurar la memoria de su padre, Eneko Ximénez (Iñigo Aranbarri) recuperando su cuerpo, aparentemente enterrado en una cueva en la que también se encuentra el fabuloso tesoro de los francos de Carlomagno, derrotados años atrás por su tribu la cual contó con la ayuda de Mari (Itziar Ituño), la mujer inmortal que es la encarnación de la Madre Tierra, por mediación del padre de Eneko. Eneko, que como muchos en su familia ha abrazado el cristianismo recién implantado en los Pirineos, es guiado hacia su misión por una muchacha pagana, Irati (Edurne Azkarate), la cual parece tener habilidades extraordinarias y secretos, mientras que algunos de los más destacados miembros de su clan y que repudian a la familia de Eneko pretenden hacerse también con el tesoro.

El poder del paganismo y las fuerzas de la tierra, representados por Mari y por otros seres legendarios vascos como el cíclope Tartalo, el dragón Sugaar, o las lamias, frente a la novedad que supuso la introducción del cristianismo y otras creencias es el leiv motiv subyacente de la historia, que en realidad pretende reflejar la prevalencia de lo ancestral, lo sobrenatural y lo feérico frente al pragmatismo y la imperfección humana. La emocionante música de Miren Arrotajauregi y Aranzazu Calleja y unos soberbios efectos especiales y de maquillaje añaden más que un plus a una película hecha con mimo, cuidado y profesionalidad. Decepcionará a los que esperen un espectáculo de acción puesto que esta solo aparece en contadas ocasiones (aunque las escenas de batalla son también de lo mejorcito del filme) y a los que ansíen algún mensaje ideológico claro; pero entusiasmará a los amantes del buen cine-espectáculo (es decir, con chicha y fundamento), a los degustadores de cine de género y a los amantes de las leyendas y las  mitologías indoeuropeas. El hecho de estar rodad en euskera antiguo y el hecho de que en la mayor parte de las salas de España se esté exhibiendo en VO es todo un acierto que le añade un plus de autenticidad al filme. Y también habrá que seguir con detenimiento la carrera de Paul Urkijo porque se antoja que nos va a dar muy buenos momentos.       

lunes, febrero 27, 2023

TILL, EL CRIMEN QUE LO CAMBIÓ TODO (TILL)

 

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Sin ser una gran película, Till es un filme histórico que cumple su propósito (retratar adecuadamente un suceso decisivo en la historia contemporánea de EEUU) y logra ser un buen drama. No se había hecho ningún filme de ficción hasta el momento sobre el desgraciado caso de Emmet Till, un adolescente negro de 14 años que  en 1955 fue torturado hasta la muerte por dos blancos en Mississippi por motivos de odio racial habiendo supuestamente cortejado a la esposa de uno de los sujetos, y por ello es bienvenida en la pantalla grande esta historia, contada principalmente desde la perspectiva de Mamie (Danielle Deadwyler), la madre de “Bo”  Till (Jalyn Hall), y en donde la crónica inteligentemente  dramática  y psicológica prevalece sobre lo sensacionalista y lo lacrimógeno fácil. Aquí la emoción  está tratada de manera directa, cruda y sin tontería poniendo un nudo en la garganta. Tampoco se abusa del tópico y aburrido del cine de juicios (el de los culpables del secuestro y asesinato del chaval no ocupa demasiado metraje y en el aparece lo justo y necesario) y pese a que la película mucha veces no pueda dar más de si por su autolimitación de mostrar solo los hechos durante un periodo que apenas llega a un año resulta en todo momento efectiva y recomendable. 

La exposición de una época en la que los ciudadanos afroamericanos aún tenían recortados sus derechos y en los estados del sur como Missisipi recibían un tratamiento totalmente discriminatorio y vejatorio esta perfectamente conseguida con una ambientación casi perfecta y una caracterización de los personajes que trata de huir de los tópicos. Es notorio que desde el primer momento la película quiere que sintamos empatía y nos encariñemos con Mamie y con el joven Bo y su relación de amor maternofilial; se consigue,si, aunque con trampillas sentimentales de telefilme, pero nos prepara para la catarsis emocional que viene después. Emmet Till, un niño que en Chicago vivió todo lo cómodamente que un adolescente negro puede vivir en los USA de los 50 se encontró en sus vacaciones visitando a unos parientes en el Sur una realidad de total odio hacia le gente de su raza que culminó con su secuestro y posterior asesinato, algo que en su inocencia el no pudo preveer. Su madre, tras su muerte, pretenderá por encima de todo que la muerte de su hijo no haya sido en vano y se convertirá en una llamada de atención de la verdadera situación de los afroamericanos a mediados del siglo XX; precisamente esta parte de la historia aparece más desdibujada -que no minimizada su importancia ni mucho menos- dado que lo que se trata de resaltar es el drama familiar y humano, un acierto por otra parte aunque tal vez falte la intensidad de un gran drama. El trabajo directorial de la realizadora Chinonye Chuwku es más que correcto y la interpretación de Danielle Deadwyler es sentida y de enorme fuerza: muy, muy bien. Una película para tener presentes pasajes históricos con peligro de caer en el olvido.

domingo, febrero 19, 2023

LOS FABELMAN (THE FABELMANS)

 


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Steven Spielberg, según sus propias palabras, ha filmado su película más personal; no en vano se trata de sus propias memorias de infancia y adolescencia, su propia historia: un muchacho loco por el cine cuya obsesión por el séptimo arte, por las cámaras y por filmarlo todo estuvo condicionada por su entorno familiar, al principio feliz y después tornado en dramático culminando con el divorcio de sus padres. Sobre el papel parece una especie de confesión vital y una manera de sacudirse demonios interiores y en realidad lo es. Puede que de una manera un tanto melodramática pero sin nada de tontería, ni de lágrima fácil ni de exageración, algo que a los detractores de toda la vida de Spielberg puede extrañarles pero hay que tener en cuenta que desde hace ya bastantes años el maduro y veterano cineasta ya no es tan efectista como antaño y esto se agradece ante películas como esta que podía haber sido un dramón en toda regla y se trata de un filme entretenido, a veces alegre y vital y otras veces intenso y sobre todo muy honesto, como debiera corresponderse a toda obra autobiográfica. Pero sobre todo The Fabelmans (apellido en el cual el director ha “disfrazado” a la familia Spielberg) es una declaración de amor al cine, la confesión de por que Steven Spielberg se hizo cineasta y en ese sentido son muchos los homenajes al séptimo arte que se trazan en este filme.

Tal vez lo a veces poco arriesgado de una historia en donde la linealidad de la narración se antoja como previsible ha hecho que la cinta no llegue a cotas mayores, pero como narración The Fabelmans entretiene, conmueve y apasiona, algo en lo que Spielberg- cuando se encuentra más que inspirado- es un consumado maestro. Sammy Fabelman, encarnado en sus años adolescentes con dedicación y buen hacer por una joven promesa llamada Gabriel LaBelle, es un muchacho sensible, apasionado y tenaz cuyo amor por el cine y su intención de ser cineasta le hace percibir la realidad de otra manera y le convierte en un observador nato de todo su entorno, especialmente de su familia. Su evolución y maduración será evidente con el paso del tiempo y también la relación con sus padres y con sus hermanas. El padre, Burt (Paul Dano), es un ingeniero apocado pero volcado con su familia y su trabajo y entre estos dos elementos se debate en una lucha titánica que hace que los Spielberg/Fabelman cambien de domicilio varias veces instalándose finalmente en California, donde Steven/Sam encontrará la horma de su trabajo en cuanto a su afición al cine, poco comprendida por su progenitor. La madre, Mitzi (Michelle Williams) es una mujer cuya pasión por la música tampoco es comprendida por su marido y pese al amor que siente por él y por sus hijos terminará distanciándose emocionalmente de su familia. Sammy, ya con su rol de observador y creador interiorizado, recibirá una lección vital de todos estos acontecimientos que le marcará para siempre.  

Muy bien ambientada en los Estados Unidos de los 50 y 60 la película sabe también ser algo más que un ejercicio de nostalgia y llega a ser un relato transtemporal aplicable a cualquier época. Son una gozada los momentos en los que vemos a Sammy rodar y exhibir sus películas amateurs- aquí se nota que Spielberg ha echado el resto para recrear algo tan importante en su formación como cineasta- como también resultan entrañables las viñetas familiares y todos los momentos del muchacho en su instituto californiano, con su curioso primer amor y a otro nivel, la descripción del cruel bulling al que era sometido por los matones de turno. Pero si hay que quedarse con un momento, este está al final del filme en el encuentro del joven Spielberg con John Ford, interpretado por David Lynch. Una magnífica coda para una película esforzada y emotiva.

jueves, febrero 16, 2023

ALMAS EN PENA DE INISHERIN (THE BANSHEES OF INISHERIN)

 

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Martin McDonagh, director angloirlandés, sorprendió en 2008 con Perdidos en Brujas, un curioso drama-thriller con gran éxito de crítica protagonizado por los irlandeses Brendan Gleeson y Colin Farrell, dos de los actores de ese país de mayor fama internacional. Catorce años después ambos repiten en un film de McDonagh -que en 2017 firmó la estupenda Tres Anuncios en las Afueras, su obra maestra- y en una película bastante diferente en cuanto a tono con respecto a Perdidos en Brujas pero en donde el realizador y guionista vuelve a demostrar incluso con más argumentos y logros su dominio de la narración cinematográfica y su habilidad para conseguir emotividad sin sensiblerías, originalidad en los planteamientos y además una excelente dirección de actores. The Banshees of Inisherin juega sus fichas en un tablero basado en la sencillez (costumbrismo realista, un escenario rural con personajes mundanos, una historia sin aparentemente grandes acontecimientos)  ofreciendo en realidad un hondo drama psicológico en donde la lucha por la felicidad y los esfuerzos por mantener la amistad están en juego por parte de los personajes. Un relato contado casi a manera de fábula en donde se perciben muchos de los defectos intrínsecos del ser humano (egoísmo, avaricia, desprecio) y que acaban por condicionar y desestabilizar a los protagonistas. Pádraic (Colin Farrell) representa la inocencia y el deseo por hacer el bien (y honrar y agradar a su amigo) mientras que Colm (Brendan Gleeson) es el interés propio y no duda en terminar su amistad con Pádraic cuando cree que este ya no le puede aportar nada. El enfrentamiento entre ambos hombres va creciendo poco a poco y las fronteras entre sus personalidades y sus creencias éticas terminarán también difuminándose. Al mismo tiempo, otros personajes - el violento y ruin alguacil Kearney (Gary Lydon), su descentrado y sufriente hijo Dominic (Barry Keoghan), y Siobhán (Kerry Condon) la hermana de Pádraic, la voz de la sensatez- también mostrarán sus miserias a media que al tensón humana entre los dos antiguos amigos va aumentando. 

El enmarcar la historia en una pequeña y remota isla de la costa irlandesa (la ficticia Inisherin) en 1923 transcurriendo la Guerra Civil en Irlanda no es un anecdótico sino que obedece a ese minimalismo de planteamientos que antes hemos comentado: un entorno así, con personajes casi aislados del “mundo exterior” sublima la muestra de los sentimientos y emociones de estos, verdadera base de la historia, así como sus comportamientos, a veces tan salvajes, primitivos y también grotescos y hasta irracionales, fruto de su percepción más o menos pura y sin aditivos de la realidad y de las relaciones humanas. Los dos actores protagonistas están sensacionales especialmente Farrell como un hombre de pocas luces pero en realidad con las ideas muy claras. McDonagh en su afán de dotar al filme de un tono antropológico no desdeña por supuesto la potencialidad del paisaje y la idiosincrasia irlandesas y es fácil encontrar ecos, por supuesto, de El Hombre Tranquilo o incluso de El Amigo Fiel de Oscar Wilde además de cierta influencia en el realismo mágico cruzado con  un curioso homenaje a Ingmar Bergman en el personaje de la inquietante Señora McCormick, algo así como una variante del personaje de la Muerte de El Séptimo Sello.  Un nuevo acierto de Martin McDonagh que pese a no tener una filmografía muy amplia está bien nutrida de momentos de gran cine.    

martes, febrero 07, 2023

TÁR

 

**** y 1/2

Una excelente interpretación puede engrandecer una película. El solo trabajo de un o una intérprete en muchas ocasiones resulta determinante en un filme, y esto es lo que ocurre con Tár, película que cuenta con un total recital interpretativo de Cate Blanchett (el mejor papel de toda su carrera) aunque sería totalmente injusto el quedarnos, tan siquiera mayormente, con la actuación de la australiana ya que nos encontramos ante un drama psicológico con esquivos tintes de thriller que resulta deslumbrante, hipnótico y sobrecogedor. Un personaje central que desde el primer momento se nos presenta como genial y superdotado -una directora de orquesta y compositora de éxito y prestigio en el cenit de su carrera- pero al mismo tiempo ególatra, despótico, un tanto egoísta y con muchos secretos que esconder tras una fachada de artista y creadora casi perfecta, es un filón que el director y guionista Todd Field (En la habitación (2001) y Juegos Secretos (2006) han sido sus dos únicas películas anteriores) y por supuesto Blanchett  han sabido exprimir hasta lo máximo en una historia extraña y turbadora, un cuento de hadas invertido con una antiheroína que se debate entre la genialidad y la locura en un entorno que se va haciendo cada vez más pesadillesco. La introspección del personaje de Lydia Tár -una mujer que para el logro de sus fines no ha tenido demasiados escrúpulos y más o menos se ha visto obligada a comportarse como un hombre violento y orgulloso en un rol tradicionalmente asociado al género masculino- es el leiv motiv de esta película, en donde la distinción entre la mente de la protagonista y la realidad no aparece muy definida, otorgando momentos de sublime cine psicológico con insertos de David Lynch, Iván Zulueta, David Cronemberg o el terror según Jorge Luis Borges.

Tár no es solo la crónica de una decadencia y caída personal, es una visión sobre los caminos para lograr el éxito y la falta de humanidad de muchos grandes ídolos y admiradas celibrities. A Lynda, mujer lesbiana casada y con una hija pequeña que vive a caballo entre Nueva York y Berlín ciudad de cuya orquesta dirige, una falta de su pasado, en forma de una antigua alumna a la que supuestamente acosó regresa a su existencia afectando seriamente a su ya de por sí frágil salud mental y por supuesto a su vida profesional y familiar. La relación con su mujer Sharon (Nina Hoss), con su hija de siete años, con su asistente Francesca (Noémie Merlant) con la que mantiene una ambigua relación y con otros compañeros empezará a desmoronarse al mismo tiempo que su percepción de la realidad se torna cuanto menos en inquietante. La película consigue una atmósfera entre realista y onírica con un ritmo pausado y otras veces sinuoso e incierto, detalles visuales simbólicos algo turbadores y momentos de puro arrebato narrativo y cinematográfico, todo con un inteligente uso de la música (clásica, que es el McGuffin de la historia) y el sonido. En definitiva, todo un peliculón que tal vez lo hermético de su factura le impide ser una total obra maestra. Cate Blanchett podría alzarse con el Oscar con este trabajo y ojo a Todd Field, que puede darnos aún más sorpresas en el futuro.         

sábado, enero 28, 2023

LA BALLENA (THE WHALE)

 


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Está en boca de todo el mundo: Brendan Fraser merece un Oscar a mejor actor por su interpretación en este magnífico drama psicológico intimista basado en una obra teatral de Samuel D. Hunter: un papel difícil y que lleva e todo el peso de la película (nunca mejor dicho, ya que se trata de un obeso mórbido) y con el que Frase, actor relegado y olvidado en los últimos años, se reivindica como un gran intérprete. Además, esta es la mejor película hasta el momento del  su director Darren Aronofsky, un realizador a veces pretencioso y sobrecargado tanto en lo visual como en lo conceptual que sin embargo con este filme, un trabajo escueto y contenido por su evidente origen teatral aunque también provisto de (inteligentes) metáforas y un poso simbólico, demuestra su verdadera habilidad como cineasta. Y es que The Whale es una gran película, de a veces desagradable visión por algunas de sus imágenes -generalmente las relativas al personaje de Charlie-  y por lo áspero de muchas de sus realistas situaciones, pero un sensacional drama puro y duro que a través de la historia de la decadencia de un hombre desesperado y en declive físico y mental que tan sólo espera la muerte nos muestra la volatilidad de la condición humana y de sus carencias y como lo peor y lo mejor de cada uno sale a la luz ante situaciones límite en medio de una lucha encarnizada donde no se sabe si puede ganar o la sombra o la luz. Las relaciones familiares difíciles, la mala influencia del fanatismo, la autorrealización y sus trabas y la búsqueda de objetivos vitales son los otros temas de la película, abordados de una forma mucho más que correcta

La película no pretende que el espectador empatice plenamente (o al menos desde el principio) con Charlie, un profesor universitario de unos 50 años cuya obesidad- en aumento desde que se divorció ocho años atrás- le ha convertido en un enfermo terminal que ya no espera nada de una vida que cree fracasada y en donde el solo ha percibido decisiones equivocadas, más bien desea que su situación lleve a la reflexión sobre todo a lo el filme que se acerca temáticamente y que ha condicionado la existencia del protagonista: sólo así se logra entenderlo y se logra comprender el alcance de la finalidad de la película. Las escasas relaciones personales de Charlie, todas ellas complicadas por su causa,  son el motor que va moviendo el transcurso del relato y estas incluyen a su único apoyo, su amiga la enfermera Liz (Hong Chau, un descubrimiento), una mujer que apenas puede seguir aguantando la falta de cuidado personal de Charlie y su dejadez; su hija adolescente Ellie (Sadie Sink, otro descubrimiento) que vuelve a él tras ocho años que le reprocha el haberse aparentemente desentendido de ella; Thomas (Ty Simpkins, otra sorpresa más y van) un joven misionero cristiano que llega a la casa de Charlie y se involucra inesperadamente en vida y su ex mujer Mary (Samantha Morton), además de un repartidor de comida rápida que nunca le ve y los alumnos de sus clases de literatura on line a los que también oculta su apariencia desconectando su Webcam. El drama familiar y sobre todo el pasado amoroso de Charlie con la relación con un ex alumno (que rompió su matrimonio) cuyo recuerdo se revive de forma inesperada son las piedras de toque que añaden la hondura dramática catárquica de la historia y configuran el complejo panorama interno del protagonista, un ser al que el infortunio y los errores le han convertido en un monstruo, físicamente pero tal vez no tanto moralmente.

Es de mencionar el extraordinario trabajo con la caracterización y el maquillaje protésicos que luce Brendan Fraser, quien se maneja además con notable desparpajo en su aparatoso disfraz dando siempre la impresión de que se trata en realidad de un hombre gordo. También muy de recibo sus citas e inspiración literarias (provenientes de la condición de profesor de literatura de Charle) que abracan a Herman Melville (la ballena Moby Dick, efectivamente, funciona  como un símbolo) o Walt Whitman. Todo funciona como un mecanismo de relojería en  una película que es de lo mejor del año 2023.  

domingo, enero 22, 2023

HOLY SPIDER

 

****  y 1/2

Es espectacularmente sorprendente lo bien que ha funcionado la mezcla entre el noir policial, la crónica social de actualidad y el slasher en una película basada en un hecho real cuyo escenario, el Irán de 2001, tiene sus peculiares e individuales características que hacen que cualquier historia allí desarrollada sea a la fuerza algo diferente a lo que se acostumbra a ver en cualquier filme más o menos realista ambientado en otras latitudes occidentales. Holy Spider, producción danesa con participación de otros países europeos dirigida por el realizador iraní afincado en Dinamarca Ali Abassi es principalmente una película que trata de reflejar una visión que jamás se habría podido dar en el cine del país persa por sus restricciones y la censura provenientes de sus condición de república islámica y aunque casi todo su reparto además de su director sean iraníes, por ello es una curiosa rara avis que nos acerca a una crítica a la situación del país del oriente medio - aunque este no sea un filme político- con su cierto trasfondo social por parte de un director natural de allí que no duda en utilizar la intriga, el thriller y la crónica de serial killers para llevar a cabo su fin de denuncia, en el que también se percibe un cierto pesimismo antropológico de carácter más global. Por supuesto, el filme, rodado en Jordania, ha sido prohibido en Irán pero sigue su carrera de premios tras haber recibido su protagonista, la actriz iraní nacionalizada francesa Zar Amir Ebrahimi el premio en Cannes a mejor actriz aspirando ahora a la nominación a mejor película internacional en los Oscar representando a Dinamarca. Opciones tiene y muchas, y es que Holy Spider es una película atrayente y sólida pese a la crudeza de su tema y a lo impactante de muchas de sus escenas

La historia nos narra una oscura crónica de sucesos acaecida en la ciudad de Mashhad en donde un misterioso asesino ejecuta durante varias noches a varias prostitutas de la ciudad y es llamado por la prensa “la araña”. Desde el principio del filme conocemos la identidad del aparente psicópata Saeed Hanaei (Mehdi Bajestani), un constructor veterano ex combatiente de mediana edad y padre de familia que quiere librar la localidad de “mujeres impuras” en una especie de Yihad moral particular. Una joven periodista, Arezoo Rahimi (Ebrahimi), pretende llegar hasta el fondo de la cuestión en un entorno de policía corrupta y escasa colaboración de una ciudadanía atenazada por el miedo a diferentes niveles (moral, social, político y religioso). La investigación requerirá enormes sacrificios por parte de la periodista que además ve como la condición de mujer en aquel país es otro gran impedimento para poder lograr algo y sobre todo para actuar con libertad. Si bien es cierto que la película recurre a tropos del thriller convencional y utiliza algún efectismo occidental sobre todo en los aspectos más truculentos de los crímenes, el manejo de la narración y la evolución de los dos personajes principales y su forzada interrelación son sencillamente magistrales y propios de cineastas con gran talento. Aquí lógicamente no es saber quién es el asesino sino las causas y las consecuencias (psicológicas, sociopolíticas) de todo lo que ha llevado a esta historia llegando a conclusiones que revelan el verdadero propósito de esta película.

Holy Spider  no logra ocultar que es en realidad de una producción europea no solo por el hecho de cómo trata el cine negro (es más bien thriller nórdico, claro) sino por la sinceridad y el alcance de su denuncia, que llega a terrenos como el de la idolatría social a ciertos delincuentes y la fascinación por el mal (todo lo relacionado con la familia del asesino resulta inquietante, especialmente en los compases finales). Su fotografía realista e intencionalmente sórdida en las escenas nocturnas otorga un punto de desasosiego muy adecuado para historias de este tipo, al tiempo que su violencia muchas veces gráfica y lo desagradable de muchas escenas no necesariamente sanguinolentas pueden hacer que este no sea un filme plato para todos los gustos (también hay escenas de sexo sorprendentemente muy gráficas).  Pero merece la pena y mucho esta película, una de las sorpresas del pasado 2022.