jueves, mayo 13, 2021

EL OLVIDO QUE SEREMOS

 

 


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La filmografía de Fernando Trueba puede que sea más irregular de lo que suele parecer si se lleva a cabo un frío análisis de cada una de sus películas, pero cuando el veterano realizador madrileño hace una buena película esta siempre resulta una obra excepcional en todos los sentidos. En los últimos tiempos con un pie en España y otro en las Américas, Trueba demuestra que las coordenadas geográficas y culturales no suponen ninguna barrera para él y esto bien se ve en esta coproducción hispanocolombiana que nos cuenta una historia real entroncada con la Historia reciente de Colombia tratada con mimo y cuidado por lo altamente sensible de su material de partida. Basada en la novela-recuerdo del escritor y periodista Héctor Abad Faciolince  sobre los últimos años de su padre el médico, profesor y activista social Héctor Abad Gómez, El olvido que seremos es un filme tan cálido e intimista como cruel en algunos momentos y sobre todo rotundo en su planteamiento de reivindicación de una persona injustamente tratada en su país en un momento político y social convulso en Colombia (años 70 y 80 del siglo XX) que terminó asesinada por paramilitares. Fernando Trueba como director y su hermano David como guionista han plasmado estupendamente -en palabras del autor del libro y personaje también de esta película- una historia de sentimientos de amor paternofilial (el que el joven Héctor sentía por su admirado padre), de lucha por unos ideales insipirados precisamente por el amor a las personas, y de maduración personal: la que el hijo de Héctor Abad Gómez experimente bajo la sombra de su padre y de la triste realidad de su país, algo que el personaje central de esta historia siempre quiso cambar.   

Ambientada en dos periodos diferentes de tiempo (principios de los 70 rodados en color y mediados de los 80 filmados en blanco y negro) la película desde el punto de vista narrativo transcurre impecablemente siempre bajo la visión de Abad Faciolince, primero como un niño (Nicolás Reyes) y después como un joven adulto (Juan Pablo Urrego). El doctor Abad, patriarca de una familia numerosa de Medellín más o menos acomodada, no esta muy conforme con su sueldo como profesor universitario pero trata de sacar adelante a su prole e inculcarle sus valores mientras intenta llevar a cabo proyectos de salud pública para los barrios más desfavorecidos de la ciudad y denuncia la poca atención que los pobres reciben de los poderes del estado lo que le granjea mala fama entre las esferas más conservadoras que le llegan a tachar de comunista. La figura de Abad va evolucionando en su grado de compromiso con su sociedad ante la atenta mirada del pequeño “Quiquín”, quien en un principio parece mantener sentimientos encontrados hacia su padre pero que finalmente terminarán sublimándose. La interpretación de Javier Cámara merece mención aparte ya que es notorio el esfuerzo del intérprete riojano por parecerse al médico medellinense y plasmar todos sus matices, con el esfuerzo añadido que  ha supuesto calcar el acento colombiano. Cámara se adueña de la película y ofrece momentos de emotividad nada sentimentaloides y si muy efectivos secundado por un reparto muy eficaz en su mayoría de intérpretes jóvenes como los que dan vida a los hijos del protagonista, destacando obviamente los dos actores que interpretan al joven Héctor en especial el pequeño Nicolás Reyes que atesora muy buenos momentos.

Aunque a veces a los hermanos Trueba se les va un poco la mano en cuanto a lo sentimental en algunos momentos, el guión es un buen ejemplo de cómo se puede hacer un filme intimista sin exceso de almíbar y sin rehusar a mostrar (dignamente) momentos muy trágicos, y como se puede trazar una historia de reivindicación sin caer en el panfleto. Sin renunciar a elementos poéticos e incluso artys, la película resulta creíble y cercana en todo momento y consigue la complicidad emocional del espectador desde el primer instante, algo que no es nada sencillo. El olvido que seremos es un filme que cumple sus objetivos y nos regala más de dos horas de buen cine con una historia conmovedora que resulta un bello canto al amor entre padres e hijos.

domingo, mayo 02, 2021

NADIE (NOBODY)

 

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Acostumbrados como estamos de ver violencia exacerbada en el cine puede que no resulte tan impactante el uso desmedido de este elemento en el filme que nos ocupa, pero la manera en la que está tratado y filmado (fuera incluso de coordenadas tarantinianas o de la gratuidad explicita de muchas películas actuales) consigue cuanto menos sorprendernos. Ya no se trata de efectismo sino el tratamiento de la violencia como elemento fundamental de la trama y del personaje de central y en ese sentido Nadie es un film que nos presenta a una persona cuya vida ha estado ligada a al asesinato y a la destrucción y que aunque en un momento dado haya decidido cambiar radicalmente su existencia, la persistencia del uso de la violencia como modus vivendi no consigue desaparecer ni mucho menos.

El director ruso forjado en el mundo del videoclip Ilya Naishuler debuta en Hollywood con una mezcla de thriller, drama psicológico y filme de acción que va evolucionando y cambiando de registros sorpresivamente conforma avanza la trama. El protagonista, Hutch Mansell (Bob Odenkirk, en un sorprendente registro), como el nombre del filme indica comienza la historia como un “nadie”, un hombre normal, padre de familia que trabaja en una modesta empresa de electricidad. No es sin embargo la persona que parece ya que cuenta con un pasado que al principio de la peli no se conoce pero que comenzará a aflorar tras un intento de atraco en su casa en el cual se niega a agredir para defenderse de los delincuentes. Aparentemente despreciado por su familia y por su círculo ante su falta de valentía, Hutch decide desquitarse tomando la justicia por su mano lo cual acarreará el resurgimiento de algo que llevaba dormido dentro de él y que tiene que ver con su pasado. La aparición de la violencia más extrema, filmada con profusión de planos de todo tipo y que ocupa un buen metraje sobre todo en la segunda parte del filme, no es para anda gratuita sino que nos muestra el verdadero carácter de su protagonista y su visión del mundo y de la vida y plasma también las miserias de una sociedad en donde el odio y la codicia llevan a la destrucción moral  y física del ser humano, esto representado por siniestras y sanguinarias mafias camufladas bajo aparentemente inofensivos ropajes.

Nadie combina muy bien el estudio psicológico de un personaje complejo con un juego de represión-ocultación incluido y una crítica a una sociedad en donde el crimen y la extorsión parecen necesarios para conseguir algo. No obstante, la historia - que muchas veces puede recordar a un western- no siempre consigue discurrir correctamente y muchos de sus trampantojos no funcionan, si bien es cierto que este es un filme que avanza bastante más que un thriller de acción al uso y su tono muchas veces lúgubre no resulta en absoluto incómodo, algo que no se puede decir muchas veces de su violencia explícita, que pese a todo no resulta tan indigerible. Con todo, es positivo constatar una vez más que el cine estadounidense se atreve con registros que a priori no son muy comerciales.

martes, abril 27, 2021

BAJO LAS ESTRELLAS DE PARÍS (SOUS LES ETOILES DE PARIS)

 

 


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Un buen ejercicio de cine concienciado realista sin moralina fácil ni recursos melodramáticos trillados que logra llevar a buen puerto una historia perfectamente creíble bajo el insólito punto de vista de su protagonista. Una mujer indigente de unos sesenta años que pernocta bajo los puentes del Sena en París y con evidentes signos de desequilibrio mental es la heroína de un relato que presenta dos dramas sociales del siglo XXI lamentablemente demasiado habituales: los sin techo y los emigrantes ilegales. Christine (Catherine Frot) se encuentra inesperadamente con Suli (Mahamadou Yaffa) un niño africano cuya madre, de la que tiene una foto, se encuentra en paradero desconocido. La mujer está dispuesta a ayudar al pequeño a encontrar a su progenitora por todo París pese a la desconfianza y el rechazo que su presencia genera en casi todo el mundo por su condición de indigente y pese a su delicada situación mental. En medio de una rocambolesca epopeya narrada con muchos detalles tan veristas como la vida misma y cargados de lecturas y de mensajes  presentados de manera muy sutil se establecerá una relación casi maternofilial entre ambos que supondrá para la protagonista una extraña redención.

El personaje de Christine es un más que interesante hallazgo, una mezcla entre la abstracción de la Comedia del Arte y el espíritu chaplinesco que tanto ha inspirado a la presentación de la figura del vagabundo en la ficción y al que el excelente trabajo de Catherine Frot le imbuye una buen medida emotividad que no cae en el sentimentalismo fácil, algo de lo que afortunadamente la película carece. Con escasas líneas de diálogo pero con enorme expresividad logra transmitir los avatares de su complejo personaje del que en algún momento conseguimos averiguar las trágicas  claves que le han llevado a su situación consiguiendo en ese aspecto un relato estremecedor. Es posible que el personaje del niño no esté del todo explotado y que todo lo concerniente a los africanos sin papeles sea demasiado esquemático, pero en realidad el propósito del filme en realidad es a mostrarnos lo que puede ocurrir cuando dos realidades al límite se entrecruzan y como la sociedad pasa de largo ante ellos y ese propósito se logra plenamente.

jueves, abril 22, 2021

UNA JOVEN PROMETEDORA (PROMISING YOUNG WOMAN)

 

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No se trata de un thriller en el sentido estricto ni tampoco es un drama puro. En su guión hay más discurso y reflexión que lo que en un principio puede parecer, pero tampoco estamos ante un filme denuncia al uso aunque los sea y bastante. En definitiva, Una Joven Prometedora, es un filme que no parece querer encorsetarse en ninguna convencionalidad estilística ni genérica y por ello goza de una insólita libertad y fluidez para poder contar con mucha maestría una alucinante historia que va discurriendo muy naturalmente y sin forzarse, ni con artificios narrativos ni con golpes de efecto: por ello resulta una película fascinante y muy lograda, aunque la poca credibilidad de algunos momentos en sus compases finales no la alcen como la obra maestra que podría haber sido. Pero no cabe ninguna duda de que estamos ante uno de los filmes más originales estrenados en los últimos años.

Promising Young Woman se ocupa de una premisa argumental que bien podría trasladarse a un filme de intriga del montón pero que en esta coproducción británica-estadounidense se convierte en una historia tan ingeniosa como inquietante y cruda con trasfondo de reivindicación de lucha contra ciertas dejaciones a las que por desgracia muchas veces se ve sometido el género femenino, elemento este que es su verdadero leiv motiv que aquí aparece sin ninguna connotación panfletaria y si con veracidad y honestidad. El humor negro y la ironía son utilizadas aquí como aspecto destensionador de una narración con elementos trágicos, logrando que la comedia a veces haga acto de aparición en medio del tronco dramático del filme con resultados muy esclarecedores en cuanto al discurrir de la historia del mismo modo que la intriga se abre paso de manera muy sui géneris logrando un perfecto equilibrio de ítems dispares pero que no erosionan en absoluto la insólita solidez discursiva de la película.

El hecho de que la directora, Emerald Fennell, sea una mujer añade honestidad a lo que se nos cuenta y a la manera de contarlo -por mucho que muchas situaciones parezcan exageradas – realizando además un trabajo excelso. Pero mención a parte merece la interpretación de Carey Mulligan: un papel realmente enorme el de la joven Cassie, una mujer de 30 años que tuvo que abandonar la carrera de medicina tiempo atrás por un desagradable suceso que cambió su vida y trunco un futuro que se le prometía brillante y que ahora, instalada en una aparente mediocridad personal y laboral, ha decidido actuar contra aquello que cambió su vida y propició un trágico final para su querida amiga Nina: la actitud déspota y salvaje de algunos hombres.   Mulligan compone magníficamente un personaje complejo y contradictorio con el que pese a sus más bien bizarros detalles el espectador termina empatizando cuando advierte de sus principales armas: su enorme inteligencia y la razón total que le asiste y que guía su manera de actuar. Es por todo esto y mucho más que este film es un total espectáculo narrativo para cualquier cinéfilo y ya los BAFTA han sabido reconocer sus excelencias a la espera de lo que dictamine la Academia de Hollywood, quien ya la ah provisto de unas cuantas nominaciones a los Oscar incluida la de Mejor Película.

jueves, abril 15, 2021

OTRA RONDA (DRUK)

 


**** y 1/2

Un planteamiento enormemente inteligente y perfectamente matizado, algo que se suele echar en falta en muchos filmes, es lo que convierte a esta película en una obra sublime. Galardonada en diversos premios y festivales (incluyendo nominaciones a los Oscar 2020 a mejor película en lengua extranjera y mejor dirección), esta cinta danesa dirigida por el hábil Thomas Vinterberg que ya sorprendió internacionalmente con La Caza (2012) es un maquiavélico pero gratificante ejercicio de disfrazar de comedia a un drama cruel y descarnado que termina conmoviendo e incomodando al espectador gracias al manejo magistral de la emocionalidad llevada al extremo más amargo pero antes pasando por una montaña rusa de sensaciones que refleja excelentemente los efectos (en todos sus matices) del tema central de la historia: el consumo de alcohol, con todas sus consecuencias sociales y personales. Desde un planteamiento tanto sociológico como sobre todo psicológico Drunk evoluciona como historia hasta llegar a una catarsis que de algún modo trata de espejar todo el proceso del rito del beber en el individuo y su influencia en las relaciones sociales y la percepción de la realidad. Es por ello que el filme termina teniendo un poso antropológico e incluso filosófico que no hace otra cosa que poner de manifiesto que el ser humano no tiene remedio.    

Vinterberg consigue llevar a buen puerto una película más ambiciosa de lo que parece en un principio gracias sobre todo al excelente trabajo de su reparto, encabezado por ese grandísimo y camaleónico actor que es Mads Mikkelsen quien realiza una sobrecogedora interpretación interpretando a Martin, un profesor de instituto en una situación personal no muy óptima que tratando de huir del malestar familiar y profesional y alcanzar una felicidad que le es esquiva termina cayendo a los infiernos a causa de un experimento fallido: ese experimento es compartido por otros tres colegas de la enseñanza secundaria, cada uno con situaciones personales diferentes, y no es otro que el de beber alcohol todos los días a niveles altos de tasa de alcoholemia convencidos de que esto les hará ser más dichosos y eficaces. Lo que en unos primeros compases del filme se nos muestra como comedia (incluyendo unos personajes que pueden resultar hasta simpáticos) pronto tornará en otra cosa. Martin, un profesor de Historia mediocre puesto en cuestión por sus propios alumnos y con una vida conyugal que hace aguas cree haber encontrado en el alcohol la solución pero su propia persona, entre el descreimiento, las ganas de mandar todo a la porra, la euforia y el miedo, termina siendo una doble víctima de ese juego y de su propia contradictoria personalidad, que parece que no logra huir de una especie de odio a si mismo. Los otros tres docentes no tendrán mucha mejor suerte en cuanto que vidas idílicas como al de Nikolaj (Magnus Milang) se quebrarán tan abrupta como absurdamente.

Con un manejo de los tiempos eficaz y sublime y un estilo narrativo sin florituras pero imponente y fluido, a Druk le ha faltado poco para llegar a la obra maestra; tal vez se echa en falta el desarrollo de algunos de los personajes a parte del de Martin de los que podríamos saber mucho más. Con todo, estamos ante una gran película que ayuda a pensar en ciertos aspectos de la condición humana y que sobre todo colma convence y mucho a los amantes al buen cine.          

domingo, abril 11, 2021

EL HORIZONTE (LE MILIEU DE L'HORIZON)

 


 

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Interesante muestra del cine suizo en nuestras pantallas con esta pequeña producción que partiendo del drama familiar y de la crónica de maduración nos presenta una película a ratos sugestiva pero enormemente irregular. Vista a través de los ojos de un adolescente, el filme consigue llevar a buen puerto la expresión de los sentimientos de un quinceañero literalmente al borde del colapso en un entorno casi pesadillesco para él que le hace replantearse su visión de la vida y la del mundo de los adultos al tiempo que la relación con su familia, especialmente con su madre, comienza a resquebrajarse; no obstante y pese al esfuerzo del guión por mantener diferentes tonos narrativos y equilibrar diferentes historias entrecruzadas, la película carece de emocionalidad y de un tono convincente con muchas situaciones bien planteadas pero prácticamente no resueltas o concluidas de una manera deficiente.

Situada en un verano de 1976 en una comunidad rural suiza, el joven Gus (Luc Bruchez) trata de pasar lo mejor que puede un verano de sequía mientras ayuda en la granja avícola de sus padres, pero el intenso calor amenaza con matar a los pollos criados y poner en la ruina a la familia. Por si fuera poco, la unidad familiar del chaval parece resquebrajarse por la actitud de la madre, Nicole (Laetitia Casta) quien acogotada por los problemas y por un marido posesivo y poco dialogante está dispuesta a liberalizarse y mantener una relación sentimental con una amiga ante el estupor de Gus. Aunque los mimbres de la historia resultan atractivos y con potencialidad, ciertamente no se consigue gran cosa salvo momentos puntuales, en los que destaca el buen hacer del jovencísimo Bruchez,, todo un descubrimiento, y una Laetitia Casta voluntariosa y que sabe sacar jugo a su contradictorio personaje

sábado, abril 03, 2021

NOMADLAND

 

**** y 1/2

Un gran acierto el volver la mirada a la crónica de la otra América, aquella que se encuentra en el reverso del sueño americano y que tan buenos momentos e historias ha aportado al cine especialmente si los filmes se inspiran en hechos reales como en el caso que nos ocupa. Los Oscar ya han tomado nota de la excelencia de este filme y entre sus 6 nominaciones se encuentra el de mejor película, una categoría en la que es una firme favorita. La directora Chloé Zhao cuanta también con una nominación a mejor dirección y su protagonista, una inmensa Frances McDormand, es candidata a la estatuilla a mejor actriz en el rol de Fern, una mujer de sesenta años que decide llevar a cabo una forma de vida elegida por muchos americanos desde hace varios años: el nomadismo en caravana. La historia, basada en un libro ensayo de Jessica Bruder, nos presenta a una mujer viuda de Nevada que en la crisis de 2008 pierde su empleo en Amazon y se une a un grupo de nómadas que van recorriendo el estado en autocaravanas a modo de modernos colonos y pioneros de los EEUU del siglo XIX; huelga decir que el aspecto social esta omnipresente en este filme pero no es menor ni mucho menos el aspecto de retrato psicológico de su protagonista, una mujer desesperada y al límite que busca la felicidad y una nueva vida de una manera tan extrema para ella que perece no acostumbrarse nunca aunque no son pocos los aprendizajes y momentos de sublimación personal que haya fundamentalmente en la relación con otros nómadas errantes como ella.

Nomadland consigue ser una película poliédrica y de variados aspectos (Drama, Road Movie, Americana, intimismo) siempre siguiendo un estilo verista y documental y ciertas maneras de Western, algo muy en consonancia con su temática. Los magníficos paisajes naturales de esta película son el marco perfecto para esta crónica en donde la evolución personal de Fern se retata en diferentes lugares y situaciones límite, todo siempre excelentemente mostrado por el buen hacer de McDormand que se adueña totalmente de la película. Un buen puñado de actores amateurs, verdaderos nómadas y entre ellos el mítico Bob Wells, intervienen en esta película interpretándose a ellos mismos haciendo una gran labor y aportando mayor autenticidad al filme. Además de mostrar que desde la sencillez y la honestidad se puede hacer una gran película, este filme  constituye un ejemplo de que cuando hay un gran relato como base todo puede salir totalmente rodado.

martes, marzo 30, 2021

EL AGENTE TOPO

 

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Ya se ha citado en este blog el nuevo estatus del documental cinematográfico en el siglo XXI: casi normalizado dentro de las salas comerciales y no ya solo con una enorme consideración por parte de la crítica sino con tirón de público en determinados casos. Todo esto podía conllevar un riesgo de comercialización del soporte (especialmente si se recurre a códigos más bien televisivos, como ocurre no pocas veces) y aunque por ahora esto no ha ocurrido si es perceptible la un tanto a veces maquiavélica reinvención del documental de cine, por ejemplo, tratando de difuminar las fronteras entre la ficción y la no ficción. Esto es lo que ha hecho esta producción chilena (cinematografía al alza dentro de Iberoamérica) que cosechando la aclamación de la crítica internacional y con varios premios en su haber (incluida nominación al Oscar como mejor largometraje documental) ha supuesto una más que agradable sorpresa por su originalidad y sobre todo por la manera tan insólita de conseguir su finalidad, la de mostrar desde el punto de vista psicológico y emocional la realidad de personas de la tercera edad.  El filme está planteado mediante una premisa casi de ficción - que homenajea precisamente a un género tan agradecido en el séptimo arte como es el de espías y detectives- pero que enseguida deriva en un documental convencional en donde sin embargo siempre está presente un desarrollo de historia con planteamiento, nudo y desenlace que muchas veces hace dudar de la veracidad de lo que estamos viendo. Intencionado esto o no, sean forzadas o verídicas muchas situaciones, lo cierto es que El Agente Topo es un proyecto muy inteligente por su poliedrismo y su multiplicidad de lecturas en donde la joven directora Maite Alberdi muestra un buen hacer que puede dar que hablar en los próximos años.

Es inevitable mencionar el retrato generacional en un filme documental en que los residentes de una residencia de ancianos son los protagonistas absolutos y ese es precisamente unos de los cometidos- que no el único- que lleva a cabo esta película en donde contemplamos diferentes retratos de mayores en variedad de situaciones fruto del paso del tiempo y de herencias pasadas. Y lógicamente, el protagonista e hilo conductor del proyecto, el santiagués de 84 años Sergio Chamy, se alza como el catalizador del mensaje de la utilidad de las personas mayores, tanto de su legado como de sus aptitudes actuales. Elegido por el detective Rómulo Aitken en un casting de varones octogenarios para infiltrarse en una residencia con el fin de averiguar la verdadera situación allí de la madre de una clienta (¿será esto verdad?), Sergio llega al centro como un usuario más a hacer funciones de espía informante –con tecnología detectivesca rudimentaria incluida- mientras todo es captado por las cámaras de Alberdi  y su equipo quienes fingen grabar un crónica documental sobre el día a día de la residencia; pero la integración de  de Sergio es tal que al final asistimos a la curiosa retroalimentación en todos los sentidos del jubilado con el resto de ocupantes del centro, en su mayoría mujeres, mientras contemplamos las vivencias de los ancianos y sus diferentes vicisitudes propias de su condición. Sergio, que trata de cumplir a rajatabla su cometido, termina siendo no solo un personaje entrañable sino un ejemplo de cordura y sensatez propia de la experiencia del veterano, algo que en este filme se loa sin ambages.         

 Dentro del juego de la realidad disfrazada de ficción, desde el punto de vista cinematográfico resulta admirable como se han manejado convencionalismos de la narrativa en el séptimo arte como el mcguffin, el giro de guión o la alternancia entre la comedia y el drama dentro de un documental y todo ayudando a ofrecer una película más que agradable y llena de matices. Películas así son una gran noticia para el cine.

domingo, marzo 21, 2021

MINARI, HISTORIA DE MI FAMILIA (MINARI)

 

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Nunca estará explotada en el cine lo suficiente la crónica de la integración de las diferentes minorías étnicas en Estados Unidos, por ello es bienvenida este excelente filme que pone en visibilidad la realidad de muchas familias surcoreanas en la Norteamérica de la segunda mitad del siglo XX, un colectivo que tras la Guerra de Corea en los años 50 ha terminado por ser una de las minorías asiáticas más numerosas en dicho país. Lo más valioso sin duda del punto de partida del filme que nos ocupa es que está narrado en primera persona por un estadounidense hijo de coreanos, el director y guionista Lee Isaac Chung quien narra los recuerdos de su familia a mediados de los 80 cuando el era un niño de cinco años: por medio de momentos dramáticos y de comedia se nos cuenta lo difícil que fue en varios aspectos la vida de su familia, que desde California- estado donde se habían establecido y casado sus padres desde Corea del Sur- se trasladó a Arkansas para buscar una vida mejor por medio de la agricultura, pero todo resultó fallido y complicado. Un realismo familiar no exento de momentos crudos suavizados por cierto engañoso aunque efectivo aire de feel good movie  y de comedia costumbrista que convence por su realismo y por su honestidad, elementos estos que refuerzan la credibilidad de un filme que huye de planteamientos comerciales y del melodrama fácil y que burla burlando ya es una de las pelis favoritas en la noche de los Oscar.  

Chung busca como referencia tanto el cine europeo como, por supuesto, el asiático, aunque el peso específico del primero como influencia sea mayor y pese a que el cine surcoreano esté viviendo precisamente uno de los mejores momentos de su historia. El director tiene su alter ego en el personaje del pequeño David (Alan Kim, sensacional), un niño que trata de adaptarse a su nueva vida rural junto con sus padres y su hermana y que contempla inocentemente todas sus no muy felices vivencias siempre con la percepción de que ellos son diferentes en Estados Unidos estén donde estén y hagan lo que hagan. Jacob, el padre (Steven Yeun) es un hombre cabezota y poco afectivo que antepone el bienestar económico al cariño y el bienestar de su familia y eso les ocasionará a todos no pocos problemas. Su figura es crucial en este filme como retrato del nuevo americano que trata de integrarse en el American Dream pero cuya sujeción a las costumbres y herencias de su cultura hacen de eso una misión poco menos que imposible y al final no deja de ser siempre un perdedor. La llegada de la abuela del clan (Youn Yuh-jung) directamente desde Corea no hará más que complicar las cosas ya que precisamente ella representa todo lo que la familia quiere dejar atrás, al mismo tiempo que su arrolladora personalidad y su carácter oriental ejercerán una extraña fascinación en David. La excelente fotografía de LalclanMilne, con una singular captación del entorno campestre de Arkansas y las buenas interpretaciones apoyadas en personajes bien definidos y veristas aún en sus extravagancias (mención especial al agricultor que interpreta Will Patton), son otros elementos sobresalientes en una película cuerda y sensible que demuestra que en el cine estadounidense las grandes películas no tienen porque ser superproducciones de Hollywood. Como única pega, decir que en el doblaje al castellano no se ha respetado el bilingüismo del filme, hablado en coreano principalmente y en inglés, y todo se ha traducido indiferentemente al castellano. Pero no olvidemos, un filme cien por cien recomendable.