miércoles, octubre 18, 2023

CHINAS

 


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En su aún breve pero más que interesante filmografía Arantxa Etxebarria no tiene reparos en tocar temas candentes de la sociedad española actual los cuales atesoran ciertas derivaciones dramáticas y un tanto polémicas, haciéndolo desde una perspectiva amable, esperanzada y constructiva. La situación de la cada vez más numerosa comunidad china en España era una temática que aún no había sido bastante explotada por el cine español y que con este filme encuentra una vía de expresión y testimonio honesto, interesante y con edificante mensaje. La realizadora vasca además ha querido tocar dos realidades de los habitantes del gigante del lejano oriente en España y en otros países occidentales: por un lado la situación de los emigrantes chinos y su descendencia de primera generación nacida fuera de China con los choques culturales y sociales vividos por ambas generaciones y por otro la vivencia de los menores chinos adoptados por familias occidentales. En este Chinas dos historias de cada una de estas realidades convergen bajo la perspectiva de dos niñas de nueve años residentes en el madrileño barrio de Usera: Lucía (Daniela Shiman Yang) hija de comerciantes chinos propietarios de un bazar totalmente volcados con su negocio (como suele ser habitual en esta comunidad) y  Xiang (Elia Qiu), hija adoptiva de un matrimonio madrileño que matricula a la pequeña en el mismo colegio que Lucía. Xiang se siente rara por su situación, recibe atención psicológica y le cuesta encajar en cualquier contexto en general, mientras que Lucía, más extrovertida, en realidad tampoco se siente como los demás niños  ya que sus padres apenas la atienden, están todo el día trabajando y casi no hablen castellano: ella desea ser como los otros niños de su cole y sus familias. Claudia (Xinyi Ye) la hermana de 17 años de Lucía, por su parte, quiere también vivir una adolescencia como la de los jóvenes de su edad  pero su situación familiar se lo impide, agravada por el hecho de que sus progenitores desean concertarla un matrimonio con otro joven de origen chino: Claudia tratará de rebelase contra todo eso.

La opción de canalizar la historia a través de una inocente mirada infantil es un recurso acertado que es explotado con mucha habilidad combinando con la visión adolescente de Claudia y con la perspectiva adulta tanto de los padres de Xiang (Leonor Watling y Pablo Molinero), como de los padres de Lucía y Claudia (Quinfei Zu y Yeju Ji) o la de Amaya (Carolina Yuste) clienta habitual del establecimiento de la familia de Lucía y que hace buenas migas con ella. El problema es casi siempre el mismo: la integración y la búsqueda de al identidad, algo que en edades tempranas se antoja fundamental. La película huye de la moralina y se adentra en los inocentes mundos mentales de sus jóvenes protagonistas con todo lo que esto conlleva y respetando sobre todo la psicología y el universo infantil.  Los intérpretes de origen chino, todos ellos actores aficionados, están espléndidos y realizando un enorme esfuerzo interpretativo, en especial las pequeñas Qiu y Yang, almas de la película, como también la joven Xinyi Ye realiza un trabajo muy destacable. La directora ha sabido como canalizar excelentemente el costumbrismo más realista dentro del drama y esto lo ha conseguido con un tratamiento respetuoso y realista de la compleja situación una minoría étnica  en España de la que se podría hablar largo y tendido debido a sus numerosos y aún no muy conocidos matices. Cine social con label ibérico hecho con honestidad y sin tonterías.       

domingo, octubre 15, 2023

EL EXORCISTA: CREYENTES (THE EXORCIST:BELIEVER)

 


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Los intentos por resucitar la saga The Exorcist (si es que alguna vez debió serlo) en los últimos años, tanto en la televisión como ahora en el cine, simplemente caen en el terreno del marketing y reducen a uno de los mejores títulos del cine de terror de la historia del séptimo arte en una gallina de los huevos de oro en donde se trata más de explotar la película como artefacto pop que cualquier otra cosa. La película de 1973 dirigida por William Friedkin basada en una novela de William Peter Blatty que el mismo adaptó ha sobrevivido y envejecido más o menos bien pese a su premeditado efectismo, cosa que no se puede decir de las que habían sido sus dos secuelas hasta el momento  y de las dos precuelas paralelas, filmadas con el mismo afán mitómano-rentabilizador que esta nueva secuela. Producida por Blum House, empresa responsable del reboot de la saga Hallloween- otro título mítico del terror de finales del siglo XX- , The Exorcist Believer aunque se esfuerza por respetar el espíritu del filme original con la aparición estelar de personajes de aquella como Chris McNeill, la inolvidable y sufrida madre de la pequeña poseída Regan -de nuevo interpretada por la nonagenaria pero todavía estupenda actriz Ellen Burstyn- y con una adaptación actualizada algunas veces acertada y otras no tanto de aquellas terroríficas innovaciones formales (imágenes subliminales, movimientos salvajes de cámara, maquillajes truculentos, efectos sonoros turbadores), termina naufragando por su falta de personalidad, su supeditación a los postulados más fáciles del terror efectista actual y en definitiva por un desbarajuste global al querer contentar al mismo tiempo a los seguidores de al película clásica como a los consumidores del fantaterrorífico de hoy. Esta nueva entrega medio siglo después del filme original, sin obviar buenos momentos y un guión con su intríngulis (en donde el demonio poseedor ya no es Pazuzu), resulta estéril y nada novedosa. La dirección de David Gordon Green, eso si es esforzada y voluntariosa tratando de hacer un producto más o menos digno cuando se llegue a comparar con la fuente original, pero a  todas luces este nuevo Exorcista no deja de ser un refrito de manual.

De nuevo nos encontramos con posesión diabólica a menores de edad, con al novedad que en este caso se trata de el endemoniamiento simultáneo de dos niñas, Angela Fielding (Lidya Jewett) hija de un padre viudo, Victor (Leslie Odom Jr.) educada agnósticamente y traumatizada por al ausencia de su madre fallecida al nacer ella, y su amiga Katherine (Olivia O´Neill) hija de un matrimonio de firmes creyentes baptistas: las dos jóvenes actrices realizan un estupendo (e inquietante, por supuesto) trabajo muy en la estela del que realizó en su momento Linda Blair e incluso con menos golpes de efecto, mientras que los intérpretes adultos se limitan a cumplir el expediente salvo tal vez una Ellen Burstyn que es la única que aporta clase y credibilidad a la historia con su conexión con la historia original. La matriarca McNeill ayudará a los padres de las criaturas a organizar un complejo exorcismo que incluirá ritos y exorcistas de diferentes religiones y que en la película trata de figurar como el su elemento culminante sin que al margen de lo previsible aporte nada épico ni memorable. Excelentes efectos visuales, si, momentos terroríficos bien conseguidos por la utilización de la sugestión más que de los explícito, también (esa si es una virtud del primer film bien asumida), pero da la perenne sensación de que estamos más bien ante un remake que una secuela en donde por supuesto no falta una recreación de los inolvidables pentagramas de los primeros compases de Tubular Bells de Mike Oldfield. Se anuncian dos secuelas posteriores más pero muy posiblemente no aportarán mucho más.      

sábado, octubre 14, 2023

CERRAR LOS OJOS

 


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Fundidos en negro entre escena y escena. Escenas largas filmadas en encuadre único. Cine dentro de cine. Si, esta es una película hecha con recursos de cine de autor/artístico clásico y es que su director, Víctor Erice, es un maestro del séptimo arte de 83 años con más de 50 de carrera que con solo cuatro largometrajes en ese largo periodo ha demostrado ser uno de los mejores cineastas españoles de la historia y que con este Cerrar los Ojos firma, una vez más, otra obra maestra tras El Espíritu de la Colmena (1973), El Sur (1983) y El Sol del Membrillo (1992). Resulta asombroso como el director vizcaino, ermitaño y poco dado a las apariciones públicas, siempre consigue sorprender y después de tanto tiempo. Este filme supone de nuevo un canto de amor al cine y a su relación con la vida real - como también lo era El Espíritu de la Colmena-  y trata de ser además una declaración vital del propio Víctor erice con una historia que se imbuye decididamente en las entrañas de la creación cinematográfica y que tiene como protagonistas precisamente a un director de cine, Miguel Garay (Manolo solo) y a un actor Julio Arenas (José Coronado), ambos significativamente retirados/desaparecidos de la vida pública en el momento que comienza la historia. El espectáculo cinematográfico que con suma sencillez y por supuesto maestría y oficio ofrece esta cinta es un regalo para los cinéfilos y por supuesto para los admiradores de ese tipo de drama intimista tan de corte costumbrista como poético que influyó decisivamente en el cine español a partir de la segunda mita de los 70. Pero Cerrar los Ojos es, por supuesto, más cosas.

Erice, que firma el guión junto con Michel Gaztambide, utiliza de forma magistral los trampantojos metacinematográficos y su habilidad narrativa para convertir una premisa típica de thriller en un drama psicológico y humano muy sugerente y nada forzado en donde las identidades, el silencio, el olvido, al huida la búsqueda de la felicidad son  los temas principales. Con unas fascinantes escenas iniciales que nos muestran la primera (y única conservada) secuencia del último  filme -ficticio, claro- que Garay y Arenas rodaron juntos en 1992 poco antes de la misteriosa desaparición de este último, nos situamos ante un prólogo que de alguna manera será la clave del resto de la historia pese a que la premisa ficticia que plantea, propia de una exótica historia de aventuras de Emilio Salgari o Robert Conrad y ambientada en los años 50, no parezca en un primer momento tener demasiada relación con el desconocido paradero de Julio Arenas, sobre el que su gran amigo Miguel Garay comenzará en 2010 una afanosa búsqueda a instancias iniciales de un sensacionalista programa televisivo. Esa búsqueda será todo un viaje interior para el maduro Miguel, quien se reencontrará con dramas pasados y con aspectos que el desconocía de Julio y de si mismo y que marcaron la existencia de ambos La catarsis final está en un principio lejana de un final feliz para Miguel, pero todo podría cambiar mediante ciertas ideas que el director pondrá en práctica.

Con una perfecta fotografía de Valentín Álvarez, es imposible no enamorarse ante la sencillez y pulcritud de unas imágenes que nos remitan al cine más clásico, como tampoco resulta posible abstraerse a los múltiples homenajes que Erice lleva a cabo, empezando por la autorreferencia a El Embrujo de Shangai -el proyecto de adaptación de la novela de Juan Marsé que finalmente dirigió Fernando Trueba-  o a las melodías  del western de la mano de Dean Martin. Las interpretaciones principales son magistrales, especialmente la de Coronado que realiza tal vez uno de sus mejores papeles con una personaje complejo y dual que termina fascinando especialmente en los momentos finales, y con un Manolo Solo que demuestra totalmente su valía como actor con otro personaje complejo y entrañable con una enorme hondura humana. También intervienen y muy, muy bien María León, Soledad Villamil, Mario Pardo, Dani Tellez, Helena Miquel, Josep María Pou y medios siglo después de El Espíritu Juan Margallo y Ana Torrent, quien interpreta a la hija de Arenas y realiza un curioso homenaje a su personaje en aquella obra magistral. Como magistral es también Cerrar los Ojos prueba de que entre nosotros sigue uno de los mejores cineastas vivos de todo el mundo

jueves, octubre 05, 2023

MONSTRUO (KAIBUTSU)

 


**** y 1/2

Encontrar películas con el esfuerzo narrativo y discursivo de esta no es nada fácil y por ello es una estupenda noticia la existencia de Monstruo, filme nipón que conquistó (merecidísimamente) el premio al mejor guión en el festival de Cannes. Detrás de ella se encuentra Hirokazu Koreeda, realizador japonés con títulos como Un asunto de familia o -la más reciente- la sorprendente Broker que rodó en Corea del Sur y que ha conseguido un trabajo encomiable y delicioso. Contando un relato centrado básicamente en las vivencias de dos de preadolescentes la película no solo aprovecha en tocar de manera notoria temas recurrentes en esa edad como el bulling, los maltratos y abusos de los padres, la incomprensión y soledad de algunos niños o la indefinición propia de la edad adolescente sino que traza una crítica a ciertos aspectos negativos  de la condición humana (la hipocresía, las mentiras, los prejuicios) de los que los y las menores de edad, sin pretenderlo, pueden ser víctimas por su vulnerabilidad. El hecho de presentar la historia desde diferentes vertientes y puntos de vista y además de una manera no lineal en el tiempo añade un plus en lo que es el impresionante espectáculo narrativo de la película, escrita por el galardonado Yuji Sakamoto. Aunque casi todo lo que aparece en Monstruo tiene un tinte totalmente dramático el mensaje final de esperanza y de redención encarnado en la figura de sus dos jóvenes protagonistas Minato (Soya Kurokawa) y Yosi (Hinata Hiiragi) resulta reconfortante y emotivo: un canto a al amistad por encima de todas las circunstancias.  

Frente a la historia de los chavales -centrada en un primer momento en Minato- se encuentran las situaciones de varios personajes adultos: Saori (Sakura Ando) la madre viuda de Minato, una joven preocupada por el comportamiento errático de su hijo de quein los profesores dicen que es un abusón y que además ha sido aparentemente golpeado por un docente; Makiko Fushimi (Yuko Tanaka) la directora del colegio desnortada por una desgracia familiar y por los últimos acontecimientos en el centro, y Hori (Eita Nagayama) un joven profesor del que recelan alumnos y el resto de maestros y que acusado de pegar al aparentemente conflictivo Minato comenzará a vivir un calvario y se convertirá en catalizador de los acontecimientos. Yosi, un crío sensible y con excéntricos intereses, es objeto de acoso escolar sin importarle eso demasiado, viviendo su vida al margen también de crudos condicionamientos familiares: se trata del personaje más logrado del filme resultando entrañable la composición del joven actor Hinata Hiiragi. Monstruo no escatima recursos para djar claros todos los matices de la historia y conmover al espectador con un muestrario de comportamientos muy identificables a nivel humano en cualquier latitud y pese las a veces curiosas peculiaridades  a ojos occidentales de la cultura japonesa. Un filme de orfebre que vuelve a poner de manifiesto el buen momento que vive el cine del lejano oriente. Estupenda fotografía urbana y costumbrista, interpretaciones magníficas…y la última banda sonora del gran Ryüichi Sakamoto, fallecido en el mes de marzo de este año: una despedida a la altura con una gran película.

viernes, septiembre 29, 2023

EL SOL DEL FUTURO (IL SOL DELL’ AVENIRE)

 

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Es clara la intencionalidad de este filme de mostrar el amor al cine, concretamente el que profesa su ínclito director y actor protagonista Nanni Moretti, uno de los cineastas italianos más reconocidos internacionalmente a nivel popular; pero no es este en realidad el propósito principal de El Sol del Futuro sino el de mostrar la dificultad de la búsqueda de la perfección intentando (o no)  adaptarse a los cambios y los nuevos retos de la vida. Moretti se desdobla en esta película en  Giovanni, un veterano director de cine dedicado en cuerpo y alma en la película que está rodando, un drama histórico ambientado en la Italia de 1956  en donde los miembros de la sección de un barrio romano del Partido Comunista Italiano tratan de ayudar a la troupe de un circo húngaro que actúa en roma mientras su país, descontento con el régimen comunista, es invadido por la Unión Soviética. Giovanni pese a las dificultades (y su cabezonería) va sacando al empresa adelante sin darse cuenta que su matrimonio con Paola (Margherita Buy) productora cinematográfica esta haciendo aguas y que todo esta afectando a su vida personal y familiar. El cineasta, por medio de su película, empezará a ser consciente de la necesidad de modificar posturas y actitudes y retroalimentándose con la ficción y sin perder en vista la realidad hará un pequeño examen de su vida hasta el momento donde una vez el cine, unido con la música, jugará un papel importante.

En esta película se apuesta por la comedia en la historia “real” de Giovanni y se recurre al tono crítico e irónico habitual de Nanni Moretti que tanto debe a Woody Allen (aunque sin obviar momentos más bien “irreales”), mientras que en la historia de la película que rueda (que es la que da título a este filme) y cuyas escenas vemos la mayor parte de las veces ya “rodadas” es un drama cuyas coordenadas van cambiando en determinados momentos conforme evoluciona el personaje de su director. Decir que este  ejercicio de metaficción, que en ocasiones resulta muy difícil en su plano narrativo esta magistralmente resuelto y sin que nada en absoluto chirríe, sin faltar homenajes a la música popular italiana del siglo XX y a cineastas como Fellini o De Sica, todo perfectamente insertado. La historia de los años 50 tiene además personalidad propia resaltándose allí el valor de la solidaridad y la colaboración al tiempo que trata de plasmar el papel crucial que tuvo el PCI en la sociedad italiana de los años 50 y 60 (mal que les pese a algunos),  algo que Moretti homenajea sin ambages y sin tampoco posicionarse panfletariamente. Bien rodada, magistralmente guionizada y con  interpretaciones a la altura de las circunstancias, Il Sol Dell’ Avenire  es una película esforzada y eficaz y de esas que pueden entusiasmar a públicos variopintos.   

miércoles, septiembre 20, 2023

CREATURA

 


***  y 1/2

Se puede arriesgar e innovar con muy poco y esto es lo que demuestra esta película, un pequeño gran drama psicológico intimista con la sexualidad femenina como fondo que sorprende por su estilo directo, por su realismo cotidiano y sobre todo por tocar ciertas temáticas que vistas en pantalla pueden resultar crudas, poco atractivas e incluso desagradables. Elena Martín Gimeno dirige y protagoniza esta cinta rodada en catalán  que trata de analizar las consecuencias emocionales, psicológicas y sexuales en una mujer de treinta años de una enfermedad urticante aparentemente psicosomática que padece desde niña al tiempo que trata de esclarecer sus causas -remotas en el tiempo, obviamente- con todo un mundo de problemas afectivos y de otra índole por medio a lo largo del tiempo y que en el momento actual se plasman en una crisis de pareja. Martín Gimeno como directora sabe llevar una historia tan poco cómoda por terrenos muy sutiles y sin renunciar al apunte costumbrista -el entorno familiar y de amistades de la protagonista cumple un papel fundamental en el relato- con un luminoso tono mediterráneo (ya visto en otras producciones catalanas de los últimos años pero que continúa siendo gratificante), además de trazar un mensaje especialmente dirigido a las mujeres aunque en realidad asumible a ambos sexos. Como actriz, en su papel de Mila en cambio no se la ve demasiado potente en su rol dando la sensación de que en ocasiones se queda un poco atrás en sus pretensiones de transmitir una psique angustiada, dubitativa y a veces desquiciada; con todo su esfuerzo en ambas funciones debe ser elogiado.

Una joven que en muchas ocasiones no puede disfrutar del sexo por su dolencia o por todo lo que gira alrededor de ella y el maremágnum de causalidades y circunstancias que rodean (y rodearon) a su mal solo puede ser un personaje atormentado y con el que el público no empatice, pero Mila se esfuerza por reconducir la maltrecha relación con su marido Marcel (Oriol Plá) con pequeños éxitos a veces pero fracasando en más ocasiones mientras en su vuelta al pueblo donde pasó sus veranos de niñez y adolescencia rememora hechos pretéritos y se reencuentra con cierta esperanza con amigos y personas de su pasado. El uso de flashbacks que nos muestran a una Mila quinceañera (Claudia Malagelada) y de cinco años (Claudia Borrás) enfrentándose a hechos claves que marcarán su vivencia y percepción de su sexualidad es de lo más logrado del filme, un recurso que nos lleva a contestar muchas preguntas que hasta entonces no tenían respuesta en una película que precisamente se caracteriza por no ser demasiado explícita en lo concerniente a su protagonista. Por todos estos elementos que hemos mencionado antes, el guión de Creatura es una delicatessen que sabe tratar con mimo y cuidado los a veces inquietantes recovecos de una vida sexual insatisfactoria (la relación paternofilial resulta clave) y un rechazo del propio cuerpo y del erotismo en general sin caer en lo sórdido ni en lo sensacionalista y con un mensaje final optimista. Se perciben ciertas influencias muy vagas pero sugerentes del Polanski de Repulsión o por que no de un hipotético David Cronemberg hiperrealista, pero la película es una obra totalmente original, claramente desde el punto de vista femenino y sobre todo muy honesta.  

domingo, septiembre 17, 2023

ALMA MAHLER, LA PASIÓN (ALMA & OSKAR)

 


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Entre la desmitificación y el respeto, este solvente y original biopic de época consigue ser un filme muy atrayente que aunque puede que no sea plato para todos los gustos. Rodado con una ambientación cuidada y una puesta en escena a veces más teatral que cinematográfica pero siempre supeditada al eficiente trabajo de sus actores, Alma & Oskar nos sirve para acercarnos a la extraña y delirante historia de amor de dos figuras controvertidas e inusuales de la cultura del siglo XX: la compositora Alma Mahler, nacida Alma Schindler (Emily Cox) viuda del también compositor Gustav Mahler, quien trató de librarse de la sombra de su marido convirtiéndose en una mujer libre e independiente en sus relaciones con el mundo y con los hombres además de tratar de consolidar su carrera dentro del mundo de la música, y el pintor Oskar Kokoschka (Valentin Postlmayr) polémico artista de mente inestable cuya relación con Alma, entre la obsesión y el efecto pigmalión, fue de todo menos convencional. El comienzo de la I Guerra Mundial es el contexto que rodea la mayor parte de la temporalidad de la historia, en la cual asistimos a los intentos de una mujer rebelde por sobresalir dentro de una sociedad que dejaba a las mujeres una ultimísima fila independientemente de su talento pero cuya relación con un personaje tan genial como imprevisible, del que ella creía un ser irrepetible, terminará siendo algo más que un obstáculo.

Aunque el retrato psicológico de alma Mahler pretende ser el eje central de la narración este no termina de estar presentado de manera clara y convincente, lo que no impide que el trabajo interpretativo de la austriaca Emily Cox sea de quitarse el sombreroo, funcionando mejor eso si en toda la trama con Kokoschka, que debido al no menos fenomenal trabajo de Valentin Postlmayr a veces este consigue robarle la función a Cox gracias a su composición de un ser obsesivo y desnortado con un punto de inseguridad y extravagancia. A veces la película quiere volverse comedia y no rehuye de aspectos bizarros y exagerados (algunos puede que inventados y otros por increíble que parezca, no) y esto combinado con sus momentos más serios en cambios un tanto repentinos puede que produzca un cierto despiste y fatiga en el espectador. Sus momentos finales, que muestran una catarsis entre los personajes, son de lo mejor de la película sobre todo cuando entra en escena la inquietante muñeca a tamaño natural con la efigie de Alma que Oskar encargó en 1918. Con ciertas reminiscencias un tanto vagas de Kubrick, Tim Burton y Ken Rusell, quien ya se ocupó de Gustav Mahler y señora en Mahler, una sombra del pasado (1974)  Alma & Oskar es una película discreta pero efectiva que cumple su función de mostrar las vicisitudes y contradicciones de dos seres singulares.

lunes, septiembre 04, 2023

MI SOLEDAD TIENE ALAS

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El debut como director de Mario Casas ha resultado una grata sorpresa alumbrando un filme que sin ser un dechado de originalidad cumple con creces y anuncia que Casas puede ser un estupendo director. Con un esforzado y sólido guión propio firmado en colaboración con la francesa Deborah François y protagonizada por su hermano menor, Óscar Casas (otro estupendo debut y ojo que el chaval de 24 años apunta maneras), Mi Soledad Tiene Alas parece beber del  Quinquiexplotation hispano de los 70 y 80 convenientemente actualizado a las coordenadas de la realidad social urbana actual con sus subculturas (graffiteros, poligoneros, trap) y logra ser una obra sugerente y estimulante reforzada con imágenes poderosas y una puesta en escena impecable con deudas con el cine negro o el primer Scorsese más callejero.  ¿Lo que cuenta?  Pues en realidad nada nuevo: un muchacho veinteañero del extrarradio son oficio ni beneficio metido en un desagradable berenjenal que le obliga a huir de la policía junto a su novia, también implicada, huída en la que ambos continúan compartiendo sueños, aspiraciones y miedos. Dan (Óscar Casas), es un ser que aspira efectivamente a ser algo más; este  barcelonés que vive con su abuela pasa el tiempo haciendo graffitis pero lo que el ansía es convertirse en un artista con todas las de la ley, Vio, su chica (Candela González) es su cómplice desde el principio y está dispuesta a acompañarle y seguirle en todo aunque sea en un atraco en toda regla, como el que les propone su amigo Reno (Farid Bechara) y que terminará por cambiar el destino de ambos. Dan además esta condicionado por su pasada situación familiar y por la sombra indeseable de su padre, el cual se reincorpora en la vida del joven después de haber salido de la cárcel provocando una catarsis que le influirá pésimamente. Efectivamente, esta es también una historia de maduración y superación, aunque más bien debería decirse de “intento de” debido a su tono más bien pesimista, pero pese a todo, el estupendo guión y el buen trabajo de los jóvenes intérpretes hace que empatizemos con ellos, nos desesperemos ante sus desdichas y gocemos cuando las cosas les parecen ir bien.

Mi Soledad Tiene Alas huye de la moralina pero no evita presentarse a veces como un cuento de hadas urbano cayendo a veces en un mal asumido simbolismo que casa mal con el realismo verista que pretende. Su excelente fotografía y su llamativa banda sonora refuerzan muchas veces el fondo y la forma del filme llegando a momentos de enorme fuerza. Al mayor de los Casas puede que aún le queden cosas por aprender en el oficio de director, pero su opera prima puede que sea el prologo a una más que interesante carrera detrás de las cámaras.

lunes, agosto 28, 2023

UN VERANO CON FIFI (FIFI)

 

***  y 1/2

Los lazos que unen a dos persones a priori diametralmente opuestas y que terminan descubriéndose mutuamente y a su manera, amándose, es lo que cuenta esta pequeña pero estupenda película francesa de los debutantes Jeanne Aslan y Paul Saintillan. Los vaivenes de la adolescencia y de la primera juventud marcan a sus protagonistas, especialmente al personaje central de la cinta, la muchacha de quince años Stephanie, llamada Fifi (Céleste Brunquell), una adolescente de familia modesta y desestructurada que busca superar su anodina existencia y el influjo negativo de su familia: en definitiva, busca una felicidad que al principio se le hace imposible pero después y de manera azarosa parece encontrar. Una peculiar historia de maduración que consigue con naturalidad y sin recursos forzados que nos encariñemos con Fifi y comprendamos sus circunstancias y sus motivaciones- a veces un tanto impulsivas, fruto de la inexperiencia de su edad-  y en definitiva podamos degustar de un filme honesto y conciso.

Se percibe cierta influencia actualizada de Eric Rohmer sin en ningún momento desatender las circunstancias actuales de la juventud, pero el mensaje es netamente atemporal. Stephanie, que intenta conseguir sus propios ingresos trabajando de recadera de la vecindad al tiempo que trata de esquivar los aspectos más desagradables de su existencia cotidiana (la pobreza de su familia, la mala influencia de una madre inestable, los vaivenes de sus hermanas mayores, el deficiente papel paterno de su padrastro), consigue las llaves de la lujosa vivienda familiar de una amiga de posición acomodada mientras sus ocupantes están de vacaciones estivales y decide “ocupar” la residencia y pasar allí una mañana con los lujos que ella no conoce cuando se presenta sorpresivamente Stephan (Quentin Dolmaire) el hermano mayor universitario de su amiga. Este termina aceptando la presencia de la chica e incluso le anima a colaborar remuneradamente en su trabajo veraniego desde casa, hincándose así una relación de amistad bastante peculiar (lindando equívocamente con el romance) que hace a Fifi cambiar en bastantes aspectos por el descubrimiento de un mundo nuevo y desconocido para ella, el de la “normalidad”

Estamos ante una película que sin grandes alardes llega a conmover y que sabe equilibrarse entre el drama y la comedia. No es la típica historia de amor veraniego idílico y es más otras muchas cosas cuya catarsis llega al final de la película, momento en el que descubriremos que Fifi ha cumplido sus verdaderos propósitos. Otro nuevo acierto de la orfebrería cinematográfica francesa.