jueves, octubre 29, 2009

THE GREAT VIDEOCLIP LIBRARY (5). CARTER USM : DO RE ME SO FAR SO GOOD (1992). ALTERNATIVE CARTOONS

Si tuviésemos que citar a grandes bluffs de la historia de la música popular de los últimos 20 años, sería inevitable referirse a Carter The Unstoppable Sex Machine, dúo de Pop-Rock alternativo de gran éxito a principios de los 90, especialmente con su LP 1992 The Love Album (1992), pero que después ni dio pie con bolo ni artística ni comercialmente hablando. Este tema pertenece a aquel aclamado álbum, y pese a que no se trata del tema más popular de aquel - lo fue The Only Living Boy In New Cross- si que tenía uno videoclips más significativos de los 90.

Casi todas las imágenes de este vídeo son de animación, muy al estilo del cómic vanguardista de aquellos años, y la verdad es que tiene su gracia: una curiosa parodia del mundo de la industria musical, en donde estos muchachos entre otras muchas cosas se ríen del “We are the world” y de la portada del Joshua Tree de U2. Un vídeo divertido que sin duda hizo escuela; piénsese en el proyecto Gorillaz de Damon Albarn a principios de la década de 2000.

lunes, octubre 26, 2009

El aparatito de Lumiere - EL IMAGINARIO DEL DR. PARNASSUS (THE IMAGINARIUM OF DR. PARNASSUS)


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Terry Gillian, el único estadounidense de los carícatos británicos Monty Python siempre ha sido un director fuera de serie, aunque en esta década de 2000 parecía gafado. Rompe por fin el maleficio con The Imaginarium of Dr. Parnassus, pequeña gran maravilla que devuelve al cineasta sus mejores épocas, como en Brazil (1984), su obra maestra, o El Rey Pescador (1991). En películas como la misma Brazil, Los Ladrones del Tiempo (1981), 12 Monos (1995) o Las Aventuras del Barón Munchäussen (1989), Gillian hizo gala de un extraño barroquismo fantástico visual surrealista, heredero de su época de autor de secuencias de animación y diseño de producción en las creaciones de Monty Python, que dejó embelesados a público y crítica y que influyó decisivamente en la cultura audiovisual de finales del siglo XX (y principios del XXI). Este sello que parecía en los últimos años perdido, vuelve a recuperarse en la mejor película de Gillian en mucho tiempo, y con mucha, muchísima fuerza. Con este nuevo esfuerzo creativo, ha quedado atrás una larga etapa de sinsabores, que comenzó con el fallido proyecto (rodaje interrumpido) de The Man who killed Don Quixote (2002), el fracaso artístico y comercial de Los Hermanos Grimm (2005) y el desastre total con Tideland (2005), que ni tan siquiera se ha estrenado en España.

Es que Dr. Parnassus no solo es una película fantástica de muchos quilates, sino es la película más autobiográfica y poética del propio director , un homenaje a su propio mundo y a las influencias que han forjado su poderosa imaginación, a través de un extraño y desconcertante personaje central, el Dr. Parnassus (un inconmensurable Cristopher Plummer), un anciano de más de 1000 años y aparente inmortalidad que parece haber estado antes de que el mundo era el mundo y haber habitado en extraños universos paralelos. Su poder es el de poder materializar la imaginación de las personas y hacerlas vivir oníricos pasajes de sueño o de pesadilla, según las personalidades y deseos de estos; todo ello a través de un barroco e inquietante teatrillo ambulante que pulula en los lugares más insospechados de Londres. Una serie de personajes bizarros y asaz irreales, marca de la casa Gillian, colaboran con el anciano en su empresa de materializar la imaginación de los mortales…y enseñarles el camino a la ¿verdad?, inmortalidad?, ¿el Cielo? El mismísimo diablo, con el nombre de Mr. Nick y encarnado por el músico Tom Waits, es el más encarnizado rival del Doctor, quien lucha por hacerse con las almas de las personas que Parnassus y su pintoresca troupe invitan a penetrar en el “espejo mágico”. La irrupción de la escena de Tim, un misterioso joven suicida con amnesia que termina uniéndose a la compañía del Imaginario, da un vuelco a la historia.

Esta película tiene además una extraña y trágica singularidad, y es que es el último film (y póstumo) de Heath Ledger, quien falleció estando rodando la peli. La ausencia del actor en casi la mitad del filme, obligó a Gillian a utilizar un curioso recurso que modificó algunos aspectos del guión y que insólitamente ha terminado por enriquecer la película: el personaje de Tim sufre cambios de imagen/persona una vez entra en el mundo onírico del Imaginarium: Otros tres actores, de la talla de los Johnny Deep, Jude Law, y Colin Farrell, interpretan al “mutado” Tim, en algunas de las mejores secuencias del filme, por cierto. Los tres no cobraron nada por su trabajo, ya que el sueldo fue para la hija de Ledger, a cuya memoria va dedicada la película.

¿Y que decir de el poderío visual del fime? Pues que es sencillamente exultante, sorprendente. En ese aspecto, es la película de Terry Gillian más redonda y perfecta. Una iconografía y un universo conceptual que remiten a los cómics de Little Nemo, a la Papperland de Yellow Submarine, a Alejandro Jodorowsky, a Lewis Caroll, y, cómo no, a las idas de olla de Monty Python, quienes también tiene su momento de homenaje. Una gran idea la de combinar el realismo cotidiano del Londres actual con un mundo de fantasía que parece chirriar de manera escandalosa y terrorífica cada vez que llega a cualquier esquina de la capital inglesa. Verne Troyer (el miniyó de Austin Powers ), y los jóvenes Lily Cole y Andrew Garfield completan el plantel estelar del reparto de este retorcido y simbólico cuento de hadas, tal vez de difícil comprensión (ni el propio Gillian sabe quién es el Dr. Parnassus), pero enormemente sugerente y evocador. Una delicatesen y un regalo para la vista.

viernes, octubre 23, 2009

El aparatito de Lumiere - MOON


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El Primer Premio en el Festival de Sitges y una unánime aclamación de la crítica arropan el inmejorable debut de Duncan Jones, quien firma una fascinante y muy lograda película de ciencia ficción hecha para amantes del género y del cine en general. Más allá de la utilización abusiva de los efectos especiales y del siempre fácil recurso de la acción gratuita, algo muy extendido en los últimos tiempos en el cine fantástico, Moom es una película hermética y pausada, sustentada prácticamente en el trabajo de un solo actor, Sam Rockwell, quien hace un estupendo trabajo. La historia es la crónica de una paranoia espacial, al estilo de Alien (pero sin extraterrestre asesino), y con ecos filosófico-existencialistas herederos de los replicantes de Blade Runner, sin olvidar cierta influencia de 2001 Una Odisea del Espacio, pero sin un ápice de la pretenciosidad metafísica de aquella película. Un escenario, la Luna, en donde en la década de 2010 y ante la falta de fuentes de energía en la tierra el hombre busca extraer su sustento energético; allí el astronauta Sam Bell está a punto de cumplir su solitaria misión trianual de minería lunar, en donde solo goza de la compañía del ordenador parlante Gertie (con la voz de Kevin Spacey, en la versión original). Unas extrañas visiones y la sensación de que hay alguien más en la base lunar, llevan a pensar a Sam que su salud mental está empezando a fallar después de tanto tiempo en el satélite. ¿Qué está pasando?


Con una utilización magistral del factor sorpresa, la película pronto presenta su verdadera naturaleza, la de una historia despistante y sesuda en donde, literalmente, el protagonista se desdobla y con él, el punto de vista del espectador; en definitiva, un prodigio narrativo inarrable. Puede resultar un poco equívoca, pero siguiendo todas las claves y atando cabos, la explicación es sencilla, aunque, los no habituados a la ciencia ficción y a algunos de sus lugares comunes (implantación de recuerdos, intereses de las grandes corporaciones espaciales, hibernación) pueden perderse un poco. Una prometedora opera prima la de Duncan Jones, que dicho sea de paso, es el hijo de David Bowie. Curioso, el primer éxito de Bowie, fue Space Oddity, la historia de un astronauta, el Comandante Tom, que no puede o no quiere salir de su cápsula espacial, la cual termina perdiéndose en el espacio. Una cierta similitud pues con partes del argumento de esta peli, aunque aquella canción era una metáfora sobre las consecuencias nefastas de la droga. Una película recomendable cien por cien y que en muchas ciudades se exhibirá fugazmente, por eso conviene ir l cine a verla cuanto antes.

jueves, octubre 22, 2009

THE GREAT VIDEOCLIP LIBRARY (4). SHEENA EASTON : TELEFONE (LONG DISTANCE LOVE AFAIR) (1983). LA BELLA Y LOS MONSTRUOS

La escocesa Sheena Easton fue una efímera Pop Star de principios de los 80, que gozó de más éxito en EEUU y en varios países de Europa que en el Reino Unido. Pero aunque logró varios discos de oro en USA a principios de los 80, su estrella no brilló mucho tiempo, y ya en la segunda mitad de dicha década, tuvo que relanzar su carrera interviniendo como actriz en la serie Miami Vice, en donde interpretaba a la esposa cantante del detective Sonny Crocket. Su éxito más celebrado, fue con esta canción cuyo vídeo ahora recordamos, y que llegó al número 9 en las listas americanas en 1983.

Pero lo que de esta pegadiza y resultona canción Synth Pop muchos recuerdan es su fenomenal vídeo, rodado en blanco y negro y que rendía homenaje al cine de terror de los años 30. Aquí, la atractiva escocesita, caracterizada de diva del cine de principios del siglo XX, interpreta el tema en la habitación de una gótica mansión mientras recibe la visita de el Monstruo de Frankenstein, el Conde Drácula, el Jorobado de Notre Dame, y finalmente, King Kong. Un video muy bien rodado y con unos actores excelentemente caracterizados de Boris Karloff, Bela Lugosi, y Lon Chaney Jr. en sus míticos alter egos terroríficos. Este vídeo era de la época del Thriller, de Michael Jackson, de allí el oportuno recurso del manierismo terrorífico cinéfilo, y el olvido en el que ha caído con el paso del tiempo es bastante injusto, la verdad.

lunes, octubre 19, 2009

CHAVALES FRENTE A LA AVENTURA: LOS LIBROS QUE LEÍAS



En el del siglo XX surgió un fenómeno editorial dentro de la literatura infantil que se convirtió en algo enormemente lucrativo para autores y compañías editoriales: las series de libros para niños sobre personajes concretos, que comenzó en serio en los años 20 con Just William (Guillermo el Travieso) de Richmal Crompton. Estas colecciones lanzaban uno, dos o haste tres títulos al año o cada dos años y ya las primeras (caso del ya citado Guillermo) tendieron a prolongarse en el tiempo por espacio de décadas y décadas, pese a que los pequeños protagonistas permanecían perennemente en la infancia y apenas crecían. Las primeras series literarias infantiles del siglo XX nacieron en el Reino Unido y Estados Unidos, pero pronto se expandieron y tradujeron por todo el mundo. Los primeros ejemplos de este, digamos, subgénero literario (aunque sería más correcto decir editorial) tenían como protagonistas a niños y niñas traviesos o ingeniosos que pronto se buscaban la complicidad y simpatía del pequeño lector, el cual se enganchaba al personaje y su mundo y deseaba la pronta aparición del siguiente número de la serie para devorarlo con fruición. En la primara mitad del siglo XX, Guillermo el Travieso, o Santa Clara de Enid Blyton (revadora del género literario infantil) presentaban historias cotidianas y costumbristas ambientadas muchas veces en colegios o internados, con mucho humor pero también con cierta intencionalidad didáctica hacia el público infantil. Eran aventuras escritas muy al estilo anglosajón, influenciadas por la literatura infantil de Mark Twain (Tom Sawyer, especialmente) y narradas en diferentes volúmenes, cada uno con una historia sobre el personaje, personajes o entorno autoconclusiva (a veces eran diferentes capítulos-historietas independientes), que lograron embrujar a niños y niñas de todo el mundo y que engordaron las arcas de sus autores y de las editoriales, cuando aún el término de franquicia y los derechos de copyright y sindicación no se habían estandarizado del todo. El rasgo más llamativo era el hecho de que los niños eran los protagonistas absolutos de esos libros, y que todas sus vivencias allí descritas giraban en torno al propio mundo infantil y a su percepción de la vida. No era esto algo nuevo en la literatura para niños, pero la popularización de estos títulos extendió la tendencia en diferentes campos como el cine, la televisión o el cómic. En España, en los años 30 Elena Fortún adoptó el formato de libros serializados para el público infantil con sus personajes de Celia y Cuchifritín.

No obstante, en la segunda mitad del siglo XX las series de libros infantiles experimentaron una significativa “reinvención” con el surgimiento de una nueva línea argumental, que iba más allá de las travesuras o las historias cotidianas: las aventuras vividas por niños. Tomando como inspiración la literatura de aventuras (Haggard, Verne, Salgari) y el género detectivesco (Doyle, Christie) pero enmarcando las historias en más o menos inocentes ambientes infantiles sin la parafernalia adulta de las novelas de eso géneros, tras la Segunda Guerra Mundial, varias pandillas de chavales y chavalas y algún que otro infante por su cuenta y riesgo se lanzaron desde las páginas de los libros a trepidantes aventuras de acción, suspense, detección, aventura e incluso terror. El gran éxito en las últimas décadas del siglo pasado de varias de esas series les otorgó una gran longevidad y un buen número de volúmenes publicados en cada colección, pero sobre todo lograron enganchar a la lectura a un buen número de nuevos lectores a lo largo y ancho del globo, que gracias a estos libros conocieron uno de los más grandes placeres de ser humano: la lectura

Efectivamente, sería imposible hacer un análisis coherente de la literatura para niños y niñas en el siglo XX sin tener en cuenta series de libros de la décadas 40, 50, 60 y 70 tan legendarias y con multitud de lectores como Los Cinco o Los Siete Secretos, de la británica Enid Blyton, Los Tres Investigadores o Los Hollister, creaciones americanas firmadas por varios autores en una misma serie. El nexo de unión de estas colecciones era que estaban protagonizadas por grupos de chavales (amigos, hermanos o primos) los cuales vivían aventuras en las cuales eran peseguidos por delincuentes, descubrían tesoros, visitaban casas fantasma, llegaban a parajes inexplorados o con secretos, investigaban casos detectivescos o ayudaban a los adultos a resolver grandes entuertos. Y todo ello sin la ayuda (o ayuda mínima de los mayores), ello solitos. Este género de los “niños aventureros y exploradores” gozó de gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX y fue leído por millones de niños y niñas de diferentes generaciones, los cuales no se cansaban de disfrutar de las andanzas de sus personajes favoritos, chavales como ellos, en las diferentes aventuras que una tras una iban leyendo. ¿Quién que tenga ahora entre 30 y 50 años no ha oído hablar nunca de Jupiter Jones, la Isla Kirrin, el tio Quentin, Shoreham, Timmy,o el rolls de Worthington?. Las antes citadas, tal vez fueron las series de niños aventureros más conocidas, pero también hubo otras muchas hasta la década de los 80, que también trataremos de recordar en este artículo. Así mismo, es justo mencionar la existencia de otras series de libros coetáneas que sin pertenecer exactamente al estilo “aventurero-detectivesco” infantil de las anteriores, como Puck de la danesa Lisbeth Werner. Unas y otras series, protagonizaron la infancia de muchos de lso adultos de hoy, especialmente de aquellos que hoy tienen (tenemos) entre 30 y 40 años, en la época de mayor consumo de productos infantiles, la década de los 80, como consecuencia del Baby Boom ibérico acaecido en la década anterior.

La creación de los libros de niños aventureros corresponde sin duda a Enid Blyton (1897-1968). Esta británica comenzó su actividad literaria en 1922 en el género de la poesía infantil, aunque pocos años después ya comenzó a escribir libros narrativos para niños. Hasta su retirada en 1967 (año en que contrajo la enfermedad de Alzheimer de la cual moriría al año siguiente, la Blyton escribió un total de 753 títulos, todos ellos libros infantiles (narrativa, no ficción, poesía, relatos), con una media de i16 libros al año!. Su vastísima obra es una institución en las letras británicas y sus libros son conocidos en todo el mundo. Es la quinta autora mas traducida del mundo y se calcula que ha vendido más de 600 ejemplares de sus libros, entre los que se encuentran algunas de las series de novelas infantiles más conocidas de todos los tiempos, entre ellas las primeras series de aventureros infantiles de la historia de la literatura: Famous Five (Los Cinco) (1942-1963), Five Find-Outers and Dog (Los Cinco Pesquisidores y el Perro) (1943-1961) y Secret Seven (Los Siete Secretos) (1949-1963). También creó otras similares series como Barney Mistery o The Adventure además de otras de ambiente colegial como St. Clare o Malory Towers o más infantiles como Amelia Jane o los cuentos del hombrecillo de madera Noddy. No obstante, su serie más popular es sin duda Famous Five, conocidos en los países de habla hispana como Los Cinco.

El primer libro de Los Cinco apareció en 1942 y hasta 1963 se editaron 21 volúmenes de sus aventuras, en los que como todo héroe infantil que se precie, apenas crecieron en el transcurso de 20 años. Varias generaciones de pequeños lectores de todo el mundo quedaron prendados de sus aventuras, y bastantes años después de la muerte de su creadora continuaban entre los libros infantiles más vendidos. Su reinado duró prácticamente hasta comienzos de la década de los 90, manteniendo toda su frescura y poder de atracción, aunque hoy en día se calcula que cada años se venden más de 2 millones de ejemplares de los libros de Los Cinco. En resumidas cuentas, la más exitosa serie infantil de libros de la historia.

Los Cinco eran cuatro niños y un perro, los hermanos Julian, Dick y Anne Kirrin, su prima Georgina “George” Kirrin, y el perro de esta, Timmy. Juntos viven increíbles aventuras - siempre en periodo vacacional- explorando cuevas, descubriendo botines, topándose con estancias secretas, aclarando enigmas, desbaratando planes delictivos y ayudando a personas en apuros. En el primer volumen, Five on a Treasure Island (Los Cinco y la Isla del tesoro), los tres hermanos viajan por primera vez a la Isla Kirrin, en donde reside casi retirado su Tío Quentin, un célebre científico, y su familia, a los que Julian, Dick y Anne conocen por primera vez. Georgina, la hija del Tío Quentin y la Tía Fanny, es una chiquita problemática, de más o menos la misma edad que sus primos, que se viste y comporta como un chico e insiste en ser llamada George, y resulta cabezota, temperamental e impulsiva. Pese a las reticencias iniciales entre los primos, al final los tres hermanos y su prima (y Timmy), descubren su pasión común por la aventura, se hacen amigos y cada verano Julian, Dick y Anne viajan a Isla Kirrin para pasar las vacaciones junto a sus tíos, y por supuesto, reunirse con George y Timmy, siempre viviendo diferentes aventuras. Julian, el mayor de los chavales, será el líder de Los Cinco, responsable, valiente y atlético, parece el típico líder inmaculado, a veces demasiado pedante. En el primer libro tiene 12 años, uno más que su hermano Dick y que su prima George. George aparece como el miembro más carismático - y humano- del grupo, siempre problemática pero al final la más templada de todos. Blyton se inspiró en ella misma de pequeña para crear su personaje más personal. Dick era el miembro gracioso del grupo y Anne, la pequeña con 10 años al principio de la serie, la típica niña asustadiza, maternal y delicada a la que el resto de chavales tenía que cuidar, además de ser reticente a meterse en los líos en los que los Cinco muchas veces se metían. Timothy o Timmy, el perro, era el típico can leal que acompañaba a los chavales en todas las aventuras y muchas veces les sacaba de apuros gracias a su fiereza contra los villanos. En pocas series infantiles de este tipo un perro tenía tanto rango “humano” como en Los Cinco, donde era uno de los protagonistas mentados en el título de la colección.

Las aventuras de los Cinco eran entretenidas, inocentes, pero con muchísimo respeto por la inteligencia infantil, de la que estos chavales trataban de ser estandarte. Esta serie y otras de Enid Blyton fueran la principal influencia de otras de niños aventureros/detectives posteriores en todo el mundo. Los libros de Los Cinco fueron editados en el Reino Unido inicialmente por Hodder & Stoughton; en España los editó desde finales de los años 50 la desaparecida Editorial Juventud de Barcelona, que editó la mayor parte de la obra de Enid Blyton en España. Esta editorial continuó publicando la colección de Los Cinco hasta mediados de los 90, y siempre con buenísimas ventas y atrayendo a diferentes generaciones de lectores. Esta editorial, especializada en publicaciones infantiles y juveniles (editaba en España los cómics de Tintín), apenas modificó el diseño original de los libros de los Cinco de finales de los 50, y a los lectores de los años 80 nos parecía un poco rancio, la verdad. Pese al ambiente genuinamente británico de las historias de Los Cinco, a los críos de otros países del mundo no les costó familiarizarse con las campiñas inglesas, los picnics, las costas escarpadas y las ginger beers (cervezas de jengibre). Ese ambiente campestre, lúdico y veraniego que Blyton creó para Los Cinco irá siempre asociado a las los libros de aventuras de pandillas de chavales.
Curiosamente, en algunos países las aventuras de Los Cinco no terminaron en la década de los 60; en Francia, en donde gozaron de gran éxito, se publicaron hasta 25 nuevas novelas de Los Cinco por un tal Claude Voilier, debido a la adquisición de los derechos de los personajes por parte de una editorial francesa. Se editaron entre 1971 y 1984, siendo la mayor parte de ellos traducidos posteriormente al inglés. También ha habido en la década de los 80 varios libros de Los Cinco del tipo de Elige tu propia aventura, además de seriales radiofónicos, tres series de televisión (dos de imagen real y una de animación), cómics y hasta un musical, en 1997.

Enid Blyton también dio luz a otras dos series de aventuras de grupos de niños que también han gozado de enorme fama en todo el mundo, aunque sin llegar a los extremos de Los Cinco. Fueron las ya citadas Los Cinco Pesquisidores y el Perro (Five Find-Outers and Dog) y Los Siete Secretos (Secret Seven). Ambas series coexistieron en el tiempo con Los Cinco, y aunque mantenían similitudes con aquella, también es cierto que en algunos aspectos resultan algo diferentes. Los Cinco Pesquisidores, era una colección de novelas en donde los chavales protagonistas se enfrentaban a casos más policiales y detectivescos que a los que los Cinco hacían frente. El ambiente era más urbano, localizado en la ficticia ciudad de Peterswood, en Buckinghamshire y el tono era más humorístico, y por así decirlo, británico. Los Pesquisidores de marras eran Frederick Fatty Trotteville, el gordito líder, locuaz, ingenioso, inteligente, con don de gentes y as del disfraz, los hermanos Larry y Daisy Daykin, y los también hermanos Pip y Bets Hilton, además del perro Buster, mascota de Fatty. Estos chavales, en especial los hermanos Hilton (vaya premonición), eran más bien de clase alta aunque no resultaban especialmente remilgados, aunque si algo cursis. Fatty tenía dinero para dar y regalar. Los Pesquisidores actuaban más en plan detective y empleaban técnicas de detección y resolución de enigmas propias de novelas de misterio, gracias a la inteligencia de Fatty. Las novelas de detectives fueron clara inspiración para esta serie, y no en vano las 15 aventuras escritas entre 1943 y 1961 todas comienzan con las palabras El Misterio de… Esta serie influyó bastante en otras similares posteriores como la norteamericana The Happy Hollisters. También eran un club de detectives infantiles los Siete Secretos cuyas 15 aventuras se escribieron entre 1949 y 1963 y tras Los Cinco, fueron la serie de misterio de Enid Blyton más conocida en España, aunque yo no leí ninguna de sus novelas, por lo que poco puedo decir. Las aventuras de este grupo de críos (cuatro chicos y tres chicas, aunque acompañados por el perro de turno) se situaban durante el curso escolar.
La moda de los libros sobre niños resuelvemisterios alcanzó a todas partes del globo y llegó a Estados Unidos. Allí nacieron dos famosísimas series que en España gozaron de enorme aceptación y cuyos títulos fueron reeditándose año tras año con el mismo o más éxito en algunos casos que las creaciones de Blyton. En 1953, surgieron The Happy Hollisters (conocidos en castellano como Los Hollister) de los que se editaron 33 volúmenes hasta 1970. Podemos decir que Los Hollister eran la respuesta americana a Los Cinco, aunque sus andanzas eran más detectivescas, más cosmopolitas (se recorrieron casi toda Norteamerica y muchas partes del mundo), más sofisticadas y también bastante ñoñamente yanquis. Los Hollister eran cinco hermanos que en 17 años no variaron sus edades, Pete, el mayor de 12, Pam, de 10, Ricky, de 8, Holly, de 6 y la pequeña Sue, de 4. Los chavales resolvían casos y misterios (muchas veces había varias tramas en un mismo libro) en donde pululaban una gran cantidad de personajes secundarios, tanto aparecidos solo en un volumen, como recurrentes en diferentes libros de la serie. Los diferentes volúmenes de la serie están firmados por Jerry West, en realidad un pseudónimo creado por la agencia Straetemer Syndicate, quien decidió crear esta colección encargando a Andrew E. Svenson la escritura de los diferentes libros y la creación de los diversos personajes y aventuras, inicialmente bajo la supervisión creativa de la propia empresa. Al parecer, Svenson se inspiró en sus propios hijos para crear a los hermanos Hollister. Inicialmente Happy Hollisters fueron publicados por la editorial Garden City para luego pasar a Doubleday, obteniendo gran éxito y siendo traducidos a partir de principios de los 60 a varios idiomas, entre ellos el castellano. La editorial Toray comenzó a publicar en España Los Hollister a finales de los 60 y mantuvo en catálogo los diferentes títulos hasta bien entrados los 80, década en la que todavía sus libros eran de los preferidos entre la población infantil de toda Europa. No obstante, en USA, los Hollister empezaron a languidecer y hoy día ya no reimprimen sus libros en dicho país, como tampoco en el resto del mundo, siendo los rastros y librerías de ocasión los únicos lugares donde uno puede hallar ahora en venta libros de Los Hollister. Una pena, dada la significación sentimental de estos libros para gente que hoy tiene entre 30 y 45 años.

La familia Hollister vivía en la ficticia localidad costera de Shoreham, en un Estado indeterminado. El padre era propietario de un pequeño establecimiento donde se podía encontrar de todo y la madre era la perfecta ama de casa. Los padres muchas veces ayudaban a sus retoños a resolver los casos, de hecho lo “Felices Hollister” se consideraban así mismos una familia de detectives. En los primeros números de la colección, los Hollister se encontraban con la aventura frente a frente, al estilo de los Cinco, pero posteriormente ya resolvían casos casi por encargo, como una agencia de detectives. Los cuatro hermanos mayores, junto con sus amigos Dave, Donna y Jeff montaron a mitad de la serie el Club de Detectives de Shoreham, que en varias aventuras es quien se dedica a resolver el enigma. Las historias de los Hollister parecían propias de serial americano, con subtramas de relleno, personajes “invitados”, alguna anécdota humorística propia de comedia de situación y personajes bastante estereotipados. Pete, el cerebro del grupo, era tan listillo y locuaz (¿Que líder de un grupo de niños detectives no lo era?) que daba asco, Pam era muy marisabidilla también, Ricky un niño gracioso insoportable, Holly una ñoña, y Sue, de 4 añitos, el inevitable elemento entrañablemente humorístico debido a su corta edad y su reducido vocabulario. A ella le correspondía cerrar casi todos los libros de los Hollister con la inevitable frase Punch Line final. Tampoco faltaban los malos de turno, que en este caso eran dos chavales del pueblo que se dedicaban a incordiar a los Hollister, Joey Brill y Will Wilson. Las ilustraciones de Helen S. Hamilton eran curiosamente naives y fielmente encarnadoras del American Way of Life. En los años 70, Toray modificó las portadas de la serie con ilustraciones exclusivas mas estilizadas y con el distintivo color naranja de la parte superior de la tapa

Mucho más auténtica que Los Hollister resultó otra serie americana, The Three Investigators (Los Tres Investigadores), tal vez después de Los Cinco, la pandilla de pequeños aventureros más conocida y leída en todo el mundo. Nació en 1964, cuando ya los chavales creados por Enid Blyton habían dejado de protagonizar aventuras originales, y fueron su relevo natural, pese a las diferencias entre ambas series. Es la colección más prolífica, con 43 títulos originales publicados entre 1964 y 1987, sin contar las 13 novelas de la segunda etapa editorial (¡publicadas solo entre 1989 y 1990!), los 94 títulos publicados en solo Alemania desde 1993 (algunos traducidos al inglés), y los 41 libros de The 3 Investigarors Kid Series, una especie de precuela con los protagonistas con solo 10 años que comenzó en 1999. Estas dos últimas colecciones aún continúan en Alemania, el país en donde estos libros han tenido más éxito.


Como todo el mundo de “taitantos” sabe a estas alturas, el título original de la serie, creada por Robert Arthur, Jr,, era Alfred Hitchcock and the Three Investigators (Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores) , ya que su autor pensaba que el nombre del famoso director de cine, que era además uno de los personajes, sería un buen reclamo. El rey de Suspense cobró hasta su muerte una cantidad por derechos de imagen y hoy día es inevitable asociar a Los Tres Investigadores con la figura de Hitchcock, hasta el punto que no pocos creen que fue él el creador de la serie de libros. El papel del cineasta en los volúmenes en los que él aparece - hasta el nº 30, publicado en 1979, un año antes de su muerte - era el de mentor de los tres chavales protagonistas, a los cuales presentaba un caso, le asesoraba a veces durante su resolución y al final de cada libro mantenía una conversación con ellos sobre el transcurso de la investigación. Los libros de esta primera etapa (a partir de 1981 pasaron a llamarse The Three investigators in…) contenían un prólogo pretendidamente escrito por el propio Hitchcock, pero en realidad obra de Arthur y el resto de escritores que se hicieron cargo de la serie, en total cinco en la serie “clásica”. Aunque Robert Arthur dejó la serie en 1969, supervisó las historias y trazó algunos argumentos durante varios años.

¿Y quienes eran los Tres Investigadores? Pues tres chavalotes de sexo masculino de unos 13-14 años que vivían en Rocky Beach, una apacible pueblecillo californiano ficticio no muy lejos de las colinas de Hollywood. En el primer número de la serie, El Misterio del Castillo del Terror, deciden montar una agencia de detectives en toda regla, recibiendo ayuda puntual de Mr. Hitchcock, y especializándose pronto (desde la primera aventura) en sucesos relacionados con lo extraordinario, lo paranormal, o lo terrorífico: momias, fantasmas, esqueletos, y misterios de todo tipo caerán en sus manos, al final descubriendo que tras tales aparentemente extraordinarios sucesos había siempre algún impostor y nada de sobrenatural, aunque también es cierto que muchas veces investigaron casos de robos. Estaba claro que el mecenazgo virtual de Hitchcock era carta blanca para que estos tres teens californianos viviesen aventuras propias del cine de suspense o más bien el de terror. Los 3 investigadores eran Jupiter Jones, el cerebro del grupo, un chaval de gran inteligencia y madurez para su edad, antiguo actor infantil y muy bien relacionado con el mundo del Show Bussiness (por ello conocía a Alfred Hitchcock), Pete Crenshaw, un chico atlético y especialista en trabajos de acción y detección “crime-scene”, y Bob Andrews, un empollón gafoso especializado en búsqueda de documentación y estudio meticuloso de pistas. Los tres tienen su sofisticado cuartel general en un viejo camión cerca del jardín de los tíos de Jupiter, quienes se hacen cargo de la tutela del muchacho, huérfano. Con sus tarjetas de visita con el emblema de los tres interrogantes, los chavales resuelven sus enigmas desplazándose a bordo de un Rolls Royce que Jupiter consiguió en alquiler en un concurso radiofónico, aunque posteriormente los chicos se lo quedarán casi a perpetuidad, con el fiel chofer inglés Worthington al volante.

En 1981, tras la muerte de Hitchcock, los 3 Investigadores tendrán un nuevo mentor hasta el final de la primera serie en 1987, el detective Hector Sebastian, un personaje inventado. En las reediciones norteamericanas de los volúmenes de la “etapa Hitchcock”, las menciones al director se omiten así como las introducciones del director se ven sustituidas por otras “hechas” por Sebastian. No obstante, en España los volúmenes de Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores son con mucho los más conocidos y de hecho la mítica Editorial Molino, que se encargo de editar en España las aventuras de los Tres Investigadores desde finales de los 60, siempre obtuvo más ventas de estos 30 primeros volúmenes. Las historias de Jupiter, Pete y Bob eran entretenidas, bien escritas, inteligentes aunque algo previsibles, ya que siempre tenían el mismo esquema. Los tres chavales estaban desigualmente presentados en sus páginas, ya que el carismático Jupiter Jones con mucho era el personaje central y los otros dos, meros comparsas. Prácticamente, todos los elementos de los mitos del terror, de las historias de fantasmas y de lo sobrenatural se dieron cita en estos libros. Cuando se dio el cese de la serie original en 1987, el público de varios países, entre ellos España, donde tuvieron gran éxito en los 70 y 80, estaba perdiendo el interés en ellos y de hecho los últimos títulos de la etapa de Hector Sebastian tuvieron muy poca repercusión. Por ello, la siguiente “temporada” que la ediorial Random House inauguró en 1989 subtitulada The Crimebusters Series (en donde los protas tenían ya 17 años), lazando volúmenes en poco más de un año a la velocidad de la luz, no tuvo apenas éxito en España, ya que los hábitos de lectura de los chavales de la nueva generación eran diferentes a las de sus padres o hermanos mayores. No obstante, el éxito internacional de la serie ha sido masivo, y en países como Alemania son todavía todo un fenómenos editorial, con casi 100 volúmenes originales editados por la editorial teutona Kosmos desde 1993 (10 de ellos publicados en EEUU traducidos al inglés), más de 100 dramatizaciones radiofónicas basadas en títulos de las series americanas y alemanas (algunas publicadas en disco con gran éxito de ventas) más populares que los libros, una serie de 41 libros precuela (The Kid Series), e incluso libros para aprender inglés.

No sería justo omitir en este recuerdo otras series de libros de jóvenes aventureros que llegaron fuera del mundo anglosajon y que a buen seguro forman parte de la educación sentimental de muchas personas de treintaitantos o cuarentaitantos. En Francia nació Los seis amigos (Les six compagnons) (1961-1988), editados España por Toray. En Alemania, en donde este género goza de una gran receptividad surgieron Pakto Secreto (TKKG) (1981- ), que aún continua en el país germano y que tuvieron gran popularidad en la península Ibérica a finales de los 80 . En España los intentos de crear pandillas de jóvenes exploradores patrios no conocieron el éxito, y ni Los Bloc (editados por Juventud a principios de los 70), Diez en acción, y Los Jaguares pasaron de ser nunca una serie B en el género.

Muchas aventuras, muchos misterios que resolver, mucha amistad, muchas páginas, grandes emociones. Eran los libros que leías y con los que creciste.

viernes, octubre 16, 2009

El aparatito de Lumiere- AGORA


Alejandro Amenabar se ha convertido, con permiso de Almodovar (hasta el parecido en el apellido es revelador) en el director español más reconocido internacionalmente. Tras la aventurilla americana de Los Otros (2002) y el Oscar de Mar Adentro (2004), el director madrileño nacido en Chile parecía lanzado en cohete hasta el estrellato, aunque se ha hecho esperar bastante tiempo, concretamente cinco largos años desde su último filme. Sorprendió anunciando si intención de rodar una superproducción ambientada en la Alejandría (¿algo que ver con su nombre?) de los últimos días del Imperio Romano, es decir, un péplum en toda regla que hasta el momento es la película más cara de la historia del cine español, aunque gran parte (más o menos la mitad) de su equipo técnico sea extranjero y en el reparto no haya un solo rostro hispánico. Ágora se había presentado como una película contra la intolerancia, el fanatismo, y el triunfo de la razón frente a superstición, encarnada por el fundamentalismo religioso. El marco espacial, Alejandría en el siglo IV d.c, ciudad egipcia bajo el yugo de Roma convertida en aquel tiempo en el epicentro del saber universal gracias a la mítica Biblioteca, en donde se reunían todas las principales obras del saber de la antigüedad. La figura central, Hipatia, astrónoma y filósofa de importante renombre en su ciudad, una de las escasísimas sabias de la antigüedad o al menos de las únicas cuyo nombre ha perdurado, y cuya obra se perdió. El elemento catalizador de la historia, la lucha encarnizada en aquella ciudad entre los paganos, los cristianos (recientemente “legalizados” en el imperio) y los judíos, cada uno luchando en realidad por sus parcelas de poder, más que por extender sus creencias. Una materia prima de primera para una gran película ¿verdad? Pues bien, Amenabar no ha sabido aprovechar al máximo todos esos elementos y el resultado es una película sosa, sin relieve, y que cuidadando más al forma que el fondo, decepciona a todos aquellos que esperaban un buen trabajo cinematográfico.

Amenabar, ¿genio?, ¿farsante?, ¿sobrevalorado? Si uno analiza fríamente su filmografía vera que “no es para tanto”, teniendo en cuenta además que Mar Adentro era una película tramposa y efectista. No se le puede reprochar al director el no saber dirigir bien una gran producción (resulta mejor y más creíble que muchos directores americanos del ramo), ni tener buen tino para rodar buenas escenas (batallas, planos realmente conseguidos en secuencias antológicas) y captar bellas imágenes, pero como narrador es torpe, limitado y convencional. Junto con su colaborador habitual y compañero sentimental Mateo Gil ha firmado un guión íque podía dar mucho más de s, pero se pierde en un acople imposible de temas (la lucha religiosa, los descubrimientos científicos de Hipatia, y los conflictos políticos de poder) y deja al espectador con una sensación total de “¿aquí no falta algo?”. Por otra parte, en su oportuna crítica al fanatismo religioso y político (equiparable a nuestros días, por increíble que parezca) se le va la mano con los cristianos y al final terminan caracterizados como villanos de opereta. Habrá críticas desde la jerarquía eclesial, seguramente, que la tacharán (exageradamente) de anticristiana. La verdad es que esta es la típica película que irá a ver todo el mundo creyendo que se va a encontrar con otra cosa, y al final decepcionará a todos por una u otra razón: un sector del público creerá que se trata de una peli de acción al estilo Gladiator (y no lo es en absoluto), las feministas irán a hacer al ola creyendo que va a ensalzar la figura de Hipatia como mujer condenada por ser sabia en un mundo de hombres (y esto lo hace de manera testimonial), y los aficionados a la Historia clásica y la filosofía antigua creerán que es una película intelectual (y muy poco de ciencia aparece, aunque a más de uno en el público puede que le parezca indigesta). Por si fuera poco, anacronismos de juzgado de guardia terminan de dar la puntilla de mediocridad: obsérvese el plano donde aparece una reproducción de la Loba Capitolina con las figuras renacentistas de Rómulo y Remo

La interpretación de Rachel Weisz como Hipatia, es de recibo, cosa que no se puede decir del resto del reparto, conformado por en su mayoría desconocidos intérpretes internacionales. Despliegue técnico de primer orden y buena escenografía pero poca chicha. Esta haciendo unas taquillas impresionantes, el cine español puede que cuadre las cuentas en este 2009.

domingo, octubre 11, 2009

THE GREAT VIDEOCLIP LIBRARY (3). DAVID BOWIE : LET´S DANCE (1983). LAS ZAPATILLAS ROJAS DEL DUQUE BLANCO

Aunque Mr. David Bowie tiene en su currículum una buena terna de videoclips memorables, además de haber sido pionero como imagen de este “arte” a principios de los 70, son de especial referencia sus vídeos de primeros de la década de los 80, dirigidos la mayoría por él mismo en colaboración con David Mallet. Un ejemplo, su maravilloso, Ashes to Ashes (1980), el vídeo más avanzado durante muchos años y que incluso hoy en día resulta una experiencia visual inolvidable. No obstante, ahora nos ocupa el vídeo de Let´s Dance, la canción estrella del LP del mismo nombre, el disco de Bowie más vendido.

El pequeño filme en cuestión es uno de los más célebres de Bowie, aparte de corresponder a su tema más popular de los últimos 30 años: Sin grandes alardes técnicos, el vídeo nos narra una historia, una moderna adaptación del mito de las Zapatillas Rojas rodado en Australia (en Sidney, mayormente), y con una tierna pareja de adolescentes aborígenes como protagonistas. Una crítica al poder corruptivo del progreso y la civilización que hipotéticamente destruye la inocencia de la vida aborigen en las Antípodas. David, teñido de rubísimo y cultivando el Funk Pop y la Dance Music en el disco más comercial de su carrera, hace varias intervenciones a lo largo de la filmación interpretando el tema y brevemente como actor en las secuencias dramáticas. Uno de los vídeos más célebres y recordados de los 80, y con un David Bowie que si bien ya había entrado en una decadencia creativa, seguía siendo uno de los músicos de referencia de la música popular.

sábado, octubre 03, 2009

El aparatito de Lumiere (programa doble) - GORDOS / [REC 2]



GORDOS

**

El cine español anda últimamente algo desorientado, e incluso cuando se pretenden hacer experiencias cinematográficas a priori estimulantes y atractivas, como es el caso de Gordos al final todo se queda en agua de borrajas. La nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, el que fue brillante y prometedor director de Azuloscurocasinegro, es una película poco usual, que mezclando comedia de personajes, comedia romántica, melodrama, drama y bastante erotismo (o mejor dicho, presencia del sexo), intenta fallidamente hacer una visión crítica de ciertos aspectos de la sociedad actual que peca de demasiado ambiciosa y poco clara: aquí se trata de tocar tanto la inconsistencia de las ayudas al prójimo “mal hechas”, las consecuencias del egoísmo y la egolatría con los más cercanos, la obsesión hipócrita por agradar, y el culto a los cánones calificados de “correctos”, tanto físicos como morales. Un lio de temática, ciertamente, además de pretenciosa, a la que además se suman otros temas menores que terminan por llevar a la nada una premisa que un principio se planteaba sólida. Una serie de personajes con problemas de sobrepeso que se someten a una terapia con un psicólogo, con consecuencias diversas en cada uno de ellos en función de su propia situación de partida, su propia problemática y su personalidad, configuran un divertido pero poco consistente fresco de diversas historias cotidianas, tan entrañables y divertidas como artificialmente forzadas.

No se puede reprochar al director el esfuerzo de contar una historia (o historias) desde un enfoque novedoso y arriesgado, como es el de llevar a cabo una narración basada en la causa-consecuencias y rodada durante más de un año en intervalos temporales, por exigencias físicas del devenir la propia historia, pero el batiburrillo de temáticas que al fin de cuentas solo están meramente esbozadas y la torpe e inacabada interconexión de las diferentes tramas, no son precisamente lo que más ayuda a una película con unas fronteras de género tan débiles como esta. Es que, si bien el tono es de comedia en diferentes vertientes, los momentos de drama emergen en momentos poco oportunos y el espectador nos abe donde atenerse. Eso sí, una disfruta cantidad con la presencia de unos encantadores y entrañables personajes interpretados por un reparto eficaz, aunque no siempre se explota debidamente todo el potencial de estos: un psicoterapeuta de “gordos” ambicioso pero despreocupado de su matrimonio (Roberto Enriquez), su mujer, una joven embarazada traumatizada por su sobrepeso adquirido (Verónica Sanchez), un cuarentón gay que volvió a engordar tras haber adelgazado para una agresiva campaña publicitaria (Antonio De La Torre, un obeso policía demasiado inconsistente como para adelgazar un ápice (Fernando Albizu) y con una familia también tendente a las adiposidades, una exitosa ingeniera que se venga de su propia ¿felicidad? Engordando, y una joven a punto de casarse (Leticia Herrero) y capaz de todo con tal de satisfacer a su déspota y novio, un trasnochado y sexualmente deprimido Legionario de Cristo (Raúl Arévalo). Hay más personajes todavía, pululando alrededor de los presentados. Dentro de las buenas interpretaciones, hay que mencionar a Leticia Herrero, un encanto de chica que se mete en el bolsillo al público en la primera película de esta joven instructora de autoescuela metida a actriz.

Muchos de los actores adelgazaron o engordaron para esta película, antes o durante el rodaje, durante espacio de una año y para adecuar su aspecto al transcurso de la historia. También son bastante llamativas las explícitas escenas de sexo, el cual cumple un papel fundamental en la peli, realizadas con buen hacer y con sentido del humor. Una película para divertirse, reírse, pensar a veces, pero que, nada, no consigue llenar. El tonto final y lo absurdo de algunas situaciones tampoco ayudan mucho, a decir verdad. En fin, que se ha perdido la oportunidad de hacer una muy buena película.




[REC]2




***y 1/2

Hace dos años Jaume Balagueró y Paco Plaza firmaron la mejor película de terror de la historia del cine español, [REC], una original cinta que partiendo de la moda del falso documento audiovisual verídico narraba una descabellada pero inteligente historia de terror rodada a tiempo real. El éxito de crítica y público y el hecho de ser considerada ya una película de culto por los amantes del cine de terror de todo el globo terráqueo (con una versión americana incluida, Quarantine (2008), de la que nada puedo decir puesto que no la he visto), ha animado a sus responsables a hacer una secuela con las mismas premisas estilísticas y narrativas que su predecesora: falsa rodaje con cámara de video a cargo de los protagonistas, tiempo real, efecto docu-realista, y como no, sustos, golpes, sangre, angustia y acción espídica a patadas. La primera parte dejó un listón muy alto, y en esta ocasión Balagueró y Plaza han logrado una más que digna continuación con los mismos ingredientes pero con novedosos condimentos, aunque, eso sí, ya no existe aquel efecto sorpresa de [REC] y con ello se pierda el encanto y el sello de aquella magistral película de género.

La acción de [REC]2 comienza pocos minutos después del final de la primea parte, y a falta de la cámara de los periodistas de aquella primera entrega, aquí los “ojos” de la película son los de una cámara de los GEO, los primeros nuevos visitantes del inquietante edificio barcelonés en donde ocurren espeluznantes acontecimientos, el aparato de video de unos quinceañeros que se cuelan casi por casualidad en el edificio, y por último … Es destacable que con respecto al primer filme, la premisa argumental sufre un significativo giro, y lo que antes era un planteamiento de cine de zombies (aunque “vivos”, de condición adquirida víricamente ) se convierte ahora en un filme de posesiones satánicas. ¿Inseguridad?, ¿excusa para superar un planteamiento ya explotado de sobra?; pero una cosa es cierta: no hay nada cantoso ni incoherente en el devenir de esta historia ni tampoco con relación a la anterior entrega, todo está muy bien engarzado y en ese sentido, los fans de el primer [REC] disfrutarán también de esta secuela de la misma manera que gozaron con la primera película. No hay nada que se deje en el tintero en relación al espíritu de [REC], incluída la presencia de la monstruosa Niña Medeiros, el personaje que desata toda la trama.

En [REC]2 prosiguen los sustos morrocotudos, la nerviosa cámara subjetiva, las situaciones límite, la histeria de los personajes, la angustia física/metafísica (incluso mejor planteada que en la primera entrega), la adrenalina, y en definitiva, la genial sensación de realismo para hacer creíble y transmitible la sensación de terror en estado puro de los protagonistas. Se nota no obstante que ya no existe tanto margen para la improvisación de los actores como en la primera parte y que todo está más calculado y perfeccionado, con una autenticidad en los mismos conseguida desigualmente (dos extremos: la naturalidad costumbrista de los tres adolescentes y la forzada sobreactuación de los GEO y el sacerdote). Manuela Velasco, la periodista Ángela, es de los pocos (desconocidos) actores que repiten en esta secuela.

Con un terror más psicológico que físico, Balagueró y Plaza amplían el universo referencial de [REC], que en un principio bebía de George A. Romero o Lovecraft, y añaden a El Exorcista, Alien, o Poltergreist . Hay más sangre, más Gore, mas religión, más terror sobrenatural y menos ciencia. Los geniales giros de argumento dan empaque a una historia muy bien construida donde las sorpresas son continuas y más impactantes que en la primera entrega. Siguen sin explicarse muchos aspectos clave (intencionadamente), aunque algún cambio fruto del replanteamiento de la premisa suene a malamente forzado, así como muchos momentos son claramente prescindibles. En definitiva, [REC]2 no logra ser tan brillante como [REC]2 (aunque poco le falta) pero es una genial película de terror de visión obligada a quienes hayan visto y disfrutado la primera parte y recomendable también a quienes no la hayan visto, aunque tal y como está planteada sea preferible el haberlo hecho.

THE GREAT VIDEOCLIP LIBRARY (2). EURYTHMICS: SWEET DREAMS (1983). EL DEL PELO NARANJA ERA ELLA

Otro de los grupos cuyo auge siempre estará asociado a la explosión del videoclip a comienzos de los 80 es Eurythmics, uno de los dúos mixtos más célebres de la historia del rock. Annie Lennox y Dave Stewart, parejita pretenciosamente intelectual y fascinada por la estética tecno alemana (grabaron su primer disco en el país teutón), se apuntaron a la moda del videoclip turbador y polemista para ilustrar la que se ha convertido en su pieza mas inmortal, este Sweet Dreams (are made of this), uno de lo momentos mas inteligentes y logrados del tecno pop de los primeros 80

El elemento de controversia se encontraba en al andrógina imagen de la Lennox en este filme. Con traje y corbata de corte masculino y pelo a lo garçon teñido de naranja, la ambigüa imagen de la vocalista (de la que nada se sabía en aquel enero del 83, aunque era el segundo LP del grupo), dio la vuelta al mundo dejando la pregunta en el aíre: ¿era hombre o mujer? Hasta meses después la opinión pública no tuvo la certeza, aunque Lennox siguió teniendo algún que otro problemilla derivado de su broma asexuada, como tener que hacerse una prueba de confirmación de sexo femenino para actuar en EEUU. Eurythmics se habían apuntado en un primer momento a aquello que se dio en llamar “Gender Bender”, que tanto éxito tuvo entre los neorrománticos de principios de los 80 y que consistía en ir disfrazado (hombres y mujeres) de “sexualmente indefinido”. Boy George de Culture Club y Steve Strange, de Visage, fueron claros exponentes de aquella juerguilla.

En el vídeo aparecen escenas filmadas en campo con vacas para reforzar aún más si cabe el efecto bizarro del conjunto. Tanto por la calidad del tema, como por lo innovador y polémico de sus imágenes (pura vanguardia visual), este sigue siendo uno de los videoclips mas memorables y emblemáticos de la historia.