jueves, junio 08, 2023

LOS OSOS NO EXISTEN (KHERS NIST)

 

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Jafar Panahi ha seguido dirigiendo contra viento y marea en total y estado de clandestinidad en los últimos años, codirigiendo a veces (Esto no es una película (2011), Pardé (2011)) o por su cuenta y riesgo (Taxi (2015)) mientras entraba y salía de la cárcel y trataba de sortear de estranjis la prohibición que su país, Irám, le impuso de no rodar ninguna película. Tienen enorme mérito por sus más que negativos condicionantes  los últimos filmes dentro de la filmografía del director, que en ningún momento ha dejado de ser el mejor exponente del nuevo cine iraní y que, de nuevo en prisión, sigue luchando por los despreciados derechos humanos dentro de su país por medio de su cine. Y tiene mucho más mérito que puede seguir dirigiendo obras maestras como su último filme, Los oso no existen, en donde se perite experimentar con el lenguaje cinematográfico, la metaficción y el docudrama… con el de protagonista e interpretándose a si mismo.

Esta película nos muestra dos películas: una, la frame story donde Jafar Panahi en una versión digamos que ficcionalizada o no tanto se encuentra en una remota  aldea iraní en frontera con Turquía conviviendo con sus habitantes (estableció un pacto con su anfitrión, Ghanbar (Vahid Mobasheri) y en un principió la convivencia con los demás lugareños no es problemática) y dirigiendo de manera clandestina - por la prohibición gubernamental de dirigir filmes- y telemáticamente una película de docudrama por medio de su asistente Reza (Reza Heydari), que es la segunda historia (aunque con menos metraje en el total del filme): en Teherán una pareja iraní, Bakhtiar (Bakhtiar Panjeei) y Zara (Mina Kavani) quiere huir a toda costa del país persa aunque sea con pasaportes falsos. Así, mientras  Panahi se encuentra de bruces con una inesperada  situación el pueblo que termina por afectarle y condicionarle  y que  además repercute a la convivencia del pueblo y en especial a una joven pareja cuyo matrimonio había sido concertado según las tradiciones locales (y que pronto devendrá en una desagradable situación en donde la situación políticosocial iraní cumple un papel fundamental) los protagonistas de su filme rodado a distancia retarán al cineasta a definir y posicionarse sobre los límites entre la realidad y la ficción cuando todo el embrollo de los pasaportes falsos empiece a complicarse sobremanera para ellos. La responsabilidad moral del narrador y el director de cine en particular es lo que Jafar Panahi trata de plantear en este magistral filme en donde lógicamente la autointroinspección y el apunte autobiográfico cumplen un papel fundamental en un inteligente y más que eficaz juego narrativo y metacinematográfico. El resultado es inmejorable y se peude decir que ha sido debido en gran parte a la propia situación y circunstancia de director.

Panahi se esmera en no solo mostrar su difícil situación y la situación de los ciudadanos de su país (tanto los del entorno rural como los de la capital) si no en enseñarnos como las dificultades aparecen por doquier como algo consustancial del ser humano y como las diversas mezquindades y la intolerancia no ayudan en nada. ¿Hay mensaje de esperanza? Aunque pueda parecer que no, el cineasta apela a la creación como motor de cambio, sea exitoso o no. Realmente, resulta muy complicado establecer un listado con todos los aciertos del filme ya que serían innumerables, pero el espectador se tiene que quedar con que está ante un filme magistral y que debe ser saboreado con entrega y paciencia, así es como se puede disfrutar más.    

miércoles, mayo 31, 2023

UNA BUENA PERSONA (A GOOD PERSON)

 


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El actor metido a director Zach Braff intenta ganar enteros en esta última faceta con este drama costumbrista que pese a alguna irregularidad consigue ser un filme sólido. Mucha de la culpa la tienen sus dos protagonistas quienes otorgan credibilidad y emotividad a una historia no excesivamente original pero que de la mano de la cada vez más realidad que promesa Florence Pugh y del veterano Morgan Freeman el componente emotivo consigue brillar con un nada desdeñable fulgor. El sentimiento de culpa y la lucha por sobrevivir en la tragedia y todo lo que esto puede conllevar de manera negativa es lo que toca el filme, más centrado en la relación entre los personajes y su intercambio de vivencias, sensaciones y en definitiva su evolución emocional que en mostrar un gran drama con todas sus aristas, lo que a veces conlleva la sensación de que todo está tratado de una manera poco ambiciosa y más bien reiterativa, pero la lucidez en una historia más bien agria y a ratos desesperanzada se impone finalmente.

Allison, una joven con un futuro brillante como cantante y compositora a punto de casarse con Nathan (Chinaza Uche) sufre un accidente automovilístico por una negligencia suya junto con sus futuros cuñados (la hermana de Nathan y su marido) en la que estos mueren. Un año después, con la relación con su novio rota Allison vive prácticamente recluida en su casa y es adicta a pastillas y antidepresivos empezando a coquetear con drogas más duras. Desesperada, se inscribe en un grupo terapéutico en el que coincide inesperadamente con Daniel, el padre de Nathan, quien se ha quedado con la custodia de Ryan (Celeste O´Connor) su nieta adolescente huérfana. Daniel parece dispuesto a perdonar e inicia una difícil relación de amistad con Allison mientras que a Ryan inicialmente la llegada a su vida de su fallida futura tía y responsable de la muerte de sus padres no le hace mucha gracia. Todo será una dura prueba tanto para Alison como para Daniel. Lo mejor del filme son varias tensas escenas entre Plugh y Freeman que ambos resuelven con más que solvencia y lo en serio que se toman ambos sus papeles. Es cierto que el filme avanza por la senda previsible en cuanto el argumento, pero también se esfuerza en ofrecer hábiles ejercicios de imagen en algunas escenas y recursos de cine independiente que nos indican que Braff no pretende ser un cineasta del montón. Un film para degustadores de dramas cotidianos y creíbles. 

jueves, mayo 18, 2023

LAS OCHO MONTAÑAS (LE OTTO MONTAGNE)

 

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Se ha logrado narrar una bonita y sugerente película tomando como partida una especie de fábula en donde la vida libre en el entorno natural, en este caso los Alpes italianos, se enfrenta a la vida urbana con ambos ámbitos representados por dos entrañables amigos cuyas existencias están intrínsicamente unidas precisamente por sus vivencias alpinas: para el narrador de la historia, Pietro (Luca Marinelli) la montaña siempre ha sido un lugar fascinante y un tanto lejano en el que este turinés pasaba las vacaciones junto a su familia mientras que para Bruno (Alesandro Borghi) es su hogar, su vida y lo único que ha conocido. Esta es la historia de una hermosa amistad con un  elemento de unión-separación (la vida en la montaña) y de cómo este elemento afecta a la percepción del mundo y de la vida, a la relación con los demás y en definitiva a la propia experiencia vital y la manera de contarla en un marco temporal de más de 30 años y prácticamente en el mismo espacio como es el de la cordillera de los Alpes Dolomitas (salvo una cierta porción del filme ambientado en el Himalaya) es sencillamente deslumbrante. Estamos ante un  esforzado y sentido trabajo dramático en donde los hermosos y espectaculares paisajes alpinos, tercer protagonista del filme, sirven para intensificar la narración y los momentos más intensos de una historia más introspectiva e intimista que melodramática. Un estupendo trabajo del matrimonio de cineastas belgas formado por Felix Van Groeningen y Charlotte Vandermeersch quienes con su filme (coproducción entre Italia, Bélgica y Francia) transmiten un hondo humanismo y un mensaje claro: las decisiones que se toman con el corazón no son siempre las más acertadas, y sin olvidar por supuesto trazar un canto a la amistad y la naturaleza.

Pietro y Bruno se conocen en una aldea alpina a mediados de los 80 siendo niños, el primero es un chaval de ciudad fascinado por las montañas pero temeroso de ellas mientras que el segundo, casi sin escolarizar, se ha criado en el monte prácticamente sin padres al cuidado de familiares y vive el entorno natural intensamente. El pequeño Pietro encuentra la vida de Bruno fascinante pero también incomprensible y cierto resquemor empieza a producirse cuando su padre, gran aficionado a la montaña, empieza a “preferir” a Bruno por tener el carácter fuerte y decidido que el carece. La decisión de la familia de Pietro de llevarse a Bruno a Turín para que asista a la escuela y tenga un futuro mejor no es bien recibida por Pietro pese a su amistad con el y ambos amigos se distanciarán durante un tiempo hasta reencontrarse y reestablecer su amistad siendo ya veinteañeros inaugurando un periodo de varios años en el que Bruno se establecerá definitivamente en un refugio en la montaña con Pietro pasando largas temporadas con su amigo y descubriendo su modo de vida y el por qué de su amor al entorno natural. Toda la historia está manejada con sutileza y realismo, sin concesiones al melodrama fácil y con inteligentes y  esclarecedores diálogos. La relación entre los dos amigos, a veces enormemente cómplice y otras más difícil por sus diferentes concepciones de la vida va evolucionando y modelándose ante nuestros ojos haciéndonos partícipes de todo lo que les acontece. Algo más que un filme de montaña, donde la metáfora vital de las ocho montañas del Himalaya actúa como bello leiv motiv, esta película pone de relieve la enorme fuerza dramática de simbiosis entre la naturaleza y la narración de una historia.  


20.000 ESPECIES DE ABEJAS

 


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Triunfadora en el Festival de Málaga y con el Oso de Plata de la Berlinale a la mejor interpretación protagonista para la debutante de 8 años Sofía Otero, 20.000 Especies de Abejas esta siendo la más agradable sorpresa del cine español en lo que llevamos de año. Una historia basada en la mirada infantil dentro de un entorno de adultos que pululan alrededor de los niños en un principio casi ajenos a su visión del mundo o de alguna situación concreta es algo que bien tratado suele devenir en un relato maravilloso y en eso como bien es sabido el mundo del cine no ha sido ajeno: serían muchas las referencias pero si tuviésemos que quedarnos con una como referencia más o menos inmediata a este filme ahí está El Espíritu de la Colmena (1973) de Víctor Erice. En 20.000 Especies de Abejas además de recurrir a la metáfora del mundo de estos insectos (y esta vez no solamente en el título) no son pocas las concomitancias con aquella obra maestra de los 70, empezando por el intimismo casi poético de la visión de una niña, aunque aquí el elemento costumbrista tiene un papel mayor; pero lo más importante es que este es un excelente filme con personalidad propia y que además toca de forma muy convincente la situación y problemática de los niños y niñas transgénero desde el antes comentado prisma lírico e intimista pero sin despegar los pies del suelo.

El debut en el largo de Estíbaliz Urresola Solaguren no ha podido ser mejor y confirma el momento de gracia en el que se encuentran las realizadoras dentro del cine ibérico y también el extraordinario momento del cine vasco. El guión firmado por la propia Urresola es inteligente, deslumbrante y sólido no dejando prácticamente ninguna puntada sin hilo dentro de un contexto realista y costumbrista presentado con un realismo exorbitante que refuerza los momentos de mayor intensidad dramática, dispuestos en la historia de manera muy meditada y siempre teniendo como epicentro a su pequeña protagonista. Aitor junto con sus dos hermanos y su madre Ane (Patricia López Arnaiz, una vez más excelente) pasa el verano en el pueblo de la madre de Ane (Itziar Lazkano), pero lo que en un principio debiera ser un verano feliz no lo esta siendo para él ya que no se siente niño: en realidad es una niña, que comienza rechazando su nombre de nacimiento para ponerse primero el más neutro y ambiguo Cocó y posteriormente el nombre por el que quiere que la llamen: Lucía. Lógicamente no serán días fáciles para ella por la incomprensión de amigos, vecinos e incluso de su propia abuela, que ve en ella una obra fracasada más de su poco apreciada hija, una mujer también llena de dudas y contradicciones.  La apicultura, el arte de la escultura en cera y todo lo relacionado con las abejas en general es un elemento simbólico que sobrevuela el filme y que tiene en el personaje de la tía abuela, interpretada por Ane Gabarain, su catalizador.

Y obviamente hay que referirse al grandísimo trabajo interpretativo de Sofía Otero, quien borda su complicado papel (es una niña que interpreta a una niña que ha nacido con cuerpo de niño) y que consigue adueñarse con su encanto de la película irradiando la mezcla perfecta de inocencia, melancolía y miedo infantil con momentos dramáticamente casi perfectos.

domingo, mayo 14, 2023

LAS BUENAS COMPAÑÍAS

 


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Un nuevo viaje a la transición española de la segunda mitad de los años 70 del siglo XX tomando de partida una historia real que se ha saldado con resultados más que positivos.  Lo cierto es que escenarios como el de Euskadi en esa época se antojan más que jugosos por el complejo trasfondo políticosocial que se vivía entonces (más que en cualquier otra parte del estado español) y por la profusión de historias y acontecimientos significativos acaecidos entonces. La veterana actriz catalana metida a directora hace algunos años Silvia Munt muestra su vinculación con el cine vasco y con su historia reciente (hace 40 años protagonizó Akelarre de Pedro Olea y se ha dejado ver desde entonces en varias producciones rodadas en el País Vasco) con esta atinada y sugestiva historia de lucha reivindicativa y de maduración personal situada en Errenteria, Gipuzkoa en 1977 que nos retrotrae a la lucha a favor de la legalización del aborto en la España postfranquista en un contexto en que las mujeres aún eran ciudadanas de segunda fila. Un grupo de mujeres jóvenes de la localidad luchan por legalización de la práctica abortiva y por los derechos de las mujeres al tiempo que trtan de facilitar abortos clandestinos (en Reino Unido o Francia) entre la población femenina del entorno. Una de esas chicas, Bea (Alicia Falcó) a penas una adolescente, vive con una mezcla de ilusión y miedo esos días, inquietada por lo incierto de esa lucha dentro de un entorno patriarcal y con la propia angustiosa situación de su familia con una padre (Iván Massagué) encarcelado y con una madre (Itziar Ituño) superada por los acontecimientos al tiempo que la tía de Bea (Ainhoa Santamaría) quiere someterse desesperadamente a una aborto. Miren (Elena Tarrats), otra muchacha del pueblo con la que irá congeniando, añadirá a la vida de Bea aún más confusión.

Con una ambientación setentera muy lograda la película cumple con creces su propósito de ser al mismo tiempo un drama intimista centrado en su protagonista y de ser una crónica histórica con ribetes costumbristas. Alicia Falcó se muestra segura y con mucho empaque en un papel con muchas aristas consiguiendo reflejar la lucha interior de una joven que se mueve entre sus convicciones, sus anhelos de libertad para ella y para los suyos y sus propios sentimientos. Es cierto que lal película muchas veces se queda corta en determinadas situaciones, tanto descriptivas como de intensidad dramática, pero su buen manejo narrativo y el esforzado trabajo actoral consiguen un filme intenso e interesante en donde su homenaje a unas mujeres que con su lucha propiciaron un cambio importante en la sociedad española resalta con la dignidad que requería el propósito mostrándonos más las tribulaciones de esas mujeres y de su vivencia de la situación que la propia crónica de acontecimientos. Siempre se agradecen filmes de este tipo.


jueves, mayo 04, 2023

LOS BUENOS MODALES

 

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Aunque el intento por hacer una comedia-drama con amable y con mensaje trascendente dentro de un identificable costumbrismo ibérico es loable, lo cierto es que el tercer largometraje de Marta Díaz se queda corto en varias cosas. Con una narración que avanza muy torpemente y unas situaciones a veces presentadas de manera forzada, esquemática o ambas cosas a la vez es muy difícil manufacturar una  buena comedia de estas características. Si bien es cierto de que se trata de una película de actores (bueno, más bien de actrices ya que las mujeres copan prácticamente todo el plano interpretativo del filme) y en ese sentido el trabajo de dirección es encomiable y todo el reparto, en especial sus dos protagonistas, tratan de echar el resto, no es menos cierto que se descuida mucho otros elementos empezando por un guión irregular: sólo al final del metraje la película adquiere cierto sentido y se puede decir que toma cierta altura en cuanto consistencia general. Los Buenos Modales no termina de convencer pese a esforzado afán por presentar las múltiples caras (dramáticas y a veces absurdas) de un tema tan correoso como son las rencillas familiares y sus consecuencias. 

Elena Irureta y Gloria Muñoz, dos actrices veteranas que han conocido más (merecido) éxito en su etapa madura que hace años, interpretan a dos hermanas, Rosario y Manuela que llevan años sin hablase lo mismo que el hijo de Rosario (Ricard Farré) y la hija de Manuela (Inma Cuesta), ya casados y padres de hijos pequeños. Precisamente es el hecho de que la nieta de Rosario y el nieto de Manuela llegan a conocerse casualmente lo que llevará a un inesperado e indeseado reencuentro entre las dos hermanas. Milagros (Carmen Flores)  y Trini (Pepa Aniorte), las respectivas asistentas de las familias de sus hijos cumplirán un papel central para tratar de deshacer el entuerto y procurar la reconciliación entre ambas familias, línea argumental esta que retrotrae inevitablemente a los sirvientes listillos y pícaros del teatro clásico que en esta ocasión se reviste de un facilón costumbrismo contemporáneo adobado con tontorronas subtramas de enredo  que suponen con diferencia lo más flojo de la película; con todo, el buen hacer de ambas actrices hace llegar a buen puerto sus intervenciones, que es de lo más destacable del filme, algo que no se puede decir de sus intérpretes más jóvenes (Cuesta, Farré y  Bárbara Santa Cruz) que están despistados y perdidos. No obstante hay buenos momentos y apuntes ingeniosamente divertidos (esa crítica al rol de los abuelos como cuidadores de nietos) y el tono más dramático esta muy bien presentado (aunque de manera tal vez algo insuficiente) y no desentona en ningún momento con el elemento comediático. Esta película no pasará a los anales del cine español, pero se deja ver.      

domingo, abril 30, 2023

LA IMPACIENCIA DEL CORAZÓN (KYSSET)

 

 

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El danés Bille August, una vez un director con prometedora carrera internacional  con premios en Cannes con Pelle el conquistador (1987) y Las mejores intenciones (1992) y que muchos comparaban con Ingmar Bergman (autor del guión de la segunda película citada), parecía haber apagado su estrella con el nuevo siglo sin ningún filme memorable, y en realidad en esas sigue pero, eso si, demostrando ser un director con oficio y - cuando firma los guiones de sus filmes, algo que no ocurre con mucha frecuencia en los últimos años-  con una característica sensibilidad nórdica. Esta adaptación de la novela de Stefan Zweig cumple el propósito de ser una traslación digna y de transmitir toda la hondura psicológica de la historia, envuelta en suntuosas imágenes, una estupenda ambientación de 1914 y unas interpretaciones a la altura de las circunstancias para poner en imágenes como es debido a un autor como Zweig. Pero falta tal vez más convicción en un filme cuyo acabado final en algunos aspectos es casi más de miniserie de televisión. Pero no estamos ante una película deficiente ni mucho menos  

La complejidad de una historia en donde los sentimientos del amor y de la compasión aparecen fatalmente entremezclados en su confuso protagonista masculino el joven oficial de caballería Anton Hofmiller (Esbem Smed Jensen) brilla con luz propia gracias al buen hacer de la pareja de actores principales con una Clara Rosager sobrecogedoramente convincentemente como Edith, la joven hija de un barón que postrada en una silla de ruedas como consecuencia de un accidente lucha por el amor de Anton, quien no sabe si su verdadero sentimiento es el de compasión hacia la muchacha o es amor realmente, al tiempo que recibe el desprecio de sus colegas militares y de la sociedad en general por cortejar a un “lisiada”. Rodada con énfasis en los diálogos y también los silencios, La impaciencia del corazón resulta una película interesante y con buenas hechuras que puede que no arriesgue demasiado pero muestra con creces la solvencia el oficio de un veterano como Bille August.           


miércoles, abril 26, 2023

LIBRES

 


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Por sus propias características se da la bienvenida a este esforzado largometraje documental obra del debutante Santos Blanco, un retrato de la vida monacal de clausura filmada en varios monasterios y conventos españolas de diferentes órdenes religiosas cristianas, y en donde en lugar de ilustrar el transcurrir cotidiano de la vida en los conventos (que sería lo más fácil) se opta decididamente en tratar de plasmar el sentimiento vivido dentro de los muros: espiritualidad, introspección, concienciación y por que no, libertad. Las razones por las que los monjes y monjas tomaron los hábitos y se aislaron en monasterios de clausura y la vivencia actual de su situación es lo que guía el discurso de esta película, una exposición psicológica esforzadamente retratada en cada uno de sus diferentes testimonios (muchas de los entrevistados entraron en el convento siendo ya mayores y habiendo tenido cónyuge e incluso familia en el momento de ordenarse) y en donde se percibe una tendencia a ciertos enfoques digamos espirituales o íntimos, pero sin dejar en ningún momento los pies en tierra ni entregándose a una retórica fácil ni de buenrrollismo ya que preside sobre todo una óptica humanista estupendamente tratada.

Puede que la querencia al aspecto religioso provoque suspicacias sobre los propósitos del filme; si bien el tono cristiano es indudable no lo es menos que este aparece de una manera tan espontánea por parte de los intervinientes que realmente lo justifica como leiv motiv del filme: el mensaje de Jesús como guía vital. Y además la película sabe sacar jugo a su propio formato en donde las personas entrevistadas ofrecen sus razones y su sentir de una manera coloquial y concisa con algunos casos curiosos e incluso entrañables. Puede que la parquedad de medias haga que el documental se quede a veces corto pero algunas bellas imágenes de los monasterios y sus paisajes compensan y mucho, así como un montaje inteligente y sin clichés dentro del género del docucine de nuevo hace ampliar enteros. Para amantes de documentos con mensaje.   

miércoles, abril 19, 2023

LOS TRES MOSQUETEROS: D´ARTAGNAN (LES TROIS MOSQUETAIRES: D´ARTAGNAN )

 


*** y 1/2

Aunque es ya habitual que cada cierto tiempo se asome en las salas de cine una nueva adaptación de la inmortal novela de Alejandro Dumas o de sus secuelas la verdad es que cuando esto sucede la expectación sigue siendo bastante alta: estamos hablando de uno de los relatos quintaesenciales de la ficción de aventuras de todos los tiempos y pese a que la calidad, la fidelidad y el tono de las traslaciones al celuloide de la historia de D’Artagnan, Athos, Porthos, Aramis, Milady y Richeliu ha sido rico y variado se sigue prefiriendo la mayor fidelidad posible a la novela. Esta ambiciosa producción francesa parece partir del propósito de realizar la adaptación , si no definitiva, casi, de Los Tres Mosqueteros reivindicando un chauvinista orgullo galo de ser poseedores de una de las historias más conocidas en todos lugares y en todas épocas y de paso presumir una vez más de ser una industria cinematográfica altamente competente. Los Tres Mosqueteros: D’Artagnan es la primera de las dos partes que se han rodado adaptando la obra y dentro de varios meses llegará la continuación del díptico, Milady: esto conlleva que estemos ante una historia sin desenlace, aunque sorprendentemente la trama central de los herretes de la Reina se culmina en este filme, suponiendo así que la segunda parte estará centrada en el secuestro de Constance (no se sigue la cronología de la novela) y en la inminente irrupción de una guerra civil en Francia entre franceses y católicos. Martin Bourbolulon dirige con clase una revisión que trata de aunar una visión contemporánea del mito con varios ajustes mas atractivos a la mentalidad del siglo XXI y la fidelidad a la fuente original y su espíritu, tarea difícil en la que de hecho en ocasiones se comenten errores pero que finalmente se consigue culminar una excelente película de acción, aventuras e intrigas palaciegas y políticas.

Es elogiable el esfuerzo de esta superproducción en dotar al filme de un poderoso aspecto visual gracias a la tenue, terrosa y pictórica fotografía de Nicolas Bolduc que brillas obre todo en escenas multitudinarias y al aire libre. La intención de que cada imagen recuerde a pinturas del siglo XVII es notable y se consigue muchas veces ese curioso efecto, como también es impresionante la puesta en escena de secuencias como la boda del hermano del rey, con una iluminación aparentemente natural que parece llevar a la época o unos combates a espada rodados de una manera tan poco convencional y dinámica como a veces agobiante. La decisión de presentar a los personajes variando y/o actualizando directamente los arquetipos a los que están tradicionalmente asociados puede ser discutible pero pone en bandeja ninguna perogrullada o inconsistencia. Fraçois Civil es un D’Artagnan muy digno y creíble que va más allá del héroe pulcro y algo ingenuo presentado en casi todas las adaptaciones y aparece como un heroico buscavidas leal y noble pero dubitativo; Athos parece aquí hecho a la medida de Vincent Cassel como un héroe trágico y firme aunque tal vez demasiado maduro (en edad) de lo que estamos acostumbrados; Porthos (Pio Marmaï) da también otra imagen del fornido mosquetero (bisexual en esta adaptación) pero sin perder aquella divertida arrogancia que siempre caracterizó al personaje y Aramis (Romain Duris) se acerca a la visión más ambigua e inquietante del espadachín que el propio Dumas exploró en las novelas secuela, jugando con su dualidad religiosa/libertina. Además de una bastante esforzada Eva Green captando de maravilla la enorme complejidad de la pérfida Milady de Winter aunque con un poso demasiado cargante, también destaca Louis Garrel como el inepto rey Luis XII y en menor medida Eric Ruf como el Cardenal Richelieu, con una caracterización menos de villano vil que en otras adaptaciones pero con sorprendentemente no mucha presencia. Aunque para poca presencia, al del personaje del Conde de Rochefort, reducido a un brevísimo papel sin diálogo: una injustita para uno de los villanos principales y más carismáticos de la obra.   

¿La mejor adaptación al cine de Los Tres Mosqueteros? Puede que no, pero se agradece que aún se rueden películas así y que lo hagan adaptándose a la evolución  del público sin caer en el snobismo y la comercialidad. Veremos si al seguna entrega sigue con el mismo alto nivel.