lunes, enero 20, 2025

A REAL PAIN

 


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Pequeña gran película la que ha supuesto el debut como director de Jesse Eisenberg, un drama con ribetes de comedia que de una sutil y curiosa manera llega a conmover, siempre desde una perspectiva introspectiva y a través de la dialéctica entre sus dos protagonistas. Dos primos cuarentones norteamericanos de origen judio-polaco, muy unidos desde niños pero aparentemente bastante diferentes el uno del otro más que nada por sus situaciones personales actuales, llevan a cabo un viaje de iniciación-reencuentro con sus raíces cuando visitan Polonia y sus diferentes guetos y campos de exterminio nazi, con el fin último de visitar la casa natal de su abuela paterna. El calmado y metódico David (el propio Eisenberg) trata de que el viaje guiado -en el que participan varios ciudadanos norteamericanos deseosos de conocer el desdichado pasado del pueblo judío en la II Guerra Munial- sea para los dos primos Kaplan una experiencia enriquecedora par ambos, tanto para estrechar lazos familiares como para encontrar el significado del legado de su familia, pero Benji (Kieran Culkin) es un ser inmaduro, bipolar e irresponsable a veces que pone en vergüenza a su primo y amenaza con desmoronar todo el sentido de un viaje tan especial.

Filmada íntegramente en Polonia y con escaso presupuesto, A Real Pain es un tratado de relaciones personales en situaciones personales desfavorables, visto todo desde el prisma de dos jóvenes que tratan de dominar sus sentimientos en un contexto con mucha significación emotiva con diferentes resultados: mientras uno por su personalidad trata de moderarse y de esconder sus propios sentires, el otro por sus problemas mentales es incapaz de esconder nada y expresa inconvenientemente todos sus pensamientos, consecuencia de grandes sufrimientos internos llevando a cabo un comportamiento muchas veces inadecuado, para horror de su primo. Kieran Culkin está estupendo en su rol de un muchacho mentalmente inestable pero muy lúcido al mismo tiempo y brinda unos momentos interpretativos de antología. Los diálogos y las situaciones son realistas y muy cuidadas y todo funciona perfectamente en una producción de estudio vestida con ropajes de cine indie americano con elementos de cine europeo. No merece pasar desapercibida esta película aunque muy posiblemente tenga una presencia en pantalla más prolongada de lo que se pueda pensar un principio.

domingo, enero 12, 2025

LA LUZ QUE IMAGINAMOS (ALL WE IMAGINE AS LIGHT)

 


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El cine indio no es solo las grandes producciones musicales que caracterizan estereotipadamente a la industria cinematográfica del subcontinente de cara al exterior, existe cine indio de distintos pelajes y entre ellos está también un cine social y costumbrista que tiene cada vez mayor repercusión fuera de dicho país. A esta categoría pertenece la película de la India con más galardones y mejores críticas internacionales en los últimos años, un drama dirigido por una mujer (Payal Kapadia) y con tres mujeres de diferentes generaciones como personajes centrales que viene a ilustrar la difícil situación de la población femenina en el país en un filme esforzado y muy matizado en su guion y sus diálogos que recibió el premio especial del jurado en el último festival de Cannes. Siendo una coproducción de India con diversos países europeos (Francia, Luxemburgo y Holanda) este filme ha contado con más medios de los habituales en su país para ser un drama social y su acabado final es claramente el de una película occidental (en la India no la han seleccionado como precandidata de los Oscar por ser “demasiado europea”) lo que no le impide según palabras de su directora de ser una película que refleja una realidad bastante sangrante en dicho territorio (al margen de eso, en la película- presumiblemente solo en su versión internacional - hay besos, desnudos femeninos y escenas de sexo, algo impensable y prohibido en el cine indio), y es que La Luz que Imaginamos, es cine-testimonio de alta graduación y que utilizando un ritmo pausado y buen trabajo actoral termina por convencer y conmover al espectador pese a que tarda en hacerlo ya que su guion varias veces da pasos en falso para recomponerse después.

Prahbda (Kani Kusruti) una enfermera de cerca de 40 años vive entregada a su trabajo en un pequeño hospital de Mumbai mientras comparte piso con Anu (Divia Prahbda) una veinteañera con un novio musulmán que tiene a espaldas de su familia, que desea casarla con un hombre hindú. Prahbda recibe por correo un anodino regalo de su marido residente en Alemania, fruto de un matrimonio concertado y al que apenas conoce, lo cual le hace plantearse se esa la vida que quiere, si es realmente feliz y cual es el destino de una mujer en la India, reflexiones que también compartirá con Anu, empeñada en conseguir una relación más pasional, sexual e íntima con Shiaz (Hridhu Haroon) algo que debido a los convencionalismos sociales del país y su propia situación familiar (derivada de lo anterior)- no le será nada fácil. Parbaty (Chhaya Kadam) compañera de trabajo que corre peligro de quedarse sin la chabola enla que vive a causa de la construcción de unos rascacielos, completa un terceto de mujeres desorientadas y limitadas por una estructura socio-religiosa que tratará de buscar apoyo y respuestas entre ellas tres. El filme apuesta por la introspección (especialmente en el personaje de Prahbda) y ciertos giros de guion para componer un relato interesante y honesto en donde pese a que todo se ve negro también hay cierto poso de esperanza. Un muy buen ejemplo de los capacidades de la industria cinematográfica india (la más productiva del mundo) y de como cinematografías no occidentales con generalmente limitado acceso a salas de otros países pueden ser universalmente atrayentes.

lunes, enero 06, 2025

PARTHENOPE

 


*** y 1/2


Paolo Sorrentino se convirtió hace unos años en el director italiano más internacional y admirado por crítica y público con filmes como Il Divo (2008) o La Gran Belleza (2013) en donde la esencia histórica del cine italiano, desde el neorrealismo hasta la comedia satírica estaba presente casi en modo homenaje pero con señas propias de identidad autorales que lo entroncaban con el cine del siglo XXI. Así, paralelamente el realizador napolitano se adentró con una voluntad más internacionalista en el cine rodado en inglés con estrellas anglosajonas con películas como This Must Be the Place (2011) o Youth (2015) las cuales no tuvieron tanta repercusión en Europa como su cine rodado en italiano lo cual es enormemente significativo. Y es que Sorrentino, cuando como en este película que nos ocupa se viste con los ropajes de retratista metafísico de las esencias culturales y sociales italianas con su poso felliniano (nos vuelve a la cabeza aquel genial pastiche contemporáneo del director de Rimini que fue La Gran Belleza) y crítico-satírico se encuentra como pez en el agua aunque en esta ocasión ande menos atinado; Parthenope es una bonita fábula desarrollada durante 73 años que halla logros en cuanto a conseguir que su personaje central -una bella mujer que intenta encontrar su lugar en un mundo decadente y a veces grotesco condicionada por su desbordante personalidad y su hermoso aspecto físico- consigue adueñarse de todos los recovecos de una historia alegórica, extraña y ambigua pero con encanto pero sin embargo falla a veces al no lograr una cierta credibilidad en su propuesta más allá de l anécdota simbólica y de oscuro relato romántico. Nápoles, ciudad natal del director, es como la Roma de La Gran Belleza, el escenario decadentemente bello y tratado con amor (pero con amplio elemento crítico cargado de burlón cinismo) del relato, un protagonista más que parece condicionar y poseer a Parthenope (Celleste Dalla Porta), una muchacha nacida en el mar en 1950 cuya trayectoria vital se mueve entre el deseo de amar y ser amada, las ventajas de ser deseada por todos, las ansias de ser algo más que una fachada y todo el cataclismo que, consciente o inconscientemente, provoca su relación con los demás. Una historia plenamente mediterránea en donde la imagen cumple un papel fundamental:la faceta de realizador publicitario de Sorrentino se aprecia en una fotografía artística, pulcra, manierista y cuidada obra de Daria D´Antonio y una puesta en escena pictórica -ayudada por la atmósfera costera y azul napolitana- que resulta una delicia.

Celleste Dalla Porta, una joven actriz con brillante porvenir, consigue una Parthenope que logra encarnar las contradicciones de la Italia sureña, una región lastrada por su pasado de pobreza y por multitud de elementos negativos (la poca ambición de sus gentes, la influencia negativa del conservadurismo religioso y un fervor católico a veces desmedido, un trato desfavorable a la mujer en el periodo de postguerra, el poder de la Camorra) pero que como Parthenope, luchó desde el fin de la II Guerra Mundial por salir de la mediocridad: esta alegoría entre la maduración personal de la protagonista y la evolución de una región es lo mejor conseguido en este filme, pero los vericuetos en los que se mete a veces no ayudan a construir una historia poderosa y verdaderamente atrayente. Paolo Sorrentino tal vez se recrea demasiado en su protagonista, un materialización de la belleza mediterránea, y en su afán esteticista su omnipresencia en ocasiones no transmite demasiado aunque la mayoría de las veces Dalla Porta este espléndida. La imaginería surrealista italiana via Fellini se encuentra en curioso momentos en los que lo bizarro hace acto de presencia, en ese sentido su iconografía además del legendario realizador antes mencionado, remite de alguna manera al imaginario del mundo del cómic, concretamente del dibujante de Milo Manara (que también llegó a colaborar con Fellini) y por que no, Alejandro Jodorowsky: las escenas con el estrambótico cardenal encarnado por Peppe Lanzetta, el monstruosamente obeso muchacho hijo del profesor Marotta (Silvio Orlando) o la inquietante diva enmascarada (Luisa Ranieri) son muestras de una iconografía tremendista y surreal. No obstante, la película no deja de funcionar en ningún moemnto como una historia romántica en donde la búsqueda del amor y la felicidad, en su sentido máximo, es uno de los temas fundamentales. Al final, una madura Parthenope (la gran Stefania Sandrelli) hará balance de su vida en un Napoles sin remedio en donde los tifossi de la ciudad parecen a ver encontrado la felicidad total en otra cosa. No tan lograda como en otras ocasiones pero otra estupenda película de Paolo Sorrentino.

lunes, diciembre 30, 2024

NOSFERATU

 


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El mito de Drácula sigue siendo inmortal e intergeneracional, casi como el mismo personaje, pero en esta nueva visión sobre el vampiro más famoso de la historia de la ficción, lejos de resultar cansino el regreso a una historia sobradamente conocida resulta todo muy grato por diferentes motivos: la puesta en conocimiento a una nueva generación de espectadores de la historia creada por Bram Stoker en 1897 (aunque este film es una variación de tal vez la más famosa de sus variaciones) y que pueda animar a la lectura de la novela en que se basa (y de la literatura gótica en general); el revival de la obra maestra de la historia del cine de la que toma referencia y homenaje a su manera, el Nosferatu de 1922 de F.W Murnau; y sobre todo el presentar un filme de terror sólido, con fundamento y brillante, cosa nada habitual últimamente, aunque sea mirando al pasado y echando mano del clasicismo del género. Si, porque este nuevo Nosferatu (el tercero con este título contando el remake anterior de Werner Herzog de 1979) bebe muy inteligentemente tanto del expresionismo alemán del filme primigenio como del gótico británico decimonónico del Drácula de la obra de Stoker, la estética romántica europea y por que no la imaginería fantaterrorífica actual en forma de breves pinceladas (efectos visuales, montaje) que no desentonan en todo el conjunto. Robert Eggers, realizador norteamericano que ya sorprendió con The Northman (2022) demuestra casta de buen cineasta con elementos de Tim Burton y Roger Corman y una enorme estilización arty que elevan esta nueva versión del mito vampírico a una excelente película que va más allá de ser un simple remake-homenaje a la película de Murnau y de una nueva versión de la historia del Conde Drácula.

Es curioso como pese a tomar el contexto predominantemente germánico, gran parte de la atmósfera expresionista (actualizada) y el nombre de la mayor parte de los personajes del Nosferatu de Murnau - que era una versión cinematográfica no autorizada de la novela Drácula y por ese motivo se introdujeron dichos cambios- esta película toma como referencia más notoria la versión de 1992 de Francis Ford Coppola (la mejor y la más fiel) y rechaza presentar la célebre imagen del Conde Orlok como el vampiro calvo y orejudo en pos de un conde bigotudo y melenudo más acorde con el Vlad Dracul histórico que inspiró a Drácula, interpretado por ese fascinante actor de personaje que es Bill Skarsgard, quien de momento parece especializarse en papeles terroríficos: su Orlok es fantasmagórico, etéreo y escalofriante, más sugerente todo lo que le circunda cuando aparece, visual y atmosféricamente, que su imagen, ya de por si bastante inquietante. La joven Lily-Rose Depp, hija de Johnny Depp, encarna a Ellen Hutter, el amor terreno del conde y objeto de su maleficio con una sorprendente eficiencia y momentos tanto escalofriantes como humanistas-románticos que dan una gran riqueza al personaje, tal vez una de las más mejores y logradas encarnaciones de Hutter-Mina Harker en el cine. En líneas generales este es un filme en el que el reparto brilla con propiedad en un filme de época, elemento este además muy bien conseguido gracias a una fotografía pictórica inspirada tanto en la pintura romántica como en los grabados góticos obra de Jarin Blaschke, lástima que no en todo el filme se recurra a ese tipo de imágenes y muchas veces se apueste por una imagen más convencional que no termina de casar con el tono inicial del filme. Entre los intérpretes nos encontramos a otros jóvenes valores como Nicholas Hoult como Thomas Hutter, el primer contacto humano con Orlok y el sufrido marido de Ellen, veteranos como Willem Dafoe encarnado al profesor Von Franz o sorpresas como el brillante secundario británico Simon McBurney encarnando al enloquecido y delirante Herr Knock (inspirado en el Renfield de Stoker): alucinante. Y es que todo funciona excelentemente en esta película, un homenaje al gran cine y a la gran ficción que pese a su condición de cine de género puede gustar a muchos públicos.

domingo, diciembre 22, 2024

¿ES EL ENEMIGO? LA PELÍCULA DE GILA

 


*** y 1/2

Fue Miguel Gila (1919-2001) uno de los más grandes humoristas de la historia de España y un personaje dotado de una biografía peculiar que abarcaba casi todas las vicisitudes y acontecimientos de nuestro país en el siglo XX, incluidas la Guerra Civil, en la cual tomó parte siendo poco más que un adolescente y el régimen franquista en el cual comenzó su trayectoria profesional como dibujante humorístico, humorista teatral y actor; su vida, marcada precisamente por su participación en la infausta contienda bélica en la cual se libró milagrosamente de la muerte por fusilamiento y que le dejó una peculiar visión tragicómica de lo absurdo de la guerra, pedía alguna adaptación a la ficción que en 2024 se ha llevado a cabo en forma de este largometraje que centrado en las vivencias del joven Gila en la guerra trata de reflejar y de una manera que podemos calificar como exitosa la influencia de aquel trágico episodio de la historia de España en la personalidad y el humor de Miguel Gila (el ya estandarizado concepto en España de “la guerra de Gila”). Un biopic comedia-drama con tonos a veces esperpénticos, otros más realistas y costumbristas y algunas pinceladas fantasioso-alegórico-poéticas que resulta muy grato de ver en su deconstrucción del cine bélico y el drama puesta al servicio de todos los matices de la visión del personaje no solo sobre los conflictos, las guerras, la relación vida-muerte y el odio sino también las ansias de vivir, la felicidad, la amistad, la familia y las relaciones humanas. Puede que tal amplitud de temas no haya sido abarcada con mucho detalle en esta cinta pero el resultado final como película es muy convincente.

Rodada con mimo y con sumo respeto hacia el sujeto de esta biografía (o mejor dicho memorias de juventud) y una cuidada ambientación de finales de los años 30, el director Alexis Morante ha debutado en el largo de ficción de una manera bastante brillante gracias en buena medida a un guion muy eficaz firmado junto con Raúl Santos que trata de aunar los diferentes datos biográficos con un retrato de la personalidad de Gila (más acorde e identificable con el Gila maduro humorista que todos conocidos) tierna, irónica e ingeniosa y un claro mensaje antibelicista. La denuncia de los injustos horrores de la guerra, retratados aquí con elaboradas escenas de batallas cuerpo a cuerpo, capturas de prisioneros y barrabasadas varias, es lo que vertebra el sentido de este filme en donde la figura de Gila se erige como un heraldo antiguerra, algo que él siempre fue. El joven actor valenciano Oscar Ledesma está inmenso como Gila, notándose que se ha preparado su personaje a conciencia con un modo de hablar y un acento castellano-madrileño calcado,) además de gestos y manierismos, vislumbrándose un enorme futuro para este intérprete. Brilla también el resto del reparto, con Carlos cuevas como su entrañable amigo caído Pedro Tabares, Salva Reina como un cabo y posteriormente sargento chusquero andaluz, Natalia de Molina como una fanática miliciana o Vicente Romero como un teniente de armas tomar -todos ellos compañeros de armas socialistas en las filas republicanas de Gila- además de Adelfa Calvo e Iván Villanueva como los abuelos del cómico. Interesante banda sonora de Miguel Santos, logrados efectos visuales incluyendo alguna animación que homenajea los dibujos de Gila (su faceta de dibujante, menos conocida, es reivindicable) y en definitiva esforzado e interesante trabajo repleto de humor, humanismo y ternura no exentos de momentos amargos que cumple con creces su objetivo de homenajear merecidamente a Gila y de lanzar a los cuatro vientos un grito de lo injusta y cruel que es la guerra.

lunes, diciembre 09, 2024

HERE

 


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Es cierto que Robert Zemeckis nunca ha sido un director fuera de serie, lo suyo más bien siempre fue ser un hábil realizador de cine comercial -un discípulo aplicado de Spielberg, su amigo y mentor en los inicios de su carrera a finales de los 70 y en su despegue a mediados de los 80- con su momento de gloria (Forrest Gump, 1994) pero ya decididamente bastante perdido desde hace 20 años con una buena lista de filmes mediocres bastantes de ellos de animación motion capture. Ha sido precisamnte ese cierto afán de innovación tecnológica que ha mostrado el veterano director durante buena parte de su carrera lo que le ha llevado a dirigir este formalmente arriesgado filme desarrollado casi en su totalidad mediante una toma y que parte en cuanto su argumento de una premisa muy sugerente, la de contar una historia durante un larguísimo periodo de tiempo- pretende tener una perspectiva histórica de cientos de años pero la narración básica comienza poco después del fil de la II Guerra Mundial- siempre desde el mismo mismísimo espacio, que es la habitación de una gran vivienda en el estado de New Jesey construida a principios del siglo XX y ocupada por diversas familias. Here es en realidad una adaptación de un cómic de culto obra de Richard McGuire que mediante la potencialidad del lenguaje viñetero y de la yuxtaposición visual que permite el noveno arte trazó una curioso retrato de la historia estadounidense y la evolución de la vida doméstica y urbana en USA, y Robert Zemeckis ha querido demostrar que el cine también puede sacar potencialidad a los mismos recursos estético-narrativos: lo ha conseguido, si, y ha hecho un filme muy interesante que sin embargo no llega a tener un despegue absoluto ni termina de ser enteramente convincente tal vez por lo demasiado ambicioso de su propuesta. El director ha convertido a este Here cinematográfico en una sugerente historia familiar llena de honestidad y de muy agradable visión pese a sus irregularidades. Puede que se trate de la mejor película de Zemeckis en lo que va de siglo, un filme mucho más honesto que trabajos pretéritos del realizador aunque tal vez con cierta premeditación el creador de Marty McFly y Doc Brown haya cogido prestado el Delorean de su criaturas y haya regresado al pasado para reencontrarse con el cine familiar de los 80-90… y con Tom Hanks, Robin Wright y el guionista Eric Roth (los tres de Forrest Gump)

La enésima colaboración Hanks-Zemeckis ha resultado ser de nuevo efectiva con un intérprete que consigue credibilidad como el personaje central del filme, Richard Young, al que encarno de los 18 a los 78 años, en sus primeros años y al igual que una entonada Wright, luciendo un “maquillaje” digital rejuvenecedor, un recurso de efectos muy logrado que junto con otras audacias visuales (multipantallas superpuestas para señalar los cambios en el tiempo de la casa, reconstrucción digital del espacio pre-casa incluso en la época prehistórica con dinosaurios incluidos) constituyen algunos de los mayores atractivos del filme. Es precisamente la crónica de la familia Young, desde 1945 hasta la actualidad, la que es realmente la esencia narrativa del filme aún contando una historia mínima y sin especial relevancia como es el de una familia media americana con dificultades de diversa índole -matrimonio y paternidad tempranera del hijo mayor, una joven pareja que por diferentes dificultades no puede abandonar la vivienda de los padres de él, enfermedad de la matriarca, un abuelo pesimista y lleno de preocupaciones, la frustración laboral y vital de Richard- pero precisamente está en su sencillez el encanto de la narración de la película, reforzada por la cuasi teatral unidad espacial; no obstante las historias de los ocupantes anteriores y posteriores de la vivienda (la película no sigue una narración temporal lineal) y los momentos de contexto histórico con una pareja de indígenas americanos y el mismísimo Benjamin Franklin y su descendencia en realidad no aportan mucho en la historia propiamente dicha más que aveces una anécdota un poco estrambótica pero, eso si, ilustran con cierto encanto y originalidad el influjo de la historia americana en todo acontecimiento, situación y época en EEUU.

Paul Bettany (excepcional) y Kelly Reilly como los padres de Richard, David Fynn y Ophelia Lovivond como la liberal pareja de inventor y modelo que vivían en la casa a principios de los 40 y Gwilym Lee y Michelle Dockery como el matrimonio habitante a principios del siglo XX completan un reparto eficaz aunque algunos personajes parezcan un poco forzados. Cine de entretenimiento entre la comedia y el drama, con pocas pretensiones pero con ganas de dejar un cierto mensaje vital de calado -aunque a veces de abuse del almíbar, todo hay que decirlo- que el público agradecerá y que demuestra la habilidad de un director que nunca ha sido un grande pero que siempre ha tenido oficio y profesionalidad.

lunes, diciembre 02, 2024

GLADIATOR II

 



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Las razones mercadotécnicas son las principales que se intuyen sobre la existencia de esta tardía secuela de Gladiator (2000), la película que recuperó para el mundo del cine y para el gran público el drama épico histórico y el peplum cinematográfico con gran éxito de crítica y taquilla, siendo además la última gran película de Ridley Scott. El propio realizador británico de 87 años, excesivamente prolífico en los últimos años, es quien está de nuevo tras la cámara en esta continuación francamente menor y orientada sin remilgos a obtener una importante recaudación a base de la utilización de recursos del cine-espectáculo actual (batallas rebuscadas montadas con ordenador, sangre a raudales, épica facilona a los Star Wars o ESDLA, héroes engolados y poco creíbles, villanos histriónicos, apabullamiento visual) posiblemente para atraer un público más joven (que incluso no había nacido cuando se estrenó el Gladiator original) aunque este filme no olvida - por supuesto- otros targets incluidos admiradores de la primera entrega, en este último caso con pseudohomenajes totalmente estériles. Scott sigue demostrando oficio y una buena capacidad de trabajo pese a su avanzada edad, pero en los últimos coletazos de su extensa carrera se está proyectando como un mero director destajista y comercial más con muchas películas mediocres y malamente pretenciosas, lo cual no hace justicia a su significación en la historia del cine aunque sea básicamente con las dos películas que todos estamos pensando. Porque este Gladiator II es un espectáculo puede que a veces vistoso y entretenido pero principalmente reiterativo, vacuo, sin novedad y con muy poca emoción y épica, algo esencial en una película de estas características.

La credibilidad también brilla por su ausencia con insertos anacrónicos, un total desdén por los acontecimientos históricos y el contexto de la época concreta del Imperio Romano en que se enmarca y una muy mala y forzada conexión con la película anterior. La acción se desarrolla dieciséis años después de los acontecimientos de Gladiator con Roma gobernada por los co-emperadores Geta (Joseph Quinn) y Caracalla (Fred Hechinger), caracterizados en esta película como dos histriónicos y enloquecidos gobernantes (aunque fueron déspotas no parece que fueran los jokers que figuran en el filme), quienes parecen conspirar el uno contra el otro mientras que Macrino (Denzel Washington) un militar de origen africano antiguo esclavo- personaje ficticio con base histórica - también tiene sus propios planes para acceder al poder de Roma. En medio de esto, como no, emerge la figura del nuevo gladiador-esclavo protagonista, Hanno (Paul Mescal), supuesto soldado numidio en realidad romano hijo de Máximo y llegado a Numidia de niño) prisionero de guerra y hecho esclavo que también podría estar emparentado con la estirpe de Marco Aurelio. Se repiten esquemas del anterior filme de manera previsible con intrigas políticas y palaciegas esta vez mediocremente llevadas y escenas en el circo romano que a veces pueden resultar sorprendentes pero que terminan provocando fatiga- curiosa la recreación de la batalla naval en el Coliseo (si, se hicieron espectáculos de ese tipo en la antigua Roma) pero totalmente ridícula y bizarra la lucha de los gladiadores contra unos supuestos babuinos que asemejan grotescos monstruos fantásticos- por no hablar de un climax pastiche de el anterior filme que termina por rematar el desaguisado. No es cuestión de echar pestes sobre el reparto, que hace lo que puede y muy bien- incluyendo al siempre eficiente Pedro Pascal como el general Acacio y la nueva aparición de Connie Nielsen y la institución de la interpretación británica Derek Jacobi reptiendo sus roles de Gladiator- pero los personajes son planos y estereotipados. No obstante, una más que interesante fotografía y de nuevo un diseño de producción perfecto salvan del naufragio a una película que puede que encuentre su público si no se es demasiado exigente y se va al cine con ganas de disfrutar. Pero este Gladiator II sobraba a todas luces.

lunes, noviembre 25, 2024

TODA UNA VIDA (EIN GANZES LEBEN)

 


**** y 1/2

Una grata sorpresa en forma de pequeña gema europea, merecedora de estar en pantallas un tiempo más prolongado de lo que en un principio estaría destinada. Esta producción austriaca, basada en una novela homónima de Robert Seethaler, es un filme curioso, sensible, contado desde el corazón y con una enorme fuerza visual y narrativa que consigue hacer una epopeya total de la sencilla pero dificultosa vida a lo largo del siglo XX de Andreas Egger, un habitante de una remota aldea en plenos Alpes austriacos que sin apenas salir de su entorno acumula vivencias, buenas y malas, de todo tipo: es víctima en su infancia y adolescencia de un padre déspota, a trancas y barrancas consigue un trabajo aparentemente digno pero peligroso con la llegada de la electricidad a los Alpes, conoce y pierde al gran amor de su vida, lucha contra las inclemencias fatales de la naturaleza, lucha a su manera contra las injusticias de los patronos con los obreros,participa activamente en la Segunda Guerra Mundial lo que le permite brevemente salir de Austria y observa a cierta distancia los cambios en su entorno. Interpretado en su juventud por Stefan Gorski y en su madurez por August Zirner, Andreas es el retrato de muchas personas de la Austria alpina de su generación - la historia se desarrolla desde 1900 hasta los años 70 del siglo XX- y esta película y la novela en al que se basa pretenden ser más que un homenaje, la loa a todos aquellos no solamente en Austria sino en cualquier parte del mundo que vivieron, amaron y sufrieron en épocas y/o entornos problemáticos o difíciles y como Andreas Egger, siempre salieron adelante. El filme, estructurado casi como un cuento para adultos con momentos poéticos y filosóficos, cumple magistralmente su función contando una historia a lo largo del tiempo llena de instantes de todo tipo (crueles, amargos, divertidos, amorosos, trágicos, inquietantes, violentos, alegres, emotivos) siempre con un trasfondo humanista y a veces antropológico sin perder en ningún momento la emotividad. Las excelentes interpretaciones tanto de Goeski como de Zirner hacen que nos enamoremos de Egger y que seamos aprtícipes de todas sus circunstancias vitales hasta un final catárquico que hace de esta película una experiencia muy hermosa y agradable.

Los paisajes de los Alpes, perfectamente captados, son un personaje más del filme y nos recuerda que en la naturaleza esta la esencia de la libertad del ser humano. En ese sentido, esta película es una visión aumentada de un clásico como Tasio pero además supone una reflexión sobre la conservación de la pureza de la condición humana en medio de los cambios políticos, económicos, sociales y tecnológicos que acontecieron en el siglo XX , algo que al humilde protagonista apenas parece afectarle en su visión del mundo, de la vida y de la muerte, ya que su visión siempre permanece pura y sencilla pero también cargada de reflexión. Escasos diálogos y con una banda sonora y fotografía excelentes, Toda una vida se postula como de lo mejorcito del cine europeo de 2024. Una joyita oculta que merece ser vista.

lunes, noviembre 18, 2024

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

 


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Hacer un drama realista de tintes psicológicos no es cosa sencilla, como tampoco lo es hacer una adaptación al cine de una novela de esas características, pero David Pérez Sañudo, responsable de aquella pequeña grata sorpresa que fue Ane (2020), ha llevado todo a buen puerto en este filme intenso pero sencillo además de conmovedor pese a su parquedad y su escasa explicitud. Los últimos románticos, basada en la novela homónima de Txani Rodríguez, explora la situación interior de alguien que quiere ayudar a los demás y colaborar en todo lo que rodea- en realidad, lo más próximo- desde una condición de aparentemente escasas habilidades sociales y no demasiada integración en el entorno circundante. La protagonista, Irune (una Miren Gaztañaga soberbia) es una mujer de cuarentaytantos, soltera, con sus padres fallecidos y un tanto solitaria y taciturna que parece arrastrar una cierta silenciosa desdicha por su fracaso personal y por sus inciertas perspectivas de futuro. Pese a todo, Irune trata de ser lo más útil y solidaria posible con sus compañeros en una huelga en la empresa papelera donde ella trabaja y no duda en advertir a su madura vecina de los riesgos vivir con su hijo déspota y demente. No obstante, la mujer sueña con marcharse algún día de su pueblo en Euskadi aunque sea temporalmente y esto solo parece saberlo un teleoperador de la RENFE llamado Miguel María, su amor platónico, el cual Irune se imagina cada vez de forma diferente tomando en el filme los rasgos de tres actores. Pero todo puede tomar un nuevo y desagradable cariz cuando Miren se descubre un bulto en el pecho, algo que le mantendrá lógicamente preocupada influyendo en sus circunstancias.

El gran acierto del filme y la base desde la cual Los últimos románticos consigue ser una gran película es lo magistralmente que está presentado el personaje central de Irune, un ser solitario que busca el sentido a una existencia que ella percibe anodina mediante la entrega a diversas causas aunque no siempre salga bien y con una amenaza que podría dar al traste con una vida a la que ella quiere aferrarse pese a todo. Los silencios, la mirada y el rostro de Miren Gaztañaga se adueñan de la película y trazan una historia que combinando lo interior y lo exterior resulta enorme y deslumbrante. Detalles curiosos con tono de comedia (esa curiosa obsesión de la prota con los viejos videos de gimnasia ochentera de Eva Nasarre) y el aliento romántico-amoroso de la extraña relación a distancia de Irune con Miguel María - que brinda inteligentes insertos más o menos fantásticos en la historia- hacen de esta película una bonita experiencia en lo que es ya una de las mejores cintas españolas del año.