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Aún no se había demostrado con propiedad el talento del tandem de directores formado por Javier Calvo y Javier Ambrossi, centrados últimamente en el medio televisivo y en la producción, pero con este filme consiguen destaparse y hacen una película visual y narrativamente espectacular que convocando varios estilos fílmicos y planteando varios propósitos consigue llegar todo a buen puerto pese a no tratarse de un filme totalmente redondo. La Guerra Civil y la universal figura de Federico García Lorca (1898-1936) son los puntos de partida de esta película en donde un recurso narrativo siempre tan agradecido -aunque últimamente demasiado recurrido- como es el de la investigación histórica por parte de un personaje, actúa como mcguffin y en ese proceso de investigación y su resolución reside el sólido esqueleto de la película, en realidad una historia dramática con tres actos diferenciados conexos entre si pese a las diferencias espaciotemporales repletos de pasión, drama, emoción, sensualidad y fuerza visual. Porque La Bola Negra bebe mucho o casi todo a lo sobrecogedor de muchas de sus imágenes de inspiración pictórica (renacentista, barroca, manierista) que lleva a que en muchos instantes el simbolismo y la poesía -de inspiración lorquiana, claro- están presentes, tal vez a veces de una manera muy opaca y críptica pero nunca pedante. Como casi todas las obras de los llamados “Javis” al menos hasta ahora el componente queer es evidente pero esta vez desde una inusual perspectiva historiográfica (más anecdótica y de pinceladas que exhaustiva) del papel del por entonces oscurecido colectivo homosexual en los años 20 y 30 del siglo XX en España, aunque el principal objetivo contextual del filme es mostrar el drama de las contradicciones morales de las personas en periodo de guerra, el poder del amor frente ella odio y por supuesto una total denuncia antibelicista con la sombra de Lorca de omnipresente fondo.
La influencia de Ingmar Bergman con pinceladas de Buñuel, Fellini o de Almodovar es muy notable, especialmente en la presencia de la muerte, adquiriendo a veces diferentes encarnaciones. La historia central del tríptico transcurre en 1937 con un personaje real, el actor Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeu) el presunto último amor de García Lorca y por entonces soldado del ejército republicano, hecho prisionero por el bando nacional en un pueblo de Cantabria y herido y custodiado por el personaje catalizador de la historia, el soldado del ejército nacional Sebastián (Guitarritadelafuente) un joven inocente antiguo campesino embrutecido por la guerra que inesperadamente se sentirá atraído por Rafael. En 2025 en Madrid el nieto de Sebastián, Alberto (Carlos González), historiador y dramaturgo, se propone conocer la historia de su recién fallecido abuelo cuyo rastro le llevará hasta Cantabria y la antigua casa de este. Y un tercer historia ambientada en 1932 en Granada nos presenta como real la posible última obra teatral de Federico: La Bola Negra; la historia de Carlos (Milo Quifes) un joven de buena familia que es rechazado en el elitista casino de su pueblo por su homosexualidad. Las historias se suceden y se superponen y se fractalizan; patchwork cinematográfico muy bien conseguido que converge al final en la inesperada figura del poeta granadino como catalizador del espíritu y el mensaje d ella película: la vida, la alegría, el amor y la creatividad frente a la guerra y al intolerancia.
Un genial tirón de orejas a la condición contradictoria española y un canto a la vida y un escupitajo a todo lo que supone la guerra: solo por eso esta película debería ser alabada por sus intenciones, pero no hay que negar que su acabado formal es en realidad el principal capital de la cinta, un espectáculo visual cargado de imágenes sobrecogedoras, composiciones cinematográficas geniales y un afán arty muy notable de regusto hispánico que no cae en lo folklórico aunque a veces se le vaya la mano con su simbolismo costumbrista no siempre bien asumido. Puede resultar poco creíble la composición gay de ciertas escenas con preponderancia masculina pero hay que tener en cuenta que sobre todo en sus viñetas de época la película quiere y pretende ser un grandguiñol artístico tamizado de realismo. Y bueno, que decir de su reparto coral: todos excelentes, en especial un sobrecogedor Miguel Bernardeu y el descubrimiento de Guitarritadelafuente en un papel complejo y con miga, como también es encomiable el tabajo de Milo Quifes y de un prometedor Carlos González. Nos encontramos también con Lola Dueñas -excelente como la desagradable progenitora yonki de Alberto- Antonio de la Torre, Lorenzo Zurzolo, Albert Plá, Julio Torres, Natalia de Molina, Mona Martinez - con su personaje Bergmaniano- Antonio Dechent , Alberto Cortés como Federico García Lorca y las participaciones estelares de Penélope Cruz como una diva cupletista (personaje curioso pero excesivo) y Glenn Close que interpreta a una hispanista norteamericana en el siglo XXI meritoramente hablando en castellano. Sin duda, Calvo y Ambrossi son dos grandes directores de actores. Grandiosa, emotiva, sugerente, poética pero también algo innecesariamente larga, La Bola Negra es una película singular y degustable que tras triunfar en Cannes se dispone ahora a hacer su carrera la los Oscar. Lo consiga o no, lo cierto de que los Javis ya han hecho por din una gran película, al cosa está si sabrán mantener el nivel en sucesivos proyectos. Pero por ahora, este este tal vez sea el mejor filme español estrenado en 2026

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