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La novela de Jane Austen de 1811 vuelve a las pantallas con una adaptación que no resultará tan comercial como la que firmó Ang Lee en 1995 pero que consigue ser una película muy disfrutable. Con una directora joven (Georgia Oakley) y un reparto sin caras muy conocidas pero con una cuidada ambientación mucho más verista que otras pretendidamente glamourosas revisitaciones de principios del siglo XIX y un buen sentido de la narración, esta Sense and Sensibility no pasará a los anales del cine pero cumple con creces su función de ofrecer un adaptación más o menos fidedigna y sin muchos artificios. Rodada en atractivos entornos rurales ingleses y con un vestuario y atrezzo cuidados al más mínimo detalle al más puro estilo británico dentro del cine de época, la película consigue aportar a la historia original un tono algo más áspero y dramático pero de una manera más comedida. Esta claro que trata de ser una película de personajes en donde los conflictos sentimentales de las hermanas Dashwood se interfieren e influyen en todos los que les rodean. La emocionalidad de Elinor y Marianne aquí aparece de forma más expresiva pero también más reflexiva y sensata,en conexion con los sentimientos de las mujeres en el siglo XXI. No es una: en ese sentido, conviene decir que no se trata de una revisión o reinterpretación actual de la novela original en sus sentido estricto, sino de una oportuna y muy bien llevada puesta al día desde el plano psicológico.
El papel de las mujeres jóvenes en la Inglaterra del siglo XIX (y en realidad en todo el mundo en aquella época) es el motor de este relato en donde las jóvenes hermanas deben de lidiar con los errores y la falta de escrúpulos de sus pretendientes, quienes siguiendo fielmente su rol masculino de la época no dudan en despreciar y engañar a sus prometidas, una s mujeres que creían amar y haber sido amadas. Como era de esperar ene ste tipo de producciones, las interpretaciones son excelentes destacando Daisy Edgar-Jones como Elinor Dashwood, Esmé Creed-Miles como su hermana Marianne, Frank Dillane como John Willoughby y George McKay como Edward Ferrars. Imágenes pictóricas costumbristas muy vistosas enaltecen una película de agradable visión y que pone de manifiesto que hay ciertas literarias que no morirán nunca

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