miércoles, agosto 20, 2008

AL BORDE DEL ARREBATO

Una de las grandes obras maestras del cine español, una rara gema de la cinematografía ibérica que desde su estreno en 1980 no deja de causar admiración y de sorprender a todo el que la ve y a entusiasmar y dejar boquiabiertos a los aficionados al buen cine. Es ARREBATO, dirigida por Iván Zulueta, el filme de culto español por antonomasia. Rodada en 1979, se adelantó a su tiempo, siendo uno de los filmes más vanguardistas del mundo durante muchos años, y casi 30 años después aún sorprende su vanguardismo, modernidad y sobre todo su total atrevimiento. El poder adictivo, hipnótico y vampírico del cine, la droga como constructora de vidas artificiales, la búsqueda desesperada de los momentos de éxtasis, de arrebato. Su reciente edición en DVD nos abre la oportunidad de analizar y comentar esta maravillosa y desconcertante historia de pérdida, búsqueda, destrucción y cine.


Han pasado casi 30 años, pero su modernidad sigue ahí. Filme visualmente atemporal como pocos en la historia del cine español, y ya si me apuras, del cine universal. Arrebato sigue arrebatándonos, y se ha convertido en algo más que una película de culto. En 1979, Iván Zulueta (Donostia –San Sebastián, 1943) dejo firmada toda una obra maestra y desde entonces, no ha vuelto a dirigir. El mundo de las drogas, que él retrató como telón de fondo de su película y que sirvió a la misma como metáfora argumental de todo lo que en ella se contaba, atrapó al propio Zulueta durante varios años y le impidió establecer una carrera de gran director. Retirado en su Donostia desde finales de los 90 y tras recibir varios tratamientos de rehabilitación en Madrid, ciudad a la que llegó en la década de los 60, Iván Zulueta mira a la bahía de La Concha y mira con orgullo el legado que ha dejado a la historia del cine con este filme. Cineastas como Julio Medem declaran la fundamental influencia de Arrebato en su vocación cinematográfica, críticos de todo el mundo la citan como ejemplo magistral de cine independiente experimental, el mundo del diseño, la música, y las vanguardias artísticas en España la utilizan de referencia habitual. Es el influjo del arrebato que a finales de los 70 Zulueta produjo en la consciencia colectiva de los amantes del cine. Película maldita durante varios años (pasó inadvertida en el momento de su estreno), subterfugio underground de la cultura visual ibérica, referencia líquida de la modernidad ochentista en España, el tiempo ha acabado de poner a ARREBATO en el lugar donde se merece.


El alquimista de la imagen o la historia de Iván Zulueta

Cinta compleja y metacinematográfica (un extraño y fascinante homenaje al mundo del celuloide), su artífice es un ser igual de complejo, y al mismo modo que los protagonistas de su historia, aprisionado por el cine. Nacido el 29 de septiembre de 1943, Iván Zulueta Vergarajauregui nació en el seno de una familia de posición privilegiada, su padre, abogado, fue durante unos años director del festival de Cine de San Sebastián, y su madre era pintora no profesional. Tras estudiar con los Marianistas en Donosti, en 1960, con 17 años se traslada a Madrid donde comienza a estudiar Decoración en el Centro Español de Nuevas Profesiones. En 1963 se encuentra en Nueva York donde estudia pintura y dibujo publicitario y comienza a tener contacto con las vanguardias artísticas. De regreso a España estudia en la Escuela Oficial de Cinematografía, y con Ágata (1966), basado en un relato de Edgar Allan Poe, firma su primer cortometraje. Por esos años comienza a trabajar en diseños gráficos para postres, portadas de discos o logotipos publicitarios. Tras otro corto, comienza a trabajar para TVE dirigiendo el programa sobre música y cultura pop El último grito en 1968, con un novedoso tratamiento psicodélico para la televisión española que explota en su primer largometraje: Un, dos, tres, al escondite inglés (1969), trasgresor filme musical pop realizado de manera semiprofesional y que tuvo que firmar José Luís Borau, productor de la cinta, ya que Iván aún no pertenecía al sindicato español de directores. El cineasta se encarga también de la dirección artística del filme. En los 70 prefiere el corto al largometraje y realiza 13 cortos en super 8 antes de Arrebato, todos ellos de carácter experimental y en donde juega alucinantemente con el montaje, el tiempo y el ritmo. Por esos años comienza su relación con las drogas psicotrópicas y se dedica al diseño de carteles de películas, algunas míticas del cine español (Furtivos, Viridiana, Camada Negra).

Fetichista, hedonista, provocador. Siempre en busca de la pausa. Tiempo e imagen. Observando. Algo a punto de ocurrir.


Génesis y plasmación de un arrebato


En 1976, tras trabajar como ayudante de dirección de Jaime Chavarri (Vestida de Tul, 1975) se alía con el periodista, crítico y cineasta Augusto Martínez Torres para la producción y realización de cortometrajes en un formato más experimental en cuanto a montaje y utilización de la cámara; así, con un cámara de 16mm, se rueda Leo es pardo (1976), considerado un antecedente estilístico de Arrebato. Desarrollando la idea de una historia espejística e hipnótica, Iván, con la ayuda de Martínez Torres se dispone a realizar un nuevo cortometraje de carácter más narrativo, y en donde, básicamente, se contaba al historia de un cineasta que se filma mientras duerme, pero el guión pronto se expande y enriquece y entonces surge la historia para su segundo (y último hasta el momento) largometraje: ha nacido Arrebato. Con la ayuda en la financiación del arquitecto leonés Nicolás Astigarraga, comienza en 1979 el técnica y económicamente precario rodaje de Arrebato, combinando super 8 con 35mm.

Aunque se estimó que el rodaje duraría entre 2 y 3 semanas, al final se alargó hasta cuatro semanas y media, con un presupuesto final de 14 millones de pesetas de entonces. El rodaje es esforzado, pero no puede salir del caos que provoca la presencia constante de las drogas delante y detrás de la cámara, muchos técnicos tiran la toalla. También el montaje se alargará más de lo pensado, y tras cinco meses de edición, Arrebato se estrenará finalmente en junio de 1980 en Madrid.

Iván Zulueta quiso contar en su película con un reparto poblado de gente joven y desconocida y con un equipo técnico de su confianza. Eusebio Poncela (Madrid, 1947), actor protagonista, tenía una sólida experiencia teatral y había hecho televisión y cine en películas poco memorables. Cecilia Roth (Buenos Aires, 1958), era una jovencísima y prometedora actriz argentina que había huido con su familia de la dictadura de la junta militar en su país; Arrebato fue su primera película española. Will More (Madrid, 1949), era un modelo con escasa experiencia interpretativa, aunque tenía estudios de interpretación en EEUU; el resto del equipo no tenia constancia de ningún otro trabajo suyo y su presencia se hacía tan enigmática como su personaje. Marta Fernández-Muro (Madrid, 1950) o Helena Fernán Gómez (Madrid, 1946), hija de Fernando Fernán Gómez, respondían también al perfil de intérpretes liberales, desinhibidos y con ganas de experimentar que el director requería. Gran parte del equipo técnico y artístico del filme, tenía una estrecha relación previa con el director además de ser afines políticamente, al igual que él, al PCE.


Ficha y sinopsis: AVISO, SPOILERS


Guión y dirección

IVÁN ZULUETA

Producción

NICOLAS ASTIGARRAGA Y AUGUSTO M. TORRES

Fotografía

ANGEL LUIS FERNÁNDEZ

Director de producción

MIGUEL ANGEL BERMEJO

Música original

NEGATIVO E IVÁN ZULUETA

Montaje

JOSÉ LUIS PELÁEZ, JOSÉ PEREZ LUNA, Y MARIA ELENA SÁINZ DE ROZAS

Sonido

MIGUEL POLO

Vestuario y maquillaje

JOSE ALBERTO URBIETA

Decorados

IVÁN ZULUETA, CARLOS ASTIGARRAGA Y EDUARDO EZNARRIAGA

Sonido

FRANCISCO PERANO



Duración

105 minutos

Producida por Nicolás Astigarraga PC.


José Sirgado

EUSEBIO PONCELA

Ana

CECILIA ROTH

Pedro

WILL MORE

Marta

MARTA FERNANDEZ-MURO

Tía Carmen

CARMEN GIRALT

Gloria

HELENA FERNAN GÓMEZ

Montador

ANTONIO GASSET

Chapero

MAX MADERA

Dependiente tienda de fotos

JAVI ULACIA

Vampira

ROSA CRESPO

Portero

LUÍS CIGES

Voz de Gloria

PEDRO ALMODÓVAR (sin acreditar)

José Sirgado es un director de treintaipocos años que acaba de terminar su segunda película. Esta especializado en películas de terror serie B, y su último filme es un cinta de vampiros mientras que el primero era una historia sobre licántropos. José vive una crisis creativa y personal que se refleja en la desidia con la que monta su filme, causada en parte por la ruptura tiempo atrás con su novia Ana y por su adicción a la heroína, mediante la cual busca el bienestar y el placer que el cine ya no es capaz de ofrecerle, aunque una vez lo hizo: “No es a mi a quien le gusta el cine, sino el cine a quien le gusto yo”.

Una noche tras volver a su casa procedente de la sala de montaje, se encuentra con que Ana ha regresado y se encuentra dormida sobre su cama. Además, el portero de su bloque le entrega un paquete que alguien, un conocido, esa misma mañana, le ha envidado por correo, consistente en una bobina de super 8 y una cinta magnetofónica grabada. Perturbado ante la inesperada presencia de la durmiente joven, José decide inyectarse la heroína que la joven ha traído consigo y sin que ella se de cuenta: una vía para huir de esa extraña realidad que se ha presentado ante él. José decide poner la cinta, en donde se oye la voz de Pedro, un joven de unos 29 años que conoció dos años atrás. Pedro era un ser de comportamiento la mayoría de las veces infantil e inmaduro, cuyo total obsesión era rodar en super 8 cualquier cosa que tuviese delante. No obstante, Pedro también mostraba a ratos un comportamiento inquietantemente comunicativo trufado de una verborrea metafísica y académica, cuando llegaba a la pausa, tras haber consumido drogas. Haya algo extraño en la voz de Pedro en esa cinta: suena débil, susurrante, ronca, cansada.

José solo vio en su vida dos veces a Pedro. Recuerda la primera vez que le vio en el viejo caserón familiar campestre en donde residía junto con su tía Carmen, en una visita que realizó un verano llevado por su amiga Marta, la prima de Pedro y también sobrina de Carmen, la cual les crió tras morir sus respectivos padres en una accidente de aviación (según las notas de producción de la película). Pedro cuando no rodaba con su cámara de cine casera permanecía casi ausente, oculto de la realidad, observando a los demás con atención pero sin pronunciar palabra y comportándose extrañamente. José advierte de la rara relación entre el comportamiento de Pedro y la personalidad de Carmen, una mujer tan afable y encantadora como aparentemente desequilibrada: Carmen no es capaz de concebir las imágenes rodadas (que ve en el viejo televisor en blanco y negro) como algo fuera de la manipulación humana, ya que asegura que su televisión “era en color, pero le hice un raspado”; mientras que Pedro parece, con su sola presencia, acelerar el transcurso de las imágenes de la televisión (¿o es debido a algo más?). José asiste entre divertido y desconcertado a la inquietante presencia de Pedro en las surrealistas conversaciones familiares.

No cabe duda que en su primer encuentro, Pedro encontró en José un aliado, alguien que por su condición de director de cine, de hacedor de imágenes podía ayudarle en su propósito de hallar en el hecho de filmar imágenes placer, éxtasis, arrebato: “Llegabas en un momento crucial para mí”. Aquel día por la noche, Pedro irrumpe por sorpresa en la habitación de José, quiere hablar con el y de paso que le invite a una dosisde heroína. Tras consumir, a parte de adquirir una nueva personalidad más madura y calmada en lugar de la de niño grande nervioso y agravar su voz, Pedro cambia siempre su apariencia mojándose y peinándose hacia atrás su cabello encrespado. Pedro le pide a José que le explique que debe hacer para filmar al “ritmo preciso”. Incapaz de responderle, Pedro le habla entonces de la importancia para el de encontrar “la pausa”, el momento preciso, el punto de huída. Para ilustrar ese concepto, Pedro enseña a su nuevo amigo una vieja colección de cromos que el hizo de pequeño y que era la favorita del director: Las minas del Rey Salomón. “¿Cuento tiempo te podías pasar mirando este cromo? (…)

Años, siglos, toda una mañana, imposible saberlo. Estabas en plena fuga, en éxtasis, colgado en plena pausa, arrebatado.” Ante la emocionada reacción de José ante la colección de cromos, Pedro percibe que José es, como él, un ser arrebatado, capaz de retener emotivamente los momentos de placer de su infancia, pero para Pedro los recuerdos no sirven de mucho.

El enigmático joven le enseña a José sus filmaciones en super 8, algo que no había hecho con su tía o con su prima. Se trata de unas torpes, rapidísimas y desencuadradas imágenes del entorno inmediato de Pedro, su tía Carmen, el jardín, la casa. José advierte que Pedro llora amargamente ante esas imágenes, no se siente feliz con ellas, no ha logrado su propósito de llegar a la pausa. Según Pedro le cuenta en su grabación “Que lejos estaba del sentido (…) de lo que hacer cine representa. Tu prometiste ayudarme”.

José deja de recordar aquel primer encuentro con Pedro y le vemos de nuevo en su piso con Ana, ya despertada, mientras la susurrante voz de Pedro continua hablando por el cassette. El cineasta le recrimina a la joven el haberse personado por sorpresa en su domicilio, pero ella, entre irónica y enojada le revela el propósito de su regreso: hacerle ver que a causa de su relación y posterior ruptura, ahora ella también esta enganchada a la droga. José recuerda sus encuentros sexuales con Ana, en los que la heroína jugaba un papel fundamental, y de inmediato evoca el segundo encuentro con su amigo, esta vez acompañado de Ana y a punto de rodar su primera película con ella como actriz. Días antes a aquel nuevo fin de semana en la finca de la familia del joven, José regaló por correo a Pedro una excelente cámara super 8 automática, con la cual este pudo depurar su técnica y filmar sin necesidad de sostener el aparato, tal y como comenta en la grabación que José sigue escuchando. José acude con Ana, algo que Pedro afirma en la cinta que no le era de su agrado, y solo este será su anfitrión, ya que la tía Carmen se ausenta esos días preparando el traslado de residencia de su sobrino y ella a Lourdes, una vez vendida la casa.

La inesperada presencia de Ana obliga a Pedro a “arrebatarla” y convertirla a su causa, tal y como hizo tiempo atrás con José. En la habitación donde se va a quedar la pareja, Pedro y José, sorprendentemente aliados, logran convencer a la muchacha que permanezca durante largo tiempo (horas) extasiada ante una muñeca de trapo de Betty Boop, tras haber fracasado con un teatrillo en miniatura. Ana se muestra encantada con al experiencia, que le remitió a su infancia. Por la noche, Pedro enseña a sus amigos sus nuevas filmaciones con la nueva cámara, también de la casa y el jardín pero mucho más concretas y estáticas, con las mismas imágenes rodadas continuamente durante varias horas. Pedro esta vez se muestra entusiasmado ante su obra, ya ha conseguido lo que quería, y comunica a José y Ana su intención de recorrer el mundo con su cámara filmando todo lo que vea.

José deja de nuevo de recordar y se reencuentra de nuevo en el tiempo actual con Ana, a la que parece no perdonar su inesperada presencia en ese momento. Ante la nula disposición de esta a marcharse, José trata evita que tome un nueva dosis y comienza a tratarla despóticamente e ignorarla, mientras se dispone a ver los rollos de película que Pedro el ha enviado, ante la insistencia de la voz este en la cinta: se trata de todo lo que a filmado en los últimos meses, tras abandonar la casa de su tía. Una dosis compartida parece reconciliar a la pareja, y tras un revivalístico numerito de Ana cantando imitando a Betty Boop que entusiasma a José, ambos, de nuevo enamorados, se disponen a ver las películas enviadas por Pedro. Imágenes urbanas a la velocidad de la luz de Madrid, ciudad donde parece haberse instalado Pedro, se suceden en la pantalla. En la grabación, Pedro asegura sentirse fascinado con los ritmos, la velocidad. Dice haberse instalado en el piso alto de un gran edificio, observando y filmando todo. Aunque al principio pedro no deseaba establecer relación con nadie y solo relacionarse con las personas a través de la filmación, según él pronto se hizo inevitable establecer contactos personales para citarse con gente y filmarles, lo cual obligó al taciturno joven a socializarse, aparentemente con la ayuda aparente de las drogas. Pedro afirma también que había llegado un momento en que ya no tenía nada más que filmar, y su voz y su aspecto “se agravaron”. Sus filmaciones ya no eran personales, “la cámara me la utilizaban otros”, el rodar a otras personas no le satisfizo y ya no obtenía placer con el cine. Expulsó de su vida a prácticamente todos los amigos que había hecho en su nueva vida gracias al cine, y un buen día se queda dormido ante al cámara, mientras esta filma. Allí, según Pedro “sorprendentemente se produjo un arrebato, sin yo hacer nada”.

En las imágenes ofrecidas por Pedro que José y Ana contemplan, se observa algo inquietante: hay un fotograma completamente en rojo que aparece en un momento dado de la película que muestra a Pedro durmiendo, filmado por su cámara de manera automática. En el fotograma anterior a ese aparece Pedro despertándose súbitamente, ¿que ha ocurrido? “Es como si la cámara se negase a fotografiar”, asegura Pedro. Tras visionarla por vez primera, Pedro, alarmado y fascinado al mismo tiempo, decidió repetir la experiencia, casi como enganchado. La filmación de una nueva noche durmiente repite la inquietante experiencia, con más fotogramas rojos. Pedro, emparanoiado, sospecha que algo extraño esta evitando que ciertos instantes no se filmen. El joven compra más y más rollos vírgenes de película para repetir y estudiar la extraña experiencia, durante varios días (cada cuatro una autofilmación), y en cada uno de ellos el número de fotogramas en rojo aumenta.

Pedro no siente ningún éxtasis con estas nuevas filmaciones, pero intuye que el placer que el una vez sintió filmando ahora viene del otro lado, de la propia cámara. Un día, Gloria, una amiga (presumiblemente un travestido) a la que hacia días que había dejado de ver, se presenta por sorpresa en su domicilio. Con ella en la habitación, Pedro se dispone a volver a filmarse dormido con la cámara puesta en automático. Gloria debía contar a su amigo que era lo que sucedía mientras la cámara filmaba, con el fin de averiguar la causa de las manchas rojas, pero a esta le molesta el ruido del aparato y la desconecta. En ese momento, pedro en la cama empieza a experimentar el síndrome de abstinencia sin la filmación de la cámara, y al despertarse arremete violentamente contra Gloria. No obstante, ambos deciden olvidar lo sucedido y deciden pasar una loca noche madrileña los dos juntos, llena de chaperos y juegos fetichistas.

A la mañana siguiente, visiblemente demacrado y pálido, Pedro obtiene una revelación “de pronto, reconocí a mis aliados (…) me poseían, me devoraban, y yo era feliz en la entrega”. La cámara ha comenzada a filmar ella sola, y Pedro, muy débil, no resiste a al tentación de tumbarse de nuevo en la cama para ser filmado por ella. Pedro continua comprando películas y dejando que la cámara le filme “fue a partir de ahí cuando viví mi plenitud cinematográfica”. En cada sesión quedan cada vez menos fotogramas filmados y más en rojo, quedan pocas películas para ver cual es resultado definitivo de la experiencia.

En los compases finales de la grabación de Pedro, José repentinamente increpa a Ana y le deja claro que lo suyo ya acabó, por culpa de la droga. Sin Ana, José continua escuchando la grabación y el final del rollo de la película, en donde Pedro narra como contó a su prima Marta el extraño caso de la cámara vampiro (¿le estaba chupando la sangre?, ¿le estaba poseyendo?). Marta se muestra escéptica, pero le Pedro pide que repita la misma experiencia - que resultó fallida- de Gloria, a lo que ella accede. Mientras Pedro duerme, la joven no puede con la tentación de conectar el proyector y ver algunas de las filmaciones previas de su primo, pero la cámara, que puntaba hacia Pedro, gira de motu propio y apunta hacia Marta, al cual desaparece, se volatiliza. José observa alucinado la desaparición repentina de la joven en la película. El rollo se termina. Pedro sugiere a José que revele el mismo el último rollo filmado por él la mañana del día que termina, el cual teóricamente contendrá la clave de los acontecimientos. Pedro esa misma mañana, según sus cálculos, no estará en casa.

Por la mañana, José se marcha despidiéndose de Ana, a la que le invita a quedarse en el piso si lo desea. Acude al apartamento de Pedro donde recoge la película del tomavistas (aún en funcionamiento) y la manda a rebelar. José pasa los tres días que tarda el revelado en casa de Pedro, contemplando las viejas películas de este y sus álbumes de cromos. Vestido con el mugriento abrigo de Pedro, José recoge el filme revelado y se dispone a verlo en el proyector de Pedro. Es todo fotogramas rojos, excepto uno, en donde se ve un primer plano de Pedro mirando fijamente a la cámara. José fija el fotograma en el proyector, y para su sorpresa la imagen de Pedro se mueve, pese a ser un solo fotograma. Parece querer indicarle algo. El rostro de Pedro se transforma en el de José, ante su estupefacción, y después vuelve a ser Pedro, y José y así sucesivamente. Ambos rostros parecen mirar hacia la cama, como indicándole a José que se tumbe ahí. Aterrado, José se tumba en el mismo lecho donde “desapareció” su amigo, mientas en el proyector su propio rostro parece reírse de él y el de Pedro le trata de decir algo así como “hazlo”. José se tapa al cara con al mata, y al cámara hacia él, se pone en marcha sola, filmándole. El director, tembloroso y asustado, se venda los ojos con un trozo de sábana, se cubre con la manta, la cámara sigue filmando cada vez más deprisa, pedro tiembla…la cámara “le dispara”, y la última imagen que vemos de José con los ojos tapados en la cama se convierte en unos fotogramas en blanco y negro que van transcurriendo en un proyector.


Cuando haces un filme maldito


La trayectoria comercial de Arrebato fue una experiencia frustrante que verdaderamente parecía constituir una continuación coherente, un castigo a lo que había sido hasta el momento la peligrosa existencia de Iván Zulueta. Se estrenó finalmente el 9 de junio de 1980 en el Cine Azul de Madrid. Hasta algunos meses después no podrá verse en el resto del país y solo en Barcelona. La película ya poco antes de su estreno había obtenido el premio de calidad del Ministerio de Cultura, algo realmente privilegiado para cualquier filme español, pero esto no convenció reclamo comercial y su exhibición y distribución ya solamente dentro de la capital madrileña fue escasa y chapucera.; estaba claro que las propias salas la consideraban muy atrevida y para colmo era la producción de una minúscula compañía independiente recién creada. El público es escaso, y muchos medios no logran ni acudir al estreno. Las primeras críticas, no obstante, son inmejorables; desde las Paginas de El País, Angel Fernandez Santos señala: “Cine que queda (...) Es "Arrebato" un instante oscuro del pesimismo. Es cine intrincado, insondable en algún punto de su torcido y tumultuoso recorrido. Y es, sobre todo, cine en carne viva, turbador, doloroso y elevado”; mientras que para Luís Martínez ”Nadie ni nada saldrá indemne de la experiencia más arriesgada y extrema que ha visto el cine español. La pantalla se quiebra, se deshace en un relato alucinado, inestable, vertiginoso y, pese a ello, sin fisuras. Fábula sin moraleja”.

No obstante, no toda la crítica será igual de halagadora ni mucho menos. Y en cuanto a su trayectoria en taquilla, de Madrid es retirada de la cartelera al de un mes, pero el boca a boca en ciertos círculos cinéfilos hará que se reponga a finales de ese año 1980 y logra estar un año en cartelera en una sola sala de exhibición. Ha nacido una película de culto, y durante los años sucesivos se presenta a festivales en donde puede hacer un buen papel, tales como el Festival de Cine de Misterio y el Festival de Cine Fantástico de Oporto en 1982, en donde obtiene el Premio de la crítica y el galardón al mejor guión. No obstante, en los Festivales de Cannes y Berlín es rechazada por su atrevimiento y por su carácter anticomercial.

En los años siguientes, entre la espiral de las drogas y su ocupación de cartelista cinematográfico, Zulueta abandona la dirección. Firma carteles de varios filmes de su amigo Pedro Almodovar como Laberinto de pasiones (1982), Entre tinieblas (1983) y ¿Qué he hecho yo para merecer esto! (1984); proyecta algunos guiones que nunca llegan a ver al luz ya que comenzará por esos años su proceso de rehabilitación, que finaliza en los 90. No obstante, por esos años podrá volver a la dirección con trabajos para televisión (Párpados, 1989, episodio para la serie de telefimes Delirios de amor). Para entonces, Arrebato y es considerada una obra maestra español.


Las cámaras no solo filman, los proyectores no solo proyectan.


30 años después Arrebato no deja de sorprender por su total sentido del riesgo. Narrativamente, Zulueta introdujo una novedad tan significativa como fue la discontinuidad narrativa en una época en la que esto no se estilaba en absoluto. Si bien la historia es técnicamente lineal (un día casi completo en la vida de José Sirgado, más partes de los tres siguientes), existen dos flashbacks que a parte de cumplir la habitual función de aclaración de conceptos y personajes de la historia se fusionan sorprendentemente con al narración del tiempo actual hasta el punto de lograr fagocitar y arrinconar la en un principio historia principal, difuminando por completo las fronteras temporales y mostrando así la total relación simbiótica extratemporal y extrespacial que se ha establecido entre Pedro y José, sin este último saberlo. El recurso de una narración por parte de uno de los personajes, realizada en un tiempo anterior al que transcurre la acción principal, es lo que logra este prodigio. Llega un momento en que la narración de Pedro deja paso al desarrollo de al historia, al desenlace, acelerando el tiempo, tal y como hace este personaje en las filmaciones que vemos hechas por el en toda al película.

La utilización del lenguaje metacinematográfico fue en esta película algo totalmente original e innovador. Era algo más que cine dentro del cine: un viaje a la esencia misma de la creación cinematográfica, de la creación de imágenes en celuloide. La reflexión de Iván Zulueta parece clara: hacer cine te engancha, es como la droga. Zulueta conocía muy bien las drogas y estaba fascinado por como eran capaces de crear placer, de hacer huir. El poder escapista de la droga solo es comparable según Zulueta con unas pocas cosas: recuerdos de la infancia y hacer cine. Efectivamente, los recuerdos de la niñez que nos presenta al película por medio de muñecos, cromos, tebeos, se presentan como una total fuente de placer y de éxtasis para sus tres protagonistas, es la memoria de una inocencia, basada en un fetichismo embrionario que convierte a los niños en futuros adultos entre hedonistas y fetichistas, en buscadores del placer por medio de una supuesta belleza basada solo en el recuerdo animal y primario, elemental. Solo viendo, mirando. Hacer cine, filmar películas, es lo que esta más cerca de hacer alcanzar aquel “arrebato” infantil, que muchos sintieron. Es sin embargo, algo tan placentero que pueda resultar adictivo, que puede destruir. Uno puede encontrar la pausa de la que habla Pedro por medio del cine, ya bien sea haciéndolo o contemplándolo; en otras hallar la pasión infantil, pero, ¿que ocurre cuando la búsqueda del arrebato se hace una necesidad? ¿Hay algunos sujetos que están más predestinados a adiccionarse a la pausa que otros? La respuesta de al película es afirmativa, y estos son los creadores y artistas, aquellos que de niños podían pasarse delante de un simple cromo durante días: José, Pedro y Ana son unas de esas personas, y pedro les pone a prueba en ese sentido con resultado positivo; José es como él y solo él podrá ayudarle cuando el cine parezca haber atrapado irreversiblemente a un ser tan extremadamente pasional y frágil que resulta sencillamente un niño en su edad mental.

El cine en su sentido más metafísico. Pedro necesita hacer cine y sentir el arrebato, con la ayuda de José lo consiguió. José, en cambio, dejo de sentirse atrapado por el cine, Pedro le ayudará a redimirse pero de una amanera total, bestial, radical. Las cámaras pueden convertirse en algo con vida propia, el cine puede llegar a existir por si solo si alguien se entrega con demasiada pasión a él. Así le ocurre a Pedro, y al final, también le ocurrirá a José. Hacer cine tiene su lado poético, pero puede también tener su lado destructivo, como la droga. Para Pedro el cine es como al droga, (y también para Zulueta), para José Sirgado el cine dejó de ser la droga y ahora se entrega a la heroína, algo con efectos más negativos a todos los niveles.

Al margen de esta reflexión sobre la creación cinematográfica y artística, Iván Zulueta demostró su amor fetichista por el cine en la abrumadora presencia de celuloides, rollos de películas, filmaciones en super 8. Estas últimas, merecen mención a parte, ya que filmadas previamente para la película constituyen una muestra total de experimentación en formato poco costoso y un prodigio de montaje del que el cine de Zulueta siempre ah hecho gala. Deslumbrantes e hipnóticas, entre sedantes y estresantes, reflejan el caos mental de Pedro una vez que con su nueva cámara se dispuso a entregarse la arrebato de al creación. A velocidad de vértigo, anécdotas de viajes, visiones turísticas, anécdota cotidiana. Todas las combinaciones posibles haciendo cine desde el éxtasis y la pasión. Y sin olvidar los múltiples homenajes cinéfilos que se hacen a lo largo de toda al película: Peter Pan, Bambi, Las minas del Rey Salomón


Polvos blancos


Arrebato es uno de los primeros filmes españoles que trató a pecho descubierto el tema de la droga, en una época (final de la transición a la democracia) en la que esto ya comenzaba a convertirse en un problema para la sociedad española. Sin embargo, aunque central en cierto modo, el tratamiento de este tema es más bien simbólico, aunque resulta explícito todo lo muestra el film en relación a él. En efecto, era la primera vez que se veía a actores pincharse (realmente) en una película comercial, y no se ahorraban imágenes para mostrar todos los pasos de un chute de jaco. Los tres protagonistas principales están enganchados, José ha visto como al heroína propició la ruptura con Ana u como esta se alejó de él a causa de su adicción, por otro lado debida a él mismo. La droga es la causante de la decadencia artística y sentimental de José Sirgado y por si fuera poco, ya no le proporciona placer…lo mismo que el cine.

La heroína y el cine aparecen aquí como dos cosas paralelas: las dos están destinadas a hacer huir, a hacer llegar al éxtasis. Pueden no hacerlo, cuando se ha perdido la pausa para huir. José llega a recuperarla, por medio de las imágenes que pedro le envía. ¿Ver cine engancha? Si, cuando algo te arrebató de niño, como a José y a pedro. El cine construye una realidad falsa que al final se vuelve una verdad, como la droga. Al final, la propia droga hará reconciliarse a José y a Ana, pero el cine los vuelve a separar. José, pese a hacer frente, terminará sucumbiendo ante el poder hipnótico de las imágenes., en parte por que no quiere aceptar su nefasta realidad actual. Ana, harta del cobarde escapismo de su exnovio, le dejará definitivamente. Hay que tener en cuenta las escenas en las que José trata de no atender a las explicaciones de Ana rememorando imágenes en super 8.

Los recuerdos, como la droga, producen el éxtasis. Pedro no quiere recuerdos para esto, quiere arrebatarse por medio del cine. El placer también se lo proporciona la droga, pero esta no es de su agrado, ya que le hace madurar de repente y deja de ser un niño con cuerpo de adulto para convertirse en un hombre filosófico y sabio, gurú pedante: “Me rebajan el ritmo. Me hacen crecer”. El cine no hace baja el ritmo, pueden manipularse los tiempos, por eso Pedro prefiere el celuloide. Aunque vibra y se arrebata también con fetiches infantiles, con juguetes y con objetos casi inocuos, como pedazos de chicle, prefiere filmar. Y rechaza los recuerdos: “aquí y ahora”, como Ana, pero no como José.

La visión sobre la droga que nos presenta el filme es claramente más amoral y provocadora (sobre todo para aquella época), aunque el énfasis en su efectos nocivos en algunos momentos hacen ver que el propio zulueta era ya consciente de que estaba metido en un proceso autodestructivo.


Iconografía de éxtasis


Visualmente, Arrebato es una obra totalmente innovadora, su montaje, su fotografía y su dirección artística anticiparon no pocos aspectos estilísticos del cine más moderno de los 80: Almodóvar (del que Iván fue colaborador en algunos de sus primeros cortos y que también tiene su parte en este filme), David Cronemberg, David Lynch, presentan en su carrera no pocos paralelismos con el estilo visual y narrativo de esta película: en el caso de los dos últimos, tal vez esto se deba a al capacidad visionaria del cineasta donostiarra más que al conocimiento que hayan tenido estos directores de esta película, pero en el caso del manchego, la influencia directa es más que evidente. No hay que olvidar que Zulueta diseño varios póster de filmes de su amigo Almodóvar. Se ha afirmado que el filme bebe conceptualmente de Buñuel o Arrabal, algo que resulta cierto, como no lo es menos que su estilo parece un claro antecedente visionario de muchas filmaciones digitales de los 90 y 2000, tanto pro al concisidad y poder imapctaánte de sus imágenes (fotografiadas con un magistral juego cromático) como por su sinuoso estilo narrativo.

La iluminación es uno de los elementos clave del atractivo de esta película. Con una total simbiosis con los colores, las luces son pálidas y tenues en las imágenes donde el blanco predomina, mientras que cuando se quiere reflejar entornos de interior apasionados, surgen sugerentes luces rojas. Los interiores es lo que predomina en este filme, habitaciones y estancias; algunas modernas, como las del piso de José y otras muy clásicas como las de la casa de la tía Carmen. El juego de luces y de colores llega a su cúlmen colorista en el piso de José, en sus escenas con Ana. La utilización de al luz cumple un papel manierista que los directores madrileños de los 80 (Almodóvar, Trueba, Colomo) copiarán hasta la saciedad. Y que decir de la decoración, todo hasta el más mínimo detalle: cojines tecnicolor, mobiliario de vanguardia, lámparas último modelo. La película tratará de esculpir una imagen de modernidad que va más allá del esnobismo para caer en la más pura avant garde. El vestuario, que muestra los primeros pasos de la movida madrileña, también es digno de mencionar. La película combina, en definitiva, al modernidad ochentista (cuando aún nos e había llegado a esa década) con otro tipo de imágenes más clásicas, en la finca de la familia de Pedro y Marta, que evocan a Buñuel o Carlos Saura.

La presencia de viejos juguetes, cómics y no tan viejos objetos infantiles, remite a un homenaje al universo infantil desde su vertiente más mitómana y fetichista. Pedro ha mitificado (y prolongado) su infancia y eso se tiene que notar. El universo infantil se convierte en un objeto más, un medio apara alcanzar sentirse arrebatado. Chicle mascado, un bote de blandiblub. Lo más extraño de la infancia puede ser incluso mágico.


Una fuente llena de referencias


A parte de las múltiples referencias cinematográficas y revivalistas de todos los que fueron niños en los 50, la película también toca otros aspectos. Uno de ellos, la libertad sexual, en una época señalada en ese sentido en al sociedad española. El filme incluye atrevidas escenas de desnudo para la época, incluso un masculino frontal a cargo de Eusebio Poncela, así como un pene ereccionándose presumiblemente de Will More. Aunque las escenas de sexo no son muy explícitas, si que es evidente un tratamiento bastante ácrata y provocador respecto al sexo, del que no es ajena al alusión a un tema tabú en la España postfranquista como era el de la homosexualidad. En efecto, Pedro confiesa haber tenido relaciones sexuales con el marido de su prima (y con ella), y deja patente su bisexualidad con su relación con un travesti y con un chapero vestido de cuero sadomaso. Aunque no vemos imágenes de sadoamoquismo, parece darse a entender que a Pedro y a Gloria les gustan este tipo de prácticas, así como otro tipo de filias que incluyen el disfrazarse de vampiros (elemento de claro simbolismo, como veremos). La presencia del travesti Gloria, interpretado por una mujer, Helena Fernán Gómez, parece un anticipo de la avalancha de travelos que vendría en la comedia madrileña en los años siguientes. Su personaje es el típico travesti histriónico e insustancial abundante en la capital hispana aquellos años de principios de la movida, que además estaba doblado por un entonces desconocido Pedro Almodóvar, hecho este que no gustó nada a la hija de Fernán Gómez.

Arrebato capta también, aunque de forma fugaz, el ambiente de los primeros compases de la movida, con creadores drogatas, vida nocturna, aparición de la homosexualidad, modernidad artística y decorativa, y como no, la irrupción de las drogas duras. La música del film, firmada por el propio Zulueta (gran seguidor del Rock y el Pop clásicos) y por Negativo, es muy avanzada para al época: música de secuenciación electrónica, rudimentaria, si, pero insólitamente evocadora de sonidos electrónicos con loops de los 90 y 2000. Su carácter hipnótico, en ocasiones, parece casi de chill out. La total unión de la música con el transcurrir y el ritmo de las imágenes era un recurso totalmente vanguardista que muchos filmes posteriores presentarán unos 20 años después. También hay otros tema de siniestra inspiración infantil, trufado de cantos infantiles en medio de una melodía minimalista. Este tema, tal vez el mejor de toda al BSO, es una ilustración del parte del carácter de la película, el recurso desesperado y enfermizo a los recuerdos infantiles. Sonidos de mecanismos y llantos de muñecos dan a esta melodía un inquietante tono más propio de filme de terror. La BSO de Arrebato merece ser considerada una de las más originales de la historia del cine español.

Pero si hay una referencia que resulta enormemente evocadora, es el cine fantástico. Si, porque Arrebato es una película fantástica, donde finalmente se violan las leyes de la naturaleza. La película es fiel a ese propósito y esta rodeada de un halo de irrealidad disfrazado de cotidianidad extravagante y atemporal. No son pocas las imágenes que tratan de ser tenebrosas de manera manierista (la súbita aparición de Pedro en el dormitorio de José, las inquietantes presencias de Pedro en la sala de estar de su tía). Y por supuesto, esta la metáfora del vampirismo: el cine como vampiro, como ladrón de la realidad, capaz de hacer pasar al ser humano que lo utiliza, que capta imágenes al otro lado, de transformar al creador en creación. Y esto lo consigue convirtiendo en víctima al ejecutor, robándole su vida, su esencia, chupándole la sangre. Pedro se entrega a su cámara y esta vive de él, le fagotiza, al cámara se siente arrebatada, creadora, le esta devorando su esencia. Pedro ya no será más un humano, será un ser en celuloide, la cámara le ha vampirizado cada noche. Como los vampiros, el cine necesita sangre, algo que filmar, en este caso. José Sirgado ha rodado una peli de vampiros, cuyas imágenes vemos al principio del filme. Pedro tiene miedo infantil a que alguien (¿un aliado?) le este haciendo algo inexplicable cada noche.

A parte del hecho simbólico de que Sirgado dirija películas de vampiros, hay bastante evocación en el hecho de que sea un realizador de cine de terror, ya que este era un género bastante maltratado en el cine español en aquel momento, con directores artesanos entre visionarios y artesanos gafados. Por ahí pululan veladamente en la película las figuras de Paul Naschy y Jess Franco, aunque ninguno es referencia directa para el personaje de José. Pero si algo resulta apasionante son las pequeñas referencias al mundo del fantástico que se hacen a lo largo de todo el filme y cuya función es la de hacernos recordar que estamos ante una historia que puede que no sea lo que parece: Otra vuelta de tuerca, la obre de Henry James se evoca en los lúgubres momentos en que Pedro trata de hacer recordar a luz tenue sus recuerdos de infancia y juega con su inquietante muñeco de ojos luminosos; Edgar Allan Poe (autor admirado por Zulueta), aparece cuando Pedro realiza sus primeras y tenebrosas apariciones en escena y se oye el graznido de un cuervo (la aparición ante la cama de José, evoca a The Raven); El mito del Dr. Jeckyl y Mr. Hyde es la inspiración en el cambio físico y de personalidad de Pedro, antes y después de consumir la droga.


Película y mito


No se puede decir que Arrebarto sea una película técnicamente perfecta, ya que sus leves fallos (montaje irregular, errores de continuidad) lo impiden pero resulta indiscutible su condición de obra maestra. Zulueta pudo ser un gran director, uno de los mejores cineastas del mundo. Su talento rebosa en todos los fotogramas del filme. Las interpretaciones son sorprendentes, extrañas y afectadas, como corresponde a un film de estas características. Esta película sirvión de consolidación para Eusebio Poncela y de lanzamiento para una joven Cecilia Roth, pero si algo resulta sorprendente en el trbajao actoral de esta obra es la alucinante interpretación de Will More (posiblemente pseudónimo, se desconoce el verdadero nombre del actor). El antiguo modelo apenas intervino en unos pocos largometrajes y cortos en los años siguientes (entre ellos, Entre Tinieblas, de Almodóvar) y su carácter de personaje enigmático le ha acompañado hasta el momento presente. Pedro, el delirante cineasta Peter Pan, el creador vampirizado por su criatura, es uno de los personajes más fascinantes de la historia del cine español.

Arrebato es algo más que un gran filme, es todo un objeto de culto. Tiene imperfecciones fruto de un rodaje demasiado precipitado, pero sigue siendo una obra maestra. No fue nunca editada en vídeo, pero por fin ha salido en DVD en una edición de lujo. Reivindicada por directores de las últimas generaciones, todo es elogios; Julio Medem declara que “Arrebato es una película que me sigue fascinando. Esa fue otra de las grandes películas que me animaron a hacer cine”. A partir de los 90 el culto a Arrebato crecerá, y su reposición puntual en salas de cine, como la del festival donostiarra en 1997, o la del Festival de Málaga de 2008, en la que se el concede el premio Película de Oro, atestiguan el perdurable poder de atracción de esta obra maestra.

Iván Zulueta, en su casa donostiarra, centrado en su trabajo en el diseño gráfico, planea desde hace tiempo volver al largometraje. Una buena noticia. En 1980 surgió una rara avis, una gema que cambió la historia del cine español. Ves Arrebato… y te sientes en plena fuga, en éxtasis, colgado en plena pausa… arrebatado.

martes, agosto 19, 2008

El aparatito de Lumiere - EL CABALLERO OSCURO (THE DARK KNIGHT)


*** y 1/2

La película del verano 2008 no ha defraudado en absoluto las expectativas. Más allá de su innegable comercialidad (el personaje de Batman se ha convertido en una muy lucrativa franquicia para Warner Bros desde hace veinte años) y su capacidad para cumplir su objetivo fundamental, que no es otro que la de entretener al espectador en periodo vacacional, The Dark Knight es una muy sólida película de acción y aventuras muy bien estructurada y narrada y filmada con clase por Christopher Nolan, director también de la entrega anterior sobre el superhéroe creado por Bob Kane, Batman Begins (2005), con la cual se inauguraba una nueva saga sobre el personaje muy poco después de concluir la iniciada por Tim Burton y continuada por Joel Schumacher. Nolan continúa con este filme el sugerente estilo visual de al anterior entrega, igual de filme noir pero con mayor presencia de escenarios sofisticados y de alta tecnología. La revisión de los orígenes del personaje y la inclusión de nuevos caracteres inexistentes en el cómic original y en otras adaptaciones, lejos de ser un error se consolida como un sólido acierto. Y es que además, se han pulido y corregido errores de al anterior entrega, como la existencia de infinidad de tramas y personajes solapantes, y se ha conseguido una historia aparentemente sencilla pero en realidad muy compleja, combinando esforzadamente el análisis ético, psicológico y antropológico de la condición humana con la aventura épica. No se ha conseguido en ese sentido un resultado redondo (demasiada ambición y pretenciosidad), pero consigue dar el impacto. Este nuevo Batman tal vez sea junto con la mítica Superman (1978) de Richard Donner la mejor película de superhéroes hecha hasta la fecha.

Claro está, hay un añadido en el atractivo de esta película: el hecho de que se trata de la película póstuma del malogrado Heath Ledger, quien se puso en la piel del villano mas carismático de Batman: el Jocker. El morbo de ver la última interpretación de este joven y estupendo actor, quien además en este filme realizó su mejor interpretación, es innegable. Como también es un aliciente para el público el recurso al personaje del Jocker como malo malísimo de la función, ya las características del personaje en las últimas versiones cinematográficas, un psicópata histriónico, demente, sin escrúpulos y que utiliza el crimen como puro diversión es algo, que, se admita o no, ejerce una gran fascinación. Y Heath Ledger ha logrado componer un Jocker memorable, un ser ruin y despiadado que pone en jaque la integridad moral del propio Batman y de toda Gotham City. Ledger afirmó haberse inspirado en la inolvidable interpretación de Malcom McDowell como Alex en La Naranja Mecánica para caracterizar al psicópata-payaso que en este filme se convierte además en un megalómano terrorista. Repite gran parte del rutilante reparto del Batman anterior, con Christian Bale a la cabeza como el atribulado hombre murciélago. En esta ocasión, Batman se nos presenta como un héroe ya cansado de su propia condición y que desea delegar su rol de justiciero de Gotham en el ambicioso fiscal Harvey Dent (Aaron Eckhart), quien necesidad de artilugios ni de vestirte de leotardos lleva a cabo un exitoso golpe contra el crimen organizado en la ciudad, aunque Batman/Bruce Wayne ignora que el letrado se convertirá en el otro villano de la función: Harvey Dos Caras. Vuelven a aparecer también Michael Caine como Alfred, el mayordomo y confidente de Bruce Wayne, Morgan Freeman como Lucious Fox, el proveedor de armas y tecnología de Batman y Gary Oldman como el comisario Gordon. A parte de Heath Ledger y Aaron Eckhart, se incorporan entre otros Maggie Gylleenhall como Rachel Dawes, papel que en la anterior entrega pertenecía a Katie Colmes y Eric Roberts como el capo mafioso Maroni.

Ha sido un acierto - proveniente de Batman Begins- la reinvención del personaje que ha llevado a cabo Christopher Nolan, y que en esta entrega explota con espectaculares resultados. Aunque el filme es inspira en el título de una relativamente reciente adaptación del personaje en el cómic (The Dark Knight Returns, 1996) firmada por Frank Miller, en realidad no tiene mucho que ver argumentalmente esta película con dicha obra, aunque si conserva su esencia, que es el carácter de análisis ético y moral del propio personaje y sus enemigos. Aquí además se nos presentan diferentes casos de falsa moral, mentiras, hipocresía y corrupción de altos estamentos en lo que parece un tratado de miserias morales del ser humano, corrompido muchas veces por su egoísmo. La fina línea que separa al héroe del villano y que termina por representar el propio Batman, es otro de los temas, en un relato de temática claramente adulta pero que no renuncia al espectáculo y la épica de gran carga emocional.

La historia se desarrolla muy bien y unos e queda atónita ante un poderío visual impactante (espectaculres escenarios y efectos especiales), y un sabio manejo de la acción a años luz del típico cine de acción-espectáculo. La cinta sabe ponerse seria cuando es necesario y evasiva cuando también hace falta, aunque tal vez sobre algún que otro momento excesivo y cierta pedantería. No se llega a la moralina, pero en muchas ocasiones la película no culmina situaciones que resultaban bastante prometedoras desde el punto de vista de la narración y del discurso. Mucha acción, aventura, adrenalina, emoción, giros de guión, trampas inteligentes al espectador; todo se presenta impecablemnte, y aunque The Dark Knight no llega a la categoría de obra maestra, es un auténtico acierto el ir a verla, especialmente si lo que se quiere es diversión inteligente.

martes, agosto 12, 2008

El aparatito de Lumiere - CINE DE VERANO: ESCONDIDOS EN BRUJAS / SUPERAGENTE 86

ESCONDIDOS EN BRUJAS (IN BRUGES)

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Curioso thriller tragicómico británico que partiendo de una premisa casual y fortuita va formando una sórdida y patética historia protagonizada por dos asesinos a sueldo de nacionalidad irlandesa que tras haber perpetrado algunos “trabajos”, se encuentran en la bella ciudad belga de Brujas a la espera de noticias. Con un estilo directo, muy cotidiano y sin concesiones al efectismo narrativo, asistimos a una historia de dudas, remordimientos de conciencia, traiciones y violencia muy explícita que cayendo a veces en lo caricaturesco trata de mostrarnos lo absurdo de la violencia irracional.

Los dos sicarios que se nos presentan en este filme son dos personajes tan patéticos como desagradables: Ken (Brendan Gleeson) un veterano asesino dispuesto a todo con tal de agradar a sus superiores, y Ray (Colin Farell), un joven inseguro y lleno de remordimientos por una acción pasada. Situar a estos dos personajes al límite y llenos de ansiedad en un entorno totalmente ajeno a ellos supone un interesante ejercicio de desarrollo psicológico de personajes que la película aprovecha al máximo. El encuentro de los protagonistas en al ciudad con curiosos personajes, como Jimmy (Jordan Prentice), un actor norteamericano enano de oscuro comportamiento, el desastroso amago de relación de Ray con la belga Chloë (Clémence Poesy) y la concatenación de situaciones absurdas dan al filme un tono un tanto excéntrico y marciano, en donde el homenaje al cine de acción europeo de los 70 (francés, principalmente), es una constante. Como también lo es Quentin Tarantino, en la manera de tratar la violencia y en el recurso de diálogos rebuscados, ingeniosos y frikis, destacando el de la reflexión sobre el trágico destino de muchos actores con enanismo. No obstante, la película se pierde muchas veces por culpa de lo excéntrico de su guión y la pretenciosidad de algunos momentos, como algunas rebuscadas secuencias de homenaje al Bosco que tratan de jugar con el concepto de realidad/sueños. Eso si, el estupendo reparto, que incluye también a Ralph Fiennes, cumple con creces.


SUPERAGENTE 86 (GET SMART)

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La industria hollywoodiense anda tan mal en cuanto a ideas que la adaptación en los últimos años de series de televisión legendarias se esta convirtiendo en la fuente mas habitual para crear éxito y rentabilidad en taquilla, especialmente en fechas veraniegas. Ahora le toca el turno a una mítica serie cómica, Get Smart, conocida en España, como El Superagente 86, serial de enorme éxito a finales de los 60 que parodiaba el cine de agentes secretos y de espías con una clara referencia bufa a las aventuras de James Bond. Emitida en España a principios de los 70 en sus primeras temporadas y las últimas tardíamente a mediados de los 80, la serie, creada por Mel Brooks, presentaba en cada episodio historietas dignas de Mortadelo y Filemón (precisamente, de aquí fue donde tomó Ibáñez conceptos como el zapatófono y las disparatadas entradas secretas) con un humor absurdo repleto de gags hilarantes, todo muy de tebeo y a lo dibujos animados. En esta versión cinematográfica dirigida con oficio pero de manera harto previsible por el especialista en comedias desmadradas Peter Segal, a los intérpretes de la teleserie original Don Adams, como Maxwell Smart, el torpe, sinsorgo y botarate Agente 86, y Barbara Feldon, como la bella y esforzada Agente 99, compañera de Smart, (que terminará casándose con el en la serie), les reemplazan Steve Carrell, uno de los actores cómicos con mas presencia en los últimos años (Pequeña Miss Sunshine, Sigo como Dios) y Anne Hathaway (Brokeback Mountain). Con la muchos de los personajes fijos de la serie (El Jefe, el agente Larabee, el agente13), el filme sigue la estela del humor slapstick, melbrooksiano y un tanto infantil de la serie original, sazonándolo de supuesta incorrección política y con acción y efectos especiales, como mandan los cánones de las películas de evasión estivales. El resultado es un filme entretenido, con algún gag ingenioso, pero que no se sale en absoluto de lo predecible.

El enfrentamiento entre la agencia Control, a la que pertenecen 86 y 99 y la organización criminal Kaos, que en este filme, como era de suponer quiere atacar EEUU vendiendo misiles a diferentes dictadores del mundo hostiles a USA, centra la historia, en parte desarrollada y rodada en Rusia, país al que acuden Maxwell y 99 en su primera misión juntos. La química entre Steve Carrell y Anne Hathaway es muy deficiente y verdaderamente decepcionará a los fans de la serie ya que además, al menos inicialmente, la relación de estos dos personajes es diferente a al que se podía ver en la pequeña pantalla. Carrell, eso sí, se esfuerza en dotar de comicidad y autenticidad a su personaje, imitando, tal vez demasiado a Dom Adams, en tics y presencia ante al cámara. En ese sentido, los seguidores del personaje pueden estar tranquilos ya que además el filme recupera algunos gags o recursos antológicos (el cono del silencio, el zapatófono, la coletilla de Maxwell Smart de “el viejo truco de…”). De todos modos, como película, Superagente 86 no resulta nada del otro jueves, y en ocasiones llega a echarse en falta la premisa básica de un filme de estas características: más humor.

lunes, agosto 11, 2008

TRAS EL PARANTESIS VACACIONAL...

...RAYOS C SE REINCORPORA A SU PROPIA "VIDA LABORAL".


SEGUIMOS BRILLANDO.


miércoles, julio 16, 2008

15/07/2008: BRUCE SPRINGSTEEN ESTADIO DE ANOETA


Bruce Springsteen entusiasmó en Donosti. Fueron casi tres horas de concierto que no defraudaron en absoluto las expectativas de quienes habíamos acudido a ver el que, año tras año, sigue siendo el mejor directo del Rock. La capacidad de convocatoria del Boss, a sus 58 años y con más de 35 de carrera sigue siendo titánica e incuestionable. Un público intergeneracional vibró con un espectáculo en toda regla basado en la fuerza de un repertorio de primer nivel y en la energía que Springsteen y su E Steret Band derrocharon en todo momento, en un ritual rockista en toda regla, con todo lo que se esperaba: contacto directo con el público a través de una estratégica pasarela cerca de las primeras filas, interactuación con el respetable a la hora de amoldar el repertorio y los tempos de los temas, y una buena lista de momentos álgidos que levantaron el Estadio de Anoeta, incluidos bises apoteósicos.

Bruce demostró que su buena forma física es la calve de su energía escénica y de su longevidad en la primera división de la música popular. Esas carreras a alo largo del escenario y su tenacidad para mantener viva la entrega del público durante tres horas es algo que solo él puedo conseguirlo en el mundo musical actualmente, y eso teniendo en cuenta que estamos hablando de un músico de casi 60 años. Una noche inolvidable, en definitiva, y eso que el sonido no estuvo a al altura de las circunstancias, con varios altibajos, acoples, algún que otro pitido y una sensación de que no se llegaba a registros mas altos cuando se podía perfectamente. Estas deficiencias no empañaron el concierto, aunque tal vez dejaron una sensación de “podía haber sido aún mejor…”; pero, ¿alguien pensó en algún momento de la velada que eso sería posible? A las 10 y cuarto, un cuarto de hora mas tarde de lo estipulado, aparecieron sobre el escenario Bruce Sprigsteen y los nueve miembros actuales de la E Street Band: Roy Bittan (piano, sintetizador y acordeón), Little Steven Van Zandt (guitarras, mandolina, voz y coros), Clarence Clemons (saxo, percusión, voz y coros), Nils Lofgren (guitarras, voz, y coros), Garry Tallent (bajo y coros), Max Weimberg (batería), Soozie Tyrell (violín, percusión y coros), Charles Giordano (órgano, sintetizador y acordeón), que sustituye al legendario y recientemente fallecido Danny Federici, y como no, la sra. Springsteen, Patti Scialfa (guitarra, percusión, voz y coros); un formación que al margen de incorporaciones en los últimos años, se ha mantenido prácticamente estable desde mediados de los 70 y a pesar de que en los 90 Bruce decidiese desactivarla. El propio Boss, guitarras y harmónica, dirigió maestramente durante la noche a su fenomenal y mítico grupo de acompañamiento, todos vestidos de riguroso negro. Al fondo, tres pantallas, dos laterales rectangulares en vertical que ofrecían imágenes de la progresión de los músicos sobre el escenario, y una grande en el fondo que hacía las veces de fondo de paisaje ofreciendo vistosas imágenes fijas en concordancia con momentos estratégicos de la actuación.

Se abrió el fuego con Tunnel Of Love, un comienzo AOR, mediotempista en crescendo y nocturno, perfecto para ir ambientando una velada de pasión rockista y fuertes sensaciones. Y es que en esta segunda fase de su Magic Tour, el de New Jersey ha preferido relegar el repertorio procedente de su último LP, Magic, a favor de una selección de temas fundamentales de toda su discografía. Cuatro fueron en total los temas interpretados de su último álbum, tan bien recibidos como los temas más emblemáticos y explotados. Variando muy poco los temas clásicos, estaba claro que Springsteen y su banda desean que todo el público reciba sus temas favoritos prácticamente tal y como los conocieron, aún mucho más enriquecidos con la interpretación de más instrumentos que en las grabaciones originales y con sitio también para jams e improvisaciones instrumentales varias resueltas con profesionalidad y solvencia. Tras el preludio con el Bruce tecladista de finales de los 80 post-Born In The USA, regreso al presente con el estimulante primer single de Magic, Radio Nowhere que puso la primera gran traca explota estadios e insufló las dosis de adrenalina al público necesarias para afrontar el vendabal que se avecinaba. Luego, No Surrender, la declaración de principios del americano de clase baja con ansias de ascenso social convertida en canción-himno del partido Demócrata, sirvió para mostrar la pericia de los miembros de la E Street Band en sus respectivos instrumentos. Out In The Street, del mítico LP The River (1980) puso al público, ya entregado, a corear los “oh-oh-oh-oh-oh” , del estribillo de manera entusiasmada. Hungry Heart, del mismo LP y un tema clásico en el repertorio del boss y un auténtico estándar del rock, recibió más tarde la misma o mayor calurosa acogida que Out In The Street, destapando la vena soul del boss y el poder de fascinación que tiene este tipo de música negra interpretada en grandes estadios. El público coreando el pegadizo estribillo de este tema (que curiosamente iba originalmente destinado al repertorio de… ¡Ramones!), fue uno de los momentos mas emocionantes del concierto.

Tras los temas iniciales, Bruce desató definitivamente su rol de comunicador nato y en la pasarela al efecto, comenzó se “mezcló” con el público a lo largo de dicha plataforma, la cual ocupaba la longitud del escenario. Apretones de manos, palmadas, y recolección de carteles hechos a mano por el público, en donde en algunos figuraba el título de algunos temas del músico que la gente deseaba que interpretase, terminaron de establecer la comunión absoluta entre el intérprete y su público. Sin separarse de sus guitarras en los primeros compases del recital (y de las que mas tarde iría prescindiendo), el Boss echó el resto con The Promised Land o Prove It All Night, el rock desengañado, proletario y loser del LP Darkness On The Edge Of The Town, con abundantes solos de Van Zandt y Lofgren, cada uno en su magistral estilo guitarrístico. Se echaron en falta mayores duelos instrumentales por parte de Bruce y los miembros de su banda, tan solo el impromptu final entre Springsteen y Little Steven de Prove It All Night sirvió la catarsis de diálogo virtuosista que muchos del público esperaban, aunque los problemas en las torres de sonido no ayudaron mucho. Por el contrario, cuando el de New Jersey se largó unos espectaculares solos en otros temas, afortunadamente no hubo ningún inconveniente y se pudo disfrutar de los punteos de un guitarrista voluntarioso pero menos brillante que los dos acompañantes antes citados, quienes tuvieron también sus abundantes momentos de protagonismo a lo largo de la noche. Una aguerrida versión de Summertime Blues de Chuck Berry puso descaro y energía teenager a la experimentada banda, en general como un reloj en el escenario. El saxo de Clarence Clemons (fenomenal showman) sonó imponente en todo momento, Max Weimberg demostró ser un batería fuera de serie, Nils Lofgren puso la cadencia country rock (esa distorsión steel guitar), Van Zandt la sureña (y su complicidad escénica con el jefe) y Roy Bittan y Garry Tallent, siempre más discretos, el inconfundible colchón sonoro y ambiental que siempre ha acompañado a Bruce en disco y en directo durante más de 30 años. La Scialfa derrocha más carisma que talento, Soozie Tyrell demuestra que ha sido un fichaje acertado (un violín en la E Street Band, ¿por qué no?), y Giordano sigue perfectamente los pasos del llorado Danny Federici.

Llegaron los momentos de emoción: a petición de uno de los carteles que portaba alguien del público, Bruce regresó a sus comienzos de canción de autor rescatando su 4th of July, Asbury Park (Sandy) de The Wild, The Innocent And The E Street Shuffle, amarga baladita folkie que Springsteen reinterpretó con suma sensibilidad con el apoyo del acordeón de Bittan mientras el escenario se quedaba a media luz y la pantalla grande ofrecía imágenes de un desierto parque de atracciones. Con la carne de gallina tras el interludio intimista, la banda recupera energía pero en dosis moderadas ofreciendo la enérgica versión eléctrica de uno de los temas acústicos mas conocidos de la carrera de Bruce, Atlantic City, batería imponente de Weimberg, pianos poderosos, espectaculares cambios de ritmo y la voz de Springsteen echando el resto con al complicidad de un coreante público. Livin In The Future y Long Walk Home fueron, a parte de Radio Nowhere, las canciones del ultimo álbum de las que el boss echó mano fuera de los bises y fueron bastante bien recibidas y mucho mejor interpretadas, con esa mixtura soul y folk en la primera, y el tono rabioso y reivindicativo de la segunda. Ninguno de los temas de Magic parecía desentonar en un repertorio mayormente de clásicos. Con mensajes concienciados en esforzado castellano Bruce trató de crear la atmósfera anímica anti-bush previa a Long Walk Home, pero esta claro que es más efectivo el lenguaje internacional de la música ante las dificultades idiomáticas.

Temas del primerísimo Springsteen como Growin´ Up parecen tener sitio en el repertorio en directo del músico en esta década tras haberlos arrinconado durante años, y la verdad es que la oportunidad de su recuperación es total: rock de cantoautor intenso y afectado reivindicable y efectivo en estadios a más no poder. Los momentos más intimistas se combinaron magistralmente con los más callejeros y canallas como Darlington Country (otro tema adueñado por el público), y surgieron sorpresas como la versión de Because The Night, el clásico que Bruce escribió a pachas con Patti Smith y que esta interpretó en 1978, logrando hacer saltar y bailar al público al son de su enérgico y pegadizo estribillo (sensación la que se hizo sentir al oír los primeros compases de piano de la canción). La emoción fue en crescendo con la envolvente balada Tougher Than The Rest , interpretada con alta intensidad junto con Patti Scialfa en uno de los momentos cumbre del recital. Había que terminar el concierto antes de los bises y era momento de alargar los temas y buscar el delirio del respetable: Prove It All Night tuvo varios falsos finales, She´s The One sonó tan negra, arrebatadora y bluesrockera como su original del 1975 y Mary´s Place puso al público de pie con su alegría entre sureña y de Rythm and Blues.


Tras hacer el mutis de rigor, Bruce y los suyos reaparecieron a lo grande concatenando temas de alto voltaje: Badlands , inmortal tema en el repertorio springsteeniano volvió a hacer revivir la época de la crisis del petróleo y sus consecuencias en el campo estadounidense, con su inolvidable riff teclístico y su palmeable y pegadizo estribillo que hizo enloquecer al público. The Last To Die devolvió al Springsteen más políticamente comprometido de los últimos años a través de un rock americano afectado e intenso que no hizo decaer la fiesta final que se estaba viviendo. The Rising, otra vez el Springsteen más maduro de los 2000 en impecable medio tiempo rock para grandes audiencias, fue uno de los temas que precedió a al traca final: el inmortal Born To Run, la pieza por la que jamás pasará el tiempo y que seguirá entusiasmando e inspirando a rockers de diferentes generaciones (porque vagabundos como nosotros, nena, hemos nacido para correr…) dejó definitivamente en pie a la audiencia que aún permanecía postrada en sus asientos, mientras se coreaba su ooooh!...Otro clásico mítico, Dancing In The Dark, el brillante primer single de Born In The USA (1984), el disco que convirtió al boss en un fenómeno de masas, se presentó tan encantador, urbano y ochenteno como le conocidos, aunque su conocidísimo riff de sintetizador fue interpretado por varios instrumentos, y coreado compulsivamente por un público enloquecido, mientras Bruce aún mantenía su chorro de voz pese al largo tiempo que llevaba cantando (se alquila esta pistola, incluso cuando estamos bailando en la oscuridad…). El cierre vino de la mano de American Land, el himno de folk céltico que el boss dedica a todos los inmigrantes de todas partes del mundo que contribuyeron a forjar el pueblo y la nación americana, con toda la banda en primera línea de fuego y el público enfervorizando. Parecía que este iba a ser el último tema, pero no: la propina inesperada llegó con una versión del Twist And Shout fusionado con La Bamba, con la complicidad del público. El respetable, ya estaba pleno de ajetreo y entusiasmo y despidió a Bruce y la E Street Band con una enorme ovación y gritos de entusiasmo.


Aunque suene cursi, fue una noche mágica. Una fiesta plena con un anfitrión de lujo, una leyenda de la música al que alguna vez en la vida, hay que haberle visto. Trabajo, pasión, honestidad, profesionalidad, buen hacer. Todo lo que toca el Boss se vuelve grande. Y todos los que de alguna manera hemos conectado con su música, también sentimos haber hecho algo grande. Todos queremos ser como Bruce.

lunes, julio 14, 2008

El aparatito de Lumiere - FUNNY GAMES (FUNNY GAMES U.S.)


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En 1997 el director austriaco Michael Haneke rodó en Alemania Funny Games, una polémica película de estructura casi teatral en la que se hacía una siniestra reflexión sobre la violencia como espectáculo, tanto desde el punto de vista narrativo como visual (aunque significativamente casi todas las escenas violentas eran omitidas mediante elipsis), criticando de paso la manipulación que se hacía (y se sigue haciendo) de cara al público de la violencia en el cine norteamericano. Once años después, el veterano realizador, quien cuenta en su currículo con premiados filmes dirigidos en varios países como la - no menos polémica - cinta francesa La Pianista (2002) o Código Desconocido (2000), ha llevado a cabo un remake de Funny Games en inglés y producido en USA aunque en coproducción con varios países europeos. El asunto era llevar a más público una película de culto, pero siguiendo fielmente el guión original y calcando plano por plano todas y cada una de las secuencias del Funny Games teutón. Es decir, que esta nueva versión sigue totalmente el espíritu de la película original: provocación continua al espectador mediante la catarsis de uno de los temas mas recurridos en el cine de los últimos tiempos: la violencia-espectáculo desde su vertiente más gratuita. Y claro está, sin renunciar en absoluto a presentar una teoría propia sobre la articulación de la violencia en la vida cotidiana y en cualquier contexto. El resultado es una película tan desasosegante y de incomoda visión como al original, aunque, como hemos dicho antes, la violencia salvaje no se ve explícitamente.

La actriz Naomi Watts es la productora y protagonista femenina de este nuevo Funny Games, en el cual incorpora a Ann, la madre de familia que junto con su marido George (Tim Roth) y su hijo, el pequeño Georgia (Devon Gearhart) son las víctimas en su propia casa, un lujosos chalet en una idílica urbanización cerca de un lago, del sadismo de dos misteriosos veinteañeros. Todo comienza cuando la familia recibe a los muchachos (interpretados por Michael Pitt y Brady Corbet), los cuales al parecer eran invitados de sus vecinos, pidiendo unos huevos para al comida que esta preparando su supuesta anfitriona. Con modales extremadamente exquisitos, pero un tanto compulsivos e inquietantes, los jóvenes (los cuales utilizan varios nombres y apodos a lo largo del filme), vestidos de impecable ropa deportiva en blanco inmaculado y ataviados con guantes blancos, se las ingenian para retener a los tres integrantes de la familia, y sin razón alguna, les someten sus “inocentes” juegos. Comienza entonces una narración angustiosa que va más allá del thriller y del cine de asesinatos adentrándose en el terreno del juego y del azar, ni más ni menos, para mostrar lo inverosímil que puede ser el origen de la violencia más irracional e injustificada. Todo es presentado tratando de hacer cómplice al espectador, mostrando recursos metanarrativoss e incluso “interactivos” - incluidos varios momentos en el que los jóvenes visitantes se dirigen directamente al público- en donde no se sabe a ciencia cierta si se están riendo de nosotros o simplemente nos están poniendo ante una situación tan límite que el tomar partido se hace inevitable, a costa poner en evidencia nuestras debilidades.

Filme inteligente y que da mucho que pensar, no es sino una muestra de las consecuencias de la cultura de al violencia en nuestra sociedad, que afecta hasta a las personas más insospechadas. La violencia como juego. Puede que no sea palto para todos los gustos, pero merece la pena ser vista.

domingo, julio 13, 2008

LOS RAYOS C SE VAN A VER A BRUCE SPRINGSTEEN EN DONOSTI


Este martes día 15 de julio veré por primera vez en vivo a Bruce Springsteen, uno de mis mas loados ídolos musicales. Sobra decir que será una experiencia inolvidable y personalmente un momento verdaderamente emotivo y recordable para el resto de la vida. Por ello me dispondré a compartir con todos vosotros, en estos Rayosc, la crónica del concierto en Donostia del músico de Freehold, que espero este lista antes que finalice la próxima semana.

El creador de Born To Run, The River, Badlands, Hungry Heart, Thunder Road, Racing In The Street, Promise Land, Out In The Street, responsable de discos tan fundamentales en la historia del rock como The River, Born To Run o Born In The USA, y uno de los cronistas mas intensos, auténticos y honestos de la sociedad americana y del universo rockista nos deleitará, junto a su mítica E Street Band, con su profesioanlidad y buen hacer sobre el escenario, aunque en esta gira este mostrando ya el paso de los años (se acerca a la sesentena).

En los próximos días, teneis una cita con la cróncia del concierto. hasta entonces.