lunes, octubre 25, 2010

MERCADER DEL TIEMPO (I): EL CAMINANTE. Relato de ficción




Se oía a los perros ladrar en la lejanía en el momento en que el sol comenzaba a ocultarse. El carromato tirado por mulas seguía avanzando por el camino en una silenciosa tarde de verano. Aquel silencio era solo profanado por algún canto de pájaro, zumbidos de insectos y los ladridos de canes- posiblemente propiedad de algún ocupante de las pequeñas cabañas que se podían ver a lo largo del camino- que el labrador y su hijo estaban oyendo a unas pocas millas antes de llegar al pueblo. El cielo ya estaba comenzando a tornarse anaranjado y las casas pardas y blancas de la aldea empezaban a ser visibles para los dos ocupantes del carro. El labrador era un hombre de casi cincuenta años, grueso y alto, de cráneo calvo oculto por una gorra aunque bajo esta se podía atisbar aún algo de pelo gris. Su hijo, era un mozo de unos dieciocho años, algo mas alto que su padre pero de constitución algo menos robusta, pelo rubio oscuro bajo un gorro de paja y muy incipiente barba recorriéndole la quijada. Dos mulas tiraban del carro que llevaba muchos metros sin toparse con un alma, hasta que a la izquierda del camino los dos campesinos vieron a alguien.

El caminante iba vestido con una larga chaqueta de tono pardo que llevaba prácticamente abrochada pese al calor que hacía. Sobre la cabeza llevaba un sombrero pequeño y extraño de color ocre, casi como una capucha, aunque no formaba parte del abrigo. Aquel hombre parecía un anciano ya que su barba era blanca y su pelo también lo era. Caminaba ayudado por un bastón y cuando los campesinos pasaron delante de él contemplaron como su mirada permanecía perdida mirando a algún punto indeterminado con el rostro serio y preocupado. Podía parecer un peregrino, pero en aquella zona no había de paso ningún lugar de peregrinaje. El campesino y su hijo pensaron que se trataba de algún mendigo del que solo Dios sabía su procedencia. Pararon el carro y se dirigieron al caminante:
-                      ¡Eh!, ¿A dónde se dirige?
El caminante se detuvo y señaló al pueblo que se veía en el horizonte.
-                      Hacia cualquier lugar en donde me den comida y un techo donde pasar la noche.
El padre y el hijo se miraron
-                      Nosotros vivimos en ese pueblo. Si quiere le podemos llevar hasta allí. También puede cenar con nosotros y, si quiere, dormir en el cobertizo
El viajero subió al carro, tarea para lo que no necesito ninguna ayuda pese a su aspecto desvalido. El campesino y su hijo advirtieron que el hombre tal vez no era tan viejo como parecía a pesar de su cabello y su barba blanca
-                      ¿De donde es usted?-  Inquirió el campesino mayor
-                       No soy de aquí cerca- contesto el caminante- Vengo de lejos. Pero no importa de donde yo venga, yo quiero llegar a  todos los lugares posibles.
Los dos campesinos no dieron importancia alguna a aquellas palabras del forastero, palabras que sonaban bien absurdas y propias tal vez de un demente, de alguien trastornado o fuera de sus cabales. Para ambos era probable que aquel viajero de extraña indumentaria fuese algún pobre loco. No parecía violento ni peligroso y muy posiblemente proseguiría su vagabundeo a la mañana siguiente una vez hubiese pasado la noche en el cobertizo.

En menos de diez minutos el carromato llegó a la aldea. Después de aquellas palabras pronunciadas por el viajero, ninguno de los tres dijo nada durante el resto de trayecto. Estaba anocheciendo en el pequeño pueblo de casas de un piso, avenidas breves y empedradas, calles en cuesta, y un nido de cigüeñas en el campanario de la iglesia situada en lo más alto del pueblo. Andando, a caballo o en carro los hombres estaban regresando de sus tareas en los campos. Se veía a las mujeres recoger la ropa colgada en los balcones y terrazas, y muchos  chiquillos  aún estaban jugando en la calle, sus chillidos y risas rompiendo violenta y estrenduosamente el casi monótono silencio de la aldea. El caminante bajó del carro y enseguida los viejos sentados cerca de los portales de las casas empezaron a murmurar. Las gentes que pasaban miraban indisimuladamente a aquel forastero de larga chaqueta y báculo en mano. Ocho tañidos de campana se oyeron desde la altura.

Mientras la mujer del campesino preparaba la comida, el dueño de la casa se afanaba en que su extraño invitado se sintiese cómodo dentro de las comodidades que una pobre casa de campo podía ofrecer a alguien. El caminante se sentó en una silla en el comedor y no hizo ningún ademán de quitarse el abrigo aunque si se desprendió de su gorro. No hubo manera por parte del anfitrión de que dijese exactamente de donde era y a donde venía. El caso es que no parecía ningún loco, su hablar era pausado y su voz profunda y tranquila. No hablaba de él mismo, pero si mostraba un cortés interés en lo relacionado con la vida en el pueblo y en la ocupación del hombre que le había dado cobijo: que tal era la vida en el campo,  comos e estaba en aquel pueblo, de que vivían sus habitantes a parte del campo y del ganado. Los hijos del campesino, incluido el vástago mayor con el que había recogido al caminante, escuchaban con curiosidad y con temor a aquel hombre de largos cabellos blancos y barba también nívea que comenzó a hablar de relojes después de preguntar desde hacía cuando tiempo se tocaba la hora en el campanario. Como nadie en la humilde familia supo darle más respuesta que la del padre cuando señaló que “toda la vida la he ido oyendo”, él empezó a hablar de que sería diferente si a la iglesia le instalasen un reloj mecánico. Entonces, los hombres ya no tendrían que depender de ellos mismos o de la naturaleza para conocer la hora, les vendría dada por el propio mecanismo certero de un reloj que describiría el paso del tiempo casi artificialmente, que incluso podía poner en marcha las campanas. Para hacerlo más entendible a los muchachos y muchachas de la casa les dijo que ya nadie tendría la molestia de tocar la campana con la cuerda si se inventasen unas campanas mecánicas acompasadas con el reloj, aunque según él algún día las inventarían, pero entonces significaría que ya nadie precisaría de la naturaleza y de su propio conocimiento para contabilizar el tiempo. Y como ya todos los relojes de las casas y de la gente eran mecánicos y solo quedaban las campanas de las iglesias como último modo no mecánico de conocer la hora, entonces el tiempo habría dejado de ser dominado por el hombre.

Llegó la hora de la cena y el caminante se sentó en la larga mesa de madera con el campesino, su mujer y seis de sus siete hijos. El más pequeño había nacido hacía a penas tres meses y estaba todavía en la cuna. La mujer era unos diez años más joven que su marido, pero su rostro estaba ajado y sus manos encallecidas por el duro trabajo, al igual que su esposo. Nada más sentarse en la mesa, el caminante se quitó por primera vez su abrigo, dejando al descubierto una camisa gruesa verde y unos pantalones marrones. En sus pies llevaba unas botas altas negras similares a las de un soldado, pero la indumentaria en su totalidad no parecía la de un militar. El campesino y su familia se dieron cuenta que el hombre llevaba en su regazo un gran zurrón de piel que durante el tiempo anterior había permanecido oculto dentro del abrigo. No se lo quitó del regazo ni un momento mientras estaban cenando. Después de la cena, mientras el resto de los miembros de la familia se dirigían a cerrar puertas, ventanas y establos ante la llegada de la noche, el hijo mayor pidió al caminante que le acompañase para enseñarle el cobertizo donde iba a pasar la noche. El caminante se volvió a poner el largo abrigo pero esta vez sobre los hombros en forma de capa, llevando consigo su bolsa de piel. En la estancia, el muchacho, colocó un viejo y raído colchón de lana sobre el suelo y depositó junto a el unas mantas que había sacado de un baúl de la casa. El joven no podía apartar su vista del zurrón, un artilugio con el mayor número de bolsillos, de solapas y de hebillas que jamás había visto en su vida.
- Vaya bolsa, ¿eh, señor? Y parece de cuero bueno. Yo voy a aprender a trabajar el cuero y las pieles con un maestro bolsero que vive en un pueblo de cerca. Yo no voy a seguir con el trabajo en el campo de mi padre, a ver si con eso tengo suerte y puedo salir del pueblo e irme a trabajar a  la ciudad. Cualquier cosa con tal de no quedarme en este maldito pueblo.  Por cierto, ¿qué guarda allí?
            El forastero miró fijamente al muchacho y le invitó a sentarse en el suelo. El chico se puso de rodillas y el caminante le preguntó entonces:
-                      ¿Sabes en que año estamos?
-                      Si señor- contestó el mozo- en mil novecientos treinta. A seis de agosto. Yo nací en el mil novecientos doce.
-                      Seguro que no conoces lo que tengo yo aquí, pero quiero que lo veas y quiero que veas para que sirve



Don Marcial Núñez, el doctor Núñez o también conocido simplemente por Don Marcial vivía en otro pueblo a unos dos kilómetros. Estaba a punto de irse a la cama a eso de las once de la noche, cuando alguien aporreó la puerta con violencia e insistencia. Su mujer, que estaba en la cama casi dormida, se despertó sobresaltada y su marido bajó presuroso las escaleras poniéndose la chaqueta y abrochándose los pantalones casi al mismo tiempo con una increíble habilidad fruto de la costumbre y pericia adquirida en varios años de salidas fortuitas de su casa en plena noche para a atender a enfermos de la comarca.  Dos mozos, uno de unos dieciocho años  y otro de catorce, estaban nerviosos tras la puerta.
-                      Vaya, los hijos del Eutiquio, ¿pasa algo malo? ¿Es el bebé, tal vez?
Los dos muchachos tardaron en contestar. Habían llegado en carro hasta la casa del médico.
-                      No, no es nada de enfermedades, Don Marcial. Es que el cura Don Cesáreo nos ha dicho que le avisemos- Hubo una pausa en el discurso del mayor- Es un mendigo que hemos recogido en casa, Don Marcial. Hace, dice y tiene cosas muy raras que a padre, a madre, a nosotros y al cura que le avisamos, nos tienen con los ojos como platos. El cura dice que usted que es hombre de ciencia, tiene que ver tó lo que hace.


Continuará

domingo, octubre 24, 2010

Mis 50 discos que te cagas (10): VAN MORRISON – ASTRAL WEEKS (1968)




Astral Weeks es un disco que no envejece nunca, básicamente porque es un disco especial y único. El verdadero primer LP en solitario del que entre 1964 y 1966 fue vocalista de Them (Blowin´your Mind, 1967, era en realidad una recopilación de sus primeros singles como solista) es una extraña joya que poco tiene que ver con la producción posterior del león de Belfast en los años sucesivos y con prácticamente nada que se hizo antes o se haya hecho después en el mundo de la música. Grabado en Nueva York en escasos días con un grupo de músicos que apenas habían ensayado previamente con el huraño norirlandés, el propio Morrison apenas sabía como iba a resultar el álbum. Por aquel entonces, recién casado y cantando en clubs de poca monta en Massachusetts (se había trasladado a EEUU poco antes), Morrison atravesaba dificultades económicos que le provocaron una crisis personal  que trató de exorcizar con un emocionante catálogo de introspectivos, temperamentales y muy personales temas a caballo entre diversos estilos musicales.  Ocho temas con bases inspiradas en el soul, el jazz, o el blues pero con una insólita instrumentación acústica más cercana al folk celta que a la música negra (aunque ejecutada casi como si de jazz se tratase) además de un tratamiento vocal que borraba con un solo gorgorito de la prodigiosa garganta de Van cualquier limite estilístico o convencionalidad establecida. Pese que fue en este disco donde Morrison fue estableciendo su peculiar manera de cantar y su sobrecogedora afectación vocal, jamás a partir de aquí su voz ha sonado tan imponente y fascinante como en Astral Weeks.

Hay mucha leyenda sobre las sesiones de grabación de este disco; de lo poco que parece claro es que los músicos ejecutaron el acompañamiento instrumental casi de amanera improvisada tratando de adecuar la música a las melodías cantadas por Van Morrison. El resultado no fue ni mucho menos una chapuza, sino un festín de sonido sensual, fresco, sobrecogedor y verdaderamente hermoso. Un disco con olor a hierba mojada de rocío y a hojas de árboles, que evoca paisajes crepusculares  y brisa fresca otoñal. Un álbum entre campestre e intimista de extrañas letras con cautivadores imágenes a veces carentes de sentido aparente pero que en la voz de Van Morrison suenan a poesía pura. Se vislumbra no obstante un tono nostálgico y melancólico  y cierto enfoque conceptual sobre la perdida de la inocencia y la búsqueda de un nuevo nacimiento tras tiempos de zozobra, tal y como le estaba ocurriendo al propio Morrison en aquel moemento. Desde el subidón emocional inicial de la pieza que da título al álbum, siete minutos de soul folk in crescendo interpretado vocalmente con emoción contenida al máximo, los momentos de magna belleza se suceden uno detrás de otro. La delicada pero enérgica al mismo tiempo Cyprus Avenue y sus flautas y violines sonando casi fuera de contexto se contrapone con el estremecedor y desnudo lamento de Beside You y sus alucinantes juegos de voz entre una casi jam instrumentación folkie, mientras que Madam Goorge, un tema de más de 9 minutos de duración (algo insólito entonces para una canción vocal)  añade una oportuna dosis de tranquilidad y de dulzura en un tema agridulce sobre el abandono del pasado. The Way Young Lovers Do, es un genial tema R&B con el tempo más rápido de todo el disco. Ballerina, otra maravilla de emocional factura, vuelve a dejar sin aliento, tal y como lo hacen Astral Weeks, Beside You…y Sweet Thing

Sweet Thing merece ser reivindicada como una de las mejores canciones de amor de la historia, todo un clásico en el ya de por sí sensacional cancionero de Van Morrison; es muy fácil humedecerse los ojos con este hermoso y desgarrado grito de amor envuelto en una instrumentación certera y rápida y con una voz que rezuma fuerza y espíritu por los cuatro costados. Impresionante. El disco se cierra con la lánguida Slim Slow Rider, el único tema son instrumentación de cuerda: desnudo, evaneceste, etéreo, sobrecogedor. El LP se “dividió” en dos partes supuestamente conceptuales según las caras en el vinilo original: los cuatro primeros temas eran In The Beggining (Al principio) y los cuatro restantes Afterwards (Después), pero poco importa si este es realmente un disco conceptual o no. El caso es que Astral Weeks, las semanas astrales, es un disco tan singular, inhóspito  e irrepetible que tiene que ser grande y hermoso por la fuerza. A muchos seguidores más o menos recientes de Van Morrison les puede parecer extraño y es posible que muchos prefieran el más conocido track listing de Moondance, su disco posterior, que estas canciones tan frías y marcianas. Pero nada, absolutamente nada debe obviar esta autentica joya de la música del siglo XX, un disco sencillamente precioso e inmortal.         


FICHA TÉCNICA

Géneros: Soul, Jazz Rock, Folk Rock, Blues
Publicación: noviembre 1968
Sello original: Warner
Producción: Lewis Merenstein
Duración: 46:05
Músicos:
Van Morrison: voz, guitarra rítmica
Jay Berliner: guitarra
Richard Davies: Doble bajo
Connie Kay: batería
John Payne: flauta, saxo soprano
Barry Konfeld: guitarra en The Way Young Lovers Do
Warren Smith Jr.: percussion, vibráfono
 
Track listing

1- Astral Weeks
2- Beside You
3- Sweet Thing
4- Cyprus Avenue
5- The Way Young Lovers Do
6- Madam George
7- Ballerina
8- Slim Slow Rider

lunes, octubre 18, 2010

El aparatito de Lumiere- AMADOR




  
** 
 
Hay directores que empiezan a vivir de las rentas, como es el  caso del madrileño Fernando león de Aranoa, realizador que en su día entusiasmó a público y crítica con Barrio (1998) y sobre todo con Los lunes al sol (2002), y que tras la aún estimable pero un tanto irregular Princesas (2005) ofrece ahora Amador, un filme esforzado pero bastante poco convincente. León de Aranoa parecía tras Los lunes al sol haberse ganado el título del Ken Loach español, por aquello de llevar a cabo un tipo de cine social, pero no solo las distancias estilísticas con el gran cineasta inglés son más que evidentes, sino que el cine de León de Aranoa, en contraposición al de Loach, en realidad poco tiene de denuncia, aunque eso no sea necesario para hacer buenas películas de las miserias de la sociedad española de hoy en su vertiente más realista como las que ha hecho hasta el momento. Con esta nueva película, Aranoa vuelve a    demostrar un indudable dominio técnico del medio cinematográfico además de sus credenciales como buen narrador y dialoguista, pero si en Princesas se  echaba en falta algo más de credibilidad en el asunto, en Amador directamente la credibilidad brilla casi por su ausencia.           

El punto de partida, una historia centrada en el personaje de una joven inmigrante de un país latinoamericano indeterminado, puede tener su interés en tanto que la película, que no es en absoluto una crónica sobre la inmigración pese a lo que pueda parecer, plantea un juego narrativo centrado en el serio conflicto  que vive Marcela en un momento de su vida al tener que elegir entre la ética y la necesidad económica. El caso es que la muchacha, que vende junto con su novio y otros compatriotas flores muertas rescatadas de vertederos a las que hacen pasar por vivas, accede ante la poca rentabilidad de su negocio y ante el hecho que va a ser madre, a cuidar a de un anciano enfermo llamado Amador. Toda parece ir bien, pero la cosa se complica cuando Amador fallece inesperadamente antes de cumplirse el mes preceptivo para cobrar. Aquí entonces comienza un tanto siniestro juego de artificio y simulacro que la joven lleva como puede. Este planteamiento, que bien pudiera ser de comedia, en esta película termina por hacer aguas e írsele de las manos al director a la hora de hacer un drama sólido. Aunque la interpretación de la actriz peruana Magaly Solier es espléndida y otro tanto puede decirse del gallego Celso Bugallo en un papel más bien breve (¿Por qué habrán puesto a este personaje el mismo nombre del que él propio Bugallo interpretaba en Los lunes?), los momentos en los que los personajes pueden aportar cierto empaque son contados. Sobra verborrea pseudopoética (aportada por el personaje de Amador), simbolismo metafórico fácil (el de las flores y Amador) y algún que otro momento de relleno. Por si fuera poco, el muy deficiente desenlace del filme termina por borrar los bastantes momentos de lucidez (servidos principalmente por el personaje de Marcela) que encontramos en esta película. En resumidas cuentas, una pequeña decepción que sin embargo puede que convenza a algún público.  

sábado, octubre 16, 2010

Mís 50 discos que te cagas (9): THE VELVET UNDERGROUND AND NICO – THE VELVET UNDERGROUND AND NICO (1967)



El primer disco de The Velvet Underground es tal vez el primer LP de culto de la historia, cronológicamente hablando: no vendió una castaña en el momento de su lanzamiento y ni tan siquiera tuvo buenas críticas (de hecho, prácticamente no tuvo crítica alguna) pero con el paso de los años se convirtió en uno de los discos más influyentes de la historia del rock y hoy por hoy es considerado uno de los mejores discos de todos los tiempos. Y es que, además, este fue el primer disco de rock underground de la historia, concebido por un irrepetible y bizarro grupo de músicos del ámbito neoyorquino: un multiinstrumentista galés obseso de las vanguardias musicales del momento como Terry Riley, La Monte Young o el minimalismo (John Cale), un chico de NYC con problemas de adaptación e intereses musicales similares a los del galés plasmados en su tremebunda guitarra (Lou Reed), una chica que tocaba una extraña batería (Maureen Tucker), y un extraño ejemplar de nerd hippy con versatilidad instrumentista (Sterling Morrison). De esta unión no podía salir nada mínimamente normal en aquel 1967, pero de allí nació también uno de los grupos más interesantes, innovadores y grandes de la historia del Rock. Con ellos y con su opera prima The Velvet Underground and Nico nació una nueva forma de ver el arte y el negocio musical, que a partir de ese momento no tenía por que estar necesariamente circunscrito a lo comercial y a lo que gustase a todo el mundo. Este primer gran opus de rock experimental pudo ver la luz gracias al único hombre que podía apostar por un grupo como la Velvet Underground: Andy Warhol.

En 1965, Lou Reed, cantante, guitarrista y compositor principal, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker llegan a la Factory de Andy Warhol, meca de la juventud vanguardista neoyorquina mas transgresora, provocadora e ida de la olla, la cual cultivaba campos como las artes plásticas, el cine o el teatro pero que hasta entonces no se había atrevido con la música. A Andy es gustó aquel grupo de ruidosas y amplificadas notas y se convirtió en su manager, invitándoles a actuar durante 1966 en su performance itinerante multimedia Exploding Plastic Inevitable. Ante el éxito de sus actuaciones en donde la improvisación y la distorsión brutal de sus instrumentos estaban a la orden del día, Warhol propuso a  los muchachos grabar un disco que el financiaría, imponiendo la presencia en la banda de un quinto miembro, la cantante, actriz, y  modelo alemana Christa Päffgen, nombre artístico Nico, que se había convertido en una de las musas de la Factory. Pese a la reticencia inicial, el grupo acepta y la germana cantaría algunas canciones del disco, el cual además llevaría su nombre junto con el de la banda. La grabación de los temas en la primera mitad de 1966 no salió muy bien y a finales del año tuvieron que regrabarlos casi todos. El disco salió por fin en marzo de 1967, con Andy Warhol acreditado como productor aunque en realidad era productor ejecutivo (el que ponía la pasta), el verdadero productor desde el punto de vista musical fue Tom Wilson con posibles e inciertas aportaciones de otros profesionales. El plátano de la portada, formado por láminas adhesivas que se podían quitar y así “pelarlo”, dejando a al vista su interior sin piel insólitamente rosa, fue una idea de Warhol que se pensó que podía ser atractiva para que el público lo comprase (aunque ese modelo solo se hizo para las primeras copias), pero ni de coña: el contenido de  The Velvet Underground and Nico era de tal calibre (drogas duras, sadomasoquismo, perversiones sexuales) que espantó al público y a la crítica. El 171 fue su puesto más alto en las listas americanas y Andy Warhol a finales de 1967, desiste. Pero afortunadamente, el grupo- ya sin Nico- no.      

The Velvet Underground and Nico se adelantó cinco años al glam, diez años al punk, quince al afterpunk y veinte al rock alternativo. Lo que en su día sonó lunático, áspero y retumbante por un lado, e inquiete y oscuramente reposado y sensual por otro, en pocos años fue aceptado como un magno momento seminal de la historia del rock.  La VU en sus tres discos de estudio siguientes iría evolucionando su sonido sin abandonar la experimentación y el tono marginal pero consiguiendo que cada disco sonase singular y diferente del anterior; en ese sentido TVU&;N  pese a sus imperfecciones técnicas y de grabación es el disco de la Velvet con diferencia más cautivador y emocionante. El disco es a partes iguales tanto de la VU como de la “intrusa” Nico, que con su poderosa personalidad y su profunda voz semimasculina hace suyos lo tres temas en los que ejerce de vocalista principal. No obstante, en un disco donde las canciones son bastantes diferentes unas de otras, las piezas mas memorables y conocidas de este LP tienen a Lou Reed como cantante, una presencia por entonces tan turbadora y enigmática como el de la propia Nico: I´M Waiting For The Man  es todo un clásico (no solo para VU sino para el propio Reed en solitario) que habla de camellos, chicos en busca de una dosis y desencuentros raciales con la voz suave pero forzada de Reed sobre el piano desquiciado de John Cale y las guitarras atonales y repetitivas de Reed y Morrison, mientras que Heroin es una oscura oda al chute de caballo con acompañamiento instrumental minimalista,  crescendos taquicárdicos y la voz de Reed tornándose teatralmente desesperada en los momentos clave. Tanto en esta canción como en otras la base instrumental ejecuta anárquicas notas principalmente servidas por la viola eléctrica de Cale, que suena a pesadilla en la inquietante The Black Angel´s Death Son uno de los dos temas coescritos por Reed y Cale y en donde el bueno de Lou declama más que canta, una de las señas de identidad más características de su larga carrera.

En TVU&N hay notas sostenidas hasta la distorsión, efectos de sonido desagradables, disonancias instrumentales varias (a veces en largos soliloquios instrumentales), pero los temas cantados por Nico resultan todo un contraste ya que son de lo más plácido, como Femme Fatale, bello tema dedicado a otra musa de Warhol, Edie Sedwick  o I´ll Be Your Mirror, una balada casi convencional que en la voz gélida de Nico suena hipnótica. Pero la palma de la triada de la cantante teutona se la lleva la espectacular All Tomorrow Parties, con la vocalista y toda la banda dándolo todo y haciendo un deslumbrante compendio del sonido de la primera VU en un tema majestuoso y arrebatador. Era patente la influencia de la Chanson francesa y de la vanguardia musical europea en los temas de Nico y también en Sunday Morning, tema melódico y  preciosista con la voz de Reed suavizada al máximo.  Nada que ver con Venus in Furs inspirada en el libro del mismo título de Sacher-Masoch y que resulta la primera aproximación de la música popular al masoquismo envuelta en una instrumentación tremebunda y ruidosa con la voz de Reed abriéndose paso solemne y etérea. Algún momento de accesibilidad como el de There She Goes Again, tema pop que anticipa el Glam Rock, complementan un disco verdaderamente grande. Años después, con la Velvet Undergrund ya disuelta, este será el disco de cabecera de David Bowie, Marc Bolam, King Crimson, Van Der Graff Generator, Talking Heads, Joy Division, Suicide, Patti Smith y muchos otros. La marcha de Nico y el fin de la relación de la banda con Andy Warhol marcaron el final de la primera minietapa de la Velvet Underground, aunque lo que vino después y hasta la disolución del grupo en 1971 tuviese también la categoría de obra maestra. Y en 2010 el plátano de Warhol sigue en posters, en camisetas y en los CDs de mucha peña. Que a nadie le importe que en su edición en CD de este disco el plátano de la portada no se pueda pelar (aunque ponga aquello de Peel slowly and see), que mientras se tenga este disco en la estantería, uno ya puede decir que tiene algo musicalmente descomunal…y culturalmente inmortal


FICHA TÉCNICA

Géneros: Rock Underground, Rock Experimental
Publicación: marzo 1967
Producción: Andy Warhol (acreditado, pero en realidad prod. ejecutivo), Tom Wilson
Duración: 48:51
Músicos:
Lou Reed: voz principal, guitarras
Nico: voz principal en Femme Fatale, I´ll Be Your Mirror y All Tomorrow Parties, coros en Sunday Morning
John Cale: viola eléctrica, piano, bajo, coros, celesta en Sunday Morning
Sterling Morrison: guitarras, bajo, coros
Maureen Tucker: batería, percusión


Track listing

1- Sunday Morning
2- Waiting For The Man
3- Femme Fatale
4- Venus in Furs
5- Run Run Run
6- All Tomorrow´s Parties
7- Heroin
8- There She Goes
9- I´ll Be Your Mirror
10- The Black Angel´s Death Song
11- European Son


martes, octubre 12, 2010

El aparatito de Lumiere - BURIED



***

Un impresionante ejercicio cinematográfico el que nos ofrece realizador gallego   Rodrigo Cortés, un arriesgado experimento que se ha saldado con éxito y que además pone de manifiesto que cualquier director, sea de donde sea, si dispone de los medios adecuados (incluido un gran guión) puede firmar títulos que nada tienen que envidiar a la maquinaria hollywoodiense incluso en sus obras con pretensiones. Buried, una producción española rodada en Barcelona pero con apariencia de producción norteamericana (en realidad hay bastante participación yanki) y protagonizada por un canadiense afincado en EEUU, es una película alucinante, inquietante y sobrecogedora, pero enormemente brillante y sólida. Su premisa argumental no puede ser más angustiosa: Paul, un transportista norteamericano que se encuentra trabajando en Irak que despierta un día encerrado en una angosta caja de madera, completamente a oscuras. Sin saber como ha llegado allí (algo relacionado con su último recuerdo antes de quedar inconsciente: un ataque armado que sufrió su convoy) y con la única iluminación de un mechero y la ayuda de un teléfono móvil que alguien ha dejado en la caja, intentará poner sobrevivir y poner remedio a tal kafkiana situación. Lógicamente, la empresa será desesperada.

Sólo hay un actor presencial en este filme, Ryan Reynolds, quien hace un trabajo realmente soberbio, del resto de personajes solo oímos sus voces por el móvil del protagonista, en medio de su desesperada lucha por que le saquen de su sepulcro en vida. Prácticamente todo el peso argumental de la película reside en las conversaciones y llamadas de móvil de Paul, más oportunos e inteligentes detalles puntuales, todo ello salpicado por los momentos de “silencio” y lucha interna del protagonista, dispuesto por todos los medios a luchar por su vida. El único escenario del filme es la susodicha caja enterrada, en donde Paul lleva a cabo su particular cruzada de supervivencia que ni Rambo en la jungla de Camboya, esto es algo mucho mas serio. La soberbia interpretación de Ryan Reynolds transmite la angustia necesaria al espectador para sumergirse en esta imposible historia de angustia inenarrable en donde llegamos incluso a sentir las claustrofóbicas sensaciones del personaje. La verdad es que esta es una película muy difícil de rodar, con cuatro pequeñas paredes y el actor casi todo el tiempo tumbado, lo cual enriquece y valoriza el trabajo tras la cámara de cortés, quien se marca todo un tour de force cinematográfico al mismo nivel que Reynolds se ve obligado a dar un recital interpretativo. Una historia que pese a estar situada en escasos metros cuadrados pone de relieve los absurdos y muchas de las miserias la sociedad moderna: burocracia inservible,  los intereses ocultos de las corporaciones, la inutilidad de cierta clase mandataria, el caos de la política internacional, la deshumanización de la sociedad occidental…y todo desde una caja. Sin duda un gran guión el de Chris Sparling, un joven guionista al que en EEUU todas las compañías rechazaron su guión y tuvo que vender su moto en Europa.     

Esta claro que este filme no es un palto para todos los gustos: claustrofóbico, tenso, desasosegante. Pero merece la pena verlo. Puede que tampoco se trate de una obra maestra, pero películas como esta, de vez en cuando, nos recuerdan que cualquier recurso dentro del cine es posible. 

lunes, octubre 11, 2010

1980: LA PRIMERA CONQUISTA VASCA AL EVEREST


El 14 de mayo de 1980 por primera vez en la historia un alpinista vasco llegó al Everest. Era Martín Zabaleta, uno de los 12 hombres que integraba la segunda expedición vasca al Everest, la primera que llegó a su objetivo. Además de ser la primera vez que montañeros vascos llegaron al Everest, también fue la primera vez que alguien del Estado Español alcanzó la cimbre más alta del mundo, hasta entonces solo conquistada por neozelandeses, británicos, chinos, norteamericanos, hindúes,  coreanos, japoneses, eslovenos, croatas, italianos, austriacos, polacos, y por supuesto, nepalíes. Después de esta expedición, vendrían otras muchas de todas partes del mundo, pero en aquellos comienzos de los 80 escalar el Everest era aún todo un reto, toda una aventura al límite que suponía una experiencia de esfuerzo, superación y tenacidad extrahumano. Y aquellos 12 muchachos de Euskal Herria, ayudados por un voluntarioso grupo de sherpas, se retaron a ellos mismos y tocaron el cielo             

Subir al Everest. Hasta bien entrado el siglo XX fue un sueño imposible. En 1953 un neozelandés espigado y desgarbado, Edmund Hillary y un sherpa más bajito pero con muchos metros a sus espaldas, Tenzing Norgay, fueron los primeros humanos en llegar a lo más alto del planeta tierra: la conquista del Everest había comenzado. Tras aquella expedición británica, muchas oros se sucedieron conforme avanzaba el siglo XX y la ciencia y la técnica evolucionaban…y el alpinismo también. Hay gente, como los sherpas, la etnia de los hombres del Himalaya, que han nacido para subir hasta lo más alto, en mitad de la nieve y el hielo. Y muchos dicen que los vascos también han nacido para subir montañas (en plan más modesto que los sherpas, claro), siempre estimulados por la visión en cualquier parte del paisaje vascao de montañas y montes que se suceden por doquier y un tanto anárquicamente, esparcidos en diferentes lugares del mapa. Será por esa razón que el pueblo vasco siempre ha sido un pueblo montañero, que además no se ha conformado con subir varias veces en la vida de cada persona todos los montes de su entorno, sino que ha buscado en los cinco continentes más y más cumbres que subir, cuanto más altas mejor. Es por ello que el alpinismo vasco históricamente siempre ha sido de los más importantes de Europa con gran número de figuras de este deporte de reconocimiento internacional (Juanito Oiarzabal, Edurne Pasabán, Hermanos  Iñurrategi, Juanjo San Sebastián…) y no es de extrañar tampoco que los vascos fuesen unos de los primeros pueblos europeos en llegar al la montaña más alta del mundo, el Everest con sus 8.848 metros, siendo además la primera región del Estado español en concluir con éxito una expedición destinada a coronar la cima del gigante nepalí.  

En 1980, la segunda expedición vasca al Everest (la primera y fallida fue en 1974) logró alcanzar la cima y poner la bandera en el famoso trípode chino que allí se encuentra desde 1975, cuando la segunda expedición china quiso dispar cualquier duda de su llegada a la cumbre- tal y como había ocurrido en la primera y oscura expedición de 1960- y demostrar a todo aquel que en lo sucesivo llegase a al cumbre de que ellos habían estado allí. Era un época aún extraña para España, con una nueva democracia de tan solo tres años y aún muchas dudas en el horizonte, y aún más convulsa en Euskadi, con el azote persistente de la violencia de ETA y serias dificultades para lograr una verdadera convivencia política debido a al disparidad de opiniones sobre lo que tenía que ser el futuro de Euskadi, aunque el Estatuto de autonomía estuviese recién aprobado. Aquella primera llegada a la cima del Everest tal vez tuvo algo de reivindicación política de corte nacionalista, pero por encima de todo fue un autentico reto que el arraigado montañismo vasco asumió y con el obtuvo  éxito. Durante diciembre y mayo de 1980, 12 de los mejores montañeros de Euskadi y Navarra, es decir, Euskal Herria, lograron una gesta que abrió mentes y puso al deporte de la montaña, por entonces ninguneado en muchos países, en un lugar principal dentro del orbe deportivo.
 

 “No flotaremos insensibles sobre la densa oscuridad en un mar de estrellas, sino que nuestros pasos medirán metro a metro la helada corteza del planeta, nuestra  respiración dará a la distancia su exacta medida, el sol se moverá sobre nuestras cabezas, lenta, imperceptiblemente”.  Esto escribía en su diario uno de los expedicionarios, Felipe Uriarte, un cuaderno lleno de bellas reflexiones poéticas parte de ellas recogidas en su libro Vascos en el Everest (1982), una hermosa e imprescindible crónica de la épica aventura. La expedición se hizo con vocación de odisea, y como todo largo viaje a lo desconocido que se precie hubo dificultades, calamidades, peligros y dudas. Lo complicado, lo casi imposible, siempre es lo más estimulante para emprender. Y a finales de 1979 un grupo de hombres de la montaña quiso intentar la siempre ilusionante y misteriosa misión al límite. Ellos fueron Juan Ignacio Lorente (Vitoria-Gasteiz, 1939), el jefe de la expedición; Angel Vallejo Rosen (Biarritz, 1942), el secretario técnico, Ramón Arrue (Azpeitia, 1948), Kike De Pablo (Zamora, 1952), Xabier Erro (Lesaka, 1946), Ricardo Gallardo (Donostia- San Sebastián, 1940). Javier Garaioa (Pamplona, 1950), Emilio Hernando (Bilbao, 1953), Luis María Saenz de Olazagoitia “Petxu” (Vitoria-Gasteiz, 1943), Joxe Urbieta “Takolo” (Azpeitia, 1941), Felipe Uriarte (Donibane Pasaia, 1944) y Martín Zabaleta (Hernani, 1949). Cinco guipuzcoanos, tres alaveses (uno nacido en el País Vasco francés) dos vizcaínos (uno nacido en Zamora) y dos navarros. Salvo Gallardo y Takolo, hoy todos ellos siguen vivos.          

Aquel  primer intento vasco de escalar el Everest en 1974 dejó un poso de frustración al montañismo vasco. Fue toda una aventura conseguir financiación para la expedición, y esta se llevó a cabo con dinero privado, el de la empresa Cegasa de Vitoria, en medio de un ambiente de recelo en las esferas deportivas hispanas por la “vasquidad” del proyecto en los últimos años del régimen franquista. La expedición Tximist-Cegasa se quedó 300 metros de la cumbre, pero nada más bajar se volvió a pedir permiso al gobierno de Nepal para una nueva expedición al Everest.  Los años pasaban y no había respuesta. La contestación oficial llegó en 1977 y no permitía la expedición hasta la primavera de 1982, pero un golpe de suerte adelantó la tan esperada expedición vasca al Everest a 1980, cuando la Federación Soviética de Alpinismo intercambió con la vasca su permiso para 1980, ya que el gobierno de la URSS paralizó cualquier proyecto deportivo nacional de envergadura para centrarse en los Juegos Olímpicos que se iban a celebrar aquel año en Moscú. 
     
  Campamento en Lobuche

En la que se llamó Expedición Vasca Everest – Euskal Espedizioa tomaron parte cinco hombres que ya estuvieron entre los 16 de la Expedición Tximist: Lorente, Rosen, Uriarte, Gallardo y Petxu.  A finales de 1979, comienza la nueva aventura, el nuevo intento. El 9 de diciembre, Kike De Pablos y Xabier Erro, la primera avanzadilla, llegaron a Bombay, India, para conseguir material. De allí a Kathmandu, la capital de Nepal, para llevar a cabo la tramitación y permisos. Durante todo enero Erro y Kike preparan material y consiguen oxígeno y butano para ser transportado a Namche Bazar, a los pies del Himalaya y en donde se tenía pensado plantar el Campo  Base. A finales de enero, Xabier Erro, ingeniero de Lesaka, parte de Kathmandu con 105 porteadores que llevan tres toneladas de oxígeno y butano. Junto con el navarro, tres sherpas, entre ellos el que iba ser sirdar o jefe de sherpas de la expedición Pemba Tsering; llegan a Namche Bazar el 9 de febrero.  Dos días después, Xabier y los sherpas instalan el campo base cerca del de la expedición polaca, que en pocos días iba a coronar el Everest. El día de San Valentín llega el resto de la expedición a Kathmandu, donde son recibidos por Kike De Pablo, ya que Erro se encontraba transportando material desde el campo base a Lukla, localidad cerca de Namche con pista de aterrizaje a donde llega el material por avión. Hasta el 29 de febrero (estamos en año bisiesto), el transporte de material de Lukla a Namche es continuo. Ese mismo día allí se encuentra casi toda la expedición excepto Ricardo Gallardo y Javier Garaioa, médico de la misma, quienes han salido a pie desde Lukla hasta Namche con porteadores y Arrue, que aún se encuentra en Kathmandu realizando trámites.  Mientras esperan la llegada de Arrue, el resto de los expedicionarios tratan de aclimatarse a  lo que les va a venir, aprendiendo vocabulario rudimentario nepalí y ganándose la confianza de los sherpas. El dia 3 de marzo, con la llegada de Ramón Arrue, los 12 hombres de la Expedición Vasca Everest ya están en la montaña.    
 
El día 5 de marzo en Namche Bazar es cuando la expedición comienza de verdad, haciéndoles entrega a los sherpas de sus equipos, básicamente anoraks y gorros del doble valor del sueldo que cobran: un detalle que agradecen. Un pequeño acto en casa de Pemba  Tsering, natural de Namche, sirve de “ceremonia” de inauguración de la expedición, discursos del jefe (Lorente) y del sirdar (Tsering) incluidos. Lorente, Erro, Martín Zabaleta y Petxu Olazagoitia fueron de avanzadilla al campamento de Thyangboche para reclutar porteadores y llevar más material al Campo Base, en total casi 5 toneladas más llevadas por 150 porteadores. Se empiezan a montar las tiendas mientras las idas y venidas a Thyangboche en busca de material se suceden. El día 12 la expedición acude al monasterio budista de Thyangboche, donde se celebra la tradicional ceremonia en honor de la expedición de turno al Everest. Nuestros muchachos se preparan para la ascensión al día siguiente y esta se lleva a cabo sin contratiempos en los primeros 5.500 metros  La Cascada de Hielo, el primer gran obstáculo, es subida con éxito por Xabier Erro en compañía de un miembro de la expedición polaca que poco antes había alcanzado la cima, de nombre Valdeck.  Garaioa, Hernando, Lorente, Petxu llegan al Island Peak, a 6.187 metros  en unos días soleados y llenos de ilusión. El Campo base, a donde regresan los escaladores tras haber ido ascendiendo está a unos 2..000 metros de lo más alto hasta donde se llega a mediados de marzo, pero ya se piensa en ir montando otros campamentos más arriba. Casi todos los miembros de la expedición realizan sus ascensiones menores y hasta el día 22 no se encontrará en el Campo Base  toda la expedición.  

La Cascada de Hielo aún tiene que ser abierta para poder seguir avanzando y en eso se afanan los expedicionarios durante varios días. Concientes de lo arriesgado del propósito, dosifican las marchas, hacen trabajo en equipo y el día 26 consiguen abrir la última parte de la cascada. Algo más arriba se encuentran las tiendas de la expedición polaca, allí, a 6.050 metros, se instala el Campamento 1. Ese día, Takolo, Felipe Uriarte, Lorente y Petxu, los escaladores de la Cascada de Hielo, serán los que primeros en dormir en el C1. En los días siguientes llegarán más efectivos procedentes del Campo Base. No obstante, bastantes escaladores se quedan aún allí preparando al logística. Cuandoen el día 31 de marzo varios sherpas tratan de acceder al C1, Ang Lakpa, uno de los más experimentados, sufre una escalofriante caída por una grieta. En estado muy grave, se le traslada al CB a través de la cascada, en una arriesgadísima operación que incluso podía poner en peligro su vida, pero de la que sale indemne. Lakpa pasó la noche en el CB vigilado por Lorente y Garaioa, ambos médicos. A las 2 de la madrugada es llevado a un hospital en Kathmandu por un helicóptero
El Campamento 1

Había contratiempos, si, pero había que seguir ascendiendo. El 3 de abril se han subido ya 6.500 metros y se ha instalado allí el campo 2. La cosa va bien, y todos los sherpas de altitud de la expedición (12 a esa fecha) ayudan con tesón. En el C2 se quedan 3 de los mejores sherpas, cuya ayuda se presumía iba a ser valiosísima: Nima Rita, Gyalzen y Gymri. Kike De Pablo y Javier Garaioa también suben al C2 con intención de hacer cumbre en el Lhotse e ir superando los 7.000 metros de altitud. La escalada por la cara del Lhotse es difícil y Garaioa la emprenden junto con los tres sherpas. Xabier Erro se  une días después a la avanzadilla junto con el sherpa Nin Temba y el dia 10 de abril, junto con Garaioa alcanzan los 7.350 metros en la cara del Lhotse, donde se instala el Campo 3.  Varios miembros del resto de al expedición van llegando al C3 en los días siguientes. Felipe es quien se encargará de abrir camino desde el C3 para llegar al Collado Sur, en compañía de 3 sherpas, pero el tiempo se recrudece con una fuerte ventisca y es imposible continuar el ascenso, por lo que los cuatros hombres vuelven al C3 tras haber ascendido hasta los 1.700 metros. Los problemas se suceden: la Cascada de Hielo esta cortada y esto va a retrasar y dificultar todo intento de ascensión. Por aquellas fechas, Arrue (en el Campo Base), abandona la expedición descendiendo hasta Kathmandu para llevar a cabo asuntos burocráticos y de comunicación. 

El 19 de abril, comandados por Angel Rosen, la mayor parte de los expedicionarios llegan al Collado Sur, a 7.890 metros de altitud, donde se instala el Campamento 4. La cima, más cerca, había que empezar a pensar ya en el principal de los momentos, en la hora de hacer la cumbre. Dado que la empresa era la más delicada y aún quedaban muchos metros por ascender, toda la expedición decidió reunirse en el Campo Base. El día 21 tiene lugar allí la importante reunión sobre la ascensión final: se desconocía que climatología haría, siendo el principal temor la presencia de fuertes tormentas y como se iba a encontrar la gente tras haber superado los 8.000 metros. Se acordó hacer 3 cordadas entre los 11 miembros supervivientes de la expedición vasca, que subirían en orden consecutivo. En la primera Ricardo Gallardo, Rosen, Garaioa, Emilio Hernando y un sherpa por determinar; en la segunda Erro, Petxu, Takolo, Lorente y Pemba Tsering, y en al tercera (sin oxígeno), Zabaleta y Felipe. Kike no tenía interés en hacer cumbre y decidió servir de apoyo al tandem Zabaleta- Uriarte. Las ascensiones de reconocimiento comienzan, y el día 24, Garaioa ya estaba en el Collado Sur, acompañado por Kike, y sin oxígeno. Era la parte más dura de la expedición, y las dificultades no tardaron en aparecer. El ascenso al Collado Sur estaba resultando más dificultoso de lo que se pensaba en un principio, de hecho, tras Garaioa y  Kike, los siguientes en tratar de alcanzar el Collado Sur para preparar el Campamento 4, Erro y Felipe, fracasan en su intento a finales de abril. No obstante, Pemba Tsering consigue llegar al Collado con un buen grupo de porteadores con la intención de equipar el C4, preparándolo para lanzar intentos de llegar hasta la cumbre.  Garaioa y Kike bajaron al CB para reunirse con el resto de expedicionarios en las cordadas de ascensión. El primer grupo llega al C3 el 1 de mayo, sin Emilio, que se sentía indispuesto y tuvo que volverse al CB. El segundo grupo también se pone en camino. 

Angel Rosen

 El intento del grupo primero, formado por Rosen, Garaioa y Ricardo, se empieza a frustra a primeros de mayo. Pese a que el día 3 ya estaba en el C4 y el día 4, en compañía de 4 sherpas, había conseguido alcanzar la Cima Sur (8.760 m.) atravesando una pesada nieve profunda, el grupo se queda sin oxígeno y desiste: hay que regresar al C4.  El segundo grupo ya había llegado entonces al C3, aunque Petxu decidió volver al C2. Al llegar al collado Sur, el segundo destacamento sufre un gran vendaval y deciden bajar hasta al C2 en espera de que el tiempo mejore. En el C2 ya estaba Martín, del grupo tercero, junto con Kike, el apoyo al mismo. Los días del 8 al 10 de mayo serán aburridos y ansiosos días de espera para la Expedición Vasca al Everest. Días fríos, tediosos, en espera de que el tiempo mejore. Allí se encontraban Kike, Takolo, Martín y Lorente, mientras que el resto estaban en el Campo Base. El día 11 el día amanece azul intenso en la fría montaña, señal de que el tiempo iba a cambiar. Lorente y Martín deciden entonces subir al C3, ya parece que la climatología no va impedir la continuación del propósito. Mientras Kike y Takolo bajan al CB, otros expedicionarios suben al C2.  El tiempo sigue siendo benévolo, y Martín y Lorente entienden que ya nada puede impedir el preciado sueño del montañismo vasco: llegar hasta la cima más alta del mundo, llegar a la cima del Everest. El día 13, los dos montañeros vascos y los sherpas Pasang Temba, Phurba Kitar y Ang Nima llegaron al Collado Sur y ahora había que conseguir lo que el priemr grupo no había logrado. El día 14, los expedicionarios partieron a las 2 y media de la madrugada animosos y llenos de esperanza del Collado Sur. Martín Zabaleta supera el mítico espolón de los ginebrinos,  pero Lorente se tuvo que volver mitad de camino, a las 5,30 de la mañana. Nima y Kitar bajan al C4, y a las 13 horas Martín y Pasang Temba  llegan a la Cima Sur. Ya se percibe la cumbre

Nieva espesa y blanca, aristas, grietas. Martín y Pasang siguen subiendo. Incluso poco después de rebasar la Cima Sur, vieron que aquello estaba algo peligroso y pensaron en retirarse, pero finalmente prosiguieron. El Escalón Hillary, que difícil. Continuaron. La ascensión continuúa monótona y cansina. Hasta que envuelta entre la niebla, una cosa oscura se divisa: es el trípode chino. A las 15,30 del 14 de mayo de 1980, Martín Zabaleta y Pasang Temba llegaron a la cumbre del Everest

Pasang Temba planta la ikurriña en la cima del Everest (14-V-1980)

Enseguida, Martín se pone en contacto con el C2 por medio del radioteléfono; toda la expedición salta de alegría a medida que va enterándose campamento a campamento. Pasang planta la ikurriña sobre el trípode chino, con ella también la bandera de Nepal, la única bandera del mundo que no es rectangular y la ya casi icónca en la Euskadi de aquellos años bandera antinuclear: los hombres de las montañas, en contra de la central de Lemoniz. A las 16,15, los dos montañeros inician el descenso, con lo que se deseaba desde años atrás por fin cumplido. Martín y Pasang no llegan al Collado Sur hasta el día siguiente por la tarde, con la ayuda de los sherpas Nima y Kitar y después al C3, donde se encuentran Xabier y Felipe, quienes les abrazan embargados de la emoción.  Pemba Tsering y otros sherpas, mientras tanto, comienzan a desmontar el C4, y tras este, los siguientes, la expedición ha concluido.

Los días siguientes, hasta el 21 de abril, serán de recogida de felicitaciones, abrazos, rostros iluminados por sonrisas, emoción y también de recogida de bártulos. Descendiendo, campo a campo, todo lo allí colocado por la Expedición Vsca al Everest va desapareciendo, devolviendo a la montaña su inmaculado aspecto blanco y grisáceo. Aún quedaría alguna que otra situación desagradable, como la avalancha que el día 16 arrastró a un sherpa de la expedición catalana al Lhotse, quien fallecería al día siguiente o la caída y posterior evacuación del sherpa de la expedición Dawa Dorjee cundo todo el personal se encontraba en el Campo Base.  El día 21, la expedición deja el Campo Base y cinco días después ya está en Kathmandu. La llegada a Bilbao no se producirá hasta el 12 de junio de 1980.

Un final feliz para una gran aventura, que tras su conclusión, como dijo Felipe Uriarte, inundaba el sentimiento de vivir. Otros muchos vascos y de otras zonas de la península ibérica llegaron detrás de ellos, pero que duda cabe que fueron ellos los que marcaron la pauta en el ámbito hispánico. No obstante, la injusticia se cebó con el logro una vez hecho: los medios de comunicación de alcance nacional apenas se hicieron eco de la noticia, una expedición vasca con ikurriña plantada en la cima al grito de Gora Euskadi askatuta era algo muy poco cómodo en aquella incipiente España democrática, y se optó por el silencio, aunque años después, diversas publicaciones deportivas y de montaña y anales del mundo del deporte, reseñaron el acontecimiento más o menos como se merecía


A los 12 expedicionarios vascos les esperaron en los días siguientes a su regreso recepciones por parte del lehendakari Carlos Garaikoetxea y homenajes en sus localidades natales y de residencia. En los años siguientes, todos continuaron su actividad montañera, pero siempre recordaron con especial cariño aquel importante logro. 30 años después, ahora que el mundo de la montaña es ya muy mediático y en al Everest hay expediciones prácticamente todos los años, aquella primigenia hazaña se contempla con el indudable encanto de la épica romántica y la inocencia de la primera vez. El placer de averiguar y conocer de ver quien fue el primero en hacer algo, circunscrito  en algún ámbito determinado. Los 12 hombres de la montaña se propusieron conseguir el sueño de cualquier escalador y lo cumplieron. Tras el primer amanecer, el sueño, hecho de felicidad, proseguía. Y aún continúa.

miércoles, octubre 06, 2010

El aparatito de Lumiere - MACHETE



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El norteamericano (aunque el mismo se haga pasar por mexicano) Robert Rodríguez es un director que en su día prometía y mucho con películas como El Mariachi (1992), pero su insistencia en parecerse a Tarantino (con el cual ha colaborado en numerosas ocasiones) y su desconcertante decisión de cultivar en la mayor parte de su carrera un cine más bien comercial (cuando el mismo se vendió a comienzos de su andadura profesional como un cineasta independiente) han terminado por desacreditarle y con merecimiento: en su prolífica filmografía, a parte de su ópera prima, no hay títulos de calidad y su ya cansina seña de identidad consistente en utilizar la violencia exagerada y salvaje de un modo aún más reiterado y sin sentido que su amiguete Quentin Tarantino, resulta ya una señal de que ese es básicamente su único recurso cinematográfico. Y con esta nueva película suya, Machete, no hace más que demostrar de que lo suyo es violencia a raudales, gore, humor negro, latinxplotation y poco más (y cuando se ha alejado de estos parámetros, con filmes para un público familiar, por ejemplo, le ha ido incluso mucho peor), al margen de que sus filmes tengan su irónico e ingenioso punto, tal y como sucede con esta película.    

Machete tiene un origen curioso, ya que el personaje de Daniel Machete, implacable asesino a sueldo mexicano que opera en la frontera tejana, nació de un falso trailer que se veía al comienzo del filme Death Proof  de Quentin Tarantino y que junto con  Planet Terror del propio Rodriguez conformaban aquel extravagante proyecto de 2007 llamado Grindhouse en el cual ambos directores se propusieron recuperar las sesiones dobles de cine B norteamericano con dos peliculillas exhibidas en una misma sesión en EEUU pero por separado en le resto del mundo. Aquel “trailer” de pega hizo bastante gracia al público y a la crítica y Rodríguez ha decidido extender la historia del personaje en un largometraje en cual esta vez Tarantino no tiene nada que ver. El resultado ha sido pelín decepcionante; a pasar de contar con un reparto de estrellas y un guión que pretende ser una crítica despiadada contra las políticas migratorias estadounidenses fundamentalmente en lo que a la inmigración ilegal mexicana se refiere. Machete termina siendo una comedia negra de acción bastante irregular en donde se percibe que a su protagonista, interpretado por Danny Trejo -un actor hispano-estadounidense que llegó a la interpretación de casualidad tras un turbio pasado como delincuente y expresidiario-  le falta verdadero carisma, la prueba es que el peso de la película en realidad lo llevan los secundarios, no él. Sangre, decapitaciones y mutilaciones a tutiplén se suceden en una película donde los mejores momentos son los servidos por toda la trama de corrupción gubernamental y económica y su pintoresca resistencia, con una interesante galería de personajes: un senador racista, corrupto y enemigo acérrimo de los inmigrantes mexicanos (Rober De Niro), un capo narco mexicano de armas tomar (Steven Seagal), un ranger corrupto y psicópata (Don Johnson),  un sinistro empresario multimillonario de intereses poco claros (Jeff Fahey) y su hija putón y caprichosa (Lindsay Lohan), y por el otro lado, una joven  policía de inmigración hispana entre dos aguas (Jessica Alba), una cantinera de armas tomar (Michelle Rodriguez) y un cura poco ortodoxo (Cheech Martin). Tal vez lo mejor de la peli sean precisamente sus personajes y todo su universo, a pesar de que sean más bien esquemáticos y bastante estereotipados. Por lo demás, el tono de comedia negra es bastante simple y muy previsible (sobre todo cuando ya se conoce de que pie cojea este director) y la violencia sanguinolenta y desatada no será desde luego  plato para todos los gustos. El climax del filme también es de lo mejor (espectacular, salvaje y surrealista batalla de los trabajadores ilegales contra la corrupta policía anti inmigración ilegal), pero no consigue de modo alguno salvar una película muy irregular. Un divertimento tan aparatoso como poco trascendente.