martes, noviembre 09, 2010

El aparatito de Lumiere- HÉROES



****

La sorpresa agradable del año en lo que al cine español se refiere. Porque esta modesta y pequeña producción catalana, que en la primavera de este año tenía problemas para encontrar distribuidora, es un filme sentido, entrañable y hecho con sumo cariño y entusiasmo. Un filme que trata de recuperar el espíritu del cine infantil y preadolescente de los años ochenta con una historia precisamente enmarcada en esa década y un claro componente nostálgico y revivalista que trata de lanzar un guiño a la generación de nacidos y nacidas en la década de los 70 y que en los 80 fueron niños o adolescentes, una generación que creció con películas como E.T, Los Goonies, La Historia Interminable, Indiana Jones o Cazafantasmas, con series de televisión como El Coche Fantástico, El Equipo A o V y con las bicicletas BMX, los videojuegos digitales de bolsillo, las zapatillas nike o las calcamonías. El director Pau Freixas, de la quinta del 73, se marca un esplendido y muy personal melodrama-comedia teóricamente dirigido al público infantil pero que será más apreciado en toda su intensidad por los treintañeros, que seguro que verán reflejada alguna parte de su infancia o pubertad en este bonito filme. Tomando como sujeto central de la historia un grupo de chavales de entre 11 y 13 años y con la referencia engañosa de filmes ochentenos de pandillas de críos como Los Goonies o Cuenta Conmigo  (y por que no, la serie Verano Azul) la película se estructura a través de una sencilla historia transtemporal que termina por enganchar y entusiasmar al espectador más exigente hasta llegar en los minutos finales a un torrente de emociones sencillamente espectacular.

Héroes comienza en la época actual con el casual encuentro en la carretera entre un ejecutivo (Alex Brendemühl)  que se dirige con su coche a una importante reunión y una mochilera extrovertida y buenrrollista (Eva Santolaria) que esta haciendo un trayecto a pata, ambos de treintaitantos años y a los que la cara del otro les recuerda a alguien que conocieron tiempo atrás. Comienzan los recuerdos y estos nos llevan a 1986 en una pequeña localidad de veraneo en la costa catalana en donde se encuentran cuatro chavales y una chavala, conocidos la mayoría desde veranos atrás (casi todos visitantes estivales en el pueblo) y que se disponen a participar en una carrera de vehículos caseros  entre cuadrillas de chavales, cuyo premio es quedarse durante un tiempo con una vieja cabaña en lo alto de un árbol, que según dicen en el pueblo, tiene la propiedad de hacer los deseos realidad. Las ilusiones de los niños para ganar la cabaña y asuntos como los primeros amoríos contrastarán con la cruda realidad circundante, ejemplificada en el drama de Javi, que desea que su padre recién divorciado vuelva junto a él, su madre y su hermano, al tiempo que no sabe que actitud tomar ante el novio de su madre, que por vez primera acompaña a la familia en sus vacaciones y que para él es todo un extraño. Presente y pasado, recuerdos y lecciones aprendidas se entrecruzarán en las dos historias que nos presenta este filme, en donde si bien se hecha de menos un componente dramático más trabajado y menos edulcorado, la unión de todas piezas se antoja efectiva.

Es cierto que se podían eludir ciertos tópicos manidos (primeros amores, el siempre recurrente personaje del chaval rechazado) y que sobra cierto tono de homenaje un tanto evidente y simplón (el cine del primer Spielberg, algunos clásicos generacionales del cine y la tele), pero la película es algo más que un filme nostálgico, es un canto a la amistad y dentro de esta, a aquella que se forja en la inocencia, en la infancia y que a la postre crea algunas de las amistades más duraderas y eternas. “No os deis prisa por crecer” se dice al principio de la película: no puede ser más claro el mensaje que Freixas lanza, que su generación (la mia también), siempre tendrá una deuda con su infancia feliz y todos sus tótems (pelis, cómics, música, objetos de consumo) que de alguna manera han forjado su carácter en la edad adulta. Todo es creíble en Héroes  gracias a una perfecta ambientación de los ochenta en donde no faltan los donuts, ni los tigretones, los chicles Cheiw, las BMX, las cintas de Cassette y la música tecno (se pueden oír dos entrañables temas de Alphaville, uno de ellos en un momento crucial de la película). Los intérpretes infantiles Ferrán Rull, Alex Monner, Mireia Vilapuig, Marc Balaguer, Nerea Camacho y Joan Sorribes (este último afectado por el síndrome de Down) están que se salen, aunque sus voces en la versión castellana - la peli esta rodada en catalán- en la mayor parte de los casos no sean las suyas.  Los adultos (Lluis Homar, Alex Brendemühl, Eva Santolaria y una excelente Emma Suarez) hacen también un estupendo trabajo, y el director, Pau Freixas, demuestra ser un nombre a tener en cuenta en el futuro. Una película muy agradable, emocionante y conmovedora como pocas se pueden ver últimamente.  

domingo, noviembre 07, 2010

Mis 50 discos que te cagas (11): THE BEATLES – THE BEATLES (THE WHITE ALBUM) (1968)


Un año más, The Beatles seguían en la cima del mundo. Eran los últimos compases de los sesenta, y libres de las ataduras de las giras, se permitían estirar su creatividad al máximo, como habían demostrado en 1967 en Sgt. Pepper y Magical Mistery Tour su proyecto de telefilme y disco. A principios de 1968, el cuarteto estuvo en su famoso retiro espiritual en la India periodo en el cual comenzaron a escribir algunas de las canciones que conformaron este álbum. La época más psicodélica parecía haber pasado y ahora los Fab Four deseaban hacer canciones instrumentalmente no muy complejas pero experimentando con toda clase de ritmos (muchas veces novedosos) y estilos, siempre siguiendo un patrón de inmediatez sonora y en ocasiones de timón  acústico. De vuelta al Reino Unido, los chicos fundaron su compañía de comunicación Apple Corps y entre mayo y octubre anduvieron yendo y viniendo de Abbey Road tratando de dar cuerpo a un LP que al fin resultó largo, larguísimo: 30 canciones en total que serían divididas en dos discos en lo que iba a ser uno de los primeros álbumes dobles de la historia del rock, tras el Blonde on Blonde (1966) de Bob Dylan, el primer gran LP doble de la historia. Las sesiones de grabación fueron eternas además de tensas y accidentadas, principalmente por la presencia de la novia del ya divorciado  John, la artista multidisciplinar japonesa Yoko Ono. Los malos rollos comienzan a aparecer entre John, Paul, George y Ringo, de hecho Ringo de abandonó brevemente la banda (sin la opinión pública enterarse de ello) en mitad de la grabación del álbum debido a que no se sentía a la misma altura creativa de sus compañeros.

En prácticamente todas las canciones del disco el formato cuarteto no existe, casi todas fueron grabadas por los miembros por separado y muchas veces con solo un  Beatle en la versión final de la canción –en otras ocasiones se mezclaron las aportaciones grabadas por separado- o con dos o tres, pero muy pocas veces los cuatro juntos.  Además, por vez primera, músicos ajenos a la banda hicieron contribuciones instrumentales significativas en algunas canciones. El disco no tuvo título por deseo de la banda, ya que el resultado final fue tan espectacularmente variado, completo y al fin y al cabo grandioso, que ponerlo un título que condensase su esencia era harto difícil. El inusual color blanco de su voluminosa carpeta doble bautizará oficiosamente al disco como “El álbum blanco” o El Doble Blanco”

Los Beatles pese a sus emergentes problemas internos, se encontraban en un momento creativo realmente dulce y ya por separado cada uno de ellos (con Ringo en una bastante menor medida) eran compositores e intérpretes con marcada personalidad. Parieron para el álbum canciones como churros que además eran grandes canciones y todas ellas siguiendo todos los estilos del rock existentes hasta el momento. A fin de cuentas un álbum ambicioso y que mostraba la grandeza de un grupo en la cumbre de su madurez artística. El White Album es un fanta´stico cajón de sastre beatleliano en que se puede encontrar de todo, desde rock and roll semiclásico (Birthday) hasta hard rock pre metálico mucho más avanzado que lo que podían hacer grupos como The Who (Helter Skelter) y que se anticipaban a Black Sabbath o Led Zeppelin, pasando por momentos folk, bluesisticos, cabareteros, infantiles o incluso experimentales. Al haber compuesto y grabado el disco de manera casi individual y fragmentada, los cuatro Beatles fueron más multinstrumentistas que nunca y en ese sentido se lucieron como músicos más que en ningún LP anterior. John mostró  preferencia por temas instrospectivos y medios tiempos (apuntes de su futura carrera en solitario) y Paul enseñó su enorme eclecticismo y versatilidad, desde la balada acústica al pop naïf pasando por el Pop- Rock californano hippie, como en Back in the USSR, el pegadizo tema rockista con armonías vocales a lo Beach Boys que abre el disco. Los dos líderes de la banda se repartieron la tarta prácticamente a partes iguales y por separado, con alguna confluencia ocasional (la divertida Birthday), mientras que George aportó cuatro composiciones de alto calibre ye incluso Ringo Starr se estrenó en solitario como compositor con la semi country Don´t Pass Me By y no lo hizo nada mal.       
 
En The Beatles predomina el tono rockista, crudo y eléctrico en favor del popero, resultando igual de rockeramente evocadores temas ejecutados de manera acústica como Revolution 1- que tuvo un previa versión single eléctrica-  como los marasmos de guitarra y batería de Helter Skelter, con Paul gritando cual chillador negroide.  El poso Blues Rock (ritmo muy en boga en la época) esta casi omnipresente ya bien sea en Paul (Why Don´t We Do It in The Road? ) como en John (Yer Blues, Happiness is a Warm Gun). Hay baladas y medios tiempos para todos los gustos, desde el intimismo minimalista lennoniano (Julia, Dear Prudence, Cry Baby Cry) hasta la vertiente folkie acústica (Mother Nature Sun, la primera canción ecologista de la historia o Blackbird, ambas con un sentido e inspiradísimo Paul McCartney), pasando por aciertos de George Harrison como la delicada Long, Long, Long o la ya clásica While my Guitar Gently Weeps con el mismísimo Eric Clapton haciendo el solo de guitarra. Y no se vayan todavía aún hay más: proto funk (Savoy Truffle), pop naïf infantil (Ob-La-Di, Ob-La-Da), folk imitando a Bob Dylan (Rocky Racoon, con Paul en el papel de un trasunto del de Minnesotta), pop-rock enérgico (Glass Onion), pop melodramático (Sexy Sadie) o las cada vez más habituales conexiones de Paul con el music hall y las músicas populares antiguas (que tan poco gustaban a John) en piezas inspiradas como Martha My Dear o la gramolística Honey Pie.   

La presencia de Yoko Ono en el estudio (intervino en las sesiones) y el creciente interés de John Lennon en las vanguardias musicales del momento (minimalismo, John Cage) por influencia de la nipona hicieron que como penúltimo corte del LP se grabase Revolution 9 , una extravagante pieza de música concreta construida a través de un collage de diferentes sonidos. Y cerrando el álbum, la entrañable Good Night, un tema a lo crooner de los 40 coros y orquestaciones incluidos compuesto por John como nana para su retoño Julian y estupendamente cantado por Ringo.

El White Album es toda una pasada. Los Beatles parecían no tener límite, pero estaba claro que algo estaba pasando entre ellos. Aunque en su relación comenzó la cuesta abajo, aún les quedó tiempo para seguir haciendo obras maestras en el año siguiente y para seguir siendo el mejor grupo del mundo. Si a alguien tiene alguna duda de la grandeza de los Beatles, que escuche este disco.


FICHA TÉCNICA

Géneros: Pop Rock, Blues Rock, Folk Rock, Pop, Rock and Roll, Hard Rock, Cabaret, Música Concreta, Crooner
Publicación: noviembre 1968
Sello original: Apple
Producción: George Martin
Duración: 93:35 (dos álbumes)
Músicos:
John Lennon: voz, coros, guitarras, bajos, piano eléctrico, piano acústico, Hammond, harmonium, melotrón, batería, percusión, harmónica, saxo, cintas, loops de cinta, efectos de sonido, efectos electrónicos
Paul McCartney: voz, coros, guitarras, bajos, piano eléctrico, piano acústico, Hammond, cascabeles, pandereta, palmas, batería, percusión vocal, flautín, cuerno, efectos de sonido.
George Harrison: voz, coros, guitarras, bajos, Hammond, batería, percusión, efectos de sonido
Ringo Starr: batería, percusión, piano eléctrico, cascabeles, voz, coros.
George Martin: arreglos de orquesta, cuerda, metal y clarinete, dirección de orquesta
Eric Clapton: guitarra principal en While my Guitar Gently Weeps
Mal Evans: coros y palmas en Dear Prudence, palmas en Birthday, trompeta en Helter Skelter
Yoko Ono: coros y palmas en The Continuing Story of Bungalow Bill, voz hablada, cintas y efectos de sonido en Revolution 9, coros en Birthday
Ted Barker, Leon Calvert, Bernard Miller, Alf Reece, Stanley Reynolds y Tony Tunstall: metales en Martha My Dear
Leo Birnbaun y Henry Mierscough: viola en Martha My Dear
Fred Alexander: violoncello en Martha My Dear
Bernard Miller, Dennis McConell, Lou Surfier y Les Madox: violines en Martha My Dear
Jack Fallon: violín en Don´t Pass me By
Reginald Kilby: violoncello
Henry Datyner, Eric Bowie, Norman Lederman y Ronald Thomas: violines en Glass Onion
Eldon Fox: violoncello en Glass Onion
Jon Underwood y Keih Cummings: violas en Glass Onion
Harry Klein: saxo
Dennis Walton, Ron Chamberlain, Jim Chest y Rex Morris: saxos en Honey Pie
Raymond Newman y Morris Smith: clarinete en Honey Pie
Art Elefson, Danny Moss, Derek Collins, Ronnie Ross y Bernard George: saxos en Savoy Truffle
Pattie Harrison, Jackie Lomax, Maureen Starkey: coros
The Mike Sammes Singers: coro en Goodnight
Chris Thomas: melotrón, clavicordio, piano


Track listing

1- Back in the USSR
2- Dear Prudence
3- Glass Onion
4- Ob-La-Di, Ob-La-Da
5- Wild Honey Pie
6- The Continuing Story of Bungalow Bill
7- While My Guitar Gently Weeps
8- Happinnes is a Warm Gun
9- Martha My Dear
10- I´m So Tired
11- Blackbird
12- Piggies
13- Rocky Racoon
14- Don´t Pass Me By
15- Why Don´t We Do It In The Road?
16- I Will
17- Julia
18- Birthday
19- Yer Blues
20- Mother Nature´s Son
21- Everybody´s Got Something to Hide except Me and My Monkey  
22- Sexy Sadie
23- Helter Skelter
24- Long, Long, Long
25- Revolution 1
26- Honey Pie
27- Savoy Truffle
28- Cry Baby Cry
29- Revolution 9
30- Good Night

miércoles, noviembre 03, 2010

El aparatito de Lumiere - LA RED SOCIAL (THE SOCIAL NETWORK)





***

Se esperaba con curiosidad este filme sobre el nacimiento de la famosa red social Facebook y las andanzas de su controvertido creador, Mark Zuckerberg, más que anda por el poso de amarillismo y de rabiosa actualidad que desprendía el susodicho tema (el del “feisbuk”, of course), en boca y ala alcance de todo el mundo. La cosa no inspiraba a priori confianza debido a lo (demasiado) reciente de los acontecimientos que retrata, y como todo el mundo sabe un hecho real relativamente próximo en el tiempo es más bien materia prima de telefilms que de un filme cinematográfico serio. Pero, por fortuna, dicha desconfianza es infundada ya que su director, el experimentado y hábil David Fincher (Seven, The Game, El Club de la Lucha, El curioso caso de Benjamin Button) se esfuerza porque su película no caiga en el telefimismo ni en el sensacionalismo barato. Un también inteligente guión de Aaron Sorkin consigue una película interesante pero con varios peros, el principal resultar casi ininteligible para gente no puesta en el mundo de las redes sociales y de internet en general, y ya de manera más secundaria, las limitaciones que acarrea trabajar con un material argumental totalmente centrado en temas legales, demandas y contrademandas: casi una película de juicios (subgénero tedioso donde los halla) salvada por un guión bien cimentado y que tiende más la drama de personajes que a la parafernalia judicial y al thriller, y en donde aparece retratado con esmero y credibilidad el mundo universitario elitista norteamericano, ambientación central del filme,  con sus fraternidades, sus alumnos trepas y pedantes, sus pisos compartidos y sus fiestorros desenfrenados.

El verdadero Mark Zuckerberg, interpretado aquí por Jesse Eisenberg, no quiso tomar parte en el asesoramiento de esta película, cosa que si hicieron algunos de sus colaboradores en el emporio Facebook. El Zuckeberg que aparece en esta peli es caracterizado como un chaval egoísta, obsesionado con destacar y con montar líos que estén en boca de todo del mundo y sediento de dinero una vez su invento de Facebook (¿o no fue  suyo?) comienza a ser rentable. En ese sentido, no es muy amable la semblanza que se nos hace del millonario más joven del mundo, aquel muchacho que desde las aulas de Harvard creo en 2003 una web con los datos de los alumnos de la uni para paliar las ansias de esta sociedad moderna de conocerlo todo de todo el mundo. Pero tampoco se dilapida a Zuckerberg, ya que al fin de cuentas su inteligencia consiguió superar no pocas dificultades legales y demandas por robo de idea, aunque todo eso le hizo gabarse indeseadas enemistades como la de su antiguo socio y mejor amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield). De todas formas, que nadie se lleve a engaño, esta película no hace ningún retrato psicológico mínimamente riguroso del personaje central ni de su mundo. Da la impresión de que Fincher y  Sorkin se conforman con un filme dramático basado en una historia real correcto pero apañadito…y es que la premisa inicial tampoco daba para mucho más, para que engañarnos. 

¿Efectismo? Afortunadamente muy poco en esta película. ¿Oportunismo? Tal vez sí. Pero a fin de cuentas La Red Social es una buena película y de bastante recomendable visión para todos aquellos interesados en los daños colaterales del auge de la comunicación por internet y de sus redes sociales en el mundo contemporáneo. Excesivamente larga (dos horas) para el tema tan cerrado dentro de si mismo  que toca y proclive a hacer perder al espectador el hilo con tiras y afloja argumentales continuos, pero muy efectiva y degustable.  

lunes, noviembre 01, 2010

MERCADER DEL TIEMPO (II): EL RELOJERO (Relato de ficción)


Casi a medianoche llegó el médico con dos de los hijos de Eutiquio, el labrador.  Algunos lugareños habían salido de sus casas a plena noche y cuchicheaban a las puertas de las casas de las calles cercanas a la vivienda de Eutiquio y su familia. Evidentemente, algún alboroto acaecido hacía relativamente poco tiempo les había despertado, o bien estando aún despiertos habían dirigido su curiosidad a la casa de su vecino por cierto trajín de personas entrando y saliendo de la casa, entre ellos el cura Don Cesáreo. Cuando el médico junto con los hijos de Eutiquio, Tomás y Genaro, se adentraron en la casa pintada de blanco se oía la voz monocorde pero enérgica de Don Cesáreo desde el cobertizo, aunque prácticamente no se podía oír lo que decía. Los tres subieron silenciosamente las escaleras y cuando llegaron al cobertizo allí estaban Eutiquio, su mujer Petra, otra hija y otro hijo, el cura, otros dos vecinos, un alguacil que por su ademán de extrañeza presumiblemente había llegado poco antes, y el mendigo recogido. 

Excepto Don Cesáreo, que acababa de interrumpir su discurso ante la llegada de los nuevos visitantes y mostraba un rostro entre enfurecido y ansioso, el resto de concurrentes que rodeaban al forastero tenían todos expresiones de perplejidad. El cura saludó al médico fríamente y dirigió una mirada inquisitorial al viejo caminante, que sentado en el suelo tenía ante el su zurrón abierto. Don Marcial ante lo extraño de la escena y el silencio que se había producido con su llegada solo fue capaz de preguntar que era exactamente lo que sucedía. Inmediatamente, antes de que nadie pronunciara una sola palabra, el forastero comenzó a hablar 
- Esto que aquí guardo y he mostrado antes no pertenece a este tiempo, al tiempo presente. Proviene de un tiempo futuro que yo he vivido en parte. Todo esto son señales del futuro que vendrá- miró al cura y después al médico- Supongo que todo esto querrá verlo usted- dijo dirigiéndose a Don Marcial Nuñez-  pero lo cierto es que aún no han visto todo como es debido, solo he enseñado las cosas por su aspecto
Don Cesáreo miraba fijamente al forastero con el semblante confuso:
- No sabemos todavía quien es usted y donde viene. Más vale que nos lo diga cuanto antes, y nos diga también por que ha venido aquí y que pretende.
            El forastero de barba y largo cabello blanco estaba sacando de su enorme bolsa de cuero marrón unas extrañas cajas y frascos que depositó en el suelo ante la vista de toda la gente que se encontraba en la estancia. Estos objetos despertaron la curiosidad del doctor Núñez en tanto que el galeno se dio cuenta que todo aquello podían ser medicamentos, aunque el no había visto nunca antes cajas de tanto colorido (aunque predominaba el blanco), ni frascos de cristal tan raros. El resto de concurrentes no mostraba especial sorpresa ante aquel insólito muestrario de cosas que una vez acercadas al centro se podía apreciar que algunas eran algún tipo de píldoras o pastillas. El medicó intuyó entonces que el forastero ya había enseñado eso antes al resto  
- Es medicina de un tiempo futuro, doctor. Podría curar enfermedades que para ustedes ahora son incurables. Para que se convenzan que todo lo que digo es cierto, puede usted utilizar el contenido de este bote, contiene un medicamento que se descubrirá dentro de más de 20 años. Se que hay una vecina de este pueblo que padece tuberculosis, adminístrele la dosis que pone en este papel- el forastero sacó de su zurrón una jeringuilla que parecía de goma- y puede utilizar esto, yo le diré como
El cura decidió volver a intervenir:
- ¿Como sabe usted que la mujer del alcalde tiene tuberculosis? ¿Y que es todo esto? Esto o bien es un engaño o sino, puede que sea algo peor. Este hombre si no es un farsante blasfemo que se cree capaz de curar a los demás…puede que sea un enviado del infierno.
Eutiquio, su mujer, sus hijos y el resto de personas en el cobertizo se turbaron al oír las inquietantes palabras de Don Cesáreo. El médico prefirió en lugar de tomar el frasco acercarse a donde se encontraba el forastero, sentado en el suelo, y examinar las cajas, hechas de un cartón casi tan pulcro como una lámina de plata.  Miró las pastillas de contenían alguna de esas cajas y se contemplando largo rato unas que parecían como perlas alargadas de dos colores. Clavó luego su mirada al desconocido.
- ¿De donde ha sacado esto?
El forastero suspiró y se aguardó un largo silencio

Los hijos del campesino miraban con fascinación a aquel hombre y a aquellas cosas que decía que venían del futuro y que algunas de ellas podían curar enfermedades que ellos creían que te podían mandar al otro barrio en menos de nada.  El visitante se tomó su tiempo antes de volver a sacar algo más de su bolsa. Se trataba de unas fotografías, una fotografías que antes había enseñado a los habitantes de la casa y al Don Cesáreo. A simple vista tenían la particularidad de que eran en color. El forastero se levantó y fue mostrando las fotografías a los aldeanos.
- Esto es la capital dentro de 40 años. Y esto es un cohete, un artilugio que viajará a la luna también dentro de 40 años. Aquí tiene ustedes en esta otro fotografía a  la superficie de la luna- los lugareños agarraban y contemplaban las fotografías temerosos y con reparos, como quien ve algo que le turba o inquieta y decide volver la mirada. Posiblemente fuese tanto el hecho de que las fotografías tuviesen tanto color como la vida real y que pareciesen como cachos de realidad empequeñecidos y pegados en un pele, como el hecho de que se podía ver en ellas cosas increíbles tales como edificios de cristal, automóviles que jamás habían visto, gente con ropa indescriptible, el paisaje del valle atravesado por un basto camino liso. El forastero también sacó de la bolsa calendarios de diferentes formas y tamaños con fechas de años tales como 1944, 1958, 1974, 1989, 2005, para extraer finalmente lo que aprecía otro taco de fotografías, pero estas eran en blanco en negro.
- Vuelvo a enseñar lo antes mostré. Son fotografías de este pueblo dentro de unos cuantos años.
Las fotografías mostraban a batallones de soldados en la plaza del pueblo, a casas de la localidad casi derruidas, más soldados, y una que dejó con la boca abierta a los asistentes, en donde se veía a  una serie de cadáveres tendidos en el suelo de la plaza y alrededor de ellos una mancha oscura, posiblemente sangre. A los cadáveres alguien les había borrado la cara, en el lugar donde debería parecer esta, se veía una mancha blanca.
- Esto es lo que va a suceder dentro de menos de lo que ustedes suponen. Va a haber una cruenta guerra entre hermanos. Aunque no llegarán a utilizar cosas como estas. 

El forastero mostró una pistola de aspecto extraño. Esto pareció dejar anonadado al alguacil, obviamente nunca había visto un arma de fuego así. Los asistentes dieron un paso atrás en cuanto el hombre de barba blanca extrajo el arma de su bolsa. Los cuatro hijos de Eutiquio que asistían a la alucinante reunión parecían bastante consternados en su corta edad de adolescentes o infantes por todo lo que estaban teniendo ocasión de contemplar. El cura Don Cesáreo ya no podía ocultar más su ira.
- ¡Basta ya! Esta claro que estamos ante una especie de demonio o de magia pagana. Debo de avisar al obispo, y si es preciso que él de aviso a la Santa Sede 
El hombre extraño  ignoró con sorprendente aplomo las palabras del sacerdote y mostró otra fotografía en blanco y negro, esta de mayor tamaño que las otras. Aparecía el paisaje del pueblo pero una profunda maleza parecía envolver el entorno y muchas de las casas estaban casi en ruina. 
- Aquí ven ustedes que será el pueblo dentro de unos 30 años. Desierto. Inexistente. Solo quedarán los edificios, la iglesia incluida, y todo será cubierto por las aguas de un pantano. Porque después de la guerra, de la extensión del virus del mal, el pueblo estará roto, dividido, muerto. La gente se irá marchando y entonces este entorno se verá preferible que sirva para otros menesteres. Pero yo puedo salvar a este pueblo, para eso he venido aquí. Yo he venido aquí para salvarles.
  
Fuera de la casa, se oía un murmullo de gente que iba creciendo. Eran ya altas horas de la madrugada, pero los vecinos de la aldea, sabedores de que algo sucedía en la casa de Eutiquio relacionado con el extraño caminante que acogieron esa misma tarde, no pudieron resistir a la tentación de tratar de averiguar que era exactamente lo que se cocía dentro de aquellos muros. El doctor Núñez daba vueltas alrededor de la estancia mientras escuchaba las últimas palabras del visitante
- Se que puede parecer increíble pero puede que este hombre se trate realmente de alguien que viene del porvenir. Pienso administrar a la esposa del señor alcalde el medicamento que nos ha dado.- el cura y uno de los lugareños que había en el cobertizo, que era secretario del ayuntamiento, hicieron un ostensible gesto de sorpresa- pero tiene usted que contárnoslo todo. Pero será mejor que lo haga solo ante mí y las autoridades del pueblo- miró a Don Cesáreo y al secretario-  usted puede asustar a la gente sencilla con sus fábulas
El hombre de la barba blanca asintió

 
Los alguaciles tardaron lo suyo en devolver a la gente a las casas. En la sacristía de la iglesia, a las tres de la mañana, el alcalde, el cura, el médico, varios representantes del ayuntamiento, un abogado de un pueblo cercano que solía defender los intereses de los habitantes de al aldea y por extraño deseo de forastero,   Tomás, el hijo mayor de Eutiquio, se reunieron con el recién llegado, quien les contó lo siguiente:
- Yo he vivido en el futuro, en su futuro, pero ya no pertenezco a él. Desde hace tiempo, en un momento dado de mi existencia, abandoné el transcurrir del tiempo normal para viajar y caminar a través de él,  pudiendo ir cien años hacia atrás y cien años hacia delante tomando como referencia el año en el cual me convertí en un viajero intemporal, que fue en 1970, dentro de cuarenta años. Desde entonces, mi envejecimiento es anormal e irregular, en momentos dados puedo encanecer como un anciano de setenta años pero conservando una piel de hombre de cuarenta, y en poco tiempo mi pelo puede volverse a su color original, moreno, y asemejarme más a un hombre de mediana edad.
Mientras decía esas palabras, el pelo y la barba del hombre intemporal se estaban volviendo castaños, ante la sorpresa del resto. No cabía duda que estaba dicendo la verdad. Don Cesáreo se santiguó.
- Se preguntarán como soy capaz de estos prodigios. Yo desde hace tiempo, desde un equivalente de unos cuarenta años vitales, calculo, era un hombre normal. Yo nací en un pueblo como este, en este año de 1930, y me quedé huérfano muy niño. Hasta los catorce años estuve en una institución para huérfanos que existirá cuando acabe la guerra que tendrá lugar dentro de seis años y que traerá un largo periodo de fanatismo y tiranía. A esa edad terminé en Madrid de aprendiz de relojero, aprendí el oficio y años después puse mi propia relojería en la villa y corte. No sé por qué, pero desde niño siempre me fascinaron los relojes y el tiempo.  Diseñé e inventé relojes que se hicieron muy famosos en toda Europa en la segunda mitad de este siglo y por mi habilidad tuve una oferta para trabajar en Suiza, la cuna de los mejores relojes del mundo. Allí me fui a una importante casa relojera, en 1957, con 27 años. Me casé en Ginebra con una suiza, con la que no tuve hijos y pronto destaqué creando relojes que tuvieron gran éxito- el forastero hizo una pausa- les estoy hablando en pasado, ya que este fue mi pasado, pero ustedes es su futuro- prosiguió- Durante unos años me obsesioné con crear algo único, un reloj que en lugar de avanzar hacia delante lo hiciese hacia atrás, con sus manecillas retrocediendo en la esfera. Me dí cuenta que por increíble que parezca el tiempo en realidad está en manos de los hombres, desde que se inventaron los relojes pues, se han hecho tantos y tantos durante años que han terminado por atrapar el tiempo dentro ellos, quitándoselo a la naturaleza. Pero todos los relojes se han dispuesto para que vayan hacia delante, aunque una cosa es cierta: No todos los relojes concuerdan siempre, hay al menos diferencias en muchos de ellos de un segundo, por eso el tiempo muchas veces se nos escapa a los hombres y se vuelve contra nosotros, huye. Pero aunque lo podamos controlar es imposible dominarlo, ya que los que hacemos relojes no nos ponemos de acuerdo en ajustarlos siempre, y entonces el tiempo siempre será caprichoso y pondrá ante nosotros, los hombres, todas las cosas malas que nos ocurran. Pero hay cosas que se pueden evitar y cambiar viajando hacia atrás en el tiempo.      

Los asistentes al discurso del relojero podían haber mostrado muchos sentimientos ante sus palabras: incredulidad, escepticismo, hastío. Pero lo que tenían en realidad era miedo, miedo de aquel extraño que cambiaba de apariencia física y contaba cosas alucinantes. A medida que avanzaba su relato, fueron recordando todas las cosas extrañas que les había mostrado y que guardaba en su zurrón de cuero. Iban convenciéndose de que decía la verdad, de que era un hombre que había vivido el futuro. El Joven Tomás, por su parte, no sabia muy bien que pintaba ahí ni sabía por que aquel hombre había querido que estuviese allí. Tampoco entendía muy bien las últimas palabras del relojero, demasiado abstractas para su ingenio de mozo de aldea, pero intuía que lo que decía al menos era muy trascendente. Le parecía gracioso aquello del reloj que iba para atrás
- En mil  novecientos sesenta y nueve comencé a trabajar por mi cuenta en el reloj que  avanza hacia atrás, sin conocimiento de mi empresa, que se burlaba de mis ideas. Yo quería poder viajar atrás en el tiempo para cambiar el destino de mi familia, al cual acabó muerta en la guerra, salvo un hermano que pudo sobrevivir, y de paso salvar a mi pueblo natal el cual tuvo un cruel destino.
Don Marcial se estremeció al oír esto.
- Cuando terminé el primer prototipo, efectivamente, las manecillas avanzaban hacia atrás y como yo había deseado, lo hacían a velocidad anormalmente rápida para que el tiempo además transcurriese más rápidamente- podían girar como las hojas de un ventilador-   pero el tiempo no experimentaba cambio alguno. Me llevé una gran decepción Entonces me recluí en mi estudio durante largo tiempo tratando de pensar en algo que me permitiese retroceder en el tiempo. Estuve semanas, meses, sin comer, ni dormir, pero para mí, misteriosamente, no pareció más de un día. No permitía que mi mujer en el estudio y la tuve completamente desatendida hasta que se suicidó lanzándose desde la ventana. Yo lo oí desde mi estudio y ví desde mi ventana su cuerpo inerte tendido en  el jardín. Habían pasado más de seis meses desde mi reclusión de la que sobreviví milagrosamente. Me quise quitar la vida también, desesperado por la muerte de mi  esposa y por no haber logrado inventar un reloj que hiciese retroceder el tiempo, y entonces no se me ocurrió otra cosa que poner las manecillas a máxima potencia y golpearme en el corazón con el reloj. Debo decir que tuve éxito en mi propósito de desaparecer de la vida en este mundo ya que así fue, el reloj se clavo en mi corazón atravesando mi piel y aún lo tengo aquí metido funcionado, avanzando hacia atrás o hacia delante según mi propia voluntad expresada mediante el pensamiento; lo cierto es que  efectivamente desaparecí, pero nadie encontró mi cuerpo en mi casa de Ginebra. No había muerto en el sentido estricto de la palabra, había pasado a otro estado. Lo siguiente que recuerdo a mi impacto con el reloj fue una especie de infarto seguido de un desvanecimiento, pero después, no puedo precisar cuanto tiempo, me desperté en un paisaje desolado de casas en ruinas y con una gran iglesia idéntica a la de este pueblo, un paisaje de bruma azul como de fondo de mar, con una niebla que transcurría continuamente, casi líquida pero que no  era agua. El cielo, o lo que sea que se encuentra en las  alturas de ese paisaje que es ahora mi hogar cuando no viajo en el tiempo, es negro completamente, pero a veces se puede ver como las ondas de la superficie de un lago. La iglesia, que es idéntica a la de aquí, no tiene manecillas. Entendí que estaba en un lugar donde no transcurría el tiempo, en una atemporalidad. Ahora tenía el reloj dentro de mí, era mi corazón. Probé a pensar en segundos, horas, días, meses y años que iban transcurriendo en mi cerebro a gran velocidad, hacia atrás o hacia delante, y en pocos instantes me veía en diferentes épocas, antes o después de mil novecientos setenta. Nunca en el mi lugar, en este lugar, en esta aldea, en un tiempo pasado o futuro, sino en otros lugares. Mi sino era ahora vagar en el tiempo y ofrecer a la gente cambiar su destino con cosas aún no inventadas que voy recogiendo en viajes a mi futuro. Esto lo ha venido haciendo durante muchísimo tiempo vital para mí, unos cuarenta años, que era la edad que tenía cuando desaparecí en Suiza. Mis viajes hacia adelante o hacia atrás en el tiempo en un margen de cien años tomando como referencia el momento de mi conversión en mercader del tiempo. Eso es lo que soy ahora, pero durante todos estos años no he tenido ningún éxito, no he conseguido cambiar nada. He tardado mucho tiempo en comprender que primero tenía que salvarme a mi mismo y al destino de la gente a la que le debo la vida; solo así por fin moriré de verdad.

Los lugareños escuchaban alucinados el relato del relojero, del mercader del tiempo. No cabía duda que lo que decía podía ser verdad. Don Cesáreo intervino:
- La sabiduría del Señor es grande. Solo él sabe por qué le ha ofrecido este destino sobrenatural. Pero, ¿Quién es usted? Dice que nació en este año
- Yo lo único que sé es que les voy a salvar y voy a salvar a este pueblo. Primero de un destino de guerra y destrucción y después de un destino de abandono y desaparición bajo las aguas de un pantano. Por si se lo preguntaban, mis ropas las he recogido de diferentes años. Y la bolsa, la encargué en la capital de esta provincia poco antes de viajar a Suiza, para poder llevar mis materiales del taller a casa y trabar allí en mis horas muertas. Quise una bolsa muy peculiar y única y se la encargué al mejor trabajador en cuero de mi región de origen, el cual dicho sea de paso  trabajó con probado esmero. Desde entonces esta bolsa me acompañó siempre y supe tiempo después que su fabricante había nacido en el pueblo donde yo nací. Averigüé como se llamaba y al comprobar que su apellido era el mismo que el mió, intuí que podíamos ser parientes, o hermanos. Quise ponerme en contacto con él en un viaje de regresa a España, pero había fallecido un año antes, hacia 1965. Al averiguar esto, mi cariño hacia al bolsa creció, tale es así que me la llevé en el retiro en mi taller particular y decidí ponérmela al intentar suicidarme, iba a morir conmigo. Pero cuando accedí a mi limbo intemporal, vi que había cambiado prodigiosamente, podía almacenar gran cantidad de cosas en número peso y tamaño superiores al de la propia bolsa. En ella puedo guardar ahora prácticamente todo lo que quiera, salvo objetos que nos sean excesivamente grandes ni pesados


Todos los asistentes se estremecieron ante las últimas palabras del mercader del tiempo y permanecieron en silencio durante largo tiempo. Tomás tenía los ojos abiertos como platos y no se atrevía a pronunciar palabra. Fue el médico quien rompió el silencio.
- Usted ha venido para salvar a sus padres, a su familia, ya todos los habitantes del pueblo. Ahora mismo, a unos metros, usted esta durmiendo en su cuna en la casa de Eutiquio. Díganos, Rafael, que es lo que tenemos que hacer.   

Continuará

martes, octubre 26, 2010

El aparatito de Lumiere - LA OTRA HIJA (THE NEW DAUGHTER)



***

Un debut interesante el del donostiarra Luis Berdejo en Hollywood. El que fuera uno de los guionistas y creadores de la franquicia [Rec] ha cogido los bártulos y se ha trasladado hasta las américas ante la falta de perspectivas que el cine fantástico tiene en España, decisión bastante acertada y que pone de manifiesto que en la meca del cine cada vez es más fácil que un cineasta de cualquier procedencia encuentre allí acomodo gracias en parte a que las limitaciones técnicas y estilísticas en las industrias de otros países que no sean USA y que les situaban en otro tiempo a años luz de la industria de Hollywood van desapareciendo. El caso es que esta opera prima de Berdejo, pese a no ser ninguna maravilla ni ningún filme altamente original dentro del género fantástico y/o terrorífico al que se adscribe,  es un filme interesante, resultón y con bastante emoción, aunque el guipuzcoano tendrá que demostrar en sucesivas películas mas tablas y mas madera de buen cineasta ya que esta película pese a sus cualidades estilísticas, no deja de ser un film de género más que podría ir firmado por cualquier director yanki de valía media

Basada en un relato de John Connoly, La otra hija es una película que trata de combinar el terror psicológico con la intriga Hitchckoniana y el efectismo truculento (que no gore) en una historia con resonancias simbólicas para tratar el tema de la pubertad y de los cambios que acarrea en las personas, especialmente en las de género femenino. Lo que podía ser un más que interesante relato fantástico con la utilización del propio vínculo familiar (en este caso paterno-filial) como vehículo terrorífico- tal y como resultaba en Films tan míticos como La Semilla del Diablo o El Exorcista-  se queda en un cuento gótico-esotérico tan atractivo como inofensivo por culpa de un guión muy poco matizado. Nada se puede reprochar a sus esforzados intérpretes ni a su inteligente construcción del argumento, así como a su muy bien lograda atmósfera de pesadilla in crescendo, el caso es que sin tampoco llegar a hacer aguas la película no sabe culminar como es debido lo que plantea y por medio de pistas bastante mal ofrecidas termina por desconcertar al espectador, sin que esto sirva afortunadamente para descolgarse de la atención de un filme tenso e interesante. Berdejo ha acertado en la inclusión en el reparto de la jovencísima actriz catalana Ivana Baquero (El Laberinto del Fauno), en su debut en EEUU y con una más que posible carrera internacional frente a ella. Su rol de inquietante catorceañera en un extraño cambio hormonal no deja indiferente en lo que de turbador tiene. Su padre en la ficción no es otro que  Kevin Costner, quien aporta convicción en la piel de un desconcertado hombre divorciado atemorizado ante los extraños acontecimientos que tiene lugar cuando se traslada con sus dos hijos a una nueva casa rodeada por presencias ya acontecimientos extraños. Una buena interpretación del ex astro que podría ver relanzada su carrera tras más o menos 15 de años de no dar pie con bolo en ninguno de los sentidos.

Una historia con intríngulis y un buen planteamiento que no se culmina como es debido a pesar de que el material de partida (el amor paternofilial y sus límites, la iniciación a la sexualidad, los fantasmas de la adolescencia) era suculento. Tampoco la combinación entre el terror psicológico  y la aparición de las monstruosas criaturas de turno puede que resulte muy oportuno, aunque eche a perder un conjunto que toca otros  muchos palos (esoterismo, intriga policial, gore) sin quedarse con ninguno. Sin embargo, este es el tipo de películas que gustará a los amantes del cine de  terror correctamente hecho. 

lunes, octubre 25, 2010

MERCADER DEL TIEMPO (I): EL CAMINANTE. Relato de ficción




Se oía a los perros ladrar en la lejanía en el momento en que el sol comenzaba a ocultarse. El carromato tirado por mulas seguía avanzando por el camino en una silenciosa tarde de verano. Aquel silencio era solo profanado por algún canto de pájaro, zumbidos de insectos y los ladridos de canes- posiblemente propiedad de algún ocupante de las pequeñas cabañas que se podían ver a lo largo del camino- que el labrador y su hijo estaban oyendo a unas pocas millas antes de llegar al pueblo. El cielo ya estaba comenzando a tornarse anaranjado y las casas pardas y blancas de la aldea empezaban a ser visibles para los dos ocupantes del carro. El labrador era un hombre de casi cincuenta años, grueso y alto, de cráneo calvo oculto por una gorra aunque bajo esta se podía atisbar aún algo de pelo gris. Su hijo, era un mozo de unos dieciocho años, algo mas alto que su padre pero de constitución algo menos robusta, pelo rubio oscuro bajo un gorro de paja y muy incipiente barba recorriéndole la quijada. Dos mulas tiraban del carro que llevaba muchos metros sin toparse con un alma, hasta que a la izquierda del camino los dos campesinos vieron a alguien.

El caminante iba vestido con una larga chaqueta de tono pardo que llevaba prácticamente abrochada pese al calor que hacía. Sobre la cabeza llevaba un sombrero pequeño y extraño de color ocre, casi como una capucha, aunque no formaba parte del abrigo. Aquel hombre parecía un anciano ya que su barba era blanca y su pelo también lo era. Caminaba ayudado por un bastón y cuando los campesinos pasaron delante de él contemplaron como su mirada permanecía perdida mirando a algún punto indeterminado con el rostro serio y preocupado. Podía parecer un peregrino, pero en aquella zona no había de paso ningún lugar de peregrinaje. El campesino y su hijo pensaron que se trataba de algún mendigo del que solo Dios sabía su procedencia. Pararon el carro y se dirigieron al caminante:
-                      ¡Eh!, ¿A dónde se dirige?
El caminante se detuvo y señaló al pueblo que se veía en el horizonte.
-                      Hacia cualquier lugar en donde me den comida y un techo donde pasar la noche.
El padre y el hijo se miraron
-                      Nosotros vivimos en ese pueblo. Si quiere le podemos llevar hasta allí. También puede cenar con nosotros y, si quiere, dormir en el cobertizo
El viajero subió al carro, tarea para lo que no necesito ninguna ayuda pese a su aspecto desvalido. El campesino y su hijo advirtieron que el hombre tal vez no era tan viejo como parecía a pesar de su cabello y su barba blanca
-                      ¿De donde es usted?-  Inquirió el campesino mayor
-                       No soy de aquí cerca- contesto el caminante- Vengo de lejos. Pero no importa de donde yo venga, yo quiero llegar a  todos los lugares posibles.
Los dos campesinos no dieron importancia alguna a aquellas palabras del forastero, palabras que sonaban bien absurdas y propias tal vez de un demente, de alguien trastornado o fuera de sus cabales. Para ambos era probable que aquel viajero de extraña indumentaria fuese algún pobre loco. No parecía violento ni peligroso y muy posiblemente proseguiría su vagabundeo a la mañana siguiente una vez hubiese pasado la noche en el cobertizo.

En menos de diez minutos el carromato llegó a la aldea. Después de aquellas palabras pronunciadas por el viajero, ninguno de los tres dijo nada durante el resto de trayecto. Estaba anocheciendo en el pequeño pueblo de casas de un piso, avenidas breves y empedradas, calles en cuesta, y un nido de cigüeñas en el campanario de la iglesia situada en lo más alto del pueblo. Andando, a caballo o en carro los hombres estaban regresando de sus tareas en los campos. Se veía a las mujeres recoger la ropa colgada en los balcones y terrazas, y muchos  chiquillos  aún estaban jugando en la calle, sus chillidos y risas rompiendo violenta y estrenduosamente el casi monótono silencio de la aldea. El caminante bajó del carro y enseguida los viejos sentados cerca de los portales de las casas empezaron a murmurar. Las gentes que pasaban miraban indisimuladamente a aquel forastero de larga chaqueta y báculo en mano. Ocho tañidos de campana se oyeron desde la altura.

Mientras la mujer del campesino preparaba la comida, el dueño de la casa se afanaba en que su extraño invitado se sintiese cómodo dentro de las comodidades que una pobre casa de campo podía ofrecer a alguien. El caminante se sentó en una silla en el comedor y no hizo ningún ademán de quitarse el abrigo aunque si se desprendió de su gorro. No hubo manera por parte del anfitrión de que dijese exactamente de donde era y a donde venía. El caso es que no parecía ningún loco, su hablar era pausado y su voz profunda y tranquila. No hablaba de él mismo, pero si mostraba un cortés interés en lo relacionado con la vida en el pueblo y en la ocupación del hombre que le había dado cobijo: que tal era la vida en el campo,  comos e estaba en aquel pueblo, de que vivían sus habitantes a parte del campo y del ganado. Los hijos del campesino, incluido el vástago mayor con el que había recogido al caminante, escuchaban con curiosidad y con temor a aquel hombre de largos cabellos blancos y barba también nívea que comenzó a hablar de relojes después de preguntar desde hacía cuando tiempo se tocaba la hora en el campanario. Como nadie en la humilde familia supo darle más respuesta que la del padre cuando señaló que “toda la vida la he ido oyendo”, él empezó a hablar de que sería diferente si a la iglesia le instalasen un reloj mecánico. Entonces, los hombres ya no tendrían que depender de ellos mismos o de la naturaleza para conocer la hora, les vendría dada por el propio mecanismo certero de un reloj que describiría el paso del tiempo casi artificialmente, que incluso podía poner en marcha las campanas. Para hacerlo más entendible a los muchachos y muchachas de la casa les dijo que ya nadie tendría la molestia de tocar la campana con la cuerda si se inventasen unas campanas mecánicas acompasadas con el reloj, aunque según él algún día las inventarían, pero entonces significaría que ya nadie precisaría de la naturaleza y de su propio conocimiento para contabilizar el tiempo. Y como ya todos los relojes de las casas y de la gente eran mecánicos y solo quedaban las campanas de las iglesias como último modo no mecánico de conocer la hora, entonces el tiempo habría dejado de ser dominado por el hombre.

Llegó la hora de la cena y el caminante se sentó en la larga mesa de madera con el campesino, su mujer y seis de sus siete hijos. El más pequeño había nacido hacía a penas tres meses y estaba todavía en la cuna. La mujer era unos diez años más joven que su marido, pero su rostro estaba ajado y sus manos encallecidas por el duro trabajo, al igual que su esposo. Nada más sentarse en la mesa, el caminante se quitó por primera vez su abrigo, dejando al descubierto una camisa gruesa verde y unos pantalones marrones. En sus pies llevaba unas botas altas negras similares a las de un soldado, pero la indumentaria en su totalidad no parecía la de un militar. El campesino y su familia se dieron cuenta que el hombre llevaba en su regazo un gran zurrón de piel que durante el tiempo anterior había permanecido oculto dentro del abrigo. No se lo quitó del regazo ni un momento mientras estaban cenando. Después de la cena, mientras el resto de los miembros de la familia se dirigían a cerrar puertas, ventanas y establos ante la llegada de la noche, el hijo mayor pidió al caminante que le acompañase para enseñarle el cobertizo donde iba a pasar la noche. El caminante se volvió a poner el largo abrigo pero esta vez sobre los hombros en forma de capa, llevando consigo su bolsa de piel. En la estancia, el muchacho, colocó un viejo y raído colchón de lana sobre el suelo y depositó junto a el unas mantas que había sacado de un baúl de la casa. El joven no podía apartar su vista del zurrón, un artilugio con el mayor número de bolsillos, de solapas y de hebillas que jamás había visto en su vida.
- Vaya bolsa, ¿eh, señor? Y parece de cuero bueno. Yo voy a aprender a trabajar el cuero y las pieles con un maestro bolsero que vive en un pueblo de cerca. Yo no voy a seguir con el trabajo en el campo de mi padre, a ver si con eso tengo suerte y puedo salir del pueblo e irme a trabajar a  la ciudad. Cualquier cosa con tal de no quedarme en este maldito pueblo.  Por cierto, ¿qué guarda allí?
            El forastero miró fijamente al muchacho y le invitó a sentarse en el suelo. El chico se puso de rodillas y el caminante le preguntó entonces:
-                      ¿Sabes en que año estamos?
-                      Si señor- contestó el mozo- en mil novecientos treinta. A seis de agosto. Yo nací en el mil novecientos doce.
-                      Seguro que no conoces lo que tengo yo aquí, pero quiero que lo veas y quiero que veas para que sirve



Don Marcial Núñez, el doctor Núñez o también conocido simplemente por Don Marcial vivía en otro pueblo a unos dos kilómetros. Estaba a punto de irse a la cama a eso de las once de la noche, cuando alguien aporreó la puerta con violencia e insistencia. Su mujer, que estaba en la cama casi dormida, se despertó sobresaltada y su marido bajó presuroso las escaleras poniéndose la chaqueta y abrochándose los pantalones casi al mismo tiempo con una increíble habilidad fruto de la costumbre y pericia adquirida en varios años de salidas fortuitas de su casa en plena noche para a atender a enfermos de la comarca.  Dos mozos, uno de unos dieciocho años  y otro de catorce, estaban nerviosos tras la puerta.
-                      Vaya, los hijos del Eutiquio, ¿pasa algo malo? ¿Es el bebé, tal vez?
Los dos muchachos tardaron en contestar. Habían llegado en carro hasta la casa del médico.
-                      No, no es nada de enfermedades, Don Marcial. Es que el cura Don Cesáreo nos ha dicho que le avisemos- Hubo una pausa en el discurso del mayor- Es un mendigo que hemos recogido en casa, Don Marcial. Hace, dice y tiene cosas muy raras que a padre, a madre, a nosotros y al cura que le avisamos, nos tienen con los ojos como platos. El cura dice que usted que es hombre de ciencia, tiene que ver tó lo que hace.


Continuará

domingo, octubre 24, 2010

Mis 50 discos que te cagas (10): VAN MORRISON – ASTRAL WEEKS (1968)




Astral Weeks es un disco que no envejece nunca, básicamente porque es un disco especial y único. El verdadero primer LP en solitario del que entre 1964 y 1966 fue vocalista de Them (Blowin´your Mind, 1967, era en realidad una recopilación de sus primeros singles como solista) es una extraña joya que poco tiene que ver con la producción posterior del león de Belfast en los años sucesivos y con prácticamente nada que se hizo antes o se haya hecho después en el mundo de la música. Grabado en Nueva York en escasos días con un grupo de músicos que apenas habían ensayado previamente con el huraño norirlandés, el propio Morrison apenas sabía como iba a resultar el álbum. Por aquel entonces, recién casado y cantando en clubs de poca monta en Massachusetts (se había trasladado a EEUU poco antes), Morrison atravesaba dificultades económicos que le provocaron una crisis personal  que trató de exorcizar con un emocionante catálogo de introspectivos, temperamentales y muy personales temas a caballo entre diversos estilos musicales.  Ocho temas con bases inspiradas en el soul, el jazz, o el blues pero con una insólita instrumentación acústica más cercana al folk celta que a la música negra (aunque ejecutada casi como si de jazz se tratase) además de un tratamiento vocal que borraba con un solo gorgorito de la prodigiosa garganta de Van cualquier limite estilístico o convencionalidad establecida. Pese que fue en este disco donde Morrison fue estableciendo su peculiar manera de cantar y su sobrecogedora afectación vocal, jamás a partir de aquí su voz ha sonado tan imponente y fascinante como en Astral Weeks.

Hay mucha leyenda sobre las sesiones de grabación de este disco; de lo poco que parece claro es que los músicos ejecutaron el acompañamiento instrumental casi de amanera improvisada tratando de adecuar la música a las melodías cantadas por Van Morrison. El resultado no fue ni mucho menos una chapuza, sino un festín de sonido sensual, fresco, sobrecogedor y verdaderamente hermoso. Un disco con olor a hierba mojada de rocío y a hojas de árboles, que evoca paisajes crepusculares  y brisa fresca otoñal. Un álbum entre campestre e intimista de extrañas letras con cautivadores imágenes a veces carentes de sentido aparente pero que en la voz de Van Morrison suenan a poesía pura. Se vislumbra no obstante un tono nostálgico y melancólico  y cierto enfoque conceptual sobre la perdida de la inocencia y la búsqueda de un nuevo nacimiento tras tiempos de zozobra, tal y como le estaba ocurriendo al propio Morrison en aquel moemento. Desde el subidón emocional inicial de la pieza que da título al álbum, siete minutos de soul folk in crescendo interpretado vocalmente con emoción contenida al máximo, los momentos de magna belleza se suceden uno detrás de otro. La delicada pero enérgica al mismo tiempo Cyprus Avenue y sus flautas y violines sonando casi fuera de contexto se contrapone con el estremecedor y desnudo lamento de Beside You y sus alucinantes juegos de voz entre una casi jam instrumentación folkie, mientras que Madam Goorge, un tema de más de 9 minutos de duración (algo insólito entonces para una canción vocal)  añade una oportuna dosis de tranquilidad y de dulzura en un tema agridulce sobre el abandono del pasado. The Way Young Lovers Do, es un genial tema R&B con el tempo más rápido de todo el disco. Ballerina, otra maravilla de emocional factura, vuelve a dejar sin aliento, tal y como lo hacen Astral Weeks, Beside You…y Sweet Thing

Sweet Thing merece ser reivindicada como una de las mejores canciones de amor de la historia, todo un clásico en el ya de por sí sensacional cancionero de Van Morrison; es muy fácil humedecerse los ojos con este hermoso y desgarrado grito de amor envuelto en una instrumentación certera y rápida y con una voz que rezuma fuerza y espíritu por los cuatro costados. Impresionante. El disco se cierra con la lánguida Slim Slow Rider, el único tema son instrumentación de cuerda: desnudo, evaneceste, etéreo, sobrecogedor. El LP se “dividió” en dos partes supuestamente conceptuales según las caras en el vinilo original: los cuatro primeros temas eran In The Beggining (Al principio) y los cuatro restantes Afterwards (Después), pero poco importa si este es realmente un disco conceptual o no. El caso es que Astral Weeks, las semanas astrales, es un disco tan singular, inhóspito  e irrepetible que tiene que ser grande y hermoso por la fuerza. A muchos seguidores más o menos recientes de Van Morrison les puede parecer extraño y es posible que muchos prefieran el más conocido track listing de Moondance, su disco posterior, que estas canciones tan frías y marcianas. Pero nada, absolutamente nada debe obviar esta autentica joya de la música del siglo XX, un disco sencillamente precioso e inmortal.         


FICHA TÉCNICA

Géneros: Soul, Jazz Rock, Folk Rock, Blues
Publicación: noviembre 1968
Sello original: Warner
Producción: Lewis Merenstein
Duración: 46:05
Músicos:
Van Morrison: voz, guitarra rítmica
Jay Berliner: guitarra
Richard Davies: Doble bajo
Connie Kay: batería
John Payne: flauta, saxo soprano
Barry Konfeld: guitarra en The Way Young Lovers Do
Warren Smith Jr.: percussion, vibráfono
 
Track listing

1- Astral Weeks
2- Beside You
3- Sweet Thing
4- Cyprus Avenue
5- The Way Young Lovers Do
6- Madam George
7- Ballerina
8- Slim Slow Rider