lunes, octubre 18, 2010

El aparatito de Lumiere- AMADOR




  
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Hay directores que empiezan a vivir de las rentas, como es el  caso del madrileño Fernando león de Aranoa, realizador que en su día entusiasmó a público y crítica con Barrio (1998) y sobre todo con Los lunes al sol (2002), y que tras la aún estimable pero un tanto irregular Princesas (2005) ofrece ahora Amador, un filme esforzado pero bastante poco convincente. León de Aranoa parecía tras Los lunes al sol haberse ganado el título del Ken Loach español, por aquello de llevar a cabo un tipo de cine social, pero no solo las distancias estilísticas con el gran cineasta inglés son más que evidentes, sino que el cine de León de Aranoa, en contraposición al de Loach, en realidad poco tiene de denuncia, aunque eso no sea necesario para hacer buenas películas de las miserias de la sociedad española de hoy en su vertiente más realista como las que ha hecho hasta el momento. Con esta nueva película, Aranoa vuelve a    demostrar un indudable dominio técnico del medio cinematográfico además de sus credenciales como buen narrador y dialoguista, pero si en Princesas se  echaba en falta algo más de credibilidad en el asunto, en Amador directamente la credibilidad brilla casi por su ausencia.           

El punto de partida, una historia centrada en el personaje de una joven inmigrante de un país latinoamericano indeterminado, puede tener su interés en tanto que la película, que no es en absoluto una crónica sobre la inmigración pese a lo que pueda parecer, plantea un juego narrativo centrado en el serio conflicto  que vive Marcela en un momento de su vida al tener que elegir entre la ética y la necesidad económica. El caso es que la muchacha, que vende junto con su novio y otros compatriotas flores muertas rescatadas de vertederos a las que hacen pasar por vivas, accede ante la poca rentabilidad de su negocio y ante el hecho que va a ser madre, a cuidar a de un anciano enfermo llamado Amador. Toda parece ir bien, pero la cosa se complica cuando Amador fallece inesperadamente antes de cumplirse el mes preceptivo para cobrar. Aquí entonces comienza un tanto siniestro juego de artificio y simulacro que la joven lleva como puede. Este planteamiento, que bien pudiera ser de comedia, en esta película termina por hacer aguas e írsele de las manos al director a la hora de hacer un drama sólido. Aunque la interpretación de la actriz peruana Magaly Solier es espléndida y otro tanto puede decirse del gallego Celso Bugallo en un papel más bien breve (¿Por qué habrán puesto a este personaje el mismo nombre del que él propio Bugallo interpretaba en Los lunes?), los momentos en los que los personajes pueden aportar cierto empaque son contados. Sobra verborrea pseudopoética (aportada por el personaje de Amador), simbolismo metafórico fácil (el de las flores y Amador) y algún que otro momento de relleno. Por si fuera poco, el muy deficiente desenlace del filme termina por borrar los bastantes momentos de lucidez (servidos principalmente por el personaje de Marcela) que encontramos en esta película. En resumidas cuentas, una pequeña decepción que sin embargo puede que convenza a algún público.  

sábado, octubre 16, 2010

Mís 50 discos que te cagas (9): THE VELVET UNDERGROUND AND NICO – THE VELVET UNDERGROUND AND NICO (1967)



El primer disco de The Velvet Underground es tal vez el primer LP de culto de la historia, cronológicamente hablando: no vendió una castaña en el momento de su lanzamiento y ni tan siquiera tuvo buenas críticas (de hecho, prácticamente no tuvo crítica alguna) pero con el paso de los años se convirtió en uno de los discos más influyentes de la historia del rock y hoy por hoy es considerado uno de los mejores discos de todos los tiempos. Y es que, además, este fue el primer disco de rock underground de la historia, concebido por un irrepetible y bizarro grupo de músicos del ámbito neoyorquino: un multiinstrumentista galés obseso de las vanguardias musicales del momento como Terry Riley, La Monte Young o el minimalismo (John Cale), un chico de NYC con problemas de adaptación e intereses musicales similares a los del galés plasmados en su tremebunda guitarra (Lou Reed), una chica que tocaba una extraña batería (Maureen Tucker), y un extraño ejemplar de nerd hippy con versatilidad instrumentista (Sterling Morrison). De esta unión no podía salir nada mínimamente normal en aquel 1967, pero de allí nació también uno de los grupos más interesantes, innovadores y grandes de la historia del Rock. Con ellos y con su opera prima The Velvet Underground and Nico nació una nueva forma de ver el arte y el negocio musical, que a partir de ese momento no tenía por que estar necesariamente circunscrito a lo comercial y a lo que gustase a todo el mundo. Este primer gran opus de rock experimental pudo ver la luz gracias al único hombre que podía apostar por un grupo como la Velvet Underground: Andy Warhol.

En 1965, Lou Reed, cantante, guitarrista y compositor principal, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker llegan a la Factory de Andy Warhol, meca de la juventud vanguardista neoyorquina mas transgresora, provocadora e ida de la olla, la cual cultivaba campos como las artes plásticas, el cine o el teatro pero que hasta entonces no se había atrevido con la música. A Andy es gustó aquel grupo de ruidosas y amplificadas notas y se convirtió en su manager, invitándoles a actuar durante 1966 en su performance itinerante multimedia Exploding Plastic Inevitable. Ante el éxito de sus actuaciones en donde la improvisación y la distorsión brutal de sus instrumentos estaban a la orden del día, Warhol propuso a  los muchachos grabar un disco que el financiaría, imponiendo la presencia en la banda de un quinto miembro, la cantante, actriz, y  modelo alemana Christa Päffgen, nombre artístico Nico, que se había convertido en una de las musas de la Factory. Pese a la reticencia inicial, el grupo acepta y la germana cantaría algunas canciones del disco, el cual además llevaría su nombre junto con el de la banda. La grabación de los temas en la primera mitad de 1966 no salió muy bien y a finales del año tuvieron que regrabarlos casi todos. El disco salió por fin en marzo de 1967, con Andy Warhol acreditado como productor aunque en realidad era productor ejecutivo (el que ponía la pasta), el verdadero productor desde el punto de vista musical fue Tom Wilson con posibles e inciertas aportaciones de otros profesionales. El plátano de la portada, formado por láminas adhesivas que se podían quitar y así “pelarlo”, dejando a al vista su interior sin piel insólitamente rosa, fue una idea de Warhol que se pensó que podía ser atractiva para que el público lo comprase (aunque ese modelo solo se hizo para las primeras copias), pero ni de coña: el contenido de  The Velvet Underground and Nico era de tal calibre (drogas duras, sadomasoquismo, perversiones sexuales) que espantó al público y a la crítica. El 171 fue su puesto más alto en las listas americanas y Andy Warhol a finales de 1967, desiste. Pero afortunadamente, el grupo- ya sin Nico- no.      

The Velvet Underground and Nico se adelantó cinco años al glam, diez años al punk, quince al afterpunk y veinte al rock alternativo. Lo que en su día sonó lunático, áspero y retumbante por un lado, e inquiete y oscuramente reposado y sensual por otro, en pocos años fue aceptado como un magno momento seminal de la historia del rock.  La VU en sus tres discos de estudio siguientes iría evolucionando su sonido sin abandonar la experimentación y el tono marginal pero consiguiendo que cada disco sonase singular y diferente del anterior; en ese sentido TVU&;N  pese a sus imperfecciones técnicas y de grabación es el disco de la Velvet con diferencia más cautivador y emocionante. El disco es a partes iguales tanto de la VU como de la “intrusa” Nico, que con su poderosa personalidad y su profunda voz semimasculina hace suyos lo tres temas en los que ejerce de vocalista principal. No obstante, en un disco donde las canciones son bastantes diferentes unas de otras, las piezas mas memorables y conocidas de este LP tienen a Lou Reed como cantante, una presencia por entonces tan turbadora y enigmática como el de la propia Nico: I´M Waiting For The Man  es todo un clásico (no solo para VU sino para el propio Reed en solitario) que habla de camellos, chicos en busca de una dosis y desencuentros raciales con la voz suave pero forzada de Reed sobre el piano desquiciado de John Cale y las guitarras atonales y repetitivas de Reed y Morrison, mientras que Heroin es una oscura oda al chute de caballo con acompañamiento instrumental minimalista,  crescendos taquicárdicos y la voz de Reed tornándose teatralmente desesperada en los momentos clave. Tanto en esta canción como en otras la base instrumental ejecuta anárquicas notas principalmente servidas por la viola eléctrica de Cale, que suena a pesadilla en la inquietante The Black Angel´s Death Son uno de los dos temas coescritos por Reed y Cale y en donde el bueno de Lou declama más que canta, una de las señas de identidad más características de su larga carrera.

En TVU&N hay notas sostenidas hasta la distorsión, efectos de sonido desagradables, disonancias instrumentales varias (a veces en largos soliloquios instrumentales), pero los temas cantados por Nico resultan todo un contraste ya que son de lo más plácido, como Femme Fatale, bello tema dedicado a otra musa de Warhol, Edie Sedwick  o I´ll Be Your Mirror, una balada casi convencional que en la voz gélida de Nico suena hipnótica. Pero la palma de la triada de la cantante teutona se la lleva la espectacular All Tomorrow Parties, con la vocalista y toda la banda dándolo todo y haciendo un deslumbrante compendio del sonido de la primera VU en un tema majestuoso y arrebatador. Era patente la influencia de la Chanson francesa y de la vanguardia musical europea en los temas de Nico y también en Sunday Morning, tema melódico y  preciosista con la voz de Reed suavizada al máximo.  Nada que ver con Venus in Furs inspirada en el libro del mismo título de Sacher-Masoch y que resulta la primera aproximación de la música popular al masoquismo envuelta en una instrumentación tremebunda y ruidosa con la voz de Reed abriéndose paso solemne y etérea. Algún momento de accesibilidad como el de There She Goes Again, tema pop que anticipa el Glam Rock, complementan un disco verdaderamente grande. Años después, con la Velvet Undergrund ya disuelta, este será el disco de cabecera de David Bowie, Marc Bolam, King Crimson, Van Der Graff Generator, Talking Heads, Joy Division, Suicide, Patti Smith y muchos otros. La marcha de Nico y el fin de la relación de la banda con Andy Warhol marcaron el final de la primera minietapa de la Velvet Underground, aunque lo que vino después y hasta la disolución del grupo en 1971 tuviese también la categoría de obra maestra. Y en 2010 el plátano de Warhol sigue en posters, en camisetas y en los CDs de mucha peña. Que a nadie le importe que en su edición en CD de este disco el plátano de la portada no se pueda pelar (aunque ponga aquello de Peel slowly and see), que mientras se tenga este disco en la estantería, uno ya puede decir que tiene algo musicalmente descomunal…y culturalmente inmortal


FICHA TÉCNICA

Géneros: Rock Underground, Rock Experimental
Publicación: marzo 1967
Producción: Andy Warhol (acreditado, pero en realidad prod. ejecutivo), Tom Wilson
Duración: 48:51
Músicos:
Lou Reed: voz principal, guitarras
Nico: voz principal en Femme Fatale, I´ll Be Your Mirror y All Tomorrow Parties, coros en Sunday Morning
John Cale: viola eléctrica, piano, bajo, coros, celesta en Sunday Morning
Sterling Morrison: guitarras, bajo, coros
Maureen Tucker: batería, percusión


Track listing

1- Sunday Morning
2- Waiting For The Man
3- Femme Fatale
4- Venus in Furs
5- Run Run Run
6- All Tomorrow´s Parties
7- Heroin
8- There She Goes
9- I´ll Be Your Mirror
10- The Black Angel´s Death Song
11- European Son


martes, octubre 12, 2010

El aparatito de Lumiere - BURIED



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Un impresionante ejercicio cinematográfico el que nos ofrece realizador gallego   Rodrigo Cortés, un arriesgado experimento que se ha saldado con éxito y que además pone de manifiesto que cualquier director, sea de donde sea, si dispone de los medios adecuados (incluido un gran guión) puede firmar títulos que nada tienen que envidiar a la maquinaria hollywoodiense incluso en sus obras con pretensiones. Buried, una producción española rodada en Barcelona pero con apariencia de producción norteamericana (en realidad hay bastante participación yanki) y protagonizada por un canadiense afincado en EEUU, es una película alucinante, inquietante y sobrecogedora, pero enormemente brillante y sólida. Su premisa argumental no puede ser más angustiosa: Paul, un transportista norteamericano que se encuentra trabajando en Irak que despierta un día encerrado en una angosta caja de madera, completamente a oscuras. Sin saber como ha llegado allí (algo relacionado con su último recuerdo antes de quedar inconsciente: un ataque armado que sufrió su convoy) y con la única iluminación de un mechero y la ayuda de un teléfono móvil que alguien ha dejado en la caja, intentará poner sobrevivir y poner remedio a tal kafkiana situación. Lógicamente, la empresa será desesperada.

Sólo hay un actor presencial en este filme, Ryan Reynolds, quien hace un trabajo realmente soberbio, del resto de personajes solo oímos sus voces por el móvil del protagonista, en medio de su desesperada lucha por que le saquen de su sepulcro en vida. Prácticamente todo el peso argumental de la película reside en las conversaciones y llamadas de móvil de Paul, más oportunos e inteligentes detalles puntuales, todo ello salpicado por los momentos de “silencio” y lucha interna del protagonista, dispuesto por todos los medios a luchar por su vida. El único escenario del filme es la susodicha caja enterrada, en donde Paul lleva a cabo su particular cruzada de supervivencia que ni Rambo en la jungla de Camboya, esto es algo mucho mas serio. La soberbia interpretación de Ryan Reynolds transmite la angustia necesaria al espectador para sumergirse en esta imposible historia de angustia inenarrable en donde llegamos incluso a sentir las claustrofóbicas sensaciones del personaje. La verdad es que esta es una película muy difícil de rodar, con cuatro pequeñas paredes y el actor casi todo el tiempo tumbado, lo cual enriquece y valoriza el trabajo tras la cámara de cortés, quien se marca todo un tour de force cinematográfico al mismo nivel que Reynolds se ve obligado a dar un recital interpretativo. Una historia que pese a estar situada en escasos metros cuadrados pone de relieve los absurdos y muchas de las miserias la sociedad moderna: burocracia inservible,  los intereses ocultos de las corporaciones, la inutilidad de cierta clase mandataria, el caos de la política internacional, la deshumanización de la sociedad occidental…y todo desde una caja. Sin duda un gran guión el de Chris Sparling, un joven guionista al que en EEUU todas las compañías rechazaron su guión y tuvo que vender su moto en Europa.     

Esta claro que este filme no es un palto para todos los gustos: claustrofóbico, tenso, desasosegante. Pero merece la pena verlo. Puede que tampoco se trate de una obra maestra, pero películas como esta, de vez en cuando, nos recuerdan que cualquier recurso dentro del cine es posible. 

lunes, octubre 11, 2010

1980: LA PRIMERA CONQUISTA VASCA AL EVEREST


El 14 de mayo de 1980 por primera vez en la historia un alpinista vasco llegó al Everest. Era Martín Zabaleta, uno de los 12 hombres que integraba la segunda expedición vasca al Everest, la primera que llegó a su objetivo. Además de ser la primera vez que montañeros vascos llegaron al Everest, también fue la primera vez que alguien del Estado Español alcanzó la cimbre más alta del mundo, hasta entonces solo conquistada por neozelandeses, británicos, chinos, norteamericanos, hindúes,  coreanos, japoneses, eslovenos, croatas, italianos, austriacos, polacos, y por supuesto, nepalíes. Después de esta expedición, vendrían otras muchas de todas partes del mundo, pero en aquellos comienzos de los 80 escalar el Everest era aún todo un reto, toda una aventura al límite que suponía una experiencia de esfuerzo, superación y tenacidad extrahumano. Y aquellos 12 muchachos de Euskal Herria, ayudados por un voluntarioso grupo de sherpas, se retaron a ellos mismos y tocaron el cielo             

Subir al Everest. Hasta bien entrado el siglo XX fue un sueño imposible. En 1953 un neozelandés espigado y desgarbado, Edmund Hillary y un sherpa más bajito pero con muchos metros a sus espaldas, Tenzing Norgay, fueron los primeros humanos en llegar a lo más alto del planeta tierra: la conquista del Everest había comenzado. Tras aquella expedición británica, muchas oros se sucedieron conforme avanzaba el siglo XX y la ciencia y la técnica evolucionaban…y el alpinismo también. Hay gente, como los sherpas, la etnia de los hombres del Himalaya, que han nacido para subir hasta lo más alto, en mitad de la nieve y el hielo. Y muchos dicen que los vascos también han nacido para subir montañas (en plan más modesto que los sherpas, claro), siempre estimulados por la visión en cualquier parte del paisaje vascao de montañas y montes que se suceden por doquier y un tanto anárquicamente, esparcidos en diferentes lugares del mapa. Será por esa razón que el pueblo vasco siempre ha sido un pueblo montañero, que además no se ha conformado con subir varias veces en la vida de cada persona todos los montes de su entorno, sino que ha buscado en los cinco continentes más y más cumbres que subir, cuanto más altas mejor. Es por ello que el alpinismo vasco históricamente siempre ha sido de los más importantes de Europa con gran número de figuras de este deporte de reconocimiento internacional (Juanito Oiarzabal, Edurne Pasabán, Hermanos  Iñurrategi, Juanjo San Sebastián…) y no es de extrañar tampoco que los vascos fuesen unos de los primeros pueblos europeos en llegar al la montaña más alta del mundo, el Everest con sus 8.848 metros, siendo además la primera región del Estado español en concluir con éxito una expedición destinada a coronar la cima del gigante nepalí.  

En 1980, la segunda expedición vasca al Everest (la primera y fallida fue en 1974) logró alcanzar la cima y poner la bandera en el famoso trípode chino que allí se encuentra desde 1975, cuando la segunda expedición china quiso dispar cualquier duda de su llegada a la cumbre- tal y como había ocurrido en la primera y oscura expedición de 1960- y demostrar a todo aquel que en lo sucesivo llegase a al cumbre de que ellos habían estado allí. Era un época aún extraña para España, con una nueva democracia de tan solo tres años y aún muchas dudas en el horizonte, y aún más convulsa en Euskadi, con el azote persistente de la violencia de ETA y serias dificultades para lograr una verdadera convivencia política debido a al disparidad de opiniones sobre lo que tenía que ser el futuro de Euskadi, aunque el Estatuto de autonomía estuviese recién aprobado. Aquella primera llegada a la cima del Everest tal vez tuvo algo de reivindicación política de corte nacionalista, pero por encima de todo fue un autentico reto que el arraigado montañismo vasco asumió y con el obtuvo  éxito. Durante diciembre y mayo de 1980, 12 de los mejores montañeros de Euskadi y Navarra, es decir, Euskal Herria, lograron una gesta que abrió mentes y puso al deporte de la montaña, por entonces ninguneado en muchos países, en un lugar principal dentro del orbe deportivo.
 

 “No flotaremos insensibles sobre la densa oscuridad en un mar de estrellas, sino que nuestros pasos medirán metro a metro la helada corteza del planeta, nuestra  respiración dará a la distancia su exacta medida, el sol se moverá sobre nuestras cabezas, lenta, imperceptiblemente”.  Esto escribía en su diario uno de los expedicionarios, Felipe Uriarte, un cuaderno lleno de bellas reflexiones poéticas parte de ellas recogidas en su libro Vascos en el Everest (1982), una hermosa e imprescindible crónica de la épica aventura. La expedición se hizo con vocación de odisea, y como todo largo viaje a lo desconocido que se precie hubo dificultades, calamidades, peligros y dudas. Lo complicado, lo casi imposible, siempre es lo más estimulante para emprender. Y a finales de 1979 un grupo de hombres de la montaña quiso intentar la siempre ilusionante y misteriosa misión al límite. Ellos fueron Juan Ignacio Lorente (Vitoria-Gasteiz, 1939), el jefe de la expedición; Angel Vallejo Rosen (Biarritz, 1942), el secretario técnico, Ramón Arrue (Azpeitia, 1948), Kike De Pablo (Zamora, 1952), Xabier Erro (Lesaka, 1946), Ricardo Gallardo (Donostia- San Sebastián, 1940). Javier Garaioa (Pamplona, 1950), Emilio Hernando (Bilbao, 1953), Luis María Saenz de Olazagoitia “Petxu” (Vitoria-Gasteiz, 1943), Joxe Urbieta “Takolo” (Azpeitia, 1941), Felipe Uriarte (Donibane Pasaia, 1944) y Martín Zabaleta (Hernani, 1949). Cinco guipuzcoanos, tres alaveses (uno nacido en el País Vasco francés) dos vizcaínos (uno nacido en Zamora) y dos navarros. Salvo Gallardo y Takolo, hoy todos ellos siguen vivos.          

Aquel  primer intento vasco de escalar el Everest en 1974 dejó un poso de frustración al montañismo vasco. Fue toda una aventura conseguir financiación para la expedición, y esta se llevó a cabo con dinero privado, el de la empresa Cegasa de Vitoria, en medio de un ambiente de recelo en las esferas deportivas hispanas por la “vasquidad” del proyecto en los últimos años del régimen franquista. La expedición Tximist-Cegasa se quedó 300 metros de la cumbre, pero nada más bajar se volvió a pedir permiso al gobierno de Nepal para una nueva expedición al Everest.  Los años pasaban y no había respuesta. La contestación oficial llegó en 1977 y no permitía la expedición hasta la primavera de 1982, pero un golpe de suerte adelantó la tan esperada expedición vasca al Everest a 1980, cuando la Federación Soviética de Alpinismo intercambió con la vasca su permiso para 1980, ya que el gobierno de la URSS paralizó cualquier proyecto deportivo nacional de envergadura para centrarse en los Juegos Olímpicos que se iban a celebrar aquel año en Moscú. 
     
  Campamento en Lobuche

En la que se llamó Expedición Vasca Everest – Euskal Espedizioa tomaron parte cinco hombres que ya estuvieron entre los 16 de la Expedición Tximist: Lorente, Rosen, Uriarte, Gallardo y Petxu.  A finales de 1979, comienza la nueva aventura, el nuevo intento. El 9 de diciembre, Kike De Pablos y Xabier Erro, la primera avanzadilla, llegaron a Bombay, India, para conseguir material. De allí a Kathmandu, la capital de Nepal, para llevar a cabo la tramitación y permisos. Durante todo enero Erro y Kike preparan material y consiguen oxígeno y butano para ser transportado a Namche Bazar, a los pies del Himalaya y en donde se tenía pensado plantar el Campo  Base. A finales de enero, Xabier Erro, ingeniero de Lesaka, parte de Kathmandu con 105 porteadores que llevan tres toneladas de oxígeno y butano. Junto con el navarro, tres sherpas, entre ellos el que iba ser sirdar o jefe de sherpas de la expedición Pemba Tsering; llegan a Namche Bazar el 9 de febrero.  Dos días después, Xabier y los sherpas instalan el campo base cerca del de la expedición polaca, que en pocos días iba a coronar el Everest. El día de San Valentín llega el resto de la expedición a Kathmandu, donde son recibidos por Kike De Pablo, ya que Erro se encontraba transportando material desde el campo base a Lukla, localidad cerca de Namche con pista de aterrizaje a donde llega el material por avión. Hasta el 29 de febrero (estamos en año bisiesto), el transporte de material de Lukla a Namche es continuo. Ese mismo día allí se encuentra casi toda la expedición excepto Ricardo Gallardo y Javier Garaioa, médico de la misma, quienes han salido a pie desde Lukla hasta Namche con porteadores y Arrue, que aún se encuentra en Kathmandu realizando trámites.  Mientras esperan la llegada de Arrue, el resto de los expedicionarios tratan de aclimatarse a  lo que les va a venir, aprendiendo vocabulario rudimentario nepalí y ganándose la confianza de los sherpas. El dia 3 de marzo, con la llegada de Ramón Arrue, los 12 hombres de la Expedición Vasca Everest ya están en la montaña.    
 
El día 5 de marzo en Namche Bazar es cuando la expedición comienza de verdad, haciéndoles entrega a los sherpas de sus equipos, básicamente anoraks y gorros del doble valor del sueldo que cobran: un detalle que agradecen. Un pequeño acto en casa de Pemba  Tsering, natural de Namche, sirve de “ceremonia” de inauguración de la expedición, discursos del jefe (Lorente) y del sirdar (Tsering) incluidos. Lorente, Erro, Martín Zabaleta y Petxu Olazagoitia fueron de avanzadilla al campamento de Thyangboche para reclutar porteadores y llevar más material al Campo Base, en total casi 5 toneladas más llevadas por 150 porteadores. Se empiezan a montar las tiendas mientras las idas y venidas a Thyangboche en busca de material se suceden. El día 12 la expedición acude al monasterio budista de Thyangboche, donde se celebra la tradicional ceremonia en honor de la expedición de turno al Everest. Nuestros muchachos se preparan para la ascensión al día siguiente y esta se lleva a cabo sin contratiempos en los primeros 5.500 metros  La Cascada de Hielo, el primer gran obstáculo, es subida con éxito por Xabier Erro en compañía de un miembro de la expedición polaca que poco antes había alcanzado la cima, de nombre Valdeck.  Garaioa, Hernando, Lorente, Petxu llegan al Island Peak, a 6.187 metros  en unos días soleados y llenos de ilusión. El Campo base, a donde regresan los escaladores tras haber ido ascendiendo está a unos 2..000 metros de lo más alto hasta donde se llega a mediados de marzo, pero ya se piensa en ir montando otros campamentos más arriba. Casi todos los miembros de la expedición realizan sus ascensiones menores y hasta el día 22 no se encontrará en el Campo Base  toda la expedición.  

La Cascada de Hielo aún tiene que ser abierta para poder seguir avanzando y en eso se afanan los expedicionarios durante varios días. Concientes de lo arriesgado del propósito, dosifican las marchas, hacen trabajo en equipo y el día 26 consiguen abrir la última parte de la cascada. Algo más arriba se encuentran las tiendas de la expedición polaca, allí, a 6.050 metros, se instala el Campamento 1. Ese día, Takolo, Felipe Uriarte, Lorente y Petxu, los escaladores de la Cascada de Hielo, serán los que primeros en dormir en el C1. En los días siguientes llegarán más efectivos procedentes del Campo Base. No obstante, bastantes escaladores se quedan aún allí preparando al logística. Cuandoen el día 31 de marzo varios sherpas tratan de acceder al C1, Ang Lakpa, uno de los más experimentados, sufre una escalofriante caída por una grieta. En estado muy grave, se le traslada al CB a través de la cascada, en una arriesgadísima operación que incluso podía poner en peligro su vida, pero de la que sale indemne. Lakpa pasó la noche en el CB vigilado por Lorente y Garaioa, ambos médicos. A las 2 de la madrugada es llevado a un hospital en Kathmandu por un helicóptero
El Campamento 1

Había contratiempos, si, pero había que seguir ascendiendo. El 3 de abril se han subido ya 6.500 metros y se ha instalado allí el campo 2. La cosa va bien, y todos los sherpas de altitud de la expedición (12 a esa fecha) ayudan con tesón. En el C2 se quedan 3 de los mejores sherpas, cuya ayuda se presumía iba a ser valiosísima: Nima Rita, Gyalzen y Gymri. Kike De Pablo y Javier Garaioa también suben al C2 con intención de hacer cumbre en el Lhotse e ir superando los 7.000 metros de altitud. La escalada por la cara del Lhotse es difícil y Garaioa la emprenden junto con los tres sherpas. Xabier Erro se  une días después a la avanzadilla junto con el sherpa Nin Temba y el dia 10 de abril, junto con Garaioa alcanzan los 7.350 metros en la cara del Lhotse, donde se instala el Campo 3.  Varios miembros del resto de al expedición van llegando al C3 en los días siguientes. Felipe es quien se encargará de abrir camino desde el C3 para llegar al Collado Sur, en compañía de 3 sherpas, pero el tiempo se recrudece con una fuerte ventisca y es imposible continuar el ascenso, por lo que los cuatros hombres vuelven al C3 tras haber ascendido hasta los 1.700 metros. Los problemas se suceden: la Cascada de Hielo esta cortada y esto va a retrasar y dificultar todo intento de ascensión. Por aquellas fechas, Arrue (en el Campo Base), abandona la expedición descendiendo hasta Kathmandu para llevar a cabo asuntos burocráticos y de comunicación. 

El 19 de abril, comandados por Angel Rosen, la mayor parte de los expedicionarios llegan al Collado Sur, a 7.890 metros de altitud, donde se instala el Campamento 4. La cima, más cerca, había que empezar a pensar ya en el principal de los momentos, en la hora de hacer la cumbre. Dado que la empresa era la más delicada y aún quedaban muchos metros por ascender, toda la expedición decidió reunirse en el Campo Base. El día 21 tiene lugar allí la importante reunión sobre la ascensión final: se desconocía que climatología haría, siendo el principal temor la presencia de fuertes tormentas y como se iba a encontrar la gente tras haber superado los 8.000 metros. Se acordó hacer 3 cordadas entre los 11 miembros supervivientes de la expedición vasca, que subirían en orden consecutivo. En la primera Ricardo Gallardo, Rosen, Garaioa, Emilio Hernando y un sherpa por determinar; en la segunda Erro, Petxu, Takolo, Lorente y Pemba Tsering, y en al tercera (sin oxígeno), Zabaleta y Felipe. Kike no tenía interés en hacer cumbre y decidió servir de apoyo al tandem Zabaleta- Uriarte. Las ascensiones de reconocimiento comienzan, y el día 24, Garaioa ya estaba en el Collado Sur, acompañado por Kike, y sin oxígeno. Era la parte más dura de la expedición, y las dificultades no tardaron en aparecer. El ascenso al Collado Sur estaba resultando más dificultoso de lo que se pensaba en un principio, de hecho, tras Garaioa y  Kike, los siguientes en tratar de alcanzar el Collado Sur para preparar el Campamento 4, Erro y Felipe, fracasan en su intento a finales de abril. No obstante, Pemba Tsering consigue llegar al Collado con un buen grupo de porteadores con la intención de equipar el C4, preparándolo para lanzar intentos de llegar hasta la cumbre.  Garaioa y Kike bajaron al CB para reunirse con el resto de expedicionarios en las cordadas de ascensión. El primer grupo llega al C3 el 1 de mayo, sin Emilio, que se sentía indispuesto y tuvo que volverse al CB. El segundo grupo también se pone en camino. 

Angel Rosen

 El intento del grupo primero, formado por Rosen, Garaioa y Ricardo, se empieza a frustra a primeros de mayo. Pese a que el día 3 ya estaba en el C4 y el día 4, en compañía de 4 sherpas, había conseguido alcanzar la Cima Sur (8.760 m.) atravesando una pesada nieve profunda, el grupo se queda sin oxígeno y desiste: hay que regresar al C4.  El segundo grupo ya había llegado entonces al C3, aunque Petxu decidió volver al C2. Al llegar al collado Sur, el segundo destacamento sufre un gran vendaval y deciden bajar hasta al C2 en espera de que el tiempo mejore. En el C2 ya estaba Martín, del grupo tercero, junto con Kike, el apoyo al mismo. Los días del 8 al 10 de mayo serán aburridos y ansiosos días de espera para la Expedición Vasca al Everest. Días fríos, tediosos, en espera de que el tiempo mejore. Allí se encontraban Kike, Takolo, Martín y Lorente, mientras que el resto estaban en el Campo Base. El día 11 el día amanece azul intenso en la fría montaña, señal de que el tiempo iba a cambiar. Lorente y Martín deciden entonces subir al C3, ya parece que la climatología no va impedir la continuación del propósito. Mientras Kike y Takolo bajan al CB, otros expedicionarios suben al C2.  El tiempo sigue siendo benévolo, y Martín y Lorente entienden que ya nada puede impedir el preciado sueño del montañismo vasco: llegar hasta la cima más alta del mundo, llegar a la cima del Everest. El día 13, los dos montañeros vascos y los sherpas Pasang Temba, Phurba Kitar y Ang Nima llegaron al Collado Sur y ahora había que conseguir lo que el priemr grupo no había logrado. El día 14, los expedicionarios partieron a las 2 y media de la madrugada animosos y llenos de esperanza del Collado Sur. Martín Zabaleta supera el mítico espolón de los ginebrinos,  pero Lorente se tuvo que volver mitad de camino, a las 5,30 de la mañana. Nima y Kitar bajan al C4, y a las 13 horas Martín y Pasang Temba  llegan a la Cima Sur. Ya se percibe la cumbre

Nieva espesa y blanca, aristas, grietas. Martín y Pasang siguen subiendo. Incluso poco después de rebasar la Cima Sur, vieron que aquello estaba algo peligroso y pensaron en retirarse, pero finalmente prosiguieron. El Escalón Hillary, que difícil. Continuaron. La ascensión continuúa monótona y cansina. Hasta que envuelta entre la niebla, una cosa oscura se divisa: es el trípode chino. A las 15,30 del 14 de mayo de 1980, Martín Zabaleta y Pasang Temba llegaron a la cumbre del Everest

Pasang Temba planta la ikurriña en la cima del Everest (14-V-1980)

Enseguida, Martín se pone en contacto con el C2 por medio del radioteléfono; toda la expedición salta de alegría a medida que va enterándose campamento a campamento. Pasang planta la ikurriña sobre el trípode chino, con ella también la bandera de Nepal, la única bandera del mundo que no es rectangular y la ya casi icónca en la Euskadi de aquellos años bandera antinuclear: los hombres de las montañas, en contra de la central de Lemoniz. A las 16,15, los dos montañeros inician el descenso, con lo que se deseaba desde años atrás por fin cumplido. Martín y Pasang no llegan al Collado Sur hasta el día siguiente por la tarde, con la ayuda de los sherpas Nima y Kitar y después al C3, donde se encuentran Xabier y Felipe, quienes les abrazan embargados de la emoción.  Pemba Tsering y otros sherpas, mientras tanto, comienzan a desmontar el C4, y tras este, los siguientes, la expedición ha concluido.

Los días siguientes, hasta el 21 de abril, serán de recogida de felicitaciones, abrazos, rostros iluminados por sonrisas, emoción y también de recogida de bártulos. Descendiendo, campo a campo, todo lo allí colocado por la Expedición Vsca al Everest va desapareciendo, devolviendo a la montaña su inmaculado aspecto blanco y grisáceo. Aún quedaría alguna que otra situación desagradable, como la avalancha que el día 16 arrastró a un sherpa de la expedición catalana al Lhotse, quien fallecería al día siguiente o la caída y posterior evacuación del sherpa de la expedición Dawa Dorjee cundo todo el personal se encontraba en el Campo Base.  El día 21, la expedición deja el Campo Base y cinco días después ya está en Kathmandu. La llegada a Bilbao no se producirá hasta el 12 de junio de 1980.

Un final feliz para una gran aventura, que tras su conclusión, como dijo Felipe Uriarte, inundaba el sentimiento de vivir. Otros muchos vascos y de otras zonas de la península ibérica llegaron detrás de ellos, pero que duda cabe que fueron ellos los que marcaron la pauta en el ámbito hispánico. No obstante, la injusticia se cebó con el logro una vez hecho: los medios de comunicación de alcance nacional apenas se hicieron eco de la noticia, una expedición vasca con ikurriña plantada en la cima al grito de Gora Euskadi askatuta era algo muy poco cómodo en aquella incipiente España democrática, y se optó por el silencio, aunque años después, diversas publicaciones deportivas y de montaña y anales del mundo del deporte, reseñaron el acontecimiento más o menos como se merecía


A los 12 expedicionarios vascos les esperaron en los días siguientes a su regreso recepciones por parte del lehendakari Carlos Garaikoetxea y homenajes en sus localidades natales y de residencia. En los años siguientes, todos continuaron su actividad montañera, pero siempre recordaron con especial cariño aquel importante logro. 30 años después, ahora que el mundo de la montaña es ya muy mediático y en al Everest hay expediciones prácticamente todos los años, aquella primigenia hazaña se contempla con el indudable encanto de la épica romántica y la inocencia de la primera vez. El placer de averiguar y conocer de ver quien fue el primero en hacer algo, circunscrito  en algún ámbito determinado. Los 12 hombres de la montaña se propusieron conseguir el sueño de cualquier escalador y lo cumplieron. Tras el primer amanecer, el sueño, hecho de felicidad, proseguía. Y aún continúa.

miércoles, octubre 06, 2010

El aparatito de Lumiere - MACHETE



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El norteamericano (aunque el mismo se haga pasar por mexicano) Robert Rodríguez es un director que en su día prometía y mucho con películas como El Mariachi (1992), pero su insistencia en parecerse a Tarantino (con el cual ha colaborado en numerosas ocasiones) y su desconcertante decisión de cultivar en la mayor parte de su carrera un cine más bien comercial (cuando el mismo se vendió a comienzos de su andadura profesional como un cineasta independiente) han terminado por desacreditarle y con merecimiento: en su prolífica filmografía, a parte de su ópera prima, no hay títulos de calidad y su ya cansina seña de identidad consistente en utilizar la violencia exagerada y salvaje de un modo aún más reiterado y sin sentido que su amiguete Quentin Tarantino, resulta ya una señal de que ese es básicamente su único recurso cinematográfico. Y con esta nueva película suya, Machete, no hace más que demostrar de que lo suyo es violencia a raudales, gore, humor negro, latinxplotation y poco más (y cuando se ha alejado de estos parámetros, con filmes para un público familiar, por ejemplo, le ha ido incluso mucho peor), al margen de que sus filmes tengan su irónico e ingenioso punto, tal y como sucede con esta película.    

Machete tiene un origen curioso, ya que el personaje de Daniel Machete, implacable asesino a sueldo mexicano que opera en la frontera tejana, nació de un falso trailer que se veía al comienzo del filme Death Proof  de Quentin Tarantino y que junto con  Planet Terror del propio Rodriguez conformaban aquel extravagante proyecto de 2007 llamado Grindhouse en el cual ambos directores se propusieron recuperar las sesiones dobles de cine B norteamericano con dos peliculillas exhibidas en una misma sesión en EEUU pero por separado en le resto del mundo. Aquel “trailer” de pega hizo bastante gracia al público y a la crítica y Rodríguez ha decidido extender la historia del personaje en un largometraje en cual esta vez Tarantino no tiene nada que ver. El resultado ha sido pelín decepcionante; a pasar de contar con un reparto de estrellas y un guión que pretende ser una crítica despiadada contra las políticas migratorias estadounidenses fundamentalmente en lo que a la inmigración ilegal mexicana se refiere. Machete termina siendo una comedia negra de acción bastante irregular en donde se percibe que a su protagonista, interpretado por Danny Trejo -un actor hispano-estadounidense que llegó a la interpretación de casualidad tras un turbio pasado como delincuente y expresidiario-  le falta verdadero carisma, la prueba es que el peso de la película en realidad lo llevan los secundarios, no él. Sangre, decapitaciones y mutilaciones a tutiplén se suceden en una película donde los mejores momentos son los servidos por toda la trama de corrupción gubernamental y económica y su pintoresca resistencia, con una interesante galería de personajes: un senador racista, corrupto y enemigo acérrimo de los inmigrantes mexicanos (Rober De Niro), un capo narco mexicano de armas tomar (Steven Seagal), un ranger corrupto y psicópata (Don Johnson),  un sinistro empresario multimillonario de intereses poco claros (Jeff Fahey) y su hija putón y caprichosa (Lindsay Lohan), y por el otro lado, una joven  policía de inmigración hispana entre dos aguas (Jessica Alba), una cantinera de armas tomar (Michelle Rodriguez) y un cura poco ortodoxo (Cheech Martin). Tal vez lo mejor de la peli sean precisamente sus personajes y todo su universo, a pesar de que sean más bien esquemáticos y bastante estereotipados. Por lo demás, el tono de comedia negra es bastante simple y muy previsible (sobre todo cuando ya se conoce de que pie cojea este director) y la violencia sanguinolenta y desatada no será desde luego  plato para todos los gustos. El climax del filme también es de lo mejor (espectacular, salvaje y surrealista batalla de los trabajadores ilegales contra la corrupta policía anti inmigración ilegal), pero no consigue de modo alguno salvar una película muy irregular. Un divertimento tan aparatoso como poco trascendente.



martes, octubre 05, 2010

Mís 50 discos que te cagas (8): PINK FLOYD – THE PIPER AT THE GATES OF DAWN (1967)




Cuando en el Reino Unido la fiebre psicodélica- proveniente del otro lado del atlántico- se extendió, nada parecía ser lo mismo en la escena musical juvenil británica. Había multitud de grupos, preferentemente de universitarios, que montaban en clubs como el UFO o el Marquee sorprendentes conciertos de sonido efervescente y lunático en medio de innovadoras puestas en escena, rodeados de luces y efectos de colores. Una de estas bandas, Pink Floyd, era la comidilla en el Swinging London antes de publicar en aquel 1967 sus dos primeros singles y tras eso sus ya nutridos seguidores esperaban con ansia la grabación de un primer LP. No defraudaron, y The Piper at the Gates of Dawn se convirtió no solo en el inicio de la leyenda de una de las más grandes bandas de rock de la historia, sino en un disco verdaderamente excepcional que con el paso del tiempo ya es considerado uno de los mejores álbumes de todos los tiempos y, por que no, en la obra maestra de Pink Floyd.
 
Este primer álbum de Pink Floyd constituye una rareza por  lo alejado que está del rock progresivo y sinfónico con el que la banda se convirtió en una leyenda en la década de los 70. En 1967, los Pink Floyd no eran los hippies intelectualizados de la década del siete y el cero, sino tres estudiantes de arquitectura y uno de arte, los cuatro con chaqueas mod y camisas de paramecios y ganas de hacer algo muy diferente.  Syd Barret era el líder en aquella primerísima etapa, cantante, guitarrista y compositor principal, un auténtico superdotado en cuanto a creación musical y un muy imaginativo letrista que sin embargo tenía un carácter infantil, inestable y egocéntrico,  acentuando por su afición desmedida al LSD. El solito creó la estrategia del grupo en sus inicios y fue el padre principal de este LP, un inusual disco de pop-rock psicodélico que creó a su manera el art rock y puso las bases del rock progresivo al elevar hasta el paroxismo el plano instrumental con guitarras sin melodía desquiciadas, órganos retumbantes, varias guitarras y teclados tocando al unísono, efectos de sonido varios…el viaje definitivo en el mundo del rock hasta ese momento.

TPGD constaba de 9 temas vocales, casi todos cantados por Barret y con letras de este salvo uno compuesto e interpretado por el del bajista Roger Waters (dos de los temas escritos por  Barret son duetos entre Barret y el teclista Richard Wright) y dos piezas instrumentales compuestas por los cuatro miembros del grupo en sesiones prácticamente improvisadas. No solo la instrumentación iba más allá de la psicodelia, también las letras de Syd Barret eran  puro delirio: surrealistas, oníricas, extrañas, irónicas, divertidas, poéticas, simbolistas, inquietantes; solo este genio maldito y desequilibrado fue capaz de convocar en un mismo disco a  Rimbaud, Lewis Carroll, la filosofía oriental, la ciencia-ficción, la mitología indoeuropea, la lisergia ácida y los cuentos de hadas en un trabajo precisamente con un título tomado de un capítulo de un clásico de la literatura infantil, Viento en los sauces, de Kenneth Grahame. Y en cuanto al plano estrictamente instrumental y técnico, TPGD fue toda una revolución con cintas superpuestas, efectos estereofónicos y mil y un juegos de voces y de sonidos. Norman Smith, antiguo ingeniero, de los Beatles fue el productor del álbum, grabado al mismo tiempo y en mismo estudio que el Sgt. Pepper.

TPGD va desde el que se llegó a llamar rock espacial psicodélico (Astronomy Domine, con sus crescendos de sonido y sus juegos de stereo), el rock barroco y clasicísta pre-progresivo (Mathilda Mother), el folk psicodélico (Flaming, Scarecraw), el jazz rock experimental (Pow R. Toc H), el anuncio de un primigenio rock progresivo (Take Up the Stethoscope and Walk, Interestelar Overdrive), o el cabaret bañado en LSD (Bike). En TPGD se tomaron elementos del blues, el jazz, el folk y la música clásica para crear algo nuevo y diferente dentro de la misma psicodelia, con guitarras que a veces suenan como violines, bajos que a veces suenan como guitarras, cacofonías de ruidos varios (como la que se oye al final de Bike), instrumentos sonando distorsionados, juegos de voces y ecos por todos los lados, pero sin olvidar ni mucho menos poderosas melodías muy bien ejecutadas. A fin de cuentas, un disco que dejaba claro que Pink Floyd estaban destinados a hacer grandísimas cosas. Pero lo que nadie esperaba es que su principal artífice iba a abandonar la nave muy poco después, en la primavera de 1968, cuando su deterioro mental era ya inevitable. A partir de ese momento, y con Dave Gilmour (quien ya había entrado en el grupo como quinto miembro unos meses antes) como su sustituto en la guitarra, Pink Floyd se fueron desprendiendo de la psicodelia y se dedicaron a desarrollar el rock progresivo que prácticamente ellos habían inventado, con una estructura de grupo inicialmente sin un cabeza visible, aunque poco después encontraría en Roger Waters su gran jefe.        

Puede que TPGD no suene como los  Pink Floyd “de siempre” y que por ello incluso muchos fans de los Floyd lo pongan en un segundo plano, pero el tiempo ha terminado colocando al disco en el lugar donde se merece. Fue al mismo tiempo el canto de cisne de los fugaces Pink Floyd psicodélicos y el del Syd Barret más genial, pese a que a principios de los 70 editase dos discos en solitario. Un disco de gran valor y extraña belleza que siempre lleva a pensar que hubiese podido hacer Syd Barret en el mundo de la música si no hubiese caído en desgracia tan pronto.  



FICHA TÉCNICA

Géneros: Psicodelia, Art Rock, Rock Experimental, Space Rock, Rock Protoprogresivo
Publicación: agosto 1967
Producción: Norman Smith
Duración: 41:57
Músicos:
Syd Barret: voz, guitarra, efectos vocales
Roger Waters: bajo, voz, efectos vocales
Richard Wright: farfisa, Hammond, piano, sintetizador, vibráfono, voz.
Nick Mason: batería, percusión
Peter Jenner: diálogo introductorio en Astronomy Dominé

Track listing
 
1- Astronomy Dominé
2- Lucifer Sam
3- Matilda Mother
4- Flaming
5- Pow R. Toc H.
6- Take Up The Stethoscope and Walk
7- Interestellar Overdrive
8- The Gnome
9- Chapter 24
10- The Scarecrow
11- Bike

martes, septiembre 28, 2010

El aparatito de Lumiere - EL GRAN VAZQUEZ


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Una película simpática esta biografía del legendario dibujante de la Editorial Bruguera Manolo Vázquez, creador de personajes como Anacleto, la Abuelita Paz, la Familia Cebolleta o las Hermanas Gilda, excelentemente interpretado por Santiago Segura- el personaje le va como anillo al dedo- aunque como filme sea un tanto irregular. La idea de llevar al cine la vida de este dibujante, uno de los más grandes de la mítica Bruguera y de la historia del cómic humorístico español pero también un personaje francamente caradura y amoral, ha sido realmente buena; fueron innumerables las vivencias y anécdotas que produjo Vázquez en toda su vida profesional, desde finales de los años 50 hasta su muerte a mediados de los 90: moroso impenitente, timador a más no poder, famoso en Bruguera por entregar sus tiras fuera de plazo, creador de excusas, coartadas y timos de órdago, bígamo, mujeriego, putero…pero apreciado por sus colegas por su perfil de granuja encantador, además de por su valor como imaginativo dibujante y gran humorista. El problema de esta película es que su director y guionista Oscar Aibar no logra atinar con el tono de la película y pese a que claramente se trata de una comedia se echa en falta un mayor componente de drama, un mayor distanciamiento con el respecto al personaje protagonista y mayor verosimilitud. Es palpable que gran parte de lo que se nos cuenta en esta película esta caricaturizado al máximo o incluso inventado y además la Barcelona de mediados de los 60 que nos presenta esta película esta más cercana al surrealista universo de los tebeos de Bruguera que a la realidad: sin duda alguna, esta película ha optado por presentarse así misma como un cómic, a pesar de estar basada en una historia real (recordemos que el propio Vázquez se convirtió a sí mismo en personaje en Los Cuentos del Tío Vázquez), pero esto solo en algunos momentos parece tener justificación, en otros sencillamente resulta excesivo y poco oportuno.
 
El hecho de que el personaje del incorregible dibujante tienda también a la caricatura impide que la caracterización moral del personaje, un hombre que a veces (aunque pocas) sufrió las consecuencias de sus barrabasadas, no sea todo lo profunda que se desease. En definitiva, se ha apostado más por el divertimento que por el rigor o el drama, y si bien esto se agradece -los momentos divertidos se suceden uno tras otro gracias a un guión muy dinámico y bien estructurado- observando el irregular resultado final, da que pensar si este era el camino adecuado. También hay una clara incoherencia temporal al dar a entender que Ibáñez, el aún más genial creador de Mortadelo y Filemón, entro a trabajar en Bruguera en 1964 cuando en realidad ingresó en la editorial en 1958 o cuando se menciona  en la década de los 60 a la revista Mortadelo cuando esta vio la luz en 1970. Así mismo, se echa en falta que a parte de Ibañez, interpretado por Manolo Soto, no aparezcan como personajes con peso otros de los míticos dibujantes de Bruguera, aunque en algún momento se mencione a Escobar y este aparezca encarnado por un actor de figuración. De hecho, los jefes de la editorial que aparecen en esta peli (Enrique Villén y Alex Angulo) son personajes ficticios, y en general todo el ambiente laboral de Bruguera que se nos presenta tiende a la caricatura, aunque el carácter negrero de la empresa y política de quedarse con los derechos de los personajes dejando a sus creadores sin nada, sean reales. Lo dicho, una película divertida y chispeante que gustará a los amantes del cómic especialmente a los de los tebeos ibéricos de toda la vida, pero que seguramente no convencerá a la mayor parte del público.
   

lunes, septiembre 27, 2010

Mis 50 discos que te cagas (7): THE BEATLES – SARGEANT PEPPER´S LONELY HEARTS CLUB BAND (1967)


En 1967 la sociedad estaba cambiando, la música pop estaba cambiando y los Beatles también estaban cambiando. Los fabulosos de Liverpool habían decidido dejar de tocar en directo y centrarse en la elaboración y grabación de sus álbumes, algo que cada vez se estilaba más entre los grupos y solistas de rock. En aquel 1967estalló en todo el mundo una explosión de vitalidad, de culto a la felicidad y al pacifismo, de ansia de espiritualidad de corte hindú-budista y también de consumo de sustancias alucinógenas del que los Beatles no tardarían en hacerse eco: era la época hippie, que venía de EEUU y que no dejaba indiferente a ningún joven de cualquier parte del mundo occidental.  En aquel tiempo, los Beatles se dejaron bigotes y se dejaron crecer el pelo, sin ellos mismos saber la razón exacta, pero lo cierto es que al poco tiempo todos los jóvenes de sexo masculino les imitaron. John, Paul, George y Ringo quisieron aprovechar el tiempo pleno que ibana disponer en el estudio de grabación para hacer un LP aún más elaborado que Revolver y que estuviese en la línea de Pet Sounds el disco de Beach Boys de 1966 que tanto había gustado a Paul McCartney. Buscabon algo tan o más innovador que aquel disco y se les encendió la bombilla: ¿por que no hacemos un disco como si fuésemos otro grupo, y así podemos experimentar con sonidos y temas sin que parezcamos los Beatles? Dicho y hecho, se inventaron un grupo alter ego, La Banda de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta, una especie de banda militar en versión pop y psicodélica, aprovechando la nueva imagen bigotuda del grupo que les daba un aire serio y engañosamente anticuado. Y es que la idea de  Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band era hacer canciones que dicho grupo apócrifo se supone que estaba interpretando en un concierto y que todo giraría en torno al ficticio Sargento Pepper y los cuatro miembros de su banda, pero compuestas y grabadas las primeras canciones, el grupo comenzó a idear otras no relacionadas con el concepto de la Banda del Sargento y entonces la idea inicial se abandonó o al menos quedó a medias. No importaba: todas las 13 canciones del disco eran piezas grabadas e interpretadas como los Beatles jamás lo habían hecho antes, las letras eran delirantes, fantasiosas y psicodélicas al fin y al cabo, y el disco de principio a fin sonaba insólito con la mayor parte de los temas entrelazados y sin silencio y con complejos arreglos de todo tipo que lo hacían irreproducible en directo. Con las letras de las canciones en la contraportada, la espectacular portada con los Beatles-la Banda del Sargento Pepper fotografiados con una gran cantidad de siluetas de sus héroes e inspiradores, la estructura desplegable de la carpeta y unos recortables en el interior de ella, hasta la factura física del disco era lo nunca visto hasta entonces.

Y es que Sargent Pepper fue el LP más innovador hasta el momento y no solo eso; resultó toda una obra maestra que hasta hoy en día resulta espectacular oírlo las veces que haga falta y sigue siendo considerado en multitud de encuestas y listas de diferentes medios el mejor disco de la historia. Exacto esto o no (todavía la crítica y aficionados no se aclara en decidir cual es la obra maestra Beatle, si este disco Revolver, The Beatles o Abbey Road ), no cabe duda que el legado del Sgt. Pepper es impresionante: fue el primer disco conceptual de la historia, creó las bases del rock sinfónico, popularizó la psicodelia en la música y fue pionero en la alta conceptualización de los LPs. A partir de ese momento, todo grupo y artista pondrá gran esmero en el estudio a la hora de grabar sus discos, muchas veces con el propio estudio como un instrumento más. La era del single había terminado, bienvenidos a la era del Long Play   

Los Beatles y George Martin seguían evolucionando a la hora de llevar a cabo las sesiones de grabación y en este disco, fruto sin duda del extendido consumo de LSD en el grupo en aquella época, habían más instrumentos que nunca, muchas mas orquestaciones, y todo tipo de avances tecnológicos, en especial el efecto ADT que por primera vez podía grabar doblemente un sonido produciendo un efecto de eco. La música en si era una especie de revisión psicodélica de un cancionero a veces pop, otras veces místico orientalista, otras rockista, con baladas y temas propios de cabaret, además de otros descontextualizados y “retalizados” elementos de diversas músicas populares como el foxtrot, el blues o el jazz. Un impresionante collages con 13 delicioso  temas que se abre con la canción que da título al disco, un experimento de tempranero rock duro al estilo de Kinks o Who que envuelto en enlatados aplausos y gritos de un público virtual presentaba a la banda del sargento con Paul en el rol del maestro de ceremonias. Esta canción se repite en el penúltimo corte con otra letra en forma de despedida, siendo estos temas junto con el segundo tema, With a Little Help for My Friends los únicos que quedaron del concepto primigenio. With a Little Help for My Friends, interpretada por Ringo y compuesta a pachas por John y Paul (una de sus últimas composiciones en comandita) es más famosa por la versión que Joe Cocker  grabó ese mismo año (y que además la mejora), pero su cirioso aire entre pop naïf y music hall resulta enormemente encantador. Lucy In The Sky With Diamonds, uno de los mejores temas jamás compuestos por Lennon, es psicodelia en estado puro con envolventes efectos de voz e hipnóticos riffs de teclado y guitarras. Getting Better y Fixing A Hole muestran la evolución de Paul como sesudo orfebre de melodías (en este disco la mayor parte del material esta compuesto por él, algo que no había ocurrido antes en ningún disco de la banda) con un pop astral y elaborado, mientras que She´s Leaving Home es una estupenda balada agridulce con los efectos de voces entre Paul y John y con muy clasicistas arreglos orquestales de Mike Leander, quien ocupó en este el rol arreglista que habitualmente hacía George Martin.

La circense y cabaretera Being For The Benefit Of Mr. Kite contiene unos efectos de sonidos y grabaciones superpuestas de sonidos y melodías que la convertían irremediablemente en una pieza psicodélica. George Harrison solo logró incluir una composición suya, Within You Without You, una espectacular letanía mística hindú con sitar, lo más arriesgadamente ortiental  y étnico que jamás había hecho. En When I´m Sixty-Four, Paul inauguró su tendencia a incluir  en los discos de los Beatles algún tema con inspiración en la música popular de principios del siglo XX y el resultado fue una deliciosa y célebre melodía con revivalistas arreglos de metal entre  banda municipal y el jazz. En Lovely Rita, McCartney la borda con pop-rock psicodélico pegadizo y high energy y en Good Morning Good Morning Lennon nos mete en una delirante granja con sonidos de animales incluidos. Excelentes arreglos de guitarras, piano y metales en ambos temas. El disco se cierra con una de las mejores baladas de los Beatles, A Day In The Life bello tema puramente Lennon con inquietante letra y un espectacular cambio de tempo (con inserto de un pedacito de canción de Paul incluido) y aparatosos arreglos de cuerda que dejó con la boca abierta al personal y hoy en día sigue resultando una delicia.

Sgt. Pepper se grabó en muchos temas con el grupo en formación parcial o por separado, evidentemente algo estaba cambiando en la música de los Beatles. Más allá de las casacas de colorines de el grupo en la portada y sus celebres recortables con la efigie del Sargento Pepper, el contenido del álbum habla por si solo. Sin duda alguna, un disco patrimonio de la humanidad.



FICHA TÉCNICA

Géneros: Pop, Psicodelia, Art Rock, Rock Sinfónico, Pop Experimental, Cabaret Pop, Hard Rock
Publicación: junio 1967
Producción: George Martin
Duración: 39:42
Músicos:
John Lennon: voz, guitarras, piano, hammond, bajo, harmónica, loops de cinta, efectos de sonido, percusión manual, kazoo, percusión, arreglos
Paul McCartney: voz, guitarras, bajo, piano, hammond, vocalizaciones, loops de cinta, efectos de sonido, kazoo, percusión manual, arreglos, dirección de orquestas
George Harrison: guitarras, sitar, voz, tambura, harmónica, kazoo, percusión manual, percusión, arreglos, dirección de orquestas
Ringo Starr: batería, percusión, percusión manual, voz, harmónica, kazoo, piano
George Martin: efectos de cinta y de sonido, harmonium, órgano, piano, Hammond, xilófono, arreglos y orquestaciones, dirección de orquestas
Neil Aspinall: tambura y harmónica
Geoff Emerick: loops, efectos de sonido
Mike Leander: arreglos de cuerda en She´s Leaving Home


Track listing
 
1- Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band
2- With a Little Help For My Friends
3- Lucy in the Sky With Diamonds
4- Getting Better
5- Fixing a Hole
6- She´s Leaving Home
7- Being For The Benefit of Mr. Kite
8- Within You Without You
9- When I´m Sixty-Four
10- Lovely Rita
11- Good Morning Good Morning
12- Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band (reprise)
13- A Day in the Life