martes, marzo 21, 2017

MOONLIGHT





 **** y 1/2

La ganadora sorpresa de este año al Oscar a mejor película ha logrado algo que hasta hace no muchos años parecía imposible, que una película independiente, con un director afroamericano (Barry Jenkis, un nombre a tener en cuenta) y un argumento centrado en la marginalidad, la delincuencia, y el drama de las clases desfavorecidas en toda su crudeza con el sempiterno fantasma de la droga como telón de fondo, unas pinceladas de romance homosexual y todo con un reparto casi exclusivamente de raza negra consiga ser considerada por la Academia como la película del año. Pero es que un drama de alto calibre como este no merecía peor suerte ya que, efectivamente, se trata de unas de las mejores películas estrenadas en EEUU en 2016 y además no sólo triunfa en su propósito de ofrecer un drama relista urbano con tintes de retrato generacional (la realidad de muchos jóvenes afroamericanos de zonas marginales) y biográficos (es una historia centrada en los 30 primeros años de la vida de un personaje), sino que logra con convicción acercarse a los cánones del cine mainstream en su versión dramática con lo cual su público potencial no será para nada exiguo. La historia de Chiron, un joven negro que vive en un entorno marcado por una madre yonki, un barrio en donde los traficantes de droga son el modelo a seguir y unas compañías que tarde o temprano van cayendo en lo oscuro ante la estupefacta mirada del protagonista, un sujeto sensible ye en realidad asustado e inadaptado en medio de un entorno más que hostil y que apenas va cambiando a lo largo del tiempo, produciendo en él cuando llega a la edad adulta una dual y esquizofrénica situación de persona al margen de la ley y al mismo tiempo un ser humano que trata de ser feliz y cuando puede ayudar y por que no amar a sus semejantes. Tres actores dan vida a Chiron, Alex Hibbetrt como niño, Ashton Sanders como el Chiron adolescente y  Trevante Rhodes como el personaje en su edad adulta, cada uno de ellos con apodos y apelativos diferentes que en cierto modo describen con línea intencionadamente gruesa la evolución-deriva de Chiron, cuya historia se nos presenta de una manera tan arquetípica como abrumadoramente conmovedora.

Combinando situaciones y escenas desgarradoras- sin caer en absoluto en el efectismo- y otras de enorme belleza poética, es esta una película que hace pensar sobre lo imperfecto que es el destino y sobre el poder devastador de los encasillamientos y la imposibilidad- o falta de voluntad- de huida de ciertos mundos. La fascinación por el mal y el lado oscuro de la vida es vivida por el protagonista como algo que es lo que debe hacer porque para él es lo correcto, aunque en su interior el desee vivir otra vida y ser otra persona. El personaje del mentor de Chiron, el dealer afrocubano Juan- interpretado por el más que merecido ganador del Oscar al mejor actor secundario Mahershala Ali, aunque su intervención es muy breve- cumple la figura paterna ausente del protagonista y se postula como figura clave en todo el devenir de la historia. Un filme genial y emocionante que demuestra nuevos y frescos modos de hacer del cine norteamericano.

sábado, marzo 11, 2017

EL GUARDIAN INVISIBLE






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Resulta más de lo mismo comprobar como cuando se quiere hacer desde el cine español un producto comercial y exportable además de no exento de buen cine siempre se caiga en los tics del cine hollywoodiense y mucho más cuando lo que tenemos entre manos es un thriller con un serial killer por mucha idiosincrasia ibérica que tenga lo historia y su marco. Cualquiera que haya leído alguno o los tres volúmenes de la Trilogía de Baztán de la escritora donostiarra Dolores Redondo- un fenómeno de ventas dentro del mundo editorial español- sabrá que la historia que allí se contaba daba para una serie de filmes de indudable interés comercial, y esta adaptación de la primera novela de la saga El Guardian Invisible no defrauda las expectativas y sobre todo satisfará a los lectores del filme, pero su rodaje en tiralíneas y el ya comentado escoramiento hacia el thriller americano de los últimos veinte años lamentablemente nos priva de lo que podía haber sido un excelente film con su inteligente y atractiva combinación de drama psicológico, intriga policial, asesinatos en serie rituales, elementos fantásticos y sobrenaturales y sobre todo una perfecta integración de un entorno más que sugerente, el valle del Baztán en norte de Navarra, con la historia, en donde la zona, foco de innumerables leyendas de la mitología vasca y escenario de oscuros episodios históricos con brujería e inquisición por medio además de poseer un vistoso paisaje boscoso propio de cuento, actúa como un personaje más, algo que la película recoge heredado del libre y de manera harto efectiva. Al final, nos encontramos con un interesante y apasionante thriller negro fantástico que sin embargo peca de convencional y poco novedoso pese al encomiable esfuerzo de producción, la esforzada dirección de ese valor en alza que es Fernando González Molina (Palmeras en la Nieve, otra adaptación de bestseller español) y la excelente adaptación de guión de Luiso Berdejo, el mejor guionista español en lo que a cine de género se trata.    

El reparto, bastante nutrido (y eso que se han eliminado personajes de la novela original) funciona irregularmente y el peso de varios caracteres en la película parece insuficiente y desdibujado lastrando bastante de la efectividad del guión y del desarrollo de la trama. Marta Etura encarna con solvencia pero un tanto forzada y maniquea a la heroína de la historia, la inspectora Amaia Salazar, una mujer del Baztán que tiene que regresar fortuitamente y sin muchas ganas a su pueblo Elizondo donde se está cometiendo el asesinato de chicas adolescentes de la zona siguiendo un extraño y retorcido rito en donde hay elementos bastante desconcertantes. Amaia se encuentra en esta inquietante investigación con los fantasmas de un oscuro pasado incluidos angustiosos episodios vividos en la infancia mientras que el Baztan parece irradiar en ella un influjo mágico relacionado con leyendas de hechicería y la supuesta presencia en el valle del Basajaun, la criatura mitológica vasca protectora de la naturaleza. Es una lástima que salvo excepciones, como Itziar Aizpuru (descubrimiento tardío en Loreak) o Elvira Minguez, que interpreta a la ambigua y oscura hermana mayor de Amaia, el resto del reparto no consigue nada especialmente memorable por culpa del ya comentado deficiente desarrollo de muchos de los personajes, incluyendo algunos con mucho peso específico en la novela original que aquí aparecen y desaparecen como el Guadiana. Buena ambientación dentro de un diseño de producción esforzado y con vocación internacional y desigualmente asimiladas influencias de David Lynch (más el de Twin Peaks que el de Blue Velvet), David Fincher y Steven Spielberg con mención especial al flashback final de la infancia de la protagonista, una escena efectiva y sobrecogedora. Quedan aún dos entregas cinematográficas más y ya veremos como salen, pero el resultado de la primera ha sido medianamente satisfactorio.   

miércoles, marzo 01, 2017

JACKIE (JACKIE)




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Con un no excesivo presupuesto y si mucha honestidad, oficio y ganas de mostrar buen cine en su vertiente de retrato histórico que además trata de incluir pinceladas de los avatares y circunstancias de una época significativa (la década de 1960), se presenta este logrado film que se focaliza en una figura que ha levantado amplio interés y pasiones entre periodistas, historiadores, cronistas de lo rosa y público en general: Jacqueline Bouvier, conocida posteriormente como Jacqueline “Jackie” Kennedy, tal vez la primera dama de EEUU más célebre de cuantas ha habido y todo un icono de la segunda mitad del siglo XX (posteriormente se casó con Aristóteles Onassis) , cuya viudedad del asesinado presidente John F. Kennedy aumentó aún más su aureola mítica. La película, que sigue una estructura narrativa de flashbacks con una Jackie Kennedy (Natalie Portman) que va desgranando sus recuerdos ante un escéptico manipulador periodista (Billy Cudrup) algunos meses después de la muerte de su marido, se centra en la semana inmediatamente posterior al crimen y como lo vivió- o se supone que lo vivió- la joven y bella primera dama. Es precisamente la disección de el estado de shock y las primeras reacciones en el duelo tras la muerte de alguien querido lo que trata de mostrar este filme presentando a una Jacqueline que de ser una primera dama no muy convencida de su papel y que no acababa de estar cómoda en su rol público pese a sus esfuerzos y el amor y la lealtad a su marido pasa a ser una mujer desencantada y confusa que siente como todo su tesón no ha servido de nada lo mismo que los ideales de su marido se han desvanecido con su muerte. Momentos de contradicción, nerviosismo y  ansiedad propios de una situación de este calibre son representados por Natalie Portman con una absoluta credibilidad y naturalidad consiguiendo una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha.


Sin seguir ningún pedante estilo documental y sin tampoco tratar de hacer ningún intrincado ejercicio de estilo el realizador chileno Pablo Larraín (El Club, Neruda) en su debut en EEUU consigue una película que si bien irregular resulta fascinante y en  cierto modo diferente gracias a que la interpretación de Portman tiene tantas aristas que parece que estamos ante un monólogo tipo Cinco horas con Mario en donde una viuda  desgrana toda su vida y las circunstancias que hicieron todo lo que es a partir del recuerdo de su marido, cuando en realidad el filme es casi coral con una puesta en escena austera pero totalmente verista con su época y además con momentos recreacionistas de alto nivel (el momento del atentado de Dallas, los duelos en la Casa Blanca y sobre todo la recreación del especial televisivo en donde Jackie mostró la White House a todos los norteamericanos, en un soberbio montaje con blanco y negro). Temas tangenciales como la bipolar relación de la ex primera dama con su cuñado Robert Kennedy (Peter Sarsgaard) que se antoja como una clave oculta en el personaje de Jackie, la manera en la que trató de comunicar a sus hijos la ausencia de su padre o los un tanto tumultuosos preparativos del funeral de su esposo son momentos que tiene en realidad mayor importancia de la que aparentan. Es un pena no obstante no poder haber visto esta película en VO ya que el trabajo de Portman imitando a la Bouvier se antoja fascinante y por mucho que el excelente doblaje se esmere en captar el esfuerzo interpretativo de la actriz. Por cierto, también interviene el fallecido no hace mucho John Hurt en uno de sus últimas actuaciones en el papel de un sacerdote, una presencia como siempre cautivadora

martes, febrero 21, 2017

MULTIPLE (MULTIPLE)





***y 1/2

No es una buena señal que echemos tanto en falta thrillers inteligentes y con substancia en el cine de hoy y que tengamos que esperar cierto tiempo (cada vez más, por cierto, en el caso del director que nos ocupa) para que gente como David Fincher, Dennis Villenueve  o el responsable de esta más que convincente Multiple,  M. Night Shyalaman, se asomen por la cartelera ofreciéndonos filmes de intriga más o menos alejados de las más manidas convenciones hollywoodienses, aunque en el caso de Shyalaman y de otros directores del ramo siempre se termine cayendo en alguna que otra concesión. Escaldado de sus últimos fracasos artísticos y comerciales  de los 2010 y cuando todo indicaba que había perdido el rumbo con algún bodrio tipo Airbender o After Earth parece que el realizador indio-norteamericano pretende volver a la esencia de su cine que encandiló en los 2000 con tal vez la película más madura de su filmografía, un homenaje a Hitchcock (gran influencia suya) con curiosos elementos de cine slasher con víctimas adolescentes (aunque no hay prácticamente escenas sangrientas) e insertos varios de género fantástico, algo a lo que ya nos tiene habituados Shyalaman aunque esta vez su praxis de incluir la irrealidad en un contexto cien por cien realista alcanza una cota insuperable. A ello le ayudan un guión excelentemente tramado con una espectacular superposición de historias enmarcadas en los contextos psicológicos de los personajes aunque todo de manera poco explícita pero reveladora y sobre todo por la maestría en la que maneja un tema tan delicado como es el trastorno mental llevado aquí a su paroxismo con un cierta justificación de ficción científica para mostrarnos a lo que podría ser capaz de llegar una persona con trastorno de personalidad múltiple devenida en un sádico y misterioso secuestrador de chicas adolescentes cuya finalidad es un misterio en casi todo el filme: huelga decir que para llevar a buen puerto esto se precisaba de una interpretación más que excelente y en este sentido el cada vez más en alza James McAvoy está de diez en el papel de un joven con múltiples personalidades (23 en el guión aunque vemos ocho) que esquivando y cumpliendo al mismo las extrañas teorías de su psiquiatra (Betty Buckey) sobre la personalidad múltiple, parece llevar a cabo una extraña venganza ”ayudado” por sus personalidades a las que trata como personas diferentes.       

La película tanto vista desde la angustiosa situación de las tres adolescentes secuestradas (Anya Taylor-Jon, Jessica Sula y Haley Lu Richardson) como de el alucinante panorama mental y comportamental del protagonista que en determinados momentos es una persona diferente tanto en edad, sexo como en comportamiento, léxico, costumbres y en muchas más mas cosas funciona a las  mil maravillas y se alcanzan momentos de tensión de manera inteligente sin caer en lo obvio de premisas de este tipo. Es de reseñar que, como en muchas de las películas de Shyalaman, hay un héroe tapado que en este caso actúa con la motivación de un horrible trauma anterior que se antoja como la Némesis y la energía vital ante la amenaza que el secuestrador prende sobre el destino de las jóvenes. Tal vez unos momentos finales algo apresurados y una interpretación de la historia pro parte de muchos de una cinta fantástica más (este elemento aparece en el momento más inesperado) resten empaque a uno de los thrillers psicológicos con más fundamento de los últimos años. Y cosa curiosa: se abre la posibilidad a una secuela con posible concomitancia con un filme anterior del director, es decir una doble e inesperada secuela crossover como nos deja ver su curiosa momento final auto homenaje: ¿estratagema?, ¿broma?, ¿simplemente un guiño al espectador?  Una cosa esta clara,  M. Night Shyalaman pese a su irregular filmografía sigue siendo un gran cineasta.   

jueves, febrero 09, 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR (MANCHESTER BY THE SEA)




 *****
Cine independiente con hechuras mainstream o como hacer una gran película que convencerá y entusiasmará a un amplio público saliéndose aunque sea levemente de las convenciones comerciales del drama y muy posiblemente con su cuota de triunfo en la ceremonia de los Oscar. Kenneth Lonergan, guionista de amplia trayectoria y director de solo unos pocos pero significativos filmes (a parte de este, Puedes contar conmigo y Margaret) consigue una de las mejores y más emotivas películas estrenadas en EEUU en 2016 partiendo de que una importante premisa para lograr un drama redondo es que el espectador se identifique con los personajes, a tal efecto la película tiene como protagonistas a gente normal de la clase media-baja norteamericana con problemas más bien grandes desde el punto de vista de la vida real pero que en cualquier otra película sencillamente no funcionarían. Y es que la mayor virtud de Manchester by the sea es haber encontrado el equilibrio perfecto entre el drama y la cotidianeidad sin renunciar a la hondura psicológica y el análisis de los efectos devastadores del desatino el las relaciones interpersonales, ya que básicamente la historia esta estructurada en las (tortuosas) relaciones entre sus personajes con el protagonista, el modesto trabajador de Massachussets Lee Chandler (Casey Affleck, mucho más que un “hermano de”) como vértice.            

Lee, un cuarentañero que trabaja de conserje en un bloque de edificios de Manchester, Massachussets, recibe la noticia de la muerte por infarto de su hermano mayor Joe (Kyle Chandler, curiosa la coincidencia del apellido del actor y el personaje) con el que tenía una estrecha relación tras haber sufrido ambos reveses en su vida conyugal. Por deseo de Joe, Lee deberá hacerse cargo como tutor de su sobrino de 16 años Patrick (Lucas Hedges) y deberá gestionar la embarcación deportiva de Joe con la que los dos hermanos y el chaval pasaron entrañables momentos. Sin embargo, Lee, un hombre dubitativo y de errático comportamiento no está muy cómodo con su nueva responsabilidad pese al afecto que le profesa a su sobrino; mediante flashbacks conoceremos las razones del carácter de Lee y su incómodo posicionamiento ante la vida. Dramas personales crudos y duros y problemas de diverso calado van desfilando por una historia en donde los personajes simple y llanamente luchan por su felicidad en entornos donde por diversas causas esto es muy problemático y difícil. Al final, resulta sencillo identificarse con los todo lo que se nos presenta en este filme, en donde  siempre con la emoción contenida la esperanza trata de abrirse paso. Una película cien por cien aconsejable que demuestra que aún hay directores como Kenneth Lonergan dispuestos a hacer que el cine norteamericano aún pueda sorprendernos… y emocionarnos

domingo, febrero 05, 2017

LION




 ****

Sin caer en la sensiblería, sin abusar de los lugares comunes de los filmes basados en más o menos trágicas historias reales (que caen a menudo en modos y maneras telefílmicas) y con un realismo desgarrador y un total afán por contar unos acontecimientos desagradables de la manera más ajustada posible- aunque vete a saber en cuanto se ajustan a la realidad muchos de los pasajes de esta película- Lion, basada en A Long Way Home, las memorias autobiográficas del joven indio adoptado en Australia Saroo Brierley, es un film desgarrado, a veces cruel e incómodo, pero con un reconfortante mensaje de que al final todo es posible cuando se lucha por ello, incluso revertiendo la desdicha inicial en una situación de felicidad. Una ambiciosa coproducción entre EEUU, RU y Australia rodada en las antípodas y en la India que además supone un valioso documento de la realidad que vivieron y que siguen viviendo muchos niños en el país indio que sufren situación de abandono. La historia de Saroo, interpretado aquí por el cada vez más versátil Dev Patel (Slumdog Millionaire, El Exótico Hotel Marigold, El hombre que conocía el infinito) no será diferente de la de muchos niños de la India huérfanos que fueron adoptados por familias occidentales, pero su afán por encontrar a su familia biológica llegado a la edad adulta es una curiosa epopeya que pese a que en esta película no consigue tener demasiada hondura dramática- algo que si tiene y a raudales la primera parte de la cinta que nos cuenta las andanzas del Saroo de 5 años- cumple con creces su función de conmover al espectador, algo que ya habían hecho los primeros compases del filme de manera más torrencial.

Seguir la historia de un niño de 5 años (Sunny Pawar, un pequeño gran descubrimiento) en medio de una situación familiar de partida en 1986 sumida en la miseria en la que ayuda a sobrevivir a su madre viuda (Priyanka Bose) recogiendo piedras en su trabajo en una cantera mientras su adorado hermano de 13 años Guddu (Abbishek Bharate) trata de buscar trabajo en su pueblo al norte de la India es un espectáculo narrativo de primer orden en donde la inocencia y las ganas de los dos hermanos de mejorar su situación imbuyen necesarias dosis de optimismo y esperanza para atenuar lo que se nos viene encima en el momento en que Saroo pierde a su hermano y al quedarse dormido en un vagón de tren llega accidentalmente a Calcuta donde trata de regresar sin fortuna a su pueblo- cuyo nombre prácticamente desconoce- y tras varias tribulaciones termina en un orfanato donde al poco tiempo es adoptado por John (David Wenham) y Sue (Nicole Kidman, viva la cirugía), una pareja de la isla de Tasmania en Australia. En esta parte del filme surgen nudos en la garganta, emociones a flor de piel y todo cuanto se espera de un drama realista bien contado y con al triste situación niños del tercer mundo por medio. La segunda parte del filme, con el Saroo adulto literalmente consumido por su afán de buscar a su madre y sus hermanos y con la incertidumbre de que es lo que le ocurrió a su hermano aquel día en la estación del pueblo, carece sin embargo de las aristas requeridas para una historia de este el calibre que pese a todo en conjunto funciona estupendamente. Una historia curiosa y emotiva que no debe pasar desapercibida en la cartelera   

martes, enero 24, 2017

SILENCIO (SILENCE)




 **** y 1/2

25 años ha tardado Martin Scorsese en llevar a la pantalla la novela del escritor japonés Shûsaku Endô, una historia de marcado sentido religioso y filosófico enmarcada en el Japón del siglo XVII que ya fue objeto de otra adaptación en 1971. Al igual que en la irregular La Última Tentación de Cristo (1988) Scorsese se vuelve a aproximar con sentido crítico pero al fin de cuentas fiel a la religión cristiana, una preocupación presente en su vida (el mismo quiso ser sacerdote en su juventud), pero si La Última Tentación resultaba tan efectista como filosóficamente simple en su propósito de establecer un what if de lo que hubiese sido la vida de Jesús de Nazareth como un hombre más, Silence se postula, además de por sus valores cinematográficos, como una película con un discurso reflexivo matizado e interesante que pone en relieve la utilidad el valor de los ideales y la fe ciega en ellos en entornos más que hostiles que terminan por hacer cuestionar el valor y la oportunidad de las creencias, en especial las religiosas, haciendo que la fe misma (en el caso de este filme, la fe cristiana) se ponga en cuestión y por ende, la esencia y el sentido de la vida de uno mismo. Sin necesidad de meterse en farragosas disertaciones teológicas y filosóficas, Martin Scorsese ofrece una historia tan humanista y sumamente psicológica como cruda y cruel con un sentimiento de epopeya que enseguida se trunca para mostrar un reverso de realidad bastante incómoda y cruel todo ello con una puesta en escena austera y muy lograda históricamente -parece haber sido rodada en el propio siglo XVII- y unas interpretaciones excelentes, conformando un nuevo gran acierto del veterano director neoyorquino.


Tanto la película como la novela original están inspiradas en una historia reala acaecida en la época de la introducción del cristianismo en Japón, llevada a cabo principalmente por los jesuitas. Dos jóvenes religiosos de la Compañía de Jesús, los padres portugueses Sebastiao Rodrígues (Andrew Garfield) y  Francisco Garupe (Adam Driver) que ejercen de evangelizadores en Asia, llevan a cabo al búsqueda, mandada por su orden, del Padre Ferreira (Liam Neeson) el mentor de ambos que se rumorea que ha apostatado de su fe cristiana y que vive como uno nipón mas en una aldea japonesa. Dicha búsqueda en varias localidades en donde los cristianos japoneses viven escondidos y atemorizados de las autoridades del país que no les dejan profesar su religión y que les obligan a renunciar a ella con amenaza pena de muerte en caso contrario, termina siendo un viaje dramático y repleto de horrores en el que ambos jesuitas son testigos de varias atrocidades y en donde su fe y sus convicciones comienzan a ponerse en duda más allá de que los propios japoneses traten de hacerles renunciar a ellas a la fuerza. Una historia sólida y sin concesiones a la comercialidad o a lugares comunes de las producciones históricas que sabe modular bien su intensidad sin llegar a aburrir al espectador y maneja magistralmente sus dosis de emotividad y de crudeza. Puede que a algún espectador le resulte indigesto tanto discurso teológico especialmente al final, pero de principio a fin a esta película no hay nada que le sobre. Cine sensible y con mensaje con firma de un director que ya lo ha dicho todo el la historia del cine.   

miércoles, enero 18, 2017

LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA LA LAND)




 ****

Puede convertirse en la película del año en la medida en que los Oscar le otorguen, tal y  como se prevé, varios galardones y  por supuesto consiga altas recaudaciones en taquilla, algo que ya está logrando. Será lícito pensar, por parte de muchos, que La La Land es un nuevo intento de aprovecharse del insólito tirón comercial que el género del musical esta teniendo en los últimos años en el mundo del entretenimiento- a veces con alguna dosis de snobismo- pero el nuevo filme del joven director Damien Chazelle (Whiplash), no trata de ser en ningún momento un filme musical al uso y pese a que es declarada y evidentemente un homenaje a la era de oro del musical hollywoodiense (años 40 y 50) que nadie se espere una sucesión de tópicos del género ya que en esta película se parte de una estilización manierística tan de tiralíneas y con tanta voluntad metacinematográfica que el resultado es un delicioso ejercicio de experimentación narrativa con una historia melodramática más bien mínima que sabe fascinar y atrapar al espectador desde el primer momento. Conviene eso si no tomarse muy en serio todo lo que vemos desde el primer momento: estamos ante una especie de cuento de hadas, idealizado y un tanto simplista (solo aparentemente) en donde además de los consabidos números de canciones y bailes hay mucho momento fantástico, guiños al espectador, homenajes cinéfilos, puesta en escena teatralizada y todo ello con una estética colorística y con cierto tono atemporal (si bien la historia está enmarcada en la época actual) si bien inspirada en el tecnicolor de los años 50. Todo en conjunto es un producto tan inteligente y sugerente como muy posiblemente no plato para todos los gustos.


Chazelle, también guionista de la cinta, demuestra que con una historia de amor imposible muy simple pero al misma tiempo desgarrada y perfectamente creíble se puede hacer una excelente película si se usan recursos tan originales como los que el ha utilizado- y que hemos enumerado antes- partiendo del musical, un género que el trata de homenajear con pasión y entusiasmo lo mismo que con afán experimental y siempre dejando claro que el quid de la historia es la dificultad de congeniar la búsqueda de los sueños con la consecución del amor de tu vida, dos elementos que llevan a la felicidad, juntos o por separado, pero cuya conjunción está claro que es la aspiración de cualquier mortal. El buen hacer de sus dos protagonistas es clave en las virtudes del filme: Emma Stone como Mia, una aspirante a actriz y dramaturga que lucha desesperadamente por el éxito en ambas facetas cuya vida experimenta un importante cambio cuando conoce a Sebastián (Ryan Gosling) un pianista de jazz con ganas de triunfar y salir de la mediocridad. La atracción entre ambos y su complicidad en sus respectivas aspiraciones es la clave de la historia, un tratado de sentimientos que si se sigue con entrega y pese a su aparente sencillez puede llegar a conmover. Los temas musicales, variados en cuanto a estilos (clásico de Broadway principalmente, pero también con jazz, funk y algún oldie que en realidad no pinta mucho) no son ninguna maravilla pero se dejan oír, ya que parece que lo que importa en realidad es esa curiosa y genial puesta en escena en donde con bailes propios de musical de siempre y coroegrafías a lo Gene Kelly se no cuentan claves de la historia y de al relación y sentimientos de sus protagonistas (tal vez la escena inicial del atasco de tráfico filmada en plano secuencia sea lo más excesivo de la película). Una película llena de sugerencias, sentimiento y buen hacer con un envoltorio inusual. 

martes, enero 10, 2017

FRANTZ (FRANTZ)





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Un remake puede tener peso específico propio y a su manera puede superar a la película original, esto es lo que viene a demostrar el último film del siempre interesante François Ozon, una reescritura del guión de Remordimiento (1931) de Ernest Lubitsch. Aquella historia de la sanación de las heridas morales de la guerra con la difícil relación de los vencedores y los vencidos como trasfondo y que originalmente estaba vista desde el punto de visto de un ex soldado francés que regresa a Alemania después del final de la I Guerra Mundial para rendir homenaje a la tumba de un combatiente alemán caído que el conoció, es trasladada en Frantz a la óptica de los alemanes, los derrotados en aquella contienda, por medio del personaje de Anna (Paula Beer), la prometida de Frantz, el soldado alemán a cuya tumba llega desde Francia Adrien (Pierre Niney), el francés dice haber conocido a Frantz. Desde el drama más intimista, descarnado y humano y con una puesta en escena sobria pero muy bien ambientada al comienzo del periodo de Entreguerras y con un soberbio juego entre la fotografía en blanco y negro (en la mayor parte del extraje) y en color (en momentos significativos en la historia y en su mayor parte relacionados con pensamientos de los protagonistas o situaciones personales que suponen un punto de inflexión, además de falshbacks), Frantz es una coproducción francoalemana con el poderío formal y discursivo del cine francés y alemán (a partes iguales) contemporáneo y el encanto del mejor melodrama del cine clásico europeo que homenajea claramente especialmente en el aspecto visual.


Con un guión genialmente dispuesto y que mantiene su discurso propio respecto a la fuente original, el filme maneja magistralmente la combinación entre la tensión emocional y el retrato de la devastación psicológica especialmente en el personaje de Adrien, muy bien compuesto por Pierre Niney, siempre remordido por una culpa de ser un vencedor en un país, Alemania, contra el que luchó y a cuyos muchos de sus ciudadanos mató y en el que, como todos los franceses en aquella época, es odiado por ello. La especial relación que mantendrá con Anna y con la familia de Frantz será para el una especie de intento de redención aunque la tarea no es anda sencilla, mientras que la joven Ann, aún con el recuerdo reciente de Fritz, percibe la llegada de Adrien como una situación tan incómoda como liberadora para ella en el sentido de que se prueba a si misma ser capaz de ver a los enemigos de otra forma, a veces con sentimientos inesperados. La difícil pero cordial relación entre ambos protagonistas está muy bien plasmada y a ello ayudan las interpretaciones de Beer y Niney, con unos secundarios que están realmente a la altura. Uno de los escasos peros de la película pueden ser sus un poco acelerados instantes finales pero un final a la altura de las circunstancias nos confirma que esta es una película que llega sin la intención de pasar desapercibida.