lunes, septiembre 25, 2017

DETROIT





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Siempre tiene un cierto riesgo la amalgama géneros en el cine, tal vez por ello una película que ya desde sus primeros compases de metraje se presenta como una mixtura de crónica histórica contemporánea, cine social con elemento de denuncia, relato policial y pinceladas de acción hace temer al espectador lo peor. Sin embargo, en el caso de Detroit, nuevo filme de la hábil Kathryn Bigelow se ha conseguido una soberbia película que, efectivamente, con algunos recursos propios de la violencia cine de acción- que la directora ha demostrado dominar en filmes anteriores como En tierra hostil dejando además una original impronta autoral - y pequeñas concesiones a la intriga policial narra de un modo realista, descarnado y con escasa comercialidad un oscuro hecho de la historia norteamericana de los últimos 50 años. El caso del Motel Algiers de Detroit, Michigan, que tuvo lugar en julio de 1967 y en donde unos policías blancos ejecutaron a tres jóvenes negros inocentes en una noche de malentendidos y odio racial en plena revuelta de la población negra en esta ciudad, además de ser un excelente material cinematográfico era una manera muy ilustrativa de tirar las orejas a un país en donde la discriminación racial ha sido durante muchos años- y sigue siendo ahora en no pocos casos- un quebradero de cabeza y aunque EEUU siempre haya presumido de su apertura democrática. Lo cierto es que Detroit, que da su propia (y posiblemente muy aproximada) interpretación sobre los trágicos hechos que ocurrieron en las habitaciones de aquel motel  es una película más efectiva que efectista  y que demuestra además como en un contexto espacio-temporal muy reducido se puede contar una historia tan apasionante como realistamente sobrecogedora que atrapa y angustia al espectador desde el primer momento.

Con la utilización de algunas imágenes de la época de archivo- principalmente fragmentos de informativos y escenas reales de las revueltas raciales de Detroit- la película está perfectamente ambientada en el Detroit de finales de los 60 y no renuncia al habitual estilo semidocumental de la directora que esta vez se ha esforzado no solo en trasladar magistralmente la opresiva atmósfera de la tensión del momento histórico de altercados varios sino en presentarnos el espíritu de la época  de una ciudad que fue un símbolo de esperanza, orgullo y libertad para la población negra ya que allí se gestó el célebre sello discográfico Tamla Motown, la primera compañía de cualquier sector hecha principalmente por y para negros y que en este film cumple un papel significativo y tangencial además de ser objeto indirectamente de homenaje. Con un estilo narrativo muy verista, un ritmo que trata de oal tiempo real (un recurso muy acertado en una historia como esta) y unas interpretaciones desgarradas por parte un grupo de muy competente y en su mayoría jóvenes intérpretes, Detroit consigue ser un filme tan cautivador como desasosegante que puede que incomode a los espectadores más sensibles con su violencia a veces desatada. Y es que su elemento de denuncia, en este caso de la brutalidad y corrupción policial en un caso que no quedó resuelto como es debido, trata de imponerse en todo momento y un vehículo efectivo para esto ha sido el mostrar los engranajes psicológicos del odio y de la intolerancia en los personajes de los policías blancos. Y por el otro lado un grupo de chavales afroamericanos idealistas y con ambiciones artísticas algunos de ellos que se encontraron inesperadamente con un infierno que nosotros revivimos por obra y gracia de la genialidad de su directora. Tal vez la excesiva duración del filme con un epílogo judicial tosco y tedioso sea un cierto lastre, pero lo cierto es que Detroit es una de las mejores películas de lo que llevamos de año.               

lunes, septiembre 18, 2017

EL AMANTE DOBLE (L´AMANT DOUBLE)



 
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No se sabe si lo que se necesita para disfrutar de esta película y captar todo su alcance es entrega (difícilmente con un argumento tan granítico y una estética más bien gélida), perspicacia (es muy difícil presumir la historia  de la historia al menos tal y como se nos presenta el final de la misma) o sencillamente asumir desde el inicio que no conviene tomarse demasiado en serio lo que se intuye un dramón psicológico con romance por medio, algo imposible dada precisamente la citada naturaleza de la cinta. Lo cierto es que en esta ocasión un cineasta tan dotado como François Ozon se ha permitido tomar ligeramente el pelo al público o siendo más benévolos lo que ha hecho es adentrarse en el thriller con fuertes connotaciones sexuales jugando a las apariencias con un el siempre imponente desde el punto de vista narrativo final sorpresa e inesperado, consiguiendo en todo momento una película más que convincente pero que suscitará división de opiniones. El Amante Doble se justifica  tratando de ser ante todo una película que juega con la inestabilidad mental de su protagonista, la joven Chloe (Marine Vacht), una mujer de 25 años atormentada por su frigidez sexual y por inquietantes molestias físicas cuyo destino se une inesperadamente a de su psiquiatra Paul (Jeremie Renier) que termina siendo su pareja pero sin que la situación de la chica no parezca mejorar demasiado. Chloe busca equilibrio emocional, amor y sexo satisfactorio y en medio de ello surge la figura del hermano gemelo extraviado de Louis (Renier de nuevo) un joven también psiquiatra que es la antitesis de su hermano con quien no tiene trato: altivo, narcisista. Déspota y salvajemente sexual frente a la prudencia y el saber estar de su gemelo. Chloe decida iniciar una relación con Louis a espaldas de su novio y a partir de allí surge un complicado y algo extravagante juego narrativo -por lo poco que está explicado y por su escasamente lógico discurrir- que parece desembocar en lo delirante detalles desconcertantes y aparentemente absurdos y descontextualizados incluidos.

Ozon se ha querido apuntar al thriller dramático erótico -son bastantes las escenas de sexo y es que ese elemento cumple un papel central en la historia-  con un regusto claramente anglosajón pero sin renunciar a lo más genuino del cine de intriga europeo y con ciertos elementos aparentemente patrimonio del cine fantástico como el gore. Suenan las referencias de Paul Verhoeven, Brian de Palma y sobre todo del David Cronemberg de obras como Inseparables donde el mundo gemelar estaba ligado a la sexualidad más inquietante. Y es que aquí hay primeros planos médicos de vaginas, relaciones sexuales peculiares y alguna escena onírica al respecto de turbadora carga fantapsicológica. La historia esta vista con los ojos de su protagonista pero realmente no llegamos a saber si esa visión es del todo la real, dadas las características del personaje y el mundo en donde se ha metido. No obstante el elemento psicológico e incluso el thriller no logran tener toda la consistencia que debería tener por que el guión se empeña en irse por lo efectista y las imágenes aparentemente impactantes  haciendo que los momentos finales del filme encajen muy mal con el ya de por si lioso batiburrillo de lo que habíamos visto antes. Personajes como el que encarna la veterana Jacqueline Bisset se antojan claves pero no dejan de plantear preguntas que después de ver el filme no parecen hallar respuesta fácil. No se si esta película precisara de otro visionado para ser comprendida en su plenitud pero tal y como se percibe en su primer contacto es un filme tan interesante y logrado como absurdamente sinuoso.      


miércoles, septiembre 13, 2017

IT




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Tal vez uno de los escritores más llevados a la pantalla, la obra de Stephen King, el bestsellerista del género terrorífico por excelencia, ha dado lugar en su mayor parte a mediocres filmes de horror aunque también es cierto que hay alguna obra maestra entre ellas, como lo es El Resplandor (1980) de Stanley Kubrick o excelentes cintas que son también todo un clásico del terror como Carrie (1976) de Brian de Palma, ambas películas plasmaciones en imágenes de también sus dos mejores  novelas, junto con la que nos ocupa ahora, It, publicada en 1986. La que es para muchos la novela más terrorífica de King tiene por fin una adaptación cinematográfica tras una miniserie de TV de 1990 y pese a que se sitúa bastante por debajo que Carrie y ya no digamos que de El Resplandor, lo cierto es que se puede decir que esta es la tercera mejor película basada en un escrito de Stephen King pese a ciertas deficiencias e irregularidades. King tal vez sea un escritor comercial, sobrevalorado y mediocre que no hace más que utilizar todos los manidos tópicos tangibles del terror utilizados desde tiempo inmemorial, pero no hay duda de que durante más de 40 años ha sabido atraer al público creando sugerentes relatos jugando con el efectismo, la cultura americana y el espíritu de la serie b en literatura, cine, cómic o cualquier otro medio logrando ser un muy leído y seguido autor que ha cedido al séptimo arte algún momento magistral como este o los comentados o incluso alguna medianía de culto como las adaptaciones de Los Chicos del Maiz, Cujo o La Zona Muerta sin olvidar alguna pequeña gema fuera del género como Cuenta conmigo (1986), por lo que su figura no debería caer en saco roto. It, primera de las dos partes que se tienen intención hacer de la larga novela homónima, no supone ninguna novedad temática ni estilística de calado como película de terror pero consigue con creces su fin de mostrar un terror primigenio e inconsciente, tal vez demasiado explícito y truculento – marca del autor-  para ser calificado de psicológico pero que consigue con efectividad perturbar al espectador y a buen seguro “traumatizará” a los más sensibles porque no hay nada más pesadillesco e inquietante que los terrores infantiles ,algo que con tino retrata esta película. Se nota que hay detrás de ella un director muy hábil y de gran proyección como es el argentino Andy Muschietti, que debuta exitosamente en Hollywood en su segundo largo tras Mamá (2013), una coproducción hispanocanadiense que llamó la atención de la crítica  

Pese a que la película se toma licencias con el texto original y omite pasajes que podían resultar problemáticos (sexo entre preadolescentes), se nota un claro intento de ser fiel al espíritu original del texto y de plasmar con minuciosidad todos los intríngulis de la relación entre los chavales protagonistas, críos entre 13 y 14 años unidos por ser blanco de burlas, bulling y ninguneos varios y por ser testigos de las apariciones de eso, un ser de origen no aclarado que surge cada 26 años de las cañerías subterráneas de Derry, el pueblo de los chicos, y que adapta las formas de los terrores cotidianos de sus víctimas -siempre niños y adolescentes-  para atacarlas y supuestamente devorarlas. La primera desaparición de Georgie, el hermano pequeño de Hill, que avista en una alcantarilla a un terrorífico clown que se hace llamar Pennywise el payaso bailarín  (Bill Skarsgard) es el pistoletazo de salida a una historia que se sigue con mucho interés y que tiene reservados sus sustos de rigor y sus momentos e imágenes impactantes (que al menos se salen del tópico en este tipo de cine) pero que no logra de tener la “puntuación” necesaria para ser una gran película.  El septeto de críos que encarna a “los Perdedores” resulta encantador en la mayor parte del metraje (especialmente es reseñable el trabajo de la única chica, Sophia Lillis), pero tanto personaje hace que el espectador no llegue a empatizar con ninguno de ellos. Lo más recordado será el personaje de Pennywise, al que Bill Skarsgard sabe sacar partido con sus horripilantes intervenciones y su caracterización, aunque en realidad a veces no suponga más que un deja vu de personajes similares como Freddy Kruger. Pero pese a sus fallos, el filme no es de modo alguno es una  cinta mediocre: una atmósfera de horror basado en el subconsciente y la pesadilla (especialmente memorables son las reapariciones del pequeño Georgie) y una buena combinación del suspense con el cine de grupos de adolescentes más costumbrista con el plus nostálgico de que la historia está ambientada a finales de los años 80, hacen de It un producto tan efectista como efectivo. El tiempo dirá si se convierte en un filme de culto o no.

viernes, septiembre 08, 2017

VERÓNICA




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El cine español se va sacudiendo prejuicios gracias a directores tanto hábiles, dotados e inteligentes como arriesgados. Y es que el cine patrio además de ser capaz de ofrecer en algunas ocasiones productos de gran calidad también ha superado el complejo de inferioridad pertinaz que tenía ante el cine de género, algo que no es en absoluto nuevo pero con la consecución de filmes como este, que puede ser calificado sin exagerar como la mejor película española de terror de la historia al menos hasta el momento, se puede confirmar que en materia de horror, thriller, fantasía, etc. el cine español puede competir internacionalmente. Paco Plaza, que en los 2000 formó un interesante tandem como realizador junto con Jaume Balagueró aunque con títulos desiguales en los géneros fantástico y terrorífico principalmente por la precariedad de medios, se consagra como un gran director con una película de terror psicológico y paranormal en estado puro con un muy logrado sustrato de crónica de maduración adolescente femenina y de retrato sociológico de una época, como era el principio de lo 90 en España, un periodo en el que el país trataba de abrazar por fin la modernidad como país (JJOO de Barcelona de 1992) pero que aún tenía lastres importantes. Todos esos propósitos se han cumplido perfectamente y Plaza puede estar más que satisfecho con una película que además logra lo que aspira todo buen relato de terror: crear el miedo en el espectador durante casi todo el transcurso del mismo utilizando recursos imprevisibles y trabajados huyendo de cualquier tentación por el miedo visual o el susto fácil.

Uno de los principales atractivos de esta película es el hecho de estar basada en uno de los escasos casos paranormales registrados por la policía en España y uno de los más estudiados por expertos en ocultismo en la península: el llamado caso Vallecas, acaecido en el barrio madrileño a principios de los 90 y del que hay aún múltiples e inquietantes interrogantes. No obstante esta es una adaptación muy libre en donde  además de cambiar ligeramente los años y la temporalidad de los sucesos  (la acción de la película se desarrolla durante tres días de 1991), se cambian nombres y circunstancias de los personajes y también situaciones  hasta el punto de que prácticamente esta es una historia original. Y es precisamente en su afán de contar una historia más o menos creada  -aunque basada en crónicas reales- en donde la película triunfa narrativamente en el siempre difícil género del relato de terror, con la consecución de una atmósfera que combina magistralmente lo cotidiano y costumbrista (con una estupenda recreación de el barrio de Vallecas en los 90 con ese sempiterno trasfondo obrero y popular) con el terror psicológico en su vertiente más metafísica, intangible y de pesadilla, siempre visto desde los ojos de su protagonista, la adolescente de 15 años Verónica. La debutante Sandra Escacena se adueña de la película y consigue trasmitir al espectador esa explosiva mezcla de fragilidad, duda, atrevimiento, curiosidad y aspiración a la madurez que es su personaje, una jovencita que con una madre ausente casi todo el tiempo y con un padre fallecido tiene la responsabilidad de cuidar a sus tres hermanos pequeños. Una situación en la  adolescencia muy difícil que será en telón de fondo en el cual Verónica entre en una terrorífica situación provocada por pavorosos fenómenos sobrenaturales.

Mediante una tabla de ouija, Vero y dos amigas de su colegio de monjas tratan de contactar con las almas de personas allegadas fallecidas, entre ellas el padre de la protagonista, pero la coincidencia de la sesión con un eclipse solar parece haber abierto la puerta a algo inesperado. Durante los días  siguientes, Verónica y sus hermanos serán testigos de diversos acontecimientos que se van tornando cada vez más malignos e inquietantes. A partir de ese momento entran en juego diversos recursos del terror psicológico como la omisión de imágenes o de secuencias, la sugestión, la incursión de imágenes en momento determinado, la confusión entre realidad e imaginación y sueños y así hasta una lista interminable de ítems que  el director y guionista sabe manejar con maestría y con recursos tan originales como la utilización de la cultura pop noventera (buscando un inesperado lado tenebroso a lo más banal en algún momento dado) o algún homenaje-trampantojo, como el que se hace a el filme Quien puede matar a un niño de Chicho Ibáñez Serrador, un clásico del terror español. Se perciben influencias de Clive Barker, Poltergeist, El Exorcista, el cómic Sandman de Neil Gaiman o La Semilla del Diablo. La película aterroriza, espanta e inquieta en momentos concretos, saca juego a un paralelismo terrorífico con la menstruación, y consigue perturbar cuando juega con la inocencia de los niños pequeños. Su crescendo terrorífico- instantes finales soberbios- está realmente conseguido  y el reparto central está soberbio: a parte de la estupenda actuación de Escacena, Ana Torrent está perfectamente creíble como la madre despreocupada pero sufrida y los niños Bruna González, Claudia Placer e Iván Chavero se comen la película en difíciles escenas. Como únicos pero a Verónica se puede decir que el guión peca a veces de demasiado previsible. Por lo demás, una película que definitivamente encumbra al género terrorífico del cine español, vertiente que esperemos que siga dando buenos momentos ya que con un director como Paco Plaza se pueden esperar muchas maravillas.     

martes, septiembre 05, 2017

EN LUGAR DEL SR. STEIN (UN PROFIL POUR DEUX)






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Los simulacros, montajes y malentendidos siempre han resultado materia prima de primer orden en la comedia cinematográfica, y después de muchas películas mejores y peores siguiendo ese esquema parece que ya poco puede sorprendernos. Pero la realidad nos demuestra que la fórmula sigue funcionando para hacer estupendas películas cuando hay detrás una historia sólida, original y divertida y unas interpretaciones notables. Francia, un país que siempre ha mimado la comedia, es desde donde llega esta entretenida propuesta dirigida por Stéphane Robelin, un director que aún ha dirigido pocos filmes pero al que habrá que seguir la pista, y protagonizada por una leyenda de la comedia gala como es Pierre Richard (El Gran Rubio con un Zapato Negro, La Cabra, Dos Fugitivos) que sigue conservando su vis cómica (aunque en un registro menos histriónico con respecto al que le hizo famoso) y su gran hacer interpretativo todoterreno. Internet y las redes sociales es el trasfondo en el cual se mueve esta película que supone una cierta reivindicación de la madurez y la experiencia en el terreno del amor y de las relaciones y de la posibilidad de que la población madura pueda utilizar las tecnologías de la comunicación con el mismo uso cotidiano que hace las gente más joven pero aportando no ya sólo la calidez de su cultura analógica- de la que la informática carece- sino el plus de una educación sentimental donde las relaciones frente a frente y el contacto físico eran algo esencial e indispensable.   

Tomando como punto de partida e inspiración un mito tan francés como el Cyrano de Bergerac y por lo tanto cierto regusto romántico-dramático, la película nos cuenta como Pierre Stein, un octogenario parisino viudo desde no hace mucho y que apenas ya sale, consigue recuperar sus ansias de vivir gracias al hecho de que ha conocido mediante un Chat de citas de Internet a Flora (Fanny Valette) una joven belga de 31 años que cree que está hablando con un treintañero. Y es que Pierre ha utilizado la foto de su joven y sufrido profesor particular de Internet- un mundo que al principio Pierre desconoce- Alex (Yannis Lespert) un muchacho con ambición de ser guionista televisivo que ha accedido al empleo por mediación de la familia de su novia, la nieta de Pierre (aunque este ignora tal circunstancia). Alex tendrá que citarse con Flora simulando ser la persona que chatea con ella, algo que no le será fácil dadas sus enrevesadas circunstancias. Los mensajes de eliminación de barreras (tecnológicas o no) intergeneracionales y sobre todo de que todo propósito merece la pena intentarlo, es con lo que se queda el espectador, además de con una sonrisa propia de haber visto una película agradable y generosa.

miércoles, agosto 30, 2017

VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS (VALERIAN ET LE CITÉ DES MILLES PLANÈTES)




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Ha resultado un tanto decepcionante esta adaptación del cómic francés Valerian et Laureline, personajes creados en 1967 por Pierre Christin y Jean-Claude Mezières protagonistas de imaginativos álbumes de ciencia ficción espacial que resultaron enormemente influyentes la historieta fantástica de los 70 (dicen que hasta el mismo George Lucas tomó nota de algunas ideas para su saga Star Wars). Luc Besson, director galo especializado en el cine de género con especial predilección por la ci-fi, vuelve a adaptar un cómic de su país (un filón de obras maestras de la viñeta)  tras Adèle y el misterio de la momia (2010), pero la cosa no ha salido excesivamente bien a causa de un ritmo narrativo irregular y dubitativo y al fin de cuentas inadecuado para una superproducción de ciencia ficción como esta, la película francesa más cara hasta el momento. Brillan los efectos especiales y sobre todo una fotografía e imágenes sugerentes y a veces muy bellas especialmente en los compases iniciales del filme gracias al buen hacer la recreación digital: se nos presentan planetas de auténtico ensueño, como el paradisíaco Mül y sus idealizados habitantes humanoides o estaciones espaciales-ciudad tan complejas como la base Alpha, con un espectacular megatravelling incluido en un momento del metraje. Esas audacias técnicas - realizadas lógicamente para lucir en la versión 3D- se quedan en nada cuando la película no sabe estar a la altura de sus sugerente e interesante argumento y empieza a hacerse farragosa a mitad del filme, pese a algún momento álgido puntual especialmente en los momentos finales del metraje. Luc Besson, que había sorprendido con su filme anterior Lucy (2014) ha optado como otras veces por hacer un producto comercial con la vista puesta en el mercado estadounidense (huelga decir que la mayor parte del reparto es anglosajón) aunque y como era de esperar con alguna seña de identidad europea de los modismos de la bande desineé francesa en el campo de la ficción científica. En definitiva, todo insuficiente y eso que se nota que visualmente el prolífico cineasta transpirenaico ha intentado transmitir su amor por el cómic original con un importante esfuerzo cinematográfico.

Inspirada en el álbum El Imperio de los Mil Planetas (1970), la historia nos cuenta como los jóvenes pero hábiles oficiales de policía intergaláctica el comandante Valerian (Dane DeHaan) y la sargento Laureline (Cara Delevigne)  se ven envueltos en una aventura instada a partir de un sueño de Valerian, según el cual él cree que debe hacerse con una pequeña criatura de un desconocido planeta paraíso capaz de reproducir unas perlas originales de ese planeta que según parece poseen una increíble energía. Pero unos extraños acontecimientos en la base Alpha, una gigantesca nave donde viven millones de seres de diferentes planetas, harán que las misteriosas perlas y todo lo que en realidad suponen pronto tomen inusitado protagonismo. A favor de la película se puede decir que prescinde prácticamente de la  violencia que últimamente se asocia a este tipo de cine y que su puesta en escena, como hemos dicho, resulta deslumbrante e hipnótica pero a los actores se les nota perdidos incluidos a los voluntariosos Dane Dehaan y Cara Delevigne que consiguen cierto carisma y química entre ellos que pese a todo se encuentra en las antípodas del cómic original. Por el contrario, Clive Owen, Sam Spruell, Ethan Hawke, Chris Wu o la cantante Rihanna no parecen estar excesivamente cómodos. Una oportunidad  perdida para reivindicar el cómic europeo de género como material de primer orden para el cine de entretenimiento.  




lunes, agosto 28, 2017

ABRACADABRA



 
*** y 1/2
        
Se esperaba con ansiedad el regreso de Pablo Berger con un nuevo filme después de la excepcional Blancanieves (2012), una película que dejó el listón demasiado alto y que tal vez ejerza una cierta presión sobre el cineasta en cuanto se le exigirá casi siempre películas magistrales. Pero lo cierto es que esta Abracadabra, sin ser ni mucho menos una obra maestra resulta una cinta curiosa, inteligente y con un punto de genialidad – aportado sin duda  por un director que está demostrando ser un fuera de serie como es el que nos ocupa- con su mezcla de géneros: comedia costumbrista, drama, fantasía, thriller e incluso terror se dan cita en una historia eminentemente ibérica que bebe de Berlanga y de Azcona y que no duda en recurrir al cine de género y a los clichés del cine comercial norteamericano- convenientemente satirizados además de adaptados al entorno socio-geográfico patrio- para ofrecer un hilarante esperpento que divierte inteligentemente y que puede gustar y entusiasmar a públicos variopintos      

El director bilbaino ha sabido rodearse de un reparto competente que dota de total credibilidad a unos personajes perfectamente identificables en su cotidianeidad con personas reales de la España actual en una historia que pese a su premisa sobrenatural y fantástica es una clara crítica-mofa de tinte realista y costumbrista a un país en donde los cafres, garrulos, machistas, horteras y despreocupados por todo por desgracia abundan. Así mismo, se lanza un velado mensaje de empoderamiento femenino en donde Carmen, el personaje de Maribel Verdú Carmen, una ama de casa cuarentañera con pocas perspectivas tiene la oportunidad de dar un vuelco a su vida, condicionada por su déspota y básico marido Carlos (Antonio de la Torre) y lo tratará de aprovechar por medio de una increíble situación. Carlos, en el banquete de la boda de un sobrino de Carmen, es hipnotizado por el primo de esta, Pepe (José Mota), un torpe aprendiz de hipnotizador: lo que aparentemente parecía no tener consecuencias dada la ineptitud de Pepe parece que ha abierto la puerta a la posesión de Carlos por parte del espíritu de un joven fallecido en 1983 en desagradable episodio. Carlos, con un sospechoso cambio de comportamiento y personalidad es durante determinados momentos una persona comprensiva, cariñosa, culta y atenta con Carmen y con su hija adolescente Toñi (Priscilla Delgado). Carmen y Pepe intentarán saber la historia real de Tito, el hombre que posee intermitentemente a Carlos, pero mientras tanto los sentimientos de Carmen acerca de la sobrenatural circunstancia empiezan a ser contradictorios. La película no trata de tomarse demasiado en serio a si misma y tampoco espera que el espectador lo haga pese a que sus mensajes son más bien serios en medio de un guiñol de comedia-drama fantástica.

Con influencias bien dispares de Woody Allen, los cómics de Bruguera, Stephen King, David Lynch o el cine slasher además de los ya mencionados elementos berlanguianos, Abracadabra, resulta un filme muy poliédrico y más complejo de lo que aparenta su engañosa simplicidad, incluyendo un final inquietante y ambiguo que esconde el verdadero sentido de la historia. Maribel Verdú esta maravillosa como una mujer de barrio harta de la simplicidad de su marido que va  experimentando una evolución en cuanto a su relación con el y con los hombres en general a causa de la irrupción del espectro de Tito. Antonio de la Torre vuelve a hacer una interpretación memorable en un reparto donde también figuran Jose María Pou, Ramón Barea, Saturnino García (antológica escena), Julián Villagrán, Janfri Topera, Javivi y Quim Gutiérrez. Momentos hilarantes y surrealistas mezclados o combinados genialmente con otros más bien sobrecogedores- incluyendo un homenaje al episodio de George Miller del filme En los límites de la realidad  (1982)-  y no poco certeros retratos del cutrerío hispánico en todas sus vertientes (los banquetes de boda, el horror…) apuntalan una película generosa y disfrutable que señala una vez más la genialidad de ese gran cineasta que es Pablo Berger.  

miércoles, agosto 09, 2017

DUNKERQUE (DUNKIRK)




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Christopher Nolan ha debutado con buen pie en el cine bélico-histórico con una historia ya llevada al cine en otras ocasiones  como es la batalla de Dunkerque, un insólito episodio de la II Guerra Mundial en el cual los ejércitos aliados fueron evacuados a mediados de 1940 en la playa de Dunkerque (Francia) ante el asedio y avance de las tropas alemanas. Aunque en esta ocasión Nolan no ha realizado una gran película sino más bien una obra correcta y sobre toda rodada con profesionalidad y oficio de excelente director, al menos ha logrado avanzar unos metros de la previsibilidad del cine bélico y ha conseguido un filme que no se deja contagiar con los convencionalismos del género ni por la comercialidad que va unida a las superproducciones históricas, un drama de personajes y situaciones que se presentan de forma realista y nada glamourosa consiguiendo una épica verista que resulta de agradecer en lugar de una posible pompa heróica mil veces vista. Con un reparto eficaz y una excelente puesta en escena que trata de reproducir fielmente el transcurso del acontecimiento bélico, tal vez la aridez de su guión y lo poco definidas que están las situaciones lastran el resultado final de lo que podría haber sido una gran película. No faltan sin embargo buenos momentos ni destellos de cine con mayúsculas en un conjunto esforzado pero desigual.

Un reparto coral e internacional consigue aportar lo que siempre se agradece en este tipo de cine: hondura humana, expresada a través de los miedos de los soldados que desean huir del frente, los temores y la mescal de ansiedad y esperanza de los civiles que con sus embarcaciones en la costa se ofrecen a ayudar a los militares, la decisión y también las dudas de de los combatientes en el frente de la batalla…un interesante catálogo de emociones en una situación límite que constituyen lo mejor de la película. Mark Rylance, Tom Hardy, Fion Whitehead, Aneurin Barnard, James D´Arcy, Harry Styles, Cillian Murphy o Kenneth Brannagh están más que correctos en sus respectivos papeles con el mensaje de que siempre los civiles serán las primeras víctimas en una guerra. El gran Hans Zimmer firma una Banda Sonora que es de lo más curioso y original que ha hecho en los últimos años. Una película para los que piensan que el cine de guerras puede ser algo más. 
 
 

domingo, julio 23, 2017

LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (WAR FOR THE PLANET OF THE APES)




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Prosigue la saga reboot de la franquicia El Planeta de Simios, que se inició en 2011 y quede momento se ha limitado a cumplir el expediente con tres películas que cuentan el ascenso de los simios y la caída de los humanos casi como una suerte de precuelas de  los míticos filmes de los 60 y 70 aunque como buen reboot alejándose en cierto grado de las premisas iniciales de aquella primera serie. Salvo la segunda y anterior entrega El Amanecer del Planeta de los Simios algo mejor que los otros dos filmes, estos nuevos simios están resultando tediosos, repetitivos y con justo o escaso atractivo. Todo lo que se había avanzado en la anterior película se diluye en esta con un guión flojo, vago y sin relieve y sin aquellas reflexiones antropológicas que aunque de manera más bien simple daban cierto lustre intelectual a la historia. Esta tercera entrega es un mal pastiche de cine bélico con una acción predecible y calcada de instantes anteriores de las otras dos películas pero sería injusto no reconocer buenos momentos sobre todo en las escenas donde el chimpancé Cesar (Andy Serkis mediante  motion capture), el líder de los emancipados simios, tiene protagonismo. No obstante, la reflexión del enfrentamiento simio-humano parece que ya se explotó en la anterior entrega y aquí sencillamente nos encontramos con un fallido drama de simiesco héroe trágico shakespeariano con bastantes clichés y con abundancia de escenas bélicas que nos recuerdan una vez más que en realidad estamos ante un mero filme comercial de acción.

No se puede reprochar nada a la dirección artística ni a los espectaculares efectos digitales que nos vuelve a traer una impresionante horda de chimpancés, gorilas y orangutanes que trata de defenderse y de prepararse para reinar el planeta tierra con los humanos extinguiéndose pero dispuestos a acabar con los simios, así como ciertos momentos de la película resultan logrados gracias a la utilización de una épica dramática un tanto de manual pero al fin y al cabo efectiva. Pero uno de los elementos más fallidos del filme- tal vez el que más- es la poca relevancia que se da a la historia de los humanos en el momento de la película, con un personaje el del Coronel (Woody Harrelson) que no aporta nada en realidad más que tics de villano barato y un antagonismo de tebeo con Cesar. Por no hablar del personaje de la niña humana (Amiah Miller) que se supone que tiene todas las papeletas para ser un personaje fundamental de la saga (si es que se continua) por su correspondencia con otro de la serie antigua, pero además de ser una desconcertante contradicción en su planteamiento, parece que casa muy mal con la temporalidad en la que se supone que está transcurriendo la saga, algo que se puede ver en la aparición de otros personajes que entroncan aparentemente con los míticos simios setenteros. Una pena que uan saga tan mítica de la ciencia ficción cinematográfica esté dando tan poco de si en su nueva encarnación, pero si algo hemos aprendido es que los remakes y reboots la mayor parte de las veces son inútiles. Y se empeñan en seguir haciéndolos, oye.