jueves, abril 20, 2017

GHOST IN THE SHELL





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No se puede decir que ha salido mal este intento de hacer una adaptación digna -aunque algo libre- del célebre manga de culto de Masamune Shirow creado en 1989 y del que se han hecho multitud de adaptaciones y secuelas en forma de varios filmes de animación, series de televisión o videojuegos. Todo un tótem para los seguidores de los productos audiovisuales de la cultura japonesa, más de 25 años después de su creación se encuentra con su primera adaptación en imagen real además de ser la primera realizada fuera de Japón. La forma en que se presenta esta aproximación a una historia que ha terminado ya por convertirse en un clásico de la ficción científica de los últimos 30 años -y que bebía de fuentes tan sugerentes y por así decirlo sagradas de la historia del género como la obra de Philip K. Dick, el ciberpunk, Metrópolis de Fritz Lang, las distopías de autores como William Gibson o  Aldous Huxley, y todo el manga futurista con Katsuhiro Otomo como notable referencia- es la de una superproducción hollywoodiense trufada los consabidos de efectos especiales que trata de avanzar unos pasos de lo previsible tratando de homenajear (aunque no siendo muy fiel) a la estética oriental original y vertebrándose en una historia sugerente y envolvente que conserva el sustrato filosófico de el relato original basado en la dualidad del cuerpo y el alma y la capacidad de utilizar esta última para luchar contra el mal. Con una estética visual que además de los consabidos elementos manga (aunque a veces mal casados con un reparto y unos recursos mayormente occidentales) incluye guiños a los cómics de Moebius y no pocas referencias a Blade Runner y unas imágenes más llamativas que cualquier otra superproducción ci-fi de los últimos años, Ghost in the Shell  es un buen trabajo cinematográfico que tal vez peca algo de conformista y de previsible en la resolución de algunos momentos: la urgencia por adaptar la muchas veces intrincada ciencia ficción manga a los estándares comerciales occidentales ha dado como resultado un producto que aunque eficaz en su propósito da la sensación de que podía haber dado más de sí, aunque hubiese sido un filme más minoritario.

Scarlett Johannson, que parece abonada últimamente a curiosas producciones de ciencia ficción, no esta nada mal como una bellísima cyborg recién creada, Mayor Mira Killian con el alma de una joven fallecida en su interior y que debe de hacer frente como arma militar al sórdido mundo del ciberterrorismo en un Japón del futuro dentro de un mundo dominado por las sanguinarias mafias de la cibernética y la electrónica. Más allá de los esperables combates, disparos, explosiones y momentos de thriller la película se recrea en algún momento de diálogo metafísico y es capaz de reflexionar aunque sea al fin y al cabo superficialmente sobre la condición humana y la perdida de la misma a causa de la conversión de humanos en máquinas (literal y metafóricamente) y el fin de los valores intrínsecos del ser humano. En el reparto internacional, en donde hay bastantes intérpretes japoneses aunque los papeles más relevantes sean para actores caucásicos, nos encintramos a Juliette Binoche como la científica creadora de la protagonista o a Takeshi Kitano como Daisuke Aramaki, el director de la Sección 9, un papel que ha rodado en japonés (sus diálogos se mantienen en el idioma nipón subtitulado en todas las versiones del filme) ya que el polifacético cineasta no habla ni papa de inglés. Nada del otro jueves, pero resulta bastante positivo que se hagan películas de ci-fi que consigan salirse, aunque sea un poco, de la tónica habitual      

viernes, abril 07, 2017

MAÑANA EMPIEZA TODO (DEMAIN TOUT COMMENCÉ)





 ** y 1/2

Un honesto y bien llevado melodrama-comedia cuya principal virtud (y posiblemente, defecto) es dejar el casi totalmente el peso de la película en todos sus sentidos en ese enorme actor que es Omar Sy, en una esforzada aunque algo irregular producción francesa (con participación británica y rodaje en el RU) remake de la película mexicana No se aceptan devoluciones (2013). Una película amable y familiar que disecciona con delicadeza pero sin arriesgarse mucho los entresijos de la paternidad y todo lo que un progenitor es capaz de hacer por su hijo/a. No se puede negar una más que correcta combinación entre la comedia y los elementos dramáticos y el encanto de un estilo narrativo pulcro y sencillo donde brilla la interpretación de Omar Sy muy bien secundado por esa pequeña gran actriz que es Gloria Colston en el papel de Gloria, la inesperada hija del irresponsable pero “reformado” por su fortuita paternidad Samuel, pero a la película le falta un tanto de credibilidad y decididamente flojea en su parte más dramática. No obstante, nada se puede reprochar a una puesta en escena elegante y sutil al servicio de una historia emotiva y amable en un producto demasiado escorado a las maneras de la comedia norteamericana.

La fábula de crecimiento personal de un joven francés fiestero e irresponsable cuya paternidad ilegitima de una niña nacida de una ligue inglesa le cambia la vida completamente incluida una nueva residencia en Inglaterra y un nuevo y curioso trabajo es la base a partir de la cual se desarrolla una historia honesta y esforzada pese a sus carencias, en donde los momentos más emotivos (teóricamente al final de la película) dejan una sensación un tanto confuso no tanto por su claridad y por el correcto componente emocional sino por la sensación de apresuramiento que parece ponerse en relieve ya de manera definitiva después de que en todo el metraje uno tiene la sensación de que la acción avanza un tanto acelerada e incluso aturullada. Pero no importa, unas interpretaciones protagonistas de muchos kilates  y un tono de optimismo que es de agradecer en historias de este tipo consiguen hacer de este filme una buena opción de tarde o noche de cine.     

miércoles, marzo 29, 2017

EL BAR






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En esta ocasión Alex de la Iglesia ha dado un pequeño traspiés en su intento de volver a hacer un drama-comedia con tintes alegóricos y críticos y trampantojos de cine de acción tal y como lo hizo- y con tino- con filmes como La Comunidad o Crimen Ferpecto. Y es que este nueva obra del director bilbaino da una constante sensación de deja vu de otras películas suyas además de ocuparse una vez más de temas ya tocados por de la Iglesia como son la mezquindad humana, la envidia, la hipocresía y la manipulación a la que la población civil es sometida por parte de las altas instancias. Con una puesta en escena a ratos teatral-  no en vano la película se desarrolla en su mayor parte en el interior de un bar madrileño- pese a que el filme se esfuerza en estar centrado en su competente reparto con ocho actores principales y por ello se nos presenta como una comedia de actores, en escasos momentos se consigue una historia interesante y coherente y tampoco se puede decir que el reparto esté al cien por cien en esta cinta. Al final nos encontramos con una película morosa, poco original como comedia salvaje-surrealista marca de la casa de la Iglesia y en resumidas cuentas casi aburrida a causa de un guión que no cuenta gran cosa y que solo cumple con el expediente a al hora de hacer una crítica a uno los males más endémicos de la sociedad actual: el egoísmo y el individualismo, aquí con un curioso retrato del alarmismo paranoico de los últimos tiempos. 

Es una pena ver como el director y guionista se encuentra un tanto perdido en una premisa interesante que en un momento de mayor gracia podría haber sido la maeria prima de una gran película, tal y como ocurrió en La Comunidad, en donde Alex de la Iglesia de mostró su maestría a la hora de hibridar el costumbrismo ibérico con ciertas metarreferencias cinematográficas en cuanto a géneros se refiere. Una joven pija (Blanca Suárez), una ama de casa ludópata (Carmen Machi), un ex policía cínico (Joaquín Climent), un sin techo trastornado y dado a los alegatos mesiánicos (Jaime Ordoñez), un empresario cabroncete (Alejandro Awada), un hipster listillo que parece ir a su bola (Mario Casas,)  la vieja y deslenguada dueña del bar (Terele Pávez) y un camarero que no es tan trozo de pan como parece (Secun de la Rosa) terminan mostrando lo peor de ellos mismos encerrados en un pequeño bar a causa de la acción de un misterioso francotirador que dispara a todo el que se encuentra en la zona mientras que en Madrid parece haberse declarado una especie de toque de queda. Con el thriller como elemento catalizador y una vez más el cine de acción tratando de impulsar desigualmente la trama, El Bar es un intento fallido de volver hacer un grandguiñol con los elementos característicos del cine del realizador pero todo con un resultado más low cost. Preocupantes signos de reiteración en un director que aún tiene capacidad para dar algo más.

domingo, marzo 26, 2017

LOGAN



 
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Por mucho que traten de “innovar” las adaptaciones de cómics de superhéroes Marvel siempre ofrecen un poco más de lo mismo. Ni más ni menos. Ni tan siquiera el recurso a nuevos enfoques argumentales y estilísticos que tratan de dar el pego de que las producciones de Marvel Entertainment son muy variadas unas de otras en todos los aspectos resulta efectivo. En esta ocasión se recurre por enésima vez al personaje de Lobezno (Wolverine) que Hugh Jackman vuelve a encarnar (yo ya he perdido la cuenta) en una historia que nos devuelve al mundo de los mutantes X Men (si, si, otra vez) en esta ocasión en el futuro, en el año 2029 con un Lobezno-Logan de cerca de 60 años que vive retirado de sus andanzas justicieras una vez los mutantes han sido prácticamente erradicados de la tierra. Inspirada vagamente en el concepto de la novela gráfica El Viejo Logan la película trata de ser un pastiche de western crepuscular futurista, la serie Mad Max, algunas ocurrencias tarantinianas  y el cine de gente como los hermanos Coen más naturalistas, con algún elemento malamente diatópico visto mil veces en la ficción científica y ramalazos de spaghetti western. No obstante, pese a la abundancia de clichés, el romo trabajo de los actores y  actrices y un guión más bien rutinario la película cumple con el expediente a la hora de presentar una historia entretenida y repleta de acción, algo que es más o menos lo que espera el público de este tipo de filmes. La inclusión de escenas más bien gore y una violencia bastante desatada supone una curiosa novedad- tal vez la más destacable- dentro del cine de superhéroes aunque a la postre el filme no diga nada bueno. 

James Mangod, en otro tiempo un prometedor director independiente -y que ya ha trabajado con Marvel y Jackman en The Wolverine (2013)-  se esfuerza por dar un tono adulto a una historia en donde un maduro y acabado héroe debe volver inesperadamente a la acción cuando recibe el encargo de proteger a una misteriosa niña de 11 años nacida y criada junto con otros niños y niñas en un hospital en donde se llevó a cabo un proyecto secreto del Gobierno USA para clonar a los X Men, siendo la pequeña Laura (Dafne Keen) un clon femenino de Lobezno. Un nonagenario y senil  Charles Xavier (Patrick Stewart) ayudará al héroe en su cometido en una historia que además de beber de tópicos del westrern (historia enmarcada en la frontera tejana,-mexicana, momentos de road movie, luchas y duelos a tutiplé) trata de arrimarse muy torpemente al universo de Sergio Leone (a veces mediatizado por Tarantino) e incluso homenajea abiertamente a Raíces Profundas. Pero al final, poquita chicha. 

martes, marzo 21, 2017

MOONLIGHT





 **** y 1/2

La ganadora sorpresa de este año al Oscar a mejor película ha logrado algo que hasta hace no muchos años parecía imposible, que una película independiente, con un director afroamericano (Barry Jenkis, un nombre a tener en cuenta) y un argumento centrado en la marginalidad, la delincuencia, y el drama de las clases desfavorecidas en toda su crudeza con el sempiterno fantasma de la droga como telón de fondo, unas pinceladas de romance homosexual y todo con un reparto casi exclusivamente de raza negra consiga ser considerada por la Academia como la película del año. Pero es que un drama de alto calibre como este no merecía peor suerte ya que, efectivamente, se trata de unas de las mejores películas estrenadas en EEUU en 2016 y además no sólo triunfa en su propósito de ofrecer un drama relista urbano con tintes de retrato generacional (la realidad de muchos jóvenes afroamericanos de zonas marginales) y biográficos (es una historia centrada en los 30 primeros años de la vida de un personaje), sino que logra con convicción acercarse a los cánones del cine mainstream en su versión dramática con lo cual su público potencial no será para nada exiguo. La historia de Chiron, un joven negro que vive en un entorno marcado por una madre yonki, un barrio en donde los traficantes de droga son el modelo a seguir y unas compañías que tarde o temprano van cayendo en lo oscuro ante la estupefacta mirada del protagonista, un sujeto sensible ye en realidad asustado e inadaptado en medio de un entorno más que hostil y que apenas va cambiando a lo largo del tiempo, produciendo en él cuando llega a la edad adulta una dual y esquizofrénica situación de persona al margen de la ley y al mismo tiempo un ser humano que trata de ser feliz y cuando puede ayudar y por que no amar a sus semejantes. Tres actores dan vida a Chiron, Alex Hibbetrt como niño, Ashton Sanders como el Chiron adolescente y  Trevante Rhodes como el personaje en su edad adulta, cada uno de ellos con apodos y apelativos diferentes que en cierto modo describen con línea intencionadamente gruesa la evolución-deriva de Chiron, cuya historia se nos presenta de una manera tan arquetípica como abrumadoramente conmovedora.

Combinando situaciones y escenas desgarradoras- sin caer en absoluto en el efectismo- y otras de enorme belleza poética, es esta una película que hace pensar sobre lo imperfecto que es el destino y sobre el poder devastador de los encasillamientos y la imposibilidad- o falta de voluntad- de huida de ciertos mundos. La fascinación por el mal y el lado oscuro de la vida es vivida por el protagonista como algo que es lo que debe hacer porque para él es lo correcto, aunque en su interior el desee vivir otra vida y ser otra persona. El personaje del mentor de Chiron, el dealer afrocubano Juan- interpretado por el más que merecido ganador del Oscar al mejor actor secundario Mahershala Ali, aunque su intervención es muy breve- cumple la figura paterna ausente del protagonista y se postula como figura clave en todo el devenir de la historia. Un filme genial y emocionante que demuestra nuevos y frescos modos de hacer del cine norteamericano.

sábado, marzo 11, 2017

EL GUARDIAN INVISIBLE






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Resulta más de lo mismo comprobar como cuando se quiere hacer desde el cine español un producto comercial y exportable además de no exento de buen cine siempre se caiga en los tics del cine hollywoodiense y mucho más cuando lo que tenemos entre manos es un thriller con un serial killer por mucha idiosincrasia ibérica que tenga lo historia y su marco. Cualquiera que haya leído alguno o los tres volúmenes de la Trilogía de Baztán de la escritora donostiarra Dolores Redondo- un fenómeno de ventas dentro del mundo editorial español- sabrá que la historia que allí se contaba daba para una serie de filmes de indudable interés comercial, y esta adaptación de la primera novela de la saga El Guardian Invisible no defrauda las expectativas y sobre todo satisfará a los lectores del filme, pero su rodaje en tiralíneas y el ya comentado escoramiento hacia el thriller americano de los últimos veinte años lamentablemente nos priva de lo que podía haber sido un excelente film con su inteligente y atractiva combinación de drama psicológico, intriga policial, asesinatos en serie rituales, elementos fantásticos y sobrenaturales y sobre todo una perfecta integración de un entorno más que sugerente, el valle del Baztán en norte de Navarra, con la historia, en donde la zona, foco de innumerables leyendas de la mitología vasca y escenario de oscuros episodios históricos con brujería e inquisición por medio además de poseer un vistoso paisaje boscoso propio de cuento, actúa como un personaje más, algo que la película recoge heredado del libre y de manera harto efectiva. Al final, nos encontramos con un interesante y apasionante thriller negro fantástico que sin embargo peca de convencional y poco novedoso pese al encomiable esfuerzo de producción, la esforzada dirección de ese valor en alza que es Fernando González Molina (Palmeras en la Nieve, otra adaptación de bestseller español) y la excelente adaptación de guión de Luiso Berdejo, el mejor guionista español en lo que a cine de género se trata.    

El reparto, bastante nutrido (y eso que se han eliminado personajes de la novela original) funciona irregularmente y el peso de varios caracteres en la película parece insuficiente y desdibujado lastrando bastante de la efectividad del guión y del desarrollo de la trama. Marta Etura encarna con solvencia pero un tanto forzada y maniquea a la heroína de la historia, la inspectora Amaia Salazar, una mujer del Baztán que tiene que regresar fortuitamente y sin muchas ganas a su pueblo Elizondo donde se está cometiendo el asesinato de chicas adolescentes de la zona siguiendo un extraño y retorcido rito en donde hay elementos bastante desconcertantes. Amaia se encuentra en esta inquietante investigación con los fantasmas de un oscuro pasado incluidos angustiosos episodios vividos en la infancia mientras que el Baztan parece irradiar en ella un influjo mágico relacionado con leyendas de hechicería y la supuesta presencia en el valle del Basajaun, la criatura mitológica vasca protectora de la naturaleza. Es una lástima que salvo excepciones, como Itziar Aizpuru (descubrimiento tardío en Loreak) o Elvira Minguez, que interpreta a la ambigua y oscura hermana mayor de Amaia, el resto del reparto no consigue nada especialmente memorable por culpa del ya comentado deficiente desarrollo de muchos de los personajes, incluyendo algunos con mucho peso específico en la novela original que aquí aparecen y desaparecen como el Guadiana. Buena ambientación dentro de un diseño de producción esforzado y con vocación internacional y desigualmente asimiladas influencias de David Lynch (más el de Twin Peaks que el de Blue Velvet), David Fincher y Steven Spielberg con mención especial al flashback final de la infancia de la protagonista, una escena efectiva y sobrecogedora. Quedan aún dos entregas cinematográficas más y ya veremos como salen, pero el resultado de la primera ha sido medianamente satisfactorio.   

miércoles, marzo 01, 2017

JACKIE (JACKIE)




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Con un no excesivo presupuesto y si mucha honestidad, oficio y ganas de mostrar buen cine en su vertiente de retrato histórico que además trata de incluir pinceladas de los avatares y circunstancias de una época significativa (la década de 1960), se presenta este logrado film que se focaliza en una figura que ha levantado amplio interés y pasiones entre periodistas, historiadores, cronistas de lo rosa y público en general: Jacqueline Bouvier, conocida posteriormente como Jacqueline “Jackie” Kennedy, tal vez la primera dama de EEUU más célebre de cuantas ha habido y todo un icono de la segunda mitad del siglo XX (posteriormente se casó con Aristóteles Onassis) , cuya viudedad del asesinado presidente John F. Kennedy aumentó aún más su aureola mítica. La película, que sigue una estructura narrativa de flashbacks con una Jackie Kennedy (Natalie Portman) que va desgranando sus recuerdos ante un escéptico manipulador periodista (Billy Cudrup) algunos meses después de la muerte de su marido, se centra en la semana inmediatamente posterior al crimen y como lo vivió- o se supone que lo vivió- la joven y bella primera dama. Es precisamente la disección de el estado de shock y las primeras reacciones en el duelo tras la muerte de alguien querido lo que trata de mostrar este filme presentando a una Jacqueline que de ser una primera dama no muy convencida de su papel y que no acababa de estar cómoda en su rol público pese a sus esfuerzos y el amor y la lealtad a su marido pasa a ser una mujer desencantada y confusa que siente como todo su tesón no ha servido de nada lo mismo que los ideales de su marido se han desvanecido con su muerte. Momentos de contradicción, nerviosismo y  ansiedad propios de una situación de este calibre son representados por Natalie Portman con una absoluta credibilidad y naturalidad consiguiendo una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha.


Sin seguir ningún pedante estilo documental y sin tampoco tratar de hacer ningún intrincado ejercicio de estilo el realizador chileno Pablo Larraín (El Club, Neruda) en su debut en EEUU consigue una película que si bien irregular resulta fascinante y en  cierto modo diferente gracias a que la interpretación de Portman tiene tantas aristas que parece que estamos ante un monólogo tipo Cinco horas con Mario en donde una viuda  desgrana toda su vida y las circunstancias que hicieron todo lo que es a partir del recuerdo de su marido, cuando en realidad el filme es casi coral con una puesta en escena austera pero totalmente verista con su época y además con momentos recreacionistas de alto nivel (el momento del atentado de Dallas, los duelos en la Casa Blanca y sobre todo la recreación del especial televisivo en donde Jackie mostró la White House a todos los norteamericanos, en un soberbio montaje con blanco y negro). Temas tangenciales como la bipolar relación de la ex primera dama con su cuñado Robert Kennedy (Peter Sarsgaard) que se antoja como una clave oculta en el personaje de Jackie, la manera en la que trató de comunicar a sus hijos la ausencia de su padre o los un tanto tumultuosos preparativos del funeral de su esposo son momentos que tiene en realidad mayor importancia de la que aparentan. Es un pena no obstante no poder haber visto esta película en VO ya que el trabajo de Portman imitando a la Bouvier se antoja fascinante y por mucho que el excelente doblaje se esmere en captar el esfuerzo interpretativo de la actriz. Por cierto, también interviene el fallecido no hace mucho John Hurt en uno de sus últimas actuaciones en el papel de un sacerdote, una presencia como siempre cautivadora

martes, febrero 21, 2017

MULTIPLE (MULTIPLE)





***y 1/2

No es una buena señal que echemos tanto en falta thrillers inteligentes y con substancia en el cine de hoy y que tengamos que esperar cierto tiempo (cada vez más, por cierto, en el caso del director que nos ocupa) para que gente como David Fincher, Dennis Villenueve  o el responsable de esta más que convincente Multiple,  M. Night Shyalaman, se asomen por la cartelera ofreciéndonos filmes de intriga más o menos alejados de las más manidas convenciones hollywoodienses, aunque en el caso de Shyalaman y de otros directores del ramo siempre se termine cayendo en alguna que otra concesión. Escaldado de sus últimos fracasos artísticos y comerciales  de los 2010 y cuando todo indicaba que había perdido el rumbo con algún bodrio tipo Airbender o After Earth parece que el realizador indio-norteamericano pretende volver a la esencia de su cine que encandiló en los 2000 con tal vez la película más madura de su filmografía, un homenaje a Hitchcock (gran influencia suya) con curiosos elementos de cine slasher con víctimas adolescentes (aunque no hay prácticamente escenas sangrientas) e insertos varios de género fantástico, algo a lo que ya nos tiene habituados Shyalaman aunque esta vez su praxis de incluir la irrealidad en un contexto cien por cien realista alcanza una cota insuperable. A ello le ayudan un guión excelentemente tramado con una espectacular superposición de historias enmarcadas en los contextos psicológicos de los personajes aunque todo de manera poco explícita pero reveladora y sobre todo por la maestría en la que maneja un tema tan delicado como es el trastorno mental llevado aquí a su paroxismo con un cierta justificación de ficción científica para mostrarnos a lo que podría ser capaz de llegar una persona con trastorno de personalidad múltiple devenida en un sádico y misterioso secuestrador de chicas adolescentes cuya finalidad es un misterio en casi todo el filme: huelga decir que para llevar a buen puerto esto se precisaba de una interpretación más que excelente y en este sentido el cada vez más en alza James McAvoy está de diez en el papel de un joven con múltiples personalidades (23 en el guión aunque vemos ocho) que esquivando y cumpliendo al mismo las extrañas teorías de su psiquiatra (Betty Buckey) sobre la personalidad múltiple, parece llevar a cabo una extraña venganza ”ayudado” por sus personalidades a las que trata como personas diferentes.       

La película tanto vista desde la angustiosa situación de las tres adolescentes secuestradas (Anya Taylor-Jon, Jessica Sula y Haley Lu Richardson) como de el alucinante panorama mental y comportamental del protagonista que en determinados momentos es una persona diferente tanto en edad, sexo como en comportamiento, léxico, costumbres y en muchas más mas cosas funciona a las  mil maravillas y se alcanzan momentos de tensión de manera inteligente sin caer en lo obvio de premisas de este tipo. Es de reseñar que, como en muchas de las películas de Shyalaman, hay un héroe tapado que en este caso actúa con la motivación de un horrible trauma anterior que se antoja como la Némesis y la energía vital ante la amenaza que el secuestrador prende sobre el destino de las jóvenes. Tal vez unos momentos finales algo apresurados y una interpretación de la historia pro parte de muchos de una cinta fantástica más (este elemento aparece en el momento más inesperado) resten empaque a uno de los thrillers psicológicos con más fundamento de los últimos años. Y cosa curiosa: se abre la posibilidad a una secuela con posible concomitancia con un filme anterior del director, es decir una doble e inesperada secuela crossover como nos deja ver su curiosa momento final auto homenaje: ¿estratagema?, ¿broma?, ¿simplemente un guiño al espectador?  Una cosa esta clara,  M. Night Shyalaman pese a su irregular filmografía sigue siendo un gran cineasta.   

jueves, febrero 09, 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR (MANCHESTER BY THE SEA)




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Cine independiente con hechuras mainstream o como hacer una gran película que convencerá y entusiasmará a un amplio público saliéndose aunque sea levemente de las convenciones comerciales del drama y muy posiblemente con su cuota de triunfo en la ceremonia de los Oscar. Kenneth Lonergan, guionista de amplia trayectoria y director de solo unos pocos pero significativos filmes (a parte de este, Puedes contar conmigo y Margaret) consigue una de las mejores y más emotivas películas estrenadas en EEUU en 2016 partiendo de que una importante premisa para lograr un drama redondo es que el espectador se identifique con los personajes, a tal efecto la película tiene como protagonistas a gente normal de la clase media-baja norteamericana con problemas más bien grandes desde el punto de vista de la vida real pero que en cualquier otra película sencillamente no funcionarían. Y es que la mayor virtud de Manchester by the sea es haber encontrado el equilibrio perfecto entre el drama y la cotidianeidad sin renunciar a la hondura psicológica y el análisis de los efectos devastadores del desatino el las relaciones interpersonales, ya que básicamente la historia esta estructurada en las (tortuosas) relaciones entre sus personajes con el protagonista, el modesto trabajador de Massachussets Lee Chandler (Casey Affleck, mucho más que un “hermano de”) como vértice.            

Lee, un cuarentañero que trabaja de conserje en un bloque de edificios de Manchester, Massachussets, recibe la noticia de la muerte por infarto de su hermano mayor Joe (Kyle Chandler, curiosa la coincidencia del apellido del actor y el personaje) con el que tenía una estrecha relación tras haber sufrido ambos reveses en su vida conyugal. Por deseo de Joe, Lee deberá hacerse cargo como tutor de su sobrino de 16 años Patrick (Lucas Hedges) y deberá gestionar la embarcación deportiva de Joe con la que los dos hermanos y el chaval pasaron entrañables momentos. Sin embargo, Lee, un hombre dubitativo y de errático comportamiento no está muy cómodo con su nueva responsabilidad pese al afecto que le profesa a su sobrino; mediante flashbacks conoceremos las razones del carácter de Lee y su incómodo posicionamiento ante la vida. Dramas personales crudos y duros y problemas de diverso calado van desfilando por una historia en donde los personajes simple y llanamente luchan por su felicidad en entornos donde por diversas causas esto es muy problemático y difícil. Al final, resulta sencillo identificarse con los todo lo que se nos presenta en este filme, en donde  siempre con la emoción contenida la esperanza trata de abrirse paso. Una película cien por cien aconsejable que demuestra que aún hay directores como Kenneth Lonergan dispuestos a hacer que el cine norteamericano aún pueda sorprendernos… y emocionarnos