domingo, marzo 08, 2020

INVISIBLES



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Gracia Querejeta continúa demostrando que es una cineasta excepcional tanto como narradora cinematográfica como en la dirección de actores, talentos ambos que sustentan una buena película y con esta Invisibles pese a que no se trata de una película redonda vuelve a manifestar sus ganas por contar historias poderosas y atrayentes y esta vez con medios más bien poco convencionales. Un filme sustentado casi únicamente por tres actrices y con una inusual estructura espacial (prácticamente solo se desarrolla en un parque) consigue atrapar y convencer al espectador y sin que haya tampoco ninguna historia convencional en su estructura tradicional de planteamiento-nudo-desenlace: son los naturales y cotidianos (pero enormemente reveladores) diálogos entre las tres cincuentañeras protagonistas los que van tejiendo tres historias historia, las de cada una estas tres mujeres, sin que veamos una sola imagen de los hechos que acontecen y que son narrados por ellas. Pero ante todo, este es un filme reflexivo y reivindicativo sobre la posición en la sociedad de las mujeres en la cincuentena y los diferentes dilemas en los que se pueden encontrar como fruto de su bagaje, experiencias pasadas, situación actual y perspectivas futuras condicionadas por su edad (ni jóvenes ni mayores) y sobre todo por su condición femenina. Esta claro que Querejeta ha querido realizar un retrato generacional, entre tierno y amargo, en donde queda claro que las mujeres de dicha franja de edad se encuentran de partida en una situación incómoda: su invisibilidad. La rebelión de estas tres amigas, consciente o no, ante tal situación es lo que marca el devenir de lo que se nos describe. En ese sentido, el guión que firma la propia directora junto a su habitual colaborador Antonio Mercero (hijo) pese a que veces sea algo impreciso y caiga en convencionalismos de más resulta muy bien elaborado dentro de su disposición inusual y excelentemente dispuesto para el buen hacer de esas tres grandes actrices que son Adriana Ozores (Julia), Emma Suarez (Elsa) y Nathalie Poza (Amelia): un trabajo esforzado y deslumbrante.


Julia, una profesora de secundaria irónica pesimista y amargada decepcionada por su matrimonio y cansada de su trabajo; Elsa una profesional de éxito soltera convencida, atractiva y recelosa de todo lo que le rodea; y Amelia, aparentemente más frágil que sus amigas, recién divorciada y en una nueva relación donde el principal handicap es el rechazo de la hija de su pareja, quedan cada jueves por la mañana dar una vuelta por el parque, momento en el cual se cuentan su vida y sus preocupaciones;  se sienten cada vez menos convencidas de la idoneidad de sus vidas y ven como todo es cada vez más difícil al tiempo que al relación entre ellas parece entrar en una extraña crisis. La diferencia de caracteres entre las tres y sus distintos puntos de vista de las situaciones son en realidad lo que mueven el devenir de los acontecimientos que ellas nos cuentan y nosotros no vemos y que muestran unos retratos personales que literalmente llegan a estallar. El estudio psicológico está aquí íntimamente ligado con el pulso narrativo, que oscila entre el drama y la comedia con momentos de bastante pulsión emotiva. Una pena que en ocasiones la película no mantenga su intensidad y que esta precisamente vaya perdiendo fuelle en momentos que se antojan cruciales. Pero lo fundamental es que Gracia Querejeta vuelve a demostrar su gran talento en películas difíciles y constitutivas de reto.  


martes, marzo 03, 2020

LA LLAMADA DE LOS SALVAJE (THE CALL OF THE WILD)



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El clásico de Jack London escrito en 1903 recibe una enésima versión cinematográfica ahora que están tan de moda los filmes con animales…generados por ordenador.  En efecto, el legendario Buck, el perro doméstico mimado que aprende mediante el sacrificio y la interacción con el hombre a ser un can leal y heroico en las frías tierras del norte de EEUU, Canadá y Alaska (además de entablar contacto por vez primera con la olvidada naturaleza salvaje de los de su especie) es ahora un animal obra de la infografía (como prácticamente todo el resto de perros y animales que aparecen) y por primera vez y a diferencia de otras adaptaciones es igual que como se describe en la novela: un cruce de San Bernardo y Collie. Tanto Buck como el resto de cuadrúpedos están perfectamente conseguidos en una película que se apoya principalmente, además de en al fuerza de una historia que siempre será bellísima, en los hermosos paisajes y en su vistosa fotografía, con los falsos perros tratando de robar escenas con convicción pero delatando por lo poco creíble del estilo visual de sus acciones - y aunque en la propia novela de London apareciesen un tanto humanizados-su origen artifical. Y es que esta nueva versión dirigida con oficio pero de manera muy rutinaria por Chris Sanders no pasará a la historia por ser de las mejores. Muy abreviada con respecto a la fuente original y con bastantes cambios significativos en su mayoría dispuestos para dar mayor protagonismo al personaje de John Thorton, el último y mas devoto dueño de Buck, encarnado por Harrison Ford con su buen hacer habitual. Eso si, el mensaje y clímax final se mantienen en su esplendor: el regreso del perro doméstica a su condición de animal en equilibrio con el hombre y la naturaleza, más que dependiente del ser humano.

Aunque técnicamente el filme es impecable, las escenas de los trineos están muy bien rodadas y la ambientación histórica es más que correcta, falta más épica y más credibilidad en unos personajes presentados a todo correr (en la historia hay que tener en cuenta que hay bastantes, tanto humanos como perros) y en donde se han eliminado muchos con respecto al libro y los que quedan algunos presentan cambios bastante notables: no se trata ya del hecho de que en pos de la diversidad se haya cambiado de sexo o etnia a algunos (los mensajeros quebequeses, el ejemplo más notable) sino a que otros se les ha asignado ridículamente subtramas que nada aportan. Con todo, el mensaje no se resiente y la película se deja ver haciendo las delicias de los amantes de la naturaleza.

sábado, febrero 29, 2020

MONOS





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Entre la fábula, el cine bélico, el drama social y la historia de maduración navega este sorprendente y crudo filme, una coproducción entre Colombia y otros países europeos y sudamericanos rodada en el primer territorio por un cineasta que puede dar cosas muy interesantes, Alejandro Landes. Sin apostar por el tremendismo, el sensacionalismo o por los clichés del cine comercial estadounidense la película es capaz de adentrarse en sórdidos terrenos con convicción y consiguiendo narrar una historia fascinante, sólida y poderosa. La crónica de un grupo de ocho adolescentes miembros de una guerrilla paramilitar en una recóndita e indeterminada jungla latinoamericana (probablemente queriendo representar a Colombia pero en realidad no se específica el marco geográfico de la historia como tampoco el móvil exacto de la guerrilla) que lidian con el fanatismo, la confusión mental de la pubertad y la adolescencia, la obediencia militar y sus propios sentimientos es algo más que un relato sobre la pérdida de la inocencia, es una disección de los sentimientos humanos y la maduración personal en un entorno algo más que extremo, casi mortal e infernal. Unas criaturas que han interiorizado que la violencia es su único modo de vida y su forma de actuar tratan a duras penas de ser niños humanos en un ambiente salvaje y fanático. En ese sentido, los muy jóvenes intérpretes resultan totalmente creíbles en este imponente fresco que entre el naturalismo y el simbolismo con pinceladas equívocas de realismo mágico atrapa al espectador enfrentándole con sentimientos extremos. Con elementos cinematográficos y literarios de Akira Kurosawa, Joseph Conrad, Perez-Reverte, Coppola, el binomio Jodorowsky-Arrabal y sobre todo William Golding a cuyo Lord of the Flies se homenajea, pese a irregularidades varias la película resulta una pequeña gema que puede convertirse en filme de culto.


Los ocho chavales guerrilleros mantienen secuestrada a una ingeniera norteamericana, la doctora (Julianne Nicholson) mientras esperan pacientemente las órdenes de sus superiores, se entrenan militarmente, luchan cainitamente entre ellos, se odian, se enamoran y en definitiva viven un sórdido y forzado crecimiento personal aunque algunos se resisten a perder la inocencia y la bondad. El reparto funciona a las mil maravillas con sus jóvenes intérpretes más que brillantes y muchos enfrentándose a difíciles escenas de drama, muerte y violencia. El más conocido de los Monos del comando es Moisés Arias (que encarna al líder Patagrande), establecido en USA y conocido por sus intervenciones en Disney Chanel, pero el resto del reparto teenager -en total cinco chicos y tres chicas-  hace también interpretaciones memorables, en especial el más pequeño Deiby Rueda como Pitufo, un crío que es el primero en sentir remordimientos sobre sus acciones, Karen Quintero como Leidy, que encarna uno de los dos puntos de vista femeninos y con un papel significativo, y Sofía Buenaventura encarnando magistralmente un papel masculino, Rambo, otro de los chavales más pequeños. Escenas Impactantes, momentos oníricos y ambigüos que muestran lo irreal pero cierto de la situación y secuencias de alta tensión dramática - en especial las relativas a los avatares de la gringa secuestrada, quien llega a ejercer de inesperada catalizadora moral de los chicos- engrandecen una película con muchísimos matices y que ha supuesto una garata sorpresa para nuestras pantallas.

lunes, febrero 24, 2020

VIDA OCULTA (A HIDDEN LIFE)




**** y 1/2

Ha sido toda una bendición para cualquier cinéfilo el regreso de Terrence Malick a la dirección - de eso hace ahora más de 20 años con La Delgada Línea Roja (1998)- y su decisión de convertirse en un realizador con periodicidad de rodajes más regular en comparación con su primera etapa en donde las sublimes Malas Tierras (1973) y Días del Cielo (1978) fueron las dos únicas películas que precedieron a la mencionada al principio. Porque con A Hidden Life, Malik ha demostrado una vez más su completo dominio del medio cinematográfico, su condición de autor con mayúsculas y lo que resulta más llamativo, el hecho de que sigue siendo uno de los mejores directores vivos del mundo. Capaz de saltar en sus películas a cualquier coordenada en el continuo espacio-tiempo y con total credibilidad, en esta ocasión Malick se asoma a Europa y concretamente a la Austria de la II Guerra Mundial (anexionada en aquel entonces a la convulsa Alemania nazi) para contar una historia de conciencia y lucha por las convicciones personales desde el prisma introspectivo e intimista imbuido de cierto halo poético que el cineasta acostumbra a usar en sus filmes del siglo XXI. El resultado es una película muy bella y deslumbrante en donde los sentimientos, explicados o intuidos, son los protagonistas y en donde se sujeta toda la trama, la del conflicto interior del campesino austriaco Franz Jägerstätter (August Diehl) que firme en sus convicciones éticas y religiosas decide no alistarse en el ejército nazi alemán y por ello es encarcelado mientras que su familia sufre el hipócrita rechazo del resto de habitantes de la aldea en la montaña y él se enfrenta a un futuro muy negro por desertor.  


Rodada en Austria en coproducción con Alemania, con un reparto de intérpretes germanohablantes y hablado en inglés y en la lengua de Goethe (en la versión doblada en España sólo se dobla la parte inglesa) A Hidden Life es una película tanto de sentimientos como de ideas y en donde el elemento espiritual y religioso ya explotado por Terrence Malick en otras ocasiones está omnipresente, esta vez en su vertiente cristiana católica y con un tono antropológico que el director aplica con maestría: la aldea y el paisaje montañoso austriaco están retratados con una supina belleza pictórica y un cuidado realismo que hace que nos traslademos allí de cuerpo presente, algo en lo que también colaboran el vestuario y dirección artística.  Los silencios, las secuencias ralentizadas, los peculiares flashbacks, todo está dispuesto con perfección relojera y a disposición de la emotividad y la voluntad de conmover al espectador con un drama más que psicológico. La simbiosis entre un soberbio August Diehl y Valerie Pachner, que interpreta a Fani la mujer de Franz, es total y regala elementos dramáticos deslumbrantes. Puede que su excesiva duración- 3 horas- y su lento desarrollo se hagan incómodos para el espectador, pero como experiencia cinematográfica merece completamente la pena. Que grande es Terrence Malick.


domingo, febrero 16, 2020

EL ESCÁNDALO (BOMBSHELL)



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No es ninguna nueva noticia que en la industria de Hollywood el cine denuncia no sea nada más que una ramificación del cine espectáculo pero siempre es bienvenido un filme que se atreve a plasmar con nombres y apellidos reales injusticias y abusos cometidos hace relativamente poco tiempo. En ese sentido, lo que logra Bombshell es precisamente mostrar como una poderosa cadena de televisión (y de carácter marcadamente conservador) como es la Fox News- filial de Twentieth Century Fox- durante buena parte de los 2000  y 2010 desarrolló una política coaccionadora y censora ante muchos de sus profesionales estrella, llevó a cabo practicas machistas y discriminatorias (incluyendo acoso sexual) con muchas de sus trabajadoras e instauró una política en sus informativos sectaria y favorecedora hacia personajes como Trump  por obra y gracia del presidente de Fox News Roger Ailes, interpretado en esta cinta por un irreconocible John Lighthow- no en vano la película ha conquistado el Oscar al mejor maquillaje- quien hace un mas que correcto trabajo como un viejo poderoso que finalmente cayó de su puesto por acosador sexual aunque el protagonismo en la historia es para unas esforzadas Charlize Theron como la periodista Megyn Kelly, Nicole Kidman como su compañera en la Fox Gretchen Carlson, y Margot Robbie como la joven Kayla Pospisil, un personaje en esta ocasión ficticio inspirado en varias periodistas noveles que trabajaron en la cadena  en la época en la que se desarrolla la historia.



Bombshell tiene como pega que tal vez siguiendo el hecho de que se desarrolla dentro de los entresijos de una cadena televisiva especializada en noticias se entrega a un desarrollo y puesta en escena demasiado de pequeña pantalla, aunque es un acierto el calculado reparto de protagonismo entre sus principales personajes femeninos, siendo el de Megyn Kelly el que vertebra la acción y el de Carlson el que enciende la mecha con su acusación de acoso sexual a Alies, acusaciones que se extenderán  por parte de otras mujeres trabajadoras de la cadena con Posposil como muestra paradigmática de lo que tenía que hacer una chica nueva en la Fox para conseguir aprobación. Ciertamente el director Jay Roach, conocido principalmente por sus comedias alocadas -aunque en Trumbo (2015) demostró habilidad con su cambio de registro hacia el cine político- se ha esforzado en hacer una crónica lo más completa posible del caso aunque el guión no arriesgue más allá de lo previsible y se heche en falta un mayor sentido crítico hacia todos los trejemanejes de la Fox (que son muchos) más allá de los abusos de su presidente o de su boicot hacia presentadores más progresistas. Con todo, como film denuncia cumple con las expectativas y además no aburre en ningún momento.

domingo, febrero 09, 2020

ARA MALIKIAN, UNA VIDA ENTRE LAS CUERDAS


 
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El Goya 2019 a la mejor película documental es la increíble historia de un hombre, un artista que sorteó mil obstáculos para llegar a ser alguien grande en su campo y que tras años y años de trabajo, de estar en segundos y terceros planos y de luchar contra las convenciones de la industria musical y contra prejuicios de todo tipo ha logrado ser una inesperada estrella pese a lo a priori minoritario de la música clásica. Ara Malikian (Beirut, 1968) violinista libanés de origen armenio ha encontrado en España desde mediados de los 90 la estabilidad artística y personal después de una azarosa historia que le llevó del Líbano a Alemania cuando apenas era un adolescente y de allí o otros lugares de Europa para instalarse definitivamente en Madrid donde de concertino de la Orquesta Sinfónica de Madrid- y tras haber ganado antes numerosos concursos de violín internacionales- pasó a ser en los 2000 una superestrella virtuosa del violín mezclando el clasicismo, el folk y el pop rock y todo ello con una enérgica puesta en escena. Nata Moreno, actriz y esposa de Malikian debuta en el largometraje con este documental sobre al vida de su marido, preparada y rodada durante seis años y con la ayuda de una cantidad ingente de material audiovisual aportado por el propio Ara y su familia, recopilado durante varios año y el resultado ha sido una película potente y conmovedora que sin ser necesariamente una crónica detallada y sucinta y ni de tener ínfulas de documental de autor cumple con más que solvencia su función: la de mostrar una historia de superación personal en done el amor al arte de la música y la lucha por unos ideales resultaron clave para romper barreras de todo tipo.


Moreno se esfuerza por mostrar el lado más humano de su marido a través de su sorprendente peripecia vital que empieza en un país de oriente medio eternamente en guerra y perteneciendo a una minoría étnica dentro de dicho estado cuyas penurias a través de la historia han sido numerosas. Las entrevistas con Ara Malikian, en las que desgrana sus recuerdos, ocupan vertebran el metraje pero todo el devenir de la película no se hubiese podio completar sin el testimonio de otras personas allegadas ni las imágenes de la vida del músico las cuales ilustran  austera pero certeramente todo lo que se nos está contando incluyendo todos los mensajes y enseñanzas sacadas de dichos acontecimientos. Porque este es un documental en que la imagen, la palabra y la música van íntimamente unidos y el resultado final no ha podido ser más inmejorable. Una prueba de que el cine puede cumplir una función de cronista de la realidad de una manera más perfecta que cualquier otro medio.  


miércoles, enero 29, 2020

JOJO RABBITT






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Hacer chanza de cosas muy series es un ejercicio que bien llevado puede deparar resultados sorprendentes e inesperados dentro del humor. Y esto es lo que consigue esta pequeña y curiosa obra maestra basada en una novela de Christine Leunens dirigida por el director y actor neozelandés Taika Waititi quien sin obviar aspectos de drama ofrece una historia surrealista, tierna, amarga, irónica y sobre todo muy bien narrada. Con elementos de Monty Python, los cómics de Charlie Brown, los hermanos Coen más irónicos, Wes Anderson, los cartoons, y por supuesto el To Be or Not to Be de Ernest Lubitch estamos ante una sátira más o menos blanca del nazismo en donde se demuestra una vez más que un gran antídoto frente a la tragedia es la risa, en este caso matizada con un sentido de la crítica-denuncia histórica y todo lo que acarrea el contar una historia de guerra y barbarie a través de ojos de un niño, su protagonista Jojo. Una película que resulta entrañable y que sabe dosificar su humor inteligente en medio de momentos de alto contenido dramático.

En los últimos años de la II Guerra Mundial el pequeño alemán de 11 años Johannes Bletzer, apodado Jojo (Roman Griffin Davies, un descubrimiento) se une a las Juventudes Hitlerianas y asiste a uno de sus esperpénticos campamentos. Lleno de idealismo y con una imaginación desbordante Jojo tiene a Htler como héroe y amigo imaginario y se le “aparece” en momentos con consejos no muy nazis pero igualmente majaras (el propio Taika Waititi da vida a un descacharrante führer-clown con momentos hilarantes) al tiempo resulta inocente e impulsivo y es blanco de burlas de sus compañeros y de los instructores del campamento  y de las Juventudes. Su verdadero amor es su madre, Rosie (Scarlet Johannson) quien secretamente lucha contra el nazismo y esconde a en su casa a Elsa (Thomasin McKenzie), una adolescente judía. Jojo, desorientado por lo absurdo que se está volviendo el final de la guerra y el comportamiento de los adultos descubra a Elsa y con ella el amor y que los judíos también son seres humanos, cuestionándose entonces las enseñanzas nacionalsocialistas que con tan inocente ahínco abrazó. Obviamente esta es una historia sobre el final de la inocencia pero narrada de manera sui géneris y en donde el humor surrealista y absurdo presente en toda la película nos recuerda lo absurdo de la guerra y del totalitarismo con personajes algunos serios y otros caricaturescos (el capitán con tendencias drag queen que interpreta Sam Rockwell es también impagable) y un tono tan gamberro como cuerdo y amable. Una brillante fotografía de inspiración cómic a cargo de Mihai Malaimare y una puesta en escena granguiñolesca pero contenida en donde además de ingeniosos diálogos abunda el gag visual realzan un más que interesante película para todos los públicos.

jueves, enero 23, 2020

1917





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Resulta sorprendente que un filme de estas características este siendo un Blockbuster en taquilla. Aunque esta claro que estamos ante una obra maestra que por ahora constituye lo mejor de la cinematografía de ese superdotado cineasta que es Sam Mendes no es este precisamente un film muy comercial: una cinta bélica, ambientada concretamente en la I Guerra Mundial, rodada insólitamente en teórico plano secuencia, con escasas escenas de acción, narrada a tiempo real, nada de efectos especiales cargantes (los esperables sin embargo en el cine de guerra) y sin estrellas de relumbrón. Estamos ante un loable ejercicio de realización con cierto tono experimental aunque con orientación mainstream que el director consigue saldar con solvencia y maestría ofreciendo una historia en lo que más destaca es precisamente su condición de drama en toda regla. Mendes bebe estilísticamente del Kubrick de Senderos de Gloria, de Sam Peckimpah, de Coppola y por que no, de John Ford (vaya referencias magistrales) y discursivamente del antibelicismo de Dalton Trumbo y de una vez más, de Stanley Kubrick, para firmar una película bélica donde el clasicismo cinematográfico se funde con una desmitificación estilística contemporánea del género todo ello marcado por una manifestación de repulsa a los desastres de la guerra. El estilo documental y verista no falta en este filme en donde el espectador asiste casi en primera persona gracias a un plano secuencia que en realidad no es tal (las habilidades del montaje ha hecho que lo parezca ya que sería imposible dirigir un filme así) a las tribulaciones de dos cabos del ejército inglés que en el frente francés contra Alemania deben llevar un importante mensaje al  coronel de un batallón británico que pretende atacar a los alemanes ignorando que estos les van a tender una emboscada que puede costar muchas vidas entre los ingleses. Una carrera desesperada es la que tiene que vivir los jóvenes cabos Schofield (George McKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) luchando contra el tiempo, contra los alemanes, y contra sus propios miedos penetrando en tierra de nadie cerca de las líneas enemigas.


Un filme así requiere de un esfuerzo técnico enorme y Sam Mendes ha conseguido que todo funcione a la perfección ofreciéndonos un espectáculo deslumbrante. Crudeza, realismo, melodrama y sobre todo una visión realista de la guerra realzada por un diseño de producción más que excelente que supone todo un retroceso en el tiempo hacia la Gran Guerra. Los dos jóvenes protagonistas han hecho un trabajo excepcional en todos los planos, incluido el físico, secundados por intérpretes británicos más conocidos como son Colin Firth, Mark Strong o Benedict Cumberbatch cada uno apareciendo en los tres momentos angulares del filme (inicio, mitad y final) además de significativos otorgando una curiosa estructura a la historia. Puede que gran parte del público haya creído que va a ver otra cosa ya que se ha dicho que este filme es deudor de la puesta en escena del videojuego pero bienvenida sea una audiencia más joven que por fin tiene contacto con el cine con mayúsculas. Una joya que es seria aspirante a ser triunfadora en los Oscar.   


domingo, enero 19, 2020

EL OFICIAL Y EL ESPÍA (J’ACCUSE)



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No hay quien pare al viejo Roman Polanski. Aunque su figura no hace mucho volvió a salir negativamente a la palestra e incluso se ha generado una campaña en contra del realizador, más basada en conocidos asuntos del pasado que en la veracidad de las últimas acusaciones vertidas hacia él, el casi nonagenario Polanski sigue rodando y haciendo excelentes películas con oficio y maestría. Vuelve a rodar íntegramente en francés- algo que en los últimos 50 años solo había hecho en 2012 con la fallida La Venus de las Pieles- y con cierto interés autobiográfico se acerca a uno de los episodios de la Historia más polémicos y apasionantes de cuantos ha habido: el affaire Dreyfus. Aquella acusación, juicio y encarcelamiento del capitán Alfred Dreyfus por supuesta traición al suministrar información militar secreta a los alemanes en 1895 es una piedra angular de la historia contemporánea en cuanto a su condición de ejemplo de lucha contra la injusticia y la corrupción del poder establecido así como muestra de un proceso y linchamiento injusto contra una persona en la que influyo el secular antisemitismo de la Europa de la época. Un caso que dividió a Francia y a Europa y al que el cine y la televisión ya se han aproximado en incontables ocasiones desde los mismísimos inicios del séptimo arte con Meliès, no aportando nada nuevo ni excesivamente personal en el aspecto artístico en esta nueva revisión de Polanski pero sin duda el un enorme buen hacer de esta película en todos los sentidos (ambientación, guión, interpretación) convierten a este nuevo J’Acusse  en una de las mejores versiones en imagen del Caso Dreyfus. Y naturalmente, Roman Polanski, no ha dudado en establecer un paralelismo de uno de los más largos y procesos judiciales de la historia con su propia crónica en los tribunales aunque esto cae en realidad en el terreno de la anécdota.

La habilidad de Polanski dirigiendo filmes de época está patente en esta cinta en donde nos vemos literalmente transportados a la Francia de finales del XIX y principios del XX  con una puesta en escena de capacidad milimétrica. La narración como en otras adaptaciones del asunto está centrada en la figura crucial del comandante Georges Picqart al que la vida el versátil Jean Dujardin (The Artist) en lugar de en propio Dreyfus encarnado esta vez por el últimamente omnipresente Louis Garrel, y su descripción a lo largo de los más de 6 años en los que transcurre el filme es detallada, apasionante y con las mediad dosis de drama, épica, denuncia e intriga con poco espacio para el siempre tedioso cine de juicios y con más cancha al drama personal de Picqart, un brillante oficial que tras haber sido ascendido dentro del ministerio de la guerra francés se vio en la tesitura de ir contra aquellos que habían confiado en él y arruinar su carrera al defender la inocencia de un hombre acusado injustamente al que miembros del ejercito y algunos políticos de las altas esferas habían urdido un plan para acusarle injustamente de un crimen que no cometió. Los poderes del ejército y la política contra la figura más o menos justiciera de Picqart (los poderosos contra los ciudadanos) es el leiv motiv de este filme que también se escora aunque no muy directamente a la denuncia de la corrupción política  aunque lo que más destaca es su capacidad de convertir el episodio histórico en un relato apasionante y absorbente desde el punto de vista de la ficción con momentos muy intensos. Eso si, tal vez se echa en falta una aproximación a la división social que ocasionó en Francia dicho proceso aunque el fin de la película era contar los pormenores de la historia y siempre desde la visión de un personaje. Puede que El Oficial y el Espía se trate de la mejor película de Polanski de los últimos años.