martes, junio 20, 2017

EL CASO SLOANE (MISS SLOANE)





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Siempre ha habido épocas en las que el thriller político se prestaba más por las peculariedades coyunturales de la situación internacional, y esta década de 2010 en donde la globalización ha producido muchos daños colaterales en interminables ámbitos y escalas, no es una excepción. Pero lo malo es que la creatividad cinematográfica y el sentido del riesgo en el cine actual no están en niveles excelsos que digamos  y no digamos ya cuando se puede insertar el elemento denuncia, algo que en otra época regaló no pocos thrillers políticos de este tipo más que interesantes: simplemente, se recurre al cliché de lo supuestamente políticamente correcto y ya está. De todo esto es lo que peca Miss Sloane, una película que sin embargo no debe caer en saco roto por su excelente guión, sus cuidadas interpretaciones y su tino a la hora de retratar la enorme confusión y ambigüedad ideológica y ética de cierta nueva clase política y empresarial condicionada por sus propios intereses personales y vendida a la refulgencia del dinero y siempre al servicio, directo o indirecto, consciente o inconsciente, de lobbys y grandes corporaciones. El personaje que da nombre al filme, Elizabeth Sloane, aparece un paradigma de la nueva praxis de los lobbys recurrentes en el mundo de la política en EEUU: una persona joven ambiciosa, sin límites profesionales, dispuesta a cambiar de principios y cambiar de chaqueta ideológica pisando a todo el que tenga delante y maniobrando de manera oscura e ilegal con tal de conseguir su objetivo. Si a ello añadimos que es mujer, solitaria y volcada con su trabajo tenemos ante nosotros a un personaje tan jugoso como poco empático para el público si bien  cumple con creces su rol de antiheroína del siglo XXI, algo a lo que contribuye decisivamente la esforzada interpretación de Jessica Chastain.            

John Madden, un director más efectista que otra cosa, dirige con oficio pero de manera rutinaria una película inteligente y hábil que no logra sin embargo atrapar como debiera al espectador por culpa de su poco estimulante puesta en escena. Sloane, una asesora política ambigua y con diferentes caras, se introduce en el eterno debate norteamericano de los límites la legalidad de las armas jugando a varias bandas y tocando las narices a compañeros, superiores y políticos rompiendo todos los límites de la ética, algo en lo que juega un papel fundamental el mundo de la tenencia de armas en EEUU y sus concomitancias morales y sociales. Su supuesta evolución ideológica y moral y sus consecuencias a varios niveles es lo que estructura esta película que muchas veces se pierde en unos giros e impulsos argumentales deficientemente estructurados y en una estructura narrativa de flashback que aporta más bien poco, algo que sin embargo no impide que el filme cumpla su función. Al final, da la sensación de estar ante una película esforzada y honesta pero lastrada por concesiones comerciales (un elemento thriller nada novedoso) y una falta de sentido del riesgo.

lunes, junio 12, 2017

LA PROMESA (THE PROMISE)





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El genocidio del pueblo armenio bien merecía una película honesta y con hondura dramática como esta coproducción entre USA, España y Portugal, un muy bien  narrado filme histórico que si bien se escora demasiado al melodrama más convencional en ningún momento pierde la compostura que se le presupone a una buena película y cumple con creces su misión de ilustrar y denunciar una injusticia histórica. El norirlandés Terry George, director de Hotel Ruanda (2004) y guionista de En el nombre del Padre (1994), escribe y dirige con su habitual aplomo a la hora de contar dramas históricos una película que pese a varias irregularidades se impone en todo momento con un filme más que aceptable.
                                                                                                   
Ambientada en los albores de la I Guerra Mundial, la historia arranca en el sur de un decadente un joven armenio, Mikael (Oscar Isaac) desea viajar a Constantinopla, la capital del Imperio, para estudiar medicina en medio de de un ambiente prebélico con Imperio Otomano (en una zona más o menos equivalente a la actual Armenia) en donde los turcos otomanos dispuestos a apoyar a los alemanes en una más que posible contienda europea y ansiosos de aprovechar la confusión para quitarse de en medio a minorías históricamente molestas como los armenios.  En la capital turca, hospedado en la casa de sus tíos, conocerá a Ana (Charlotte Le Bon), una institutriz armenia residente en Paría y a un avispado periodista norteamericano, Chris Myers (Christian Bale). Con el estallido del la contienda en 1914, Mikael es testigo de los arrestos, las deportaciones y los asesinatos que los turcos acometen contra la minoría armenia y ve con horror como todo su mundo se tambalea y sus seres queridos sufren, al tiempo que trata de huir desesperadamente sin poder consolidar una relación con Ana, de la que está enamorado aún estando prometido en un matrimonio de conveniencia en su aldea natal. Situaciones de auténtica angustia presentadas con realismo y crudeza con más estilismo humanista que bélico se suceden en medio de una espectacular puesta en escena con una perfecta ambientación y vestuario y una suntuosa fotografía de Javier Aguirresarobe remarcando los bellos y áridos parajes naturales montañosos de Armenia y todo el encanto del Estambul-Contantinopla de principios del siglo XX. Los momentos de nudo en la garganta, que son varios, no son en absoluto gratuitos y lo que hacen es recalcar la hondura de una injusticia. La interpretación de Oscar Isaac es excelente y supera a la de un correcto Christian Bale, que aquí representa a la imposible imparcialidad internacional tornada necesariamente en horror ante lo observado. Decir que en el reparto se encuentran varios intérpretes españoles o afincados en España en papeles secundarios o episódicos como Alicia Borrachero (como la tía del protagonista, el papel más extenso para una actriz española), Daniel Jiménez-Cacho o Abel Folk, dentro de un reparto plagado de actores procedentes de oriente medio o de origen armenio, además de otros europeos como Jean Reno, que tiene un papel anecdótico. Para amantes de dramas históricos bien contados.

martes, junio 06, 2017

DÉJAME SALIR (GET OUT)




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Ha sido un taquillazo en EEUU el debut como director del cómico afroamericano Jordan Peele- bastante célebre en su país- que en lugar de hacer una comedia como todo el mundo esperaba ha escrito y dirigido (y no aparece como actor) una curiosa cinta de terror psicológico con un punto de crítica histórico-social bastante irónico que de alguna manera supone un tirón de orejas a ciertos tópicos sobre la población afroamericana que aunque parezca mentira aún existen entre la sociedad estadounidense. El problema es que el público lamentablemente se quedará con el elemento terrorífico y de suspense- excelentemente trazado, dicho sea de paso- y a penas dará la importancia merecida a un retorcido y simbólico análisis de las relaciones  a lo largo de la historia (o en el momento actual, que prácticamente viene a ser lo mismo) entre los blancos y los negros norteamericanos y todo ese elemento de amor-odio que siempre ha subyacido. Una historia tan mordaz y crítica como turbadora y asombrosa que el director, un valor a tener en cuenta, sabe presentar como una autentica pesadilla siempre focalizándose en el personaje del protagonista, encarnado por Daniel Kaluuya, y dejando que el espectador se  meta en los zapatos del personaje viviendo su angustia, su incertidumbre  y finalmente su sentimiento cercano a la locura ante una situación verdaderamente inesperada y alucinante. Hitchcock, David Lynch o el Roman Polanski de La Semilla del Diablo son las referencias en las que se mueve esta película que pese a querer ser un filme de terror psicológico más autoral que comercial en no pocas ocasiones cae en tópicos del género de los últimos años -como los sustos fáciles- lo que de alguna manera termina lastrando las pretensiones de una película que podía llegar a ser una obra maestra del género si no fuese por esos innecesarios insertos palomiteros.

Chris (Daniel Kaluuya), fotógrafo de profesión y en alza, se dispone a pasar unos días en la mansión de la rica familia de su novia blanca, Rose (Allison Williams). Sus futuros suegros no parecen tener prejuicios raciales y parecen un matrimonio encantador, pero haya algunos detalles que a Chris le parecen inquietantes, como el hecho de que el servicio doméstico de su familia política esté formado por un hombre y una mujer negros con un comportamiento desconcertante y unos modales y aspecto  bastante anticuados y que casi todos los vecinos de la rica urbanización sean Wasps demasiado atentos con él. La hipnosis a la que le somete su futura suegra para aparentemente dejar de fumar parece tener otro propósito y pronto el joven se dará cuenta del extraño mundo en el que se ha metido. Con algunas secuencias sobrecogedoras y momentos de verdadera tensión la película cumple con creces su propósito de ofrecer terror psicológico trabajado e inteligente, más echando mano de algunas creencias del inconsciente popular (americano) que del psicoanálisis de su protagonista pero al fin y al cabo con un resultado convincente. Aunque lo mejor es que  más que ser una película para “pasar miedo” es una película para reflexionar sobre algunos aspectos de la realidad de un país.    

jueves, junio 01, 2017

ALIEN: COVENANT



 
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La resurrección de la franquicia Alien con su creador Ridley Scott como abanderado del nuevo proyecto no está resultando. Ya hace cinco años Prometheus, sin ser un filme de ciencia ficción deficiente no alcanzó los niveles que se le presuponían a una precuela de Alien, ahogada en una ridícula pretenciosidad filosófica a veces metida con calzador que en esta continuación de aquella- y de nuevo, otra precuela de la película original- curiosamente se diluye para caer malamente en un filme de terror y acción más que si bien sabe homenajear con todas sus concomitancias estilísticas, narrativas y mitológicas al siempre sugerente concepto original de la bestia extraterrestre cuyo única vía de expresión vital es la depredación, no consigue ser nada que haga justicia a aquel gran clásico del cine de terror y fantástico que fue Alien El Octavo Pasajero. Por si fuera poco, gran parte de los conceptos más originales y atractivos de Prometheus, los concernientes a los alienígenas gigantes humanoides conocidos como Ingenieros aquí apenas pasan advertidos. Ridley Scott, hiperactivo últimamente a sus 80 años, parece estar convencido de que filmando un filme tras otro su prestigio se mantiene. Pues no. Mejor no hacer memoria para no recapitular que películas de Scott de los últimos 15 años son grandes películas.

Aunque al igual que en Prometheus nos encontramos ante un descomunal esfuerzo de diseño de producción y una estética que homenajea muy bien a la iconografía del desaparecido H.R Giger, el creador visual del extraterrestre, otra vez la historia echa mano del pastiche, el autoplagio y el remix  y en ese sentido la sensación de deja vú es constante. Aunque teóricamente esta historia debería enlazar directamente con el primer Alien, da toda la sensación de que aún queda un eslabón por contar y el fan de la saga se sentirá un tanto confuso. Pese a la espectacularidad de los efectos especiales y el amplio muestrario de variaciones del alien anteriores a su legendaria encarnación- muy bien resueltas y también curiosa aunque un tanto vaga y contradictoria la ilustración de su proceso evolutivo – un guión poco apasionante y sin verdadero factor sorpresa se encarga en hacer caer a esta Alien: Covenant en la mediocridad, algo a lo que contribuye un reparto que actúa de la manera más rutinaria posible: si la tripulación del Nostromo levantase la cabeza. Solo Michael Fassbender, el único que repite de la anterior entregajunto con el fugaz Guy Pearce, se encuentra a la altura de las circunstancias esta vez como auténtico protagonista de la historia en un más que logrado doble papel como David, el androide que vimos sobrevivir en Prometheus, y Walter, una nueva versión del mismo que capitanea el viaje de hibernación de la nave Covenant, en donde 15 tripulantes, 2000 colonos de ambos sexos y varios millares de embriones se encuentran realizando un viaje de varios años para colonizar el planeta Origae-6. James Franco, Billy Crudup y Katherine Waterston como una nueva heroína femenina hacen lo que pueden como algunas de las potenciales víctimas de los xenomorfos, pero la credibilidad casi brilla por su ausencia. Como en casi toda la película.

lunes, mayo 29, 2017

Z LA CIUDAD PERDIDA (THE LOST CITY OF Z)






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Trata de parecer un intento de recuperar el cine de aventuras exóticas esta esforzada producción basada en acontecimientos reales históricos pero podemos decir que en realidad estamos ante un drama con trasfondo psicológico y épico cuyo mensaje es tan claro como poco confortante: el idealismo a veces puede ser fatal y adentrarse en lo desconocido casi siempre trae funestas consecuencias. La historia de Percy Fawcett (1867- supuestamente 1925), geógrafo y explorador británico que dedicó gran pare de su vida a buscar en la selva brasileña un supuestamente existente ciudad perdida que él llamó Z, repleta de oro y riquezas al estilo de El Dorado. El escasamente conocido Charlie Hunnan da vida con firmeza y credibilidad al explorador, un prototipo de aventurero de la época del colonialismo cuyo afán de encontrar todo tipo de riqueza en lejanas y exóticas tierras era común entre muchos geógrafos, políticos, científicos y empresarios de principios del siglo XX. Con una suntuosa fotografía que brilla especialmente en las escenas de la jungla y una puesta en escena cuidada y muy bien engarzada con el sentido de la narración que mezcla la épica y el drama personal, se perciben ecos de las epopeyas anticolonialistas de Joseph Conrad y un cierto tono de crónica antiheróica muy bien diseñada gracias al fascinante tratamiento que se hace de una figura tan inusual como al de Percy Fawcett, un hombre obcecado en su loca e imposible empresa que trataba desesperadamente de no descuidar a su familia aunque sus largas ausencias hacian de esto algo imposible.     

La segunda mitad del filme decae bastante y se echa en falta una culminación de la historia con algo más de chicha y menos desidia, ya que la caída en lugares comunes se hace demasiado evidente. La presencia en el reparto del jovencísimo Tom Holland (el inminente nuevo Spider-Man) como el hijo de Fawcett que a pesar del escepticismo termina embarcado en la larga y loca aventura de su padre y de una poco convincente Sienna Miller como la sufrida esposa del explorador aportan momentos de drama familiar desigualmente resueltos. Con todo, siempre es gratificante que hoy en día se sigan haciendo películas como esta aunque no sean especialmente memorables.      

miércoles, mayo 10, 2017

GUARDIANES DE LA GALAXIA VOL.2 (GUARDIANS OF THE GALAXY, VOL2.)




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Con una gran expectación ha llegado la segunda parte de Los Guardianes de la Galaxia (2014), tal vez la mejor película hasta la fecha de Marvel Studios y singularmente, ya que el cómic en que se basaba esta película y la continuación que nos ocupa no se adscriben directamente al género de superhéroes propiamente dicho- santo y seña de Marvel Comics - sino en el de la ciencia ficción en su vertiente espacial aunque eso si con todos los elementos consabidos de acción desbordante. Esta segunda entrega, pese a seguir el tono más o menos iconoclasta, políticamente incorrecto y levemente gamberro de la anterior película, ha pinchado bastante y es que es posible que la fórmula ya de poco más de sí, aunque se siga agradeciendo ese curioso tono de homenaje a la cultura pop, que puede resultar a veces un tanto metido con calzador. El director James Gunn repite, así como el elenco de actores que da vida al peculiar grupo de héroes errantes espaciales dispuestos a proteger la galaxia de todo tipo de amenazas. Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Michael Rooker, Karen Gillan y las voces de Bradley Cooper y Vin Diesel dan vida de nuevo a los miembros (oficiales y no oficiales) de los Guardianes que en esta ocasión deben hacer frente a la amenaza que supone el propio padre del guardián semiterrestre Peter Quill alias Starlord (Chris Pratt), un ser de la especie casi divina de los celestiales que es en si un planeta paradisíaco, Ego, que puede tomar la apariencia corpórea de un ser humano, que aquí lleva los rasgos de un retornado Kurt Russell, del que se incluye una versión rejuvenecida por ordenador en algunas escenas del filme.  


Hay el consabido tono de comedia, interesantes insertos de aventura apocalíptica, ramalazos de western y aventura tradicional, personajes bizarros y muy atractivos en la línea de la mejor y más imaginativa ciencia ficción espacial y divertidos guiños de cultura popular de nuevo aderezados con la banda sonora de clásicos de los 60, 70 y 80 del walkman de Quill que esta vez incluyen a gente como Cat Stevens, Fleetwood Mac, Sweet o George Harrison; pero ya no hay apenas factor sorpresa y ni si quiera personajes hechos para meterse al público en el bolsillo como la versión bebé del árbol humano Groot llegan a cumplir al cien por cien su función. Al reparto no obstante se le nota entregado y divertido en una producción de lujo con efectos especiales deslumbrantes y un guión simple pero muy inteligentemente dispuesto y lleno de pasión por la acción que tras un comienzo algo flojo comienza a cobrar interés en la segunda mitad del metraje. Sylvester Stallone realiza un cameo como el mercenario Stakard Ogord, cuyo papel puede ampliarse en sucesivas entregas, y por supuesto vemos de nuevo al inefable Stan Lee en una de sus cada vez más absurdas intervenciones. Una película para los amantes de la evasión inteligente. 

jueves, mayo 04, 2017

LADY MACBETH



 
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Ha sido una sorpresa en los festivales (el Zinemaldia, por ejemplo) y la crítica está alabando en las últimas semanas esta magistral opera prima del británico William Olroyd, un director al que habrá que seguir ya que en este filme demuestra unas habilidades cinematográficas de veterano. Basada en la novela naturalista del ruso Nikolai Leskov Lady Macbeth del distrito Mtsenk (1865) que inspirándose en el mito de la sangrienta antiheroína shakespeariana escribió la historia de una muchacha que ante la desastrosa perspectiva de un matrimonio de conveniencia con un déspota terrateniente rural decide transgredir cualquier norma moral entregándose además al crímen- y que ya dio lugar a una adaptación de Andrej Wajda en 1962- , aunque en esta ocasión la acción se traslada a la Inglaterra victoriana en su entorno más campesino. Una adaptación magistralmente narrada y con un poder visual entre hipnótico y turbador y al fin al cabo altamente inquietante que para si quisieran muchas películas actuales de terror. No deja indiferente al espectador su atmósfera inquietante excepcionalmente lograda con una cuidada ambientación de época - una Inglaterra rural salvaje y caciquil- que recuerda en su verismo al Barry Lyndon de Kubrick y a no pocas representaciones pictóricas del realismo decimonónico en su vertiente más miserabilista y un tono de pesadilla tomado del David Lynch más perturbador. El resultado, una pequeña obra maestra que es de lo mejor que podemos encontrarnos en la cartelera actualmente.


La jovencísima Florence Pugh literalmente se come la película con su ambigua presencia interpretando a Katherine, una adolescente que pronto es consciente del infierno que le espera con un marido sexualmente  impotente. cruel y con un punto de sadismo (Paul Hilton), en un caserón opresivo en donde solo el personal del servicio doméstico - encarnado por la doncella Anna (Naomi Ackie)- parece tener algún poso de humanidad. Un embrutecido mozo de cuadra, Sebastián (Cosmo Jarvis), será el consuelo sexual y amoroso de Catherine y pronto cómplice de una pérfida venganza. La película se aprovecha de ciertas convenciones del thriller contemporáneo para ofrecer en realidad un filme de perversa hondura psicológica y moral además de un cierto mensaje feminista sobre la condición histórica de la mujer con una presentación digamos de lujo. Una película cien por cien recomendable. 

domingo, abril 30, 2017

STEFAN ZWEIG: ADIOS A EUROPA (VOR DER MORGENRÖTE)





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Un más que estupendo filme biográfico hecho con sumo cuidado en todos sus aspectos (ambientación, rigor histórico, guión inteligente, fiel a los acontecimientos y elaborado) y que pone de manifiesto que no es necesario caer en los clichés hollywoodienses de los biopics para realizar una obra que puede resultar enormemente interesante y apasionante. Y es que era necesario mantener un punto de vista cien por cien europeo para mostrarnos un pasaje fundamental en al vida de un escritor e intelectual de la significación del austriaco Stefan Zweig, figura clave en las letras germánicas del siglo XX y marcado por la persecución que sufrió durante la época del nazismo en Austria y Alemania por su condición de judío. Su exilio a partir de 1939 en Estados Unidos y sobre todo en Brasil- país donde gran parte del filme está rodado-  es lo que cuenta esta película que se desarrolla en los tres últimos años de la vida de Zweig, un hombre que terminó apesadumbrado y enormemente preocupado por el ascenso de al intolerancia y al barbarie en todo el mundo, representados por el nazismo y la II Guerra Mundial. Ni tan siquiera su exilio en un país tan exótico y extrañamente atractivo para él como era Brasil y el apoyo de sus amigos y familia logró borrar de él una depresión que le llevaría al suicidio. Josef Hader encarna magistralmente a Stefan Zweig en todos sus matices y se adueña totalmente de la película, una coproducción entre Austria, Alemania, Francia con reparto internacional y rodada en seis idiomas: alemán, inglés, portugués, español, francés e italiano, aunque no oigamos la lengua de Goethe ya que lógicamente esta doblada al castellano (no obstante personajes argentinos y de otros países hablan originalmente en español).

Combinando genialmente el drama psicológico y la crónica biográfica, la película triunfa en su intento de ofrecer una metáfora correlativa sobre el desarraigo personal y la decadencia de la moral humana representada por el odio entre los seres humanos y la guerra. Una puesta en escena magistral con diferentes ambientes muy bien presentados como escenarios nichos (el luminoso retiro en la jungla brasileña y las plantaciones de caña en Brasil, los ambientes urbanos académicos en ciudades como Buenos Aires y el ambiente de realismo decadente del exilio-reclusión estadounidense) y un guión nada moroso aunque puede que irregular en el ritmo potencian las virtudes del filme, en donde además de Hager destaca la interpetación de la gran Barbara Sukowa- la que fuera musa de Fassbinder- como Friderike, la atribulada esposa de Zweig, un personaje también con muchos matices. Y al final del filme, un mensaje claro y atemporal que resume muy bien la figura de un personaje como Stefan Zweig

martes, abril 25, 2017

ÚLTIMOS DÍAS EN LA HABANA





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El cine cubano estrenado en España desde los años 90 casi siempre ha tenido cierto carácter sociológico sobre la realidad de la isla caribeña en cada momento de los últimos años, algo que ha suscitado el interés siempre de muchos espectadores, algunos más dispuestos a encontrar valores y reafirmaciones ideológicas más que virtudes cinematográficas y otros ansiosos de encontrarse con turísticos clichés tamizados con el inevitable componente político social que para bien o para mal condiciona la producción artística de Cuba. Pasados ya en nuestro país los años de la cubamanía noventera que convirtió en éxitos de taquilla filmes tan poco comerciales (pero excelentes) como Fresa y Chocolate la incierta situación del país caribeño se quiera o no se ha convertido en un aliciente para comprobar como el oficioso género del cine realista cubano toca todos los cambios acaecidos en los últimos años en el país. Películas como esta Últimos Días en la Habana sin embargo no deben ser contempladas solo desde el punto de vista del cine digamos testimonial sino que deben ser alagadas por sus virtudes cinematográficas y narrativas que en este caso son bastantes. Un interesante y revelador fresco de la realidad de muchos cubanos a día de hoy presentado con una inteligente mezcla de drama y comedia con bastantes elementos- especialmente en los compases finales del filme- que se presentan novedosos y un tanto arriesgados en la coyuntura sociopolítica de la isla, todo ello realzado con una puesta en escena que combina a la perfección lo teatral con lo semidocuemental con un tono sobrio y naturalista.


Dos amigos de personalidades antagónicos son los protagonistas de la cinta dirigida con clase por Fernando Pérez: Miguel (Patricio Word) un hombre cercano a los 50 años sin oficio cuya obsesión es marcharse de La Habana e ir a vivir a Nueva Cork pasando el tiempo aprendiendo inglés por su cuenta y cuidando de su amigo Diego (Jorge Martínez) homosexual enfermo de SIDA cuyos días están contados pero que quiere vivir con felicidad y vitalidad su ocaso frente a la taciturnidad de Miguel, un hombre que parece carcomido por secretos de todo tipo. Sin que haya una historia narrativa dinámica y clara y en donde solo en la segunda mitad de la película con la aparición de personajes como la sobrina de Diego (Gabriela Ramos) -fiel reflejo de la percepción de la juventud cubana hoy día – la historia da ciertos giros y avances que la hacen reveladora, Últimos Días en la Habana se muestra como una película eficaz, solvente y emotiva que cumple a la perfección su función, que no es otra que presentarnos (con las matizaciones de autocensura que la situación política del país se supone que condiciona) el cacao en el que muchos cubanos viven a día de hoy, dubitativos y ambiguos (y un tanto desencantados) ante los principios de la revolución pero dispuestos a encarar su futuro con optimismo aunque este sea afrontado de múltiples y algunas un tanto inútiles maneras: desde adoptar usos y clichés capitalistas (aparición de tribus urbanas, gusto por la música rock, celebración de fiestas no hasta hace mucho prohibidas como la navidad o la repentina afición por un deporte casi desconocido en la isla como es el fútbol, con la gente luciendo camisetas del Real Madrid, el Barça o el United y discutiendo sobre balompié ) o soñar con un futuro de huída a otro país que puede que no reporte lo esperado. El personaje de Diego, reflejo de la consecuencia de afrontar los tabúes dentro de una sociedad con demasiadas prohibiciones y prejuicios y de la que él es victima aunque apenas sienta remordimientos, se antoja fundamental presidiendo un triángulo maldito y contradictorio con su sobrina y con Jorge. Película honesta de esas que deban verse para ampliar miras.