miércoles, agosto 09, 2017

DUNKERQUE (DUNKIRK)




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Christopher Nolan ha debutado con buen pie en el cine bélico-histórico con una historia ya llevada al cine en otras ocasiones  como es la batalla de Dunkerque, un insólito episodio de la II Guerra Mundial en el cual los ejércitos aliados fueron evacuados a mediados de 1940 en la playa de Dunkerque (Francia) ante el asedio y avance de las tropas alemanas. Aunque en esta ocasión Nolan no ha realizado una gran película sino más bien una obra correcta y sobre toda rodada con profesionalidad y oficio de excelente director, al menos ha logrado avanzar unos metros de la previsibilidad del cine bélico y ha conseguido un filme que no se deja contagiar con los convencionalismos del género ni por la comercialidad que va unida a las superproducciones históricas, un drama de personajes y situaciones que se presentan de forma realista y nada glamourosa consiguiendo una épica verista que resulta de agradecer en lugar de una posible pompa heróica mil veces vista. Con un reparto eficaz y una excelente puesta en escena que trata de reproducir fielmente el transcurso del acontecimiento bélico, tal vez la aridez de su guión y lo poco definidas que están las situaciones lastran el resultado final de lo que podría haber sido una gran película. No faltan sin embargo buenos momentos ni destellos de cine con mayúsculas en un conjunto esforzado pero desigual.

Un reparto coral e internacional consigue aportar lo que siempre se agradece en este tipo de cine: hondura humana, expresada a través de los miedos de los soldados que desean huir del frente, los temores y la mescal de ansiedad y esperanza de los civiles que con sus embarcaciones en la costa se ofrecen a ayudar a los militares, la decisión y también las dudas de de los combatientes en el frente de la batalla…un interesante catálogo de emociones en una situación límite que constituyen lo mejor de la película. Mark Rylance, Tom Hardy, Fion Whitehead, Aneurin Barnard, James D´Arcy, Harry Styles, Cillian Murphy o Kenneth Brannagh están más que correctos en sus respectivos papeles con el mensaje de que siempre los civiles serán las primeras víctimas en una guerra. El gran Hans Zimmer firma una Banda Sonora que es de lo más curioso y original que ha hecho en los últimos años. Una película para los que piensan que el cine de guerras puede ser algo más. 
 
 

domingo, julio 23, 2017

LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (WAR FOR THE PLANET OF THE APES)




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Prosigue la saga reboot de la franquicia El Planeta de Simios, que se inició en 2011 y quede momento se ha limitado a cumplir el expediente con tres películas que cuentan el ascenso de los simios y la caída de los humanos casi como una suerte de precuelas de  los míticos filmes de los 60 y 70 aunque como buen reboot alejándose en cierto grado de las premisas iniciales de aquella primera serie. Salvo la segunda y anterior entrega El Amanecer del Planeta de los Simios algo mejor que los otros dos filmes, estos nuevos simios están resultando tediosos, repetitivos y con justo o escaso atractivo. Todo lo que se había avanzado en la anterior película se diluye en esta con un guión flojo, vago y sin relieve y sin aquellas reflexiones antropológicas que aunque de manera más bien simple daban cierto lustre intelectual a la historia. Esta tercera entrega es un mal pastiche de cine bélico con una acción predecible y calcada de instantes anteriores de las otras dos películas pero sería injusto no reconocer buenos momentos sobre todo en las escenas donde el chimpancé Cesar (Andy Serkis mediante  motion capture), el líder de los emancipados simios, tiene protagonismo. No obstante, la reflexión del enfrentamiento simio-humano parece que ya se explotó en la anterior entrega y aquí sencillamente nos encontramos con un fallido drama de simiesco héroe trágico shakespeariano con bastantes clichés y con abundancia de escenas bélicas que nos recuerdan una vez más que en realidad estamos ante un mero filme comercial de acción.

No se puede reprochar nada a la dirección artística ni a los espectaculares efectos digitales que nos vuelve a traer una impresionante horda de chimpancés, gorilas y orangutanes que trata de defenderse y de prepararse para reinar el planeta tierra con los humanos extinguiéndose pero dispuestos a acabar con los simios, así como ciertos momentos de la película resultan logrados gracias a la utilización de una épica dramática un tanto de manual pero al fin y al cabo efectiva. Pero uno de los elementos más fallidos del filme- tal vez el que más- es la poca relevancia que se da a la historia de los humanos en el momento de la película, con un personaje el del Coronel (Woody Harrelson) que no aporta nada en realidad más que tics de villano barato y un antagonismo de tebeo con Cesar. Por no hablar del personaje de la niña humana (Amiah Miller) que se supone que tiene todas las papeletas para ser un personaje fundamental de la saga (si es que se continua) por su correspondencia con otro de la serie antigua, pero además de ser una desconcertante contradicción en su planteamiento, parece que casa muy mal con la temporalidad en la que se supone que está transcurriendo la saga, algo que se puede ver en la aparición de otros personajes que entroncan aparentemente con los míticos simios setenteros. Una pena que uan saga tan mítica de la ciencia ficción cinematográfica esté dando tan poco de si en su nueva encarnación, pero si algo hemos aprendido es que los remakes y reboots la mayor parte de las veces son inútiles. Y se empeñan en seguir haciéndolos, oye.

martes, julio 18, 2017

MAUDIE, EL COLOR DE LA VIDA (MAUDIE)



 
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Un curioso Biopic que no será excesivamente recordado ni hará una gran taquilla pero que no debería caer en saco roto ya que merece y con creces la atención del público. La no muy conocida figura de la pintora canadiense Maud Lewis (1903-1970), una mujer cuya obra pictórica naif, colorista y de inspiración popular obtuvo cierta fama en los 50 y 60 en El norte de EEUU y en Nueva Escocia (Canadá), contenía bastante valor cinematográfico por tratarse de una típica historia de superación personal tanto en el aspecto físico (Lewis pasó su vida gravemente enferma de una severa artritis reumatoide que la convirtió en prácticamente una discapacitada), como en el social (un entorno pobre y rural el de Nueva Escocia en donde la pesca era el principal modo de subsistencia) como en el personal (un matrimonio casi de conveniencia con un hombre simple y rudo que pese al rechazo inicial terminó sucumbiendo ante el encanto de Maud). Rodada en los bellos parajes costeros del sur de Canadá que se adueñan literalmente la película con un tempo narrativo muy sutil y matizado puesto al servicio de un realismo que consigue hacer creíble cada minuto del relato (independientemente a la fidelidad o no de la historia original), el filme no sería el mismo sin la participación de esa versátil actriz que es la británica Sally Hawkins, quien realiza un estupendo trabajo dando vida y emotividad a una mujer que nació para ser desgraciada pero que encontró la felicidad inesperadamente haciendo lo que más le gustaba y que además le permitió vivir de ello.

Con una puesta en escena austera pero reforzada por la excelente fotografía de Guy Godfree, Maudie es un canto a la vida que no cae ni en la pompa, ni el efectismo ni en la sensiblería y se limita con tino a ofrecer una obra realista que no se anda con remilgos en mostrar aspectos desagradables como las penurias de una grave enfermedad, el desprecio a las personas o incluso la violencia de género. Pese a todo, su ritmo un tanto mortecino y la excesiva supeditación de la historia prácticamente solo a dos personajes hacen que al película se pierda demasiadas veces en si misma cayendo en una reiteración que termina lastrando el conseguir mayores logros cinematográficos. No obstante, la química de Hawkins con Ethan Hawke, que interpreta excelentemente a Everett el tosco marido de Maud, esta muy bien conseguida y cumple muy bien su objetivo, que es el de mostrar como va evolucionando positivamente una relación que al principio se veía imposible. Puede que no esté mucho tiempo en cartelera, por lo que conviene verla cuanto antes a todos aquellos que deseen ver una historia bonita y diferente sin tampoco excesivas pretensiones.                   

miércoles, julio 12, 2017

VERANO 1993 (ESTIU 1993)





**** y 1/2        

Gran sorpresa el debut en el largo de la joven realizadora catalana Carla Simón, una película autobiográfica sobre un episodio de la vida de la directora que le marcó profundamente y que ha tenido la gentileza de compartirlo con nosotros en forma de un encantador y más que sugerente relato de maduración y de descripción-muestrario de sentimientos con la infancia como foco central. No se puede decir que haya una historia definida en esta película ya que lo que trata de trasmitir es la situación, las vivencias, las sensaciones y los sentimientos de su pequeña protagonista, Frida (Laia Artigas), trasunto de la propia directora: una niña de 7 años que acaba de perder a su madre, víctima de, además de haber fallecido su padre unos años antes, y que ahora pasa a la tutela-adopción de su tío Esteve (David Verdaguer), hermano de su madre fallecida, y de su tía Marga (Bruna Cusí), padres de Anna (Paula Robles), de cinco años. Es el verano del año de 1993 y Carla pasa los primeros momentos de su nueva vida en la masía de un pueblo de Girona donde residen sus tíos. La niña no parece haber asumido aún el duelo por la pérdida de su madre, acaecida solo unos días antes, y trata de adaptarse a sus nuevos padres ya su nueva hermana mientras explora un entorno, el rural y campestre, que para ella resulta desconocido y fascinante y en donde el recuerdo de su madre, vivido de una forma inocente y peculiar pero sin lágrimas, está siempre presente. La difícil adaptación de Carla y los problemas que crea a sus tíos y a su primita, con la que establece desde el primer momento una curiosa relación mezcla de complicidad fraternal y dominación egoísta al más puro estilo infantil, es lo que mueve la película en su mínima línea verdaderamente argumental ya que lo que aquí importa en realidad es el sentir de Carla y su mirada ante las cosas envuelta en una circunstancia demasiado extraña para ella como para exteriorizar algo.      

El Espíritu de la Colmena parece una cierta referencia a esta película en cuanto se trata de mostrar todos los entresijos y la complejidad de la mirada infantil, aunque aquí el tono eminentemente realista hace de este filme una cosa bien diferente al mítico largometraje de Víctor Erice. Con un reparto adulto de intérpretes de los circuitos catalanes algunos de ellos debutantes y el tono casi de improvisación del filme (rodado en catalán) en un espacio bastante restringido - la inmensa mayoría del metraje se desarrolla en la masía familiar- la película es un feliz ejercicio de cine verista muy adecuado al tono intimista y de concatenación de situaciones y anécdotas de enorme realismo, esta claro  la directora se ah propuesto reproducir esa parte de su infancia al más mínimo detalle y para ello ha recurrido a recursos muy bien resueltos que abarcan una escenificación casi exacta de las relaciones familiares en situaciones desagradables y límite (todos los parientes de Carla trasmiten total credibilidad y resultan identificables como diversas tipologías de familiares), una muy fiel representación de los comportamientos de la infancia, y sobre todo un estudio de la reacción de los niños ante la pérdida y ante la desgracia. En el extraje no contemplamos casi a una Carla triste, sino a una Carla curiosa, rebelde y con sentimientos encontrados que abarcan el miedo, la ira, el atrevimiento y el escapismo, trayendo siempre de cabeza a su tíos, unos seres que definitivamente la llegada de carla pese a las esperanzas iniciales termina desnortándoles y solo en ese momento asumirán la importancia de la pérdida de la madre de la niña y sus consecuencias. El momento catárquico final, vivido por la protagonista, ilustra perfectamente el resultado del devenir de todo lo que hemos visto hasta ese momento en Carla. La niña Laia Artigas está fascinante en su debut y consigue adueñarse totalmente de la película con una madurez y naturalidad desbordantes. También es de reseñar la actuación de la muy pequeña Paula Robles, con una credibilidad fastuosa. Ha sido un acierto estrenar esta película en toda España en VO subtitulada porque no quiero ni imaginar la chapuza que hubiesen hecho doblándola y en definitiva desproveyéndola de su trabajado naturalismo en los diálogos. Una pequeña joya que demuestra que hay nuevos cineastas con mucho, mucho que decir y que además se atreven con proyectos tan difíciles como este, que es la mejor película española en lo que llevamos de año.  
  

martes, julio 11, 2017

HERMANOS DEL VIENTO (BRÜDER IM WIND)





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Gerardo Olivares, un veterano director español que ha sido capaz de plasmar toda su experiencia como director de documentales en más que interesantes filmes de ficción ha vuelto a acertar en el filme que cierra una trilogía en la que el director andaluz ha mostrado su vena naturalista (forjada en algunos de sus documentales previos) en películas como Entrelobos (2010) o la aún reciente El faro de las Orcas (2016) en donde el mundo de los animales y su relación con los humanos cumple papel central. Menos brillante sin embargo que las películas anteriores, esta Hermanos del Viento – codirigida junto con el austriaco Otmar Penker en una producción de este país- ha supuesto un esfuerzo artístico y técnico de primer orden ya que ha sido rodada durante varios años en los Alpes austriacos con un concepto más eminentemente documental y por así decirlo, científico que los filmes anteriores y centrándose en gran media en la vida de los animales protagonistas, que en este caso son las águilas reales: La vida casi completa de un águila real, desde su nacimiento hasta su madurez está plasmada con enorme detalle incluyendo impresionantes escenas de cacería o vuelo, interacción con otros animales u humanos a través de espectaculares y bellísimas imágenes en donde la majestuosidad del paisaje alpino se muestra en su esplendor y es un personaje más. Pero, claro está, lo importante aquí es la historia de relación del animal con el ser humano y en este caso nuestra águila cumplirá un papel importantísimo en la vida de un muchacho de 12 años Lukas (Manuel Camacho, el inolvidable “niño salvaje” de Entrelobos) que vive en un cabaña perdida en Los Alpes junto con su padre Keller (Tobias Moretti), con el quien por alguna razón tiene una relación tensa y casi silenciosa. Una premisa, la de la soledad y el sentimiento de culpa y la redención y hallazgo de la felicidad del ser humano por medio del amor a un animal, que se resuelve de manera demasiado simbólica y enormemente simplista y fácil en lo que la historia de las personas se refiere al establecer el corazón de la película en los devenires del águila protagonista, que a su favor hay que decir que se presentan por medio de sus hermosas imágenes captadas de la naturaleza con una puesta en escena que parece casi de ficción: como si los animales en realidad estuviesen actuando 
                                                                                                               
Pese a lo demasiado sencillo de la historia, ya solo la espectacularidad visual del filme justifica el que sea considerado como un brillante espectáculo en donde el mensaje de que la amistad verdadera es capaz de todo es el leiv mitin con el que debemos quedarnos. La película consigue transmitirnos la devoción que siente el joven Lukas por su águila Abel, la cual rescata cuando casi era un polluelo después de que su hermano la expulsase del nido y todo mediante el evocador poder de las imágenes y de la naturaleza. Su excesivo esquematismo y su morosidad a la hora de culminar una épica que al final no aparece por ninguna parte pese a ciertas esperanzas en el arranque o lo poco que aportan en realidad personajes como el guardabosques que interpreta todo un Jean Reno impide que esta sea una gran película, pero las propias condiciones del rodaje y la extremadamente difícil, arriesgada y valiente premisa técnica del filme tampoco se prestaban para demasiadas filigranas: al final el resultado valorando todo es más que digno. Para amantes de la naturaleza.

domingo, julio 02, 2017

WONDER WOMAN




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Hacía falta que el últimamente omnipresente género cinematográfico de los superhéroes tuviese por fin una película que marcase alguna diferencia -algo que las adaptaciones de los superhéroes Marvel solamente han hecho a medias y en muy contadas ocasiones (primera saga Spider-Man, primeros X- Men y Los Guardianes de la Galaxia) dentro de la basta cinematografía de esa casa, mientras que DC, que se ha unido a la fiesta del cine de gente en leotardos hace menos tiempo lo ha intentado con más esmero, pero sin demasiado éxito (Batman Vs. Superman)-  y sin que se haya logrado ninguna maravilla cinematográfica, la primera adaptación en largometraje de Wonder Woman, la superheroína por excelencia creada en 1941 por el psicólogo y guionista de cómic William Moulton Marson y que se fue uno de los primeros personajes de ficción femeninos que contribuyeron activamente en el empoderamiento de las mujeres en la sociedad occidental, resulta un filme de fantasía, aventura y acción muy bien planteado gracias a una regurgitación tan hábil como maquiavélica de diversos esquemas de la ficción de aventuras, y que aunque con alguna concesión logra avanzar bastantes metros de lo esperable en un filme de superhéroes. Y es que la editorial DC Comics tiene un legado de personajes del tebeo que ha trascendido tanto el propio universo de las viñetas (caso paradigmático, por supuesto, Superman y Batman) y que de hecho ha dado más que interesantes momentos a la historia del séptimo arte (el Superman de Richard Donner de 1978 o los Batman de Tim Burton de finales de los 80 y principios de los 90) y por ello se ha espmerado en hacer una adaptación de su tercera heroína en importancia como se merecía, aunque sin llegar a los niveles- de tono bien diferente uno de otro- de las primeras entregas de Superman y Batman: es precisamente el Superman de Richard Donner  una de las referencias claras de este filme especialmente en los primeros compases del mismo en donde se ve cierto paralelismo con los prólogos supermaneros en Krypton y Smallville, en lo tocante a mostrar un entorno espacio-temporal y conceptual totalmente diferente al resto del filme pero al mismo tiempo totalmente coherente en su temática con lo que se ve después. Dirige aportando además su punto de vista femenino Patty Jenkis, quien realiza un hábil trabajo conjuntado un cóctel tan heterogéneo como  acción, comedia, aventuras exóticas retro, cine bélico, melodrama, historia de época, fantasía épica de espada y por supuesto cine de superhéroes al uso elemento este último que a veces desequilibra el conjunto hacia lo predecible, pero sin que se caiga en los clichés cada vez más cansinos de películas de este tipo.   

Planteada como precuela de Batman Vs. Superman: el Amanecer de la Justicia (2016)- en donde la israelí Gal Gadot debutó en el rol de la Mujer Maravilla- y de la aún no estrenada La Liga de la Justicia, se nos cuenta las tribulaciones de Diana, amazona  princesa del reino perdido de Temiscira, una isla de amazonas de la  antigua Grecia que durante milenios después de la caída de los dioses del Olimpo sus habitantes esperan el momento de vengar la muerte de Zeus en manos de Ares, el dios de la guerra. El destino de Diana como la más poderosa amazona que debe destruir a Ares y ayudar a los humanos a acabar con el odio y con las guerras se cumple cuando en 1916 a la paradisiaca Temiscira llega el espía norteamericano al servicio de Reino Unido Steve Trevor (Chris Pine) quien en plena Gran Guerra ha robado a los alemanes el libro de fórmulas de un mortífero gas que puede cambiar el curso de la contienda. Esto llevará a Diana al mundo de los mortales donde combatirá en el frente francés de la Gran Guerra al lado de la Triple alianza utilizando su fuerza y agilidad sobrehumanas mientras busca a Ares para aniquilarlo y trata de ayudar a la débil raza humana cuestionándose continuamente los porqués de las contradicciones de los mortales y el extraño e insignificante rol de las mujeres en el mundo “real”. Resulta un más que interesante hallazgo el plantear las segunda parte del filme como una película bélica y de espionaje (aunque en realidad no sea tal) con una recreación de la I Guerra Mundial que nada tiene que envidiar a muchas películas bélicas de los últimos años y además con una sensación de que se toma en serio a si misma como una película de aventuras inteligente, con su tono camp y de cómic clásico (con alguna influencia también de la serie Indiana Jones), pese que el guión en si tenga bastantes agujeros y al final el climax de la lucha final entre Diana Prince-Wonder Woman y Ares sea un poco más de lo mismo en escenas de este tipo aunque con su intríngulis más de acción ochentera que actual. Gal Gadot, bellísima, está creíble como heroína de acción y mujer concienciada de armas tomar y esperemos que no se encasille en papeles de acción similares porque tiene bastante potencial dramático, mientras que en el reaprto de secundarios nos encontramos con viejos conocidos/as del calibre de Robin Wright, David Thewlis, Connie Nielsse, Ewen Bremmer, Danny Houston o la española Elena Anaya como la Doctora Maru, una de las villanas de la historia. Lo dicho, que estamos ante la mejor película de superhéroes desde Batman (1989), aunque al final tampoco eso equivalga a una obra maestra.  

viernes, junio 30, 2017

MARIE CURIE





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Una lástima que un nuevo biopic de la científica polaco-francesa Marie Curie (1867-1924), descubridora de la radioactividad y primera mujer que consiguió un Premio Nobel, no esté a la altura de las circunstancias perdiéndose en un ejercicio estilístico, tanto en imagen como en recursos narrativos, loable en su esfuerzo pero pobre y poco convincente en sus logros. Con marcado tono reivindicativo de la figura de esta mujer pionera del reconocimiento de las mujeres en el mundo de la ciencia más allá de la influencia de su marido Pierre Curie, con quien compartió el Premio Nobel de Física de 1903, este filme narra principalmente la vida de Maria Sklodowska (su nombre de nacimiento polaco) desde la muerte de su esposo hasta bien entrados los años 10 del siglo XX, con lo que tenemos más bien un retrato de la mujer en un mundo masculino que aún no estaba acostumbrado a aceptar la inteligencia en el género femenino. En este aspecto, esta cinta polaca cumple su propósito y entrega una biografía más audaz y menos convencional que lo previsible, pero sus momentos pretendidamente simbólicos y algún ramalazo bergmaniano -pero siempre con esa peculiaridad realista-costumbrista que siempre ha caracterizado al cine del este de Europa- caen en un pequeño empacho de esteticismo que resta credibilidad a la película.

Karolina Gruzska está bastante entonada como la física polaca nacionalizada francesa, una mujer entregada a su pasión por la investigación y por su familia a partes iguales que tuvo la suerte de poder equilibrar ambos espacios pero siempre luchando por su reconocimiento y por su genialidad, algo que muchos ponían en duda. Pero en un conjunto con más bajos que altos como este y un ritmo de historia incierto y a veces poco claro y aburrido, las buenas interpretaciones caen lo intrascendente. No ha tenido suerte en taquilla esta película, por cierto.

martes, junio 20, 2017

EL CASO SLOANE (MISS SLOANE)





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Siempre ha habido épocas en las que el thriller político se prestaba más por las peculariedades coyunturales de la situación internacional, y esta década de 2010 en donde la globalización ha producido muchos daños colaterales en interminables ámbitos y escalas, no es una excepción. Pero lo malo es que la creatividad cinematográfica y el sentido del riesgo en el cine actual no están en niveles excelsos que digamos  y no digamos ya cuando se puede insertar el elemento denuncia, algo que en otra época regaló no pocos thrillers políticos de este tipo más que interesantes: simplemente, se recurre al cliché de lo supuestamente políticamente correcto y ya está. De todo esto es lo que peca Miss Sloane, una película que sin embargo no debe caer en saco roto por su excelente guión, sus cuidadas interpretaciones y su tino a la hora de retratar la enorme confusión y ambigüedad ideológica y ética de cierta nueva clase política y empresarial condicionada por sus propios intereses personales y vendida a la refulgencia del dinero y siempre al servicio, directo o indirecto, consciente o inconsciente, de lobbys y grandes corporaciones. El personaje que da nombre al filme, Elizabeth Sloane, aparece un paradigma de la nueva praxis de los lobbys recurrentes en el mundo de la política en EEUU: una persona joven ambiciosa, sin límites profesionales, dispuesta a cambiar de principios y cambiar de chaqueta ideológica pisando a todo el que tenga delante y maniobrando de manera oscura e ilegal con tal de conseguir su objetivo. Si a ello añadimos que es mujer, solitaria y volcada con su trabajo tenemos ante nosotros a un personaje tan jugoso como poco empático para el público si bien  cumple con creces su rol de antiheroína del siglo XXI, algo a lo que contribuye decisivamente la esforzada interpretación de Jessica Chastain.            

John Madden, un director más efectista que otra cosa, dirige con oficio pero de manera rutinaria una película inteligente y hábil que no logra sin embargo atrapar como debiera al espectador por culpa de su poco estimulante puesta en escena. Sloane, una asesora política ambigua y con diferentes caras, se introduce en el eterno debate norteamericano de los límites la legalidad de las armas jugando a varias bandas y tocando las narices a compañeros, superiores y políticos rompiendo todos los límites de la ética, algo en lo que juega un papel fundamental el mundo de la tenencia de armas en EEUU y sus concomitancias morales y sociales. Su supuesta evolución ideológica y moral y sus consecuencias a varios niveles es lo que estructura esta película que muchas veces se pierde en unos giros e impulsos argumentales deficientemente estructurados y en una estructura narrativa de flashback que aporta más bien poco, algo que sin embargo no impide que el filme cumpla su función. Al final, da la sensación de estar ante una película esforzada y honesta pero lastrada por concesiones comerciales (un elemento thriller nada novedoso) y una falta de sentido del riesgo.

lunes, junio 12, 2017

LA PROMESA (THE PROMISE)





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El genocidio del pueblo armenio bien merecía una película honesta y con hondura dramática como esta coproducción entre USA, España y Portugal, un muy bien  narrado filme histórico que si bien se escora demasiado al melodrama más convencional en ningún momento pierde la compostura que se le presupone a una buena película y cumple con creces su misión de ilustrar y denunciar una injusticia histórica. El norirlandés Terry George, director de Hotel Ruanda (2004) y guionista de En el nombre del Padre (1994), escribe y dirige con su habitual aplomo a la hora de contar dramas históricos una película que pese a varias irregularidades se impone en todo momento con un filme más que aceptable.
                                                                                                   
Ambientada en los albores de la I Guerra Mundial, la historia arranca en el sur de un decadente un joven armenio, Mikael (Oscar Isaac) desea viajar a Constantinopla, la capital del Imperio, para estudiar medicina en medio de de un ambiente prebélico con Imperio Otomano (en una zona más o menos equivalente a la actual Armenia) en donde los turcos otomanos dispuestos a apoyar a los alemanes en una más que posible contienda europea y ansiosos de aprovechar la confusión para quitarse de en medio a minorías históricamente molestas como los armenios.  En la capital turca, hospedado en la casa de sus tíos, conocerá a Ana (Charlotte Le Bon), una institutriz armenia residente en Paría y a un avispado periodista norteamericano, Chris Myers (Christian Bale). Con el estallido del la contienda en 1914, Mikael es testigo de los arrestos, las deportaciones y los asesinatos que los turcos acometen contra la minoría armenia y ve con horror como todo su mundo se tambalea y sus seres queridos sufren, al tiempo que trata de huir desesperadamente sin poder consolidar una relación con Ana, de la que está enamorado aún estando prometido en un matrimonio de conveniencia en su aldea natal. Situaciones de auténtica angustia presentadas con realismo y crudeza con más estilismo humanista que bélico se suceden en medio de una espectacular puesta en escena con una perfecta ambientación y vestuario y una suntuosa fotografía de Javier Aguirresarobe remarcando los bellos y áridos parajes naturales montañosos de Armenia y todo el encanto del Estambul-Contantinopla de principios del siglo XX. Los momentos de nudo en la garganta, que son varios, no son en absoluto gratuitos y lo que hacen es recalcar la hondura de una injusticia. La interpretación de Oscar Isaac es excelente y supera a la de un correcto Christian Bale, que aquí representa a la imposible imparcialidad internacional tornada necesariamente en horror ante lo observado. Decir que en el reparto se encuentran varios intérpretes españoles o afincados en España en papeles secundarios o episódicos como Alicia Borrachero (como la tía del protagonista, el papel más extenso para una actriz española), Daniel Jiménez-Cacho o Abel Folk, dentro de un reparto plagado de actores procedentes de oriente medio o de origen armenio, además de otros europeos como Jean Reno, que tiene un papel anecdótico. Para amantes de dramas históricos bien contados.