lunes, junio 17, 2019

LA CORRESPONSAL (A PRIVATE WAR)



 
*** y 1/2

Cuando una biografía se proyecta hacia acontecimientos significativos y/o esenciales en la memoria colectiva (básicamente, hechos históricos) casi siempre tenemos ante nosotros una historia apasionante, como lo fue la de la periodista norteamericana afincada en el Reino Unido Marie Colvin  (1956-2012), corresponsal de guerra para el Sunday Times fallecida en la Guerra Civil de Siria. Interpretada con verdadero acierto y entrega por Rosamund Pike, la figura de Colvin está tratada con aparentemente bastante honestidad, alabando lo que hay que alabar sobre el personaje pero sin pasar por alto sus miserias y defectos componiendo así un carácter verdaderamente creíble. Esta película se enmarca decididamente en el cine político-social con su poso de crónica de los entresijos de la actividad periodística en conflictos armados a lo largo del mundo, pero ante todo quiere dejar claro que es una película denuncia sobre la guerra, los que la manejan y crean y sus consecuencias a nivel global, tanto en los países como sobre todo en las personas que las padecen. No es cine bélico propiamente dicho, lo que no impide que la guerra tenga un papel esencial en las imágenes y en la narración, con una perfecta y realista recreación de diferentes conflictos armados que vivó Marie Colvin en los últimos años de su vida: las imágenes no se ahorran en crudeza tal y como debe corresponder a un filme sobre guerras reales que trate de conmover y hacer reflexionar al público. En ese sentido, el trabajo como director de Matthew Heineman es excelente, sin desdeñar el drama y el complejo retrato psicológico de la protagonista.

Rosamund Pike se mimetiza totalmente con Colvin y su un tanto desconcertante personalidad, el de una persona totalmente volcada con su trabajo de reportera de guerra y por contar la verdad sobre Libia, Siria, Palestina, Sri Lanka (donde perdió la visión de un ojo que la hizo llevar un parche prácticamente hasta el resto de sus días) y por denunciar las injusticias y atrocidades que se estaban cometiendo, ocasionando el ser testigo de estas un desequilibrio mental que condicionó su vida y la hizo caer en profundas crisis. No obstante aunque el retrato psicológico de la protagonista no deja de ser fundamental en ningún momento de el filme se hecha algo en falta una mayor profundidad en esto, algo que tal vez no se ha conseguido por querer abordar demasiados aspectos en la historia (los problemas con sus superiores, las relaciones interpersonales sobre todo con Paul Conroy (Jamie Duhan), los tejemanejes bélicos, la ética perodística). La película pese a todo consigue ser impresionante y conmovedora y sin el recurso de las consabidas trampas dramáticas, un filme cien por cien recomendable a periodistas como a gente harta de la hipocresía de la política internacional actual. 

miércoles, junio 12, 2019

LA CENIZA ES EL BLANCO MAS PURO (JIANG NU ER NÚ)



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Jia Zhang Ke es uno de los directores más interesantes del cine chino en los últimos años con filmes como Un toque de violencia o Más allá de las montañas y en esta ocasión ha vuelto a dar en el clavo y mucho con un thriller-drama que refleja un aspecto bastante negativo de la nueva situación de opulencia de la República de China, uno de sus muchos reversos que convierten al país asiático en un coloso con los pies de barro, como es el de la consolidación del las mafias criminales. Por ello no se trata de un thriller más sino de una reflexión sobre como la cultura de la violencia y del enriquecimiento fraudulento está emponzoñando la existencia de muchas personas hasta convertirlas en inseguros títeres de un modo de vida más bien suicida y al límite de todo atisbo de humanidad. Tomando como punto de vista el de una mujer integrante y miembro más o menos destacado de una mafia local, Zhang Ke nos sumerge en una historia de caída e intento de subsiguiente de redención que no solo será complicado sino que pondrá de manifiesto que la actividad del crimen organizado en un contexto social contradictorio, endeble y en definitiva moralmente frágil es una manera de vivir de la que resulta casi imposible sustraerse sobre todo pata una mujer como la protagonista, Qiao, que trata desesperadamente de ser alguien en un país aún enormemente machista.            

De nuevo el director ha recurrido a su esposa y actriz fetiche, Tao Zhao, para el rol protagonista, haciendo una solvente actuación que muestra perfectamente el duro camino de una mujer que tras ser encarcelada siendo inocente para defender a su novio Bin (Liao Fan), el líder de la banda, emprenderá un tortuoso camino de alejamiento del mundo delictivo en donde sus sentimientos hacia Bin pesarán demasiado a sabiendas que ella misma sabía que no debía enamorarse de un hombre así. El elegir entre el bien y el mal, esto último personalizado en Bin, es lo que se le plantea a una mujer demasiado tiempo en el lado oscuro de la existencia para darse cuenta de lo que es ético y lo que no lo es. Al final, Qiao se quedará con lo que ella cree que mejor le puede ayudar con o sin Bin. Todo este dilema moral está muy bien presentado en una película que no es nada condescendiente con la realidad China actual aunque sea mostrando las contradicciones de todo un país mediante un aspecto concreto y rebuscado y echando mano de recursos cuasi alegóricos donde no falta algún detalle fantasioso y desconcertante.       

jueves, junio 06, 2019

ROCKETMAN


 
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Aunque gestada desde hacia varios años, no ha podido ser más oportuno en el tiempo el estreno de la película biográfica de Sir Elton John, una de las figuras vivas más legendarias de la historia del rock: el estar aún caldeando el éxito de Bohemain Rhapsody ha terminado impulsando al público a ver una nueva película basada en una estrella de la música popular. Pero es que este biopic, aunque al igual que la película sobre Queen también producido por una major de Hollywood (Paramount en este caso) y también con la supervisión del biografiado (que ejerce además de productor ejecutivo al tiempo que su marido David Furnish es uno de los productores del filme) avanza muchos metros por delante que aquella a la hora de ofrecer una obra original, bastante valiosa desde el punto de vista cinematográfico y en definitiva una gran película. Es cierto que no se desdeñan las trampas del cine más comercial y algunos recursos bastante explotados dentro del cine biográfico, pero Rocketman se ha esforzado por vestirse y presentarse como un biopic diferente, no ya sólo enmarcándose decididamente dentro del género musical- esto es, con canciones entonadas por los protagonistas en el devenir de la narración- sino adoptando una pose manierística, unas veces verista y otras caricaturesca, pero sin dejar de ser en ningún momento una historia real y que verdaderamente cuenta algo, una gran historia,  y por ello da que pensar y conmueve al espectador más allá de que se sea o no fan de Elton John.
      
Presentada precisamente como una fantasía que trata de hacer una inmersión en la música de un grandísimo cantante y compositor, la película se beneficia de una excelente puesta en escena en donde se combina magistralmente el realismo y la ambientación en diferentes épocas (los 50, 60, 70, 80 y principios de los 90 del siglo XX) con la teatralidad y artificiosidad (intencionadamente) impostada de las obras musicales, cuyos códigos la película asume entre lo irónico y lo respetuoso: un excelente trabajo de su director Dexter Fletcher- precisamente director sin acreditar de la mayor parte del metraje de Bohemian-  que anuncia que este ex actor británico antigua estrella juvenil puede reconvertirse en un gran director. Pero para grandeza la  que alcanza su actor protagonista, Taron Egerton, quien da vida con total solvencia y desgarro a un personaje en realidad tan contradictorio e inseguro como Elton, un chaval de barrio londinense que para triunfar en el mundo de la música no le parecía suficiente su genialidad y tuvo que reinventarse en otra persona (de Reg Dwight a Elton John) para sentirse a gusto consigo mismo y asumir su éxito, algo que no siempre consiguió. Egerton muestra a la perfección todas las caras y la evolución personal del personaje (tímido al comienzo, traumatizado por la falta de cariño de sus padres, ambicioso, multitoxicómano, homosexual al principio reprimido y luego más tarde liberalizado, irascible, tierno) y realiza un tour de force esfuerzo interpretativo que incluye cantar la mayor parte de las canciones de Elton que oímos en el filme y además no lo hace nada mal. Y por supuesto la inmersión en el papel ha sido total.

Oír temas tan inmortales como Goodbay Yellow Brick Road, Border Song, The Bitch is Back, Tiny Dancer, Bennie and the Jets o Your Song narrando además con propiedad la historia es una auténtica gozada a la que contribuyen la mayor parte de los intérpretes del filme que además de John-Egerton tienen su líneas cantada, incluyendo los dos intérpretes infantiles del cantante, Matthew Illsey y Ktt Connor, quienes realizan un estupendo trabajo musical y actoral como unos Elton John de 7 y 12 años. En el resto del reparto nos encontramos con Jamie Bell como el no menos grande y genio a la sombra de Elton, el letrista Bernie Taupin, el gran amigo del cantante, a Bryce Dallas Howard y Steven Mackintosh como los padres de Elton, con los que tuvo una deficiente relación o a Steve Madden como John Reid el manager y primer amor de Elton con el que tuvo una trayectoria tormentosa. Es cierto que la película, que se desarrolla desde 1953 hasta 1990 cronológicamente es inexacta (una vez más) y que las canciones suenan en orden anacrónico, pero Rocketman es un enorme espectáculo musical y cinematográfico que muestra una contradictoria historia de superación de miedos e inseguridades dentro de un contexto de triunfo y que desde luego debe ser vista para sacar conclusiones sobre eso tan frágil que es la existencia humana.              

martes, mayo 28, 2019

COMO PEZ FUERA DEL AGUA (COME UN GATO IN TANGENZIALE)



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No se ha atinado a la hora de hacer una comedia costumbrista con comentario social como dios manda en este divertido pero poco estimulante filme italiano que pierde fuelle en momentos clave pero que atesora algún que otro momento lúcido. Pese al buen planteamiento como comedia con temática plenamente contemporánea (la insuficiencia de las ayudas públicas e institucionales a las clases desfavorecidas, la globalización del pensamiento y la política) aliñada con leve coartada romántica del tipo Romeo y Julieta modernizado y con algo de sana y divertida caspa mediterránea y por supuesto el eterno conflicto de clases, no es este un filme que llegue a entusiasmar al espectador tanto para el que espera una buena comedia inteligente como el que desea una crítica mordaz. Se queda a medio camino de todo y eso que sus intérpretes se esfuerzan en mantener una interesante química y a ratos la historia funciona con solvencia, pero unos minutos finales nada originales que desencadenan un final muy previsto y simple no dan precisamente la sazón requerida.

Antonio Albanese, un actor de comedia con bastantes recursos y heredero- aunque sea un tópico decirlo- del más genuino caricatismo italiano es quien lleva la manija en esta película interpretando a Giovanni, un importante ejecutivo de una empresa que se dedica a trazar planes de urbanización en los vecindarios más degradados de Roma que ve con estupefacción como su hija de 14 años Agnese (Alice Masselli) comienza a salir con Alessio (Simone de Bianchi), un chaval precisamente de un barrio marginal. Esto llevará a Giovanni a conocer a la madre de Alessio, Monica (Paola Cortellesi) (aparentemente) divorciada como él a la que tampoco le hace gracia que su vástago se enrrolle con una pija. Giovanni a regañadientes tendrá que sumergirse en el mundo de Mónica y su disfuncional familia conociendo así de primera mano a la gente que su empresa trata de ayudar pero al mismo tiempo dándose cuenta de lo imposible que es tratar con los habitantes de barrios modestos y en especial con la deslenguada y espontánea Monica, interpretada también con acierto pero con exceso de histrionismo por Paola Cortellesi. Momentos verdaderamente hilarantes entre chistes malos y un insuficiente manejo del elemento dramático dentro de una comedia con sentido aparentemente crítico no logran una película consistente y por ello la sensación final de insuficiencia pese a algunas virtudes es inevitable.



jueves, mayo 23, 2019

UN HOMBRE FIEL (L´HOME FIDELE)



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Tal vez le haya faltado mayor concreción y definición a Louis Garrell en su quinto filme como director porque el resultado por desgracia no se ha correspondido con las intenciones y estas eran ni más ni menos que hacer una revisión contemporánea de la Nouvelle Vague, un propósito demasiado ambicioso que el actor-director pese a un esfuerzo evidente no ha sabido llevar a buen puerto. Partiendo del melodrama, la comedia y el romance (aunque esta película no se pueda catalogar de comedia romántica), se ha construido un filme con buenos momentos e interesantes diálogos pero que como comedia funciona sólo intermitentemente y todo su elemento más o menos dramático esta inserto en una historia de amor-desamor rocambolesca y poco creíble. Es cierto que el joven Garrell ha sabido presentar perfectamente al protagonista al cual interpreta, Abel, como una buena muestra de la inseguridad del ser humano (bueno, la inseguridad del género masculino en particular) pero el personaje resulta tan ingenuo y contradictorio que es imposible creérselo al cien por cien y eso que Garrell hace una buena interpetación. La confrontación de este personaje con dos mujeres con las que vive una relación amorosa, Marianne (Laetitia Casta, pareja en la vida real del realizador) y Eca (Lily-Rose Melody Depp, hija de Johnny Depp y Vanesa Paradis) se traza desde una óptica que trata de ser feminista según el director y el guionista (ni mas ni menos que el veterano Jean-Claude Carriere) pero que no deja de ser contradictoria.

Así, pese al esfuerzo por adoptar algunos de los cánones narrativos este de aquel cine que revolucionó el séptimo arte europeo en los 50 esta no deja de ser en realidad una película de hoy con una premisa sobre el mundo de las relaciones amorosas que ya ha aparecido en muchísimas obras de ficción y que finalmente no aporta anda nuevo ni interesante. No obstante el filme tiene sus virtudes especialmente en lo tocante a su puesta en escena y a sus más que interesantes interpretaciones, pero en ningún momento se consigue una sensación de digamos completitud. Y por si fuera poco su escasa duración (75 minutos) también deja cierta extrañeza.

miércoles, mayo 15, 2019

LOS HERMANOS SITERS (THE SISTERS BROTHERS)



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El Western, siempre y cuando le dejan, sobrevive. Ya no se trata de hacer nuevas obras maestras en este género (el filón está prácticamente agotado) ni tan siquiera explorar nuevas vías en un nicho cinematográfico en donde también se ha experimentado con fruición, sino saber contar buenas historias; claro está dentro de las coordenadas de dicho estilo. El que esta curiosa propuesta dentro del cine western provenga de Europa (Francia concretamente) y de la mano de un director tan versátil como Jacques Audiard (De Óxido y hueso, Dheepan) es un indicador de la universalidad y el globalismo a la que ha llegado el séptimo arte en lo que respecta tanto a géneros estilísticos como a la capacidad de cualquier cineasta dotado sea cual sea su procedencia de hacer grandes filmes en estilos genuinos que hasta hace poco tiempo parecían algo exclusivo de realizadores de determinados entornos geográficos. Así, con apariencia de superproducción Hollywoodiense, este The Sisters Brothers adaptación de una novela de Patrick de Witt es un western-drama-comedia intenso, engañoso y con multiples mensajes que desde el primer momento se manifiesta como lo que es en realidad, una historia más psicológica que de acción, más comedia irónica que drama, y más crítica que complaciente que tan solo utiliza el marco del salvaje oeste como metáfora de la evolución de sentimientos y emociones humanas al límite y en un entorno natural alejado no ya solo de la “civilización” sino de cualquier atisbo de cordura o sensatez, un maremagnum de emociones que en el filme aparecen contenidas y más insinuadas que explícitas pero que terminan por adueñarse de la historia, mostradas mediante al dialéctica entre sus dos protagonistas, los hermanos el título. John C. Reilly  y Joaquin Phoenix, dos consumados especialistas en personajes complejos y contradictorios, bordan sus papeles de Eli y Charlie Sisters, dos pistoleros a sueldo en plena fiebre del oro volcados con su trabajo pero cada una visión diferente del mismo y de la vida y con diferentes aspiraciones.

Esta producción francesa con participación de EEUU, España, Rumania y Bélgica se esfuerza en plantear una historia que resulta universal más allá de sus coordenadas espacio-temporales (y es que hay que tener en cuenta que el western es un género  ideal para mostrar sentimientos humanos extremos) en donde dos asesinos buscan una finalidad, un algo que de sentido definitivo a su existencia y que se manifiesta en la oportunidad de su vida cuando al tratar de liquidar por encargo a un científico que ha descubierto una prodigiosa fórmula se les ofrece ser participes de ese asombroso descubrimiento, una sustancia para detectar oro en los ríos. Naturalmente, este será el mcguffin de una road movie llena de sobresaltos, muertes, disparos, discusiones y aparición de curiosos personajes mientras Charlie, que desea abandonar su profesión, se enfrenta con su hermano Eli, que no quiere que la debilidad de Charlie sea un obstáculo para conseguir el negocio de sus vidas. Morris (Jake Gyllenhaall), un colaborador de los Sisters de ambiguas intenciones que es quien les debe poner en bandeja su víctima, y Warm (Riz Ahmed), el químico descubridor de la fórmula prodigiosa, acompañarán a los hermanos en su extraña y un tanto tragicómica aventura en una historia donde es preciso no perderse ningún detalle de los diálogos para captar lo alambicado de su propuesta. Con referencias estilísticas de Scorsese, Sergio Leone, Tarantino, los Coen, Sam Peckimpah o el Dennis Hopper de Easy Rider, estos Hermanos Sisters resultan una auténtica delicia tanto para los aficionados al Far West como para los que no lo sean en absoluto.

domingo, mayo 05, 2019

LOS VENGADORES: ENDGAME (AVENGERS: ENDGAME)




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La verdad es que no dice nada bueno del estado de la industria del cine (y audiovisual en general) el ritmo de cadena de montaje con el que Marvel Studios pare sus películas además de todo la cansina y maquiavélica maquinaria de marketing con que arropa sus estrenos, por no hablar de cómo mediante contratos de infinidad de ceros ha conseguido una plantilla fija de estrellas que pululan por las diferentes películas basadas la mítica editorial de cómics y que años atrás cualquier productor o realizador hubiese deseado reunir en algún filme hasta darse cuenta de que aquello era imposible. Bueno, hasta que la ínclita división cinematográfica de Marvel (especialmente después de su compra por la no menos ínclita Walt Disney Pictures, compañía de la que por cierto podríamos redactar parrafadas sobre el dudoso beneficio que está generando últimamente a la industria del entretenimiento con su política de compra de firmas a lo bestia) impuso su modus operandi grandilocuente destinado a producir las películas más taquilleras. Y en ese sentido, esta cuarta entrega de la serie Los Vengadores - aunque cuarta entrega es un decir debido a las concomitancias de esta saga con cualquier otra película de héroes Marvel- trata de ser un filme definitivo dentro de su universo superheróico y un regalo para los fans de estos filmes y por supuesto con idea también de atrapar nuevos espectadores, esto último algo que la mayor parte de sus filmes anteriores en mayor o menor grado lo han logrado. Esto es un negocio, señoras y señores, y aquí ningún esfuerzo para lograr la máxima rentabilidad es lo suficientemente grande. En estos momentos, con una fanbase mayor que las versiones de sus personajes en tinta china (no cabe duda de que estos filmes han ampliando el espectro generacional de los seguidores del universo Marvel) y una positiva inercia en taquilla, Marvel Studios y Disney siguen dispuestos a ir a por nuestro dinero ofreciendo espectáculo y épica bélica- esto último vende inquietantemente bien en los últimos tiempos- sin que por desgracia se altere demasiado el concepto del arte cinematográfico y, lo mas chocante, nadie sienta más deseos de leer cómics.

Los hermanos Anthony y Joe Russo, currelas habituales de Marvel,  ciertamente se marcan un filme que desde el punto de vista técnico y pese a todo, funciona con solvencia y llega incluso a sorprender: escenarios creados virtualmente muy sugerentes, acción filmada con gusto y originalidad, escenas de guerras y combate (en especial la un tanto aparatosa batalla final) deslumbrantes y en definitiva  una puesta en escena destinada a embaucar al espectador que cumple con creces, pero por el contrario el guión, que parte desde donde finalizo Avengers Infinity War (2018), es previsible, simplón y tedioso. Aparecen aquí aparte de la “plantilla fija” (y superviviente respecto a la anterior entrega) de los Vengadores prácticamente todo el panteón de superhéroes Marvel con película encarnados por sus intérpretes de siempre, algunos en papeles mas largos o significativos, otros más fugaces y algunos simples cameos, algo que a buen seguro hará las delicias de sus seguidores. Un espectáculo de efectos especiales y dirección artística enormemente trabajado y poco más que a veces provoca fatiga precisamente por la aparición indiscriminada de personal en mallas o armaduras (Iron Man, Viuda Negra, Ant Man, los Guardianes de la Galaxia, Hulk, Thor, etc.) además de más y mas secundarios, y que por otra parte puede pillar totalmente desprevenido al espectador no familiarizado con los filmes de esta productora y su trama, ya que básicamente esta película es para fans de estos superhéroes

martes, abril 30, 2019

DOBLES VIDAS (DOUBLES VIES)



 *** y 1/2
 
Sin levantar mucho la voz esta película francesa resulta un filme más estimulante y atractivo de lo que al principio pudiera parecer. Una comedia, si, pero con un insólito cierto poso intelectual en donde no faltan diálogos con reflexiones sobre la literatura, la fabulación, la influencia de las nuevas tecnologías en el habito de la lectura, los medios de comunicación, el mundo de las relaciones amorosas e interpersonales y algún otro tema candente de la vida contemporánea. Básicamente se realiza una reflexión sobre lo verdadero y lo falso, lo inventado y lo real con el mundo del negocio/arte de la literatura como telón de fondo y con cierta concomitancia con el mundo de la interpretación y la ficción audiovisual, todo ello mediante sus personajes principales los cuales se mueven cada uno con su propia y exclusiva inercia basada en diferentes circunstancias, motivaciones y sobre todo sus propias ideas y visión de la vida. Si, es cierto, todo esto puede sonar muy Woody Allen con algunos elementos del cine europeo más sesudo, pero la película va más allá de cualquier influencia para ofrecer una obra original y fresca que pese a resentirse en no pocos momentos consigue mantener la complicidad del espectador hasta sus instantes finales.

Leonard (Vincent Macaigne), un joven escritor tan talentoso como inseguro en su vida personal, Alain (Gillaume Canet), su editor, un exitoso pero honesto trepa que cree erróneamente tener atados todos los cabos de su vida, Valérie (Nora Hamzawi), la compañera de Leonard, una mujer volcada con su trabajo y que parece superada en su relación y Selena (Juliette Binoche), actriz esposa de Alain que está dispuesta a dar un vuelco su vida: todos ellos, unidos por relaciones de pareja y de amistad irán mostrando sus inquietudes y ensayando nuevos escenarios vitales que irremediablemente entrecruzados no tardarán en colisionar de diferentes maneras. Es este un filme tanto de emociones y sentimientos como de reflexiones cuya dialéctica puede aburrir a algunos espectadores o entusiasmar a otros. Pero lo irrefutables es que el trabajo actoral es enorme y el guión es una obra esforzada que trata de matizar todo lo que vemos por medio de personajes muy bien construidos y sobre todo tiene un  sentido del humor inteligente y crítico que se hecha bastante en falta en el cine actual. Punto flojo: una puesta en escena demasiado teatral. Pero por lo demás Dobles Vidas cumple como buena película.

jueves, abril 25, 2019

GRACIAS A DIOS (GRÂCE À DIEU)



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Sólo un director con oficio y extraordinario buen hacer como François Ozon podría firmar una película de denuncia necesaria y que cumple más que con creces con sus diferentes cometidos sin caer en el sensacionalismo ni en clichés innecesarios que lastrarían la credibilidad de su resultado final, porque principalmente la empresa de rodar este filme basado en hechos reales y que acusa con nombres y apellidos a cargos de la iglesia católica en Francia era ya algo arriesgado y que precisaba del máximo rigor especialmente a la hora de narrar hechos y de mostrar el discurrir de unos acontecimientos cuya resolución aún no ha llegado. Los casos de denuncias a partir de 2014 hacia los abusos sexuales cometidos por parte de un sacerdote de Lyon, el padre Preynart (interpretado en este filme por Bernard Verley)  a varios niños durante los años 80 ha sido un tema que ha sacudido a la opinión pública francesa en los últimos años y especialmente a la ciudad de Lyon, una localidad más bien conservadora donde la jerarquía eclesial tiene un amplio poder (de hecho, aunque Ozon rodó el filme en secreto ha habido presiones para que no se llegase a estrenar), y básicamente lo que trata de mostrar este filme, además de todo el afán de los damnificados -ahora adultos en diferentes circunstancias vitales- por sacar a la luz todos los casos y que se haga justicia sobre el pederasta, es la falta de colaboración del propio clero en la resolución del caso y su tendencia a proteger a Preynart. Pero la película no se pierde ni es sordideces ni en los vericuetos dramáticos previsibles cada vez se tocan estos temas (ni tan siquiera los aspectos policiales y periodísticos, que solo están tratados esquemáticamente) y en cambio ofrece una crónica pormenorizada del esfuerzo de un grupo de personas por conseguir que se haga justicia, con todas las imperfecciones, dificultades y contratiempos que un propósito colectivo siempre experimenta a lo largo del tiempo. En ese sentido la película apuesta por un verismo total ha costa de incluir todo tipo de circunstancias de una crónica real: personajes que desaparecen de la trama porque ya no tienen más que decir, situaciones inconclusas y preguntas que quedan en el aire, pero nada se resiente gracias a una enorme solidez narrativa.

La película tiene un protagonismo a tres bandas centrado en tres personajes que se turnan en su función de personaje central mientras que alrededor suyo van surgiendo otros que también atesoran importancia. Alexandre (Melvin Poupaud) un ejecutivo cuarentañero católico prácticante y padre de feliz familia numerosa decide denunciar los abusos que el sacerdote Bernard Preynart le infringió en su infancia durante campamentos de verano al enterarse que sigue trabajando con niños al mismo tiempo que por primera vez cuanta a su familia que sufrió abusos por parte del cura. Esa salida a la luz algo que él había ocultado durante más de 30 años es compartido por François (Denis Menochet), quien se entera casualmente de los movimientos de Alexandre y decide iniciar una asociación de damnificados, y por Emmanuel (Swann Artaud) un joven al que los abusos de Preynart le han afectado considerablemente desde entonces. Junto con otros afectados como el médico Gilles (Éric Caravaca) y el apoyo de las familias de todos, los tres hombres emprenderán una lucha titánica entorpecida por los intereses y la hipocresía de la jerarquía eclesial lyonesa encabezada por el cardenal Barbarin (François Marthournet) y varias dificultades personales y relacionales entre los miembros del colectivo, todos ellos con problemas, percepciones y matizaciones sobre las experiencias bastante dispares que la película muestra magníficamente. Siguen haciendo falta películas así.




lunes, abril 22, 2019

MIA Y EL LEON BLANCO (MIA ET LE LION BLANC)




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Curioso esfuerzo dentro del cine francés mediante el cual se ha conseguido una película familiar con vocación internacional (rodada en África y en inglés) con un reparto internacional y con mensaje. Gilles de Maistre dirige con oficio una película de modestas pretensiones que consigue encantar y conmover al tiempo que echa un rapapolvos a la especie humana por su condición de depredadora. Es cierto que la historia de amistad entre un niño y un animal salvaje es algo cien mil veces visto, pero precisamente por eso el que una historia de este tipo no resulte manida y previsible resulta una virtud que esta película, aunque sin estridencias, ha sabido aprovechar. La película nos habla de los esfuerzos de Mia (Daniah de Villiers, una jovencísima actriz sudafricana con enorme talento) la hija de los propietarios de un criadero de leones por salvar la vida de Guapo, su joven león blanco, un ejemplar nacido en cautividad en la granja de sus progenitores cuyo destino al de igual del de el resto felinos del recinto será servir de blanco para safaris de turistas. Empeñada en seguir tratando a un león casi adulto como su entrañable mascota, la adolescente Mia será capaz de luchar contra los convencionalismos de la relación entre los humanos y los animales salvajes mientras trata de salvar a su amigo al tiempo que la relación con su familia experimentará cambios especialmente cuando el desencanto se apodere de ella cuando descubra la verdadera razón del negocio de su padre.

Con una muy lograda fotografía realzada por bellos parajes sudafricanos, una de las virtudes del filme es que en todo momento vemos animales reales (incluido el león blanco en sus diferentes edades) y todo está tratado sin sensiblería, pese a manidas concesiones del melodrama más comercial. El guión tal vez resulte simple y sin excesiva originalidad, pero no hay que olvidar que este es un filme especialmente dirigido a niños y adolescentes y cumple más que con creces con su función y sin dejar de ser interesante para el público adulto al que va dirigido principalmente su mensaje de la rapiña a la fauna del continente africano. Un ejemplo de cine denuncia para todos los públicos.           

martes, abril 16, 2019

DUMBO




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Disney sigue ahí venga y dale con las adaptaciones a imagen real de su inagotable catálogo de clásicos universales de la animación, una jugada que además de la estrategia mercadotécnica que la ha generado demuestra tanto falta de ideas originales como una voluntad de autohomenajearse, algo perfectamente legítimo para la compañía pero que empieza a ser cansino. Esta vez le ha tocado el turno a un clásico de los primeros años de los largometrajes (principios de los 40) como es Dumbo una entrañable historia de superación y aceptación al diferente que viene ni pintada en los tiempos que vivimos y que tampoco desentona nada en la filmografía del director elegido, Tim Burton, quien repite para Disney después de su peculiar pastiche de Alicia en el país de las Maravillas (2013) y vuelve al tema de los personajes con peculariedades incomprendidos y marginados. Hay que decir que aquí Burton no se toma las libertades del filme de Alicia y aunque ofrece una versión más o menos libre con respecto a aquel filme de 1941, el espíritu inocente del Dumbo original, aquel pequeño elefante blanco de burlas por sus largas orejas que conseguía volar gracias a ellas, se respira por los cuatro costados aunque la historia esta significativamente alterada y puesta al día en cuanto a su mensaje y con un enfoque menos fantasioso y en cierto modo más adulto que aquel filme basado en una cuento para niños escrito por Helen Aberson-Mayer que nunca fue publicado aunque consiguió ser vendido a Disney en 1939.

Aunque como película de entretenimiento dirigida principalmente al público infantil y no exenta de chicha y de buen cine Dumbo cumple perfectamente las expectativas, no consigue ser una película con verdadero relieve dentro de sus pretensiones ni tampoco se nota mucho la mano maestra de un Tim Burton que desde hace bastantes años ya no es el mismo, no obstante esto no impide que estemos ante una película entrañable en el más puro estilo Disney con bastantes mas matices que la historia original y sobre todo un acabado formal una vez más de chapó tal y como se espera de Burton, en el que juegan un papel fundamental una fotografía muy vintage (la historia se desarrolla en los años 10) y con enorme encanto obra de Ben Davies, una escenografía y unos efectos visuales espectaculares (los vuelos de Dumbo no defraudan, de veras), y una estupenda partitura a cargo, como no, del gran Danny Elfman. Este nuevo Dumbo, excelentemente creado por odenador (como todo el resto animales del film) consiguiendo una imagen enternecedora pero poco creíble, sigue siendo un elefantito despreciado por personal y público del circo donde trabaja y cuya inesperada habilidad consigue redimirle, pero ahora el mensaje varía: donde antes se rendía culto al éxito fácil (que en esta versión se critica con decisión) ahora se ensalza el triunfo de la fidelidad en los ideales y el valor del respeto a personas (y animales), manteniendo la oda a la amistad y al amor maternofilial de la película original. Nuevos personajes en esta adaptación firmada por Eheren Kruger irrumpen con significación, como son los niños hermanos Milly (Nico Parker) y Joe Farrier (Finley Hobbins) los mejores amigos de Dumbo hijos del artista circense lisiado Holt Farrier (Colin Farrell), otro personaje que encontrará su redención, el director del Circo Max Medici (Danny de Vito), el codicioso empresario V.A Vandevere (Michjael Keaton), quien curiosamente dirige un complejo recreativo que parece el reverso tenebroso de Disneyland o la altiva pero noble trapecista Colette Marchand (Eva Green). Ya no hay ningún ratón parlante (aunque se le homenajea) y ni asomo de aquellos cuervos afroamericanos y el final de la película es políticamente correcto aunque eso si más logrado que en el filme original. Y es que los tiempos cambian hasta para historias de toda la vida.

lunes, abril 08, 2019

DOLOR Y GLORIA



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Es extraño como un director como al que se le supone perspicacia y eficiencia fruto de años y años de experiencia como es Pedro Almodóvar desaprovecha- una vez más- una oportunidad de oro para hacer una obra magna a partir de un planteamiento de argumento con a priori muchos elementos interesantes. Parece que el director manchego no se encuentra especialmente cómodo cuando trata de abordar una historia con tintes autobiográficos a pesar de que el filme ha tratado de venderse como un testimonio del ajuste de cuentas de un Almodóvar veterano con su pasado; en realidad Dolor y Gloria sólo traspone la figura del propio director de una manera superficial para contar un correctamente llevada historia de reconciliación con acontecimientos pretéritos y de reflexión sobre lo que pudo ser y no fue con el trasfondo del sufrimiento interior de la conciencia. Sin embargo, en ningún momento se llega a cotas de gran cine y todo el elemento dramático de una historia que pretende ser trascendente y cruda se queda siempre a medio gas. El recital interpretativo que da Antonio Banderas en el papel de Salvador Mallo, un director de cine en decadencia profesional, física, personal y emocional y que se supone que está inspirado en la figura del propio Almodóvar, no es suficiente y la película no deja de ser un buen trabajo cinematográfico pero sin ningún aliciente verdaderamente especial.      

Si en algún aspecto la película triunfa es en la conceptualización del personaje de Salvador, un hombre que conoció momentos profesionales y personales mucho mejores y que con casi 60 años y con un cúmulo de enfermedades y dolencias físicas que le hacen temer por su propia vida decide encarar su pasado- algo que se le presenta de forma fortuita pero que él no duda en aprovechar- tratándose de reencontrar físicamente o mediante recuerdos con los que marcaron su vida. El miedo a encarar el presente sin embrago será grande pero no menos será el vértigo que sentirá al rememorar hachos claves de su vida. La utilización del flashback es bastante acertada- algo ya muy habitual en el director- siendo las imágenes de la infancia de Salvador en una aldea extremeña de lo más atractivo del filme si bien se cae de nuevo tontamente en manidos tics del director que impiden que estas escenas sean delicatessen: es de mencionar el buen trabajo que hace el joven Asier Flores como el pequeño Salvador mientras que una previsible Penélope Cruz interpreta a la madre del niño. De nuevo, las interpretaciones vuelven a ser el fuerte en un film de Almodóvar con unos estupendos Nora Navas, Pedro Casablanc, Raúl Arévalo, Leonardo Sbaraglia en una breve pero intensa intervención como un antiguo amor de Salvador, el descubrimiento de César Vicente en un papel de las secuencias extremeñas cansinamente almodovariano,  y sobre todo una excelente Julieta Serrano como la anciana madre del protagonista (otro personaje clave) y un Asier Etxeandia que realiza su mejor interpretación hasta la fecha como Alberto Crespo, un actor amigo de Salvador, aún mas derrotado que él, que será su inesperado guía y cómplice en su remeomorandum vital. Pero en definitiva, más de lo mismo dentro de la brillantez (e irregularidad) sostenida de Almodóvar en donde cada vez sobran mas recursos reiterados como el trampantojo metacinematográfico (que ya vimos en otra película suya) y alguna supuesta innovación como las escenas de animación médicas, aunque como siempre brille la fotografía de José Luis Alcaine y la música de Alberto Iglesias. Porque para bien o para mal, Pedro Almodóvar siempre será demasiado previsible.      

lunes, abril 01, 2019

NOSOTROS (US)



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Hacer un filme de terror que resulte original es cada vez más complicado y por ello son encomiables los esfuerzos de muchos directores en conseguir una buena película dentro de un género que siempre tiene tendencia a ofrecer más de lo mismo y encapsularse en su propio listado de códigos y recursos. Hace un par de años Jordan Peele, un director debutante pero con bagaje televisivo como actor de comedia, logró con Déjame Salir una cinta de horror original y sugerente gracias a cierto comentario social y una perversa ironía dentro de la misma y en esta ocasión ha reincidido en el género y en las pretensiones de incluir una crítica sociopolítica en una película que pese a sus buenos momentos no llega al nivel de su predecesora. El realizador mulato (aunque escorado a su herencia afroamericana), eso si, demuestra tener oficio y una excepcional destreza dentro del fantaterror algo que desde luego se agradece en unos últimos tiempos en los que casi exclusivamente nos llegan mediocres títulos terroríficos de pretensiones meramente comerciales.

La versátil Lupita Nyong´o es la principal baza con la que cuenta Us con una excelente doble interpretación - en realidad como prácticamente todo el resto del reparto aunque su caso es más notable- y es ella quien lleva principalmente el peso de la sobrecogedora historia que se nos narra aunque los demás intérpretes (incluso los más jóvenes) bordan un nivel excepcional. Las pretendidamente apacibles vacaciones de una familia afroamericana de clase media en un complejo playero en California dan paso a una turbadora pesadilla cuando una noche aparecen cuatro individuos vestidos con monos rojos y con comportamientos extraños y silentes que resultan ser idénticos a la familia de la protagonista Adelaine, quien ha vivido traumada por un extraño suceso de su infancia y que en ese momento parece volver a ella y de una manera amenazadora. La película explora de una manera muy peculiar el mito del doppelgänger incluyendo un trasfondo de las siempre bizarras leyendas urbanas norteamericanas y por supuesto una clara referencia a la situación social de muchos colectivos en EEUU proponiendo una resolución inquietante y pretendidamente aleccionante. Utilizando muy bien el suspense la película cumple su función de turbar y crear un ambiente psicológicamente siniestro al mismo tiempo que conseguir la atención constante del espectador pero algunos tics de slasher y otras licencias del terror mainstream no consiguen una gran historia y la película a medida que avanza va adoleciendo de más y más lagunas. Con todo el espectador amante del terror con fundamento encontrará una buena película y los degustadores de historias con mensaje puede que no se sientan defraudados.     

martes, marzo 26, 2019

MULA (MULE)



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Tiene Casi 90 años y aún sigue en activo haciendo buenas películas. Clint Eastwood ha afirmado varias veces en los últimos años que su retiro esta cerca, pero con periodicidad casi anual sigue citándose con la cartelera demostrando que su momento más dulce le ha llegado en la vejez, aunque sus últimos filmes ya no lleguen a la categoría de obra maestra tal como lo consiguió con joyas filmadas en este siglo  como Million Dolllar Baby (2004) o Gran Torino (2008). Esta sugerente Mule es en ese sentido un filme más que correcto y hecho con oficio pero que no será especialmente memorable en la filmografía del director-actor. Clint vuelve además a ponerse delante de la cámara sin ocultar las evidencias de su avanzada edad haciendo una reflexión sobre el rol de los mayores en una sociedad con cada vez menos valores y sin olvidar una regañina a todos aquellos (mayores o no) que anteponen sus intereses a los de los demás. En definitiva, un Clint Eastwood nuevamente crepuscular y ahora con plena consciencia de su senectud con una interesante aunque poco sorprendente historia bajo el brazo.



De nuevo con estructura de western, la historia nos presenta a Earl, un octogenario laborioso y apreciado en su comunidad pero también arrogante y distante con su familia, al que una precaria situación económica le lleva a aceptar el empleo de transportista (mula) de narcotraficantes del Cartel de Sinaloa. Earl cumple con dedicación su trabajo demostrando que aún puede ser útil y pese a ser consciente de lo ilegal y poco ético de su cometido; pronto los problemas aparecerán. Un buen reparto de secundarios que incluye a Bradley Cooper, Michael Peña, Laurence Fishburne, Andy Garcia y una excelente Dianne Wiest en el papel de la descreída exmujer del protagonista, arropa a Eastwood en un filme con buenas intenciones pero resultados irregulares, lo que no impide que una vez más el realizador californiano haya vuelto a demostrar su profesionalidad y buen hacer totalmente inalterados por el paso del tiempo   






jueves, marzo 21, 2019

MAYA






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Mia Hansen-Love es una joven directora francesa de origen nórdico que pese a ser aún no muy conocida fiera de su país ha firmado ya unas cuantas películas interesantes (se estrenó como directora en 2007 con 26 años tras estar inicialmente dedicada a la interpretación) en donde destaca El padre de mis hijos (2009) y tiene una pequeña legión de seguidores en Francia. Su último filme Maya sin embargo no ha supuesto su consagración definitiva ya que este esforzado drama intercultural localizado en su mayor parte en la región de Goa en la India pese a su interesante premisa y su acierto a la hora de plasmar el choque emocional del regreso al pasado con encuentro inesperado de un elemento de esperanza no consigue dar forma a una historia memorable dejándose por el camino intentos de progresión dramática solamente esbozados que desarrollados hubiesen dado más empaque al relato.

Gabriel (Roman Kolinka) un joven periodista francés regresa a Francia tras ser liberado del secuestro que sufrió por parte un grupo terrorista en Siria. Sin conseguir adaptarse en sus primeros meses de libertad y viendo como todo lo de su vida anterior se derrumba (algo que estaba a punto de ocurrir antes de su cautiverio), decide viajar a la India, país donde pasó gran parte de su infancia, en donde se reencuentra con amigos de su pasado en un nuevo entorno radicalmente diferente al París que le estaba provocando tanta ansiedad. Con varios propósitos fallidos y una nueva sensación de desarraigo, la estancia en Goa encontrará una dimensión para Gabriel cuando entabla amistad con Maya (Aarshi Banerje) la hija veinteañera de unos conocidos que también desea mejorar su existencia. Pese a lo sugerente de la historia, el plano psicológico de los personajes flojea y es muy difícil encontrar empatía en un personaje tan complejo y a priori goloso como el de Gabriel pese al buen trabajo interpretativo de Roman Kolinka, del mismo modo que el personaje de Maya, interpretado con madurez y aplomo por la joven Aarshi Banerje, consigue transmitir toda la humanidad deseada. Sin embargo, la química entre los dos protagonistas funciona muy bien y su dialéctica en muchos momentos es brillante, aunque la resolución de al historia, bastante desmañada, no consiga culminarla. Se nota que la directora también pasó parte de su vida en la India por el tratamiento nada turístico que hace de Goa- bonitas imágenes de la zona- y su sensibilidad para captar el curioso exotismo de algunas imágenes, pero se hecha en falta un enfoque más verista y testimonial. Pero si nos quedamos con el esfuerzo que se hace por contar una historia de relaciones humanas en situación límite, la película funciona perfectamente.     

domingo, marzo 17, 2019

EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE)






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Aunque no arriesga mucho, hace justicia a la figura de los irrepetibles cómicos cinematográficos Stan Laurel y Oliver Hardy este biopic centrado en sus últimos años como pareja artística, ya que el propósito de la película no era otro que el de mostrar el fin de los días gloriosos de el Gordo y el Flaco tratando de reflejar como (esquemáticamente) después del éxito es muy difícil gestionar el legado que se deja y por otro lado el deterioro de una exitosa relación profesional y personal que pese a todo logró mantenerse con el paso del tiempo y hasta que la muerte separó a la entrañable pareja. Y es que este filme partía con una enorme responsabilidad al versar sobre un tándem que lo ha sido todo en el mundo de la comedia y que no ha dejado de inspirar a humoristas de todas las generaciones, un dúo casi mitológico en el mundo del cine que era preciso tratar con reverencia, con honestidad y también con honestidad y que resucita en esta película de la mano de dos actores que se han esforzado en ser unos auténticos clones de Laurel y Hardy en todos los aspectos: Steve Coogan (Stan) y John C. Reilly (Oliver) no solamente están clavados física y gestualmente sino que realizan unas soberbias interpretaciones en donde tratan de imbuir a unos personajes que siempre han aparecido como bufos y risibles toda una ristra de matices comportamentales- los que tenían en su vida real- que tocan la admiración mutua, los celos, la sensación de fracaso, el cansancio, el peso de la edad, la ternura, la desconfianza y en definitiva todo sentimiento y experiencia tanto individual y sobre todo de relación derivada de largo tiempo de convivencias y aventuras conjuntas.  

La focalización de la historia en la gira que en 1953 realizó el ya maduro dúo -ya casi inactivo desde el fin de la II Guerra Mundial y lejos de su estrellato en los años 30- en el Reino Unido e Irlanda es el mejor escenario para mostrar un momento clave como es el de la valoración de toda una vida profesional, algo que Laurel y Hardy  hicieron en una tourné que pese a un comienzo titubeante se convirtió en un gran éxito pero que al mismo tiempo hizo salir a la superficie las rencillas entre ambos actores. Especialmente en la segunda parte del filme vemos como los dos luchan por la reivindicación de su propio papel en una larga carrera artística tratando de resaltar su individualidad pero al mismo tiempo llegan a la conclusión de que cada uno sin el otro no hubiesen conseguido llegar a ser lo que fueron y en ese sentido los mejores momentos dramáticos son en esa parte de la película, culminando todo con una contenida emotividad aunque a lo largo de al película se caiga a veces en el sentimentalismo. Mención especial para la recreación del ambiente teatral de la época (el Gordo y el Flaco actuaron en todo tipo de teatros en aquel 1953) así como de los gags de la pareja, magistralmente interpretados por Coogan y Reilly. De todas formas, la mejor sensación que uno se queda con la película es captar el verdadero propósito de la misma, que no es otro que hacer un canto a la amistad.