martes, diciembre 10, 2019

LEGADO EN LOS HUESOS



 ** y1/2

Era cuestión de tiempo esperar la segunda entrega de la versión cinematográfica de la “Trilogía del Baztán”, fenómeno editorial surgido de la pluma de Dolores Redondo que en 2017 tuvo la adaptación de su primera novela El Guardián Invisible, y la verdad es que cumple las expectativas…pero nada más. De nuevo con Fernando González Molina como director,  Luiso Berdejo adaptando la segunda entrega de las andanzas de la inspectora Amaia Salazar y repitiendo con enorme solución de continuidad toda la atmósfera de la primera película - también localizada en su mayoría en el evocador Valle del Baztán del norte de Navarra- Legado en los huesos se antoja menor que la primera parte y reincide (aunque no cabía esperar otra cosa) en la explotación de los clichés del thriller anglosajón ofreciendo finalmente una película de intriga policial con elementos fantásticos y costumbristas muy apañada y sin relieve. Se hecha en falta aquel tono lynchiano y de homenaje al terror sobrenatural de la primera entrega y por si fuera poco el Baztán ya no tiene el protagonismo que tenía en el filme anterior, relegado a un escenario simplemente intercambiable en donde el sustrato etnológico y mitológico de las novelas originales aquí no llega ni a la categoría de mcguffin. En ocasiones parece que estamos viendo un telefilme o el episodio de una serie de televisión gran parte por culpa de un guión en esta ocasión no tan inspirado y con bastantes agujeros ausentes de la fuente original que solo consiguen despistar al espectador.

Sin embargo, a favor de esta película hay que decir que logra mantener la tensión, tiene interesantes escenas en la mejor tradición del thriller noir y su puesta en escena y dirección de producción es sencillamente impecable, tal vez mejor que en El Guardián Invisible pero con la circunstancia de escenario de la historia es sencillamente anecdótico. No hay nada que reprochar a un reparto eficaz encabezado una evz más por la solvente Marta Etura en el papel de la inspectora Salazar y en donde volvemos a encontrarnos a Itziar Aizpuru, Pedro Casablanc, Elvira Mínguez, Patricia López Arnaiz, Carlos Librado o Susi Sánchez, de nuevo impresionante como la siniestra madre de Salazar, mientras que se incorporan Imanol Arias y Leonardo Sbaraglia, los cuales casi pasan desapercibidos. La siguiente y última entrega, Ofrenda a la tormenta, ya está rodada y no tardará en llegar aunque nada hace presagiar gran cosa.

miércoles, diciembre 04, 2019

LA HIJA DE UN LADRÓN




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Directo y sin edulcorantes, así es el primer largo de Belén Funes, una realizadora al que habrá que seguir la pista en lo sucesivo; lo mismo que se puede decir de su actriz protagonista Greta Fernández, todo un descubrimiento con una Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de Donostia. La joven actriz borda un dificilísimo papel en un drama social realista de tono ahogado y pesimista que nos muestra la realidad de muchas familias desestructuradas en donde hijos que han sufrido una infancia penosa llegan a la edad adulta totalmente lastrados y sumergidos en problemas de todo tipo. Sara, la muchacha protagonista, es una joven madurada a marchas forzadas: madre a sus 22 años, con dificultades para encontrar empleo, sola tras la separación de su pareja, tutora de su hermano de 9 años recluido en un centro de acogida a menores y marcada por una niñez de la que no se nos habla de manera explícita pero sin duda condicionada por al figura de su padre, un convicto al que le acaban de dar la libertad. El regreso de Manuel (Eduard Fernández, padre real de Greta y excelente como siempre) complicará aún más las cosas para Sara aunque sus problemas parecen aumentar por si solos y sin ayuda de nadie.

No hay mucho espacio para buenos momentos vividos por los personajes en una historia con un correcto planteamiento lineal y una autenticidad cotidiana rayana con lo documental en donde la naturalidad de sus actores es creíble y absoluta. Sara, además de ser víctima de una situación familiar extrema, es también víctima de una sociedad marcada por la falta  de empatía y por un sistema ineficaz. Greta Fernández otorga al personaje una reconocible humanidad y hace que el espectador sea partícipe total de sus desavenencias logrando adueñarse de la película de principio a fin. Puede que a este filme le falte más concreción y mayor desarrollo descriptivo además de perderse a veces en momentos costumbristas un poco forzados, pero la verdad es que poco es reprochable en una ópera prima tan arriesgada. El momento final servido por la protagonista es por cierto desgarrador.

sábado, noviembre 30, 2019

LOS MISERABLES (LES MISÉRABLES)






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No le ha gustado nada a Sarkozy ni a muchas otras personas en Francia. Pero la crítica gala la ha alabado y ha sido seleccionada por Francia para la lucha por el oscar a la mejor película en lengua no inglesa. Tenemos un caso claro de excelente película pero incómoda por diferentes motivos (¿políticos? ¿sociales?) que no deja indiferente a ningún espectador con su realismo, su crudeza y el uso de la violencia (física y verbal) presentada no sólo con realismo sino con por desgracia una total credibilidad de cómo funciona este elemento hoy en día y en alguna de sus maneras más extremas. No se trata de una adaptación de la obra inmortal de Victor Hugo de la que toma prestado su título, es una historia original que mediante el juego-homenaje al escritor trata de mostrar un paralelismo entre la situación social límite de la Francia de principios del XIX que describió Hugo con la del mismo país en la época actual en un contexto a priori muy diferente pero con los mismos efectos: la pobreza y la lucha sin cuartel por la supervivencia. Este filme, con una acción que apenas se desarrolla en dos días, muestra la realidad de los suburbios y guetos parisinos en donde las mafias y la delincuencia están a la orden del día y en donde la propia policía ejerce la ley de un modo demasiado sui géneris involucrándose con diferentes trapicheos, caciqueando todo lo que puede, y ejerciendo un trato cruel y despiadado con los habitantes de las zonas humildes en donde tampoco falta la violencia más salvaje e injustificada. Los más jóvenes de estos barrios marginales son las víctimas de esta espiral de violencia entre la delincuencia organizada y la brutalidad policial, un entorno en el que no les quedará más remedio que practicar el mismo sistema.
    

El mensaje de la película es complejo en al medida que presenta la retroalimentación del mundo de la delincuencia marginalidad con el de la corrupción de muchos gendarmes y es difícil saber con que carta se queda, pero esa es una de las muchas habilidades de un guión prácticamente perfecto que sabe conjugar el verismo social y el estilo más o menos documental  con los recursos del cine convencional incluyendo la tensión y el suspense (y por que no, el cine de acción)  en sus memorables minutos finales, un despliegue de adrenalina que curiosamente no puede ser más terrorífico y real. Ladj Ly, un director de origen africano que sabe lo que habla en esta película adaptando un antiguo cortometraje suyo ha firmado un filme impactante, absorbente y brutal  que le catapulta como un realizador a tener en cuenta y quien sabe si con futuro en Hollywood. El realizador ha querido hacer un filme en donde se muestran los orígenes y razones de actos de violencia callejera en Francia con el propósito expreso de hacer reflexionar a la clase política, un fin tan valiente como difícil, claro. La historia se abre con la llegada a la Brigada de Lucha contra la Delincuencia de la policía de París de Stéphane Ruiz (Damien Bonnard) un joven policía de orígen sudaméricano que en su primer día ha de acompañar a dos gendarmes expertos en la materia, el arrogante y chulesco Chris (Alexis Maneti) y el aparentemente más calmado Gwada (Dojbril Zonga) un agente de origen africano.  En un barrio conflictivo de París repleto de interculturalidad (africanos subsaharianos, árabes, gitanos, latinoamericanos) el robo de un cachorro de león de un circo desemboca en una investigación por parte de la policía que poco tiene se sutil y en donde los niños y adolescentes de la zona parecen tener un importante papel. Las cosas no tardarán en salirse de madre debido al polvorín circundante. Al final uno se queda con al sensación de que ha visto una película demasiado real y en donde por desgracia no hay mucho lugar para la esperanza, pero también con la sensación de haber presenciado un peliculón  

martes, noviembre 19, 2019

SORRY WE MISSED YOU



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Si bien es bastante difícil aseverarlo debido a la peculiaridad de su filmografía, es posible que Ken Loach haya firmado una de sus mejores películas. El cine denuncia del veterano director británico nunca había sido tan rugosamente dramático como en esta ocasión, pero al mismo tiempo no se había presentado tan variable y plural en su discurso y planteamiento con cierta vocación de llegar a un público más crítico con obras de este tipo, aunque sin renunciar a su finalidad de protesta social. Además es notable un mayor dramatismo en todos los recovecos de la historia que la hacen una experiencia tan poco confortante como necesaria; se puede decir que en este film Paul Laverty, guionista habitual de Loach, ha llevado a cabo su obra maestra haciendo que su realismo cotidiano social conecte con una crítica más genérica a los vicios de la sociedad actual (la incomunicación en la era del móvil, la preferencia por las soluciones violentas, el individualismo, la falta de perspectivas de al juventud actual, la cultura del odio por las razones más inverosímiles) presentando estos como el contexto inevitable en el que se produce el contexto de esta historia: la desestructuración familiar por la precariedad del empleo.


La historia nos presenta a Ricky (Kris Hitchen) un mancuniano residente en Londres que junto con su esposa Abby (Debbie Honetwood), que trabaja como cuidadora a domicilio, ha intentado sacar adelante a su familia con dos hijos de 16 y 11. Ricky, que  se encuentra sin empleo, decide emplearse como repartidor de correos en furgoneta para una franquicia, en empleo teóricamente autónomo que en realidad no es tal ya que depende de los horarios y condiciones de una compañía. La furgoneta que compra el protagonista hipoteca económicamente a la familia y le quita tiempo en casa mientras que Abby lidia con su sacrificado y mal remunerado empleo. Por si fuera poco, el hijo de la pareja, Seb (Rhys Stone) es un chaval problemático al borde de la expulsión escolar. Los problemas que va experimentando Ricky con su nuevo trabajo y los conflictos con su jefe a causa de las exigencias de una situación de empleo mal planteada empiezan le a minar moralmente, al tiempo que todo lleva a agraviar los conflictos familiares de una manera atroz especialmente los relacionados con Seb. Una pesadilla que en la película se describe de manera verista, amarga y clara como cabe esperarse en Ken Loach. La Incómoda rotundidad de su resolución final deja bastante tocado al espectador, algo que el filme intencionadamente busca. Un nuevo

viernes, noviembre 15, 2019

LA TRINCHERA INFINITA



 
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La tripleta formada por Aitor Arregi, Jon Garañano y Jose Mari Goenaga se está consolidando como una de las mejores fuerzas creativas del cine español actual. Por primera vez en “formato trio” después de experiencias en dupla (Garañano y Goenaga en 80 Egunetan (2010) y Loreak (2014) y Garañano y Arregi en Handia (2017) además de algún corto firmado por dos de los tres) los realizadores guipuzcoanos demuestran ser unos cineastas hábiles, con recursos y capaces de imbuir discurso autoral a cualquier historia a la que se aproximan siempre manejando el drama magistralmente y con preferencia por los recursos poéticos y metaliterarios. Algo realmente curioso proviniendo además de un grupo de cineastas forjados en el cine de animación familiar cuyos códigos a priori resultan tan lejanos a los de sus últimos filmes. El caso es que La Trinchera Infinita, el primer filme rodado y ambientado fuera de Euskadi para los tres, es una de las mejores películas hispanas del año (puede que la mejor) por méritos propios: una historia de inspiración histórica real que resulta apasionante y emotiva pese a su relativa crudeza, unos trabajos interpretativos magistrales, una ambientación a lo largo del tiempo excepcional y verista, un perfecto manejo de la puesta en escena en un filme en donde el espacio cerrado- el verdadero protagonista de la historia- resulta dramáticamente más que convincente y una guión espectacularmente trabado en donde el costumbrismo y la épica sentimental se dan la mano para ofrecer una historia con mayúsculas pero contada eso si con una total sencillez          

La historia de los topos en los condenados o represaliados escondidos en la España franquista (llamados topos) era un tema que prácticamente no se había tocado en la ficción española pese a su indudable interés dramático: personas que durante años y años vivieron ocultos muchas veces escondidos por sus familias y que trataban de sobrevivir así a duras penas. En el sur de la península, donde se enmarca esta película, fueron muy habituales y esta película les rinde un merecido homenaje a la altura de su épica y realmente angustiosa existencia. Higinio (Antonio de la Torre), un militante izquierdista con cusas en su haber y perseguido por el ejército nacional y las fuerzas del orden es escondido por su mujer Rosa (Belén Cuesta) primero de manera precaria en la primera casa de ambos y después algo más pulcramente en una nueva vivienda en un pueblo vecino, siempre escondido de los demás y sin que nadie sepa su existencia ya que se le da por desaparecido, y así desde 1936 hasta finales de los 60. El sufrimiento claustrofóbico de pesadillesco de Higinio es lo que vertebra el dramatismo infinito de esta película en donde la angustia del protagonista, literalmente emparedado, se nos transmite con total credibilidad y sin miramientos, gracias a la excelente interpretación de de la Torre, cada vez mas grande actor. Y es que el guión de Jose Mari Goenaga y de ese gran libretista que es Luiso Berdejo es oro líquido. Una Andalucía rural franquista que funciona como metáfora de una España dividida y cainita se nos muestra como un escenario tan falsamente entrañable como inquietante y opresivo y  allí se mueven los personajes que circulan alrededor de Higinio, que ve su vida como un mero ejercicio de supervivencia lleno de sinsabores pero con la esperanza como instinto de supervivencia. Son muchos los mensajes que transmite este filme, un nuevo acierto de unos cineastas en estado de gracia.

domingo, noviembre 10, 2019

PARÁSITOS (GISAENGCHUNG)



**** y 1/2

Pese a tratarse de una un tanto exagerada metáfora no exenta de caricatura y de un cierto halo de irrealidad, resulta total la honestidad de este filme en su propósito de mostrar las bases de las estructuras sociales en nuestro mundo actual, en donde aún persiste -y a buen seguro seguirá existiendo por muchos años- la división entre ricos y pobres sin posibilidad de solución. Y aunque sea centrándose en el caso concreto de Corea del Sur (una potencia económica pero aún con contrastes) lo cierto es que el mensaje es perfectamente universalizable aún admitiendo las peculiaridades culturales y sociales asiáticas que se reflejan también en esta película: no hay escapatoria posible, los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, haga lo que se haga y se intente lo que se intente. Joon-ho Bong, un cineasta enormemente hábil e inteligente y con unos planteamientos en su cine para bien o para mal bastante occidentalizados dentro de una industria cinematográfica surcoreana cada vez más valiosa, firma una película asombrosa, sobrecogedora, impredecible y cambiante echando mano de diferentes géneros que parecen sucederse de manera fortuita e inesperada durante todo el metraje pero siempre con ese tono de ácida y cruel sátira que desborda el teórico planteamiento de drama-comedia inicial para adentrarse en un inquietante grand guiñol que va haciéndose más bizarro por momentos hasta llegar a un desenlace un tanto excesivo y con un epílogo demasiado largo. Pero todo lo que se ve en Parásitos es un espectáculo visual, narrativo y cinematográfico de primer orden que puede que algunos espectadores les deje confusos pero que con paciencia y siendo tolerante con su progresiva extrañeza conceptual y narrativa puede llegar a ser toda una experiencia.

Una familia coreana modesta con todos su miembros en paro, los Kim, sobrevive en su modesta vivienda con trabajos miserables para toda la familia hasta que su hijo mayor Ki-woo (Choi wo-shik) consigue fraudulentamente gracias a un amigo un trabajo de profesor particular de inglés para la hija adolescente de una rica familia que vive en una moderna y lujosa mansión consiguiendo también que su hermana Ki-jeong (Park so-dam) se coloque en esa misma casa como educadora especial del hijo pequeño de la familia, de 9 años, sin tener ni idea de la materia. Ambos jóvenes le van cogiendo el gusto a esto del engaño y ante la perspectiva de que su familia pueda progresar económicamente hacen que contraten a sus padres, Ki-taek (Song Kang-ho) y Chung-sook (Jang Hye-jin) como chofer y ama de llaves respectivamente tras hacer despedir a los anteriores por medio de miserables tretas. Los Kim se las prometen muy felices ante la ineptitud de sus superficiales patronos pero pronto las cosas comienzan a cambiar alucinantemente. El espectador, que hasta la mitad del metraje ha asimilado el tono de comedia del filme a partir de un momento tiene que acostumbrarse a un cambios de registros que van desde el thriller, la comedia negra, el drama puro y duro  hasta llegar al exceso tarantiniano (violencia sádica incluida) con alguna pista falsa de otros géneros como el drama psicológico o el terror. Pero lo más sorprendente de todo es que pese a todos estos trampantojos el realismo social sigue impertérrito con su moraleja bien visible; un ejercicio narrativo y conceptual sin duda magistral. Con una puesta en escena teatral y elegante y un dominio de cada uno de los recursos de los géneros a los que la película se asoma aunque realmente sea sólo en tono paródico, esta película es de lo mejorcito que se ha estrenado este año aunque sus excesos terminan lastrando sus logros y es una lástima. Por lo demás, una película de obligada visión a todos los amantes del buen cine.  

martes, noviembre 05, 2019

TAN CERCA TAN LEJOS (DEUX MOI)



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Sin grandes alardes resulta enormemente agradable esta película que mezclando drama y comedia hace un curioso retrato del mundo de las interrelaciones personales en la sociedad actual de los móviles y las redes sociales y sus (no precisamente beneficiosos) efectos en una generación (treintañeros) que ha crecido y madurado con ellos. El entorno urbano parisino es el marco en el que se mueven los dos protagonistas, Mélanie (Ana Girardot) una joven marcada por una traumática ruptura sentimental que busca infructuosamente su nueva media naranja por medio de las redes sociales, y Rémy (François Civil), un muchacho con problemas de ansiedad causados por el trabajo y por su soledad. Ambos, que no se conocen de nada pero que de cuyas historias paralelas somos testigos, reciben ayuda psicológica mediante la cual descubren aspectos de su vida insospechados al tiempo que tratan de encontrar sentido a su existencia.

La mezcla entre la crítica social y el análisis psicológico con un retrato generacional de fondo funciona a las mil maravillas lo mismo que el binomio comedia-drama, elementos que su director, Cedric Kaplisch (Nueva vida en Nueva York) sabe manejar con soltura sin abandonar un costumbrismo auténtico y creíble. Puede que la concatenación de situaciones y gags sea a veces algo forzada y se eche en falta más humor e ironía, pero en definitiva la película cumple con sus propósitos y consigue transmitir con nitidez su mensaje: las relaciones ideales entre las personas tienen que ser cara a cara, sólo a si se encontrará la felicidad.  

lunes, octubre 28, 2019

DIA DE LLUVIA EN NUEVA YORK (A RAINY DAY IN NEW YORK)



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A sus 84 años y con su figura seriamente tocada por las acusaciones de acoso y abuso sexual el sigue a lo suyo haciendo su filme anual y firmando casi siempre buenas películas. Woody Allen no ha hecho esta vez ninguna obra maestra y su nueva cinta no tiene ningún viso de convertirse en un filme memorable, pero muestra a un Allen con capacidad y soltura para conseguir una comedia romántica creíble e inteligente aunque sea más de lo mismo como cada vez que el director neoyorquino se acerca a esa género. A Rainy Day in New York aunque (como de costumbre) ingeniosa en sus diálogos y excelentemente narrada además de no aportar nada realmente nuevo resulta excesivamente clásica - esto va siendo cada vez más notable en el maduro Woody Allen-  y un tanto deslavazada en su resolución y en unos personajes de los 2010 que definitivamente le quedan lejanos a Woody, pero de nuevo nos encontramos con unas notables interpretaciones que de algún modo sustentan la película y la hacen alcanzar cotas más que convincentes.

Thimotée Chalamet y Elle Fanning, dos jóvenes talentos con enorme proyección  son la pareja protagonista de esta historia enmarcada en un fin de semana y plagada de equívocos y situaciones al límite en donde el personaje de Gatsby (Chalamet), un universitario de buena familia inteligente y arribista pero bastante irresponsable intenta por todos los medios no perder su reputación con la relación con Ashleigh (Fanning) una aspirante a periodista decidida e integra pero demasiado metepatas ya que el muchacho percibe que la joven ni será del agrado de su familia ni tampoco que al relación será muy tranquila. Diferentes situaciones imprevistas darán lugar a giros de guión tan divertidos como previsibles para el espectador. Diego Luna, como un actor hispano que pretende enrrollarse interesadamente con Ashleigh y Liev Schreiber como un director de cine sesudo en un mal momento personal son dos de los actores masculinos más importantes del filme interpretando a personajes que de algún modo consiguen desconcertar a Ashleigh y meter indirectamente en bretes sentimentales y existenciales a Gatsby, mientras que Selena Gomez da vida a Chan, un antiguo interés amoroso de Gatsby que se convertirá en la conciencia del desnortado joven. La vistosa fotografía de la leyenda viviente Vittorio Storaro y la perfecta puesta en escena dan empaque a una película que se deja ver pero que no resulta difícil de olvidar. Los fans más acérrimos de Woody Allen disfrutarán como siempre pero el público en general posiblemente no comparta el mismo entusiasmo

jueves, octubre 17, 2019

LA LUZ DE MI VIDA (LIGHT OF MY LIFE)




*** y 1/2

Pese a resultar un tanto extraño y a veces desconcertante por los vacíos de su guión, este filme de anticipación distópica en clave de drama puede convertirse en una pequeña obra de culto. Tomando como punto de partida el escenario de un futuro en donde las mujeres están en peligro de extinción y a partir de allí desarrollando una historia tan sencilla y sin grandes tramas como cruel en muchos de sus velados y sugeridos recovecos, el actor, guionista y director Casey Affleck -en su segunda aventura detrás de la cámara después de dirigir a su cuñado Joaquin Phoenix en al curiosa I´m Still Here (2010)- consigue una película intensa pero austera basada en los diálogos y en la interacción entre sus dos protagonistas, con el mensaje de la fuerza del amor paternofilial incluso en los contextos más extremos, kafkianos y rocambolescos y una cierta crítica a una sociedad egoísta y cada vez menos humana. Un cierto trasfondo feminista también late en el espíritu del filme, pero su desarrollo resulta a veces tan enigmático que no se sabe si no se ha querido o si tal vez no era muy importante para la historia desarrollar más este elemento. Con todo, esta es una película muy interesante que puede originar disparidad de opiniones pero que probablemente encandilará a muchos amantes del buen cine.        

Una historia postapocalíptica sin ningún efecto especial y sin tópicos de la ficción científica puede resultar una muy buena película si se basa principalmente en su elemento dramático y humano y eso es precisamente lo que hace Light of my Life. Casi 20 años después de que una misteriosa pandemia acabase con la vida de casi todas las mujeres del mundo solamente quedan unas cuentas mujeres en el planeta, como la pequeña apodada Rag (Anna Pniowsky) que viaja junto a su padre (Casey Affleck) por los bosques de una casi desierta Norteamérica huyendo desesperadamente de algo y pernoctando ambos en una tienda de campaña y en casas abandonadas. El padre de la niña de 11 le hace pasar por un chico tratando de ocultar su condición femenina a las escasas personas (todos hombres) con que se encuentran mientras ambos se agarran al instinto de supervivencia, su amor mutuo y el extraño recuerdo de la madre fallecida, una especie de espíritu que parece guiar a ambos. La relación entre progenitor e hija es la clave de una historia que contiene la crueldad hacia los niños de muchos cuentos de hadas y en donde el poder de imaginarse cosas, inventar historias y en definitiva encontrar esperanzas se presenta como al respuesta para huir del mal, representado por muchos personajes y por la corrupción que la violencia, la codicia y la dominación sexual supuestamente a ejercido en ellos (el extraño cuento que el padre cuenta a la hija, que Affleck ideó para hacer un filme de animación tiempo atrás, resulta alucinante). Un guión sencillo pero muy bien elaborado y el excelente trabajo de sus dos protagonistas  con el descubrimiento de  Anna Pniowsky  rematan las cualidades de una película que anuncia que el pequeño de los Affleck además de un estupendo actor puede llegar a ser un gran director.      

lunes, octubre 14, 2019

JOKER




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Más allá de los comentarios sobre los efectos posibles del discurso de la película y sobre su posicionamiento ante la violencia y en definitiva toda la (exagerada) controversia que ha creado especialmente en EEUU, Joker es ante todo una gran película.  Su gran acierto es - por fin- trascender completamente su condición de adaptación de cómic dentro del tan manoseado últimamente por el mundo del cine género de superhéroes para erigirse como un thriller psicológico con elementos políticosociales que funciona perfectamente de forma independiente fuera del universo de Batman, cómic en el que surgió el personaje de Joker, además de situarse  lejos de las coordenadas genéricas del cine fantástico o de acción. Incluso parece borrarse cualquier conexión con otras adaptaciones que Warner y DC Films han hecho en los últimos años de personajes de catálogo de superhéroes de la viñeta (Superman, Batman, Wonder Woman, La Liga de la Justicia) lo que no quita para que este filme pueda ser la precuela de otro con el hombre murciélago como protagonista. Estamos ante una obra maestra del neo noir y ante un thriller que puede marcar una época, y gran parte de ello y sin restar ningún mérito a otros muchos elementos sublimes a la extraordinaria interpretación de Joaquin Phoenix, camaleónico e imprevisible actor cuya progresión película a película va in crescendo y mira que ha hecho actuaciones memorables y calificadas de “su mejor interpretación”: esta vuelve a serlo, y es muy probable que ya él mismo no pueda superarla. Francamente espléndido.

Al no pretender ser una mera precuela al uso comercial o una película sobre el origen del personaje de Joker, uno de los mejores villanos de la historia de la ficción (ideado en 1940 como archienemigo de Batman por los creadores de dicho personaje Bob Kane y Bill Finger más Jerry Robinson y cuyos orígenes han sido reinventados varias veces en diferentes medios), este filme ha tenido total libertad para ser lo que ha querido ser, un drama-thriller psicológico adulto y sombrío con varias (aunque escasas) escenas de violencia sanguinolenta desatada y personajes torturados al borde de la locura y la psicopatía, como ejemplifica su protagonista. En esta reinvención en clave totalmente realista del personaje la influencia de Martin Scorsese- que al principio iba a ser el productor ejecutivo- es totalmente clara: Joker  toma no pocos elementos del universo de violencia y sordidez callejera con contenido social del primer Scorsese convenientemente actualizados en el momento actual (influencia alienante de de los medios de  comunicación y la telebasura , desprecio a los diferentes, enriquecimiento de una parte de la población frente a al depauperación de otra, corrupción política, dominación de als grandes corporaciones) y se plantea como una efectiva mezcla de dos obras maestras del genio italoamericano como son Taxi Driver y El Rey de la Comedia haciéndo además un homenaje a ambas con la presencia de Robert de Niro como el carismático y arrogante presentador televisivo Murray Franklin, al que el personaje de Arthur Fleck/Jocker admira obsesivamente (efectivamente, esto recuerda mucho a la última película citada). Por otro lado, aunque la película toma en su premisa elementos del cómic The Killing Joke (1987) de Alan Moore y Brian Bolland que contaba precisamente el origen de Joker la historia es completamente original y diferente si bien aquí la influencia del gran Alan Moore también es notable.  El director Todd Phillips, conocido principalmente por comedias desatadas se reivindica aquí como un director más que competente  


Joker es la historia de un hombre, Arthur Fleck, cuya dualidad de enfermo mental con trastornos varios (incluyendo una risa incontrolable) y perdedor de clase baja le hace ser un sujeto especialmente vulnerable. Payaso callejero de profesión (oficio que se le da bastante mal) y dedicado al cuidado de su madre enferma (Frances Conroy) Fleck lucha como puede contra sus paranoias, su pobreza y sueña con convertirse en un cómico del circuito de clubes dentro de la corrupta y marcada por la violencia ciudad de Gotham. Su admiración por Murray Franklin y la sombra del hombre más poderoso de Gotham, candidato a la alcaldía y para quien su madre estuvo trabajando, Thomas Wayne (Brett Cullen) empieza a ejercer sobre el una extraña influencia al tiempo que su estado mental va deteriorándose por momentos. Es esta una desasosegante reflexión sobre posibles orígenes del mal en una persona y sobre como se puede llegar a la amoralidad más absoluta, dejando un reguero de hipótesis y causas de todo tipo que van desde lo innato hasta el ambiente externo; al fin y al cabo nada nuevo pero contado y llevado al extremo. La película consigue plantear inquietantes interrogantes y no deja títere con cabeza en su crítica a un mundo occidental corrupto en diferentes niveles y donde la línea entre el héroe y el villano esta decididamente borrosa. Porque este Joker es presenta por primera vez como un antihéroe tal vez contra su voluntad y con no pocas características de un héroe épico al uso. Sin necesidad de escenas de acción y si con largas secuencias sin diálogo que van mostrando el devenir mental y existencial del protagonista y momentos un tanto gore y ultraviolentos el mensaje que deja el filme es inquietante pero oportuno. Con una fotografía gastada y granulosa y una ambientación más bien atemporal (es difícil saber si estamos a finales del siglo XX o a principios del XXI pese a que el tono vintage noventero domina el filme), Joker es un filme oscuro pero delicioso que por fortuna a recuperado sin cortapisas y sin autocensura  los elementos más genuinos del thriller psicológico más crudo. Imprescindible.

lunes, octubre 07, 2019

MIENTRAS DURE LA GUERRA


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Aunque a priori no prometía demasiado una película sobre la historia contemporánea española firmada por un director irregular, embaucador y efectista como Alejandro Amenabar lo cierto es que esta crónica de los prolegómenos de la Guerra Civil española no esta del todo mal aunque este repleta de concesiones y varias irregularidades. En palabras del director madrileño se ha pretendido hacer una cierta reflexión sobre los males congénitos de la política y de la sociedad española (enfrentamiento irreconciliable entre izquierda y derecha, envidias, recelos, enfrentamientos, corrupción de la clase política) y mostrar el origen y apoteosis de ese problema aún no resuelto de las dos Españas, pero mientras que el segundo objetivo se cumple sin más (por que al fin es algo que ha aparecido a lo largo del tiempo en obras de todo tipo) el primero, tal vez algo ambicioso, se le queda corto a un director de recursos limitados para el drama como es Amenabar. Es cierto que se ha acertado  de pleno en la elección del momento, el espacio y los acontecimientos históricos concretos (los primeros compases de la sublevación militar del ejercito nacional en verano de 1936 y su profunda repercusión en la Salamanca universitaria) así como en el personaje central, el filósofo y escritor bilbaino Miguel de Unamuno (1868-1936) a la sazón rector de la Universidad de Salamanca y cuya figura y biografía daría para una película exclusivamente centrada en el, pero todo se presenta de manera demasiado convencional, con un ritmo narrativo propio de telefilme y una tensión dramática insuficiente para una historia de estas características. A su favor no obstante se encuentra una cuidad puesta en escena (magistral reconstrucción de la salamanca de 1936), una ambientación meticulosa y varios personajes muy bien presentados, aunque otros bastante menos y con bastantes fallos de bulto. Es evidente que Amenabar no es tan buen director como gran parte del público y bastantes críticos piensan sino que se trata de un hábil realizador de cine comercial cuyo principal fuerte fue el cine de género fantástico pero que ha debilitado su reputación con dudosas superproducciones o filmes de terror del montón. Aquí pese a todo se ha redimido a medias con una producción creíble y sensata que al final resulta más bien una película histórica esforzada más que la profunda reflexión ideológica que prometía.



Aunque Unamuno es el personaje alrededor del cual pivota la historia y sus últimos días marcan el corsé narrativo del filme, se ah querido dar importancia a otros personajes claves de aquel momento inicial de la contienda civil española y en el batiburrillo de la deriva ideológica que marcó las injusticias del franquismo: Franco, Salvador Vila-Hernández y sobre todo Millán-Astray tienen su significación en la historia aunque a veces se eche en falta mayor relieve y cierta coherencia dramática. Unamuno aparece muy bien retratado en sus perennes contradicciones ideológicas que en sus últimos años a partir de la proclamación de la República se acentuaron hasta el paroxismo: de ser republicano acérrimo pasó a repudiar la república española por su antirreligiosidad y sus incoherencias políticas para luego financiar y apoyar la sublevación militar derechista de 1936 aunque finalmente se arrepentirá ante su carácter irracional y fascista. Así, aunque Karra Elejalde – muy bien caracterizado aunque decididamente su físico y su voz no son nada unamunianos- hace un estupendo trabajo como el pensador vasco este Unamuno no deja de ser el típio personaje de biopic y la verdad es que le falta ese punto atormentado que siempre se ha asociado a este escritor lo que no impide interesantes momentos de intensidad dramática en algunas de sus secuencias. El resto del reparto cumple muy bien aunque los personajes son muchas veces un quiero y no puedo: Eduard Fernández (un Millán-Astray cabroncete y sibilino), Patricia López Arnáiz (María, la hija de Unamuno, un personaje presentado de manera muy convencional), Luis Zahera (el pastor protestante en Salamanca Atilano Coco, amigo de Don Miguel), Santi Prego (un Francisco Franco muy manido), Mireia Rey (Carmen Polo), Luis Bermejo (Nicolás Franco) o Carlos Serrano-Clarck (un descubrimiento este actor que interpreta al discípulo rebelde e izquierdista de Unamuno Salvador Vila Hernández). Los momentos de denuncia histórica más o menos logrados se alternan con prescindibles instantes de sensiblería que lastran la coherencia de la película, y en ese sentido el momento culminante, el del famoso discurso en el paraninfo de la Universidad (más o menso como lo hemos leído en los libros de historia independientemente de su exactitud o no) es intenso y emotivo pero no aporta las aristas que se suponen a una gran película y mucho menos con sus pretensiones. De momento es uno de los filmes españoles mas taquilleros del año, al menos a ver si sirve para que se conozca un poco mejor la historia española del siglo XX.

miércoles, octubre 02, 2019

BLINDED BY THE LIGHT





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Pequeña sorpresa la de esta película británica que burla burlando ha conseguido encandilar a crítica y público (aunque este último a mediana escala) con su curiosa mezcla de drama social y la música de Bruce Springsteeen, ahora que están tan de moda los musicales con canciones preexistentes y los homenajes cinematográficos a estrellas del rock. Este inusual encuentro entre el primer Stephen Frears (o ya si me apuras Ken Loach, aunque aquí la orientación es mas bien comercial) dentro del mundo proletario del Reino Unido y  el universo iconográfico de la música del norteamericano Bruce Springsteeen repleto de caravanas habitadas, obreros de refinerías, camioneros del medio oeste y losers urbanos (lo que cinematográficamente nos remitiría a los Scorsese o Ashby setenteros) se ha saldado con una credibilidad total que pone de manifiesto varias cosas: la universalidad de las letras del Springsteen más social y urbano (aunque este profundamente adscrito a la realidad estadouinidense), el carácter conciliador y global de la música, y como las diferencias y barreras culturales pueden romperse de la manera más inesperada. Y además, Blinded by the light no se queda solo en eso, triunfa y entusiasma como un áspero pero lleno de esperanza drama social, resulta cien por cien convincente a al hora de retratar la realidad de una ciudad obrera de UK a finales de los 80, muestra con honestidad y sin cortarse un pelo la difícil situación de la minoría pakistaní en las islas británicas, es una ejemplarizante historia de superación personal y sin duda alguna hará flipar a los fans del boss con la profusión de sus canciones en el filme, todas ellas versiones originales. Esto se ha lograda principalmente porque este filme es una historia biográfica, la de su guionista, el periodista británico de origen pakistaní Sarfraz Manzoor.  

La directora angloindia Gurinder Chadha (Quiero ser como Beckham, 2002) parecía una realizadora idónea para plasmar en imágenes parte de la adolescencia de Manzoor en al ciudad de Luton y ha cumplido con las expectativas firmando su mejor película. El trasunto de Sarfraz Manzoor es este filme Javed (Viveik Kalra), un chaval de origen asiático que en 1987 no se siente nada a gusto ni con su familia, que no ha acabado de integrarse en la sociedad británica y vive apegada a las tradiciones pakistaníes detestando cualquier aculturación occidental, ni con su entorno como adolescente, despreciado por muchos por ser un Paki y temeroso, como el resto de inmigrantes y originarios asiáticos, de las acciones de los fascistas del National Front todo ello dentro de la depauperada clase trabajadora de la Gran Bretaña de Margaret Tatcher y sus abominables medidas económicas. Un amigo sij, Roops (Aaron Phagura) le presta unas cintas del boss, cantante que él apenas conoce, y con sorpresa contempla como en las letras de sus temas están las respuestas a muchos de sus miedos e inquietudes pese a la distancia cultural entre el Reino Unido y Estados Unidos y su condición de asiático en un mundo de caucásicos. Sarfraz, que aspira a ser escritor y entrar en la Universidad de Manchester, accede entonces a un nuevo mundo mientras su personalidad se empodera y vence a sus temores, empezando por la difícil relación con su familia e incluyendo la relación con la decidida Eliza (Nell Williams). Una cuidada ambientación ochentera -en donde además de canciones de Bruce hay otros temas de otros artistas de la época- y un montaje dinámico pero tal vez sobrado de golpes de efecto hacen de este filme una deliciosa experiencia cuyo pero sería una falta de riesgo y concesiones a la comercialidad. Pero realmente su visión hace subir el ánimo, palabra.    

jueves, septiembre 26, 2019

AD ASTRA




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Propósitos ambiciosos que se quedan a medio camino de todo. Lo peor de todo que esto en una obra de ciencia ficción es sinónimo de fiasco total especialmente para los amantes del género. Desde 2001 Una Odisea del Espacio y pasando por Blade Runner el séptimo arte cuando trata de aproximarse a la ficción científica de manera más o menos ambiciosa se ha mirado en estas dos piezas maestras con mayor o menor fortuna y siempre creando debate de la oportunidad de dicho modus operandi y de cómo esa pretenciosidad ha llegado a lastrar (o no) la nueva obra en cuestión. La película que nos ocupa remite como era de esperarse tratándose de una Space Opera a 2001, pero realmente no sería oportuno calibrar la efectividad discursiva de Ad Astra mirando a este filme porque en realidad la pretensión del filme de James Gray- efectivamente filosófica y con cierto comentario social y humanista elevado muy poco convincentemente presentado- trata de escorarse a lo intimista y los psicológico individual, aspecto este si bien trabajado pero que languidece en un conjunto desigual y, obviamente, lastrado por su mencionada pretenciosidad. James Gray (Z, la ciudad perdida) demuestra ser un director con recursos y se le ve cómodo en al ciencia ficción, pero no logra elevar a Ad Astra al status de una buena película.

Brad Pitt en el papel protagonista del astronauta Roy McBride es la baza principal del filme en cuanto a conseguir uno de sus propósitos que es mostrarlos avatares y la  evolución psicológica y moral de un ser al límite emocional al que una misión épica en el espacio le redimirá y le hará replantearse a él mismo y su percepción de la vida. Si bien Pitt realiza una muy buena interpretación plagada de trascendentes monólogos- soliloquios (que terminan cansando en los compases finales cuando se ve que la película ha pinchado irremediablemente) su personaje al final decepciona por lo endeblemente que se ha tratado en toda la película. Una vez más, eln el guión ha echado mano de los clásicos para contrar una historia conocida de otra manera, y es que la historia en su premisa se puede decir que no es otra que la de la célebre El Corazón de las Tinieblas, la novela de Joseph Conrad que inspiró una obra maestra del cine como es Apocalipse Now: Kurtz es ahora el padre de McBride, el astronauta Clifford McBride (Tommy Lee Jones), perdido en una misión a Neptuno más de 20 años atrás y del que a pesar de creérsele muerto desde hace años parece ser que esta vivo y provocando desde su incierto refugio interestelar desastres espaciales que amenazan gravemente a la tierra. Su hijo en misión secreta trata de encontrarlo, como Marlowe o Willard tenían que hallar al peligroso Kurtz. Y como es de esperar tratándose de esa fuente, el discurso final de la película supuestamente es lo más trascendente, pero decididamente se falla y no por su contenido sino por su desmañado envoltorio.

Ad Astra es una película con muy buenos momentos pero por desgracia no llega a ser una obra acorde con sus pretensiones y su premisa. Una pena porque con un poco más de tino podríamos estar hablando de una obra maestra de la ciencia ficción  

lunes, septiembre 23, 2019

SORDO




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El cine español le va cogiendo el gustillo al cine de género con pretensiones y lo cierto es que cada vez más surgen buenas películas dentro de estos parámetros, aunque claro está estamos hablando precisamente de cintas de acción, thriller, fantásticas o históricas, estilos que independientemente de que sean o no del gusto del público mayoritario la crítica cada vez más los mira con desdén. En esta ocasión, sin embargo, se ha apostado por una hibridación de géneros que ha resultado original y sorprendentemente efectiva pese a ciertas irregularidades: la crónica histórica española contemporánea con óptica de western, género este último en el que su director, Alfonso Cortés-Cavanillas, adscribe este filme pese a no estar obviamente ambientado en el far west sino en la postguerra española. Partiendo de una estupenda novela gráfica de David Muñoz y Rayco Pulido -la verdad que es una buena noticia que cada vez más el cine español encuentre inspiración en el cómic patrio- se ha conseguido con Sordo una película que más allá de su claro homenaje al spaghetti western y al cine de acción clásico funciona perfectamente como reflexión sobre las angustias y contradicciones del ser humano en una situación límite y como la lucha por al supervivencia no entiende de moral ni de respeto a otros cuando la propia vida de uno está en juego.

La historia de un maquis que en 1944 tras haber fracasado como miembro de la Operación reconquista se refugia en el pirineo aragonés, sordo a causa de una explosión, armado con rifle y perseguido por el ejercito franquista es presentada bajo ropajes estilísticos no ya sólo del western sino también del cine bélico y de acción norteamericano: además de cierto aliento a lo Sergio Leone se puede atisbar alguna reminiscencia del cine sobre la guerra del Vietnam, y porque no y salvando las distancias, de Acorralado, el primer título de la saga Rambo. Pero que nadie se asuste porque aquí el elemento ibérico- hasta en su aspecto más costumbrista- está totalmente presente y sin él no se entendería, por desgracia, una historia repleta de traición y cainismo, elementos por otra parte bastante habituales en los western mas violentos y crepusculares y que en este filme aparecen perfectamente insertados dentro de la idiosincrasia histórica española.  Anselmo (Asier Etxandía demostrando de nuevo su increíble versatilidad) es un héroe trágico que lucha por  su vida en un entorno salvaje y embrutecido hasta la naúsea, un aspecto excelentemente mostrado en la película.

La naturaleza y el mundo rural en la que se refugian y luchas los protagonistas es un protagonista más de la historia, pero se hecha en falta que ese elemento no se haya reforzado demasiado. Aitor Luna, como un capitán del ejército, es un villano a machacamartillo que no termina de cuajar y la película lo nota como también resulta insuficiente la indefinición de muchos personajes, destacando eso si la peculiar mercenaria rusa Seergevich (Olimpia Melinte) un personaje demasiado manierista y lleno de tópicos (muy de cómic) como para ser tomado en serio así como el papel de la estupenda Marian Álvarez podía haber dado más de si. Con todo, Sordo resulta una película entretenida y recomendable, pese a que sus dosis de violencia a veces sean un tanto excesivas.

jueves, septiembre 12, 2019

QUIEN A HIERRO MATA



 
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Con Quien a hierro mata, Paco Plaza ha firmado su mejor película aunque se trate de un encargo en lugar de un proyecto personal con guión del propio realizador tal y como ocurrió en su última- y hasta la aparición de esta, mejor película- Verónica (2017). Un soberbio libreto de Juan Galiñanes y el inefable Jorge Gerricaechevarria consigue un thriller intenso pero asequible en donde el elemento psicológico (centrado en el protagonista) es el pivote en torno al cual gira la historia pero en modo alguno se trata del único ingrediente de una historia intrincada y solapada en varios elementos pero de ningún modo extremadamente compleja. Con este primer alejamiento del género fantástico y terrorífico en 20 años de carrera Plaza ya puede presumir de tener sus primeros  galones de excelente director de películas serias aunque este thriller en realidad debe al cine de horror clásico más de lo que aparenta: el espíritu de Dario Argento o de Stephen King planean en una historia realista de mafias y venganza donde también hallamos trazas de Scorsese, Coppola, Peckimpah y por supuesto de Hitchcock dentro de los tensos momentos de suspense de la película.

La premisa argumental es una muestra de cómo la creación de ficción española ha encontrado un inagotable filón en el mundo del narcotráfico gallego y todo su oscuro entramado. Porque este filme rodado y ambientado en Galicia y cofinanciado por la Xunta pretende dar sin ambages ni dobles falsas morales una visión atroz de cómo el mundo del tráfico de drogas en dicho territorio entre otros muchos efectos negativos hizo tambalear los cimientos morales de muchas personas durante un largo tiempo, y esto es precisamente en lo se basa el filme, más que en retratar el mundo mafioso en si: el drama moral de una persona corriente, Mario (inconmensurable como siempre Luis Tosar) jefe de enfermeros en una residencia de mayores que inesperadamente se reencuentra con el más horrible drama de su pasado cuando un viejo y enfermo capo narco, Antonio Padín (Xoan Cejudo, un tardío descubrimiento) llega a la residencia directo de la cárcel. Mario se convertirá en una persona diferente a la que él y todos sus allegado creían que era mostrando un nuevo rostro dentro de una pesadilla que proveniente del sórdido mundo del narcotráfico ha tomado control de su existencia, ilustrada por la relación con su nuevo y siniestro paciente. Amenazas, oscuros planes, chantajes, violencia y en definitiva el mal más absoluto se dan cita en una historia que muestra que como desde un contexto apacible y en apariencia funciona todo puede tornarse en un auténtico infierno (la evolución psicológica del protagonista está muy bien conseguida). Es reseñable el empleo de la violencia explícita en este filme y de diversas caras del crimen y del odio, por lo que esta cinta no se antoja para espectadores sensibles. La película además no da tregua al espectador con sus momentos de angustia máxima más sacados del cine de terror, como hemos dicho antes, que del cine negro. Estamos ante una de las mejores películas españolas del año.