martes, febrero 19, 2019

LA CLASE DE PIANO (AU BOUF DES DOIGTS)



 
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Sin grandes alardes cinematográficos pero con una total efectividad, este melodrama social francés cumple su propósito de conmover al espectador con una historia de superación que si bien no es demasiado original logra transmitir con nitidez su mensaje: la pasión por algo rompe cualquier barrera. Es la música la base de la historia, que nos habla de la lucha del adolescente parisino Mathieu (Jules Benchetrit) por salir de una condición de pobreza, marginalidad y delincuencia por medio de su amor por tocar el piano. El chaval, un virtuoso que mantiene en secreto su habilidad musical ante sus compañeros de correrías y con la indiferencia de su apurada familia, encuentra su vacación gracias a la insistencia de Pierre Geitner (Lambert Wilson), el director del Conservatorio Nacional al que Mathieu llega como trabajador comunitario como pena a un robo. Con la ayuda de Pierre y de una exigente profesora de piano inglesa (Kistin Scott Thomas), el muchacho consigue encontrar su verdadera pasión y sensibilidad pero por uno u otros motivos esto no será un camino de rosas.

La película está bien planteada y se sujeta en unas buenas interpretaciones, pero en ocasiones cae en tópicos melodramáticos y de historias de desarrollo personal que pueden mermar algo su credibilidad; pese a todo el filme juega bien sus cartas y gracias a unos buenos momentos finales no cae en lo predecible. Un acierto ha sido apostar por el entorno urbano como marco principal en donde se desarrolla la película para dejar patente que len cualquier contexto la belleza de la música puede desarrollar toda su universalidad más allá de contextos sociales, culturales, o étnicos: unas interesantes imágenes nocturnas parisinas acompañan a sugerentes momentos del filme dejando esto patente. Una película modesta pero esforzada.  

martes, febrero 12, 2019

LA FAVORITA (THE FAVOURITE)





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No supone ninguna novedad una película histórica presentada bajo ropajes de cine independiente, con revisionismo contemporáneo- alguna licencia anacrónica incluida- o con otras audacias experimentales, pero The Favourite sabe aprovechar inteligentemente estos elementos siempre ajenos a una escenificación de época para ofrecer una película soberbia aunque extraña -sin caer en el esperpento- y que no tiene por que ser plato para todos los gustos. La historia de rivalidad entre Sarah Churchill, la Duquesa de Marlborough, y su prima Abigail Hill por ganarse la protección de la reina Ana de Gran Bretaña a principios del siglo XVIII en medio de una época incierta para Inglaterra-  que devendrá en la unión entre Inglaterra y Escocia que dio lugar a la Gran Bretaña- y un sinfín de intrigas palaciegas retratadas en esta película con estilo grandguiñolesco y bizarro, es un relato que da para una interesante película pero que por su intimismo y falta de acontecimientos realmente épicos podía ofrecer un filme confuso y aburrido. Pese a todo, la habilidad del curioso realizador griego Yorgos Lanthimos (La Langosta, El sacrificio de un ciervo sagrado) ha conseguido una película muy vívida y sorprendente apoyada por un reparto eficaz y un enfoque de la historia entre el alegato feminista, la desmitificación y la crítica a los mecanismos del poder, todo pasado por un tamiz cuasi atemporal pero respetuoso con la ambientación histórica (muy al estilo del Barry Lyndon de Kubrick pero con licencias atemporales) y una orientación comediática que rozando la parodia caricaturesca mantiene su amarga seriedad en todo momento.      

El trío protagonista femenino es en el que se sustenta toda la estructura dramática de la historia, con la figura de la joven Abigail Hill (Emma Stone) como el eje central impulsor de la misma; una mujer dispuesta a aprovechar de todas las maneras posibles su oportunidad de mejorar su condición social desde la doncella que llegó a la corte que era hasta convertirse en la favorita de una reina excéntrica, enferma y desequilibrada (Olivia Colman) pero preocupada por su reino aunque sea incapaz de separar sus problemas emocionales de su decisivo papel político en el momento histórica. Frente a Abigail, su rival la codiciosa Lady Sarah (Rachel Weisz) la favorita original de la reina Ana y la mujer que parecía marcar en realidad el destino de Inglaterra con sus manejos  e influencias, además de ser amante de la reina: ambas mujeres llevarán a cabo una titánica lucha en un entorno decadente y marcado por las pasiones. No faltan elementos psicológicos e interpretaciones asaz pero ingeniosamente absurdas de ciertos acontecimientos así como una perfecta plasmación más o menos alegórica de la influencia del sexo en el poder, y por supuesto de los condicionamientos de la condición femenina en el acceso a las cotas más altas de decisión, todo un genial ejercicio narrativo que hace subir enteros los valores como director de Yorgos Lanthimos.       

jueves, febrero 07, 2019

GREEN BOOK





****  y 1/2

Ha sido un gran acierto el mezclar el drama con la comedia para contar un hecho real que de por sí contiene potencialmente bastantes matices para no situarse en uno u otro lado. Porque una historia puede estar llena de diferentes historias y de anécdotas de todo tipo y esto es lo que se ha interiorizado a la hora de plasmar en imágenes este relato del origen de la amistad entre dos personas contrapuestas como eran el pianista y afroamericano Don Shirley (interpretado con mucho tino por el oscarizado Mahershala Ali), un músico talentoso y singular, y su chofer y asistente personal el italoamericano exportero de clubs y metido en turbios negocios (y posteriormente actor) Tony Lip Vallelonga (un Viggo Mortensen impecable), en un contexto tan decisivo y cambiante en la historia de EEUU como eran los comienzos de la década de los 60 del siglo XX. Precisamente planteada como una metáfora de la historia reciente americana marcada por el influjo de los distintos grupos étnicos al margen de los WASP y lo difícil de su integración en un país que siempre ha presumido de democrático y abierto, Green Book es en realidad un inteligente tirón de orejas a todas las dificultades que USA como país puso a comunidades como la negra y en fechas no tan lejanas; la odisea de Shirley de gira a finales de 1962 por el racista sur estadounidense es el agrio documento de cómo incluso un artista tan talentoso como Don Shirley tuvo que sufrir en carne viva las injusticias de los prejuicios raciales y de la aún existente en aquellos años segregación a la población afroamericana en los estados del sur, todo ello visto con los ojos de un chófer y guardaespaldas eventual básico, rudo y criado en un ambiente pobre que no tardará en cambiar sus prejuicios y su visión sobre la realidad de su país.

La película juega con un género típico del cine comercial americano como es la Buddy Movie y otro no siempre comercial pero suministrador de grandes películas e historias como es la Road Movie; en ese sentido, el filme va más allá de ambos géneros y termina siendo una historia épica y de desarrollo personal en donde eso si no faltan diferentes localizaciones a los que los protagonistas acuden a bordo de su automóvil y en donde ocurren diversos sucesos entre el apunte cómico y el drama y curiosos desencuentros entre ambos hombres. La incompatibilidad entre el engolado y meticuloso pero solitario y atormentado Shirley y el brutote y granuja pero encantador Tony Lip -un interacción con mucho de dicotomía Quijote-Sancho- es el recurso dramático en el que se sustenta al película en su vertiente comediática, pero el influjo que el artista tendrá sobre su ayudante es lo que realmente trata de resaltarse en la película llegando a excelsos momentos de melodrama. Peter Farrely, otrora director de comedias alocadas -la mayor parte olvidables- junto con su hermano Bobby, presenta su candidatura a ser un director serio y con talento y en este primer intento lo ha logrado con creces. Y hablando de candidaturas, esta película tiene cinco nominaciones a los Oscar incluido el de mejor película.

jueves, enero 31, 2019

GLASS



*** y 1/2

No ha defraudado el nuevo filme de M. Night Shyalaman, una a secuela doble de El Protegido (2000) y Múltiple (2016) (o la tercera estancia de una trilogía formada por los tres filmes, según se mire), una película bastante esperada por los seguidores del cineasta indio-americano debido especialmente al status de filme de culto fantástico de El Protegido, filme este del que Glass ha sido su inesperada secuela: esto era algo que el espectador averiguó en la ultimísima escena de Múltiple con el cameo sorpresa de Bruce Willis repitiendo el personaje de David Dunn, el ciudadano con invulnerabilidad y fuerza sobrehumana que se convierte en una suerte de superhéroe en el mundo real. Glass comparte los personajes de los dos filmes antes citados, por un lado Dunn y Mr. Glass (Samuel L. Jackson), el villano con una enfermedad congénita pero con una espectacular inteligencia dedicada a hacer el mal por pura mitomanía del mundo de los superhéroes del cómic, y por otro Kevin Wendell Crumb (James McAvoy), el joven serial killer con personalidad múltiple y capacidad para convertirse en una criatura salvaje y semianimal de fuerza sobrehumana ávida de destrucción y muerte cuando asume una de sus personalidades, la de La Bestia. Como en El Protegido (Multiple estaba planteada de otra manera) Shyalaman hace una curiosa disertación sobre el mundo de los superhéroes y como sería su encaje fuera del mundo del tebeo en el mundo real. En ese sentido prácticamente no aporta nada nuevo a lo que se reflexionaba en el primer filme, si bien si que se añade una  curiosa metarreferencia sobre los tópicos de la ficción superheroica por parte del personaje de Jackson que estructura la historia pero sin alejarse de lo predecible. También desde el aspecto formal la película trata de homenajear al mundo de las viñetas con la composición cromática de algunas escenas y algunos otros recursos de escenografía y en esto la película atina principalmente porque nos recuerda que la historia que vemos no es más que una plasmación manierística -insólitamente tamizada de realismo- de un género de ficción fantasiosa que más o menos representa una nueva mitología heroica en el siglo XXI.    

La historia se centra en el encuentro entre los tres prodigiosos personajes en una institución mental y el extraño experimento al que son sometidos por parte de la psiquiatra Ellie Staple (Sarah Paulson) quien no cree que los tres hombres sean realmente superhumanos; la práctica del mal, encarnada por Don Cristal y Crumb, no tardará en surgir poniendo intencionalmente a prueba a David Dunn y de paso poniendo en cuestión todas las convencionalidades sobre la lucha entre el bien y el mal y el papel de los héroes. La verdad es que nos e puede reprochar a Shyalaman el llevar a buen puerto unos propósitos tan esquivos aunque sea empleando algunas trampas, pero la película va perdiendo fuelle paulatinamente aunque finalmente no afecta al que llegue a ser una buena película. Como siempre en los filmes de este director hay un excelente manejo del suspense y unos giros de guión interesantes, pese a que decir verdad ya no sorprendan tanto. M. Night Shyalaman vuelve por sus fueros de excelente e imaginativo director de fantástico, pero también es cierto que sigue repitiéndose demasiado.

martes, enero 22, 2019

LA TERCERA ESPOSA (THE THIRD WIFE)



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Este curioso drama vietnamita de época corre el peligro de pasar desapercibido en nuestras pantallas, lo que sería injusto ya que este primer trabajo de la debutante Ash Mayfair es un sobrio pero estupendo film que pone de manifiesto no ya solo la emergencia internacional sino la calidad de cinematografías casi desconocidas para el mundo occidental como la de Vietnam: en un mundo cada vez más globalizado será cada vez más habitual la posibilidad de disfrutar del cine procedente de Asia, el cual siempre atesora auténticas joyas. En el caso concreto de la película que nos ocupa no es que se trate de una perfecta obra maestra pero sin duda es una excelente película, inteligente y con innumerables matices, que busca la entrega emocional del espectador en medio de una historia tan cruda como sensible y tierna y sublimada por unas bellísimas imágenes tomadas en el Vietnam rural. La historia tiene como trasfondo un retrato del pasado del país indochino hecho con crítica retroactiva y que nos muestra todas las miserias de una práctica habitual el Vietnam del S. XIX, fecha en donde se ambienta y filme (y que persistió años después) como era el de los matrimonios concertados. Pero ese en realidad no es el tema central de la historia, lo que en realidad se esfuerza por transmitir (y lo consigue brillantemente) son los sentimientos de una muchacha de catorce años, May (Nguyen Phuong Tra My) dentro de un mundo al que llega súbitamente, el del matrimonio, el sexo y la maternidad, y que le parece enormemente extraño pero al que no le quedará más remedio de adaptarse ya que tiene interiorizado que ese es su deber.   

La adolescente May se convierte en la tercera esposa de un rico señor feudal obsesionado con tener descendencia. Su vida en un bucólico paraje repleto de trabajadores y sirvientes del señor que pasan su existencia con una extraña y resignada pseudofelicidad parece contagiar a la joven que hace todo lo posible para complacer a su esposo y al resto de mujeres del terrateniente pero al mismo tiempo la explosión de su sexualidad, aún en esbozo, le llevará a desconcertantes situaciones que terminan confundiéndola. Esta muy bien presentado este elemento psicológico y también la evolución de la madurez de la protagonista, que vive sus nuevos días en una especie de nicho interno de sensaciones que la película transite magistralmente. Una espectacular fotografía realza las virtudes de esta película que por su pausado transcurrir puede que no sea plato para todos los gustos, pero a fin de cuentas merece la pena verla.



domingo, enero 20, 2019

EL VICIO DEL PODER (VICE)





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Una muestra de cómo el cine de denuncia política puede resultar atractivo para el público y renunciando además a planteamientos comunes de este tipo de cine e incluso, como en este caso concreto, a convencionalismos de un biopic al uso. Y es que esta biografía del controvertido político estadounidense Dick Cheney, vicepresidente del gobierno de George W. Bush y figura realmente compleja, cumple con creces su propósito de mostrar la increíble conversión de una persona ambiciosa, de dudosa moral  y más bien mediocre en lo personal en una figura relevante de la política internacional solo por el hecho de relacionarse con la gente adecuada en un entorno tan retorcido como es la política USA además de realizar una feroz crítica a los tejemanejes del poder norteamericano y sus oscuros intereses. Gracias a un curioso planteamiento narrativo, a un ambiguo coqueteo con la comedia paródica y a una excelente utilización de recursos metacinematográficos tanto en el fondo como en la forma, la película supera con nota el nivel de exigencia y no decae en ningún momento en interés pese a lo árido del tema. La interpretación del camaleónico Cristian Bale como Cheney es más que notable, incluyendo una excelente caracterización- con un aumento real de peso por parte del actor- que deja irreconocible al intérprete norteamericano de origen galés.

Vice juega con el no tomarse en serio a si misma - mediante numerosos guiños jocosos al espectador- para hacer escarnio de Cheney y el hacer cruda semblanza crítica del personaje central con, además de una clara intención de denuncia de la política estadounidense de los siglos XX y XXI más allá de la propia figura de  Dick Cheney, una evidente intención aleccionadora sobre como ha sido el devenir en la política mundial en los últimos 40 años en los que EEUU ha intervenido decisivamente y en los que según la película Dick Cheney influyó decisivamente especialmente en su época de vicepresidente (2001-2009) además de en  otras etapas como en que fue asesor de la Casa Blanca con Gerald Ford en los 70 o Secretario de Defensa con George H.W. Bush entre 1989 y 1993. La ambición por el poder está representada por el afán de Cheney de convertir a la  figura vicepresidencial en un cargo en algunos casos con mayor poder absoluto que el presidente y las renuncias y traiciones de este político con tal de conseguir sus objetivos (incluso en el plano personal), además de influir en el auge del neoconservadurismo de la política norteamericana a partir de los 80. Utilizando bastante material documental de archivo y con un montaje dinámico que no frenético, el filme logra ser una lograda y ácida crónica políticosocial de los EEUU de los últimos 50 años, aunque tal vez se haga algo largo su metraje. Además del propio personaje de Chaney, el resto del reparto otorga un tono caricaturesco a los personajes reales que interpretan, destacando Sam Rockwell como un tarugo Bush Jr. (esta clavadito) y Steve Carrell como Donald Rumsfeld, además de una esforzada Amy Adams como Lynne Anne Cheney, la también cargante esposa de Cheney. Mencionar que el doblaje en español está muy bien trabajado, con Claudio Serrano doblando excelentemente a Bale con un registro vocal supuestamente similar al empelado por el actor en esta película que en ocasiones suena similar al utilizado en el personaje de Batman.      

jueves, enero 17, 2019

COMO LA VIDA MISMA (LIFE ITSELF)




** y 1/2


Guión esforzado, buenas interpretaciones, interesante fotografía, un mensaje humanista curioso, pero falta algo. La verdad es que es poco reprochable el esfuerzo creativo en este drama estadounidense con una pequeña participación económica española (y rodaje de parte del filme en Andalucía) dirigido con solvencia pero de una manera mas bien previsible por Dan Folgelman, un director del montón que se inició con el cine de animación (Cars) y que demuestra en no pocos momentos que la película le viene grande en su condición de drama inusual con ciertas pretensiones estilísticas de cine independiente: tal vez otro director hubiese obtenido un resultado mucho mejor. Con todo, Life Itself es una película que se deja ver y se sigue con interés pese a su torpe pretenciosidad y algún que otro fallo de concepto, ya que el trabajo actoral es impecable (reparto yanki y español)  y sabe manejar bien el los elementos dramáticos.

Estructurada en cinco partes o episodios, la historia juega con el tiempo y el azar con un relato que abarca varios años y tres generaciones pero que paradójicamente  parece anclado en tiempo actual en cuanto a vestuario y ambientación en la época actual pese que puede transcurrir medio siglo. Tal vez este irreal recurso del tiempo estancado este concebido premeditadamente para otorgar un carácter de fábula o cuento de hadas a la historia donde tampoco faltan moralejas. Se empieza y termina en Nueva York, con un comienzo prometedor (la mejor parte del la película) donde un joven despechado, Will Dempsey (un excelente Oscar Isaac) acude a sesiones de psicoterapia con la doctora Morris (Annette Bening) por el aparente abandono de su mujer, Abby (Olivia Wilde) el cual le ha dejado literalmente al borde de la locura, pero en la historia de Will y Abby, aparentemente idílica, hay en realidad mucho más. Poco después la historia se trasladará a un cortijo en Andalucía, en donde viven los González, cuyo cabeza de familia Javier (Sergio Peris-Mencheta), se encuentra celoso por la influencia e su antiguo jefe y amigo Saccione (Antonio Banderas) sobre su mujer Isabel (Laia Costa) y su hijo Rodrigo (Alex Monner, en la etapa mayor del personaje). Las historias llegan a conectar pero curiosamente se percibe que de manera independiente tal vez pudiesen haber funcionado mejor como películas de pleno derecho, especialmente el primer segmento neoyorquino: posteriormente a este la película cae en intensidad de forma progresiva. Samuel L. Jackson, Mandy Patinkin y Olivia Cooke completan el reparto. Podía haber sido una película más brillante pero tampoco se puede objetar demasiado su interesante resultado final

domingo, enero 13, 2019

SOBRE RUEDAS (TOUT LE MONDE DEBOUT)



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Ha sido una de las películas francesas más taquilleras en su país en 2018 esta esforzada comedia romántica que juega inteligentemente con lo políticamente correcto y con ciertos estereotipos, tomando como punto de partida la realidad de personas con discapacidad física, en este caso en silla de ruedas, de un modo natural y desdramatizador. El cortejo de un egocéntrico, vanidoso y mujeriego ejecutivo parisino en la cincuentena, Jocelyn (Frank Dubosc, director del filme) con una atractiva e inteligente violinista y deportista cuarentañera, Florence (Alexandra Lamy) que está confinada en una silla de ruedas y que por un malentendido obliga a Jocelyn a ahcerse pasar también por discapacitado, es el punto de partida de una película que sin renunciar totalmente a los tics de la comedia francesa parece preferir los estándares de la comedia americana incluidos gags simples y diálogos y situaciones previsibles, aunque sería injusto no reconocer un buen desarrollo de la historia- que al final flojea irremediablemente- y una buena presentación de su mensaje. Los dos protagonistas son los que llevan el filme a buen puerto y se agradece su esfuerzo interpretativo y su comicidad (sobre todo en el caso de Dubosc) a la hora de hacer creíble la historia, ya que con unas interpretaciones del montón la película hubiese sido inevitablemente un bodrio.

Todo el quid de la historia reside en el engaño que el embaucador Jocelyn urde para hacer que Florence crea que el tampoco puede andar, poniendo en relieve que el pudiente hombre de negocios desconoce todo lo relacionado con las personas con discapacidad física con unos esfuerzos por integrarse en ese mundo y la vida de Florence verdaderamente tragicómicos. La historia de amor no está nada mal desarrollada aunque en los compases finales caiga en lo banal y previsible con algún exceso de almíbar arruinando lo que hasta el momento era un relato salvable. Es de recibo también su trasfondo social y su esfuerzo por hacer un retrato amable y sin tópicos de la discapacidad y su inserción en la sociedad, aunque al final unos u otros elementos no consigan conformar una gran película.           

martes, enero 08, 2019

VIAJE A NARA (VISION)





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La extrañeza que provoca el nuevo filme de la japonesa Naomi Kawase (Una pastelería en Tokio) es compensada por la fascinación que sus imágenes irradian, por su impecable puesta en escena y por la habilidad con la que da con un tono narrativo extraño y desconcertante pero al fin de cuentas totalmente adecuado con una historia poética y fantástica, un cuento de hadas metafísico que a veces cae en la autocomplacencia y el hermetismo pero que en ningún caso se imbuye en la pedantería. Esta coproducción franco-japonesa tiene tal vez como principal pero el tratar de atraer de manera un tanto tramposa tanto al público habituado al cine oriental más simbólico como a los seguidores del cine europeo más sesudo ya que el resultado final es algo así como un producto de laboratorio que pese a sus buenos momentos deja una sensación un tanto artificiosa que encontrará tantos admiradores como detractores y que no convencerá plenamente a sus públicos target   

Juliette Binoche, siempre eficiente, echa mano de su indudable magnetismo y de sus incontables recursos magistrales interpretativos para adueñarse de la película y sólo por eso la película funciona correctamente. La actriz francesa interpreta a Jeanne, una periodista y escritora gala que llega a la bella región japonesa de Nara (sublimemente captada por la preciosa fotografía de Arata Dodo) con el fin de encontrar la vision, una planta legendaria que cada mil años se reproduce mediante esporas y de la que se dice que quien la haya encontrará la felicidad más absoluta. Jeanne se hospeda en pleno bosque en la cabaña de Aki (Masatoshi Nagase), un taciturno hombre que vive allí retirado desde un tiempo indeterminado y cuya única compañía antes de la llegada de la Jeanne ha sido la de una anciana ciega (Mari Nakutsi) que parece vivir en plena simbiosis con un bosque que resulta bello y misterioso: para Jeanne precisamente el bosque esconde secretos y sorpresas, y tanto el bosque como sus habitantes no tardarán en influir en su estancia en el paraje. Desde prácticamente el primer momento la película apuesta por la poesía visual con sus ventajas e inconvenientes y esta supedita un desconcertante tono narrativo que trata de reflexionar sobre los deseos, el tiempo, la felicidad con una estructura temporal aparentemente circular en donde licencias fantásticas permiten la coexistencia de solapamientos de personajes en distintas épocas, vaivenes temporales y digresiones varias que pueden provocar la perplejidad del espectador y en el peor de los casos su desconcierto e incomprensión: es muy difícil captar la esencia de la historia, todo son enigmas y suposiciones. No obstante, es injusto no reconocer la enorme habilidad de esta película para lograr una belleza formal de diez especialmente en sus momentos más simbolistas y oníricos y con la naturaleza como protagonista principal, asunto este último que la película ha logrado captar de manera magistral. Se requiere esfuerzo para ver este filme, pero si alguien se rinde a mitad de metraje, siempre queda contemplar el brillante espectáculo visual que ofrece.
 




jueves, enero 03, 2019

TIEMPO DESPUÉS


 
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Ha tardado 30 años en realizarse una secuela de una cinta española tan mítica como Amanece que no es poco (1988) aquella comedia surrealista-esperpéntica española que se ha convertido en un filme de culto. Sin ser una continuación en su sentido estricto, este nuevo filme de el veterano y hábil José Luis Cuerda - que regresa al registro de la comedia después de Así en el cielo como en la tierra (1995) y un puñado de excelentes películas dramáticas- es más bien un pastiche de Amanece (basado en una novela del director) en donde eso si vuelve a aparecer el esperpento puramente ibérico, un reparto coral, ambientación costumbrista y cierta crítica social, elementos estos no obstante ya presentes en otras comedias del director. Y la sensación con respecto a aquella película es que Tiempo Después es claramente inferior: diálogos poco geniales, personajes cómicos no tan logrados como en otros filmes de Cuerda y sobre todo un cierto desdén en todo el conjunto en general, casi como que el realizador ha dirigido con pocas ganas una película de la que tal vez se haya pensado que su sola condición de segunda parte de Amanece que no es poco iba a hacer que funcionase con piloto automático en cuanto a la aceptación de crítica y de público, aún ha costa de incluir guiños y situaciones metarreferenciales en esta película que evocan decididamente a aquel clásico. Pues nada de eso, por desgracia.

La historia, ambientada en un lugar indeterminado (España, casi seguramente) en el año 9177 parte de una divertida premisa propia de la ficción de anticipación postapocalíptica en donde en el planeta tierra solo queda un (vasto) edificio en pie en donde viven las élites gobernantes y varios comerciantes y profesionales más bien sacados del siglo XX, rodeado de algunos poblados en donde viven en condiciones casi primitivas los desempleados y más desfavorecidos. La decisión de uno de los habitantes del poblado de vender de forma ambulante limonada empezará a hacer tambalear el supuesto orden establecido de esa descacharrante nueva sociedad derivando en un conflicto casi bélico. Así, entre gags algunos bastante afortunados y otros insípidos y momentos del consabido y esperado humor surrealista presentado de manera rutinaria y ya sin aquel factor novedoso que hizo de Amanece todo un clásico, la película trata de arrancar la risa en el espectador sin apenas conseguirlo. La revisión del componente Azcona-Berlanga y del esperpento hispánico ya no funciona como hace treinta años y todo suena gastado y repetitivo. La legión de actores que intervienen se encuentra un tanto deslavazada y errática pese a exhibir bastante oficio en la mayoría de los casos. La combinación de nombres con recorrido (Miguel Rellán, Saturnino García, Gabino Diego, Darío Adanti, Joan Pera), con valores de la interpretación española más recientes (Roberto Álamo, Manolo Solo, Blanca Suárez, Antonio de la Torre, Secun de la Rosa, César Sarachu), cómicos del momento (Joaquín Reyes, Arturo Valls, Berto Romero, Eva Hache, Carlos Areces, Andreu Buenafuente) y alguna joven promesa (Nerea Camacho, Estefanía de los Santos) no termina de funcionar pese a la voluntad puesta. Una pequeña decepción que no quedará en ningún anal del cien español.